CON LEANDRO DONOZO, DIRECTOR DE LA EDITORIAL GOURMET MUSICAL: “HAGO LIBROS QUE QUIERO LEER”

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“Querramos o no, la música es una compañía constante a lo largo de nuestras vidas. Aún desde antes de nacer, todo lo que escuchamos, cómo, con quiénes y cuándo la escuchamos, nos moldea y nos define de mil maneras. Nuestras formas de pensar, de ser, de relacionarnos, de entender, percibir y estar en el mundo están demasiado influenciadas por los sonidos que nos rodean como para ignorarlos o tratarlos con ingenuidad. Los libros de Gourmet Musical Ediciones quieren ser una herramienta para estar más conscientes de la importancia de la música y los sonidos, a partir de la producción y divulgación de textos que aporten nuevos conocimientos sobre su historia, presente y futuro desde los más diversos puntos de vista. Un posible camino intelectual para estimular los sentidos, el placer, la pasión.”

El texto que corona el catálogo del emprendimiento que una vez puso en marcha no permite dejar detalle librado al azar. Leandro Donozo, que comenzó recopilando libros y revistas del género para su propia información, terminó logrando de manera no deliberada lo que nadie había hecho en la historia argentina: fundar una editorial exclusivamente dedicada a libros musicales. Con más de 1 década de existencia, Gourmet Musical lleva publicados hasta el momento más de cuarenta títulos, a los que ahora se agregan algunos más, que verán la luz en el transcurso del corriente año. MADHOUSE estuvo charlando con el factótum del proyecto para repasar el pasado, presente y futuro de la primera editorial en su tipo en el país.

Gourmet Musical es un emprendimiento absolutamente unipersonal. ¿Qué es lo que hace que una persona se vuelque a juntar revistas, libros y textos varios de música, para acabar formando un archivo? ¿El proyecto editorial estaba contemplado desde le vamos, o empezó como el de un coleccionista que terminó derivando en eso?
En verdad nunca fui coleccionista, no me considero así. Como muchos de lo que estamos en esto, empecé a escuchar música de chico, y también tocaba y estudiaba guitarra. Al terminar el secundario me puse a hacer la carrera de Artes Musicales en la UBA, que es como una especie de carrera de Musicología, y paralelamente, de casualidad, empecé a trabajar en periodismo en Editorial Magendra. En Pelo, Generación X, y todas esas revistas que editaban. Y entonces pasé de leer esas revistas a escribir en ellas. Siempre había sido de interesarme mucho en la información, de puro melómano. En las tapas de los discos, en los sobres, preguntarme tal y cuál cosa… esos detalles a los que mucha gente no suele darle bolilla. Me interesaba todo eso que rodeaba la música. Era de leer muchos libros sobre música, biografías, revistas…En la época de la secundaria me compraba todas las revistas.

Y entonces se trató de ponerse a relacionar todo eso.
Claro. Yo leía Pelo, Rock and Pop, CantaRock, El Musiquero y otras revistas más fugaces que se editaban en esa época, y  a través de la guitarra también comencé a interesarme en otros tipo de música, entonces leía revistas de jazz, de acá y de afuera. Esto fue a mediados de los 80, cuando ya había muchas cosas importadas. Compraba muchos discos, sobre todo de blues, y traje muchos de afuera. Es más, la primera nota que escribí para un medio fue sobre blues. Entonces yo compraba y guardaba todas esas revistas porque me gustaba leer, y así poder tener todos esos datos. Por eso me pareció genial cuando encontré esa carrera en Filosofía y Letras, que coincidía mucho con todo eso que me interesaba. Y mientras cursaba el CBC produje un programa de radio sobre música clásica que hacía la DAIA en Radio Jai, porque tenían un ciclo de conciertos en el Teatro Colón, y el programa los promocionaba.

2EN EL PRINCIPIO FUE EL DICCIONARIO
¿No tenías ninguna idea deliberada respecto a lo que luego se convirtió en el proyecto de la editorial? ¿Las archivabas solamente para tu propio placer y cultura?
Ni siquiera consideraba archivarlas, simplemente las guardaba.

Desde ya, todo esto ocurría pre-internet, y la única manera que teníamos de guardar información era comprando material.
Avanzada la carrera, y en momentos que ya había llegado la internet, yo me movía mucho con listas de correo, y entonces de casualidad me llega una propuesta de actualizar un artículo sobre bibliotecas para la enciclopedia New Grove Dictionary of Music, que viene a ser la enciclopedia más grande internacional de música. La última edición se había lanzado en 1980 y entonces estaban haciendo la nueva, que iba a salir en 2000. Es una enciclopedia que, si bien es principalmente de música clásica, también incluye otros estilos populares y de todos los países. El artículo de bibliotecas incluía un listado larguísimo de bibliotecas especializadas en música de todo el mundo, incluyendo Argentina, que era larguísimo, como de cien páginas. Bibliotecas que incluyeran, sobre todo, fuentes primarias, como manuscritos o partituras. Material de interés para los investigadores musicales. Colecciones específicas, el archivo de un compositor, discotecas…ese tipo de cosas. Ellos buscaban gente que vaya a las bibliotecas, y con eso hacían el artículo. Se encontraron con que nadie les contestaba, y entonces me contactaron a través de una lista de discusión y me propusieron actualizar ese artículo. Y a raíz de eso me piden también actualizar el artículo sobre revistas de música de todo el mundo, que también era muy largo, como de 200 páginas. El de Argentina mencionaba treinta y pico de revistas, por lo que estaba muy desactualizado. Y había muy pocos datos. El nombre de la revista, en qué fechas se editó, una descripción muy breve y la periodicidad en que se editaban. Paralelamente yo venía haciendo un trabajo para la facultad, que era relevar la biografía que había sobre música argentina. La primera etapa de cualquier trabajo de investigación es ver primero qué es lo que se hizo antes, pero no había ningún tipo de fuente para saber qué es lo que había. Pero nadie tenía mucha idea. Mi respuesta automática fue “bueno, debe haber tanto, que no se podrá hacer”. Entonces empecé a ir a bibliotecas para compilar material sobre lo que yo estaba trabajando, que era música popular. Y comencé a darme cuenta de que no había tanto. Y después tuve la sensación de que segmentar entre música popular y académica no tenía mucho sentido. Y me di cuenta que esa limitación era conceptual, que para entender la música popular, como ser el rock en Argentina en los 60, tenías que entender otras cosas que estaban pasando. Tenés que entender que había un Instituto Di Tella y…

El contexto.
Ni siquiera el contexto, si bien había un contexto mayor político o cultural. Pero había un contexto musical que tenía una relación directa. Digo, Manal tocaba en el Di Tella, y por allí también pasaban los tipos que hacían música electroacústica. Y me parecía que mirar solamente al rock, como algo único, me impedía ver otras cosas que terminaban viéndose mejor, o de otra manera, en un contexto más grande. Entonces me puse a hacer el relevamiento sobre libros de música editados en Argentina, de todo tipo. Música clásica, tango, bailanta, rock, lo que fuere. Y ahí empecé a hacer algo que, años después, terminó convirtiéndose en el primer libro de la editorial.

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Todo esto sucedió a raíz de lo que te habían encargado para la enciclopedia.
Fue algo simultáneo, porque de hecho yo ya andaba circulando por las bibliotecas, ya estaba relevando eso, y ahí fue cuando me llegó el encargo de la misma gente para hacer otro artículo, que fue el de revistas.


¿De qué constó ese trabajo?

Se trataba de hacer una lista de títulos de revistas de música de Argentina, con fechas. Cuando me llega ese encargo, yo me dije “esto se lo tengo que pasar a alguien que sepa más que yo”, pero qué pasaba: como yo ya venía relevando toda la parte de bibliografía sobre música argentina, sabía que no existía ningún libro que pudiera resolver el tema de las revistas o que incluyera un listado de títulos. Eran todas cosas muy parciales, muy viejas y desactualizadas. Entonces me dije, “esto no lo hizo nadie, lo voy a hacer yo”. Y aparte siempre me había interesado el tema de las revistas, ya sea por haberlas leído, o por escribir en ellas. Pero al empezar me encontré con otras dificultades, que son las que hablábamos antes. No había colecciones completas de revistas en ningún lado. Uno iba a las bibliotecas y, por supuesto, no había revistas de rock. Pero tampoco había colecciones completas de revistas de música clásica, de jazz, o de tango. No había nada de nada.

¿Tampoco en la Biblioteca Nacional?
Ni en la Biblioteca Nacional, ni en la del Congreso, ni en ninguna otra. Fui a todas las que pude. Incluso tampoco en bibliotecas especializadas en música. Había, y sigue habiendo, muy poco. En principio, con saber que existía tal revista, al menos ya tenía un dato. Pero ellos me pedían datos que no eran tan sencillos, como el de saber entre qué años fue editada la revista. Uno podía saber cuándo había comenzado a editarse, pero no hasta cuándo había sido editada. Entonces empecé a armarme unas planillas anotando cada número de cada revista que encontraba, y dónde la encontraba. Algunas las tenía yo, otras las iba comprando en casas de revistas usadas, otras eran de coleccionistas, de bibliotecas… ¡Eran unas tablas enormes! Entonces, cuando llegó el momento de cerrar el informe, algunas tenían fechas confirmadas, pero otras eran tentativas.

En definitiva, hiciste un trabajo que hasta ese momento era completamente inexistente en el país.
Sí, y tuve que hacerlo yo.

Lo cual resulta curioso habiendo gente de diversas áreas culturales que podrían haberlo hecho mucho antes, o con el paso de los años.
Sí había de otras revistas literarias, pero en cuanto a música, nadie jamás se había dedicado mucho. Nunca se la consideró una fuente de información, en es sentido siempre fue algo menos valorado.

Es verdad, siempre fue como la oveja negra de la familia.
Tal cual. Entonces, durante el tiempo en que estuve haciendo los dos relevamientos de las listas de revistas, me di cuenta que tenía una colección. Porque tenía las revistas que había comprado, las que yo había trabajado de adolescente, y las que había conseguido para ese relevamiento. Y cuando vi todo ese montón de revistas, me di cuenta que había que ampliar ese trabajo, si bien nunca lo tomé como una colección.

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CAPITULO UNO
¿Tenías una fecha límite de entrega pararendir lo que te habían encargado?
Se trató de hacer todo lo que podía hacer hasta esa fecha. Pero después me entusiasmé y seguí.  Ya tenía la idea de hacer un libro con el relevamiento de bibliografía, y en un momento me di cuenta de que eso podía resultar una herramienta que le podía servir a otros. Lo estuvo por editar una universidad norteamericana, que al final nunca supe qué pasó. Entonces continué con eso, y en el medio surgió lo de las revistas, y me dije “bueno, aquí también hay otro libro”. Entretanto trabajé en un proyecto que fue el de desarrollar junto a Ricardo Salton un centro de documentación musical para el Gobierno de la Ciudad, con la idea de que tuviera un centro de investigación de música, y el de documentación con revistas, libros y partituras. Y entonces, como veía que el libro no salía, decidí editarlo yo. Y así fue como comenzó la editorial, con el libro que escribí yo, el “Diccionario Bibliográfico de la Música Argentina”, en el 2006.

Y ese fue el primer libro editado por Gourmet Musical. Y a partir de entonces decidiste crear tu propia editorial.
Sí. En el medio de todo eso, en 1999, me fui a vivir un año a Londres, para trabajar en ese diccionario, y cuando volví ya no pude conseguir trabajo de periodista. Fue en plena crisis del 2001. Pero antes del centro de documentación que te comenté, yo había armado un sitio web que se llamaba Gourmet Musical, que era una mezcla de base de datos con sitio de venta de publicaciones. Fue un momento en el que empezaron a aparecer muchas publicaciones independientes, pero que no tenían mucha distribución, sobre todo de discos. Entonces me pregunté, “¿qué pasaría si hacemos un sitio web que permita vender esos discos que no se veían tanto en las disquerías, de distintos géneros de música latinoamericana?”. Yo tenía una base de datos muy completa, en donde de cada disco tenías cada tema, cuál era su autor, quién tocaba qué instrumento en cada canción, etc. También había una base de datos sobre libros y revistas. La idea era juntar ahí toda la información de ese material disperso que existía. Pero en 2002 o 2003 se hizo medio insostenible trabajar así. El correo era un desastre, la inflación, no había catálogos… Y de a poco fui abandonando ese sitio web, porque no lo  podía mantener. Y entonces el sitio web terminó transformándose en la editorial Gourmet Musical Ediciones.

Siempre me pareció un nombre muy preciso.
Había varias cosas que me interesaban, pero Gourmet Musical son dos palabras que se entienden en cualquier idioma. Y tiene una cosa que es, ligado a esta cuestión de no definirse por géneros musicales, más allá de que nunca creí en eso de “la buena y la mala música”… lo de “Gourmet Musical” me permitía hacer una analogía con lo del gourmet gastronómico. Que es aquel tipo que no le da lo mismo comer cualquier cosa, que le interesa saber de dónde viene ese producto, cómo se cocina, las variedades…

¿Una connotación más de exclusividad?
No por ese lado, sino por saber qué es lo que uno está consumiendo, digamos. Uno puede comer cualquier basura y decir “ah no, prefiero esta marca a la otra”, o “cocinado así o cocinado asá”.  Y esa analogía, entonces, también me permitía explicar que yo no vendía cualquier música, aunque la vendiera de diferentes tipos. No era un sitio exclusivamente de rock, de jazz o de tango, pero al mismo tiempo no lo era sobre cualquier tipo de rock, jazz, tango, o folklore. Insisto, nunca lo entendí en términos de colección, para mí es una herramienta. La colección está más asociada con algo lúdico, si se quiere. Con el tiempo pasaría a ser una herramienta, ya fuere para las investigaciones de aquel momento, o las que ahora están en curso con los libros.

MÚSICA DE LA A A LA Z
Entonces, una cosa llevó a la otra, y finalmente el sitio web no sólo terminó volviéndose en una editorial con la cual ibas a editar un primer libro, sino que además era el tuyo.
Sí, la idea fue la de sacar mi libro, y después empezar a editar otros títulos que valía la pena que existieran, y que no había. Porque además mi libro se transformó en una especie de estudio de mercado imposible de encargarle a alguien, porque yo sabía exactamente sobre qué temas había libros, y sobre cuáles no. Sobre qué temas había libros que se conseguían, y al mismo tiempo conocía mucha gente que trabajaba en temas interesantes, pero que no tenían el acceso a publicar libros. Entonces conocía lo que existía sobre libros de música argentina de todo tipo, de una manera que nadie sabía. Y eso me indicaba qué proponer editar que fuera distinto a lo que ya existía. Lo de mi libro me sirvió de base para comenzar a armar el catálogo de la editorial.

¿Cómo hiciste para llevar a cabo semejante trabajo en tu primer libro?
Lo que hice fue revistar cincuenta y pico de diccionarios y enciclopedias de acá y de afuera sobre cualquier género musical, desde los veinte tomos del diccionario Grove, más la edición siguiente, que fueron veintinueve, más los diccionarios argentinos de jazz, de tango, de rock, de instrumentos, de alguna ciudad… Cosas muy puntuales, relevando todas las entradas que había sobre músicos y música argentina. Entonces, por ejemplo, si vos buscás “Troilo”, te dice en qué diccionarios salió un artículo sobre Troilo, en qué página, y quién lo escribió. O un artículo sobre el arpa en Argentina. ¿Dónde hay? Esos 52 diccionarios que mencioné no están juntos en ningún lugar, no hay ninguna biblioteca que los reúna en su totalidad. Y de esa manera, con una sola búsqueda te ahorrabas el buscar el dato en otros lugares. Corrigiendo datos que estaban mal, actualizando otros que ya eran viejos… Tardé como diez años en hacerlo.

Fue un laburo de hormiga.
Así es, un laburo de hormiga. Es más, yo empecé a trabajar en la editorial en febrero de 2005 y el primer libro, que fue éste, salió en agosto de 2006. Y todo ese tiempo que pasó se trató de terminarlo, armarlo, pensar la colección, el diseño, cómo armar la editorial, que es algo que aprendí mientras lo hacía.

“HAGO LIBROS QUE QUIERO LEER. Y ME TOMO TODO EL TIEMPO NECESARIO PARA QUE SALGAN BIEN. YO LA LLAMO LA EDITORIAL RENÉ LAVAND: ¡NO SE PUEDE HACER MÁS LENTO!” – LEANDRO DONOZO

¿Habías tenido la idea de la editorial desde un primer momento, o fue algo que surgió a partir del lanzamiento de tu libro?
Es algo que estaba previsto desde el principio, nunca lo saqué con la intención de editar un solo libro. Al editarlo, ya había decidido que iba a ser una editorial especializada en libros de música, por lo tanto ya estaba encargando otros títulos.

¿Qué fue lo que te llevó a convencerte que un proyecto así podía convertirse en algo redituable?
¡Lo sé, fue una pelotudez! (Risas) Ésta es la primera editorial dedicada exclusivamente a libros de música. No existía otra.

Es verdad, la primera de la historia en el país.
Sí, cosa que sé perfectamente porque me había leído todos los libros que había. Digo, había otras editoriales que habían editado muchos libros de música, como Corregidor, pero también habían sacado cosas de otros estilos. Gourmet Musical es la primera editorial argentina en la historia dedicada exclusivamente a libros musicales, más allá de otras como Ricordi, que básicamente editan partituras. Me interesaba mucho la circulación del conocimiento sobre música, porque veía que había muchas cosas muy interesantes que quedaban circunscriptas a un ámbito académico muy cerrado, o que en el periodismo más comercial se trabajaba con muchas limitaciones y no se profundizaba en muchos temas, entonces esos temas quedaban afuera. Eran notas de 2 ó 3 páginas, con las que no llegás a profundizar en nada. Yo estaba a medio camino entre el periodismo, las revistas que estaban en los kioscos, las de musicología, la universidad, las bibliotecas… En esa especie de intersección de muchas cosas. Y veía que ninguno de esos ámbitos me terminaba de cerrar. Y estos libros eran una forma de mezclar todo ese tipo de cosas, de trabajar con el rigor de la universidad, con la extensión de un libro –que tiene más profundidad–, trabajar el lenguaje y las formas de contar los resultados, que es algo más propio del periodismo, y básicamente hacerlo sobre temas de los cuáles no había libros, o no existía material disponible.

Pudiste nuclear todas esas actividades periféricas en una.
Y aparte me di cuenta de que con ese proyecto vinculaba muchas cosas que había hecho a lo largo del tiempo de manera más suelta. El periodismo, la investigación, lo de las bibliotecas, lo de las revistas, leer muchos libros, estar rodeado de discos y escucharlos, mirar los datos… Todo ese tipo de cosas confluían en la editorial, sin que yo lo hubiera planificado. Y saqué la cuenta de que si más o menos yo ahorraba una guita por mes, mientras me dedicaba a otras cosas, podía editar un libro cada tanto. Y con un subsidio del Gobierno de la Ciudad que salió en aquel momento, pude pagar parte de la impresión del primer libro. Después de terminarlo y sacarlo, pude pensar -ingenuamente- que eso podía funcionar económicamente.

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EL XUL SOLAR SALE PARA TODOS
OK, ya tenías el libro en la calle, y con eso el proyecto de la editorial encaminado. ¿Cómo fue que empezaste a ponerlo en marcha? ¿Te propusieron autores, o saliste a buscarlos?
Me pasó todo eso, fue a los tumbos. Los primeros libros fueron propuestas mías en las que hubo que convencer a los autores. Algunos llevaban veinte años trabajando en artículos. Pero después, no sé realmente cómo fue que circuló el dato, pero de repente tuve propuestas de ideas desde el principio. De hecho, el segundo libro de la editorial también tiene su historia.

Adelante, entonces…
Cuando fue el famoso diciembre de 2001, yo estaba todavía con el sitio web y recién venido de Londres, y aquí no se podía hacer nada. Todo mal. Gomas quemadas, piquetes, y yo tratando de vender discos por internet. Pasó ese verano, y en abril del año siguiente se cumplía un aniversario de la inauguración del sitio web. Y yo pensaba en hacer algún tipo de festejo, digo, antes que tirarme por la ventana. Entonces organicé un concurso de investigación musical. Conseguí un jurado de musicólogos de acá y de afuera que seleccionaran tres trabajos, tres artículos de investigación, a publicarse individualmente en tres revistas de musicología, con un premio de plata simbólico, que era algo así como 100 dólares, o 100 pesos, todavía. Llegaron un montón de propuestas, y dos de esos artículos se publicaron en las revistas, y hubo un tercero que jamás salió publicado en la revista que tenía que hacerlo… Pasaron como tres años, y entonces en 2005 le propuse a la autora que ampliara el proyecto para llevarlo a libro, que era un trabajo de investigación sobre música en la vida y obra de Xul Solar, y terminó siendo el segundo libro lanzado por la editorial. Y yo me preguntaba, “¿quién va a sacar un libro sobre la música en la vida y obra de Xul Solar?”

Precisamente, eso es uno de los puntos más interesantes de la editorial, que edita esas cosas.
Bueno, así fue como se dio. Lo saqué como si fuera una locura, y anduvo bastante bien, y tuvo mucha prensa. Viniendo del periodismo, yo tenía conciencia de qué había que hacer mucha prensa y promoción de los libros. Pero mismo el diccionario, que también era un libro raro, estuvo reseñado en La Nación, en Clarín, en Página 12, en la revista Genios, en Muy Interesante, en revistas académicas de Musicología nacionales y del exterior, de universidades, et., Un abanico muy amplio. Y así fue que saqué dos libros en 2 años, lo cual es muy poco.

Creo que no está nada mal tratándose de una editorial que recién comenzaba de abajo.
Claro, fue algo hecho sin nada. Y en el 2008 edité dos libros, uno que le había propuesto a un musicólogo llamado Omar García Brunelli, que es un especialista en Piazzolla, a quien le propuse hacer una compilación de artículos de investigación musicológica sobre él. Se habían hecho varios libros, pero ninguno que trabajara sobre la música de Piazzolla. Eran todos de historia, anécdotas, biografía…Y paralelamente saqué algo que también me resultó muy grato, que fue reeditar “Como Vino La Mano” de Miguel Grinberg, un libro que yo había leído de adolescente, y que estaba agotado desde el 92 o el 93. La verdad, contacté a Grinberg de puro caradura. Recuerdo que nos encontramos en un café en la semana que iba entre Navidad y Año Nuevo, ¿viste esas semanas que no pasa nada?…

Tu vida está regida por fechas claves…
(Risas) Sí, ¿viste esas semanas que no se puede hacer nada? Fue tipo un 27 de diciembre, esas fechas ridículas… Nunca supe cómo Miguel se arriesgó a publicar conmigo, con una editorial que llevaba nada más que dos libros publicados, y de los cuales uno lo había escrito yo mismo. Esto fue en navidad de 2007, y entonces se editó para la Feria del Libro del 2008, o sea, en mayo, junto al de Piazzolla. Fue una edición actualizada, le agregamos muchas cosas. Tiene algo así como el doble del material que tenía la edición original. Fotos inéditas, le agregué muchas notas al pie, notas de la época, más manifiestos… Es una edición recargada. Y así se fueron dando las cosas. Después de varios años, con 7 u 8 libros editados, empecé a trabajar con una distribuidora, que me permitió que los libros llegaran a todo el país.

¿El proyecto conseguía sustentarse por sí mismo?
No, al principio se trató de poner guita. También tuve algunos subsidios, gente que me ayudó, algunos autores que pagaron parte de las ediciones…Por eso es que tardé 1 año en editar el segundo libro. Fue todo pura inversión. Después de muchos años, y no me acuerdo cuántos, llegué a una situación en la cual podía editar nuevos libros con lo que producían las ventas de los anteriores, y sin tener que poner plata de mi bolsillo. Creo que recién ahora vivo de la editorial, después de 12 años. Pero también soy docente, y hago otras cosas. Pero recién ahora estoy casi dedicado exclusivamente a la editorial.

LA HISTORIA SIN FIN
11 años más tarde del comienzo de tu emprendimiento, ¿cuántos libros lleva Gourmet Musical editados?
Cuarenta, o cuarenta y uno.

Eso significa que prácticamente salieron cuatro por año.
Más o menos. También hubo algunos en que saqué seis o siete, sobre todo en los últimos años.

¿La editorial está abierta a todos los estilos de música?
Sí. Para mí el límite no es el estilo, sino el tratamiento de los libros, cómo se trabaja el tema. soy muy hinchapelotas con eso de dónde se saca la información. No me interesa que sean refritos, porque hoy en día ya existe mucha información. Una entrada de Wikipedia tiene diez veces más información de la que podías conseguir hace 20 años. Si vos pusiste en tu libro, no sé, “Troilo dijo tal cosa”, yo te voy a preguntar por dónde la dijo, o cómo te enteraste. “¿Te la dijo a vos?” “No, la dijo en un diario” “Aah, ¿en qué diario?”…

Dicen que dicen…
Exacto. Y entonces te voy a pedir que busques en qué diario salió, en qué día y en qué página. Si no hay forma de averiguarlo decí “suele decirse que Troilo habría dicho tal cosa…”. Un diario puede corregir un dato inexacto al día siguiente, pero no podés hacerlo con un libro. Entonces soy muy insistente con los datos, con la información, y con no repetir las cosas que alguien ya dijo, y que dijo éste, y que dijo el otro… Y aparte me interesa que los libros sean originales, que aporten algo nuevo a lo que ya había. Yo hago libros que quiero leer. Y me tomo todo el tiempo necesario para que salgan bien. Yo la llamo la Editorial René Lavand: “¡No se puede hacer más lento!” (Risas)

Los libros tienen además muy buenos diseños y artes de tapa. ¿Trabajás con algún ilustrador en particular?
Hace años que estoy trabajando con Santi Pozzi, que suele hacer pósters y serigrafías para bandas de rock.

Para terminar, ¿futuros títulos de libros que va a lanzar Gourmet Musical?
El próximo trabajo que estoy sacando es un libro homenaje a Miguel Grinberg, que cumple 80 años, y que entonces se va a llamar “80 Preguntas a Miguel Grinberg”, donde invitamos a ochenta personas distintas -desde músicos, gente de la ecología, de literatura- a que cada uno le haga una pregunta, que Miguel responde. También voy a editar un libro de Roque Di Pietro sobre Charly García, que es la historia de la carrera de Charly a través de sus recitales. Y además va a salir una reedición modificada de un libro sobre la obra poética de Ricky Espinosa, y una reedición de un libro de Oscar López Ruiz con anécdotas sobre Piazzolla. Esos son los más inmediatos, y se están editando en los próximos 2 o 3 meses.

¿Qué es lo que siente un editor cuando finalmente edita un nuevo libro?
Se siente como un aporte al conocimiento. Uno se pregunta, “¿cómo fue que lo terminamos?” “¿Cómo fue que nos dimos cuenta de que estaba listo, lo editamos, y ahora está acá?” Como si fuera un milagro.


LOS LIBROS DE GOURMET MUSICAL, COMENTADOS POR SU EDITOR

Diccionario bibliográfico de la música argentina y de la música en la Argentina
(Leandro Donozo, 2006)
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“Como explicaba en la entrevista, es una herramienta para quienes busquen información sobre la actividad musical en Argentina, con más de 21.000 citas bibliográficas”

Xul Solar, un músico visual. La música en su vida y obra (Cintia Cristiá, 2007. 2da. edición: 2011)
“Un libro muy peculiar que, como describe su título, aborda la influencia de la música en la obra pictórica de Xul Solar”

Estudios sobre la obra de Astor Piazzolla (Omar García Brunelli, 2008. 2da. edición: 2014)
“El autor, García Brunelli, presenta trabajos de diecisiete investigadores y musicólogos de cinco países (Argentina, España, Alemania, Japón y EE.UU.) que hablan sobre la obra de Piazzolla”

7Cómo vino la mano. Orígenes del rock argentino (Miguel Grinberg, 2008. 3ra. edición: 2014)
“La reedición del libro clásico de Grinberg, que se encontraba agotado desde principios de los 90”

Leopoldo Federico, el inefable bandoneón del tango (Jorge Dimov / Esther Echenbaum Jonisz, 2009)
“Son dos investigadores que entrevistaron a Federico hasta cansarse. Una biografía muy interesante, sobre todo con muchas entrevistas a él, y también a otros músicos de tango”


Proust músico (Jean-Jacques Nattiez, 2009)

“Escrito por un semiólogo musical franco-canadiense, un tipo muy importante. Acá llegó a haber seminarios sobre su obra. Nattiez ya lo había editado en francés, en inglés, en alemán, en muchos idiomas, pero quería lanzarlo en español”

“Guía de revistas de música de la Argentina (1829-2007) (Leandro Donozo, 2009)8
“Conseguí un subsidio para pagar parte de la impresión. Es un catálogo de revistas de música de Argentina, tal como lo indica su título, de todos los géneros musicales. Ahí detallo cada revista que encontré, quién escribió en cada una de ellas, y en qué archivo o biblioteca hallé cada número, por esa cuestión de que no hay colecciones completas en ningún lado. Hay 450 títulos de revistas”

Tito Francia y la música en Mendoza, de la radio al Nuevo Cancionero (María Inés García, 2009)
“Lo escribió una investigadora mendocina, a quien yo conocía del ámbito de los congresos de musicología. Ella había terminado su tesis sobre Tito Francia, un tipo no tan conocido por sí mismo, pero que era el guitarrista del grupo Nuevo Cancionero, que fue un grupo de renovación folklórica en los 60, de las cuales la más conocida es Mercedes Sosa y donde también estaba Tejada Gómez, etc. Y Tito Francia era el más músico de todos esos. Se habían escrito artículos sobre él, pero nunca un libro”

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Estudios sobre los estilos compositivos del tango (1920-1935) (Pablo Kohan, 2010)
“Escrito por un periodista y musicólogo que había sido maestro mío en la Facultad, uno de los primeros que se dedicó a estudiar el tango desde la musicología, desde cómo suena el tango. Sabía que tenía muchos artículos sueltos publicados en revistas, y entonces lo convencí de hacer un libro”

Música y modernidad en Buenos Aires (1920-1940) (Omar Corrado, 2010)
“Corrado es para mí uno de los mejores musicólogos de Latinoamérica y, si te descuidás, de más allá también. El libro es un ejemplo importantísimo de cómo hablar de música vinculándola con el contexto y con la historia cultural del momento. Un libro clave para entender la década del 20 desde lo musical”

10Discografía básica del tango 1905-2010. Su historia a través de las grabaciones (Omar García Brunelli, 2010)
“Ahí seguimos trabajando con García Brunelli, que había sido el autor del libro de Piazzolla. Y éste había sido un libro con la idea de que sea una fuente de referencia sobre discos de tango. El libro es como un diccionario breve, donde en lugar de biografías de los músicos, te explica las discografías. Por ej., uno busca ‘Troilo’, y entonces ahí están las épocas en que grabó, con qué orquestas, en qué sellos, qué se reeditó, cuáles reediciones suenan bien, cuáles no, cuáles con completas… desde principios de siglo hasta 2010. La edición también incluye un CD”

La obra musical de Carlos Guastavino. Circulación, recepción, mediaciones (Silvina Luz Mansilla, 2011)
“También escrito por una musicóloga, con la que yo había trabajado en la Facultad. Silvina tenía su tesis de doctorado sobre Guastavino, que es uno de los compositores argentinos más tocados en el mundo junto a Piazzolla y Ginastera, con un catálogo muy detallado. Guastavino tenía esa cosa muy interesante de combinar su extracción académica, pero haciendo cosas que se popularizaron. Por ejemplo, es el autor de ‘Se Equivocó la Paloma’, que la cantaron desde cantantes líricos, hasta Serrat, o canciones como ´Pueblito Mi Pueblo´, que cantó Mercedes Sosa, y otros folkloristas”

tapa-modernidad-OK2Historia del baile. De la milonga a la disco (Sergio Pujol, 2011)
“Es un libro que Pujol ya había publicado, pero la editorial anterior lo había descatalogado porque necesitaba cubrir un cierto número de ejemplares vendidos mayor al que necesitaba yo, por los que decidimos reeditarlo”

Cancionistas del Río de la Plata. Después del rock: una música popular para el siglo XXI (Martín Graziano, 2011)
“El autor me mandó un mail comentándome que tenía un libro sobre ‘cancionistas’. Yo no tenía idea de qué quiso decirme, para mí se refería a los cantantes de tango de la década del 20, como los estribillistas. Y él había delimitado un conjunto de lo que él llamaba ‘cancionistas del Río de la Plata’, que eran cantantes de esta generación, digamos, de entre 30 y 40 años, que hacían una propuesta que no era rock, que no era folklore, pero que estaba vinculada a la canción, con una preponderancia de cosas acústicas y mezclas de muchas tradiciones, como Lisandro Aristimuño, Gabo Ferro, Pablo Dacal, Martín Buscaglia, Tomi Lebrero, Ana Prada, etc.”

Tangos cultos. Kagel, J. J. Castro, Mastropiero y otros cruces musicales (Esteban Buch, 2012)
“Buch es un musicólogo argentino que vive en Francia y que había venido a dar un seminario de Doctorado en la UBA sobre tangos de compositores académicos, o sea, compositores clásicos que hicieron tango, como John Cage. El libro reúne artículos de análisis sobre eso”

Dar la nota. El rol de la prensa en la historia musical
argentina (1848-1943) (Silvina Luz Mansilla, 2012)12
“La misma autora del libro sobre Guastavino. Junto a ella y un grupo de compañeros de la universidad, teníamos un proyecto de investigación sobre revistas de música. Este libro presenta artículos de diferentes personas sobre diferentes casos donde una revista o publicación periódica se involucraba de alguna manera en la actividad. ¿Cómo es que una revista hace una encuesta para favorecer cierto tipo de música? Incluye revistas de mediados del siglo diecinueve a mediados del siglo veinte. Diarios, revistas, etc. Hay hasta revistas femeninas”

Pensar la música desde América Latina (Juan Pablo González, 2013)
“González es un musicólogo chileno que fue de los primeros activistas de estudios académicos sobre la música popular en Latinoamérica. Creador de la rama latinoamericana de la Sociedad Internacional de Estudios sobre Música PopularHay estudios de género, de canon, temas de vanguardia, etc., explicando todo eso, pero con ejemplos latinoamericanos, de pensadores y de música. Es como una puesta al día sobre qué es lo que se estudia académicamente sobre música, pero desde un punto de vista latinoamericano”

13Mito, ópera y vanguardias. La música en la obra de Lévi-Strauss (Jean-Jacques Nattiez, 2013)
“Lévi-Strauss decía ‘Que la música sea un lenguaje a la vez inteligible e intraducible hace de la música el misterio supremo de las ciencias del hombre, aquel contra el cual ellas colisionan y que custodia el secreto de su progreso. La música y la mitología son máquinas que suprimen el tiempo. Tal es así que mientras escuchamos música, accedemos a una especie de inmortalidad’. Nattiez explora las relaciones de la obra de Lévi-Strauss con la música de su propia cultura europea”

Analizar, interpretar, hacer música. De las Cantigas de Santa María a la organología (Melanie Plesch, 2014)
“Es un libro raro de artículos en homenaje a un musicólogo muy importante que fue uno de mis maestros en la Universidad, que es Gerardo Huseby. Él trabajaba mucho sobre la música medieval. Compilamos el libro junto a su esposa, que también es musicóloga, y con gente que lo conoció, con artículos sobre los temas que él trabajó”

14Charly en el país de las alegorías. Un viaje por las letras de Charly García (Mara Favoretto, 2014. 3ra edición: 2015)
“La autora es una investigadora argentina que viene del palo de las letras y que vive en Australia, y en este libro lo que hace es analizar todas las letras de Charly, desde Sui Géneris hasta el Colón, pero buscando la forma en que Charly usa la alegoría, esa forma de decir las cosas que no se pueden decir. El caso más famoso es el de ‘Canción de Alicia en el País’. Cómo a través de la metáfora uno puede decir una cosa que no se puede expresar literalmente, y sobre todo qué ocurre cuando sí podés decir cualquier cosa, digamos, en democracia. Cómo es que Charly reconfigura el uso de la alegoría de otra manera. Y tiene un análisis de toda la carrera de Charly desde ese punto, que es algo central. En este momento es el libro de la editorial que más vendió”

15Crócknicas de un tacvbo (Joselo Rangel, 2014)
“Joselo, fuera de ser integrante de Café Tacuba, escribe una columna en un diario de México todos los viernes. Una columna breve, de lo que sea. A veces escribe sobre estar de gira con el grupo, recomienda un disco que le gustó, o cuenta que fue a ver al médico, o que leyó tal cosa, y el libro es una selección de esos textos que escribe todas las semanas”

Estudios sobre la obra musical de Graciela Paraskevaídis (Omar Corrado, 2014)
“Graciela es una compositora y musicóloga argentino-uruguaya que lamentablemente falleció hace unos meses. Una compositora más bien experimental, de música académica, de la generación del Di Tella, de donde fue becaria. Junto a Omar Corrado compilamos artículos que analizaban varias de sus obras”

Vendiendo Inglaterra por una libra. Una historia social del rock progresivo16 británico. Tomo 1, transiciones de la psicodelia al prog (Norberto Cambiasso, 2014. 2da edición: 2015)
“Cambiasso es muy conocido por la revista Esculpiendo Milagros, y aquí hace una historia del rock progresivo inglés, pero social. Explicándolo desde su contexto socio-político y socio-económico. Es el primer tomo, de tres que van a salir. Y lo hace desde su propio punto de vista, que es absolutamente original”

Estudios sobre la obra de Carlos Vega (Enrique Cámara de Landa, 2015)
“Carlos Vega es como el padre de la Musicología en Argentina. Fue el tipo que en las décadas del 30 y del 40 se dedicó a viajar por el país y visitar las comunidades criollas e indígenas, y a recopilar los repertorios de música tradicional. Fue quien determinó la historia de las danzas, de dónde vino una zamba, cómo se baila, qué historia tiene, con qué se mezcló… Todavía hoy día todos los libros sobre danzas argentinas y coreografías se basan en sus trabajos. Vega también fue el primero que se dedicó a estudiar el tango y la música popular, y también trabajó sobre música medieval, folklórica, etc.”

17Cemento, el semillero del rock (1985-2004) (Nicolás Igarzábal, 2015. 3ra edición: 2016)
“Es el libro más conocido de la editorial, y también uno de los que más se vendieron. El autor hizo sesenta y pico de entrevistas con varios de los músicos que tocaron ahí, con muchas anécdotas e historias. Llegó a entrevistar mucho a Chabán en sus últimos meses de vida. De hecho Omar falleció un mes antes que saliera el libro”

Jazz argentino, la música “negra” del país “blanco” (Berenice Corti, 2015)
“La autora analiza la idea del jazz argentino, de cómo funciona una música que siempre se reconoció como negra en un país que siempre hizo todo lo posible por mostrarse blanco, negando su historia negra. Y se pregunta si es posible que el jazz local se diferencie del jazz de otros lugares”

Paul Walter Jacob y las músicas prohibidas durante el nazismo (Silvia Glocer / Robert Kelz, 2015)
“Jacob es un músico judío-alemán que emigra a Argentina durante la época del nazismo. Y aquí da una conferencia sobre lo que él llama ´músicas prohibidas´, denunciando qué es lo que pasa en Alemania con la música, haciéndolo en tiempo presente, explicando cómo llegó la censura a la música en aquel momento. Qué es lo que no se puede tocar, etc. Entonces Jacob da esa conferencia en Buenos Aires, que representa el grueso del libro, tras que encontramos una traducción que él había hecho de esa conferencia en castellano”

Letristas, la escritura que se canta (Alejandro Güerri / Federico Merea, 2015)18
“Está escrito por dos periodistas que entrevistaron a autores de varias letras de canciones para hablar sobre el oficio de componerlas, como Serrano de los Auténticos Decadentes, Dárgelos de los Babasónicos. Ale Sergi de Miranda, Dante Spinetta, Javier Martínez, Horacio Fontova, Pipo Cipolatti, el Paz Martínez, Lescano de Damas Gratis, Juan Carlos Denis de El Bohío (los de la cumbia santafesina), el payador José Curbelo, el folklorista Ramón Ayala… Tipos de distintos géneros y edades hablando sobre el oficio de componer letras de canciones”

Un mar de metales hirvientes. Crónicas de la resistencia musical en tiempos totalitarios (1975-1970) (Michel Grinberg, 2015)
“Es una recopilación de artículos que Miguel escribía en el diario La Opinión. Crónicas de conciertos, reseñas de discos, entrevistas, con mucho contenido de rock. Está la época del surgimiento de Serú Girán, la última época de La Máquina de Hacer Pájaros, cuando Aquelarre se va a Europa, el regreso de Almendra… Mucha información sobre Rock Progresivo local. Alas, MIA, Los Jaivas… También hay cosas de Piazzolla, Mederos, de folklore, y demás”

19Bien al sur. Historias del blues en la Argentina (Gabriel Grätzer / Martín Sassone, 2015)
“Cubre la escena del blues argentino desde fines del siglo diecinueve hasta ahora, con un capítulo muy extenso sobre el blues en el interior del país. Martín es periodista y tiene un programa de blues en la Rock and Pop, y Gabriel es músico, con varios discos editados, y también es director de la escuela de blues en el Collegium Musicum, con una actividad docente en el blues muy grande”

Rock sudaka. La historia de Korneta Suárez y Los Gardelitos (Juan Mendoza, 2016)
“Es básicamente una biografía de los Gardelitos hecha sobre todo con testimonios de miembros de la familia”

Estación imposible. Expreso Imaginario y el periodismo contracultural (Sebastián20 Benedetti / Martín Graziano, 2016) 
“La historia de la revista, ampliada a cómo funcionaba el Expreso como centro del periodismo contracultural en Argentina, y cómo se vinculaba con el resto de ese tipo de periodismo, el anterior y el posterior”

En contra de la música. Herramientas para pensar, comprender y vivir las músicas (Julio Mendívil, 2016)
“Julio es un musicólogo y charanguista peruano que ahora vive en Alemania, y que acaba de ser nombrado presidente de la Asociación Internacional de Estudios sobre Música Popular, que es una asociación que representa el organismo que se dedica a hacer estudios sobre eso. Es un libro con artículos muy breves discutiendo lugares comunes, como ser ‘cómo pensamos la música a nivel cotidiano’, digámoslo así. ¿Qué quiere decir ‘hablar de música’? ¿Qué quiere decir ‘saber de música’? ¿La música es un lenguaje universal? ¿Cómo funciona la música como herramienta política? ¿Tiene sentido hablar de ‘música argentina, o peruana, o africana’? En definitiva, ¿tiene sentido hablar de música? Preguntas con respuestas breves para discutir. Para mí es un libro clave de la editorial, que yo hubiera querido escribir, pero Julio lo escribió mejor. Porque tiene que ver con un concepto muy básico de la editorial, que es el de repensar muchas cuestiones acerca de la música”

21Valentino en Buenos Aires. Los años veinte y el espectáculo (Sergio Pujol, 2016)
“Los años veinte fueron un momento clave en el espectáculo argentino. El libro incluye capítulos sobre tango, sobre jazz, y no solamente de música, sino que también habla del surgimiento de la radio, sobre teatro, sobre cine. Es uno de los primeros libros de Pujol, y estaba agotado. El autor había llegado a entrevistar a varios artistas que habían estado activos en la década del veinte, y que para entonces tenían 80 o 90 años. René Cóspito, Iris Marga, Sebastián Piana, Cadícamo… Es un libro fascinante”


Melodías del destierro. Músicos judíos exiliados en Argentina durante el nazismo (1933-1945) (Silvia Glocer, 2016)

“La autora hizo su tesis de Doctorado en la UBA rastreando las trayectorias de muchos músicos judíos que vinieron a Argentina durante la guerra. Son historias de vida, porque ella rastreó cómo vivían y que hacían en Europa, cuál había sido su formación, y a qué se dedicaron cuando llegaron al país, cómo se adaptaron…Hubo muchos que se volcaron a la docencia, que trabajaron en el Teatro Colón, o en orquestas de radio, y que estuvieron trabajando en diferentes ámbitos y géneros de la música argentina”

La música de Sandro. Cómo se hicieron sus canciones
(Pablo S. Alonso, 2016) 22
“El autor releva sesión por sesión de grabación de Sandro. Con quién grabó, con quién tocó… Entrevistó a todos los músicos que grabaron con él. Cincuenta años de música de Sandro, canción por canción. Un trabajo de investigación que aquí nadie hizo sobre ningún músico argentino, un libro como sí existen afuera de Dylan o de los Beatles. Y sus vinculaciones con los diversos estilos musicales. Con el rock, con la canción romántica, con la tradición francesa, la italiana, la latinoamericana… Sandro grabó con los mejores músicos de aquí, y con los mejores músicos de jazz de Argentina. Compartió músicos con Piazzolla. Ziegler, Jacobe, Antonio Agri, López Ruiz, todos tocaron con él. Me parece un libro fascinante, porque además te muestra cómo funcionaba la industria, cómo trabajaban los estudios, los músicos, o los sesionistas”

Yo no estoy aquí. Rock, periodismo, ecología y otros naufragios (1966-2016)
(Pipo Lernoud, 2016)
“Lo considero una especie de autobiografía documental. Son textos cronológicos de diferentes épocas de su vida. Manifiestos, diarios, cartas, letras de poemas, de canciones, cosas inéditas, notas de El Expreso Imaginario, notas de La Mano, notas de CantaRock, cosas de Facebook… Pipo va contando su historia a través de distintas cosas que fue escribiendo con el paso del tiempo”

23Fábricas de músicas. Comienzos de la industria discográfica en la Argentina (1919-1930) (Marina Cañardo, 2017)
“Lo escribió Marina Cañardo, que es Doctora en Historia y Teoría de las Artes en la UBA, y Doctora en Música y Musicología en París, y registra los inicios de la industria discográfica en Argentina en la década del 20 y la manera en que se relacionó con los diversos géneros musicales, principalmente con el tango”

Una intelligentsia musical. Modernidad, política e historia de Rusia en las óperas de Musorgsky y Rimsky-Korsakov (1856-1883) (Martín Baña, 2017)
“El autor es Doctor en Historia en la UBA, donde también se desempeña como Profesor Adjunto en la cátedra de Historia de Rusia. Se trata de un libro de historia cultural que a su vez cumple la función de comprender a la sociedad rusa del siglo diecinueve, con Musorgsky y Rimsky-Korsakov enfrentándose a los avances de la modernidad europea de esos años como compositores de óperas que planteaban interpretar la historia del país”

Spinetta. Mito y mitología (Mara Favoretto, 2017)24“El libro está escrito por la misma autora del libro de las alegorías de Charly, y propone una serie de preguntas sobre la personalidad y la estética de Spinetta, y el fanatismo que su figura o su obra lograron generar”

La ruta del sol. La trilogía de Él Mató A Un Policía Motorizado (Walter Lezcano / Santiago Motorizado, 2017)
“Está por salir en estos días. Se trata de un compendio de letras, textos y afiches y entrevistas dedicados a la trilogía de la banda Él Mató A Un Policía Motorizado, una versión más extensa de otro libro publicado por el autor hace unos años, y que está ilustrado por dibujos de Santiago, el cantante del grupo”

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ENTREVISTA: PIPO LERNOUD, POETA Y PERIODISTA: “EL EXPRESO FUE UN REFUGIO PARA TODO”

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Publicado en Revista Madhouse el 24 de agosto de 2016

Ayer nomás, Pipo Lernoud, un joven de poco más de 20 años devoto de la poesía y los escritos de Kerouac, Huxley, Ginsberg, y otros tantos, encontraba un nicho selecto de acólitos junto a los que tiempo después, y casi sin proponérselo, acabarían escribiendo las primeras páginas del rock vernáculo. Páginas que apenas un puñado de años más tarde se transformarían en otra cosa y, ya en formato de revista, compondrían el bastión más emblemático de la gráfica contracultural a través de tiempos espinosos.

A más de cinco largas décadas de aquella desfachatada bohemia porteña que encarnó como nada el año cero de casi todo lo que vino después, ahora el inefable Pipo se dispone a lanzar la antología definitiva de lo sucedido en un nuevo libro titulado “Yo No Estoy Aquí”: 350 páginas habitadas por tiempos irrepetibles en permanente búsqueda de algo diferente.

Me sorprende venir a descubrir recién ahora que tu nombre original es Alberto Raúl…
En realidad el sobrenombre Pipo me lo puso una amiga. En la época en que conocí a Moris todavía me llamaban Beto, como buen Alberto. Y la novia de Antonio Pérez Estévez, que era el bajista de los Beatniks, viene un día y me dice “no tenés cara de Beto, vos tenés cara de Pipo”. Yo no supe si eso era lindo o feo, pero me gustaba más que Alberto, o que Beto. Así que empecé a usar Pipo. Hasta hace poco, la única persona en el mundo que me llamaba Alberto era mi tío, que no podía aceptar que me llamaran Pipo. Yo viajé mucho por el mundo con el asunto de ser vicepresidente de la Federación Internacional de Movimientos de Agricultura Orgánicos, y a los ingleses le costaba mucho entender mi nombre, pensaban que me llamaba “People Lernoud”, porque suena casi igual: “¿Cómo, te llamás People?”… Y si alguien me grita “Alberto”, directamente ni me doy vuelta.

Poeta, compositor, periodista, precursor de la cultura orgánica en la Argentina…Con tantas cosas en tu haber, sinceramente no sé sobre qué empezar a preguntarte. Pero lo que aquí principalmente nos convoca es tu rol como figura clave del génesis de la escena de los verdaderos inicios del llamado “rock nacional”…
Bueno, no sé si “clave”…

Digamos parte fundamental. mínimamente. Ya que estamos, ¿cómo es que nunca tuviste la inquietud de ser músico?
Sí, la tuve. Moris me enseñó a tocar algunos acordes de guitarra, y Javier Martínez a tocar la batería. Incluso tengo unos cuadernos donde Javier me enseñaba los paradiddles, eso de las secuencias de manos cuando uno practica batería. Y yo anotaba, pero no prosperaba. Y con la guitarra tampoco llegué a ningún lado, o bien no lograba afinar para cantar. No servía para eso.

¿Qué fue lo que evitó que tengas el sueño de casi todo adolescente?
Es que yo estaba muy pendiente de escribir. Obviamente, me hubiera gustado. De hecho siempre le estoy diciendo a mi mujer, María Calzada, que hizo coros en el primer disco de los Redonditos junto a Claudia Puyó y Laura Hutton, que si yo cantara como ella mejor que Paul McCartney se corra, porque considero que, si también pudiese cantar, podría escribir muy buenas canciones.

Como  sucedió con “Ayer Nomás”, que compusiste con Moris.
Claro, yo le llevé la melodía. Pero en sí lo de componer canciones nunca prosperó.

¿Entonces cómo te las arreglabas para componer?
Siempre con alguien. Con Miguelito (Abuelo) lo hacíamos seguido, porque el vivía en casa. Y en el caso de Tanguito, él agarraba mi cuaderno, o el de Hernán Pujó, que es el autor de “Amor De Primavera”, y se ponía a tocar sobre los textos. Que es lo que pasó cuando escribí la letra de “La Princesa Dorada”.

Tantas veces te habrán hecho las mismas preguntas sobre “Ayer Nomás”, que me cuestiono si queda pendiente alguna anécdota o historia que nunca se haya contado.
Lo que me resulta interesante mencionar es que “Ayer Nomás” es una de las primeras canciones del rock nacional, porque fue originalmente compuesta para el repertorio de los Beatniks, que a principios del ’66 ya se habían presentado en La Cueva y sacado su primer disco, “Rebelde”. Ellos cantaban la versión original, así como “No Finjas Más, Yo No Pretendo” y un par de canciones más, ése era todo su repertorio. La gente no sabe que “Ayer Nomás” era del repertorio de los Beatniks, y todo esto fue un año antes que “La Balsa”. Los Gatos ensayaron 1 año en La Cueva, y ahí fue donde Litto (Nebbia) empezó a probar músicos, como fue el caso de Alfredo Toth, el bajista.

¿HOMBRES DE LAS CAVERNAS? NO, DE LA CUEVA
Sobre esos años de bohemia tan particulares, ¿cuál señalarías como la primera noche en que ingresaste a ese mundo?
Bueno, sin dudas fue mi primera entrada a La Cueva. Pero antes de eso me habían echado de varios colegios, y terminé abandonando la secundaria en cuarto año. Yo vivía con mi vieja, que era separada, y la verdad, ella me bancaba en todo. Y yo me la pasaba leyendo, quería ser poeta, y una vez me encontré con la revista “Eco Contemporáneo” de Miguel Grinberg, que vendían en los kioscos de la calle Corrientes, del lado del Obelisco, hasta Callao, donde había un montón de revistas de baja tirada de poesía, culturales, de teatro, que de hecho las sigue habiendo… Y yo leía todas esas revistas de literatura medio caseras. La de Juan Gelman, por ejemplo, y también “Opium”, que era una revista hecha por unos beatniks. Los que editaban Opium son los mismos que aparecen en la película “Tiro De Gracia”, cuya banda de sonido estuvo a cargo de Manal , que pertenecían al grupo de intelectuales que frecuentaban el Bar Moderno. Y fue en un número de Opium que leí una cosita chiquita que decía “hay un boliche donde hay jazz y poesía y qué sé yo que se llama La Cueva y está en la calle Pueyrredón…”

Es decir que tu entrada en la escena se dio básicamente por el lado de la poesía…
No, en verdad fue por el jazz. En esa época yo escuchaba mucho jazz, en realidad el rock todavía no existía. A mí ya me gustaban los Beatles y Bob Dylan, pero en general no existía como “cultura”. Y el jazz era la música de la bohemia. Yo escuchaba mucho Charlie Parker y Miles Davis. Pero la “cultura de rock”, tal como la conocemos, todavía no existía. Antes del ’66 no había ni Caetano Veloso en Brasil, ni Eduardo Mateo en Uruguay, ni Tanguito en Argentina. Todo empezó en el ’65, o en el ’66. Y la revista de Grinberg, u Opium, son anteriores, del ’63 o del ’64.

Y así fue como ingresaste a ese círculo “selecto”.
Cuando entré me encontré con tipos de mi edad, porque esos otros beatniks que mencioné eran en verdad tipos más grandes.

¿Cómo se reconocían entre ustedes? ¿Existía algún tipo de código que les facilitaba identificarse si eran “del palo”?
Pasaba por ser un poco desprolijos, nada más, porque usaban corbata, probablemente, pero al mismo tiempo no tenían los zapatos lustrados. Hoy parece una locura, pero si uno ve las fotos de esa época… Por ejemplo, hay un videíto de La Cueva en el ’65 en que podés ver que iban todos con corbata.
Bueno, pero en los clubes de Inglaterra o USA de la época también vestían así.
Seguro, pero el rock después rompió todo eso, y cada uno se vistió como quiso.

¿Recordás con detalle esa primera noche que entraste a La Cueva?
No exactamente, pero los primeros que conocí fueron Moris y Pajarito Zaguri. Pajarito era muy charlatán, muy fácil para relacionarse. Y a mí me costó mucho, porque era muy tímido, pero entré y estaban estos tipos que hablaban de música. Se los veía divertidos, por lo que enseguida me hice amigo de ellos. Yo podía hablar de todo lo que le interesaba a Moris, ya sea de Krishnamurti o de Aldous Huxley.

¿Me parece a mí o podemos trazar un paralelismo entre los primeros Abuelos De La Nada y lo que pasaba en Brasil, por ejemplo, con bandas como Os Mutantes? Había un fuerte elemento de psicodelia y poesía que creo estaba presente en ambos grupos.
¡Totalmente! Y eso es lo que queríamos hacer, pero no dio.

LA PRIMERA COSA QUE FUE CONTRA LA ESTRUCTURA Y EL ROCK COMERCIAL TUVO QUE VER CON LAS CANCIONES DE LOS BEATNIKS, Y A PARTIR DE AHÍ CAMBIÓ EL REPERTORIO DE LITTO NEBBIA. EL QUE CAMBIÓ TODO FUE MORIS, ES EL TIPO QUE INVENTÓ EL ROCK AQUÍ.

¿Se conocía a Os Mutantes aquí en Argentina?
No, para nada. Sí a Chico Buarque, que era muy famoso, y después tanto yo como Moris y Litto conocíamos perfectamente a Joao Gilberto.

Todo esto antes que llegue el Tropicalismo…
Precisamente, lo que fueron las raíces del Tropicalismo, que se componía de bossa nova y Beatles, o Hendrix. Y aparte nosotros conocíamos mucho a los músicos uruguayos a través de los Shakers, que venían mucho a La Cueva, y también los Bulldogs, o los Mockers.

Había empatía entre todos, más allá de los países de donde venían.
De alguna manera había una gran confraternidad entre los músicos, porque todos íbamos en cana, simplemente por teneer el pelo largo, sobre todo aquí en Argentina. Lo mismo le pasaba a Los Jaivas en Chile, de quienes yo me hice muy amigo. Y todos nos parecíamos, más allá de los países de origen, porque teníamos los mismos padres. Todos escuchábamos a los Beatles, a los Stones o a Dylan, y todos leíamos los mismos libros. Ciencia ficción, Huxley, Ginsberg, Kerouac, Ferlinghetti…Si bien los chilenos tenían su propia forma de ser, y los brasilleros la suya, todos nos queríamos sacar de encima la cultura de los viejos de la formalidad, el caretaje o la represión sexual. Todos hablaban de libertad sexual, de una cultura más compartida, y salir un poco del modelo de la familia y el padre autoritario. Y fue la música que permitió transportar esas ideas a todo el planeta.

HIPPIE HIPPIE SHAKE
En 1967 organizaste el primer encuentro hippie, en la plaza San Martín…
Fui uno de los organizadores, junto al Colorado Rabey, que era uno de los fundadores de Mandioca. Nosotros no le decíamos “hippie”. Yo diseñé una especie de panfleto que decía “a todo melenudo que veas, o tipo o chica que está vestido diferente, decile que vaya a Pza. San Martín el Día de la Primavera a las 15 hs.”, que tuve que tipear con papel carbónico, porque todavía no existía la fotocopiadora. Entonces cada uno de los que iba a La Cueva se llevaban uno de esos papelitos, y si se animaban, lo copiaban. Y después se los entregaban por la calle a cualquiera que diera esa imagen.

Además en fecha del Día del Estudiante…
Claro. ¿Sabés por qué?

Supongo que porque es un día en el que la gente tiene la posibilidad de vestirse de cualquier cosa.
¡Exactamente! Es un día en que te podés disfrazar de lo que quieras. Entonces los tipos se podían soltar los pelos, que los llevaban debajo del cuello de la camisa, y usaban camperas que decían “I love The Rolling Stones” y qué sé yo, y como todo el mundo andaba disfrazado por la calle, al menos en ese día no había ningún problema.

Ya la pegué con lo de Os Mutantes, y ahora con lo de adivinar por qué el Día del Estudiante fue la fecha elegida para la famosa reunión.
Es que nadie se daba cuenta de esas cosas. Mirá, Pajarito era un personaje, y él siempre quiso ser famoso. Andaba mucho por los canales de televisión, y hasta había cantado en el Club Del Clan. Y él tenía una lista de periodistas, con nombres, ponele, Magdalena Ruiz Guiñazú, número tal de teléfono. Pajarito tenía todos los teléfonos…

Un mailing…
Exacto, como si fuera un mailing. Tenía a los veinte periodistas más grosos, o a los directores de las secciones de Cultura de las revistas de actualidad. Pajarito nos prestó esa lista, y entonces empezamos a llamar a todos los medios de difusión para hacer un poco de ruido, diciéndoles que iba a haber “una reunión de melenudos en la plaza, tocando guitarra…”, y bla bla bla. Entonces los tipos dijeron “¡uy, una nota de color!” Y fueron. Si vos lo buscás en YouTube, hay un video en el que está Andrés Percivale entrevistando a la gente ese día, y donde también aparecemos Tanguito y yo. Y también se acercó un enviado del programa de Pipo Mancera para invitarnos a ir al programa “Sábados Circulares”, y entonces fue Tanguito a cantar, pero años después descubrimos que todas esas cintas las habían borrado. Y también vino José De Zer, que se quedó a dormir en la plaza con nosotros los hippies durante 48 hs.

José de Zer era como el Hunter Thompson argentino…
¡Noooo! (Risas). Y en verdad hicimos todo eso para demostrarle a la gente que no éramos ni guerrilleros, ni putos, ni nada. Simplemente gente que quería vivir de forma distinta. Para quien quiera verlo, en mi página de Facebook está el manifiesto que escribí y repartí ese día, que decía que los hombres no pueden vivir libres en cualquier parte de su planeta, que tiene que ver con una idea que yo ya tenía, sobre que éste es un planeta que compartimos todos, que tampoco era algo que yo haya inventado.

Al año siguiente, en 1968, salió el primer simple de los Abuelos de la Nada con “Diana Divaga”, y “Tema En Flu Sobre El Planeta” en la cara B. ¿Eso indica que ya tenías conciencia sobre la ecología?
Absolutamente.

Quiero decir, nada más y nada menos que un tema de los Abuelos que hablaba sobre ecología, y donde encima tocaba Pappo. 
Es que si uno se fija en las primeras canciones del rock nacional, ¿de qué hablaban? Hablaban de “vayamos al campo, etc.” Y en el rock había, y todavía lo hay, esa cosa de que la naturaleza es buena y la ciudad es mala, “esta guerra de ambición”, como decía Javier Martínez. Protestar contra esa vida de ciudad burguesa y esclava, y lo de ser libre en el campo. Todas las canciones hablaban de irse al campo. Y resulta que yo me fui al campo, y cuando miré no venía nadie atrás, me iba solo. Me fui a Capilla Del Monte con Miguel, Tanguito y otros y allí inicié una huerta, y al final nadie quería laburar, nadie quería agarrar una pala.

Y DE GOLPE, LA EXPRESO
Fuiste uno de los fundadores del Expreso Imaginario en 1976, y después uno d sus directores, cuyo primer número salió en agosto, cinco meses después del golpe.
Así es, ¿y vos sabés por qué terminó saliendo después de la fecha del golpe?

SIEMPRE DIGO QUE TANTO NOSOTROS, COMO LOS MÚSICOS DE ROCK, TUVIMOS QUE ENCONTRAR CIERTO LENGUAJE PARA HABLAR DURANTE LOS AÑOS DE LA DICTADURA.

En absoluto, lo desconozco. Precisamente me llama la atención que haya salido justamente en esa época, siendo algo tan antagónico a lo que estaba ocurriendo en el país.
Es que Jorge Pistocchi tenía originalmente la revista Mordisco, y en uno de los números, no recuerdo exactamente cuál en este momento, pero sí que fue en el ’74, va y anuncia la salida de la revista Expreso Imaginario. Porque él ya tenía la idea de hacer una revista que incluyera otras cosas antes de conocerme, y que no fuera exclusivamente sobre música. Finalmente nos conocimos en el ’75, y lo llamamos a Horacio Fontova, al cual ambos conocíamos, más allá de todos los amigos que teníamos en común como Miguel Abuelo o Spinetta. Formamos una suerte de equipo, empezamos a darle forma a la revista, y encontramos un tipo dispuesto a editarla. Para poner la guita y ocuparse de los números, que es algo muy importante, y ese fue Alberto Ohanian. Todo esto habrá sido en octubre del ’75, pero no la íbamos a lanzar a fin de año, que es cuando la gente se va de vacaciones, por lo que decidimos comenzar a editarla en marzo del año siguiente, o sea, marzo del ’76. ¡Exactamente cuando vino el golpe! Y entonces, a raíz de eso, nos dijimos, “no, ¡paremos!” Pero finalmente la sacamos igual, si bien cuidándonos mucho. Hubo muchísimas cosas que decidimos no poner. Notas de sexo, de erotismo, o de tinte político.

¿Sufrieron alguna vez la censura deliberada, o algún tipo de advertencia?
No necesariamente. Los contenidos de cada número se discutían en las reuniones. Jorge Pistocchi me llevaba varios años, y al mismo tiempo yo también le llevaba varios años a Alfredo (Rosso) y a Claudio (Kleiman), por lo que siendo el mayor, Pistocchi era el más lúcido y el que mejor sabía qué publicar, o qué no publicar. O decir las cosas en forma de metáfora, o más suavemente. Yo siempre digo que tanto nosotros, como los músicos de rock, tuvimos que encontrar cierto lenguaje para hablar durante los años de la dictadura.

“Canción De Alicia En El País” de Serú Girán, tal vez el caso más representativo, con toda su subliminalidad.
Claro, es un buen ejemplo. Nosotros hablábamos de ecología, de indígenas, de comunidades y de la vuelta al campo, pero era una manera indirecta de referirnos a la sociedad.

¿Creés que de haberse conocido antes ciertos horrores de la dictadura que terminaron siendo descubiertos más tarde se hubieran comportado igual? Porque la revista no tenía ninguna proclama revolucionaria, ni nada de eso…

Desde ya, para nada. El rock siempre estuvo en contra de la lucha armada. Cuando una parte de nuestra generación se metió a tomar las armas para tirar a Isabelita, pongámosle, el rock siempre estuvo en contra. Ni siquiera en la época de Montoneros, etc. Ya bastante antes de eso, en el ’68, los Beatles decían que “todos queremos una revolución, todos queremos cambiar al mundo, pero si querés destruir, no cuentes conmigo” Queríamos cambiar la conciencia de la gente, y no obligarla a hacerlo.

O sea que dentro de todo el Expreso tuvo un tránsito tranquilo.
Pasaron cosas, yo caí en cana, etc., pero nada que atentara contra lo institucional. Nunca le pasó algo “a la revista”. Había tipos que te miraban y te hacían preguntas, pero ellos pensaban que era sólo una revista de música.

En 1966 fuiste uno de los organizadores de la muestra “30 Años del Rock Nacional”. ¿Por qué se tomó como fecha de partida el año 1966?
Hay una discusión respecto a eso. ¿Cuál sería para vos el hito que marcaría el comienzo del rock aquí?

La edición de “La Balsa”, supongo. 
Bueno, para mí no, para mí es “Rebelde” de los Beatniks. Y para Litto Nebbia es su simple anterior “La Respuesta”, con Los Gatos Salvajes. Y ahí yo le retruqué que llegado el caso entonces tenía que ser el disco de Tanguito del ’63, cuando sacó un simple con los Dukes, que era una imitación de Palito Ortega y terminó siendo una porquería infernal. Para mí, y también muchos periodistas están de acuerdo, el verdadero inicio se da cuando se empezaron a componer canciones con una mentalidad diferente, cantando “Rebelde me llama la gente, soy libre y quieren hacerme esclavo de una tradición…” Y creo que “La Respuesta” era una canción comercial, y no representaba ese contexto. La primera cosa que fue contra la estructura y el rock comercial tuvo que ver con las canciones de los Beatniks, y a partir de ahí cambió el repertorio de Litto Nebbia. El que cambió todo fue Moris, es el tipo que inventó el rock aquí. Ves, a él deberías entrevistar, en vez de mí.

Bueno, borro la entrevista y salgo a buscarlo a Moris. No faltará la oportunidad de hacerlo en breve.
¡Por supuesto!

TIEMPOS PASADOS
Ya que lo mencionaste, ¿cómo convivía el rock autóctono con la llamada escena beat y canciones del tipo “un día de paseo en Sta. Fe, no le hace mal a nadie, ya lo sé”?
Es que eso fue algo un poquito posterior, un rock más comercial, si bien los Gatos también eran beat. No existía la palabra “rock” todavía, pero grupos como Trocha Angosta hacían algo más imitación beatle. O cosas del Spencer Davis Group. De hecho así es como empezaron los Vox Dei, cantando canciones de Spencer Davis Group, que también es lo que hacía León Gieco con su grupo Los Moscos. ¿Pero qué banda no empezó haciendo covers?

¿Cómo vivís el hecho de que muchos de los que forjaron esa época junto a vos ya no estén?
Bueno, es que ya estamos en edad de irnos… Aparte hubo tipos que habían vivido una vida intensa y estaban muy baqueteados. Si vos lo veías a Pajarito en sus últimos días, te dabas cuenta que estaba muy hecho pelota. Pero bueno, es una de las leyes de la vida. Yo ahora estoy por sacar mi libro definitivo, que reúne 50 años de periodismo, 350 páginas, y ahí está todo. Por lo que si me muero mañana, sé que ya la hice. Ya dije todo lo que tenía para decir.

¿Es verdad que te ponías a traducir letras de Bob Dylan en aquellos primeros años? ¿Y de ser así, cuál era el motivo?
Las traducía para Tanguito, porque me daba bronca que los tipos no entendieran lo que Dylan estaba diciendo, que era impresionante. No es como ahora, que hay mucho libro, o canciones en YouTube con subtítulos.

Como buen fan de Dylan, sabrás que tiene el récord de más libros escritos sobre un artista… Incluso hay libros sobre la bibliografía escrita sobre Dylan.
Y, si nos ponemos a hablar de Dylan… Pero bueno, eso es lo que pasaba. Recordemos que eran los años en que Dylan empezaba a apuntar a lo eléctrico con “Bringing It All Back Home”. Y entonces, por ejemplo, Tanguito había hecho una canción con el ritmo de “Subterranean Homesick Blues”, y la cantaba en español, y decía  “Johnny está en el sótano preparando la medicina, yo estoy en la calle protestando…” Y paraba. “Protestando contra qué”. Paraba. “Protestando contra usted, porque Ud. es un careta y…” Y yo le explicaba que Dylan no decía eso, que no estaba protestando, que era algo más poético, y discutíamos. Pero él me decía “no me importa, a mí me gusta así”. Y las cantaba en las plazas o en los bares. Nos metíamos en un bar y de repente Litto, Moris o Tanguito sacaban la guitarra.

TODAVÍA TENGO GUARDADA LA SÍNTESIS DEL GUIÓN ORIGINAL DE LA PELÍCULA QUE NOS HABÍAN ALCANZADO, Y QUE NOS PARECIÓ UNA PORQUERÍA. NOS DIJIMOS “ÉSTE NO ES TANGUITO”. POR LO QUE NO ACEPTAMOS NUNCA QUE NUESTRAS CANCIONES APAREZCAN EN LA PELÍCULA.

¿Cómo viviste el fenómeno de “Tango Feroz”, la película de Tanguito que se hizo hace unos años?
No me gustó para nada; incluso junto a Javier Martínez, Moris y Ben Molar mandamos una carta documento prohibiendo el uso de nuestras canciones… ¿Por qué en la banda de sonido no están ni “La Princesa Dorada”, ni “El Hombre Restante”, ni “La Balsa”? No nos gustaba como la película estaba planteada, era mentira, es no era el verdadero Tanguito, él era otra clase de tipo. Tanguito no era de esos que se iban a poner a romper todo, que se picaba en el baño o se peleaba con todo el mundo. Nada que ver. Todavía tengo guardada la síntesis del guión original de la película que nos habían alcanzado, y que nos pareció una porquería. Nos dijimos “éste no es Tanguito”. Por lo que no aceptamos nunca que nuestras canciones aparezcan en la película, y de hecho sólo están las de Tanguito.

En el 2007 editaste “Sin Tiempo, Sin Memoria”, que fue tu primer libro de poemas. ¿Por qué demoraste 40 años para editarlo, si siempre se te definió como poeta?

Sí, yo debería haber editado mi primer libro de poesías en el ’67, o algo así, ya escribía bastante en esa época. La verdad es que, cuando llegué a La Cueva, yo quería ser poeta. Mis héroes eran Rimbaud, Baudelaire, Ginsberg, etc., y quería publicar, pero de repente se dio esto de componer “Ayer Nomás”, y adentrarme en toda esa movida que generaban los Beatniks, Moris, Javier, Tanguito, Litto y Miguel Abuelo, a quien yo acerqué a La Cueva. Miguel era un poeta extraordinario, pero a nadie se le ocurría publicar libros de poesía, porque para eso estaban los discos. Era mucho más interesante escribir una canción que publicar poesía. Incluso con Moris en el ’66 íbamos a hacer una revista que se iba a llamar La Mano, teníamos como veinte notas listas. Pero al final no salió porque en ese momento era todo muy loco, muy elástico.

Y que terminó teniendo el mismo nombre para la revista de la que formaste parte muchísimos años después.
Claro, de ahí vino el nombre.

ANIVERSARIO Y LIBRO
Se acaban de cumplir los 40 años del Expreso, que fueron celebrados con charlas y eventos en el CCK. ¿Cómo es recordar una revista emblemática cuatro décadas más tarde? ¿Y por qué no se hizo nada a los 20, o a los 30?
Cuando se cumplió el 20 aniversario, no le daban tanta bola. Ahora el mito del Expreso se ha agrandado. Yo no sé por qué ahora sí se da. Hasta salió un libro sobre la historia de la revista. Hay mucha gente que se formó leyendo el Expreso, y hasta lo usan para enseñar en la universidad. Tal vez tenga que ver con el hecho de que todo el contenido de la revista está en internet, para que cualquiera se lo baje gratis, proyecto con el cual colaboré. La gente venía y me decía “¿Cómo era el Expreso? Porque nunca vi un ejemplar” Y terminé escaneando todo y poniéndolo en un CD, que lo vendía en las lecturas de poesía para recuperar los gastos que me llevó organizarlo.

¿Te reconforta ese revival?
A mí me gusta mucho toda esta movida. Yo no soy un tipo nostálgico, porque vivo haciendo cosas en el presente, pero me encanta lo que hemos hecho. Me parece que el rock nacional ahora está bárbaro, y también que hubo muchas épocas en que no lo estuvo. Pero esa época original me parece muy rica. Me gusta mucho todo lo que fue Manal, Almendra, etc., como también lo que hemos hecho con Miguel Abuelo, o con el Expreso Imaginario, por lo que no tengo problemas de hablar y discutir sobre eso, o rendirle homenaje.

Bueno, de algún modo se trata de la biografía de tu vida…
Es que el Expreso fue un refugio para todo. Todas esas etapas tienen algo muy interesante, y es que trabajábamos en grupo. Tanto en los días de La Cueva como en los del Expreso. Quizás por momentos estaba todo mal, pero siempre estábamos juntos con los amigos.

Hace poco comentábamos lo mismo en una entrevista que hice con Sergio Aisenstein, cuando nos referíamos al Café Einstein, y esa especie de refugio que el Einstein significaba para los que iban al lugar.
Exactamente. Para mí hubo dos lugares fundamentales, que fueron La Cueva y el Einstein. Y cuando hicimos la muestra de los 30 años del rock nacional, yo propuse reproducir esos dos lugares, los dos más simbólicos del rock nacional, como parte del evento. Lo discutimos mucho, y finalmente el que bancaba el proyecto nos dijo que sólo se podía hacer uno. Así que terminamos reproduciendo una falsa Cueva por medio de paneles. El tema es que tanto Rodolfo García, como yo, no nos acordábamos de los detalles exactos. Por ahí uno recordaba que había un sillón a la derecha, y el otro decía que estaba a la izquierda. O dónde estaba ubicado el mostrador. Y mientras discutíamos nos dimos cuenta que en verdad no nos acordábamos nada de cómo era exactamente el lugar. Y entonces contactamos al guitarrista Ricardo Lew, a ver si él lo recordaba, y Lew tenía una visión totalmente distinta. Y terminando pensando que no lo íbamos a poder hacer en tanto nadie recordase cómo era el lugar.

¿Pero cómo, no había fotos que pudieran usar de guía?
No había. Y comenzamos a buscar fotógrafos que hayan pasado por allí en la época. Y ahí apareció Jimmy Olszevicki, que había estado con Moris y con los Beatniks. En aquel momento Jimmy había conseguido que el padre de Moris le prestase una cámara, con la que había sacado muchas fotos. Y entre los negativos encontró un montón de fotos que nadie sabía que existían, o que estaban perdidas, como esa famosa tira de fotos de Tanguito en una terraza, donde está colgado, además de un montón de los Beatniks. Pero seguíamos sin saber cómo era La Cueva, hasta que encontró dos rollos con negativos con fotos del lugar, donde se veían las paredes, que tenían todas fotos pegadas sobre ellas y cosas escritas, y finalmente logramos reproducir el lugar y su escenario original, que tenía una sola lamparita colgando en el medio. No había micrófonos, no había nada. Y ahí recordamos todo, que en verdad era un lugar que estaba hecho mierda, y no como pensábamos que era. El día anterior a la inauguración de la muestra abrimos la puerta para los invitados especiales, la mayoría músicos. Y yo lo llevé a Moris, que no sabía nada de esto. Y cuando Moris entró y vio lo que habíamos hecho, se quedó paralizado, y empezó a llorar. Dijo “¡Guau, es La Cueva!”

ESTOY POR SACAR MI LIBRO DEFINITIVO, QUE REÚNE 50 AÑOS DE PERIODISMO, 350 PÁGINAS, Y AHÍ ESTÁ TODO. POR LO QUE SI ME MUERO MAÑANA, SÉ QUE YA LA HICE. YA DIJE TODO LO QUE TENÍA PARA DECIR.

La prueba de fuego…
Yo me asusté, lo vi completamente impactado, quedó como tarado, como si le hubieran pegado una piña. Fue todo muy emocionante. Y lo mismo fue pasando con todos los que siguieron llegando.

El mes que viene estás editando tu libro “Yo No Estoy Aquí”, que no se trata exactamente de una autobiografía, ¿o sí?
No, es una antología de 50 años de cultura, y se llama así por la letra de “La Princesa Dorada”, cuando dice “yo no estoy aquí, sólo mi sonrisa me delata” Hay de todo, anécdotas, etc. Pero empieza con mis diarios de cuando era pendejo, con cosas que escribía como “quiero ser poeta”, o “me tengo que ir de esta casa burguesa” Al día siguiente, “conocí a Moris y a Pajarito” Luego, “debutaron los Beatniks” “Estuve en cana con Miguel porque él no tenía los documentos y nos pasó esto y lo otro…” Luego pasamos a La Mano, la revista del ’66 que nunca fue editada, de la que hablamos anteriormente. Luego sigue con las canciones que compuse, pero también un montón de inéditas que había hecho con Miguelito. Y después las cartas desde Europa, de cuando me fui allí, “viviendo desnudo en una playa con una americana…” “En esta playa hay 5.000 hippies fumando porro…”, cartas que yo le escribía a mi hermana y a mi vieja. La encontré todas tras fallecer mi vieja, entonces se las mostré a Martín Graziano, que es quien me ayudó a hacer el libro, el mismo periodista que hizo el del Expreso. “Me voy en moto a Madrid con un amigo, estamos haciendo artesanías”, “Me fui a Marruecos”, y qué sé yo. Todas las aventuras. Mi regreso a la Argentina. Cómo empecé a escribir y cómo me metí en el Expreso. La primera nota de la revista. Cuando me fui a vivir a Brasil, cuando volví. Las primeras notas para Canta Rock. Las cosas que leía al aire cuando hacíamos el programa de radio con Alfredo Rosso. La revista La Mano, la que sí salió. El blog que hice después del cierre de la revista. Y después Facebook y lo que publico ahí, y todo eso salpicado con fotos. Hay material sobre la cultura orgánica, etc. Es la descripción de la vida de un tipo de la cultura alternativa.

¿Ya tiene fecha confirmada de lanzamiento?
Lo presentamos el 21 de septiembre, ¡exactamente 49 años después de aquel día!

Entonces voy a ir dejándome el pelo largo y avisándole a todos los personajes desprolijos que circulen por la ciudad…
¡Claro! Y vamos a invitar a músicos amigos a que vengan a tocar, pero tipo camping. Esa es la idea, por ahora.