LA SONRISA DE EDWARD: ADIÓS A EDDIE VAN HALEN

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(Nota publicada en Evaristo Cultural el 7 de octubre de 2020)

En el año 1983 yo era un boludón de 15 años que ya llevaba menos de 8 consumiendo rock ávidamente -ergo, la mitad de los que había vivido hasta entonces- pero que todavía no había asistido a ningún show de música en vivo. Ni de rock, ni de tango, ni de folklore, ni de nada. Mi única medalla a relucir era haber visto en directo a Pipo Pescador en una fiesta infantil en el club del que éramos socios junto a mi familia. Y si bien a lo largo de esos tempranos años ya me había encargado rigurosamente de acumular suficientes discos de los Beatles, Stones, Led Zeppelin, Deep Purple, algo de rock de los ’50s, y demás, cuando uno es adolescente casi en general llega invariablemente esa necesidad de comenzar a indagar sobre otros ritmos. Para el caso, entre todos los nuevos sabores a experimentar, yo estaba encandilado con Van Halen. Algunos de los que nos había tocado nacer en este hemisferio, siempre tan lejos de todo, ya los habíamos descubierto gracias a la magia de los, aaah, “videoclips” en programas en TV del tipo Música Prohibida Para Mayores (que salía por la vieja señal ATC, más tarde devenido en Canal 7, y hoy Televisión Pública) Eran los años 1980 y 1981 y cada tanto aparecían videos de sus primeros dos discos (Running with the Devil, o You Really Got Me, quizás alguno más), que por supuesto aquí habían llegado con la correspondiente demora, habiendo sido ambos lanzados al final de la década del ’70. Van Halen “in motion” resultaba irresistible, un festival de imagen y sonido comandado por los movimientos del gran David Lee Roth, uno de los mejores frontman de la historia del rock, siempre bien acompañados de las excitantes notas que disparaba su co-equiper Eddie Van Halen, dueño del nombre del grupo. Todo aquel colorido se potenciaba aún más gracias a la llegada de las primeras emisiones de TV, ahora sí, a todo color. Al bajista Michael Anthony y al baterista Alex, hermano de Eddie, los dejábamos un poco de lado. Por más que uno lo intentara, pasaban a un segundo plano, obnubilados por la presencia de Diamond Dave y el enorme Eddie.

Por eso, cuando se anunció la llegada del imagecuarteto a Buenos Aires en medio de su gira Hide Your Sheep -que había comenzado en USA y luego continuando el periplo en tierras sudamericanas que se inició en Caracas (sólo porque aunque-Ud.-no-lo-crea alguna vez ocurrían cosas por el estilo en Venezuela), Sao Paulo, Rio, Porto Alegre y Montevideo, antes de cerrarlo con dos fechas en Buenos Aires, y con un show final de vuelta en casa en el legendario U.S. Festival en Devore, California, había una misión por cumplir a rajatabla. Así las cosas, mi mente se nubló completamente e impidió ponerse a pensar en otra cosa que no sea verlos en vivo. No hace falta agregar que para entonces las visitas internacionales de artistas de rock eran escasas, con Queen siendo el último supergrupo que nos había visitado hasta entonces en 1981, show al que no pude asistir por estar en ese momento lejos de la Capital en plan vacaciones familiares. Para colmo Van Halen aparte llegaba en uno de sus mejores momentos, al ritmo de su nuevo LP Diver Down (sí, ese de la tapa roja con la franja blanca en diagonal) y su combo de versiones que nos tenían absolutamente posesos, empezando por Where Have All the Good Times Gone (el cover de los Kinks que abría el disco, como si eso de haberse encargado anteriormente de You Really Got Me no les hubiera resultado suficiente), la de Pretty Woman del gran Roy Orbison- que se usó como corte de difusión del álbum- o mejor aún la muy funky de Dancing in the Street, la canción de Martha and the Vandellas que supimos conocer bastante antes que la grabaran a dúo Jagger y Bowie. Oh sí, los chicos del grupo no sólo eran muy buenos músicos, sino que además derrochaban buen gusto. ¿Cómo resistirse entonces a la chance de poder ver en vivo y en directo por más de dos horas a lo que hasta el momento sólo se limitaba a alguna aparición televisiva certera, por cuya materialización había que rezar de rodillas, o una imagen en alguna de las escasas revistas que ofrecía el mercado? Van Halen tocaba en febrero en el estadio de Obras Sanitarias y, pase lo que pase, había que estar allí. Porque, repito, nada pero nada podía anteponerse a semejante hito histórico. Recuerdo perfectamente dirigirme a la oficina del club sita en la calle Paraguay del Centro porteño una mañana para adquirir mi entrada, la cual aboné más que conforme gracias a alguna ayudita del bolsillo de mamá. De ahí en más solo se trató de esperar pacientemente hasta aquel 11 o 12 de febrero (los shows fueron dos, pero no logro rememorar en cuál estuve, si bien supongo fue el primero, dada mi ansiedad por verlos) Al fin y al cabo se trataba de mi primer concierto en vivo, y a cargo de la banda que me deslumbraba. Y aún en tiempos de dictadura, cosa que a mí me tenía sin cuidado, más que seguramente por no haber estado al tanto de la situación político-social del país en aquel momento, al igual que mis colegas quinceañeros. Vaya debut. Sin más compañía que la de yo mismo, habré tomado algún colectivo hasta Barrancas de Belgrano, y de ahí algo que me acercara al mítico templo de la Avenida Libertador al 7300. Ingresé al estadio aproximadamente una hora antes del inicio de la velada, y hasta trabé algunas palabras con el recordado presentador Marcelo Bello, a quien por algún motivo yo consideraba estrella de la casi invisible farándula musical televisiva local. El grupo abrió con Romeo Delight -VH en versión heavy metal clásico, de su tercer disco Women and Children First, el cual yo tenía en cassette (bah, como los otros discos) para luego pasar a Unchained, mi canción favorita del cuarteto, y de mi álbum predilecto de la banda, Fair Warning, el cuarto de su carrera. Todo era calor y entusiasmo dentro del pequeño recinto de Obras, más allá de las condiciones climáticas propias de cualquier verano en Buenos Aires, con un David Lee Roth con saco largo a cuadros negros y amarillos en su rol de maestro de ceremonias. Fueron 25 canciones donde no faltó absolutamente nada, atreviéndose incluso a versionar Summertime Blues de Eddie Cochran.

eddie bsas

Eddie paseando por Buenos Aires, febrero de 1983

Pero hubo un detalle adicional que sólo los que estuvimos allí presentes, en pleno carnaval de hard rock californiano, recordamos con ahínco, y fue el altísimo volumen al cual tocaron que por momentos parecía hacer que el techo del estadio salga volando en pedazos. Todos absolutamente todos los asistentes terminamos con una suerte de tinnitus que nos duró varios días, y si alguien te decía que había estado allí y no había terminado con zumbido de oídos durante días, lo más probable era que intentaba engañarte. Tiempo después, el veredicto final indicaría que el grupo, o sus sonidistas, habían omitido deliberadamente -o no- que esta vez les tocaba actuar en un perímetro techado. Por el resto, todo quedaba en manos de tu otorrinolaringólogo de turno. Entre tanto Michael Anthony llevó adelante un solo de bajo cuasi insoportable, potenciado por una máquina de efectos. Cerveza en mano, y más que seguro con unas cuantas más en el hígado, no tuvo mejor idea que cerrar su performance personal arrojando el instrumento al piso y luego saltar sobre éste, lo que le originó un resbalón de novela y terminar casi con la nariz sobre el piso. Algo similar sucedió con Alex Van Halen, que aporreó su batería hasta hacernos añicos los tímpanos, otro crédito de la máquina de efectos que habían traído los muchachos. Al menos hasta que Eddie acabara curándonos de todo los males posibles con su solo en Eruption, mientras uno intentaba adivinar donde escondía la tercera y la cuarta mano. Todo esto sumado al incuestionable carisma de un bastante ebrio pero feliz David Lee Roth -a decir verdad, bastante pasado de copas- que no le impidió llevar adelante sus destrezas escénicas, incluyendo sus ensayos de pasos de karate (como Elvis, pero en excelente estado físico) y su show personal cuando, guitarra acústica en mano, improvisó una balada sin título para homenajear a los locales en la que todo empezaba y terminaba en “oooh Argentina, oooh eres linda…”, y en perfecto español, claro está. Tampoco se privó de ejercitar una vez más la lengua local diciendo frases inolvidables sobre el país como eso de “donde las mujeres son bonitas, y los hombres machas” (sic) ATC transmitió la totalidad del show días después, al igual que la señal de FM de Radio del Plata lo hizo con el audio completo del concierto, y la revista Pelo puso a Roth en tapa reconociendo que Van Halen “vino, tocó y mató”.

Por pelosupuesto, soy de los que piensan que VH se acabó una vez que Diamond Dave abandonó el grupo. Hice todo lo posible para que me gusten con Sammy Hagar, pero todo intento resultó infructuoso. Y ni hablemos de lo que vino después, pero para entonces yo ya tenía la cabeza en otro lugar.
Sabíamos lo del cáncer de lengua de Eddie desde hacía ya unos cuantos años, pero pensamos que lo había superado. Seamos honestos en la medida que sea posible, la desaparición del grupo del ojo público y sus retorcidas vueltas hacían que los tengamos un poco olvidados. La noticia de la repentina muerte de Eddie, a mí entender el último arquitecto de la guitarra eléctrica de rock (tan revolucionario como sus ídolos Hendrix o Jeff Beck, y hasta me atrevería a decir que inclusive un poco más por su carga innovadora y su influencia infinita) estremece como pocas cosas. Si hasta Clapton dijo que Eddie había reinventado el instrumento… Abruma no solamente porque sigamos transitando un año por demás particular, con Tánatos sobrevolando el planeta, y aún promediando las últimas hojas de almanaque de un cruel 2020 en la que nos han dejado muchos, por lo pronto sin luz al final de horizonte. Con la partida física de Eddie, se nos va una buena parte de nuestra adolescencia, en tanto y en cuanto nos reconozcamos humanos y lo suficientemente sensibles como para no lograr evitar que así resultase.
Tengo un amigo que, en cada ocasión que compartíamos juntos algún video de Van Halen, solía molestarse, si bien irónicamente, y muy obsesionado formularme la misma pregunta olvidándose que ya lo había hecho antes en cada ocasión posible: “¿Por qué Eddie Van halen se ríe siempre? Siempre está riéndose”. La pregunta me resultaba risueña, paradójicamente hablando. No recuerdo mi respuesta exacta, pero soy de suponer que si le contestaba algo era para decirle que el tipo de la guitarra a colores, el último gran héroe de la guitarra que se encarnaba en una suerte de Mozart electrificado, seguramente estaba feliz al hacerlo. Porque si eso de que todo tiempo pasado fue mejor pueda llegar a cobrar alguna veracidad, dejemos entonces que los buenos recuerdos nos ganen de mano y así intentar superar las noticias tristes. ¿Dónde se han ido los buenos tiempos?, se preguntó alguna vez Ray Davies. Vaya a uno a saberlo, pero seguramente forman parte del tesoro artístico que Eddie y compañía nos dejaron. Es la mejor parte de las cosas que no tienen vencimiento.

‘STEEL WHEELS LIVE’: Ruedas de acero, Trump, y un cuchillo en la mesa

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aaaaaEn el momento exacto en que se tiene esa extraña sensación que hace que uno sienta que nunca más va a poder asistir personalmente a un concierto, crédito de la incertidumbre generalizada de los tiempos que nos toca vivir, la Banda de Rock’n’Roll Más Grande de Todos los Tiempos vuelve a recurrir a su vasto archivo de video para lanzar al mercado material que documenta su recordado tour de Steel Wheels en los Estados Unidos de 1989, lo que sumado a la reedición extendida del álbum Goats Head Soup, también de llegada inminente, asimismo resulta un buen recurso para mantener al grupo “en el candelero” en tanto el mundo retome su actividad normal dentro de lo posible. Anunciado para el próximo 25 de septiembre, STEEL WHEELS LIVE incluye el show completo del grupo en el Convention Center de la ciudad de Atlantic City, estado de New Jersey, registrado el 19 de diciembre de 1989, y que originalmente fue emitido como especial de TV bajo el nombre de Terrifying (que en su momento hasta llegó ser transmitido en Argentina por Canal 9, como algunos rememorarán)
El concierto se destacó por una serie 891220_AtlanticCityde razones. Por empezar, no viene
mal tener en cuenta que se trataba del
primer tour del grupo en los EE. UU. en 7 años (desde aquella gira de 1981 de la mano del álbum Tattoo You), por lo que un especial de TV era altamente esperado. A  lo que se agregó -y no casualmente-  la participación especial de invitados de ocasión como Eric Clapton (que aporta su guitarra en ‘Little Red Rooster’) y John Lee Hooker (en ‘Boogie Chillen’, también con participación de Clapton), más las de Izzy Stradlin y Axl Rose de Guns N’ Roses en ‘Salt of the Earth’ (la “banda del momento”, que ya había oficiado de telonera de los Stones junto a Living Colour en los tres conciertos en el Memorial Coliseum de Los Angeles el 19, 21 y 22 de octubre de ese año). Pero quizás el hecho más curioso de todos, y ya en el plano absolutamente Screen-Shot-2016-08-22-at-4.01.07-PM
extramusical, es que el concierto también logre ser recordado por la pelea detrás de escena (o “backstage”, si les gusta más) que tuvo lugar con nada más y nada menos que el mismísimo Donald Trump, cuyo rol -si bien estaba integrado a la producción del evento- había aceptado previamente bajo la condición de que su nombre no apareciera en ningún detalle referido al montaje del concierto, ni que tampoco asistiera personalmente a los shows del 17, 19 y 20, los tres que hubo en el Convention Center. Cuenta la historia que ya desde entonces los Stones no consideraban al millonario empresario “santo de su devoción”, reyerta que se agravaría casi tres décadas después cuando, sin autorización, Trump utilizara música de los Stones durante su campaña con vistas a la presidencia de su país. Y que todavía sigue usando ocasionalmente, a pesar de las advertencias legales. Así y todo, para el momento en que el grupo arribó al Convention Center de New Jersey el día del show, tuvieron la ingrata
Donald-Trump-Rolling-Stones-showsorpresa de toparse con un inmenso cartel que rezaba “Donald Trump Presenta a los Rolling Stones”, incluso con su nombre en letras más grandes que el de la banda (¡ouch!) Y por si todo esto no fuera suficiente, fiel a su estilo provocador, el actual primer mandatario del gran país del norte también organizó su propia conferencia de prensa promoviendo su participación en el espectáculo, si bien desde lo estrictamente económico. Según lo recordado por Michael Cohl -manager de la gira de Steel Wheels, y de tantas otras que vinieron después- en una entrevista del 2016, cuando Keith Richards se enteró de la situación imperante, “Sacó un cuchillo, lo clavó en una mesa, y me dijo ‘¿Para qué carajo te tengo? ¿Tengo que ir hasta ahí y echarlo yo mismo? Uno de nosotros tiene que irse del lugar. O es él, o nosotros”. Trump terminó finalmente abandonando el lugar, pero no sin antes generar una nueva situación en la que, de acuerdo a las palabras de Cohl, “había tres tipos que estaban con él, dos que usaban pilotos, y un tercero que se ponía nudilleras de metal”. Todo indicaba que se avecinaba una auténtica pelea. Pero el tenso momento logró enfriarse una vez que Cohl se puso en contacto con el jefe de seguridad del grupo, que terminó trayendo a cuarenta miembros del equipo de la gira munidos de “llantas de hierro, palos de hockey y destornilladores”. Final feliz, o casi. Con-Mick-Jagger
La enemistad Stones-Trump sumó un nuevo capítulo en una entrevista que Keith Richards brindó a la BBC en 2018, cuando socarronamente agregó, “Ahora son los Estados Unidos quienes tienen que sacárselo de encima. ¡No digan que no les avisé!”
Siguiendo la tendencia de las ediciones múltiples, STEEL WHEELS LIVE se editará en diversos formatos: boxset de 4 LPs (en distintos colores de vinilo), CD doble más DVD, y Blu-ray con 2 CDs, a lo que se suma una edición séxtuple conteniendo el show completo en CD, DVD y Blu-ray, más un DVD del show en Tokio del año siguiente, y un CD extra que responde al nombre de Steel Wheels Rare Reels, con tomas de canciones menos populares y fuera del setlist básico que fueron tocadas durante el tour. Finalmente, también habrá un picture disc en vinilo de 10 pulgadas (“double A-sided”, esto es, ambos lado A y B del disco con el mismo contenido) con las canciones Rock and a Hard Place y Almost Hear You Sigh, ambas registradas en la mencionada presentación en Japón, que se venderá exclusivamente en disquerías independientes durante el próximo 26 de septiembre, día del bendito Record Store Day.

4Listado de canciones de ‘STEEL WHEELS LIVE’
1. Intro
2. “Start Me Up”
3. “Bitch”
4. “Sad Sad Sad”
5. “Undercover of the Night”
6. “Harlem Shuffle”
7. “Tumbling Dice”
8. Miss You”
9. “Terrifying”
10. “Ruby Tuesday”
11. “Salt of the Earth” (con Axl Rose & Izzy Stradlin)
12. “Rock and a Hard Place”
13. “Mixed Emotions”
14. “Honky Tonk Women”
15. “Midnight Rambler”
16. “You Can’t Always Get What You Want”
17. “Little Red Rooster” (con Eric Clapton)
18. “Boogie Chillen” (con Eric Clapton & John Lee Hooker)
19. “Can’t Be Seen”
20. “Happy”
21. “Paint It Black”
22. “2,000 Light Years From Home”
23. “Sympathy For The Devil”
24. “Gimme Shelter”
25. “It’s Only Rock n Roll (But I Like It)”
26. “Brown Sugar”
27. “(I Can’t Get No) Satisfaction”
28. “Jumpin’ Jack Flash”

SOPA DE CABRA DELUXE: TODO SOBRE LA REEDICIÓN EXTENDIDA DE ‘GOATS HEAD SOUP’

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En febrero pasado, más allá de ir preparándose para el nuevo tramo del No Filter Tour en USA de mediados de este año (que terminó siendo cancelado por obvias razones), Mick Jagger declaró a algunos medios que se encontraba trabajando en las canciones del nuevo y esperadísimo álbum de estudio de los Stones -situación que se viene dilatando desde hace más de 4 años- pero que también se estaba ocupando de una nueva reedición del álbum GOATS HEAD SOUP, esta vez en una versión expandida, siguiendo el mismo
1modelo utilizado para los lanzamientos extendidos de Exile On Main Street (2010), Some Girls (2011) y Sticky Fingers (2015), esto es, reediciones remasterizadas del álbum original, con el agregado de un segundo disco con material inédito de las sesiones de grabación correspondientes a cada una de ellas y/o (en el caso de las versiones “deluxe”), también incluyendo material en vivo. Finalmente en junio la página de Amazon Alemania publicó que dicha reedición del álbum vería la luz el próximo 28 de agosto, pero no se precisaron más detalles, ni oficialmente, ni extra-oficialmente. Todo esto hasta hace 2 días, cuando las cuentas de Facebook y Twitter del grupo publicaron un adelanto del disco con un “teaser” de la canción ‘Criss Cross Man’, grabada durante las sesiones de GHS, y suficientemente conocida por aquellos fans stonianos que siempre estuvieron en busca de material inédito mediante su aparición en infinidad de bootlegs a través de las últimas décadas.
Así las cosas, casi 47 años atrás en el tiempo, más precisamente el 31 de agosto de 1973, los Stones editaban GOATS HEAD SOUP, su undécimo LP lanzado en el Reino Unido, y el no. 13 en los Estados Unidos, bajo la tutela de su por entonces sello propio Rolling Stones Records. Diez canciones, cinco de cada lado, que al comienzo supieron recibir críticas bastante despiadadas. Claro está, no era fácil seguir a un álbum como Exile On Main St., 1ay al mismo tiempo pretender que el nuevo trabajo de los Stones pudiera llegar a estar a la altura de uno de los discos más emblemáticos de la historia del rock’n’roll (que para colmo era doble) Para la ocasión, tanto el grupo como el productor Jimmy Miller y el ingeniero de sonido Glyn Johns se habían propuesto ofrecer un producto que logre alcanzar mayor difusión radial, por lo que debieron “endulzar” buena parte de las canciones del futuro disco, que fuera de las canciones con el clásico sello del sonido stoniano (Dancing with Mr. D, Heartbreaker, Silver Train o Star Star), esta vez se apoyaron más en el campo de las baladas (como Angie o Winter, por cierto, con excelentes resultados) Poco valorado en sus comienzos, el cuarto álbum con Mick Taylor en las filas del grupo (sin contar el disco en vivo de 1970) finalmente terminó siendo adoptado a nivel mundial, al punto de terminar convirtiéndose prácticamente en un clásico más de Mick y Cía. Grabado en los meses de noviembre y diciembre de 1972 en los estudios Dynamic Sounds de Kingston, Jamaica, GOATS HEAD SOUP fue redondeado en los estudios Village Recorder de Los Angeles entre enero y marzo de 1973, y luego a fines de mayo de 1973 en los Island Recording Studios londinenses, donde se registraron las sobregrabaciones, y también la mezcla definitiva, todo con un seleccionado de músicos invitados que incluyó a Nicky Hopkins, Billy Preston, Bobby Keys, Jim Horn, Ray Cooper, Jim Price, Rebop, Pascal, Nicky Harrison, Chuck Finley y hasta al propio productor Jimmy Miller.
i-wW96gMf-LLas sesiones de grabación de GHS rebosaron de “outtakes” (canciones inéditas, o tomas alternativas de las pistas grabadas) De hecho, dos de ellas – ‘Tops’ y ‘Waiting On A Friend’ (que originalmente se tituló ‘Waiting For A Friend’ o ‘Waiting On My Friend’), terminarían apareciendo recién en 1981 en el álbum Tattoo You, eventualmente con la participación de Mick Taylor en guitarra, mientras que otras como ‘Through the Lonely Nights’ verían la luz 1 año después, en momentos de la edición del álbum It’s Only Rock N’Roll (para el caso como el lado B del single de la canción ‘It’s Only Rock ‘n Roll (But I Like It)’, y 29 años más tarde en la recopilación Rarities 1971-2003), o ‘Short and Curlies’, que terminó formando parte del mismísimo disco.
Ya en lo que respecta al presente (ahora sí), la reedición expandida de GOATS HEAD SOUP podría dejar insatisfechos a los fans que esperaban que incluya suficiente material extra de aquellas sesiones del ’72 y el ’73. A la nueva remasterización del disco oficial, cuyo sonido siempre dejó bastante que desear (con medios y graves muy bajos, los agudos un poco escondidos detrás de éstos) se agregará un segundo disco (al igual que pasó con las reediciones de Exile, Some Girls y Sticky Fingers), que esta vez contará solamente con 10 canciones extras provenientes de los mencionados “outtakes”, con pocas sorpresas, si bien algunas de ellas muy esperadas, a saber:

Scarlet
Sin dudas la más novedosa de todas, de hecho ni siquiera apareció en bootlegs, exclusivamente tocada por Keith Richards y Jimmy Page (por entonces guitarrista de Led Zeppelin), para la ocasión acompañados de Stu en piano, Rick Grech (ex Traffic y Blind Faith) en bajo, y Bruce Rowland, más recordado como el baterista de Fairport Convention. Como dato curioso, la canción fue registrada en octubre de 1974 en los estudios Island de Londres, por lo que dista absolutamente de cualquier material grabado durante las sesiones de Goats Head Soup, y sí mucho más cerca de la del álbum It’s Only Rock’n Roll, editado al año siguiente.

DSCN3424All The Rage
Título desconocido hasta para los más acérrimos historiadores y archivistas del grupo, ya que nunca apareció en ningún libro, ni nada que se le parezca. Más que posiblemente se trate de algunos de los outtakes conocidos en bootlegs, esta vez con el título cambiado para su edición oficial. Habrá que esperar hasta que el disco salga a la venta.

Criss Cross
Uno de los outtakes más conocidos de Goats Head Soup, de pura cepa stoniana, presente en infinidad de bootlegs, a veces bajo el título alternativo de ‘Criss Cross Man’ o ‘Save Me’, y por ahora el elegido para promocionar la edición de lujo. Alguna vez formó parte de la banda de sonido de una película japonesa de los años ’70 llamada “Metamorphoses” (no confundir con “Metamorphosis”, el disco de los Stones del ’75)

100 Years Ago (Piano Demo)
La primera versión alternativa de las canciones originales del álbum. ¿Incluirá la parte vocal de Mick o sólo será una versión instrumental en piano? El tiempo lo dirá.

Dancing With Mr. D (Instrumental)
Digámoslo así, aquí la primera de las desilusiones. ..¿Hasta dónde puede resultar importante una versión instrumental de un clásico? Hasta hubiera resultado más interesante que en su lugar se incluya la versión del video promocional de la canción, para la cual Mick agregó la pista vocal en vivo con la música grabada de fondo. Cosas que pasan…

Heartbreaker (Instrumental)
Ídem versión instrumental de ‘Dancing With Mr. D’. A menos que la parte instrumental mencionada sea bien distinta a la de la original, que tampoco aportaría gran cosa, como es de suponer.

Hide Your Love (Alternative Mix)
Probablemente una versión que quedó plasmada en un acetato de la época con una mezcla levemente diferente a la versión del álbum original. Veremos.

Dancing With Mr. D (Glyn Johns 1973 Mix)
Como su título lo indica, se trata de una mezcla del ingeniero Glyn Johns, que tampoco debería presentar suficientes variaciones con la original, llegado el caso.

Doo Doo Doo Doo Doo (Heartbreaker) – (Glyn Johns 1973 Mix)
Ídem ‘Dancing With Mr. D’

Silver Train (Glyn Johns 1973 Mix)
Ídem ‘Dancing With Mr. D’ y ‘Doo Doo Doo Doo Doo (Heartbreaker)’

Una vez más, es justo recordar que las sesiones de GOATS HEAD SOUP fueron muy prolíficas y, si bien es demasiado temprano para hacer un pronóstico general en tanto no sea lanzado a la venta, es absolutamente comprobable que dejaron un tendal inmenso de pistas que bien podrían haberse incluido. Aquí el resto de las canciones que desafortunadamente no serán parte de la edición extendida del disco, algunas de ellas disponibles en bootlegs (y generalmente también fáciles de hallar en YouTube), y otras que jamás aparecieron bajo ningún formato:

*Las que aparecieron en bootlegs:
Separately
Fast Talking Slow Walking
You Should Have Seen Her Ass
Brown Leaves
Windmill

*Las que continúan siendo completamente desconocidas (o nunca verificadas):
After Muddy & Charlie
First Thing
English Rose
Zabadoo
Give Us A Break
Jamaica
Four And In
Miami
Man Eating Woman

Así y todo, los no conformes con el material extra de la reedición del disco podrán consolarse con las ediciones paralelas “Super Deluxe” que constarán de 4 CDs, o 4 vinilos, ya que además del álbum original y el de extras incluirán 2 discos adicionales conteniendo los legendarios conciertos conocidos como THE BRUSSELS AFFAIR (ahora remezclados por Bob Clearmountain), grabado durate los 2 shows del 17 de octubre de 1973 (vespertino y nocturno, respectivamente) en el Forest National Arena de Bruselas, Bélgica.
Por último, he aquí un listado total con las diversos formatos que estarán disponibles a la venta de la nueva edición de GOATS HEAD SOUP (en CD y vinilo), con sus listado de canciones respectivos:

EDICIÓN CONVENCIONAL (1 CD o 1 LP)
1. Dancing With Mr. D/ 2. 100 Years Ago/ 3. Coming Down Again/ 4. Doo Doo Doo Doo Doo (Heartbreaker)/ 5. Angie/ 6. Silver Train/ 7. Hide Your Love/ 8. Winter/ 9. Can You Hear The Music/ 10. Star Star

EDICIÓN DELUXE (2 CDs o 2 LPs)
CD 1 o LP 1: 1. Dancing With Mr. D/ 2. 100 Years Ago/ 3. Coming Down Again/ 4. Doo Doo Doo Doo Doo (Heartbreaker)/ 5. Angie/ 6. Silver Train/ 7. Hide Your Love/ 8. Winter/ 9. Can You Hear The Music/ 10. Star Star
CD 2  o LP 2 (RARITIES & ALTERNATIVE MIXES): 1. Scarlet/ 2. All The Rage/ 3. Criss Cross/ 4. 100 Years Ago (Piano Demo)/ 5. Dancing With Mr D (Instrumental)/ 6. Heartbreaker (Instrumental)/ 7. Hide Your Love (Alternative Mix)/ 8. Dancing With Mr D (Glyn Johns 1973 Mix)/ 9. Doo Doo Doo Doo Doo (Heartbreaker) – (Glyn Johns 1973 Mix)/ 10. Silver Train (Glyn Johns 1973 Mix)

SharedImage-105553EDICIÓN DELUXE EN VINILO TRANSPARENTE CON PORTADA ALTERNATIVA (2 LPs, sólo disponible a través de la página online del grupo)
LP 1: 1. Dancing With Mr. D/ 2. 100 Years Ago/ 3. Coming Down Again/ 4. Doo Doo Doo Doo Doo (Heartbreaker)/ 5. Angie/ 6. Silver Train/ 7. Hide Your Love/ 8. Winter/ 9. Can You Hear The Music/ 10. Star Star
LP 2 (RARITIES & ALTERNATIVE MIXES): 1. Scarlet/ 2. All The Rage/ 3. Criss Cross/ 4. 100 Years Ago (Piano Demo)/ 5. Dancing With Mr D (Instrumental)/ 6. Heartbreaker (Instrumental)/ 7. Hide Your Love (Alternative Mix)/ 8. Dancing With Mr D (Glyn Johns 1973 Mix)/ 9. Doo Doo Doo Doo Doo (Heartbreaker) – (Glyn Johns 1973 Mix)/ 10. Silver Train (Glyn Johns 1973 Mix)

2GOATS HEAD SOUP SUPER DELUXE (BOXSET de 4 CDs)
35 canciones en 3 CDs y 1 disco Blu-Ray. Contiene el álbum original remasterizado y sólo 3 canciones de las del material extra: ‘Scarlet’, ‘All The Rage’ y ‘Criss Cross’. Asimismo incluye THE BRUSSELS AFFAIR, más un libro de 120 páginas con muchísimas fotos de los show y 3 ensayos literarios (’50 Years On – An Appreciation of Goats Head Soup’, por Ian McCann, ‘Brussels Affair Live 1973 Tour’, por Nick Kent y ‘The Story Of The Cover Art’ por Darryl Easlea) El set se completa con 4 pósters que reproducen originales del tour de 1973.
Listado de canciones de The Brussels Affair: 1. Brown Sugar/ 2. Gimme Shelter/ 3. Happy/ 4. Tumbling Dice/ 5. Star Star/ 6. Dancing With Mr D/ 7. Doo Doo Doo Doo Doo (Heartbreaker)/ 8. Angie/ 9. You Can’t Always Get What You Want/ 10. Midnight Rambler/ 11. Honky Tonk Women/ 12. All Down The Line/ 13. Rip This Joint/ 14. Jumpin’Jack Flash/ 15. Street Fighting Man

3GOATS HEAD SOUP SUPER DELUXE (BOXSET de 4 LPs)
Ídem boxset de 4 LPs, sin el libro, los ensayos literarios, o los pósters.En vinilo de 180 gramos.

GOATS HEAD SOUP (CASSETTE)
El álbum original, en formato cassette.

PINTALO DE NEGRO

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Esta nota salió originalmente publicada en el diario Sur el 5 de julio de 1989, dos días después de que se cumplieran 20 años de la muerte de Brian Jones (hasta donde recuerdo, fue la primera nota que escribí para un diario) Por entonces yo tenía 22 añitos. Treinta y un años más tarde, conmemorándose hoy el  51 aniversario de aquella fatídica jornada, en vez de preparar un nuevo texto, preferí volver a publicar el texto original, que transcribí para el blog.

PINTALO DE NEGRO – A veinte años de la muerte de Brian Jones, uno de los Rolling Stones.
Era rubio, bello y el músico más versátil de la más grande banda de rock de todos los tiempos, los Rolling Stones. También fue el que llegó más lejos. El 3 de julio de 1969 hallaron su cuerpo muerto, flotando en la piscina de su casa. Desde entonces, Brian Jones ha sido materia prima de excepción para los forjadores de leyendas.

sur, 5.jul.89Lewis Brian Hopkin-Jones, tal su nombre completo, nació el 28 de febrero de 1942 en la británica y tranquila ciudad de Cheltenham. Hijo de Louisa y Lewis Jones, profesora de piano e ingeniero aeronáutico respectivamente, se destacó como brillante e inteligente alumno, llevando a cabo sus estudios en la Cheltenham Grammar School. No obstante, su etapa adolescente vio surgir los primeros brotes de insatisfacción y resentimiento que, más tarde, y apoyados por diversas presiones ajenas a su persona, marcarían su corta y trágica vida. Pero aun así, y luchando contra las duras barreras impuestas por el correr del tiempo, existía una única pasión que transitaba su vida constantemente: su amor y talento con respecto a la música.
Brian había comenzado a tocar el piano desde muy chico, pasando luego al clarinete y finalmente a la guitarra, su más puro propulsor de sentimientos. Años más tarde sería el más versátil y musicalmente complejo miembro de los Rolling Stones, aparentemente sin el menor esfuerzo. Sus primeros pasos hacia lo que luego se convertiría en su obsesión de sentir y hacer música fueron alrededor de 1961, año en que presenció un show de Chris Barber en Cheltenham y donde entrecruzó palabras y opiniones con uno de los integrantes de la banda, Alexis Korner. Su mutuo interés en el blues rápidamente dio pie a una profunda amistad que sólo era posible en dos verdaderos y desesperados amantes del género. Korner constituiría su propio grupo bajo el nombre de Blues Incorporated, de cuyas actuaciones participaría Brian como invitado y bajo el seudónimo de Elmo Lewis, haciéndole honor a uno de sus ídolos y uno de los más redundantes bluesmen de todos los tiempos, el gran Elmore James. Es precisamente en una de aquellas legendarias presentaciones que Mick Jagger y Keith Richards, denodados y apasionados cultores del cada vez más difundido estilo, quedan impresionados por las virtudes del rubio guitarrista y asimismo del baterista Charlie Watts, proponiéndoles entonces formar una banda que, junto al agregado del bajista Bill Wyman y el pianista lan Stewart (el sexto Stone), se consolidaría bajo el nombre de The Rolling Stones, título inspirado en ‘Rolling Stone Blues’, una magnífica pieza de Muddy Waters.
Brian era el Stone más completo  y emprendedor en lo que al plano instrumental se refiere. Capaz de dominar cualquier tipo de instrumento y, en caso de no conocerlo, aprender a hacerlo en escaso tiempo, utilizó una variedad de guitarras que incluía eléctricas y acústicas y de las más diversas procedencias y formatos, como también teclados, armónica, flauta, marimbas, campanas tubulares y hasta un dulcimer, este último de notoria aparición en el álbum ‘Aftermath’, siendo tal vez su más popular ejecución la del sítar hindú en el tema ‘Paint It Black’. Pero con el correr del tiempo y a través de los años, todos, absolutamente todos coincidían en que Brian se estaba volviendo cada vez más “raro”, y su comportamiento extraño e inusual. El comentario general referente a su imposible disputa con Jagger en cuanto al liderazgo de la banda, constituyó quizás el primer síntoma de decadencia en la vida de Brian, hecho que alcanzó sus máximas consecuencias al llegar a manos de la prensa inglesa, que no paró de hostigarlo una y otra vez, denigrándolo hasta el extremo  y, lo que es más triste, con un eficaz resultado. Su creciente adicción al alcohol y poco después a las drogas fueron haciendo de Brian un ser que iba muriendo poco a poco, de una fuerza de voluntad cada vez más inexistente que lo obligó a aislarse y autoflagelarse, creando una imagen andrógina y llamativa, la mejor carne para el hambriento y asesino perro a cargo de la prensa, su principal y único enemigo. Después de todo se trataba de un Stone, y los medios gráficos y las autoridades policiales debían combatirlo, tal la orden inicial. Al igual que sus compañeros Jagger y Richards, Jones debió soportar la no muy grata situación de ser arrestado por posesión y consumo de drogas en varias oportunidades, saliendo de ellas bajo fianza y hasta cumpliendo una pena carcelaria de sólo un día en la prisión de Wormwood Scrubs. Fotografías suyas en los periódicos, retirándose de la Corte, eran bastante comunes. Su vida amorosa, por otro lado, no era mucho menos que trágica; mal guiado y finalmente abandonado por muchas de sus mujeres, Brian no dudó en convertirse en un verdadero paranoico, sin siquiera ya poder controlar su invalorable arte de tocar y mucho menos aportar nuevas ideas. Ya nada le quedaba, a pesar de los intentos por reconstruir su vida. Pronto se autoexiliaría de lo que fuera el único logro consistente en su vida, The Rolling Stones. Su propio alejamiento del grupo es anunciado el 9 de junio de 1969; era obvio que una persona en sus condiciones no podía soportar más la tensión que una banda como los Stones demandaba al salir de gira. Mientras tanto, y durante ciertos días en que no era atacado por su maníaca depresión, Brian logró encarar algunos proyectos personales en los cuales se mostraba ansioso por trabajar. De aquellos días data la composición íntegra de la aún inédita banda de sonido de ‘Mord Und Totschlag’ (A Degree Of Murder), filme protagonizado por su ex compañera Anita Pallenberg y que representó a Alemania en el Festival de Cannes de 1967. Y es para fines de ese mismo año que Brian decide viajar a Marruecos, estableciéndose en Tánger y dedicándose casi por completo a grabar los sonidos nativos del lugar, registrando a los Maalimin de Joujouka, maestros músicos de Marruecos, durante ceremonias en honor a su propio dios Pan. Ya de retorno a su país natal, Brian se encargaría de compaginarla, producirla y editarla bajo el título de ‘Brian Jones Presents The Pipes of Pan at Joujouka’, álbum que lograría ser lanzado recién en noviembre de 1971. Pero los Stones debían salir de gira, y luego de la partida de Brian, la necesidad de conseguir a alguien que lo reemplazase se hacía cada vez más imperiosa. La elección recae en el ex integrante de la banda de John Mayall, Mick Taylor, quien asume su nuevo cargo el 13 de junio del ‘69. Brian se encontraba alojado en Redlands, la hermosa propiedad de Keith, cuando decidió que ya era hora de comprarse su propio nuevo reducto, optando por Cotchford Farm, la mansión de Sussex donde alguna vez A.A. Milne escribió Winnie The Pooh y otros cuentos, y también donde Brian pasó los últimos momentos de su vida. El día 3 de julio de 1969, Brian Jones estaba muerto. Los detalles exactos y la verdad sobre lo que aconteció esa noche probablemente permanecerán desconocidos.
Dos días más tarde, más de medio millón de personas se congregaron en el Hyde Park de Londres para asistir al concierto en homenaje a Brian, uno de los eventos más significativos e importantes de la historia del rock’n’roll. El murmullo general de la multitud disminuyó hasta el más profundo silencio cuando Jagger salió a escena anunciando: “Tranquilícense por un minuto. Me gustaría decir algo sobre Brian”. Repentinamente abrió el libro que llevaba en sus manos, y de una página previamente marcada comenzó a leer un poema. Se trataba de Adonais, de Shelley. “Paz, paz! Él no está muerto. Él se ha despertado del sueño de la vida…”  Y continuó hasta el final. Millares de mariposas blancas guardadas en cajas fueron liberadas desde el escenario. El concierto comenzó entonces, con Mick Taylor en su primer día junto a los Stones. Brian Jones fue enterrado el siguiente 10 de julio. Su propio epitafio fue leído durante el servicio: “Por favor no me juzguen muy severamente”. Brian fue el mejor, porque fue integrante de los que hoy día siguen siendo los mejores. Y para siempre. Nada más. Han pasado 20 años.

ENTREVISTA: DANNY GARCÍA – “BRIAN JONES ES UN MIEMBRO MUY DENOSTADO. LOS MISMOS INTEGRANTES DE LOS STONES SE HAN ENCARGADO DE QUE LA GENTE SE OLVIDE DE ÉL”

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Ayer pudo haber sido el día de ayer, al menos así lo confirma el calendario. Y la semana pasada seguramente transcurrió hace algo así como hace 1 semana. Pero lo que ocurrió hace apenas tres meses se siente como si hubieran pasado doce. O diez, u ocho, o seis. Todo depende del nivel de alteración de percepción del paso del tiempo desde aquel día en que finalmente nos enteramos de la llegada de la por entonces ya bastante rumoreada pandemia que iba a poner nuestras vidas en jaque. Casi como en una película en la matiné de un sábado. Y fue precisamente a la vera de esa coyuntura que el director español Danny Garcia llegó a Buenos Aires para presentar un ciclo sobre sus muy personales documentales de algunos de los más interesantes personajes que el rock nos dio. Lo del catalán es directo y despojado de toda vanidad. En lugar de abocarse a poner el foco –nunca mejor dicho- en figuras populares, de esas que podrían resultar atractivas para el público general, García elige hacerlo en los que más le llaman la atención a nivel personal, que bien podrían ser considerados “marginales”, o “de culto”, lejos de toda escena del mainstream, abordándolos en profundidad para que una base de fans de éstos también logre adentrarse en esas mismas aguas. Y lo hace principalmente reconstruyendo material inédito en video, a su vez apoyado por declaraciones en primera persona de buena parte de aquellos que alguna vez formaron parte del mundo íntimo de los retratados. Que es el hilo conductor que une a protagonistas como Johnny Thunders, Sid Vicious (para la ocasión remontándose a los días de su salvaje romance con Nancy Spungen), Stiv Bators, los injustamente olvidados Parálisis Permanente, o las historias ocultas detrás del final de bandas como The Clash. El seleccionado de nombres no logre probablemente resultar más tentador para el curioso ocasional que sueña con ir un poco más allá de los hechos biográficos conocidos, esos que el español deja un poco de lado para bucear en aguas más profundas, todo coronado por su hasta ahora última aventura, la de meterse tras bambalinas en los sucesos que llevaron a la históricamente indevelable muerte de Brian Jones, piedra basal y mártir crucial de los Rolling Stones. De esos y varias cosas más hablamos con Danny Garcia en esta entrevista registrada en un bar palermitano una tarde del mes del último marzo, acompañados por un bullicio de fondo natural en contraste con el incierto silencio sepulcral que nos toca vivir, en momentos en que nunca un vacío nos llenó tanto, y sin horizonte a la vista. Han pasado casi 3 meses, o al menos eso dice el almanaque.

La pasión que compartimos por la música de alguna forma nos llevó a tomar caminos distintos, pero con ese mismo denominador común. A algunos los llevó a transformarse en músicos, a otros a escribir, o a ser un simple escucha, y a otros a casos como el tuyo. ¿Qué es lo que primordialmente te llevó a convertirte en documentarista musical?
La verdad, fue un poco accidental. Yo había regresado a Barcelona desde Londres en el ’96, pero antes ya había escrito para la revista Popular 1. Pero cuando volví a Barcelona comencé a escribir para Cáñamo, que era una revista para los cultores de la marihuana. Escribía sobre música, hacía entrevistas con artistas de reggae, etc.

¿Te fuiste a Londres para seguir escribiendo desde ahí?
No, me fui a Inglaterra para aprender inglés, y para tocar el bajo con gente que supiera tocar más que yo. Esa era la idea. Aprender un poco, y vivir allí.

¿Ya eras músico de antes de todo eso?
Claro, desde los 14 años de edad, tocando bajo y batería en distintos grupos, lo que hice a lo largo de 15 años, o algo así. Bandas con amigos, nada que haya trascendido…Pero luego sí en Londres trabajé con los Crybabys, y también con otras bandas, si bien durante períodos limitados.

¿Cuánto tiempo formaste parte de los Crybabys? Todo lo que recuerdo es tu participación en el disco ‘Rock On Sessions’.
Algo así como 6 meses, y entre tanto hicimos ese disco, que en principio eran simplemente maquetas. Pero luego ese proyecto se disolvió, y entonces me puse a trabajar con Les Riggs y Timo Kaltio de Cheap and Nasty en otro grupo que tampoco llegó a nada, sólo hicimos algunos conciertos. Y entonces fue ahí cuando volví a España y unos amigos me dijeron que en el canal BTV (Barcelona Televisión) estaban aceptando ideas. En esa época esa estación de TV todavía estaba en pañales. Pero aceptaban propuestas de ciudadanos. Si tú tenías una buena idea, te brindaban una cámara, te ibas a filmar una semana o dos, lo que precisaras. Te daban una noche para editarlo, y luego te pagaban.

IMG_6604¿BTV era una señal de cable o de televisión abierta?
Era abierta. De noticias, información general… Entonces empecé a hacer documentales sobre mis amigos. DJs, grafiteros, etc. Hice cuatro documentales, y la verdad me lo pasé muy bien haciéndolos. Ninguno de ellos se editó, eran solamente para televisión, pero los pasaron varias veces, y eso es lo que me llevó a pensar seriamente en seguir en eso, si bien, sin medios, resultaba todo muy difícil. Era a fines de los ’90, o principios de los 2000. Recién en el 2008 tuve la idea de hacer el documental de los Clash (‘The Rise and Fall of The Clash’), que tuve que empezar con fe ciega, porque no tenía ningún dinero para hacerlo. Mi hermano me decía, “Tú estás loco, ¿cómo se te ocurre hacer un documental de los Clash?”

¿Cómo son los primeros pasos para alguien que, quien sea, decide ponerse a realizar un documental de esas características y con escaso presupuesto?
Yo ya había visto el libro que había escrito Vince White, que fue uno de los guitarristas que sustituyó a Mick Jones en la banda en la última época del grupo. Lo cual para mí resultaba todo un enigma como fan de los Clash cuando era quinceañero, por los cuales yo estaba loco, y que de repente hayan parado…No podía entender qué era toda esa gente nueva en la contratapa del álbum ‘Cut the Crap’. Era todo muy enigmático y muy extraño.

Y aparte, en líneas generales,  un disco muy malo…
Malísimo. Para mí está en el Top 10 de los peores álbumes de la historia, por no decir en el Top 3. Una aberración sonora. Yo ya había entrevistado a Paul Simonon en 1990 cuando vino a Barcelona con su banda Havana 3am, pero tampoco es que me había aclarado mucho. Me dijo que fue el manager quien se había encargado de todo, qué el “no había estado”. Y yo me preguntaba cómo es que había resultado así siendo él el bajista. Me dijo que  en aquel momento él estaba en New York pintando, y cosas así. En fin, no se entendía nada. Pero sí me explicó que todo eso había sido un “set up”, una cosa armada, forzada, lo que me creó aún más enigma. 18 años después vi ese libro de Vince White, y ahí fue cuando me surgió el proyecto, porque pensé, si este tipo hace un libro explicando todo esto, yo puedo contactarlo. Y después hacer yo mismo lo que me de la gana, obviamente. Lo contacté, me envió el libro, y aceptó hacer una entrevista. Y fue ahí cuando comenzó la historia. Aparte tuve la suerte de conocer a unos gringos con dinero a los que les gustó la idea, y me apoyaron financieramente. Todos los documentales que hice los empecé de la misma forma. Sin contar con ningún tipo de dinero. Haciendo las entrevistas y logrando que la bola de nieve vaya creciendo. Esa es mi técnica.

Y a medida que esa bola de nieve se agigantaba, ¿ya contabas con alguna garantía respecto de la edición final comercial de los documentales?
No, garantías de nada. Con cada proyecto es lo mismo. Empiezas a hacerlo, pero luego siempre va a haber gente que se va a agregar. Gente que le gusta ver su nombre en la gran pantalla como productor ejecutivo, o lo que sea, entonces siempre se van a adherir. Es algo mágico, realmente.

clash¿Seguís manteniendo el mismo esquema ahora que el que aplicaste para ‘The Rise and Fall of The Clash’? ¿El de empezar con una lista de entrevistados?
Correcto. Siempre hay una lista de gente a entrevistar de más o menos cincuenta personas, y luego de esos cincuenta hay veinte que te dicen que sí. Lo bueno es que hoy en día gracias a Facebook puedes contactar a mucha gente, o que tienen su propia web, por lo cual es relativamente fácil. Pero también están los que no se encuentran en internet, que generalmente los puedes contactar a través de terceros. ¿Qué entrevistados necesito? ¿A qué música puedo acceder? Y también está lo de los derechos de las canciones, que es uno de los problemas de contar con poco presupuesto. Los derechos de las canciones valen muchísimos miles de dólares por minuto.

Si los músicos se inspiran en sus ídolos musicales, ¿los documentaristas también los tienen?
Sí, la verdad es que me fijo en gente como Nick Broomfield, que hace las preguntas que se deben hacer. No es alguien que apunte a hacer documentales “bonitos” para satisfacer al público. No, él intenta buscar la verdad, aunque a veces resulte fea. De hecho ayer vi uno de los peores que haya hecho, que es el de Whitney Houston. Pero hace unos meses vi  ‘Marianne & Leonard: Words of Love’, sobre Leonard Cohen y Marianne Ihlen, y es una obra maestra. También me interesa gente como Don Letts, porque era un tipo de la calle, que empezó de la nada. Pero hay miles de cineastas que hacen cosas muy buenas.

Lech Kowalski…
No me gusta nada su estilo, lo encuentro muy sucio. Está obsesionado con la heroína y todo lo que sea lo más sucio del ser humano. Eso a mí no me interesa, sabes. Las desgracias de la gente no me interesan.

Volvamos a tus documentales. ¿Cómo continuó la saga después del de los Clash?
Con ‘Looking for Johnny’… Y ahora recuerdo que también de hecho por entonces había estado hablando con Sami Yaffa y Nasty Suicide para ver si podíamos hacer algo sobre Hanoi Rocks, porque los conozco. Yo creía que era algo factible, pero cuando la propuesta llegó a Mike Monroe y Andy McCoy, ni siquiera me contestaron. De hecho la idea de hacer algo sobre Brian Jones viene de esos años. Yo estaba leyendo el libro de Tony Sanchez y pensé que hacer algo sobre Brian sería “la bomba”, porque Brian es “el top” de todos éstos. Pero el de Johnny sí que era algo factible. Yo había entrado en contacto con Jungle Records, y se mostraron interesados en hacer algo a medias, ofreciéndome prestarme todo su material. Jungle Records es dueña desde ‘L.A.M.F.’ de los Heartbreakers, hasta casi todos los discos en solitario de Johnny. Entonces aceptaron, y tuve acceso a todo su archivo de video, música y fotografías, que era muchísimo material. Con eso pudimos hacer el documental , y claro, además con la ayuda del público, porque hicimos un crowdfunding. Hay muchos fanáticos de Johnny Thunders. No había nada decente sobre él. Lo único que había era el documental de Kowalski, que es totalmente indecente. De hecho la familia de Johnny nunca le dio permiso para que utilicen su música. Y ese es el motivo por el que Kowalski me odia. Me resulta fascinante. Alguien que no te conoce personalmente, y que te odie simplemente porque hagas tu trabajo. Pero es su problema, no mío.

thundersSupongo que llegaste al documental de Thunders mucho más entrenado…
Sí. Aparte, si en el de los Clash entrevistamos a 20 personas, en el de Johnny lo hicimos con 50. Me mandaban cintas. Había mucha gente cercana a él que quería estar en el documental.

¿Sos de abordar un guión en particular, o simplemente seguís un orden cronológico o de los entrevistados?
Yo ya tenía un plan, las preguntas y todo eso. Pero todo puede cambiar. Como en el caso del de los Clash, en el que yo solamente iba a abordar el período 1983-1985, y mientras hablaba con los reemplazantes de Mick Jones, me di cuenta que tenía que empezar de antes, y así poder explicar quién era Bernie Rhodes, el manager del grupo. Un personaje muy misterioso, realmente nunca se había hablado de él en profundidad, y mi documental te permite enterarte quién era en verdad Bernie Rhodes. De la importancia e influencia que tenía el tipo, sobre todo en Joe Strummer y en Paul Simonon. ¡Es que a The Clash lo empezaron Mick Jones y Bernie!

¿Es verdad que la aprobación final de que se edite el documental fue gracias a la intervención de la mismísima madre de Mick Jones?
Yo ya tenía hecho el documental en 2010, pero no salió hasta el 2012, porque Mick no nos daba la autorización para utilizar su música. Y por lo visto, su madre estaba en su casa en Londres durante las navidades del 2011, ya que ella vive en los EE. UU. desde los años ’70. De hecho Mick creció con su tío en Londres. Y entonces aquella vez la mujer vio el documental en casa de su hijo, porque Mick tenía una copia, y le preguntó, “¿Cómo es que este documental aún no está en la calle?” Y Jones le contestó, “¿Tú crees, mamá?” Porque al parecer a él no le gustaba. Y su madre le dijo que era el mejor documental que se había hecho sobre él, “porque todos los demás están mintiendo”. Por lo visto ella lo convenció. Esto me lo han corroborado varias personas del círculo íntimo de Mick Jones. Nunca lo he hablado con él. Desde entonces siempre le he dado las gracias a su madre por permitirme hacer esta carrera, porque la primera vez que conocí a Mick fue en el ’90, como fan. Luego lo vi en 2009 en un festival en Gales, me encontré con él para hablar precisamente de esto, y su pregunta fue, “¿Por qué estás haciendo esto?” Y le respondí que lo estaba haciendo porque necesitaba  un pequeño crédito para poder hacer otros proyectos después . Lo cual lo desarmó totalmente, porque los Clash iban precisamente de eso, de incitar a  los jóvenes  a no ser carne de cañón, a no trabajar en las fábricas, a no perder su vida…

Por lo que la idea de tu proyecto coincidía con lo que ellos proponían…
¡Claro! “It’s the best years of your life they want to steal” (cita la letra de la canción ‘Clampdown’) ¿Para quién vas a trabajar, para el Gobierno? ¿Te vas a vestir de marrón, o de azul? Sé tú mismo, haz lo que quieras.

stivYa que mencionaste lo caro que resulta utilizar canciones originales en la banda de sonido, ¿de qué manera lográs convencer que otros artistas colaboren con versiones, o aporten canciones propias nuevas para los proyectos?
Tienes que hacer magia, realmente. Por ejemplo, en el de Stiv Bators (‘Stiv, No Compromise No Regrets’), teníamos casi cero presupuesto. De hecho tuvimos que rifar una remera usada de él que apestaba a sudor, vaya a saber uno de qué año. Y la tuvimos que rifar para conseguir dinero para viajar y hacer las entrevistas. Y sacamos unos 3.000 euros. Pero también ocurre los amigos de Stiv, algunos de ellos son dueños de su propia música, del master y de la editorial. Gente como Frank Secich, Jimmy Zero, Cinthia Rose, que no sólo nos dieron música, sino también fotografías y material inédito en video de los Dead Boys, e incluso de grupos anteriores a ellos, como Frankenstein. Aquello fue lo que nos salvó, y entonces pudimos hacer el documental.

Una situación bastante similar a la de ‘Looking for Johnny’…
Claro, con la ayuda de Jungle Records. Entonces así conseguí poder usar música de los Heartbreakers, banda de la cual Sid (Vicious) y Nancy eran muy fanáticos, ya que estamos. Nancy estaba enamorada de Jerry Nolan. Y hablando de eso, en el caso de ‘Sad Vacation, The Last Days of Sid and Nancy’, no teníamos dinero para licenciar nada de los Pistols. Por lo que también fue muy cojonudo que la gente de The Boys nos preste música para poder usar en el documental . O JC Carroll de The Members, que era otro de los colaboradores de Thunders, o bandas como Corazones Muertos o Supla de Sao Paulo… Y así fui armando el documental. Que a pesar de no tener música original de los Sex Pistols, funcionaba. El esquema del documental de Sid y Nancy es muy similar al del de Brian Jones, mitad música y mitad crímenes. Son como dos documentales en uno, independientemente.

sad vacation¿Qué hay de tus proyectos extra musicales? Me refiero a los largometrajes ‘Six Bullets to Hell’, ‘The Price of Death’ y ‘Bounty Killer’. ¿Qué es lo que lleva a un director de documentales biográficos musicales  a filmar westerns? ¿Son todos spaghetti westerns?
Absolutamente, todos spaghetti westerns. Lo que me lleva a eso es la locura, básicamente (Risas) Yo estaba viajando mucho a Almería, que es donde el director Sergio Leone hacía sus películas. Y una vez, al ver esos decorados, quedé fascinado. Entonces empezamos a maquinar cómo podríamos hacer westerns, algo que no fuera documentales de música, sino hacer largometrajes. Que era muy obvio, porque lo teníamos todo ahí. Esos decorados increíbles. Porque también soy bastante freaky de los spaghetti westerns, del cine clase B, y de la filosofía de gente como Roger Corman. “Haz lo que quieras”.  Aunque tengas 5 pesos. Solo tienes que convencer a gente que te ayude a hacerlo.

Lo que nos remite una vez más a tus documentales musicales.
Totalmente, es todo muy “do it yourself”. Todas fueron hechas con muy bajo presupuesto, pero hoy en día con recursos como las cámaras 4k se puede convertir en Hollywood, realmente.

¿En esas películas fuiste director y productor al mismo tiempo?
Sí, y también hice guiones. Lo que sucede es que esos los filmo como “Chip Baker”, más que nada porque me parecía divertido hacerlo. En aquella época los directores también usaban seudónimos. De hecho la primera vez que Sergio Leone lanzó “Por Un Puñado de Dólares”, se hizo llamar Bob Robertson. O tipos como Antonio Margheriti, que se hacía llamar Anthony Dawson. Había que crear una fantasía, porque se los estaban vendiendo a los “gringos”. Lo que quieres hacerles creer es que, en primer lugar aquello se ha rodado en su territorio. Aunque sea en Almería. Ellos no lo saben. Y en segundo lugar, que no lo ha hecho ni un italiano ni un español, sino un americano. Le estás vendiendo esa fantasía a la gente. Y te digo más. En Almería se ha rodado ‘Patton’, ‘Lawrence of Arabia’, ‘Conan’, la última de Terminator…Cientos de películas. Sobre todo en esa zona, por el entorno natural que tiene. Es el único desierto en toda Europa. Todas fueron lanzadas en DVD, fueron hechas en inglés, y además cuentan con actores ingleses, americanos, españoles, franceses, belgas… Lo que es algo muy típico de los spaghetti westerns de aquella época.

Volvamos a la música. Al igual que en el caso de Johnny Thunders, Stiv Bators siempre contó con una gran cantidad de seguidores. ¿Qué me podés decir sobre el documental que no se haya dicho aún?
Es el más divertido de los documentales que hicimos, precisamente porque Stiv era un tipo muy divertido, muy cachondo. Era muy bromista, y todos sus amigos lo recuerdan por eso, además de por haber sido muy buena persona. Era un trozo de pan. Cuando lo conocí en el ’88, como fan, a los 17 años, en un show de los Lords (of the New Church) en España, me trataron tan bien en el camerino como nunca nadie me había tratado antes. De hecho yo estaba afuera con mis discos para que me los firmen, y fue Stiv que me invitó a pasar. ¡Increíble calidad humana! Si lo comparas con Brian James, que estaba sentado y ni siquiera se molestó en pararse y tomarse una foto conmigo y el resto del grupo….Con eso ya te digo todo. Stiv era muy humano, muy humilde y muy normal, todo lo contrario de lo que proyectaba en el escenario. De hecho Jimmy Zero me decía que en los días de los Dead Boys, los fans salían del camerino alucinados porque pensaban que Stiv les iba escupir en la cara. Porque en el escenario era un loco. Se ahorcaba, se bajaba los pantalones…y luego era el tipo más dulce que te puedas imaginar.

paralisisEn el medio de todo esto quedó pendiente la edición del documental que rodaste sobre la banda española Parálisis Permanente (‘Autosuficientes’)
Sí, y ahora una vez que se acabe esto del coronavirus y vuelva a España, lo tengo que terminar. Los del canal TVE tardaron 4 años en darme las imágenes que les habíamos pedido. El videoclip de ‘Autosuficiencia’, alguna entrevista, material de archivo…Y claro, sin aquello no podíamos terminarlo.

¿Se trató de una decisión del canal o de los miembros del grupo?
Enteramente del canal. Veníamos con poco dinero, no teníamos los que ellos nos pedían, y ese toma y daca duró 4 años, hasta que al final nos cedieron las imágenes. Hace más o menos 3 meses, no más de eso.

Será el primer documental de Parálisis Permanente que alguna vez se haya hecho.
Claro, porque Parálisis ha quedado en el olvido, realmente. Al igual que muchos otros grupos de ‘La Movida’. Bueno, es que han hecho un solo álbum, y además Eduardo (Benavente) se murió- Para mí es el único tipo de La Movida que valía la pena. Su look, sus canciones, sus letras, su actitud. Para mí era lo único real de todo aquello. Pero en cuanto a los entrevistados, no todos quisieron participar. Nacho Canut y su hermano no quisieron que los entrevisten. Está Alaska, está Ana Curra, obviamente, y Rafael Balmaseda. También el otro guitarrista, Antonio Moreno. Toda buena gente. Solamente falta sustituir imágenes, y después subirlo a alguna plataforma digital, que es donde se va a poder ver. No va a haber DVD, si bien ese primer “corte” tuvo algunas proyecciones en España.

Finalmente, quisiera ir de lleno a ‘Rolling Stone: Life and Death of Brian Jones’ que, con el mayor respeto al resto de los artistas sobre los que realizaste documentales, ésta sería tu primera entrada en las “grandes ligas”, digo, si consideramos la sagrada trilogía compuesta por Beatles, Stones y Dylan. Y lo interesante es que elegiste hacerlo sobre el tipo que no sólo fue el fundador de los Stones, sino que también de buena parte de lo que el grupo proyectó después, al menos en lo referente a imagen y actitud. Asimismo me resulta muy valorable eso de no haber hecho un documental sobre los Rolling Stones, sino sobre “Brian, que fue miembro de los Rolling Stones”.
Claro. Al principio de todo no teníamos acceso a la música del grupo. ABKCO ni siquiera nos contestó los mails. Pero al día de hoy no me extraña nada. Nosotros somos productores independientes, una hormiguita. No somos ni la BBC, ni Hollywood, ni nada. Entonces es entendible. Que le den a Chanel o a la marca que sea de perfume  los derechos para usar ‘She’s a Rainbow’ y que a nosotros no nos contesten, hasta cierto punto es entendible.

bjonesdoc420¿Cómo es que en 50 años, fuera de la muy criticada biopic que se hizo hace unos años (‘Stoned’, del 2005), a nadie se le haya ocurrido hacer un documental sobre ni más ni menos que Brian Jones?
Brian es un miembro muy denostado, muy olvidado. Los mismos integrantes de los Stones se han encargado de que la gente se olvide de él. ¡Podrían tener un holograma de él en el escenario trocando el slide en ‘Little Red Rooster’! (Risas)

No, no creo que lleguen a  hacer eso alguna vez. Iría en contra de sus propios principios.
Sería un buen detalle para los fans. Si vas a la página oficial de los Stones, Brian aparece apenas como si hubiera sido un colaborador. Hablando con Gered Mankowitz (fotógrafo que logró algunas de las imágenes más clásicas del grupo en los años ’60), él me dijo “no es buen rollo hablar de Brian para esta gente”. Un tipo muerto, y con todo lo que le ha caído encima. Que si era maltratador de mujeres…y todo eso. Yo he hablado con muchas de sus ex, y  ninguna me confesó que le haya pegado. Excepto a Anita (Pallenberg), claro. Con Anita perdió los cabales. Era una mujer muy poderosa. No me hubiera extrañado que haya sido ella quien le pegara a Brian. Pero Brian era un tipo muy loco, inestable, y que tomaba muchas sustancias. Y mucho alcohol. Y aparte era posesivo. Un bon vivant que se follaba a todo lo que se movía, pero si quien lo hacía era su novia, se volvía loco. Muy celoso. Y eso me lo ha confirmado Stash (el legendario Prince Stanislaus Klossowski de Rola, de los más íntimos amigos de Jones, y uno de los varios entrevistados en el filme) Existe poca gente que haya conocido bien a Brian como Stash lo conoció.

¿Cómo llegaste a organizar el cast del documental? Hay gente interesantísima, y lo mejor de todo, del mundo directo de Brian de aquellos años. El periodista británico Keith Altham, Phill Brown, que fue ingeniero de sonido en el disco ‘Beggars Banquet’. Sam Cutler, legendario road manager de los Stones. El músico Chris Farlowe. Roxanne Fontana, que organizaba un fan club de Brian en los ’70. Hasta Richard Hattrell o Graham Ride, amigos de Jones de la infancia. El periodista Scott Jones, que con sus investigaciones contribuyó a lograr evidencia sobre el posible asesinato de Brian. Barbara Marion, de sus tantos hijos. Phil May y Dick Taylor de los Pretty Things. El director de cine Volker Schlöndorff. La cantante Cleo Sylvestre. Periodistas como Simon Wells. El fotógrafo Terry O’Neill. ¡Hasta la actriz fancesa Zou Zou, que supo tener un romance con Brian! Y Mankowitz y Stash, que ya los mencionamos. Una lista maravillosa de entrevistados…
Tratamos de invitar a tantos como pudiéramos contactar. Aparte de los managers de los Stones, y de Bill Wyman, que nos agradecieron, pero que nos dijeron que no. Y también hubo gente como James Phelge, que dijo que sí, pero que después al final no salió. Pero por suerte teníamos a Keith Altham, a Graham Ride, Richard Hattrell, a todos esos que mencionaste. Gente que no está bajo el control de los Stones.

Bueno, ninguno de ellos sigue estando bajo el control de los Stones.
No, pero Anita sí. Anita estaba cobrando dinero de Keith, y no podía hablar. Ella justamente murió antes que empezáramos el documental.

¿Creés que hubiera aceptado participar?
Participar, sí, pero no creo que hubiera dicho nada que no hayamos leído en libros, porque no podía. Según he oído ha dejado un libro escrito, que no se puede publicar hasta que Mick y Keith mueran.

¿Todos los contactados aceptaron participar directamente?
Todos. Simplemente también hubo gente como Marianne Faithfull que no quiere hablar del pasado. La habíamos contactado. También lo intentamos con Christopher… ¿cómo era aquel coleccionista de arte?

¿Gibbs?
Ése. Christopher Gibbs. Que tampoco nos contestaba. Murió hace poco. Contactamos a muchísima gente, pero es lo que yo llamo “selección natural”. Escoges a cuarenta personas y acabas entrevistando a la mitad.

¿De todos los  documentales que hiciste, podrías asegurar éste fue el que más conforme te dejó?
Sí, el que más contento me ha dejado. En cuanto a contenido, edición, y el look que tiene. Para mí, acercarme a Brian ya era todo un logro. Entrevistar a toda esa gente, y que estén vivos. Y que te explicaran cosas y anécdotas de esas que no has leído en ningún libro. Fue fascinante. Graham Ride me decía que Brian aún le debía 20 libras del día que se fue de Cheltenham a Londres, y el día que hicimos la entrevista, llevé a almorzar a Graham, y le di las 20 libras. “Esto es de parte de Brian”, le dije. (Risas) Es que Brian era un personaje fascinante, con sus cosas buenas y malas.

¿Ya está confirmada la fecha del lanzamiento del DVD?
Sí, el 12 de junio. El DVD es muy recomendable para los fans más acérrimos, porque incluye más de 57 minutos de escenas borradas con material extra de las entrevistas que no aparecen en las proyecciones que hicimos en las salas de cine, y también hay un pequeño making of llamado ‘Behind the Scenes: Return to Hartfield’ , sobre la gente que vive allí, que te explica cosas del lugar…Vemos el pub donde Brian bebía todas las noches, que hoy en día es una casa particular. El pueblo…todo eso. Luego hay algo que se llama ‘Muddy Waters: Scott Jones Files’, con 15 minutos de Scott hablando.

¿Lo del título de “Muddy Waters” fue algo deliberado?
Sí. De hecho el título original que quería ponerle al documental era ‘Muddy Waters: The Establishment versus Brian Jones’, pero mi co-productor me dijo que era un título demasiado inteligente, que iba a confundir a la gente, o que alguien se iba a pensar que era un documental sobre el músico Muddy Waters.  Y entonces lo utilicé para titular ese segmento extra. Pero todos mis documentales tienen extras. Y el de Brian además también va a incluir un pequeño poster desplegable, que es muy bonito.

Sé que también se va a lanzar la banda de sonido, algo que no sucedió con todos los documentales anteriores.
No, solamente sucedió con ‘ Looking for Johnny’, el de Stiv, y ahora el de Brian. El de Brian tiene muchas canciones inéditas, como las de Dick Taylor, que nos las ofreció para el documental, y luego de gente como John Perry de The Only Ones, que también grabó algo exclusivamente para el film. John es super fan de Brian. Greg Prevost, que nos dio dos canciones. Luego de un grupo muy interesante de Londres que se llama The Proper Ornaments, que también son fanáticos de Brian. Hemos logrado juntar una banda sonora bastante interesante, que no incluye nada de los Stones, pero que tiene mucho rollo. Solamente habrá una edición limitada de 1.000 copias, y en vinilo rojo. Y aparte estará disponible en download digital. Evoca el sonido de esos días. Y te pone en clima y en situación.

Sería imposible concluir esta entrevista sin preguntarte por algún próximo proyecto.
Seguramente hagamos algo con los 3 minutos y medio en directo de Sid Vicious que conseguí de un japonés que estuvo aquella noche en el  Max’s Kansas City en 1978. Fue el último concierto que Sid hizo en New York, la última vez en su vida en que se subió a un escenario. La idea es hacer algo sobre los días de Sid dejando Londres para irse a New York, y además algo sobre sus conciertos. Vamos a ver adónde llegamos con eso.

LA HISTORIA JUDÍA SECRETA DE LOS ROLLING STONES

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“The Secret Jewish history of The Rolling Stones”
Nota de Seth Rogovoy originalmente publicada en el sitio online de cultura judía Forward (https://forward.com/culture/447744/the-secret-jewish-history-of-the-rolling-stones/) el pasado 2 de junio citando un artículo del 2014 de la misma revista, en momentos en que el grupo se presentaba en la ciudad de Tel Aviv.

En el 2014, los Rolling Stones tocaron en el parque HaYarkon de Tel Aviv. Ese evento representó mucho más que el primer concierto en Israel de la banda de rock más grande y legendaria del mundo. También marcó una pequeña victoria en la guerra contra el boicot al rock’n’roll en Israel que libran algunos rockeros ingleses, principalmente por instigación del ex-Pink Floyd Roger Waters que, a pesar de algunos esfuerzos muy públicos, no pudo persuadir a Mick Jagger y Keith Richards para que finalmente no hagan su debut en Tierra Santa.

1Los Rolling Stones, de hecho, han tenido una larga y fructífera colaboración con artistas, amigos y asociados judíos, e incluso algunas temáticas judías han llegado a su música y sus letras de canciones.
Al igual que muchas de las primeras bandas británicas de rock, los Rolling Stones comenzaron haciendo blues americano. La mayoría de los miembros de los Stones hicieron su aprendizaje en Blues Incorporated, una banda dirigida por el guitarrista de blues Alexis Korner, nacido en París, hijo de un padre judío-austríaco y una madre turco-griega. El guitarrista fundador de los Stones, Brian Jones, el baterista Charlie Watts y el pianista Ian Stewart tocaron con Blues Incorporated, así como lo hicieron el vocalista Mick Jagger y el guitarrista Keith Richards en varias ocasiones, antes de que los cinco unieran fuerzas y formaran The Rolling Stones.
Basándose en las lecciones que aprendió como protegido de Brian Epstein, el propietario judío de una tienda de discos en Liverpool, que convirtió a la banda de bares más popular de esa ciudad en la sensación internacional conocida como The Beatles, Andrew Loog Oldham, también judío, pronto se hizo cargo de manejar a los Stones, reformó su imagen y los dirigió hacia una paleta musical más amplia.
Por un lado, los convirtió en los anti-Beatles, dándoles una imagen más “peligrosa” y rebelde: cabello más largo y despeinado, y un sentido manifiesto de sexualidad y violencia. Oldham contrató los servicios del fotógrafo Gered Mankowitz, hijo del guionista judío inglés Wolf Mankowitz, quien fue responsable de las primeras portadas de los álbumes y de las fotos publicitarias de la banda. Mankowitz fue tan responsable como Oldham de crear la imagen de “chicos malos” de los Stones, y también fue el fotógrafo oficial de la primera gira de la banda por Estados Unidos en 1965.
Oldham también alentó Stones a cubrir una gama más amplia de canciones que el blues de Chicago por el que originalmente se inclinaban. Su primer éxito estadounidense en el Top 10 fue una versión de “Time Is On My Side”, escrita originalmente para Kai Winding por un compositor de ritmo y blues judío nacido en Filadelfia llamado Jerry Ragovoy. Asimismo Oldham empujó a Jagger y Richards a escribir sus propias canciones, al estilo de Lennon y McCartney.
Una de los primeras canciones producidas por la dupla compositiva Jagger-Richard fue una balada muy poco parecida a lo que los Rolling Stones hacían, llamada “As Tears Go By”, convertida en un éxito por una cantante emergente que Oldham había descubierto llamada Marianne Faithfull. Faithfull era descendiente de la nobleza austríaca; su bisabuelo fue Leopold von Sacher-Masoch, cuya novela erótica “Venus in Furs”, generó la palabra “masoquismo” (además de contribuir con la canción de The Velvet Underground, y también la obra de David Ives del mismo nombre) Su abuela materna era judía.

140604_TelAvivEn 1966, Oldham entregó su rol de manager de los Rolling Stones a un contador judío de Nueva York llamado Allen Klein. Klein le otorgó al grupo un contrato discográfico monumentalmente rentable justo cuando su contrato con Decca Records vencía antes de la renegociación. El acuerdo fue mucho más lucrativo que el que Brian Epstein había negociado para los Beatles, y después de que Epstein muriera en 1967, los Beatles recurrieron a Klein con la esperanza de que pudiera hacer por ellos lo que había hecho por los Stones. Eventualmente, sin embargo, las luchas internas entre los Fab Four por el papel de Klein terminaron siendo un factor que contribuyó a su disolución.
1966 fue también el año en que se lanzó una de las canciones más enigmáticas de los Stones. “Paint It Black” fue un intento de subirse al carro del ‘raga-rock’ antes iniciado por los Beatles y los Byrds, con Jones experimentando en sítar. Lo que salió, sin embargo, sonó más a algo de Medio Oriente, o incluso de Europa del Este. Más de una banda “klezmer” moderna ha versionado la canción, cuya escala de clave menor es notablemente similar a algunos de los estilos del “idisch”. Aparte de que más de una persona ha comentado que, líricamente, el narrador de la canción podría ser un judío jasídico que favorece el color negro, el propio Richards reconoció la deuda de la canción con la música judía, cuando una vez le dijo a la revista Rolling Stone: “Era un estilo diferente a todo lo que había hecho antes. Tal vez fue el judío en mí. Es más para mí como “Hava Nagila”, o algo gitano. Tal vez lo saqué de mi abuelo”. Ese último comentario es la única pista que podría indicar que cualquiera de los miembros de los Rolling Stones puedan tener ascendencia judía, pero en su mayoría ha sido desestimado porque tal vez Richards simplemente haya estado bromeando, como suele hacer un inglés. “Paint It Black”, sin embargo, no es la única canción de los Stones que contiene referencias judías. La canción “Sympathy for the Devil”, aparentemente narrada por el mismo Lucifer, contiene letras como: “Manejé en un tanque / Tuve un rango de general / Cuando azotaba la guerra relámpago / Y los cuerpos apestaban”, que presumiblemente se refiere a campos de exterminio nazis. El título del álbum de 1972 de la banda, “Exile on Main St.”, ampliamente considerado como el mejor y, por lo tanto, uno de los mejores álbumes de rock de todos los tiempos, podría ser una descripción de la vida en la Diáspora durante los últimos 200 años más o menos, a su vez emparejado con un título de un álbum posterior, “Bridges to Babylon”, lo que sugiere que los Stones se vean a sí mismos como una banda errante, en fuga. De hecho, los miembros del grupo huyeron de Inglaterra a principios de la década de 1970 a instancias de sus contadores. Si bien su partida fue una forma de evitar la onerosa estructura tributaria, o escapar del acoso recibido por sus numerosos cargos por consumos de drogas, los Stones terminaron viviendo exiliados de su tierra natal durante la mayor parte del siguiente medio siglo.
Finalmente, la canción más judía de los Rolling Stones fue su oda a la ciudad más judía de Nueva York. “Shattered”, de su álbum de 1978, “Some Girls”, tomó cosas del movimiento del punk-rock, el mismo que había desafiado a grupos como los Stones, que alguna vez habían sido considerados rebeldes, pero que ahora eran vistos como el colmo del exceso corporativo. Líricamente, la canción hizo hincapié en la ‘gestalt’ prevaleciente de la ciudad de la época: la era del alcalde Abraham Beame, el aumento de las tasas de criminalidad, la recesión, los presupuestos de austeridad, la bancarrota y los títulares sobre economía. El declive de la ciudad en esos años incluyó la pérdida de su próspera industria de la confección, en su mayoría judía, que Jagger inmortaliza en “Shattered”, lo que quizás sea el único uso de idioma idisch en un hit del Top 40: “Shmatta shmatta shmatta, I can’t give it away on 7th Avenue” (“Harapos, harapos, harapos, no puedo regalarlos en la Séptima Avenida”)

R.I.P. IT UP, RICHARD

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Publicado en Evaristo Cultural el 18 de mayo de 2020

EL ORIGINADOR
Vaya a saber uno lo que estaba mirando en la tele en aquel momento. Más que seguro, algún capítulo de El Chapulín Colorado, de El Super Agente 86. O de S.W.A.T,  o de Las Calles de San Francisco. ¿Cómo recordarlo? Pero lo cierto es que en algún corte comercial, entre avisos de mermeladas y detergentes para el hogar,  me topé con algo que no sólo nunca había visto, sino que tampoco siquiera hubiera imaginado a esa temprana edad. Era la imagen de un negro demoliendo las teclas de su piano y que se sacudía salvajemente, mientras vociferaba canciones en la misma sintonía, por momentos intercaladas con gritos agudos, todo a un ritmo frenético que tal vez tenía que ver, al menos sospechaba, con ese juego de palabras que alguna vez había escuchado: rock and roll. Sensaciones hasta entonces completamente inéditas para mí y mi mundo de vástago de 10 años en el que la máxima oportunidad de excitación no pasaba de más allá de conseguir la pieza difícil para completar el álbum de figuritas de fútbol. O a esperar que llegue al kiosco del barrio el nuevo número de Anteojito o Billiken. Pero al menos esta vez se hacía justicia. Hubo una ocasión anterior – a distancia, desde mi cuarto infantil- en que escuché esos sonidos del averno de lejos, que ahora sí por fin se materializaban en la pantalla de la enorme TV blanco y negro del living de casa. Así anunciaba aquel batifondo la salida del nuevo disco de Little Richard, (“Los Más Grandes Éxitos de…”), acompañado de una tapa en la que el protagonista se dividía en una suerte de cuatro fotos carnet diferentes en las que parecía aullar, una tras otra, como acompañando el sonido que salía del pequeño parlante monoaural de la tele.  “¿Será esto eso que llaman rock and roll?”, me pregunté. La duda me la terminó aclarando mi madre, que no tenía la menor idea de quién era Little Richard, pero que sí estaba familiarizada con aquellos tremebundos compases de, calculo, Bill Haley, o de algún que otro combo nacional. Lo mejor de todo fue ver como mamá aceptó deliberadamente comprarme el disco la próxima vez que pasara por una disquería del barrio, tras apenas insistirle. Una partida ganada desde el vamos: mamá amaba la música en casi todas sus expresiones, y tal vez haya considerado que el nene, aún en quinto grado, ya estaba listo para saltar de los discos de Gaby Fofó y Miliki, el del Circus Show de Carlitos Balá, o los de Titanes en el Ring, a algo más interesante, ergo, el que pasaría a convertirse en mi primer disco de rock. Antes que los Beatles, ante que los Stones, y que todo lo que vino después. Tampoco me importó mucho adentrarme en las 15 canciones que componían el álbum en el austerísimo Wincofón que reposaba tristemente en un rincón del departamento. No había fidelidad que pueda haber llegado a resultar más necesaria que el placer de escuchar al negro salvaje (del cual mi escaso inglés por entonces me permitía descifrar que se llamaba algo así como “El Pequeño Richard”), y con eso bastaba y sobraba. Que incluso para mí era como una sola canción dividida en varias partes, de las que había que dar vuelta el disco después de la octava. (“Cambia, papá”, como anunciaba Fofó al final del lado 1 del álbum más clásico del trío de payasos españoles, ese que no faltaba en ninguna casa).

5 los mas grandes éxitos de little richardEstudiar los títulos vendría después. Para mí sólo se trataba de desenfundar el álbum, y arrojarlo al Winco cual pastel al horno, antes de la seguidilla furiosa de canciones. La Tierra de las Mil Danzas/Sally, La Lunga/Jenny, Jenny/ Todos Están Sacudiéndose/La Chica No Lo Puede Evitar/Pobre Perro/No Quiero Discutirlo/Los Mandamientos Del Amor/La Plaga/Lucille/Tutti Frutti/Dinero/Necesito Amor/Función En El Empalme/No Me Defraudes…Y listo. A veces hasta había una segunda escuchada, en tanto y en cuanto los deberes escolares lo permitían. “Los Más Grandes Éxitos de Little Richard” también pasaría a ser en el primer disco de rock (bah, de todos los que tenía hasta entonces, salvo los infantiles) que llevaba “para bailar” a los cumpleaños de primaria, de esos que empezaban a las 4 de la tarde y terminaban en el horario de extrema nocturnidad de las 7 u 8 de la noche, entre botellas de Fanta Naranja, sangüichitos de miga y una torta con diez velitas. Demasiados roles fundamentales para el que iba a convertirse en el primer disco de rock que alguna vez tuve, una bendición no calculada caída del cielo, y la puerta de entrada principal a un mundo que ahora, a siglos de aquella jornada inolvidable, me sigue apasionando como casi nada. De manos de uno de sus más célebres originadores, datos que aún me llevaría un buen tiempo descubrir. ¡Y que hasta tenía publicidad en TV!

TUTTI FRUTTI
Aquel negro desenfrenado que tocaba el piano acabó siendo no sólo una de las figuras más subversivas del género que me apasionaba desde tan temprana edad, sino acaso la más sediciosa de todas. De la “sagrada trilogía de los arquitectos del rock and roll”, Little Richard (Richard Wayne Penniman, nacido en Macon, Georgia, 5 de diciembre de 1932), representaba además una fuerza ultrasexual de características, muy paradójicamente, antinaturales, que iban más allá de sus composiciones o sus shows de dinamita extrema. Porque si  Chuck Berry aportó algunos de los más grandes títulos del género en consonancia con su rol de poeta urbano, Richard fue algo más allá, disponiéndose a comerse al mundo. Si tan sólo fuera posible imaginar lo que era ser músico de rock and roll, negro y homosexual en tiempos en que no a mucha distancia de cualquier concierto que brindaba, uno o varios de sus hermanos “de raza” aparecían colgados de un árbol tras ser ahorcados por un grupo de acólitos de “las leyes de Jim Crow”, o el sistema de castas de estricto corte opuesto a los derechos de la comunidad negra, con mayor predominancia en los estados negros del sur estadounidense, del cual Richard era hijo fiel, y que se extendió por casi un siglo, más increíblemente de todo, hasta mediados de la mismísima década del ’60. Así las cosas, aquellos segregacionistas, que exponían a sus víctimas como trofeos de casa, se habían propuesto terminar con aquella “música del diablo” que todos esos ángeles negros dispuestos a llevar a sus hijas hasta los círculos más profundos del infierno promovían. Por lo que Richard, de inclinaciones sexuales non sanctas y sacudiéndose delante de sus propias narices, era considerado el más peligroso de todos, y algo que era mucho más un simple gay que hacía música. Para los adeptos al más rancio racismo que azotaba al país, aquel negro de Georgia que tocaba el piano haciendo “música racial”, echaba por tierra toda corrección política. Y entonces, en una típica charla de familia protestante anglosajona, Richard era mejor definido como “nigger, faggot, the devil…” (negro, marica, el demonio) Pura barbarie de aquellos los tiempos que corrían. Por si todo eso fuera poco, Richard destilaba un jopo casi sin precedentes (que más tarde revelaría, como así también buena parte de su performance escénica, tomó de Esquerita, o Eskew Reeder Jr., cantante y pianista de Carolina del Sur de la década del ’30, también recordado por sus incendiarias presentaciones), se vestía de manera estrafalaria y deliberadamente freak (alguna vez declaró, haciendo uso de su también histórica comicidad a la hora de hacer declaraciones, que “Muchos querían verse como yo, pero no sabían qué ponerse.”) Con fuerte presencia de máscara facial, delineador, labios pintados, y moviendo el culo. ¡Y cómo lo sacudía!
mark-leckey-little-richardA Richard, simplemente, no le importaba más que llevarse el mundo por delante y romper todos los tabúes posibles. Eso sí, con el mensaje deliberado de tirar abajo todas las barreras posible que azotaban a su comunidad. Por no mencionar algunas de las letras de sus canciones (¿acaso hace falta referirse nuevamente a los mensajes de sexo cuasi explícito detrás de la letra original de su más insigne creación, “Tutti Frutti”?) Ya en lo musical, su música por momentos se alejaba del rock and roll más estricto por el que fue siempre casi exclusiva y erróneamente referido para acercarse al boogie-woogie (por el caso, en “Whole Lotta Shakin’ Goin’ On”), laureles que compartía abiertamente con el enorme Jerry Lee Lewis, aquella tercera pata de la trilogía sagrada de los arquitectos que lo inventaron, oh…todo. A lo que se agregaba que, a diferencia de Berry o Lewis, Richard dejaba sumar a sus grabaciones el sonido prominente del saxo (crédito de Grady Gaines, quiénlo compañó en casi toda su obra de la dorada era de los años ’50) ¿Su objetivo? Sexo puro. ¿Queda alguna duda tras someterse a la dosis lasciva de una canción como “Ooh My Soul” acaso? “Tras escuchar los discos de Little Richard, me compré un saxofón y me metí de lleno en el negocio de la música. Little Richard fue mi inspiración”, señalaría David Bowie tiempo después. Hendrix fue alguna vez su guitarrista, Otis Redding cantó para Richard, al igual que James Brown (el otro hijo selecto de Georgia, y no menos piedra basal) Salió de gira con los Beatles, quienes lo adoptaron abiertamente, y también con los Stones. Jagger empezó a usar maquillaje tras obsesionarse con “The Georgia Peach” (“Es el Rey”, no trastabilló en aseverar en varias ocasiones) Más que seguramente, sin Little Richard no hay escena glam en el rock que hubiera tenido lugar alguna vez. Emancipador insuperable. hasta Liberace le quitó cosas. Por no mencionar a Michael Jackson (que en un muy valorable gesto, tras haber comprado los derechos de las canciones de su ídolo, tras tener que verse con un tendal de compañías discográficas y managers que lo estafaron incansablemente, acabo devolviéndoselos. O al mismísimo Prince, quien le debe buena parte de su physique du role. Sin la aparición de Little Richard, entonces, aquel negro desenfadado, el rock and roll todavía se vestiría de camisa y corbata. Siempre tuvo razón al decir que podría haber sido llamado “El Rey del Rock and Roll”, pero en rigor tuvo que ser un copión blanco y seductor que tomó su imagen y sus dotes bailables mientras Richard era presa constante del racismo imperante, para acabar llevándoselo consigo y obteniendo la corona.

downloadEn “The Life and Times of Little Richard: The Quasar of Rock” (“La vida y los Tiempos de Little Richard”), biografía definitiva originalmente editada por Harmony Books en 1984, y dedicada a Leva Mae Penniman, madre de Richard y sus otros doce hermanos (recomendadísima, y una de las mejores de la historia realizadas sobre cualquier músico), su autor Charles White señalaq ue “con canciones como Tutti Frutti, Long Tall Sally, Ready Teddy, Lucille, Good Golly Miss Molly, y muchas pero muchas más, Little Richard estableció las bases de una nueva forma musical: el Rock and Roll. Su voz poderosa y sus extravagantes performances le otorgaron al siglo veinte un espíritu más libre, permitiendo que estrellas posteriores como Paul McCartney, Tom Jones, Elvis Presley, Mick Jagger, David Bowie y Michael Jackson hagan lo suyo. Aún así, siempre fue tratado como un revolucionario demente, más allá de la comprensión ordinaria o el análisis serio… Un genio incontrolable cuya influencia en la cultura occidental resulta incalculable, pero cuya vida personal ha sido atormentada por una sexualidad indignante, y la gula por la adoración pública. Como fenómeno totalmente novedoso en los años ’50, tuvo que lidiar con cada estigma y etiqueta que la prensa pudo ponerle. Al mismo tiempo, el deseo de Richard de convertirse en Ministro de Dios y profeta de la paz entre las razas personifica el conflicto más crucial del hombre, la batalla entre el bien y el mal que existe en todos nosotros”

RIP IT UP
Sudamérica tuvo su chande de disfrutar del más provocador músico que dio a luz el vientre del rock and roll en dos oportunidades, si bien de manera acotada. El país elegido fue Brasil. En esas visitas fue parte de los artistas invitados al Festival de Free Jazz de Rio de Janeiro en 1993, del cual también participaron Chuck Berry y Bo Diddley, con un segundo show en Sao Paulo. Esta última ciudad también volvería a recibirlo en 1997. Por mi parte, alguna vez tuve la formidable suerte de poder verlo  en vivo y en directo, y de muy cerca, destino mediante. Fue como parte de un festival llamado Midsouth Music Fair, que tuvo lugar en un auditorio abierto en la ciudad de Memphis en medio de un parque de diversiones, el 28 de octubre de 1994, al otro día del concierto de los Stones en esa ciudad (Presley  se hubiera puesto muy celoso…)  Para entonces Richard ya transitaba su era de “predicador” (vamos, ya llevaba años haciéndolo, pero su consagración a la iglesia era cada vez más definitiva…), por lo que fuera de sus éxitos de siempre, no faltaron las canciones gospel a las cuales su público -en su mayoría de raza negra, libre, y sin sajones que lo hostiguen- ya estaba acostumbrado. Vaya como anécdota de color que ese mismo día, tras el final del show, me encontré entre la audiencia al enorme Rufus Thomas, uno de los más fieles representantes artísticos de la ciudad. Instantes después, tras cerrar el recinto,  me quedé a esperar al gran Ricardito a la salida del lugar, inevitablemente. Richard salió en el asiento trasero de una suerte de limusina, con la ventanilla baja, y saludando a los pocos que quedábamos allí presentes moviendo las manos alocadamente, acompañado por sus clásicos gritos de ocasión, cual diva. Oooooh, wow, ooooh!!! No estaría demás confesar que casi me infarto de la emoción. Antes de eso, en cierto momento del concierto, los miembros de su equipo (todos ellos jóvenes, negros, y de riguroso porte de pastor eclesiástico) habían repartido entre los asistentes ejemplares de un libro de prédica religiosa, de esos que el Ministro Richard sermoneaba entre rocanroles salvajes y canciones varias de su brillante repertorio. El libro incluía una foto autografiada/dedicada de Richard que a decir verdad no tenía nada de autografiada/dedicada, impresas para regalar al público. “No importa”, me dije conforme. “Es una foto de Little Richard directamente de Little Richard en un show de Little Richard. Y en Memphis!”
IMG_6646De paso aproveché para que el gran Rufus me brinde (ahora sí), su autógrafo real, de puño y letra, en el libro de Little Richard la noche que vi a Little Richard. Y en Memphis. Tras pagar una entrada de apenas 5 dólares. Bajo un cielo estrellado. Y al compás de ‘Blueberry Hill’. Aquel debut discográfico a mis 10 años finalmente había echado raíces en mi imaginario musical. Una auténtica comunión de RnR. Ooh my soul…
Las noticias que llegaron el sábado pasado desde Nashville sobre su muerte por cáncer óseo a los 87 años no sorprendieron. Richard venía luchando contra diversas dolencias desde hace unos cuantos años, y su frágil salud indicaba que ese final en vida, no menos estremecedor, podía ocurrir en cualquier momento. El Rey había muerto. 
“Un gran hombre con un sentido del humor encantador, y alguien que va a ser echado de menos por el mundo del rock and roll, y por muchos más”, apuntó Paul McCartney sobre el autor de su alarido de batalla. “Le agradezco por todo lo que me enseñó, y por la amabilidad de haberme dejado ser su amigo, Adiós Richard, y a-wop-bop-a-loo-bop
Mick Jagger escribió en su declaración para las redes sociales que “estaba muy triste de enterarse de la muerte de Little Richard. Fue la mayor inspiración de mis años adolescentes, y su música aún cuando la escuchás hoy en día conserva la misma energía eléctrica cruda que cuando descolló a través de la escena musical de mediados de los ’50. Cuando salíamos de gira con él, acostumbraba a observar sus movimientos cada noche y aprender a entretener y cautivar al público, y siempre fue muy generoso a la hora de aconsejarme. Contribuyó tanto a la música popular…Te voy a extrañar Richard, que Dios te bendiga. Mientras que su compañero de banda Keith Richards agregó  que “Es tan triste escuchar que mi viejo amigo Little Richard murió. Nunca habrá otro. Fue el verdadero espíritu del rock’n’roll”. Y un Bob Dylan shockeado y nada dubitativo, por su parte, salió a dar públicamente lasque probablemente sean las palabras más sentidas de uno de los tantos, innumerables alumni del salvaje Durazno de Georgia: “Acabo de escuchar las noticias sobre Little Richard, y estoy tan dolido…Fue mi estrella brillante y la luz que me guió cuando era apenas un niño pequeño. Su espíritu fue el que originalmente me llevó a hacer todo lo que terminé haciendo. Por supuesto, va a  vivir por siempre. Pero es como que una parte de tu vida se fue”
R.I.P. Richard. Rip it up…

RONNIE B. GOODE – Ronnie Wood and His Wild Five, Shepherd’s Bush, Londres, 21 de noviembre

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Debieron pasar más de 2 años y medio para que el arquitecto más prolífico de la historia del rock and roll tuviera su primer gran homenaje tanto en disco como en gira tributo. Y fue entonces aquí en Londres que Chuck Berry logró su bien merecida celebración de manos de uno de sus más fieles alumnos. Alejado momentáneamente de toda actividad stoneana desde la gira de los Rolling Stones en los EE. UU. del pasado verano boreal,  Ronnie Wood lanzó al mercado Mad Lad, A Live Tribute to Chuck Berry, el álbum en vivo que recoge material registrado durante su concierto en el Tivoli Theatre de Wimborne, en Dorset, al sudoeste británico, en noviembre del 2018.  Doce meses más tarde de aquel show, entonces, Wood salió a apoyar la edición de su nuevo proyecto con una mini-gira de 4 conciertos, nuevamente en su tierra natal, que comenzó con un show para apenas 300 personas el pasado 20 de noviembre en el recinto central de la iglesia (aunque-Ud.-no-lo-crea) All Saints Church situada en el pueblo de Kingston upon Thames, en las afueras de la capital británica, que sirvió como modo de precalentamiento para el que sí iba a hacer el gran primer show oficial de la gira promocionando el disco, cuando se presentó al otro día en el legendario e intimo Shepherd’s Bush Empire de la capital inglesa.

IMG_5782Secundado por los Wild Five, grupo que Wood ideó para la ocasión, entre los que se destacan el extraordinario pianista de boogie-woogie Ben Waters llevando la batuta musical (quien tan solo hace apenas unos días cerró su trayectoria de 31 años con dos conciertos en los que Wood apareció como invitado en un par de canciones) y la cantante irlandesa Imelda May, ante un local colmado de fans que llegaron de buena parte del continente europeo, USA, Japón y Sudamérica para formar parte de la histórica celebración. Wood (camisa de leopardo, pantalones negros rasgados y remera de Chuck Berry para la ocasión) salió a escena promediando las 21 hs. para darle el puntapié inicial a lo que terminaría convirtiéndose en una seguidilla de canciones que abarcaría todos los clásicos del enorme legado del rocker de St. Louis. Sweet Little Sixteen, No Particular Place To Go, Let It Rock, Little Queenie, Memphis Tennessee, Talking About You, Rock And Roll Music, In The Wee Wee Hours (con May en primera voz), Don’t Lie To Me, Back In The USA, Betty Jean, Bye Bye Johnny, la instrumental Mad Lad (que Berry grabara en su disco Rockin’ At The Hops, la única para la cual Ronnie se sentó, ejecutando steel guitar), o Carol (que los Stones incluyeran en su LP debut, allá por 1964) y donde no faltó absolutamente nada, incluso animándose a tocar algunas perlas menos populares del catálogo de Berry como No Money Down, Almost Grown, o Blue Feeling, y con un grand finale a todo trapo de la mano de, claro, Johnny B. Goode. En Run Rudolph Run, mientras tanto, el concierto contó con la participación de la única invitada sorpresa de la noche.
IMG_5830Fue cuando Wood invitó a subir a escena a la legendaria vocalista escocesa Lulu, quien a sus casi 71 años aún continúa manteniendo el mismo caudal de voz que la consagró hacia fines de la década del ’60. Oportunamente secundado por los flameantes Wild Five (que con el agregado de dos coristas femeninas terminó alcanzando los siete músicos en escena), entonces, el combo no dejó títere con cabeza, en lo que supo ser un show por demás único en su especie, y que repite con dos conciertos más en las ciudades de Birmingham y Manchester en unos días.

78095367_551299152355452_4986632303976382464_nPoco antes de retirarse de escena, todavía rebozando adrenalina,  y más despeinado que de costumbre, Wood selló la inolvidable velada dejando en claro ante los allí presentes su verdadera misión detrás del disco en vivo y los conciertos, solicitando a la audiencia “que los shows sirvan para que que todo el mundo redescubra el legado de las canciones originales de Chuck Berry”.
Tarea cumplida con creces para Ronald David Wood y Cia., entonces. Con tributos de esta altura, Chuck Berry puede descansar tranquilo, mientras su legado artístico permanecerá eternamente en todos y cada uno de los amantes de uno de los artistas más esenciales que nos trajo aparejados el pasado siglo.

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STONES: EN EL 30 ANIVERSARIO DE ‘STEEL WHEELS’

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La fecha de hoy nos recuerda el 30 aniversario de la edición de Steel Wheels, lanzado el 29 de agosto de 1989. Un disco “de verano” con canciones “de verano” ¿Mucho calor? Porque eso es lo que el grupo se propuso para concluir su tumultuoso paso de mediados a fines de la década del ’80 (y que también sirvió para que Mick y Keith hagan las paces), con un tour a la vista que tal cual lo esperaban resultó un éxito tanto en USA como en Europa (el de Urban Jungle, al año siguiente) Y si para muestra basta un botón, ¿qué mejor indicación de que así fue deliberadamente planificado con una canción como “Mixed Emotions” para promocionarlo?

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Aaah los ’80, la era MTV y todo eso….Un disco de canciones frescas y pegadizas (la mencionada, más Rock and A Hard Place o Terrifying, liderando el estilo), secundadas por algún que otro rock’n’roll de neto corte stoniano (Sad Sad Sad), tres baladas tres: Blinded By Love, Almost Hear You Sigh (que Keith Richards había compuesto durante las sesiones de su primer álbum solista el año anterior) y Slipping Away, más algún que otro relleno (Hold On To Your Hat, Break the Spell), y el broche de oro de volver en el tiempo a mediados de los ’60s y una pieza de world music como Continental Drift (que para la ocasión los llevó a grabarla en Marruecos, y que después se usó como música de fondo para abrir cada uno de los shows de los tours) Y mi favorita del disco, Hearts for Sale, porque así las cosas, y con un gran solo de Ronnie Wood. En definitiva, Steel Wheels y su espíritu “light” a través de todo el álbum terminó cumpliendo el objetivo comercial que se propuso inicialmente (no por nada la banda terminó dejando las tres canciones que más se acercan a su esencia como caras B de los singles: Fancyman Blues, Cook Cook Blues y Wish I’d Never Met You)
Steel Wheels también marcó un punto extramusical en la carrera del grupo: fue el disco que delineó la transición de los Stones de su condición de “anti establishment” a convertirse en figuras centrales del mismísimo establishment, un giro de 180 grados que indicó que ya nada volvería a ser lo mismo.
Y una última confesión: nunca me gustó el sonido general del disco, si bien cumplió con la intención original (para más datos sobre este detalle, pueden leer la entrevista que hice hace unos años con Chris Kimsey, que co-produjo Steel Wheels con Mick y Keith, aquí: https://sonaglioni.wordpress.com/…/con-chris-kimsey-produc…/) 

GOT TO GET YOU INTO MY LIFE: DYLAN Y LOS BEATLES, HACE 55 AÑOS

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Para todos aquellos que se preguntan quién fue el responsable de hacer que los Beatles dejen de escribir canciones sobre tomar a chicas de la mano y cartas de amor que no llegan (que encajaban más con el repertorio de El Club del Clan), y pasen a convertirse en letristas intelectualmente interesantes, el responsable es un tal Bob Dylan. Ocurrió en un día como el de hoy, pero hace 55 años, el 28 de agosto de 1964, cuando Dylan, que venía de hacer un show en el estadio de Forest Hills, New York junto a Robbie Robertson, Levon Helm y Cía. (esto es, 2 años antes de que alguien lo convierta en “Judas!!”) pasó a visitar a los Fab Four por su hotel y les hizo fumar marihuana. Lo que lo motivo, según cuenta la historia, fue el haber malinterpretado la letra de  (Dylan creyó escuchar “I get high” en lugar de “I can’t hide”, seguramente fumado, también), pensando que los de Liverpool estaban listos para la experiencia, cuando en verdad terminó resultando todo lo contrario.
John Lennon: “No recuerdo mucho de lo que hablamos ese día. Fumamos, tomamos vino, comportándonos como auténticos rockers y divirtiéndonos, de manera surrealista. Estábamos de fiesta””

THE STRAY CATS ROCKED THIS TOWN!

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STRAY CATS
The Rooftop at Pier 17, New York City, 6 de agosto de 2019

Ahora es cuando me toca explicar cómo fue eso de ver a los Stray Cats hace 3 días. Debería empezar diciendo que siempre fueron una de las bandas que más deseé ver alguna vez, pero que al mismo tiempo pensé que nunca iba a poder llegar acumplir con mi deseado objetivo. Al menos desde que los descubrí allá por 1983, cuando editaron Rant n’ Rave with the Stray Cats, que tal vez sea mi álbum favorito del grupo.

IMG_5135Algo más tarde, los que los descubrimos durante esos tiempos, tendríamos la oportunidad de disfrutar de sus videos promocionales, que fueron muy difundidos en las señales de videos musicales, si bien solían aparecer en Argentina bastante tarde. Pero siempre había algún videobar (para los que no lo saben, alguna vez hubo bares donde nos pasábamos horas eternas mirando videos musicales). Por eso resultó ser por demás gracioso, y sobre todo absolutamente realista cuando llegado el momento de presentar (She´s Sexy) +17, Setzer anunció quje “el video de esta canción tuvo mucha difusión en la MTV en los días en los que la MTV pasaba música real”. Como fuera, uno todavía se pregunta cómo es que los Stray Cats, una de las mejores bandas de la historia, nunca llegaron a Argentina. Sí estuvieron en Brasil, más precisamente en la ciudad de Sao Paulo, en marzo del ’90, donde el show fue incluso grabado para la TV brasilera (interesados, pueden rastrearlo en YouTube) 36 años después, entonces, estando yo en New York con motivo de los shows de los Stones, y demás, alguien me comenta que el grupo está por tocar en la ciudad. “Cuándo?”, pregunto en estado de desesperación. “Mañana”, me avisan, aumentando mi de por sí exagerada impaciencia. “Y hay tickets?”, indago, mientras rezo a todos los santos posibles descubiertos, y los que aún resta descubrir. “No, está sold out”, me confirman, mientras busco en Google Maps un cementerio en la ciudad para morirme tranquilo y sin que me cobren mucho. Y entonces se me ocurre ir a la página oficial del grupo y ver qué pasa. Alguna figura celestial habrá escuchado mis plegarias, porque es ahí donde encuentro un enlace directo al sitio de Ticketmaster en el cual puedo leer claramente el anuncio de “tickets disponibles” Acto seguido, y aún con la inseguridad propia de un momento así (acaso existe algo más odioso que comprar entradas online?), descubro que SÍ quedan tickets, y bastante accesibles respecto a su precio, aún con la tarifa extra que cobra Ticketmaster (y que cierta vez les valió el amigable apodo de “Ticketbastards”) Click entonces en el botón de tickets y, voilá, ticket confirmado! Como fuera, no existía manera posible de que pueda haberme perdido a una de mis bandas favoritas, con la formación original (no hacía falta aclararlo), al aire libre en la terraza del muelle Pier 17 del sur de New York, con el río Hudson a nuestras espaldas, y el puente de Brooklyn iluminado del otro lado (acaso el mejor telón imaginable) Y por si todo esto fuera poco, en la tierra natal de los Setzer y Cía., originarios de Massapequa, Long Island, a 45 km. de aquí, convirtiendo a este preciso show en el más clásico de la actual gira del cuadragésimo aniversario del trío. Y yo a 3 m. del escenario (no me odien, muchas gracias) “Me muero”, me dije. Oh yeah.
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A las 7 pm apareció el acto telonero, el James Hunter Duo (esto es, James Hunter en guitarra eléctrica y su contrabajista), que hicieron un muy buen show con canciones propias y algunos hits de los ’50, todo en plan vintage rock’n’roll y rockabilly, claro, ganándose al público presente, que llegó a los 1.000 asistentes, calculo, colmando el lugar (ver foto) 1 hora después los roadies de los Stray Cats aprontaban todo lo qaue había que aprontar sobre el escenario. La batería de Slim Jim Phantom, los tres contrabajos de Lee Rocker y, claro, las Gibson y las Gretsch del gran Brian Setzer. Sin escenografía, y con apenas dos tachos de metal (como en el video de Stray Cat Strut), que terminaron siendo las heladeras de las cuales los músicos sacaban las botellas de agua mineral durante el concierto.
Los Cats salieron a escena a eso de las 20.30 hs. En rigor, formando con Slim Jim Phantom (uno de los músicos más cool de la historia, y por siempre uno de mis bateristas favoritos junto a Charlie Watts, Clem Burke, Fred Below y algunos otros pocos) a nuestra izquierda, Setzer al medio, como corresponde, y Lee Rocker a la derecha. No voy a extenderme mucho sobre el listado de canciones, pero sí decir que eventualmente no faltaron ninguno de los clásicos del grupo, intercalados con algunas canciones del nuevo disco “40” (el primer álbum de estudio de los Cats en 26 años!)

IMG_5137Cuarenta años después, entonces, el grupo se mantiene y suena intacto, como si el tiempo no hubiera pasado. Estos tipos aman lo que hacen, no pueden parar de sonreir, se les nota demasiado, y resulta muy interesante observar las miradas que entrecruzan en ese marco de nostalgia que se propusieron traer desde que se juntaron para hacer lo que más les gustaba allá lejos y hace tiempo. Lo cantan en su eterno hit Bring It Back Again, y se lo preguntan a la audiencia antes de hacer la canción (“Do you want us to bring it back again?”) Ya sobre el final, deciden despedirse por primera vez con Rock This Town, y entonces regresar con tres bises más y finalmente dejar el escenario tras tocar Rumble in Brighton. Ver a los icónicos Stray Cats en vivo y descubrir que siguen siendo los mismos que soñamos ver eternamente, en su ciudad, y rodeados de sus fans de antaño, hizo de su show en New York City una velada inolvidable. Gene Vincent y Eddie Cochran pueden descansar tranquilos.

SETLIST:
Cat Fight (Over a Dog Like Me)/ Runaway Boys/ Double Talkin’ Baby/ Three Time’s a Charm/ Stray Cat Strut/ Mean Pickin’ Mama/ Gene and Eddie/ Cry Baby/ I Won’t Stand in Your Way/ Cannonball Rag/ Misirlou/ When Nothing’s Going Right/ (She’s) Sexy + 17/ Bring It Back Again/ My One Desire/ Blast Off/ Lust n Love/ Fishnet Stockings/ Rock This Town/ Rock It Off/ Built for Speed/ Rumble in Brighton

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NEW YORK SHUFFLE – The Rolling Stones, East Rutherford, NJ, 5 de agosto de 2019

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The Rolling Stones en el Metlife Stadium – East Rutherford, New Jersey, 5 de agosto

La idea era hacer una crónica del segundo show stoniano en el Metlife Stadium del lunes pasado (“el número 91” de la historia en el área New Jersey-New York, tal como lo anunció Sir Mick durante la velada) , pero luego ocurre que no hay tiempo que resulte suficiente como para hacerlo tan detalladamente, que las noches terminan siendo muy cortas, que surgen actividades todo el día, y que el cansancio general acaba superando la integridad física y mental de uno. En pocas palabras entonces, un resumen ajustado debería indicar que éste fue el show con más sorpresas de lo que va del tour. Todo planeado meticulosamente como para complacer al público local en acaso la ciudad más clásica de USA en lo que a shows stonianos a través de las décadas se refiere. Como empezar con Jumping Jack Flash en lugar de Street Fighting Man, y elegir You Got Me Rocking en el lugar de la segunda de las canciones de la noche. Y agregar Monkey Man, o You Got the Silver (en lugar de Slipping Away, como vino ocurriendo en los shows más recientes) en el setlist. Y la mayor de todas de la mano de Harlem Shuffle (cómo no hacerla en New York City?), que empezó de manera bastante lenta y fue poniéndose mejor a medida que avanzaba, y tocada en vivo por primera vez en 30 años. Por el resto, ya sabemos, los hits de siempre, los que la mayoría del público asistente quiere escuchar, en un estadio inmenso que estuvo prácticamente colmado de cabo a rabo, y que celebró a los Stones en el que hasta el momento fue su último show en la ciudad. Y que posiblemente también sea el último de la historia del grupo por estos lares. Quién lo sabe?. Vuelvo a pedir disculpas por no hacer una crónica más detallada, pueden encontrar muchas otras dando vueltas por ahí. Por mi parte, también fue mi cuarto y último de esta gira después de los de Jacksonville, Philadelphia y el primero en New Jersey (y el número 80 desde aquel 1 de agosto de 1994 en el estadio RFK De Washington DC)

ROLLING STONES EN PHILADELPHIA, 23 de julio de 2019

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The Rolling Stones
Lincoln Financial Field, Philadelphia, 23 de julio
“Tenés al sol, a la luna, y a los Rolling Stones”, dijo cierta vez Keith Richards. Le faltó referirse a la lluvia porque, sin ella, el show de los Stones de anoche en Philadelphia hubiera sido “apenas” maravilloso. Con la lluvia cayendo sobre nosotros durante buena parte del conc‪ierto, entonces, lo maravilloso se torna grandioso, y así los Stones brindaron lo que bien podría considerarse uno de los mejores shows de su historia y, en lo que a mí respecta, un candidato firme al Top 10 de los 78 que llevo vistos hasta ahora.
IMG_4552 (Large)Ya sabemos cómo es, a los Stones les encanta tocar en esas condiciones y así, lo que debería considerarse solamente un detalle climático, termina resultando ser un ingrediente extra ideal dentro del marco general del show. Lo vivimos en el show en Buenos Aires del 2006, en el de Porto Alegre del 2016…Con un estadio prácticamente repleto (el Lincoln Financial Field, que vino a reemplazar al legendario JKF Stadium, demolido hace unos años, por el que los Stones pasaron infinidad de veces), la banda dio un show histórico y que, a diferencia del de Jacksonville, contó con excelente calidad de sonido a lo largo de la velada, a pesar de la lluvia. La sorpresa de la noche fue para ‘Bitch’, y ‘Angie’ y ‘Dead Flowers’ en el escenario B. Después, el listado oficial de siempre, claro, incluyendo la mejor versión en vivo de ‘Paint It Black’ que escuché en años. Mención aparte para el sentido de humor y excelente disposición de Sir Mick (a punto de cumplir sweet little 76), que le pidió disculpas al público por la reprogramación del show, rematando con la frase “hemos estado viniendo a Philadelphia por 54 FUCKIN’ años!!”
IMG_4545 (Large)Ya para el final de la velada, con ambos banda y audiencia en estado de emoción desmedida (fuimos muchos los que derramamos más de una lágrima), los Stones se despidieron del que seguramente fue un público maravilloso que supo acompañar las canciones de la misma manera, con una interacción de Mick como pocas veces se ha visto. Este podría ser el último show de los Stones en su vasta historia de conciertos en Philadelphia (casi seguramente la ciudad de USA donde más tocaron junto a New York City, Los Angeles y Chicago), y una de las más bellas del país. Aquí mismo donde se firmó la declaración de la independencia hace casi 250 años. Y donde la banda de Rock’n’Roll Más Grande de Todos los Tiempos (porque a pesar de las frases hechas, sabemos que no hay otra manera de describirlos) dio un concierto inolvidable, bajo la lluvia, 54 años después de su primera visita allá al país por 1964.

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30 AÑOS SIN FEDERICO

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Los que estamos un poco más grandecitos de lo que estábamos apenas ayer solemos recordar a los ’80 como una década nueva y no tan remota. Habiendo pasado casi 30 años de su cada vez más próximo triple aniversario final, por algún motivo nos sigue sonando tan fresca como si hubiera concluido apenas un tiempo atrás o, quizás engañándonos un poco, lo hacemos inconscientemente para evitar sentirnos tan obsoletos. Entre tantas páginas a revisar por haber sido parte de la adolescencia que nos tenía de protagonistas por entonces, si vivías en Argentina y eras un incondicional adepto a la música, siempre te va a resultar difícil olvidar años como el de 1982 y tu principal aliada a la hora de mantener tus oídos en forma y bien entrenados: la radio. Nada ni nadie, ni siquiera los discos de vinilo o cassettes de los que podías hacerte por ahí podían reemplazar el poder del único medio de difusión que, al igual que ahora sucede con la internet, podía informarte 24 hs. al día. Con la excepción que escuchar música en la radio en 1982 era de manera censurada, acotada. Condenadas a algún capricho ridículo de alguno o varios miembros del gobierno dictatorial que “administraba” el país, y alentados por la Guerra de Malvinas, a lo largo de los casi 2 meses y medio por los que se extendió el conflicto, los interventores de las radios bajaron la orden estricta de no transmitir música extranjera. De un día para el otro, las radios dejaron de pasar música en inglés, reemplazando aquellas canciones de tinte “imperalista” por las de intérpretes nacionales de forma tajante, muchos de los cuales que curiosamente habían sido censurados durante la dictadura. Parte del pueblo se mostraba agradecido. La nueva medida alimentaba la falsa cuota de nacionalismo impuesta por el gobierno militar, que oportunamente hizo usufructo de ese fervor para su propio beneficio. Una idea tan perversa como redonda. Charly, Mercedes Sosa, Pedro y Pablo, Gieco, conseguían más divulgación radial que en épocas pasadas. Las banderas argentinas flameaban como nunca antes en un concierto de rock durante el Festival de la Solidaridad Latinoamericana de aquel 16 de mayo mientras, entre comunicado y comunicado de guerra, un buen número de jóvenes inexpertos defendían la patria en algún rincón remoto del Atlántico Sur mientras meditaban sobre si algún día iban a regresar a sus hogares. Entre tanta locura oficializada, la nueva orden de facto de las radioemisoras trajo aparejado algo bueno. Los nuevos músicos locales, los que recientemente habían atterizado en la escena, tuvieron la chance de hacerse conocer de mejor manera que si hubieran tenido que competir codo a codo con las canciones que llegaban de afuera. Los Abuelos de la Nada, Dulces 16, Zas, Suéter, la movida rosarina encabezada por Baglietto, Los Violadores, Riff…Entre aquellos también se alistaba el de un sexteto oriundo de La Plata y su refrescante propuesta de New Wave, que bajo un nombre apenas conformado por cinco letras, y una imagen que desafiaba el marco de moralidad impuesto por entonces por el gobierno de turno, llegaba para dejar una huella imborrable en el panorama autóctono de manos de su por entonces segundo álbum, “Recrudece”. Los Virus lucían modernos. Muy modernos. Tenían peinados raros, con gel, y un cantante de orejas grandes, en una época en la cual ser homosexual era considerado una salvajada atroz que no le permitía mostrarse como tal. Flaco y de porte cuasi anoréxico, Federico Moura destilaba una imagen andrógina como nunca antes habíamos visto en las filas del rock o el pop local, que tradicionalmente se había mostrado muy homofóbico. Naturalmente elegante y transgresor, aunque reservado en lo respectivo a su vida personal, Federico no tuvo reparos a la hora de proyectar esa ambigüedad que le permitió dejar grandes canciones por al menos cinco años más. Para 1987, en el momento en que recibió la noticia de que era portador de VIH (la enfermedad a la cual prácticamente el mundo entero aún se refería como “sida”, o de manera algo despectiva de buena parte de la prensa, como “peste rosa”), tras cederle el puesto de cantante a su hermano Marcelo, optó por dedicarse a la grabación de un álbum solista que todavía permanece inédito, que con las pocas fuerzas que lograba reunir jamás logró completar. Y batallando por su salud durante 2 años más, hasta el anuncio de su muerte el 21 de diciembre de 1988, cuando después de aquella última madrugada en su hogar en San Telmo una insuficiencia cardiorrespiratoria le dio la estocada final, valiéndole de ahí en más su condecoración definitiva, casi indiscutiblemente, de primera figura de la vanguardia del pop vernáculo.

LOS STONES Y SU BANQUETE DE MEDIO SIGLO

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Con la guerra de Vietnam en pleno apogeo, el crecimiento incesante de los movimientos de derechos civiles en los Estados Unidos, la Convención Democrática en Chicago, las protestas permanentes en las calles de Europa y la ascendente hambruna en el continente africano, nunca habrá otra primavera capaz de superarla en sucesos políticos. 1968 fue el año que lo cambió todo, y así las cosas, de ahí en más el mundo no volvería a ser el mismo. Fue también cuando Martin Luther King Jr. acabó siendo asesinado en Memphis en medio de una protesta de basureros, a lo que se sumaría el homicidio del senador estadounidense Robert Kennedy en plena campaña presidencial. Fueron los días del Mayo Francés, cuando más de 800.000 trabajadores, maestros y estudiantes marcharon a lo largo y ancho de París en una jornada de paro general, apenas cinco meses después que un terremoto espantoso azotara Sicilia, el año en que el Boeing 747 hiciera su vuelo debut, y que McDonalds vendiera su primer Big Mac. No tan lejos de semejante sobredosis de realidad, 1968 también incluyó los que tal vez sean los doce meses más cruciales de la historia del rock’n’roll en su conjunto, en plena rivalidad con el año que lo precedió, hasta entonces considerado uno de los más productivos. El año en que la música rock finalmente creció como nunca antes, dominando el “Verano del Amor”, y que trajo aparejado el “White Album” de los Beatles, el segundo disco de Sly & the Family Stone, “Cheap Thrills” de Big Brother & the Holding Company (que terminó consagrando a Janis Joplin), “Waiting for the Sun” de los Doors, el que produjo los álbumes debut de Neil Young, Creedence Clearwater Revival o Dr. John, el victoriano “The Kinks Are the Village Green Preservation Society”, de “Wheels of Fire” de Cream, de “We’re Only in It for the Money” de los Mothers of Invention, el año de la Velvet Underground de “White Light/White Heat”, del primero de Pink Floyd tras la partida de Syd Barrett, de “Astral Weeks” de Van Morrison, de “Electric Ladyland” de la Jimi Hendrix Experience, y de muchas otras obras cumbres. Pero 1968 fue también cuando los Rolling Stones lanzaron su trabajo más político. De forma no deliberada y apenas inspirándose cen los hechos que daban pie a una coyuntura mundial que día a día iba a dejar huella como nunca antes, Jagger y compañía tenían mucho por decir, y no pensaban callarse, situación a su vez potenciada por la propia necesidad del grupo de hacer un giro radical, que en su quinto año de carrera se vio obligado a dejar atrás el experimento psicodélico de “Their Satanic Majesties Request”, lanzado el año anterior, y volver a sus raíces musicales de manos de un álbum que terminaría inaugurando el período más celebrado de su carrera a lo largo de 4 años y 4 discos históricos celebrados como sus más clásicos. A 50 años del lanzamiento de BEGGARS BANQUET (séptimo álbum de la banda lanzado en el Reino Unido, el noveno en Estados Unidos) vaya aquí una colección de doce hechos relacionados con uno de los discos más pivotales de la historia del rock, y que llegó para quedarse en el año en que todo, casi todo, cambió para siempre.

coverLADO A: 1. Sympathy For The Devil/ 2. No Expectations/ 3. Dear Doctor/ 4. Parachute Woman/ 5. Jig-Saw Puzzle
LADO B: 1. Street Fighting Man/ 2. Prodigal Son/ 3. Stray Cat Blues/ 4. Factory Girl/ 5. Salt Of The Earth

1. El álbum fue grabado en los Olympic Sound Studios de Londres y en los Sunset Sound Studios de Los Angeles entre el 17 de marzo y 25 de julio de 1968. Producido por Jimmy Miller, incluía canciones como “Street Fighting Man” y “Sympathy for the Devil”, las que llevaron a considerar a BEGGARS BANQUET como el disco que catapultó el período artístico más icónico y prolífico de la carrera del grupo.

22. BEGGARS BANQUET marcó el retorno deliberado del grupo a sus raíces musicales tras coquetear con la psicodelia de THEIR SATANIC MAJESTIES REQUEST el año anterior. También significó el último álbum stoniano editado con Brian Jones vivo, si bien participó en dos de las canciones del próximo disco de la banda, LET IT BLEED, lanzado después de su muerte. Brian aportó bellísimos acordes de guitarra slide en “No Expectations” y “Jigsaw Puzzle”, sitar y tampura en “Street Fighting Man”, guitarra acústica y armónica en “Parachute Woman”, armónica en “Dear Doctor” y “Prodigal Son”, y melotrón en “Jigsaw Puzzle” y en “Stray Cat Blues”.

3. La pista básica de “Street Fighting Man” fue grabada usando un viejo reproductor de cassette marca Philips perdido en algún rincón de los estudios Olympic. Keith Richard (que por aquel entonces le había quitado la “s” final a su apellido original) utilizó una acústica Gibson Hummingbird, mientras que Charlie Watts se valió de un kit de batería para practicar portátil, los que terminaron dándole a la canción su característico sonido crudo. “Me fascinó la posibilidad de tocar guitarra acústica a través de un grabador, usándolo como micrófono”, apuntó el guitarrista.

24. Si bien el álbum resulta insuperable en cuanto a su calidad musical, desafiando a toda lógica posible (considerado por muchos el mejor disco que los Stones grabaron alguna vez), también podría haber incluido a “Jumpin’ Jack Flash”, canción registrada en las mismas sesiones de grabación, y que los Stones prefirieron dejar fuera del disco para lanzarla como single en mayo del mismo año.

5. En su autobiografía ‘Life’, Keith Richards revela que la oportunidad de haber descubierto la afinación de guitarra en cinco cuerdas (que comenzó a poner en práctica durante las sesiones de BEGGARS BANQUET, para luego convertirse en su sello sonoro característico), realmente lo revitalizó: “Transformó mi vida”, declaró al respecto.

36. Tras el asesinato de Robert Kennedy, Jagger cambió una de las líneas originales de “Sympathy for the Devil” para referise a ‘los Kennedys’ (“Grité, ¿quién mató a los Kennedys?”), y no a ‘Kennedy’, como había escrito inicialmente.

7. La línea completa de músicos invitados de BEGGARS BANQUET presentaba a Ric Grech (violín en “Factory Girl”), Nicky Hopkins (piano en “Sympathy for the Devil”, “No Expectations”, “Dear Doctor”, “Jigsaw Puzzle”, “Street Fighting Man”, “Stray Cat Blues” y “Salt of the Earth”), Rocky Dijon (congas en “Sympathy for the Devil”, “Stray Cat Blues” y “Factory Girl”), Dave Mason (shehnai en “Street Fighting Man” y melotrón en “Factory Girl”), Jimmy Miller, Marianne Faithfull, Anita Pallenberg y Suki Poitier (coros en “Sympathy for the Devil”) y al Watts Street Gospel Choir (coros en “Salt of the Earth”)

88. Originalmente planeado para lanzarse en los meses de junio o julio del ’68, la portada original del disco (que mostraba la pared del baño de una tienda de reparación de autos Porsche de Los Angeles repleta de graffitis) terminó generando tanta controversia que la compañía discográgica Decca, para la cual la banda grababa para esos tiempos, decidió prohibirla, dilatando la edición de BEGGARS BANQUET hasta el mes de diciembre. Finalmente apareció con una tapa enteramente en fondo blanco que reproducía una tarjeta de invitación y que incluía la sigla RSVP, haciendo referencia a la expresión francesa “Répondez S’il Vous Plait” (“Responda, por favor”)

99. La idea original para promocionar el disco era la de montar un especial de TV con varias estrellas del mundillo del rock, lo que llevó a convocar a John Lennon, Yoko Ono, Eric Clapton, los Who, Marianne Faithfull, Taj Mahal, Ivry Gitlis y Jethro Tull (que por entonces presentaba enres sus filas a Tony Iommi, futuro guitarrista de Black Sabbath), lo cual derivó en el extravagantemente recordado ‘The Rolling Stones Rock and Roll Circus’. El Circus también marcó la última aparición “en vivo” de Brian Jones.

510. Algunos de los títulos originales o tentativos de las canciones que después terminaron formando parte de BEGGARS BANQUET incluían a “Did Everybody Pay Their Dues?” “Pay Your Dues” o “Primo Grande” (“Street Fighting Man”), “Silver Blanket” (“Salt of the Earth”), “That’s No Way to Get Along” (“Prodigal Son”), y “The Devil Is My Name” (“Sympathy for the Devil”)

11. He aquí el total de las canciones registradas durante la grabación del disco y que aún permanecen inéditas. Algunas de ellas apenas vieron la luz en bootlegs (discos no oficiales) que fueron apareciendo a través de los años. La presente edición conmemorando los 50 años del álbum de manos del sello ABKCO (quienes retienen los derechos de buena parte del catálogo stoniano de los ’60) apenas reunirá las canciones del álbum original en versión remasterizada, dejando a todas y cada una de éstas fuera del proyecto, para decepción de muchos fans que esperaban una versión extendida. A saber: “I’ll Be Coming Home” (tradicional), “Shoot My Baby” (cover de Jimmy Reed), “Hold On I’m Coming” (Hayes/Porter, popularizada por el dúo Sam & Dave), “Rock Me Baby” (de King/Josea/James/Taub), “Downtown Suzie” (también conocida como “Downtown Lucie”, que más tarde apareció en el álbum METAMORPHOSIS), “Hamburger to Go” (o con su nombre alternativo “Stuck Out All Alone”), “Family” (que también formó parte de METAMORPHOSIS), “Sister Morphine” (más tarde editada en 1971 como parte del disco STICKY FINGERS), “Blood Red Wine”, “London Jam” (o “Lady”), “Still A Fool” de Muddy Waters (también conocida como “Two Trains Running”, o “Two Train Blues”) y “Highway Child” (o “The Vulture”, su título alternativo)

12. El disco mantuvo su título original en inglés en todas las ediciones locales mundiales, con la excepción de tres países: en Argentina recibió el nombre “Banquete de Pordioseros” y Chile decidió bautizarlo “El Banquete de los Mendigos”, mientras que Brasil lo tituló “O Banquete Dos Mendigos”.

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AN INTERVIEW WITH DARRELL BATH: “BUILD UP THE INTEREST, KEEP IT GOING, AND WAIT TILL IT’S GOOD”

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This is the story of a South London boy who was born in Croydon…Hold on. Cut to Brighton, 2018. It’s a beautiful sunny June afternoon and I’m sitting at a pub called The Windmill waiting for Darrell Bath, whom I arranged to interview. “He better show up on time”, I say to myself. After all it was a long way from faraway Buenos Aires to the south of England. Add to that, only 4 hours ago I’d jumped on a train from London (Hemel Hempstead  actually, where I was staying), changed it at Clapham Junction, then changed again at Hove, and finally set foot at the Brighton station only 2 hours before I’d meet him. But time was running short. I still had to find the hotel where I had a room booked for the night, which takes you longer than supposed when you go just the opposite way and, errr, it’s not there. To make things worse, it’s called The Brighton Hotel, which means pretty most all of them are. But there should be only one under that very name, or so I thought, and about 20 blocks after I finally reach my second Brighton destination. An hour to interview time now, but somehow time has run faster, and I still have to find the place where we’ll meet which, even when it’s supposed to be not that far from where I am, but nobody seems to know it. And yes, before you wonder, I’m asking the locals. And yes, before you wonder again, I don’t have a cell phone with me and everybody seems to be pretty clueless but the middle-aged lady who directs me to the next street with a pub with The Windmill sign making eyes at me. The wait is finally over, although nothing would have stopped me from meeting one of my music heroes ever -and believe me, I have quite a few- whom I discovered back in 1993, by the time he joined my beloved Dogs D’Amour to record what was should be considered the band’s last great album. 5.30, isn’t it time now? That’s exactly when Darrell enters the scene, two minutes before we order the first round of pints. And there’s many more to come all though the hour and a half or so the interview will run for, as there’s lots to talk about. His last solo album “Roll Up”, released 3 years ago, must be one of the finest albums ever recorded by anybody, you just can’t deny it, but there’s about 32 years prior to that also left to discussion. From 1986 onwards, when he joined Charlie Harper’s UK Subs for the first of many stays, his brief passage through the previously mentioned Dogs, his days with Ian Hunter or The Vibrators or Nikki Sudden and, of course, the amazing and swaggering Crybabys. The story of a South London boy who was born in Croydon, went from playing side drum at school to discover the more rockin’ sounds of the Stones and the Faces and the blues and the glam and the punk guys. ‘Cause if every picture tells a story, here’s Darrell to tell you a few. And yes, please, we’ll have another pint, thank you.

I first heard about you when you joined the Dogs D’Amour for the “More Unchartered Heights of Disgrace” album in 1993. But 7 years before that, you joined the UK Subs, who you did three albums with, and it always seemed to me that somehow you completely changed the sound of the band.
Yeah, “Japan Today”, and two more albums. Yeah, more rock and roll, blues and R&B. Our common ground was garage rock’n’roll blues. Charlie (Harper) is a great harmonica player and he’s into all that.

R-1414372-1459183820-8616.jpegSo would you really say it was you who affected the sound of the band?
Oh yeah. We didn´t really play any of my compositions live, maybe one or two, like “Thunderbird Wine” or “Street Legal”, they were the only new songs we used to play live, the rest were from the previous albums.

More punk style…
Yeah, Ramones-y, or even a bit of hardcore style. I could adapt to that, that was no problem. I wouldn’t say it changed too much, but yeah. I love all good punk albums.

Right after that you joined the Dogs, or was there something in between? The Crybabys? If so, was it your first major personal band?
Yeah, the Crybabys. My first personal original band, yeah, with John (Plain) and Robbie (Rushton)

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Darrell with the Crybabys (second from left)

How did that ever happen?
Quite easy. I was working with Arturo (Bassick) from The Lurkers. We did one tour supporting Die Toten Hosen, who were very big Lurkers and (The) Boys fans. That went really well, so it came the chance to tour with them a second time, and Arturo rang John Plain. Two guitars, and one bass player singing, so during that tour we thought “let’s do our own thing in the style of the Faces or Mott the Hoople!” And that’s what we did. And John’s great, ‘cause he encouraged me to write my own songs, which wouldn’t have been right for UK Subs or some of the other bands I was with around that time.

And you also did a lot of writing together.
Yeah yeah, lots of them. But The Boys were still popular.

And then you recorded four albums with  the Crybabys.
Yeah. “Where Have All the Good Girls Gone”, “Rock On Sessions”, “Daily Misery” and “What Kind of Rock’n’Roll?”, which was a compilation of our first album, once again, “Where Have…” and what was we thought was gonna be our second album, but it really wasn’t.

R-5878473-1405202965-5076.jpegAny particular favourite of yours?
Yeah, I Like “Rock On Sessions”. It’s a shame it’s such a rare album.

I agree, it’s really impossible to find. Actually somebody copied it for me on a blank CD a long time ago, because I couldn’t find it on eBay, or anywhere.
Yes, it’s impossible to get it anywhere. Only a few copies were done. It was recorded in France, and then they pressed it up. Some 200 copies got sent to New York, and suddenly a phone call comes, “oh the warehouse has burnt down”… And it was like, “oh please!”…

And the album was never re-issued.
No. It was recorded in ’94, and it was eventually released in 2000. And the sound is pretty good, it’s a good performance. I love the band on that. That’s when we had Danny Garcia in the band, the man who made the Johnny Thunders film, he’s the bass player. He sings one song too.

Right, and you had Les Riggs on drums instead of Robbie Rushton.
Robbie is in the first two albums. And it’s Von in “Daily Misery”, who’s now in Die Toten Hosen and, yes, that’s Les Riggs from Cheap and Nasty on “Rock On Sessions”

But the band didn’t do much touring at the time.
We did a bit, mainly in England and France.

13227550_1153636888004162_8955119519994873060_oSorry, it’s just that I couldn’t find much information about the Crybabys…
Yeah, I know, very “cult” (laughs)

OK and then you joined the Dogs D’Amour. How did that happen?
How did that happen? Well we knew each other a bit, but I think that was because they had one more deal, one more record to make with China Records, and the old guitarist Jo (Dog) stayed in America, and they needed a guy in England. And, you know, my flat mate was a music promoter called Fish, and he was gonna book two nights at the Astoria, in Christmas ’92. I just thought I’d meet them for one or two gigs. Cool. But there was an album to do as well.

And for me, that album, “More Unchartered…” somehow marked the end of the good days of the Dogs D’Amour. I mean, I’m not saying that caused the end of the band, but they wouldn’t be that good anymore.
Probably not. But we also did Tyla’s first solo album (“The Life & Times of a Ballad Monger”) which is a good album as well, nice sound on it.

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Darrell during the Dogs D’Amour days, 1993.

And then you toured a bit with the Dogs at the time.
Oh yeah. All over England, and Spain. We were very popular in Spain. Only in those two countries. They were great fun gigs. Just good fun, while it lasted. Nice audiences, especially in the shows in Spain. And it was crazy. They would come to the gigs with 20 bottles of wine with “the Dogs D’Amour” painted on the label.

So you were doing both the Crybabys and the Dogs’ thing at the same time?
Yeah. In fact all band played on the original version of “All the Way to Hell and Back”, on the demo version. But I’ve lost it.

maxresdefaultWhy did the Crybabys stop? Honest John told me last year that he was looking forward to doing at least one more album with the band. In fact you both did a few acoustic shows together.
Well, we didn’t stop, but that would be great. Yeah, we did a little tour in Italy. And we did one more single on an Italian label. That was “Scars” backed with “Tell Me”, the Stones’ song, which was a double A side.

What about Ian Hunter? You worked with him for 6 years. I read somewhere that “you came to be the perfect replacement when writing songs after the death of Mick Ronson”. How much did you write together?
Yeah, we did some writing. He’s a great guy, he encourages you. He looks for the best things in people, and brings them out. I wouldn’t say I’m near Mick Ronson, no. It was more like we were more like a strict rock band in the spirit of Mott the Hoople, rather than a big rock band like Foreigner or Queen.

Did you do a lot of touring together?
We recorded in America, but we didn’t play over there. “Dirty Laundry” was recorded in Abbey Road, and then we did some overdubs in Trondheim, Norway. The second one was done in Vermont, up there in the hills, and then again the overdubs were finished in Trondheim. The whole scene was really “Lilyhammer”. Have you seen the film?

No, I guess I haven’t .
Oh man, you gotta see it…That would remind you of how it was like!

512gM0RqyhL._SX355_All the members of the Crybabys play in “Dirty Laundry”, so in a way it’s like an extra Crybabys album, as a matter of fact it sounds like that.
Oh yeah it does, it´s a classic album. And I love it.

Come 1995, that’s when you worked along Spike of the Quireboys on the “Take Out Some Insurance” album.
Yes we did, me and Spike, but that was unofficial, it was never been properly released. It was only available on cassette, and sold at gigs. That was it. Good album, uh?

Very good album, all blues standards…
Lots of blues, only one or two originals, one or two ‘70s John Mayall songs, a couple of classics, a Mississippi John Hurt one, a Muddy Waters song, you know, just the best we could do.

R-9333444-1478773101-2006.jpegDid you jam at the studio?
No, we were given a task by a publisher. He said “would you do this? Here’s a few ideas”. We did it in a great studio in Chiswick, a lovely studio called Chiswick Reach, all old valuable equipment, some of the original Joe Meek, it was his old equipment, so it was really old stuff.

Well, it sounds like old stuff…
Yeah, it sounds authentic. “Spoonful”… Jimmy Reed´s “Take Out Some Insurance”…

And it’s all timeless. I never pay attention to years, or when albums were released, only for biographical details….And by the way what made you become a musician? Were you a baby at the time? You were born in Croydon, right?
Yeah. It was like a magnet, you know. I loved the radio. My grandmother played the accordion, my grandparents played the piano…things like that.

Do you have any brothers or sisters?
Yeah, a sister, she’s younger than me, and she plays great tenor horn. She’s pretty accomplished as well, she’s a teacher. There was always music around. I could play violin and the guitar. I learnt all the chords, you know, just all the classic things.

But you played guitar since the get-go. Was it your first instrument?
Naaah, early teens, since 13. Before that was the drums, a side drum, I was in a marching band.

That’s how most people start, with the knife and the fork banging pots and things at home.
Yeah, that’s right, that’s how you learnt it! I was fascinated! And all my friends in school, we were all in the same marching band. We’d all practice at the church hall. We loved it, man. And we were really scruffy, really scruffy guys, with the long hair and the bit, you know.
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Do you still remember which was the first album you bought?
I think it was “Rock Around the Clock”, or something like that.

I’d like to know about your collaborations with Honest John in his solo albums.
Oh yeah, the “Honest John Plain and Friends” album. Again, that’s basically a Crybabys album, ‘cause that one has Von and Ronnie on it, both Crybabys’ drummers, and it was recorded in Blaneau Festiniog , that’s in Clywd, Wales.

Oh that was a bit hard to understand, being it Welsh…
Yes, that’s Welsh. My grandmother speaks Welsh, she was used to,  and my mother probably knows a bit of it.  They’re both Welsh. And the language gives them an identity. I’d forgotten how good that album actually is! We’d been there for a couple of weeks, and John had his brand new envelope for 50 pound notes and he would take it into the pub every day. And eventually the locals would be very suspicious (laughs)  I remember this guy at the pub saying to John, “coming out from bloody London with your brand new 50 pound notes, I know what you’re doing, you’re laundering money!” Anyway, great album! Another rare one, there’s not so many of them around. Another “cult” classic. I’m very proud of that album, ‘cause the guitar sound on it is great. My work is done on a ’66 Gibson Firebird on there.

You should do a box-set including the Spike blues album, all those lost songs and gems.
John has the most stuff, has a lot of concerts. He has one particular wild concert from us in a mountain district in Switzerland, me, Robbie and John, when we were just The Gringo Starrs, before the Crybabys. Before we had the name The Crybabys, we were The Gringo Starrs.

Any explanation behind the Amigos or Gringos thing?
Well you know, we like cowboys. We love all that Texas cowboys thing, Spanish, Italian…Mandolins, we love all that.

When I interviewed Honest John last year in Buenos Aires, he told me he wanted to do another Crybabys album. He gave me his word. Now it’s your time you gave me yours.
It’d be wonderful! I’ve got the songs. The glass is quite full, my “song glass” is getting full, you know. I’m not the biggest writer in the world, but we could be ready for an album, easily.

Where did you get your slide guitar style from? Any heroes?
Yeah, Ronnie Wood, but somebody told me “tune your guitar to an open E”, and use a glass bottle”, and I didn’t have a glass bottle, but I had a marker pen, a glass marker pen. So I got a marker pen, took the ink out, took the label off, and it fitted on my finger. Waaawwlll, simple as that.

Oh yes, but in your recording with the Crybabys, that was  a real bottleneck, not the pen.
Not that one, no, I lost the pen. But I liked it when I you just can to use a little bit of brass or something. I have a slide from Ronnie Wood, a brass one, from Ronnie. From ’91, when I met him in Hackney. My friend Ronny Rocka was working as his assistant.

Everybody loves Ronnie, but most of the people were always mostly after Keith Richards.
Course I do! Everybody loves him. He’s the king of the gypsies, he’s a gypsy prince.

Do you think his hair is black after all these years? Some people say he dyes it…
No, his hair is strong. Some people never lose their hair, his is just black.

And you’ve always been this big Faces fan, by the way.
Yeah, big Ronnie Lane fan. Big Steve Marriott fan too.

You also worked with René Berg.
Oh man, I nearly got killed once with René Berg!  He was a very hard drug addict, but a great guy. I was seeing him maybe once a week or something, playing music. We were music friends really, not so much to do with the drugs, but he was playing hard in that world. And one day we were around his house, and two guys turned up. A white guy, and a black guy from South Africa. And we sat there talking.

ddbbbThey sure weren’t delivering pizza or anything…
Yes, it was drugs stuff. One of the guys pulls out the biggest gun I’d ever seen, it was a brand new solid Magnum, of the hi-tech variety. I actually wasn’t scared, for some reason. You know, I don’t like confrontation, but that was a scene. He was a great guy, and one of the last things he said to me was “I’m sorry”. Because he went down. Everything about hard drugs is hard. But we did lots of gigs together around London, and I also sang backup vocals.

And now the Vibrators. You didn’t only record with them, but also toured a lot.
Yeah, I met them through Charlie Harper. When I was in the UK Subs, we did long tours with the Vibrators.

What about Nikki Sudden, who you toured with and recorded with too? Too sad he’s gone now.
It was never more surprise than to me.  I was very surprised, I wasn’t expecting that. Circumstances, you know. Nikki, oh mate, he was a lovely lovely lovely guy. He loved the Crybabys, he loved Honest John, he loved Casino Steel. In the Vibrators there’s four or five people. One guy drives the van and plays the drums. Another guy writes all the songs and plays a bit of guitar. Another guy also plays the guitar, and he does a lot of party. Another guy books the studios and engineers the albums. But Nikki did all of those jobs. And the party. So that may have something to do with it. It was an honour to be in such an elaborate project like “Treasure Island”. I knew Nikki from a friend of mine called Desperate Dave. He was a guy we all knew from going to gigs like Johnny Thunders, Hanoi Rocks and that sort of bands. Again, I was lucky to be involved in a few sessions for “Treasure Island”. He had at least two albums full of material, stuff we did in Berlin for “The Truth Doesn’t Matter”, which also became “Playing with Fire”, so there were two albums worth of material done in sessions in Berlin which often lasted from 10 in the morning to 2 in the next day. We got 6-day studio time, and that was the beginning of “The Truth Doesn’t Matter”. And lot of work involved in “Playing with Fire” as well. The great thing about the “The Truth Doesn´t Matter” sessions is we always stopped in the morning, picked up a case of nicely affordable red wine, and I´d be in charge of knocking out the glühwein on the stove. We got the glühwein going, you know, since it was the middle of winter.

sameTime to talk about your solo records. Would you consider Sabre Jet’s “Same Old Brand New” your first one?
“Same Old Brand New” was the first one. It was a solo album but, when it came down to it, a guy said to me “ok I’ll call it after a group”, but it was basically all my stuff. With Richard Newman, son of Tony Newman, Paul Kirkham on bass…Engineered and produced by Andy Scott from The Sweet. And I loved The Sweet, ‘cause my first love in music was glam rock, from ’72, ’73, ’74 and ’75, ‘round that area, the glam rock days.

Would you then consider “Love and Hurt” your first 51699eDTg9L._SX425_
proper solo album?
Yeah, I guess, I’d say that would be my first actually. It was recorded with the great Dave Goodman, who was the Sex Pistols producer, amongst many other things. Bands like Eater, and many more. And “Love and Hurt” was recorded on 9/11! Yeah. That’s what I remember about it.

And then came a long hiatus till you recorded the “Madame Zodiac EP” in Spain with Los Tupper and also Eddie Edwards from the Inmates, Vibrators, etc. Dave Kusworth did an album with them too…
We were touring Spain with Nikki and Dave. I met those guys and they invited me over to play in their album and eventually I did some of my stuff too.

2015 saw the release of “Roll Up”, which must be one of the finest rock albums ever in history.
I don’t write a lot of songs but I have some in store. I was ready to do them, and I had the money to pay for the studio, ‘cause I´d been working with the Vibrators on the road, and I thought the best thing to do was planning for the future and get some music up there. So I got Robbie Rushton from the Crybabys on the drums and Chris McDougall on the bass, so I just did it with my closest friends.

6_PANEL_DIGI_1_TRAY_RIGHT_DBXXX3XXIt’s one of those albums I just cannot stop playing, it already became a favourite of mine. “It’s in the Music” is one of the most beautiful songs ever. And by the way what’s the history behind “Rat Palace”?
Oh, that´s from when I was living in Hackney. There was an anarchist cafe, and I went up there one day, and I was reading some books about anarchy. So “Rat Palace” is basically inspired by an anarchist book that I read in a cafe. And I liked it, I just liked it. So it’s kind of abstract but, you know, we all live in a rat palace haha, we go drunk from the chalice, you know.

And what does “goombah” mean, by the way? (from the title of the song “Dancin’ with the Devil’s Goombah”)
I got that from The Sopranos, from the gansters. “Goombah” can be a girl-friend or a boy-friend, but it’s not your wife.

Any new recordings you did after “Roll Up”?
Well, I’ve got a couple of new tracks that I’ll be working on in Spain, and I’m also on the last two or three albums by Los Tupper. Yeah, man.

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From L. to R.: Darrell, Robbie Rushton and Chris McDougall

So what’s coming up next now?
Little bits and pieces, I just do bits and pieces. Hopefully when the time is right a new album will take shape. I’m a bit like Ronnie Wood in that way, you know, you don’t do an album in five minutes. Build up the interest, keep it going, keep it interesting and wait till it’s good. And it always takes a few years to people to discover it. It always takes time.

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Once again, it’s such a fine album, it sounds already classic, beautiful sound all over it, and I’m not playing the fan here…

My favourite track is “Slimline Jim”, hahaha, I love “Slimline”.

And then I cannot get enough of “Dirty Rock Road” too.
Yeah, I love that too.

Anything else you want to talk about?
Not yet. But someday I’d love to go to Argentina, say, with Honest John and Dave Kusworth. “The Good, The Bad and The Ugly”, hahaha.

 

A 30 AÑOS DE LA EDICIÓN DE ‘TALK IS CHEAP’, DE KEITH RICHARDS

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Un 3 de octubre como el de hoy, pero hace 30 años, se editaba TALK IS CHEAP, primer álbum solista de Keith Richards, grabado entre los meses de marzo de 1987 y mayo del ’88 en diversos estudios ubicados en New York City, Montreal, Monserrat, Memphis y las Bermudas. Hasta aquel momento sus aventuras en solitario contaban con un único antecedente, más precisamente cuando lanzó el simple RUN RUDOLPH RUN / THE HARDER THEY COME para las navidades de 1978 (con una versión de la canción de Marvin Brodie y Johnny Marks popularizada por Chuck Berry en la cara A, y una de la autoría de Jimmy Cliff ocupando el lado B) Una década más tarde, para 1988, las cosas no andaban nada bien en el seno de los Stones desde hacía hacía ya algunos años.

talk3A decir verdad, se encontraban peor que nunca. Jagger no sólo había firmado contrato con la CBS para lanzar su carrera en solitario (que comenzó con el disco She’s the Boss de 1985), sino que además, a pesar de la manifiesta insistencia de su compañero de ruta, venía negándose continuamente a salir de gira con el grupo, situación que sacó de las casillas a Keith, que inclusó llegó a declarar públicamente respecto a su co-equiper: “Si lo agarro, le corto la garganta”. Todo se tornó aún peor cuando Mick editó su segundo trabajo solista Primitive Cool en 1987, lo que encolerizó más a Richards, que incluso lo llevó a considerar seriamente el final de la banda, y a lo que se referiría ante la prensa como “la tercera Guerra Mundial”. Inactivo y cansado de los caprichos de Jagger, a pesar de haber siempre considerado a los Stones su prioridad, Keith optó por plasmar una mejor idea, para así darle fin a su exasperante ansiedad y mal humor producido por las circunstancias: la de formar su propio proyecto. Para eso convocó a una serie de músicos de vasta experiencia y trayectoria como sesionistas (el guitarrista Waddy Wachtel, el bajista Charley Drayton, el tecladista Ivan Neville y el baterista Steve Jordan) con quienes logró encontrar el sonido que tanto se encontraba buscando, y así consolidar al nacimiento de los X-Pensive Winos, con los que haría dos trabajos más en solitario (el álbum en vivo Live At The Hollywood Palladium, editado en 1991, y Main Offender, que vio la luz al año siguiente) Más tarde se sumarían la recopilación Vintage Vinos de 2010, y el que fuera su hasta ahora último trabajo solista Crosseyed Heart, editado en el 2015. Y hasta aquí llegamos. Por ahora.
LADO A: 1. Big Enough/ 2. Take It So Hard/ 3. Struggle/ 4. I Could Have Stood You Up/ 5. Make No Mistake/ 6. You Don’t Move Me
LADO B: 1. How I Wish/ 2. Rockawhile/ 3. Whip It Up/ 4. Locked Away

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AN INTERVIEW WITH ROBERTA BAYLEY – “THERE WAS NOBODY MORE PUNK THAN LITTLE RICHARD”

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By Marcelo Sonaglioni and Frank Blumetti

If this article defied its usual style and started by the end of the meeting described here, it should refer to the very minute before the “thanks and goodbye” to the person interviewed, when one of the interwievers took out a book about the New York rock scene in the late ’70s from his bag, of which the interviewee was one of its most distinguished witnesses, and then proceeded to point out the picture he wanted to be autographed. “I know which ones are my pictures, you do not need to tell me!” What could be taken as some real temper is nothing but Roberta Bayley in pure punk attitude, the same that led her to become one of the chosen few who was there to catch the Big Apple punk scene through the lens of her camera close-up some 43-odd years ago and beyond. More than four decades later, at 68, Bayley is in Buenos Aires to host a photo exhibition portraying much of her work. A one-week stay, from Thursday to Thursday,where she was extensively interviewed, and during which she barely had the time to get around the city, which she says reminds her of Paris. Bayley talks a lot, and does it passionately, so much that usually gets ahead of the questions which still need to be asked, even adding something that really seems to make her pleased: not to be inquired “once again” about her famous photo on the cover of the first Ramones album (which, although usually considered her trademark shot, does little justice for the rest of her career) And later on deciding to acknowledge it by refusing to stop when somebody informs her it’s time to wrap up the interview: “No, not yet, I want to keep talking”, and that we interviewers had no choice but to accept.

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Punk rock scene witness: Bayley and her camera in the ’70s

You were born in the West Coast, in Pasadena, California, but what exactly made you move to London afterwards, and then to New York?
Well, I left southern California when I was 4. I asked my mother not to send me, but she said “we’re going”. So we moved to Seattle, and I lived there till I was 7, and then we moved again to Marin County, which is just north of San Francisco, a very nice area. It’s a very wealthy neighborhood now, but it was middle-class at the moment. There was nature and we had a house on the hill, and a view, you know, and horses and pets. Then after I graduated at high school when I was 18, I went to college in San Francisco. Unfortunately my sister had been killed in a car accident in the same year, which was very disturbing. When I was 19, I had a boyfriend who was a musician, and we lived together for about a year. He’s still a very good friend of mine. And after my third year of college, I just quit, with not really much thought. And then I just said, “I’m going to London”. I bought a one-way ticket. The main reason was that I could be far away, and they just spoke my language, even when a funny accent, but they just spoke English there. Oh yeah, I was making a joke about the “funny language” thing… Anyway I’d always been a kind of anglophile, because I was a big Beatles and Rolling Stones fan, and all that, so I had an affinity for London, and I had a friend from San Francisco who was also a photographer, and who had moved there. We weren’t close friends but we knew each other, and he helped me with photography, ‘cause I was trying to learn. That was around 1970 or 1971, I think. Fred was staying in this very large apartment in London for free, and he said “there’s plenty of room, why don’t you come here?” So I just started living there, maybe getting a little job and working. I didn’t have a camera, I wasn’t taking pictures or anything like that. Out of that, I was really in the music scene, you had all these great music papers like the Melody Maker and the New Musical Express, and occasionally I’d go to music concerts. That’s when I saw The Temptations, or Al Green, in 1973. I was a huge fan of him. You know, the whole white suite, and he played at the Rainbow. And then when he came to New York I went to see him at the Apollo, which was completely amazing, as it was a different show. He was really sexy, and dirty, and cool. But back to London, I’d worked briefly with Malcolm McLaren. I lived in his neighborhood, so he and his wife would use to come in the restaurant where I worked as a waitress. Sometimes he needed someone to help him out, but it wasn’t anything to do with music. Although sometimes we’d go see bands together, and there was this band coming up that kinda was getting talked about a little bit called Kilburn and the High-Roads. They were sort of in the pub rock scene, and there was a radio show on Sundays called Honky Tonk with a gentleman called Charlie Gillett, he’s the one who wrote one of the early rock books, “Sound of the City”. I became friends with Charlie, and he started to manage Kilburn and the High-Roads. So one night they were playing in White Chapel. And there I met Ian Dury, we fell madly in love, and we hitchhiked back from White Chapel. But then I was leaving back to San Francisco, as that was already planned. So we had correspondence, and phone calls, he was begging me to go back to London.

Did you go back to London?
Yeah, we loved each other, so I went back. Then we lived together. The band was really struggling, we weren’t making any money. We lived in a squat in Stockwell, that’s close to Brixton. But it was great music. The Kilburns were really a weird band. I mean, they had a black crippled guy in the band, they had a midget, they had this guy Humphrey Ocean…It was his fake name, but he was a painter. He wasn’t really a musician, he sort of danced onstage…But they were really good and the songs were really original. Ian was an incredible performer, and incredibly charismatic. He was crippled himself. He had polio and ended up with a completely fucked-up leg. But he was completely unique. They finally got a record contract and made this record, but it didn’t do well, so he kind of said “I’m too poor, you should go back to America, as this isn’t a good situation”. I think he was also having an affair with his previous girlfriend Denise Roudette, who was also a musician, and a very beautiful woman.

Maybe that was another reason to go back home again. 03
Well I didn’t know that but I suspected it, and I didn’t want to have a boyfriend who was cheating on me. And you know, you have to hate the girlfriend, so she hated me and when I left, she took my fur coat. But she’s a beautifully spirited woman and I have great respect for her. I guess she played for a little bit in the Kilburns. So I left for New York. I didn’t know anyone in New York at all. I had one friend I vaguely remembered that had moved from San Francisco, but I had a list of names that my friends in London gave me, like, you know, “I’m a friend of Ian Dury”, and this woman said “yes, come and stay with me”. She had a big loft on Church Street. This was in 1974. But everybody was very helpful. And then I started working and I made some money. My first job in New York was as a nanny, because you had a place to live, and you had a salary, but it was part-time. But then one of those people from the list my friends had given me, he was in the music business, he worked as a roadie, you know, lighting, sound man, for the Rolling Stones and other big bands. He was really nice, he showed me all around New York and said “so what do you wanna do?” And I said “I wanna see the New York Dolls, because I never saw them”. Because when they played in San Francisco, I was in London. When they played in London, I was in San Francisco, and he said he was their soundman in New York, and then he knew them very well. And next week they were playing in this place called Club 82, which was a club in a place that had been owned by the mafia, and all the entertainment there was female impersonators, what we would now call drag queens. That was the history of the club but, by the time I went there, it was sort of a little disco. It became very popular because David Bowie visited, so everybody would go there because of that. The new bands were playing there, so the New York Dolls would play there. There was a disco in-between, so everybody could dance after the bands. So that was the first band I saw in New York, and afterwards my friend threw a party for the bands in his loft above, and some of the Dolls came, and also the opening band, a band called the Miamis, who were unknown, but they were one of my favourite bands at the time.

02Yes, we did an interview with Gary Lachman (Valentine) two years ago in London and he mentioned the Miamis.
Yeah, they were one of my favourites. They didn’t have the look, they were just Jewish guys with curly hair. It wasn’t a punk look. They were pop more than punk, but they were very good songwriters and very funny guys, and their songs had a lot of humour, but they never achieved success. I met David Johansen at the party, and he was very nice. And the funny thing is, it was Club 82, and the Dolls had never played there, so they said “well we’re playing Club 82, we should wear dresses”. I had heard the rumours of the faggots and all that, so the first time I saw them, David is wearing a strapless evening gown, a ladies’wig, and women’s high heels, so I said “oh these guys are weird”, but that was their thing, it was kind of a joke. I think that Johnny (Thunders) or Jerry (Nolan) said “oh no, I’m not wearing a dress” ‘Cause they were really macho guys, they were so not gay, you know. The music business was kind of afraid of them because of their album cover. They were in drag and people didn’t understand it. You know, homophobia, and all that.

Looks like seeing the Dolls live was a major turning point for everybody who was part of that late ‘70s scene in New York. Everybody went to see the New York Dolls.
Oh yeah, they were huge in New York. Mick Jagger and David Johansen would be at Max’s Kansas City, and people would go to David. They were bigger than anything. They were the coolest band, they had the best girlfriends and they looked the greatest. Later on the Dolls’ success was kind of going on the downhill, but everybody could see they were having a really good time. They were getting all the chicks, they were getting all the drugs, it was fun, and that’s what rock and roll is, so everybody started bands.

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Bayley, about the New York Dolls: “They were the coolest band, they had the best girlfriends and they looked the greatest

Plus they had some image, it was very striking at the time. 
Yeah. And that’s when Malcolm McLaren came to manage the Dolls, and he put them in red pant leather, with the Communist flag, and all that. But the Dolls were amazing at their shows, I saw them, and they had bands like Television opening for them. The newer bands like Television wanted to distinguish themselves from glitter rock, they wouldn’t gonna wear lipstick. So Richard Hell created very specifically and intentionally this new look with the short hair. Nobody had short hair. In rock’n’roll, you had long hair. And they would have ripped clothes because, you know, their clothes ripped, and then they would fix it with a safety pin. It wasn’t fashion, it was something practical to live.

And then nobody expected that it would turn out to be a fashionable thing.
Well, Richard kind of thought if they wanted to get attention, they had to be different. You know, Richard Hell did the T-shirt for Richard Lloyd that said “please kill me” onstage. Richard Lloyd tried to dye his hair bleach but it turned green…

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Richard Hell, punk pioneer: “He was very much into the surrealists”

How was living with Richard Hell?
With Richard? Weird. He wouldn’t let me water the plants, because he said “let it die, it’s survival, don’t water the plants” And then we had a mouse at the apartment, and I wanted to get rid of it, and he said “no! The mouse lives”

What do you mean? A mouse living with you? Not in a fish tank or something…
No, he was a loose mouse. But then I killed the mouse, and I threw it away, and he went “oh where’s the mouse?” I never told him I’d killed the mouse. We were just living together, and that’s how we lived. You know, we were poor. It wasn’t mean. He was very much into the surrealists, like Lautreaumont and Baudelaire. You know he’s a writer, and he was a poet.

We tried to contact him recently for an interview.
No, he doesn’t talk about music, he doesn’t want to. It’s almost impossible to get him to talk about music.  And I respect it because, say, I’m doing all these interviews and I’m always being asked the same thing, over and over again. “What was it like in the ‘70s?”, etc. For him it’s extremely boring. He hasn’t done any music since the ‘80s. He’s a writer now. He’s published novels, books, articles…He makes his living as a respected writer. So he doesn’t wanna talk about punk rock. You know, I understand him completely.

That’s easy to understand…
See, just before I left for Buenos Aires, I had somebody to interview me about Sid (Vicious) and Nancy (Spungen), because I knew them both. So the first question was, once again, “What was it like in the ‘70s?” I said to him, “look, I’m not writing your article for you. There’s many books and articles written about that. You go to the library, and in 2 weeks, you phone me back, and then you ask me some serious questions, because I can’t tell you the whole story. That’s your job, you’re the journalist!” That was Richard’s philosophy, and I understand that. Five years ago I probably would have answered that kind of questions, but now it’s like enough already. Go to the library. I mean you don’t even have to go to the library, go to the internet, it’s all right there. So then you can ask me a relevant question that shows you have some knowledge, and you won’t insult me (laughs)

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Bayley and Sid Vicious

Hopefully our questions are interesting… 
Yeah, they are, it sounds like you kind of know my answers a little bit. I enjoy interviews, but sometimes you get tired of hearing “how did you take the Ramones picture?”

Back in time, how you did get the job at the CBGB’s?
Oh, because I was Richard Hell’s girlfriend. Television was the only band that used to play there only on Sunday night. Their manager was Terry Ork, so he said “Roberta you stay at the door and take the money, 2 dollars” So when the people came to go in, I told them they had to pay and convinced them to pay 2 dollars, they were gonna see a good band, and that’s the deal.

Theres a funny story about that concerning Legs McNeil.
Yes, he came to CBGB’s and he said “I’m Legs McNeil”. I’d never seen Punk magazine, nobody had seen it. It was brand new, it just came out, the first issue. And I said “no, it’s 2 dollars, you have to pay me”. And he said, “no, I get in for free”. And then I said, “well ok, give me a copy of the magazine”. And he said, “no, it’s 50 cents, behind the bar, you can buy it”. So I said, “all right, that’s pretty cool, you go in for free”. So I went to the bar, picked 50 cents and bought the magazine. After work, I went home, and I read the magazine, and then I said “man, I gotta work for these guys, this is incredible!” They weren’t sure about me. But we decided to do something like a photonovela. That meant going around to different clubs, and I’d take the pictures. We did all these great pictures and we had this great chemistry and a hilarious time, we had a lot of fun. So they said, “well, do you wanna work for us?”. So from that moment on, I worked for them till the end of the magazine.

So you had been already working as a photographer by then? What took you to becoming a photographer before entering the music scene?
Yeah, that was in 1976, and I’d started at the end of 1975. I had interest in photography since I was a little girl. You know, I had a little toy camera. But then photography was becoming popular among people. But then in high school, when I was 15, I also had a photography class, which was very simplistic. But I learnt how to develop a film, and how to print. I loved photography, and when they graded me, I got more pluses than minuses. My photography teacher liked my pictures very much, and he would give me an assignment, like taking pictures which showed movement. He was a history teacher, but his passion was photography. And then when I was about 19, I bought a Nikon. I wasn’t doing any music pictures at the times, but I did street photography. But at the time photography wasn’t still considered a form of art, it was still the black sheep in the art world. But then when I came to New York, I met everybody in the scene, like I told you…Club 82, and I was working at CBGB’s, everybody was really interesting, so it would have been really stupid not taking pictures.

Any reason in particular why most of the pictures were only in black and white?
Yeah, it was a decision, because I had no money. But I shot a lot of colour, anytime I could afford it, or else I was shooting both. And specially when I became involved with Blondie. But colour is more expensive. I was also extremely lucky that soon after I bought my camera, I had this friend, and he said “oh I have this dark room that somebody left in my apartment, I’ll let you use it for 6 months”. The entire darkroom, which was very large, with everything.

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Pretty baby: Debbie Harry through the lens of Roberta Bayley

You did a lot of work with Blondie, and they were a very colourful band anyway. It would have been such a loss to shoot Debbie Harry only in black and white…
Yeah, and it was the same with the New York Dolls. And I think about it, because I’m always saying to people part of the reason the Ramones cover made such an impression is because it’s black and white, but there’s also a New York Dolls first cover that was b&w. It was unusual for rock bands. Folk music did a lot of b&w, Bob Dylan too. But rock bands usually used colour. Elvis’ was black and white, his first album for RCA, the one that The Clash copied. I’d do both, I had two cameras, so I could shoot colour and black and white. But the Ramones picture was black and white, as it was for Punk magazine.  We couldn’t afford printing in colour. Printing was so primitive, you couldn’t mix colour and b&w in the same page, which now is very common. So all we shot for Punk magazine was black and white. Stupidily, Bob Gruen was there the same day, so he has the pictures of Debbie in colour because, he was rich, and he could afford it (laughs) I mean, he wasn’t rich, but he was richer than me.

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The Ramones on the cover of their debut album

Who would you say were the easiest and the hardest bands or musicians to work with? I know you loved shooting Iggy Pop, in fact you once said you wish you had photographed him more.
Oh yes. That’s right. But then I retired. I can call him on the phone (laughs) There’s a very fantastic interview of him and Anthony Bourdain, you can sure find it on YouTube. Iggy’s just the coolest person, and his conversation with Anthony is done at at Iggy’s house in Florida.

Back to the punk scene, a tricky question, which one do you think influenced the 08other one? Was it that the New York scene influenced the British one, or was it the other way round?
Now you’re showing me you’re ignorant! Sorry.

It’s ok.
The New York scene started in 1974. London’s scene started in 1976. So who influenced who? It’s New York! London took all the ideas from New York. The safety pins, the ripped clothing, and all that. But locally the British guys were very talented. You know, Glen Matlock, Steve Jones, Paul Cook

I actually didn’t mean to be serious. I was playing games with you.
But you wouldn’t believe, when I talk to stupid journalists, I always say “go out, just do your history!” We started it.

The right question then would be, is there a link between both scenes?
Of course! Malcolm McLaren! You know, Blondie became big in England first, before anywhere else, because Debbie (Harry) was very beautiful, and they played in Top of The Pops…Blondie had many hits in London. But then when they came back to New York, they knew that Johnny Rotten had copied Richard Hell, that it was the version of him. Johnny Rotten copied him off.

Somehow most of the people always thought that the whole punk thing started with the Sex Pistols.
You don’t explain to me, I’ll explain it to you, ok? This is how it works.

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The Pistols caught onstage by Bayley: “The Sex Pistols were never big in the USA”

All right.
The Sex Pistols became huge in London because they said “fuck” on TV. You know, their record was banned. You couldn’t even advertise it, but you could sell it. And so, you know, they were huge in the press. At that time nobody knew about any of the New York bands, except in a small area. The Ramones were still obscure, but when they went to London on the 4th of July of 1976 and played at the Roundhouse, there in the audience was The Clash, the Sex Pistols, etc. They couldn’t even afford tickets, and Johnny Ramone went to the window and let them come in. They were just kids, but the Ramones were aware of the fans and the kids, and that they were the future next music. I don’t think the Ramones felt threatened, but I think they were very pissed off when the Sex Pistols sort of became more famous than them more quickly. But not really in the United States. The Sex Pistols were never big in the United States. But England’s a very small country, with three music papers. It was a completely different environment.

And then it just happened the other way round when the Pistols did their last tour in the USA. How was the experience?
That was really insane. They were just fed up, and Sid was detoxing from heroin. As a drug addict, he felt terrible. We had an idea of playing these weird cities, obscure cities in the south like Memphis, Baton Rouge, San Antonio…But that was all intentional.

I wouldn’t say risky, but definitely tough places. Like people throwing bottles at them…
Well, we were punks, we would take it… (laughs) But that was part of what was frustrating for the band because the band was really good. I missed the first two shows of the tour. My first one was San Antonio, with many people throwing things at them, insulting the band, “fuck you!” and all that. They were treating them like freaks. But there were still people that liked them, although a minority. You know, when you go to the south, Tulsa, Oklahoma…there are people who are Jesus freaks, like protesting, the devil’s music, and all that shit. So they were just frustrated and fed up with the whole thing, and Johnny said, “enough”, that’s in San Francisco.

Why do you think there’s so much interest in punk after all these years?
It’s the last underground music. There’s no way now to stay underground, you’re discovered immediately. You’re discovered before anything, even before you go to the studio and play. That’s my opinion. I don’t follow music anymore. It was like the ‘50s, which was true punk music, like Little Richard. Nobody more punk. Elvis Presley, nobody more punk. People say, “oh punk was the most revolutionary music”. Oh no, ‘50s rock’n’roll, and even more, black music. You know, and then the mid-‘60s and psychedelic bands, which was a different kind of music.

Just to think of Little Richard…He was black, gay, he used lipstick, he shook his ass at the piano. And that’s in the ‘50s! IMG_3310
Yeah, and that was David Bowie’s biggest influence, and his first as well. I heard Little Richard as my sister was 7 years older than me so, even as that little, I heard ‘Tutti Frutti’. I loved Little Richard. And Jerry Lee Lewis, another punk.

What about New York’s culture? Do you think of any change involved in the last years?
You know, New York will always be a center of culture. Today, it’s very hard for artists to live there because of the high cost of living. In the ’70s you could get a loft, a huge loft, for $200 a month. Now that would be $10,000 a month. For young people now, coming to the city, I don’t know how they do it.

I guess it’s the same with many bohemian areas in the main cities. Like Chelsea, in London. It used to be like that in the ‘60s, and affordable, and suddenly big companies or big clothing stores arrive and they turn into expensive and fashionable places.
Oh yeah, it’s the same with Soho in New York. Because at the time it was dead. Tribecca was also dead. Any neighborhood you name. Only the Bronx is still probably rough. My neighborhood is too crowded now. It used to be more serene. But I never go out at night, so I don’t give a shit.
10How long have you’ve been living in the same place?
Almost 45 years, since 1975. It’s a tiny apartment, 400 square feet.  7 floors, no elevator. So I go 7 floors up and down. I have no choice. Or I could sleep on the floor. It means nothing to me, I’ve been doing it a long time. It’s quite healthy. And the other thing, it’s actually illegal in New York to have seven, so all the buildings around have six. So I have an incredible view, and beautiful light. Because there are no buildings next to me. This is what I say to myself when I’m on the stairs, “you have good light!” (laughs)

Regarding your exhibition, do you feel like an artist showing her works, or more of a witness of an era? Did you visit Buenos Aires around already?
Oh, both. I haven’t really seen anything except the gallery, the gallery, the hotel, the gallery…But I will. I long to come back.

Doesn’t it feel a bit strange coming down here to show your works?
I feel wonderful! I don’t feel strange. It’s a fantastic feeling, I’m very pleased and it’s really exciting. I get a little bit in New York. I also got quite a little bit when I went to Tokyo. You know, they’re also big fans of the Ramones and Punk Rock. I was like a mini-celebrity there, but still not as big as here. I don’t want to do it every day of my life, I‘d lose my mind.

So this is your first time in Argentina, but is it also your first time in South America? Not even in Brazil?
Yes. Not even in Brazil. First time down the equator.

What would be punk’s biggest legacy to the world?
It’s the idea of “do it yourself”. Don’t wait to be an expert. Give it a try, make a mistake, it’s ok. You know, if you feel like doing something, you don’t have to sit in your room practicing the guitar for 5 years, just go out with three chords. That’s all you need. Do it. Because that’s why we did. I didn’t know how to do photography.

One last question, considering lately we saw you in many pictures with your dog. So looks like suddenly you changed from pictures with “punks” to pictures with “pugs”.
Yeah, dogs and musicians are not different.

ENTREVISTA: ROBERTA BAYLEY – “NADIE FUE MÁS PUNK QUE LITTLE RICHARD”

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Por Marcelo Sonaglioni y Frank Blumetti

Si este texto desafiara la práctica habitual y comenzara por el final del encuentro que aquí retrata, debería referirse al instante previo del gracias y adiós a la entrevistada de turno, cuando uno de los dos entrevistadores extrajera de su bolso un libro de fotografía de rock neoyorquina del rock de finales de los ’70, de la cual la susodicha es una de sus representantes más insignes, y le señalara la foto de su autoría que pretendía le firmase. “¡Sé muy bien cuáles son mis fotos, no hace falta que me lo digas!” Lo que podría interpretarse como un estilo frontal y muy temperamental es entonces nada más y nada menos que Roberta Bayley en actitud fiel a su esencia punk, la misma que la llevó a ser una de las pocas protagonistas privilegiadas de la escena de la Gran Manzana que cierta vez llegó para dejar una huella eterna. Allí estuvo esta mujer en primera persona para retratar a través del lente de su cámara todo lo que pudo. Más de cuatro décadas después, a sus 68 años, Bayley, aquella fiel testigo de las andanzas sobre y fuera del escenario de sus protagonistas, aterrizó en Buenos Aires para presentar la exhibición fotográfica personal que muestra buena parte de su obra. Una estadía de una semana íntegra, de jueves a jueves, en la que fue exhaustivamente entrevistada, y durante la cual apenas tuvo tiempo para salir a recorrer la ciudad, que dice, por lo que vio hasta ahora, le recuerda a París. Y sobre la que confiesa fue tan bien recibida, que le gustaría volver en cualquier momento. A Bayley le gusta hablar mucho, y pasionalmente, tanto que suele terminar adelantándose a las preguntas de quienes la reportean. A lo que agrega un detalle que la emociona: el de que no la indaguen directamente sobre la foto de la portada del primer álbum de los Ramones (que si bien es su principal marca registrada, le hace poca justicia al resto de su carrera), que decide agradecer a través de un gesto singular cuando le avisan que es hora de ir concluyendo la entrevista: “No, todavía no, quiero seguir hablando”,  y al que a sus entrevistadores no le quedó más opción que aceptar.

Capture

Testigo de una era: Bayley y cámara en los ’70

Ud. nació en Pasadena, California, ¿pero qué es lo que exactamente la llevó a trasladarse a vivir a Londres, y luego a la ciudad de New York?
Bueno, me fui del sur de California cuando tenía 4 años. Le pedí a mi madre que no me llevé allí, pero me dijo “nos vamos”. Así que nos mudamos a Seattle, donde viví hasta los 7, y después volvimos a mudarnos, a Marin County, al norte de San Francisco, un área muy agradable. Ahora es un vecindario muy adinerado, pero por entonces era clase media. Con mucha naturaleza. Teníamos una casa en la colina con una gran vista, sabés, y caballos y mascotas. Más tarde, una vez que me gradué en la secundaria a los 18 años, fui a la universidad en San Francisco. Desafortunadamente mi hermana se mató en un accidente automovilístico en ese mismo año, lo que fue muy perturbador. Cuando tenía 19, tuve un novio que era músico, y nos fuimos a vivir juntos por cerca de 1 año. Aún es muy buen amigo mío. Y luego de mi tercer año en la universidad, la abandoné sin pensarlo demasiado. Y entonces me dije “me voy a Londres”. Me compré un pasaje de ida. El motivo principal fue que quería estar lejos, y aparte allí hablaban el mismo idioma que yo, si bien era con un acento peculiar, pero como fuera, ahí se hablaba inglés. De todas formas yo siempre había sido bastante anglófila, porque era fanática de los Beatles y de los Rolling Stones, y de todo eso, por lo que tenía una afinidad por Londres. Y además yo tenía un amigo de San Francisco que también era fotógrafo, y que se había mudado allí. No éramos amigos íntimos pero nos conocíamos, y me ayudó con lo de la fotografía, ya que intentaba aprender sobre eso. Eso fue en 1970 o 1971, creo. Fred vivía en un departamento muy grande por el cual no pagaba nada, y me dijo “sobra lugar, ¿por qué no venís?” Así que comencé a vivir ahí, me busqué un empleo y me puse a trabajar. No tenía cámara, no me dedicaba a sacar fotos, ni nada semejante. Fuera de eso, estaba muy metida en la escena de la música. Estaban los grandes periódicos musicales como el Melody Maker o el New Musical Express, y ocasionalmente iba a ver conciertos. Ahí fue cuando vi a los Temptations, o a Al Green, en 1973. Yo era muy fan de él. Con todo ese traje blanco que se ponía, y tocó en el Rainbow. Y después cuando fue a New York fui a verlo al Apollo, lo que fue alucinante, ya que era un show distinto. Era realmente sexy, y sucio, y cool. Pero volviendo a Londres, trabajé brevemente con Malcolm McLaren. Yo vivía en el mismo barrio que él, y solía venir junto a su mujer al restaurante en el que yo trabajaba de moza. A veces necesitaba alguien que lo ayude, pero no era nada que tenga que ver con la música. Aunque de vez en cuando íbamos a ver bandas juntos, y entre todo eso había un grupo del que comenzaba a hablarse mucho llamado Kilburn and the High-Roads. Es como que eran parte de la escena del pub rock, y al mismo tiempo los domingos había un programa de radio que se llamaba Honky Tonk, conducido por un tipo caballero llamado Charlie Gillett. Fue quien escribió “Sound of the City”, uno de los primeros libros de rock que se hicieron. Me hice amiga de Charlie, y él empezó a manejar a Kilburn and the High-Roads. Y la vez en que tocaron en White Chapel, conocí a Ian Dury, con quien nos enamoramos locamente, y nos volvimos haciendo dedo a la ciudad. Pero sucedió que yo me estaba volviendo a San Francisco, como lo había planeado. Hubo un montón de correspondencia entre nosotros, y llamadas de teléfono. Ian me suplicaba que regrese a Londres.

¿Y entonces volvió a Londres?
Sí, nos amábamos, así que volví. Y nos fuimos a vivir juntos. La banda estaba peleándola fuerte, pero no ganábamos dinero. Vivíamos en un squat en Stockwell, cerca de Brixton. Pero hacían una música genial. Los Kilburns eran realmente una banda muy extraña. Digo, tenían un tipo negro que era lisiado, otro que era enano, y además a un tipo llamado Humphrey Ocean… Usaba un nombre falso, pero era pintor artístico. No era músico, realmente, más que nada se ponía a bailar en el escenario. Pero eran muy buenos, y las canciones eran muy originales. Ian era un performer increíble, y además increíblemente carismático. Y también era lisiado. Había tenido poliomielitis, y terminó con una de las piernas completamente jodida. Pero era completamente único. Finalmente consiguieron un contrato discográfico e hicieron un álbum, pero no anduvo bien, así que Ian me dijo “soy demasiado pobre, deberías volver a los Estados Unidos, la situación no es buena”. Pienso que además seguía teniendo una aventura con su novia anterior a mí, Denise Roudette, que también hacía música, y que era una mujer muy hermosa.
03
Lo que para Ud. habrá significado otra verdadera buena razón para volver a casa.
Bueno, lo desconocía, pero lo sospechaba, y no quería tener un novio que me engañase. Y ya sabés cómo es, “tenés que odiar a la novia”, y ella me odiaba. Y una vez que me fui, se llevó mi tapado de piel. Pero es una mujer espiritualmente bellísima, y tengo gran respeto por ella. Creo que en cierto momento también formó parte de los Kilburns. Así que me fui a New York.  No conocía absolutamente a nadie allí. Tenía un amigo al que recordaba vagamente, y que se había mudado de San Francisco, pero al mismo tiempo tenía una lista de nombres que me habían dado mis amigos de Londres, tipo “soy amiga de Ian Dury”, y entre ellos hubo una mujer que me dijo “sí, venite y viví conmigo”. Tenía un loft muy grande en la calle Church. Esto fue en 1974. Pero todo el mundo me ayudó muchísimo. Y entonces me puse a trabajar, y gané algo de  dinero.  Mi primer empleo en New York fue como niñera, ya que eso te daba un lugar donde vivir, además de un salario, pero era part-time. Pero también había otro tipo, de los que estaban en la lista de contactos que me habían dado mis amigos, que estaba en el negocio de la música. Era plomo de bandas. Trabajaba en luces y sonido pare los Stones, y para otras bandas grandes. Era muy agradable. Me llevó a pasear por toda New York. Y una vez me dijo, “¿qué es lo que querés hacer?”. Y yo le contesté, “quiero ir a ver a los New York Dolls, porque nunca los vi”. Porque cuando tocaron en San Francisco, yo estaba en Londres. Y cuando tocaron en Londres, yo estaba en San Francisco. Y él se había encargado de hacerles sonido en New York, y los conocía muy bien. Y a la semana siguiente tocaban en un lugar que se llamaba Club 82, que era un club que alguna vez había sido propiedad de la mafia. Todos los que actuaban allí eran imitadores femeninos, lo que ahora se le dice “drag queens”. Esa era la historia del club, pero para cuando yo lo fui a conocer, ya era como una pequeña discoteca. Se había vuelto muy popular porque David Bowie solía ir de visita, y todo el mundo iba ahí por ese motivo. Todos los nuevos grupos tocaban ahí, y por supuesto también los New York Dolls. El lugar también tenía una pista de baile, por lo que todo el mundo podía ponerse a bailar después de ver a las bandas. Así que los Dolls fue la primera banda que vi en New York, y después del show mi amigo organizó una fiesta para los grupos en su loft, que estaba encima del club, a la que vinieron algunos de los miembros de los Dolls, y también los teloneros, un grupo llamado The Miamis, que si bien eran desconocidos, eran de mis favoritos por entonces.

02Sí, hace 2 años hicimos una entrevista con Gary Lachman (N. Valentine, el bajista original de Blondie) en Londres, y él mencionó a los Miamis.
Sí, eran de mis preferidos. Tenían cero imagen, eran solo un grupo de chicos judíos con el pelo enrulado. No tenían un look punk. Eran más pop que punk, pero eran muy buenos compositores de canciones, y tipos muy divertidos. Sus canciones tenían mucho sentido del humor, pero nunca fueron exitosos. En esa fiesta conocí a David Johansen (N. el vocalista de los New York Dolls), que estuvo muy simpático. Pero lo más gracioso fue que los Dolls nunca habían tocado antes ahí, y entonces dijeron “bueno, vamos a tocar en el Club 82, deberíamos ponernos vestidos de mujer”. Yo ya había escuchado los rumores sobre los maricas y todo eso, y entonces, en esa primera vez, David usó un vestido femenino de noche sin sujetadores, una peluca de mujer, y tacos altos, y yo me dije “oh, estos tipos son extraños”. Pero era lo que hacían, era una especie de broma. Creo que Johnny (Thunders) o Jerry (Nolan) dijeron “oh no, no pienso ponerme un vestido”. Porque eran realmente muy machos, no tenían nada de gay, sabés. La industria musical les tenía cierto miedo, por la tapa de su disco, en la que se los veía vestidos de mujer, y la gente no lo entendía. Había mucha homofobia, y demás.

Pareciera ser que ver a los Dolls en aquella época representó un antes y un después para todos los que formaban parte de la escena musical de New York de fines de los ’70. ¡Todo el mundo iba a ver a los New York Dolls!
Oh sí, eran muy grandes en New York. Mick Jagger y David Johansen se ponían a hablar en Max’s Kansas City, y la gente prefería prestarle atención a David. Eran más grandes que nada. Eran la banda más cool,  tenían las mejores novias, y nadie se veía tan bien. Más tarde el éxito de los Dolls se vendría a pique, pero todo el mundo podía darse cuenta que realmente la pasaban muy bien. Conseguían a todas las chicas y todas las drogas que querían, era divertido, y de eso se trata el rock and roll, por lo que todos se ponían a formar grupos.

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Bayley, sobre los New York Dolls: “Eran la banda más cool,  tenían las mejores novias, y nadie se veía tan bien”

Y aparte tenían una gran imagen, algo que seguramente resultaba muy impactante por entonces.
Sí. Y ahí fue cuando Malcolm McLaren se puso a manejarlos. Los vistió con pantalones de cuero rojo, les puso la bandera comunista detrás, y demás. Pero los Dolls hacían shows increíbles, y tenían a bandas como Television de teloneros. Los grupos más nuevos, como Television, querían distinguirse del glitter rock, no iban a ponerse lápiz labial… Y así fue como Richard Hell creó muy específica e intencionalmente ese nuevo look del pelo corto. Nadie tenía el cabello corto. En el rock and roll, tenías que tener el pelo largo. Y usaban prendas rasgadas porque, sabés, se le rompía la ropa, y la arreglaban con alfileres de gancho. No era algo relativo a la moda, era algo práctico con lo cual vivir.

Y no es que tampoco alguien esperase a que se transforme en algo que se ponga de moda.
Bueno, de algún modo Richard pensó que, si querían que le presten atención, tenían que ser diferentes. Richard Hell diseñó esa remera que usaba Richard Lloyd en vivo con la frase “por favor mátenme”. De hecho Richard Lloyd intentó oxigenarse el pelo, pero lo quedó verde… (Risas)

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Richard Hell, pionero del punk: “Estaba muy metido en el surrealismo”

¿Cómo era convivir con Richard Hell?
¿Con Richard? Extraño. No me dejaba regar las plantas de la casa, me decía “dejá que se muera, es supervivencia, no riegues las plantas”. Y también había un ratón en el departamento que yo quería sacarme de encima, pero él me decía “¡No! ¡El ratón vive!”

¿A qué se refiere? ¿Un ratón que vivía con Uds.? ¿En una pecera, o estaba suelto?
No, andaba suelto. Entonces lo maté, y lo tiré a la basura, y Richard me dijo “oh, ¿dónde está el ratón?” Nunca le dije que lo había matado. Vivíamos juntos, y así era las cosas. Éramos pobres, sabés. No era malo, ni agresivo. Richard estaba muy metido en el  surrealismo, gente como Lautreaumont o Baudelaire. Ahora es escritor, y por entonces ya era poeta.

Intentamos contactarlo recientemente para entrevistarlo.
No, él no habla de música, no quiere hacerlo. Es casi imposible lograr que hable de música. Y eso es algo que respeto porque, digámoslo así, yo siempre estoy haciendo todas estas entrevistas en las que siempre se me pregunta lo mismo, una y otra vez. “¿Cómo eran los años ’70?”, etc. Para él eso es algo extremadamente aburrido. No hizo nada de música desde los años ’80. Ahora es escritor. Publicó novelas, libros, artículos… Vive de ser un escritor respetado. Y entonces no quiere hablar sobre el punk rock. Lo entiendo completamente.

No es algo tan difícil de entender…
Mirá, antes de venir para Buenos Aires, hubo alguien que me entrevistó sobre Sid (Vicious) y Nancy (Spungen), ya que conocí a ambos. Y la primera pregunta fue, “¿Cómo fueron los años ’70?”. Y entonces le dije, “mirá, no voy a escribir esta nota para vos. Hay muchos libros y artículos escritos sobre eso. Vas a la biblioteca, y en 2 semanas me volvés a llamar y entonces me hacés alguna pregunta seria, porque no puedo relatarte la historia completa. ¡Ese es tu trabajo, el periodista sos vos!”. Esa era la filosofía de Richard, y lo comprendo. Cinco años atrás probablemente haya contestado a ese tipo de preguntas, pero ahora es como demasiado. Andá a la biblioteca, fijate en internet, está todo ahí. Y así me podés formular una pregunta relevante que muestre que tenés algo de conocimiento, y entonces no me vas a insultar. (Risas)

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Bayley junto a Sid Vicious.

Espero que nuestras preguntas le resulten interesantes…
Sí, lo son, un poco suenan a que ya conocías cuáles iban a ser mis respuestas. Disfruto de las entrevistas, pero a veces te cansás de escuchar “¿Cómo fue el día en que sacó la foto de los Ramones?”

Volviendo atrás, ¿cómo fue que obtuvo el puesto en el CBGB’s?
Oh, eso fue porque yo era la novia de Richard Hell. Television era la única banda que solía tocar allí los domingos a la noche. Su manager, Terry Ork, un día me dijo “Roberta, quedate en la puerta y recaudá la plata, 2 dólares”. Y entonces cuando la gente entraba, les decía que tenían que pagar y que eran 2 dólares, que iban a ver una buena banda, y así era la negociación.

Hay una historia muy divertida respecto a eso con Legs McNeil.
Sí, vino al CBGB’s y me dijo “Soy Legs McNeil” (N. uno de los fundadores de la revista). Yo nunca había visto a la revista Punk, nadie la conocía. Era algo nuevo, acababa de salir el primer número. Y yo le dije “No, son 2 dólares, me tenés que pagar”. Y él me dijo, “No, entro gratis”. Y después yo le dije, “Bueno, ok, dame una copia de la revista”. Y Legs me dijo, “No, cuesta 50 centavos, detrás de la barra, ahñi podés comprarla”. Así que yo le dije, “Está bien, entrá sin pagar”. Así que fui hasta el bar, agarré 50 centavos, y compré la revista. Después del trabajo, fui a casa, leí la revista, y me dije, “Tengo que trabajar con estos tipos, ¡es increíble!”. No estaban seguros de mí. Pero entonces decidimos hacer algo juntos, que era como una fotonovela. Eso significó ir a diferentes clubs, y yo sacaba las fotos. Hicimos todas esas fotos y hubo muy buena química entre nosotros, y fue un momento muy divertido, nos divertimos mucho. Y entonces ellos me dijeron, “Bueno, ¿querés trabajar con nosotros?” Y de ahí en adelante, trabajé con ellos hasta el final de la revista.

¿Ya estaba trabajando de fotógrafa? ¿Qué la llevó a convertirse en fotógrafa antes de entrar en la escena musical?
Sí, eso pasó en 1976, y yo había empezado a fines de 1975. Me interesó la fotografía desde que era una nena. Tenía una cámara de juguete. Pero de repente la fotografía comenzó a hacerse popular entre la gente. Y cuando estuve en la secundaria, cuando tenía 15 años, tuve una clase de fotografía, que fue muy simple. Pero aprendí a revelar un rollo, y a cómo imprimir. Yo amaba la fotografía, y cuando me dieron el boletín con las notas, la mayoría fueron buenas calificaciones. A mi profesor de fotografía le gustaban mucho mis fotos, y me encargaba tareas, como la de tomar imágenes que tengan movimiento. Era profesor de historia, pero su pasión era la fotografía. Y entonces, cuando cumplí 19, me compré una cámara Nikon. En ese momento no sacaba fotos de música, pero hacía tomas callejeras. Por entonces la fotografía no era aún considerada una forma de arte, todavía era la oveja negra del mundo del arte. Pero entonces me fui a New York y conocí a todos los que estaban en la escena, como dije. El Club 82. Y yo trabajaba en el CBGB’s. Todo el mundo resultaba muy interesante, por lo que hubiera sido muy estúpido no hacer fotos.

¿Alguna razón en especial por la que la mayoría de sus fotos eran en blanco y negro?
Sí, fue algo decidido, porque no tenía dinero. Pero hice muchas fotos en color, siempre y cuando podía afrontar el gasto, o bien hacía ambas. Y especialmente cuando empecé a trabajar para Blondie. Pero el color es más caro. Aparte fui extremadamente afortunada de que poco después que me compré la cámara, un amigo me dijo, “tengo una cámara oscura que alguien dejó en mi departamento, te voy a dejar usarla por 6 meses”. ¡La cámara oscura entera, que era muy grande, con todo lo que necesitaba!

07

Pretty baby: Debbie Harry retratada por el lente de Roberta Bayley

Trabajó mucho junto a Blondie, que de todos modos eran un grupo muy colorido. Hubiera sido una gran pérdida haber fotografiado a Debbie Harry solamente en blanco y negro…
Sí, y fue lo mismo con los New York Dolls. Y pienso al respecto, porque siempre le digo a la gente que parte de la razón por la que la tapa de los Ramones (N. la del álbum debut) causó tanta impresión es porque fue en blanco y negro, pero también hay una tapa de New York Dolls que fue en black and white. Era inusual para las bandas de rock. La música folk tuvo muchas imágenes en blanco y negro, Bob Dylan también. Pero las bandas de rock usualmente usaban color. Elvis fue en blanco y negro, su primer álbum para RCA, el que The Clash copió. Yo hacía las dos cosas, tenía dos cámaras para poder tomar fotos en color y en blanco y negro. Pero la imagen de Ramones era en blanco y negro, ya que  era para la revista Punk. No podíamos permitirnos imprimir en color. La impresión era tan primitiva que no se podía mezclar el color y el blanco y negro en la misma página, lo cual ahora es muy común. Entonces, todo lo que fotografiaba para la revista Punk era en blanco y negro. Estúpidamente, Bob Gruen estuvo allí uno de los días en que hice fotos para Debbie, así que tiene las fotos de ella en color ya que él era rico y podía permitírselo (Risas). Quiero decir, él no era rico, pero era más rico que yo.

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Una que sepamos todos: así retrató Bayley a los Ramones para la portada de su álbum debut.

¿Cuál o cuáles diría fueron los artistas más fáciles y los más difíciles con los que trabajó? Sé que amaba fotografiar a Iggy Pop. De hecho una vez declaró que deseó haberlo fotografiado mucho más.
Oh sí, es correcto. Y después me retiré. Pero siempre puedo llamarlo por teléfono (Risas). Hay una muy buena entrevista de él hecha por Anthony Bourdain, seguro que la podés encontrar en YouTube. Iggy es la persona más copada que existe, y esa conversación tuvo lugar en su casa en Florida.

Volviendo a la escena del punk, le voy a hacer una pregunta con truco. ¿Cuál de las 08dos escenas influenció a la otra? ¿La neoyorquina influyó a la inglesa, o cree que fue al revés?
¡Ahora me estás demostrando que sos ignorante! Perdón.

No hay problema.
La escena de New York comenzó en 1974. Y la de Londres en 1976. ¿Entonces quién influyó a quién? ¡Fue la de New York! Londres tomó todas las ideas de la neoyorquina. Los alfileres de gancho, las vestimentas rasgadas, y todo eso. Pero localmente, los ingleses fueron muy talentosos. Ya sabés, Glen Matlock, Steve Jones, Paul Cook

La pregunta que le hice no era en serio. Quise jugar un poco…
Pero es algo que no me creerías…Cuando hablo con periodistas estúpidos, siempre les digo “¡Andate, encargate de revisar la historia!”. Lo empezamos nosotros.

Entonces la pregunta indicada sería, ¿existe un enlace entre ambas escenas?
¡Por supuesto! ¡Malcolm McLaren! Ya sabés cómo fue, Blondie primero se hizo muy grande en Inglaterra, antes que en cualquier otro lugar, porque Debbie era muy hermosa, y se presentaron en Top of the Pops…Blondie tuvo muchos hits en Londres. Pero para cuando retornaron a New York, ya sabían que Johnny Rottten había copiado a Richard Hell, que era la versión de él. Johnny Rotten lo copió.

De algún modo la mayoría de la gente siempre creyó que lo del punk empezó con los Sex Pistols.
No hace falta que me lo expliques, soy yo quien te lo explico a vos, ¿ok? Es así como funciona.

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Roberta Bayley y una de sus fotos de los Sex Pistols : “Los Pistols nunca fueron grandes en USA”

De acuerdo…
Los Sex Pistols se volvieron grandes en Londres porque dijeron “fuck” en TV. Ya sabés, su disco fue prohibido. Ni siquiera se permitía promoverlo, pero podías venderlo. Y entonces eran muy difundidos por la prensa. Por aquel entonces nadie conocía a los grupos de New York, excepto algunas personas.  Los Ramones eran todavía bastante oscuros, pero cuando fueron a Londres y tocaron en el Roundhouse el 4 de julio de 1976, en la audiencia estaban los Clash, los Pistols, etc. Ninguno de ellos tenía plata para las entradas, y Johnny Ramone se acercó a la ventanilla y los hizo pasar. Eran apenas chicos, pero los Ramones estaban muy al tanto de los fans, y de que iban a ser la futura nueva música. No creo que los Ramones se hayan sentido amenazados, pero pienso que se enojaron mucho cuando los Sex Pistols terminaron volviéndose más famosos que ellos más rápidamente. Pero, a decir verdad, no en los Estados Unidos. Los Sex Pistols nunca fueron grandes en USA. Pero Inglaterra es un país muy pequeño, y tenía tres periódicos musicales. Era un ambiente completamente distinto.

Y después ocurrió exactamente de la manera contraria cuando los Pistols hicieron su última gira en los EE.UU. ¿Qué nos puede decir de esa experiencia?
Eso fue realmente algo insano. Ya estaban hartos de todo, y Sid se estaba desintoxicando de la heroína. Como adicto a las drogas, se sentía pésimamente mal. Tuvimos esa idea de tocar en ciudades extrañas, ciudades oscuras en el sur como Memphis, Baton Rouge, San Antonio…Pero todo eso fue intencional.

No diría arriesgados, pero definitivamente eran lugares muy duros. La gente les arrojaba botellas…
Bueno, éramos punks, y nos la bancábamos… (Risas) Pero eso fue parte de todo lo que resultó frustrante para la banda, porque el grupo era realmente bueno. Me perdí los dos primeros shows del tour. Mi primer concierto de la gira fue el de San Antonio, donde la gente le tiraba todo tipo de cosas, y los insultaba. “Fuck you!”, y demás. Los trataban como si fueran freaks. Pero también había gente a los que les gustaban, si bien eran una minoría. Ya sabés, cuando vas al sur, Tulsa, Oklahoma…están todos esos tipos que son fanáticos de Jesús, que protestan, está eso de la “música del diablo”, y toda esa mierda. Así que los Pistols estaban frustrados y hartos de todo, y entonces Johnny dijo “suficiente”. Eso ocurrió en San Francisco.

¿Por qué cree que el interés en el punk se mantiene tan vigente después de todos estos años?
Es la última música underground. Ya no hay manera de ser así, te descubren inmediatamente. Te descubren antes de cualquier cosa, aún antes de que vayas al estudio y te pongas a tocar. Esa es mi opinión. Ya no sigo a la música. Fue como pasó en los años ’50, que fue la verdadera música punk, con gente como Little Richard. Nadie más punk. Elvis Presley. Nadie más punk. La gente dice, “oh, el punk fue la música más revolucionaria”. Oh no, eso fue el rock´n´roll de los ’50, y aún más, la música negra de esos tiempos. Y después de eso, los grupos de mediados de los años ’60, y también los grupos psicodélicos, que eran un tipo de música diferente.

IMG_3310De sólo ponerse a pensar en que Little Richard era negro, gay, que usaba lápiz de labios, y que movía el culo cuando tocaba el piano, ¡y en los años ’50!
Sí, y fue la mayor influencia de David Bowie, y también la primera. Pude escuchar a Little Richard porque mi hermana era 7 años mayor que yo. Aún siendo tan chica, escuché ‘Tutti Frutti’. Amaba a Little Richard. Y a Jerry Lee Lewis, otro punk.

¿Qué opina sobre la cultura neoyorquina? ¿Cree que hubo cambios importantes en los últimos años?
New York siempre será un centro cultural. Hoy en día se le hace muy difícil a los artistas vivir allí por su alto costo de vida. En los ’70 podías conseguir un loft, uno grande, por 200 dólares al mes.  Ahora eso cuesta 10.000. Para los más jóvenes que vienen a vivir a la ciudad, no sé cómo hacen.

Creo que es lo mismo que siempre ocurrió con las áreas más bohemias de las grandes ciudades. Como el barrio de Chelsea, en Londres. En los ’60 eran lugares en los que se podía vivir, y de repente llegaron las grandes compañías, o las grandes marcas de ropa, pusieron oficinas o locales, y se volvieron lugares carísimos y de moda.
Oh sí, igual que con el Soho de New York. Porque en ese entonces era un lugar muerto. Lo mismo pasó en Tribecca. Cualquier barrio que menciones. Probablemente sólo el Bronx sea todavía un lugar duro. Mi vecindario está demasiado habitado. Solía ser más sereno. Pero nunca salgo de noche, me importa un carajo.

10¿Cuánto hace que vive en el mismo sitio?
Casi 45 años, desde 1970. Es un departamento pequeño de 120 metros cuadrados. El edificio tiene siete pisos, y no hay ascensor. Así que cada día subo y los bajo, no tengo más remedio. Es eso, o dormir en el piso. No es ningún problema para mí, hace mucho que lo hago. Es algo muy saludable. Y algo más, en New York es ilegal tener siete pisos sin ascensor, los edificios tienen no más de seis. Por lo que tengo una vista increíble, y una luz hermosa, ya que no hay edificios cerca del mío. Eso es lo que me digo cada día cuando subo las escaleras, “¡tenés buena luz!” (Risas)

Respecto a  su muestra de fotos, ¿se siente como una artista mostrando sus trabajos, o más como testigo de una era? ¿Ya había visitado Buenos Aires?
Oh, ambas. No vi casi nada de aquí, excepto la galería, la galería, el hotel, la galería, el hotel, la galería … Pero lo voy a hacer. Me gustaría volver.

¿No se siente un poco rara viniendo hasta aquí para exhibir sus fotos?
¡Me siento maravillosa! No me siento rara. Es una sensación fantástica, estoy muy a gusto, es muy excitante. Siento un poco de eso en New York, y también cuando estuve en Tokyo. Viste cómo es, también son grandes fans de los Ramones y del punk rock. Ahí fue como si fuera una mini-celebridad, pero no tanto como aquí. No es algo que quiera hacer todos los días de mi vida, perdería la cabeza.

Entonces ésta es su primera vez aquí, ¿pero también la primera en Sudamérica? ¿Ni siquiera estuvo en Brasil?
Sí. Ni siquiera en Brasil.  Mi primera vez debajo del Ecuador.

¿Cuál cree que es el legado más grande del punk para el mundo?
Es la idea de “hacelo vos mismo”. No esperes a convertirte en un experto. Intentalo, equivocate, está todo bien. Si sentís ganas de hacer algo, no te sientes en tu cuarto a practicar guitarra durante 5 años, salí y tocá con tres cuerdas. Es todo lo que necesitás. Hacelo. Porque eso es lo que hicimos nosotros. Yo no sabía cómo hacer fotografías.

Una última pregunta, teniendo en cuenta que Ud. apareció en fotos recientes junto a su perro. Es como si de repente haya cambiado las fotos con punks a fotos con “pugs”.
Sí, los perros y los músicos no son nada diferentes.

STONES: EN EL 48 ANIVERSARIO DE ‘GET YER YA-YA’S OUT!’

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Un día como el de hoy, pero hace 48 años, los Rolling Stones lanzaban a la venta GET YER YA-YA´S OUT – THE ROLLING STONES IN CONCERT, su segundo disco en vivo (después del Got Live If You Want It!, de 1966), el más celebrado de todos los que editaron en ese estilo, y también considerado uno de los trabajos “en directo” más clásicos de la historia del rock, que registraba material extraido de cuatro shows del grupo en el Civic Center de Baltimore y en el Madison Square Garden de New York City de la gira del año anterior. La gira americana de 1969 no sólo había puesto a los Stones de vuelta en la carretera después de 2 años de inactividad en lo que a escenarios se refiere, sino que además fue el tour presentación del grupo junto a su nuevo integrante Mick Taylor, convocado para reemplazar a Brian Jones, fallecido unos meses antes, en julio de ese mismo año. Para entonces los Stones ya habían sido galardonados como una de las grandes bandas de rock del planeta, tanto por el público como por el mundo del showbiz, lo que explica la introducción del mánager de gira Sam Cutler al inicio de cada show, cuando los presentaba como “la banda de rock más grande del mundo”, también presente antes de la primera canción del disco.

ya-ya's2La segunda razón por la que la banda decidió lanzar un álbum en vivo de la mencionada gira (la primera en USA desde julio del ’66, y que se extendió desde el 7 de noviembre en Fort Collins, Colorado, hasta el 21 de diciembre en Londres) fue para ponerle freno a una situación que se les venía escapando de sus propias manos, que fue la de contrarrestar las ventas de Live’r Than You’ll Ever Be, disco pirata puesto en venta por el (también pirata, claro) sello Lurch Records, que registraba la actuación del grupo en el Oakland–Alameda County Coliseum Arena del 9 de noviembre, y a la que luego también se le sumarían otras versiones de sellos no oficiales.Tal fue la popularidad del “bootleg” (cuyo sonido fue registrado de modo profesional, y que vendía como pan caliente) que la compañía Decca terminaría obligando a los Stones a editar su propio trabajo en vivo.
En Argentina, como en muchos otros países latinoamericanos, el disco fue editado bajo el extraño título de Saca Tu Burro de Aquí (más que seguramente porque no podían encontrar otra manera de traducir el título original, que según cuenta la historia descripta en algún libro sobre los Stones refería a una frase del vudú haitiano, o bien inspirado en “Get Yer Yas Yas Out”, canción del blusero Blind Boy Fuller…¿y si mejor lo dejaban como estaba?) Así las cosas, Get Yer Ya-Ya’s Out! terminó marcando un punto altísimo en la carrera de los Stones, situándolos nuevamente en la cúspide de la escena, y anteponiéndose dulcemente al oscuro momento que algo después les tocaría vivir durante la misma gira con el trágico concierto en Altamont el 6 de diciembre. Pero esa es otra historia.

A 37 AÑOS DE “1234”, CUARTO ÁLBUM SOLISTA DE RONNIE WOOD

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Continuando con la cadena de aniversarios, hoy nos toca el no. 37 de “1234”, o tal el nombre que Ronnie Wood eligió para titular a su cuarto álbum solista, que salió a la venta el 2 de septiembre de 1981. Por empezar, no obviemos la gran lista de invitados que RW convocó para el disco. Son más de 20, pero a la hora de nombrar a los más reconocidos no podemos dejar de mencionar a Charlie Watts (no hace falta aclarar nada), Ian McLagan (casi que tampoco, pero al desprevenido le vendrá bien saber que fue su ex compañero en los Faces), Bobby Keys (nada por decir), Nicky Hopkins (nada que agregar), Waddy Wachtel (compañero de banda en los Winos de Keith Richards y mucho antes sesionista de uno y mil artistas), la legendaria estrella del soul Bobby Womack (con quien Ronnie compartía algo más que la música), los bateristas Jim Keltner y Ian Wallace (sesionistas de aquellos y con gran historial a cuestas), Robin Le Mesurier (miembro estable de la banda de Rod Stewart a comienzos de los ’80s), Anita Pointer (de las Pointer Sisters), Clydie King (que fue parte de aquellos magníficos coros vocales femeninos en Exile On Main St.), etc.

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Semejante seleccionado fue convocado por el co-productor del disco Andy Johns (otro notable en la carrera stoniana) a pasar por Los Angeles y Hollywood, donde Ronnie vivía por entonces, para participar de las sesiones del álbum en cuya tapa Ronnie aparece montado a un camello y, claramente, en una postal a todo descontrol y fiel al momento en que Ronnie transitaba por entonces en su vida personal: la de escaso de divisas y lidiando con una adicción a la pasta base que se extendió por 1 año y medio (para detalles más escabrosos, recomiendo leer su autobiografía “Ronnie”, o la de su ex-mujer Jo Wood) En cuanto a las canciones del disco en sí, Ronnie nunca sonó tan Dylan, más allá de su clásico parecido en el registro de la voz. Tanto es así que muchos llegaron a pensar que era el mismísimo Dylan que las cantaba al sonar en las radios por aquel entonces. 1234 presenta nueve canciones sucias, desgarradas, y a tono con la vida rápida y salvaje que su intérprete atravesaba por entonces. Aquí hay rock’n’roll estricto como la que abre y le da título al álbum, “Outlaws” (la única del disco que alguna vez fue tocada en vivo, y recién 8 años después el en el tour conjunto de RW junto a Bo Diddley bajo el nombre de The Gunslingers) o “Down to the Ground”, blues instrumental (“Redeyes”, un viejo demo de los Stones en el que cantaba Jagger), baladas acústicas (la hermosa “Priceless” o la muy FM “Fountain of Love”), y las mencionadas en las que Wood suena como Dylan (“Wind Howlin’ Through”, “She Was Out There” y “She Never Told Me”) El disco pasó apenas desapercibido por los ránkings de aquella época, y en definitiva no le sirvió a Ronnie para siquiera financiar la adicción que le trajo varios problemas aparejados. Hubo que esperar 11 años para que lanzara su próximo trabajo solista Slide On This, del ’92, pero esa es otra historia. Como sea, amo este disco, y no pienso parar de recomendarlo. Enjoy.
LADO A: 1. 1 2 3 4/ 2. Fountain Of Love/ 3. Outlaws/ 4. Redeyes/ 5. Wind Howlin’ Through
LADO B: 1. Priceless/ 2. She Was Out There/ 3. Down To The Ground/ 4. She Never Told Me

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ROLLING STONES: A 45 AÑOS DE ‘GOATS HEAD SOUP’

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La presente jornada también nos trae un segundo aniversario stoniano, y es el de los 45 años de GOATS HEAD SOUP (álbum del grupo no. 11 editado en Inglaterra, y el 13 en USA), originalmente denostado por muchos de los críticos de aquel momento, que no supieron entenderlo. De algún modo GHS (que se conoció aquí como SOPA DE CABEZA DE CABRA, ¡al fin una traducción correcta!) fue el disco que marcó la entrada del grupo en el sonido que por primera vez los alejaba de sus raíces musicales, un poco para experimentar, y otro tanto para adelantarse a la era que venía.
2Si esos críticos esperaban que los Stones volvieran a coquetear con el blues y el rock más sucio, como lo habían hecho en Sticky Fingers (y aún mucho más en Exile on Main Street), se vieron decepcionados cuando se encontraron con un trabajo mucho más melodioso y radial que ante todo se basó en baladas ricas en arreglos de cuerdas (con “Angie” a la cabeza, seguida por “Winter”) y apenas tres canciones de pura cepa del sonido más tradicional de la banda: “Dancing with Mr. D” (que después de muchos años fue rescatada para ser tocada en vivo en la gira europea del año pasado), “Silver Train” (que Mick y Keef escribieron originalmente para Johnny Winter, y donde Taylor se luce como nunca con tocando slide) y claro, la muy polémica “Star Star”, cuya letra le trajo al grupo más de un problema, como bien sabemos.
4Grabado principalmente el año anterior en los estudios Dynamic Sounds de Kingston, Jamaica, lo que al fin y al cabo terminó haciéndolo tan especial es precisamente el resto del contenido, con canciones muy poco tocadas como “100 Years Ago” (¿cómo es que nunca la reflotaron?), “Can You Hear the Music” o “Hide Your Love”, culminando con la gran “Doo Doo Doo Doo Doo (Heartbreaker)”, que terminó convirtiéndose en un clásico en vivo con el correr del tiempo (sin ir más lejos, presente en casi todos los shows del tour de Voodoo Lounge 1994-1995) Y acaso la perla más codiciada, “Coming Down Again”, una de las mejores baladas cantadas por Keith Richards (segunda canción en la historia del grupo de la cual se encargó de la primera voz, después de “You Got the Silver”) y dueña del eterno misterio que nos lleva a preguntarnos una vez más: ¿por qué nunca la hizo en vivo? Por el resto, GOATS HEAD SOUP es un disco suave y agradable al oído, de sonido poco agresivo, con intenciones de difusión comerciales muy claras, y que les trajo deparado a los Stones un tour presentación que se extendió por 2 meses ese mismo año. Enjoy.

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A 50 AÑOS DE LA EDICIÓN DE ‘STREET FIGHTING MAN’, LA CANCIÓN MÁS POLÍTICA DE LOS ROLLING STONES

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Cumpliéndose hoy 50 años del single STREET FIGHTING MAN/ NO EXPECTATIONS (editado en USA originalmente el 31 de agosto del ’68), dejo por aquí un extracto de la nota que escribí en el 2016, en la cual hago referencia a la canción.
NO ES SÓLO ROCK AND ROLL: 5 CANCIONES POLÍTICAS DE LOS ROLLING STONES
https://sonaglioni.wordpress.com/2016/10/19/no-es-solo-rock-and-roll-5-canciones-politicas-de-los-rolling-stones/

“Por todas partes escucho el sonido de pies marchando y que van a la carga, muchacho/ Porque llegó el verano y es el momento ideal para pelear en las calles, muchacho”. Con declaraciones semejantes, la canción que abría el lado B del gran álbum Beggars Banquet de 1968 no demoraría en traerles a sus creadores todo tipo de prohibiciones. Jagger se había inspirado en el escritor y periodista (y, más que nada, activista político de izquierda) de origen pakistaní Tariq Ali, quien ese mismo año fue el principal impulsor de una manifestación antibélica contra la guerra de Vietnam en la embajada norteamericana en Londres. Fue también a mediados de 1968 que un grupo de estudiantes secundarios franceses que protestaban ante la sociedad de consumo generalizada, a los que luego también se les sumarían los sindicatos, los obreros de la industria y hasta el mismísimo Partido Comunista galo, lograron la mayor revuelta estudiantil y huelga generalizada de la historia de ese país, a la que pronto se le sumarían otras naciones. El Mayo Francés fue el hecho que terminó convenciendo a Jagger de crear la letra de no sólo la canción más política que el grupo haya grabado, sino también uno de los himnos revolucionarios más significativos de la historia del rock. “Hey! Creo que es el momento indicado para una revolución en el palacio/ Porque donde yo vivo el juego que se practica es la solución de acuerdo mutuo”. Cuando la canción fue editada en agosto, ya las revueltas estudiantiles se habían expandido a lo largo de una buena parte de Europa y los EE.UU., por lo que la BBC se negó a pasar el disco, temiendo incitar a más violencia. Las autoridades decidieron tildar a “Street Fighting Man” de subversiva, y las estaciones de radio de la ciudad de Chicago, donde poco antes había tenido lugar una serie de disturbios callejeros durante la Convención Democrática Nacional (y en el mismo año del asesinato de Martin Luther King Jr.), también se opusieron a difundirla. La tapa original del single, que reproducía imágenes reales de represión policial durante una manifestación, acabó siendo retirada de circulación, hecho que más tarde la convertiría en uno de los ítems coleccionables más caros que existan. Entre tanto, Jagger no se perdió la oportunidad de haber formado parte de una de las tantas protestas públicas anti Vietnam en la plaza londinense de Grosvenor Square. “¿Pero qué puede hacer un pobre chico excepto cantar en una banda de rock’n’roll?/ Porque en la adormecida ciudad de Londres no hay lugar para un luchador callejero”

PETER TOSH: “LA PAZ ES EL DIPLOMA QUE OBTIENES EN EL CEMENTERIO”

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Después de tanta cosa escrita sobre su figura, no resulta difícil deducir que Peter Tosh no era lo que se dice precisamente un hombre de paz. Pero sí un ferviente revolucionario muy creyente de sus convicciones y dispuesto a luchar por ellas al costo que sea. Como le dijera a la audiencia en el famoso concierto One Love Peace de Kingston en 1978, “la paz es el diploma que obtienes en el cementerio” Sabía lo que estaba haciendo, y aunque hoy resulte imposible de creer, dadas las circunstancias que rodeaban a su país por aquellos años, Tosh arriesgó su vida con uno de los discursos políticos más apasionados y peligrosos que haya dado un músico. Y peor aún, dirigiéndose a los dos principales políticos de Jamaica, el primer ministro Michael Manley y Edward Seaga, el líder de la oposición, que estaban presentes en el festival aquel día. Tosh, entonces, más que nada, creía en la acción. Al fin y al cabo había sido el miembro militante por excelencia de los Wailers, la banda de reggae más grande del mundo, pero en comparación con él, Bob Marley parecía una simple estrella del pop. La retribución fue inevitable y llegó cinco meses después, el día en que fue llevado a una estación de policía y golpeado implacablemente hasta que le abrieron el cráneo. Pero sobrevivió haciéndose pasar por muerto.

ENTREVISTA: BILLY BOND “NO PRECISO CANTAR. CON HABLAR, YA ESTÁ BIEN”

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“¿Cuánto hace que alguien no te llama Giuliano?” Ya sé, es una pregunta incongruente, pero no se me ocurre mejor cosa para comenzar a entrevistar a este señor que, de nombre muy italiano (y de apellido aún más) nació en la tierra del buon mangiare hace más de siete décadas. Es lo único de italiano que le debe quedar a Billy Bond, mejor recordado por su irrefutable rol de pionero de la escena del rock nacional de fines de los ’60, y con una biografía que destila anécdotas por doquier. “Tampoco pienso hacerte las preguntas que te hacen siempre”, le aclaro. Parece que al segundo Bond más famoso de la historia le gustó la propuesta. A esta altura del partido ya no tiene sentido indagarlo por sus años junto a La Pesada, sus quiméricas producciones de discos, su exilio a Brasil en tiempos de los comienzos de la dictadura argentina (donde sigue residiendo casi  45 años después) y demás peripecias. Sería como pedirle a alguien  que vuelva a contar el mismo chiste cuyos “grandes éxitos” fueron revisitados una y mil veces. Y que, de hacerlo (porque, vamos, a pesar del esfuerzo resulta inevitable no terminar cayendo en esa rutina), tratar de sonsacarle detalles hasta ahora poco comentados. Mejor es escucharlo referirse al aquí y ahora y ver qué tiene para decir al respecto. Lo que no es poco. Tarea para la cual, sin titubeos, el entrevistado despide cierto garbo altanero en buena parte de cada una sus respuestas. Y lo que es mejor, le sienta como anillo al dedo. A sus casi 74 años de edad, Billy Bond es la prueba viva de que el rock rejuvenece. Un contador de historias espléndidamente divertido que él mismo considera su mayor logro, lejos de su éxito como figura mítica de la plataforma del rock autóctono, la misma que hace unos días lo tuvo nuevamente de paso por Buenos Aires para darle curso a una “master class”, que no fue ni más ni nada menos que una entrevista pública un día de semana cualquiera, colmada de asistentes, y matizada con té frío y galletitas. Y donde todo el mundo terminó cantando “La Marcha de San Lorenzo” en una suerte de parodia cotidiana en la que un grupo de hinchas enfervorizados cantaba el himno después del último partido de un mundial cuya copa fue obtenida por el equipo de sus amores.
Derribador de mitos e imparable refutador de leyendas , marcadas al son de un acento a mitad de camino entre el porteño básico y el portugués, y oportunamente acompañadas por un tendal de puteadas sin miramientos, pareciera no existe otra forma de escuchar manifestarse en vivo y en directo al Sr. Bond…Billy Bond.

x5Ante todo quiero aclarar que voy a tratar de no hacerte las preguntas de siempre sobre los hechos más clásicos de tu carrera, porque son harto conocidos.
Si soy puto, por ejemplo…

No, por eso te decía, ninguna de las cosas que ya sabemos.
¡Jajaja!

¿Alguien de tus allegados, familiares o amigos, te llama por el nombre de Giuliano?
No, para nada. Los argentinos tenían distintas formas de llamarme, sobre todo los más viejos. Sandro y Tanguito, por ejemplo, me decían Muñeco, que es algo que me sigue diciendo hoy en día Javier Martínez. Otro de mis apodos es Bondo, que me lo puso El Carpo. Él me puso Bondo, y yo le puse lo de El Carpo.

Fue una devolución de apodos.
No, lo que pasa es que éramos todos atorrantes, y nos poníamos nombres. Oscar López era Toranzo. Nos hablábamos medio en código.

Hace 2 años te preguntabas, literalmente, qué carajo hicieron con el rock argentino. Y creo que es algo que va más allá del país, de hecho yo me lo preguntaría a nivel internacional. ¿No creés que lo que ocurrió es que se perdió es el peligro que traía aparejado, su ingrediente principal? Digo, peligro no en el sentido de algo dañino, pero sí amenazante, intimidante.
Yo te diría que hoy está tan peligroso como lo estaba en el ´72. En el sentido de analizar el ambiente, la situación del país. Obviamente es algo mucho más velado, menos directo, pero es más o menos lo que pasaba en esa época.  Lo que pasa es que creo que tengo una cierta ética y educación, y entonces no digo las cosas que debería decir.

¿Cuáles, por ejemplo?
¿Te acordás de las cámaras fotográficas analógicas? ¿O de la Polaroid? Se murieron. Y eran máquinas fotográficas. El tiempo pasa, y si no modernizás las ideas, te convertís en esa Polaroid. Entonces lo que los chicos hicieron, durante mucho tiempo, fue renovar lo que ya pasaba. Volvamos atrás en el tiempo. Cuando vino Johnny Tedesco, lo renovó a Eddie Pequenino. Después Johnny fue renovado por Sandro. Los Gatos renovaron a los Wonderful, o a los Teen Tops. Y después cuando vino Pescado Rabioso o La Pesada del Rock and Roll, los renovaron a todos ellos. Después llegó Soda Stereo y volvió a renovar todo eso. Los camaleones cambiaron de piel. Que la música y el mercado se renueven, es algo completamente natural.

3 (Medium)

Pero vos estás hablando básicamente de la industria.
De la industria, pero también de los estilos. Y si no renovás lo que estás haciendo, no sirve. No estoy hablando de renovar la ideología de lo que hacés. Luis Alberto Spinetta se renovó solo. Empezó haciendo “Muchacha Ojos de Papel”, y terminó cantando cosas en donde acompañaba a los acordes. Hacía primero los acordes, y después las melodías, para que fueran todavía más difíciles. Para que nadie los entendiera… (Risas)

Bueno, pero es que él era alguien muy especial.
Si, yo no digo que no fuera especial, solamente te revelo el secreto de lo que hacía. Él se renovó, se convirtió en un camaleón, y ese camaleón llenó estadios. Y no tocando algo que fuera comercial o comestible. Lo hizo con lo que había hecho, y cn lo que hacía en aquel momento. No es que haya implantado un estilo copiado de otro. No de esos fenómenos musicales de los cuales sabemos que son copia de copia de copia.

Tampoco es que quede algo para inventar, y entonces tal vez lo mejor sea volver atrás.
También es eso. Es muy difícil inventar el rock después de Led Zeppelin. Podés pasar al segundo paso después de Elvis, pero después de Led Zeppelin, ¿adónde vas? Metallica, tal vez, que es rock pesado pero con una tecnología mucho más moderna. El bombo del baterista de Metallica tiene un kick, un agudo, que es algo que no tenía Led Zeppelin. Se modernizan y crean un nuevo producto dentro del mismo producto.

¿No creés que todo se aburguesó demasiado?
Siempre se aburguesan. Cuando no tenés hambre, no salís a cazar. Si tenés la heladera llena, ¿para qué carajo vas a salir a cazar? Y con esa heladera llena el único peligro que corrés es el de engordar y morirte. Quise ser un poquito sutil, ¿no? (Risas)

Hablando de las costumbres de las sociedades, ¿conocés la frase de Umberto Eco sobre las redes sociales? Eco dijo algo así como que las redes le permiten la palabra a legiones de idiotas, y que estamos invadidos por los necios.
Es verdad ¿Qué me importa a mí las cosas que opinan? ¿Cómo me puede importar si tu perro cagó en la cocina?

Exacto, pero es lo que está ocurriendo. Y lo mismo sucede con la música, que se volvió algo básicamente pasatista. Así como también que se lean los títulos de las noticias, y no el contenido. ¿No te resulta algo molesto?
Estoy totalmente de acuerdo con la frase, y eso también pasa. Cuando te hacen un diagnóstico médico por computadora, se acierta casi en un 97 por ciento. Y un médico lo hace con el 50 por ciento de las posibilidades. El médico te dice “me parece que vos tenés esto”, pero siempre le parece, nunca lo sabe. La computadora te dice la posta. Y eso es la evolución, el ir para adelante. Vamos a ser devorados por la internet y el iPhone.  Ahora bien, si a vos te gusta meterte el iPhone en el culo y lo usás de consolador, entonces sos un boludo. Mejor andá y comprate un consolador. Y dale al iPhone el uso que se merece. Digámoslo así, existe el ProTools, ¿pero para qué carajo te sirve el ProTools? Antes tenés que tocar. Y entonces, que toquen primero. “No, pero lo grabamos y…” ¡No! Lo grabamos, pero antes tenés que tocar. ¿De qué le sirve a un fotógrafo sacar una foto si antes no sabe de luz, del diafragma, de la tonalidad que busca? El fotógrafo sabe muy bien que si no hay buena luz, la foto le va a salir azulada. Ok, esa es la parte de la tecnología. Ahora bien, la cámara te la metés en el orto, porque ante todo es el fotógrafo quien sabe cómo hacerlo. Vos sos el artista, y lo que hacés es consecuencia de eso. Entonces, si querés usar el ProTools, usalo.  El tema es que hay muchos pelotudos que quieren hacer música y terminan usando el ProTools para no hacerla. Ese no es mi problema, no estoy para salvar al mundo. ¿Quién te mandó a fotografiar si no sabés un carajo? ¡Jodete!

11 (Medium)Te preguntaron cuarenta y cinco millones de veces sobre el famoso show de La Pesada del 20 de octubre de 1972, sobre la frase de “rompan todo”, sobre cuando después terminaste en la comisaría detrás del Luna Park, y todo eso.  Y después, cuando finalmente te liberaron, saliste de espaldas a los policías sin saber si no te pegaban un tiro por atrás. Y todo esto mucho antes de la llegada del Proceso.
Si dije o no dije “rompan todo”, no tiene la menor importancia. Si me preguntás si lo diría ahora, te digo que lo haría. Lo importante era el movimiento político. Nadie se dio cuenta que en ese momento la gente había empezado a rebelarse contra el propio sistema, como si fueran chicos que se rebelan. 10 años de represión donde la policía los metía en cana, los cagaba a trompadas y los mandaba a cortarse el pelo. Aquel día en el Luna Park, la policía tuvo que retirarse porque si no los hacían pelota. Más o menos como si fuera una venganza de los judíos contra los nazis. La policía tuvo que retirarse, era como si fuera un movimiento de gente.  ¿Pero qué pasó? A Tito Lectoure (N.  el legendario ex propietario del Luna Park), que era alguien represivo, fascista, y dueño de un lugar en el que se cagaban a piñas, y que tenía como 18 guardaespaldas, no le gustó un carajo que los 2000 o 3000 chicos que había ese día, los que iban a la Popular, hayan estado haciendo cola desde 1 día antes del show. No hablo de los ricos. Y la policía había comenzado a pegarles. Yo había estado a la tarde para probar sonido, y me enojé mucho con esa situación. Porque en aquella época éramos todos muy idealistas, y todo nos caía mal. El tema es que, una vez empezado el show, Tito comenzó a reprimir dentro del estadio.

Ya había un mal clima previo.
Ya había mal clima desde antes.

13Como el Altamont de los Stones en California 3 años antes.
Bueno, pero en ese show los que se encargaban de la Seguridad no eran policías, sino los Hells Angels. ¡Pero claro que en el Luna Park existía un clima previo! No igual al de Altamont, desde ya, pero en esa línea. Se ve que alguien le dijo algo a Lectoure, y entonces vino la policía. Pero no la común, sino la de choque. No llamaron al policía de la esquina. Era una fuerza de choque, con palos y demás. Y entraron en el medio del show. En algún momento le dije al público, “¿están muy lejos? Vengan, vengan más cerca” Y entonces la policía se puso más pesada todavía. Y yo dije que “la violencia trae más violencia”, como decía Perón, pidiéndoles que paren. Pero empezaron a  romper todo, y finalmente la policía se batió en retirada. Fue la primera vez que una manifestación juvenil logró que la policía se retirase. Y para mí eso fue como el inicio de una gran revolución.

Fue algo más que nada simbólico.
Fue simbólico. Pero también es algo sobre lo que se quejaron los conchetos de la derecha, que decían “aah pero este gordo Billy Bond es un hijo de puta, mirá lo que hizo, nos cagó a todos, y ahora qué carajo hacemos, el rock and roll se murió…”

12Los diarios también te criticaron mucho, con titulares como “Hordas de Hippies Arrasaron el Luna Park”…
Los diarios, y también los músicos, los que eran conchetos.

¿Cómo quiénes?
No, no me hagas nombrarlos…Simplemente dividilos, poné de un lado a los que estaban conmigo, y del otro a los conchetos. Pappo no era, seguro. Alejandro (Medina) tampoco. Esos estaban conmigo. Los diarios comentaron, los conchetos comentaron, se enojaron conmigo, que “se acabó el rock and roll” y que “nunca más vamos a poder hacer nada”. Bueno, pasaron 46 años de eso y vos y yo estamos hablando de rock.

¿Y te acordás del antes del show? ¿Qué habías hecho ese día más allá de ir a la prueba de sonido?
No me acuerdo nada. Fumábamos tanto que ni sabía dónde estábamos.

Lo que me recuerda a cuando uno era chico y en conversaciones con mayores, decir “La Pesada” era sinónimo de drogas, peligro…
Justamente hoy estaba comentando eso, porque nosotros no podíamos comprar las drogas pesadas. Muchos músicos se murieron por la droga, pero porque tenían plata y usaban drogas pesadas. Nosotros éramos pobres. Tomábamos Pervitin. Era eso. Anfetaminas, o nos fumábamos un faso. A ver, ¿qué músico nuestro de rock de aquella época se murió por drogas?

Ninguno.
Ninguno.  ¿Vos te creíste que Tanguito se murió de sobredosis? No. Lo hicieron boleta. Pero ninguno murió por drogas. Sí, tomábamos ácidos, pero nada de cocaína inyectable, heroína o morfina. Si fuera hoy estaríamos todos muertos. Porque existe el crack, que es un veneno. Muy barato y muy agresivo. Pinchevsky hubiera durado un mes, y Medina estaría muerto. Y yo, también muerto.

Lo de La Pesada siempre me pareció un conglomerado de músicos muy democrático, donde prácticamente todo el mundo estaba invitado a grabar.
Es que no había egos. Pappo venía, tocaba y se iba. Otros hacían lo mismo. No había preocupaciones por no estar en tal o cual disco. Ahora son todos conchetos.

Todos quieren fama.
Todos quieren fama, compiten. Les chupa un huevo la música. Yo ahora estoy tocando con cuatro pibes de los que casi no sé los nombres, y así tenemos toda la tranquilidad del mundo posible. No le debemos nada a nadie. Ahora, cuando esto se empiece a convertir en un buen negocio…

Cuando empieza a entrar la plata…
Cuando entra la mosca…Muchos terminan matándose por eso.

8Tengo una duda existencial que no pienso perder la oportunidad de aclarar, y es sobre la parte en “La Operita” en donde aparece cantando Jorge Porcel.  ¿Cuál es la historia detrás de eso? ¿Estaba grabando en otra sala de los mismos estudios y se metió? ¿Lo convocaron Uds.?
Nada de eso. Lo que pasó es que nosotros éramos tan pero tan pobres, que teníamos que reciclar las cintas de grabación. Y “Tontos” fue un delirio, un suicidio artístico en respuesta a los músicos pelotudos, a los pelotudos de la prensa, y a los pelotudos en general. Tanto es así que la tapa del disco es roja, y cuando la abrís podés leer “colorín colorado, este cuento ha terminado” Me borro. Váyanse a la concha de su madre. Métanse el negocio en el orto. Por eso lo considero un suicidio artístico. Nadie que tenga la cabeza en su lugar hubiera hecho un disco así. Ahora bien, como buenos suicidas, lo hicimos bien. Nos cortamos las dos venas, no solamente una. Por las dudas, cosa que no falte nada…

¿Y lo de Porcel fue parte deliberada del suicidio, entonces?
Es que no teníamos plata para comprar cintas nuevas, entonces usábamos las mismas que habíamos usado antes.  Las cintas del primer LP de La Pesada no existen más porque les habíamos grabado arriba el Número 2. Entonces, por ejemplo, en el medio de todo ese mambo que fue “Tontos” apareció cantando Pajarito Zaguri, y lo dejé. Y de repente en esa cinta que usamos también apareció cantando el Gordo Porcel, y le pusimos una viola encima.

x17¿O sea que eso había quedado de antes en la cinta?
Estaba en una cinta vieja.

¡Aclarado, finalmente!
Bueno, eso es algo que no lo sabe nadie.

Ahora sí se puede saber.
Así como tampoco nadie sabe sobre el disco que grabé con Hugo y Osvaldo Fatorusso. Litto Nebbia lo copió la vida entera. A Hugo. Los acordes, todo. Fatorusso es un capo. Hay toda una tendencia de gente más fina que lo admira mucho. Y yo, que soy de una línea un poco más agresiva, que estoy del otro lado…

Del lado políticamente incorrecto.
Eso, del lado políticamente incorrecto, que había reventado el Luna Park y no sé qué, y entonces toda esa tendencia admiraba a un tipo que vivía conmigo. Osvaldo, que tocaba la viola, vivió 2 años conmigo aquí en Buenos Aires. Y Hugo tocaba el bajo. Y yo hice un LP entero con los dos.

Esto fue post Los Shakers, imagino.
Sí, bien post-Shakers. Antes que Hugo se fuera a los Estados Unidos. Y ese disco nunca se editó. Hay sólo dos canciones en el mercado, “Toro Campeón” y “La Gran Rabona”, con letras de Escardó, música de Hugo, y cantadas por mí.

¿Qué Escardó? ¿Florencio, el médico? ¿El que salía con moñito en la tele?
El mismo. ¡Mirá qué trío! Pero el disco nunca fue editado. Lo llevamos a la compañía Music Hall y no les resultó comercial. Yo era fuerte ahí, esto antes de La Pesada. Yo vendía mucho. La Pesada no vendía un carajo, 500 discos como mucho. Pero Billy Bond vendía mucho, yo era famoso. Cantaba en bailes para 3000 o 4000 personas. Y yo tenía mucha fuerza en la compañía, tanto es así que todo lo de La Pesada, Pappo, etc., lo hicimos en Music Hall. Yo estaba  a cargo de esa línea, y la línea de Microfón, que era Talent, con Pescado Rabioso y todo eso, la cuidaba Jorge Álvarez, porque yo no podía meterme con lo de Pescado Rabioso. Al principio estábamos todos juntos pero después cuando empezó a aparecer la plata, los bandos comenzaron a ponerse en su lugar. Como sea, ese disco nuestro nunca se editó.

¿Es lo que más lamentás que se haya perdido?
En realidad, te confieso, está todo perdido. No hay nada que no esté perdido.

15¿Qué hay de cierto sobre nuevas reediciones de los discos de La Pesada?
Sí, todos los de La Pesada se van a reeditar en vinilo, CD, y en plataformas digitales. Ya tengo todos los derechos. Pero no creo que salgan antes del año próximo.

Hablemos un poco de tu vida en Sao Paulo. ¿Cuánto hace que vivís en Brasil,  40 años?
Y, en Brasil soy poderoso. Ya llevo casi 45 años viviendo allí. Hicimos “Vida”, el primer disco de Sui Generis, hace 46 años. Después hubo tres más, y cinco de Pappo, así que ponele que me fui en el ’74 o en el ’75. Entonces llevo casi 45 años.

14Fuera de tu fase como productor allí, dirías que como artista la época más fuerte fue cuando integraste Joelho do Porco?
No, viene de antes. Yo fui el productor y director de Ney Matogrosso, el número uno del país.

A eso apuntaba, para terminar hablando de Ney.
Ney era el número uno. Estaba Dios, y Ney Matogrosso. Él ya estaba con Secos e Molhados, con quienes vendió 2 millones de discos. Y yo, es como que yo se lo robé a los brasileros, porque de alguna manera él terminó eligiéndome. Pero después uno de los pelotudos del grupo le dijo que el nombre Secos e Molhados era suyo, y que Ney era un boludo y que no funcionaba. Le cortaron las gambas. Ney se queda en banda, el grupo se desarma y pierden millones de dólares. Todo el mundo del mercado se puso loco por eso. Yo conocía a Ney de antes de Secos e Molhados, porque dos de los dos músicos que tocaban en el grupo eran argentinos. Uno era el contrabajista, Willie Verdaguer, y después estaba el baterista, Marcelo Frías, que había tocado en La Cueva. Cada vez que yo viajaba a Nueva York, antes paraba en Sao Paulo. Y en una de esas paradas me llevaron a uno de los primeros ensayos de Secos e Molhados, antes que grabaran. Y fue ahí cuando conocí a Ney. Solíamos andar bastante juntos, salíamos a  la noche a tomar cerveza…Y entonces cuando el grupo se separa, Ney me elige a mí. Dijo “lo quiero a Billy”.

neyY así fue como terminaste produciendo su primer disco solista.

Sí, lo hice yo. Se llamó “Água do Céu-Pássaro”. Es el disco que “mató”, que vendió una fortuna. Me quedé con Ney por 2 años seguidos, porque por entonces yo no sabía hablar portugués. Y después, cuando aprendí, monté Joelho de Porco. Al principio no querían aceptarme, no sabían nada de rock. ¡Y yo venía de producir a Sui Generis, a Pappo! Y en 6 meses era el grupo número uno.


Más allá de tus roles de músico, productor, o performer, como te gusta definirte, siempre fuiste un gran desmitificador. El primero de los mitos que negaste es que Sandro nunca cantó en La Cueva.

No, y por dos cosas muy simples. En los tiempos en que él venía a La Cueva, fue en la época de sus inicios, y la foto que él se sacó allí era una de publicidad para la CBS. Venía  a las 3 de la mañana a tomar whisky Smuggler mezclado con Añejo W. Nosotros pichicateábamos el whisky para que parezca más cantidad. La foto se publicitó diciendo algo así como “Sandro el Gitano abre La Cueva” En aquella época él todavía no vendía nada. Él llegaba  a La Cueva a esa hora con una gorda fea que era al menos 10 años mayor que él, se tomaba unos whiskys y cantaba unos boleros con un piano desafinadísimo que era una mierda. A esa hora, a 3 o 4 de la mañana, no había gente en el lugar. Éramos yo, mi mujer de aquella época, y alguno que otro más. Y la segunda razón muy clara que explica por qué Sandro nunca cantó rock and roll en La Cueva era porque ahí no había micrófonos. Entonces eso nunca ocurrió. Pero para ser justo, sí te digo que cantó rock and roll en la segunda Cueva, en la calle Rivadavia. Hay una foto de él conmigo cantando juntos en el mismo micrófono. Sandro nunca cantó rock en la primera Cueva.

x16También dijiste que La Pesada “no vuelve ni volvería, porque todos los regresos son para robar”
Sí. Creo que las vueltas son curros. Es gente que sabe que dice “bueno, estoy muerto, vamos a volver y ganarnos un dinero” En el fondo, la gente que se separa, lo hace por alguna razón. Por una pelea. Nadie deja de visitar a alguien siendo amigo o hermano. Entonces les va mal haciendo carrera solista y vuelven a juntar a la banda.

2Fuiste parte de las negociaciones de la visita de Queen a Argentina en 1981 ¿Alguna anécdota de cuando trabajaste en la visita de Van Halen en el ’83?
Ninguna anécdota. El negocio ya estaba establecido. Van Halen se compró y se trajo. El productor local era Alfredo Capalbo, y yo el de Brasil. Por eso yo hice Queen y Van Halen allí. Y salió como el orto. No metí más de 5000 personas en el Parque de Ibirapuera de Sao Paulo.

Insisto, ¿alguna vez te ofrecieron volver con La Pesada?
Sí, y hace 20 años que digo que no, por más que me ofrezcan la plata que me ofrezcan, porque sería un vuelto. Y yo no necesito de eso. Todas las cosas materiales que quiero tener,  las tengo. Pero lo que vale no es lo material. En definitiva, toda la gente que se acercó a la charla que di el otro día es mucho más fortuna que toda la plata de la gente que puede pagar para venir a verme cantar en el Luna Park. Y aparte yo no preciso cantar, no tengo esa necesidad. Con hablar ya está bien.

Fotos: Florencia Giuliana
Agradecimientos: Mónica Delfino (Prensa)

10 DISCOS ESENCIALES – THE ROLLING STONES “30 GRANDES ÉXITOS” (1977)

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Ante todo, permítaseme una sugerencia. Que a nadie se le ocurra preguntarme cuál es mi disco favorito de los Stones, porque sinceramente la pregunta se quedará sin respuesta. No me pidan opinar sobre una obra integral que comprende ya…uff, más de 56 años de carrera. ¿Que si alguna vez lo intenté? Muchas. Pero siempre con el mismo resultado, el de optar distraerme con cualquier cosa ante la chance de hacer un esfuerzo inútil. Tal vez sí pueda atreverme a decir cuál es mi era favorita, a lo que sin titubeos responderé que la de los ’60, y sólo poque creo que sin los años junto a Brian Jones no hubiera sucedido nada de lo que vino después. Y también porque las etapas más embrionarias de cualquier tipo de artista siempre me resultaron las más interesantes. Por lo que a la hora de elegir un disco stoniano que haya sido parte fundamental de mi vida me decido por el que fue el primero que compré. O, en todo caso, que me compraron. Y vaya debut, entonces. Aquí están 30 de sus más grandes canciones divididas en 2 LPs. 8 por lado en el disco 1, y 7 en cada cara del disco 2. Del ’64 al ’71, y respetando el orden cronológico. De “Not Fade Away” a ‘”Brown Sugar”, 30 GREATEST HITS (que aquí se conoció como 30 GRANDES ÉXITOS) fue editado por el sello ABKCO en 1977, y oportunamente lanzado también en Argentina en el mismo año. Me resulta imposible acordarme de dónde lo adquirí, pero casi seguro fue en una disquería de Flores, o bien en un local de canje de libros, revistas y discos usados del mismo barrio al que solía visitar todas las semanas. Pero sí recuerdo que, siendo yo todavía muy chico, al ver los seis miembros del grupo en la tapa, pensé que se trataba de un sexteto. Por suerte me di cuenta de mi error a los pocos días.

ROLLING STONES: A 36 AÑOS DE LA EDICIÓN DEL ÁLBUM ‘TATTOO YOU’

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Un día como el de hoy, pero hace 37 años (otros dicen que fue el 27 de agosto), se editaba TATTOO YOU, álbum stoniano no. 16 lanzado en el Reino Unido, y no. 18 en USA. Para entonces los Stones necesitaban hacer un disco nuevo que les permita tener una buena excusa para salir de gira. El que lo precedió, Emotional Rescue (lanzado apenas el año anterior) había tenido poca suerte a nivel comercial, por lo que de esa manera ahora podían salir a presentar dos discos de estudio a la vez.
3Tenían algunas nuevas canciones escritas, pero el tiempo era tirano y había que hacerlo rápido, por lo que a la dupla Jagger/Richards se le ocurrió salir a revisar demos y partes sueltas de canciones que habían quedado de viejas sesiones de grabación desde 1973 en adelante, y así finalmente eligieron dos que databan de los años de Goats Head Soup (“Tops” y “Waiting On A Friend”), otras dos de Black and Blue (“Slave” y “Worried About You”), tres de Some Girls (incluyendo “Hang Fire” y el megahit “Start Me Up”, que originalmente tenía ritmo de reggae), y cuatro más que habían sido pensadas para el mencionado Emotional Rescue. Mick agregó algunas nuevas pistas vocales, a lo que se sumó la participación del legendario Sonny Rollins en saxo, y con todo eso los Stones finalmente tuvieron su nuevo disco listo y pronto, el mismo que les permitió hacer dos extensas giras presentación (USA 1981 y Europa 1982), y que también fueron las primeras en la historia del grupo que le generaron ingresos millonarios.

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10 DISCOS ESENCIALES – CHUCK BERRY “ROCKIN’ AT THE HOPS” (1960)

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¡Mi primer disco de Chuck Berry! A decir verdad, el primero que compré en vinilo. Hasta aquel momento tenía casi todo lo que Chuck había registrado, pero en cassette (toda una antigüedad, ¡pero qué lindo sonaban!…amén de haber sido en su momento un fiel soldado de las milicias del walkman y haberme gastado medio PBI de Noruega en pilas…) Digámoslo así, antes del arribo de la cultura digital, y su canilla abierta a casi todo, los discos de Berry eran un tanto difíciles de obtener en el país. Había que ir a disquerías especializadas y, en el mejor de los casos, te los grababan a cambio de un precio razonable. O bien el destino te llevaba a hacerte amigo de alguno de esos disqueros y te los terminaban grabando de onda, a lo que tampoco logré resistirme. A lo que se agrega una nueva página: como muchos de sus contemporáneos, aquellos arquitectos de la cultura del RnR de mediados de los ’50s, Berry tenía pocos álbumes de estudio. Lo más común de todo era la cultura del single (o simple, si les gusta más) Uno tras otros, según los dictados de la industria, lo que derivaba en una o varias recopilaciones (en el caso de Chuck, fueron muchas) a las que iban terminando a parar todas esas canciones que se editaban de a dos. Por lo que a los 20 años yo todavía era un ansioso (y ergo, fracasadísimo) consumidor de Chuck Berry que todavía no lograba saciar su instinto. Fue precisamente cuando hace ya bastante tiempo, en ocasión de un viaje de vacaciones a Rio de Janeiro junto a unos amigos, me dirigí a la (hoy desaparecida) disquería Modern Sound, en la clásica avenida Barata Ribeiro de la ciudad carioca. Modern Sound era “la” disquería de importados en Brasil, con alguna que otra que le hacía la competencia en Sao Paulo. Pero Modern Sound las superaba a todas en caudal. Un palacio de vinilos importados a diestra y siniestra capaz de dejar boquiabierto al más insaciable de los buscadores de buena música. Y también de frustrarme, como aquel último día de mi estadía cuando me dirigí al sitio en cuestión con apenas unos reales (o cruzeiros, por entonces) y encontrarme con no menos de veinte LPs por los cuales me babeaba descaradamente. Recuerdo haber visto no menos de 10 o 12 de Berry, pero mis fondos de aquel momento (reitero, fue al final del viaje) no me permitían comprar más de uno, y tal vez agregar alguna edición local brasilera de menor precio. Sin titubeos, el elegido fue el maravilloso Rockin’ at the Hops. Y no sólo por ser uno de los pocos discos integrales de estudio que editó (lejos de los singles o recopilaciones), sino que también, como la historia lo supo detallar ampliamente, era uno de los discos que Jagger llevaba debajo de su brazo el famoso día de su reencuentro con Keith Richards en la estación de trenes de Dartford en 1961. Así las cosas, tras contar las monedas que me quedaban, literalmente, terminé haciéndome de tal magnífica pieza, a lo que agregué la edición brasilera de Knocked Out Loaded de Dylan, que se había lanzado recientemente. No me voy a extender mucho sobre el disco porque para eso están las canciones que lo componen (ni tampoco esta vez me sobra el tiempo para hacerlo), pero desde aquí invito a todo degustador a hacer un recorrido por las doce canciones que componen a este disco originalmente publicado en 1960 (seis por lado), y grabado durante la era Chess Records, desde “Bye Bye Johnny” hasta “Let It Rock”, las mismas que, oh casualidad, han integrado el repertorio stoniano, y de tantos más, por décadas.
Y como si todo esto fuera poco, un capítulo más. Rockin’ at the Hops fue el disco que Berry me firmó en su primera visita a Argentina, en 1993 (y cuya imagen ilustra este comentario) Anécdota la cual invito a todo interesado/a a repasar en esta nota que escribí en ocasión de la muerte del más influyente de los padres del rock’n’roll, en marzo del año pasado. Enjoy.
https://sonaglioni.wordpress.com/…/papito-chuck-el-padre-d…/

10 DISCOS ESENCIALES – BLONDIE “EAT TO THE BEAT” (1979)

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Descubrir semejante disco a los 12 años de edad no tiene precio, y más si era en la (hoy por hoy extinta) disquería de importados Boing-Boing en el barrio de Flores, a cuyos vecinos melómanos nos tenía maravillados semana tras semana cual caja de sorpresas. Se trataba simplemente de entrar y encontrarse con decena de cajas con vinilos apiladas esperando a que alguien se apiade de ellos. Y entre esos estaba yo, claro. Recuerdo haberme llevado tres discos ese mismo día: “Face Dances” de los Who, “Wave” de Patti Smith y, por supuesto, Eat to the Beat, que iba a terminar resultando una de las mejores elecciones de mi vida. Los que lo conocen saben de qué estoy hablando. Cuarto disco del grupo, el que los sitúa en el punto de balance exacto entre Parallel Lines (el que lo precedió) y Autoamerican, que se editaría al año siguiente. Esto es ni más ni menos que Blondie a punto de caramelo, a pesar de los favoritismos que suelen inclinarse por sus trabajos anteriores. Describir Eat to the Beat mediante palabras resulta un ejercicio insuficiente. Empezando por su hermosa tapa y contratapa con los seis integrantes del grupo en rabioso blanco y negro (tres en cada cara, a cargo del fotógrafo Norman Seeff, quien había hecho las fotos de la contratapa “Hotter Than Hell” de Kiss unos años antes), y con esa mirada de Debbie Harry tan difícil de olvidar. Por el resto, en cuanto a lo musical, Eat to the Beat es uno de esos álbumes de eterna frescura en su permanente despliegue de rock, pop, disco y new wave, y fiel a la era en que vio la luz, absolutamente bailable. Y si bien a esa altura del partido al sexteto Harry/Stein/Destri/Harrison/Infante y Burke no le quedaba por demostrar lo buenos que ya eran por entonces, pocas veces en la vida se puedan superar canciones como “Dreaming”, “Accidents Never Happen”, o dejar de sacudirse hasta la hemiplejia con “The Hardest Part”, “Atomic” (no hacía falta esperar al cover que aparece en “Trainspotting”) o “Die Young Stay Pretty”. Mientras que ningún ser humano que se precie de contar con un oído delicado logre difícilmente resistirse a la dulzura de “Shayla”. Dejo para el final a “Slow Motion”, tal vez mi canción pop favorita de todos los tiempos (nunca el sonido de los ’60 estuvo tan bien representado) Por su frescura, por su buen gusto, por la voz de Debbie, y sobre todo porque en lo personal, es la que más vivamente mantiene el recuerdo de mi mamá, que amaba a esta canción más que nada en el mundo (si bien fue la más fiel escucha de todos mis discos a medida que iba creciendo, y que solía amarlos y conocerlos tanto como su dueño) Nada puede trasportarte a un lugar y a un sentimiento en particular como el poder de una melodía. “Slow Motion” me sigue permitiendo sentirla cerca como ninguna otra canción, y verla sonriendo junto a mí después de estos más de 6 años de no tenerla físicamente conmigo. Y que también fue quien me compró Eat to the Beat en aquella disquería del barrio de Flores que tantas alegrías me trajo.
Un dato más: a no perderse el homevideo del álbum que la banda lanzó por entonces (más tarde editado en formato DVD junto a la reedición el disco), que incluye promos de todas y cada una de las canciones del disco. O buscarlas en YouTube, no hace falta decirlo. Enjoy.

10 DISCOS ESENCIALES – BOB DYLAN “STREET-LEGAL” (1978)

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Ante nada aclarar que éste fue, es y será mi disco de Dylan “de culto” favorito por excelencia. Nombrar mis discos preferidos de Dylan me resulta tan imposible como hacerlo con los de los Stones. Considero a ambos artistas parte de una obra íntegra que poco tiene que ver con cada trabajo en particular, por lo que a cualquiera que se le ocurra preguntarme esto alguna vez, no me quedará más remedio que decepcionarlos y cerrar el diálogo con una cálida sonrisa. No es fácil elegir discos predilectos de uno, pero sí siempre vale la pena hacer el esfuerzo y entonces referirse (reitero, a regañadientes) a esos que más te marcaron, con los que creciste o seguís creciendo y, más específicamente, esos que nunca pero nunca pudiste dejar de escuchar desde aquella primera vez en que los descubriste. Así las cosas, descubrí a Street-Legal (un juego de palabras que determina cuando un vehículo cumple con los requisitos necesarios para circular por determinadas calles, sobre todo en las zonas más transitadas y/o comerciales de las grandes ciudades) apenas terminaba la escuela primaria, apenas unos años después de su edición original. Porque si de algo me enorgullezco es de haber empezado a escuchar música muy prematuramente, lo que me permitió sacar cierta ventaja y ganar mucho tiempo a la hora de poder disfrutarla. A lo que agrego que, dentro mi eterna fascinación con las canciones, sus creadores y su contexto (que me resultan tan necesarios para sobrevivir como la alimentación, e incluso diría más), también se me torna muy difícil explicar esto de las emociones que te pueden producir. Por eso, para empezar a hablar de este disco hay que referirse primeramente a las emociones. Porque es ante todo un disco que apunta a los sentimientos más profundos, potenciados por un Dylan que decide desnudar su corazón tras varias tormentas amorosas (si bien no tanto como en discos como Desire o, claro, Blood on the Tracks, su más claro ejemplo) Y si es por referirse a la emociones, ¿quién mejor que uno de los letristas más destacados de todos los tiempos para plasmarlas? Por si todo esto fuera poco, Dylan también se ocupó de acompañar esa catarata de sentimientos, por momentos de los más desgarrados que puso sobre una hoja, con sonidos de belleza irrestricta. Fiel a su estilo de ir contra la corriente, y en plena era “disco”, Dylan arremetió con un trabajo sin precedentes en su carrera. Y recurriendo a buena parte de la “creme de la creme” de los sesionistas que pudo encontrar para la ocasión. Nunca antes se escuchó tanto saxo y trompeta en ninguno de sus trabajos, ni siquiera de cerca, que en Street-Legal cumplen un rol fun-da-men-tal, y son esos instrumentos entonces, sumados a los bellísimos coros gospel a través del álbum (¡por Dios!, nunca mejor dicho…), que convierten a su disco No. 18 en un trabajo esencial. Y que deliberadamante habrá apuntado a que tenga cierta difusión en las FM de aquella época, porque ese sonido así lo habilitaba. ¡Es que Dylan nunca cantó tan lindo! Desde el comienzo con la bellísima “Changing of the Guards” y toda su poesía bizarra (que llevó a muchos de sus fanáticos más fundamentalistas a complicarse la existencia tratando de decodificarla), el blues de “New Pony” (con un magnífico solo del guitarrista Billy Cross), “No Time to Think” (superando la barrera de los 8 minutos, y en ritmo de minué), y la hermosísima “Baby Stop Crying”. Pero el verdadero plato fuerte empieza con el lado B (porque soy un fiel defensor de la era en que los discos eran editados y planificados así) y “Is Your Love in Vain?”, que tal vez sea la balada más hermosa alguna vez compuesta (digámoslo así) y, a mi entender, con la más profunda de todas las letras del álbum (“Muy bien, me voy a arriesgar, voy a enamorarme de vos…¿Estás lista para arriesgarlo todo, o es tu amor en vano?”, y demás preguntas que muchos todavía seguimos haciéndonos) La segunda del lado 2 es “Señor (Tales of Yankee Power”), acaso la canción de más aproximamiento al período introspectivo religioso que Bob atravesaba por entonces, e inagurando la etapa que continuaría con los discos Slow Train Coming, Saved y Shot of Love. La catarata melódica sigue en “True Love Tends to Forget” y “We Better Talk This Over”, antes de cerrar con “Where Are You Tonight? que entre tanta letra dedicada a sus contrapartes amorosas, incluye su más claro guiño a la dualidad geminiana que tantó lo benefició como lo atormentó a lo largo de su existencia (algo que los geminianos entendemos muy bien) cuando dice “luché con mi gemelo, el enemigo interior, hasta que ambos caímos”.
Y un dato más: en lo posible sugiero conseguir la versión remasterizada que se editó en 1999, con un cambio radical en el sonido general del disco, y también con unos minutos más de duración sobre el final de “Changing of the Guards” como bonus.
Si amás Street-Legal tanto como yo, ya sabés que vamos a poder entendernos mejor…

EN MADRID, CON ALEJO STIVEL “YO ERA UN ANIMAL”

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Publicado en Evaristo Cultural el 3 de mayo de 2018

Menuda manera de Alejo Stivel de recibirme en el living de su departamento. Son cerca de las 18 hs. de una tarde otoñal madrileña y lo primero que me encuentro al entrar a su hogar son dos gatas blancas, gordas y bellas (Mirta y Rebeca) que me observan de manera seductora apostadas sobre el cabezal del sofá, y a las que Alejo no dejará de mimar hasta lo imposible a lo largo de la entrevista. Por el resto, estamos rodeados de todo lo que se supone tenemos que estar rodeados en el hogar de un artista de rock y productor musical de mil historias. Hay una estantería  inmensa repleta de vinilos, cintas de video y DVDs en sana convivencia con unos buenos racks de equipos de audio, y una fonola auténtica que ahora está apagada, al igual que el semáforo que está del otro lado, no muy lejos del almohadón que reza “like a rolling stone”. Y varios posters enmarcados en las paredes, entre los que se destacan un retrato de Joni Mitchell, otro con la portada del disco “Sticky Fingers” y un tercero con una foto del afablemente salvaje escritor y periodista Hunter S. Thompson, en cruel blanco y negro, más una camiseta enmarcada de la Selección argentina con el número 10 firmada y dedicada por, claro, Diego Maradona. También hay una mesa ratona grande sobre la que descansan varias pilas de libros, y entre los que sobresale uno de puteadas en idish. Y dos sillas de barbero originales enfundadas en cuero rojo sobre las que al entrevistado le gusta retozar. 

prensa - 1Alejo continúa promocionando “Yo Era Un Animal”, su nuevo  álbum de estudio, editado en septiembre pasado, y segundo trabajo solista de su carrera tras el disco de versiones “Decíamos Ayer” lanzado en 2011, pero el primero de canciones enteramente propias (“con la ilusión de un principiante, es como si fuera el primer disco de mi vida”, señala) El título bien debería tomarse como una declaración de principios de una vida suficientemente intensa cuya línea de largada bien podría comenzar en la Buenos Aires de  1976 cuando, en plena adolescencia, tuvo que vivir de cerca la muerte de su padrastro (el escritor, poeta y periodista Francisco “Paco” Urondo , a quien Alejo define como “mi segundo padre”) quien tras haber optado por la lucha armada, fue asesinado por las fuerzas de la dictadura militar argentina, lo que terminó llevando a los Stivel a emigrar a destinos más serenos. Fue cuando arribaron a España, casi paralelamente a los Rotenberg, familia que incluía a Ariel (Rot), su amigo de la infancia, y con el que ahora, en la nueva tierra que los albergaba, formaría Tequila, el combo hispano-argentino que enhorabuena salvó al rock en español a fines de los ’70, para luego convertirse en un triunfante productor discográfico con más de 200 producciones a cuestas. Lo que a grandes rasgos resulta la vida de aquel animal que pudo haber sido cierta vez, pero al que al mismo tiempo la gacetilla de prensa de su nuevo disco, en el que vuelve a reinventarse, prefiere dejar en claro que “no sabemos qué pacto hizo esta vez Alejo con Lucifer, pero este disco va cargado de magia negra” Y todo mientras Mirta y Rebeca, galantemente, nos siguen mirando de reojo.

Como para ir rompiendo el hielo, ¿qué hace esa camiseta de la selección argentina firmada por Maradona enmarcada en la pared?
Cuando hicimos “19 Días y 500 Noches” con Joaquín (Sabina, el álbum que Stivel produjo en 1999), yo estaba buscando apoyo para el disco, y entonces llamé a mi cuñado Jorge Guinzburg, y le pedí que metiera a Joaquín en uno de sus programas, ya que en esa época estaba haciendo “La Biblia Y El Calefón”en la TV argentina, y entonces me dijo que sí. Pero yo le pedí que me haga un programa “guapo”, porque iba a llevar a Joaquín hasta allí. Fuimos especialmente desde Madrid a grabar ese programa. Y los otros invitados esa noche eran Maradona, Charly y Graciela Alfano. Y después nos fuimos todos a cenar a casa de mi hermana Andrea, fue una noche fabulosa. Y fue ahí cuando Diego me firmó la camiseta.

¿Y esa foto de Hunter S. Thompson?
Es una autofoto. Fue sacada de una exposición. Luego de morir, después que se suicidó, Johnny Depp, que se había hecho muy amigo de él cuando hizo la película “Miedo Y Asco En Las Vegas”, organizó una exposición de fotos en Londres para recaudar guita para la viuda. Los dueños de la galería, la Michael Hoppen, que queda en Chelsea, son amigos míos, y me regalaron esa foto.

Yendo a tu infancia, siempre me resultó confusa tu historia paternal. Sé que sos hijo biológico de David Stivel que, por supuesto, fue un renombrado escritor, productor y director de cine y televisión en Argentina. ¿Cómo es entonces que siempre se habla primeramente de Paco Urondo? ¿Y ya que estamos, acaso tuvieron ellos influencia en tu carrera artística?
Es que yo tengo dos viejos. Está David, pero Paco es tan o más papá que David. Y sí, los dos tuvieron mucha influencia en mi carrera, si bien cuando matan a Paco yo todavía no la había empezado. Y cuando finalmente empecé mi carrera aquí, mi viejo ya vivía en Colombia, así que casi no lo veía. Su influencia fue más que nada en mis años de formación como persona, y no como artista. Más que nada por lo que yo veía de ellos, porque sobre todo yo mamé de ellos, y también de mi vieja, claro (la actriz Zulema Katz) Y también de todo su entorno, de todos sus amigos. Por mi casa pasaba una cantidad de gente talentosísima, que para mí eran una especie de tíos, de los cuales yo no sabía de la dimensión que tenían como artistas.

Eras todavía muy chico.
Claro. Actores, escritores…que me transmitieron muchas cosas que me quedaron dentro.

Me hace acordar a la anécdota que me contó Ariel (Rot), de cuando una noche, por estar durmiendo, se perdió la visita de Vinicius a la casa de sus padres.
Bueno, a mí no me mandaban a dormir, siempre me dejaban quedarme. Siempre contaban conmigo en las reuniones, y ahí aprendía muchísimo.

Tengo entendido que ya pensaban en formar una banda.
Sí, ya teníamos la idea en la cabeza de formar un grupo desde antes. Incluso teníamos algunas canciones que salieron en el primer disco de Tequila.

¿Cómo cuáles?
“Abre El Día”, “Nena Qué Bien Te Ves”, o  incluso “Necesito Un Trago”. Ya las habíamos compuesto en Buenos Aires. Y las compusimos con nuestras guitarras criollas, porque todavía no teníamos guitarras eléctricas, o era que las que teníamos eran de esas de marcas truchas. Llegamos aquí, y a Ariel le compran una Gibson SG. Y en cuanto a mí, Norman Brisky le pidió a un amigo que viajaba a New York que me traiga una Stratocaster, que le pagué tras juntar la guita laburando. Por ese entonces había muy pocas guitarras en Buenos Aires. Incluso recuerdo que una vez Spinetta le prestó la Fender Stratocaster a un amigo mío que era compañero de colegio, del Juan María Gutiérrez. Se había corrido la voz de que un pendejo tenía una “Strato” y se la pidió prestada, imaginate.

¿Podrías decir que de alguna manera los motivos que llevaron a los Rotemberg y a tu familia a venir a España fueron similares? ¿Era algo que se acordó previamente entre ambas familias?
Sí, casi vinimos juntas, apenas con una diferencia de 15 días. Hubo una reunión en casa de los Rotenberg a la que fuimos con mi mamá. Sabíamos que había que irse, y se decidió conjuntamente venir a España.  Mi mamá tenía en verdad más amigos en México, en Perú, en Cuba, en Venezuela, pero un poco también fue decidido así para que ambos tuviéramos un amigo cerca. Pero bueno, no fueron los mismos motivos. Ellos vinieron porque la situación estaba muy mal, pero en mi caso fue algo mucho más extremo, porque el ejército mató a mi viejo, y tuvimos que salir corriendo. Era algo más comprometido.

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Los Tequila a pleno, allá Ariel Rot, Felipe Lipe, Manolo Iglesias, Julián Infante y Alejo.

Ariel me dijo que vos cumpliste un rol fundamental en introducirlo al rock and roll, sobre todo cuando le hacías escuchar discos de los Stones.
La verdad, tengo muy mala memoria y no recuerdo eso. Pero nosotros ya éramos amigos de chicos, y escuchábamos juntos todo lo que aparecía, incluso Rock Progresivo, y un día alguien me prestó “It’s Only Rock N’Roll” de los Stones, o será que lo vi en casa de un amigo, y me dije que había que volver a las fuentes.

Ariel da como comienzo de todo eso el día que fueron al cine a ver la película “Gimme Shelter”
No lo sé, porque la fuimos a ver muchas veces. Fuimos a ver “Gimme Shelter”, “Woodstock”, por supuesto, y también “Mad Dogs and Englishmen” de Joe Cocker. Íbamos al cine Arte, y encima a la trasnoche. Y teníamos 12 años. Básicamente el que iba era yo, porque los padres de Ariel eran más estrictos que mi vieja, y la única manera en que lo dejaban salir era si después se venía a dormir a mi casa. Y también salíamos a caminar por Av. Corrientes.

Y también iban a conciertos.
Y también conciertos, sí. Vi a Manal en Mar del Plata, me había llevado mi vieja, que en ese momento estaba haciendo teatro allí. Calculo que habrá sido en el verano del ’68, o el del ’69. Fue uno de esos dos años.  Con lo cual yo tenía 8 o 9 años de edad. Esa noche habíamos ido al Teatro de la Comedia a visitar a otra actriz amiga de mi vieja, Elsa Berenguer, y nos metimos en los camarines. Por su parte, antes de que tenga el sello, Jorge Álvarez había abierto un local que se llamaba Mandioca. Era algo que había abierto sólo por ese verano. Un lugar muy rústico. Las mesas eran ruedas con una tabla encima, y los asientos eran ruedas de camiones donde te sentabas. Pero una vez llegó la policía y le cerró el local en dos segundos. Y entonces le pidió al dueño del teatro si no podía hacer los conciertos ahí. Manal, Vox Dei…tocaban ahí antes de la obra de teatro, que empezaba tarde, como a las 11 de la noche. Que tampoco se llenaba mucho, ya que el teatro habrá tenido 200 localidades, y nunca se llenaba más de la mitad. De hecho yo conocía a Jorge antes que entrara en la música, porque tenía una editorial de libros, y Paco, mi viejo, los editaba a través de él. Y yo también iba a esa librería. Recuerdo haber ido al cóctel de cuando se lanzó el primer número de Mafalda. Pero volviendo al teatro, esa noche me senté a ver al grupo que tocaba, tras la sugerencia de mi vieja. Yo ni sabía quién tocaba. Más tarde me enteré que era Manal. Después de todo eso, Marilina Ross, que era del grupo de amigos de mi familia, y que era muy fan de la música, me llevó a ver a Arco Iris al Teatro Provincial, a Vox Dei al Hermitage, y también a Sui Generis, antes que grabaran su primer disco, cuando fueron teloneros de Pedro y Pablo. Y después también estuve en la presentación de “Vida” en el Ópera, que fue un domingo a la mañana, porque en aquel entonces se hacía en esos días. Y así también vi a Pescado Rabioso en el Teatro Olimpia, que ya no existe más, que estaba en la calle Sarmiento. En aquella ocasión tocaron 10 o 15 días seguidos en el teatro, durante las vacaciones de invierno,  y a la 1 de la mañana. Yo por entonces tenía 12 o 13 años. En esa época no veías a pibes chicos en los conciertos, como es ahora. Eran todos de veintipico y con barba. Había ido con mi hermano Javier Urondo. Ese es el concierto que después apareció en la película “Rock Hasta Que Se Ponga El Sol”

stivel joven¿Cuánto creés que tuvo que ver toda esa escuela de música que traían incorporada de Buenos Aires en la formación musical de Tequila?
Todo. Los miembros de la banda que eran españoles (Julián Infante, Felipe Lipe y Manolo Iglesias) no conocían nada. Pero bueno, empezamos a hacer canciones totalmente inspirados en esta gente. Spinetta, Sui Generis, Pappo, La Pesada, Vox Dei…

Que de por sí es algo que se nota mucho en el primer disco de Tequila.
Sí, pero en cada uno de los discos metíamos alguna versión de una canción de rock argentino. En el primero está “Las Vías Del Ferrocarril”, y en el segundo hicimos “Mr. Jones” y “Rock del Ascensor”. En el tercero no hubo ninguna, pero en el cuarto está “Necesito Un Amor” de Manal.

Si bien Ariel siempre fue muy de referirse a Tequila cuando lo entrevistaban y lo indagaban sobre su pasado, en general nunca vi que te refirieras mucho al grupo.
Es que tampoco hice muchas entrevistas cuando me dedicaba a la producción. No estaba front line.

Bueno, si te parece,  creo que éste sería un buen momento para hacerlo.
Sí, por supuesto. Yo tenía especial debilidad por Manolo, porque era un tipo muy peculiar y muy noble. Un poco simple, quizás, pero con una personalidad muy graciosa. Alguien muy curioso. La verdad, me llevaba muy bien con él. Con Julián también, pero tal vez un poco menos, si bien era un tipo muy divertido, con mucho sentido del humor. Pero con Felipe era una relación más débil.

rot y stivel hoy

Rot y Stivel hoy, en Madrid.

Algo que no te tocó vivir exclusivamente a vos.
No, claro. Pero Manolo tenía un corazón de oro, lo pasábamos muy bien. Manolo era muy demente. Era el  único que a veces faltaba a los lugares que íbamos porque se quedaba durmiendo no sé dónde, y no se levantaba. Era el más tarambana. Siempre con sus historias “de la mili”. Aquí en España hay un cómic que se llama “Historias De La Puta Mili”, por el servicio militar. Y Manolo, como a todos los que han hecho el servicio militar, sus vidas habían estado muy marcadas y cambiadas mientras les tocaba, un poco como si hubieran tenido que ir a la guerra. Y él tenía mil historias del servicio militar muy divertidas.

Siempre me pregunté el motivo por el cual Tequila, si bien tuvo una carrera corta, nunca fue a tocar a Argentina. Y terminé respondiéndome que habrá sido ni más ni menos por la situación de la dictadura que reinaba en el país por entonces. No hace falta que te diga lo importante que hubiera sido que una auténtica banda de rock and roll literal de la vieja escuela de Chuck Berry y los Stones como Uds. lo hubiera hecho, y de paso salvándonos de muchas cosas que vinieron después
.
Desde ya, no fuimos por el quilombo militar, muy claramente. Tequila tenía mucha influencia de los Stones, además de inspirarnos en ellos, pero no éramos “rolingas”, éramos otro tipo de banda.

En todo caso “rollingstonianos”, que los hubo muy pero muy pocos en Argentina… Y en cuanto a Uds., pienso que hay apenas una elite que los conoce, siempre refiriéndome a allí.
Claro, sí. Tengo un amigo dueño de una productora muy importante en Argentina que siempre me dice que soy “el eslabón perdido del rock nacional” Porque Ariel sí es conocido en Argentina, ya sea por Los Rodríguez, o por su carrera solista. Pero a mí no me conoce nadie. Mi disco anterior pasó por allí sin pena ni gloria, y todavía no sé si el nuevo se va a editar allí.

Bueno, pero vos hiciste toda tu carrera aquí en España, y un productor siempre resulta más difícil de hacerse conocer que un músico.
Sí, pero él lo dice también como artista. Porque estuve en un grupo que fue muy importante, y porque en el fondo lo que hacíamos era rock argentino.

Ya que estamos, ¿quedó material de Tequila sin editar, fuera de aquellas cuatro canciones que aparecieron en la recopilación póstuma “Tequila Forever”?
Esas eran canciones que fueron “maquetas” del que iba a ser nuestro disco siguiente, y que es algo que finalmente no ocurrió. Y después debe haber alguna cosa suelta que yo debo tener grabada en cassette en alguna parte. Habíamos hecho una versión de “Tema De Pototo (Para Saber Cómo Es La Soledad)”, que yo quise que esté en “Confidencial”, pero no entró. Y creo que no hay nada más. Incluso en un momento yo quise remezclar los discos, para actualizarlos un poco, pero borraron las cintas, porque  la compañía grababa encima de otras para ahorrar dinero.

¡Qué pecado! Algo que también sucedió mucho en Argentina con el material de TV antiguo.
Claro, como “Cosa Juzgada”, el programa de mi viejo, que fue borrado adrede.

Claro, pero ahí se trató de otras circunstancias.
Sí, políticas.

prensa -3¿Cómo fue ese salto de músico a productor?
Antes de producir discos, producía jingles. Al poco tiempo de que Tequila se separase, un amigo abrió una productora de jingles con estudio propio, y me propuso trabajar ahí. Y yo me dije, “bueno, voy a hacer esto un rato”

¿Eso fue cuando hiciste lo de Nacho Cano?
Sí. Pasa que tampoco es que él sea muy conocido en Argentina.

Sí que lo es, pero no masivamente.
Bueno, pero en el único país de América Latina en que Mecano no triunfó fue en Argentina. Sí les fue muy bien en México, Perú, Chile, Venezuela, Colombia, Puerto Rico…pero iban a Argentina y no pasaba nada. Y creo que se quedaron con la espina, porque les hubiese gustado que fuera así. Entonces hicimos muchos jingles con la productora, y nos fue muy bien, pero en un momento dado, toda esa experiencia de hacerlos, que es como una escuela brutal de grabación, me llevó a producir varios discos de artistas, con los que no pasó mucho. Yo ya estaba cerca de los 30, ya no era ningún pendejo, y en un momento empezó a funcionar, hasta que terminó yéndome muy bien.

Como en el caso de “19 Días Y 300 Noches” de Sabina, y el disco de La Oreja de Van Gogh. ¿Y también con Jarabe de Palo, ¿no?
No, con Jarabe de Palo lo que hice fue meterlos en una publicidad de una tabacalera de España, en la que hice la producción ejecutiva para la empresa, y gracias a eso terminaron pegando mucho. Pero sí hice la producción del disco de Sabina, del de La Oreja De Van Gogh , el de El Canto Del Loco, que es un grupo muy fuerte aquí…

Que fueron discos que vendieron mucho.
Sí, pero después hubo muchos otros que vendieron una cifra media que ahora sería una brutalidad, como los de M-Clan. Y el de La Cabra Mecánica, “Vestidos De Domingo”, que es un disco maravilloso. Es como Sabina, pero de otra generación. Tiene ese nivel.  No sé, produje más de 200 discos.

Y también produjiste a Claudio Gabis.
Sí, tenía un trío en la escuela donde daba clases, en la Escuela de Música Creativa, junto a los hermanos uruguayos José San Martín, y Juan San Martín. Me dijo que quería hacer un disco de blues, pero yo tenía muchas dudas de hacer un disco de blues instrumental. Yo siempre tuve un concepto como productor…Digo, la palabra “comercial” está muy gastada y tiene muy mala prensa, pero en cada proyecto en el que me metía me gustaba aplicarle el potencial más fuerte posible de comunicación. Digámoslo así, porque si no suena como que uno está abaratando la música para que se venda, y esa no era mi intención. Yo tenía un amigo que era director de Sony y que decía todo lo contrario, “si vende, es bueno”. Y entonces se me ocurrió lo de hacer un disco de canciones históricas del rock argentino cantas por otros nombres grandes de la misma escena, y acompañados por la banda, que es como lo que hizo Santana cuando grabó ese disco con todos esos cantantes. Llamamos a Mollo, a Fontova, a Fito, Charly, a Calamaro, a Gieco, a Claudia Puyó, aAlejandro Medina, y algunos de aquí.

¿Me equivoco o fue el único disco de un músico argentino que te encargaste de producir?
No, también hice uno con La Mosca, que me lo había encargado el presidente de EMI. OK, tal vez sean algo muy especial, pero son muy trabajadores y no tienen para nada el halo ese del rockero argentino peliculero. También le hice el primer disco a Daniela Herrero, del que su canción de difusión terminó siendo el tema más “radiado” del año. Y también el de Airbag, que tocan y cantan muy bien. Tuvimos nuestros dimes y diretes, porque yo quería que hicieran algo más moderno y ellos eran muy fans de Bon Jovi y querían hacer un rock muy clásico, pero son grandes músicos. Y seguramente me estaré olvidando de otros discos.

De todas formas pasaste la mayoría de tu vida aquí en España, por lo que es entendible que hayas trabajado casi exclusivamente con artistas locales. ¿Volviste a vivir a Argentina en alguna oportunidad?
Sí, volví a vivir allí en el 2013, cuando quise sacar mi primer disco, que había salido aquí en el 2011, y me quedé un par de años. Pero intenté hacer una carrera allí, fracasé, y entonces me volví.

Ese disco, “Decíamos Ayer”, era un álbum de versiones (Moris, Sabina, Serrat, Radio Futura, Silvio Rodríguez, Burning, etc.) pero que también incluyó “Necesito Un Trago” y “Rock And Roll En La Plaza Del Pueblo” de Tequila, y además “Bienvenidos Al Tren” y “Para Saber Cómo Es La Soledad”. ¿Por qué habías decidido que sea así, y no un trabajo de canciones propias?
Porque yo ya llevaba muchos años sin componer, y quería hacer un disco “ya”, no iba a tener tiempo de ponerme a escribir, y entonces hice un disco de versiones de algunas de mis canciones favoritas.

En el disco también aparece Pete Thomas (baterista de los Attractions de Elvis Costello), que casualmente también había trabajado con Ariel, y que de paso volvió a demostrar que es un excelente baterista.
Sí, y fue grabado aquí, en mi estudio. Decir que Thomas es un excelente baterista es quedarse corto. Es un tipo que excede su instrumento, que tiene una visión de la canción mucho más amplia.

Volviendo a lo estrictamente personal, y reiterando la pregunta que también le hice a Ariel, ¿lo judaico tuvo algún rol en tu carrera? ¿Te considerás una persona religiosa?
No, cero. Es más, soy anti-religioso. Ateo fundamentalista. Eso sí, me siento muy judío, pero no como algo místico o religioso, sino como el hecho de pertenecer a un pueblo. Nos autoproclamamos “el pueblo elegido”, pero supongo que es algo que supongo sienten todos los pueblos. Pero bueno, es el que me tocó, y a mucha honra, por supuesto.

PORTADA DISCO

Portada del nuevo disco de Alejo, “Yo Era Un Animal”

“Yo Era Un Animal”, que acaba de ser editado, es tu primer trabajo solista de canciones propias…Bueno, a pesar de haber editado el anterior, yo lo siento como si fuera mi primer disco, y estoy muy emocionado e ilusionado, con muchos nervios e inquietud.

El primer corte del disco se titula “Ni Una Menos”, que grabaste con la cantante argentina Miss Bolivia. ¿La violencia de género femenino es algo preponderante aquí también?
Sí, no tanto como en Argentina, pero aquí también ocurre. Nunca había pensado en hacer una canción sobre ese tema porque me da como “cosa”, ¿no? Digo, hacer una canción pop sobre algo tan trágico, me da miedo a que se trivialice. Pero un día, después de ver en Facebook las imágenes de la primera gran manifestación que hubo en Buenos Aires, y de leer un artículo que había publicado Cristina Kirchner con motivo de esa manifestación, que había escrito su hija Florencia, me quedé pensando. Un artículo muy impactante que empezaba con la frase “el día que te vayan a violar no te pongas minifalda”. Esa frase me impactó muchísimo y me quedé como si me hubieran dado con un bate de béisbol en la cabeza. Y entonces me dije “tengo que hacer una canción sobre eso, después veo si me sale bien o me sale mal” A mi entornó le gustó, y entonces decidí grabarla. Miss Bolivia me parecía interesante, entonces la contacté y le mandé el tema. Y metió un rap que hace que se te caigan los pantalones. Y también aparecen como invitados Carlos Tarque de M-Clan en coros, y una cantante argentina amiga mía que se llama Guada, y que vive aquí en Madrid, cantando a dúo en una de las canciones. Fuera de eso, no llamé a grandes luminarias porque no quise escudarme detrás de mis amigos famosos. Quería hacer un disco más personal.

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Alejo en escena, en uno de los recientes shows de Tequila.

Y también está Al Perkins. ¿Cómo se dio eso?
Bueno, lo llamé.

En definitiva, como ateo fundamentalista no creo hayas sido muy devoto…
No, pero sí un fiel adorador de la Santísima Trinidad: Beatles, Rolling Stones Bob Dylan.

CON DREGEN DE BACKYARD BABIES ANTES DE SU VISITA: “LA MÚSICA BASADA EN GUITARRAS HABLA DE TEMAS MÁS REALES”

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Publicado en Revista Madhouse el 9 de marzo de 2018

Marzo nos trae aparejado no sólo el comienzo del otoño local, sino también la muy interesante primera visita al país de los venerados Backyard Babies. Para recorrer la historia de una de las bandas más emblemáticas de la escena escandinava de los últimos años ante todo hay que primero viajar en el tiempo unos 31 años atrás a la ciudad sueca de Nässjö, en el condado de Jönköping, a poco más de 300 km. de Estocolmo. Fue ahí que en 1987 el guitarrista Dregen, más sus compañeros Tobbe (Tobias Fischer, bajo y voz), el segundo guitarrista Johan Blomqvist y el baterista Peder Carlsson dieron forma al proyecto que, por entonces bajo el nombre de Tyrant, comenzaba a dar los primeros pasos en la escena de un país históricamente dominado por el pop.

Tobbe se alejaría del proyecto algo después para ser reemplazado por el guitarrista Nicke Borg, situación que obligó a Blomqvist a cambiar su instrumento original por el bajo. Así llegaría 1989, y con el nuevo nombre de Backyard Babies, el grupo pondría en marcha su primera gira a lo largo y ancho de su tierra natal, coronada por el lanzamiento de su EP inicial con 5 canciones “Something To Swallow” en 1993, al que se agregaría su primer álbum de estudio “Diesel & Power” al año siguiente, por entonces su mejor tarjeta de presentación del hard rock y punk que los caracterizaba. Los Babies pasarían por un primer receso en 1995. Fue cuando Dregen decidió en forma paralela darle curso a The Hellacopters, dejando de lado el estilo musical del cuarteto para volcarse a un sonido de orden más garage. Dregen retomaría el proyecto de su combo original a partir de 1997 y, con el correr del tiempo, lograr exitosamente establecer a los Backyard Babies como una de las propuestas más originales salidas de las esferas nórdicas, editando hasta la fecha 6 discos más de estudio (desde “Total 13” en 1998 hasta “Four By Four”, su hasta ahora más reciente trabajo, que viera la luz en 2015)

2BABIES EN ARGENTINA. Así las cosas, y a casi tres décadas de su nacimiento, los Babies cruzarán casi medio globo terráqueo para aterrizar en tierras autóctonas y realizar su primer show en el país el próximo sábado 24 de marzo en el Niceto Club como parte de su South American Tour (y la segunda en Sudamérica, tras haberse presentado en Sao Paulo hace 16 años en plena gira del álbum “Making Enemies Is Good”), el mismo que antes los tendrá pasando por Chile y, tras visitarnos, los llevará de vuelta a Brasil. Para la ocasión y deleite de su base de fans local, el cuarteto sueco no estará solo, ya que el evento, que se auspicia será de rock and roll con todas las de la ley, empezará desde mucho más temprano con las participaciones de los locales TurbocoopersShe-Ra (que siguen presentando su primer larga duración de 2016 “A Más No Poder”, y que ya han sabido ser honorables teloneros del ex L.A. Guns Phil Lewis, o más recientemente de Honest John Plain) y Camus, cuyo set seguramente incluirá material de su disco debut “Mandrágora” y también de “Volumen II”, lanzado hace 2 años.
Mientras tanto, y como para amenizar la espera, nos comunicamos con Dregen desde su Suecia natal para hablar de esto y demás tópicos, y de paso volver a repasar la vida y obra de sus delicadamente ruidosos Backyard Babies a días de su primera llegada al país.

Si uno se fija en la historia del pop y el rock sueco, de cierta forma todo se inició después de la Segunda Guerra Mundial con músicos que estaban esencialmente influenciados por el jazz y el rock que llegaba de los EE.UU. e Inglaterra, algo que también ocurrió en otros países. Pero según leí tuvo un comienzo más importante con la escena de la “dansbandsmusik” (Bandas de música bailable) a principios de los 70, y de la cual saldrían artistas como ABBA. Quisiera saber tu opinión sobre esto, y al mismo tiempo preguntarte si creés que ABBA fue importante a la hora de difundir la música popular de tu país alrededor del mundo.
ABBA fue muy importante al poner a Suecia “en el mapa” como país musical, y también fueron los primeros en tener detrás un gran equipo de marketing y gente que trabajaba mucho manejándolos, una compañía grabadora que vio al mundo entero como mercado, y no solamente Suecia. Fuera de todo eso opino que eran grandes compositores de canciones con melodías muy pegadizas. Pero para bandas como la nuestra, o como los Hellacopters, realmente no significaban nada.

Si bien podría mencionarte varias bandas de rock de Suecia, de cierta forma siempre fui de pensar que, no sólo en tu país, sino también en el resto de Escandinavia, el pop de toda esa región siempre logró mayor impacto que el rock. Pero entonces llegaron los 80, el heavy metal comenzó a dominar al mundo y de alguna manera terminó cambiando la escena del rock. Me refiero a bandas como Europe, que de repente se volvieron muy exitosas, lo que más tarde hizo que aparecieran más grupos suecos de rock más clásico como los Diamond Dogs, de pop/rock como The Hives o, nuevamente, otros más orientados al pop como The Cardigans. Y los Backyard Babies, por supuesto. ¿Estás de acuerdo con eso de que el pop siempre fue más grande que el rock en tu país? Y de ser así, ¿cuál creés que fue el motivo que llevó a que resulte ser así?
En general, la música pop siempre va a tener más éxito ya que fue pensada comercialmente, y apuntada a la “masa general”. El rock, el jazz, el blues, el punk y el metal siempre van a tener algo de underground, ya fuere musicalmente como a nivel letras de canciones. La música basada en guitarras generalmente habla de temas más reales y tiene una chispa más rebelde, tiene más actitud sobre todo. Y no es algo que sea para todo el mundo. Pero después hubo artistas que cambiaron un poco todo eso. Por ejemplo, creo que Amy Winehouse es genial. No deja de ser algo comercial, pero con mucha profundidad en sus letras.

3GUNS SHAKES, HANOI ROCKS
¿Que dirías de Hanoi Rocks? Sin dudas ayudaron a difundir el rock escandinavo por todo el mundo como nadie lo había logrado antes. De hecho siempre fui de pensar que Guns N’Roses les copió muchísimas cosas, y de hecho es algo que hasta terminó convirtiéndose en un tema tabú.
Fuck al tabú de todo eso. Me encanta Guns N’Roses, pero sin Hanoi Rocks ni siquiera hubieran llegado a ser una banda. Al menos no en lo que respecta a la imagen de sus primeros años. Hanoi Rocks tuvo un impacto enorme en los Backyard Babies, y no sólo musicalmente. Por entonces mi colección de discos era 99% artistas de Inglaterra o de EE.UU. y, de repente, cuando aparecieron los Hanoi desde Finlandia, pasaron a convertirse en nuestra “estrella brillante del polo”. Y nosotros nos dijimos, “si ellos pudieron hacerlo, también lo podemos hacer nosotros”.

Sos parte de Backyard Babies desde los primeros días del grupo en 1987, cuando aún tenían el nombre de Tyrant. Teniendo en cuenta que ya pasaron muchísimos años desde que se lanzó el EP inicial “Something To Swallow”, y habiendo editado siete discos de estudio después, más uno en vivo, ¿cuáles pensás que fueron los tiempos más difíciles para la banda? ¿Y cuáles los mejores? ¿Considerarías a los Babies como una banda que tuvo muchos altibajos?
Backyard Babies se estableció en 1989 con la misma formación que sigue teniendo hoy día. Y entre 1989 y 1988 tuvimos que luchar mucho para lograr atención, pero siempre fue algo muy divertido. Desde el 98 en adelante pudimos empezar a vivir de la banda, y de ahí en más todo fue 100% grandes momentos. Después llegaron los problemas con las drogas y el alcohol, demasiado trabajo y giras. Entonces decidimos tomarnos un descanso entre 2010 y 2014, y de ahí en adelante volvió a ser todo grandioso.

4La formación del grupo prácticamente no se modificó nunca. ¿Es que acaso se quieren tanto entre ustedes?
(Risas) Realmente no lo sé, supongo que será así. Es más algo como una mezcla de familia y hermanos con un matrimonio sólido. Aún vivimos juntos, pero dejamos de coger…

Volviendo a lo que comentaste hace un rato, en una entrevista que te hicieron recientemente leí que en 2010 la banda estaba “quemada”. ¿Realmente son de trabajar tanto? Sé que es algo que al menos podría decir sobre vos, ya que nunca fuiste parte exclusiva del grupo, sino que además estuviste en los Wildhearts y, por supuesto, con los Hellacopters. Ya que estamos, ¿todavía estás en contacto con Ginger? (N. El líder de The Wildhearts)
Si querés hacer las cosas a tu manera, siempre es trabajo duro. Es así. Nada viene gratuitamente. Sí, Ginger y yo seguimos en contacto. De hecho toque con él en Londres el 17 de diciembre del año pasado en su “Birthday Bash” en un lugar llamado The Garage.

5LOS BEBÉS SIGUEN CRECIENDO
Ya pasaron casi 3 años desde que editaron “Four By Four”, su hasta ahora último disco. ¿Ahora qué viene? ¿Tienen nuevos planes, más allá de seguir de gira?
Sí, vamos a entrar en estudios la semana que viene para grabar un nuevo álbum. Esta vez pensamos hacerlo “parte por parte”, no más de 3 o 5 canciones en cada sesión. Entonces habrá un nuevo single de los Backyard Babies hacia mediados de año, antes del verano europeo, y tenemos la esperanza de que el disco salga antes de fin de año, o a principios del 2019. También va a haber nueva música de los Hellacopters.

No puedo dejar de hacerte la bendita pregunta sobre tus artistas favoritos, ya sean de rock o de otros estilos. ¿Solés tener los mismos gustos musicales que el resto de los Babies?
Cuando se trata de rock o punk, compartimos los mismos gustos. Pero yo soy el único que tiene muchísimos discos de blues, y también algunos de hip-hop. Y Nicke escucha mucha música country.

Estuve en el show de los Stones en Estocolmo en octubre del año pasado, con los Hellacopters de soportes. Creo que hicieron un gran concierto, al menos todo el mundo parecía haberlo disfrutado mucho. ¿Cómo fue la experiencia de abrir para los Stones?
Un sueño de niño que se hizo realidad, y en cada forma posible. Pude conocer a los Stones, y fueron seres humanos increíbles.

Una última pregunta, Dregen. Han pasado 18 años desde que estuvieron por primera vez en Sudamérica, pero en aquella ocasión tocaron únicamente en Brasil. Y después sí estuviste vos en Argentina, pero como miembro de la banda de Michael Monroe. ¿Cuáles son tus expectativas para este primer show de los Backyard Babies en el país?
La primera vez siempre es algo especial. ¡Así que sé que va a ser especial! Tenemos admiradores en Argentina desde hace más de 20 años, y estoy verdaderamente maravillado y agradecido de que hayan sido tan pacientes esperando para que toquemos allí después de todos estos años. ¡Va a ser un auténtico estallido!

INCONSCIENTE COMPOSITIVO: LA HISTORIA DETRÁS DE LA CÉLEBRE “NO WOMAN NO CRY”, DE BOB MARLEY

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ONE LOVE, ONE SONG. Corría octubre de 1974 y los Wailers avanzaban paso a paso firmemente en el terreno que, tras atravesar una década completa portando el estandarte de su distintivo estilo artístico, los llevaría a convertirse en embajadores mundiales del género musical más representativo y popular de su tierra de origen. Por entonces Jamaica estaba gobernada por el primer ministro Michael Norman Manley, un social-demócrata que seguiría al frente de la administración del país hasta 1980 y que también enarbolaba otra bandera, la de los asuntos relativos a la de los países del Tercer Mundo, los comprendidos por las colonias asiáticas y latinoamericanas, aquellos que no formaban parte del Primero (los desarrollados y mayormente capitalistas, con los Estados Unidos a la cabeza), ni tampoco los del llamado Segundo Mundo, o las naciones comunistas capitaneadas por la vieja Unión Soviética.

1LOS WAILERS CON BOB AL FRENTE. Fue en ese contexto que el combo jamaiquino, por entonces ya rebautizado Bob Marley And The Wailers (luego de varios cambios de nombre registrados anteriormente desde The Teenagers, The Wailing Rudeboys o The Wailing Wailers, y dejando en claro quién terminaría siendo su líder definitivo), lanzó al mercado su álbum “Natty Dread”, el séptimo en su carrera y el primero sin los miembros originales Peter Tosh y Bunny Wailer. Aquel disco incluía una de las más bellas canciones alguna vez compuestas, que bajo el título de “No Woman, No Cry” no lograría obtener su mayor éxito o difusión con la versión original de estudio sino gracias a la toma en vivo incluida en “Live!”, el álbum en vivo de 1975 registrado en el Lyceum de Londres, y cuyo reconocimiento público (desde su edición, y hasta estos días) parece haber dejado atrás a la original para siempre. 2
Aquel show se realizó en una calurosa noche de julio y tuvo gran repercusión, algo alentador para el grupo tras el fracaso de su gira previa, donde el público fuera de Jamaica no apreció su reggae puro. Para este tour Marley pulió y ajustó su sonido con el fin de competir con los grupos populares en ese momento, y obtuvo una gran respuesta. Las excelentes críticas dieron lugar a shows agotados en los EE.UU., y para cuando la gira llegó a Londres, fueron un gran éxito.
Marley desarrolló una poderosa presencia escénica en esta gira y agregó músicos como Family Man Barrett y Al Anderson para endulzar un poco el sonido. Las audiencias de esta gira donde se grabó la versión en vivo incluyeron gente blanca y negra en proporciones similares: de hecho, Marley fue uno de los pocos artistas que tuvo un atractivo masivo que trascendió a la cuestión racial. Volviendo a “No Woman…”, la canción se convirtió casi enseguida en un punto culminante de los conciertos de Marley, ya que la multitud invariablemente se unía al coro.

1LÁGRIMAS Y SIGNIFICADOS. Contrariamente a la suposición habitual que indicaba que la letra de la canción aludía a la superación de la pérdida de una mujer, lo que Marley quiso retratar, en rigor, son los sentimientos de alguien al momento de decirle a esa chica que pare de llorar, asegurándole su propio regreso. De hecho, en su versión básica, la cantó de manera diferente a le que luego formó parte de “Live!”, usando la frase “no woman, nuh cry”, lo que en lenguaje patois (o el dialecto insigne más usado en Jamaica), “nuh” significa “don’t”, por lo que en su traducción directa “nuh cry” alude a “no llores”, un mensaje que habría estado dirigido a su esposa Rita. Una segunda interpretación de los hechos alude a un mensaje a todas las madres, esposas y hermanas que sufren las penas que en los hombres les generan.
En cuanto a la versión de este tema incluida en “Natty Dread”, no tiene mucho en común con la que se grabó en el Lyceum londinense; originalmente era más breve y acelerada, sin reflejar la energía que Marley le sumaba al tocarla en vivo. Los coros estuvieron a cargo del grupo femenino I-Threes, compuesto por Judy Mowatt, Marcia Griffiths (que luego cantó el tema “Electric Boogie”, futuro hit disco en EE.UU.) y la esposa de Bob, Rita Marley.

Vincent “Tartar” Ford, el gran amigo de Bob

CON UNA PEQUEÑA AYUDITA PARA MIS AMIGOS. Si bien fue Marley quien se encargó de la melodía, los créditos del disco citan a Vincent “Tartar” Ford como su autor inicial, situación que ha originado más de un debate sobre su origen. Ford fue uno de los más grandes amigos de Marley desde sus días de infancia en el ghetto de Trench Town de la ciudad de Kingston (fase mencionada en la letra de la canción) donde el músico vivió a fines de la década del 50, y con cinco años más de edad, lo llevó a dar sus primeros pasos en la guitarra, asimismo permitiéndole al futuro profeta del reggae y a sus músicos practicar dentro de la tienda de sopas de la cual estaba a cargo. “Vincent y yo acostumbrábamos a cantar juntos hace mucho tiempo”, señalaría Marley posteriormente. “Prácticamente vivíamos en esa cocina”.
Al darle crédito compositivo a Ford (quien falleciera a los 68 años en 2009, a causa de su diabetes), Marley ayudó a un viejo amigo al cederle parte de las regalías, para que pudiera mantenerse y mantener abierto al salón de sopas. Esta fue una práctica común en la producción posterior de Marley, ya que anotaba a varios amigos y miembros de la banda como compositores, debido a que los contratos poco claros le habrían dificultado cobrar sus propias regalías. Consecutivamente, Ford también sería incorporado a los créditos como compositor de tres de las canciones de “Rastaman Vibration”, el disco de 1976 que sucedió a “Natty…”, y junto a quien Marley forjó en letra y música a la más aclamada y gloriosa de las canciones de reggae alguna vez grabadas.

ANÉCDOTAS, HECHOS Y RECUERDOS: 10 DATOS ANTOLÓGICOS SOBRE “FAST” EDDIE CLARKE

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Publicado en Revista Madhouse el 14 de enero de 2018

1Como parte de la formación de Motörhead que registró acaso sus tres discos más clásicos, y por ende convirtiéndola en su columna históricamente más tradicional, “Fast” Eddie Clarke no precisa de ninguna presentación. El que hasta hace días era el único sobreviviente de “Los Tres Amigos” tras las muertes de Phil “Philthy Animal” Taylor y Ian Fraser “Lemmy” Kilmister a fines de 2015 (y el cuarto Motörhead en morir tras el deceso de Michael “Würzel” Burston en 2011) falleció el último miércoles a los 67 años de edad tras luchar con una fuerte neumonía en un hospital londinense, se supone, producto de un enfisema que venía poniendo en jaque su salud desde hacía un buen tiempo. Edward Allan Clarke se había unido al grupo en 1976, luego de que Taylor se lo presentara a Lemmy a través de un amigo en común, donde permaneció por seis años para luego abandonar la banda y, dejando lado los riffs más pesados atrás, darles un toque más moderno y más fiel al sonido que dominaba la década del ’80, con su nuevo proyecto proyecto Fastway… Más que vasto podría resultar el tendal de historias y anécdotas sobre uno de los guitarristas más “de culto” de la historia del rock, pero mientras tanto nos proponemos recordar a Clarke con algunos de los datos más simbólicos que dejó a lo largo de su existencia.

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Zeus en pleno, con un Clarke bien pibe ahí nomás, a la derecha

10. ANTES DE MOTÖRHEAD, TOCÓ CON CURTIS KNIGHT Y VARIAS BANDAS MÁS
Para todos aquellos que asocien la carrera de Eddie Clarke exclusivamente con Motörhead, nunca es tarde para enterarse que antes de unirse al trío (y luego de varios intentos fallidos adolescentes en bandas que no pasaron a mayores, como The Bitter End) fue parte de Zeus, el proyecto paralelo de blues/rock progresivo del músico estadounidense de rhythm and blues Curtis Knight, más recordado por su asociación con Jimi Hendrix, a quien tuvo como sesionista en canciones que grabó a mediados de los ’60, hoy disponibles en decenas de discos del músico de Seattle editados post-mortem. Una vez fallecido Hendrix, a comienzos de los ’70 Knight se mudó a Londres en busca de nuevos aires, lo que dio como resultado la mencionada Curtis Knight Zeus, de la cual Clarke se convirtió en guitarrista, y con quienes registró dos álbumes en estudio, “The Second Coming” y “Sea Of Time”, ambos lanzados en 1974. Más tarde Clarke sería parte de Blue Goose junto a algunos de los miembros de la misma banda, pero una serie de malentendidos la llevaron a su disolución. Poco después fundaría el cuarteto Continuous Performance, pero contrariamente en lo que respecta a su nombre, sus demos resultaron de poco interés para los sellos discográficos, lo que lo derivó en su final. Un tercer intento de grupo junto a algunos de los ex-miembros de Blue Goose también pasó sin pena ni gloria, y Clarke decidió entonces alejarse de la industria musical.

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Larry Wallis, Lemmy Kilmister y Lucas Fox: el Motörhead que no llegó a ser

9. NO FUE EL PRIMER GUITARRISTA DE MOTÖRHEAD
Eddie Clarke se unió a Motörhead en 1976 reemplazando al guitarrista Larry Wallis tras una presentación formal del salvajísimo Taylor, que recientemente había ingresado en las filas del trío en lugar del baterista Lucas Fox. Con esa formación, la más eternamente clásica de todas, la banda grabaría sus discos de estudio más insignes y formativos, desde el álbum debut del mismo nombre del grupo (lanzado en agosto de 1977) pasando por “Overkill”(1979), “Bomber” (1979) y “Ace of Spades” (1980) hasta llegar a “Iron Fist” (1982), a los que deben agregarse el legendario trabajo en vivo “No Sleep ’til Hammersmith”, editado a mediados de 1981. Por su parte, la formación Kilmister-Wallis-Fox llegó a grabar el álbum “On Parole” en 1975, pero este (que iba a ser el debut) no se editó en su momento… y esa, aunque vinculada a la que estamos contando, es otra historia.

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Mott The Hoople en 1973: de izq. a der., Peter Overend Watts, Dale Griffin, Morgan Fisher, el casi Motörhead Ariel Bender y el inefable Ian Hunter

8. CLARKE CASI FORMÓ PARTE DE UN MOTÖRHEAD VERSIÓN CUARTETO
En su autobiografía “Lemmy – White Line Fever”, escrita junto a Janiss Garza y publicada en 2002, Lemmydescribe de esta forma el ingreso de Fast Eddie a las filas de Motörhead: “Originalmente había intentado que Motörhead fuera una banda de cuatro miembros, y probamos un par de guitarristas. Uno de ellos fue Ariel Bender –a quien en aquel momento se lo conocía como Luther Grosvenor- que había estado en Mott The Hoople y en Spooky Tooth. Hicimos algunos ensayos con él, pero no funcionó. Era un tipo agradable, pero realmente no era de nuestro estilo. No tenía el mismo sentido del humor que el resto de nosotros, y no podía imaginarme estar en un micro con él. Seguimos como trío con Wallis, hasta que encontramos a Eddie Clarke, con quien de todas formas continuamos siendo así. Phil conoció a Eddie en momentos en que ambos estaban trabajando en la renovación de una casa flotante en Chelsea. Pero en realidad no fue él quien lo trajo, sino Aeroplane Gertie, que era recepcionista de un estudio de grabación en la misma zona, donde ensayábamos gratis… de todas maneras Motörhead siempre funcionó realmente bien como trío, y aún lo hace hoy en día. Si hay dos guitarras, entonces a veces vas a terminar pisando la línea, porque si los dos guitarristas no tocan al mismo tiempo -por supuesto, a eso sumale el bajo- puede ser realmente problemático. Pero con un solo guitarrista, podés hacer de todo”.

7. ENTRÓ A MOTÖRHEAD UN SÁBADO A LAS 8 AM (!)
La anécdota que cuenta como Eddie consiguió finalmente ser empleado en la banda, luego de algunas audiciones, da la perfecta impresión de lo que el trío requería, y lo más importante, lo que deseaban las legiones de fans. “Era una mañana de sábado, estaba tirado en la cama, en mi departamento. Y de golpe golpean la puta puerta, un ruido infernal; ¡pensé que la puerta se iba a venir abajo!”, contaba el guitarrista. “Eran además las ocho de la mañana, y justo acababa de meterme en la cama. Así que me levanté de un salto, corrí a la puerta, y allí estaba Lemmy. Tenía un cinturón de balas en una mano y una campera de cuero en la otra. Me las dio, diciendo ‘Tenés el trabajo’, y sin más, se las tomó. ¡Fue algo jodidamente clásico! (Risas)”

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El Motörhead clásico, en la época en que querían estar de la cabeza y emborrachar sus corazones… bueno, en todo momento

6. SE GANÓ SU APODO… DE RÁPIDO QUE ERA, NOMÁS
“Fast” (rápido, veloz), más que un apodo, parecía el primer nombre del cantante; este mote se lo puso Lemmy, al presentarlo al público durante un show del grupo. “De movida intenté encontrarles sobrenombres a todos. Los apodos son buenos, a la gente le gustan. Y entonces Eddie se convirtió en ‘Fast Eddie’ Clarke, lo que era algo lógico. Quiero decir, era un guitarrista realmente veloz”, cuenta Lemmy en “White Line Fever”. A pesar de su asociación instantánea con el hard rock, al igual que muchos de los músicos del estilo de la escena británica que promediaban su edad, Clarke era básicamente un guitarrista de blues eléctrico y rock’n’roll clásico inglés de pura cepa, más cerca de otros contemporáneos como el irlandés Rory Gallagher, a modo de ejemplo. Basta sólo con escuchar con profundidad algunos de sus tonadas estrictamente bluseras en canciones como “Lawman” o “Step Down”, o de rock’n’roll primitivo, como en la versión grabada para el disco debut del grupo del clásico “The Train Kept A-Rollin’”, o bien en “Dance” o en “Bite The Bullet” (¡rockabilly!) de “Ace of Spades”, o en “All The Aces”, incluida en “Bomber”. Y ni hablar de la canción que le da título a este último disco, la cual podría bien definirse como “Chuck Berry en estado anfetamínico”, entre otras tantas.

5. SUPO LLEVAR LA VOZ CANTANTE
En su paso por Motörhead, Fast Eddie no sólo había plasmó su sello fundamental en el sonido de la banda con su guitarra -o en materia compositiva- sino que también tuvo su oportunidad de encargarse de las voces de algunas de las canciones, como en el caso de “Beer Drinkers And Hell Raisers”, originalmente de la autoría de ZZ Top y “I’m Your Witch Doctor” de John Mayall, cantada a dúo junto a Lemmy y originalmente parte del EP “Beer Drinkers…” lanzado en 1980. Clarke también registró las partes vocales de las diversas versiones de “Step Down” editadas a través del tiempo en reediciones o setsrecopilatorios de Motörhead, o en la toma alternativa de “Stone Dead Forever”. Asimismo, es quien también se encargó de cantar en “Emergency”, la canción de las Girlschool que ambas bandas habían registrado juntas en el EP “St. Valentine’s Day Massacre”, y que también fue parte de la recopilación “No Remorse”, de 1984.

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El día en que South Mimms se convirtió en el desierto de Arizona. Lo dífícil fue determinar quién era el Bueno, quién el Malo y quién el Feo

4. FUE EL RESPONSABLE DE LA ONDA WESTERN EN LA TAPA DE “ACE OF SPADES”
Aunque las indumentarias de Lemmy, Eddie y Phil Taylor en la portada del disco más representativo de Motörhead evoquen al Far West y al legendario desierto de Arizona, la foto que ilustra la tapa del álbum “Ace Of Spades” no sólo fue tomada en un arenero de la zona sur de Londres (!), sino que además fue el mismísimo Eddie Clarke quien tuvo la idea de que se vistieran así: “Hicimos la sesión de fotos para la tapa del álbum en un día frío y ventoso de otoño. Todos piensan que fuimos al desierto, pero en realidad se hizo en South Mimms, al sur de Londres”, rememora Lemmy en la biografía escrita junto a Janiss Garza. “La onda Western fue idea de Eddie: tenía un ardiente deseo de ser Clint Eastwood. Entiendan que en esos momentos yo era el único que conocía América. Todos lucíamos bastante bien, aunque vestidos como pistoleros. Tuvimos un problemita con el guardarropas: las tachas con forma de picas de mis pantalones estaban muy distantes unas de otras. Quité las de una pierna y las pegué a la otra, así que sólo me pudieron tomar fotos de un solo lado. Fuera de eso, todo anduvo bastante bien”.

3. SE FUE DE MOTÖRHEAD A CAUSA DE WENDY WILLIAMS… ¡Y DE TAMMY WYNETTE!
Clarke abandonaría a la banda en 1982, no satisfecho con las sesiones de grabación del álbum “Iron Fist”, a lo que se agregó su manifiesto desacuerdo con que el grupo grabara un cover de “Stand By Your Man” (canción original de Tammy Wynette) junto a Wendy O. Williams, Richie Stotts y Wes Beech de la banda Plasmatics, considerando que eso traicionaba los principios artísticos de la Motörhead. En sus propias palabras: “Bueno, fue una de esas cosas. Querían hacer ese EP con Wendy O. Williams, y era todo un fuckin’desastre. Era terrible, digo, algo malísimo. Lo produje yo. Hicimos ensayos, y después teníamos tres días de grabación en Toronto. Grabamos las pistas básicas y después Wendy las cantó, pero no sonaba bien. Tuve una charla con ella y me dijo que prefería cantarla en otra nota, así que al otro día volvimos a grabarla, pero tampoco sonaba bien. De hecho sonaba horrible. Pero Lemmy no estaba de acuerdo, y tuvimos una gran pelea. Eran cerca de las 7 de la mañana, y les propuse parar un rato para comer algo. Pero me compré algo de alcohol, regresé al hotel y me emborraché. No podía hacerlo. Entonces ellos vinieron a mi cuarto, y les dije que era algo terrible: ‘Somos Motörhead, no quiero que la hagamos’. Pero ellos me dijeron, ‘bueno, la vamos a hacer igual’. Entonces les dije, ‘no pueden hacerlo, ¡es pura basura!’, pero insistieron, y se los volví a decir. ‘Si siguen insistiendo, no me va a quedar más remedio que irme del grupo’. Y ellos me dijeron, ‘Muy bien, entonces andate al carajo’”. Lo que dejaría entonces en claro que Clarke no fue quien optó por alejarse, sino que acabó siendo echado. “Philty fue el principal instigador de mi exclusión de la banda. Fijate que no lo estoy llamando ‘alejamiento’, ya que esa no había sido mi decisión. Yo me imaginaba morir en el escenario junto a Motörhead, así que fue todo un golpe que decidieran que no siga junto a ellos”. Tras buscar desesperadamente a alguien que lo reemplace (incluyendo una oferta rechazada al mismísimo Steve “Lips” Kudlow deAnvil) , finalmente Lemmy y Taylor dieron con Brian David “Robbo” Robertson, ex-guitarrista de Thin Lizzy. Clarke haría su último show junto a Motörhead el 14 de mayo de 1982 en el Palladium de la ciudad de New York, y recién volvería a grabar junto al grupo en 2000, cuando tocó en “No Class”, “The Chase Is Better Than the Catch” y “Overkill” para el álbum en vivo “Live At Brixton Academy”, del cual también participaron otros guitarristas invitados.

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Fastway, ochentoso y en blanco y negro: una nueva etapa en la carrera de Eddie

2. EN FASTWAY LOGRÓ TENER EL TIMÓN ENTRE MANOS
Ya para el año siguiente de su partida (o despido) de Motörhead, Fast Eddie tenía una mejor idea entre mangas: la de estar al frente de una banda que le otorgue mayor protagonismo, para la cual convocó al legendario bajista Pete Way, que por entonces tenía la idea de abandonar a UFO y, tras combinar sus nombres artísticos, formar el grupo Fastway. Los ensayos de la banda, en los que incluso llegaron a audicionar a Topper Headon, baterista de The Clash, finalmente terminaron habilitando el ingreso de Jerry Shirley, ex-baterista de Humble Pie, agregando al por entonces desconocido vocalista irlandés Dave King y al bajista de sesión Mick Feat, con quienes editaron su homónimo disco debut en 1983. Después de girar extensivamente, Fastway tuvo un breve final al año siguiente, para retornar a la escena en 1986 y más tarde, idas y venidas mediante, y diversos cambios de integrantes del grupo, registrar otros seis trabajos de estudio (desde “All Fired Up” de 1984, hasta “Eat Dog Eat”, lanzado en 2011)

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Eddie Clarke, en una de sus últimas imágenes

1. LA RECTA FINAL, SOLISTA Y BLUSERA
Tras Fastway, Clarke comenzó a sentir que “la vida en la carretera” había comenzado a percudir su salud, lo que lo llevó a permanecer varias semanas hospitalizado y, una vez recuperado, editar en 1994 su primer disco en solitario “It Ain’t Over Till It’s Over” (que incluía la participación vocal de Lemmy en “Laugh At The Devil”). Trece años después, en 2007, vería la luz “Fast Eddie Clarke Anthology”, un CD doble que, como su título lo indica, incluía buena parte de sus trabajos anteriores y posteriores a su paso por Motörhead. En 2014 volvería a abordar su raíces bluseras tras editar “Make My Day – Back To Blues” junto al pianista Bill Sharpe, trabajo que precedió a su colaboración en “Warfare”, el disco de la banda Evo lanzado en 2017, que terminó convirtiéndose en su aparición discográfica final.

EPÍLOGO
En una entrevista que tuvo lugar en 2016, tras ser indagado sobre su propio estado de salud tras la súbita muerte de sus ex-compañeros de Motörhead Phil Taylor y Lemmy (que se dieron en un plazo de apenas dos meses hacia finales de 2015), el ex-guitarrista del trío declaró al respecto: “Bueno, no me resulta un lugar muy envidiable, pero así es cómo es. Paré de ‘vivir de fiesta’ de la manera fuerte en que ellos lo hacían. Phil siguió haciéndolo hasta que sufrió un aneurisma en 2010 y Lemmy, aunque siempre resultó más cuidadoso desde que lo conocí en 1975, estoy seguro de que también lo hacía. Lo que significa un tiempo muy largo para vivir de esa manera. Pero el viejo Lem era fuerte como un buey. En cuanto a mí, dejé de beber hace varios años, así que tenía ventaja sobre los otros. La muerte de Lemmy fue todo un shock para mí”.

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Lemmy & Eddie, en épocas más felices y de grandes (aunque no muy elegantes) sonrisas

Clarke concluye, casi como anticipando la despedida: “Había estado viendo a Phil, y se movía despacio. Y después falleció. La noche en que murió, yo estaba en la entrega de los Classic Rock Awards en Londres, y Lemmy también se encontraba ahí. Charlé un poco con él, y estaba en un estado de mierda. Me asustó mucho. Se lo veía muy frágil, y pensé, ‘carajo, me pregunto si va a poder seguir adelante…’ Pero nunca pensé que podía llegar a morirse, en todo caso que iba a parar de salir de gira. Desde ya, más tarde recibí aquella llamada telefónica de su manager después de Navidad. Le habían diagnosticado un cáncer muy grande. Le quedaban dos meses de vida, y se murió esa misma noche”. Tres grandes se fueron, pero su recuerdo permanece, rudo, rockero… e imborrable.

CON ARIEL ROT EN MADRID: “LO QUE A NOSOTROS NOS CAUTIVÓ FUE LA PELIGROSIDAD DEL ROCK”

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Publicado en Revista Madhouse el 13 de diciembre de 2017

Ciento cincuenta. Es más o menos el número promedio de preguntas que se me ocurre formularle a Ariel Rot mañana a la tarde, una vez que arribe a la capital española. Tal vez incluso algunas más. Mientras tanto estoy en el aeropuerto de Miami en medio de una escala de 14 horas y, si algo me sobra, es tiempo para decidir cuáles voy a terminar eligiendo. Entrevistar a un músico del cual uno es un profundo admirador no es cosa fácil. Hay que ponerse firme y hacerlo de la manera más objetiva posible, tarea que ronda lo infrahumano. Rot tiene una carrera de peso histórico que comienza con un rol primario: el de ser miembro fundacional de Tequila, la banda que cambió todo desde su llegada a la escena musical española hace ya más de cuatro décadas, y a la que -deliberadamente- le hemos dedicado buena parte de la conversación.

El mismo tiempo que lleva viviendo en la Madre Patria desde que la situación política que regía en Argentina, comandada por la barbarie de la Junta Militar que tomó a la fuerza las riendas del país a partir de la segunda mitad de la década del 70, y que obligara a Ariel Rot y familia a emigrar a territorios más saludables. Todo mucho antes de ser parte de Los Rodríguez, que también llegó para revitalizar los esquemas del rock hispanoparlante y de quienes también fue, digan lo que digan, su alma musical y autor de sus más grandes éxitos, hoy también parte del catálogo popular en español. O de su exquisita carrera en solitario, que viene superando en duración a sus proyectos anteriores por varias cabezas.

_MG_5551UNA CHARLA CON ARIEL. Café de por medio y en una confitería paqueta de Madrid que mira al Parque del Oeste de la ciudad, sentarse a charlar con Ariel –músico, compositor y por sobre todas las cosas, guitarrista supremo de rock and roll en su sentido más literal- implica una recorrida a lo largo de muchos años y aventuras tornándose uno de esos momentos para los que uno sabe nunca habrá tiempo que alcance para repasar en su conjunto. Menuda tarea para alguien como yo, apenas cinco horas después de aterrizar en España y con una bolsa interminable de preguntas. Por el resto, Rot cumple con todos los requisitos del entrevistado fiel: se emociona cuando habla de rock, y hasta le brillan los ojos para reafirmarlo. De risa contagiosa y enarbolando el estandarte de la humildad de los grandes, aquí están algunas de las respuestas a aquella lista de interrogantes que seguramente precisarán de otro futuro encuentro. Y a los que agrega su más reciente andanza: un nuevo emprendimiento enológico a la altura de todas esas canciones geniales a las que nos tiene acostumbrados desde siempre.

Me gustaría empezar hablando de aquellos primeros tiempos en que, aún siendo muy chico y viviendo en Buenos Aires, escuchabas grupos como Almendra o Manal, entre tantos. Y, de paso, ¿cómo te las arreglabas con los discos de las bandas de afuera? Digo, no eras de los que tenían ese hermano mayor que solía comprarlos y del cual los escuchábamos, como pasaba en muchas familias.
De eso se encargaban más o menos los amigos de mi hermana. Recuerdo el día que cumplí diez años, cuando me dijeron que pida “Led Zeppelin II” y “Stand Up” de Jethro Tull. Y Cecilia (N.: su hermana, la actriz Cecilia Roth) también traía discos. Santana, y esas cosas. En realidad, previo al rock, me gustaba toda la música. Estudiaba piano. Me enseñaban canciones de Bela Bartok, y me encantaban. Y después me ponían un disco de Joan Manuel Serrat, y también me gustaba. Eran los discos que había en casa. Y a partir de ahí ya empecé a tener mi propia colección.

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(Foto archivo Efeeme.com)

Indudablemente fuiste muy prematuro respecto a la música.
Éramos muy prematuros, pero no sólo por eso. Y después tuve una época en la que escuchaba mucho rock progresivo, pero eso fue más adelante. Yes, Genesis, King Crimson, y todo eso. Lo que fue un período muy jodido, porque había dejado de tocar la guitarra, ya que no sabía tocar lo que escuchaba. Me costaba tanto entender cuál era la parte de guitarra dentro de todo eso que sonaba… estaba todo muy procesado. Escuchaba a Steve Howe y me decía, “¿qué es esto? Nunca voy a poder tocar así. Hay que estudiar mucho para ser un buen guitarrista”

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Ariel y su mamá: primeros pasitos musicales

¿Pero al menos intentabas hacerlo?
No, tuve un bloqueo, pero mucho antes de eso, fui muy precoz no sólo porque tenía todos esos discos, sino porque también íbamos a ver conciertos. Fui muchas veces a ver a Arco Iris, a La Pesada del Rock and Roll, ¡con Pinchevsky y Kubero Díaz! Eso era algo peligroso… O a Pescado Rabioso y Aquelarre, en El Teatrito, ¡aquel concierto de la sirena!, nosotros estábamos ahí. Pero nunca vi a Pappo, ni tampoco a Manal. Íbamos a los conciertos con sólo 10 años de edad, y para entonces con Leo Sujatovich ya queríamos formar un grupo. Componíamos canciones todo el tiempo. Nos juntábamos y, en vez de ponernos a jugar como los chicos normales, nos encerrábamos con una guitarra, un piano, algo que se asemejara a una batería, lo que podíamos…

Por lo que sé, durante esos encuentros incluso llegaron a grabar algo de modo amateur, pero después esa cinta se perdió.
Sí, esa cinta se perdió. Puede que Leo conserve alguna cosa, pero lo grabábamos en cintas de esas de carrete. Y llegamos a grabar nuestra “obra cumbre”, que fue “Ópera Vida” (Risas) ¡Hicimos una ópera! ¡Es que éramos muy precoces! Las letras de “Ópera Vida” eran de Cecilia. Era algo así como Nacimiento, Infancia, Adolescencia, Madurez, Vejez y Muerte.

El ciclo completo…
Sí. Y teníamos diez años cuando la grabamos. Y también agregamos una flauta dulce, hicimos nuestros arreglos…Y además los dos estudiábamos guitarra con Claudio Gabis. Nos tomábamos el 64 y nos íbamos hasta Barrancas de Belgrano, después caminábamos diez cuadras, llegábamos a la casa de Claudio y nos tirábamos ahí. Aparte él nos dejaba tocar nuestras canciones, y también nos enseñaba a arreglarlas. Nos decía, “a ver, si él está tocando eso, ¿por qué vos tocás lo mismo? Tenés que tocar otra cosa. Yo buscaría por aquí…” Y eso no es algo que sólo aprendí, sino que también lo sigo aplicando, eso de cómo tienen que funcionar dos guitarras para que no salga algo muy cuadrado, ¿no?

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Un Ariel más grande, otra vez junto a su mamá: los años pasan, la pasión musical queda

¡Sin dudas te salió muy bien! Y también supongo habrá influido tu mamá, la legendaria cantante, pianista y musicóloga Dina Rot, ya que entiendo que no sólo escuchabas su música, sino también la de los músicos amigos de ella que iban de visita a tu casa.
Exactamente. Por ejemplo, hubo muchas veces en las que vino Paco Ibáñez. Y también una noche estuvo Vinicius, con sus músicos. Venían de un concierto y llegaron a casa muy tarde, cuando yo ya estaba durmiendo. Obviamente no me despertaron, porque yo tenía que ir al colegio al día siguiente. ¡Y eso es algo que jamás debería perdonárselo a mis padres! (Risas) ¿Cómo se iban a imaginar que 40 años más tarde yo iba a estar preguntándome por qué mierda no me despertaron aquella noche? ¿Te das cuenta? Estaba Vinicius De Moraes tocando en el salón de mi casa tomándose una botella de whisky, ¡y yo durmiendo en el cuarto!

¡Qué pecado!
Sí. Pero de todos los que venían, los que más me gustaban eran los del Cuarteto Cedrón, que siempre traían un contrabajo y percusión, y se ponían a tocar en casa. Eso era algo grandioso.

Bueno, seguramente todo eso te habrá marcado, y mucho, porque años más tarde ibas a terminar grabando “Eche 20 Centavos En La Ranura” para tu disco “Lo Siento, Frank”.
Es que cuando era chico, ésa era una de mis canciones favoritas; si bien no entendía mucho de qué hablaba, ni nada, pero era una canción que me encantaba.

TEQUILA RECIÉN SERVIDO
De alguna manera en nuestras casas siempre sonaba tango o folklore, algo que en tu música suele estar bastante presente. Pero el rock and roll, según tengo entendido, te llega de Alejo Stivel, tu amigo de la infancia y compañero en Tequila, que es quien te adentra en la música de los Stones y Chuck Berry.
Bueno, después de esa etapa sinfónica que te comentaba, volví a tocar, y a emocionarme, y a querer componer, porque Alejo es quien vuelve a traerme ese aire. Él quería empezar a tocar, y entonces yo pensé que había que volver a lo básico, ¡con 14 años de edad! (Risas) Y ahí fue cuando empecé a escuchar mucho el álbum “It’s Only Rock’n’Roll” de los Stones. “¿Y esto de dónde viene? Aah, viene de Chuck Berry. A ver Chuck Berry…” Y entonces ahí empecé a armar mi estilo. Pero habiendo estudiado con Gabis, conocía al blues. Y también bastante de swing, por haber estudiado con Walter Malosetti.

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Unos muy jóvenes Alejo Stivel y Ariel, allá lejos y hace tiempo

Estilos que después también ibas a terminar incorporando a tu carrera solista, sobre todo en tus últimos discos.
Sí, absolutamente.

Visto desde afuera, más allá de la buena escuela que resultó de todo eso, lo mejor fue que se dio de manera natural. Porque la música ya estaba en tu casa, desde el momento en que tenías una madre que se dedicaba a eso. Y aparte los de nuestra generación fuimos bastante prematuros, tal como decías, comprando discos a los 8 años de edad, o buscando con ansias esas revistas de música que investigábamos, cuando ahora es algo más propio de la adolescencia.
Sí, yo creo que le prestábamos mucha más atención a cada cosa que teníamos. Creo que ahora eso de que haya tanta información, hmm… Yo lo veo en mis hijos, están muy ansiosos, viven pasando a otra cosa todo el tiempo, entonces es como que no terminan de aprenderse un solo disco de memoria. Ni siquiera terminan de aprenderse una canción. Escuchan la parte de la canción que les gusta, y nada más. Cuando mi hijo me muestra la música que escucha, me dice “esperá, te paso el estribillo”. Y yo le digo que no hace falta que se apure, que tengo tiempo. Pero está acelerado y quiere mostrarme quince cosas al mismo tiempo. Él escucha hip-hop, está más identificado con eso.

Bueno, es lo que están escuchando casi todos los chicos hoy, o los que van camino a la adolescencia.
Sí, pero también porque ahí hay algo interesante. Yo creo que lo que a nosotros nos cautivó fue la peligrosidad del rock. Y ahora el rock no les brinda eso a los chicos. Coldplay, y todo eso… no ven ningún peligro ahí. En cambio en el hip-hop sí sucede, y es algo que está muy identificado con los chicos y su pinta, sus capuchas, eso de la marginalidad…todo eso los cautiva más. Y el rock dejó de tener esas razones, salvo que te metas en una movida muy under, y no sé tampoco en qué país. Probablemente en algunas ciudades de Estados Unidos todavía exista aquella tradición de los Stooges o del rock más pesado, y no me refiero a su sentido musical, sino al de modo de vida.

En cierta forma, si no existiera esa cuota de peligrosidad, esa cuota de alarma, entonces no es rock.
Bueno, no sé si es que tiene que tenerla. Quiero decir, yo no puedo inventarme ahora una vida que no es la mía. Ya pasé por eso, ya tuve mi dosis. Ahora se dio así. No llevo una vida peligrosa, si bien hoy en día vivir es algo peligroso. No puedo fabricar una estética. Entonces el rock también tiene eso, es música, y te lo podés tomar muy en serio. Como música, da mucho de sí. Podés ir de la simpleza a la máxima complejidad. Y trabajar con tan pocos elementos también requiere de mucho ingenio y trabajo.

Y a pesar de esa simpleza, todavía nos sigue emocionando.
¡Por supuesto! El rock, el blues…Willie Dixon, por ejemplo. De repente te preguntás, “¿pero solamente este tipo compuso todas estas canciones?” Que encima tienen los mismos tres acordes. ¡Y son todas brillantes!

Yendo mucho más atrás en la historia, hay algo que siempre me despertó curiosidad. Tu historia familiar es absolutamente parecida a la mía, ya que ambos somos nietos de inmigrantes rusos y con madres judías. Si bien no hay dudas que sí la tuvo en el caso de tu mamá (N.: Dina Rot grabó muchas canciones en “ladino”, dialecto del castellano que hablaban los descendientes de los judíos expulsados de la península ibérica en el siglo XIV), ¿lo judaico tuvo algún tipo de influencia en tu carrera?
Sólo en la cocina (Risas) En la música, mucho no lo veo. Bueno, tal vez esa cosa del sufrimiento judío, ¿no? Eso de la culpa y demás te da una sensibilidad y un feeling a la hora de tocar.

Bueno, hay grandísimos músicos de origen judío…
Sí, pero también hay grandes músicos argentinos (Risas)

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Ariel junto a la nueva versión de Tequila, en vivo en Aranda De Duero, España, el 23/9/2017 (foto: @M. Sonaglioni)

UNA VIDA A LA ESPAÑOLA
Después de estar aquí en España por más de cuatro décadas, lo que representa casi tres cuartos de tu vida, no se me ocurre otro caso de un músico argentino que lleve viviendo tanto tiempo en el exterior pero que aún haciendo básicamente rock, mantenga las raíces musicales de su lugar de origen en su música actual, o incluso otros géneros latinoamericanos. Espero que la pregunta no te resulte muy rebuscada…
No, para nada. Estoy en Madrid desde que cumplí 16. Y hay que descontarle cinco años, que son aquellos en que volví a Buenos Aires. Así que son casi 35 años aquí. Yo creo que en gran parte eso sucede por lo que viví en mi infancia, todo lo que te estaba contando hace un rato. Me refiero a todos esos discos de rock argentino hasta el año ’77 o ’78 que yo escuchaba, que creo que son joyas. Para mí, en cuanto a calidad, pienso que es donde más arriba se llegó. Al menos a nivel general. Después habrá casos aislados, pero esos discos me marcaron mucho y también los escuché mucho. Y además los sigo escuchando. Al mismo tiempo yo compartía todo el mundo anglo con eso, y para mí es como que era lo mismo. Para mí, Pescado Rabioso era como los Beatles.

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“Matrícula De Honor” (Novola, 1978), el álbum debut de Tequila

No es que unos te resultaran necesariamente más importantes que los otros…
No, no eran más importantes. Entonces en esa época yo era muy “esponja”, y eso queda mucho. Puede darse no tanto por lo que escuchaba en mi casa sino también por lo que sonaba en la radio, en la tele, o lo que se estaba escuchando… Era la música que sonaba de fondo, y de alguna manera me resultó muy fácil asimilarlo, aunque si me escucha un folklorista o un músico de tango de verdad, tal vez les parezca un mamarracho, porque no tengo ni puta idea. Por ejemplo, aprendí mucho con Eduardo Makaroff, de Gotan Project, con quien descubrí algunos yeites, o del swing. Pero claro, aprender bien el swing del tango lleva toda una vida, no es algo que se aprende porque te pongas a tocarlo. Son géneros para tocarlos toda la vida, son como algunos instrumentos.

Yendo más al rock en sí, ya sabés que sos mi guitarrista de rock and roll “en español” favorito de todos los tiempos. A lo que también podría agregarle tu parte de escribir canciones. Pero además creo que sos un excelente letrista, algo que vos mismo dijiste recientemente en una entrevista, cuando comentaste que te habías dado cuenta que habías mejorado mucho en ese aspecto. Sin embargo, lo que más me gustaría destacar de tu carrera es tu rol como miembro de Tequila junto a Alejo, la historia de dos músicos argentinos que llegaron aquí para formar un grupo que terminó cambiando los esquemas del rock en España. Lo que explica a la perfección por qué aquí sos un músico tan querido y valorado.
Yo creo que hay grupos, compositores o artistas que tienen una clara influencia de Tequila, pero pienso que igualmente hubiera terminado ocurriendo lo mismo con otros. Era un momento en que España tenía que recuperar el tiempo perdido.

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Tequila de izq. a der: Julián Infante, Alejo Stivel, Manolo Iglesias, Felipe Lipe y Ariel. Dale dale con el look…

Que fue mucho.
Sí, claro. Entonces creo que España se subió al tren de la historia justamente en una época curiosa, porque la gran influencia de esos tiempos fueron los grupos punk. Ramones, Sex Pistols… Digamos que la destreza musical no estaba valorada, y eso marcaba la diferencia entre nosotros y ellos. Veníamos de una época en la que esa destreza, y no el virtuosismo, tenía mucha importancia para nosotros. Tequila tocaba muy bien.

Bien, pero bien de en serio.
Sí, y sin embargo todos los grupos que surgieron por entonces estaban aprendiendo a tocar. Casi tuvieron que aprender a tocar en los escenarios, tal fue el boom que hubo. No sé si lo nuestro fue una habilidad, fue simplemente llegar en un momento en el que históricamente cubrimos un hueco que alguien tenía que cubrir. En todo caso, mi habilidad es la de hacer de todo bastante bien (Risas)

Sigo con los elogios… Yo diría que muy bien.
Es como que le he puesto la energía un poco a todo, ¿no? A veces me junto a tocar con guitarristas que tocan muchas más horas que yo, y con unas técnicas que yo jamás podría tocar. Tendría que dejar todo el resto de las otras cosas que hago y dedicarme solamente a la guitarra…

O tal vez sea que esos guitarristas son más jóvenes, y por eso dispongan de más tiempo para hacerlo.
No, porque también son guitarristas, pero que no han tenido que centrarse en otros proyectos. Cuando retomé mi carrera en solitario después de Los Rodríguez, tuve que intentar equilibrar la cosa, y tal vez me quedé un poco respecto a la guitarra durante unos años, para poder crecer como compositor, como cantante, o como frontman. Los últimos años, cuando empecé a hacer esos shows completamente solo en el escenario, también tuve que dedicarme mucho al piano. Y recién entonces volví a decirme “bueno, ya llegó el momento de volver a dar un empujón con la guitarra”… Igualmente creo que, si ya tocaste bien en algún momento de tu vida, si desarrollaste una técnica decente, entonces se trata de que tengas algo interesante para contar, y que se te reconozca cuando tocás.

moris-fiebre_de_vivir-frontalROT AND ROLL MUSIC
Como fuera, las influencias en tu estilo -Chuck Berry, Keith Richards, etc.- son muy marcadas, y no existe mucha gente que toque así, al menos del lado “hispano”. Hay un sonido tuyo que tiene que ver muy claramente con esa escuela original, y que se sigue manteniendo.
Sí, creo que tengo eso, pero también siempre hay un lado melódico en la guitarra, que es lo que hace que marque la diferencia. Que tus solos formen parte de la canción, y que hasta se puedan cantar, y que haya gente que se los sepa de memoria. Y para eso no es necesario ninguna técnica.

Tequila estuvo junto a Moris en los tiempos en que desembarcó en España, siendo otro caso de un argentino que llegaba aquí, y de hecho fueron la banda que lo secundó en la grabación de su LP “Fiebre De Vivir”. ¿Cómo recordás esos días?
¡Para nosotros Moris ya era un prócer! ¡A “De Nada Sirve” nos la sabíamos entera, con diez años de edad! Yo recuerdo esa época como una de las más felices de mi vida, mirá lo que te digo. Mi primera novia, mi primer disco y mi primera banda y aparte, de regalo, levantarme una mañana en la casa de esta chica para ir a grabar con Moris. No cabía adentro mío. ¡Estaba que me salía! (Risas)moris-fiebre-de-vivir-portada

Coincidieron las coordenadas. Que Uds. lleguen a España, que formen la banda, que llenen ese hueco que estaba tan vacío, y que justo al poco tiempo también llegue Moris.
Sí, por supuesto. En cierto modo cuando mis padres me dijeron que nos teníamos que ir de Argentina, llegado el momento en que tuvimos que ponernos a pensar adónde ir -y que por supuesto tenía que ser un sitio en que se hablase en español, ya sea México o España- yo tuve el presentimiento de que eso iba a ocurrir.

¿Habías tenido un presentimiento? ¿Cómo fue eso?
No se trató de un presentimiento del gran éxito que después fue Tequila, pero sí de que finalmente aquí iba a poder tener una banda, cosa que en Buenos Aires no podía haber tenido, ya que era más chico. Yo quería llegar aquí y tener un grupo. Y a los seis meses ya estaba tocando. Y a los ocho, dando conciertos.

Y además vendiendo muchos discos.
No, eso fue recién un año y medio después. Yo llegué en el ´76, el primer disco se grabó a fines de 1977, y salió recién en el ’78.

Igualmente fue todo muy veloz, y más a esa edad.
Y todo eso mezclado con los primeros 3 ó 4 meses aquí, que fueron raros.

Como lo decís en la canción “Vals De Los Recuerdos”…
Sí, un poco eso de la soledad, y lo de los amigos que no están. Igualmente todo se fue dispersando. No fui el único que se fue. Pasaron cosas. Fue una época en la que si me hubiera quedado… no sé. Tengo amigos que se quedaron y aguantaron bastante más.

429270_106962496102082_87007359_nDurante esos primeros años aquí en España, ¿alguna vez tuvieron la idea, o la ilusión, de regresar a Argentina?
El plan con mis padres era venir aquí por dos años, hasta que se calmase un poco todo. ¡Pero a los dos años no me sacaban de aquí ni con una ametralladora! ¡Me tenían que sacar con una escopeta! (Risas)

Sin embargo el recuerdo de la Tequilamanía continúa teniendo vigencia. Nunca dejó de ser una banda muy especialmente recordada en cada oportunidad en la que se hable de rock español.
A la gente le impactó mucho. A veces me subo a un taxi, o cuando me toca estar con alguien de mi generación que me reconoce, y no pueden parar de hablarme de Tequila. Y también están los que me vieron. A veces, cuando íbamos a tocar los pueblos, era como si hubieran llegado marcianos…

Me imagino, ¡con esas vestimentas!
¡Claro! Si Madrid era pueblerina, imaginate lo que eran los pueblos de España. No sabían ni lo que era un grupo de rock. Era todo muy primitivo, y nosotros íbamos con unas pintas tremendas. Y la situación en general también era muy rara, porque todavía no estaba armada la producción de conciertos, y mucho menos de rock. Entonces, por ejemplo, teníamos que ir a tocar a un sitio, y de repente íbamos en tren, ¡y nos bajábamos del tren con los Marshalls!

Bueno, hoy en día todavía hay músicos que recién empiezan, y que se ven obligados a moverse así.
OK, ¿pero a qué músico se le puede ocurrir la locura de meterse en un tren con un Marshall? (Risas) Entonces bajábamos en la estación, ¡y nos íbamos hasta el hotel empujando los Marshalls por la calle! Y la gente nos veía haciéndolo. Una vez íbamos empujando los amplificadores y un tipo gritó, “mira, ¡ahí van los Rolling Stones!” (Risas) Vio unos tipos ahí con los pelos largos, con pantalones rojos y no sé qué, y con amplificadores, y dijo ¡“son los Rolling Stones”! (Más risas)

TEQUILA ON THE ROCKS
Indudablemente lo de Uds. era un verdadero trabajo a pulmón…
Teníamos un tipo que se encargaba de todo, pero en los primeros tiempos, cuando todavía no habíamos grabado nada, sí, era todo a pulmón. Llegábamos de vuelta a Madrid a las seis de la mañana en la furgoneta, porque no había hotel donde parar en donde fuera que habíamos tocado la noche anterior, y todavía teníamos que descargar hasta el equipo de voces. Bajábamos todo, y después, ya de día, cada uno se iba a su casa.

Así y todo, desde afuera se ve como que la pasaban realmente bien.
Ya como adulto, a veces trato de recordar cómo fue. Porque claro, de joven pensás, “chicas, drogas, conciertos…”, todo ahí, sin tener que salir del hotel, ¿cómo no va a ser disfrutable? Pero yendo a algo más profundo, se trata de pensar cómo era realmente. Al mismo tiempo también percibíamos un poco la mala onda, y con Tequila en algunos momentos hasta hubo situaciones violentas y agresivas.

¿Lo decís por un rechazo de parte de la gente mayor de edad?
No, lo digo por el lado del público masculino. Eso era todo un inconveniente. Yo no podía salir solo a la calle. En aquel momento en Madrid se vivía una época muy pesada. A nosotros nos gustaba meternos en la zona donde pasaban las cosas. Y también donde te las pasaban. Y no siempre tenías a alguien disponible para que venga a tu casa. Entonces nos metíamos donde fuera que hubiera que meterse. Ser de Tequila también tenía sus momentos peligrosos. Una vez nos sacaron a botellazos de un concierto con Ian Dury en Barcelona. Eso ya fue casi al final… En los días finales de Tequila pasaron cosas jodidas, y una de esas cosas también fue que una vez nos robaron todos los equipos.

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1981 vio la salida de “Confidencial”, el último disco de Tequila

¿Eso fue más o menos en la época del disco “Confidencial” (1981)?
No, fue después. Esa cosa del “ciudadano ilustre”, ¿no? La paradoja del éxito. También existía eso. Estaba todo eso del éxito, y de ser una estrella de rock and roll, o del pop. Porque también éramos estrellas pop. España nos encasilló un poco como un grupo “de fans”, con aquello de la Tequilamanía, las chicas…Y también sufríamos por eso. Y éramos tan jóvenes, que no pudimos manejarlo.

¿Pensás que situaciones de ese tipo fueron las que derivaron en el final del grupo?
Bueno, pasó que tuvimos que cambiarnos de nuestra sala de toda la vida, que era un ranchito divino al que venía demasiada gente. Un día llegamos y nos encontramos con que habían roto el techo y se habían llevado todo. Por otro lado empezó a pasar lo que te decía, empezamos a notar violencia en los conciertos. Luego pasó que, estéticamente, empecé a tener desacuerdos con Alejo. Yo quería probar otras cosas, como lo hice después en canciones como “Debajo Del Puente”

Claro, cambiaba el sonido de la época.
Cambiaba el sonido, y en ese sentido Alejo era mucho más conservador. A él no le interesaba ese cambio. Entonces, llegado el momento en que empezamos a componer lo que iba a ser el disco que iba a venir después de “Confidencial”, era muy difícil entenderse. Y aparte también estábamos muy pasados.

Toda una conjunción de factores.
Sí, todas esas cosas, hasta que finalmente yo les dije, “chicos, hagan lo que quieran, pero yo me voy”

Siempre lamenté que no haya habido otro disco, porque los demos que luego aparecieron como extras en la recopilación “Tequila Forever” (“Dudas”, “La Isla” y “No, No, No”) me parecen buenísimos.
Sí, pero eso ya no era Tequila, eso ya era cualquier cosa.

No obstante, “La Isla” es una gran canción, de hecho después incorporaste parte de su letra en la canción “Seducción”, que estaba en el álbum “Debajo Del Puente”.
Claro. ¡Muy bien! Esas cuatro canciones podrían haber formado parte de “Debajo Del Puente”, sin duda.

De hecho ya se perfilaba un sonido más moderno.
Pero eso ya pasaba en “Confidencial”. Para entonces nos gustaban los Clash, Elvis Costello… También queríamos un poco buscar por ese lado, y no sólo por el de los Stones. Incluso el disco es distinto desde la estética, con más fotos en blanco y negro. Ya habíamos empezado a interesarnos en nuevas cosas.

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Tequila en blanco y negro: elviscostelleros, blondieros y newwaveros

O incluso más para cerca de Blondie, o de la New Wave, ¿no?
Sí, claro.

Y si bien eran todos excelentes músicos, no quiero dejar de mencionar a un gran baterista rítmico como Manolo Iglesias, fallecido en 1994, que sonaba realmente fresco, ¡y además muy salvaje!
Sí, y aparte era muy divertido cuando tocaba, muy gracioso. Como sabés, ahora estamos haciendo algunos shows con Tequila y el baterista, que es chileno, le copia muchos feels a Manolo. Era muy especial.

Definitivamente las cosas habían cambiado mucho en los últimos tiempos del grupo…
Y aparte para entonces ya nos tocaba compartir el “pastel”, el reinado. Estábamos muy tranquilos pero claro, ya había empezado a pegar el heavy. Nuestra compañía discográfica tenía a Barón Rojo y a Obús. Entonces, ya no nos trataban tan bien como al principio.

Y también ocurrió que la escena del heavy se afianzó mucho en España.
Sí, y eso es algo que sigue siendo muy fiel, como suele ser el público heavy de todo el mundo.

YO VIVÍA CON TEQUILA MUY CONTENTO
Recién mencionabas los problemas de estética que solías tener con Alejo, ¿pero también te pasaba en lo musical, o más estrictamente en lo vocal? De hecho, en los cuatro discos que editaron, solo cantaste una canción, “Estoy En La Luna”, donde compartís la parte vocal con Alejo. ¿Hubo algún otro intento de que cantes canciones en los discos de Tequila?
No, nunca me lo planteé. Recordemos que durante los primeros meses de Tequila, cuando todavía era un cuarteto, las canciones las cantaba yo. Me costó mucho convencer a Julián (N.: Infante, el otro guitarrista de la banda junto a Ariel y luego también compañero en los Rodríguez) que tenía que entrar otro argentino al grupo. Simplemente, Julián no quería que fuera así. Siempre me decía, “no, canta tú que cantas bien”. Y yo le decía, “no, pero tengo un amigo argentino, con el que compuse algunas de las canciones que estamos tocando…” ¡Pero Julián no quería saber nada! (Risas) Hasta que se fue el baterista original.

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La formación original de Tequila, todavía cuarteto. De izq. a der. Julián(sentado), Ariel, Felipe y el Oso. (Foto: Archivo Ariel Rot)

¿El Oso?
El Oso, sí. Entonces hubo una época que estuvimos sin baterista , y uno de los experimentos que hicimos fue poner a Julián a la batería. Y ahí fue cuando finalmente me permitió que venga Alejo a cantar, y también como guitarrista.

De hecho Julián tocaba muy bien la batería. Recuerdo canciones como “Ya Soy Mayor”, en donde se encarga él de tocarla.
Y también está en “El Barco” el reggae. Pero Julián quería seguir tocando la guitarra, si bien Alejo ya estaba adentro del grupo, ¡Ya había puesto el piecito ahí! (Risas) Pero durante varios meses canté yo, si bien mi rol nunca fue el de cantante, digamos, de cuna. Así como sí lo fue como guitarrista. Yo podía vivir perfectamente sin cantar.

Al menos no lo habrá sido durante esa época, porque después sí fue algo que terminó formando parte fundamental de tu carrera.
Sí. Después de haberlo sufrido durante mucho tiempo, empecé a disfrutar de cantar, y también de eso de expresar y de contar cosas.

Volviendo a Julián, siempre pienso que, a pesar de su partida física hace ya varios años, de alguna manera sigue estando muy presente en tu vida. La melancolía tiene esas cosas: la amamos y la odiamos al mismo tiempo. Y siempre noto referencias nostálgicas que te llevan a él, como fue en el caso de “El Mundo De Ayer”. Bueno, en verdad nunca tuve la certeza de que fuera así. Pero sí que lo hiciste en tu último disco, en la canción “Broder”.
“Broder” está oficialmente dedicada a él. Siempre puede haber una frase dedicada a Julián en alguna canción. Y en “El Mundo…”, sí, hay momentos. Incluso hay estrofas dedicadas a Julián, pero es algo más genérico. “Broder” es más directo, acordándome de él… Lo del calabozo, todas cosas que pasaron…

Siempre me pregunté por qué es que después él dejó de aparecer o colaborar en tus aventuras solistas, habiéndolo hecho en tus dos primeros discos (“Debajo Del Puente” y “Vértigo”) Y si bien estuvieron juntos en los días de Los Rodríguez, que después no lo haya hecho cuando todavía vivía, cuando editaste “Hablando Solo” o “Cenizas En El Aire”.
Es que con él nunca hubo una despedida. Los Rodríguez terminamos todos un poco quemados. La gran ruptura en Tequila se dio con Alejo, porque componíamos juntos, pero siempre fue natural seguir tocando con Julián. Después de Los Rodríguez, yo necesité descansar de Julián. Hubo un largo tiempo en el cual no nos vimos. Y después de la separación de la banda, él desapareció por una temporada. Y cuando volvió ya estaba enfermo. Muy enfermo. Pero después se recuperó. Eso fue muy duro, porque llegó un momento en que nos decíamos “éste nos va a enterrar a todos” (Risas)

los-rodriguez-02-10-15Pero de alguna manera, insisto, siempre siguió estando presente.
Siempre estuvo muy presente, y también lo sigue estando, y tal vez, con el paso del tiempo, esa ausencia se hace más notoria, porque él no me llegó a conocer ya como padre. ¿Cómo hubiese sido esta etapa adulta? Digo, siendo un amigo tan fraternal, casi como un hermano… ¿Cómo hubiésemos llevado esta etapa de nuestras vidas? Tener un “gomía” así para compartir estos años hubiera sido algo muy poderoso.

¿Esperaban que él terminara así?
Yo creo que es al revés, que no podría haber ocurrido de otra manera.

¿Julián tenía un hijo, verdad? ¿Seguiste teniendo relación con su familia después de su muerte?
Dos hijos. De hecho, cuando murió, también ya era abuelo, de un bebé. ¿La familia de Julián? ¡Vinieron a un concierto de Tequila! Nos abrazamos, lloraron… todo.

Julián y Manolo ya no están, y Alejo sigue muy cerca tuyo, ¿pero acaso también seguís en contacto con Felipe Lipe, el ex bajista de Tequila?
No, nos distanciamos. Felipe vino a tocar en la gira reunión de Tequila de hace diez años, y la cosa salió mal. Él se dio cuenta de que estaba en inferioridad de condiciones, y entonces se retiró a tiempo.

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Julián y Ariel, en otra postal de tiempos pasados

¿Nunca lograron recomponer esa parte?
Ahí ya nos distanciamos, tal vez medio definitivamente. En verdad con Felipe nunca nos peleamos, incluso cada tanto me llamaba. Y tampoco es que ahora haya habido una ruptura, pero tal vez esa vez nos permitió ver las diferencias que teníamos en la vida, en lo musical y en lo personal. Ya no teníamos mucho que ver. Tal vez lo único que nos unió fue ese pequeño momento cuando éramos pibes.

INFORMACIÓN CONFIDENCIAL
Me siento obligado a hacerte una pregunta “de fan”. En la canción “¿Qué Pasa Conmigo?” de “Confidencial”, que fue grabado en Inglaterra, aparece tocando la armónica un tal Paul Jones. ¿No será Paul Pond, no? Sabés de qué estoy hablando…
No, ese era el armonicista de Manfred Mann.

Exacto. Es precisamente por eso que te pregunto, porque al principio, Paul Jones usaba su nombre original, Paul Pond. O también su nombre artístico, P.P. Jones, en los días que tocaba junto a Brian Jones en Londres, antes que se formasen los Stones. De hecho, antes de la aparición de Jagger, Brian le había propuesto a Paul Jones cantar en la banda que quería formar. Y me pareció muy casual que el tipo que metió la armónica en la canción tuviera el mismo nombre.
No lo sé, pero el tipo era muy amigo de Peter McNamee, quien produjo el disco.

18Continuemos hablando de Tequila, no puedo evitarlo. Me gustaría que me hables sobre el disco que la banda alguna vez grabó para el mercado japonés, y que hoy por hoy resulta prácticamente inconseguible. De hecho lo único que hay dando vueltas por ahí es una de las canciones, en YouTube, al menos cierta vez la encontré ahí. ¿Es verdad que grabaron una canción de Leif Garrett para el disco?
No, no era de Leif Garrett, sino una que él versionaba, “Forget About You”(canta el estribillo de la canción). Los japoneses nos impusieron dos canciones. Y no sólo eso. Nos hicieron unas cuantas perrerías. Habían traducido las letras de Tequila al inglés, eran tremendas. …

¿No respetaron las letras originales? 
No, muy poco. Con clichés, frases manidas…

Volviendo a la nueva versión de la banda, Uds. ya habían hecho una pequeña gira reunión hace unos años, e incluso regrabaron “Que El Tiempo No Te Cambie”.
¡No, fue una gira grande!

Bueno, pero después eso cesó, y hace un tiempo, buceando en las benditas redes sociales, me sorprendió enterarme de esta nueva reunión del grupo.
Sí, ésta es menos formal, digamos. Surgió por una marca que quería hacer cuatro conciertos con la banda. Y decidimos hacerlos. Armamos la banda para esos cuatro shows. Pero luego empezaron a llamarnos y preguntar si había posibilidades de hacer alguna cosa más. No quisimos hacer eso de “otra vuelta”, ni tampoco promoción, pero si nos ofrecen durante un tiempo hacer conciertos, los vamos a hacer.

61FmubHZfaL._SX355_¿Tenés la idea también de retomar tu carrera solista? “La Manada”, tu más reciente trabajo, es realmente un disco grandioso.
Por el momento estoy sin proyecto en mente, pero sí estoy haciendo lo de Tequila, y voy a volver a hacer shows en solitario, lo mismo de aquel espectáculo que se llamó “Solo Rot”, con solo yo en el escenario. Un “one man show”, ¿no? Lo dejé de hacer hace dos años. Hablaba mucho, contaba muchas historias, y tal. No sé si ahora voy a hacerlo igual, tal vez a lo mejor cambie un poco el concepto. No lo tengo muy claro. Lo estoy armando. Pero no es un proyecto nuevo. Vengo de hacer tres discos de canciones nuevas –“Solo Rot”, “La Huesuda” y “La Manada”– que es algo que para mí está muy arriba, pero que tampoco trascendieron excesivamente. No sé si estoy motivado para otro disco así. Para mí, después de esa trilogía, me gustaría que el siguiente proyecto tuviese otra cosa. Todavía no lo sé. Son los discos que hice a partir de los 50 años. Porque ya en “Solo Rot” hablo del tema de la edad en canciones como “Manos Expertas”. Ya empiezo a hablar del tema. Los discos no son exactamente iguales entre sí, siendo “La Huesuda” el que más se diferencia de todos, porque tiene otro tipo de sonido. Últimamente tengo el reproductor de mp3 en “aleatorio” en el coche. Tengo un coche nuevo y, según me subo, empieza a sonar el teléfono, con todo lo que tengo. Y empecé a escuchar canciones mías, que también están ahí, y me sorprendió mucho el sonido de “La Huesuda”. De hecho me sorprendió muchísimo. Me parece una cosa muy distinta a lo que alguna vez hice. Canciones como “Mil Palabras Sucias Al Oído”… Creo que con José Norte se alcanzó un nivel muy fino.

Seguramente el productor tendrá mucho que ver con eso.
Sí. Bueno, es lo que estaba buscando en ese disco. Es algo que tenía muy claro. Yo quería usar otros instrumentos, y no los que siempre usaba. Ya venía con la gira del piano, y entonces compuse prácticamente todas las canciones así.

Claro, cosas como “Para Escribir Otro Final”.
Sí, son todas canciones muy pianísticas, y que por lo tanto puedo hacerlas todas en el piano. Mientras que “Solo Rot” y “La Manada” se parecen un poco.

Reitero, “La Manada” me pareció un álbum lindísimo, y además me gustó mucho que la canción que le da título al disco sea también quizás mi balada favorita de todas las que están ahí.
Yo encuentro en esa canción partes que me suenan a Dylan…

Y “En el Borde De La Orilla” me hace acordar a Moris…
Bueno, sí, ¡es casi un homenaje a él!

Mientras que en “Se Me Hizo Tarde Muy Pronto” escucho “Stay With Me”de los Faces.
¡Totalmente! Pero “La Manada”, la canción, tiene un momento “Wild Horses”. O tal vez es algo que imaginé yo, y que tal vez no tenga nada que ver.

¿Sos de poner todavía esos discos de Dylan o de los Stones que escuchabas al principio, ya sea en casa, o en el auto?
De vez en cuando. Escucho más roots, en todo caso. En el coche me gusta más escuchar a Chuck Berry. Pero volviendo a esos discos esenciales de nuestra vida, trato de no escucharlos mucho, porque me da la sensación de que, si lo hago, se va a perder el efecto.

¿Cómo es eso?
Sí, van a perder el efecto. Prefiero aguantarme, aguantarme y aguantarme. Que pase mucho tiempo y un día decir, “OK, lo voy a volver a escuchar”. Como para potenciar el efecto. Es como la abstinencia, para luego disfrutarlos más.

Hmm, muy interesante. Me resulta un buen consejo.
Claro, a mí me pasa. Y con los discos argentinos también. No puedo escuchar “Artaud” muy a menudo. Prefiero dosificar a esos discos, si no me da la sensación que la emoción puede gastarse.

Sin embargo, es una emoción permanente.
Bueno, cada uno lo lleva a su manera…

OTRAS BANDAS, OTRAS HISTORIAS
Antes que me olvide, creo que deberíamos hablar un poco de la etapa de Los Rodríguez y lo de la rumba catalana, básicamente en canciones como “Sin Documentos” o en “La Milonga Del Marinero Y El Capitán”, que en cierta manera fue un sonido que terminó siendo marca registrada en buena parte de las canciones del grupo.
En realidad teníamos pocas canciones de esas. Teníamos más “canción argentina rock”, que todo eso. Lo que pasa es que “Sin Documentos” fue muy famosa. Y lo mismo pasó con “La Milonga…”, que viene de González Tuñón.

Y más tarde hiciste lo mismo en “Dos De Corazones”
Sí, es una especie de milonga, pero mal tocada. Es una interpretación mía para poder tocar milonga sin saber ese swing, digamos.

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El autor y el entrevistado de esta nota en Madrid, vestidos al tono para la ocasión (Foto: @M. Sonaglioni 2017)

En 2001, cuando editaste el video del show de “En Vivo Mucho Mejor”, usás una campera con inscripciones que dicen “Colectivo 60” y “Manosanta”… ¿Los usabas a modo de amuletos?
Oh, eso es muy triste, porque es una campera hecha por David Delfín, que también hizo las letras del arte de tapa de “Lo Siento, Frank”, y que murió este año. La explicación de todo eso es que responde al nombre de mi editorial, que se llama Manosanta, por Olmedo.

¡Qué grande!
Sí sí…Fueron como dos emblemas. David Delfín me dijo, “decime dos cosas que querés que te ponga en la chaqueta, que sean fuertes”. El público español habrá pensado que lo de “manosanta” es porque soy guitarrista, ¡pero nada que ver! (Risas)

A lo largo de tu carrera grabaste muchísimo material, cantidades de canciones, sobre todo en tu etapa solista. ¿Te quedó mucho material afuera, demos o inéditos que alguna vez pienses editar? ¿Algo tipo box set o similar?
No, qué va… Como máximo a mí siempre me sobran dos o tres canciones por disco. Yo voy haciendo la edición de un disco durante la composición.

¿Siempre mantuviste ese esquema de trabajo?
Sí, soy de desechar en el camino. De hecho algunas quedaron para discos que vinieron después.

Tuviste, y también seguís teniendo, una vida muy rica en historias. ¿Nunca pensaste en escribir una autobiografía? Algo que, ya que estamos, está muy en boga por estos días.
Bueno, podría ser… pero por el momento prefiero poner más energía en la música.

21BRODER, UN VINO PARA HERMANOS DE TODA LA VIDA
“Con mi amigo Federico Oldenburg se nos ocurrió desde hace unos años hacer un vino con cada disco que edito. El primero se llamó La Huesuda, como el nombre del disco anterior, y a éste le pusimos Broder, nombre de una de las canciones que están en el álbum ‘La Manada’, y que está dedicada a Julián Infante. Siempre optamos por bodegas especiales, que trabajan al margen de los gustos del mercado con uvas autóctonas y con mucho mimo, bodegas con las que me siento identificado porque en cierto modo tienen una filosofía con respecto al vino como la mía hacia la música. Es un vino ligero con un frescor poderoso, noble y extraordinariamente bien hecho. Es de Ánima Negra, una bodega de Mallorca, de la que soy un gran fan desde hace años, así que es un honor y un placer poder haber hecho un vino con ellos. ¡Salud!”

RAREZAS: ENCUENTRAN COPIAS SELLADAS DEL “BLACK ALBUM” DE PRINCE, UNO DE LOS VINILOS MÁS CAROS DE LA HISTORIA

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Publicado en Revista Madhouse el 13 de diciembre de 2017

Si las vueltas del destino te llevaron a convertirte en fan de Prince o en uno de sus entusiastas coleccionistas, tal vez sea entonces el momento de olvidar irte de vacaciones por un par de décadas, o de organizar una colecta de la que participen todos los miembros de tu familia, incluso esos primos y tíos lejanos que tal vez ahora sí se dignen a darte esa mano que alguna vez te prometieron… Como sea, si llegás a reunir la friolera de U$15.000, entonces tal vez ésta sea la oportunidad de hacerte de una copia original en vinilo del famoso “Black Album”, una pieza de colección que cuenta con la condición de ser uno de los discos más caros de la historia de la música toda.

2Y si de historia hablamos, ante todo debemos remitirnos a 1987, en ocasión en que los rumores indicaban que ése era el nombre del nuevo álbum que Prince estaba por lanzar. Claro que, a último momento, y muy cerca de su edición final, tras convencerse de que el disco era “maldito”, el recordado “genio de Minneapolis” no sólo optó por archivar su nuevo proyecto, sino que también ordenó a la Warner Bros., la compañía para la que grababa, destruir el medio millón de vinilos que ya habían sido impresos, prontos y listos a ofrecerse comercialmente. En consecuencia, los empleados del sello discográfico se vieron obligados a trabajar arduamente cuando les fue impartida la misión de destrozar todas y cada una de las copias del disco, tarea que también incluyó a varios CDs “de adelanto” (esos que suelen enviarse a la prensa musical ante de las ediciones comerciales definitivas), y fue recién 17 años más tarde, en 1994, que Prince finalmente accedió a que su compañía grabadora lo edite en formato de CD y cassette, sin abandonar su rechazo inicial a la propuesta en vinilo.
Pero el año pasado, algo después de su sorpresiva muerte, una copia promocional del “Black Album” apareció repentinamente a la venta en la web de Discogs, acaso el sitio online más completo de información sobre grabaciones de audio (oficiales y promocionales) que el mundo conozca. Fue ahí donde un suertudo cliente accedió a pagar la suma para hacerse de un ítem único en su especie, convirtiéndose así en el álbum más caro vendido alguna vez en esa plataforma, y por el que muchos otros coleccionistas, dado su alto valor, no pudieron salirle a competir.
3Para colmo de todos los males, los fans más acérrimos de Prince Rogers Nelson se ganaron un inesperado dolor de cabeza extra cuando en agosto del año pasado, una extraña edición en cassette titulada “The Versace Experience – Prelude 2 Gold”, que registraba versiones remezcladas de canciones de su trabajo de 1995 “The Gold Experience”, y que sólo se había regalado a modo de souvenir a los exclusivos asistentes al show de Versace de la Feria de la Moda de París de ese año, terminó comercializándose en el sitio de Discogs por la suma de 4.087 dólares, convirtiéndose en otro “coleccionable” de características económicamente inalcanzables para los fans de bolsillos más flacos.
A tres décadas del cancelado lanzamiento inicial del “Black Album” (al que muchos no dudaron en bautizar “el disco más buscado de la historia de la música”), los avatares de la vida lograron que, ¡oh casualidad!, hace apenas unos días corra la noticia de que muchas de esas copias, que supuestamente habían sido pulverizadas, aparezcan milagrosamente a la venta. O mejor aún, si se quiere, después que la hija de un ex directivo de la Warner Bros., tras revisar unas cajas que tenía en el armario de su habitación, se topara recientemente con dos cajas tamaño LP con el sello de la discográfica cerradas que, entre vinilo y vinilo, incluían cinco muestras impecables del “Black Album”, para acto seguido contactar a un tal Jeff Gold (ex vicepresidente de la compañía, hoy día a cargo del sitio de memorabilia Record Mecca) y, tras interiorizarlo del notable hallazgo, descubrir el alto costo de cada una de ellas, basándose en la cifra a la que llegó a venderse en Discogs por aquel entonces.
4Gold terminó pidiéndole tres de las cinco piezas descubiertas, las mismas que, claro, se vendieron como pan caliente en días sucesivos. “Se trata simplemente de uno de los discos más raros del mundo, si no es el más raro de todos”, afirmó un afortunado Gold tras la pronta adquisición y su eventual despacho.“Al comienzo pensé que se trataba de un disco falso, pero uno no podía saberlo hasta abrirlo e inspeccionarlo”… Pero una vez que se contactó con alguien a quien conocía de sus días en la Warner Bros., quien le confirmó su autenticidad, logró llegar a la conclusión de que se trataba de un material absolutamente genuino.
Ahora que Gold (lo del apellido es pura casualidad) logró apoderarse de varias copias del inhallable disco, trasladó su obsesión a otro disco del artista que, según confirmó, es aún más difícil de encontrar. “Hace poco se vendieron dos copias de prueba de ‘Camille’, otro trabajo inédito de Prince, y a un precio exorbitante. No se sabe mucho del disco, supongo que es algo que el mismo Prince imprimió…No lo hicieron los de la Warner Bros. Ninguno de mis ex-compañeros del sello saben algo de él. Pero si estás buscando discos que hayan sido completados, el ‘Black Album’ está en la cima de la lista de los más raros del mundo”, concluyó. Por lo que ya sabés qué es lo que tenés que hacer. Todavía quedan dos copias disponibles a la venta aquí en Record Mecca, si es que esos familiares están dispuestos a darte una mano, ahora que ya te decidiste a sacrificar toda una vida de vacaciones, y antes que tu esposa contacte al abogado para iniciar los trámites de divorcio.

DISCOANÁLISIS: LOS INTERMINABLES STONES Y SUS TRES AÑOS “EN EL AIRE”

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Publicado en Revista Madhouse el 9 de diciembre de 2017

edición deluxePACIENTE: Rolling Stones “On Air” (Interscope, 2017)

HISTORIA CLÍNICA: Ahora que las bóvedas del tiempo finalmente se dignaron a parir, ahora que el reloj que no para de girar sigue acrecentando el pasado minuto a minuto, los Rolling Stones finalmente editaron uno de los lanzamientos más esperados de sus -hasta ahora- más de 55 años de carrera. Y no sólo para regocijo de sus fans. “On Air” viene a cumplir ese objetivo tan largamente soñado, llenando uno de los tantos huecos que también habían quedado pendientes en la vastísima historia del rock y la música popular: editar oficialmente las sesiones de radio registradas para la BBC durante las etapas más prematuras de la banda.

Si ya lo habían hecho los Beatles en 1994, o Led Zeppelin tres años después (tan sólo por nombrar las más recordadas), ¿qué esperaban los Stones para decidirse a brindarle oficialmente al público parte de todas esas grabaciones seminales y formativas? Con seguridad, mucho habrá tenido que ver el éxito logrado con “Blue & Lonesome”, su más reciente trabajo de estudio, una colección de covers de blues registrados de manera cruda y directa en apenas un puñado de días, lanzado en diciembre del año pasado y que terminó tomándolos por sorpresa. “Ya estoy esperando a que salga el segundo volumen”, sugirió Keith Richards al respecto en aquellos días. Y entonces todo podría indicar que tal vez ésta sea la respuesta a semejante interrogante. Indiscutiblemente esa secuela a la que Richards aludía está representada por “On Air”. Si “Blue & Lonesome” nos mostraba a los Stones rindiéndole tributo a la música que los inspiró originalmente, el nuevo disco -que presenta material muy antiguo, paradójicamente- representa el primer lanzamiento legítimo de material en estudio y en vivo que el grupo grabó para la BBC entre 1963 y 1965, en instancias en que su ascenso a la fama comenzaba a dar señales más certeras, y también marcando aquel antes de que la sociedad compositiva de Mick Jagger y Keith Richard (que por entonces usaba su apellido sin la “s” original) comenzara a dar frutos. Y con Brian Jones en la banda, claro.

“En el momento en que lo hicimos, nos dijimos ‘¡Oh Dios mío, la BBC!’”, apuntó el guitarrista en una reciente entrevista para el diario L.A. Times. “Sólo queríamos ocultar el terror auténtico que teníamos. Había muchísima adrenalina”. Y a los hechos nos remitimos, entonces. Por aquellos años, el gobierno británico había instruido a las transmisoras que los artistas grabasen canciones diferentes para las emisoras de radio y de TV, o bien que las registren en vivo. Pero lo que podía ser una tarea extra para quienes tenían que someterse a esa política estatal, que claramente no formaba parte de sus agendas, acabó siendo una gran oportunidad para dejar una buena cantidad de nuevas tomas de muchos de sus grandes éxitos para la posteridad, o versionando canciones que, de otra manera, jamás hubieran alcanzado el vinilo. “La BBC quería que formemos parte de todo eso, y realmente no sabíamos por qué, o qué estábamos haciendo”, agregó Keith. “Tocábamos blues en bares, pero entonces metimos un disco en el Top 10, y de repente éramos la otra alternativa a los Beatles… Dios los bendiga. Lo primero que recuerdo sobre mi encuentro con la BBC es el tipo que estaba a cargo de controlar los micrófonos. Tenía un bigote enorme, como si fuera un oficial de la Fuerza Aérea Real británica, que me dijo ‘Si llegás a tocar ese micrófono, te decapito’. De todas formas yo no tenía idea de qué es lo que iba a hacer con el micrófono, pero tampoco es que él la tuviera mucho más que nosotros”.

ROLLING-LIBROAnticipado por un libro con un título de características similares titulado “Rolling Stones On Air In The Sixties: TV and Radio History As It Happened”, que detalla las presentaciones en radio y TV del grupo de 1963 hasta 1969, editado en noviembre, “On Air” (el vinilo, de tapa naranja) fue lanzado mundialmente el pasado 2 de diciembre, reuniendo 18 canciones -a las que se agrega una edición deluxe con 16 más, de cubierta amarilla, y una tercera en vinilo doble del mismo color- todas ellas registradas en sesiones de radio para distintos shows que integraban la programación de la BBC desde 1963 a 1965 (“Saturday Club”, “Top Gear”, “Rhythm And Blues” y “The Joe Loss Pop Show”, entre otros), de las cuales ocho nunca fueron registradas o editadas comercialmente. Para la ocasión, todas las tomas fueron sometidas a un proceso de remasterización especial bautizado “separación de fuente de audio”, en el que los ingenieros de los estudios Abbey Road contratados para realizar el proyecto se encargaron de que cada porción del audio radial (esto es, voces e instrumentación) fuera separada de la mezcla original para luego ser reconstruidas y remezcladas en conjunto, de esa forma logrando un sonido final con más sustancia. Los resultados pueden llegar a ser llamativos para quienes escuchen las pistas por primera vez, pero no tanto para aquellos que conozcan la sesionografía de los Stones más en profundidad. ¿El motivo? Todas las canciones que integran “On Air” ya habían visto la luz en decenas de bootlegs (ediciones piratas, no oficiales) desde al menos mediados de la década del 70. Nada nuevo para ellos, entonces, salvo la leve pero no menos sustancial mejora en la calidad del sonido, 50 y pico de años después, remasterizado para la edición que nos compete.

“Cuando escucho las canciones”, continúa Richards, “siento que hay mucha energía y entusiasmo, y me dan ganas de ponerme a remixarlas. Pero en esa época no se remezclaban. Uno pensaba –creía, habiendo sido criado en Londres- que la BBC sabía lo que hacía. Y después cuando nos grababan allí uno descubría que no tenían la menor idea de cómo grabar a un grupo así. En aquellos shows uno no tenía noción de lo que los micrófonos estaban captando, y de cómo se iba a escuchar después en la radio. Sólo esperábamos que saliera lo mejor posible. Escuchándolas ahora, pienso que capturaron el espíritu de todo. Podría ponerme a discutir si Brian sonaba muy alto, o no, pero fuera de esas cosas, creo que es un disco fascinante” Y así lo demuestra la mayor parte del material incluido, aún cuando los expertos más avezados, aquellos ya familiarizados con las canciones gracias a esas grabaciones inéditas que habían circulado muchos años antes, puedan llegar a descubrir que las versiones de “Hi Heel Sneakers” y “Ain’t That Loving You Baby” no están completas, lo que podría ser una buena pregunta para los ingenieros detrás del proyecto. Muchas de las canciones suenan realmente oscuras, por lo que la comparación con las tomas que aparecieron originalmente en los piratas pueda resultar apenas simbólica (como en el caso de “Walking The Dog”, grabada para el programa “Saturday Club” de 1964), mientras que en “Little By Little”, del mismo año, la calidad del sonido es muy cristalina. Tanto o más que el sonido del bajo de Bill Wyman, o sus coros junto a Richard(s) y Jones, que marcan una gran diferencia respecto a los de las versiones que antes habían visto la luz extraoficialmente. Otras directamente pierden las introducciones originales de los anunciadores radiales, como en el maravilloso cover de Bo Diddley “Cops And Robbers”. Y agreguemos un detalle más: el listado de las pistas tampoco aparece en orden cronológico. Como dato de color, “On Air” cierra con el único instrumental grabado alguna vez por los Stones: “2120 South Michigan Avenue”, un homenaje deliberado a la dirección física de los legendarios estudios Chess de Chicago, acaso la factoría primordial de las canciones que inspiraron al grupo a convertirse en el fenómeno definitivo que fueron, son y, eventualmente, serán por siempre.

edición comúnDIAGNÓSTICO: Nos encontramos con los Rolling Stones en su formación original con Brian Jones entre 1963 y 1965, en el período comprendido entre su homónimo álbum debut y “Out Of Our Heads”, cuando apenas promediaban los 25 años de edad. Aquí está finalmente la primera de las piezas que faltaba para empezar a completar oficialmente el álbum de figuritas perdidas de la banda, y auspiciosamente agregarán otros lanzamientos en la misma línea en un futuro, esperemos, muy cercano… Crucemos los dedos sin culpa, mientras tanto. El tiempo seguramente seguirá estando de su lado.

LISTA DE CANCIONES (versión original)
1. “Come On” (Saturday Club, 26 de octubre de 1963)
2. “(I Can’t Get No) Satisfaction” (Saturday Club, 18 de septiembre de 1965)
3. “Roll Over Beethoven” (Saturday Club, 26 de octubre de 1963)
4. “The Spider And The Fly” (Yeah Yeah, 30 de agosto de 1965)
5. “Cops And Robbers” (Blues in Rhythm, 9 de mayo de 1964)
6. “It’s All Over Now” (The Joe Loss Pop Show, 17 de julio de 1964)
7. “Route 66” (Blues in Rhythm, 9 de mayo de 1964)
8. “Memphis, Tennessee” (Saturday Club, 26 de octubre de 1963
9.”Down The Road Apiece” (Top Gear, 6 de marzo de 1965)
10. “The Last Time” (Top Gear, 6 de marzo de 1965)
11. “Cry To Me” (Saturday Club, 18 de septiembre de 1965)
12. “Mercy, Mercy” (Yeah Yeah, 30 de agosto de 1965)
13. “Oh! Baby (We Got A Good Thing Goin’)” (Saturday Club, 18 de septiembre de 1965)
14. “Around And Around” (Top Gear, 23 de julio de 1964)
15. “Hi Heel Sneakers” (Saturday Club, 18 de abril de 1964)
16. “Fannie Mae” (Saturday Club, 18 de septiembre de 1965)
17. “You Better Move On” (Blues in Rhythm, 9 de mayo de 1964)
18. “Mona” (Blues In Rhythm, 9 de mayo de 1964)

CANCIONES EXTRA (edición de lujo)
19. “I Wanna Be Your Man” (Saturday Club, 8 de febrero de 1964)
20. “Carol” (Saturday Club, 18 de abril de 1964)
21. “I’m Moving On” (The Joe Loss Pop Show, 10 de abril de 1964)
22. “If You Need Me” (The Joe Loss Pop Show, 17 de julio de 1964)
23. “Walking The Dog” (Saturday Club, 8 de febrero de 1964)
24. “Confessin’ The Blues” (The Joe Loss Pop Show, 17 de Julio de 1964)
25. “Everybody Needs Somebody To Love” (Top Gear, 6 de marzo de 1965)
26. “Little By Little” (The Joe Loss Pop Show, 10 de abril de 1964)
27. “Ain’t That Loving You Baby” (Rhythm And Blues, 31 de octubre de 1964)
28. “Beautiful Delilah” (Saturday Club, 18 de abril de 1964)
29. “Crackin’ Up” (Top Gear, 23 de julio de 1964)
30. “I Can’t Be Satisfied” (Top Gear, 23 de Julio de 1964)
31. “I Just Want to Make Love To You” (Saturday Club, 18 de abril de 1964)
32. “2120 South Michigan Avenue” (Rhythm and Blues, 31 de octubre de 1964)

 

CONCIERTOS: CHRIS JAGGER, EL HERMANO DE MICK, MOSTRÓ SU FOLK & BLUES EN BUENOS AIRES JUNTO A CHARLIE HART

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Publicado en Revista Madhouse el 26 de noviembre de 2017

Chris Jagger y Charlie Hart en Mr. Jones Blues Pub, Ramos Mejía – 21/11/2017

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Que sí, que no. Que sí, que no. Lo que podría interpretarse a priori como un diálogo histérico es apenas el código madre que subyace detrás de la chance de este periodista de entrevistar a Chris Jagger en Inglaterra el año pasado. Son cosas que ocurren cuando uno conoce accidentalmente a un amigo íntimo del músico en cuestión, y éste nos pone en contacto. Fiel a su estilo incansable de girar por Europa y Oceanía, coordinar una entrevista con un artista por demás particular (y muy lejos de aquello de “el hermano menor de Mick”, apenas justificado por la portación de apellido) se tornaba cada vez más remoto. Cuando Chris podía, no me daban los tiempos para acercarme hasta el área del condado de Somerset, donde residía por entonces. La última oportunidad iba a darse cuando él se acercara a la capital británica, pero para entonces uno ya tenía pasaje de regreso a la bendita tierra donde le tocó nacer. “OK Chris, quedará para otra ocasión”, le confesé, dubitativo. “¿Y si la hacemos por Skype?”, me sugirió como última chance, momentos antes de manifestarle mis preferencias por hacerla en vivo y en directo, en lo posible. Por eso resultó toda una sorpresa cuando hace unos meses volví a recibir un mail suyo asegurándome que hacia fines de año vendría a Sudamérica para realizar alguna fecha en el país, y también en Brasil.

QUE SÍ, QUE NO, QUE NI. Todo indicaba que el tiempo se había encargado de alinear los planetas. Claro que los hechos que se diluyeron una vez más cuando, hace apenas un mes y medio atrás, el último 9 de octubre, me lo crucé súbitamente en vivo y en directo en el vip del show de los Stones en Düsseldorf, deseándole lo mejor para su (ahora sí) futuro arribo a Buenos Aires, y al cual se refirió actualizándome que “al final no voy a tocar en Argentina, pero sí voy a estar en Brasil”. Que no, que no, otra vez que no… Por eso me resultó aún más inesperado cundo al pasado martes 21 de noviembre alguien me informó que esa misma noche se iba a estar presentando en un club de blues de Ramos Mejía.

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Desbordado de escepticismo, no acepté la veracidad del hecho antes de ver la confirmación del show en su página oficial, la cual, de no haber pasado por semejante mar de contradicciones anteriormente, más que seguro hubiera chequeado con antelación. Y como si todo esto fuera poco, Chris no sólo iba a tocar esa noche en la ciudad, sino que además lo iba a hacer acompañado del gran Charlie Hart. Que sí, que sí, y que sí, definitivamente, cuando pasadas las 23 hs., en medio de un recinto colmado de adeptos (de claro tinte stoniano, los mismos que posiblemente en su mayoría se hayan acercado por simple curiosidad y adhesión a la causa), el dúo apareció en el escenario del Mr. Jones Blues Pub para agasajar a los allí presentes con tonadas directamente de la cepa más pura del folk inglés e irlandés, empapadas de blues de Louisiana, de country, de cajun, de zydeco, y de otros estilos regionales que suelen abordar . En definitiva, lo que Chris viene haciendo tozudamente desde su álbum debut de 1973 “You Know The Name But Not the Face” (también conocido como “Chris Jagger”, editado bajo es título al año siguiente), y agregando 11 en su discografía hasta su más reciente trabajo “All The Best”, lanzado este mismísimo año.

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LOS HERMANOS SEAN UNIDOS (PERO POR SEPARADO). La experiencia de ver a Chris Jagger en vivo sugiere el previo intento de olvidarse de su célebre apelllido para comprobar que, más allá del hecho de ser el único hermano del performer definitivo de rock and roll en tiempo y espacio que el mundo conocerá (literalmente), y de la enorme montaña de ego a la que Sir Mick nunca pudo dejar de subirse, la figura y personalidad de “el otro Jagger” no está menos que en las antípodas. Es que Chris nunca perteneció al mundo del espectáculo per se, resultando ser aquel tipo de extremísimo bajo perfil que prefirió dedicarse a la música por el simple hecho de amarla, bien distanciado de las luminarias de rigor y optando por una carrera al tono que nada tuvo ni tiene de comercial, en el sentido estricto de la frase. Chris es hombre de shows en bares o en festivales pueblerinos, con sus raíces musicales irremediablemente enclavadas en su tierra natal, y campo adentro. A lo largo de su existencia, su parentesco con el frontman de los Stones apenas se limitó a participaciones aisladas de su hermano Mick en alguna canción suelta de sus trabajos, o a cierta colaboración en conjunto para algún proyecto benéfico.

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HAVE A HART. No resulta casual entonces que la canción elegida para abrir el show haya sido “Will Ya Won’t Ya?” (del álbum “Atcha” de 1994, en la que su hermano de sangre aparecía haciendo coros), dejando en claro el sabor de la propuesta musical que se iba a extender durante las casi 15 canciones que formarían parte del show en el que Chris, exclusivamente tocando guitarra acústica, a la que sólo abandonó circunstancialmente para pasarse a la armónica, terminarían conformando una oferta singular e inolvidable. Menos aún lo fue la vital presencia del legendario Charlie Hart secundándolo (en piano, violín, acordeón y coros) como único y principal escudero en su misión conjunta: plasmar un repertorio rico de sabores folk y derivados en el que sólo faltó un niño corriendo por la campiña inglesa. Los más melómanos, por su parte, probablemente hayan fijado más su atención en Hart y la extensa carrera que lo consagró: tocó y/o grabó con Alexis Korner, Chris Spedding, Ian Dury, Eric Clapton, Townshend, entre tantos, más aún recordado como miembro estable de Ronnie Lane’s Slim Chance, la banda formada por el ex-Faces tras desertar del grupo de Stewart, Wood y Cía., e incluso más tarde siendo director musical del show tributo al difunto Lane en el Albert Hall londinense… Era una noche estelar en el corazón del oeste de Buenos Aires, entonces, y sin desperdicio.

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CASTELLANO PARA PRINCIPIANTES. Tras más de un intento de esbozar algunas palabras en español (que por momentos terminaron en un forzado y agradable italiano), el menor de los Jagger continuó con “The Libido Blues”, antes de continuar con el repertorio de lo más destacado de su carrera (“If You Love Her”, “Lazy Says”, “On The Road”, “Funky Man”, “Lhasa Town”, en cuya versión original de estudio contó con la participación de David Gilmour) o en la versión de la canción de Ray Charles “Let’s Go Get Stoned”, y que a la hora de versionar clásicos de blues estricto como “Key To The Highway” o “Baby, Scratch My Back” agregó la participación extra del legendario bajista y sesionista Bob Stroger (Jimmy Rogers, Otis, Rush, etc.), que hacía menos de una semana se había presentado en el mismo tablado en otra de sus tantas visitas al país, y que ahora, sin más y a sus dulces 87 años de edad, se sumó al carismático dúo de Jagger y Hart, en un show que debería entrar en la categoría local de “histórico”.

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UNA NOCHE PARA EL RECUERDO. Por ser su primera presentación de la historia en tierras locales, y más aún por su alta performance artística, coronada por el festejo de casi todos los allí presentes que no titubearon a la hora de acercarse a saludarlo una vez finalizada la celebración, selfies y autógrafos incluidos, para calzarse el sombrero y retirarse a disfrutar de un merecido descanso (antes habían abordado un largo vuelo desde Nueva Zelanda, aprestándose al día siguiente a partir a Brasil para realizar allí tres fechas más)… Mención aparte para el Mr. Jones Blues Pub, recinto que los albergó, y que constituyó el marco indicado y a la altura perfecta de las circunstancias para una noche que deberá ser recordada como especial. Que se repita entonces. Y que sí, que vuelva a repetirse otra vez también.

Agradecimientos:
Rogelio Rugilo
Carlos Costa (fotos)

HOMENAJES: MALCOLM YOUNG (1953-2017), ADIÓS AL PEQUEÑO GRAN ROCKER

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Publicado en Revista Madhouse el 20 de noviembre de 2017

Una remera sin mangas, un jean gastado (de esos que lo llevaron a uno a pensar que era el mismo que usaba siempre) y una guitarra que prácticamente superaba los 1,60 m. de estatura de quien estaba colgada. Y mucha actitud, claro, en cantidades industriales. Esos acaban siendo los elementos que, sin mucho más que agregar, podrían definir el ADN de Malcolm Young, la pieza primordial de la maquinaria de AC/DC desde que el grupo arribó ruidosamente a la escena del espectáculo allá por 1973. Hechos de dinamita pura (o de T.N.T, si es que el lector considera al término más oportuno) Y un traje de colegial para su hermano Angus, claro.

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MALCOLM, EL TODO Y LAS PARTES. Pocos músicos de rock tuvieron el destacado honor de lograr la condecoración de riffmasters (“maestros del riff”) como el pequeño gran Malcolm pudo plasmar en su instrumento. Tal vez sobren los dedos de una mano, sólo quizás. Keith Richards, Tony Iommi y algún que otro más que ahora no me viene a la cabeza. Tampoco es que sienta muchas ganas de ponerme a recordarlos tras el estupor causado por la reciente muerte de uno de los ocho hermanos de la camada Young a la que pertenecen. A pesar de su extensa carrera, Malcolm podría ser considerado el último que llegó a alcanzar a un podio tan prodigioso. Porque si su hermano Angus resulta ser la cara más visible de la banda, estéticamente hablando, Malcolm, el hombre pequeño que casi pasaba desapercibido en escena, escudado en su enorme guitarra Gretsch G6131 (más popularmente conocida como Jet Firebird), termina siendo el alma y corazón de una de las bandas más fundamentales del género. Una vieja gacetilla de Atlantic Records, la discográfica a la que históricamente pertenecieron los Young y Cía., lanzada en los primeros años de carrera del eléctrico combo, no titubeó en presentarlo ante la prensa como “no sólo un gran guitarrista y compositor de canciones, sino también alguien con una visión: Malcolm es quien planifica todo en AC/DC. Y también es el tipo tranquilo de la banda, profundo e intensivamente consciente de todo”.

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AC/CB (CHUCK BERRY). Digámoslo así: si Malcolm hubiera nacido 20 años antes, y no aquel 6 de enero de 1953 (más precisamente en Glasgow, Escocia), su capacidad creativa -pendenciera, honestamente cruda, y llena de originalidad- lo hubiera puesto a la altura de quienes siempre habían sido sus ídolos musicales: Chuck Berry, Jerry Lee Lewis, Little Richard, o los músicos de blues del Delta. Que por esa vueltas de la vida (y sólo porque tocaban muy fuerte, o porque más tarde coincidieran con la época en que la escena del rock marchaba a paso firme a lo largo y ancho del planeta) AC/DC haya sido considerado un “grupo de hard rock”, o incluso “de heavy”, más allá del disparate, responde meramente a un error técnico. AC/DC es Chuck Berry enchufado a mil voltios, con sendos toques de blues no menos electrificados, y con una pared de Marshalls para sostener la descarga. Títulos como “Dirty Deeds Done Dirt Cheap”, “Let There Be Rock”, “Highway To Hell”, “Back in Black, “Whole Lotta Rosie, “Riff Raff”, “High Voltage”, “That’s The Way I Wanna Rock’n’Roll”, “Live Wire”, “Thunderstruck”… en fin, simplemente estamos hablando de todos esos riffs irremplazables que salieron de las manos del pequeño diablillo detrás de AC/DC, para terminar convirtiéndose en himnos del rock en su exacta medida. “Bueno, los grupos de rock realmente no tienen swing, apuntó cierta vez. “Pero el rock’n’roll sí lo tiene. Lo que pasa es que las bandas no comprenden eso del sentimiento, del movimiento…”

EL NEGRO LES SIENTA BIEN. Como a muchos que promedian la edad de quien aquí escribe, a mí me tocó descubrir a los australianos gracias al álbum “Back In Black”. Para entonces, algún que otro video del disco ya había logrado colarse en los pocos, qué digo, escasísimos espacios de la televisión local allá por 1980. Estaba el de “Hell’s Bells”, y el del que le daba título al disco… A decir verdad, esos dos enanos que se sacudían espásticamente sobre el escenario me tuvieron obsesionado durante un buen tiempo. Estaban las fotos que aparecían en las revistas, claro, pero no alcanzaba. Por tal motivo hubo una mañana de sábado de ese mismo año en que me tomé el colectivo, me bajé en Paraguay y Florida, y me dirigí a una disquería de importados que estaba en la Galería Del Sol para hacerme del LP, recién llegadito del exterior. ¿Qué era esa tapa negra y por qué motivo las letras que aparecían sobre ésta eran del mismo color, casi ilegibles? Todo pasó a segundo plano desde que puse el disco en casa por primera vez, aún cuando no tenía mejor equipamiento para reproducirlo que el viejo tocadiscos Winco de la familia (con un solo parlante incrustado en el mismísimo aparto, y sin siquiera parlantes exteriores). Pero nada podía impedir que lo salía de allí fuera encantador: a mí me encantaba ese sonido. Los chirridos de Brian Johnson todavía no habían llegado a perturbarme tanto como lo lograrían con el correr de los años (paralelamente sin nunca dejar de lamentar la muerte del gran Bon Scott, la primera baja en la historia de la banda), pero uno pagaba el precio que tenía que pagar con la condición de poder disfrutar de aquellos mágicos riffs de los hermanos Young, que no paraban de embrujarme. Algunos años más tarde tendríamos la posibilidad de ir al cine a ver “Let There Be Rock”, así saldando el recóndito deseo de poder verlos en vivo, si bien en una pantalla, mucho antes de su desembarco en vivo y en directo en el país décadas después.

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GUITARRA, VAS A LLORAR. Malcolm Young no necesitaba morirse para convertirse en músico “de culto”. Su importancia es tal que ya se había ganado los laureles en vida. Ni siquiera su problemas de salud que fueron de la adicción al alcohol hasta la demencia, situación que lo obligó a abandonar la banda hace algo más de 3 años, hubieran logrado impedir la distinción. Nos quedamos sin el chico de la remera sin mangas, el de los eternos pantalones gastados, y hay una guitarra Gretsch G6131, la misma de la cual salieron algunos de los mejores riffs de la historia del rock and roll, que llora desconsoladamente porque su dueño no va a poder volver a tocarla.

CLÁSICOS: LA INCREÍBLE HISTORIA DE “LOUIE, LOUIE”, LA CANCIÓN QUE RESURGIÓ DE SUS CENIZAS

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Publicado en Revista Madhouse el 24 de noviembre de 2017

Si la tradición que reza que las canciones triunfantes generan enormes cantidades de dinero se cumpliera al pie de la letra, si desde el vamos auspiciara un futuro rico y promisorio, entonces la historia de Richard Berry, el autor de la mítica “Louie, Louie”, a quien el destino le jugó una maniática pasada -componer una de las canciones más exitosas de todos los tiempos, para luego presenciar cómo otros se llevaban los laureles y sus tremendos dividendos- deliberadamente podría desafiar la regla y sin titubeo alguno.

1Remontándose algo más atrás, los primeros pasos artísticos de Berry datan de los días de The Flairs, una agrupación de doo-wop de Los Angeles de inicios de la década del 50 que, si bien sus miembros no habían logrado apuntalar ninguna de sus composiciones en los rankings de aquellos años, en determinado momento tuvieron la suerte de cruzarse a la insigne dupla de compositores y productores Jerry Leiber y Mike Stoller. Si bien para 1954 Berry ya se había embarcado en una carrera en solitario junto a su nueva banda The Pharaohs, al mismo tiempo en que escribía para otros artistas, Leiber y Stoller le ofrecieron sumar su voz a la grabación de la canción “Riot in Cell Block #9” de The Robins (los que más tarde se convertirían en los celebrados The Coasters), y algo después en la triunfante “The Wallflower (Dance With Me, Henry)” de la cantante de blues Etta James (de hecho, el primer gran éxito de ésta)

NACE UNA LEYENDA… EN EL BAÑO. Así, Berry comenzó a abrir shows para los chicanos Rick Rillera and the Rhythm Rockers en las noches en que el cuasi ignoto combo se presentaba en la ciudad de Anaheim, en California, lo que lo hizo interesarse por una de las canciones de la agrupación, llamada “El Loco Cha Cha” (de la autoría de René Touzet), con la cual Berry solía maravillarse mientras los escuchaba tocarla domingo tras domingo. Su fascinación por la canción, de claro ritmo latino, lo llevó paulatinamente a inspirarse para componer lo que más tarde se convertiría en uno de los sucesos más grandes de la historia discográfica del siglo pasado. Acto seguido Berry pergeñó “Louie, Louie” sin más recursos que la de la tonada de los Rhythm Rockers que lo tenía encandilado, y el de un pedazo de papel higiénico que rescató del baño del lugar para escribir las primeras estrofas de la canción (!), asegurándose de que música y letra no abandonen su cabeza.

En realidad el autor utilizó las notas de “El Loco…” para componer únicamente el riff principal de su obra prima (si bien las primeras notas de “Louie, Louie” resultan curiosamente bastante similares a las de la canción de los chicanos), a su vez sumando un abanico de influencias que iban desde Nat King Cole y su “Calypso Blues”, y “Havana Moon” de Chuck Berry (el otro Berry, con el cual, dicho sea de paso, no guardaba ningún tipo de parentesco, y que también mezclaba ritmos de calipso con rhythm and blues), lo que terminó convirtiendo a “Louie, Louie” en una suerte de balada de tipo jamaiquina. Para la letra, por su parte, Richard Berry se inspiró en “One For My Baby (And One More for the Road)” del compositor americano Johnny Mercer, que también hablaba de un joven que le contaba sus historias con las chicas a un barman que lo escuchaba pacientemente.

LOUIE LOUIE, UN ÉXITO POR MONEDITAS. A la hora de su lanzamiento comercial, “Louie, Louie” apareció en la cara B del simple de “You Are My Sunshine”. Originalmente Berry supuso que ésta iba a ser la que iba a lograr difusión, pero el suceso que obtuvó “Louie, Louie”, esencialmente gracias a la ayuda de un DJ de Los Angeles que no dejaba de hacerla rotar, superó sus propias expectativas, llegando a convertirse en la canción favorita de la movida de bandas de garage rock (o “rock de garaje”, aquel termino que refiere a ciertos grupos que solían ensayar en los garajes de sus casas, sobre todo los de la costa oeste de los Estados Unidos), pero más que nada en la canción que más amaban los Kingsmen, que provenían de Portland, Oregon. Enloquecidos por su melodía tras escuchar la versión registrada por un tal Rockin’ Robin Roberts (tanto como cierta vez lo había estado Berry por aquella de Rick Rillera and the Rhythm Rockers), los Kingsmen no perdieron tiempo y salieron a grabarla, para finalmente editarla en el mes de agosto de 1963. Probablemente lo que los Kingsmen desconocían era que con el lanzamiento del single estaban escribiendo una de las páginas más llamativas de la historia del rock and roll, más exactamente desde el momento en que su versión de “Louie, Louie” alcanzara el segundo puesto de las listas de ventas de discos pop en la revista Billboard, donde además permanecería por seis semanas seguidas. Tristemente, para entonces Berry había perdido toda soberanía sobre los derechos de publicación, tras haberlos vendido en 1959 al sello Flip Records a cambio de U$750, lo cual hoy podría parecer una suma insignificante, pero que en aquel momento no estuvo nada mal para un artista que pujaba por convertirse en un “creador de hits” y que vislumbraba que su carrera apuntaba a la nada misma.

Produced by AMI Production Group

Asimismo Berry se encontraba en planes de contraer matrimonio, por lo que la suma no le vino nada mal al autor, dada la coyuntura. Pero indudablemente mucho menos que lo que, en rigor, se estaba perdiendo, desde el instante en que la versión de los Kingsmen, con sus características tan singulares de sonido, alcanzó una repercusión tremenda, la misma que ni él, ni el sello grabador, podrían haber imaginado alguna vez. Eventualmente, a la hora registrar lo que más tarde se convertiría en su tema insignia, los Kingsmen optaron por dejar atrás el sonido dulzón de la toma original del autor, para reemplazarlo con un estilo de pista vocal muy diferente y con una letra prácticamente imposible de descifrar, todo gracias a la voz de Joe Ely, el cantante, cuyo micrófono en el estudio durante aquella jornada de grabación estuvo colgado del techo de la sala, por lo que no le quedó más remedio que ponerse en puntas de pie (!) mientras se esmeraba en vocalizar, elevando su tono un poco más arriba de lo que acostumbraba, para así evitar que lo tape el sonido del resto de los instrumentos. “Más que cantar, grité”, declararía Ely al respecto. Y por si todo esto fuera poco, el vocalista de los Kingsmen además venía de pasar por una sesión de ortodoncia, que lo obligó a grabar la canción con aparatos en sus dientes (!!).

the kingsmen

The Kingsmen

EL FBI EN ACCIÓN. La controversia sobre “Louie, Louie” también acabaría involucrando al mismísimo FBI, cuyas autoridades, con el mero objetivo de descifrar lo que Ely cantaba, llegaron a designar un equipo especial de oficiales ordenados a pasar largas horas escuchando la canción, lo que finalmente los llevó a decidir que resultaba “incomprensible a cualquier velocidad en que se la escuche” y sin dejar de tildarla de “indecente”. Para colmo de todos los males, Berry, ya alejado de su composición, desconocía por completo que los Kingsmen la habían registrado, escuchándola por primera vez recién a los tres meses de su lanzamiento e incluso teniendo que lidiar con la injusta tarea de soportar a diario a la gente que se le acercaba para comentarle que la letra de su canción era “absolutamente incomprensible”.

Así y todo nada impidió que este se transformara en uno de los hits más duraderos de la historia del rock, principalmente a partir de 1978 cuando formó parte de la desopilante comedia “Animal House” (protagonizada por el inolvidable John Belushi, de cuya conexión con el rock hablamos alguna vez en MADHOUSE) y terminando luego por aparecer en decenas de bandas de sonido y recopilaciones varias, sin dejar de mencionar las cerca de 2000 versiones grabadas por una larguísima lista de intérpretes que incluyó, sólo por nombrar a las más recordadas, a las de Paul Revere & The Raiders, Otis Redding, Iggy Pop, The Kinks, Ike & Tina Turner, The Clash, Toots & Maytals, The Beach Boys, The Byrds, Motörhead, Joan Jett, Stanley Clarke and George Duke, The Cramps, The Cult, Sisters of Mercy, Barry White, Dave Matthews Band , Johnny Winter, Ace Frehley y hasta David McCallum (¡sí, el rubio Illya Kuryakin de “El Agente de C.I.P.O.L.”!).

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UN COOLER PARA EL LADO DE LA JUSTICIA. Semejante e injusto giro del destino acabó llevando al pobre de Richard Berry al más oscuro de los ostracismos, refugiándose en la casa de su madre en el barrio South Central de Los Angeles, no precisamente una de las zonas más seguras de la ciudad californiana. Y fue el mismo destino que, un puñado de años más tarde, realizaría un giro de 180 grados y llevaría a California Coolers, una legendaria firma de bebidas que quiso utilizar “Louie, Louie” para un comercial de TV, a descubrir que no podían hacerlo sin la autorización previa del autor de la canción, por lo que uno de los abogados representantes de la firma tuvo que localizar al olvidado Berry. Ante la eventual posibilidad de que le inicie acciones a la marca en caso de utilizarla sin permiso, California Coolers no tuvo más remedio que acabar pagando por su uso, lo que sumado a la investigación de la Sociedad de Derechos de los Artistas de los EE.UU. (que determinó que el autor había sido privado ilegalmente de millones de dólares en regalías tras el correr de los años), terminó convirtiendo a Berry instantáneamente en millonario, sacándolo así del letargo del sofá del triste living de la casa de su madre en el cual había estado hundido para reencontrarse con su amada “Louie, Louie” y disfrutar merecidísimamente de las mieles de su consagrado éxito.

HALLAZGOS: LEAN AL MISMÍSIMO CHUCK BERRY COMO CRÍTICO DE PUNK, POP Y NEW WAVE (!)

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Publicado en Revista Madhouse el 23 de septiembre de 2017

Corría 1980 y el fanzine estadounidense Jet Lag había logrado lo que para otros resultaba una misión prácticamente imposible: obtener una entrevista con Chuck Berry. Se sabe, el “Padre del Rock’n’Roll” no era lo que se dice suficientemente afecto a ser reporteado y, cuando lo aceptaba, tras meses (o incluso años) de ardua negociación y decenas de llamadas de teléfono, mayormente solía hacerlo si los interesados en hablar con él eran medios masivos, o revistas especializadas en música en las que podía despacharse a gusto sobre su carrera y exponer una vez más su talentosísimo ego… No, a Berry no le gustaban las entrevistas. Motivos no le faltaban. A través de los años, fueron más las preguntas que apuntaban a que hable sobre su vida privada (la que contaba con varias páginas escandalosas), la comidilla ideal para muchos editores hambrientos de historias de prensa amarilla que podían tentar a sus morbosos lectores.

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Berry prefería hablar sobre sus canciones, o incluso deslizar alguna posición política, pero nada de siquiera referirse de lejos a los asuntos de índole personal que tanto protegía. Por eso no opuso resistencia alguna a la propuesta de los miembros de la hoy extinta publicación Jet Lag, quienes desde el vamos contaban con la ventaja de pertenecer a St. Louis, la ciudad que había dado luz al entrevistado, y que eventualmente permitió que el objetivo sea más sencillo de alcanzar.Para entonces Berry ya había declarado su interés en la nueva música que iba apareciendo durante aquellos días, por los que los encargados del fanzine -que fiel a sus tiempos era redactado y editado de manera casera en una máquina de escribir, y luego fotocopiado para su circulación- terminaron haciendo que se olvide por un rato de su terquedad histórica y, tal como había manifestado, no se niegue a la posibilidad de opinar sobre las nuevas bandas de punk, pop y new wave que por entonces sonaban en la radio.

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Apenas un lustro antes, a mediados de los 70, hordas de chicos con camperas de cuero y cabellos parados aterrizaban en la escena pregonando eso de dejar en el pasado a todos esos artistas establecidos alguna vez reconocidos como auténticos rebeldes (“Peligro, extraño/ Mejor pintate la cara/ Nada de Elvis, Beatles o Rolling Stones/ En 1977”, cantaban los Clash en la cara B de su single debut), pero Berry, que falleció el pasado 18 de marzo a los dulces 90 años de edad, lo sabía mejor que cualquiera: el rock’n’roll primitivo y el punk tenían muchísimo en común, y si bien apenas unos pocos lo reconocieron sin titubeos -sobre todo en el caso de los Ramones– fue el personaje central de la entrevista quien se explayó abiertamente, y por momentos también de manera muy graciosa, sobre aquel paralelismo entre esa nueva música y su propio trabajo, al que prácticamente no haya músico surgido en los últimos 60 años que no le deba algo. A continuación, la traducción de sus conceptos sobre distintas bandas (cuyos nombres aparecen con varios errores en el fanzine) y sus canciones, allá lejos y hace 37 años, con música incluida para los aquejados de deficiencia etaria… ¡o simple mala memoria!

SEX PISTOLS – “God Save The Queen”
“¿Por qué está tan enojado este tipo? Las guitarras y la progresión de la canción son iguales a las de las mías. Buen ritmo de fondo. No puedo entender todo lo que canta. Si estás loco, al menos hacele saber a la gente que es lo que te está enloqueciendo””.

THE CLASH – “Complete Control”
“Suena parecida a la anterior. El ritmo y las guitarras hacen un buen trabajo juntas. ¿El cantante estaba con dolor de garganta cuando la grabó?”

RAMONES – “Sheena Is A Punk Rocker”
“Una buena canción movediza. Estos tipos me recuerdan a cuando empecé, yo también sabía solamente tres acordes”

THE ROMANTICS – “What I Like About You”
20-20 – “Oh Cheri” (sic)
THE BEAT – “Different Kind Of Girl”
“¡Al fin algo para bailar! Suena mucho a los 60, con algunos de mis riffs de guitarra. ¿Vos decís que esto es algo nuevo? Escuché cosas así muchísimas veces. No entiendo por qué tanto alboroto…”

THE GLADIATORS – “Sweet So Still” (sic)
TOOTS AND THE MAYTALS – “Funky Kingston”
SELECTOR (sic) – “On The Radio” (sic)
“Esto es bueno, muy suave y conmovedor. Muy bueno para arrastrar los pies. Suena bastante parecido a mi viejo camarada Bo Diddley, pero un poco más lento. Una vez intenté hacer algo similar en una canción llamada ‘Havana Moon’”

DAVE EDMUNDS – “Queen Of Hearts”
“Esto está mejor. Este tipo tiene un verdadero toque para el rock and roll, una onda que le sale de adentro. ¿Ha tenido éxito? Bueno, si alguna vez necesita trabajo yo podría utilizarlo”

TALKING HEADS – “Psyco Killer” (sic)
“Una canción divertida, sin dudas. Me encanta la parte de bajo. Buena mezcla, y buen ritmo. El cantante suena como si tuviera pánico de salir a escena”

WIRE – “I Am The Fly”
JOY DIVISION – “Unknown Pleasures”
“Así que a esto le dicen ‘nuevo material’…No es nada que no haya escuchado antes. Suena como una de esas viejas zapadas de blues que B.B. King y Muddy Waters hacían en el backstage del viejo anfiteatro de Chicago. Los instrumentos serán distintos, pero es el mismo experimento”

WITH CHRIS KIMSEY, PRODUCER EXTRAORDINAIRE: “I LIKE THE PROCESS OF RECORDING, CREATING THE ATMOSPHERE, AND WORKING WITH A BAND ON TALKING ABOUT ARRANGEMENTS”

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The Four Steps. No, no numerical error involved here to refer to one of Hitchcock´s masterpieces, but it sure would serve as the title of this interview. That´s all it takes to get in one of the most significant landmark places in the history of popular music of at least the last 50 years. Four doorsteps, the only border that divides the world this side of life and the entrance to the Olympic building, located in the Barnes neighborhood, just across the Thames, perhaps the most legendary of all London recording studios alongside fellow Abbey Road. And also in the whole of England. Formerly established in 1906, first as theater of its own repertoire company under the name of Byfeld Hall, which ran until the end of the ‘50s, when it turned to a television studio, it was in 1965 that the Olympic Sound Studios firm decided to purchase it and thus give way to the most celebrated of his activities: that of independent recording studio, within its walls some of the most seminal sessions in the history of English rock and pop music took place. Led Zeppelin, Jimi Hendrix, the Stones, the Beatles, The Who, Bowie, Howlin ‘Wolf, Ray Charles, King Crimson, Pink Floyd, Clapton, B.B. King, Ten Years After, Spooky Tooth,Barbra Streisand, Stevie Wonder, Roxy Music, Jethro Tull, Prince, Queen, Supertramp, Van Morrison, Thin Lizzy, Iggy Pop, Motörhead, The Yardbirds, Madonna, Oasis, Duran Duran… The list could go on and on, just to mention the main names. That´s how Olympic managed to set an unparalleled reputation that revolved around its axis composed by sound quality, technical excellence and unrivaled atmosphere, making it the place that led the cream of rock and pop on both sides of the Atlantic to agree that it was “the studio where we have to go to”.

1In January 2009 Olympic Studios shut down its doors for the first time ever, which led the British record industry to lose one of its most important recording spots. The building would later reopen at the end of 2013 under the name of Olympic Cinema, modifying its original geography to house two single movie theaters that featured hi-tech sound technology, also adding a restaurant, a café, and a room or gold members. But those four steps remained  the same as they did in the early days. The same ones that, with a few tiny interruptions here and there, Chris Kimsey has been crossing since 1969, when he was just a teenager with a slight amateur inclination towards the recording industry, landing in Olympic with the mere intention of finding a job to support his personal expenses.
Almost half a century later, that young fellow who was first given the job to serve tea to the employees and musicians who worked in the establishment, would eventually become one of the most renowned producers, mixers and sound engineers in music history.
MADHOUSE met Chris Kimsey in November last year right at the place that gave birth to his career nearly 50 years ago, like time hadn´t gone by at all and, again, beyond those same old four steps.

2My first question is about one of your most recent works , Thirsty´s ‘Albatross’ album, which I believe you enjoyed doing very much.
Yeah, that album’s getting some really good reviews actually.

I don’t have the albums, but I got to play them online. And I’m really happy about Guy Bailey.
Me too, it’s a great vehicle for him. I tried on quite a few occasions to get him involved with other things. He’s ok for the writing part but he doesn’t want to go and do it live. Which is a shame, actually… he does do some things live, like he did with the Peckham Cowboys, but it’s a shame, because he could teach a lot of kids a lot of stuff. But we get on really well, and I like his kind of approach and his voice. He recorded most of it in his bedroom. He has no regard for compressor or limiters, everything has to be up to 11, but it works, I like it, so it’s good fun.

You know, I like the Quireboys, but actually my two favourite albums of the band are the ones with Guy. They used to be more rock ’n’ roll before he left the band.
It’s a good combination that he writes the music, and the melodies, and he’s really good at lyrics too.

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Thirsty´s debut album

You had a great time working with him since their very first album.
Yes, when was it, 4 years ago? And it’s good to see they got back together to do a second album as well.

But they don’t want to do it live.
Oh no, and that’s a bit of a problem. It’s got to be Guy, you can’t get someone else to play the guitar.

Yes, but when I interviewed him he told me he cannot do it because he also needs the guy from Squeeze, the drummer, who’s not always available.
Yeah, that’s true but I don’t know.

I must confess, Chris, you have such a great background, I don’t know what to start with.
Well it all starts in here! (laughs)

How long have you been working in the music industry and mainly how did it all start for you? I mean, you probably were like all of us, somebody who likes music. How did it all happen?
It started here in 1967, I got a job here as a tea boy. I didn’t know what was in these four walls. I just saw “Olympic Studios” outside. And before that, at school, I was involved with recording the music or sound effects for school plays, because I had a tape recorder. I had a tape recorder from a very… I had my first tape recorder when I was about 9 or 10. I used to love listening to film soundtracks and musicals, not rock and roll or anything like that, but more orchestral, my parents gave me a tape recorder, because you could buy pre-recorded 3 ¾ ips (inches per second) tapes of musicals and film music. Not vinyl, they didn’t have vinyl. So I was introduced to the tape recorder at a very early age, and that went on at school they would ask me to record if there was any sound effects, or any spoken word coming from the speaker, so I was involved with that. And that excited my ear about the fact that one could capture a sound on tape.

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Olympic Sound Studios, in the ’60s

So you were basically “the music guy” at school.
I was the sound guy at school. And that actually went on because when I was 14, I was asked if I would like to go to a recording studio that was owned by the Inner London Education Authority, which was the school authority of the time. And they had a studio off Tottenham Court Road. I used to get on the tube from Morden to Tottenham Court Road, I think maybe twice a month, for the Saturday, to this school and the studio was tiny. It had a Vortexian four channel mixer which was just four volume knobs, and a stereo Ferrograph tape recorder it might have been mono actually. I got the bug there even more. And I was very fortunate because one of the first people that I recorded there was Dame Sybil Thorndike, who was a very famous celebrated actress at the time.  She was like Laurence Olivier in that area and I was recording her for a ‘Son et Lumiere’, a show that we had at my next school where I also had a tape recorder. And at this studio, this is quite fascinating, there was myself, and there was only one other student, a young student who is a couple of months older than me. He was from the East End of London, and I was from the South of London, and we both went to this studio on Saturdays, and his name is Ray Staff. Well Ray went on to become and is one of the best mastering engineers in the world. He runs Air Mastering. So he ended up getting into the music business. He started at Trident. So the two of us young kids we were recording various things, and the teacher who was running the program, he was a music teacher for the school, and he was a jazz musician, and one afternoon he said “when we finish, would you stay behind because I want to record my jazz trio?” So I stayed behind.

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Actress Dame Sybil Thorndike, one of the first voices recorded by Kimsey

Because you were “the sound guy”
At 14 years old, I was “the sound guy”. And years later I saw him playing for Elton John, because his name was Ray Cooper.

Oh, of course, the bald guy with the glasses! Elton’s legendary percussionist!
Yeah, so Ray was this little school music teacher, and Ray Staff and myself never would have had an idea that many years later we would all be in the music business and kind of top of what we do.

That’s a great story!
So after that, moving on a few years, 16 and a half years old, I didn’t want to do further education, I left school, and I was looking for a job. I used to have a girlfriend who lived around the corner, so every time I came over to see her, I would come in here, not really knowing what was inside. I knew they were recording something. And I asked them for a job and they said “no no, no jobs, go away”. And I kept coming back, and eventually they said “give us your name, your number, and if anything comes up we’ll call you”

So it paid off after a while.
Yeah. I didn’t go to any other studios, I didn’t write to anyone I didn’t attempt to. I was about to start a job as a supermarket fitter travelling around the UK fitting out supermarkets. ‘Cause another girl friend, her brother owned a supermarket fitting company, so I was going to start work for him on a Monday, but fortunately Olympic called up on the Friday and they said “can you start next week?” 11 pounds a week. “Just come in”

When was that, in 1967?
Yes, March ’67.

Were you a music fan before that? Were you into rock and roll? Did you go to see shows?
No, I wasn’t into rock and roll at all. No, no, I was into musicals, I was into film music, totally orchestra-orientated. That’s the sound I loved. I also listened to the radio a lot, so I liked popular music. I didn’t go to gigs. I wasn’t into Hendrix, or Cream, or the Stones (laughs)

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McCartney, Glyn Johns and Jagger working at Olympic

Now that’s interesting because you ended up working for them, when it wasn’t your thing.
No, it wasn’t my thing. In fact, I remember my first session. I was an assistant to Glyn Johns at a Stones’ session. I’d met Glyn only once before, I’d never met the Stones. I was in the studio setting up. I can’t remember who arrived, but one or two of the Stones arrived, and I actually called security, because I thought there was someone, you know, someone breaking in, or trying to steal something (laughs), they looked very dubious. They weren’t like the musicians, I was used to working with in orchestras and stuff but that soon changed.

That’s when you became a record producer and a mixer.
No, for maybe three years I was an assistant engineer. And the studio manager, Keith Grant, who built Olympic Studios, who gave me my job, he said, “the longer you can put up with being an assistant, you’ll learn and learn and learn”, which was so true. So I was an assistant for three and a half years, and then my lucky break really was when I was an assistant on a Johnny Hallyday album. The engineers at that time were all house engineers, they were all paid by Olympic, they weren’t freelance engineers, except for Glyn, he was one of the first freelance engineers.

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1970: Keith Grant (left) and Scott Walker

So you were pretty much coming around here every day.
Yeah, so I worked on orchestra sessions, jingle sessions, jazz sessions, pop sessions. No rock and roll. That wasn’t until later. And so for three and a half years I was an assistant, and then on one session with Johnny Hallyday, just started recording the album. On the second day the Olympic engineer didn’t turn up. He didn’t turn up because he didn’t like the French people. It was kind of strange because the producer, Johnny’s producer, was actually American. His name is Lee Halliday, from Oklahoma, he’s American, he lived in France. So they were trying to figure out who could engineer, as they got musicians coming, and Lee said “Well what about Kimsey? What about him?” And they said “well, he’s never engineered before but I’m sure he can” So I jumped in the seat and that was it. I never left the seat after that. And Johnny fell in love with me, I mean, he loved the sound. After that I had a very, very strong relationship with Johnny, I must have done maybe five albums with him.

8Do you remember what the first one was?
The first one was ‘Flagrant Delit’, it’s got ‘Jolie Sarah’ on it, and the album cover is a cobbled street, with like a bronze bust of his head with his fist punching through. Mick Jones of Foreigner was in that band, he was Johnny’s guitar player, way before Foreigner. Mickey’s has got to learn his craft writing and playing for Johnny.