10 DISCOS ESENCIALES – BLONDIE “EAT TO THE BEAT” (1979)

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Descubrir semejante disco a los 12 años de edad no tiene precio, y más si era en la (hoy por hoy extinta) disquería de importados Boing-Boing en el barrio de Flores, a cuyos vecinos melómanos nos tenía maravillados semana tras semana cual caja de sorpresas. Se trataba simplemente de entrar y encontrarse con decena de cajas con vinilos apiladas esperando a que alguien se apiade de ellos. Y entre esos estaba yo, claro. Recuerdo haberme llevado tres discos ese mismo día: “Face Dances” de los Who, “Wave” de Patti Smith y, por supuesto, Eat to the Beat, que iba a terminar resultando una de las mejores elecciones de mi vida. Los que lo conocen saben de qué estoy hablando. Cuarto disco del grupo, el que los sitúa en el punto de balance exacto entre Parallel Lines (el que lo precedió) y Autoamerican, que se editaría al año siguiente. Esto es ni más ni menos que Blondie a punto de caramelo, a pesar de los favoritismos que suelen inclinarse por sus trabajos anteriores. Describir Eat to the Beat mediante palabras resulta un ejercicio insuficiente. Empezando por su hermosa tapa y contratapa con los seis integrantes del grupo en rabioso blanco y negro (tres en cada cara, a cargo del fotógrafo Norman Seeff, quien había hecho las fotos de la contratapa “Hotter Than Hell” de Kiss unos años antes), y con esa mirada de Debbie Harry tan difícil de olvidar. Por el resto, en cuanto a lo musical, Eat to the Beat es uno de esos álbumes de eterna frescura en su permanente despliegue de rock, pop, disco y new wave, y fiel a la era en que vio la luz, absolutamente bailable. Y si bien a esa altura del partido al sexteto Harry/Stein/Destri/Harrison/Infante y Burke no le quedaba por demostrar lo buenos que ya eran por entonces, pocas veces en la vida se puedan superar canciones como “Dreaming”, “Accidents Never Happen”, o dejar de sacudirse hasta la hemiplejia con “The Hardest Part”, “Atomic” (no hacía falta esperar al cover que aparece en “Trainspotting”) o “Die Young Stay Pretty”. Mientras que ningún ser humano que se precie de contar con un oído delicado logre difícilmente resistirse a la dulzura de “Shayla”. Dejo para el final a “Slow Motion”, tal vez mi canción pop favorita de todos los tiempos (nunca el sonido de los ’60 estuvo tan bien representado) Por su frescura, por su buen gusto, por la voz de Debbie, y sobre todo porque en lo personal, es la que más vivamente mantiene el recuerdo de mi mamá, que amaba a esta canción más que nada en el mundo (si bien fue la más fiel escucha de todos mis discos a medida que iba creciendo, y que solía amarlos y conocerlos tanto como su dueño) Nada puede trasportarte a un lugar y a un sentimiento en particular como el poder de una melodía. “Slow Motion” me sigue permitiendo sentirla cerca como ninguna otra canción, y verla sonriendo junto a mí después de estos más de 6 años de no tenerla físicamente conmigo. Y que también fue quien me compró Eat to the Beat en aquella disquería del barrio de Flores que tantas alegrías me trajo.
Un dato más: a no perderse el homevideo del álbum que la banda lanzó por entonces (más tarde editado en formato DVD junto a la reedición el disco), que incluye promos de todas y cada una de las canciones del disco. O buscarlas en YouTube, no hace falta decirlo. Enjoy.

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