LOS 50 PERSONAJES MÁS SIMBÓLICOS DE LA HISTORIA DEL CINE (PARTE 5)

Estándar

Publicado en Evaristo Cultural el 29 de enero de 2016

Que nombres como los de Travis Bickle, El Capitán Blood, Tony Montana o King Kong resulten ser más reales que una buena parte de las personas que protagonizan nuestros días es algo en lo que posiblemente podamos estar todos de acuerdo. La historia de la cinematografía nos dejó un tendal de personajes inolvidables. Nacieron en un guión, se criaron en un set de filmación, y terminaron habitando las salas de cine del barrio adonde íbamos a descubrirlos, o el living de nuestras casas. Los hemos idolatrado al máximo, y hasta incorporamos alguna o varias de sus frases y gestos a nuestra conducta habitual, convirtiéndolos en casos más reales de los que suelen poblar nuestra vida cotidiana. Como esos familiares lejanos que le despiertan a uno un cariño especial. Es cuando la ficción supera a la realidad y, no nos engañemos, tampoco es que la situación diste mucho de la realidad. Digámoslo así: los personajes de cine forman parte de nuestras vidas. Aún cuando habrá que sacrificar a quienes los protagonizaron y dejarlos, aunque sea por esta vez, en segundo plano. Todo listado resultará insuficiente, pero he aquí el primer intento (al que se le sumarán cuatro entregas) sobre 50 figuras inolvidables con las cuales seguimos maravillándonos, y que no parecen tener fecha de vencimiento.


William “Bill” Kilgore (Robert Duvall, ‘Apocalypse Now’, 1979)
Una playa de un río vietnamita no parece ser el mejor de los lugares para disponerse a un obtener un buen bronceado, pero sí para albergar a una de las escenas clave de una de los mejores largometrajes bélicos alguna vez filmados. La mera mención de Apocalypse Now nos lleva instantáneamente a la figura de Marlon Brando, pero es Bill Kilgore, el personaje encarnado por Robert Duvall (una vez que dejamos pasar su emblemático rol de el consiglieri en El Padrino, u otros papeles secundarios, por los que siempre se caracterizó), el teniente coronel de Caballería del Tío Sam al que “el enemigo rojo” hizo que terminara regresando a su tierra de origen con la cola entre las patas, que termina siendo el personaje más magnético de la película y, sin ir más lejos, con aquel discurso de Duvall sin desperdicio: “¿Olés eso? ¿Lo olés? Napalm, hijo. Nada en el mundo huele así…Amo el olor de las napalm en la mañana. Sabés, una vez nos bombardearon una colina durante doce horas. Cuando todo terminó, me acerqué caminando. No encontramos ni uno de ellos, ni un solo cuerpo maloliente. El olor, sabés. aquel olor a gasolina por toda la colina. Olía a victoria. Algún día esta guerra terminará…”

Erik (Lon Chaney, ‘The Phantom of the Opera’, 1925)
El fantasma del rostro deformado detrás de la máscara que merodea la Opera de París con el mero objetivo de lograr convertir en estrella a la mujer que ama, generando una serie de asesinatos horrorosos durante la marcha, hasta acabar ahogado en el río de manos de una multitud irascible. No hace falta entrar en detalles a la hora de describir el logradísimo papel de Chaney en uno de los clásicos indisputables del terror. Aún fuera de escena, antes del inicio de cada jornada de rodaje, Chaney se maquillaba solo (secreto que no se develó hasta el mismísimo estreno del film), lo que le dio a El Fantasma de la Opera un toque aún más siniestro, por si algo le faltaba.


Detective Virgil Tibbs (Sidney Poitier, ‘In the Heat of the Night’, 1967)
Ganadora de cinco premios Oscar, en En el calor de la noche, el actor Sidney Poitier encarna a un detective originario de la ciudad de Philadelphia que, especializado en homicidios, se ve súbitamente envuelto en el asesinato de un poderoso hombre de negocios, para terminar siendo acusado del hecho, y luego solicitado a resolverlo, llevando al detective negro Tibbs a una tarea complicada, al ver sus intentos frustrados gracias a la presencia del sheriff Bill Gillespie (protagonizado por Rod Steiger), y los conflictos raciales en común. No resulta para nada casual el rol de Poitier que, cuatro años antes, en base a su trabajo en Lilies of the Field, se había convertido en el primer afro-americano ganador de un premio Oscar. Finalmente, al darse cuenta que ningún hombre solo iba a poder resolver el caso por sus propios medios, detective y sheriff deciden dejar de lado sus prejuicios, aunando fuerzas en busca de la verdad detrás del caso.

Gordon Gekko (Michael Douglas, ‘Wall Street’, 1987)
Poco después de verse seducido salvajemente por Glenn Close en Bajos Instintos, y apenas unos años antes de salir de sus cabales ante el ritmo de la sociedad cotidiana en Un Día de Furia, Michael Douglas encarnó uno de los roles cinematográficos más insignes, llevándose a todo por delante en el intento de hacer lo que sea a cambio de alcanzar la cima en el alocado mundillo financiero de la Bolsa neoyorquina. Amparado en su canto de batalla, el omnipresente “la codicia es buena”, y permanentemente idolatrado por su joven compañero de aventuras Bud Fox (Charlie Sheen), quien no duda en seguirle los pasos a la hora de romper con todo límite ético posible, bajo las órdenes del director Oliver Stone. Irónicamente, la película tuvo su estreno poco antes de la crisis financiera del mismo año en que llegó a los cines.

Forrest Gump (Tom Hanks, ‘Forrest Gump’, 1994)
La vida ha sido muy poco generosa con el pobre de Forrest, dotándolo de un coeficiente intelectual por demás escaso (y de un eventual retraso mental), pero a pesar de ello Gump lleva adelante una existencia lo suficientemente encantadora, dominada por una serie de episodios inconexos que lo lleva a conocer a los presidentes John F. Kennedy, Lyndon Johnson o Richard Nixon, a invertir en computadoras Apple, a transformarse en estrella del fútbol americano, a echar luz sobre el escándalo Watergate, a codearse con el movimiento hippie de la época, o a enseñarle a bailar a Elvis, mientras corre incansablemente a través de su país a lo largo del paso de los años. Dirigida por el gran Robert Zemeckis. Run Forrest Run!

Raymond Babbitt (Dustin Hoffman,
‘Rain Man’, 1988) 
A Hoffman no le hacía faltar lograr otra de sus actuaciones majestuosas para sostener una trayectoria cinematográfica impecable, esta vez representando a Raymond Babbitt, el hermano mayor autista de su prójimo Charlie (protagonizado por Tom Cruise) Así, Raymond termina siendo el único beneficiario de la fortuna devenida de la herencia de su padre, y no su hermano menor, que desconocía su existencia hasta el momento de enterarse de la muerte de su progenitor, y al que sólo le toca un automóvil de 1949, además de su colección de rosas. Pero Raymond, en este drama del director Barry Levinson, es incapaz de funcionar como un ser humano normal, y acaba subyugando al joven Charlie.


Melanie Daniels (Tippi Hedren, ‘The Birds’ 1963)
La madre de Melanie Griffith era tan bella como su hija, y no por nada terminó siendo la cara elegida para protagonizar una de las obras más purgantes del más perverso de los cineastas. En una de los trabajos más rutilantes de Hitchcock, una chica joven del mundo snob de la clase alta de de San Francisco conoce al abogado Mitch Brenner (Rod Taylor) en una tienda de venta de pájaros de la ciudad, pero decide no prestarle atención al estar al tanto de su vida por demás alocada. Obsesionada por el hecho, Melanie decide presentarse al poco tiempo en la casa de la madre de Mitch pero, al llegar, descubre que los pájaros que habitan la zona terminan enloqueciendo, al punto de atacar a sus habitantes, y sin explicación aparente.

Edward Scissorhands (Johnny Depp,
‘Edward Scissorhands’, 1990) 
Una película cuya escena inicial muestra al gran Vincent Price ensamblando el cuerpo de un personaje sintético no podía responder sino a la mente de un director como Tim Burton. Edward contaba con todas las partes necesarias que podía reunir la morfología humana común y corriente, a excepción de sus manos compuestas por tijeras. Así termina saliendo de su mundo de aislamiento, para adentrarse en la sociedad, dando así lugar a un personaje que, logrando amalgamar el romanticismo y la fantasía ténebre le permitió a Depp y El Joven Manos de Tijera conquistar al público masivo en éste, el primer largometraje que lo llevó a la auténtica popularidad.

Carrie White (Sissy Spacek, ‘Carrie’, 1976)
La salas de cine ya habían muerto de espanto con El Exorcista. El filme había logrado trascender todo lo que se había logrado en materia de shock hasta el momento, una obra de arte en la que cada detalle logró un efecto en el público sin precedentes. Solamente una historia inspirada en una de las millones que escribió Stephen King podía igualar semejante clima de horror, por acaso en una historia bastante más creíble. Podremos recordar a la actriz Sissy Spacek en papeles mucho más normales como en Missing o La Hija del Minero, pero fue en ésta, en la que encarna una flaca escuálida y de piel casi transparente que es víctima de las burlas de sus compañeros de escuela en su pequeño pueblo, alimentadas por la culpa religiosa permanente, crédito de su madre, la misma que la lleva a horrorizarse ante su primera menstruación, y que sólo la unión de la sobresaliente dirección de Brian DePalma y la pluma de King, en su novela inaugural, logró para la eternidad.

John “Bluto” Blutarsky (John Belushi, ‘National
Lampoon’s Animal House’, 1978)
Al director John Landis se le ocurrió realizar un film de bajo presupuesto, para terminar logrando una comedia de éxito fenomenal que al mismo tiempo catapultó a varios de los integrantes de su elenco al estrellato, y en la que un grupo de reprobados de un colegio secundario estadounidense (donde algunos incluso ya han superado los 20 años de edad) lleva adelante su delicada misión, la de corromper el clima moral y ortodoxo de la institución, desafiando su hasta entonces establecido orden social, en un rol que a Belushi, tanto en su tan característica fase actoral (como así también en su vida fuera de la pantalla), pareció haber sido creado a su medida.

 

Anuncios

LOS 50 PERSONAJES MÁS SIMBÓLICOS DE LA HISTORIA DEL CINE (PARTE 4)

Estándar

Publicado en Evaristo Cultural el 14 de octubre de 2015

Que nombres como los de Travis Bickle, El Capitán Blood, Tony Montana o King Kong resulten ser más reales que una buena parte de las personas que protagonizan nuestros días es algo en lo que posiblemente podamos estar todos de acuerdo. La historia de la cinematografía nos dejó un tendal de personajes inolvidables. Nacieron en un guión, se criaron en un set de filmación, y terminaron habitando las salas de cine del barrio adonde íbamos a descubrirlos, o el living de nuestras casas. Los hemos idolatrado al máximo, y hasta incorporamos alguna o varias de sus frases y gestos a nuestra conducta habitual, convirtiéndolos en casos más reales de los que suelen poblar nuestra vida cotidiana. Como esos familiares lejanos que le despiertan a uno un cariño especial. Es cuando la ficción supera a la realidad y, no nos engañemos, tampoco es que la situación diste mucho de la realidad. Digámoslo así: los personajes de cine forman parte de nuestras vidas. Aún cuando habrá que sacrificar a quienes los protagonizaron y dejarlos, aunque sea por esta vez, en segundo plano. Todo listado resultará insuficiente, pero he aquí el primer intento (al que se le sumarán cuatro entregas) sobre 50 figuras inolvidables con las cuales seguimos maravillándonos, y que no parecen tener fecha de vencimiento.

Jett Rink (James Dean, ‘Giant’, 1956)
Da la impresión que James Dean tuvo que morirse para que el mundo comenzara a interesarse en su persona y entonces convertirlo en la figura más icónica de la desesperanza adolescente de los años dorados del cine. Con sólo siete películas en su filmografía personal (de las cuales en dos apareció apenas como extra), fue la última que rodó, Gigante, que le valió un Globo de Oro por su actuación, un año antes del accidente automovilístico que le quitó la vida. Co-protagonizada por un elenco estelar encabezado por Rock Hudson y Elizabeth Taylor, Jett es un cowboy que renuncia a todos sus ideales a cambio del amor por una mujer, todo dentro de un marco que refiere a la discriminación generalizada de los ciudadanos de origen mexicano en los Estados Unidos, y que no casualmente había alcanzado un punto álgido en el mismo año en que se rodó la película. Gigante cobraría un rol importante al ser galardonada culturalmente con el transcurrir de los años, y así Dean, el rebelde del celuloide por excelencia, dejaría plasmada la actuación más maduro de su corta carrera cinematográfica.

Dr. Zaius (Maurice Evans, ‘Planet of the Apes’, 1968)

Si 2001: Odisea en el Espacio marcó el paso indiscutible de la ciencia ficción al plano cinematográfico, dejando atrás su lugar de cine de clase B de segundo plano, si no fuera por El Planeta de los Simios jamás hubiéramos tenido producciones de la calidad de Alien, El Octavo Pasajero (1979) o, sin ir más lejos, La Guerra de las Galaxias (1977) Y fue precisamente algo así como una década antes de estos filmes que, basado en el libro de Pierre Boille del mismo nombre, el director Franklin J. Schaffner tomó las riendas para realizar un largometraje en el que una tripulación de astronautas aterriza en un planeta desconocido del futuro dominado por simios, y donde la humanidad debe responder a la esclavitud a la que éstos la somete. Entre ellos, Zaius, de especie orangután (protagonizado por Maurice Evans), Ministro de la Ciencia y Jefe Principal de la Fé, con su constante temor ante la inteligencia del astronauta George Taylor (protagonizado por Charlton Heston), termina convirtiéndose en el personaje más antagónico y significativo de este singular relato, protegiendo a su civilización de primates de la “pestilencia andante” de la humanidad.

Luke ‘Cool Hand’ Jackson (Paul Newman, ‘Cool Hand Luke’, 1967)

A primera vista, el nombre de Paul Newman sugiere una serie de largometrajes clásicos y definitivos muy a la altura de su condición de superestrella cinematográfica. Galán de galanes, Newman y sus ojos azules se cargaron la platea femenina por la eternidad hasta su fallecimiento en el 2008. Pero lejos de su gran porte físico (considerado “el más bello de los bellos”), resulta ser que además Newman actuaba maravillosamente bien. Demasiadas películas para nombrar a la hora de pensar en su filmografía, pero no deja de resultar interesante su rol en el drama La Leyenda del Indomable, quizás su film de culto por excelencia y en el que Luke, un presidiario de una cárcel del estado de Florida, caracterizado por su permanente tozudez y resistencia ante la autoridad, y que termina siendo el favorito entre el resto de los internos de la penitenciaría al (quienes lo alientan al son de “¡Sos alguien original, eso es lo que sos!”) Mención aparte para la banda de sonido original a cargo del gran Lalo Schifrin.

Terry Malloy (Marlon Brando, ‘On the Waterfront’, 1954)
A mediados de la década del ’50, el director griego-estadounidense Elia Kazan se encontraba en plena campaña de “caza de brujas” con una movida netamente macartista que combatía toda posible incursión comunista en Hollywood, y tal vez haya sido On the Waterfront (que por estas tierras se conoció como LaLey del Silencio) su propia eximición de culpas y conciencia. Malloy es un boxeador fracasado que se gana la vida como trabajador portuario en un clima de permanente corrupción del cual es parte deliberada hasta que, tras participar de un crimen, decide cambiar de opinión y, agotado de lidiar con las presiones cotidianas, opta por dar un giro de ciento ochenta grados y hasta terminar denunciando a su propio hermano, que era figura clave de la organización, convirtiendo al filme en una pieza ciento por ciento Marlon Brando, su protagonista principal.

 Ethan Edwards (John Wayne, ‘The Searchers’, 1956)
En el que fuera considerado uno de los western más venerados del género, un veterano de la Guerra Civil se embarca en un viaje para rescatar a su sobrina (papel a cargo de Natalie Wood) de una tribu indígena. Claro que eventualmente no es su principal intención hacerlo, pero sí asesinarla, tras considerar que lo que ha hecho ofende su sentido de la decencia. Conocida aquí como Más Corazón Que Odio, el rol de Ethan perdurará en los anales cinematográficos como uno de los papeles más significativos del controvertido John Wayne, que además gusta de profesar cierto tipo odio por los indios, y quien no confía en absolutamente nadie, salvo en sí mismo.

Joe Clay (Jack Lemmon, ‘Days of Wine and Roses’, 1962)
Joe y su esposa Kristen Amesen son personas tan corrientes como Ud. y yo. Joe se dedica a las relaciones públicas, y Kristen es la secretaria principal de una gran empresa, pero con todo eso nada impidió que el director Blake Edwards nos demuestre como dos personas con vidas tan mundanas y normales no puedan caer en el infierno de la dependencia del alcohol y su pozo sin fondo plagado de demonios. Así, el matrimonio pasará encantadoras jornadas rindiéndole culto al placer etílico sin límites y compartiendo la más sagrada de sus pasiones (precisamente, a lo que refiere el título del film), adentrándose cada más en el infierno de su enfermedad compartida, y del cual sólo lograrán entrar en razón al percatarse que su estilo de vida no era el más indicado para criar a su hija. Días de Vino y Rosas acabó siendo una crítica directa al poder de las adicciones en general.

Lt. (Harvey Keitel, ‘Bad Liutenant’, 1992)
Le llevó un buen tiempo al actor Harvey Keitel lograr el  merecido reconocimiento del público masivo y la secta cenéfila como parte de una generación que, basada en grandes nombres como el de De Niro, Hoffman o Pacino, entre otros, hizo que su trabajo terminara siendo eclipsado por un largo período. Pero es imposible no recordar, entre tanto personaje asociado con su figura (Pulp Fiction, Perros de la Calle, etc.) su rol en Un Maldito Policía, el film de Abel Ferrara de título directo en el cual Keitel encarna al policía más corrupto y depravado que se recuerde, sumido en el mismísimo submundo que en rigor debería combatir, y a cambio dedicándose a todas las actividades ilícitas que ni el más salvaje de los criminales podría haber cometido.

Hans Beckert (Peter Lorre, ‘M’, 1931)
Personaje repulsivo que acaba siendo víctima de sus propios instintos, el provocador rol de Hans Beckert, un perfecto y torturado psicópata en la Dusseldorf de los años oscuros, representa una de las criaturas más trastornadas que alguna vez desfilaron por la gran pantalla. Conocida en el mundo hispano como El Vampiro de Dusseldorf, o El Vampiro Negro, inspirada en el caso real del asesino serial Peter Kürten, Beckert deambula por las calles de la ciudad en busca de inocentes niños con el fin de convertirlos en su presa .El director Fritz Lang aprovechó la ocasión para hacer su propia crítica social al sistema, indirectamente dirigida al partido nazi, el cual que terminó censurando su obra, y su mejor película.

Nigel Tufnel (Christopher Guest, ‘This Is Spinal Tap’, 1984)
¿Quién hubiera imaginado alguna vez que uno de los personajes centrales de una de las más ácidas sátiras sobre el estilo de vida del rock & roll podía acabar influyendo a la mismísima historia de éste? Ningún largometraje como This Is Spinal Tap (que aquí se conoció como Esto Es Spinal Tap) caló tan hondo al burlarse de prácticamente todos los clichés posibles de un género desbordante en detalles del cual agarrarse. Fueron al fin y al cabo el director Rob Reiner y los actores de reparto Christopher Guest, Michael McKean y Harry Shearer (quienes integraban el combo musical protagonista del filme) los verdaderos responsables de semejante ocurrencia, un documental apócrifo sobre los avatares de una banda de heavy metal, y la ácida crítica a sus pretensiones personales y actitudes en una época en que el estilo tuvo su paso más brillante por la escena del espectáculo. Pero fue Guest y su personaje de Nigel Tufnel el que logró el papel más representativo, con sus solos de guitarra inolvidables y su ego sin límites, transformando a Spinal Tap (ambos banda y película) en un producto único en su especie.

HAL 9000 (‘2001:A Space Odyssey’, 1968)
Por lo menos una vez el personaje principal de una película tenía que ser absolutamente ficticio, y para representarlo nada mejor que HAL 9000 (Heuristically Programmed Algorithmic Computer, o “computadora algorítmica programada heurísticamente”), que controla completamente el sistema que comanda la nave espacial Discovery One, cuya población, obsesionada por las señales que transmite un monolito lunar proveniente de alguna civilización extraterrestre. En el film que Stanley Kubrick dirigió en 1968, y que aquí recordaremos con el nombre de 2001: Odisea del Espacio, HAL aparece físicamente representada por una cámara del tipo fish eye (ojo de pez), desde donde imparte las órdenes a la tripulación de la nave.

 

 

 

LOS 50 PERSONAJES MÁS SIMBÓLICOS DE LA HISTORIA DEL CINE (PARTE 3)

Estándar

Publicado en Evaristo Cultural el 26 de agosto de 2015

Que nombres como los de Travis Bickle, El Capitán Blood, Tony Montana o King Kong resulten ser más reales que una buena parte de las personas que protagonizan nuestros días es algo en lo que posiblemente podamos estar todos de acuerdo. La historia de la cinematografía nos dejó un tendal de personajes inolvidables. Nacieron en un guión, se criaron en un set de filmación, y terminaron habitando las salas de cine del barrio adonde íbamos a descubrirlos, o el living de nuestras casas. Los hemos idolatrado al máximo, y hasta incorporamos alguna o varias de sus frases y gestos a nuestra conducta habitual, convirtiéndolos en casos más reales de los que suelen poblar nuestra vida cotidiana. Como esos familiares lejanos que le despiertan a uno un cariño especial. Es cuando la ficción supera a la realidad y, no nos engañemos, tampoco es que la situación diste mucho de la realidad. Digámoslo así: los personajes de cine forman parte de nuestras vidas. Aún cuando habrá que sacrificar a quienes los protagonizaron y dejarlos, aunque sea por esta vez, en segundo plano. Todo listado resultará insuficiente, pero he aquí el primer intento (al que se le sumarán cuatro entregas) sobre 50 figuras inolvidables con las cuales seguimos maravillándonos, y que no parecen tener fecha de vencimiento.

Charles Foster Kane (Orson Welles, ‘Citizen Kane’, 1941)
La película que se llevó el Oscar al ‘Mejor Guión Original’, con nueve nominaciones, tuvo que llegar de la mano de un iluminado, un novato de solo 26 años que además la escribió, dirigió, produjo y, completando el círculo, también protagonizó. Considerada obra maestra de la cinematografía (y por varios cuerpos mejor película de la historia), El Ciudadano (o El Ciudadano Kane), como fuera conocida en Latinoamérica, con su arribo en plena guerra europea, marcó simplemente un antes y un después. Revolucionaria en prácticamente todos sus aspectos, ‘Citizen Kane’ acabó modificando los principales ejes del séptimo arte. Así es como el célebre Welles (una poderosa usina creativa que entes sus tareas también incluía la locución de radio y la dirección de una compañía teatral) se llevó el mundo por delante, y resulta difícil encontrar hoy en día, por no decir imposible, otra obra de la historia de la pantalla grande que se le acerque al menos remotamente. El rol de Kane estuvo inspirado en el magnate de prensa Williams Randolph Hearst, y todo cuestionamiento de que no fuera así era derrotado en cada una de las menciones de la palabra rosebud (capullo de rosa), que Hearst solía usar a la hora de referirse a las partes íntimas de su amante. Kane es un perfecto megalómano ciego de poder y ambición, el mismo que consagró al visionario Welles y ‘Citizen Kane’ como el mejor debut posible de la historia del cine.

Dorothy (Judy Garland, ‘The Wizard of Oz’, 1939)
Judy Garland ya era toda una estrella cuando logró su papel para El Mago de Oz, indiscutiblemente el más rememorado y celebrado de todos sus roles actorales. Junto a sus amigos El Hombre de Hojalata, El Espantapájaros y el León, más la compañía de su inseparable perro Totó, salen en busca del mago que puede hacer reales todas sus fantasías, para terminar descubriendo que no existe magia alguna en el mundo real, y que el mago por el cual se apasiona resulta ser falso, al mismo tiempo que aprende a sortear obstáculos al ritmo de su propia vida. Resultaría imperdonable dejar de mencionar el momento de la interpretación de Over the Rainbow que, fuera de convertirse en una de las canciones más famosas de la historia, seguramente lidera uno de los momentos más emocionantes y (ahora sí) mágicos de la cinematografía musical.

Don Vito Corleone (Marlon Brando, ‘The Godfather’, 1972)
Don Vito es la cabeza principal de una de las cinco familias que constituyen la mafia neoyorquina que está inmersa en  su transcurrir diario ante la negativa de negociar con un clan rival y un narcotraficante. Corleone no es solamente el más reputado de los capos mafiosos, sino quizás también el personaje más grande de la historia del cine en su totalidad. Pero Don Vito, un inmigrante siciliano llegado a un nuevo mundo que lo espera con los brazos abiertos, resulta en rigor un sentimental que sólo recurre a la violencia cuando se hace inevitablemente necesario, mientras disfruta de las cosas sencillas (estar con su familia, salir a comprar fruta, saborear un buen vino),  y que, con un profundo sentido de la amistad, hace lo que hace con el mero objeto de proteger su mundo afectivo. Como si no alcanzara con el magnífico libro de Mario Puzo, o la insuperable actuación de Brando, allí está el director Francis Ford Coppola para lograr la receta perfecta, invitándonos a besarle la mano en cada ocasión que El Padrino nos recibe.

 Tony Montana (Al Pacino, ‘Scarface’, 1983)
Dinero, poder y chicas constituyen la sagrada trilogía de principios de uno de los personajes más histriónicos de la cinematografía. El audaz Tony Montana, de la mano de la inolvidable rol protagónico de Pacino, decide ‘hacerse la América’ tras ser expulsado de su Cuba original por el régimen de Castro, para lo cual aterriza en Miami con el objetivo de cumplir su ‘Sueño Americano’ en plena era Reagan, convirtiéndose en traficante de cocaína. ‘En este país, primero tenés que hacer dinero. Una vez que tenés la plata, conseguís poder. Y entonces cuando tenés poder, tenés a las mujeres’ Pero en su carrera hacia el poder, desde aquel matón de poca monta hasta su reinado como emperador de la droga, junto a su estatua con el lema ‘El Mundo Es Tuyo’, acaba perdiendo lo que más quiere.

Randle Patrick McMurphy (Jack Nicholson, ‘One Flew Over the Cuckoo’s Nest’, 1975)
En Atrapado Sin Salida, Jack Nicholson realiza la brillante interpretación de un espíritu libre que bajo el nombre de Randle Patrick McMurphy, un perfecto y revuelto desordenado, brinda un baño de realidad en medio de la cotidianeidad de un hospital mental de Oregon, desafiando la represión emocional de manos de las autoridades del nosocomio a la que se ven enfrentados sus pacientes. Ni siquiera las continuas sesiones de electroshock pueden con el iracundo ‘Mac’, que no cesa de oponerse a la autoridad, permitiendo que el director Milos Forman realice su indirecta crítica al sistema.

Willy Wonka (Gene Wilder, ‘Willy Wonka & the Chocolate Factory’, 1971)
Entre tantas cantidades industriales (nunca mejor dicho) de chocolate, Willy Wonka es un excéntrico dueño de una factoría de caramelos e ilusiones que tienta a un grupo de niños a recorrer su fábrica a cambio de una entrada dorada y, a través de los desconocido, va sometiéndolos a diversas pruebas de fuego.
Conocida aquí como Un Mundo de Fantasía, sólo un actor genial como el enorme Gene Wilder (Todo lo que usted siempre quiso saber sobre el sexo, o El Joven Frankenstein, entre otras) podía mostrar semejante sonrisa acompañada por una cara feroz, simultáneamente castigando a aquellos atrevidos que osaban quebrantar las reglas de su reino endulzado. La remake de 2005, protagonizada por Johnny Depp, y bajo la dirección de Tim Burton no se queda atrás en calidad, pero es su versión original, la del director Mel Stuart, que le ofrece la magia principal que ésta obtuvo en menor escala.

Elmer Gantry (Burt Lancaster, ‘Elmer Gantry’, 1960)
Que Burt Lancaster haya logrado que su personaje sea recordado con una sonrisa, y no con una cierta aversión, permanecerá en los anales del misterio. Gantry es un charlatán mujeriego y borracho que abandona su empleo de vendedor ambulante para comenzar a predicar la palabra del Señor., pero más precisamente para lograr su meta principal, la de llevarse a la cama a la hermana Falconer, la predicadora pos la cual está obsesionado. Seguramente el guionista y director Richard Brooks no imaginó que su película iba a vaticinar la cruel realidad, cuando una década después de su filmación la pantalla de TV de la sociedad norteamericana se vio plagada de falsos telepredicadores que terminaron revelando su propio fraude. Pero para Gantry cualquier camino resultaba oportuno para llegar a la salvación.

Don Lope de Aguirre (Klaus Kinski, ‘Aguirre, the Wrath of God’, 1972)
Todo admirador de la obra actoral de Klaus Kinski no dudará en coincidir en el mismo cuadro de situación a la hora de definir al actor de su devoción. Pareciera ser que llega un punto en que su rol en la gran pantalla tienen que ver más con su vida real que con su protagonismo frente a las cámaras. Solamente un salvaje encantador como el imponente Kinski bajo la tutela del director alemán Werner Herzog podía retratar de manera tan cruda y auténtica las aventuras del conquistador que al mando de una expedición española que busca la legendaria tierra de El Dorado a través de las altas cumbres peruanas en dirección a la selva del Amazonas, y en las peores inimaginables condiciones de salubridad durante la filmacion de Aguirre, La Ira de Dios, originando todo tipos de auténticas situaciones de desastre, y tan fieles a la frenética vida de Kinski fuera de la gran pantalla, circunstancias que se pueden apreciar a la perfección en Mein Liebster Feind (Mi Enemigo Íntimo), el documental de Herzog tributo a su actor fetiche, que traza los altibajos emocionales de su tormentosa relación amor-odio, con un Kinski desaforado fuera de escena, y que incluso llegar a intentar atacar a los aborígenes contratados como extras para la película, entre otras perlas imperdibles.

Harry Callahan (Clint Eastwood, ‘Dirty Harry’, 1971)
El actor Clint Eastwood será eternamente famoso por sus roles de pistolero solitario (en aquellos spaghetti westerns del director italiano Sergio Leone como Por un puñado de dólares o El bueno, el feo y el malo) o bien por su rol de policía reaccionario de pocas pulgas,  y es esta línea la que continuó con el arribo de Harry el Sucio, el policía de San Francisco y de pocas palabras que a cambio prefería expresarse a través de su Magnum 44. Curiosamente, cabe mencionar como anécdota que el papel antes le había sido ofrecido a John Wayne, Paul Newman, Steve McQueen y hasta al mismísimo Frank Sinatra, los que seguramente se perdieron la oportunidad de ser recordados como uno de los policías más duros que registró el celuloide, a pesar de las críticas que señalaron al personaje como fascista y con métodos poco ortodoxos que le rendía pleitesía a los cuerpos policiales.

Jack Torrance (Jack Nicholson, ‘The Shining’, 1980)
Los críticos de cine suelen decir que cualquier interpretación de Jack Nicholson, por más destacada que sea, responde a la capacidad que han tenido los directores de ocasión para captar el histrionismo del actor. Y algo de eso puede resultar muy cierto. Pero nadie puede negar que, desde la llegada de El Resplandor, la gestualidad y cara de Jack Torrance, con su mueca completamente psicótica asomando por una puerta previamente astillada a hachazos, representa el terror en su máxima expresión. La receta del libro de Stephen King y la dirección de Stanley Kubrick no podían ofrecer un cóctel más perfecto. Pero es la actuación Nicholson en medio de sus incesantes transtornos de personalidad y el vórtice de violencia en que está envuelto, que llevó a convertir a ‘El Resplandor’ en un auténtico film de culto y, según los más avezados críticos, en el largometraje más terrorífico de todos los tiempos. Y no se equivocaron.

LOS 50 PERSONAJES MÁS SIMBÓLICOS DE LA HISTORIA DEL CINE (PARTE 2)

Estándar

Publicado en Evaristo Cultural el 3 de agosto de 2015

Que nombres como los de Travis Bickle, El Capitán Blood, Tony Montana o King Kong resulten ser más reales que una buena parte de las personas que protagonizan nuestros días es algo en lo que posiblemente podamos estar todos de acuerdo. La historia de la cinematografía nos dejó un tendal de personajes inolvidables. Nacieron en un guión, se criaron en un set de filmación, y terminaron habitando las salas de cine del barrio adonde íbamos a descubrirlos, o el living de nuestras casas. Los hemos idolatrado al máximo, y hasta incorporamos alguna o varias de sus frases y gestos a nuestra conducta habitual, convirtiéndolos en casos más reales de los que suelen poblar nuestra vida cotidiana. Como esos familiares lejanos que le despiertan a uno un cariño especial. Es cuando la ficción supera a la realidad y, no nos engañemos, tampoco es que la situación diste mucho de la realidad. Digámoslo así: los personajes de cine forman parte de nuestras vidas. Aún cuando habrá que sacrificar a quienes los protagonizaron y dejarlos, aunque sea por esta vez, en segundo plano. Todo listado resultará insuficiente, pero he aquí el primer intento (al que se le sumarán cuatro entregas) sobre 50 figuras inolvidables con las cuales seguimos maravillándonos, y que no parecen tener fecha de vencimiento.

Alex De Large (Malcolm McDowell, ‘A Clockwork Orange’, 1971)
La pieza principal que constituía el engranaje de relojería de ‘La Naranja Mecánica’ responde básicamente a un cóctel letal de locura. De Large está tan lleno de odio y desenfreno que transforma en horror todo lo que cruza en su camino. El director Stanley Kubrick obtuvo el mayor de los logros, y es que el filme terminase estando a la altura de la novela que el autor Anthony Burgess escribió en 1962. El rostro y gestualidad de Malcolm McDowell, apoyado por su grupo de “drugos”, fue el marco perfecto para tamaña demostración de miedo y cinismo. Ningún otro actor podría haber resultado mejor elección para demostrar tanta repulsión. Sólo alguien como el pérfido Alex podría atreverse a enfrentar semejantes sesiones de terapia. No por nada McDowell sería más tarde convocado por el controvertido Tinto Brass para encarnar a Calígula en la película del mismo nombre.

Baby Jane Hudson (Bette Davis, ‘What Ever Happened to Baby Jane?, 1962)
¿Qué puede resultar más atractivo que lograr que un guión se convierta en película gracias a la actuación de dos divas altamente competitivas y rebosantes de vanidad que se odian en la vida real? Así podría haber comenzado tranquilamente una crítica de la película por aquellos años pero, la haya habido o no, no debe haber mejor presentación para referirse a Bette Davis y Joan Crawford en sus roles en ‘¿Qué pasó con Baby Jane’? Resulta todo un misterio saber cómo hizo el director Robert Aldrich para convencerlas de actuar juntas, y encima tener que hacer el papel de dos hermanas que supieron ser verdaderas estrellas en los días de vodevil y que ahora viven atormentándose, en lo que constituye una de las más influyentes películas de horror psicótico macabro de los ‘60s.

Marcello Rubini (Marcello Mastroianni, ‘La Dolce Vita, 1960)
La “ópera prima” por excelencia de Federico Fellini, ‘La Dolce Vita’ llegó al mundo en 1960 para encontrarse con todo tipo de críticas que inmediatamente la tildaron de “obscena”. La saga de episodios presentados se dan a través del transcurrir diurno y nocturno en la Vía Veneto romana. Rubini es un periodista “del corazón” romano que merodea fiestas burguesas para codearse con personajes de la alta sociedad italiana de la época y que acaba fascinándose por Sylvia (interpretada por la bellísima Anita Ekberg), consagrando a Rubini y su actuación en la co-producción ítalo-francesa ‘La Dolce Vita’ (con aquella escena inolvidable en la Fontana Di Trevi) como uno de los personajes más emblemáticos del celuloide. El ojo de Fellini, mientras tanto,  brinda una lección de dirección para cualquier amante del séptimo arte.

Darth Vader (David Prowse, ‘Star Wars’, 1977-1980-1983)
Alguien que cierta vez estuvo en la orilla del bien y terminó pasándose al otro lado, adquiriendo visos tenebrosos, tiene que representar la maldad misma, lo menos, y así convertirse en el más malvados de los malvados, para terminar declarando q es el padre del más bueno de los buenos. Darth Vader es una de las figuras pivotales del film a partir del cual nació una de las factorías de entretenimiento más productivas de la humanidad. Uno se recuerda chico yendo de la mano de sus padres, o de los padres de aquel amiguito de la escuela, para encontrarse con ese señor enfundado en plástico negro sembrando pánico con esa voz metálica que disparaba frases de antología. El malo de ‘La Guerra de las Galaxias’ reinará por siempre.

John ‘Johnny Boy’ Civello (Robert De Niro, ‘Mean Streets’, 1973)
La primera película de De Niro bajo la tutela de Martin Scorsese, la que llevaría al director a convertirlo en su actor fetiche, y que marcó el lanzamiento de una de las más fructíferas sociedades de la cinematografía (llegando a su punto más alto con ‘Taxi Driver’, realizada tres años después), antes de la llegada de Leonardo DiCaprio. ‘Calles Salvajes’, o ‘Calles Peligrosas’, como se la conoció en América Latina trata, (cómo no) sobre la mafia neoyorquina. Claro que aquí no aparecen millones de dólares en juego, ni eventuales capos que marquen el ritmo de la película (y de muchos de los trabajos posteriores de Scorsese), sino simplemente una bandada de gangsters de bajo presupuesto perpetrando negocios de poca monta en las “calles salvajes” de Little Italy. Johnny Boy es amigo de Charlie Cappa (protagonizado por Harvey Keitel), quien busca consagrarse como miembro activo de parte del hampa que gobierna la ciudad, pero su carrera termina viéndose obstaculizada por ser demasiado sobreprotector de su amigo Johnny Boy, que suele pasar sus días tratando de saldar las cuentas con un grupo de prestamistas con los cuales está seriamente endeudado.

Travis Bickle (Robert De Niro, ‘Taxi Driver’, 1976)
El simpático Travis Bickle vive en New York y es un combatiente desclasado de las filas que combatieron en Vietnam con graves transtornos de sueño, por lo que decide buscar trabajo como taxista en la ciudad, adentrándose en el submundo de la Gran Manzana, enamorándose de la chica equivocada (rol a cargo de la sensualísima Cybill Shepherd) y, mientras proclama la frase “algún día llegará una verdadera lluvia que limpiará las calles de toda esta escoria” durante sus recorridas. Hastiado de toda la situación, Travis intenta rescatar a una prostituta menor de edad (Jodie Foster) del dominio de su proxeneta (Harvey Keitel)
‘Taxi Driver’ podría ser descripto como un thriller con una buena dosis de ingredientes psicológicos. “Are you talkin’ to me?” (“¿Me estás hablando a mí?”) será perpetuamente recordada como una de las frases más populares de la historia del cine, y en fiel sintonía con la grandiosidad del largometraje que la albergó.

73Motorcycle Boy (Mickey Rourke, ‘Rumble Fish’, 1983)
Tres años antes que Mickey Rourke conquiste a la audiencia seduciendo a Kim Basinger en ‘Nueve Semanas y Media’, y al menos un cuarto de siglo antes que el actor resulte más asociado por su rostro desfigurado por las cirugías y sus excesos antes que por sus roles fílmicos, Rourke plasmó su primer papel sustancial en la pantalla grande de la mano de aquel peculiar muchacho que cabalgaba su motocicleta. En la película que aquí se conoció como ‘La Ley de la Calle’, el director Francis Ford Coppola no titubeó a la hora de elegir a aquel simbólico antihéroe a través de cuyos ojos transcurriría el largometraje, y bajo cuya reputación se apoyaría la honra de su hermano menor Rusty James (protagonizado por Matt Dillon) en el mundo en blanco y negro de las pandillas de la ciudad de Tulsa de los años ’50.

 

Godzilla (‘Godzilla, King of the 82
Monsters’, 1954)
El más trascendental de todos los monstruos, el que dejó a tras a King Kong, la bestia que llegó de Oriente con la misión de destruir Tokio, y que ninguna otra llegó a igualar en la gran pantalla. ‘Godzilla, El Rey de los Monstruos’ es la respuesta nipona a lo que fue la producción americana ‘The Beast from 20,000 Fathoms’ (que aquí se difundió como ‘El Monstruo del Mar’, y que apareció el año anterior), pero que acabaría siendo raudamente eclipsada por la producción japonesa. Por si todo esto fuera poco, Godzilla también dejaría en segundo plano a todo artista de su país, convirtiéndose en la estrella más grande de la cinematografía nipona y en la figura más descollante de la cultura del entretenimiento de su tierra natal.

Dr. Phibes (Vincent Price, ‘The Abominable Dr. Phibes’, 1971)
El Dr. Phibes es un concertista de piano que, tras ser considerado muerto públicamente, renace en el rol de un científico malvado que decide cobrarse venganza contra un grupo de cirujanos que operaron a su esposa, y que falleció durante la intervención quirúrgica. Phibes se vale de una máscara de goma para ocultar su rostro desfigurado, ejecutando su misión inspirado en las diez plagas de Egipto. La actuación del gran Vincent Price carece de precio y fue faro de muchas de sus interpretaciones posteriores. El afiche promocional de ‘El Abominable Dr. Phibes’ incluía el lema “amor significa no tener nunca que decir que eres feo”.Wow.

 

Varla (Tura Satana, ‘Faster Pussycat…101
Kill! Kill!’, 1965)
Es tal vez el film más alegórico de la cultura del ‘exploitation’ (o “cine de explotación”, género cinematográfico basado generalmente en lo mórbido y lo lascivo) Al director de culto Russ Meyer no le resultó nada difícil valerse de su estilo insigne de universo de mujeres bravas y voluptuosas para terminar logrando que ‘Faster Pussycat…Kill! Kill!’ se convierta en la más representativa del estilo. Con su cabellera negro azabache y su inconmensurable escote, Varla es la figura líder de un trío de chicas que se ganan la vida como bailarinas de strip-tease que, al igual que Alex De Large y su grupo de “drugos” en ‘La Naranja Mecánica’, encuentran diversión destruyendo todo lo que se le cruza en el camino. Meyer demostró que la fórmula “autos, carreteras, violencia, sexo y chicas pulposas”, al menos por aquellos años, carecía de remate. Seguramente Quentin Tarantino, quien cierta vez decidió hacer una remake de la película, le deba mucho a Meyer y su obra prima, pero el proyecto aún permanece inconcluso.

 

LOS 50 PERSONAJES MÁS SIMBÓLICOS DE LA HISTORIA DEL CINE (PARTE 1)

Estándar

Publicado en Evaristo Cultural el 28 de julio de 2015

Que nombres como los de Travis Bickle, El Capitán Blood, Tony Montana o King Kong resulten ser más reales que una buena parte de las personas que protagonizan nuestros días es algo en lo que posiblemente podamos estar todos de acuerdo. La historia de la cinematografía nos dejó un tendal de personajes inolvidables. Nacieron en un guión, se criaron en un set de filmación, y terminaron habitando las salas de cine del barrio adonde íbamos a descubrirlos, o el living de nuestras casas. Los hemos idolatrado al máximo, y hasta incorporamos alguna o varias de sus frases y gestos a nuestra conducta habitual, convirtiéndolos en casos más reales de los que suelen poblar nuestra vida cotidiana. Como esos familiares lejanos que le despiertan a uno un cariño especial. Es cuando la ficción supera a la realidad y, no nos engañemos, tampoco es que la situación diste mucho de la realidad. Digámoslo así: los personajes de cine forman parte de nuestras vidas. Aún cuando habrá que sacrificar a quienes los protagonizaron y dejarlos, aunque sea por esta vez, en segundo plano. Todo listado resultará insuficiente, pero he aquí el primer intento (al que se le sumarán cuatro entregas) sobre 50 figuras inolvidables con las cuales seguimos maravillándonos, y que no parecen tener fecha de vencimiento.

1Harry Powell (Robert Mitchum, ‘The Night of the Hunter’, 1955)
En ‘La Noche del Cazador’, el gran Robert Mitchum encarna a lo que sin duda conforma uno de los personajes más renombrados de la historia del celuloide. Powell es un fanático religioso con rasgos psicópatas que predica el Viejo Testamento, un Reverendo que gusta de quebrar las leyes en toda oportunidad, al punto que se comunica con el mismísimo Dios, quien hasta lo instruye para que se encargue de hacer algo contra las prostitutas de este mundo. La actuación de Mitchum, en uno de los filmes de horror más celebrados que el mundo conoció, sin recurrir más que arte de la verdadera actuación, es sencillamente memorable, no sin dejar de mencionar el papel de Shelley Winters, su compañera de cartel. ‘La Noche del Cazador’ es, además, la única película que dirigió el recordado Charles Laughton. La legendaria publicación francesa especializada Cahiers du Cinéma la definió como el segundo mejor filme de todos los tiempos, después de ‘El Ciudadano Kane’, de Orson Welles.

 

Ratso (Dustin Hoffman, ‘Midnight Cowboy’, 1969) 2
El gran Dustin Hoffman suele recordarse por papeles como los que realizó en ‘El Graduado’, ‘Kramer vs. Kramer’, ‘Tootsie’ o ‘Rain Man’ (indiscutiblemente uno más maravilloso que el otro), pero su actuación “de culto” será eternamente la del gran Rico ‘Ratso’ Rizzo en ‘El Cowboy de Medianoche’ del director John Schlesinger. Ratso se la pasa deambulando por las calles de New York intentando sobrevivir a cualquier costo hasta toparse con un vaquero que está de visita en la ciudad (Joe Buck, protagonizado por Jon Voight) y ambos descubrir sus mutuas almas errantes y perdidas. Ratso sueña con conocer Miami antes que la tuberculosis acabe con su existencia, mientras suena ‘Lay Lady Lay’ de Bob Dylan de fondo, transformando a ‘The Midnight Cowboy’ en una de las mejores películas de su tiempo.

 

Captain Blood (Errol Flynn, ‘Captain Blood’, 1935)3
Jamás habrá otro pirata tan distinguido como el capitán Peter Blood. Sus extraordinarios duelos de espada  y su porte permanente son sencillamente inolvidables. Nadie, aparte, sabía desenfundar con tanto estilo su arma a la hora de la contienda como Blood (que también el distinguido Errol Flynn supo explotar con gran gusto en films como ‘Las Aventuras de Robin Hood’, o en ‘El Halcón de los Mares’), sin omitir los endulzados pasajes románticos junto a la actriz Olivia De Havilland, todo en medio de los mejores combates entre irascibles corsarios. Johnny Depp puede ser un gran actor y haber logrado llevar adelante una saga similar en tiempos modernos, pero el título oficial de bucanero del cine ya tenía propietario.

 

Emmanuelle (Sylvia Kristel, ‘Emmanuelle’, 1974) 4
El largometraje “prohibido” con las escenas de desnudos por excelencia de los ‘70s, ‘Emmanuelle’ llegó al mundo para emancipar las almas de los portadores de la moral, y debía ser exorcisado lo antes posible. Históricamente, el antes y el después del erotismo cinematográfico está determinado por ‘Último Tango en París’ (con Marlon Brando y la escena de la manteca a la cabeza) y la recordada ‘El Imperio de los Sentidos’, un controvertido y ruidoso film japonés de voltaje, al menos hasta ese momento, altamente erótico. La actriz holandesa Sylvia Kristel no poseía los atributos físicos que podrían haberse considerado necesarios para protagonizar una película del estilo, careciendo de todo indicio de voluptuosidad. Muy por el contrario, el cuerpo de Kystel era delgado y estilizado, pero su imagen inocente y una mirada que derrochaba sensualidad dejaron esos detalles atrás, y lograron que Emmanuelle, la esposa de un diplomático francés que decide embarcarse en un viaje de autodescubrimiento sexual, se convierta en un personaje central de los filmes que abordan las artes amatorias. El brillo de la ‘Emmanuelle’ original se vería opacada con el correr de los años gracias a la aparición de otros experimentos cinematográficos de pésima calidad pergeñados por directores de diversa procedencia (‘Emmanuelle I”, ‘Emmanuelle II’, ‘Emmanuelle III’, ‘Emmanuelle IV’, ‘Emmanuelle V’, ‘Emmanuelle VI’, ‘Las Orgías Inconfesables de Emmanuelle’, y hasta ‘Emmanuelle Negra’), pero nada siquiera rozaría al que fue el tercer gran suceso del cine erótico de los ‘70s.

5Stanley Kowalski (Marlon Brando, ‘A Streetcar Named Desire’, 1951)
Históricamente conocida por estos rincones como ‘Un Tranvía Llamado Deseo’, el gigante Marlon Brando, actor de actores, interpreta acaso el rol más definitivo en lo que a la palabra “actitud” se refiere. Inspirada en la obra de Tennessee Williams del mismo nombre, con la dirección de Elia Kazan, el film apunta a las relaciones de pareja, y elevó a Brando aún más a su condición de “mito viviente”, en paralelo con los otros largometrajes de los que participó hasta su últimos días.

6 Tony Manero (John Travolta, ‘Saturday Night Fever’, 1977)
Los mayores de 40 recordaremos eternamente aquellos años de fines de los ’70 en los que íbamos a las fiestas de nuestros compañeros de escuela y nos sacudíamos incansablemente al ritmo de las canciones de los Bee Gees que, junto a las de The Trammps, Tavares, K.C. and the Sunshine Band o Kool & the Gang, componían la banda de sonido de la película por la cual delirábamos. Tal vez la estética de ‘Fiebre de Sábado por la Noche’ resulte algo ridícula por estos días, pero nada volvió a ser lo que fue desde que el gran Tony Manero conquistó la pista de baile, y con nosotros tratando de imitar sus pasos en los cumpleaños a los que nos invitaban. El intento de Tarantino de recrear algo similar años después en ‘Pulp Fiction’,  mientras Travolta bailaba la canción de Chuck Berry junto a Uma Thurman en aquel concurso de twist, en comparación a su momentosetentero, puede pasar tranquilamente, y eventualmente, al olvido.

7Tommy De Vito (Joe Pesci, ‘Goodfellas’, 1990)
No conforme con lo logrado en los años ’70s y ‘80s, Martin Scorsese ingresó en la nueva década de la mano de una película que terminó marcando uno de los más grandes éxitos cinematográficos de 1990, agregando a su gran dirección actuaciones magníficas como la de Robert De Niro o Ray Liotta. Sin embargo fue Joe Pesci y sus travesuras como gángster, en las que ni siquiera dudó en cargarse a algún miembro de la “familia” cuando la situación así lo requería, o en volarle el pie a un camarero porque se había olvidado de traerle su  trago, transformando a Tommy De Vito en le personaje más recordado del film.

Dr. Strangelove (Peter Sellers, ‘Dr. Strangelove or: 8
How I Learned to Stop Worrying and Love the Bomb’, 1964)
Nadie más indicado para protagonizar esta comedia negra británica dirigida por el célebre Stanley Kubrick. A través de su carrera, Sellers ha llevado adelante interpretaciones que lo convirtieron en uno de los más destacados actores de la historia (tan sólo recordar ‘La Fiesta Inolvidable’, ‘Desde el Jardín’, o la saga de La Pantera Rosa), pero su rol en lo que en Hispanoamérica se conoció como ‘Dr. Insólito o: Cómo aprendí a dejar de preocuparme y amar la bomba’, filmada completamente en blanco y negro, merece mención aparte. El Dr. Strangelove es un científico nazi visionario de origen alemán totalmente incomprendido por sus semejantes que enfrenta los avatares de la Segunda Guerra Mundial y termina alineándose con el Pentágono, antes que el mundo colapse estallando en pedazos. De aspecto tan estrafalario como sus teorías, el Dr. Strangelove es el científico loco por excelencia de la gran pantalla.

9King Kong (1933)
El film que adelantó la técnica de los efectos especiales en el cine, un millón de años luz atrás, proponiendo un excelente maridaje de aventuras y pánico, tenía que llegar de la mano de un gorila gigante que termina aterrorizando la ciudad de New York tras abandonar la isla en que era venerado. La imagen de Kong trepado a la cima del edificio del Empire State es quizás una de las postales más grabadas en la retina del ojo humano a través de la historia de la cinematografía. Como si todo esto fuera poco, el simio resulta ser un verdadero encanto que acaba enamorándose de una chica cuyo tamaño cabía a la perfección dentro de la palma de su mano, y que opta por recurrir a la violencia sólo cuando intentan robársela, o cuando se encuentra en situación de peligro. Cualquier semejanza con la realidad, es pura coincidencia. O al menos eso dicen.
10
Frank Booth (Dennis Hopper,‘Blue Velvet’,1986)
Se lo vio una y cientos de veces. Su paso por las salas de cine ya lleva casi tres décadas, pero la película tuvo mucho protagonismo en las señales de cable locales. El maniático de Frank Booth se dispone a cometer todo tipo de fechorías utilizando como inspiración la música de ‘In Dreams’ de Roy Orbison, una de las más bellas baladas que la humanidad conoció, y de manos de la mejor voz del último siglo. Y lo logra. Bajo la dirección de David Lynch, Hopper, figura de lujo sobreviviente de la generación Woodstock que probó todo lo que había que probar en su vida real, interpreta a un villano elegante y despreciable rodeado de un séquito de amistades de la misma calaña. Booth ama el peligro y el terciopelo azul (condición que le da título al filme)  y en su despiadado sadismo corteja a la sensualísima Isabella Rossellini. De no haber sido por la cronología de los tiempos, ‘Terciopelo Azul’ podría haberse convertido en el largometraje favorito de Sigmund Freud, y hasta lo hubiera dejado pensando aún más.