CON LEANDRO DONOZO, DIRECTOR DE LA EDITORIAL GOURMET MUSICAL: “HAGO LIBROS QUE QUIERO LEER”

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“Querramos o no, la música es una compañía constante a lo largo de nuestras vidas. Aún desde antes de nacer, todo lo que escuchamos, cómo, con quiénes y cuándo la escuchamos, nos moldea y nos define de mil maneras. Nuestras formas de pensar, de ser, de relacionarnos, de entender, percibir y estar en el mundo están demasiado influenciadas por los sonidos que nos rodean como para ignorarlos o tratarlos con ingenuidad. Los libros de Gourmet Musical Ediciones quieren ser una herramienta para estar más conscientes de la importancia de la música y los sonidos, a partir de la producción y divulgación de textos que aporten nuevos conocimientos sobre su historia, presente y futuro desde los más diversos puntos de vista. Un posible camino intelectual para estimular los sentidos, el placer, la pasión.”

El texto que corona el catálogo del emprendimiento que una vez puso en marcha no permite dejar detalle librado al azar. Leandro Donozo, que comenzó recopilando libros y revistas del género para su propia información, terminó logrando de manera no deliberada lo que nadie había hecho en la historia argentina: fundar una editorial exclusivamente dedicada a libros musicales. Con más de 1 década de existencia, Gourmet Musical lleva publicados hasta el momento más de cuarenta títulos, a los que ahora se agregan algunos más, que verán la luz en el transcurso del corriente año. MADHOUSE estuvo charlando con el factótum del proyecto para repasar el pasado, presente y futuro de la primera editorial en su tipo en el país.

Gourmet Musical es un emprendimiento absolutamente unipersonal. ¿Qué es lo que hace que una persona se vuelque a juntar revistas, libros y textos varios de música, para acabar formando un archivo? ¿El proyecto editorial estaba contemplado desde le vamos, o empezó como el de un coleccionista que terminó derivando en eso?
En verdad nunca fui coleccionista, no me considero así. Como muchos de lo que estamos en esto, empecé a escuchar música de chico, y también tocaba y estudiaba guitarra. Al terminar el secundario me puse a hacer la carrera de Artes Musicales en la UBA, que es como una especie de carrera de Musicología, y paralelamente, de casualidad, empecé a trabajar en periodismo en Editorial Magendra. En Pelo, Generación X, y todas esas revistas que editaban. Y entonces pasé de leer esas revistas a escribir en ellas. Siempre había sido de interesarme mucho en la información, de puro melómano. En las tapas de los discos, en los sobres, preguntarme tal y cuál cosa… esos detalles a los que mucha gente no suele darle bolilla. Me interesaba todo eso que rodeaba la música. Era de leer muchos libros sobre música, biografías, revistas…En la época de la secundaria me compraba todas las revistas.

Y entonces se trató de ponerse a relacionar todo eso.
Claro. Yo leía Pelo, Rock and Pop, CantaRock, El Musiquero y otras revistas más fugaces que se editaban en esa época, y  a través de la guitarra también comencé a interesarme en otros tipo de música, entonces leía revistas de jazz, de acá y de afuera. Esto fue a mediados de los 80, cuando ya había muchas cosas importadas. Compraba muchos discos, sobre todo de blues, y traje muchos de afuera. Es más, la primera nota que escribí para un medio fue sobre blues. Entonces yo compraba y guardaba todas esas revistas porque me gustaba leer, y así poder tener todos esos datos. Por eso me pareció genial cuando encontré esa carrera en Filosofía y Letras, que coincidía mucho con todo eso que me interesaba. Y mientras cursaba el CBC produje un programa de radio sobre música clásica que hacía la DAIA en Radio Jai, porque tenían un ciclo de conciertos en el Teatro Colón, y el programa los promocionaba.

2EN EL PRINCIPIO FUE EL DICCIONARIO
¿No tenías ninguna idea deliberada respecto a lo que luego se convirtió en el proyecto de la editorial? ¿Las archivabas solamente para tu propio placer y cultura?
Ni siquiera consideraba archivarlas, simplemente las guardaba.

Desde ya, todo esto ocurría pre-internet, y la única manera que teníamos de guardar información era comprando material.
Avanzada la carrera, y en momentos que ya había llegado la internet, yo me movía mucho con listas de correo, y entonces de casualidad me llega una propuesta de actualizar un artículo sobre bibliotecas para la enciclopedia New Grove Dictionary of Music, que viene a ser la enciclopedia más grande internacional de música. La última edición se había lanzado en 1980 y entonces estaban haciendo la nueva, que iba a salir en 2000. Es una enciclopedia que, si bien es principalmente de música clásica, también incluye otros estilos populares y de todos los países. El artículo de bibliotecas incluía un listado larguísimo de bibliotecas especializadas en música de todo el mundo, incluyendo Argentina, que era larguísimo, como de cien páginas. Bibliotecas que incluyeran, sobre todo, fuentes primarias, como manuscritos o partituras. Material de interés para los investigadores musicales. Colecciones específicas, el archivo de un compositor, discotecas…ese tipo de cosas. Ellos buscaban gente que vaya a las bibliotecas, y con eso hacían el artículo. Se encontraron con que nadie les contestaba, y entonces me contactaron a través de una lista de discusión y me propusieron actualizar ese artículo. Y a raíz de eso me piden también actualizar el artículo sobre revistas de música de todo el mundo, que también era muy largo, como de 200 páginas. El de Argentina mencionaba treinta y pico de revistas, por lo que estaba muy desactualizado. Y había muy pocos datos. El nombre de la revista, en qué fechas se editó, una descripción muy breve y la periodicidad en que se editaban. Paralelamente yo venía haciendo un trabajo para la facultad, que era relevar la biografía que había sobre música argentina. La primera etapa de cualquier trabajo de investigación es ver primero qué es lo que se hizo antes, pero no había ningún tipo de fuente para saber qué es lo que había. Pero nadie tenía mucha idea. Mi respuesta automática fue “bueno, debe haber tanto, que no se podrá hacer”. Entonces empecé a ir a bibliotecas para compilar material sobre lo que yo estaba trabajando, que era música popular. Y comencé a darme cuenta de que no había tanto. Y después tuve la sensación de que segmentar entre música popular y académica no tenía mucho sentido. Y me di cuenta que esa limitación era conceptual, que para entender la música popular, como ser el rock en Argentina en los 60, tenías que entender otras cosas que estaban pasando. Tenés que entender que había un Instituto Di Tella y…

El contexto.
Ni siquiera el contexto, si bien había un contexto mayor político o cultural. Pero había un contexto musical que tenía una relación directa. Digo, Manal tocaba en el Di Tella, y por allí también pasaban los tipos que hacían música electroacústica. Y me parecía que mirar solamente al rock, como algo único, me impedía ver otras cosas que terminaban viéndose mejor, o de otra manera, en un contexto más grande. Entonces me puse a hacer el relevamiento sobre libros de música editados en Argentina, de todo tipo. Música clásica, tango, bailanta, rock, lo que fuere. Y ahí empecé a hacer algo que, años después, terminó convirtiéndose en el primer libro de la editorial.

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Todo esto sucedió a raíz de lo que te habían encargado para la enciclopedia.
Fue algo simultáneo, porque de hecho yo ya andaba circulando por las bibliotecas, ya estaba relevando eso, y ahí fue cuando me llegó el encargo de la misma gente para hacer otro artículo, que fue el de revistas.


¿De qué constó ese trabajo?

Se trataba de hacer una lista de títulos de revistas de música de Argentina, con fechas. Cuando me llega ese encargo, yo me dije “esto se lo tengo que pasar a alguien que sepa más que yo”, pero qué pasaba: como yo ya venía relevando toda la parte de bibliografía sobre música argentina, sabía que no existía ningún libro que pudiera resolver el tema de las revistas o que incluyera un listado de títulos. Eran todas cosas muy parciales, muy viejas y desactualizadas. Entonces me dije, “esto no lo hizo nadie, lo voy a hacer yo”. Y aparte siempre me había interesado el tema de las revistas, ya sea por haberlas leído, o por escribir en ellas. Pero al empezar me encontré con otras dificultades, que son las que hablábamos antes. No había colecciones completas de revistas en ningún lado. Uno iba a las bibliotecas y, por supuesto, no había revistas de rock. Pero tampoco había colecciones completas de revistas de música clásica, de jazz, o de tango. No había nada de nada.

¿Tampoco en la Biblioteca Nacional?
Ni en la Biblioteca Nacional, ni en la del Congreso, ni en ninguna otra. Fui a todas las que pude. Incluso tampoco en bibliotecas especializadas en música. Había, y sigue habiendo, muy poco. En principio, con saber que existía tal revista, al menos ya tenía un dato. Pero ellos me pedían datos que no eran tan sencillos, como el de saber entre qué años fue editada la revista. Uno podía saber cuándo había comenzado a editarse, pero no hasta cuándo había sido editada. Entonces empecé a armarme unas planillas anotando cada número de cada revista que encontraba, y dónde la encontraba. Algunas las tenía yo, otras las iba comprando en casas de revistas usadas, otras eran de coleccionistas, de bibliotecas… ¡Eran unas tablas enormes! Entonces, cuando llegó el momento de cerrar el informe, algunas tenían fechas confirmadas, pero otras eran tentativas.

En definitiva, hiciste un trabajo que hasta ese momento era completamente inexistente en el país.
Sí, y tuve que hacerlo yo.

Lo cual resulta curioso habiendo gente de diversas áreas culturales que podrían haberlo hecho mucho antes, o con el paso de los años.
Sí había de otras revistas literarias, pero en cuanto a música, nadie jamás se había dedicado mucho. Nunca se la consideró una fuente de información, en es sentido siempre fue algo menos valorado.

Es verdad, siempre fue como la oveja negra de la familia.
Tal cual. Entonces, durante el tiempo en que estuve haciendo los dos relevamientos de las listas de revistas, me di cuenta que tenía una colección. Porque tenía las revistas que había comprado, las que yo había trabajado de adolescente, y las que había conseguido para ese relevamiento. Y cuando vi todo ese montón de revistas, me di cuenta que había que ampliar ese trabajo, si bien nunca lo tomé como una colección.

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CAPITULO UNO
¿Tenías una fecha límite de entrega pararendir lo que te habían encargado?
Se trató de hacer todo lo que podía hacer hasta esa fecha. Pero después me entusiasmé y seguí.  Ya tenía la idea de hacer un libro con el relevamiento de bibliografía, y en un momento me di cuenta de que eso podía resultar una herramienta que le podía servir a otros. Lo estuvo por editar una universidad norteamericana, que al final nunca supe qué pasó. Entonces continué con eso, y en el medio surgió lo de las revistas, y me dije “bueno, aquí también hay otro libro”. Entretanto trabajé en un proyecto que fue el de desarrollar junto a Ricardo Salton un centro de documentación musical para el Gobierno de la Ciudad, con la idea de que tuviera un centro de investigación de música, y el de documentación con revistas, libros y partituras. Y entonces, como veía que el libro no salía, decidí editarlo yo. Y así fue como comenzó la editorial, con el libro que escribí yo, el “Diccionario Bibliográfico de la Música Argentina”, en el 2006.

Y ese fue el primer libro editado por Gourmet Musical. Y a partir de entonces decidiste crear tu propia editorial.
Sí. En el medio de todo eso, en 1999, me fui a vivir un año a Londres, para trabajar en ese diccionario, y cuando volví ya no pude conseguir trabajo de periodista. Fue en plena crisis del 2001. Pero antes del centro de documentación que te comenté, yo había armado un sitio web que se llamaba Gourmet Musical, que era una mezcla de base de datos con sitio de venta de publicaciones. Fue un momento en el que empezaron a aparecer muchas publicaciones independientes, pero que no tenían mucha distribución, sobre todo de discos. Entonces me pregunté, “¿qué pasaría si hacemos un sitio web que permita vender esos discos que no se veían tanto en las disquerías, de distintos géneros de música latinoamericana?”. Yo tenía una base de datos muy completa, en donde de cada disco tenías cada tema, cuál era su autor, quién tocaba qué instrumento en cada canción, etc. También había una base de datos sobre libros y revistas. La idea era juntar ahí toda la información de ese material disperso que existía. Pero en 2002 o 2003 se hizo medio insostenible trabajar así. El correo era un desastre, la inflación, no había catálogos… Y de a poco fui abandonando ese sitio web, porque no lo  podía mantener. Y entonces el sitio web terminó transformándose en la editorial Gourmet Musical Ediciones.

Siempre me pareció un nombre muy preciso.
Había varias cosas que me interesaban, pero Gourmet Musical son dos palabras que se entienden en cualquier idioma. Y tiene una cosa que es, ligado a esta cuestión de no definirse por géneros musicales, más allá de que nunca creí en eso de “la buena y la mala música”… lo de “Gourmet Musical” me permitía hacer una analogía con lo del gourmet gastronómico. Que es aquel tipo que no le da lo mismo comer cualquier cosa, que le interesa saber de dónde viene ese producto, cómo se cocina, las variedades…

¿Una connotación más de exclusividad?
No por ese lado, sino por saber qué es lo que uno está consumiendo, digamos. Uno puede comer cualquier basura y decir “ah no, prefiero esta marca a la otra”, o “cocinado así o cocinado asá”.  Y esa analogía, entonces, también me permitía explicar que yo no vendía cualquier música, aunque la vendiera de diferentes tipos. No era un sitio exclusivamente de rock, de jazz o de tango, pero al mismo tiempo no lo era sobre cualquier tipo de rock, jazz, tango, o folklore. Insisto, nunca lo entendí en términos de colección, para mí es una herramienta. La colección está más asociada con algo lúdico, si se quiere. Con el tiempo pasaría a ser una herramienta, ya fuere para las investigaciones de aquel momento, o las que ahora están en curso con los libros.

MÚSICA DE LA A A LA Z
Entonces, una cosa llevó a la otra, y finalmente el sitio web no sólo terminó volviéndose en una editorial con la cual ibas a editar un primer libro, sino que además era el tuyo.
Sí, la idea fue la de sacar mi libro, y después empezar a editar otros títulos que valía la pena que existieran, y que no había. Porque además mi libro se transformó en una especie de estudio de mercado imposible de encargarle a alguien, porque yo sabía exactamente sobre qué temas había libros, y sobre cuáles no. Sobre qué temas había libros que se conseguían, y al mismo tiempo conocía mucha gente que trabajaba en temas interesantes, pero que no tenían el acceso a publicar libros. Entonces conocía lo que existía sobre libros de música argentina de todo tipo, de una manera que nadie sabía. Y eso me indicaba qué proponer editar que fuera distinto a lo que ya existía. Lo de mi libro me sirvió de base para comenzar a armar el catálogo de la editorial.

¿Cómo hiciste para llevar a cabo semejante trabajo en tu primer libro?
Lo que hice fue revistar cincuenta y pico de diccionarios y enciclopedias de acá y de afuera sobre cualquier género musical, desde los veinte tomos del diccionario Grove, más la edición siguiente, que fueron veintinueve, más los diccionarios argentinos de jazz, de tango, de rock, de instrumentos, de alguna ciudad… Cosas muy puntuales, relevando todas las entradas que había sobre músicos y música argentina. Entonces, por ejemplo, si vos buscás “Troilo”, te dice en qué diccionarios salió un artículo sobre Troilo, en qué página, y quién lo escribió. O un artículo sobre el arpa en Argentina. ¿Dónde hay? Esos 52 diccionarios que mencioné no están juntos en ningún lugar, no hay ninguna biblioteca que los reúna en su totalidad. Y de esa manera, con una sola búsqueda te ahorrabas el buscar el dato en otros lugares. Corrigiendo datos que estaban mal, actualizando otros que ya eran viejos… Tardé como diez años en hacerlo.

Fue un laburo de hormiga.
Así es, un laburo de hormiga. Es más, yo empecé a trabajar en la editorial en febrero de 2005 y el primer libro, que fue éste, salió en agosto de 2006. Y todo ese tiempo que pasó se trató de terminarlo, armarlo, pensar la colección, el diseño, cómo armar la editorial, que es algo que aprendí mientras lo hacía.

“HAGO LIBROS QUE QUIERO LEER. Y ME TOMO TODO EL TIEMPO NECESARIO PARA QUE SALGAN BIEN. YO LA LLAMO LA EDITORIAL RENÉ LAVAND: ¡NO SE PUEDE HACER MÁS LENTO!” – LEANDRO DONOZO

¿Habías tenido la idea de la editorial desde un primer momento, o fue algo que surgió a partir del lanzamiento de tu libro?
Es algo que estaba previsto desde el principio, nunca lo saqué con la intención de editar un solo libro. Al editarlo, ya había decidido que iba a ser una editorial especializada en libros de música, por lo tanto ya estaba encargando otros títulos.

¿Qué fue lo que te llevó a convencerte que un proyecto así podía convertirse en algo redituable?
¡Lo sé, fue una pelotudez! (Risas) Ésta es la primera editorial dedicada exclusivamente a libros de música. No existía otra.

Es verdad, la primera de la historia en el país.
Sí, cosa que sé perfectamente porque me había leído todos los libros que había. Digo, había otras editoriales que habían editado muchos libros de música, como Corregidor, pero también habían sacado cosas de otros estilos. Gourmet Musical es la primera editorial argentina en la historia dedicada exclusivamente a libros musicales, más allá de otras como Ricordi, que básicamente editan partituras. Me interesaba mucho la circulación del conocimiento sobre música, porque veía que había muchas cosas muy interesantes que quedaban circunscriptas a un ámbito académico muy cerrado, o que en el periodismo más comercial se trabajaba con muchas limitaciones y no se profundizaba en muchos temas, entonces esos temas quedaban afuera. Eran notas de 2 ó 3 páginas, con las que no llegás a profundizar en nada. Yo estaba a medio camino entre el periodismo, las revistas que estaban en los kioscos, las de musicología, la universidad, las bibliotecas… En esa especie de intersección de muchas cosas. Y veía que ninguno de esos ámbitos me terminaba de cerrar. Y estos libros eran una forma de mezclar todo ese tipo de cosas, de trabajar con el rigor de la universidad, con la extensión de un libro –que tiene más profundidad–, trabajar el lenguaje y las formas de contar los resultados, que es algo más propio del periodismo, y básicamente hacerlo sobre temas de los cuáles no había libros, o no existía material disponible.

Pudiste nuclear todas esas actividades periféricas en una.
Y aparte me di cuenta de que con ese proyecto vinculaba muchas cosas que había hecho a lo largo del tiempo de manera más suelta. El periodismo, la investigación, lo de las bibliotecas, lo de las revistas, leer muchos libros, estar rodeado de discos y escucharlos, mirar los datos… Todo ese tipo de cosas confluían en la editorial, sin que yo lo hubiera planificado. Y saqué la cuenta de que si más o menos yo ahorraba una guita por mes, mientras me dedicaba a otras cosas, podía editar un libro cada tanto. Y con un subsidio del Gobierno de la Ciudad que salió en aquel momento, pude pagar parte de la impresión del primer libro. Después de terminarlo y sacarlo, pude pensar -ingenuamente- que eso podía funcionar económicamente.

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EL XUL SOLAR SALE PARA TODOS
OK, ya tenías el libro en la calle, y con eso el proyecto de la editorial encaminado. ¿Cómo fue que empezaste a ponerlo en marcha? ¿Te propusieron autores, o saliste a buscarlos?
Me pasó todo eso, fue a los tumbos. Los primeros libros fueron propuestas mías en las que hubo que convencer a los autores. Algunos llevaban veinte años trabajando en artículos. Pero después, no sé realmente cómo fue que circuló el dato, pero de repente tuve propuestas de ideas desde el principio. De hecho, el segundo libro de la editorial también tiene su historia.

Adelante, entonces…
Cuando fue el famoso diciembre de 2001, yo estaba todavía con el sitio web y recién venido de Londres, y aquí no se podía hacer nada. Todo mal. Gomas quemadas, piquetes, y yo tratando de vender discos por internet. Pasó ese verano, y en abril del año siguiente se cumplía un aniversario de la inauguración del sitio web. Y yo pensaba en hacer algún tipo de festejo, digo, antes que tirarme por la ventana. Entonces organicé un concurso de investigación musical. Conseguí un jurado de musicólogos de acá y de afuera que seleccionaran tres trabajos, tres artículos de investigación, a publicarse individualmente en tres revistas de musicología, con un premio de plata simbólico, que era algo así como 100 dólares, o 100 pesos, todavía. Llegaron un montón de propuestas, y dos de esos artículos se publicaron en las revistas, y hubo un tercero que jamás salió publicado en la revista que tenía que hacerlo… Pasaron como tres años, y entonces en 2005 le propuse a la autora que ampliara el proyecto para llevarlo a libro, que era un trabajo de investigación sobre música en la vida y obra de Xul Solar, y terminó siendo el segundo libro lanzado por la editorial. Y yo me preguntaba, “¿quién va a sacar un libro sobre la música en la vida y obra de Xul Solar?”

Precisamente, eso es uno de los puntos más interesantes de la editorial, que edita esas cosas.
Bueno, así fue como se dio. Lo saqué como si fuera una locura, y anduvo bastante bien, y tuvo mucha prensa. Viniendo del periodismo, yo tenía conciencia de qué había que hacer mucha prensa y promoción de los libros. Pero mismo el diccionario, que también era un libro raro, estuvo reseñado en La Nación, en Clarín, en Página 12, en la revista Genios, en Muy Interesante, en revistas académicas de Musicología nacionales y del exterior, de universidades, et., Un abanico muy amplio. Y así fue que saqué dos libros en 2 años, lo cual es muy poco.

Creo que no está nada mal tratándose de una editorial que recién comenzaba de abajo.
Claro, fue algo hecho sin nada. Y en el 2008 edité dos libros, uno que le había propuesto a un musicólogo llamado Omar García Brunelli, que es un especialista en Piazzolla, a quien le propuse hacer una compilación de artículos de investigación musicológica sobre él. Se habían hecho varios libros, pero ninguno que trabajara sobre la música de Piazzolla. Eran todos de historia, anécdotas, biografía…Y paralelamente saqué algo que también me resultó muy grato, que fue reeditar “Como Vino La Mano” de Miguel Grinberg, un libro que yo había leído de adolescente, y que estaba agotado desde el 92 o el 93. La verdad, contacté a Grinberg de puro caradura. Recuerdo que nos encontramos en un café en la semana que iba entre Navidad y Año Nuevo, ¿viste esas semanas que no pasa nada?…

Tu vida está regida por fechas claves…
(Risas) Sí, ¿viste esas semanas que no se puede hacer nada? Fue tipo un 27 de diciembre, esas fechas ridículas… Nunca supe cómo Miguel se arriesgó a publicar conmigo, con una editorial que llevaba nada más que dos libros publicados, y de los cuales uno lo había escrito yo mismo. Esto fue en navidad de 2007, y entonces se editó para la Feria del Libro del 2008, o sea, en mayo, junto al de Piazzolla. Fue una edición actualizada, le agregamos muchas cosas. Tiene algo así como el doble del material que tenía la edición original. Fotos inéditas, le agregué muchas notas al pie, notas de la época, más manifiestos… Es una edición recargada. Y así se fueron dando las cosas. Después de varios años, con 7 u 8 libros editados, empecé a trabajar con una distribuidora, que me permitió que los libros llegaran a todo el país.

¿El proyecto conseguía sustentarse por sí mismo?
No, al principio se trató de poner guita. También tuve algunos subsidios, gente que me ayudó, algunos autores que pagaron parte de las ediciones…Por eso es que tardé 1 año en editar el segundo libro. Fue todo pura inversión. Después de muchos años, y no me acuerdo cuántos, llegué a una situación en la cual podía editar nuevos libros con lo que producían las ventas de los anteriores, y sin tener que poner plata de mi bolsillo. Creo que recién ahora vivo de la editorial, después de 12 años. Pero también soy docente, y hago otras cosas. Pero recién ahora estoy casi dedicado exclusivamente a la editorial.

LA HISTORIA SIN FIN
11 años más tarde del comienzo de tu emprendimiento, ¿cuántos libros lleva Gourmet Musical editados?
Cuarenta, o cuarenta y uno.

Eso significa que prácticamente salieron cuatro por año.
Más o menos. También hubo algunos en que saqué seis o siete, sobre todo en los últimos años.

¿La editorial está abierta a todos los estilos de música?
Sí. Para mí el límite no es el estilo, sino el tratamiento de los libros, cómo se trabaja el tema. soy muy hinchapelotas con eso de dónde se saca la información. No me interesa que sean refritos, porque hoy en día ya existe mucha información. Una entrada de Wikipedia tiene diez veces más información de la que podías conseguir hace 20 años. Si vos pusiste en tu libro, no sé, “Troilo dijo tal cosa”, yo te voy a preguntar por dónde la dijo, o cómo te enteraste. “¿Te la dijo a vos?” “No, la dijo en un diario” “Aah, ¿en qué diario?”…

Dicen que dicen…
Exacto. Y entonces te voy a pedir que busques en qué diario salió, en qué día y en qué página. Si no hay forma de averiguarlo decí “suele decirse que Troilo habría dicho tal cosa…”. Un diario puede corregir un dato inexacto al día siguiente, pero no podés hacerlo con un libro. Entonces soy muy insistente con los datos, con la información, y con no repetir las cosas que alguien ya dijo, y que dijo éste, y que dijo el otro… Y aparte me interesa que los libros sean originales, que aporten algo nuevo a lo que ya había. Yo hago libros que quiero leer. Y me tomo todo el tiempo necesario para que salgan bien. Yo la llamo la Editorial René Lavand: “¡No se puede hacer más lento!” (Risas)

Los libros tienen además muy buenos diseños y artes de tapa. ¿Trabajás con algún ilustrador en particular?
Hace años que estoy trabajando con Santi Pozzi, que suele hacer pósters y serigrafías para bandas de rock.

Para terminar, ¿futuros títulos de libros que va a lanzar Gourmet Musical?
El próximo trabajo que estoy sacando es un libro homenaje a Miguel Grinberg, que cumple 80 años, y que entonces se va a llamar “80 Preguntas a Miguel Grinberg”, donde invitamos a ochenta personas distintas -desde músicos, gente de la ecología, de literatura- a que cada uno le haga una pregunta, que Miguel responde. También voy a editar un libro de Roque Di Pietro sobre Charly García, que es la historia de la carrera de Charly a través de sus recitales. Y además va a salir una reedición modificada de un libro sobre la obra poética de Ricky Espinosa, y una reedición de un libro de Oscar López Ruiz con anécdotas sobre Piazzolla. Esos son los más inmediatos, y se están editando en los próximos 2 o 3 meses.

¿Qué es lo que siente un editor cuando finalmente edita un nuevo libro?
Se siente como un aporte al conocimiento. Uno se pregunta, “¿cómo fue que lo terminamos?” “¿Cómo fue que nos dimos cuenta de que estaba listo, lo editamos, y ahora está acá?” Como si fuera un milagro.


LOS LIBROS DE GOURMET MUSICAL, COMENTADOS POR SU EDITOR

Diccionario bibliográfico de la música argentina y de la música en la Argentina
(Leandro Donozo, 2006)
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“Como explicaba en la entrevista, es una herramienta para quienes busquen información sobre la actividad musical en Argentina, con más de 21.000 citas bibliográficas”

Xul Solar, un músico visual. La música en su vida y obra (Cintia Cristiá, 2007. 2da. edición: 2011)
“Un libro muy peculiar que, como describe su título, aborda la influencia de la música en la obra pictórica de Xul Solar”

Estudios sobre la obra de Astor Piazzolla (Omar García Brunelli, 2008. 2da. edición: 2014)
“El autor, García Brunelli, presenta trabajos de diecisiete investigadores y musicólogos de cinco países (Argentina, España, Alemania, Japón y EE.UU.) que hablan sobre la obra de Piazzolla”

7Cómo vino la mano. Orígenes del rock argentino (Miguel Grinberg, 2008. 3ra. edición: 2014)
“La reedición del libro clásico de Grinberg, que se encontraba agotado desde principios de los 90”

Leopoldo Federico, el inefable bandoneón del tango (Jorge Dimov / Esther Echenbaum Jonisz, 2009)
“Son dos investigadores que entrevistaron a Federico hasta cansarse. Una biografía muy interesante, sobre todo con muchas entrevistas a él, y también a otros músicos de tango”


Proust músico (Jean-Jacques Nattiez, 2009)

“Escrito por un semiólogo musical franco-canadiense, un tipo muy importante. Acá llegó a haber seminarios sobre su obra. Nattiez ya lo había editado en francés, en inglés, en alemán, en muchos idiomas, pero quería lanzarlo en español”

“Guía de revistas de música de la Argentina (1829-2007) (Leandro Donozo, 2009)8
“Conseguí un subsidio para pagar parte de la impresión. Es un catálogo de revistas de música de Argentina, tal como lo indica su título, de todos los géneros musicales. Ahí detallo cada revista que encontré, quién escribió en cada una de ellas, y en qué archivo o biblioteca hallé cada número, por esa cuestión de que no hay colecciones completas en ningún lado. Hay 450 títulos de revistas”

Tito Francia y la música en Mendoza, de la radio al Nuevo Cancionero (María Inés García, 2009)
“Lo escribió una investigadora mendocina, a quien yo conocía del ámbito de los congresos de musicología. Ella había terminado su tesis sobre Tito Francia, un tipo no tan conocido por sí mismo, pero que era el guitarrista del grupo Nuevo Cancionero, que fue un grupo de renovación folklórica en los 60, de las cuales la más conocida es Mercedes Sosa y donde también estaba Tejada Gómez, etc. Y Tito Francia era el más músico de todos esos. Se habían escrito artículos sobre él, pero nunca un libro”

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Estudios sobre los estilos compositivos del tango (1920-1935) (Pablo Kohan, 2010)
“Escrito por un periodista y musicólogo que había sido maestro mío en la Facultad, uno de los primeros que se dedicó a estudiar el tango desde la musicología, desde cómo suena el tango. Sabía que tenía muchos artículos sueltos publicados en revistas, y entonces lo convencí de hacer un libro”

Música y modernidad en Buenos Aires (1920-1940) (Omar Corrado, 2010)
“Corrado es para mí uno de los mejores musicólogos de Latinoamérica y, si te descuidás, de más allá también. El libro es un ejemplo importantísimo de cómo hablar de música vinculándola con el contexto y con la historia cultural del momento. Un libro clave para entender la década del 20 desde lo musical”

10Discografía básica del tango 1905-2010. Su historia a través de las grabaciones (Omar García Brunelli, 2010)
“Ahí seguimos trabajando con García Brunelli, que había sido el autor del libro de Piazzolla. Y éste había sido un libro con la idea de que sea una fuente de referencia sobre discos de tango. El libro es como un diccionario breve, donde en lugar de biografías de los músicos, te explica las discografías. Por ej., uno busca ‘Troilo’, y entonces ahí están las épocas en que grabó, con qué orquestas, en qué sellos, qué se reeditó, cuáles reediciones suenan bien, cuáles no, cuáles con completas… desde principios de siglo hasta 2010. La edición también incluye un CD”

La obra musical de Carlos Guastavino. Circulación, recepción, mediaciones (Silvina Luz Mansilla, 2011)
“También escrito por una musicóloga, con la que yo había trabajado en la Facultad. Silvina tenía su tesis de doctorado sobre Guastavino, que es uno de los compositores argentinos más tocados en el mundo junto a Piazzolla y Ginastera, con un catálogo muy detallado. Guastavino tenía esa cosa muy interesante de combinar su extracción académica, pero haciendo cosas que se popularizaron. Por ejemplo, es el autor de ‘Se Equivocó la Paloma’, que la cantaron desde cantantes líricos, hasta Serrat, o canciones como ´Pueblito Mi Pueblo´, que cantó Mercedes Sosa, y otros folkloristas”

tapa-modernidad-OK2Historia del baile. De la milonga a la disco (Sergio Pujol, 2011)
“Es un libro que Pujol ya había publicado, pero la editorial anterior lo había descatalogado porque necesitaba cubrir un cierto número de ejemplares vendidos mayor al que necesitaba yo, por los que decidimos reeditarlo”

Cancionistas del Río de la Plata. Después del rock: una música popular para el siglo XXI (Martín Graziano, 2011)
“El autor me mandó un mail comentándome que tenía un libro sobre ‘cancionistas’. Yo no tenía idea de qué quiso decirme, para mí se refería a los cantantes de tango de la década del 20, como los estribillistas. Y él había delimitado un conjunto de lo que él llamaba ‘cancionistas del Río de la Plata’, que eran cantantes de esta generación, digamos, de entre 30 y 40 años, que hacían una propuesta que no era rock, que no era folklore, pero que estaba vinculada a la canción, con una preponderancia de cosas acústicas y mezclas de muchas tradiciones, como Lisandro Aristimuño, Gabo Ferro, Pablo Dacal, Martín Buscaglia, Tomi Lebrero, Ana Prada, etc.”

Tangos cultos. Kagel, J. J. Castro, Mastropiero y otros cruces musicales (Esteban Buch, 2012)
“Buch es un musicólogo argentino que vive en Francia y que había venido a dar un seminario de Doctorado en la UBA sobre tangos de compositores académicos, o sea, compositores clásicos que hicieron tango, como John Cage. El libro reúne artículos de análisis sobre eso”

Dar la nota. El rol de la prensa en la historia musical
argentina (1848-1943) (Silvina Luz Mansilla, 2012)12
“La misma autora del libro sobre Guastavino. Junto a ella y un grupo de compañeros de la universidad, teníamos un proyecto de investigación sobre revistas de música. Este libro presenta artículos de diferentes personas sobre diferentes casos donde una revista o publicación periódica se involucraba de alguna manera en la actividad. ¿Cómo es que una revista hace una encuesta para favorecer cierto tipo de música? Incluye revistas de mediados del siglo diecinueve a mediados del siglo veinte. Diarios, revistas, etc. Hay hasta revistas femeninas”

Pensar la música desde América Latina (Juan Pablo González, 2013)
“González es un musicólogo chileno que fue de los primeros activistas de estudios académicos sobre la música popular en Latinoamérica. Creador de la rama latinoamericana de la Sociedad Internacional de Estudios sobre Música PopularHay estudios de género, de canon, temas de vanguardia, etc., explicando todo eso, pero con ejemplos latinoamericanos, de pensadores y de música. Es como una puesta al día sobre qué es lo que se estudia académicamente sobre música, pero desde un punto de vista latinoamericano”

13Mito, ópera y vanguardias. La música en la obra de Lévi-Strauss (Jean-Jacques Nattiez, 2013)
“Lévi-Strauss decía ‘Que la música sea un lenguaje a la vez inteligible e intraducible hace de la música el misterio supremo de las ciencias del hombre, aquel contra el cual ellas colisionan y que custodia el secreto de su progreso. La música y la mitología son máquinas que suprimen el tiempo. Tal es así que mientras escuchamos música, accedemos a una especie de inmortalidad’. Nattiez explora las relaciones de la obra de Lévi-Strauss con la música de su propia cultura europea”

Analizar, interpretar, hacer música. De las Cantigas de Santa María a la organología (Melanie Plesch, 2014)
“Es un libro raro de artículos en homenaje a un musicólogo muy importante que fue uno de mis maestros en la Universidad, que es Gerardo Huseby. Él trabajaba mucho sobre la música medieval. Compilamos el libro junto a su esposa, que también es musicóloga, y con gente que lo conoció, con artículos sobre los temas que él trabajó”

14Charly en el país de las alegorías. Un viaje por las letras de Charly García (Mara Favoretto, 2014. 3ra edición: 2015)
“La autora es una investigadora argentina que viene del palo de las letras y que vive en Australia, y en este libro lo que hace es analizar todas las letras de Charly, desde Sui Géneris hasta el Colón, pero buscando la forma en que Charly usa la alegoría, esa forma de decir las cosas que no se pueden decir. El caso más famoso es el de ‘Canción de Alicia en el País’. Cómo a través de la metáfora uno puede decir una cosa que no se puede expresar literalmente, y sobre todo qué ocurre cuando sí podés decir cualquier cosa, digamos, en democracia. Cómo es que Charly reconfigura el uso de la alegoría de otra manera. Y tiene un análisis de toda la carrera de Charly desde ese punto, que es algo central. En este momento es el libro de la editorial que más vendió”

15Crócknicas de un tacvbo (Joselo Rangel, 2014)
“Joselo, fuera de ser integrante de Café Tacuba, escribe una columna en un diario de México todos los viernes. Una columna breve, de lo que sea. A veces escribe sobre estar de gira con el grupo, recomienda un disco que le gustó, o cuenta que fue a ver al médico, o que leyó tal cosa, y el libro es una selección de esos textos que escribe todas las semanas”

Estudios sobre la obra musical de Graciela Paraskevaídis (Omar Corrado, 2014)
“Graciela es una compositora y musicóloga argentino-uruguaya que lamentablemente falleció hace unos meses. Una compositora más bien experimental, de música académica, de la generación del Di Tella, de donde fue becaria. Junto a Omar Corrado compilamos artículos que analizaban varias de sus obras”

Vendiendo Inglaterra por una libra. Una historia social del rock progresivo16 británico. Tomo 1, transiciones de la psicodelia al prog (Norberto Cambiasso, 2014. 2da edición: 2015)
“Cambiasso es muy conocido por la revista Esculpiendo Milagros, y aquí hace una historia del rock progresivo inglés, pero social. Explicándolo desde su contexto socio-político y socio-económico. Es el primer tomo, de tres que van a salir. Y lo hace desde su propio punto de vista, que es absolutamente original”

Estudios sobre la obra de Carlos Vega (Enrique Cámara de Landa, 2015)
“Carlos Vega es como el padre de la Musicología en Argentina. Fue el tipo que en las décadas del 30 y del 40 se dedicó a viajar por el país y visitar las comunidades criollas e indígenas, y a recopilar los repertorios de música tradicional. Fue quien determinó la historia de las danzas, de dónde vino una zamba, cómo se baila, qué historia tiene, con qué se mezcló… Todavía hoy día todos los libros sobre danzas argentinas y coreografías se basan en sus trabajos. Vega también fue el primero que se dedicó a estudiar el tango y la música popular, y también trabajó sobre música medieval, folklórica, etc.”

17Cemento, el semillero del rock (1985-2004) (Nicolás Igarzábal, 2015. 3ra edición: 2016)
“Es el libro más conocido de la editorial, y también uno de los que más se vendieron. El autor hizo sesenta y pico de entrevistas con varios de los músicos que tocaron ahí, con muchas anécdotas e historias. Llegó a entrevistar mucho a Chabán en sus últimos meses de vida. De hecho Omar falleció un mes antes que saliera el libro”

Jazz argentino, la música “negra” del país “blanco” (Berenice Corti, 2015)
“La autora analiza la idea del jazz argentino, de cómo funciona una música que siempre se reconoció como negra en un país que siempre hizo todo lo posible por mostrarse blanco, negando su historia negra. Y se pregunta si es posible que el jazz local se diferencie del jazz de otros lugares”

Paul Walter Jacob y las músicas prohibidas durante el nazismo (Silvia Glocer / Robert Kelz, 2015)
“Jacob es un músico judío-alemán que emigra a Argentina durante la época del nazismo. Y aquí da una conferencia sobre lo que él llama ´músicas prohibidas´, denunciando qué es lo que pasa en Alemania con la música, haciéndolo en tiempo presente, explicando cómo llegó la censura a la música en aquel momento. Qué es lo que no se puede tocar, etc. Entonces Jacob da esa conferencia en Buenos Aires, que representa el grueso del libro, tras que encontramos una traducción que él había hecho de esa conferencia en castellano”

Letristas, la escritura que se canta (Alejandro Güerri / Federico Merea, 2015)18
“Está escrito por dos periodistas que entrevistaron a autores de varias letras de canciones para hablar sobre el oficio de componerlas, como Serrano de los Auténticos Decadentes, Dárgelos de los Babasónicos. Ale Sergi de Miranda, Dante Spinetta, Javier Martínez, Horacio Fontova, Pipo Cipolatti, el Paz Martínez, Lescano de Damas Gratis, Juan Carlos Denis de El Bohío (los de la cumbia santafesina), el payador José Curbelo, el folklorista Ramón Ayala… Tipos de distintos géneros y edades hablando sobre el oficio de componer letras de canciones”

Un mar de metales hirvientes. Crónicas de la resistencia musical en tiempos totalitarios (1975-1970) (Michel Grinberg, 2015)
“Es una recopilación de artículos que Miguel escribía en el diario La Opinión. Crónicas de conciertos, reseñas de discos, entrevistas, con mucho contenido de rock. Está la época del surgimiento de Serú Girán, la última época de La Máquina de Hacer Pájaros, cuando Aquelarre se va a Europa, el regreso de Almendra… Mucha información sobre Rock Progresivo local. Alas, MIA, Los Jaivas… También hay cosas de Piazzolla, Mederos, de folklore, y demás”

19Bien al sur. Historias del blues en la Argentina (Gabriel Grätzer / Martín Sassone, 2015)
“Cubre la escena del blues argentino desde fines del siglo diecinueve hasta ahora, con un capítulo muy extenso sobre el blues en el interior del país. Martín es periodista y tiene un programa de blues en la Rock and Pop, y Gabriel es músico, con varios discos editados, y también es director de la escuela de blues en el Collegium Musicum, con una actividad docente en el blues muy grande”

Rock sudaka. La historia de Korneta Suárez y Los Gardelitos (Juan Mendoza, 2016)
“Es básicamente una biografía de los Gardelitos hecha sobre todo con testimonios de miembros de la familia”

Estación imposible. Expreso Imaginario y el periodismo contracultural (Sebastián20 Benedetti / Martín Graziano, 2016) 
“La historia de la revista, ampliada a cómo funcionaba el Expreso como centro del periodismo contracultural en Argentina, y cómo se vinculaba con el resto de ese tipo de periodismo, el anterior y el posterior”

En contra de la música. Herramientas para pensar, comprender y vivir las músicas (Julio Mendívil, 2016)
“Julio es un musicólogo y charanguista peruano que ahora vive en Alemania, y que acaba de ser nombrado presidente de la Asociación Internacional de Estudios sobre Música Popular, que es una asociación que representa el organismo que se dedica a hacer estudios sobre eso. Es un libro con artículos muy breves discutiendo lugares comunes, como ser ‘cómo pensamos la música a nivel cotidiano’, digámoslo así. ¿Qué quiere decir ‘hablar de música’? ¿Qué quiere decir ‘saber de música’? ¿La música es un lenguaje universal? ¿Cómo funciona la música como herramienta política? ¿Tiene sentido hablar de ‘música argentina, o peruana, o africana’? En definitiva, ¿tiene sentido hablar de música? Preguntas con respuestas breves para discutir. Para mí es un libro clave de la editorial, que yo hubiera querido escribir, pero Julio lo escribió mejor. Porque tiene que ver con un concepto muy básico de la editorial, que es el de repensar muchas cuestiones acerca de la música”

21Valentino en Buenos Aires. Los años veinte y el espectáculo (Sergio Pujol, 2016)
“Los años veinte fueron un momento clave en el espectáculo argentino. El libro incluye capítulos sobre tango, sobre jazz, y no solamente de música, sino que también habla del surgimiento de la radio, sobre teatro, sobre cine. Es uno de los primeros libros de Pujol, y estaba agotado. El autor había llegado a entrevistar a varios artistas que habían estado activos en la década del veinte, y que para entonces tenían 80 o 90 años. René Cóspito, Iris Marga, Sebastián Piana, Cadícamo… Es un libro fascinante”


Melodías del destierro. Músicos judíos exiliados en Argentina durante el nazismo (1933-1945) (Silvia Glocer, 2016)

“La autora hizo su tesis de Doctorado en la UBA rastreando las trayectorias de muchos músicos judíos que vinieron a Argentina durante la guerra. Son historias de vida, porque ella rastreó cómo vivían y que hacían en Europa, cuál había sido su formación, y a qué se dedicaron cuando llegaron al país, cómo se adaptaron…Hubo muchos que se volcaron a la docencia, que trabajaron en el Teatro Colón, o en orquestas de radio, y que estuvieron trabajando en diferentes ámbitos y géneros de la música argentina”

La música de Sandro. Cómo se hicieron sus canciones
(Pablo S. Alonso, 2016) 22
“El autor releva sesión por sesión de grabación de Sandro. Con quién grabó, con quién tocó… Entrevistó a todos los músicos que grabaron con él. Cincuenta años de música de Sandro, canción por canción. Un trabajo de investigación que aquí nadie hizo sobre ningún músico argentino, un libro como sí existen afuera de Dylan o de los Beatles. Y sus vinculaciones con los diversos estilos musicales. Con el rock, con la canción romántica, con la tradición francesa, la italiana, la latinoamericana… Sandro grabó con los mejores músicos de aquí, y con los mejores músicos de jazz de Argentina. Compartió músicos con Piazzolla. Ziegler, Jacobe, Antonio Agri, López Ruiz, todos tocaron con él. Me parece un libro fascinante, porque además te muestra cómo funcionaba la industria, cómo trabajaban los estudios, los músicos, o los sesionistas”

Yo no estoy aquí. Rock, periodismo, ecología y otros naufragios (1966-2016)
(Pipo Lernoud, 2016)
“Lo considero una especie de autobiografía documental. Son textos cronológicos de diferentes épocas de su vida. Manifiestos, diarios, cartas, letras de poemas, de canciones, cosas inéditas, notas de El Expreso Imaginario, notas de La Mano, notas de CantaRock, cosas de Facebook… Pipo va contando su historia a través de distintas cosas que fue escribiendo con el paso del tiempo”

23Fábricas de músicas. Comienzos de la industria discográfica en la Argentina (1919-1930) (Marina Cañardo, 2017)
“Lo escribió Marina Cañardo, que es Doctora en Historia y Teoría de las Artes en la UBA, y Doctora en Música y Musicología en París, y registra los inicios de la industria discográfica en Argentina en la década del 20 y la manera en que se relacionó con los diversos géneros musicales, principalmente con el tango”

Una intelligentsia musical. Modernidad, política e historia de Rusia en las óperas de Musorgsky y Rimsky-Korsakov (1856-1883) (Martín Baña, 2017)
“El autor es Doctor en Historia en la UBA, donde también se desempeña como Profesor Adjunto en la cátedra de Historia de Rusia. Se trata de un libro de historia cultural que a su vez cumple la función de comprender a la sociedad rusa del siglo diecinueve, con Musorgsky y Rimsky-Korsakov enfrentándose a los avances de la modernidad europea de esos años como compositores de óperas que planteaban interpretar la historia del país”

Spinetta. Mito y mitología (Mara Favoretto, 2017)24“El libro está escrito por la misma autora del libro de las alegorías de Charly, y propone una serie de preguntas sobre la personalidad y la estética de Spinetta, y el fanatismo que su figura o su obra lograron generar”

La ruta del sol. La trilogía de Él Mató A Un Policía Motorizado (Walter Lezcano / Santiago Motorizado, 2017)
“Está por salir en estos días. Se trata de un compendio de letras, textos y afiches y entrevistas dedicados a la trilogía de la banda Él Mató A Un Policía Motorizado, una versión más extensa de otro libro publicado por el autor hace unos años, y que está ilustrado por dibujos de Santiago, el cantante del grupo”

2 HOURS -AND MORE- WITH ANITA PALLENBERG

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“Aren’t you staying for lunch?” How could one ever say ‘no’ to that when it’s Anita Pallenberg who’s asking it? It all happened last year during the days of the fourth and (so far) last visit of the Stones to Buenos Aires as part of the Latin American Olé Tour, which had started a few days earlier in Santiago de Chile, and with 10 more shows to go after the three in Argentina, closing on a high note in Havana, Cuba. This time, in order to avoid fans leaning out at the hotel doors, or even camping out, looking to catch a glimpse of the band, the Stones’ machine had come up with a new strategy, which was splitting them into different locations. Then Jagger stayed at the Palacio Duhau Park Hyatt, and Ronnie Wood at the Faena Hotel, while the Four Seasons (where the whole band was in all previous visits, taking over the luxurious Álzaga Unzué mansion, at the back of the hotel) was the headquarters of both Charlie Watts and Keith Richards.
 

As it’s been happening for at least the last 25 years (eventually, as the Stones’ kids grew older), taking them on tour became a usual thing. Children, wives, and even parents (during the band’s first time in the country in 1995, Keith had even brought dad Bert with him) ended up joining the party as they wandered around the world. But never ex-love partners. So I felt already too skeptical when an English girl friend that had come to South America to see some of the shows (and who was also staying at the Four Seasons) told me she had seen Anita Pallenberg in the afternoon taking a swim at the hotel’s pool. I denied her statement right from start. Anita hadn’t been close to the band for 35 years or more, at least since she stopped being Keith’s love-mate, and even when they were together, she was never one to show up on tours much often. “Anita? No way! You must have seen somebody that looked like her” Less likely to happen in South America, I thought to myself. I then asked her if she somehow had a chance to talk to the woman. “No, I didn’t”, she admitted, “but I sure can tell it was Anita. She was swimming next to me, she had a leopard bathing suit…” I could have kept refusing it on and on, I was sure she was clearly mistaken. At the end of the day, I thought again, everybody sees everybody’s look-alikes all the time. In fact the last time Anita had visited far away South America was around Christmas in 1968, when along Keith Richards,Marianne Faithfull and (Marianne’s then) boyfriend Mick Jagger took a boat all the way to Brazil, spending their holidays in the city of Matão (countryside of the São Paulo state, where Keith got the inspiration to write “Honky Tonk Women”), and then moving to Rio and Bahia, before heading for a few days in Perú. At the time, Anita had already become Keith’s steady girlfriend after he rescued her from the arms of his fellow bandmate Brian Jones (her original lover, with whom she shared an idyllic relationship before Jones, paranoid and currently dealing with one too many addictions, became violent with her) My friend’s theory about Anita’s sight in Buenos Aires 48 years later was, to say the least, unthinkable. However, as I was pacing the hotel lobby next day to meet another friend, who was also staying at the Four Seasons, I happened to see a woman walking by away enough from me who looked a lot like Anita (eventually, Anita in those days, whose older image I was familiar with after I had seen some new pictures of her on the internet a few months earlier) The woman rushed out of one of the elevators, going somewhere else. It all didn’t last for more than a millisecond, and wondering if I hadn’t actually imagined it (or, worst case scenario, if it wasn’t somebody resembling me of her), I decided to move on.

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Photo: Michael Cooper

But it all became true the day of the second show of the Stones in La Plata. A while before the concert began, as I was having a drink at the VIP area, once again I saw the lady I briefly spotted at the hotel the previous day, who now was about five meters from me, walking towards one of the tables. I was still quite dubious, I won’t deny it. More over, nobody attending the VIP seemed to notice that singular woman, elegantly dressed, with a hat, and walking with a cane. The possible fact it was actually her, going unnoticed by the others, no matter what, was also likely to happen. Only that she wasn’t on her own. Besides her was my friendAdam Cooper, which led me to start wondering if somehow I could have been wrong from the beginning. To anybody not familiar with his name, Adam is the son of Michael Cooper, the legendary photographer mostly famous for being the one who shot many of the English rock and pop stars in his home country during the ‘60s and ‘70s and, and even more important, for being the one who did the Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band and the Their Satanic Majesties Request covers. That’s right, those two album covers.

vip stones La Plata

Anita and me at the VIP in La Plata

Adam has been living in Buenos Aires for at least 20 years (where he organized many photo exhibitions showing his father’s works, as he also did abroad) and whom I’d first met shortly after his original arrival to Argentina. But long before that, when he was still the little boy living with his father in Chelsea, London, in the mid-‘60s, with his mum mostly out of the whole picture, and because of dad Michael’s friendship with the Stones, he had found a sort of surrogate mothers in both Marianne Faithfull and Anita Pallenberg. Not just one, but two, as if that weren’t enough. Marianne and Anita cuddled him, invited little Adam home to play, making him part of a memorable and amazing  cultural scene he would only become aware of as he got older. Plus the fact I knew Adam used to get in touch with them quite often after all these years, no matter the distance. This time there was no doubt that the woman my friend had seen by the hotel’s pool, or the one I’d seen at the lobby, was the same one. And that was Anita Pallenberg. I ended up swallowing my words, as I watched her chatting with Adam in the midst of the cacophonous rumble at the VIP area before the Stones’ second show in La Plata, while I slowly approached them. I greeted Adam and then introduced myself to Anita, telling her about my joy to see her visiting the country, and finally asked her to have a picture with her. Something against my own ethics, by the way. For some reason I never ever felt comfortable asking for a picture, period. Not only because I never found it right to invade anybody’s area, but actually mostly because a photograph without a story behind is nothing but that, an image born by ways of a lens and a button that’s pushed down, lacking naturalness, and turning out into a forced, artificial kind of situation. Without a before, without a during, and also lacking an after. Add to that I didn’t like the idea Anita could think I was just another fan looking for a picture to display on Facebook. Anita had always been one of my favorite female icons (that is, besides my devotion to the lives and times of the Stones, of which she played, needless to say, a major role in) So then Anita, the lady, gently said ‘yes’, displaying her trademark smile. It didn’t last for longer than 2 minutes, I’d say even less than that, and so I decided to leave them alone for better. I actually wouldn’t  have been interested in taking any pictures had I had the chance to talk to her instead, as talking always comes first. Out of there, away from the noise, and in the right place. I’d later apologize to my British friend for my stubborn reluctance to her story.

ANITA KONEX

Anita at the Michael Cooper’s 
exhibition at the Konex
(Photo: Adam Cooper)

Two days later, on Friday February 12, the weather was already awfully soaking wet by the time it dawned. The hottest February ever in history, according to the local meteorologists. There was still one final Stones’ show at La Plata’s Estadio Único next day but, once again, and despite the unbearable temperature, I had to go back to the Four Seasons to meet a fellow friend from New Zealand who was also in Buenos Aires for the Stones concerts. We had agreed to meet in the early afternoon but, given the weather conditions, I decided to leave from home earlier, which led me to arrive to the hotel before I expected. It was only a few minutes after my arriving to the Four Seasons that there I came across Adam again who, polite as usual, approached me to say hello. I asked him why he was there, and he replied he had an appointment with Anita, they were going to have lunch together at one of the hotel restaurants. I didn’t hesitate for a second, and next thing I was telling him how important it would be for me to finally have the chance to exchange a few words with her (more than a minute and a half, at least) now that we were in the right place to do so, away enough from the concert craziness.“Sure”, he said, “right now she must be coming down in the elevator” I confessed to him all I actually wanted (and whoever is reading this, please believe my very words) was just to walk them up to the restaurant table, and then I was done. As I said before, I’m not the kind of person who likes to interfere with anything, let alone something I wasn’t invited to in the first place. Anita showed up in a matter of seconds, elegantly dressed, bohemian style, in a leopard pattern printed dress and purse, flashing her classic smile. After greeting us gracefully, we started heading to the Nuestro Secreto restaurant, which can be accessed right from the very entrance of the mansion. Once again, I knew time would be never enough to have a proper chat, so far for me, but nevertheless I was happy enough to be with them and have a word in the meantime. Plus there was no way Anita could have remembered about our brief meeting at the stadium. We reached the restaurant five minutes later and, as promised, I said goodbye to them. That’s just when she unexpectedly invited me to have launch with her and Adam. “Aren’t you staying for lunch?” In the right place now. And in case it all happened because she felt sorry letting me go, she gave me another of those killer smiles confirming that she really meant she was inviting me to join them. “Oh, I’d love to stay!” “Sure, have a seat”, she confirmed, which I instantly agreed to while getting ready to be part of an unforgettable one-of-a-kind moment. I can’t actually remember now what we ordered to eat (quite weird for somebody as insanely thoughtful as me), but the three of us sure drank mineral water. Some details may always escape my mind. That’s the price one pays when you put much attention to a woman with an overwhelming personality like Anita had to say, someone who lived and survived (nearly) anything, when other personal issues take second place and you prioritize her knowledgeability above all, addressing literally any topic, which she proved to know quite much of.

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Gerard Malanga, Andy Warhol, Edie Sedgwick, Chuck Wein, Anita, and a guest. Warhol’s Factory times.

Readers may wonder why I didn’t ask her about all those facts and stories we read again and again over the years. But what was there to ask? And what would have been the outcome anyway? The answer is, they’re all pretty well-known, then why asking about them again? After all, this was no interview, this wasn’t me the journalist meeting her. No journalistic duties involved this time then, but just an informal and regular conversation. It was lovely and extremely funny  to enjoy Anita’s great sense of humor throughout the two hours or more we’d been there.  I just let it flow. Had it not been so, I would have sure asked her about the days when she was expelled from a German boarding school at 16, or her times at Andy Warhol’s Factory after she arrived to New York. Long before her entry into the world of the Rolling Stones, Anita was already a class A rebel with enough skills (out of her amazing physical beauty, she managed five languages) that she made best use of. That’s one of the reasons why listening to all she had to say was such an amazing experience. And although it was mostly English we talked (in Anita’s case, with a strong Italian accent), she would often come up with a few single words in a different language. She told us how much she loved the hot weather above all, and that she was always running away from the cold. That’s why, she explained, she shared her time in at least four different destinations in the world, mostly in Keith Richards’ house in Ocho Rios, Jamaica, “where the weather was always nice”, or in other places that also belonged to Keith , like the Redlands country house in West Wittering (located in West Sussex, England, yes, which was scene of the famous February 1967 police raid) or the one in Cheyne Walk, right by London’s Chelsea Embankment (where she started living with Keith in 1969), or even her native city of Rome where, as much as I remember, she told me she used to have, or still had a sister living there.

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Anita and Mick Jagger during the shooting of “Performance” (1968)

Clouds of artificial smoke coming out of her electronic cigarette, extremely tanned and with her skin slightly wrinkled, the then 73-year-old Anita still carried the sex appeal that had been a permanent trademark all though her life. And whereas she no longer had that fresh beauty so typical of her when she was younger, her particular way of speaking, coupled with an established femininity, still made her a very attractive woman. And that halo all around her! There’s something rather strange that always happened to me whenever I had the chance to meet somebody I admired, or wished I’d ever meet in person, being it for an interview or, such as in this opportunity, that of a fortuitous encounter, and that’s in a way or another, I always feel that person isn’t actually there in front of me, in spite getting this endless collage of images and intermingled stories that remain away from what is really happening at the very moment you’re talking to them. It mostly felt like it every time I had the chance to meet somebody with a heavy history behind, that I really admired, or meant a lot to me. That’s when I’m not able to separate all that from the true reality, as redundant as that may sound. It’s like one dimension within another, while both get constantly blurred on the fly. For that reason, meeting Anita had little to do with the actual fact of being there with her, instead making me feel I was watching an unlimited short film where the thousands of images of her I saw over the years, being them photographs or footage, came one after another non-stop, taking me to a parallel dimension. Which is a probably the same that could happen to anybody into the lives and times of the Rolling Stones, as it’s undeniable that Anita Pallenberg epitomizes a crucial element in the band’s history. Because, to put it this way, if there’s no certain amount of danger involved, there’s no rock and roll at all. And I’ve always believed Brian and Anita were the first ones to come up with that pinch of danger in the Stones, something which they’d go along with in their formative years and beyond. Brian gave the Stones their original style and attitude, anticipating which would come later, while Anita with her piercing gaze and dangerousbad girl aura was just the icing on the cake, an irresistible dish on the table.

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Brian Jones, Anita and Keith in Tangiers, Morocco, 1967

That’s the main reason why, all through the lunch, I wasn’t essentially able to take my eyes off her, while another shot of a thousand images crossed my mind, and all that now taking place only a few inches from me. All those pictures of she and Keith, Anita seducing Mick while shooting Performance (which led to the very first rift between the Glimmer Twins), Anita “the Great Tyrant” who controls the underground city where Jane Fonda landed in Roger Vadim‘s science fiction film Barbarella, or another of her film roles, in A Degree of Murder, which original movie soundtrack by ex boyfriend Brian Jones remains unreleased to this day. Instead, I chose to look and listen to her, while (once again) that endless number of images kept going through my head with Anita in the leading role, the Stones’ muse par excellence, and no way it could stop. The full blooded “it girl” during much of the ‘60s and ‘70s, who after all this time couldn’t help but give you a crushing smile, that very one an English magazine once referred to as “that witchy smile”, the kind of girl everybody wanted to have.

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On the set of “Barbarella” (1968)

It’s noon and it’s summer and in this restaurant in a fancy hotel in Buenos Aires here’s the woman whose veins have seen vast doses of opiates go by, when being a junkie had to do only with one’s own decisions, and not because of a snobbish pose to satisfy a photographer’s eye. The one who was part of the whole thing behind “Sympathy for the Devil” during a pivotal year, when many people started considering Anita “the sixth Stone”. “Is it true that all those ​​’oohs, ooh, oohs’ in the song was your idea?” I’d rather refrain from asking her. She may not be interested in setting the record straight, or in reviewing other pages of her past, which she makes clear when, after my suggesting she should write her autobiography some day, she honestly replies “I can’t remember anything”. It was a short way of explaining the true story behind her answer, her actual reluctance to do so as, since “all that the publishers want are the stories with some scandal involved” Neither it was needed to discuss her contribution to the Stones’ mystique. It was enough of her to express her unconditional love for the band’s history, of which now wonders about its fans, “Don’t they realize they’re already grown-ups and that they need to have some rest after a show?” Now it’s Anita who’s shooting questions. “Sure”, I said, “but I guess there’s nothing we can do about it” And then she smiles back, followed by another puff from her electronic cigarette. Later on she would refer to the Toronto 1977 days, when she and Richards got arrested at the airport after customs searched their luggage and found out they were carrying drugs. Well, you all know the story. Richards would get his visa back after a while, which allowed him entrance to the USA, while Anita had to wait for many years. “That was the worst time of my life”, she would confess, as we ordered more mineral water. Interestingly, she proposed talking about the current political scene in Argentina at the time, when we tried to explain to her that our previous government had restricted the local population to get any foreign currency for many years, a subject she suddenly changed to express her love for her children and grandchildren. Adam had invited Anita to visit Early Stones, by Michael Cooper, the photo exhibition featuring his father’s works which was currently taking place at Ciudad Cultural Konex that very afternoon once we finished our lunch. With just one last Stones show in Buenos Aires to go, and with no intentions to follow the rest of the Latin American tour (“I’m not following it, after Buenos Aires I’m going back to Jamaica”) we finally left the restaurant and headed for the exhibition, where Adam was honoring his father once again displaying pictures from the Stones’ early years, which Anita had been an essential part of.

Anita y Silvia Cooper, esposda de Adam, en la muestra en el Konex

Another picture of Anita at the Konex, with Silvia Cooper, Adam’s wife (Photo: Adam Cooper)

Before jumping on the elevator that would take us back to the ground floor of the hotel, I considered having a picture with her: “Anita, I hate to say this, but I’d love a picture of the day I met you” “Oh no, sorry, I’m not wearing any make-up”, she reacted, flashing another of her classic smiles. That’s when I realized that, after all, and against any logic, at least this time a thousand words would be worth an image. To my surprise, there came an unexpected bonus. By the time we got to the main entrance of the Four Seasons, amidst some 35-odd degrees, Adam asked us to wait for him outside as there was something else he needed to do, which turned into about 10 minutes of me and Anita all alone sitting on one of the benches right by one of the hotel doors.  Under the blazing sun, she asked me to get her another bottle of water. I was back with the bottle in a matter of seconds to find her taking one of her Camels from her purse, then tasting it like it was her first cigarette that day.

With director Volker Schlondorff during the filming

With director Volker Schlondorff during the filming of “A Degree of Murder” (1967)

I kept asking questions to her, one right after another, until from a cloud of smoke that made her look like in the days of Nellcote, she boldly said:“Are you gonna keep asking me questions all the time?” Oops. “Sorry, I cannot think of any other way to talk to you, Anita”, I honestly acknowledged. Then, a few minutes later, when I took out my pack of Marlboros and offered her one saying “Would you like a cigarette?”,unsuccessfully  trying not to make it sound like a question as much as possible (is there any other grammar way of saying so, after all?), she laughed histerically. “You said your name is Marcelo and that your family came from Italy, so what’s your last name?” Now it was Anita who asked the questions. “Sonaglioni, Marcelo Sonaglioni, and you know what, I never got to find out the story behind my last name and…” She stopped me. “¡Marcelo Sonaglioni!”, she said in a loud voice, like she was introducing me to an audience. “That’s the name of an Italian serpent!”, she assured, while I enjoyed my cigarette with Anita Pallenberg in the thick of more clouds of smoke, the girl whose ex boyfriend Keith Richards once dedicated the song “You Got the Silver”to, definitely as much dazzled as I felt now. With Adam back into scene, it was time to leave for the Konex, but I decided not to join the party this time, as I still had to meet my friend, as previously arranged. Anita grabbed my arm and I walked her up to the car. “Oh, aren’t you coming?”, she said. “Unfortunately I can’t, but I look forward to seeing you again soon. And thanks for an amazing time!” Hugs and kisses were exchanged, before she and Adam left in a taxi on their way to dad Michael’s exhibition.
Just last year, as I was about to travel to England, an interview with Anita had been almost confirmed (where I would have asked her all those questions I had in mind and had to keep to myself the day we had lunch), but then I was informed she broke one of her ribs, so it was postponed for another time, which now won’t ever happen.

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The news first published by the Italian newspaper La Stampa on last June 13 was a bolt from the blue. Even though she had been experiencing several health issues over the last few years, Anita’s body clock finally determined it was time to stop. She died peacefully surrounded by her loved ones in a Chichester hospital, in West Sussex, not far from Redlands. How the world turns, before we got the shocking news I had already arranged to meet up with Adam on Wednesday, just a day after Anita passed away. We didn’t cancel it at all. Adam was already there when I got to the bar. He was really down, and quite sad and shaken. “You know, that was like losing my mother, because Anita was like a substitute mother to me…”, he told me. We realized we didn’t feel like talking anything, but about Anita. “Did you see Keith’s post on Facebook?”, Adam asked. “It reads ‘A most remarkable woman. Always in my heart.’ ”. Keith’s heartfelt post also included a picture of Anita, looking incredibly beautiful, originally shot by his father Michael. Adam was almost in tears. We ended up unwinding ourselves, like in all the wakes, a nice way to remember  the people we love, while I kept reminding him about the many stories we lived the day we had lunch with Anita, when both of us saw her for the last time, something I will thank Adam for forever.

BOB GRUEN INTERVIEW IN BUENOS AIRES: “ROCK’N’ROLL IS THE FREEDOM TO EXPRESS YOURSELF VERY LOUDLY”

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Original version in Spanish published in Revista Madhouse on April 6 2017

“So how’s your hand”? That would be a very unusual question to strike up a conversation, but so far that’s what I first think of after watching Bob Gruen take care of tens of copies of the book given freely to the visitors of “Rock Seen”, his recent exhibition at the Centro Metropolitano de Diseño public institution, in Barracas area, Buenos Aires, all not willing to leave the place till the author signs each of them. “I’m fine!”, he replies smiling, with a look on his face telling me he has spent most of his life doing the same. “Sorry, I need to go to the bathroom. I’ll be right back”, he next admits, more confidently. A few minutes later, he’s asking for a beer at the place’s bar, which arrives at the very moment we’re ready to start the interview. Nearly all through the last 50 years, Gruen managed to become one of the most significant and respected photographers in rock’n’roll history. With such a career on his back, his path is as vast as symbolic, which leads one to accept beforehand time will never be enough to ask him all those questions one may come up with. No time to ask him about his time shooting Dylan during the Rolling Thunder Revue tour in 1975, or about his many stories as star photographer of the 1976 New York City punk rock scene and frequent attendee at Max’s Kansas City, where he took pictures of Blondie, Richard Hell, Robert Gordon and Patti Smith, among many others, not to mention his days with the New York Dolls, whom he did the band’s best photographs. It won’t be possible to ask him about that photo of a pale and fragile David Bowie in conversation with David Johansen, or the one where Salvador Dalí is crowning Alice Cooper, circa 1973. Or those of The Clash in England, or the Ramones wandering the Bowery in 1975, or those of the band at the CBGB.
jones-strumme-simonon-and-topper-headon-bo-diddley-in-cleveland-february-1979Let alone about the four members of Led Zeppelin posing by the Starship, the Boeing 720 the band made use of as their private jet between 1973 and 1975, at the Teterboro airport, New Jersey. Or his experiences along Kiss at the “Dressed to Kill” photo sessions (mostly the album cover, shot by Gruen himself), or taking them for a ride in Japan in 1977. There will no way but refraining oneself of inquiring him about that famous picture of Sid Vicious onstage, all cut-up and bleeding like Christ, during the Pistols’ 1978 US tour, the Elton John-Stevie Wonder handshake one, or any of the ever-wild Keith Moon, stamping a killer kiss on Leslie West’s lips. To throw in the towel when planning to get his days with the Stones at the Madison Square Garden in 1972 (or about “Crossfire Hurricane”, his book on the band), and not to be able question him about which may be his most classic works, when he portrayed Lennon in his sleeveless New York City white T-shirt, or making the peace sign in front of the Statue of Liberty. Additionally I also felt forced to abort the plan of kidnapping him and try to get every drop of information until the rescuers arrived. Which I almost suggested, before changing my mind for good and instead expressing my disappointment of having to  keep all those questions on a future occasion, if happening. “Never mind, there’s a lot of information about me on the internet,” he suggests. He’s right. In any case, every cloud has a silver lining, or so they say, so we then ended up favouring more uncommon subjects. Like the recent death of Chuck Berry and all those great shot Gruen did long ago and far away, or the Rock Scene years (it’s not by chance the name of photo exhibition sounds so much the same), the ‘70s rock magazine he worked for and he’s so proud of. All those stories available, mostly told with pictures, in the fifteen books he has published so far, or in his documentaries. Best case scenario, they will all be part of the project Gruen is currently working on, his own autobiography, which surely will leave no stone unturned for us grateful journalists deprived of not having enough time when interviewing him.

 

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Do you remember the days without cell phones? You just went to a place, any place, and you didn’t need to know what was going around all the time. You know, I never ever had a cell phone….

Well that’s your problem! (laughs) I always wanted one. When I was very little I read Dick Tracy in the comic books. He always had a two-way wrist radio, I always wanted one, and now I have one. My phone has a lot of information. There’s more information in this phone that in the whole Alexandria library.
 
Now that’s a lot of information.
That’s a lot of information!
 

You won’t probably ever forget you were here in Buenos Aires the day it was announced that Chuck Berry died. Because, how long have you’ve been here already, is it a week now?
Right, about a week, since last Friday. 
 
And then Berry died on Saturday. You did some great pictures of him, I guess my favourite shot is the one where’s he’s carrying his guitar onstage, pointing it at the audience, shotgun-style. By the way I think this is s great way to start the interview, with sharing your thoughts about him. 
First of all, I don’t think so much of the day he died, I think about all the days that he lived. I think about the times that I saw him, and the times that I spoke with him. I’m very happy to have met him, to have known him, to have seen him do many shows. Chuck Berry was the first person who bought a photo from me, as a print, and also the first person who asked me to sign a picture. Nobody had ever asked me to sign a picture. Chuck Berry liked my picture and asked if he could buy it, and I said “of course!” I sold it to him. I said “hello, I took this picture” And he said “I know that picture, I tried to call you up” And I said “I know, I was away that week” And he said “come here, come here” And he took me behind some amplifiers, and he took out his wallet, which was thick with hundred dollar bills, now that was some serious money. I was gonna give it to him, but as soon as I saw the hundred dollar bills I said “ok I’ll take the money” And then he said “I want you to autograph this” The first time I’ve ever signed a picture. I didn’t have the concept to sign it on the front. I didn’t want to mess it up. So I wrote on the back “For Chuck Berry, the King of Rock’n’Roll”, and then I signed it. And I remember that moment just like it was yesterday. That was the biggest thrill, the first time I met him. And after that I saw him a number of times over the years. I’ve learnt something that a lot of people don’t see because they’ve only seen him one time, but I saw him more times. People talk about how he didn’t carry a band with him, and that he always played with musicians that were there, only with local musicians. To me, that was Chuck Berry teaching people how to play rock and roll, because he wouldn’t even tell them when going onstage, or what they were gonna do. There was no rehearsal. In the film with Berry and Keith Richards (“Hail! Hail! Rock ‘n’ Roll”), Keith wants to rehearse and rehearse, and make sure it’s perfect. And in the middle of the show Chuck wants to change the key, and just make it spontaneous. Chuck Berry was about being spontaneous. It wasn’t about being in tune, it wasn’t about hitting the right note, it was about playing rock’n’roll.
 
Screwing up onstage was very common in him.

Yeah, because rock’n’roll is all about freedom, rock’n’roll is the freedom to express yourself very loudly. And Chuck Berry was very good at that. There’s a famous scene in that film. Bruce Springsteen waited and waited and Chuck’s not there until two minutes before they go onstage, and Chuck comes. And Bruce asks “what are we gonna play?” and Chuck says “we’re gonna play some Chuck Berry songs” And they get onstage, and you have to learn as he’s doing it. I saw him playing many many times, and sometimes it was after the first song, the third song, or the fifth song. He started it at the encore, but when he felt that the band was outstanding him, and if the band was playing rock’n’roll, he would turn around to the audience and he’d say “ladies and gentlemen, now we’d like to start a show” And he wouldn’t say that until he felt he had the band and his music together. And the band didn’t know if that was gonna work out. I saw him once at the Madison Square Garden, and he had the local musicians playing, and in the first song, he didn’t say anything. He just walked over the guitar player’s amplifier, he took the plug, and then he handed it to the guitar player, and then he just turned back around and started playing, and that guy was off the stage with biggest saddest look I’ve ever seen! (laughs) But he was teaching people how to play rock’n’roll, and he did it in front of an audience, so they can learn it too. And that’s the way I saw it.

 

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Was that the first time you met him?
Yeah, that was the first time I talked to him. And then I saw him several other times. There was a time about a year or two later he was in New York recording with Elephant’s Memory. It was very unusual he used a band instead of separate musicians. And the guitar player of Elephant’s Memory played some leads on the album. Having said that, that record never came out! (laughs) So they asked me to come to take some photos of them together with Chuck, but it was a rainy day, and Chuck’s hair was straightened, and on a rainy day straightened hair is not so good. So the band said “Chuck, can we take a picture?” And he said “no, no pictures today” And the band said “but this is Bob, he’s our friend, he was gonna do a picture for us” And Chuck said “I know Bob, he’s my friend, and he’s not taking any pictures today” And I almost fell over, oh my God, Chuck Berry just said I’m his friend! But I’ve got a lot of good pictures of Chuck. The band wanted that one, but I didn’t do it.
 
bg-chuck-berry-cb001bgAnd once again, he died when you were here.
Well, like I said, I don’t always think about the death day, I prefer to think about the life. You know, many people celebrate John Lennon on December 8, the day he died. I prefer to celebrate him on October 9, the day he was born.
 
You said that you were first a fan, and then became a photographer.
Well I was always a photographer, since I was very little.
 
But was it done on purpose? I mean, I’ve probably become a journalist, consciously or not, in order to get closer to the people I really admired.
Well, after high school, I dropped out basically, my parents wanted me to get a job. They were lawyers and they felt that I should wear a suit and a tie and have an office. But I really didn’t like the office. I couldn’t really do the 9 to 5 job because I couldn’t do the 9 o’clock boy. I didn’t want to have any job. I didn’t choose the career of rock’n’roll, I chose the career to turn on, tune in and drop out. That was my career choice. And when I dropped out I lived with a rock’n’roll band, because I wanted to have fun. It was my hobby, I took pictures of my friends all the time, and I was taking pictures of my friends in the band, and when they got a record contract the record company asked for my pictures, and they liked them, so they hired me to start taking pictures of other bands, and more and more I was taking pictures of bands because people were calling me and saying “we’ll pay you to do this” and I said “ok, give me money” Not a lot of money! (laughs) But I did get paid to do it and that’s what I did for the rest of my life.
 
bg-elephant-john-yoko-phil-spectorSo it was about having fun from the get-go, and not to get paid.
Yeah. When I started there was no term, they didn’t have the word “rock photography” There were photographers in rock’n’roll, but they didn’t connect with it as a job.
 
Well I would actually consider you more of a “photojournalist”, as your pictures tell stories too.
And that’s why I liked the magazine “Rock Scene”, because with it we didn’t just want to put one or two pictures and pages of words. “Rock Scene” was all photos. So I could do two or three pages of The Clash on tour, or two pages of, or all kinds of things, say, “Suicide goes to the racetrack”, with all kinds of stories about the bands. 
 
rock-sceneAnd all those parties where you could always see Alice Cooper there…
Right, so we would tell a whole story, two pages about the party and the people that came, and what they were doing. It was more about the whole rock’n’roll lifestyle.
 
Somebody should put up the contents of “Rock Scene” online…
Yes they did! The entire magazine. “Rock Scene” went from 1972 to 1982. It only came out 3 or 4 times a year, so in 10 years there’s only 42 issues. But maybe 10 years ago or something somebody bought the extra copies from the publisher, and they scanned the entire thing and put them online. So if you go to http://www.rockscenester.com/ every single page is available online. The covers, the advertisements, it’s all online.
 
Bear in mind that for us people in Argentina, and so for many other countries, the only way to get them was by asking somebody who was traveling to the US to get them for us, and they weren’t for sale here either, or showed not very often.
Yeah. Well many people had to try very hard to get them, but it seems they did, because it was very influential. We never made any money, not necessarily we got paid for making it. It was just for fun. If you look at it, there’s very little advertising. Which made it easier to read about rock’n’roll, as it was all about bands and musicians, but because we were showing so many new musicians and pictures at parties and other things, we weren’t promoting their albums that the record companies did, so the record companies didn’t buy any pictures from us. Very little advertising, we never got paid, buy we always had fun. That’s what it was all about. It was about having fun.
 
Maybe it was the best rock “cult” magazine in the US at the time.
Well it was a good one, it was the best fanzine. In fact John Taylor of Duran Duran told me he had to take a bus from his house to the train station to the next town to a train to Manchester to buy a copy. Every three months he would go to find it, as there was only one magazine store that he knew it would have it. Sometimes it didn’t come out yet, and he had to go home and come back next week and try to get it (laughs)
 
rock-scene-sabbathIt was also a very light magazine, not many pages…
Yes, very cheaply made. Very cheap. But it had a lot of information, and it was he only place where they had that kind of information about the rock’n’roll lifestyle. There weren’t many rock’n’roll magazines in the ‘70s, it was all more Rolling Stone, Creem magazine, East Coast Rocker…Most of those would have, you know, a lot of stories and writers, they’d be writing a big story about an album or a concert, whereas Rock Scene was all pictures. It was the only place you could actually see people having a party. We took the parties and the lifestyle much more seriously than the records. We didn’t take anything seriously. One thing people liked about Rock Scene is that we made fun of everything. It’s rock’n’roll, it’s not supposed to be serious.
 
Creem was also a lot like that.
Creem was also very funny. When I went to England in ’76 and I met some of the punk rockers there, they had respect for me because they knew I worked in Rock Scene magazine and Creem. If I had said I worked for Rolling Stone or the New York Times, they wouldn’t have talked. But because I worked for Creem and Rock Scene and I had a sense of humor, then they’d talk to me.
 
rock-scene-ramonesHow do you place yourself in the story of rock’n’roll, since you were part of it. How do you think of yourself in perspective?
Well, I usually don’t (laughs) I try not to think of myself too often. But I think of myself in terms of an historian, or somebody who did record the culture of our time. Luckily I lived long enough to be able to share that, and I still do, I go around the world talking about it, and sharing it. It’s not just rock’n’roll, I think rock’n’roll expresses the culture of our time. And as I said before, for me rock’n’roll is all about freedom, the freedom to express yourself very loudly. So I think that my work is more about freedom than a pop star portrait. It’s not just because that person is famous and I took a picture with the right kind of lighting. My pictures have tried to capture the passion, and the feeling, because the feeling is freedom. So the theme for my work, and the way I see myself, is as someone who’s inspiring people to be free, and to express themselves. ‘Cause certainly I don’t want them to be like me. You can’t be like someone else, because everyone else is already taken. You have to be yourself.
 
What do you think of today’s young photographers?
I don’t think about them too often (laughs) Well, I don’t really know too many of the young photographers. I’ve seen many very good pictures. People have really learnt how to express rock’n’roll, they’d seen a lot of history, and I’ve seen some people who took excellent pictures, I don’t remember their names all the time, but there’s one guy who is close to my age, maybe a little younger, called David Godlis, he’s one of my favourite photographers. Like I am, he’s a big fan of Robert Frank, and I think that David captured the very natural feeling, and he mostly covered the history of the CBGB’s, and he made a book that’s very popular. And he’s a very nice guy. Unfortunately he looks like me, so sometimes people say “are you Bob Gruen?”
 
bg-dylanYou were living in Greenwich Village in the mid-‘60s and you got to shoot Bob Dylan at the Newport Folk Festival in 1965, which was quite a start.
It was my first photo pass, and the first time I was in front of a stage taking pictures. I didn’t know any journalists, I didn’t know anybody in a magazine. I didn’t know any place to sell my photos. I got the photo pass because I didn’t have the money to buy the ticket. And a friend of my mother wrote me a letter that said I represented this photo publicity agency, which was not true. And I went to the box office and I’ve shown them the letter and they said “that’s not true, go away”, and I said “no, I must get the picture”, and I wouldn’t leave. So they finally gave me the ticket, a photo pass. But I wasn’t really working until when my friends in the band got a record deal in 1969. That’s when I started to meet people, in the record company.
 
But before that you had friends in the so-called “folk scene” in New York, which was quite popular at the time.
Well I had some friends that were more folk rock than psychedelic rock, some friends who were making folk music. I wasn’t involved in the scene, I didn’t really know anybody in the music business until around 1969. Actually my first contact with the music business was working in a record store, like many people that started their careers in record stores. Because that’s where you learnt about all the records and all the musicians. They used to have copies of the Billboard and Record World magazines, and you got to start reading about the business of rock’n’roll. But I didn’t get any contacts to take any photos from working there, I was just starting to learn. So once again my first contact with a record company was because of my friends’ band, and that was 4 years after I was at Newport. And then in 1970 I met Ike and Tina Turner, that was the first popular or famous band that I’ve ever met.
 
The Ike and Tina Turner Revue, right?
Exactly. That’s when I took this picture here, the one with the multiple images. That’s one exposure, that’s not Photoshop. That’s what Tina Turner does in one second. It was a great moment that I captured.
 
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So it didn’t come out like that on purpose?

I was hoping to get something like that but I didn’t know what would happen, because she was just dancing in the flashing light, and I took four pictures. Three of them are terrible, but this one is perfect.
 
At the same time you shot lots of footage from that tour with your former wife, Nadya. Live footage, rehearsals, home footage, which then showed up as “Ike & Tina: On the Road 1971-72”
Yes, that’s a great video, and we got an award for the Best Blues Video. All kinds of footage, including Tina cooking dinner for the kids.
 
Is it all black and white?
All black and white, but also with a few bits of colour film. They wanted me to use colour, so they actually rented me a colour camera. Buy we never finished that, all that we had left was the proof of the colour film, they never paid for the lab or whatever. Anyway, over the years the original got lost, but we had one copy and it had no sound. But I had recorded the sound separately, but it wasn’t connected. And then when we were making the video, the editor did an amazing job of finding certain parts of the colour film to go with the soundtrack, and in fact the film opens in colour with Tina in the back of a car teasing Ike, and he was going “oh honey, honey…”, like Ike was the one in trouble (laughs)
 
How was working with Ike Turner?
I had a great time with him. For me, he was very giving and very supportive of artists, he was generous to many artists. I stayed friends with him over the years, and I went to his funeral when he passed away a few years ago. There were over a thousand people at his funeral, because almost all the people there were people that Ike had helped, that Ike had given something to. And Ike would give you whatever you needed. If you needed a job, he would give you a job. If you needed a car, he’d give you car. You needed a house, he gave you a house. Ike was a very generous person. But that doesn’t excuse him of what he did in his personal relationship. And I think that the movie is a very important one, because it brought up the topic and showed very clearly what happens in domestic violence. I think that the world needed that kind of film, and it has opened up the doors for a lot of people that suffer from that. I don’t necessarily think that Ike Turner needed to be the poster boy for that topic, other people like Rick James went to jail for beating somebody up. A lot of people were much worse than Ike was, but I think the story is very important. It could be subtitled “what happens to a very good man that takes too much cocaine and goes crazy”
 
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Too bad time won’t be enough to ask you all these questions. The problem is, you have a long career, and you’ve worked with all these great artists…

I have long answers too! (laughs) Well there’s a lot of information on the internet. And not everything they say is true, by the way. There’s a picture of Amy Winehouse with my name, but I’ve never met her, I didn’t take that picture. And there’s a picture of Mick Jagger and John Lennon where they’re wearing tuxedos. Somebody put my name on it, but I didn’t take it either.
 
However it was you who did those pictures of Mick, John and Yoko Ono when they were working on Yoko’s “Approximately Infinite Universe”

Yes, I was in the studio with them. I guess there’s also a picture of Debbie Harry on the beach, and that’s not my photo. So don’t believe everything you read.

 

I won’t, I’m not a believer. I keep myself agnostic.
Ever!
 
So, let’s put it this way. At gunpoint, who would be those artists you’d ever be there for, and who would be the ones you’d never pick up the phone for?
I’ll always be there for Yoko Ono, or Tina Turner. Always. Tina’s retired, but I just saw Yoko three weeks ago. I’d drop anything any time to be with Yoko. She’s the most brilliant person I know, and one of the most generous and talented and creative people I know. If people wanna know about Yoko Ono, just listen to what John Lennon says, and don’t listen to what people in the Press say, who don’t understand her or never met her. Everybody I know who met Yoko Ono, they all say she’s amazing. Only a few people from the Press have bad things to say.
 
And then who would you say ‘no’ to?
There’s one or two people I’ve worked with that I’d never work with again, but because I hate them, I wouldn’t say their names and give them publicity. Only two people. They’re musicians, but they were assholes.
 
I read many times that “Bob Gruen did it all” I won’t buy that. Maybe there’s still somebody around that you’d like to work with.
bg-1974-japon-yokoOh yeah I still go see people. I’ve known Green Day for 19 years now and next year, when they make 20 years, I expect to make a book of my pictures of them, but I go to see them because I enjoy them. For me, that’s a night of fun. There’s also a band called the Strypes, from Ireland.
 
Sure, I know them. Very young guys and very ‘60s styled.
Very ‘60s styled, very rock and R&B, very real rock’n’roll, and very nice young kids. I like them a lot.
 
What are they about now? I just remember their first album.
The record company in America didn’t like their second album, so they have a second album in England. It wasn’t released in America. So now they have a third album, and I hope the record company in America doesn’t screw them up. They’ve got a lot ahead of. They’re very talented, I’m sure they’ll be ok.
 
So what are your next steps now?
I’m working on a biography. I’ve been telling stories all my life, but it’s very hard to take the stories that you say and turn them into writing. So I’ve been having trouble trying to get the sound of the reading, the sound of my talking. But I plan to have an autobiography.
 
20170322_144512Have you ever kept a diary?
If I had kept a diary, I’d have two biographies away! (laughs) Because there are a lot of stories in a lot of places. I wish I’d kept a diary but, no, it’s all on my mind. My mind is clear, I’m still ok.
 
Plus you have the photographs to back them up.
Oh yeah, whenever I see a picture, I remember being there, I remember what happened, usually. Sometimes my assistants pull out a picture and I go “I took that?”
 
Is there much left that never saw the light? What about the leftovers, what do photographers do with them?
I have huge files. Photographers put them in a file, until you find them again and you can use them for something else. I’ll have more books. You know, I have 15 books now, but I’ll be doing more.
 

CON BOB GRUEN EN BUENOS AIRES: “EL ROCK’N’ROLL ES LA LIBERTAD DE EXPRESARTE CONTUNDENTEMENTE”

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Publicado en Revista Madhouse el 6 de abril de 2017

“¿Cómo está tu muñeca?”… Vaya pregunta inusual para iniciar una conversación, pero es lo primero que me nace transmitirle a Bob Gruen tras haberlo visto firmar decenas de copias del libro que gratuitamente recibían los asistentes a “Rock Seen”, su reciente muestra de fotografías exhibidas durante 2 semanas en la institución pública Centro Metropolitano de Diseño, allí en Barracas, y que no pensaban en irse hasta que el protagonista les estampe una dedicatoria. “¡Bien!”, me contesta sonriendo, mientras trata de decirme con la mirada que se pasó buena parte de su la vida haciendo lo mismo. “Perdón, tengo que ir al baño. Ya vuelvo”, me susurra al instante, más confianzudamente. Minutos después, Bob Gruen se pide un porrón de cerveza en el bar del lugar, que llega a la mesa en el preciso instante del comienzo de la entrevista.

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Magia en blanco y negro: The Clash y Bo Diddley inmortalizados por Gruen en Cleveland, Ohio, en febrero de 1979

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Debbie Harry junto a un televisor y con Debbie Harry de fondo en Nueva York, allá por 1977

A través de prácticamente los últimos 50 años, Bob Gruen se ha consagrado como uno de los fotógrafos de rock más significativos y respetados de la historia del rock’n’roll. Con semejante carrera a cuestas, su trayectoria es tan extensa como simbólica, por lo cual uno se ve obligado a asumir de antemano que jamás habrá espacio suficiente para hacerle todas esas preguntas que uno desearía formularle. Es por eso que no habrá tiempo para preguntarle sobre sus anécdotas con Bob Dylan cuando lo retrató durante la gira de la Rolling Thunder Revue de 1975, o sobre sus mil y una historias como fotógrafo estrella de la escena delpunk neoyorquino del ’76 y habitué casi permanente del Max’s Kansas City, donde registró a Blondie, Richard Hell, Robert Gordon y Patti Smith, entre tantos, o más precisamente de sus días junto a los New York Dolls, de quienes hizo las fotos más históricas de la carrera del grupo. Tampoco será posible indagarlo sobre aquella imagen de Bowie en estado de consumición absoluta casi vampírica dialogando con David Johansen, ni tampoco por la Salvador Dalí coronando a Alice Cooper en la New York de 1973. Ni las de los Clash en Inglaterra, ni las de los Ramones en el Bowery en 1975, o en el CBGB. Menos aún sobre la postal de los cuatro Led Zeppelin en el aeropuerto de Teterboro, New Jersey, posando junto a una de las turbinas del Starship, el Boeing 720 que la banda usó como avión privado entre el ’73 y el ‘75. O sus aventuras junto a Kiss durante la sesión de fotos para la legendaria revista Creem, mejor representadas por la tapa del mismísimo “Dressed To Kill” (también crédito de Gruen), o sobre cuando los sacó de paseo por Japón en 1977. No habrá más remedio que abstenerse de interrogarlo sobre la foto de Sid Vicious sangrando cual Cristo tras tajearse el pecho el pecho durante la gira americana de 1978 de los Sex Pistols, la de Elton John dándole un apretón de manos a Stevie Wonder, o las tomas de un Keith Moon, cuándo no, desenfrenado, partiéndole los labios a Leslie West con un beso asesino.

bob-Gruen-John-Lennon-NYC-1974-behind-the-scenesO sucumbir ante el deseo irrefrenable de que relate sus peripecias junto a los Stones en el Madison Square Garden en 1972 (o de “Crossfire Hurricane”, su libro de imágenes del grupo), y ni siquiera interpelarlo sobre las que quizás sean sus obras más recordadas, cuando plasmó a Lennon y su remera blanca sin mangas con el logo de New York City, o haciendo el signo de la paz frente a la Estatua de la Libertad. Y mucho menos para desafiar la situación, secuestrarlo y sacarle hasta la última gota de información hasta que lleguen los rescatistas… Idea que casi le sugiero, antes de cambiar de idea y manifestarle mi decepción al tener que guardar todas esas preguntas para una posible ocasión futura. “No te preocupes, hay mucha información sobre mí en internet”, me dice. Tiene razón. Como fuera, finalmente no hubo mal que por bien no viniese, y así el destino terminó favoreciendo temas menos frecuentes de su holgadísima carrera como retratista oficial de la realeza del rock. Como la reciente muerte de Chuck Berry, de quien Gruen produjo grandes tomas para la posteridad, o de los años de Rock Scene (cualquier asociación con el nombre de la muestra no es pura casualidad), la revista de rock de los 70 donde dejó grabados varios de sus trabajos más característicos, y de la que guarda sus mejores recuerdos. Crónicas que aparecen retratadas en los quince libros que lleva publicados hasta el momento, o en sus documentales. Y que en el mejor de los casos formarán parte del proyecto en el que -en exclusiva- adelantó se encuentra trabajando actualmente, el de su propia autobiografía, que seguramente no dejará ningún acontecimiento afuera, para regocijo de los periodistas a los que la tiranía del tiempo a la hora de entrevistarlo acaba siendo un inconveniente.

¿Recordás aquellos días en que no existían los teléfonos celulares? La gente iba a un lugar, a cualquier lugar, y no precisaba saber lo que estaba pasando todo el tiempo. Yo nunca tuve celular…
Bueno, ¡es tu problema! (Risas) Siempre quise tener uno. Cuando era muy chico leía a Dick Tracy en las revistas de historietas. Dick siempre usaba un transmisor en la muñeca. Siempre quise uno, y ahora lo tengo. Mi teléfono tiene mucha información. Hay más información en este teléfono que en toda la biblioteca de Alejandría.

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El autor de esta nota observa fijamente al entrevistado, asombrado por la coincidencia capilar entre ambos. ¿Habrá algún parentesco? (Foto: Frank Blumetti)

¡Eso es un montón de información!
¡Es un montón de información, sí!

BERRY BERRY, BAILÁ CONMIGO
Seguramente nunca olvidarás que estabas en Buenos Aires el día que se anunció la muerte de Chuck Berry. ¿Cuánto tiempo llevás aquí, una semana?
Algo así, desde el viernes pasado.

Y Berry falleció al día siguiente, el sábado. Hiciste grandes fotos de él. Creo que mi favorita es esa en vivo en la que apunta su guitarra hacía el público, como si fuera una escopeta. Ya que estamos, me parece una buena forma de comenzar la entrevista, con tu opinión sobre Chuck Berry.
Ante todo, no pienso tanto sobre el día en que murió. Pienso sobre los días en que vivió. Pienso en los momentos en que lo vi y los que hablé con él. Estoy muy feliz de haberlo conocido, haberlo visto en tantos shows. Chuck Berry fue la primera persona que compró una copia de una foto mía, y también la primera que me pidió que firmara una. Nadie antes me había pedido que firme una foto. A Berry le gusto mi foto de él y preguntó si podía comprarla, y le dije “¡por supuesto!” Se la vendí. Le dije “hola, yo tomé esta foto”. Y él dijo “conozco esa foto, intenté llamarte”; “lo sé, esa semana me encontraba lejos”, respondí, y entonces me dice “vení, vení aquí”. Y me llevó detrás de unos amplificadores y sacó su billetera, que era gorda, llena de billetes de cien dólares. Eso era realmente mucho dinero. Iba a dársela, pero ni bien vi los billetes de cien dólares le dije “OK, acepto el dinero”. Y después él me dijo “Quiero que la autografíes”. Era la primera vez que firmaba una foto, no tenía el concepto de firmarla sobre la foto misma, no quería arruinarla. Así que escribí en el reverso “Para Chuck Berry, el Rey del Rock’n’Roll”, y luego puse mi firma. Recuerdo ese momento como si fuera ayer. Ese fue el momento más emocionante de todos, la primera vez que estuve con él. Y después de aquella vez lo vi en varias oportunidades a través de los años. Aprendí algo que mucha gente no ve, porque lo vieron una sola vez, y yo lo vi muchas. La gente habla sobre el hecho que él nunca tenía banda propia, y que solamente tocaba con músicos locales en cada uno de los shows. Para mí, eso era Chuck Berry enseñándole a la gente cómo tocar rock’n’roll, porque ni siquiera les decía cuándo era que llegaba el momento de salir a escena, o qué es lo que iban a tocar. No había ensayos. En la película de Berry donde está Keith Richards (N.: “Hail! Hail! Rock ‘n’ Roll”), Keith quiere ensayar y ensayar y asegurarse de que va a salir todo perfecto. Y en el medio del show Chuck quiere cambiar de nota, y hacerlo de forma espontánea… Ser Chuck Berry se trataba de ser espontáneo. No se trataba de estar afinado, o de usar las notas exactas. Se trataba de tocar rock’n’roll.

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Chuck by Bob: un maestro visto por el ojo de otro maestro.

Bueno, pifiarla en vivo era algo muy común y tradicional en él.
Sí, porque el rock’n’roll se trata de libertad, el rock’n’roll es la libertad de expresarte contundentemente. Y Berry era muy bueno haciendo eso. Hay una escena muy famosa en la película en la que Bruce Springsteen esperaba y esperaba, y Chuck no aparecía, hasta que lo hizo dos minutos antes de salir a escena. Y Bruce le pregunta “¿qué vamos a tocar?”, y Chuck le contesta “vamos a tocar algunas canciones de Chuck Berry”. Y se suben al escenario, y los músicos tenían que aprender mientras lo hacían. Lo vi tocar muchísimas veces, y había algo que podía pasar después de la primera canción, la tercera, o la quinta. O durante los bises. Cuando él sentía que la banda estaba sobresaliendo por encima suyo, y si la banda estaba tocando rock’n’roll, le decía a la audiencia “Damas y caballeros, ahora nos gustaría empezar con el show”. No lo decía hasta que sentía que la banda estaba en consonancia con su música. Y la banda desconocía si eso iba a funcionar. Una vez lo vi en el Madison Square Garden tocando con músicos locales, y en la primera canción no dijo nada. Se acercó al amplificador del guitarrista, desenchufó el cable, se lo dio al guitarrista, se dio vuelta y se puso a tocar. ¡Y el tipo tuvo que irse del escenario con la imagen más triste que jamás haya visto! (Risas) Pero Berry le estaba enseñando a la gente cómo tocar rock’n’roll, y lo hizo frente al público, para que ellos también aprendan. Y así es como lo vi.

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Los Elephant’s Memory junto a John Lennon, Yoko Ono y el inefable Phil Spector

¿Lo conociste aquel día del autógrafo?
Sí, esa fue la primera vez que hablé con él. Y luego lo vi muchas otras veces. Hubo una ocasión, 1 año o 2 después de eso, en la que él estaba en New York grabando con Elephant’s Memory. Era muy raro que él use una banda en lugar de músicos individuales. El guitarrista de Elephant’s Memory grabó algunos solos para ese disco. ¡Por lo que el disco nunca fue editado! (Risas) Ese día el grupo me había pedido que vaya allí para hacerles unas fotos con Chuck. Pero era un día de lluvia, y Berry tenía el cabello alisado, y en los días de lluvia el pelo alisado no se ve muy bien. Entonces la banda preguntó “Chuck, ¿podemos hacer una foto?”. Y Berry contestó “no, nada de fotos hoy”. Y la banda: “Pero este es Bob, es amigo nuestro, iba a hacer una foto para nosotros”. Y Chuck: “Conozco a Bob, es mi amigo, y no va a sacar ninguna foto hoy”… Y yo casi me caigo al piso, Dios mío, ¡Chuck Berry acaba de decir que soy amigo suyo! (Risas) Pero tengo un montón de fotos buenas de Chuck. La banda quería esas fotos, pero no las pude hacer.

Insisto con lo de que justo murió durante tu estadía en Buenos Aires, algo que difícilmente vayas a olvidar.
Bueno, como dije antes, no siempre pienso en el día de la muerte de alguien. Prefiero pensar sobre su vida. Viste cómo es, mucha gente celebra a John Lennon el 8 de diciembre, la fecha en que murió. Yo prefiero hacerlo el 9 de octubre, el día en que nació.

PASANDO REVISTA
Alguna vez declaraste que comenzaste como fan de la música, y luego te volviste fotógrafo.
Bueno, siempre fui fotógrafo, desde que era muy chico.

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La tapa de Rock Scene de junio de 1978: Patti Smith aparece junto a los Pistols, Blondie, los Heartbreakers y… John Travolta, la sensación del momento.

¿Acaso lo hiciste a propósito? Quiero decir, probablemente yo me hice periodista, conscientemente o no, para poder estar más cerca de la gente que admiraba…
Bueno, después de la secundaria, la que básicamente abandoné, mis padres querían que me consiga un empleo. Eran abogados y sentían que yo debía usar saco y corbata y tener una oficina. Pero realmente no me gustaba lo de la oficina. No podía hacer eso de trabajar de 9 a 5, porque yo no era precisamente el tipo que se levantaba a las 9 en punto. No quería ningún empleo. No elegí la carrera del rock’n’roll, elegí una carrera que me permitiera conectar, sintonizar y abandonar. Esa fue la carrera que elegí. Y cuando abandoné el colegio me fui a vivir con una banda de rock’n’roll, porque quería divertirme. Era my hobby, sacaba fotos de mis amigos todo el tiempo, y también estaba sacando fotos de los de la banda. Y cuando consiguieron contrato de grabación, la compañía discográfica pidió mis fotos, y les gustaron, por lo que me contrataron para hacer fotos de otras bandas, y seguí sacando fotos de más y más grupos, porque me llamaban y me decían “te vamos a pagar por eso”, y yo les decía “ok, dénme dinero”, ¡Pero no era mucho dinero! (Risas) Pero me pagaban por hacerlo, y es lo que hice durante el resto de mi vida.

Entonces básicamente se trató de divertirse desde el vamos, no de que te paguen.
Sí. Cuando comencé no había tal término, no existía la palabra “fotografía de rock”. Había fotógrafos en el rock’n’roll, pero no se conectaban con eso del trabajo.

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Típica cobertura de la Rock Scene: fiestacha en Nueva York junto a los Black Sabbath, expertos en desmadres. Bob es el de bigotes, junto a Patti Smith.

Bueno, en verdad te consideraría más un “fotoperiodista”, ya que tus fotos también cuentan historias.
Tal cual. Y es por ese motivo que me gustaba la revista Rock Scene, porque en ella no publicábamos simplemente una o dos fotos, y el resto eran páginas de textos. Rock Scene era todo fotos. Entonces podía hacer dos o tres páginas de The Clash en gira, o dos páginas de… en fin, de lo que sea, digamos, “Suicide va a las carreras”, con toda clase de historias sobre la banda.

Y también publicaban fotos de toda esas fiestas de los músicos de rock. Recuerdo que no había fiesta en la que no apareciera Alice Cooper…
Así es, entonces contábamos una historia completa, dos páginas sobre la fiesta y la gente que había asistido, y lo que estuvieron haciendo. Era más sobre el estilo de vida del rock’n’roll.

Alguien debería ocuparse de subir online todo lo que apareció en Rock Scene…
¡Lo hicieron! La revista entera. Rock Scene se editó entre 1972 y 1982. Se editaba solamente 3 o 4 veces al año, así que fueron 42 números en diez años. Creo que tal vez algo así como hace una década alguien le compró al editor las copias que quedaban, y después escanearon todo y lo pusieron online. Si vas a http://www.rockscenester.com/, ahí están todas las páginas de la revista disponibles. Las portadas, los avisos… Está todo online.

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1975: la Rock Scene cubre hasta un menesteroso (aunque pintoresco) viaje en subte de los Ramones camino al CBGB, llevando la Mosrite en una bolsa de compra.

Tené en cuenta que en aquellos años para nosotros en Argentina, y lo mismo para otros países, la única manera de conseguirlas era pidiéndoselas a alguien que viajara a EE.UU., ya que rara vez se la veía por aquí.
Bueno, era mucha la gente que tenía que esforzarse para conseguirlas, pero pareciera ser que finalmente lo lograban, ya que fue muy influyente. Nunca ganamos dinero con ella, no necesariamente nos pagaban para hacerla. Era sólo para divertirnos. Si la mirás, vas a ver que tenía muy poca publicidad. Lo que hacía más fácil leer sobre rock’n’roll, ya que era toda sobre grupos y músicos. Pero al mostrar tantos músicos nuevos y fotos en fiestas, y demás cosas, no estábamos promocionando los álbumes que editaban las discográficas, y entonces las compañías no nos compraban fotos. Muy poca publicidad, nunca nos pagaban, pero siempre nos divertíamos. Se trataba solamente de eso. De divertirse.

Tal vez Rock Scene sea la mejor revista de rock “de culto” de los EE. UU. en toda la historia.
Bueno, era buena, era el mejor de los fanzines. De hecho, John Taylor de Duran Duran me dijo que él tenía que tomar un bus desde su casa hasta la estación de trenes para ir hasta el próximo pueblo, y después otro tren hasta Manchester para conseguirla. La iba a buscar cada tres meses, ya que había una sola tienda de revistas en la que él sabía que podía conseguirla. Y a veces todavía no se había editado, entonces tenía que volver a su casa y volver a intentarlo la semana siguiente… (Risas)

De hecho era una revista liviana, con pocas páginas.
Sí, hecha de forma muy barata. Muy. Pero tenía montones de información, y era el único lugar donde había ese tipo de información sobre el estilo de vida del rock’n’roll. No había muchas revistas de rock’n’roll en los 70 en EE.UU., era todo más que nada Rolling Stone, la revista Creem, East Coast Rocker… Muchas de ellas tenían muchísimas historias y escritores, escribían historias sobre un álbum o un concierto, mientras que en Rock Scene eran todas fotografías. Era el único lugar donde realmente podías ver a alguien en una fiesta. Tomábamos a las fiestas y el estilo de vida mucho más seriamente que los discos. No nos tomábamos nada en serio. La cosa por la que la gente gustaba de Rock Scene era porque nos divertíamos con todo. Se trata de rock’n’roll. No se supone que tenga que ser serio.

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“¿Y al llegar a Diagonal Norte hacemos combinación con la A, Johnny? ¿Eh, Johnny? ¿Eh?”, pregunta un insistente Dee Dee. Johnny finge no conocerlo.

La revista Creem también era bastante así.
Creem también era muy entretenida. Cuando fui a Inglaterra en 1976 y conocí a algunos de los punk rockers de allí, tenían respeto por mí porque sabían que yo trabajaba en Rock Scene y en Creem. Si les hubiera dicho que trabajaba para Rolling Stone o el New York Times, no me hubieran hablado. Pero como trabajaba para Creem y Rock Scene, y por ende tenía sentido del humor, me hablaban.

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A mediados de los 60 vivías en el Greenwich Village y tuviste la posibilidad de fotografiar a Bob Dylan en el festival de Newport de 1965, lo que fue todo un comienzo…
Fue mi primer pase como fotógrafo, y la primera vez que estuve frente a un escenario haciendo fotos. No conocía a ningún periodista, ni a nadie en ninguna revista, ni ningún lugar al que pudiera venderle mis fotos. Conseguí el pase de fotógrafo porque no tenía dinero para comprar la entrada. Y un amigo de mi madre escribió una carta para mí donde decía que yo representaba a una agencia publicitaria, lo cual no era verdad. Y fui a la ventanilla de entradas y les mostré la carta, y me dijeron “no es real, andate”. Pero yo no me iba. Así que finalmente me dieron la entrada, que fue el pase como fotógrafo. Pero realmente no empecé a trabajar hasta que mis amigos tenían la banda en 1969. Fue cuando comencé a conocer gente, en la compañía discográfica.

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Bob by Bob: Dylan en Atlanta, 1974

Pero antes de eso ya tenías amigos en la llamada “escena del folk” de New York, que para entonces era bastante popular.
Bueno, tenía amigos que eran más “folk rock” que “rock psicodélico”, amigos que estaban hacienda música folk. Yo no participaba de la escena, no conocí a nadie del negocio de la música hasta 1969. En realidad, mi primer contacto con la industria musical fue el haber trabajado en una disquería, al igual que mucha otra gente que comenzó sus carreras allí. Porque era ahí donde aprendías sobre los discos y los músicos. Solían tener copias de las revistas Billboard y Record World, y uno podía leer sobre el negocio del rock’n’roll. Pero no obtuve mis contactos al trabajar ahí, solo empezaba a aprender. Así que, nuevamente, mi primer contacto con una discográfica fue a través de la banda de mis amigos, y eso sucedió 4 años después de lo de Newport. Y luego, en 1970, conocí a Ike y Tina Turner. Esa fue la primera banda popular, o famosa, que alguna vez conocí.

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Tina by Bob: una imagen que vale por mil palabras

¿Esa fue en la época de la Ike and Tina Turner Revue, no?
Exactamente. Ahí fue donde tomé esta foto (señala la foto de Tina Turner en su libro), la de las imágenes múltiples. Esa es una sola toma, no tiene Photoshop. Eso es lo que Tina Turner hace en un segundo. Capturé un gran momento.

¿Entonces no fue que la tomaste así, intencionalmente?
Esperaba que resulte algo similar pero no sabía lo que iba a ocurrir, porque ella estaba bailando debajo de las luces intermitentes, y saqué cuatro fotos. Tres de ellas son terribles, pero esta es perfecta.

También filmaste muchísimo material de esa gira junto a Nadya, su primera esposa. Imágenes en vivo, ensayos, filmaciones caseras, que después aparecieron en el film “Ike & Tina: On The Road 1971-1972”
Sí, ese es un gran video. Nos dieron un premio por Mejor Video de Blues. Todo tipo de material. Incluso Tina cocinando para sus hijos.

¿Está todo filmado en blanco y negro?
Todo en blanco y negro, con algunas partes en color. Querían que use cinta en color, así que me alquilaron una cámara color. Pero nunca lo terminamos, todo lo que teníamos era la prueba de la filmación en color. Nunca nos pagaron el laboratorio. Como sea, el original se perdió con el paso de los años, pero teníamos una copia, pero la copia era sin sonido. Yo había grabado el sonido separadamente, pero no se conectaba. Y entonces cuando estábamos realizando el video, el editor hizo un trabajo increíble encontrando ciertas partes de la filmación en color que coincidiesen con la banda de sonido. Y de hecho la película comienza en colores, con Tina en el asiento trasero de un auto fastidiando a Ike, con él diciendo “oh cariño, cariño”, como si fuera él quien estaba en peligro (risas)

¿Cómo era trabajar con Ike Turner?
La pasé muy bien con él. En mi opinión, era muy dado y de dar mucho apoyo a los artistas. Fue generoso con muchos de ellos. Seguimos siendo amigos a través de los años, y estuve en su funeral cuando murió, hace unos años atrás. Había más de mil personas en su funeral, ya que casi toda la gente que estaba allí era gente que Ike había ayudado, o a quienes Ike les había dado algo. Ike te daba cualquier cosa que necesitaras. Si necesitabas un trabajo, te lo daba. Si necesitabas un auto, te daba un auto. Necesitabas una casa, Ike te daba una casa. Ike era una persona muy generosa. Pero eso no lo excusa de lo que hizo en su relación personal. Y pienso que la película es muy importante, ya que logró que se hable del tema, y mostró muy claramente lo que sucede con la violencia doméstica. Creo que el mundo necesitaba ese tipo de film, y abrió muchas puertas para un montón de gente que lo sufría. No creo que necesariamente Ike era la imagen más representativa de esa cuestión. Otras personas, como fue el caso de Rick James, terminaron en la cárcel por pegarle a alguien. Había gente que era mucho peor que Ike, pero la historia es muy importante. Podría ser subtitulada como “Lo que le sucede a un muy buen hombre que toma demasiada cocaína y enloquece”.

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La foto que no fue… de Bob: Lennon y Jagger en NY, 1972, de smokings blancos y negros.

No sabés lo que lamento que no tengamos tiempo suficiente para hacerte todas las preguntas que quisiera. El problema es que tu carrera es muy extensa, y trabajaste con todos esos grandes artistas y…
¡También es que uso respuestas largas! (risas) Bueno, hay mucha información sobre mí en internet. Y ya que estamos, no todo lo que dicen de mí es verdad. Hay una foto de Amy Winehouse con mi nombre, pero nunca estuve con ella, no tomé esa fotografía. Y hay otra de Mick Jagger y John Lennon en la que están vestidos de frac. Alguien puso mi nombre ahí, pero tampoco la saqué yo.

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De todos modos fuiste vos quien hizo esas fotos de Jagger, Lennon y Yoko Ono cuando estaban grabando el álbum de Yoko “Approximately Infinite Universe”, las de los tres juntos en la consola del estudio.

Sí, estuve con ellos en el estudio.
Creo que también hay una foto de Debbie Harry en la playa, y que tampoco es mía. Así que no creas en todo lo que leas.

No pienso hacerlo, no soy creyente. Me mantengo agnóstico.
¡Nunca!

ÚLTIMAS IMÁGENES
Me gustaría preguntártelo así. A punta de pistola, ¿cuál sería el artista con el que siempre estarías dispuesto a trabajar, y cuál sería el que ni siquiera volverías a levantar el teléfono para atenderlo?
Siempre voy a estar ahí para Yoko Ono, o para Tina Turner. Siempre. Tina se retiró, pero estuve con Yoko hace tres semanas. Dejaría lo que fuera en cualquier momento para estar con Yoko. Es la persona más brillante que conozco, y una de las más talentosas, generosas y creativas. Si la gente quisiera saber sobre Yoko Ono, sólo escuchen lo que dice John Lennon, y no escuchen lo que dice la Prensa, que no la comprenden, o que nunca la conocieron. Todos los que conozco que estuvieron con Yoko Ono dicen que es increíble. Solamente algunas personas de la Prensa tienen cosas malas que decir.

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Peinado afro, pantalones oxford, pañuelete hindú, bigote reglamentario: adivinaron, estamos en 1974 y un joven Bob Gruen se apresta a viajar a Japón junto a Yoko Ono

OK, ¿y entonces a quién le dirías que no?
(Piensa) Hay una o dos personas con las que trabajé, con las que no volvería a trabajar jamás, pero como las odio, no voy a decir sus nombres, y hacerles publicidad… Sólo dos personas. Son músicos, pero fueron unos idiotas.

Varias veces leí la frase “Bob Gruen hizo todo” Quizás todavía haya alguien por ahí con quien te gustaría trabajar.
Oh sí, todavía voy a ver a artistas. Hace 19 años que conozco a los de Green Day, y el año próximo, cuando sean 20 años, espero hacer un libro con mis fotos de ellos. Pero voy a verlos porque disfruto de la banda. Para mí, eso es una noche de diversión. También hay una banda de Irlanda que se llaman The Strypes

Desde ya, los conozco. Chicos muy jóvenes, muy estilo ‘60s.
Muy estilo ‘60s, muy rock y R&B, muy rock’n’roll de en serio, y chicos jóvenes muy agradables. Me encantan.

¿En qué andan ahora? Recuerdo su primer album de hace unos años atrás…
A la compañía discográfica en USA no le gustó su segundo disco, así que fue editado solamente en Inglaterra. No se lanzó en USA. Y ahora tienen un tercer álbum. Espero que la compañía en USA no los joda. Tienen un montón por delante para hacer. Son muy talentosos, estoy seguro que les va a ir bien.

Y en cuanto a vos, ¿cuáles son tus próximos pasos?
Estoy trabajando en una biografía. Me pasé toda la vida contando historias, pero es muy difícil tomar esas historias que contás y llevarlas a escrito. Así que estuve con bastantes problemas intentando lograr el sonido de la escritura, el sonido de cuando hablo. Pero planeo hacer una autobiografía.

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¿Quiénes tienen el caradurismo de pedirle una selfie al troesma? Sólo en MADHOUSE, amigas y amigos (Foto: Bob Gruen con la cámara de Frank)

¿Llevaste un diario personal a través de todos estos años?
Si hubiera mantenido un diario, ¡tendría que hacer dos biografías! (risas) Porque hay muchísimas historias en muchísimos lugares. Deseo haber tenido un diario, pero no lo hice, está todo en mi mente. Mi mente es clara, todavía ando bien.

Y aparte tenés las fotografías para respaldarlas.
Claro, donde sea que veo una foto, me acuerdo de haber estado ahí. En general recuerdo lo que sucedió. A veces mis asistentes me muestran una foto mía y digo “¿yo saqué eso?”

¿Guardás mucho material que nunca fue visto? ¿Qué hacen los fotógrafos con el material sobrante?
Tengo archivos grandes. Los fotógrafos ponen ese material en archivos, hasta que lo volvés a encontrar y lo usás para otra cosa. Voy a hacer más libros. Sabés, tengo 15 libros editados, pero voy a hacer más.

¿Cómo te ubicás a vos mismo dentro de la historia del rock’n’roll? Digo, formaste parte de todo eso. ¿Cómo te considerás viéndote en perspectiva?
Bueno, generalmente no lo hago… (Risas). Trato de no pensar en mí muy seguido. Pero sí pienso en mí como si fuera un historiador, o alguien que registró la cultura de nuestro tiempo. Afortunadamente viví lo suficiente como para tener la posibilidad de compartirlo, y aún lo hago, me muevo alrededor del mundo hablando sobre ello, y compartiéndolo. No es solo rock’n’roll, creo que el rock’n’roll expresa la cultura de nuestra era. Y como dije anteriormente, para mí el rock’n’roll es sobre la libertad, la libertad de poder expresarte de manera fuerte. Entonces pienso que mi trabajo es más sobre la libertad, que sobre un retrato de un artista pop. No es porque esa persona sea famosa y yo le tome la foto con cierto tipo de iluminación. Mis fotografías han intentado capturar la pasión y el sentimiento, porque ese sentimiento es de libertad. Por lo que el tema principal de mi trabajo, y la manera en que me veo, es alguien que está inspirando a otros a que sean libres y que se expresen ellos mismos. Porque sin dudas no quiero que se parezcan a mí. No podés ser como otros, porque ya están todos los roles ocupados. Tenés que ser vos mismo.

¿Qué opinás de los fotógrafos actuales?
¡Tampoco pienso en ellos muy a menudo! (Risas) Bueno, no conozco a muchos de los fotógrafos jóvenes. He visto muy buenas fotos. La gente realmente ha aprendido a expresar el rock’n’roll, han visto muchísima historia, y vi gente que ha tomado excelentes fotografías. No recuerdo sus nombres todo el tiempo, pero hay uno que tiene mi edad, o tal vez sea algo más joven, llamado David Godlis, que es uno de mis fotógrafos favoritos. Al igual que yo, él es muy fan de Robert Frank, y creo que David capturó ese sentimiento natural. Mayormente cubrió la historia del CBGB, e hizo un libro que es muy popular. Y además es un tipo muy agradable. Lamentablemente es físicamente parecido a mí, y a veces la gente le pregunta, “¿vos sos Bob Gruen?” (Risas)

MUESTRAS: VIMOS BOWIE/COLLECTOR EN LONDRES, LA COLECCIÓN DE ARTE DEL DUQUE BLANCO

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Publicado en Revista Madhouse el 21 de diciembre de 2016

A pocas semanas de cumplirse el primer aniversario de una muerte que sacudió al planeta como pocas en un año por demás simbólico en cuanto a lo que a la desaparición física de nombres clave de la historia de la música se refiere, la figura de David Bowie continúa manteniendo viva su eterna presencia enigmática, aquella de objeto de fascinación permanente. La misma que le ha permitido a uno de los más singulares artistas que el mundo recuerde proyectar su tantas veces mencionada condición “camaleónica” a lo largo y ancho de su carrera, para terminar dándose cuenta que su leyenda ya no podía agigantarse más y que sólo podía crecer en meses desde su muerte, dejando en claro que la calidad en todas las actividades a las que supo dedicarse también podía extenderse a otros aspectos, entre tantos (y son muchos) el de coleccionar arte, algo que siempre se ocupó de mantener bien lejos de la mirada pública.

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La vidriera de Sotheby’s anunciando la muestra. Lo que se dice sobriedad.
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La obra de Damien Hirst junto a Bowie, titulada “Beautiful, Hallo, Space-boy Painting” (1995)

Y si bien el coleccionar obras de arte representó otro de los varios aspectos de su capacidad sin límites, paralelamente a la música, a la escritura, o a la pintura, también se trató de una actividad en la que ni su fama ni su éxito tuvo algún tipo de influencia: todo lo que necesitaba era tener conocimiento vasto sobre el tema. Alguna que otra vez daría una entrevista en la que se refería a sus artistas plásticos favoritos (muchos de ellos rescatados de la oscuridad absoluta), aunque siempre se trató de una pasión absolutamente privada.

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Damien Hirst y su obra contradictoriamente titulada “Untitled Fish For David”
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Por tal motivo el 1º de noviembre p.pdo. se puso en marcha la exhibición
“Bowie/Collector” en la galería Sotheby’s de Londres, en rigor una lograda muestra de buena parte de las piezas de arte y diseño que Bowie acumuló a lo largo de su existencia, con más de 400 artefactos personales ricos en diversidad, los que todo admirador de su carrera pueda imaginar, abriendo así otra de las ventanas de su mente y ofreciendo no sólo las formas de arte que lo inspiraron, sino también aquellas que hablan tanto de él que eventualmente gastó millones en obtenerlas.

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Jean-Michel Basquiat, “Untitled” (1984)
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Posmodernismo naranja en la muestra. La máquina de escribir portátil con su caja al lado se llama “Valentine” (1969) y pertenece a Ettore Sottsass y Perry King. Los dos cubos son una radio portátil llamada “Cube – Radio Model No. TS 502” (1963), autoría de Marco Zanuso y Richard Sapper.

La primera cosa con la que uno se topa al ingresar al distinguido predio situado en la New Bond Street, tras serle obsequiado un display a todo color en papel de alta calidad con el mapa de la exhibición como así también muestras gratuitas en miniatura que reproducen algunas de las obras expuestas, es el único objeto que parece guardar relación directa con la música, es decir el tocadiscos retro-futurista de Bowie de 1966, para la ocasión rodeado no de vinilos sino de un grupo de pinturas modernas costosísimas, incluyendo una del no menos caro Damien Hirst (la figura prominente del arte inglés de la década del 90) y la única de la exposición en la que Bowie participó directamente, antes de encontrarse con “Air Power”, pieza del recordado artista de graffiti (y más tarde, pintor) Jean-Michel Basquiat que, al igual que todas las obras presentes, serían subastadas unos días después al mejor postor. Pero por supuesto hay mucho más por descubrir a través de las ocho salas que ocupa “Bowie/Collector”.
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La mesa se titula “Burgundy”, by Michele De Lucchi. La lámpara se llama “Astor” y pertenece a Thomas Bley, ambos del grupo Memphis.
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“Fanagalo Store” de Norman Catherine (fragmento)
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“Fanagalo Store” (completo)

Paseándose por la galería uno puede encontrarse con un retablo (o, según reza al diccionario, “la estructura arquitectónica, pictórica y escultórica que se sitúa detrás del altar en las iglesias católicas”), en este caso proveniente del siglo XVI, y que muestra a Tintoretto (figura clave de la escena de Venecia de ese siglo) trabajando en su estudio, o con un ángel alertando a la reina virgen Santa Catalina de Alejandría sobre su inminente martirio, más obras de Graham Sutherland, David Bomberg, Henry Moore, Patrick Caulfield, Eduardo Paolozzi, Leon Kossoff o Frank Auerbach, entre tantos, y destacándose un grupo de obras del característico Marcel Duchamp, a quien Bowie solía citar como una de sus mayores influencias.

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“Nude Descending A Staircase Nº 2” (1937) by Marcel Duchamp, uno de los artistas favoritos de Bowie.
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La alfombra se titula “Riviera” (1983) y su creadora fue Nathalie Du Pasquier. El sillón es el “Bel Air” de Peter Shire, que data de 1982
“EL ARTE HA SIDO, SERIAMENTE, LA ÚNICA COSA QUE SIEMPRE QUISE TENER. SIEMPRE FUE PARA MÍ UN ALIMENTO PERMANENTE. LO USO. PUEDE CAMBIAR LA FORMA EN LA QUE ME SIENTO POR LA MAÑANA. UNA MISMA OBRA PUEDE CAMBIARME DE MODOS DIFERENTES, SEGÚN AQUELLO POR LO QUE ESTÉ ATRAVESANDO” – DAVID BOWIE EN THE NEW YORK TIMES, 1998.

“Bowie/Collector” también permite revelar la relación de Bowie con Memphis, un grupo colectivo radical de diseñadores con base en Milán dirigido por el arquitecto Ettore Sottsass, quien supo revolucionar el mundo del diseño industrial en la década del ’80, con más de cien piezas -obras más, obras menos- de su colección privada, tan ecléctica como la personalidad de quien alguna vez aseguró que “seriamente, el arte fue lo único que siempre quise poseer. Puede cambiar la forma en que me siento en las mañanas”, ahora por primera vez exhibida ante los ojos de los admiradores de uno de los artistas más creativos del siglo.

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El célebre tocadiscos titulado “Radio-Phonograph Model No. RR126” (1966) de Achille & Pier Giacomo Castiglioni. El cuadro de fondo es “Foyer” (1973), de Paul Caultfield
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El autor de esta nota en la puerta de Sotheby’s, intentando pasar por otra obra de arte

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Fotos: © Marcelo Sonaglioni

ENTREVISTA: SERGIO AISENSTEIN, CREADOR DE LUGARES: “LO RARO ES UNA NECESIDAD DEL SER HUMANO”

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Publicado en Revista Madhouse el 5 de agosto de 2016

La Buenos Aires de 1982 era un barco a la deriva encallado en el fango de un destino apremiado. Bajo la presión de la situación de facto imperante, muchos de los artistas locales conformaban un archipiélago de ideas reprimidas que flotaban en un mar turbulento. Pero en el medio de la tormenta se divisaba un puerto para amarrar: el Café Einstein bullía de artistas y demás habitués marginados que buscaban florecer antes de una primavera que recién llegaría al año siguiente. Lo comandaban los capitanes Omar Chabán y Sergio Aisenstein. Este último había regresado a la fuerza a su país tras un largo tiempo en Europa, con la cabeza repleta de ideas de libertad… Menuda tarea la de Aisenstein y compañía: mantener el estilo en una ciudad sitiada, con la bandera de la vanguardia en alto.
Antes había sido parte fundamental de un programa de radio que terminaría siendo de culto, tanto como aquel reducto under impuesto por las circunstancias de turno, el mismo que regenteaban cada noche después que caía el sol y hasta que comenzaba a asomarse el del día siguiente. Y donde al menos se podía existir. Quiso el destino que tras el cierre del Café Einstein, famosa guarida de Córdoba y Pueyrredón donde dieron sus primeros pasos los Twist, los Redonditos, los Fabulosos Cadillacs, donde debutó Soda Stereo y donde Sumo empezó a explotar (con un Luca Prodan que prácticamente la consideraba su residencia oficial), y mil nombres más, el Capitán Sergio sobreviviera a la tormenta para continuar dirigiendo su propia nave, ya en aguas más calmas y con su amada libertad borboteando hasta por los codos, para así dejar una nueva huella en otra página de la historia de la noche porteña. Mientras esperamos ansiosos la salida de “Freakenstein”, el libro de memorias cuya edición se anuncia para el mes de noviembre, estuvimos con Sergio Aisenstein para hablar de buena parte de lo que fue… y que siempre puede volver a ser.

Comenzaste haciendo radio de muy joven, apenas adolescente…
Sí, en 1977, fue el principio del principio del principio. Empecé cuando tenía 13 o 14 años haciendo “El Tren Fantasma” con Daniel Morano, que era compañero mío del secundario, en un colegio nacional del estado. Él venía de otro colegio y yo también, después de haber sido echado de un par, entonces nos encontramos en el Nacional Bartolomé Mitre y nos hicimos muy amigos. Éramos, digámoslo así, muy alocados. Muy experimentadores, estábamos todo el tiempo buscando cosas nuevas. Y el padre de Daniel, que era uno de los dueños de Radio Rivadavia, nos dio lo que se consideraba el peor horario para hacer un programa de radio, al que se le decía “la hora del colectivero” porque a esa hora eran los únicos que la escuchaban, los que estaban en la calle o los taxistas. Pero nos lo dio como para que nosotros juguemos. Doce de la noche del domingo, o una de la mañana, que es una hora que no hay público. Ya había pasado la hora de los comentarios del fútbol, después venía la hora del tango, y llega un momento en que la radio entra en un acantilado, en un vacío, porque no hay más público. Entonces nos dio ese horario, el de menos rating, por las dudas de que hiciéramos alguna cagada. Y así hicimos “El Tren Fantasma”, un programa con el que nos fue muy bien, incluso ganamos dos Martín Fierro. No teníamos muchas opciones para elegir locutor, y terminamos convocando a Omar Cerasuolo, al locutor más careta de la radio, el más oficial, el más rígido, la voz de las conmemoraciones políticas, locutor de Radio Nacional…

Omar Cerasuolo en épocas de Radio Rivadavia y "El Tren Fantasma"Que sonaba como si fuera un locutor de ultratumba, como si viniera del más allá.
Claro, porque venía de la escuela más tradicional de los locutores, pero en nuestro caso hablando de cosas locas. Yo me ocupaba del guión y de los textos, y Daniel de la música y de las cortinas. Ésa era la combinación. Lo hicimos en ese horario durante bastante tiempo, y después nos mandaron a un horario semi-central, el del sábado a la tarde, hasta que nos pasaron al horario central de Radio Rivadavia, viernes o sábados de 11 a 2 de la mañana. Primero empezamos en AM, y después nos pasaron a FM, y terminamos en AM y FM al mismo tiempo. Pero el programa terminó extendiéndose en el tiempo.

Es muy llamativo que el programa era musicalizado y guionado por dos personas de 13 o 14 años. Algo increíblemente prematuro.
Absolutamente prematuro. Los primeros sorprendidos fuimos nosotros, por el rating que empezamos a tener, sobre todo el padre de Daniel, que jamás imaginó una reacción semejante de parte de los escuchas. Empezaron a llover cartas y llamados de todas partes, ya que la señal de Rivadavia llegaba a todo el país, la de más alcance después de Radio Nacional.

¿Cuánto tiempo en total estuvo en el aire?
El programa tuvo diferentes vidas. El ciclo de Rivadavia habrá sido desde el 77 hasta el 79, casi 1980. Cuando nos pasamos a la FM, estuvimos unos 3 o 4 años, y después tuvo un ciclo en la Rock & Pop en los ’90, pero yo ya estaba en otra cosa, ya estaba con lo de “Nave Jungla”. Esos fueron todos los ciclos de “El Tren Fantasma”.

¿Decidiste abrir Nave Jungla a causa del fin del programa de radio?
Es que yo ya tenía otro interés. Con Nave Jungla podía expresarme más nítidamente, y “El Tren…” me demandaba mucha energía. Con Daniel ya estábamos en diferentes cosas. Él tenía una productora, una agencia de publicidad…Teníamos actividades diferentes que eran diametralmente opuestas a lo que pasaba antes, cuando teníamos esa sección, esa ventanita abierta que era “El Tren…”, y poníamos todo ahí.

EL SUEÑO EUROPEO
Volvamos un poco más atrás. Por aquellos años también escribías en el Expreso Imaginario.
Sí, teníamos algunos contactos con Jorge Pistocchi y empecé a escribir en la revista a partir del segundo número, con una nota que se llamaba “La Rebelión De Los Monstruos Del Circo”, que intuitivamente era una nota que tenía muchísimo que ver con Nave Jungla, porque hablaba de los freaks. Y después seguí escribiendo en diferentes revistas, me dediqué al periodismo de notas que no tenían mucho que ver con la actualidad, que más bien eran ocurrencias mías, como la vida de las hormigas o cosas por el estilo. O qué le pasaba a un astronauta cuando se quedaba solo en el espacio dando vueltas alrededor de la luna, notas muy raras, que ahora, reviéndolas para escribir el libro, me pregunté cómo carajo se me había ocurrido escribir una nota sobre eso, o sobre la vida de Salvador Dalí. Cosas así. Hasta que dejé todo: el programa de radio, el Expreso y el teatro para chicos, que también hacía en esa época. Me tomé el trasatlántico Eugenio C y me fui a Europa.

¿Y por qué motivo te fuiste?
La verdad, sentía que necesitaba nutrirme un poco de lo que pasaba allá y además…

…Y además acá pasaban otras cosas.
Acá pasaban otras cosas, empezando por un régimen militar. La vida de un freak o de un outsider en Argentina, de alguien que estaba al costado de la carretera de lo que estaba pasando, se había convertido en algo muy peligroso. Nosotros éramos como la contracultura. Estaba todo mal. Y me parece que irme fue la mejor decisión que tomé. No lo hice de una manera paranoica, para nada, sino con mucha alegría, sentía que iba en busca de una gran aventura, de un mundo nuevo y montones de cosas, así que me tomé el Eugenio C en Rio de Janeiro y me fui a Europa, y ahí viví unos cuantos años.

Te fuiste a vivir a Amsterdam. ¿Fue el primer destino y el final?
No, no fue el primero. Primero fui a España, y de ahí a Holanda. Había conocido Amsterdam y me había encantado, y después volví y me quedé. La historia es compleja y la desarrollo bien en el libro, pero la cuestión es que me enamoré de Amsterdam y me quedé a vivir ahí.

Leí que sobrevivías vendiendo pósters y postales.
En realidad era una actividad que había empezado en España. Yo ya hacía collages en Buenos Aires, y en España los imprimía como medio de vida. Me llevé los negativos a Holanda, y vivía de eso, de vender postales y pósters, dejaba mis trabajos en diferentes librerías y lugares de la ciudad, y me iba muy bien.

Aparte habrá estado buena esa sensación de libertad, mientras aquí pasaba más bien lo contrario…
Bueno, Argentina era como algo imposible, ¿no? Si bien uno pensaba que en algún momento tenía que volver y ver a mis amigos. En total estuve allí 3 años y medio.

Muchísimo tiempo, sobre todo a esa edad.
Es mucho tiempo, y además terminás acostumbrándote a un montón de cosas que sabés que después te va a costar un huevo dejarlas, porque el sentimiento de libertad y de comprensión de otros seres hacia vos es tan diferente, sobre todo en el norte de Europa, ¡que volver a Buenos Aires fue un coñazo!

Más aún tener que volver cuando aquí las cosas estaban muy mal.
No, yo no volví, a mí me deportaron. Yo no quería volver.

Te volvieron, entonces. ¿Y por qué motivo te deportan?
Bueno, es muy compleja la situación. Debería adentrarme demasiado en las cosas. Me conformo con decirte que fue una serie de sucesos inesperados y desafortunados, pero creo que la única manera de que yo podía volver a Argentina era siendo deportado, porque de otra manera no hubiera vuelto jamás.

CAFÉ EINSTEIN = MC²
Supongo que esa sensación de libertad te habrá marcado, porque cuando volviste a principios de los 80 algo se te habrá cruzado por la cabeza para terminar poniendo en marcha el Café Einstein junto a Omar Chabán y Helmut Zieger.
Sí, en verdad lo íbamos a abrir con Omar solamente y él trajo a Zieger, un compañero del colegio que se integró a la sociedad y que fue muy útil porque se ocupaba del funcionamiento de las cosas. El Einstein fue como la única posibilidad que yo sentía que tenía para subsistir en esta vida, en este país. Me sentía como rodeado, había caído preso muchas veces en Buenos Aires. Me sentía muy acosado, era como que vivía refugiado en la casa de mis viejos. Y entonces leo una nota en una revista sobre unos dichos de Einstein, donde hablaba de las posibilidades que tiene una materia viviente para existir. O que el hábitat transforma a esa materia viviente. O esa partícula de vida transforma todo el hábitat, ¿se entiende?

…Creo que sí.
O hay una adaptación donde desaparecen las cualidades de esa partícula, o esa partícula influye a todo ese hábitat de manera que le resulta noble vivir ahí… Cuando leí eso, me dije: acá hay dos posibilidades: o me matan, o hago algo muy grande. Después de haber vivido ese esplendor en Europa, pensar que yo era punk y estaba refugiado en la casita de mis viejos… ¡Una locura! Me di cuenta de que no tenía opción y lo único que podía hacer era aliarme con aquellas personas con las que nos podíamos influenciar mutuamente. Y ahí lo llamé a Omar Chabán, a quien conocía de mis épocas de teatro, y pusimos en marcha el Einstein.

chabanY yo que pensaba que el nombre del lugar tenía que ver con tu apellido…
Hay una casualidad, pero el nombre partió de la frase del sabio.

Y que terminó bautizando a un lugar que iba a contramano de todo.
Es que Omar era un tipo que también era muy opuesto a todas las normas, y nos juntamos e hicimos un gran quilombo. Y tuvimos una buena receptividad de todos los artistas, que fue lo bueno, porque el Einstein abrió las puertas a nuevas generaciones de pintores, de escritores, de cineastas, de músicos…Fue algo muy importante.

Al mismo tiempo casi no había lugares que nuclearan todo es tipo de gente, toda esa movida, ¿no?
¡Es que hacía falta! Las cosas generalmente permanecen a oscuras hasta que de golpe se iluminan, y hacía falta un lugar y una producción que catapulte a esa gente, a los músicos y otros artistas que estaban escondidos, porque realmente lo estaban.

Podríamos trazar tranquilamente un paralelo con lo que fue el Instituto Di Tella en los 60.
Creo que tiene muchísimo que ver. Ojo, también fue una referencia para nosotros para poder lanzarnos. O sea, nosotros sabíamos lo que iba a pasar, buscábamos que pase eso, no es que nos haya pasado de casualidad. Buscábamos esa explosión, ese Di Tella de los ‘80s. Pero nos sobrepasó, ya que se convirtió en algo popular, mientras que el Di Tella fue una cosa de elite. Y creo que tiene que ver con las épocas, porque el Einstein se creó bajo una dictadura militar, y esa presión que existía comenzó a drenar a través del Einstein. Y se hizo muy popular, porque nosotros abrimos la puerta de toda una locura que estaba encerrada desde hacía muchos años por los militares.

sergio Abre el Café EinsteinHace poco entrevisté a Flavio Casanova y él me decía que el Einstein fue mucho más que un lugar para tocar o ir a hacer sociales, que muchos lo consideraban un segundo hogar, tanto los músicos como el público. Y donde existía una sana convivencia entre las tribus urbanas, ya fueras punk, o fan del pop, o lo que fuera.
Es verdad. La gente lo sentía como un referente, que era algo cercano, algo necesario, como una casa. Para mí también funcionó así. Un lugar lleno de vida donde te encontrabas con gente con la que podías hablar, podías compartir. Aparte estaba abierto todos los días. Era como un hogar alternativo, era algo necesario.

Y con eso de, reitero, la sana convivencia entre los artistas. Digo, si se daba que en la misma noche tocaban Sumo, Soda Stereo y Los Violadores, estaba todo bien. No existía eso de las internas entre bandas.
Sí, bueno, eso fue una especie de locura, pero los músicos eran todos amigos. La locura provino del público, más que de los músicos. Entre los músicos no había ninguna beligerancia. El público entre sí empezó como a separarse y dividirse.

¿A qué creés que se debió ese hecho?
Cada tribu tenía sus mitos, su mitología. Creo que tiene que ver con cuestiones sociales, de la necesidad de la gente de sentirse unida detrás de una bandera, de crear amigos y enemigos. Tener verdades que a veces son ciertas, y a veces no, y seguir un estilo de vida que continúa a través de una música que escucha.

Lo extraño es que en ese momento ninguna de esas bandas eran masivas, y pareciera ser que eso de las tribus comenzó cuando se volvieron grandes y populares.
Tal cual, cuanto más estaban alejadas de los músicos, más territoriales se hacían.

HISTORIAS DEL CAFÉ
¿Es verdad que Pipo Cipolatti se encargó de hacer la instalación eléctrica del lugar?
Sí, es cierto. Fue todo muy a pulmón, lo hacíamos entre amigos, fue algo casero por un lado e hiperprofesional por el otro, desde el lado artístico. Lo casero fue todo muy primario, muy rudimentario y básico, y fue así que Pipo hizo la electricidad del lugar.

Otra historia que necesita ser confirmada, o desmentida. En aquellos primeros shows de Sumo, en los días que también existía la Hurlingham Reggae Band o Sumito, algunos afiches se referían al grupo como Zumo, con “Z”. ¿Fue un error de edición o algo intencional?
Yo ponía Sumo con zeta, a propósito, para hacerlo enojar a Luca. Era una pelea entre nosotros, una joda entre amigos, y él lo tomaba bien. Y también a veces en vez de poner Luca, escribía Lucas. Porque Luca cantaba todos los días. Si bien al principio nos llevábamos muy mal, después nos hicimos íntimos amigos. Él vivía en mi casa en la calle Gascón, en Almagro.

sergio aisenSupongo que muchas historias como ésta formarán parte del libro.
Seguro, pero no está mal que las adelantes. Preguntame lo que quieras.

¿Finalmente cuánto duró el Einstein?
Duró dos años y algo. Poquísimo, ¿no?

Muy poco, pero fueron dos años muy importantes.
Muy importantes. Aparte el Einstein abría tofos los días, por lo que fueron dos años muy intensos, muy vividos, cada día rebosaba de gente. Y finalmente lo cerró la policía – lo que nos pasó fue muy injusto. Pasó lo que pasó y duró lo que duró porque no nos permitieron seguir, y después cada uno hizo lo suyo. Hubiéramos continuado, porque fuera de lo artístico nos iba muy bien económicamente.

Y eso de que uno pudiera elegir ir cualquier día de la semana es muy europeo.
Totalmente. Abríamos a las 8 de la noche y cerrábamos a las 6 o 7 de la mañana. El público de las 9 de la noche no era el mismo que el de las 3 de la mañana, y el de las 3 no era el mismo que el de las 5. De hecho nuestra idea era la de ampliar el lugar, porque no dábamos abasto. Pero bueno, un poco la locura de las bandas la siguió Omar en Cemento, y yo abrí Nave Jungla, que era más mi palo.

¿Es verdad que quien cerró al Einstein fue Tróccoli, el ministro del Interior de Alfonsín?
Tal cual, porque los hijos, que eran un montón, eran todos terribles personajes y como el padre no los podía controlar, terminaba cerrando los lugares donde iban.

¡Qué injusticia! ¿Y ustedes qué culpa tenían?
Una injusticia terrible. Y también cerró el bar Zero. Lugar adonde iban los hijos, el viejo le bajaba la caña. Y terminamos presos, metieron a todos en cana, directamente por orden de Tróccoli. Y ahí fue entonces el cierre definitivo, si bien lo aguanté un tiempo, porque no quería largar el lugar Y entonces hice Babilonia, donde me dediqué básicamente a la pintura, que ya venía del Einstein, con Kuitca, Marrone, Suárez, con todos, pero me siguieron reprimiendo y también la cerré. Y después de ahí me dediqué a construir un lugar junto a Daniel Batezzatti, mi socio, que fue Nave Jungla, y Omar hizo la suya con Cemento.

¿Pensás que un proyecto como el Einstein hubiera sido posible actualmente? Hoy día la gente se expone en las redes sociales, y quizás no está esa necesidad de que existan lugares públicos físicos para hacerlo. Ahora es todo muy fácil y accesible, y esa facilidad no necesariamente implica traer aparejados buenos resultados artísticos…
Lo que falta son propuestas. La propuesta del Einstein fue única, y la de Nave Jungla también fue irrepetible. Creo que si se dan propuestas a esos niveles, que toquen las fibras de las personas -más allá de la forma, cada uno tendrá su modalidad- si son profundas, con temáticas interesantes, pueden producir una especie de nueva revolución de la comunicación entre las personas. De eso estoy seguro, no creo que tenga que ver con la época. Hay una necesidad de encuentro, de verse, que está insatisfecha. Pasa lo mismo con los libros, están todos en internet y sin embargo las librerías se llenan, el libro es algo insustituible. Con la gente pasa lo mismo, quieren verse, transportarse a un lugar y estar con los artistas. Es algo irremplazable.

sergio nave jungY LA NAVE VA
Lo que nos lleva, ahora sí, a la Nave Jungla, que comenzó en el ’88. ¿Por qué los enanos atendiendo el lugar?
Lo hicimos de una manera muy inocente. Los enanos nacieron de sueños que había tenido yo con ellos, y fueron apareciendo en la Nave. Llegó un tipo que era el Rey de Los Enanos y trajo a todo el resto.


Pero tras 11 años cerró en 1999 y no volvió jamás, salvo alguna que otra noche en la que el lugar fue revivido en Niceto.

Hicimos varias fiestas ahí. La primera nos jugó muy en contra porque quedaron 2000 personas afuera. Fue un quilombo, tiraron abajo la puerta de Niceto, como si hubiera vuelto Sumo. Yo quedé un poco asustado, y después no quise ni hacer publicidad de las otras fiestas. Un fierro caliente. Y después sentí que había que dejarlas ahí, y que continúe como misterio. No sé si va a haber otra fiesta, o no. No está en mi ánimo, si bien sé que va a tener muchísima convocatoria. Prefiero dejarla dormir en el inconsciente colectivo de la gente. Incluso la Nave Jungla es más conocida que yo. Todo el mundo sabe qué es la Nave Jungla y no quién es Sergio Aisenstein. Es algo que me trasciende, como si fuera el Parque Japonés. No importa quién la hizo. 

¿Cómo viviste todo el derrotero de Omar Chabán?
Es muy triste, qué querés que te diga. Y todo lo que le pasó fue muy escandaloso. Omar era realmente un personaje muy límite, un outsider total.

Pero él no venía originalmente del rock, como fue en tu caso.
Y como no venía del rock, fue algo que lo superó. El rock es algo muy peligroso para la gente que no lo maneja. O la gente que cree que puede manejar las drogas, y a las drogas no las manejan nunca. ¡Las drogas te manejan a vos! Omar se metió en el rock sin conocer el palo creyendo que iba a poder dominar a un público imposible de dominar. Y el público terminó pegándole una patada y tirándole el tablero a la mierda. Lo que pasó ahí fue un descontrol por parte del público, más que de Omar.

Y con un final tristísimo, tanto en el episodio de Cromañón como en su vida personal.
Su vida personal fue terrible. De alguna manera lo mataron, porque le hicieron mal un diagnóstico dentro de la cárcel. Lo estaban tratando con antibióticos y él murió a causa de un cáncer, que lo venía anunciando desde hacía un año y medio. A propósito o no, eso lo sabrá solamente Dios, lo mataron, porque lo podrían haber salvado.

Y también estaba eso de su imagen excéntrica, mal vista por la parte más conservadora de la sociedad.
Reaccionaron de una manera brutal. Para cuando se hizo pública su manera de ser, ya estaba condenado a muerte.

En 2010 fuiste guionista y productor de una película sobre el bailarín de tango Jorge Mayoral.
Sí, eso vino de un programa de TV de tango que se llamaba “La Menesunda” y que estuvo dos veces nominado al Martín Fierro, donde yo metía todos los músicos de rock. Un programa que había sido una creación mía, y a raíz de eso conocí a Pablo Pintor, con quien hicimos la película “El Hombre Que Baila”, con la cual viajamos y ganamos premios. Nos fue muy bien. Era una biografía ficcionada de la vida de Jorge Mayoral, el bailarín de tango más grande de todos los tiempos.

¿También te gustaba el tango?
De alguna manera, la necesidad tiene cara de hereje. La Nave Jungla también había tenido un final muy loco, teníamos 27 juicios de parte de los vecinos, porque era una locura que durante tanto tiempo existiera un lugar tan excéntrico en el medio de Palermo, y en determinado momento tuvimos que cerrarlo. Por entonces yo trabajaba para una agencia de publicidad que trabajaba con canales de televisión, y ahí me contacté con la gente del canal Sólo Tango para trabajar en los guiones de la grilla de la programación.

FREAKENSTEIN, LA CRIATURA DEL DR. AISENSTEIN
¿Cómo llegamos a “Freakenstein”, tu biografía?
El libro se va a editar por Planeta en noviembre. Es un poco la historia de mi vida, pero también hay cosas que no tienen mucho que ver con los hitos más conocidos. La historia de mi vida está hilvanada por un montón de situaciones que ahora las revelo. Es como una especie de vida secreta. Y adentro de esa vida secreta está El Tren Fantasma, El Expreso Imaginario, el Café Einstein, La Nave Jungla, los ciclos de TV, la película…Todas las cosas que hice, pero desde otra mirada.

¿Y no incluye nada sobre la que fue tu banda, Hollywood Nunca Aprenderá?
Sí, por supuesto, tocamos durante años. Una banda que adoro. Y está todo dentro del libro. Pero está todo contado desde otro lugar, y no de una manera periodística, porque es una biografía en primera persona. Y también voy a incluir mis días de radio con programas como “Cazadores De Cabezas” y “Nave Jungla”. Y ahora estoy con lo del programa Juan Acosta en Radio Nacional, que va a ir los domingos a la noche, donde voy a estar hablando del under local.

Volvés a “la hora de los colectiveros”…
¡Al horario original! Todos los colectiveros deben estar saltando en una pata.

De alguna manera, viéndolas desde el lado tradicional de la vida, casi todas las cosas que hiciste fueran, digámoslo así “raras”. ¿Qué sería hacer algo “raro” hoy en día? ¿No te parece que de por sí ésta ya es una sociedad sumamente rara? Antes, lo raro, lo poco frecuente, era lo no establecido, y hoy es al revés. Y entonces lo establecido y lo cotidiano termina siendo lo raro.
Creo que lo raro es una necesidad del ser humano. El misterio y el enigma son necesidades que tenemos, y siempre van a existir, así que nada deja de ser raro. Vivimos entre lo extraño. Si tomamos conciencia, nuestra vida misma es un enigma. De alguna forma todo pasa a ser surrealista, porque la realidad es un poco surrealista, pero el producto artístico va a permanecer y no se va a perder nunca. Yo le tengo confianza, por eso sigo haciendo cosas, y con el mismo ímpetu, como las hice siempre.

EXHIBITIONISM | LOS STONES DESDE ADENTRO

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Publicado en Evaristo Cultural el 28 de marzo de 2016

En julio de 1989, días después que los Rolling Stones brindaran una conferencia de prensa en la estación central de trenes de la ciudad de New York para promocionar la inminente gira de su por entonces nuevo disco de estudio Steel Wheels (el que marcó la reconciliación Jagger-Richards tras su mutuo distanciamiento a mediados de esa década, cuya magnitud terminó momentáneamente opacando el futuro de la banda), una carta de lectores que apareció en el periódico de distribución gratuita neoyorquino The Village Voice generó una serie de risotadas cuando su autor no tuvo la mejor idea que, considerando a los miembros del grupo de edad suficientemente avanzada como para seguir haciendo lo que mejor sabían hacer después de casi 30 años de carrera), se refirió al maratónico periplo anunciado como la Steel Wheelchairs Tour (“la gira de las sillas de ruedas”) Mick Jagger se tomó el comentario probablemente en sorna, a pesar de su eterno complejo de Peter Pan, y mucho más lo habrán considerado así sus compañeros de ruta, no tan acomplejados como el líder del grupo. “La suma de la edad de los cinco Rolling Stones supera la de los años desde que fue firmada la independencia de los Estados Unidos”, agregó otro simpático lector. Eventualmente los Stones no volvieron a parar nunca, ni mucho menos tuvieron que recurrir a alguna silla de ruedas para seguir adelante, realizando prolongadísmas giras de ahí en adelante, y resistiendo exitosamente el paso inexorable del tiempo. Para muestra puede alcanzar un botón, pero para cimentar una carrera que desde hace años los ha consagrado como la banda definitiva de la historia del rock’n’roll (y así taparle la boca a los opinadores de turno) basta con remitirse a su reciente travesía latinoamericana de 14 fechas a lo largo del continente, y que culminó hace días con un simbólico concierto gratuito en la ciudad de La Habana, con unos Stones en perfecta forma, y con un promedio de edad que ronda los 70 años. Por lo que no resulta raro que, ahora que los Stones anunciaron la exhibición itinerante más grande de una banda de rock de la historia realizada (y la primera de carácter oficial en sus casi 54 años de carrera), otro ignoto emisor haya sugerido en una red social “si no sería más bien hora de ponerlos a ellos mismos en un museo” Así las cosas, Exhibitionism, descripta como “la más intensa e involvente perspectiva dentro del mundo de la Banda Más Grande del Rock’n’Roll”, de hecho la mayor dedicada a la vasta trayectoria de los Stones que el mundo alguna vez vio, tendrá su inauguración el próximo mes de abril en la galería Saatchi de la ciudad de Londres. La muestra, que ocupará nueve inmensas salas diseminadas en dos pisos ocupando 1.750 metros cuadrados (considerada diez veces mayor que la de David Bowie Is en el Victoria & Albert Museum, o veinte más que la de Elvis en el O2 de la misma ciudad, y con un presupuesto que ronda casi los 6 millones de dólares), fue diseñada en plan gira interactiva, y mostrará principalmente las ropas más típicas usadas por la banda, así como guitarras y todo tipo de instrumentos (destacándose la primera batería de Charlie Watts), audios inéditos, presentaciones cinemáticas, diarios personales, fotografías y diversas piezas de arte y memorabiliaacumuladas por la banda a través  de su enorme carrera.

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Tal como declaró la curadora de la muestra Ileen Gallagher a la revista Newsweek, el público asistente se encontrará con una réplica exacta del histórico departamento de la calle Edith Grove, el cual Jagger, Richards y Jones habitaban en los primeros tiempos del grupo, así como también reproduciendo estudios de grabación carácterísticos, y hasta un área backstage. Un montaje fílmico en 3-D transportará a los visitantes a la imaginaria chance de estar sobre un escenario junto a los mismísimos Stones. “No hicimos un trabajo cronológico”, señaló Gallagher. “Hicimos foco en la carrera de la banda de forma temática, e intentamos crear una atmósfera para que la gente pueda sumergirse en ella” The Rolling Stones, Exhibitionismcontará a su ingreso con dos salas (oportunamente tituladas Ladies and Gentlemen y Experience), que oficiarán de presentación de la muestra. La primera incluirá una serie de animaciones rápidas que cubren la inagotable saga de los viajes de la banda a través de su historia, como así también el total de canciones y discos que han producido. Al llegar a Experience, el público asistente se topará con una pared semicircular de 60 pantallas de video que proyectan un montaje de la carrera completa de los Stones, sazonado con detalles cronológicos sobre su historia, para luego atravesar un túnel que los trasladará a una tercera sala, Meet the Band (Conozca a la banda), acompañados de un audio de fondo en el que Mick Jagger y Keith Richards explican cómo se conocieron.

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El derrotero interactivo se completa, ahora sí, con el arribo a la réplica del mencionado e infame departamento en Edith Grove. “Nos remite a un recuerdo muy divertido del lugar”, apunta Gallagher. “Allí se ve todo, los hongos que crecían en las paredes, y aquel olor de medias sucias, cerveza y cigarrillos” “Fue el departamento más repulsivo y roñoso en el que alguna vez estuve en mi vida”, opinó Watts, que cuando le propusieron la idea de aromatizar el ambiente con patchouli, no dudó en dejar en claro que “nunca fuimos un grupo así” A lo que Keith Richards agregó “¿Patchouli? Ni siquiera teníamos para comprarlo”
Exhibitionism no podía dejar también de ahondar en lo fílmico, inevitablemente en lo relativo a un fenómeno artístico que siempre trascendió lo musical, y que asimismo también terminó haciendo hincapié en el arte general, o en la literatura, por lo que una de las nueve salas que la componen estará dedicada al sector de video donde, desde una pista de audio grabada, el director Martin Scorsese disertará sobre los momentos fundamentales de los Stones en celuloide. La siguiente sala apunta al legado artístico stoniano, desde la evolución del icónico logo de la lengua pergeñada por el diseñador John Pasche hasta una serie de piezas de colección, las tapas de los álbumes, y pósters promocionales de las giras, con Jagger hablando de fondo. El extenso derrotero artístico de los Stones, nunca y jamás superado, no podía dejar afuera su etapaglam (que podría enmarcarse a partir de sus pasos a fines de los años ’60 hasta mediados de la década siguiente), donde se exhibirán los simbólicos atuendos que usaron en los conciertos simbólicos de Hyde Park de 1969 (el primero de su carrera sin el fallecido Brian Jones, miembro fundador de la banda) y el trágico concierto en Altamont del mismo año.

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La galería Saatchi verá ocupada otro de sus espacios con lo concerniente a la alta moda (territorio del cual el grupo, principalmente Jagger, jamás estuvo ausente), con una serie de ropas diseñadas por figuras renombradas como Yves Saint Laurent o Christian Dior, entre otros, y hasta L’Wren Scott, última pareja oficial de Sir Mick, la misma que puso final a su vida hace dos años, sumando también los ocho trajes que el cantante vistió a través de las diversas interpretaciones de la canción “Sympathy for the Devil” a través de los años. Exhibitionism cierra su travesía con una sala final, Performance, montada con la única finalidad de recrear el área que el grupo utiliza inmediatamente una vez que abandonan un escenario, de los miles que, literalmente, los han visto hacerlo. “Habíamos estado pensando en hacer la exhibición durante mucho tiempo”, apuntó Sir Mick, “pero tenía que ser en el momento indicado, y a gran escala, como cuando planeamos nuestras giras. Creo que ahora es un momento interesante para llevarla adelante”

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La nueva operación de los Stones, la del vistazo más íntimo a al menos una buena parte de su inoxidable existencia, planea continuar viaje a través del mundo una vez concluya su residencia de cinco meses en la Saachti Gallery el próximo 4 de septiembre, desafiando el ciclo imparable de las agujas del reloj que marcaron el paso del tiempo, que no espera a nadie, pero que para los Stones siempre estuvo de su lado.