ENTREVISTA: DANNY GARCÍA – “BRIAN JONES ES UN MIEMBRO MUY DENOSTADO. LOS MISMOS INTEGRANTES DE LOS STONES SE HAN ENCARGADO DE QUE LA GENTE SE OLVIDE DE ÉL”

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Ayer pudo haber sido el día de ayer, al menos así lo confirma el calendario. Y la semana pasada seguramente transcurrió hace algo así como hace 1 semana. Pero lo que ocurrió hace apenas tres meses se siente como si hubieran pasado doce. O diez, u ocho, o seis. Todo depende del nivel de alteración de percepción del paso del tiempo desde aquel día en que finalmente nos enteramos de la llegada de la por entonces ya bastante rumoreada pandemia que iba a poner nuestras vidas en jaque. Casi como en una película en la matiné de un sábado. Y fue precisamente a la vera de esa coyuntura que el director español Danny Garcia llegó a Buenos Aires para presentar un ciclo sobre sus muy personales documentales de algunos de los más interesantes personajes que el rock nos dio. Lo del catalán es directo y despojado de toda vanidad. En lugar de abocarse a poner el foco –nunca mejor dicho- en figuras populares, de esas que podrían resultar atractivas para el público general, García elige hacerlo en los que más le llaman la atención a nivel personal, que bien podrían ser considerados “marginales”, o “de culto”, lejos de toda escena del mainstream, abordándolos en profundidad para que una base de fans de éstos también logre adentrarse en esas mismas aguas. Y lo hace principalmente reconstruyendo material inédito en video, a su vez apoyado por declaraciones en primera persona de buena parte de aquellos que alguna vez formaron parte del mundo íntimo de los retratados. Que es el hilo conductor que une a protagonistas como Johnny Thunders, Sid Vicious (para la ocasión remontándose a los días de su salvaje romance con Nancy Spungen), Stiv Bators, los injustamente olvidados Parálisis Permanente, o las historias ocultas detrás del final de bandas como The Clash. El seleccionado de nombres no logre probablemente resultar más tentador para el curioso ocasional que sueña con ir un poco más allá de los hechos biográficos conocidos, esos que el español deja un poco de lado para bucear en aguas más profundas, todo coronado por su hasta ahora última aventura, la de meterse tras bambalinas en los sucesos que llevaron a la históricamente indevelable muerte de Brian Jones, piedra basal y mártir crucial de los Rolling Stones. De esos y varias cosas más hablamos con Danny Garcia en esta entrevista registrada en un bar palermitano una tarde del mes del último marzo, acompañados por un bullicio de fondo natural en contraste con el incierto silencio sepulcral que nos toca vivir, en momentos en que nunca un vacío nos llenó tanto, y sin horizonte a la vista. Han pasado casi 3 meses, o al menos eso dice el almanaque.

La pasión que compartimos por la música de alguna forma nos llevó a tomar caminos distintos, pero con ese mismo denominador común. A algunos los llevó a transformarse en músicos, a otros a escribir, o a ser un simple escucha, y a otros a casos como el tuyo. ¿Qué es lo que primordialmente te llevó a convertirte en documentarista musical?
La verdad, fue un poco accidental. Yo había regresado a Barcelona desde Londres en el ’96, pero antes ya había escrito para la revista Popular 1. Pero cuando volví a Barcelona comencé a escribir para Cáñamo, que era una revista para los cultores de la marihuana. Escribía sobre música, hacía entrevistas con artistas de reggae, etc.

¿Te fuiste a Londres para seguir escribiendo desde ahí?
No, me fui a Inglaterra para aprender inglés, y para tocar el bajo con gente que supiera tocar más que yo. Esa era la idea. Aprender un poco, y vivir allí.

¿Ya eras músico de antes de todo eso?
Claro, desde los 14 años de edad, tocando bajo y batería en distintos grupos, lo que hice a lo largo de 15 años, o algo así. Bandas con amigos, nada que haya trascendido…Pero luego sí en Londres trabajé con los Crybabys, y también con otras bandas, si bien durante períodos limitados.

¿Cuánto tiempo formaste parte de los Crybabys? Todo lo que recuerdo es tu participación en el disco ‘Rock On Sessions’.
Algo así como 6 meses, y entre tanto hicimos ese disco, que en principio eran simplemente maquetas. Pero luego ese proyecto se disolvió, y entonces me puse a trabajar con Les Riggs y Timo Kaltio de Cheap and Nasty en otro grupo que tampoco llegó a nada, sólo hicimos algunos conciertos. Y entonces fue ahí cuando volví a España y unos amigos me dijeron que en el canal BTV (Barcelona Televisión) estaban aceptando ideas. En esa época esa estación de TV todavía estaba en pañales. Pero aceptaban propuestas de ciudadanos. Si tú tenías una buena idea, te brindaban una cámara, te ibas a filmar una semana o dos, lo que precisaras. Te daban una noche para editarlo, y luego te pagaban.

IMG_6604¿BTV era una señal de cable o de televisión abierta?
Era abierta. De noticias, información general… Entonces empecé a hacer documentales sobre mis amigos. DJs, grafiteros, etc. Hice cuatro documentales, y la verdad me lo pasé muy bien haciéndolos. Ninguno de ellos se editó, eran solamente para televisión, pero los pasaron varias veces, y eso es lo que me llevó a pensar seriamente en seguir en eso, si bien, sin medios, resultaba todo muy difícil. Era a fines de los ’90, o principios de los 2000. Recién en el 2008 tuve la idea de hacer el documental de los Clash (‘The Rise and Fall of The Clash’), que tuve que empezar con fe ciega, porque no tenía ningún dinero para hacerlo. Mi hermano me decía, “Tú estás loco, ¿cómo se te ocurre hacer un documental de los Clash?”

¿Cómo son los primeros pasos para alguien que, quien sea, decide ponerse a realizar un documental de esas características y con escaso presupuesto?
Yo ya había visto el libro que había escrito Vince White, que fue uno de los guitarristas que sustituyó a Mick Jones en la banda en la última época del grupo. Lo cual para mí resultaba todo un enigma como fan de los Clash cuando era quinceañero, por los cuales yo estaba loco, y que de repente hayan parado…No podía entender qué era toda esa gente nueva en la contratapa del álbum ‘Cut the Crap’. Era todo muy enigmático y muy extraño.

Y aparte, en líneas generales,  un disco muy malo…
Malísimo. Para mí está en el Top 10 de los peores álbumes de la historia, por no decir en el Top 3. Una aberración sonora. Yo ya había entrevistado a Paul Simonon en 1990 cuando vino a Barcelona con su banda Havana 3am, pero tampoco es que me había aclarado mucho. Me dijo que fue el manager quien se había encargado de todo, qué el “no había estado”. Y yo me preguntaba cómo es que había resultado así siendo él el bajista. Me dijo que  en aquel momento él estaba en New York pintando, y cosas así. En fin, no se entendía nada. Pero sí me explicó que todo eso había sido un “set up”, una cosa armada, forzada, lo que me creó aún más enigma. 18 años después vi ese libro de Vince White, y ahí fue cuando me surgió el proyecto, porque pensé, si este tipo hace un libro explicando todo esto, yo puedo contactarlo. Y después hacer yo mismo lo que me de la gana, obviamente. Lo contacté, me envió el libro, y aceptó hacer una entrevista. Y fue ahí cuando comenzó la historia. Aparte tuve la suerte de conocer a unos gringos con dinero a los que les gustó la idea, y me apoyaron financieramente. Todos los documentales que hice los empecé de la misma forma. Sin contar con ningún tipo de dinero. Haciendo las entrevistas y logrando que la bola de nieve vaya creciendo. Esa es mi técnica.

Y a medida que esa bola de nieve se agigantaba, ¿ya contabas con alguna garantía respecto de la edición final comercial de los documentales?
No, garantías de nada. Con cada proyecto es lo mismo. Empiezas a hacerlo, pero luego siempre va a haber gente que se va a agregar. Gente que le gusta ver su nombre en la gran pantalla como productor ejecutivo, o lo que sea, entonces siempre se van a adherir. Es algo mágico, realmente.

clash¿Seguís manteniendo el mismo esquema ahora que el que aplicaste para ‘The Rise and Fall of The Clash’? ¿El de empezar con una lista de entrevistados?
Correcto. Siempre hay una lista de gente a entrevistar de más o menos cincuenta personas, y luego de esos cincuenta hay veinte que te dicen que sí. Lo bueno es que hoy en día gracias a Facebook puedes contactar a mucha gente, o que tienen su propia web, por lo cual es relativamente fácil. Pero también están los que no se encuentran en internet, que generalmente los puedes contactar a través de terceros. ¿Qué entrevistados necesito? ¿A qué música puedo acceder? Y también está lo de los derechos de las canciones, que es uno de los problemas de contar con poco presupuesto. Los derechos de las canciones valen muchísimos miles de dólares por minuto.

Si los músicos se inspiran en sus ídolos musicales, ¿los documentaristas también los tienen?
Sí, la verdad es que me fijo en gente como Nick Broomfield, que hace las preguntas que se deben hacer. No es alguien que apunte a hacer documentales “bonitos” para satisfacer al público. No, él intenta buscar la verdad, aunque a veces resulte fea. De hecho ayer vi uno de los peores que haya hecho, que es el de Whitney Houston. Pero hace unos meses vi  ‘Marianne & Leonard: Words of Love’, sobre Leonard Cohen y Marianne Ihlen, y es una obra maestra. También me interesa gente como Don Letts, porque era un tipo de la calle, que empezó de la nada. Pero hay miles de cineastas que hacen cosas muy buenas.

Lech Kowalski…
No me gusta nada su estilo, lo encuentro muy sucio. Está obsesionado con la heroína y todo lo que sea lo más sucio del ser humano. Eso a mí no me interesa, sabes. Las desgracias de la gente no me interesan.

Volvamos a tus documentales. ¿Cómo continuó la saga después del de los Clash?
Con ‘Looking for Johnny’… Y ahora recuerdo que también de hecho por entonces había estado hablando con Sami Yaffa y Nasty Suicide para ver si podíamos hacer algo sobre Hanoi Rocks, porque los conozco. Yo creía que era algo factible, pero cuando la propuesta llegó a Mike Monroe y Andy McCoy, ni siquiera me contestaron. De hecho la idea de hacer algo sobre Brian Jones viene de esos años. Yo estaba leyendo el libro de Tony Sanchez y pensé que hacer algo sobre Brian sería “la bomba”, porque Brian es “el top” de todos éstos. Pero el de Johnny sí que era algo factible. Yo había entrado en contacto con Jungle Records, y se mostraron interesados en hacer algo a medias, ofreciéndome prestarme todo su material. Jungle Records es dueña desde ‘L.A.M.F.’ de los Heartbreakers, hasta casi todos los discos en solitario de Johnny. Entonces aceptaron, y tuve acceso a todo su archivo de video, música y fotografías, que era muchísimo material. Con eso pudimos hacer el documental , y claro, además con la ayuda del público, porque hicimos un crowdfunding. Hay muchos fanáticos de Johnny Thunders. No había nada decente sobre él. Lo único que había era el documental de Kowalski, que es totalmente indecente. De hecho la familia de Johnny nunca le dio permiso para que utilicen su música. Y ese es el motivo por el que Kowalski me odia. Me resulta fascinante. Alguien que no te conoce personalmente, y que te odie simplemente porque hagas tu trabajo. Pero es su problema, no mío.

thundersSupongo que llegaste al documental de Thunders mucho más entrenado…
Sí. Aparte, si en el de los Clash entrevistamos a 20 personas, en el de Johnny lo hicimos con 50. Me mandaban cintas. Había mucha gente cercana a él que quería estar en el documental.

¿Sos de abordar un guión en particular, o simplemente seguís un orden cronológico o de los entrevistados?
Yo ya tenía un plan, las preguntas y todo eso. Pero todo puede cambiar. Como en el caso del de los Clash, en el que yo solamente iba a abordar el período 1983-1985, y mientras hablaba con los reemplazantes de Mick Jones, me di cuenta que tenía que empezar de antes, y así poder explicar quién era Bernie Rhodes, el manager del grupo. Un personaje muy misterioso, realmente nunca se había hablado de él en profundidad, y mi documental te permite enterarte quién era en verdad Bernie Rhodes. De la importancia e influencia que tenía el tipo, sobre todo en Joe Strummer y en Paul Simonon. ¡Es que a The Clash lo empezaron Mick Jones y Bernie!

¿Es verdad que la aprobación final de que se edite el documental fue gracias a la intervención de la mismísima madre de Mick Jones?
Yo ya tenía hecho el documental en 2010, pero no salió hasta el 2012, porque Mick no nos daba la autorización para utilizar su música. Y por lo visto, su madre estaba en su casa en Londres durante las navidades del 2011, ya que ella vive en los EE. UU. desde los años ’70. De hecho Mick creció con su tío en Londres. Y entonces aquella vez la mujer vio el documental en casa de su hijo, porque Mick tenía una copia, y le preguntó, “¿Cómo es que este documental aún no está en la calle?” Y Jones le contestó, “¿Tú crees, mamá?” Porque al parecer a él no le gustaba. Y su madre le dijo que era el mejor documental que se había hecho sobre él, “porque todos los demás están mintiendo”. Por lo visto ella lo convenció. Esto me lo han corroborado varias personas del círculo íntimo de Mick Jones. Nunca lo he hablado con él. Desde entonces siempre le he dado las gracias a su madre por permitirme hacer esta carrera, porque la primera vez que conocí a Mick fue en el ’90, como fan. Luego lo vi en 2009 en un festival en Gales, me encontré con él para hablar precisamente de esto, y su pregunta fue, “¿Por qué estás haciendo esto?” Y le respondí que lo estaba haciendo porque necesitaba  un pequeño crédito para poder hacer otros proyectos después . Lo cual lo desarmó totalmente, porque los Clash iban precisamente de eso, de incitar a  los jóvenes  a no ser carne de cañón, a no trabajar en las fábricas, a no perder su vida…

Por lo que la idea de tu proyecto coincidía con lo que ellos proponían…
¡Claro! “It’s the best years of your life they want to steal” (cita la letra de la canción ‘Clampdown’) ¿Para quién vas a trabajar, para el Gobierno? ¿Te vas a vestir de marrón, o de azul? Sé tú mismo, haz lo que quieras.

stivYa que mencionaste lo caro que resulta utilizar canciones originales en la banda de sonido, ¿de qué manera lográs convencer que otros artistas colaboren con versiones, o aporten canciones propias nuevas para los proyectos?
Tienes que hacer magia, realmente. Por ejemplo, en el de Stiv Bators (‘Stiv, No Compromise No Regrets’), teníamos casi cero presupuesto. De hecho tuvimos que rifar una remera usada de él que apestaba a sudor, vaya a saber uno de qué año. Y la tuvimos que rifar para conseguir dinero para viajar y hacer las entrevistas. Y sacamos unos 3.000 euros. Pero también ocurre los amigos de Stiv, algunos de ellos son dueños de su propia música, del master y de la editorial. Gente como Frank Secich, Jimmy Zero, Cinthia Rose, que no sólo nos dieron música, sino también fotografías y material inédito en video de los Dead Boys, e incluso de grupos anteriores a ellos, como Frankenstein. Aquello fue lo que nos salvó, y entonces pudimos hacer el documental.

Una situación bastante similar a la de ‘Looking for Johnny’…
Claro, con la ayuda de Jungle Records. Entonces así conseguí poder usar música de los Heartbreakers, banda de la cual Sid (Vicious) y Nancy eran muy fanáticos, ya que estamos. Nancy estaba enamorada de Jerry Nolan. Y hablando de eso, en el caso de ‘Sad Vacation, The Last Days of Sid and Nancy’, no teníamos dinero para licenciar nada de los Pistols. Por lo que también fue muy cojonudo que la gente de The Boys nos preste música para poder usar en el documental . O JC Carroll de The Members, que era otro de los colaboradores de Thunders, o bandas como Corazones Muertos o Supla de Sao Paulo… Y así fui armando el documental. Que a pesar de no tener música original de los Sex Pistols, funcionaba. El esquema del documental de Sid y Nancy es muy similar al del de Brian Jones, mitad música y mitad crímenes. Son como dos documentales en uno, independientemente.

sad vacation¿Qué hay de tus proyectos extra musicales? Me refiero a los largometrajes ‘Six Bullets to Hell’, ‘The Price of Death’ y ‘Bounty Killer’. ¿Qué es lo que lleva a un director de documentales biográficos musicales  a filmar westerns? ¿Son todos spaghetti westerns?
Absolutamente, todos spaghetti westerns. Lo que me lleva a eso es la locura, básicamente (Risas) Yo estaba viajando mucho a Almería, que es donde el director Sergio Leone hacía sus películas. Y una vez, al ver esos decorados, quedé fascinado. Entonces empezamos a maquinar cómo podríamos hacer westerns, algo que no fuera documentales de música, sino hacer largometrajes. Que era muy obvio, porque lo teníamos todo ahí. Esos decorados increíbles. Porque también soy bastante freaky de los spaghetti westerns, del cine clase B, y de la filosofía de gente como Roger Corman. “Haz lo que quieras”.  Aunque tengas 5 pesos. Solo tienes que convencer a gente que te ayude a hacerlo.

Lo que nos remite una vez más a tus documentales musicales.
Totalmente, es todo muy “do it yourself”. Todas fueron hechas con muy bajo presupuesto, pero hoy en día con recursos como las cámaras 4k se puede convertir en Hollywood, realmente.

¿En esas películas fuiste director y productor al mismo tiempo?
Sí, y también hice guiones. Lo que sucede es que esos los filmo como “Chip Baker”, más que nada porque me parecía divertido hacerlo. En aquella época los directores también usaban seudónimos. De hecho la primera vez que Sergio Leone lanzó “Por Un Puñado de Dólares”, se hizo llamar Bob Robertson. O tipos como Antonio Margheriti, que se hacía llamar Anthony Dawson. Había que crear una fantasía, porque se los estaban vendiendo a los “gringos”. Lo que quieres hacerles creer es que, en primer lugar aquello se ha rodado en su territorio. Aunque sea en Almería. Ellos no lo saben. Y en segundo lugar, que no lo ha hecho ni un italiano ni un español, sino un americano. Le estás vendiendo esa fantasía a la gente. Y te digo más. En Almería se ha rodado ‘Patton’, ‘Lawrence of Arabia’, ‘Conan’, la última de Terminator…Cientos de películas. Sobre todo en esa zona, por el entorno natural que tiene. Es el único desierto en toda Europa. Todas fueron lanzadas en DVD, fueron hechas en inglés, y además cuentan con actores ingleses, americanos, españoles, franceses, belgas… Lo que es algo muy típico de los spaghetti westerns de aquella época.

Volvamos a la música. Al igual que en el caso de Johnny Thunders, Stiv Bators siempre contó con una gran cantidad de seguidores. ¿Qué me podés decir sobre el documental que no se haya dicho aún?
Es el más divertido de los documentales que hicimos, precisamente porque Stiv era un tipo muy divertido, muy cachondo. Era muy bromista, y todos sus amigos lo recuerdan por eso, además de por haber sido muy buena persona. Era un trozo de pan. Cuando lo conocí en el ’88, como fan, a los 17 años, en un show de los Lords (of the New Church) en España, me trataron tan bien en el camerino como nunca nadie me había tratado antes. De hecho yo estaba afuera con mis discos para que me los firmen, y fue Stiv que me invitó a pasar. ¡Increíble calidad humana! Si lo comparas con Brian James, que estaba sentado y ni siquiera se molestó en pararse y tomarse una foto conmigo y el resto del grupo….Con eso ya te digo todo. Stiv era muy humano, muy humilde y muy normal, todo lo contrario de lo que proyectaba en el escenario. De hecho Jimmy Zero me decía que en los días de los Dead Boys, los fans salían del camerino alucinados porque pensaban que Stiv les iba escupir en la cara. Porque en el escenario era un loco. Se ahorcaba, se bajaba los pantalones…y luego era el tipo más dulce que te puedas imaginar.

paralisisEn el medio de todo esto quedó pendiente la edición del documental que rodaste sobre la banda española Parálisis Permanente (‘Autosuficientes’)
Sí, y ahora una vez que se acabe esto del coronavirus y vuelva a España, lo tengo que terminar. Los del canal TVE tardaron 4 años en darme las imágenes que les habíamos pedido. El videoclip de ‘Autosuficiencia’, alguna entrevista, material de archivo…Y claro, sin aquello no podíamos terminarlo.

¿Se trató de una decisión del canal o de los miembros del grupo?
Enteramente del canal. Veníamos con poco dinero, no teníamos los que ellos nos pedían, y ese toma y daca duró 4 años, hasta que al final nos cedieron las imágenes. Hace más o menos 3 meses, no más de eso.

Será el primer documental de Parálisis Permanente que alguna vez se haya hecho.
Claro, porque Parálisis ha quedado en el olvido, realmente. Al igual que muchos otros grupos de ‘La Movida’. Bueno, es que han hecho un solo álbum, y además Eduardo (Benavente) se murió- Para mí es el único tipo de La Movida que valía la pena. Su look, sus canciones, sus letras, su actitud. Para mí era lo único real de todo aquello. Pero en cuanto a los entrevistados, no todos quisieron participar. Nacho Canut y su hermano no quisieron que los entrevisten. Está Alaska, está Ana Curra, obviamente, y Rafael Balmaseda. También el otro guitarrista, Antonio Moreno. Toda buena gente. Solamente falta sustituir imágenes, y después subirlo a alguna plataforma digital, que es donde se va a poder ver. No va a haber DVD, si bien ese primer “corte” tuvo algunas proyecciones en España.

Finalmente, quisiera ir de lleno a ‘Rolling Stone: Life and Death of Brian Jones’ que, con el mayor respeto al resto de los artistas sobre los que realizaste documentales, ésta sería tu primera entrada en las “grandes ligas”, digo, si consideramos la sagrada trilogía compuesta por Beatles, Stones y Dylan. Y lo interesante es que elegiste hacerlo sobre el tipo que no sólo fue el fundador de los Stones, sino que también de buena parte de lo que el grupo proyectó después, al menos en lo referente a imagen y actitud. Asimismo me resulta muy valorable eso de no haber hecho un documental sobre los Rolling Stones, sino sobre “Brian, que fue miembro de los Rolling Stones”.
Claro. Al principio de todo no teníamos acceso a la música del grupo. ABKCO ni siquiera nos contestó los mails. Pero al día de hoy no me extraña nada. Nosotros somos productores independientes, una hormiguita. No somos ni la BBC, ni Hollywood, ni nada. Entonces es entendible. Que le den a Chanel o a la marca que sea de perfume  los derechos para usar ‘She’s a Rainbow’ y que a nosotros no nos contesten, hasta cierto punto es entendible.

bjonesdoc420¿Cómo es que en 50 años, fuera de la muy criticada biopic que se hizo hace unos años (‘Stoned’, del 2005), a nadie se le haya ocurrido hacer un documental sobre ni más ni menos que Brian Jones?
Brian es un miembro muy denostado, muy olvidado. Los mismos integrantes de los Stones se han encargado de que la gente se olvide de él. ¡Podrían tener un holograma de él en el escenario trocando el slide en ‘Little Red Rooster’! (Risas)

No, no creo que lleguen a  hacer eso alguna vez. Iría en contra de sus propios principios.
Sería un buen detalle para los fans. Si vas a la página oficial de los Stones, Brian aparece apenas como si hubiera sido un colaborador. Hablando con Gered Mankowitz (fotógrafo que logró algunas de las imágenes más clásicas del grupo en los años ’60), él me dijo “no es buen rollo hablar de Brian para esta gente”. Un tipo muerto, y con todo lo que le ha caído encima. Que si era maltratador de mujeres…y todo eso. Yo he hablado con muchas de sus ex, y  ninguna me confesó que le haya pegado. Excepto a Anita (Pallenberg), claro. Con Anita perdió los cabales. Era una mujer muy poderosa. No me hubiera extrañado que haya sido ella quien le pegara a Brian. Pero Brian era un tipo muy loco, inestable, y que tomaba muchas sustancias. Y mucho alcohol. Y aparte era posesivo. Un bon vivant que se follaba a todo lo que se movía, pero si quien lo hacía era su novia, se volvía loco. Muy celoso. Y eso me lo ha confirmado Stash (el legendario Prince Stanislaus Klossowski de Rola, de los más íntimos amigos de Jones, y uno de los varios entrevistados en el filme) Existe poca gente que haya conocido bien a Brian como Stash lo conoció.

¿Cómo llegaste a organizar el cast del documental? Hay gente interesantísima, y lo mejor de todo, del mundo directo de Brian de aquellos años. El periodista británico Keith Altham, Phill Brown, que fue ingeniero de sonido en el disco ‘Beggars Banquet’. Sam Cutler, legendario road manager de los Stones. El músico Chris Farlowe. Roxanne Fontana, que organizaba un fan club de Brian en los ’70. Hasta Richard Hattrell o Graham Ride, amigos de Jones de la infancia. El periodista Scott Jones, que con sus investigaciones contribuyó a lograr evidencia sobre el posible asesinato de Brian. Barbara Marion, de sus tantos hijos. Phil May y Dick Taylor de los Pretty Things. El director de cine Volker Schlöndorff. La cantante Cleo Sylvestre. Periodistas como Simon Wells. El fotógrafo Terry O’Neill. ¡Hasta la actriz fancesa Zou Zou, que supo tener un romance con Brian! Y Mankowitz y Stash, que ya los mencionamos. Una lista maravillosa de entrevistados…
Tratamos de invitar a tantos como pudiéramos contactar. Aparte de los managers de los Stones, y de Bill Wyman, que nos agradecieron, pero que nos dijeron que no. Y también hubo gente como James Phelge, que dijo que sí, pero que después al final no salió. Pero por suerte teníamos a Keith Altham, a Graham Ride, Richard Hattrell, a todos esos que mencionaste. Gente que no está bajo el control de los Stones.

Bueno, ninguno de ellos sigue estando bajo el control de los Stones.
No, pero Anita sí. Anita estaba cobrando dinero de Keith, y no podía hablar. Ella justamente murió antes que empezáramos el documental.

¿Creés que hubiera aceptado participar?
Participar, sí, pero no creo que hubiera dicho nada que no hayamos leído en libros, porque no podía. Según he oído ha dejado un libro escrito, que no se puede publicar hasta que Mick y Keith mueran.

¿Todos los contactados aceptaron participar directamente?
Todos. Simplemente también hubo gente como Marianne Faithfull que no quiere hablar del pasado. La habíamos contactado. También lo intentamos con Christopher… ¿cómo era aquel coleccionista de arte?

¿Gibbs?
Ése. Christopher Gibbs. Que tampoco nos contestaba. Murió hace poco. Contactamos a muchísima gente, pero es lo que yo llamo “selección natural”. Escoges a cuarenta personas y acabas entrevistando a la mitad.

¿De todos los  documentales que hiciste, podrías asegurar éste fue el que más conforme te dejó?
Sí, el que más contento me ha dejado. En cuanto a contenido, edición, y el look que tiene. Para mí, acercarme a Brian ya era todo un logro. Entrevistar a toda esa gente, y que estén vivos. Y que te explicaran cosas y anécdotas de esas que no has leído en ningún libro. Fue fascinante. Graham Ride me decía que Brian aún le debía 20 libras del día que se fue de Cheltenham a Londres, y el día que hicimos la entrevista, llevé a almorzar a Graham, y le di las 20 libras. “Esto es de parte de Brian”, le dije. (Risas) Es que Brian era un personaje fascinante, con sus cosas buenas y malas.

¿Ya está confirmada la fecha del lanzamiento del DVD?
Sí, el 12 de junio. El DVD es muy recomendable para los fans más acérrimos, porque incluye más de 57 minutos de escenas borradas con material extra de las entrevistas que no aparecen en las proyecciones que hicimos en las salas de cine, y también hay un pequeño making of llamado ‘Behind the Scenes: Return to Hartfield’ , sobre la gente que vive allí, que te explica cosas del lugar…Vemos el pub donde Brian bebía todas las noches, que hoy en día es una casa particular. El pueblo…todo eso. Luego hay algo que se llama ‘Muddy Waters: Scott Jones Files’, con 15 minutos de Scott hablando.

¿Lo del título de “Muddy Waters” fue algo deliberado?
Sí. De hecho el título original que quería ponerle al documental era ‘Muddy Waters: The Establishment versus Brian Jones’, pero mi co-productor me dijo que era un título demasiado inteligente, que iba a confundir a la gente, o que alguien se iba a pensar que era un documental sobre el músico Muddy Waters.  Y entonces lo utilicé para titular ese segmento extra. Pero todos mis documentales tienen extras. Y el de Brian además también va a incluir un pequeño poster desplegable, que es muy bonito.

Sé que también se va a lanzar la banda de sonido, algo que no sucedió con todos los documentales anteriores.
No, solamente sucedió con ‘ Looking for Johnny’, el de Stiv, y ahora el de Brian. El de Brian tiene muchas canciones inéditas, como las de Dick Taylor, que nos las ofreció para el documental, y luego de gente como John Perry de The Only Ones, que también grabó algo exclusivamente para el film. John es super fan de Brian. Greg Prevost, que nos dio dos canciones. Luego de un grupo muy interesante de Londres que se llama The Proper Ornaments, que también son fanáticos de Brian. Hemos logrado juntar una banda sonora bastante interesante, que no incluye nada de los Stones, pero que tiene mucho rollo. Solamente habrá una edición limitada de 1.000 copias, y en vinilo rojo. Y aparte estará disponible en download digital. Evoca el sonido de esos días. Y te pone en clima y en situación.

Sería imposible concluir esta entrevista sin preguntarte por algún próximo proyecto.
Seguramente hagamos algo con los 3 minutos y medio en directo de Sid Vicious que conseguí de un japonés que estuvo aquella noche en el  Max’s Kansas City en 1978. Fue el último concierto que Sid hizo en New York, la última vez en su vida en que se subió a un escenario. La idea es hacer algo sobre los días de Sid dejando Londres para irse a New York, y además algo sobre sus conciertos. Vamos a ver adónde llegamos con eso.

CON LEANDRO DONOZO, DIRECTOR DE LA EDITORIAL GOURMET MUSICAL: “HAGO LIBROS QUE QUIERO LEER”

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“Querramos o no, la música es una compañía constante a lo largo de nuestras vidas. Aún desde antes de nacer, todo lo que escuchamos, cómo, con quiénes y cuándo la escuchamos, nos moldea y nos define de mil maneras. Nuestras formas de pensar, de ser, de relacionarnos, de entender, percibir y estar en el mundo están demasiado influenciadas por los sonidos que nos rodean como para ignorarlos o tratarlos con ingenuidad. Los libros de Gourmet Musical Ediciones quieren ser una herramienta para estar más conscientes de la importancia de la música y los sonidos, a partir de la producción y divulgación de textos que aporten nuevos conocimientos sobre su historia, presente y futuro desde los más diversos puntos de vista. Un posible camino intelectual para estimular los sentidos, el placer, la pasión.”

El texto que corona el catálogo del emprendimiento que una vez puso en marcha no permite dejar detalle librado al azar. Leandro Donozo, que comenzó recopilando libros y revistas del género para su propia información, terminó logrando de manera no deliberada lo que nadie había hecho en la historia argentina: fundar una editorial exclusivamente dedicada a libros musicales. Con más de 1 década de existencia, Gourmet Musical lleva publicados hasta el momento más de cuarenta títulos, a los que ahora se agregan algunos más, que verán la luz en el transcurso del corriente año. MADHOUSE estuvo charlando con el factótum del proyecto para repasar el pasado, presente y futuro de la primera editorial en su tipo en el país.

Gourmet Musical es un emprendimiento absolutamente unipersonal. ¿Qué es lo que hace que una persona se vuelque a juntar revistas, libros y textos varios de música, para acabar formando un archivo? ¿El proyecto editorial estaba contemplado desde le vamos, o empezó como el de un coleccionista que terminó derivando en eso?
En verdad nunca fui coleccionista, no me considero así. Como muchos de lo que estamos en esto, empecé a escuchar música de chico, y también tocaba y estudiaba guitarra. Al terminar el secundario me puse a hacer la carrera de Artes Musicales en la UBA, que es como una especie de carrera de Musicología, y paralelamente, de casualidad, empecé a trabajar en periodismo en Editorial Magendra. En Pelo, Generación X, y todas esas revistas que editaban. Y entonces pasé de leer esas revistas a escribir en ellas. Siempre había sido de interesarme mucho en la información, de puro melómano. En las tapas de los discos, en los sobres, preguntarme tal y cuál cosa… esos detalles a los que mucha gente no suele darle bolilla. Me interesaba todo eso que rodeaba la música. Era de leer muchos libros sobre música, biografías, revistas…En la época de la secundaria me compraba todas las revistas.

Y entonces se trató de ponerse a relacionar todo eso.
Claro. Yo leía Pelo, Rock and Pop, CantaRock, El Musiquero y otras revistas más fugaces que se editaban en esa época, y  a través de la guitarra también comencé a interesarme en otros tipo de música, entonces leía revistas de jazz, de acá y de afuera. Esto fue a mediados de los 80, cuando ya había muchas cosas importadas. Compraba muchos discos, sobre todo de blues, y traje muchos de afuera. Es más, la primera nota que escribí para un medio fue sobre blues. Entonces yo compraba y guardaba todas esas revistas porque me gustaba leer, y así poder tener todos esos datos. Por eso me pareció genial cuando encontré esa carrera en Filosofía y Letras, que coincidía mucho con todo eso que me interesaba. Y mientras cursaba el CBC produje un programa de radio sobre música clásica que hacía la DAIA en Radio Jai, porque tenían un ciclo de conciertos en el Teatro Colón, y el programa los promocionaba.

2EN EL PRINCIPIO FUE EL DICCIONARIO
¿No tenías ninguna idea deliberada respecto a lo que luego se convirtió en el proyecto de la editorial? ¿Las archivabas solamente para tu propio placer y cultura?
Ni siquiera consideraba archivarlas, simplemente las guardaba.

Desde ya, todo esto ocurría pre-internet, y la única manera que teníamos de guardar información era comprando material.
Avanzada la carrera, y en momentos que ya había llegado la internet, yo me movía mucho con listas de correo, y entonces de casualidad me llega una propuesta de actualizar un artículo sobre bibliotecas para la enciclopedia New Grove Dictionary of Music, que viene a ser la enciclopedia más grande internacional de música. La última edición se había lanzado en 1980 y entonces estaban haciendo la nueva, que iba a salir en 2000. Es una enciclopedia que, si bien es principalmente de música clásica, también incluye otros estilos populares y de todos los países. El artículo de bibliotecas incluía un listado larguísimo de bibliotecas especializadas en música de todo el mundo, incluyendo Argentina, que era larguísimo, como de cien páginas. Bibliotecas que incluyeran, sobre todo, fuentes primarias, como manuscritos o partituras. Material de interés para los investigadores musicales. Colecciones específicas, el archivo de un compositor, discotecas…ese tipo de cosas. Ellos buscaban gente que vaya a las bibliotecas, y con eso hacían el artículo. Se encontraron con que nadie les contestaba, y entonces me contactaron a través de una lista de discusión y me propusieron actualizar ese artículo. Y a raíz de eso me piden también actualizar el artículo sobre revistas de música de todo el mundo, que también era muy largo, como de 200 páginas. El de Argentina mencionaba treinta y pico de revistas, por lo que estaba muy desactualizado. Y había muy pocos datos. El nombre de la revista, en qué fechas se editó, una descripción muy breve y la periodicidad en que se editaban. Paralelamente yo venía haciendo un trabajo para la facultad, que era relevar la biografía que había sobre música argentina. La primera etapa de cualquier trabajo de investigación es ver primero qué es lo que se hizo antes, pero no había ningún tipo de fuente para saber qué es lo que había. Pero nadie tenía mucha idea. Mi respuesta automática fue “bueno, debe haber tanto, que no se podrá hacer”. Entonces empecé a ir a bibliotecas para compilar material sobre lo que yo estaba trabajando, que era música popular. Y comencé a darme cuenta de que no había tanto. Y después tuve la sensación de que segmentar entre música popular y académica no tenía mucho sentido. Y me di cuenta que esa limitación era conceptual, que para entender la música popular, como ser el rock en Argentina en los 60, tenías que entender otras cosas que estaban pasando. Tenés que entender que había un Instituto Di Tella y…

El contexto.
Ni siquiera el contexto, si bien había un contexto mayor político o cultural. Pero había un contexto musical que tenía una relación directa. Digo, Manal tocaba en el Di Tella, y por allí también pasaban los tipos que hacían música electroacústica. Y me parecía que mirar solamente al rock, como algo único, me impedía ver otras cosas que terminaban viéndose mejor, o de otra manera, en un contexto más grande. Entonces me puse a hacer el relevamiento sobre libros de música editados en Argentina, de todo tipo. Música clásica, tango, bailanta, rock, lo que fuere. Y ahí empecé a hacer algo que, años después, terminó convirtiéndose en el primer libro de la editorial.

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Todo esto sucedió a raíz de lo que te habían encargado para la enciclopedia.
Fue algo simultáneo, porque de hecho yo ya andaba circulando por las bibliotecas, ya estaba relevando eso, y ahí fue cuando me llegó el encargo de la misma gente para hacer otro artículo, que fue el de revistas.


¿De qué constó ese trabajo?

Se trataba de hacer una lista de títulos de revistas de música de Argentina, con fechas. Cuando me llega ese encargo, yo me dije “esto se lo tengo que pasar a alguien que sepa más que yo”, pero qué pasaba: como yo ya venía relevando toda la parte de bibliografía sobre música argentina, sabía que no existía ningún libro que pudiera resolver el tema de las revistas o que incluyera un listado de títulos. Eran todas cosas muy parciales, muy viejas y desactualizadas. Entonces me dije, “esto no lo hizo nadie, lo voy a hacer yo”. Y aparte siempre me había interesado el tema de las revistas, ya sea por haberlas leído, o por escribir en ellas. Pero al empezar me encontré con otras dificultades, que son las que hablábamos antes. No había colecciones completas de revistas en ningún lado. Uno iba a las bibliotecas y, por supuesto, no había revistas de rock. Pero tampoco había colecciones completas de revistas de música clásica, de jazz, o de tango. No había nada de nada.

¿Tampoco en la Biblioteca Nacional?
Ni en la Biblioteca Nacional, ni en la del Congreso, ni en ninguna otra. Fui a todas las que pude. Incluso tampoco en bibliotecas especializadas en música. Había, y sigue habiendo, muy poco. En principio, con saber que existía tal revista, al menos ya tenía un dato. Pero ellos me pedían datos que no eran tan sencillos, como el de saber entre qué años fue editada la revista. Uno podía saber cuándo había comenzado a editarse, pero no hasta cuándo había sido editada. Entonces empecé a armarme unas planillas anotando cada número de cada revista que encontraba, y dónde la encontraba. Algunas las tenía yo, otras las iba comprando en casas de revistas usadas, otras eran de coleccionistas, de bibliotecas… ¡Eran unas tablas enormes! Entonces, cuando llegó el momento de cerrar el informe, algunas tenían fechas confirmadas, pero otras eran tentativas.

En definitiva, hiciste un trabajo que hasta ese momento era completamente inexistente en el país.
Sí, y tuve que hacerlo yo.

Lo cual resulta curioso habiendo gente de diversas áreas culturales que podrían haberlo hecho mucho antes, o con el paso de los años.
Sí había de otras revistas literarias, pero en cuanto a música, nadie jamás se había dedicado mucho. Nunca se la consideró una fuente de información, en es sentido siempre fue algo menos valorado.

Es verdad, siempre fue como la oveja negra de la familia.
Tal cual. Entonces, durante el tiempo en que estuve haciendo los dos relevamientos de las listas de revistas, me di cuenta que tenía una colección. Porque tenía las revistas que había comprado, las que yo había trabajado de adolescente, y las que había conseguido para ese relevamiento. Y cuando vi todo ese montón de revistas, me di cuenta que había que ampliar ese trabajo, si bien nunca lo tomé como una colección.

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CAPITULO UNO
¿Tenías una fecha límite de entrega pararendir lo que te habían encargado?
Se trató de hacer todo lo que podía hacer hasta esa fecha. Pero después me entusiasmé y seguí.  Ya tenía la idea de hacer un libro con el relevamiento de bibliografía, y en un momento me di cuenta de que eso podía resultar una herramienta que le podía servir a otros. Lo estuvo por editar una universidad norteamericana, que al final nunca supe qué pasó. Entonces continué con eso, y en el medio surgió lo de las revistas, y me dije “bueno, aquí también hay otro libro”. Entretanto trabajé en un proyecto que fue el de desarrollar junto a Ricardo Salton un centro de documentación musical para el Gobierno de la Ciudad, con la idea de que tuviera un centro de investigación de música, y el de documentación con revistas, libros y partituras. Y entonces, como veía que el libro no salía, decidí editarlo yo. Y así fue como comenzó la editorial, con el libro que escribí yo, el “Diccionario Bibliográfico de la Música Argentina”, en el 2006.

Y ese fue el primer libro editado por Gourmet Musical. Y a partir de entonces decidiste crear tu propia editorial.
Sí. En el medio de todo eso, en 1999, me fui a vivir un año a Londres, para trabajar en ese diccionario, y cuando volví ya no pude conseguir trabajo de periodista. Fue en plena crisis del 2001. Pero antes del centro de documentación que te comenté, yo había armado un sitio web que se llamaba Gourmet Musical, que era una mezcla de base de datos con sitio de venta de publicaciones. Fue un momento en el que empezaron a aparecer muchas publicaciones independientes, pero que no tenían mucha distribución, sobre todo de discos. Entonces me pregunté, “¿qué pasaría si hacemos un sitio web que permita vender esos discos que no se veían tanto en las disquerías, de distintos géneros de música latinoamericana?”. Yo tenía una base de datos muy completa, en donde de cada disco tenías cada tema, cuál era su autor, quién tocaba qué instrumento en cada canción, etc. También había una base de datos sobre libros y revistas. La idea era juntar ahí toda la información de ese material disperso que existía. Pero en 2002 o 2003 se hizo medio insostenible trabajar así. El correo era un desastre, la inflación, no había catálogos… Y de a poco fui abandonando ese sitio web, porque no lo  podía mantener. Y entonces el sitio web terminó transformándose en la editorial Gourmet Musical Ediciones.

Siempre me pareció un nombre muy preciso.
Había varias cosas que me interesaban, pero Gourmet Musical son dos palabras que se entienden en cualquier idioma. Y tiene una cosa que es, ligado a esta cuestión de no definirse por géneros musicales, más allá de que nunca creí en eso de “la buena y la mala música”… lo de “Gourmet Musical” me permitía hacer una analogía con lo del gourmet gastronómico. Que es aquel tipo que no le da lo mismo comer cualquier cosa, que le interesa saber de dónde viene ese producto, cómo se cocina, las variedades…

¿Una connotación más de exclusividad?
No por ese lado, sino por saber qué es lo que uno está consumiendo, digamos. Uno puede comer cualquier basura y decir “ah no, prefiero esta marca a la otra”, o “cocinado así o cocinado asá”.  Y esa analogía, entonces, también me permitía explicar que yo no vendía cualquier música, aunque la vendiera de diferentes tipos. No era un sitio exclusivamente de rock, de jazz o de tango, pero al mismo tiempo no lo era sobre cualquier tipo de rock, jazz, tango, o folklore. Insisto, nunca lo entendí en términos de colección, para mí es una herramienta. La colección está más asociada con algo lúdico, si se quiere. Con el tiempo pasaría a ser una herramienta, ya fuere para las investigaciones de aquel momento, o las que ahora están en curso con los libros.

MÚSICA DE LA A A LA Z
Entonces, una cosa llevó a la otra, y finalmente el sitio web no sólo terminó volviéndose en una editorial con la cual ibas a editar un primer libro, sino que además era el tuyo.
Sí, la idea fue la de sacar mi libro, y después empezar a editar otros títulos que valía la pena que existieran, y que no había. Porque además mi libro se transformó en una especie de estudio de mercado imposible de encargarle a alguien, porque yo sabía exactamente sobre qué temas había libros, y sobre cuáles no. Sobre qué temas había libros que se conseguían, y al mismo tiempo conocía mucha gente que trabajaba en temas interesantes, pero que no tenían el acceso a publicar libros. Entonces conocía lo que existía sobre libros de música argentina de todo tipo, de una manera que nadie sabía. Y eso me indicaba qué proponer editar que fuera distinto a lo que ya existía. Lo de mi libro me sirvió de base para comenzar a armar el catálogo de la editorial.

¿Cómo hiciste para llevar a cabo semejante trabajo en tu primer libro?
Lo que hice fue revistar cincuenta y pico de diccionarios y enciclopedias de acá y de afuera sobre cualquier género musical, desde los veinte tomos del diccionario Grove, más la edición siguiente, que fueron veintinueve, más los diccionarios argentinos de jazz, de tango, de rock, de instrumentos, de alguna ciudad… Cosas muy puntuales, relevando todas las entradas que había sobre músicos y música argentina. Entonces, por ejemplo, si vos buscás “Troilo”, te dice en qué diccionarios salió un artículo sobre Troilo, en qué página, y quién lo escribió. O un artículo sobre el arpa en Argentina. ¿Dónde hay? Esos 52 diccionarios que mencioné no están juntos en ningún lugar, no hay ninguna biblioteca que los reúna en su totalidad. Y de esa manera, con una sola búsqueda te ahorrabas el buscar el dato en otros lugares. Corrigiendo datos que estaban mal, actualizando otros que ya eran viejos… Tardé como diez años en hacerlo.

Fue un laburo de hormiga.
Así es, un laburo de hormiga. Es más, yo empecé a trabajar en la editorial en febrero de 2005 y el primer libro, que fue éste, salió en agosto de 2006. Y todo ese tiempo que pasó se trató de terminarlo, armarlo, pensar la colección, el diseño, cómo armar la editorial, que es algo que aprendí mientras lo hacía.

“HAGO LIBROS QUE QUIERO LEER. Y ME TOMO TODO EL TIEMPO NECESARIO PARA QUE SALGAN BIEN. YO LA LLAMO LA EDITORIAL RENÉ LAVAND: ¡NO SE PUEDE HACER MÁS LENTO!” – LEANDRO DONOZO

¿Habías tenido la idea de la editorial desde un primer momento, o fue algo que surgió a partir del lanzamiento de tu libro?
Es algo que estaba previsto desde el principio, nunca lo saqué con la intención de editar un solo libro. Al editarlo, ya había decidido que iba a ser una editorial especializada en libros de música, por lo tanto ya estaba encargando otros títulos.

¿Qué fue lo que te llevó a convencerte que un proyecto así podía convertirse en algo redituable?
¡Lo sé, fue una pelotudez! (Risas) Ésta es la primera editorial dedicada exclusivamente a libros de música. No existía otra.

Es verdad, la primera de la historia en el país.
Sí, cosa que sé perfectamente porque me había leído todos los libros que había. Digo, había otras editoriales que habían editado muchos libros de música, como Corregidor, pero también habían sacado cosas de otros estilos. Gourmet Musical es la primera editorial argentina en la historia dedicada exclusivamente a libros musicales, más allá de otras como Ricordi, que básicamente editan partituras. Me interesaba mucho la circulación del conocimiento sobre música, porque veía que había muchas cosas muy interesantes que quedaban circunscriptas a un ámbito académico muy cerrado, o que en el periodismo más comercial se trabajaba con muchas limitaciones y no se profundizaba en muchos temas, entonces esos temas quedaban afuera. Eran notas de 2 ó 3 páginas, con las que no llegás a profundizar en nada. Yo estaba a medio camino entre el periodismo, las revistas que estaban en los kioscos, las de musicología, la universidad, las bibliotecas… En esa especie de intersección de muchas cosas. Y veía que ninguno de esos ámbitos me terminaba de cerrar. Y estos libros eran una forma de mezclar todo ese tipo de cosas, de trabajar con el rigor de la universidad, con la extensión de un libro –que tiene más profundidad–, trabajar el lenguaje y las formas de contar los resultados, que es algo más propio del periodismo, y básicamente hacerlo sobre temas de los cuáles no había libros, o no existía material disponible.

Pudiste nuclear todas esas actividades periféricas en una.
Y aparte me di cuenta de que con ese proyecto vinculaba muchas cosas que había hecho a lo largo del tiempo de manera más suelta. El periodismo, la investigación, lo de las bibliotecas, lo de las revistas, leer muchos libros, estar rodeado de discos y escucharlos, mirar los datos… Todo ese tipo de cosas confluían en la editorial, sin que yo lo hubiera planificado. Y saqué la cuenta de que si más o menos yo ahorraba una guita por mes, mientras me dedicaba a otras cosas, podía editar un libro cada tanto. Y con un subsidio del Gobierno de la Ciudad que salió en aquel momento, pude pagar parte de la impresión del primer libro. Después de terminarlo y sacarlo, pude pensar -ingenuamente- que eso podía funcionar económicamente.

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EL XUL SOLAR SALE PARA TODOS
OK, ya tenías el libro en la calle, y con eso el proyecto de la editorial encaminado. ¿Cómo fue que empezaste a ponerlo en marcha? ¿Te propusieron autores, o saliste a buscarlos?
Me pasó todo eso, fue a los tumbos. Los primeros libros fueron propuestas mías en las que hubo que convencer a los autores. Algunos llevaban veinte años trabajando en artículos. Pero después, no sé realmente cómo fue que circuló el dato, pero de repente tuve propuestas de ideas desde el principio. De hecho, el segundo libro de la editorial también tiene su historia.

Adelante, entonces…
Cuando fue el famoso diciembre de 2001, yo estaba todavía con el sitio web y recién venido de Londres, y aquí no se podía hacer nada. Todo mal. Gomas quemadas, piquetes, y yo tratando de vender discos por internet. Pasó ese verano, y en abril del año siguiente se cumplía un aniversario de la inauguración del sitio web. Y yo pensaba en hacer algún tipo de festejo, digo, antes que tirarme por la ventana. Entonces organicé un concurso de investigación musical. Conseguí un jurado de musicólogos de acá y de afuera que seleccionaran tres trabajos, tres artículos de investigación, a publicarse individualmente en tres revistas de musicología, con un premio de plata simbólico, que era algo así como 100 dólares, o 100 pesos, todavía. Llegaron un montón de propuestas, y dos de esos artículos se publicaron en las revistas, y hubo un tercero que jamás salió publicado en la revista que tenía que hacerlo… Pasaron como tres años, y entonces en 2005 le propuse a la autora que ampliara el proyecto para llevarlo a libro, que era un trabajo de investigación sobre música en la vida y obra de Xul Solar, y terminó siendo el segundo libro lanzado por la editorial. Y yo me preguntaba, “¿quién va a sacar un libro sobre la música en la vida y obra de Xul Solar?”

Precisamente, eso es uno de los puntos más interesantes de la editorial, que edita esas cosas.
Bueno, así fue como se dio. Lo saqué como si fuera una locura, y anduvo bastante bien, y tuvo mucha prensa. Viniendo del periodismo, yo tenía conciencia de qué había que hacer mucha prensa y promoción de los libros. Pero mismo el diccionario, que también era un libro raro, estuvo reseñado en La Nación, en Clarín, en Página 12, en la revista Genios, en Muy Interesante, en revistas académicas de Musicología nacionales y del exterior, de universidades, et., Un abanico muy amplio. Y así fue que saqué dos libros en 2 años, lo cual es muy poco.

Creo que no está nada mal tratándose de una editorial que recién comenzaba de abajo.
Claro, fue algo hecho sin nada. Y en el 2008 edité dos libros, uno que le había propuesto a un musicólogo llamado Omar García Brunelli, que es un especialista en Piazzolla, a quien le propuse hacer una compilación de artículos de investigación musicológica sobre él. Se habían hecho varios libros, pero ninguno que trabajara sobre la música de Piazzolla. Eran todos de historia, anécdotas, biografía…Y paralelamente saqué algo que también me resultó muy grato, que fue reeditar “Como Vino La Mano” de Miguel Grinberg, un libro que yo había leído de adolescente, y que estaba agotado desde el 92 o el 93. La verdad, contacté a Grinberg de puro caradura. Recuerdo que nos encontramos en un café en la semana que iba entre Navidad y Año Nuevo, ¿viste esas semanas que no pasa nada?…

Tu vida está regida por fechas claves…
(Risas) Sí, ¿viste esas semanas que no se puede hacer nada? Fue tipo un 27 de diciembre, esas fechas ridículas… Nunca supe cómo Miguel se arriesgó a publicar conmigo, con una editorial que llevaba nada más que dos libros publicados, y de los cuales uno lo había escrito yo mismo. Esto fue en navidad de 2007, y entonces se editó para la Feria del Libro del 2008, o sea, en mayo, junto al de Piazzolla. Fue una edición actualizada, le agregamos muchas cosas. Tiene algo así como el doble del material que tenía la edición original. Fotos inéditas, le agregué muchas notas al pie, notas de la época, más manifiestos… Es una edición recargada. Y así se fueron dando las cosas. Después de varios años, con 7 u 8 libros editados, empecé a trabajar con una distribuidora, que me permitió que los libros llegaran a todo el país.

¿El proyecto conseguía sustentarse por sí mismo?
No, al principio se trató de poner guita. También tuve algunos subsidios, gente que me ayudó, algunos autores que pagaron parte de las ediciones…Por eso es que tardé 1 año en editar el segundo libro. Fue todo pura inversión. Después de muchos años, y no me acuerdo cuántos, llegué a una situación en la cual podía editar nuevos libros con lo que producían las ventas de los anteriores, y sin tener que poner plata de mi bolsillo. Creo que recién ahora vivo de la editorial, después de 12 años. Pero también soy docente, y hago otras cosas. Pero recién ahora estoy casi dedicado exclusivamente a la editorial.

LA HISTORIA SIN FIN
11 años más tarde del comienzo de tu emprendimiento, ¿cuántos libros lleva Gourmet Musical editados?
Cuarenta, o cuarenta y uno.

Eso significa que prácticamente salieron cuatro por año.
Más o menos. También hubo algunos en que saqué seis o siete, sobre todo en los últimos años.

¿La editorial está abierta a todos los estilos de música?
Sí. Para mí el límite no es el estilo, sino el tratamiento de los libros, cómo se trabaja el tema. soy muy hinchapelotas con eso de dónde se saca la información. No me interesa que sean refritos, porque hoy en día ya existe mucha información. Una entrada de Wikipedia tiene diez veces más información de la que podías conseguir hace 20 años. Si vos pusiste en tu libro, no sé, “Troilo dijo tal cosa”, yo te voy a preguntar por dónde la dijo, o cómo te enteraste. “¿Te la dijo a vos?” “No, la dijo en un diario” “Aah, ¿en qué diario?”…

Dicen que dicen…
Exacto. Y entonces te voy a pedir que busques en qué diario salió, en qué día y en qué página. Si no hay forma de averiguarlo decí “suele decirse que Troilo habría dicho tal cosa…”. Un diario puede corregir un dato inexacto al día siguiente, pero no podés hacerlo con un libro. Entonces soy muy insistente con los datos, con la información, y con no repetir las cosas que alguien ya dijo, y que dijo éste, y que dijo el otro… Y aparte me interesa que los libros sean originales, que aporten algo nuevo a lo que ya había. Yo hago libros que quiero leer. Y me tomo todo el tiempo necesario para que salgan bien. Yo la llamo la Editorial René Lavand: “¡No se puede hacer más lento!” (Risas)

Los libros tienen además muy buenos diseños y artes de tapa. ¿Trabajás con algún ilustrador en particular?
Hace años que estoy trabajando con Santi Pozzi, que suele hacer pósters y serigrafías para bandas de rock.

Para terminar, ¿futuros títulos de libros que va a lanzar Gourmet Musical?
El próximo trabajo que estoy sacando es un libro homenaje a Miguel Grinberg, que cumple 80 años, y que entonces se va a llamar “80 Preguntas a Miguel Grinberg”, donde invitamos a ochenta personas distintas -desde músicos, gente de la ecología, de literatura- a que cada uno le haga una pregunta, que Miguel responde. También voy a editar un libro de Roque Di Pietro sobre Charly García, que es la historia de la carrera de Charly a través de sus recitales. Y además va a salir una reedición modificada de un libro sobre la obra poética de Ricky Espinosa, y una reedición de un libro de Oscar López Ruiz con anécdotas sobre Piazzolla. Esos son los más inmediatos, y se están editando en los próximos 2 o 3 meses.

¿Qué es lo que siente un editor cuando finalmente edita un nuevo libro?
Se siente como un aporte al conocimiento. Uno se pregunta, “¿cómo fue que lo terminamos?” “¿Cómo fue que nos dimos cuenta de que estaba listo, lo editamos, y ahora está acá?” Como si fuera un milagro.


LOS LIBROS DE GOURMET MUSICAL, COMENTADOS POR SU EDITOR

Diccionario bibliográfico de la música argentina y de la música en la Argentina
(Leandro Donozo, 2006)
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“Como explicaba en la entrevista, es una herramienta para quienes busquen información sobre la actividad musical en Argentina, con más de 21.000 citas bibliográficas”

Xul Solar, un músico visual. La música en su vida y obra (Cintia Cristiá, 2007. 2da. edición: 2011)
“Un libro muy peculiar que, como describe su título, aborda la influencia de la música en la obra pictórica de Xul Solar”

Estudios sobre la obra de Astor Piazzolla (Omar García Brunelli, 2008. 2da. edición: 2014)
“El autor, García Brunelli, presenta trabajos de diecisiete investigadores y musicólogos de cinco países (Argentina, España, Alemania, Japón y EE.UU.) que hablan sobre la obra de Piazzolla”

7Cómo vino la mano. Orígenes del rock argentino (Miguel Grinberg, 2008. 3ra. edición: 2014)
“La reedición del libro clásico de Grinberg, que se encontraba agotado desde principios de los 90”

Leopoldo Federico, el inefable bandoneón del tango (Jorge Dimov / Esther Echenbaum Jonisz, 2009)
“Son dos investigadores que entrevistaron a Federico hasta cansarse. Una biografía muy interesante, sobre todo con muchas entrevistas a él, y también a otros músicos de tango”


Proust músico (Jean-Jacques Nattiez, 2009)

“Escrito por un semiólogo musical franco-canadiense, un tipo muy importante. Acá llegó a haber seminarios sobre su obra. Nattiez ya lo había editado en francés, en inglés, en alemán, en muchos idiomas, pero quería lanzarlo en español”

“Guía de revistas de música de la Argentina (1829-2007) (Leandro Donozo, 2009)8
“Conseguí un subsidio para pagar parte de la impresión. Es un catálogo de revistas de música de Argentina, tal como lo indica su título, de todos los géneros musicales. Ahí detallo cada revista que encontré, quién escribió en cada una de ellas, y en qué archivo o biblioteca hallé cada número, por esa cuestión de que no hay colecciones completas en ningún lado. Hay 450 títulos de revistas”

Tito Francia y la música en Mendoza, de la radio al Nuevo Cancionero (María Inés García, 2009)
“Lo escribió una investigadora mendocina, a quien yo conocía del ámbito de los congresos de musicología. Ella había terminado su tesis sobre Tito Francia, un tipo no tan conocido por sí mismo, pero que era el guitarrista del grupo Nuevo Cancionero, que fue un grupo de renovación folklórica en los 60, de las cuales la más conocida es Mercedes Sosa y donde también estaba Tejada Gómez, etc. Y Tito Francia era el más músico de todos esos. Se habían escrito artículos sobre él, pero nunca un libro”

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Estudios sobre los estilos compositivos del tango (1920-1935) (Pablo Kohan, 2010)
“Escrito por un periodista y musicólogo que había sido maestro mío en la Facultad, uno de los primeros que se dedicó a estudiar el tango desde la musicología, desde cómo suena el tango. Sabía que tenía muchos artículos sueltos publicados en revistas, y entonces lo convencí de hacer un libro”

Música y modernidad en Buenos Aires (1920-1940) (Omar Corrado, 2010)
“Corrado es para mí uno de los mejores musicólogos de Latinoamérica y, si te descuidás, de más allá también. El libro es un ejemplo importantísimo de cómo hablar de música vinculándola con el contexto y con la historia cultural del momento. Un libro clave para entender la década del 20 desde lo musical”

10Discografía básica del tango 1905-2010. Su historia a través de las grabaciones (Omar García Brunelli, 2010)
“Ahí seguimos trabajando con García Brunelli, que había sido el autor del libro de Piazzolla. Y éste había sido un libro con la idea de que sea una fuente de referencia sobre discos de tango. El libro es como un diccionario breve, donde en lugar de biografías de los músicos, te explica las discografías. Por ej., uno busca ‘Troilo’, y entonces ahí están las épocas en que grabó, con qué orquestas, en qué sellos, qué se reeditó, cuáles reediciones suenan bien, cuáles no, cuáles con completas… desde principios de siglo hasta 2010. La edición también incluye un CD”

La obra musical de Carlos Guastavino. Circulación, recepción, mediaciones (Silvina Luz Mansilla, 2011)
“También escrito por una musicóloga, con la que yo había trabajado en la Facultad. Silvina tenía su tesis de doctorado sobre Guastavino, que es uno de los compositores argentinos más tocados en el mundo junto a Piazzolla y Ginastera, con un catálogo muy detallado. Guastavino tenía esa cosa muy interesante de combinar su extracción académica, pero haciendo cosas que se popularizaron. Por ejemplo, es el autor de ‘Se Equivocó la Paloma’, que la cantaron desde cantantes líricos, hasta Serrat, o canciones como ´Pueblito Mi Pueblo´, que cantó Mercedes Sosa, y otros folkloristas”

tapa-modernidad-OK2Historia del baile. De la milonga a la disco (Sergio Pujol, 2011)
“Es un libro que Pujol ya había publicado, pero la editorial anterior lo había descatalogado porque necesitaba cubrir un cierto número de ejemplares vendidos mayor al que necesitaba yo, por los que decidimos reeditarlo”

Cancionistas del Río de la Plata. Después del rock: una música popular para el siglo XXI (Martín Graziano, 2011)
“El autor me mandó un mail comentándome que tenía un libro sobre ‘cancionistas’. Yo no tenía idea de qué quiso decirme, para mí se refería a los cantantes de tango de la década del 20, como los estribillistas. Y él había delimitado un conjunto de lo que él llamaba ‘cancionistas del Río de la Plata’, que eran cantantes de esta generación, digamos, de entre 30 y 40 años, que hacían una propuesta que no era rock, que no era folklore, pero que estaba vinculada a la canción, con una preponderancia de cosas acústicas y mezclas de muchas tradiciones, como Lisandro Aristimuño, Gabo Ferro, Pablo Dacal, Martín Buscaglia, Tomi Lebrero, Ana Prada, etc.”

Tangos cultos. Kagel, J. J. Castro, Mastropiero y otros cruces musicales (Esteban Buch, 2012)
“Buch es un musicólogo argentino que vive en Francia y que había venido a dar un seminario de Doctorado en la UBA sobre tangos de compositores académicos, o sea, compositores clásicos que hicieron tango, como John Cage. El libro reúne artículos de análisis sobre eso”

Dar la nota. El rol de la prensa en la historia musical
argentina (1848-1943) (Silvina Luz Mansilla, 2012)12
“La misma autora del libro sobre Guastavino. Junto a ella y un grupo de compañeros de la universidad, teníamos un proyecto de investigación sobre revistas de música. Este libro presenta artículos de diferentes personas sobre diferentes casos donde una revista o publicación periódica se involucraba de alguna manera en la actividad. ¿Cómo es que una revista hace una encuesta para favorecer cierto tipo de música? Incluye revistas de mediados del siglo diecinueve a mediados del siglo veinte. Diarios, revistas, etc. Hay hasta revistas femeninas”

Pensar la música desde América Latina (Juan Pablo González, 2013)
“González es un musicólogo chileno que fue de los primeros activistas de estudios académicos sobre la música popular en Latinoamérica. Creador de la rama latinoamericana de la Sociedad Internacional de Estudios sobre Música PopularHay estudios de género, de canon, temas de vanguardia, etc., explicando todo eso, pero con ejemplos latinoamericanos, de pensadores y de música. Es como una puesta al día sobre qué es lo que se estudia académicamente sobre música, pero desde un punto de vista latinoamericano”

13Mito, ópera y vanguardias. La música en la obra de Lévi-Strauss (Jean-Jacques Nattiez, 2013)
“Lévi-Strauss decía ‘Que la música sea un lenguaje a la vez inteligible e intraducible hace de la música el misterio supremo de las ciencias del hombre, aquel contra el cual ellas colisionan y que custodia el secreto de su progreso. La música y la mitología son máquinas que suprimen el tiempo. Tal es así que mientras escuchamos música, accedemos a una especie de inmortalidad’. Nattiez explora las relaciones de la obra de Lévi-Strauss con la música de su propia cultura europea”

Analizar, interpretar, hacer música. De las Cantigas de Santa María a la organología (Melanie Plesch, 2014)
“Es un libro raro de artículos en homenaje a un musicólogo muy importante que fue uno de mis maestros en la Universidad, que es Gerardo Huseby. Él trabajaba mucho sobre la música medieval. Compilamos el libro junto a su esposa, que también es musicóloga, y con gente que lo conoció, con artículos sobre los temas que él trabajó”

14Charly en el país de las alegorías. Un viaje por las letras de Charly García (Mara Favoretto, 2014. 3ra edición: 2015)
“La autora es una investigadora argentina que viene del palo de las letras y que vive en Australia, y en este libro lo que hace es analizar todas las letras de Charly, desde Sui Géneris hasta el Colón, pero buscando la forma en que Charly usa la alegoría, esa forma de decir las cosas que no se pueden decir. El caso más famoso es el de ‘Canción de Alicia en el País’. Cómo a través de la metáfora uno puede decir una cosa que no se puede expresar literalmente, y sobre todo qué ocurre cuando sí podés decir cualquier cosa, digamos, en democracia. Cómo es que Charly reconfigura el uso de la alegoría de otra manera. Y tiene un análisis de toda la carrera de Charly desde ese punto, que es algo central. En este momento es el libro de la editorial que más vendió”

15Crócknicas de un tacvbo (Joselo Rangel, 2014)
“Joselo, fuera de ser integrante de Café Tacuba, escribe una columna en un diario de México todos los viernes. Una columna breve, de lo que sea. A veces escribe sobre estar de gira con el grupo, recomienda un disco que le gustó, o cuenta que fue a ver al médico, o que leyó tal cosa, y el libro es una selección de esos textos que escribe todas las semanas”

Estudios sobre la obra musical de Graciela Paraskevaídis (Omar Corrado, 2014)
“Graciela es una compositora y musicóloga argentino-uruguaya que lamentablemente falleció hace unos meses. Una compositora más bien experimental, de música académica, de la generación del Di Tella, de donde fue becaria. Junto a Omar Corrado compilamos artículos que analizaban varias de sus obras”

Vendiendo Inglaterra por una libra. Una historia social del rock progresivo16 británico. Tomo 1, transiciones de la psicodelia al prog (Norberto Cambiasso, 2014. 2da edición: 2015)
“Cambiasso es muy conocido por la revista Esculpiendo Milagros, y aquí hace una historia del rock progresivo inglés, pero social. Explicándolo desde su contexto socio-político y socio-económico. Es el primer tomo, de tres que van a salir. Y lo hace desde su propio punto de vista, que es absolutamente original”

Estudios sobre la obra de Carlos Vega (Enrique Cámara de Landa, 2015)
“Carlos Vega es como el padre de la Musicología en Argentina. Fue el tipo que en las décadas del 30 y del 40 se dedicó a viajar por el país y visitar las comunidades criollas e indígenas, y a recopilar los repertorios de música tradicional. Fue quien determinó la historia de las danzas, de dónde vino una zamba, cómo se baila, qué historia tiene, con qué se mezcló… Todavía hoy día todos los libros sobre danzas argentinas y coreografías se basan en sus trabajos. Vega también fue el primero que se dedicó a estudiar el tango y la música popular, y también trabajó sobre música medieval, folklórica, etc.”

17Cemento, el semillero del rock (1985-2004) (Nicolás Igarzábal, 2015. 3ra edición: 2016)
“Es el libro más conocido de la editorial, y también uno de los que más se vendieron. El autor hizo sesenta y pico de entrevistas con varios de los músicos que tocaron ahí, con muchas anécdotas e historias. Llegó a entrevistar mucho a Chabán en sus últimos meses de vida. De hecho Omar falleció un mes antes que saliera el libro”

Jazz argentino, la música “negra” del país “blanco” (Berenice Corti, 2015)
“La autora analiza la idea del jazz argentino, de cómo funciona una música que siempre se reconoció como negra en un país que siempre hizo todo lo posible por mostrarse blanco, negando su historia negra. Y se pregunta si es posible que el jazz local se diferencie del jazz de otros lugares”

Paul Walter Jacob y las músicas prohibidas durante el nazismo (Silvia Glocer / Robert Kelz, 2015)
“Jacob es un músico judío-alemán que emigra a Argentina durante la época del nazismo. Y aquí da una conferencia sobre lo que él llama ´músicas prohibidas´, denunciando qué es lo que pasa en Alemania con la música, haciéndolo en tiempo presente, explicando cómo llegó la censura a la música en aquel momento. Qué es lo que no se puede tocar, etc. Entonces Jacob da esa conferencia en Buenos Aires, que representa el grueso del libro, tras que encontramos una traducción que él había hecho de esa conferencia en castellano”

Letristas, la escritura que se canta (Alejandro Güerri / Federico Merea, 2015)18
“Está escrito por dos periodistas que entrevistaron a autores de varias letras de canciones para hablar sobre el oficio de componerlas, como Serrano de los Auténticos Decadentes, Dárgelos de los Babasónicos. Ale Sergi de Miranda, Dante Spinetta, Javier Martínez, Horacio Fontova, Pipo Cipolatti, el Paz Martínez, Lescano de Damas Gratis, Juan Carlos Denis de El Bohío (los de la cumbia santafesina), el payador José Curbelo, el folklorista Ramón Ayala… Tipos de distintos géneros y edades hablando sobre el oficio de componer letras de canciones”

Un mar de metales hirvientes. Crónicas de la resistencia musical en tiempos totalitarios (1975-1970) (Michel Grinberg, 2015)
“Es una recopilación de artículos que Miguel escribía en el diario La Opinión. Crónicas de conciertos, reseñas de discos, entrevistas, con mucho contenido de rock. Está la época del surgimiento de Serú Girán, la última época de La Máquina de Hacer Pájaros, cuando Aquelarre se va a Europa, el regreso de Almendra… Mucha información sobre Rock Progresivo local. Alas, MIA, Los Jaivas… También hay cosas de Piazzolla, Mederos, de folklore, y demás”

19Bien al sur. Historias del blues en la Argentina (Gabriel Grätzer / Martín Sassone, 2015)
“Cubre la escena del blues argentino desde fines del siglo diecinueve hasta ahora, con un capítulo muy extenso sobre el blues en el interior del país. Martín es periodista y tiene un programa de blues en la Rock and Pop, y Gabriel es músico, con varios discos editados, y también es director de la escuela de blues en el Collegium Musicum, con una actividad docente en el blues muy grande”

Rock sudaka. La historia de Korneta Suárez y Los Gardelitos (Juan Mendoza, 2016)
“Es básicamente una biografía de los Gardelitos hecha sobre todo con testimonios de miembros de la familia”

Estación imposible. Expreso Imaginario y el periodismo contracultural (Sebastián20 Benedetti / Martín Graziano, 2016) 
“La historia de la revista, ampliada a cómo funcionaba el Expreso como centro del periodismo contracultural en Argentina, y cómo se vinculaba con el resto de ese tipo de periodismo, el anterior y el posterior”

En contra de la música. Herramientas para pensar, comprender y vivir las músicas (Julio Mendívil, 2016)
“Julio es un musicólogo y charanguista peruano que ahora vive en Alemania, y que acaba de ser nombrado presidente de la Asociación Internacional de Estudios sobre Música Popular, que es una asociación que representa el organismo que se dedica a hacer estudios sobre eso. Es un libro con artículos muy breves discutiendo lugares comunes, como ser ‘cómo pensamos la música a nivel cotidiano’, digámoslo así. ¿Qué quiere decir ‘hablar de música’? ¿Qué quiere decir ‘saber de música’? ¿La música es un lenguaje universal? ¿Cómo funciona la música como herramienta política? ¿Tiene sentido hablar de ‘música argentina, o peruana, o africana’? En definitiva, ¿tiene sentido hablar de música? Preguntas con respuestas breves para discutir. Para mí es un libro clave de la editorial, que yo hubiera querido escribir, pero Julio lo escribió mejor. Porque tiene que ver con un concepto muy básico de la editorial, que es el de repensar muchas cuestiones acerca de la música”

21Valentino en Buenos Aires. Los años veinte y el espectáculo (Sergio Pujol, 2016)
“Los años veinte fueron un momento clave en el espectáculo argentino. El libro incluye capítulos sobre tango, sobre jazz, y no solamente de música, sino que también habla del surgimiento de la radio, sobre teatro, sobre cine. Es uno de los primeros libros de Pujol, y estaba agotado. El autor había llegado a entrevistar a varios artistas que habían estado activos en la década del veinte, y que para entonces tenían 80 o 90 años. René Cóspito, Iris Marga, Sebastián Piana, Cadícamo… Es un libro fascinante”


Melodías del destierro. Músicos judíos exiliados en Argentina durante el nazismo (1933-1945) (Silvia Glocer, 2016)

“La autora hizo su tesis de Doctorado en la UBA rastreando las trayectorias de muchos músicos judíos que vinieron a Argentina durante la guerra. Son historias de vida, porque ella rastreó cómo vivían y que hacían en Europa, cuál había sido su formación, y a qué se dedicaron cuando llegaron al país, cómo se adaptaron…Hubo muchos que se volcaron a la docencia, que trabajaron en el Teatro Colón, o en orquestas de radio, y que estuvieron trabajando en diferentes ámbitos y géneros de la música argentina”

La música de Sandro. Cómo se hicieron sus canciones
(Pablo S. Alonso, 2016) 22
“El autor releva sesión por sesión de grabación de Sandro. Con quién grabó, con quién tocó… Entrevistó a todos los músicos que grabaron con él. Cincuenta años de música de Sandro, canción por canción. Un trabajo de investigación que aquí nadie hizo sobre ningún músico argentino, un libro como sí existen afuera de Dylan o de los Beatles. Y sus vinculaciones con los diversos estilos musicales. Con el rock, con la canción romántica, con la tradición francesa, la italiana, la latinoamericana… Sandro grabó con los mejores músicos de aquí, y con los mejores músicos de jazz de Argentina. Compartió músicos con Piazzolla. Ziegler, Jacobe, Antonio Agri, López Ruiz, todos tocaron con él. Me parece un libro fascinante, porque además te muestra cómo funcionaba la industria, cómo trabajaban los estudios, los músicos, o los sesionistas”

Yo no estoy aquí. Rock, periodismo, ecología y otros naufragios (1966-2016)
(Pipo Lernoud, 2016)
“Lo considero una especie de autobiografía documental. Son textos cronológicos de diferentes épocas de su vida. Manifiestos, diarios, cartas, letras de poemas, de canciones, cosas inéditas, notas de El Expreso Imaginario, notas de La Mano, notas de CantaRock, cosas de Facebook… Pipo va contando su historia a través de distintas cosas que fue escribiendo con el paso del tiempo”

23Fábricas de músicas. Comienzos de la industria discográfica en la Argentina (1919-1930) (Marina Cañardo, 2017)
“Lo escribió Marina Cañardo, que es Doctora en Historia y Teoría de las Artes en la UBA, y Doctora en Música y Musicología en París, y registra los inicios de la industria discográfica en Argentina en la década del 20 y la manera en que se relacionó con los diversos géneros musicales, principalmente con el tango”

Una intelligentsia musical. Modernidad, política e historia de Rusia en las óperas de Musorgsky y Rimsky-Korsakov (1856-1883) (Martín Baña, 2017)
“El autor es Doctor en Historia en la UBA, donde también se desempeña como Profesor Adjunto en la cátedra de Historia de Rusia. Se trata de un libro de historia cultural que a su vez cumple la función de comprender a la sociedad rusa del siglo diecinueve, con Musorgsky y Rimsky-Korsakov enfrentándose a los avances de la modernidad europea de esos años como compositores de óperas que planteaban interpretar la historia del país”

Spinetta. Mito y mitología (Mara Favoretto, 2017)24“El libro está escrito por la misma autora del libro de las alegorías de Charly, y propone una serie de preguntas sobre la personalidad y la estética de Spinetta, y el fanatismo que su figura o su obra lograron generar”

La ruta del sol. La trilogía de Él Mató A Un Policía Motorizado (Walter Lezcano / Santiago Motorizado, 2017)
“Está por salir en estos días. Se trata de un compendio de letras, textos y afiches y entrevistas dedicados a la trilogía de la banda Él Mató A Un Policía Motorizado, una versión más extensa de otro libro publicado por el autor hace unos años, y que está ilustrado por dibujos de Santiago, el cantante del grupo”

2 HOURS -AND MORE- WITH ANITA PALLENBERG

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“Aren’t you staying for lunch?” How could one ever say ‘no’ to that when it’s Anita Pallenberg who’s asking it? It all happened last year during the days of the fourth and (so far) last visit of the Stones to Buenos Aires as part of the Latin American Olé Tour, which had started a few days earlier in Santiago de Chile, and with 10 more shows to go after the three in Argentina, closing on a high note in Havana, Cuba. This time, in order to avoid fans leaning out at the hotel doors, or even camping out, looking to catch a glimpse of the band, the Stones’ machine had come up with a new strategy, which was splitting them into different locations. Then Jagger stayed at the Palacio Duhau Park Hyatt, and Ronnie Wood at the Faena Hotel, while the Four Seasons (where the whole band was in all previous visits, taking over the luxurious Álzaga Unzué mansion, at the back of the hotel) was the headquarters of both Charlie Watts and Keith Richards.
 

As it’s been happening for at least the last 25 years (eventually, as the Stones’ kids grew older), taking them on tour became a usual thing. Children, wives, and even parents (during the band’s first time in the country in 1995, Keith had even brought dad Bert with him) ended up joining the party as they wandered around the world. But never ex-love partners. So I felt already too skeptical when an English girl friend that had come to South America to see some of the shows (and who was also staying at the Four Seasons) told me she had seen Anita Pallenberg in the afternoon taking a swim at the hotel’s pool. I denied her statement right from start. Anita hadn’t been close to the band for 35 years or more, at least since she stopped being Keith’s love-mate, and even when they were together, she was never one to show up on tours much often. “Anita? No way! You must have seen somebody that looked like her” Less likely to happen in South America, I thought to myself. I then asked her if she somehow had a chance to talk to the woman. “No, I didn’t”, she admitted, “but I sure can tell it was Anita. She was swimming next to me, she had a leopard bathing suit…” I could have kept refusing it on and on, I was sure she was clearly mistaken. At the end of the day, I thought again, everybody sees everybody’s look-alikes all the time. In fact the last time Anita had visited far away South America was around Christmas in 1968, when along Keith Richards,Marianne Faithfull and (Marianne’s then) boyfriend Mick Jagger took a boat all the way to Brazil, spending their holidays in the city of Matão (countryside of the São Paulo state, where Keith got the inspiration to write “Honky Tonk Women”), and then moving to Rio and Bahia, before heading for a few days in Perú. At the time, Anita had already become Keith’s steady girlfriend after he rescued her from the arms of his fellow bandmate Brian Jones (her original lover, with whom she shared an idyllic relationship before Jones, paranoid and currently dealing with one too many addictions, became violent with her) My friend’s theory about Anita’s sight in Buenos Aires 48 years later was, to say the least, unthinkable. However, as I was pacing the hotel lobby next day to meet another friend, who was also staying at the Four Seasons, I happened to see a woman walking by away enough from me who looked a lot like Anita (eventually, Anita in those days, whose older image I was familiar with after I had seen some new pictures of her on the internet a few months earlier) The woman rushed out of one of the elevators, going somewhere else. It all didn’t last for more than a millisecond, and wondering if I hadn’t actually imagined it (or, worst case scenario, if it wasn’t somebody resembling me of her), I decided to move on.

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Photo: Michael Cooper

But it all became true the day of the second show of the Stones in La Plata. A while before the concert began, as I was having a drink at the VIP area, once again I saw the lady I briefly spotted at the hotel the previous day, who now was about five meters from me, walking towards one of the tables. I was still quite dubious, I won’t deny it. More over, nobody attending the VIP seemed to notice that singular woman, elegantly dressed, with a hat, and walking with a cane. The possible fact it was actually her, going unnoticed by the others, no matter what, was also likely to happen. Only that she wasn’t on her own. Besides her was my friendAdam Cooper, which led me to start wondering if somehow I could have been wrong from the beginning. To anybody not familiar with his name, Adam is the son of Michael Cooper, the legendary photographer mostly famous for being the one who shot many of the English rock and pop stars in his home country during the ‘60s and ‘70s and, and even more important, for being the one who did the Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band and the Their Satanic Majesties Request covers. That’s right, those two album covers.

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Anita and me at the VIP in La Plata

Adam has been living in Buenos Aires for at least 20 years (where he organized many photo exhibitions showing his father’s works, as he also did abroad) and whom I’d first met shortly after his original arrival to Argentina. But long before that, when he was still the little boy living with his father in Chelsea, London, in the mid-‘60s, with his mum mostly out of the whole picture, and because of dad Michael’s friendship with the Stones, he had found a sort of surrogate mothers in both Marianne Faithfull and Anita Pallenberg. Not just one, but two, as if that weren’t enough. Marianne and Anita cuddled him, invited little Adam home to play, making him part of a memorable and amazing  cultural scene he would only become aware of as he got older. Plus the fact I knew Adam used to get in touch with them quite often after all these years, no matter the distance. This time there was no doubt that the woman my friend had seen by the hotel’s pool, or the one I’d seen at the lobby, was the same one. And that was Anita Pallenberg. I ended up swallowing my words, as I watched her chatting with Adam in the midst of the cacophonous rumble at the VIP area before the Stones’ second show in La Plata, while I slowly approached them. I greeted Adam and then introduced myself to Anita, telling her about my joy to see her visiting the country, and finally asked her to have a picture with her. Something against my own ethics, by the way. For some reason I never ever felt comfortable asking for a picture, period. Not only because I never found it right to invade anybody’s area, but actually mostly because a photograph without a story behind is nothing but that, an image born by ways of a lens and a button that’s pushed down, lacking naturalness, and turning out into a forced, artificial kind of situation. Without a before, without a during, and also lacking an after. Add to that I didn’t like the idea Anita could think I was just another fan looking for a picture to display on Facebook. Anita had always been one of my favorite female icons (that is, besides my devotion to the lives and times of the Stones, of which she played, needless to say, a major role in) So then Anita, the lady, gently said ‘yes’, displaying her trademark smile. It didn’t last for longer than 2 minutes, I’d say even less than that, and so I decided to leave them alone for better. I actually wouldn’t  have been interested in taking any pictures had I had the chance to talk to her instead, as talking always comes first. Out of there, away from the noise, and in the right place. I’d later apologize to my British friend for my stubborn reluctance to her story.

ANITA KONEX

Anita at the Michael Cooper’s 
exhibition at the Konex
(Photo: Adam Cooper)

Two days later, on Friday February 12, the weather was already awfully soaking wet by the time it dawned. The hottest February ever in history, according to the local meteorologists. There was still one final Stones’ show at La Plata’s Estadio Único next day but, once again, and despite the unbearable temperature, I had to go back to the Four Seasons to meet a fellow friend from New Zealand who was also in Buenos Aires for the Stones concerts. We had agreed to meet in the early afternoon but, given the weather conditions, I decided to leave from home earlier, which led me to arrive to the hotel before I expected. It was only a few minutes after my arriving to the Four Seasons that there I came across Adam again who, polite as usual, approached me to say hello. I asked him why he was there, and he replied he had an appointment with Anita, they were going to have lunch together at one of the hotel restaurants. I didn’t hesitate for a second, and next thing I was telling him how important it would be for me to finally have the chance to exchange a few words with her (more than a minute and a half, at least) now that we were in the right place to do so, away enough from the concert craziness.“Sure”, he said, “right now she must be coming down in the elevator” I confessed to him all I actually wanted (and whoever is reading this, please believe my very words) was just to walk them up to the restaurant table, and then I was done. As I said before, I’m not the kind of person who likes to interfere with anything, let alone something I wasn’t invited to in the first place. Anita showed up in a matter of seconds, elegantly dressed, bohemian style, in a leopard pattern printed dress and purse, flashing her classic smile. After greeting us gracefully, we started heading to the Nuestro Secreto restaurant, which can be accessed right from the very entrance of the mansion. Once again, I knew time would be never enough to have a proper chat, so far for me, but nevertheless I was happy enough to be with them and have a word in the meantime. Plus there was no way Anita could have remembered about our brief meeting at the stadium. We reached the restaurant five minutes later and, as promised, I said goodbye to them. That’s just when she unexpectedly invited me to have launch with her and Adam. “Aren’t you staying for lunch?” In the right place now. And in case it all happened because she felt sorry letting me go, she gave me another of those killer smiles confirming that she really meant she was inviting me to join them. “Oh, I’d love to stay!” “Sure, have a seat”, she confirmed, which I instantly agreed to while getting ready to be part of an unforgettable one-of-a-kind moment. I can’t actually remember now what we ordered to eat (quite weird for somebody as insanely thoughtful as me), but the three of us sure drank mineral water. Some details may always escape my mind. That’s the price one pays when you put much attention to a woman with an overwhelming personality like Anita had to say, someone who lived and survived (nearly) anything, when other personal issues take second place and you prioritize her knowledgeability above all, addressing literally any topic, which she proved to know quite much of.

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Gerard Malanga, Andy Warhol, Edie Sedgwick, Chuck Wein, Anita, and a guest. Warhol’s Factory times.

Readers may wonder why I didn’t ask her about all those facts and stories we read again and again over the years. But what was there to ask? And what would have been the outcome anyway? The answer is, they’re all pretty well-known, then why asking about them again? After all, this was no interview, this wasn’t me the journalist meeting her. No journalistic duties involved this time then, but just an informal and regular conversation. It was lovely and extremely funny  to enjoy Anita’s great sense of humor throughout the two hours or more we’d been there.  I just let it flow. Had it not been so, I would have sure asked her about the days when she was expelled from a German boarding school at 16, or her times at Andy Warhol’s Factory after she arrived to New York. Long before her entry into the world of the Rolling Stones, Anita was already a class A rebel with enough skills (out of her amazing physical beauty, she managed five languages) that she made best use of. That’s one of the reasons why listening to all she had to say was such an amazing experience. And although it was mostly English we talked (in Anita’s case, with a strong Italian accent), she would often come up with a few single words in a different language. She told us how much she loved the hot weather above all, and that she was always running away from the cold. That’s why, she explained, she shared her time in at least four different destinations in the world, mostly in Keith Richards’ house in Ocho Rios, Jamaica, “where the weather was always nice”, or in other places that also belonged to Keith , like the Redlands country house in West Wittering (located in West Sussex, England, yes, which was scene of the famous February 1967 police raid) or the one in Cheyne Walk, right by London’s Chelsea Embankment (where she started living with Keith in 1969), or even her native city of Rome where, as much as I remember, she told me she used to have, or still had a sister living there.

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Anita and Mick Jagger during the shooting of “Performance” (1968)

Clouds of artificial smoke coming out of her electronic cigarette, extremely tanned and with her skin slightly wrinkled, the then 73-year-old Anita still carried the sex appeal that had been a permanent trademark all though her life. And whereas she no longer had that fresh beauty so typical of her when she was younger, her particular way of speaking, coupled with an established femininity, still made her a very attractive woman. And that halo all around her! There’s something rather strange that always happened to me whenever I had the chance to meet somebody I admired, or wished I’d ever meet in person, being it for an interview or, such as in this opportunity, that of a fortuitous encounter, and that’s in a way or another, I always feel that person isn’t actually there in front of me, in spite getting this endless collage of images and intermingled stories that remain away from what is really happening at the very moment you’re talking to them. It mostly felt like it every time I had the chance to meet somebody with a heavy history behind, that I really admired, or meant a lot to me. That’s when I’m not able to separate all that from the true reality, as redundant as that may sound. It’s like one dimension within another, while both get constantly blurred on the fly. For that reason, meeting Anita had little to do with the actual fact of being there with her, instead making me feel I was watching an unlimited short film where the thousands of images of her I saw over the years, being them photographs or footage, came one after another non-stop, taking me to a parallel dimension. Which is a probably the same that could happen to anybody into the lives and times of the Rolling Stones, as it’s undeniable that Anita Pallenberg epitomizes a crucial element in the band’s history. Because, to put it this way, if there’s no certain amount of danger involved, there’s no rock and roll at all. And I’ve always believed Brian and Anita were the first ones to come up with that pinch of danger in the Stones, something which they’d go along with in their formative years and beyond. Brian gave the Stones their original style and attitude, anticipating which would come later, while Anita with her piercing gaze and dangerousbad girl aura was just the icing on the cake, an irresistible dish on the table.

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Brian Jones, Anita and Keith in Tangiers, Morocco, 1967

That’s the main reason why, all through the lunch, I wasn’t essentially able to take my eyes off her, while another shot of a thousand images crossed my mind, and all that now taking place only a few inches from me. All those pictures of she and Keith, Anita seducing Mick while shooting Performance (which led to the very first rift between the Glimmer Twins), Anita “the Great Tyrant” who controls the underground city where Jane Fonda landed in Roger Vadim‘s science fiction film Barbarella, or another of her film roles, in A Degree of Murder, which original movie soundtrack by ex boyfriend Brian Jones remains unreleased to this day. Instead, I chose to look and listen to her, while (once again) that endless number of images kept going through my head with Anita in the leading role, the Stones’ muse par excellence, and no way it could stop. The full blooded “it girl” during much of the ‘60s and ‘70s, who after all this time couldn’t help but give you a crushing smile, that very one an English magazine once referred to as “that witchy smile”, the kind of girl everybody wanted to have.

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On the set of “Barbarella” (1968)

It’s noon and it’s summer and in this restaurant in a fancy hotel in Buenos Aires here’s the woman whose veins have seen vast doses of opiates go by, when being a junkie had to do only with one’s own decisions, and not because of a snobbish pose to satisfy a photographer’s eye. The one who was part of the whole thing behind “Sympathy for the Devil” during a pivotal year, when many people started considering Anita “the sixth Stone”. “Is it true that all those ​​’oohs, ooh, oohs’ in the song was your idea?” I’d rather refrain from asking her. She may not be interested in setting the record straight, or in reviewing other pages of her past, which she makes clear when, after my suggesting she should write her autobiography some day, she honestly replies “I can’t remember anything”. It was a short way of explaining the true story behind her answer, her actual reluctance to do so as, since “all that the publishers want are the stories with some scandal involved” Neither it was needed to discuss her contribution to the Stones’ mystique. It was enough of her to express her unconditional love for the band’s history, of which now wonders about its fans, “Don’t they realize they’re already grown-ups and that they need to have some rest after a show?” Now it’s Anita who’s shooting questions. “Sure”, I said, “but I guess there’s nothing we can do about it” And then she smiles back, followed by another puff from her electronic cigarette. Later on she would refer to the Toronto 1977 days, when she and Richards got arrested at the airport after customs searched their luggage and found out they were carrying drugs. Well, you all know the story. Richards would get his visa back after a while, which allowed him entrance to the USA, while Anita had to wait for many years. “That was the worst time of my life”, she would confess, as we ordered more mineral water. Interestingly, she proposed talking about the current political scene in Argentina at the time, when we tried to explain to her that our previous government had restricted the local population to get any foreign currency for many years, a subject she suddenly changed to express her love for her children and grandchildren. Adam had invited Anita to visit Early Stones, by Michael Cooper, the photo exhibition featuring his father’s works which was currently taking place at Ciudad Cultural Konex that very afternoon once we finished our lunch. With just one last Stones show in Buenos Aires to go, and with no intentions to follow the rest of the Latin American tour (“I’m not following it, after Buenos Aires I’m going back to Jamaica”) we finally left the restaurant and headed for the exhibition, where Adam was honoring his father once again displaying pictures from the Stones’ early years, which Anita had been an essential part of.

Anita y Silvia Cooper, esposda de Adam, en la muestra en el Konex

Another picture of Anita at the Konex, with Silvia Cooper, Adam’s wife (Photo: Adam Cooper)

Before jumping on the elevator that would take us back to the ground floor of the hotel, I considered having a picture with her: “Anita, I hate to say this, but I’d love a picture of the day I met you” “Oh no, sorry, I’m not wearing any make-up”, she reacted, flashing another of her classic smiles. That’s when I realized that, after all, and against any logic, at least this time a thousand words would be worth an image. To my surprise, there came an unexpected bonus. By the time we got to the main entrance of the Four Seasons, amidst some 35-odd degrees, Adam asked us to wait for him outside as there was something else he needed to do, which turned into about 10 minutes of me and Anita all alone sitting on one of the benches right by one of the hotel doors.  Under the blazing sun, she asked me to get her another bottle of water. I was back with the bottle in a matter of seconds to find her taking one of her Camels from her purse, then tasting it like it was her first cigarette that day.

With director Volker Schlondorff during the filming

With director Volker Schlondorff during the filming of “A Degree of Murder” (1967)

I kept asking questions to her, one right after another, until from a cloud of smoke that made her look like in the days of Nellcote, she boldly said:“Are you gonna keep asking me questions all the time?” Oops. “Sorry, I cannot think of any other way to talk to you, Anita”, I honestly acknowledged. Then, a few minutes later, when I took out my pack of Marlboros and offered her one saying “Would you like a cigarette?”,unsuccessfully  trying not to make it sound like a question as much as possible (is there any other grammar way of saying so, after all?), she laughed histerically. “You said your name is Marcelo and that your family came from Italy, so what’s your last name?” Now it was Anita who asked the questions. “Sonaglioni, Marcelo Sonaglioni, and you know what, I never got to find out the story behind my last name and…” She stopped me. “¡Marcelo Sonaglioni!”, she said in a loud voice, like she was introducing me to an audience. “That’s the name of an Italian serpent!”, she assured, while I enjoyed my cigarette with Anita Pallenberg in the thick of more clouds of smoke, the girl whose ex boyfriend Keith Richards once dedicated the song “You Got the Silver”to, definitely as much dazzled as I felt now. With Adam back into scene, it was time to leave for the Konex, but I decided not to join the party this time, as I still had to meet my friend, as previously arranged. Anita grabbed my arm and I walked her up to the car. “Oh, aren’t you coming?”, she said. “Unfortunately I can’t, but I look forward to seeing you again soon. And thanks for an amazing time!” Hugs and kisses were exchanged, before she and Adam left in a taxi on their way to dad Michael’s exhibition.
Just last year, as I was about to travel to England, an interview with Anita had been almost confirmed (where I would have asked her all those questions I had in mind and had to keep to myself the day we had lunch), but then I was informed she broke one of her ribs, so it was postponed for another time, which now won’t ever happen.

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The news first published by the Italian newspaper La Stampa on last June 13 was a bolt from the blue. Even though she had been experiencing several health issues over the last few years, Anita’s body clock finally determined it was time to stop. She died peacefully surrounded by her loved ones in a Chichester hospital, in West Sussex, not far from Redlands. How the world turns, before we got the shocking news I had already arranged to meet up with Adam on Wednesday, just a day after Anita passed away. We didn’t cancel it at all. Adam was already there when I got to the bar. He was really down, and quite sad and shaken. “You know, that was like losing my mother, because Anita was like a substitute mother to me…”, he told me. We realized we didn’t feel like talking anything, but about Anita. “Did you see Keith’s post on Facebook?”, Adam asked. “It reads ‘A most remarkable woman. Always in my heart.’ ”. Keith’s heartfelt post also included a picture of Anita, looking incredibly beautiful, originally shot by his father Michael. Adam was almost in tears. We ended up unwinding ourselves, like in all the wakes, a nice way to remember  the people we love, while I kept reminding him about the many stories we lived the day we had lunch with Anita, when both of us saw her for the last time, something I will thank Adam for forever.

DOS HORAS -Y ALGO MÁS- CON ANITA PALLENBERG

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Publicado en Revista Madhouse el 24 de junio de 2017

“¿Te querés quedar a almorzar con nosotros?” ¿Cómo decirle no a semejante invitación cuando la propuesta parte de la mismísima Anita Pallenberg? Sucedió el año pasado, durante los días de la hasta ahora cuarta y última visita de los Rolling Stones a Buenos Aires como parte del Olé Tour, la gira latinoamericana que había comenzado unos días antes en Santiago de Chile, y que se extendería por diez  fechas más culminando con una presentación en La Habana, Cuba, a modo de broche de oro. Para la ocasión, y a fines de que los fans no desborden los accesos al hotel o incluso terminen acampando a sus alrededores, esta vez el equipo de logística del grupo había designado una nueva estrategia: separar a los miembros de la banda en diferentes destinos. Jagger se alojó en el Palacio Duhau Park Hyatt y Ronnie Wood en el Hotel Faena, mientras que el Four Seasons (donde la primera plana stoniana sí se había instalado en su totalidad en todas sus visitas anteriores, ocupando la mansión Álzaga Unzué) fue la base de operaciones de Charlie Watts y Keith Richards. Y también parte de esta anécdota, recuerdo informal -y emocionado- de un fan. 
 
Tal como se viene observando desde hace al menos un cuarto de siglo, a medida que los Stones se hacían mayores y sumaban hijos a sus familias la tradición de llevarlos de gira junto a ellos acabó convirtiéndose en un hecho folklórico. Hijos, esposas y hasta padres (en la primera visita de la banda al país, en 1995, fue el mismísimo Bert Richards, padre de Keith, quien también se paseó por estos lares) terminaron sumándose al equipo de gira que los Stones arrastran a su paso por el planeta. Pero nunca sus ex-mujeres. Por eso me tomé todo el atrevimiento posible de pecar de escéptico cuando una amiga inglesa que había venido a Sudamérica para presenciar algunos de los shows del tour -que, al igual que los Stones, también se estaba alojando en el Four Seasons- me confesó haber visto esa tarde a Anita Pallenberg en la pileta del hotel. Se lo refuté desde el vamos. “¿Anita? Imposible”, le dije. “Anita no viaja con el grupo desde hace mínimamente 35 años, al menos desde que cortó relaciones directas con Keith. Y aún cuando estaban juntos, jamás fue de seguir las giras. Debés haber visto a alguien muy parecida”. Y mucho menos en Sudamérica, me decía para mis adentros. Le pregunté insistentemente si había trabado conversación con ella. “No, no hablé”, me confesó, “pero te aseguro que era Anita. Estaba nadando a mi lado, tenía un traje de baño de leopardo…”. Podría haber continuado rechazándole toda posibilidad de veracidad del hecho explícitamente, queen lo que a mi refiere nada me iba a convencer que estaba en un perfecto error. Al fin y al cabo, me dije, todo el mundo ve gente “parecida a” por todas partes.
 
ANITA EN ARGENTINA. La última vez que Anita Pallenberg había visitado estos hemisferios fue para las navidades de 1968, cuando en ocasión de un crucero de placer junto a Richards, Marianne Faithfull y su por entonces novio Mick Jagger, el insigne cuarteto  desembarcó en Brasil, donde pasaron sus vacaciones en las ciudades de Matão  (en el interior del estado de São Paulo, donde Richards se inspiró para componer “Honky Tonk Women”), Rio y Bahia, antes de dirigirse por unos días más a Perú. Por esos años Anita ya se había convertido en la compañera de vida oficial de Keith luego de que en 1967 el guitarrista de los Stones la “rescatara” de los brazos de su co-equiper Brian Jones, su pareja original, con quien compartió una relación idílica hasta que el pelirrojo guitarrista, presa de la paranoia y desbordado de adicciones, comenzara a ejercer la violencia física sobre ella. La teoría de mi amiga sobre el avistaje de Anita en Buenos Aires 48 años más tarde de aquella oportunidad era, cuando menos, inimaginable. Sin embargo, quiso el destino que mientras me paseaba por el lobby del hotel al día siguiente, aguardando el encuentro con otro amigo que también se alojaba allí, pude ver a una mujer de rasgos muy similares a los de Anita  (por lo menos la Anita de esos días, con cuya imagen de “señora mayor” estaba familiarizado tras haber visto unas fotos recientes en alguna página de noticias), la cual rápidamente salió de uno de los ascensores para dirigirse a otro sector del hotel. La escena no duró más de medio segundo, y pensando si al fin y al cabo no había sido producto de mi imaginación o -en el mejor de los casos- si no se trataba simplemente de alguien con un gran parecido, opté por olvidarme del asunto.

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Foto: Michael Cooper

Pero la ilusión terminó convirtiéndose en hecho el día del segundo de los tres shows de los Stones en la Plata. En momentos previos al conciertos, mientras me encontraba en el sector VIP del evento, vi cómo esa señora tan parecida a Anita que el día anterior me había llamado la atención saliendo del ascensor del hotel era ni más ni menos la que ahora, a unos cinco metros de distancia, se dirigía a una de las mesas del VIP. Nada iba a tirar por la borda mi escepticismo, para qué negarlo. Más aún, ninguno de los muchos asistentes al recinto parecía haber puesto la mirada en la distinguida dama en cuestión, lo cual mantenía la improbabilidad de la situación: había pasado inadvertida ante los ojos de los demás asistentes, lo cual tampoco hubiera resultado nada improbable. Claro que la señora que se parecía a Anita iba acompañada de mi amigo Adam Cooper, y eso significaba un giro de 180 grados en lo que tozudamente negaba desde el vamos. Para aquellos que no están familiarizados con su nombre, Adam es hijo de Michael Cooper, legendario fotógrafo inglés que retrató como pocos la escena del rock de su país de origen de los 60 y buena parte de los 70 y, entre otras grandes obras, el responsable de las portadas  de los célebres álbumes “Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band” y de “Their Satanic Majesties Request”. Nada más y nada menos.

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Anita y el autor de esta nota: tiempos de sector VIP en La Plata, antes del más reciente show de los Stones

UN ENCUENTRO CON ADAM. Adam vive en Buenos Aires desde hace al menos dos décadas (muchos recordarán las varias exhibiciones fotográficas que organizó con buena parte de la obra de su padre), y a quien yo ya había conocido por aquellos tiempos,  poco después de su arribo al país. Pero mucho antes de todo eso, cuando todavía era el niño que vivía junto a su padre en el Chelsea londinense de mediados de los 60, Adam, de madre original prácticamente ausente, a través de la amistad y cercanía permanente de papá Michael con los Stones había encontrado en Marianne Faithfull  y Anita Pallenberg una suerte de madres sustitutas. Dos, a falta de una. Marianne y Anita lo mimaban, lo invitaban a jugar a sus casas, haciéndolo formar parte de una escena cultural histórica de la cual sólo tomaría conciencia con el correr de los años. Y yo sabía que Adam se mantenía en contacto con ellas, a pesar del paso del tiempo y también de la distancia. Ya no quedaba espacio para dudas: aquella señora que mi amiga había visto en la piscina del hotel, o la tan parecida a Anita que yo había divisado por un microsegundo en el lobby del lugar, era finalmente Anita Pallenberg.

Tuve que tragarme mis palabras, más que nunca ahora que la veía charlando con Adam en medio del alboroto generalizado del VIP, mientras me dirigía sigilosamente hacia ellos con la intención de plasmar algún tipo de recuerdo en mi memoria. Saludé a Adam y me presenté ante Lady Anita; le manifesté mi alegría de verla de visita en el país y, finalmente, le pregunté si podía tomarme una foto con ella, algo que resultaba ir en contra de mi propia ética. Por una serie de motivos, siempre me pareció mal pedir fotos. No sólo porque nunca me pareció correcto invadir el tránsito de nadie, sino más aún porque una foto sin una historia que la produzca es simplemente eso, una imagen capturada por un lente y un botón que la dispara; un momento que carece de naturalidad, forzado y artificial, de tantos de esos que hoy día suelen pulular en las redes sociales, para efímero placer de sus protagonistas de la era del vacío, sin un antes, sin un mientras y sin un después. Tampoco quería que Anita pensara que era simplemente “otro fan” acumulador de fotos, pero al mismo tiempo sabía que la tiranía del tiempo no me iba a permitir declararle mi admiración por su persona (Anita siempre fue uno de mis íconos femeninos favoritos, más allá de mi eterna devoción por las vidas y los tiempos de los Stones, de los que ella es parte fundamental) y que esa posible fotografía, reitero, no iba a ser más que el retrato de un instante de estilo pasajero. Y entonces Anita, la dama, accedió gentilmente, exhibiendo su sonrisa resplandeciente marca registrada a través de los años. Bastó con menos de dos minutos, el tiempo exacto que me indicó que hubiera renunciado a toda fotografía de haber podido ocuparlos para intercambiar unas palabras y así poder sondear su mirada con más detenimiento.  Fuera de ahí, fuera del ruido, y en el marco indicado.  Más tarde le pediría a mi amiga británica disculpas por mi capacidad de descreimiento ante ciertas aseveraciones…

ANITA KONEX

Anita posando en el Konex  (Foto: Adam Cooper)

ALMORZANDO CON ANITA. Dos días más tarde, aquel 12 de febrero de 2016 amaneció con un clima insoportable, siendo el segundo mes del año más caluroso en la historia del distrito, tal como lo confirmaban los meteorólogos. Aún restaba un tercer y último concierto de los Stones en el Estadio Único de La Plata el sábado, pero una vez más, y a pesar de la temperatura sofocante, tuve que volver al Four Seasons para encontrarme con un amigo neozelandés que también vino al país para asistir a los shows. Minutos después de mi llegada al lugar, me topé nuevamente con Adam, tan amable como siempre, que se acercó a saludarme. Le pregunté a qué se debía su visita, y con toda la parsimonia posible me contestó que estaba allí para almorzar con Anita en el restaurante del hotel. No titubeé ni por un instante y le manifesté lo importante que sería para mí poder intercambiar unas palabras con ella, ahora que sí estábamos en el marco adecuado, bien lejos de la agitación de rigor previa a un concierto. “Claro que sí”, me aseguró, “debe estar bajando en el ascensor”. Agregué que todo lo que deseaba (y quien sea que esté leyendo estas líneas, créame que fue meramente así) era quizás acompañarlos hasta la mesa, saludarla nuevamente y despedirme. Remarco una vez más que no me gusta interceptar ninguna situación que no me competa.

Anita apareció en cuestión de instantes, elegantemente vestida, de bohemio estilo, vestido y cartera de leopardo  y sombrero beige, apoyándose en un bastón para caminar, tan refinada como siempre, con su enorme sonrisa. Nos saludó, y segundos después nos encaminamos a Nuestro Secreto, el restó al cual se accede directamente desde la entrada de La Mansión. Sabía que el tiempo nuevamente iba a resultar escaso, al menos desde mis posibilidades, pero como fuera, estaba más que conforme con poder acompañarlos hasta el lugar y de paso intercambiar unas palabras. Desde ya, no había manera de que recordara nuestro veloz encuentro anterior, ni tampoco necesidad de refrescarle la memoria. Por eso, cuando finalmente arribamos al lugar del almuerzo, cumpliendo con lo prometido, me despedí. Fue cuando Anita me propuso lo inesperado, invitándome a quedarme a compartir el encuentro junto a ella y Adam. En el lugar justo, en el momento indicado. Y por si aún existía la posibilidad de aceptar la invitación sólo por un motivo de suerte, me regaló otra de sus sonrisas fulgurantes una vez que asentí y me senté junto a ellos para disfrutar de un momento inolvidable. No recuerdo qué pedimos, lo cual resulta raro para alguien tan detallista como yo, pero sí que los tres invitados bebimos agua mineral. Algunos pormenores, aunque mínimos, simplemente se escapan. Es el precio que se paga por poner mucha más atención en lo que una charla relajada con una mujer de personalidad avasallante depara. Es lo menos que puede suceder al comunicarse con alguien que lo vivió (casi) todo, y con la cual prácticamente todo dato histórico de rigor termina resultando secundario ante su enorme cultura y su disponibilidad.

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Gerard Malanga, Andy Warhol, Edie Sedgwick, Chuck Wein, Anita Pallenberg y una invitada.

HISTORIA VIVA Y HUMO ELECTRÓNICO. El lector podrá preguntarse cómo es que no abordé ninguno de los temas o hechos  relevantes que Anita cosechó a lo largo de su vida. Vaya como respuesta que simplemente por ser datos conocidos, la necesidad de preguntarle por ellos hubiera resultado absolutamente innecesaria. Y que después de todo, aquí no había ninguna entrevista de por medio, ninguna misión periodística ni informativa, sino una charla distendida con toda la informalidad que ameritaba (fue adorable disfrutar de su poderoso sentido del humor a través de las casi 2 horas que duró el almuerzo), y dejar que, sencillamente, fluya. De no haber resultado así seguramente le hubiera preguntado por los días en que fue expulsada de una escuela de pupilos a los 16 años para acabar bandeándose por algunas de las grandes capitales europeas, o su experiencia en New York como parte del grupo selecto que poblaba The Factory bajo la batuta de Andy Warhol. Mucho antes de su ingreso a las filas de los Rolling Stones, Anita ya era una rebelde empedernida, un destino natural rico en virtudes y sensaciones varias (fuera de su asombrosa belleza física, manejaba cinco idiomas) que supo explotar del mismo modo. Es por tal motivo que escucharla hablar resultara tan extremadamente simpático y, fuera del inglés que dominó la charla (caracterizado por un fuerte acento mitad italiano- mitad alemán) cada tanto proponía alguna frase o palabra en otra de las lenguas que dominaba. Nos confesaba su predilección por el clima caluroso, y su huída cada vez que llegaba el frío al lugar que estaba habitando. Es que Anita repartía su tiempo viviendo en al menos cuatro destinos en el mundo, principalmente en la casa propiedad de Keith Richards en Ocho Ríos, Jamaica, donde el clima no le resultaba problema alguno, y escapándose de los otros paraderos también del mismo dueño (la histórica casa de Keith de Redlands en Sussex, Inglaterra, o la de la calle Cheyne Walk en el Chelsea Embankment londinense, o de su Roma natal, de donde recuerdo señaló haber tenido, o seguir teniendo una hermana que vivía allí). Todo entre permanentes bocanadas de humor artificial disparadas por su cigarrillo electrónico.

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Anita y Mick Jagger en el rodaje de “Performance” (1968)

ESA VIEJA MAGIA. Extremadamente bronceada, y con la piel algo arrugada a su edad, a sus 71 años de edad Anita aún mantenía el sex appeal que había sido su sello natural personal. Y si bien ya no contaba con la belleza física que la caracterizó, su peculiar forma de hablar, sumada a sus clásicos modales y su femineidad establecida, continuaban siendo parte de una personalidad atractiva en todo momento, con un halo que estaba a la misma altura.  Hay algo suficientemente raro que siempre me sucedió cuando tuve que estar frente a algún personaje histórico que me haya tocado conocer en persona, ya sea en situación de una entrevista o, como fue en este caso, el de un encuentro fortuito, y que es de alguna manera sentir que la persona en cuestión en realidad no se encuentra físicamente allí, tornándose todo el tiempo un collage interminable de imágenes y historias entremezcladas (las mismas que uno siempre contempló, las mismas que terminaron forjando al personaje en cuestión), y alejándose de lo que realmente está pasando en el autentico momento del encuentro. Básicamente me ocurrió con cualquier figura de peso que tuve oportunidad de conocer, y que, así las cosas, no logré separar de la verdadera realidad, con todo lo redundante que la frase pueda significar. Es como una dimensión dentro de otra, mientras ambas se desdibujan constantemente sobre la marcha. Por tal motivo, estar con Anita poco tuvo que ver con el hecho en sí, pero con un cortometraje ilimitado por donde figuraron las mil y una imágenes de ella que uno cierta vez presenció con el correr de los años, en fotografías o material en video. Que es lo mismo que le podría haber sucedido a un adorador de la carrera de los Rolling Stones, porque es innegable que Anita Pallenberg simboliza un elemento fundamental de la iconografía central de la banda. Porque si no existe una cuota de peligro (lejos de cualquier posibilidad amenazante, sino respecto a la situación de tensión que el género debe esencialmente conservar), el rock no es rock. Y Brian y Anita fueron los progenitores del estilo de la banda desde esa coyuntura original en sus años formativos. El primero aportó la imagen original y la actitud estilística de casi todo lo que llegaría después, y la inquietante Anita, con su mirada penetrante y su porte natural original de bad girl, fue la cereza en la torta para un plato irresistible de uno de los menúes centrales en toda buena mesa.

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Brian Jones, Anita y Keith Richards: el triángulo original

MIL Y UNA PERFORMANCES. Por esa y mil razones más, a lo largo del almuerzo no logré quitar la mirada de su persona y ese halo inexplicable, mientras por mi mente desfilaban otros tantos millares de postales a los que uno asistió y que ahora se materializaban en la mesa de un restaurante. Aquellas de Anita junto a Keith en todas esas ocasiones que haría falta un archivo aparte para atesorar, Anita cortejando amorosamente a Mick en el film “Performance” (y la guerra de situaciones internas en la dupla Jagger/Richards que esa circunstancia produjo), Anita la “Gran Tirana” que  controla la ciudad subterránea donde aterriza Jane Fonda en la película “Barbarella” (mientras el director Roger Vadim luchaba por manejar sus emociones comandando los roles de dos de las mujeres más bellas del planeta), o en otro de sus roles fílmicos, el del largometraje “A Degree of Murder”, cuya banda original de sonido a cargo de su ex Brian Jones continúa permaneciendo inédita. Preferí inclinarme al viejo arte de la observación, mientras por mi cabeza seguía cruzándose un sinfín de imágenes imposible de detener protagonizadas por la musa stoniana por excelencia, e “it girl” de cepa durante buena parte de los años 60 y 70 (eso que los diccionarios definen como la frase informal para referirse a la mujer bella y de estilo poseedora de sex appeal sin la necesidad de lucir su sexualidad), que a pesar del paso del tiempo y las arrugas no lograba evitar una sonrisa irresistible a la que alguna vez una revista de moda británica citó como “esa sonrisa de bruja”. O la chica que todos querían tener.

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Anita en el film “Barbarella” (1968)

EL LIBRO QUE NUNCA FUE. En este mediodía estival en el restaurante de un lujoso hotel de Buenos Aires estaba la mujer por cuyas venas circularon vastas correntadas de opiáceos, cuando ser un yonqui respondía exclusivamente a una decisión propia y no a una pose snob celebrada por los lentes de las cámaras. La del aporte definitivo a la concepción de la canción “Sympathy For The Devil”, en lo que determinara un año clave en la imaginería del grupo del cual muchos la consideraban “el sexto Stone”. “¿Es verdad que la idea de los ‘oohs, ooh, oohs’ de esa canción fueron idea tuya?”… Prefiero abstenerme de preguntárselo. Posiblemente no le interesara aclararme nada de eso, ni repasar viejas páginas de su historia, lo que decididamente dejó en claro cuando se me ocurrió sugerirle por qué no escribir una autobiografía alguna vez, y a lo que respondió “Porque no me acuerdo de nada”. Fue una manera rápida y concisa de explicar la verdadera historia detrás de la respuesta, que es la de su reticencia declarada a no hacerlo, previendo que cualquier editor posible sólo lo hubiera hecho con el mero interés de ofrecerle a los lectores historias de neto corte amarillista, las que seguramente hubieran vendido cantidades de copias, pero que a cambio hubieran pasado por alto otros capítulos que la hubieran definido más acertadamente. Tampoco fue necesario repasar su aporte fundamental a la mística de los Stones, entonces. Bastó y sobró con dejar que se expresara por sí misma, declarando su amor incondicional por la historia del grupo y que ahora, de grande, se preguntaba cada vez que presencia las escenas de fanatismo adonde los Stones se dirijan: “¿No se dan cuenta que ya son tipos grandes y que cuando vuelven de un concierto necesitan irse a dormir y descansar?” Esta vez fue ella quien me formuló una pregunta. “Seguramente”, respondí, “pero no creo que podamos hacer mucho al respecto”. Me devolvió una sonrisa, como las tantas otras que se dieron durante la charla, seguida de otra bocanada de humo artificial.
Tampoco faltarían sus comentarios sobre los días en Toronto de 1977, cuando fue detenida junto a Richards en el aeropuerto de la ciudad tras habérseles encontrado una buena cantidad de heroína, lo que casi le vale al guitarrista una temporada tan extensa en la cárcel como para haber puesto fin a la mismísima carrera de los Stones. Richards lograría la emisión de un nuevo visado que le permitió regresar a los Estados Unidos tiempo después, situación que a Anita, habitante de su esfera personal ante todo y sin contar con los mismas ventajas que la fama de un músico puede traer aparejadas, le valió al menos una década y media sin poder retornar a aquel país. “Fue el peor momento de mi vida”, nos confesaría, mientras ordenábamos otra botella de agua mineral.  Más curioso aún fue cuando propuso abordar un repaso breve sobre la situación política argentina del momento, que entre cambios de gobierno y explicaciones en vano sobre la medida del “cepo” monetario de la administración anterior (y donde no faltó más de un “¿por qué?”), prefirió cambiar de tema para dejar en claro cuánto amaba a sus hijos y a sus nietos. El plan posterior al almuerzo iba a ser el que tenía previamente agendado, la invitación de Adam a que visite “Early Stones, by Michael Cooper”, la exhibición con fotografías de los Stones tomadas por su padre que Adam estaba llevando adelante por esos días en el espacio Ciudad Cultural Konex, a la que Anita había prometido visitar aquella tarde y de la cual iba a ser invitada ilustre para revisar en persona buena parte de su historia, enfrentándose a imágenes de las cual ella también formaba parte. Con solo un show más de los Stones pendiente a tener lugar al día siguiente, y dejando de sumarse al resto de la gira latinoamericana (“no la voy a seguir, después de aquí regreso a Jamaica”) abandonamos el recinto para emprender camino a la muestra de imágenes en blanco y negro en la que Adam, lleno de emoción, homenajeaba una vez más a su padre y al temprano mundillo Stone del que Pallenberg había sido pieza fundamental.

Anita y Silvia Cooper, esposda de Adam, en la muestra en el Konex

En la muestra del Konex junto a Silvia, esposa de Adam (Foto: Adam Cooper)

FUMANDO AL SOL. Antes de tomar el ascensor que nos iba a llevar a la planta baja del hotel barajé la chance de tomarme una fotografía con ella: “Anita, odio pedir fotos, pero me gustaría que nos tomemos una como recuerdo de lo que para mí fue gran momento”; “No, que no tengo puesto nada de maquillaje”, me contestó sinceramente, valiéndose de otra de sus sonrisas arquetípicas. Fue cuando deduje que, después de todo, y desafiando la lógica, al menos por esta vez las mil palabras iban a valer más que una imagen. Claro que mucho menos me esperaba que la jornada todavía me tuviera deparada un bonus inesperado. Fue cuando al llegar a la puerta principal de ingreso al Four Seasons, inmersos en una temperatura que para esa hora ya había superado los 35 grados reales, Adam nos pidió que lo esperemos un momento. El momento finalmente terminó extendiéndose por algo más de diez minutos, en los que Anita y yo nos quedamos a solas sentados en uno de los bancos de la entrada del hotel. Bajo un sol abrasador, me pidió que le consiga otra botella de agua mineral. Volví a estar sentado junto a ella en tiempo record, mientras sacaba un Camel de su cartera para saborearlo como si fuera el primer cigarrillo del día de todo fumador empedernido.

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Con el director Volker Schlondorff, durante la filmación de “A Degree of Murder” (1967)

PREGUNTAS VS. RESPUESTAS. Continué haciéndole preguntas, una tras otra, hasta que, en medio de la nube de humo que la hacía verse como en una postal de Nellcote de 1972, me disparó contundentemente: “¿Pensás seguir haciéndome preguntas todo el tiempo?”. “No sé de qué otra manera dirigirme”, le reconocí con todo el peso de la verdad, por lo que minutos después, cuando saque mi atado de Marlboro y le ofrecí uno  diciendo “¿Querés un cigarrillo?”, evitando que suene a pregunta sin posibilidades de éxito (¿acaso había otra forma gramatical de hacerlo?), se rió histéricamente. “Me dijiste que te llamabas Marcelo y que tu familia paterna provenía de Italia, pero cuál es tu apellido?”. Ahora era ella la que preguntaba. “Sonaglioni, Marcelo Sonaglioni”, le apunté. “Y sabés qué,  jamás pude saber el origen detrás de mi apellido y…” Me interrumpió. “¡Marcelo Sonaglioni!”, exclamó en perfecto italiano, con un tono de celebración como si hubiese estado anunciando mi nombre ante una audiencia. “Tu apellido tiene que ver con el nombre de una serpiente italiana”, me aseguró convencida, mientras yo disfrutaba de mi cigarrillo fumando a solas junto a Anita Pallenberg, la chica a la que su ex novio Keith Richards le había dedicado “You Got the Silver” tan deslumbrado como yo. Surgió la invitación para ir con ella y Adam al Konex, una nueva aventura a la que no pude sumarme para poder cumplir con el compromiso original que tenía para esa tarde. Anita me tomó del brazo y la acompañé hasta el auto. “¿No venís?”, me preguntó. “Desafortunadamente no puedo hacerlo ahora, pero espero verte nuevamente, y gracias por un almuerzo inolvidable”, atiné a decirle. Intercambiamos abrazos y besos, antes de que el taxi de Anita y Adam partiera rumbo a la exhibición fotográfica de papá Michael. El año pasado, con motivo de un viaje personal a Londres, había logrado tramitar una entrevista con Anita en la que esa vez seguramente no iban a faltar todas las preguntas que me hubiera gustado formularle el día del almuerzo, pero poco antes sufrió la rotura de una costilla, por lo que debió ser cancelada para una futura oportunidad que ahora, dado el rigor de los acontecimientos sucedidos, no podrá tener lugar.

 


EPÍLOGO.
La noticia publicada primeramente por el diario italiano La Stampa el martes 13 de junio pasado cayó como un balde de agua helada. Si bien eran de conocimiento los diversos problemas de salud que venía enfrentando en los últimos años, el reloj biológico de Anita Pallenberg marcó que era la hora de cambiar de escena. Falleció rodeada de familiares en un hospital de Chichester, la ciudad británica al oeste de Sussex, muy cerca de su amada Redlands, donde vivió algunas de sus más recordadas páginas a la que ahora se agregó un último capítulo definitivo. Por esas vueltas del destino, días antes de la noticia de la muerte de Anita ya tenía pactado un encuentro con mi amigo Adam al día siguiente de lo sucedido. Cuando llegué al bar, Adam ya estaba esperándome. Se lo veía cabizbajo, notablemente conmovido, emocionado hasta las lágrimas. “Fue como perder a una madre, porque Anita fue como una madre sustituta para mi, ya sabés…” El motivo original del encuentro pasó a segundo plano, para terminar favoreciendo una charla dedicada exclusivamente a un ícono definitivo. “¿Leíste el mensaje de Keith en Facebook? ‘Una mujer notable. Siempre en mi corazón’”. El texto iba acompañado de una foto de Anita, invariablemente bella, que su padre Michael había plasmado. Adam tenía los ojos llenos de lágrimas. Terminamos relajándonos y sonriendo, como suele pasar en los velatorios, una distensión natural y necesaria que nos permite recordar a los seres que admiramos de manera más distendida, mientras no dejaba de mencionarle a mi estimado amigo todas las historias vividas aquel día del almuerzo junto a ella, cuando la vimos los dos por última vez, y del cual le estaré agradecido a Adam eternamente.
 
(Agradecimientos: Adam Cooper)

 

BOB GRUEN INTERVIEW IN BUENOS AIRES: “ROCK’N’ROLL IS THE FREEDOM TO EXPRESS YOURSELF VERY LOUDLY”

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Original version in Spanish published in Revista Madhouse on April 6 2017

“So how’s your hand”? That would be a very unusual question to strike up a conversation, but so far that’s what I first think of after watching Bob Gruen take care of tens of copies of the book given freely to the visitors of “Rock Seen”, his recent exhibition at the Centro Metropolitano de Diseño public institution, in Barracas area, Buenos Aires, all not willing to leave the place till the author signs each of them. “I’m fine!”, he replies smiling, with a look on his face telling me he has spent most of his life doing the same. “Sorry, I need to go to the bathroom. I’ll be right back”, he next admits, more confidently. A few minutes later, he’s asking for a beer at the place’s bar, which arrives at the very moment we’re ready to start the interview. Nearly all through the last 50 years, Gruen managed to become one of the most significant and respected photographers in rock’n’roll history. With such a career on his back, his path is as vast as symbolic, which leads one to accept beforehand time will never be enough to ask him all those questions one may come up with. No time to ask him about his time shooting Dylan during the Rolling Thunder Revue tour in 1975, or about his many stories as star photographer of the 1976 New York City punk rock scene and frequent attendee at Max’s Kansas City, where he took pictures of Blondie, Richard Hell, Robert Gordon and Patti Smith, among many others, not to mention his days with the New York Dolls, whom he did the band’s best photographs. It won’t be possible to ask him about that photo of a pale and fragile David Bowie in conversation with David Johansen, or the one where Salvador Dalí is crowning Alice Cooper, circa 1973. Or those of The Clash in England, or the Ramones wandering the Bowery in 1975, or those of the band at the CBGB.
jones-strumme-simonon-and-topper-headon-bo-diddley-in-cleveland-february-1979Let alone about the four members of Led Zeppelin posing by the Starship, the Boeing 720 the band made use of as their private jet between 1973 and 1975, at the Teterboro airport, New Jersey. Or his experiences along Kiss at the “Dressed to Kill” photo sessions (mostly the album cover, shot by Gruen himself), or taking them for a ride in Japan in 1977. There will no way but refraining oneself of inquiring him about that famous picture of Sid Vicious onstage, all cut-up and bleeding like Christ, during the Pistols’ 1978 US tour, the Elton John-Stevie Wonder handshake one, or any of the ever-wild Keith Moon, stamping a killer kiss on Leslie West’s lips. To throw in the towel when planning to get his days with the Stones at the Madison Square Garden in 1972 (or about “Crossfire Hurricane”, his book on the band), and not to be able question him about which may be his most classic works, when he portrayed Lennon in his sleeveless New York City white T-shirt, or making the peace sign in front of the Statue of Liberty. Additionally I also felt forced to abort the plan of kidnapping him and try to get every drop of information until the rescuers arrived. Which I almost suggested, before changing my mind for good and instead expressing my disappointment of having to  keep all those questions on a future occasion, if happening. “Never mind, there’s a lot of information about me on the internet,” he suggests. He’s right. In any case, every cloud has a silver lining, or so they say, so we then ended up favouring more uncommon subjects. Like the recent death of Chuck Berry and all those great shot Gruen did long ago and far away, or the Rock Scene years (it’s not by chance the name of photo exhibition sounds so much the same), the ‘70s rock magazine he worked for and he’s so proud of. All those stories available, mostly told with pictures, in the fifteen books he has published so far, or in his documentaries. Best case scenario, they will all be part of the project Gruen is currently working on, his own autobiography, which surely will leave no stone unturned for us grateful journalists deprived of not having enough time when interviewing him.

 

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Do you remember the days without cell phones? You just went to a place, any place, and you didn’t need to know what was going around all the time. You know, I never ever had a cell phone….

Well that’s your problem! (laughs) I always wanted one. When I was very little I read Dick Tracy in the comic books. He always had a two-way wrist radio, I always wanted one, and now I have one. My phone has a lot of information. There’s more information in this phone that in the whole Alexandria library.
 
Now that’s a lot of information.
That’s a lot of information!
 

You won’t probably ever forget you were here in Buenos Aires the day it was announced that Chuck Berry died. Because, how long have you’ve been here already, is it a week now?
Right, about a week, since last Friday. 
 
And then Berry died on Saturday. You did some great pictures of him, I guess my favourite shot is the one where’s he’s carrying his guitar onstage, pointing it at the audience, shotgun-style. By the way I think this is s great way to start the interview, with sharing your thoughts about him. 
First of all, I don’t think so much of the day he died, I think about all the days that he lived. I think about the times that I saw him, and the times that I spoke with him. I’m very happy to have met him, to have known him, to have seen him do many shows. Chuck Berry was the first person who bought a photo from me, as a print, and also the first person who asked me to sign a picture. Nobody had ever asked me to sign a picture. Chuck Berry liked my picture and asked if he could buy it, and I said “of course!” I sold it to him. I said “hello, I took this picture” And he said “I know that picture, I tried to call you up” And I said “I know, I was away that week” And he said “come here, come here” And he took me behind some amplifiers, and he took out his wallet, which was thick with hundred dollar bills, now that was some serious money. I was gonna give it to him, but as soon as I saw the hundred dollar bills I said “ok I’ll take the money” And then he said “I want you to autograph this” The first time I’ve ever signed a picture. I didn’t have the concept to sign it on the front. I didn’t want to mess it up. So I wrote on the back “For Chuck Berry, the King of Rock’n’Roll”, and then I signed it. And I remember that moment just like it was yesterday. That was the biggest thrill, the first time I met him. And after that I saw him a number of times over the years. I’ve learnt something that a lot of people don’t see because they’ve only seen him one time, but I saw him more times. People talk about how he didn’t carry a band with him, and that he always played with musicians that were there, only with local musicians. To me, that was Chuck Berry teaching people how to play rock and roll, because he wouldn’t even tell them when going onstage, or what they were gonna do. There was no rehearsal. In the film with Berry and Keith Richards (“Hail! Hail! Rock ‘n’ Roll”), Keith wants to rehearse and rehearse, and make sure it’s perfect. And in the middle of the show Chuck wants to change the key, and just make it spontaneous. Chuck Berry was about being spontaneous. It wasn’t about being in tune, it wasn’t about hitting the right note, it was about playing rock’n’roll.
 
Screwing up onstage was very common in him.

Yeah, because rock’n’roll is all about freedom, rock’n’roll is the freedom to express yourself very loudly. And Chuck Berry was very good at that. There’s a famous scene in that film. Bruce Springsteen waited and waited and Chuck’s not there until two minutes before they go onstage, and Chuck comes. And Bruce asks “what are we gonna play?” and Chuck says “we’re gonna play some Chuck Berry songs” And they get onstage, and you have to learn as he’s doing it. I saw him playing many many times, and sometimes it was after the first song, the third song, or the fifth song. He started it at the encore, but when he felt that the band was outstanding him, and if the band was playing rock’n’roll, he would turn around to the audience and he’d say “ladies and gentlemen, now we’d like to start a show” And he wouldn’t say that until he felt he had the band and his music together. And the band didn’t know if that was gonna work out. I saw him once at the Madison Square Garden, and he had the local musicians playing, and in the first song, he didn’t say anything. He just walked over the guitar player’s amplifier, he took the plug, and then he handed it to the guitar player, and then he just turned back around and started playing, and that guy was off the stage with biggest saddest look I’ve ever seen! (laughs) But he was teaching people how to play rock’n’roll, and he did it in front of an audience, so they can learn it too. And that’s the way I saw it.

 

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Was that the first time you met him?
Yeah, that was the first time I talked to him. And then I saw him several other times. There was a time about a year or two later he was in New York recording with Elephant’s Memory. It was very unusual he used a band instead of separate musicians. And the guitar player of Elephant’s Memory played some leads on the album. Having said that, that record never came out! (laughs) So they asked me to come to take some photos of them together with Chuck, but it was a rainy day, and Chuck’s hair was straightened, and on a rainy day straightened hair is not so good. So the band said “Chuck, can we take a picture?” And he said “no, no pictures today” And the band said “but this is Bob, he’s our friend, he was gonna do a picture for us” And Chuck said “I know Bob, he’s my friend, and he’s not taking any pictures today” And I almost fell over, oh my God, Chuck Berry just said I’m his friend! But I’ve got a lot of good pictures of Chuck. The band wanted that one, but I didn’t do it.
 
bg-chuck-berry-cb001bgAnd once again, he died when you were here.
Well, like I said, I don’t always think about the death day, I prefer to think about the life. You know, many people celebrate John Lennon on December 8, the day he died. I prefer to celebrate him on October 9, the day he was born.
 
You said that you were first a fan, and then became a photographer.
Well I was always a photographer, since I was very little.
 
But was it done on purpose? I mean, I’ve probably become a journalist, consciously or not, in order to get closer to the people I really admired.
Well, after high school, I dropped out basically, my parents wanted me to get a job. They were lawyers and they felt that I should wear a suit and a tie and have an office. But I really didn’t like the office. I couldn’t really do the 9 to 5 job because I couldn’t do the 9 o’clock boy. I didn’t want to have any job. I didn’t choose the career of rock’n’roll, I chose the career to turn on, tune in and drop out. That was my career choice. And when I dropped out I lived with a rock’n’roll band, because I wanted to have fun. It was my hobby, I took pictures of my friends all the time, and I was taking pictures of my friends in the band, and when they got a record contract the record company asked for my pictures, and they liked them, so they hired me to start taking pictures of other bands, and more and more I was taking pictures of bands because people were calling me and saying “we’ll pay you to do this” and I said “ok, give me money” Not a lot of money! (laughs) But I did get paid to do it and that’s what I did for the rest of my life.
 
bg-elephant-john-yoko-phil-spectorSo it was about having fun from the get-go, and not to get paid.
Yeah. When I started there was no term, they didn’t have the word “rock photography” There were photographers in rock’n’roll, but they didn’t connect with it as a job.
 
Well I would actually consider you more of a “photojournalist”, as your pictures tell stories too.
And that’s why I liked the magazine “Rock Scene”, because with it we didn’t just want to put one or two pictures and pages of words. “Rock Scene” was all photos. So I could do two or three pages of The Clash on tour, or two pages of, or all kinds of things, say, “Suicide goes to the racetrack”, with all kinds of stories about the bands. 
 
rock-sceneAnd all those parties where you could always see Alice Cooper there…
Right, so we would tell a whole story, two pages about the party and the people that came, and what they were doing. It was more about the whole rock’n’roll lifestyle.
 
Somebody should put up the contents of “Rock Scene” online…
Yes they did! The entire magazine. “Rock Scene” went from 1972 to 1982. It only came out 3 or 4 times a year, so in 10 years there’s only 42 issues. But maybe 10 years ago or something somebody bought the extra copies from the publisher, and they scanned the entire thing and put them online. So if you go to http://www.rockscenester.com/ every single page is available online. The covers, the advertisements, it’s all online.
 
Bear in mind that for us people in Argentina, and so for many other countries, the only way to get them was by asking somebody who was traveling to the US to get them for us, and they weren’t for sale here either, or showed not very often.
Yeah. Well many people had to try very hard to get them, but it seems they did, because it was very influential. We never made any money, not necessarily we got paid for making it. It was just for fun. If you look at it, there’s very little advertising. Which made it easier to read about rock’n’roll, as it was all about bands and musicians, but because we were showing so many new musicians and pictures at parties and other things, we weren’t promoting their albums that the record companies did, so the record companies didn’t buy any pictures from us. Very little advertising, we never got paid, buy we always had fun. That’s what it was all about. It was about having fun.
 
Maybe it was the best rock “cult” magazine in the US at the time.
Well it was a good one, it was the best fanzine. In fact John Taylor of Duran Duran told me he had to take a bus from his house to the train station to the next town to a train to Manchester to buy a copy. Every three months he would go to find it, as there was only one magazine store that he knew it would have it. Sometimes it didn’t come out yet, and he had to go home and come back next week and try to get it (laughs)
 
rock-scene-sabbathIt was also a very light magazine, not many pages…
Yes, very cheaply made. Very cheap. But it had a lot of information, and it was he only place where they had that kind of information about the rock’n’roll lifestyle. There weren’t many rock’n’roll magazines in the ‘70s, it was all more Rolling Stone, Creem magazine, East Coast Rocker…Most of those would have, you know, a lot of stories and writers, they’d be writing a big story about an album or a concert, whereas Rock Scene was all pictures. It was the only place you could actually see people having a party. We took the parties and the lifestyle much more seriously than the records. We didn’t take anything seriously. One thing people liked about Rock Scene is that we made fun of everything. It’s rock’n’roll, it’s not supposed to be serious.
 
Creem was also a lot like that.
Creem was also very funny. When I went to England in ’76 and I met some of the punk rockers there, they had respect for me because they knew I worked in Rock Scene magazine and Creem. If I had said I worked for Rolling Stone or the New York Times, they wouldn’t have talked. But because I worked for Creem and Rock Scene and I had a sense of humor, then they’d talk to me.
 
rock-scene-ramonesHow do you place yourself in the story of rock’n’roll, since you were part of it. How do you think of yourself in perspective?
Well, I usually don’t (laughs) I try not to think of myself too often. But I think of myself in terms of an historian, or somebody who did record the culture of our time. Luckily I lived long enough to be able to share that, and I still do, I go around the world talking about it, and sharing it. It’s not just rock’n’roll, I think rock’n’roll expresses the culture of our time. And as I said before, for me rock’n’roll is all about freedom, the freedom to express yourself very loudly. So I think that my work is more about freedom than a pop star portrait. It’s not just because that person is famous and I took a picture with the right kind of lighting. My pictures have tried to capture the passion, and the feeling, because the feeling is freedom. So the theme for my work, and the way I see myself, is as someone who’s inspiring people to be free, and to express themselves. ‘Cause certainly I don’t want them to be like me. You can’t be like someone else, because everyone else is already taken. You have to be yourself.
 
What do you think of today’s young photographers?
I don’t think about them too often (laughs) Well, I don’t really know too many of the young photographers. I’ve seen many very good pictures. People have really learnt how to express rock’n’roll, they’d seen a lot of history, and I’ve seen some people who took excellent pictures, I don’t remember their names all the time, but there’s one guy who is close to my age, maybe a little younger, called David Godlis, he’s one of my favourite photographers. Like I am, he’s a big fan of Robert Frank, and I think that David captured the very natural feeling, and he mostly covered the history of the CBGB’s, and he made a book that’s very popular. And he’s a very nice guy. Unfortunately he looks like me, so sometimes people say “are you Bob Gruen?”
 
bg-dylanYou were living in Greenwich Village in the mid-‘60s and you got to shoot Bob Dylan at the Newport Folk Festival in 1965, which was quite a start.
It was my first photo pass, and the first time I was in front of a stage taking pictures. I didn’t know any journalists, I didn’t know anybody in a magazine. I didn’t know any place to sell my photos. I got the photo pass because I didn’t have the money to buy the ticket. And a friend of my mother wrote me a letter that said I represented this photo publicity agency, which was not true. And I went to the box office and I’ve shown them the letter and they said “that’s not true, go away”, and I said “no, I must get the picture”, and I wouldn’t leave. So they finally gave me the ticket, a photo pass. But I wasn’t really working until when my friends in the band got a record deal in 1969. That’s when I started to meet people, in the record company.
 
But before that you had friends in the so-called “folk scene” in New York, which was quite popular at the time.
Well I had some friends that were more folk rock than psychedelic rock, some friends who were making folk music. I wasn’t involved in the scene, I didn’t really know anybody in the music business until around 1969. Actually my first contact with the music business was working in a record store, like many people that started their careers in record stores. Because that’s where you learnt about all the records and all the musicians. They used to have copies of the Billboard and Record World magazines, and you got to start reading about the business of rock’n’roll. But I didn’t get any contacts to take any photos from working there, I was just starting to learn. So once again my first contact with a record company was because of my friends’ band, and that was 4 years after I was at Newport. And then in 1970 I met Ike and Tina Turner, that was the first popular or famous band that I’ve ever met.
 
The Ike and Tina Turner Revue, right?
Exactly. That’s when I took this picture here, the one with the multiple images. That’s one exposure, that’s not Photoshop. That’s what Tina Turner does in one second. It was a great moment that I captured.
 
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So it didn’t come out like that on purpose?

I was hoping to get something like that but I didn’t know what would happen, because she was just dancing in the flashing light, and I took four pictures. Three of them are terrible, but this one is perfect.
 
At the same time you shot lots of footage from that tour with your former wife, Nadya. Live footage, rehearsals, home footage, which then showed up as “Ike & Tina: On the Road 1971-72”
Yes, that’s a great video, and we got an award for the Best Blues Video. All kinds of footage, including Tina cooking dinner for the kids.
 
Is it all black and white?
All black and white, but also with a few bits of colour film. They wanted me to use colour, so they actually rented me a colour camera. Buy we never finished that, all that we had left was the proof of the colour film, they never paid for the lab or whatever. Anyway, over the years the original got lost, but we had one copy and it had no sound. But I had recorded the sound separately, but it wasn’t connected. And then when we were making the video, the editor did an amazing job of finding certain parts of the colour film to go with the soundtrack, and in fact the film opens in colour with Tina in the back of a car teasing Ike, and he was going “oh honey, honey…”, like Ike was the one in trouble (laughs)
 
How was working with Ike Turner?
I had a great time with him. For me, he was very giving and very supportive of artists, he was generous to many artists. I stayed friends with him over the years, and I went to his funeral when he passed away a few years ago. There were over a thousand people at his funeral, because almost all the people there were people that Ike had helped, that Ike had given something to. And Ike would give you whatever you needed. If you needed a job, he would give you a job. If you needed a car, he’d give you car. You needed a house, he gave you a house. Ike was a very generous person. But that doesn’t excuse him of what he did in his personal relationship. And I think that the movie is a very important one, because it brought up the topic and showed very clearly what happens in domestic violence. I think that the world needed that kind of film, and it has opened up the doors for a lot of people that suffer from that. I don’t necessarily think that Ike Turner needed to be the poster boy for that topic, other people like Rick James went to jail for beating somebody up. A lot of people were much worse than Ike was, but I think the story is very important. It could be subtitled “what happens to a very good man that takes too much cocaine and goes crazy”
 
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Too bad time won’t be enough to ask you all these questions. The problem is, you have a long career, and you’ve worked with all these great artists…

I have long answers too! (laughs) Well there’s a lot of information on the internet. And not everything they say is true, by the way. There’s a picture of Amy Winehouse with my name, but I’ve never met her, I didn’t take that picture. And there’s a picture of Mick Jagger and John Lennon where they’re wearing tuxedos. Somebody put my name on it, but I didn’t take it either.
 
However it was you who did those pictures of Mick, John and Yoko Ono when they were working on Yoko’s “Approximately Infinite Universe”

Yes, I was in the studio with them. I guess there’s also a picture of Debbie Harry on the beach, and that’s not my photo. So don’t believe everything you read.

 

I won’t, I’m not a believer. I keep myself agnostic.
Ever!
 
So, let’s put it this way. At gunpoint, who would be those artists you’d ever be there for, and who would be the ones you’d never pick up the phone for?
I’ll always be there for Yoko Ono, or Tina Turner. Always. Tina’s retired, but I just saw Yoko three weeks ago. I’d drop anything any time to be with Yoko. She’s the most brilliant person I know, and one of the most generous and talented and creative people I know. If people wanna know about Yoko Ono, just listen to what John Lennon says, and don’t listen to what people in the Press say, who don’t understand her or never met her. Everybody I know who met Yoko Ono, they all say she’s amazing. Only a few people from the Press have bad things to say.
 
And then who would you say ‘no’ to?
There’s one or two people I’ve worked with that I’d never work with again, but because I hate them, I wouldn’t say their names and give them publicity. Only two people. They’re musicians, but they were assholes.
 
I read many times that “Bob Gruen did it all” I won’t buy that. Maybe there’s still somebody around that you’d like to work with.
bg-1974-japon-yokoOh yeah I still go see people. I’ve known Green Day for 19 years now and next year, when they make 20 years, I expect to make a book of my pictures of them, but I go to see them because I enjoy them. For me, that’s a night of fun. There’s also a band called the Strypes, from Ireland.
 
Sure, I know them. Very young guys and very ‘60s styled.
Very ‘60s styled, very rock and R&B, very real rock’n’roll, and very nice young kids. I like them a lot.
 
What are they about now? I just remember their first album.
The record company in America didn’t like their second album, so they have a second album in England. It wasn’t released in America. So now they have a third album, and I hope the record company in America doesn’t screw them up. They’ve got a lot ahead of. They’re very talented, I’m sure they’ll be ok.
 
So what are your next steps now?
I’m working on a biography. I’ve been telling stories all my life, but it’s very hard to take the stories that you say and turn them into writing. So I’ve been having trouble trying to get the sound of the reading, the sound of my talking. But I plan to have an autobiography.
 
20170322_144512Have you ever kept a diary?
If I had kept a diary, I’d have two biographies away! (laughs) Because there are a lot of stories in a lot of places. I wish I’d kept a diary but, no, it’s all on my mind. My mind is clear, I’m still ok.
 
Plus you have the photographs to back them up.
Oh yeah, whenever I see a picture, I remember being there, I remember what happened, usually. Sometimes my assistants pull out a picture and I go “I took that?”
 
Is there much left that never saw the light? What about the leftovers, what do photographers do with them?
I have huge files. Photographers put them in a file, until you find them again and you can use them for something else. I’ll have more books. You know, I have 15 books now, but I’ll be doing more.
 

CON BOB GRUEN EN BUENOS AIRES: “EL ROCK’N’ROLL ES LA LIBERTAD DE EXPRESARTE CONTUNDENTEMENTE”

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Publicado en Revista Madhouse el 6 de abril de 2017

“¿Cómo está tu muñeca?”… Vaya pregunta inusual para iniciar una conversación, pero es lo primero que me nace transmitirle a Bob Gruen tras haberlo visto firmar decenas de copias del libro que gratuitamente recibían los asistentes a “Rock Seen”, su reciente muestra de fotografías exhibidas durante 2 semanas en la institución pública Centro Metropolitano de Diseño, allí en Barracas, y que no pensaban en irse hasta que el protagonista les estampe una dedicatoria. “¡Bien!”, me contesta sonriendo, mientras trata de decirme con la mirada que se pasó buena parte de su la vida haciendo lo mismo. “Perdón, tengo que ir al baño. Ya vuelvo”, me susurra al instante, más confianzudamente. Minutos después, Bob Gruen se pide un porrón de cerveza en el bar del lugar, que llega a la mesa en el preciso instante del comienzo de la entrevista.

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Magia en blanco y negro: The Clash y Bo Diddley inmortalizados por Gruen en Cleveland, Ohio, en febrero de 1979

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Debbie Harry junto a un televisor y con Debbie Harry de fondo en Nueva York, allá por 1977

A través de prácticamente los últimos 50 años, Bob Gruen se ha consagrado como uno de los fotógrafos de rock más significativos y respetados de la historia del rock’n’roll. Con semejante carrera a cuestas, su trayectoria es tan extensa como simbólica, por lo cual uno se ve obligado a asumir de antemano que jamás habrá espacio suficiente para hacerle todas esas preguntas que uno desearía formularle. Es por eso que no habrá tiempo para preguntarle sobre sus anécdotas con Bob Dylan cuando lo retrató durante la gira de la Rolling Thunder Revue de 1975, o sobre sus mil y una historias como fotógrafo estrella de la escena delpunk neoyorquino del ’76 y habitué casi permanente del Max’s Kansas City, donde registró a Blondie, Richard Hell, Robert Gordon y Patti Smith, entre tantos, o más precisamente de sus días junto a los New York Dolls, de quienes hizo las fotos más históricas de la carrera del grupo. Tampoco será posible indagarlo sobre aquella imagen de Bowie en estado de consumición absoluta casi vampírica dialogando con David Johansen, ni tampoco por la Salvador Dalí coronando a Alice Cooper en la New York de 1973. Ni las de los Clash en Inglaterra, ni las de los Ramones en el Bowery en 1975, o en el CBGB. Menos aún sobre la postal de los cuatro Led Zeppelin en el aeropuerto de Teterboro, New Jersey, posando junto a una de las turbinas del Starship, el Boeing 720 que la banda usó como avión privado entre el ’73 y el ‘75. O sus aventuras junto a Kiss durante la sesión de fotos para la legendaria revista Creem, mejor representadas por la tapa del mismísimo “Dressed To Kill” (también crédito de Gruen), o sobre cuando los sacó de paseo por Japón en 1977. No habrá más remedio que abstenerse de interrogarlo sobre la foto de Sid Vicious sangrando cual Cristo tras tajearse el pecho el pecho durante la gira americana de 1978 de los Sex Pistols, la de Elton John dándole un apretón de manos a Stevie Wonder, o las tomas de un Keith Moon, cuándo no, desenfrenado, partiéndole los labios a Leslie West con un beso asesino.

bob-Gruen-John-Lennon-NYC-1974-behind-the-scenesO sucumbir ante el deseo irrefrenable de que relate sus peripecias junto a los Stones en el Madison Square Garden en 1972 (o de “Crossfire Hurricane”, su libro de imágenes del grupo), y ni siquiera interpelarlo sobre las que quizás sean sus obras más recordadas, cuando plasmó a Lennon y su remera blanca sin mangas con el logo de New York City, o haciendo el signo de la paz frente a la Estatua de la Libertad. Y mucho menos para desafiar la situación, secuestrarlo y sacarle hasta la última gota de información hasta que lleguen los rescatistas… Idea que casi le sugiero, antes de cambiar de idea y manifestarle mi decepción al tener que guardar todas esas preguntas para una posible ocasión futura. “No te preocupes, hay mucha información sobre mí en internet”, me dice. Tiene razón. Como fuera, finalmente no hubo mal que por bien no viniese, y así el destino terminó favoreciendo temas menos frecuentes de su holgadísima carrera como retratista oficial de la realeza del rock. Como la reciente muerte de Chuck Berry, de quien Gruen produjo grandes tomas para la posteridad, o de los años de Rock Scene (cualquier asociación con el nombre de la muestra no es pura casualidad), la revista de rock de los 70 donde dejó grabados varios de sus trabajos más característicos, y de la que guarda sus mejores recuerdos. Crónicas que aparecen retratadas en los quince libros que lleva publicados hasta el momento, o en sus documentales. Y que en el mejor de los casos formarán parte del proyecto en el que -en exclusiva- adelantó se encuentra trabajando actualmente, el de su propia autobiografía, que seguramente no dejará ningún acontecimiento afuera, para regocijo de los periodistas a los que la tiranía del tiempo a la hora de entrevistarlo acaba siendo un inconveniente.

¿Recordás aquellos días en que no existían los teléfonos celulares? La gente iba a un lugar, a cualquier lugar, y no precisaba saber lo que estaba pasando todo el tiempo. Yo nunca tuve celular…
Bueno, ¡es tu problema! (Risas) Siempre quise tener uno. Cuando era muy chico leía a Dick Tracy en las revistas de historietas. Dick siempre usaba un transmisor en la muñeca. Siempre quise uno, y ahora lo tengo. Mi teléfono tiene mucha información. Hay más información en este teléfono que en toda la biblioteca de Alejandría.

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El autor de esta nota observa fijamente al entrevistado, asombrado por la coincidencia capilar entre ambos. ¿Habrá algún parentesco? (Foto: Frank Blumetti)

¡Eso es un montón de información!
¡Es un montón de información, sí!

BERRY BERRY, BAILÁ CONMIGO
Seguramente nunca olvidarás que estabas en Buenos Aires el día que se anunció la muerte de Chuck Berry. ¿Cuánto tiempo llevás aquí, una semana?
Algo así, desde el viernes pasado.

Y Berry falleció al día siguiente, el sábado. Hiciste grandes fotos de él. Creo que mi favorita es esa en vivo en la que apunta su guitarra hacía el público, como si fuera una escopeta. Ya que estamos, me parece una buena forma de comenzar la entrevista, con tu opinión sobre Chuck Berry.
Ante todo, no pienso tanto sobre el día en que murió. Pienso sobre los días en que vivió. Pienso en los momentos en que lo vi y los que hablé con él. Estoy muy feliz de haberlo conocido, haberlo visto en tantos shows. Chuck Berry fue la primera persona que compró una copia de una foto mía, y también la primera que me pidió que firmara una. Nadie antes me había pedido que firme una foto. A Berry le gusto mi foto de él y preguntó si podía comprarla, y le dije “¡por supuesto!” Se la vendí. Le dije “hola, yo tomé esta foto”. Y él dijo “conozco esa foto, intenté llamarte”; “lo sé, esa semana me encontraba lejos”, respondí, y entonces me dice “vení, vení aquí”. Y me llevó detrás de unos amplificadores y sacó su billetera, que era gorda, llena de billetes de cien dólares. Eso era realmente mucho dinero. Iba a dársela, pero ni bien vi los billetes de cien dólares le dije “OK, acepto el dinero”. Y después él me dijo “Quiero que la autografíes”. Era la primera vez que firmaba una foto, no tenía el concepto de firmarla sobre la foto misma, no quería arruinarla. Así que escribí en el reverso “Para Chuck Berry, el Rey del Rock’n’Roll”, y luego puse mi firma. Recuerdo ese momento como si fuera ayer. Ese fue el momento más emocionante de todos, la primera vez que estuve con él. Y después de aquella vez lo vi en varias oportunidades a través de los años. Aprendí algo que mucha gente no ve, porque lo vieron una sola vez, y yo lo vi muchas. La gente habla sobre el hecho que él nunca tenía banda propia, y que solamente tocaba con músicos locales en cada uno de los shows. Para mí, eso era Chuck Berry enseñándole a la gente cómo tocar rock’n’roll, porque ni siquiera les decía cuándo era que llegaba el momento de salir a escena, o qué es lo que iban a tocar. No había ensayos. En la película de Berry donde está Keith Richards (N.: “Hail! Hail! Rock ‘n’ Roll”), Keith quiere ensayar y ensayar y asegurarse de que va a salir todo perfecto. Y en el medio del show Chuck quiere cambiar de nota, y hacerlo de forma espontánea… Ser Chuck Berry se trataba de ser espontáneo. No se trataba de estar afinado, o de usar las notas exactas. Se trataba de tocar rock’n’roll.

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Chuck by Bob: un maestro visto por el ojo de otro maestro.

Bueno, pifiarla en vivo era algo muy común y tradicional en él.
Sí, porque el rock’n’roll se trata de libertad, el rock’n’roll es la libertad de expresarte contundentemente. Y Berry era muy bueno haciendo eso. Hay una escena muy famosa en la película en la que Bruce Springsteen esperaba y esperaba, y Chuck no aparecía, hasta que lo hizo dos minutos antes de salir a escena. Y Bruce le pregunta “¿qué vamos a tocar?”, y Chuck le contesta “vamos a tocar algunas canciones de Chuck Berry”. Y se suben al escenario, y los músicos tenían que aprender mientras lo hacían. Lo vi tocar muchísimas veces, y había algo que podía pasar después de la primera canción, la tercera, o la quinta. O durante los bises. Cuando él sentía que la banda estaba sobresaliendo por encima suyo, y si la banda estaba tocando rock’n’roll, le decía a la audiencia “Damas y caballeros, ahora nos gustaría empezar con el show”. No lo decía hasta que sentía que la banda estaba en consonancia con su música. Y la banda desconocía si eso iba a funcionar. Una vez lo vi en el Madison Square Garden tocando con músicos locales, y en la primera canción no dijo nada. Se acercó al amplificador del guitarrista, desenchufó el cable, se lo dio al guitarrista, se dio vuelta y se puso a tocar. ¡Y el tipo tuvo que irse del escenario con la imagen más triste que jamás haya visto! (Risas) Pero Berry le estaba enseñando a la gente cómo tocar rock’n’roll, y lo hizo frente al público, para que ellos también aprendan. Y así es como lo vi.

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Los Elephant’s Memory junto a John Lennon, Yoko Ono y el inefable Phil Spector

¿Lo conociste aquel día del autógrafo?
Sí, esa fue la primera vez que hablé con él. Y luego lo vi muchas otras veces. Hubo una ocasión, 1 año o 2 después de eso, en la que él estaba en New York grabando con Elephant’s Memory. Era muy raro que él use una banda en lugar de músicos individuales. El guitarrista de Elephant’s Memory grabó algunos solos para ese disco. ¡Por lo que el disco nunca fue editado! (Risas) Ese día el grupo me había pedido que vaya allí para hacerles unas fotos con Chuck. Pero era un día de lluvia, y Berry tenía el cabello alisado, y en los días de lluvia el pelo alisado no se ve muy bien. Entonces la banda preguntó “Chuck, ¿podemos hacer una foto?”. Y Berry contestó “no, nada de fotos hoy”. Y la banda: “Pero este es Bob, es amigo nuestro, iba a hacer una foto para nosotros”. Y Chuck: “Conozco a Bob, es mi amigo, y no va a sacar ninguna foto hoy”… Y yo casi me caigo al piso, Dios mío, ¡Chuck Berry acaba de decir que soy amigo suyo! (Risas) Pero tengo un montón de fotos buenas de Chuck. La banda quería esas fotos, pero no las pude hacer.

Insisto con lo de que justo murió durante tu estadía en Buenos Aires, algo que difícilmente vayas a olvidar.
Bueno, como dije antes, no siempre pienso en el día de la muerte de alguien. Prefiero pensar sobre su vida. Viste cómo es, mucha gente celebra a John Lennon el 8 de diciembre, la fecha en que murió. Yo prefiero hacerlo el 9 de octubre, el día en que nació.

PASANDO REVISTA
Alguna vez declaraste que comenzaste como fan de la música, y luego te volviste fotógrafo.
Bueno, siempre fui fotógrafo, desde que era muy chico.

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La tapa de Rock Scene de junio de 1978: Patti Smith aparece junto a los Pistols, Blondie, los Heartbreakers y… John Travolta, la sensación del momento.

¿Acaso lo hiciste a propósito? Quiero decir, probablemente yo me hice periodista, conscientemente o no, para poder estar más cerca de la gente que admiraba…
Bueno, después de la secundaria, la que básicamente abandoné, mis padres querían que me consiga un empleo. Eran abogados y sentían que yo debía usar saco y corbata y tener una oficina. Pero realmente no me gustaba lo de la oficina. No podía hacer eso de trabajar de 9 a 5, porque yo no era precisamente el tipo que se levantaba a las 9 en punto. No quería ningún empleo. No elegí la carrera del rock’n’roll, elegí una carrera que me permitiera conectar, sintonizar y abandonar. Esa fue la carrera que elegí. Y cuando abandoné el colegio me fui a vivir con una banda de rock’n’roll, porque quería divertirme. Era my hobby, sacaba fotos de mis amigos todo el tiempo, y también estaba sacando fotos de los de la banda. Y cuando consiguieron contrato de grabación, la compañía discográfica pidió mis fotos, y les gustaron, por lo que me contrataron para hacer fotos de otras bandas, y seguí sacando fotos de más y más grupos, porque me llamaban y me decían “te vamos a pagar por eso”, y yo les decía “ok, dénme dinero”, ¡Pero no era mucho dinero! (Risas) Pero me pagaban por hacerlo, y es lo que hice durante el resto de mi vida.

Entonces básicamente se trató de divertirse desde el vamos, no de que te paguen.
Sí. Cuando comencé no había tal término, no existía la palabra “fotografía de rock”. Había fotógrafos en el rock’n’roll, pero no se conectaban con eso del trabajo.

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Típica cobertura de la Rock Scene: fiestacha en Nueva York junto a los Black Sabbath, expertos en desmadres. Bob es el de bigotes, junto a Patti Smith.

Bueno, en verdad te consideraría más un “fotoperiodista”, ya que tus fotos también cuentan historias.
Tal cual. Y es por ese motivo que me gustaba la revista Rock Scene, porque en ella no publicábamos simplemente una o dos fotos, y el resto eran páginas de textos. Rock Scene era todo fotos. Entonces podía hacer dos o tres páginas de The Clash en gira, o dos páginas de… en fin, de lo que sea, digamos, “Suicide va a las carreras”, con toda clase de historias sobre la banda.

Y también publicaban fotos de toda esas fiestas de los músicos de rock. Recuerdo que no había fiesta en la que no apareciera Alice Cooper…
Así es, entonces contábamos una historia completa, dos páginas sobre la fiesta y la gente que había asistido, y lo que estuvieron haciendo. Era más sobre el estilo de vida del rock’n’roll.

Alguien debería ocuparse de subir online todo lo que apareció en Rock Scene…
¡Lo hicieron! La revista entera. Rock Scene se editó entre 1972 y 1982. Se editaba solamente 3 o 4 veces al año, así que fueron 42 números en diez años. Creo que tal vez algo así como hace una década alguien le compró al editor las copias que quedaban, y después escanearon todo y lo pusieron online. Si vas a http://www.rockscenester.com/, ahí están todas las páginas de la revista disponibles. Las portadas, los avisos… Está todo online.

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1975: la Rock Scene cubre hasta un menesteroso (aunque pintoresco) viaje en subte de los Ramones camino al CBGB, llevando la Mosrite en una bolsa de compra.

Tené en cuenta que en aquellos años para nosotros en Argentina, y lo mismo para otros países, la única manera de conseguirlas era pidiéndoselas a alguien que viajara a EE.UU., ya que rara vez se la veía por aquí.
Bueno, era mucha la gente que tenía que esforzarse para conseguirlas, pero pareciera ser que finalmente lo lograban, ya que fue muy influyente. Nunca ganamos dinero con ella, no necesariamente nos pagaban para hacerla. Era sólo para divertirnos. Si la mirás, vas a ver que tenía muy poca publicidad. Lo que hacía más fácil leer sobre rock’n’roll, ya que era toda sobre grupos y músicos. Pero al mostrar tantos músicos nuevos y fotos en fiestas, y demás cosas, no estábamos promocionando los álbumes que editaban las discográficas, y entonces las compañías no nos compraban fotos. Muy poca publicidad, nunca nos pagaban, pero siempre nos divertíamos. Se trataba solamente de eso. De divertirse.

Tal vez Rock Scene sea la mejor revista de rock “de culto” de los EE. UU. en toda la historia.
Bueno, era buena, era el mejor de los fanzines. De hecho, John Taylor de Duran Duran me dijo que él tenía que tomar un bus desde su casa hasta la estación de trenes para ir hasta el próximo pueblo, y después otro tren hasta Manchester para conseguirla. La iba a buscar cada tres meses, ya que había una sola tienda de revistas en la que él sabía que podía conseguirla. Y a veces todavía no se había editado, entonces tenía que volver a su casa y volver a intentarlo la semana siguiente… (Risas)

De hecho era una revista liviana, con pocas páginas.
Sí, hecha de forma muy barata. Muy. Pero tenía montones de información, y era el único lugar donde había ese tipo de información sobre el estilo de vida del rock’n’roll. No había muchas revistas de rock’n’roll en los 70 en EE.UU., era todo más que nada Rolling Stone, la revista Creem, East Coast Rocker… Muchas de ellas tenían muchísimas historias y escritores, escribían historias sobre un álbum o un concierto, mientras que en Rock Scene eran todas fotografías. Era el único lugar donde realmente podías ver a alguien en una fiesta. Tomábamos a las fiestas y el estilo de vida mucho más seriamente que los discos. No nos tomábamos nada en serio. La cosa por la que la gente gustaba de Rock Scene era porque nos divertíamos con todo. Se trata de rock’n’roll. No se supone que tenga que ser serio.

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“¿Y al llegar a Diagonal Norte hacemos combinación con la A, Johnny? ¿Eh, Johnny? ¿Eh?”, pregunta un insistente Dee Dee. Johnny finge no conocerlo.

La revista Creem también era bastante así.
Creem también era muy entretenida. Cuando fui a Inglaterra en 1976 y conocí a algunos de los punk rockers de allí, tenían respeto por mí porque sabían que yo trabajaba en Rock Scene y en Creem. Si les hubiera dicho que trabajaba para Rolling Stone o el New York Times, no me hubieran hablado. Pero como trabajaba para Creem y Rock Scene, y por ende tenía sentido del humor, me hablaban.

BOB & JOHN & YOKO & IKE & TINA
A mediados de los 60 vivías en el Greenwich Village y tuviste la posibilidad de fotografiar a Bob Dylan en el festival de Newport de 1965, lo que fue todo un comienzo…
Fue mi primer pase como fotógrafo, y la primera vez que estuve frente a un escenario haciendo fotos. No conocía a ningún periodista, ni a nadie en ninguna revista, ni ningún lugar al que pudiera venderle mis fotos. Conseguí el pase de fotógrafo porque no tenía dinero para comprar la entrada. Y un amigo de mi madre escribió una carta para mí donde decía que yo representaba a una agencia publicitaria, lo cual no era verdad. Y fui a la ventanilla de entradas y les mostré la carta, y me dijeron “no es real, andate”. Pero yo no me iba. Así que finalmente me dieron la entrada, que fue el pase como fotógrafo. Pero realmente no empecé a trabajar hasta que mis amigos tenían la banda en 1969. Fue cuando comencé a conocer gente, en la compañía discográfica.

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Bob by Bob: Dylan en Atlanta, 1974

Pero antes de eso ya tenías amigos en la llamada “escena del folk” de New York, que para entonces era bastante popular.
Bueno, tenía amigos que eran más “folk rock” que “rock psicodélico”, amigos que estaban hacienda música folk. Yo no participaba de la escena, no conocí a nadie del negocio de la música hasta 1969. En realidad, mi primer contacto con la industria musical fue el haber trabajado en una disquería, al igual que mucha otra gente que comenzó sus carreras allí. Porque era ahí donde aprendías sobre los discos y los músicos. Solían tener copias de las revistas Billboard y Record World, y uno podía leer sobre el negocio del rock’n’roll. Pero no obtuve mis contactos al trabajar ahí, solo empezaba a aprender. Así que, nuevamente, mi primer contacto con una discográfica fue a través de la banda de mis amigos, y eso sucedió 4 años después de lo de Newport. Y luego, en 1970, conocí a Ike y Tina Turner. Esa fue la primera banda popular, o famosa, que alguna vez conocí.

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Tina by Bob: una imagen que vale por mil palabras

¿Esa fue en la época de la Ike and Tina Turner Revue, no?
Exactamente. Ahí fue donde tomé esta foto (señala la foto de Tina Turner en su libro), la de las imágenes múltiples. Esa es una sola toma, no tiene Photoshop. Eso es lo que Tina Turner hace en un segundo. Capturé un gran momento.

¿Entonces no fue que la tomaste así, intencionalmente?
Esperaba que resulte algo similar pero no sabía lo que iba a ocurrir, porque ella estaba bailando debajo de las luces intermitentes, y saqué cuatro fotos. Tres de ellas son terribles, pero esta es perfecta.

También filmaste muchísimo material de esa gira junto a Nadya, su primera esposa. Imágenes en vivo, ensayos, filmaciones caseras, que después aparecieron en el film “Ike & Tina: On The Road 1971-1972”
Sí, ese es un gran video. Nos dieron un premio por Mejor Video de Blues. Todo tipo de material. Incluso Tina cocinando para sus hijos.

¿Está todo filmado en blanco y negro?
Todo en blanco y negro, con algunas partes en color. Querían que use cinta en color, así que me alquilaron una cámara color. Pero nunca lo terminamos, todo lo que teníamos era la prueba de la filmación en color. Nunca nos pagaron el laboratorio. Como sea, el original se perdió con el paso de los años, pero teníamos una copia, pero la copia era sin sonido. Yo había grabado el sonido separadamente, pero no se conectaba. Y entonces cuando estábamos realizando el video, el editor hizo un trabajo increíble encontrando ciertas partes de la filmación en color que coincidiesen con la banda de sonido. Y de hecho la película comienza en colores, con Tina en el asiento trasero de un auto fastidiando a Ike, con él diciendo “oh cariño, cariño”, como si fuera él quien estaba en peligro (risas)

¿Cómo era trabajar con Ike Turner?
La pasé muy bien con él. En mi opinión, era muy dado y de dar mucho apoyo a los artistas. Fue generoso con muchos de ellos. Seguimos siendo amigos a través de los años, y estuve en su funeral cuando murió, hace unos años atrás. Había más de mil personas en su funeral, ya que casi toda la gente que estaba allí era gente que Ike había ayudado, o a quienes Ike les había dado algo. Ike te daba cualquier cosa que necesitaras. Si necesitabas un trabajo, te lo daba. Si necesitabas un auto, te daba un auto. Necesitabas una casa, Ike te daba una casa. Ike era una persona muy generosa. Pero eso no lo excusa de lo que hizo en su relación personal. Y pienso que la película es muy importante, ya que logró que se hable del tema, y mostró muy claramente lo que sucede con la violencia doméstica. Creo que el mundo necesitaba ese tipo de film, y abrió muchas puertas para un montón de gente que lo sufría. No creo que necesariamente Ike era la imagen más representativa de esa cuestión. Otras personas, como fue el caso de Rick James, terminaron en la cárcel por pegarle a alguien. Había gente que era mucho peor que Ike, pero la historia es muy importante. Podría ser subtitulada como “Lo que le sucede a un muy buen hombre que toma demasiada cocaína y enloquece”.

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La foto que no fue… de Bob: Lennon y Jagger en NY, 1972, de smokings blancos y negros.

No sabés lo que lamento que no tengamos tiempo suficiente para hacerte todas las preguntas que quisiera. El problema es que tu carrera es muy extensa, y trabajaste con todos esos grandes artistas y…
¡También es que uso respuestas largas! (risas) Bueno, hay mucha información sobre mí en internet. Y ya que estamos, no todo lo que dicen de mí es verdad. Hay una foto de Amy Winehouse con mi nombre, pero nunca estuve con ella, no tomé esa fotografía. Y hay otra de Mick Jagger y John Lennon en la que están vestidos de frac. Alguien puso mi nombre ahí, pero tampoco la saqué yo.

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De todos modos fuiste vos quien hizo esas fotos de Jagger, Lennon y Yoko Ono cuando estaban grabando el álbum de Yoko “Approximately Infinite Universe”, las de los tres juntos en la consola del estudio.

Sí, estuve con ellos en el estudio.
Creo que también hay una foto de Debbie Harry en la playa, y que tampoco es mía. Así que no creas en todo lo que leas.

No pienso hacerlo, no soy creyente. Me mantengo agnóstico.
¡Nunca!

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Me gustaría preguntártelo así. A punta de pistola, ¿cuál sería el artista con el que siempre estarías dispuesto a trabajar, y cuál sería el que ni siquiera volverías a levantar el teléfono para atenderlo?
Siempre voy a estar ahí para Yoko Ono, o para Tina Turner. Siempre. Tina se retiró, pero estuve con Yoko hace tres semanas. Dejaría lo que fuera en cualquier momento para estar con Yoko. Es la persona más brillante que conozco, y una de las más talentosas, generosas y creativas. Si la gente quisiera saber sobre Yoko Ono, sólo escuchen lo que dice John Lennon, y no escuchen lo que dice la Prensa, que no la comprenden, o que nunca la conocieron. Todos los que conozco que estuvieron con Yoko Ono dicen que es increíble. Solamente algunas personas de la Prensa tienen cosas malas que decir.

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Peinado afro, pantalones oxford, pañuelete hindú, bigote reglamentario: adivinaron, estamos en 1974 y un joven Bob Gruen se apresta a viajar a Japón junto a Yoko Ono

OK, ¿y entonces a quién le dirías que no?
(Piensa) Hay una o dos personas con las que trabajé, con las que no volvería a trabajar jamás, pero como las odio, no voy a decir sus nombres, y hacerles publicidad… Sólo dos personas. Son músicos, pero fueron unos idiotas.

Varias veces leí la frase “Bob Gruen hizo todo” Quizás todavía haya alguien por ahí con quien te gustaría trabajar.
Oh sí, todavía voy a ver a artistas. Hace 19 años que conozco a los de Green Day, y el año próximo, cuando sean 20 años, espero hacer un libro con mis fotos de ellos. Pero voy a verlos porque disfruto de la banda. Para mí, eso es una noche de diversión. También hay una banda de Irlanda que se llaman The Strypes

Desde ya, los conozco. Chicos muy jóvenes, muy estilo ‘60s.
Muy estilo ‘60s, muy rock y R&B, muy rock’n’roll de en serio, y chicos jóvenes muy agradables. Me encantan.

¿En qué andan ahora? Recuerdo su primer album de hace unos años atrás…
A la compañía discográfica en USA no le gustó su segundo disco, así que fue editado solamente en Inglaterra. No se lanzó en USA. Y ahora tienen un tercer álbum. Espero que la compañía en USA no los joda. Tienen un montón por delante para hacer. Son muy talentosos, estoy seguro que les va a ir bien.

Y en cuanto a vos, ¿cuáles son tus próximos pasos?
Estoy trabajando en una biografía. Me pasé toda la vida contando historias, pero es muy difícil tomar esas historias que contás y llevarlas a escrito. Así que estuve con bastantes problemas intentando lograr el sonido de la escritura, el sonido de cuando hablo. Pero planeo hacer una autobiografía.

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¿Quiénes tienen el caradurismo de pedirle una selfie al troesma? Sólo en MADHOUSE, amigas y amigos (Foto: Bob Gruen con la cámara de Frank)

¿Llevaste un diario personal a través de todos estos años?
Si hubiera mantenido un diario, ¡tendría que hacer dos biografías! (risas) Porque hay muchísimas historias en muchísimos lugares. Deseo haber tenido un diario, pero no lo hice, está todo en mi mente. Mi mente es clara, todavía ando bien.

Y aparte tenés las fotografías para respaldarlas.
Claro, donde sea que veo una foto, me acuerdo de haber estado ahí. En general recuerdo lo que sucedió. A veces mis asistentes me muestran una foto mía y digo “¿yo saqué eso?”

¿Guardás mucho material que nunca fue visto? ¿Qué hacen los fotógrafos con el material sobrante?
Tengo archivos grandes. Los fotógrafos ponen ese material en archivos, hasta que lo volvés a encontrar y lo usás para otra cosa. Voy a hacer más libros. Sabés, tengo 15 libros editados, pero voy a hacer más.

¿Cómo te ubicás a vos mismo dentro de la historia del rock’n’roll? Digo, formaste parte de todo eso. ¿Cómo te considerás viéndote en perspectiva?
Bueno, generalmente no lo hago… (Risas). Trato de no pensar en mí muy seguido. Pero sí pienso en mí como si fuera un historiador, o alguien que registró la cultura de nuestro tiempo. Afortunadamente viví lo suficiente como para tener la posibilidad de compartirlo, y aún lo hago, me muevo alrededor del mundo hablando sobre ello, y compartiéndolo. No es solo rock’n’roll, creo que el rock’n’roll expresa la cultura de nuestra era. Y como dije anteriormente, para mí el rock’n’roll es sobre la libertad, la libertad de poder expresarte de manera fuerte. Entonces pienso que mi trabajo es más sobre la libertad, que sobre un retrato de un artista pop. No es porque esa persona sea famosa y yo le tome la foto con cierto tipo de iluminación. Mis fotografías han intentado capturar la pasión y el sentimiento, porque ese sentimiento es de libertad. Por lo que el tema principal de mi trabajo, y la manera en que me veo, es alguien que está inspirando a otros a que sean libres y que se expresen ellos mismos. Porque sin dudas no quiero que se parezcan a mí. No podés ser como otros, porque ya están todos los roles ocupados. Tenés que ser vos mismo.

¿Qué opinás de los fotógrafos actuales?
¡Tampoco pienso en ellos muy a menudo! (Risas) Bueno, no conozco a muchos de los fotógrafos jóvenes. He visto muy buenas fotos. La gente realmente ha aprendido a expresar el rock’n’roll, han visto muchísima historia, y vi gente que ha tomado excelentes fotografías. No recuerdo sus nombres todo el tiempo, pero hay uno que tiene mi edad, o tal vez sea algo más joven, llamado David Godlis, que es uno de mis fotógrafos favoritos. Al igual que yo, él es muy fan de Robert Frank, y creo que David capturó ese sentimiento natural. Mayormente cubrió la historia del CBGB, e hizo un libro que es muy popular. Y además es un tipo muy agradable. Lamentablemente es físicamente parecido a mí, y a veces la gente le pregunta, “¿vos sos Bob Gruen?” (Risas)

MUESTRAS: VIMOS BOWIE/COLLECTOR EN LONDRES, LA COLECCIÓN DE ARTE DEL DUQUE BLANCO

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Publicado en Revista Madhouse el 21 de diciembre de 2016

A pocas semanas de cumplirse el primer aniversario de una muerte que sacudió al planeta como pocas en un año por demás simbólico en cuanto a lo que a la desaparición física de nombres clave de la historia de la música se refiere, la figura de David Bowie continúa manteniendo viva su eterna presencia enigmática, aquella de objeto de fascinación permanente. La misma que le ha permitido a uno de los más singulares artistas que el mundo recuerde proyectar su tantas veces mencionada condición “camaleónica” a lo largo y ancho de su carrera, para terminar dándose cuenta que su leyenda ya no podía agigantarse más y que sólo podía crecer en meses desde su muerte, dejando en claro que la calidad en todas las actividades a las que supo dedicarse también podía extenderse a otros aspectos, entre tantos (y son muchos) el de coleccionar arte, algo que siempre se ocupó de mantener bien lejos de la mirada pública.

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La vidriera de Sotheby’s anunciando la muestra. Lo que se dice sobriedad.
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La obra de Damien Hirst junto a Bowie, titulada “Beautiful, Hallo, Space-boy Painting” (1995)

Y si bien el coleccionar obras de arte representó otro de los varios aspectos de su capacidad sin límites, paralelamente a la música, a la escritura, o a la pintura, también se trató de una actividad en la que ni su fama ni su éxito tuvo algún tipo de influencia: todo lo que necesitaba era tener conocimiento vasto sobre el tema. Alguna que otra vez daría una entrevista en la que se refería a sus artistas plásticos favoritos (muchos de ellos rescatados de la oscuridad absoluta), aunque siempre se trató de una pasión absolutamente privada.

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Damien Hirst y su obra contradictoriamente titulada “Untitled Fish For David”
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Por tal motivo el 1º de noviembre p.pdo. se puso en marcha la exhibición
“Bowie/Collector” en la galería Sotheby’s de Londres, en rigor una lograda muestra de buena parte de las piezas de arte y diseño que Bowie acumuló a lo largo de su existencia, con más de 400 artefactos personales ricos en diversidad, los que todo admirador de su carrera pueda imaginar, abriendo así otra de las ventanas de su mente y ofreciendo no sólo las formas de arte que lo inspiraron, sino también aquellas que hablan tanto de él que eventualmente gastó millones en obtenerlas.

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Jean-Michel Basquiat, “Untitled” (1984)
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Posmodernismo naranja en la muestra. La máquina de escribir portátil con su caja al lado se llama “Valentine” (1969) y pertenece a Ettore Sottsass y Perry King. Los dos cubos son una radio portátil llamada “Cube – Radio Model No. TS 502” (1963), autoría de Marco Zanuso y Richard Sapper.

La primera cosa con la que uno se topa al ingresar al distinguido predio situado en la New Bond Street, tras serle obsequiado un display a todo color en papel de alta calidad con el mapa de la exhibición como así también muestras gratuitas en miniatura que reproducen algunas de las obras expuestas, es el único objeto que parece guardar relación directa con la música, es decir el tocadiscos retro-futurista de Bowie de 1966, para la ocasión rodeado no de vinilos sino de un grupo de pinturas modernas costosísimas, incluyendo una del no menos caro Damien Hirst (la figura prominente del arte inglés de la década del 90) y la única de la exposición en la que Bowie participó directamente, antes de encontrarse con “Air Power”, pieza del recordado artista de graffiti (y más tarde, pintor) Jean-Michel Basquiat que, al igual que todas las obras presentes, serían subastadas unos días después al mejor postor. Pero por supuesto hay mucho más por descubrir a través de las ocho salas que ocupa “Bowie/Collector”.
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La mesa se titula “Burgundy”, by Michele De Lucchi. La lámpara se llama “Astor” y pertenece a Thomas Bley, ambos del grupo Memphis.
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“Fanagalo Store” de Norman Catherine (fragmento)
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“Fanagalo Store” (completo)

Paseándose por la galería uno puede encontrarse con un retablo (o, según reza al diccionario, “la estructura arquitectónica, pictórica y escultórica que se sitúa detrás del altar en las iglesias católicas”), en este caso proveniente del siglo XVI, y que muestra a Tintoretto (figura clave de la escena de Venecia de ese siglo) trabajando en su estudio, o con un ángel alertando a la reina virgen Santa Catalina de Alejandría sobre su inminente martirio, más obras de Graham Sutherland, David Bomberg, Henry Moore, Patrick Caulfield, Eduardo Paolozzi, Leon Kossoff o Frank Auerbach, entre tantos, y destacándose un grupo de obras del característico Marcel Duchamp, a quien Bowie solía citar como una de sus mayores influencias.

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“Nude Descending A Staircase Nº 2” (1937) by Marcel Duchamp, uno de los artistas favoritos de Bowie.
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La alfombra se titula “Riviera” (1983) y su creadora fue Nathalie Du Pasquier. El sillón es el “Bel Air” de Peter Shire, que data de 1982
“EL ARTE HA SIDO, SERIAMENTE, LA ÚNICA COSA QUE SIEMPRE QUISE TENER. SIEMPRE FUE PARA MÍ UN ALIMENTO PERMANENTE. LO USO. PUEDE CAMBIAR LA FORMA EN LA QUE ME SIENTO POR LA MAÑANA. UNA MISMA OBRA PUEDE CAMBIARME DE MODOS DIFERENTES, SEGÚN AQUELLO POR LO QUE ESTÉ ATRAVESANDO” – DAVID BOWIE EN THE NEW YORK TIMES, 1998.

“Bowie/Collector” también permite revelar la relación de Bowie con Memphis, un grupo colectivo radical de diseñadores con base en Milán dirigido por el arquitecto Ettore Sottsass, quien supo revolucionar el mundo del diseño industrial en la década del ’80, con más de cien piezas -obras más, obras menos- de su colección privada, tan ecléctica como la personalidad de quien alguna vez aseguró que “seriamente, el arte fue lo único que siempre quise poseer. Puede cambiar la forma en que me siento en las mañanas”, ahora por primera vez exhibida ante los ojos de los admiradores de uno de los artistas más creativos del siglo.

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El célebre tocadiscos titulado “Radio-Phonograph Model No. RR126” (1966) de Achille & Pier Giacomo Castiglioni. El cuadro de fondo es “Foyer” (1973), de Paul Caultfield
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El autor de esta nota en la puerta de Sotheby’s, intentando pasar por otra obra de arte

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Fotos: © Marcelo Sonaglioni

ENTREVISTA: ANDIE SAY Y EL REGRESO A BS. AS. DE “THE ROCKY HORROR SHOW”

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Publicado en Revista Madhouse el 22 de julio de 2016

Se alerta a la población que el Dr. Frank-N-Furter anda merodeando los alrededores de la calle Corrientes, por lo que se le recomienda estar atenta a los experimentos que pueden llevar a convertirlos en alguna de sus extrañas creaciones. Diversas fuentes indican que ha desembarcado en Buenos Aires después de 22 años, y que se encuentra pronto a hacer de las suyas junto a Riff Raff, Magenta, Columbia, Eddy, y demás miembros de su corte de transilvanos.

Así las cosas, The Rocky Horror Show, el más rockero y transgresor de los musicales teatrales de la historia, vuelve a desembarcar en la escena teatral porteña después de más de dos décadas desde su última presentación local, y cuyo reestreno tendrá lugar en el mítico Teatro Maipo a partir del próximo 2 de agosto, para luego ser inicialmente presentada todos los martes de ese mes, de septiembre y octubre. Entre tablas y decorados, hablamos con el director Andie Say sobre lo que se viene. Y que sea lo que el Dr. Frank-N-Furter disponga…

¿Cómo llegaste a la dirección de la obra? ¿Fuiste convocado por los productores ejecutivos o se trató de una búsqueda o propuesta personal?
Fue autogestión, ya que soy director, y también estoy dentro del equipo de producción. Es una obra que me atrae desde muy chico. Primero fue la película, que la conozco desde hace 12 años. Hará 7 años que me empecé a investigar sobre las diferentes puestas del musical, y esto era como un sueño pendiente. Como director, hay muchos musicales que me gustaría poder dirigir. Pero llegué a la obra hace aproximadamente 1 año después de hacer un estudio mercado respecto a cuánto me iba a costar producirlo. Empecé a pedir que me coticen presupuestos de obras todas muy distintas entre sí. Se trató de ver cuál era la movida, y empezar a sumergirse en ese mundo, y ésta fue la única obra sobre la que no respondieron. Todavía estoy terminando la carrera, y es la primera obra profesional que hago.

¿Cómo que no te habían respondido?
No, pero finalmente me contestaron en diciembre. Estábamos de vacaciones con mi hermana, y justo me llega el mail el día de año nuevo. Terminamos por hacerlo realidad. Ya para el 9 de enero creo que estábamos seguros de lo que queríamos hacer, y el 15 mandamos la solicitud de los derechos, y 1 semana después ya los teníamos, así que ya comenzamos a anunciarlo. Fue un camino muy bueno, no tuvimos ninguna traba.

Leí por ahí que hay tres palabras que te identifican con la historia de la obra: libertad, transgresión y celebración.
Es tal cual. Si hoy por hoy tuviera que elegir tres palabras, creo que no podrían ser solamente tres, pero esas tres siguen aplicando.

¿Y la obra te dio esa pauta por su historia, por su guión, por el tipo de musical, o se trató de un conjunto de cosas?
Por un conjunto de cosas, fuera de que la historia y el guión son excelentes, y la música es directamente de otro planeta. Es uno de los pocos musicales-rock que son tan buenos. Y también obtuve esa sensación luego de verlo. Es un musical que cuando uno lo ve, tiene esa sensación de estar libre, que es lo que predica el musical. Es una fiesta desde que empieza hasta que termina, transgrede, rompe con todas las reglas. Es un musical que se estrenó en los ‘70s, y un travesti en un escenario en los ‘70s era toda una revolución.

ES UN MUSICAL QUE CUANDO UNO LO VE, TIENE ESA SENSACIÓN DE ESTAR LIBRE, QUE ES LO QUE PREDICA EL MUSICAL. ES UNA FIESTA DESDE QUE EMPIEZA HASTA QUE TERMINA, TRANSGREDE, ROMPE CON TODAS LAS REGLAS.

Y eso que ese primer estreno tuvo lugar en Inglaterra…
Claro, eran muy avanzados. Aparte la obra nace muy de la mano del punk, por lo que ya había una movida gestándose allí en aquel momento. Creo que si uno piensa hoy en día en un personaje como Frank-N- Furter, que es súper lindo y excéntrico, al verlo sobre un escenario, por más nivel de aceptación que exista ahora, a uno termina llamándole la atención. Y eso genera transgresión, y le muestra al espectador que no todo es tan cuadrado, y que la vida es un poco más “Rocky”, ¿no?

La obra se reestrena este 2 de agosto, pero ya fue presentada en más de 30 países, incluyendo las versiones argentinas de 1975 y 1994, además de haber sido traducida a más de 20 idiomas. Siendo una obra legendaria y con tanto impacto a través de la historia, ¿por qué creés que tuvieron que transcurrir 22 años desde que se puso en escena por última vez?
Diría que no es una obra para los débiles de cuerpo a nivel producción. Más que nada porque es difícil de encarar, siempre roza una fina línea entre lo absurdo y lo verdaderamente profundo, y si uno atraviesa esa línea del lado equivocado, puede pifiarla. Creo que igualmente no se hizo hasta ahora porque Buenos Aires tuvo mucho crecimiento en este último tiempo a nivel musical, y por suerte tuvimos la posibilidad de que se traigan musicales del exterior como fueron “El Fantasma de la Ópera”, “La Novicia Rebelde”, “Cabaret”, todas ellas puestas que eran muy buenas.

a-1024x881Que no es algo que venía sucediendo muy a menudo…
No, para nada. Hace 22 años, la última vez que se había hecho, en el Teatro Del Globo, no fue algo para nada común. Yo creo que más que nada el hito lo marca “Chicago” en el 2001 en el teatro Ópera, con Sandra Guida y Alejandra Radano. Pienso que marcó un antes y un después en el musical for export aquí en Argentina. Y además creo que en el último tiempo se desarrolló algo que es muy interesante, que es el musical nacional, el producto nacional. Más allá de que para el ’91 ya conocíamos a Cibrián, ya que ése fue el año de Drácula, tuvieron lugar muchas creaciones nacionales que no tienen nada que envidiarle a las producciones internacionales. Es muy interesante ver que se pudo hacer algo así con menos recursos, ya que, seamos honestos, tenemos muchos menos recursos tecnológicos que los que hay afuera. Más allá de lo económico, porque puede venir alguien y poner mucha plata, pero si no tenemos los elementos, es algo muy difícil. Hay tanta creatividad en el país, y hay tantas ganas de trabajar, que con muy pocos recursos se han hecho cosas brillantes.

Lo que lo hace aún más meritorio en un país con tantos vaivenes económicos históricamente.
Sí, totalmente. Éste es un musical considerado medio under, porque la gente no lo conoce tanto, y entonces le tiene un poco de prejuicio. Lo miran raro, por más que lo conozcan de nombre. Es “el raro” de los musicales. Es muy lindo, cualquier persona que lo ve termina enamorándose.

Quizás también hace ruido la combinación de su nombre, que contiene palabras como “Rocky” y “Horror”, y hacen que se vea así.
Es raro combinar combinar las tres palabras, Rocky, Horror y Show.

Al menos no sucedió como con muchas de las películas, a las que les terminan traduciendo el título con resultados rarísimos, como vimos en muchas oportunidades.
Tal cual, sin ir más lejos el título original de la película es Richard O’Brien’s The Rocky Horror Show, que incluye el nombre del autor.

Que es como decir “Mary Shelley’s Frankenstein”.
Exactamente. O “Bram Stoker’s Dracula”. De hecho Rocky Horror Show habla del nacimiento de una criatura, y Richard O’Brien dice que Rocky Horror es su criatura, entonces existen un par de similitudes que están buenas, y sobre todo porque el título en español que se le dio a la película cuando se prohibió en el ’75 antes de la dictadura militar fue Orgía de Horror y Locura. Y el show es realmente una orgía, pero no fue el título más acertado. Es una orgía porque es una fiesta, porque habla de la liberación, y es muy sexual. Entonces dijimos “démosle el título original”, sino sería como que traigan “Cats” a la Argentina y le pongan “Gatos”. Sería muy raro.

(…) EL TÍTULO EN ESPAÑOL QUE SE LE DIO A LA PELÍCULA CUANDO SE PROHIBIÓ EN EL ’75 ANTES DE LA DICTADURA MILITAR FUE ORGÍA DE HORROR Y LOCURA. Y EL SHOW ES REALMENTE UNA ORGÍA, PERO NO FUE EL TÍTULO MÁS ACERTADO.

Aquí se estrenó en el teatro Pigalle en 1975, con Ana María Cores, Linda Peretz y Valeria Lynch, y luego se repuso en el Del Globo en 1994 con Natalia Lobo, Juan Manuel Tenuta y Jean Pierre Noher, entre otros. ¿Los actores hacen diferentes a las puestas? Porque más allá de todo están siguiendo un guión que es fijo.
Totalmente, las hacen diferentes. Creo que uno puede decir una frase de diez mil maneras distintas, y como director considero que no hay nada más importante para que una obra sea buena, que el trabajo genuino del actor. Se puede dirigir una película, pero no se puede dejar que el actor no ponga su sello personal. Y lo que caracteriza a esta puesta de Rocky Horror Show es que tenemos todos personajes que en esta versión son muy únicos. Creo que esta versión es totalmente única.

02-Mela-Lenoir-1024x683¿Eso es algo que se puede notar en los roles de los personajes principales, el de Roberto Peloni (Frank-N-Furter) y Melania Lenoir (Magenta)?
Absolutamente. Roberto es brillante. Ganó el premio Hugo de Oro el año pasado por su rol en “Shrek”, y creo que nadie lo tiene tan bien merecido como él. Es un actor muy completo en lo que respecta al proceso creativo, al antes, al durante y al después, y aparte es muy buena persona, y es muy lindo trabajar con gente así. Lo mismo para Melania, que es excelente en todas las áreas. Excelente cantante, bailarina y actriz. Y los dos están configurando, al igual que todos los del elenco, personajes que son muy queribles y amables. Melania tiene la difícil tarea de configurar dos personajes, al igual que Maia Contreras. Melania configura a Trixie, que es quien le da la bienvenida al público, la cigarrera de la sala de cine, que es donde empieza la obra. Y al mismo tiempo encarna a Magenta, que tiene un enfoque totalmente distinto. Todos los actores están haciendo roles que me hacen pensar que nunca vi una puesta de Rocky igual.

Y creo que eso es fundamental, desde el momento que cualquier performer, en cualquier estilo, de cierta forma tiene que terminar conquistando al público.
Por supuesto, y más que conquistarlo, hay algo del juego del actor, que si no le pone lo suyo al personaje, y lo quiere y lo cuida como si fuese un amigo, resultaría muy difícil. De hecho creo que cualquiera de los miembros del elenco no hubieran aceptado si no hubiesen estado de acuerdo con sus personajes.

Y además es un elenco muy joven.
Muy joven. De hecho en la puesta original son todos un poco mayores. Aparte creemos que hay apuntar al público joven. Existe un grupo de fans muy grande de Rocky Horror, y se divide entre gente grande, y gente muy joven. Está quien conoce la obra desde el ’75, y quien recién la descubre.

El film original del ’75 terminó convirtiéndose en una película de culto, tal vez más importante de la historia del cine de es estilo, comenzando en su Inglaterra natal, y luego en el mundo. ¿Creés que es posible lograr el mismo efecto en el teatro? Quiero decir, los espectadores se presentaban en las salas vestidos tal cual lo hacían sus personajes preferidos, interactuando con la proyección del film, bailando, cantando y actuando todas y cada una de las escenas. En definitiva, de cierta manera la función de cine se transformaba en una de teatro.
Absolutamente, y eso se llama shadow cast, cosa que tuve la suerte de vivir en persona hace poco en Estados Unidos, y se trata de un grupo de gente, que no son ningunos amateurs, sino que lo tienen muy preparado, y van caracterizados con sus elementos, se paran frente a la pantalla, y mientras corre la película, repiten las líneas, o simulan hacer playback. Cantan las canciones, hacen las coreografías…Y es increíble porque es como estar viendo dos puestas en un mismo lugar, y la participación del público es fantástica.

Pero ellos asisten como simples espectadores, no es que perturben al resto de la platea…
El público es muy participativo durante la obra. De hecho nosotros hicimos un guión de participación que va a estar incluido en el programa, porque hay varios momentos precisos que los fans argentinos los tienen muy instalados. Pero tal vez no los conozcan los que nunca vieron la obra, y quizás se sorprendan. Para esta obra el hecho que la gente participe no significa ninguna falta de respeto. Más bien todo lo contrario. Esta obra necesita de la participación de la gente, y ese es uno de los desafíos más grandes que creo nos va a tocar llevar adelante.

¿Esa situación de interacción es fija en cada función, o es algo que se da circunstancialmente?
Tenemos diversos lineamientos fijos. De todas formas, y no sé si debería decirlo, pero está bueno que se diga, hay dando vueltas por la internet un guión de participación de la película, en el cual aparece el propio guión, y al lado una guía de participación para el público, que es muy interesante, y que tiene miles y miles de cosas más que las que nosotros planteamos, que son cosas muy básicas, como la del diario en la cabeza cuando empieza a llover, o lo que se le grita a los personajes, como cuando el narrador dice “asshole” o “whore”, que son los equivalentes a “pelotudo” y “puta”. Nosotros pensamos que “puta” es un poco fuerte para decirle a una mujer, así que decidimos cambiarla por “gato”. Nos pareció más propicia.

Además es natural que detalles así se adapten a la idiosincrasia del país donde se está viendo la función.
Obviamente, por supuesto. De hecho la obra está adaptada a la idiosincrasia argentina. Es maravilloso lo que se hizo con la adaptación, es un trabajo finísimo y de una calidad única. Invitamos al público a participar de todo lo que ellos consideren necesario, que se pare a bailar el “Time Warp”, etc. Queremos ver una platea llena de gente saltando y bailando. Es algo que los actores quieren que pase. El público está advertido de que cualquier cosa puede pasar.

En ese sentido también es muy orgiástica.
Totalmente, es muy bacanal y orgiástica. De hecho Walter Bruno, que es quien hace el papel de Brad, cuando le preguntaron cuáles eran las tres palabras que para él definían a Rocky, respondió “afuera los prejuicios”. El público tiene que venir sin prejuicios. Los que la conocen, ya saben con lo que se van a encontrar, y los que son vírgenes –porque a los que nunca la vieron se los llama “vírgenes”- que se preparen para venir con la cabeza abierta, y salir con la cabeza partida, literalmente.

DE HECHO WALTER BRUNO, QUE ES QUIEN HACE EL PAPEL DE BRAD, CUANDO LE PREGUNTARON CUÁLES ERAN LAS TRES PALABRAS QUE PARA ÉL DEFINÍAN A ROCKY, RESPONDIÓ “AFUERA LOS PREJUICIOS”

¿En general, como ves la escena de las puestas musicales en Argentina?
Está muy parado lo que es for export, o sea, los musicales que vienen de afuera y se instalan aquí. Pero lo bueno de eso es que le da mucho más lugar a la producción nacional. Deja más espacios. Aparte el público del musical tiene la necesidad de verlo. Y creo que ante el hecho de que no estén los grandes títulos de Broadway y de Londres, que son muy buenos, que el público vaya a ver los nacionales es una maravilla. Hay cosas tan buenas que merecen la pena que sean vistas. Y por más que ésta sea una obra de afuera, soy un acérrimo defensor del producto nacional. Siento que en general Argentina es un país con un talento desmedido. Tuvimos mucha gente en las audiciones, fue muy difícil, y creo que elegimos a los mejores. ¡Pero qué pena dejar afuera a todo el resto, que es tan bueno!

Mientras tanto la FOX prepara un nuevo especial para televisión del musical “The Rocky Horror Picture Show” de dos horas, y que se rumorea tendrá como protagonista a Adam Lambert, la voz actual de Queen, donde interpretaría el papel de Eddie, y que fue originalmente interpretado por Meat Loaf en la película de 1970.
Es muy gracioso, porque en esa época, en 1975, Meat Loaf era un referente del rock pesado, y Adam Lambert es hoy día el cantante de Queen, que es otro tipo de grupo, de algún modo algo más pop.

Pero Queen siempre tuvo ese costado teatral y operístico.
Desde ya, de hecho nuestro Eddie y Dr. Scott no es un hombre, sino una mujer, Maia Contreras, con una voz maravillosa, y Maia tiene un enfoque totalmente distinto de Eddie, que es una mezcla de Elvis y Meat Loaf. Incluso el otro día en el ensayo, hasta le vimos algo de Sandro. Y creo que, como decíamos antes, eso se tiene que ir aggiornando de acuerdo a dónde estás, y a los tiempos. De hecho la puesta que estamos haciendo es mucho más moderna que la película. Las cosas funcionan por épocas, como las modas, como todo. Yo no sé si hoy una remake de la película con Meat Loaf realmente funcionaría. Vi muy poco de la nueva puesta de Fox, y debo admitir que no me voló la cabeza, me pareció demasiado moderna para mi gusto.

08-Maia-Contreras-1024x684¿Aun siendo un especial?
Aun así. Se va a transmitir en los EE. UU.con motivo de Halloween. No sé si también lo van a pasar aquí, porque nos gustaría hacer algo, es una excelente oportunidad para hacer algo en conjunto. No puedo juzgarlo ni criticarlo porque vi sólo los trailers. Me encantó quien interpreta a Frank-N-Furter, que de hecho es una actriz transgénero, y sé que cuando salga y la vea me va a encantar, porque es Rocky, y genera eso en el público.

Me resulta curioso que así como hubo muchísimas puestas musicales de la obra en teatro, nunca hicieran una segunda versión de la película.
El director Richard O’Brien, quien hoy por hoy es el portador de los derechos, es un defensor muy grande de que esta obra se haga todo el tiempo, y no creo que negaría los derechos para una nueva película. También puede ser que la remake de Fox termine catapultando una nueva película.

Fuera de tu rol actual de director de la obra, sé que también realizás otras cosas relativas al mundo teatral.
Tengo una escuela de comedia musical en Belgrano con clases para jóvenes y adultos de ambos sexos, en donde más que nada lo que hacemos es un seminario de montaje, en el cual los alumnos aprenden el trabajo íntegro de un actor profesional. Tenemos un período de actuación, uno de canto, y otro de danzas. No hacemos muestras de números aislados, sino que por lo general hacemos el montaje entero de una obra, y creo que para fin de año vamos a estar expandiéndonos y abriendo nuestro propio estudio, también en Núñez. Y más en lo personal estoy terminando la Licenciatura de Dirección Teatral, donde tuve la suerte de tener profesores increíbles, y que actualmente también están trabajando en teatro.

¿Entonces Rocky Horror es la primera obra profesional que dirigís?
Sí, es mi primera obra profesional como director, fuera de las de las obras de la escuela, que vengo dirigiendo hace ya 4 años. Pero para mí llegar a la calle Corrientes, al Maipo, con semejante elenco, y con todas esas personas talentosísimas es algo maravilloso. En la obra somos un equipo de 38 personas, todas excepcionales. Y ésa es una oportunidad que hace que una persona como yo de 25 años tenga que estar más que agradecido con la vida. Es muy raro que alguien tenga esta oportunidad, y tenerla es muy gratificante.

Y también bastante trabajo duro, ¿no?
Se trata de buscar las formas y trabajar. Yo trabajé 3 meses para la Walt Disney Company en Orlando, donde aprendí un montón del mundo del espectáculo, y de la vida en general, y hasta del mismísimo Disney. Y una de las frases de Disney que más me suena es una que dice que “todo es posible con fe, con esfuerzo, y con un poquito de polvo de hadas” Y también que los planetas se alineen en el momento justo.

ANDY WHITE | BEATLE POR UNA SESIÓN

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Publicado en Evaristo Cultural el 24 de noviembre de 2015

Ringo Starr siempre recordó el episodio como “uno de los peores momentos de su vida”. Aquel 11 de septiembre de 1962, Ringo llegó a los estudios de la compañía EMI en Abbey Road para encontrarse con la imagen de un músico ignoto sentado en el banquito de su batería Ludwig. Pasmado ante la situación imperante, el baterista de los Beatles desconocía por completo que George Martin, el legendario productor del grupo, se había quedado completamente insatisfecho con su desempeño durante la sesión de estudio reciente en la que los Beatles grabaron las canciones Love Me Do y P.S. I Love You (las que más conformarían el primer single editado de los Fab Four) y que así las cosas, por estricta sugerencia de su asistente Ron Richards, Martin, a quien no le temblaba el pulso a la hora de tomar decisiones repentinas (mucho antes que los egos de Lennon y McCartney comiencen a hacerlo), había optado por contratar a un talAndy White, uno de los tantos músicos de sesión que trabajaban para la EMI, para hacer mejor su  malogrado trabajo. De nacionalidad escocesa y bastante mayor que Starr, White (de quien tal vez incluso muchos de los fans de los Beatles más acérrimos no conozcan su nombre) terminó realizando una labor sólida y quedándose con el puesto de baterista para las dos canciones, dejando así a Ringo fuera del proyecto, tal como le había sucedido dos meses antes a Pete Best (el primer baterista de los Beatles), cuyo trabajo tampoco había dejado a George Martin conforme. White recibió algo más de 5 libras esterlinas por su trabajo de tres horas para registrar junto a Lennon, McCartney y Harrison las dos canciones que integrarían el primer simple de la banda (paga que también incluyó el costo del traslado de su instrumento), y absolutamente ni un penique de royalties, aún cuando ambas canciones acabaron formando parte del álbum debut Please Please Me, que se lanzó en marzo de 1963. Love Me Do y P.S. I Love You, respectivamente, finalmente tuvieron a Ringo tocando pandereta y maracas, encabezando el lado B del disco, y con plena participación de White, si bien los créditos del disco lo indican erróneamente a Starr como baterista en ellas.

Otros trabajos célebres de White como sesionista incluyeron el hit de Tom Jones de 1965 It’s Not Unusual, así como canciones de la década del ’60 de Chuck Berry, Rod Stewart, Burt Bacharach, los Herman’s Hermits y Lulu, entre otros, y que le valieron el título de “uno de los bateristas ingleses más ocupados de fines de los ’50 hasta mediados de la década del ‘70”, antes de terminar mudándose a los Estados Unidos en los años ’80, donde se desempeñó primordialmente como profesor de batería, y habiendo dejado atrás su pasado de pop para unirse a agrupaciones de música tradicional escocesa, hasta que en 2008 el grupo The Smithereens lo convocó para tocar en su versión de P.S. I Love You, tras haber lanzado el año anterior Meet the Smithereens!, el disco tributo a los Beatles en que la banda replicó el álbum completo Meet the Beatles! a su estilo. El paso provisorio de White por el combo de Liverpool dejó como legado su certificación de “quinto Beatle”, un club que eventualmente también incluye a Stuart Sutcliffe (el bajista original de la banda), Pete Best y el baterista Jimmie Nicol (más conocido por haber reemplazado a Starr en una serie de conciertos en plenaBeatlemania en 1964)
Tras sufrir un ataque al corazón a los 85 años, White falleció el pasado 9 de noviembre en Caldwell, New Jersey, ciudad en la que se instaló tras abandonar el Reino Unido, y donde más de medio siglo antes tuvo sus tres horas como sesionista (y sus cinco minutos de fama extendida) junto a la banda más grande de música pop de todos los tiempos.

LOS 50 PERSONAJES MÁS SIMBÓLICOS DE LA HISTORIA DEL CINE (PARTE 3)

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Publicado en Evaristo Cultural el 26 de agosto de 2015

Que nombres como los de Travis Bickle, El Capitán Blood, Tony Montana o King Kong resulten ser más reales que una buena parte de las personas que protagonizan nuestros días es algo en lo que posiblemente podamos estar todos de acuerdo. La historia de la cinematografía nos dejó un tendal de personajes inolvidables. Nacieron en un guión, se criaron en un set de filmación, y terminaron habitando las salas de cine del barrio adonde íbamos a descubrirlos, o el living de nuestras casas. Los hemos idolatrado al máximo, y hasta incorporamos alguna o varias de sus frases y gestos a nuestra conducta habitual, convirtiéndolos en casos más reales de los que suelen poblar nuestra vida cotidiana. Como esos familiares lejanos que le despiertan a uno un cariño especial. Es cuando la ficción supera a la realidad y, no nos engañemos, tampoco es que la situación diste mucho de la realidad. Digámoslo así: los personajes de cine forman parte de nuestras vidas. Aún cuando habrá que sacrificar a quienes los protagonizaron y dejarlos, aunque sea por esta vez, en segundo plano. Todo listado resultará insuficiente, pero he aquí el primer intento (al que se le sumarán cuatro entregas) sobre 50 figuras inolvidables con las cuales seguimos maravillándonos, y que no parecen tener fecha de vencimiento.

Charles Foster Kane (Orson Welles, ‘Citizen Kane’, 1941)
La película que se llevó el Oscar al ‘Mejor Guión Original’, con nueve nominaciones, tuvo que llegar de la mano de un iluminado, un novato de solo 26 años que además la escribió, dirigió, produjo y, completando el círculo, también protagonizó. Considerada obra maestra de la cinematografía (y por varios cuerpos mejor película de la historia), El Ciudadano (o El Ciudadano Kane), como fuera conocida en Latinoamérica, con su arribo en plena guerra europea, marcó simplemente un antes y un después. Revolucionaria en prácticamente todos sus aspectos, ‘Citizen Kane’ acabó modificando los principales ejes del séptimo arte. Así es como el célebre Welles (una poderosa usina creativa que entes sus tareas también incluía la locución de radio y la dirección de una compañía teatral) se llevó el mundo por delante, y resulta difícil encontrar hoy en día, por no decir imposible, otra obra de la historia de la pantalla grande que se le acerque al menos remotamente. El rol de Kane estuvo inspirado en el magnate de prensa Williams Randolph Hearst, y todo cuestionamiento de que no fuera así era derrotado en cada una de las menciones de la palabra rosebud (capullo de rosa), que Hearst solía usar a la hora de referirse a las partes íntimas de su amante. Kane es un perfecto megalómano ciego de poder y ambición, el mismo que consagró al visionario Welles y ‘Citizen Kane’ como el mejor debut posible de la historia del cine.

Dorothy (Judy Garland, ‘The Wizard of Oz’, 1939)
Judy Garland ya era toda una estrella cuando logró su papel para El Mago de Oz, indiscutiblemente el más rememorado y celebrado de todos sus roles actorales. Junto a sus amigos El Hombre de Hojalata, El Espantapájaros y el León, más la compañía de su inseparable perro Totó, salen en busca del mago que puede hacer reales todas sus fantasías, para terminar descubriendo que no existe magia alguna en el mundo real, y que el mago por el cual se apasiona resulta ser falso, al mismo tiempo que aprende a sortear obstáculos al ritmo de su propia vida. Resultaría imperdonable dejar de mencionar el momento de la interpretación de Over the Rainbow que, fuera de convertirse en una de las canciones más famosas de la historia, seguramente lidera uno de los momentos más emocionantes y (ahora sí) mágicos de la cinematografía musical.

Don Vito Corleone (Marlon Brando, ‘The Godfather’, 1972)
Don Vito es la cabeza principal de una de las cinco familias que constituyen la mafia neoyorquina que está inmersa en  su transcurrir diario ante la negativa de negociar con un clan rival y un narcotraficante. Corleone no es solamente el más reputado de los capos mafiosos, sino quizás también el personaje más grande de la historia del cine en su totalidad. Pero Don Vito, un inmigrante siciliano llegado a un nuevo mundo que lo espera con los brazos abiertos, resulta en rigor un sentimental que sólo recurre a la violencia cuando se hace inevitablemente necesario, mientras disfruta de las cosas sencillas (estar con su familia, salir a comprar fruta, saborear un buen vino),  y que, con un profundo sentido de la amistad, hace lo que hace con el mero objeto de proteger su mundo afectivo. Como si no alcanzara con el magnífico libro de Mario Puzo, o la insuperable actuación de Brando, allí está el director Francis Ford Coppola para lograr la receta perfecta, invitándonos a besarle la mano en cada ocasión que El Padrino nos recibe.

 Tony Montana (Al Pacino, ‘Scarface’, 1983)
Dinero, poder y chicas constituyen la sagrada trilogía de principios de uno de los personajes más histriónicos de la cinematografía. El audaz Tony Montana, de la mano de la inolvidable rol protagónico de Pacino, decide ‘hacerse la América’ tras ser expulsado de su Cuba original por el régimen de Castro, para lo cual aterriza en Miami con el objetivo de cumplir su ‘Sueño Americano’ en plena era Reagan, convirtiéndose en traficante de cocaína. ‘En este país, primero tenés que hacer dinero. Una vez que tenés la plata, conseguís poder. Y entonces cuando tenés poder, tenés a las mujeres’ Pero en su carrera hacia el poder, desde aquel matón de poca monta hasta su reinado como emperador de la droga, junto a su estatua con el lema ‘El Mundo Es Tuyo’, acaba perdiendo lo que más quiere.

Randle Patrick McMurphy (Jack Nicholson, ‘One Flew Over the Cuckoo’s Nest’, 1975)
En Atrapado Sin Salida, Jack Nicholson realiza la brillante interpretación de un espíritu libre que bajo el nombre de Randle Patrick McMurphy, un perfecto y revuelto desordenado, brinda un baño de realidad en medio de la cotidianeidad de un hospital mental de Oregon, desafiando la represión emocional de manos de las autoridades del nosocomio a la que se ven enfrentados sus pacientes. Ni siquiera las continuas sesiones de electroshock pueden con el iracundo ‘Mac’, que no cesa de oponerse a la autoridad, permitiendo que el director Milos Forman realice su indirecta crítica al sistema.

Willy Wonka (Gene Wilder, ‘Willy Wonka & the Chocolate Factory’, 1971)
Entre tantas cantidades industriales (nunca mejor dicho) de chocolate, Willy Wonka es un excéntrico dueño de una factoría de caramelos e ilusiones que tienta a un grupo de niños a recorrer su fábrica a cambio de una entrada dorada y, a través de los desconocido, va sometiéndolos a diversas pruebas de fuego.
Conocida aquí como Un Mundo de Fantasía, sólo un actor genial como el enorme Gene Wilder (Todo lo que usted siempre quiso saber sobre el sexo, o El Joven Frankenstein, entre otras) podía mostrar semejante sonrisa acompañada por una cara feroz, simultáneamente castigando a aquellos atrevidos que osaban quebrantar las reglas de su reino endulzado. La remake de 2005, protagonizada por Johnny Depp, y bajo la dirección de Tim Burton no se queda atrás en calidad, pero es su versión original, la del director Mel Stuart, que le ofrece la magia principal que ésta obtuvo en menor escala.

Elmer Gantry (Burt Lancaster, ‘Elmer Gantry’, 1960)
Que Burt Lancaster haya logrado que su personaje sea recordado con una sonrisa, y no con una cierta aversión, permanecerá en los anales del misterio. Gantry es un charlatán mujeriego y borracho que abandona su empleo de vendedor ambulante para comenzar a predicar la palabra del Señor., pero más precisamente para lograr su meta principal, la de llevarse a la cama a la hermana Falconer, la predicadora pos la cual está obsesionado. Seguramente el guionista y director Richard Brooks no imaginó que su película iba a vaticinar la cruel realidad, cuando una década después de su filmación la pantalla de TV de la sociedad norteamericana se vio plagada de falsos telepredicadores que terminaron revelando su propio fraude. Pero para Gantry cualquier camino resultaba oportuno para llegar a la salvación.

Don Lope de Aguirre (Klaus Kinski, ‘Aguirre, the Wrath of God’, 1972)
Todo admirador de la obra actoral de Klaus Kinski no dudará en coincidir en el mismo cuadro de situación a la hora de definir al actor de su devoción. Pareciera ser que llega un punto en que su rol en la gran pantalla tienen que ver más con su vida real que con su protagonismo frente a las cámaras. Solamente un salvaje encantador como el imponente Kinski bajo la tutela del director alemán Werner Herzog podía retratar de manera tan cruda y auténtica las aventuras del conquistador que al mando de una expedición española que busca la legendaria tierra de El Dorado a través de las altas cumbres peruanas en dirección a la selva del Amazonas, y en las peores inimaginables condiciones de salubridad durante la filmacion de Aguirre, La Ira de Dios, originando todo tipos de auténticas situaciones de desastre, y tan fieles a la frenética vida de Kinski fuera de la gran pantalla, circunstancias que se pueden apreciar a la perfección en Mein Liebster Feind (Mi Enemigo Íntimo), el documental de Herzog tributo a su actor fetiche, que traza los altibajos emocionales de su tormentosa relación amor-odio, con un Kinski desaforado fuera de escena, y que incluso llegar a intentar atacar a los aborígenes contratados como extras para la película, entre otras perlas imperdibles.

Harry Callahan (Clint Eastwood, ‘Dirty Harry’, 1971)
El actor Clint Eastwood será eternamente famoso por sus roles de pistolero solitario (en aquellos spaghetti westerns del director italiano Sergio Leone como Por un puñado de dólares o El bueno, el feo y el malo) o bien por su rol de policía reaccionario de pocas pulgas,  y es esta línea la que continuó con el arribo de Harry el Sucio, el policía de San Francisco y de pocas palabras que a cambio prefería expresarse a través de su Magnum 44. Curiosamente, cabe mencionar como anécdota que el papel antes le había sido ofrecido a John Wayne, Paul Newman, Steve McQueen y hasta al mismísimo Frank Sinatra, los que seguramente se perdieron la oportunidad de ser recordados como uno de los policías más duros que registró el celuloide, a pesar de las críticas que señalaron al personaje como fascista y con métodos poco ortodoxos que le rendía pleitesía a los cuerpos policiales.

Jack Torrance (Jack Nicholson, ‘The Shining’, 1980)
Los críticos de cine suelen decir que cualquier interpretación de Jack Nicholson, por más destacada que sea, responde a la capacidad que han tenido los directores de ocasión para captar el histrionismo del actor. Y algo de eso puede resultar muy cierto. Pero nadie puede negar que, desde la llegada de El Resplandor, la gestualidad y cara de Jack Torrance, con su mueca completamente psicótica asomando por una puerta previamente astillada a hachazos, representa el terror en su máxima expresión. La receta del libro de Stephen King y la dirección de Stanley Kubrick no podían ofrecer un cóctel más perfecto. Pero es la actuación Nicholson en medio de sus incesantes transtornos de personalidad y el vórtice de violencia en que está envuelto, que llevó a convertir a ‘El Resplandor’ en un auténtico film de culto y, según los más avezados críticos, en el largometraje más terrorífico de todos los tiempos. Y no se equivocaron.

EL ADIÓS A DANIEL RABINOVICH

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Publicado en Evaristo Cultural el 22 de agosto de 2015

Cuando uno era niño, en aquellos tiempos en que todo se trataba de descubrir, cuando uno analizaba minuciosamente todo lo que le resultara novedoso, para entonces ponerse a comparar, antes de seguir explorando el reino de lo desconocido, la televisión resultaba nuestra mejor aliada. Cualquier rato que no estuviera dedicado a las tareas habituales transcurría en el living de casa frente al bendito aparato. Para los que éramos ávidos consumidores de TV, a esa edad en que no quedaba más remedio que remitirse a ésta, cuando aún siquiera habíamos aprendido a leer, toparse con esa saga de figuras que componían el mundo exterior era todo lo que importaba. Estaban los personajes de ficción, y también estaban los reales, pero hasta ese momento no existía el límite entre fantasía y realidad. Descubríamos entes similares a nosotros, caras y voces nuevas que se incorporaban inconscientemente a nuestro imaginario. Algunos de ellos burlaban esa frontera virtual y acababan pareciendo más reales que otros. Indagando incansablemente, se nos indicaba cuáles eran los actores, cuáles los políticos. Cuáles eran los músicos, y cuáles los actores. Cuáles de ellos nos hacían reír, cuáles nos hacían llorar. Y también estaban aquellos que nos hacían seguir preguntándonos quiénes eran. Venían en distintas formas y colores, hablaban de formas diferentes. Algunos eran tremendamente serios, otros tremendamente entretenidos. Incluso algunos volaban. Y de repente, entre tanta fisonomía y estilo por descubrir, uno se tropezaba con un grupo de tipos de elegante saco o frac, de moño o corbata, munidos de los instrumentos más extraños que uno podía imaginarse, para terminar dándose cuenta que a veces tanta seriedad también podía venir acompañada de risas. En plena confusión, uno reconocía que además, esos señores tan serios y elegantes, de léxico fino y delicado, acababan descorchando de risa a nuestros mayores. Ya de más grandecitos, descubríamos que encima se agrupaban bajo un nombre que estaba, por lo menos, en otro idioma. ¿Quiénes eran entonces los Les Luthiers, y qué se escondía detrás de su tan hilarante seriedad? Los veíamos desfilar por los diarios y las revistas. En marquesinas de teatros, en afiches callejeros. En las tapas de los discos o de los cassettes. ¿Y qué hacían en la mesa de Mirtha Legrand? Obsesionado por descifrar tamaño acertijo, finalmente logré informarme que sus apellidos respondían a los de Mundstock, Núñez Cortés, Maronna, Acher, López Puccio y Rabinovich. Creo que en aquel momento llegué a tenerlos  tan claros como los de los Beatles. Pero el de Rabinovich resultó ser el que más perduraba en mis laberintos mentales. En rigor, el pediatra de turno que me atendía por entonces tenía el mismo apellido, y recuerdo preguntarle más de una vez a mamá si tenía algo que ver con el de la tele (“el de saco y bigotes, que hace reír”). Pero mi doctor tenía lentes y era calvo, y casi todos los Les Luthiers tenían bigotes. “Hay muchos Rabinovich”, decía mamá, “pero si querés, preguntale”. Jamás lo hice, pero sí me puse la meta de llegar a algún tipo de veredicto sobre el grupo de señores que no lograba introducir en ninguno de los recovecos de mi mente joven e inexperta. Las respuestas eran de lo más variadas. Los Les Luthiers eran músicos, compositores y humoristas, representaban un conglomerado artístico que en general resultaba imposible de encasillar. Una factoría artística única en su especie, y de la mejor calidad que había circulado por estas tierras.
Daniel Abraham Rabinovich Aratuz había conocido a sus magníficos compañeros de ruta al unirse al coro de la facultad de Ingeniería de la Universidad de Buenos Aires, con quienes fundó Les Luthiers en 1967 tras estudiar derecho y recibirse de escribano público, y convertirse en miembro estable de todas las formaciones del grupo. Después de casi medio siglo haciendo reír al público de los dos lados del Atlántico, sin recurrir a la grosería, y dejando de lado todo indicio de mediocridad, Les Luthiers acabaron conquistando los corazones de Latinoamérica, además de sus constantes visitas a España. Pero lejos de sus grandes e inolvidables obras (que superan las 150), los maravillosos monólogos de Rabinovich, y su singular mirada, tan graciosa como susperformances (¿cómo olvidar aquellas interpretaciones de ‘gaita de cámara’ o ‘calephone’?), siempre serán parte de nuestro crecimiento emocional. ¿Qué parte exactamente nos entristece entonces cuando se va alguien con el que crecimos?
Y si el humor resulta ser tan terapéutico como dicen, Rabinovich (que asimismo supo incursionar en la televisión, en el cine y en la escritura), quedará como una auténtica eminencia. Y al menos sólo por esta vez no le permitiremos sacarnos una sonrisa. Después de todo creo que sí tenía algo que ver con mi pediatra. Seguramente, de haberlo sabido en aquel entonces, no le hubiera insistido tanto a mamá con mi pregunta. 

OSCAR ALEMÁN, LA GUITARRA EMBRUJADA | ENTREVISTA A SERGIO PUJOL

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Publicado en Evaristo Cultural el 24 de junio de 2015

Podría haber integrado la orquesta de Duke Ellington, pero semejante posibilidad se vio frustrada por uno de los tantos giros del destino, mientras continuaba portando el enorme logro de haberse convertido en una de las principales atracciones musicales de las noches parisinas de los años ’30 y, tras convocar multitudes, consagrarse como el mejor guitarrista argentino de todos los tiempos, para luego retornar a su tierra natal y verse sumergido en un mar de indiferencia. O bien la historia del chaqueño que ostenta, como nadie, el título indisputable de “héroe argentino de la guitarra”, retratada como nunca antes por el historiador Sergio Pujol en su libro Oscar Alemán: La Guitarra Embrujada, que acaba de lanzarse al mercado.

Sergio Pujol nació en la ciudad de La Plata en mayo de 1959, donde reside actualmente. En 1977, tras egresar del Colegio Nacional de su ciudad, en plena dictadura militar, cursó la carrera de Historia (el equivalente actual a la Licenciatura), de la que se recibió como profesor en 1983. A los 19 años comenzó a trabajar en radio con su programaInfluencias, el cual sigue realizando todos los sábados en Radio Universidad Nacional de La Plata. En 1980 comenzó a colaborar en el diario El Día con una columna sobre música y, paralelamente a su carrera profesional ,fue desarrollando su rol de periodista musical. En 1983 se presentó a una beca del Conicet, donde comenzó a trabajar como investigador en temas de índole cultural, actividad que mantiene actualmente junto a su tarea como docente en la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la Universidad de La Plata en la materia Historia del Siglo Veinte. Pujol lleva publicado un total de trece libros. El primero de ellos fue Las Canciones del Inmigrante (1989), que trataba sobre el impacto de la inmigración masiva europea en la cultura argentina y las músicas locales entre 1914 y 1930. Dos años más tarde editó Jazz al Sur: Historia de la Música Negra en la Argentina, una historia del jazz en nuestro país, el primer libro escrito sobre el género en Argentina, que fuera reeditado en 2004, lo que convierte a Pujol en el primer historiador del jazz del país. Más tarde publicó Valentino en Buenos Aires (sobre los años ’20 y el espectáculo porteño), seguido por Como la Cigarra, (una biografía de María Elena Walsh), y otra sobre Enrique Santos Discépolo(tal vez, su libro más conocido) A ambas biografías le siguieron Historia del baile: De la Milonga a la Disco, y luegoRock y Dictadura: Crónica de una Generación, 1976-1983, sobre la relación de la música joven de esos años con la sociedad argentina. Luego editó Las Ideas del Rock: Genealogía de la Música Rebelde, que fuera realizado para la Facultad Libre de Rosario, basado en un curso sobre Rock y Pensamiento que tuvo lugar en dicha ciudad, antes de transformarse en libro. La obra de Pujol continuó con En Nombre del Folclore, una biografía de Atahualpa Yupanqui, seguida por dos libros muy relacionados entre sí, Canciones Argentinas 1910-2010 (una suerte de antología crítica netamente ensayística y de interpretación de la canción argentina, de diversos géneros y autores) y Cien Años de Música Argentina: Desde 1910 a Nuestros Días, que fue cumplimentado a pedido de la Fundación OSDE y la Editorial Biblos, lanzado en 2013, agregando finalmente la reciente edición de La Guitarra Embrujada, la cuarta biografía en la que trabajó.

tapa libro


¿Es el único libro escrito sobre Oscar Alemán?
Hubo otro, Tributo a Oscar Alemán, escrito por Estanislao y José Iacona, que se editó en 2012, pero en verdad está hecho desde el punto de vista gráfico. Es un hermoso libro fotográfico con un breve texto sobre la historia de Alemán, pero hasta ahora no existía una biografía en profundidad.

¿Cómo nace el proyecto?
Nace en el ’92, cuando edité Jazz al Sur, donde hay un capítulo enteramente dedicado a él.

Entiendo que ‘La Guitarra Embrujada’ te demandó cuatro años de investigación, pero antes de eso, ¿qué es lo que te llevó a proponerte escribir un libro sobre Oscar Alemán? ¿Hay alguna preferencia personal que te haya llevado a hacerlo?
Así es, me llevó cuatro años completos. Desde ya, tiene que ver con un berretín personal. Siempre me gustó, desde que lo vi en un programa en ATC en 1980, un mes antes que muriera. Por entonces me la pasaba escuchando a Serú Girán, Weather Report, Spinetta Jade, etc., y de repente me encuentro con un señor de aparente ascendencia afro, de saco y corbata, con anteojos, que tocaba una guitarra acústica frente a un micrófono, con un pequeño cable, apenas amplificada, pero que lo hacía de un modo maravilloso, en un estilo que no tenía nada que ver con los estilos imperantes en ese momento. Alemán era músico de jazz, pero tenía también alguna relación con el rock and roll, con el boogie-woogie, con el swing, y me produjo una gran fascinación, y de ahí en más empecé a averiguar sobre él.

¿Hasta ese momento no sabías de su existencia?
No, sólo había oído hablar de él. En casa se lo mencionaba de vez en cuando. Sabía que era un gran guitarrista pero nunca lo había escuchado con atención. A partir de es momento empecé a comprar sus discos, y a estar más atento. Pero muere al mes. Y en Jazz al Sur, si bien es sobre la historia general del jazz en Argentina, abordo la figura de Oscar en algunas páginas del libro, si bien nunca fui ni maniático, ni coleccionista de su obra.

Pareciera ser que lo del programa de ATC fue el verdadero disparador.
Exactamente, ese fue sin dudas el disparador. Pero en el año 2000, el director de cine Hernán Gaffet se puso en contacto conmigo, porque estaba por producir un documental sobre Oscar Alemán, y que finalmente se editó bajo el nombre de Vida con Swing, y que es realmente muy bueno. Para el cual me pidió que diera mi testimonio sobre su figura frente a cámara, además de facilitarle el material que yo tenía, por lo que de alguna manera participé de esa etapa de pre-producción de la película. El film resultó un estímulo muy importante, para mí y sobre todo para la gente que desconocía a Oscar Alemán. La película anduvo por distintas partes del mundo, se editó en VHS y en DVD, e incluso hoy en día se puede ver en YouTube.

Entonces fue un conjunto de situaciones, entre aquel show en TV, el capítulo que le dedicaste en ‘Jazz al Sur’ y la participación el documental, que te llevaron finalmente a decidirte a encarar una biografía.
Si no la escribí antes fue porque pensaba que era un tema de interés muy acotado, muy específico. La figura de Oscar no es muy conocida a nivel masivo, y en verdad jamás pensé que iba a encontrar un editor entusiasmado. Siempre estuvo presente como proyecto, pero de alguna manera lo fui pateando para adelante. Era una asignatura pendiente. Me causaba mucho placer imaginarme investigando y buscando los discos de Oscar, tratando de corroborar sus historias legendarias en el exterior, si lo que él contaba fue efectivamente así, o no. Y aparte hay varios temas que atraviesan su figura que me resultan muy interesantes. Por ejemplo, lo que yo en cierta parte del libro llamo “el cosmopolitismo popular”, que es la relación de la cultura popular argentina de los años ’40 y ’50 con las músicas del mundo. El carácter nómade de Oscar y del jazz, en qué momento este chaqueño se encuentra con esa música nacida en los Estados Unidos, y su ida a Europa, y cómo estas historias se cruzan, tras ser paralelas.

Sergio Pujol

Sergio Pujol

Me imagino que la investigación fue bastante extensa…
Hay que recordar que soy miembro de la carrera de Investigador del Conicet desde 1991 lo que, fuera de darme una cierta estabilidad laboral, me permite convertir los resultados de mis investigaciones en esta área de estudios culturales, o de historia cultural, en libros. Salvo Cien Años de Música Argentina, o la biografía de María Elena Walsh, que fueron encargados, la mayor parte de mis trabajos editados nacen como proyectos o informes de investigación en el Conicet.

¿En lo personal te considerás cultor del jazz?
Soy melómano, que es algo que antes se usaba exclusivamente para los que escuchaban música clásica. Melómano en el sentido más amplio de la palabra. Desde que tengo uso de razón, no transcurrió un día en que no escuche música. No me refiero a música ambiental, o la que puede sonar en la calle, sino ponerse a escuchar música concientemente, sentarse a escuchar.

Y supongo, todo eso para luego relacionarlo con otros hechos paralelos, lo que indudablemente te lleva a cultivarte.
Exactamente. En todos mis trabajos he intentado demostrar que no existe una incompatibilidad entre el placer de la escucha musical y el conocimiento que uno adquiere sobre la música. Hay una suerte de mito romántico que dice que la música debe ser apreciada sin información previa. Probablemente sea la forma artística que apela más directamente a la emoción.

Y la única que puede traspasar una pared.
Tal cual. La única que puede provocarte congoja en apenas unos segundos, de eso se trata el discurso musical. Entonces, como tiene esa carga emotiva tan grande, y como hay toda una literatura romántica sobre los efectos físicos y emocionales que tiene la música, así suceden las cosas, que también incluye posibles significaciones metafísicas. Mucha gente considera que la música no debe ser desmenuzada o analizada, para ver cuáles fueron las condiciones materiales bajo las cuales se produjo determinado fenómeno musical. Bueno, vos sos periodista musical y melómano, y sabés muy bien que cuanto más se sabe de una canción, o de un intérprete, o de un creador, más lo disfrutás. Pero además hay un hecho que es incontrastable, y es que la música tiene una presencia muy poderosa en las sociedades contemporáneas y de todos los tiempos. La música tiene una ubicuidad que otras artes no tienen, y siempre están interpelando  al sujeto social, y eso la vuelve muy rica como material para la investigación histórica. Y sobre todo para lo que hago yo. Me considero un historiador de la música, lo que hago es una historia social y política de ella. Esa es la perspectiva desde la cual yo me planto frente a la música como investigador, no como oyente. Como oyente soy un consumidor gozoso y absolutamente hedonista.

¿Siempre escribiste plantándote en el contexto?
Absolutamente. Como historiador, soy muy fan del contexto. Ahora bien, tampoco me gusta el contexto como si fuera un telón de fondo de determinadas vidas. Básicamente te diría que lo que busco constantemente como investigador, digamos, cuál sería mi norte, es cómo ese contexto dialoga con determinados artistas, y viceversa. Esos puntos de acercamiento, que le dan valor por un lado a la historia, y por el otro a la música. Hay un crítico norteamericano llamado Alex Ross que dice que quizás la historia no nos ayude mucho a entender la música, porque tiene un significado que está más allá de las palabras, pero la música sí nos ayuda a entender la historia. Tal vez el ejemplo más claro sea el del rol que ocupó la música en los ’60. Con los Stones, Frank Zappa, o los Grateful Dead, entendemos más sobre la juventud norteamericana de esa época, que con un discurso de Richard Nixon.

Leyendo algunos datos biográficos sobre Alemán, descubro que es nacido en Chaco, e hijo de una indígena qom. Me asombra notablemente que alguien así haya terminado consagrándose en Europa, y haciendo un estilo de música que es netamente urbano, y no folclore, como suele darse en estos casos.
Bueno, precisamente esa es una de las cosas más fascinantes que tiene el derrotero de Oscar Alemán. ¿Por qué no volcó sus extraordinarios dotes musicales en un género nacional, como es el caso del folclore? Por empezar, en Chaco, en 1909, no existía el folclore como género de música popular local. Aún era territorio nacional, no estaba incorporado como provincia, y entonces la música folclórica más cercana, digamos, podría haber sido el chamamé. El primer contacto que tiene Alemán con la música es a través del folclore. Su padre, Jorge Alemán Moreira, formó un grupo llamado Sexteto Moreira, usando su segundo apellido, conformado por él y sus cinco hijos. Según contaba Oscar en entrevistas que le hicieron en su juventud, su padre descendía del mismísimo gaucho Moreira. Por lo tanto el sexteto hacía números de variedades folclóricas, y en distintos escenarios. En Resistencia y en Buenos Aires, básicamente en esas dos ciudades. Oscar era un niño que se especializaba en zapatear malambos, incluso llegó a ganar un par de concursos en certámenes.

Es el despegue de su carrera…
En verdad se da a partir de 1921, cuando su padre se va a Brasil con tres de sus hijos, entre los que estaba Oscar, a vender artículos. Estando allí sucede la desgracia. Muere su madre, que se había quedado en Buenos Aires. Y su padre se deprime, sumado al hecho que no la había ido bien con los artículos que había llevado a vender a Brasil, y termina suicidándose. Al suicidarse su padre, los dos hermanos de Oscar que estaban junto a él en Brasil parten hacia distintos lugares. Mientras tanto, los otros dos que había en Buenos Aires van a parar a un orfanato. Ambos se reencontrarían con Oscar muchos años después. Oscar se queda solo en la ciudad de Santos, donde aprende a tocar el cavaquinho (N. de la R.: instrumento portugués de cuatro cuerdas)como chico de la calle en la puerta de un cabaret llamado Miramar, y abriendo las puertas de los coches de las personas que iban al lugar.

Sobrevive, básicamente…
Claro, sobrevive. Hasta que conoce a un guitarrista brasileño llamado Gastón Bono Lobo, quien le presta una guitarra, además de darle algunas lecciones. De todos modos él algo de guitarra ya sabía, porque su padre y su hermano mayor Rodolfo la tocaban. Así, junto a Gastón, forman un dúo, que se llamo Les Loups, con el que llevan a cabo giras por todo Brasil haciendo música hawaiana. Gastón tocaba guitarra slide, mientras Oscar se encargaba de los arpegios, los arreglos, en segunda guitarra. Llegan a Buenos Aires en 1927, siendo Oscar aquí un perfecto desconocido. De hecho, lo dan por brasileño. Tenían un repertorio muy heterogéneo que incluía tango, vals, foxtrot, y algo de música brasileña. Hasta que en 1929, tras grabar varios discos para el sello Odeón, las cuales se convertirían en las primeras grabaciones de Oscar Alemán, conocen a un zapateador norteamericano llamado Harry Flemming, que por entonces se presentaba en el teatro Casino de la ciudad, quien encantado por lo que Les Loups hacían, los invita a sumarse a la troupe, llevándolos a España, para luego hacer giras por toda Europa.

Cuando integraba el dúo Les Loups

Y ese es el momento de la verdadera inserción europea de Alemán.
Tal cual. Desde marzo del ’29 hasta 1940, Oscar Alemán recorre toda Europa, pero con cuartel general en París.

¿Pero antes de eso no había tocado tango?
Sí, antes de embarcarse a Europa había formado el trío Victor, a instancias de la grabadora del mismo nombre. Que en verdad eran Les Loups más un violinista de tango muy importante, Elvino Vardaro, que tocó en grandes orquestas, incluso llegó a tocar con Piazzolla en sus últimos años de vida, y con quien grabaron algunos tangos, cosa que también había sucedido con Les Loups antes, sin Vardaro, como con una versión muy linda de ‘La Cumparsita’, u otra de ‘Flores Negras’, de Julio De Caro. Por lo tanto, cuando llega a Europa, lo hace como guitarrista de gran ductilidad, tocando tango, foxtrot, folclore y hasta fado, que lo aprende en Brasil. Y en 1929, entonces, comienza la gira por Europa, la cual duraría apenas unos meses, ya que la orquesta de Flemming se disuelve y, tras Bono Lobo volverse a Brasil, Oscar queda anclado en Madrid tocando con una banda que él mismo armó allí. Al tiempo Oscar recibe un telegrama del productor de Josephine Baker, la gran diva negra, que estaba de gira por Europa, proponiéndole una audición con el fin de contratarlo para su orquesta. Alemán viaja a París, donde ya había estado antes junto a Harry Flemming, hace una prueba solo con su guitarra, enloquece a todos, y finalmente lo contratan.

¿Qué fue lo que hizo que Alemán comience a tocar swing?
Él ya venía de la música brasileña. Con Les Loups acostumbraba a tocar lo que sea. Lo curioso es que no sabía leer una sola nota, era todo de oído, pero sí lo hacía Gastón. En términos musicales, el tipo era un superdotado. Alemán conoce el jazz entre 1929 y 1930. En el barco, digamos.

Los viajes en barco eran largos…
Eran muy largos. Y ahí se interioriza sobre la música americana, que además era lo que hacía con la orquesta de Flemming. Se establece en Europa, se va a París, y permanece junto a Josephine Baker hasta 1939, con algunas interrupciones.

¿Se conocen otros casos de músicos argentinos que terminaran metiéndose tanto en la escena del jazz internacional?
No en esa época. Más tarde hubo dos, el Gato Barbieri y Lalo Schiffrin. Pero antes de ellos, solamente Alemán. Y además vive una era muy particular porque en los años ’30, en París, hay muchos músicos negros norteamericanos que, o estaban radicados en Francia, o en Holanda, o en Dinamarca, o bien haciendo giras permanentemente por Europa, donde se sienten más a gusto, por el tema de la segregación en los EE.UU. Salvo en la Alemania de Hitler, obviamente, o la Italia de Mussolini. Y esta situación le brinda a Oscar la posibilidad de tratar personalmente con grandes músicos, llegando a conocer prácticamente a todos. Conoce a Coleman Hawkins, comparte escenario con Louis Armstrong, etc. En 1933 Duke Ellington se presenta por primera vez en Francia, y alguien le cuenta que hay un gran guitarrista tocando con Josephine Baker. Ellington intenta llevarse a Alemán a su orquesta tras escucharlo tocar, pero Josephine Baker se niega a cedérselo, diciendo que no quería desprenderse de semejante guitarrista, que además sabía cantar y zapatear. Oscar pierde la gran oportunidad de su vida, ¡que era pasar a integrar la orquesta de Duke Ellington!

Oscar Alemán junto a Duke Ellington

¡Ni siquiera puedo empezar a imaginarme lo que se perdió!
Josephine Baker era una gran diva, pero en términos musicales no había ni punto de comparación entre su orquesta y la de Duke Ellington. Esos eran años en donde se conjugaban, por un lado, la bohemia jazzera, y por el otro, las responsabilidades laborales. Dentro de la parte de la bohemia, conoce al guitarrista Django Reinhardt, con quien traba amistad, lo visita en el carromato, etc. No llegaron a grabar juntos porque ambos eran guitarristas solistas, los dos primeras guitarras.

¿Existía una admiración mutua entre ellos?
Desde ya, pero también una cierta rivalidad, ya que eran los dos mejores guitarristas de jazz en Europa. Y diría, también del mundo.

Pero primero había aparecido Reinhardt…
Sí, igualmente en el libro yo encontré pruebas que dicen que Oscar había comenzado a tocar jazz antes que Reinhardt, y eso está en un capítulo que titulé “El Indio y el Gitano”, que era como ellos se hacían llamar cuando se presentaban juntos. Ambos eran dos marginales sueltos en París. Uno por ser gitano, y el otro por ser sudamericano. De hecho a Alemán lo daban por cubano. Pero en julio de 1940 cae Francia en manos de los nazis, y entra el ejército alemán a París. Oscar tiene un episodio muy violento con unos oficiales de la SS en la calle, donde lo golpean y lo amenazan, por lo que Oscar arma las valijas y se viene a Buenos Aires con su esposa francesa, arribando a la ciudad en la nochebuena, el 24 de diciembre de 1940. Pero aquí no lo conocía nadie, salvo algún que otro tanguero que lo recordaba de los días de Les Loups. Y esto explica por qué nunca se dedicó al folclore, y es porque su argentinidad, su sentido de permanencia nacional, estaba atada con piolín.

Era un extranjero en su propia tierra.
Exactamente. Un extranjero que iba a ser muy exitoso, porque a los pocos meses de llegar firmó contrato con una boite de la avenida Córdoba llamada Gong, que era la más importante del momento. Aparte firma con Radio Belgrano, y empieza a grabar para la compañía Odeon, grabando 108 discos simples con tres formaciones distintas entre 1940 y 1957, que incluían dos quintetos. El primero de ellos incluía a Hernán Oliva, que fue un gran violinista. Y un segundo quinteto con el que grabó una versión paródica de ‘Bésame Mucho’, que llego a vender más de 1 millón de discos. Y por otro lado un grupo que formaba con tres violines, un clarinete, guitarra rítmica, guitarra solista, piano, contrabajo y batería. Una formación muy extraña.

¿Haciendo qué estilo de música?
Un poco de todo. Haciendo jazz, pero también canciones francesas, música brasileña, y swing. Su repertorio nunca fue exclusivamente swing. Digamos que el swingueaba todo. Por ejemplo, tocaba ‘Caminos Cruzados’ de Lecuona en estilo jazz. Sus dos especialidades fueron el jazz y la música brasileña. Su versión de ‘Delicado’, de Waldir Acevedo es mejor que la original. Además pensá que en los años ’40 y también a principios de los ’50, Oscar fue varias veces a Rio de Janeiro a tocar en los carnavales. Un argentino tocando en los carnavales de Rio. ¡Imaginate un brasileño tocando tango en la patria de Troilo! El tipo fue un políglota de la guitarra. No es que haya inventado una lengua, como tal vez lo hizo Django Reinhardt, pero tenía una gran facilidad para hablar esas lenguas.

Y sobre todo lo que logró a partir de eso, el sólo hecho de llegar a adentrarse en la escena más selecta del jazz, o lo que me estás contando sobre Brasil…
Totalmente. Y después, volver a su país y tener mucho éxito durante 20 años. Hizo mucho dinero, y se convirtió en una figura muy conocida y querida.

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¿Asimismo llegó también a presentarse mucho en TV?
Muy poco, porque cuando se consolida la televisión nacional, en los años ’60, la estrella de Oscar ya estaba en caída, por distintas razones. Por ser alcohólico, por no adaptarse a la música beat, al rock, al pop. Los clubes dejaron de contratar orquestas, porque era más económico contratar un cuarteto, o un disc-jockey. Alemán no logró funcionar en ese nuevo paradigma de música popular que, por supuesto, ya se había instalado en todo el mundo. La que yo llamo norteamericanización de la cultura. Paradójicamente, porque él era músico de jazz, pero claramente lo desfavoreció.

¿Así y todo logró volver?
Sí, pero en los años ‘70s, grabando tres LPs. Para que te des una idea, en 15 años graba el equivalente a 60 discos. Todas estas grabaciones están comentadas y analizadas en el libro. Existen varios motivos por los cuales volvió de ese ocaso bastante largo. En principio porque a comienzos de los ‘70s hay un ambiente tradicional de jazz que lo conoce y admira. Hay que tener en cuenta que en los ‘60s, su música no encajaba ni en el jazz moderno, ni en el que era estrictamente tradicional. Era un tipo básicamente de swing, pero también hacía canciones como ‘Bailando el Rock and Roll’ o ‘Improvisaciones sobre Boogie Woogie’. En una parte del libro menciono que es como una especie de eslabón perdido entre el jazz y el rock.

Bueno, es que las orquestas de aquí de la época hacían un poco de todo. Recordemos sin ir más lejos la de Eddie Pequenino.
Exactamente. Es una buena analogía. De hecho Pequenino fue trombonista de la orquesta de Lalo Schiffrin.

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Volvamos al regreso a la escena de Alemán.
Como te decía, vuelve básicamente porque hay una movida de jazz que de algún modo lo contiene, pero también hay un hecho personal que resultó fundamental. En 1968 Duke Ellington vino por primera vez a Buenos Aires, y en el hotel preguntó “where’s Oscar?”, y nadie tenía la mínima idea de a qué Oscar se estaba refiriendo Ellington. Finalmente lo ubican viviendo en un departamento bastante modesto en la calle Maipú, donde daba clases, sobreviviendo como profesor de guitarra. Y al poco tiempo se reencuentran en los camarines del Gran Rex durante una prueba de sonido. Se abrazan, hablan en francés. Y así es como volvieron a verse. Ya en el ’72 Oscar graba el disco Alemán ‘72 para el sello Redondel, con Walter Malosetti en guitarra , que era su más grande fan en Argentina. En esa época fue mimado muchísimo, sobre todo por la gente del Círculo de Jazz, que era una agrupación que organizaba recitales en Buenos Aires, y entonces es reivindicado como “el tipo que introduce en la Argentina el estilo gitano”, el llamado jazz manouche, el swing gitano, que a partir de ahí lo practicarían Swing 39, los grupos que tuvo Walter Malosetti. Y también un poco Ricardo Lew en sus comienzos, López Furst, etc. Es un estilo que siempre gustó mucho en Argentina. Si bien nunca hubo muchos grupos, pero el auténtico introductor en el país del estilo fue Oscar Alemán.

¿Continuó grabando discos?
Grabó tres discos para Redondel, todos de larga duración, que de hecho fueron sus primeros long-plays. No había grabado desde 1957.

¿Y en sus años en Europa no había grabado nada?
Sí, en Europa grabó mucho, cerca de 80 temas, pero no tantos de jazz. Desde ya, grabó con Josephine Baker, o acompañando a cantantes latinos que giraban por allí, y también música francesa. De lo poco que hizo de jazz, grabó cuatro temas con Bill Coleman, que era un gran trompetista, y además en Dinamarca grabó una cosa muy extraña para la época, que fueron dos solos de guitarra, dos standards de jazz de 2 minutos y medio cada uno, ‘Whispering’ y ‘Nobody’s Sweetheart’, sin acompañamiento, que hoy día son piezas de colección y que están entre las mejores grabaciones de solos de guitarra que se han grabado por lo menos hasta la década del ’50 o el ’60.

Sin embargo, hablando con cualquier persona de edad, el nombre de Oscar Alemán pareciera estar muy presente, y no solamente en los músicos, sino en cualquier señor o señora de barrio.
Alemán permanece en la memoria colectiva de una generación gracias al brillo que irradia como gran animador de los bailes, y además recordemos todas las piruetas que hacía, que había aprendido en los espectáculos de variedades. Se colocaba la guitarra en la espalda, o tocaba a ciegas, o tocaba con una sola mano, o la pasaba por encima del diapasón.

Como buen virtuoso.
Exactamente. Cierta vez le contaron lo que hacía Jimi Hendrix, y Alemán no se sorprendió para nada, ya que él lo venía haciendo desde hace años.

¿Hendrix?
Sí, es que él estaba muy informado. Nunca fue rockero, siempre miró al rock un poco desde arriba, pero creo que el viejo rock and roll le gustaba. Y estoy seguro que llegó a conocer los discos de Les Paul, porque esta orquesta grande que mencioné que había formado, coincide con la época en que habían entrado los primeros discos de Paul and Mary. En el libro digo que el fue el primer héroe de la guitarra, ese es el lugar de Oscar Alemán, es un poco la figura del guitar hero, bueno, él fue el primero aquí en guitarra eléctrica. Fue el primer guitarrista virtuoso de música popular, porque él hacía música instrumental, de hecho canta en muy pocos temas. Hubo otros guitarristas maravillosas, como Roberto Grela, pero hacía tango, acompañando a los cantantes, tocando en la orquesta de Troilo. Yupanqui también tocaba muy bien.

Sin duda, de no haber sido por una cuestión de latitud, todos ellos hubieran sido tan famosos como los del norte.
Absolutamente.

Una vez que regresa a Argentina, ¿vuelve a salir de gira por el exterior?
En el ’59 hace una gira por España, pero no le va nada bien, y desde que regresa al país en 1960, comienza su declive y su largo silencio que, con la excepción de algunas pocas actuaciones en radio, se extiende hasta que vuelve a presentarse en público en 1971. Y al año siguiente graba su primer LP después de muchos años.

Alemán, en los ’70s

¿Es verdad que Alemán fue el único músico de jazz argentino cuya obra de sus años dorados fue digitalizada?
Claramente. Por ejemplo, Enrique Mono Villegas, grabó mucho, pero todo lo que tenemos de él es de los ‘60s a esta parte. No existe nada de los ‘40s y ‘50s, años en que él también grabó muchísimo, que haya sido digitalizado. Y lo mismo con las primeras grabaciones de Schiffrin, del Gato Barbieri, de la orquesta de Dante Varela, de los Dixie Pals, en general de casi todas las orquestas que había en ese momento, que fueron muchas. Solamente en Buenos Aires en los años ’40 llegó a haber más de treinta orquestas en actividad, orquestas grandes, de catorce o quince músicos que tocaban en clubes, en las confiterías del centro, o en las radios.

Y también en bailes de barrio.
Así es, y ese era precisamente el ambiente de Alemán. Por eso, cuando cambia ese escenario, se hace a un costado, y va a reaparecer como figura de culto para los seguidores del jazz tradicional. En los ‘70s ya no tocaba en bailes, y cuando lo hacía, era para que la gente haga una pausa y lo escuche. Tocaba en lugares pequeños, como el Teatro Santa María del Buen Ayre, en Michelangelo, o en los clubes de Av. Constitución de Mar del Plata, donde iba todos los veranos.

Supongo que habrás hecho una investigación muy ardua…
La investigación fue bastante ardua, pero muy placentera. Tal vez suene un poco exagerado considerarla “la investigación de mi vida”, pero es un trabajo con el cual soñé hace muchos años. Rastreé parientes, investigué las grabaciones, gasté mucha plata de mi bolsillo al comprarme la colección completa de los facsimilares de la revista francesa Jazz Hot de los años ’30, busqué información en algunos sitios online con información musical de Francia de aquellos años, indagué mucho en hemerotecas, muchas veces guiado por la intuición, compré grabaciones, y hablé con un total de 34 entrevistados. Hice una auténtica investigación histórica.

¿Alguna reflexión final sobre ‘La Guitarra Embrujada’?
Estoy realmente sorprendido del interés que el libro despertó en el periodismo de rock, si bien fue editado hace algo más de 1 mes. Creo que ven a Alemán como una especie de tío lejano.

 

ENTREVISTA: Adam Cooper. A través del lente de Papá Michael

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Publicado en Evaristo Cultural en abril de 2014

Caso singular el de Adam Cooper. El del niño británico que nace y crece en un área adinerada de la Londres de los años ‘60. El de una madre que lo abandona cuando tenía apenas 3 años de edad, para luego ser criado por una madrastra que termina suicidándose, y con un padre cuyos hábitos no le permiten que logre sobrevivir a una sobredosis de heroína. La de Adam podría ser otra de las tantas historias ricas en hechos trágicos dignas de cualquier tabloide amarillista, o de alguna suerte de novela negra, sólo si su padre, aquel al cual la desdicha no pareció jugarle una buena pasada, no hubiera sido un tal Michael Cooper, la hoy icónica figura de culto en la escena bohemia del Londres de los 60s, el fotógrafo que será principalmente recordado por plasmar las mismísimas portadas del Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band de los Beatles, y del Their Satanic Majesties Request de los Rolling Stones, aquella de la foto tridimensional. Las tapas de los discos de los amigos de papá Michael. Pero no todo era “solo rock’n’roll” en su vida y, dentro de su extensísima labor, Cooper también supo retratar imágenes de Marcel Duchamp, de René Magritte, o de Andy Warhol. De Audrey Hepburn o Francoise Truffaut. La lista es larga, lo suficiente como para haber dejado un legado de 70.000 imágenes, herencia que Adam recibiría de su padre (a quien prefiere referirse como “Michael” a secas) al cumplir los 18 años de edad. Con papá Michael ya lejos del mundo real, el ya adulto Adam se adentraría en el campo de las producciones cinematográficas que, luego de pasearlo por el mundo, lo traería a Buenos Aires en 1989 para trabajar en el departamento de cámaras del film Highlander II, donde se enamoraría de Silvia Ripoll, una de las editoras de la película, la que más tarde se convertiría en su esposa, y por quien se radicaría definitivamente en nuestro país. Conocí a Adam por primera vez en aquellos años, a meses de su desembarco original en la ciudad, ocasión en que también tuve mi oportunidad de entrevistarlo, pero por algún dilate del medio para el cual escribía en es entonces, el texto nunca fue publicado, y quedó en los archivos del pasado infinito. Dos décadas después, estoy sentado junto a Adam y Silvia frente a una de las salas que componen el Centro Cultural Borges, en pleno microcentro porteño. Faltan apenas unos días para que Adam decrete oficialmente el cierre de Stones 50, la muestra de fotografías de papá Michael que recoge parte de lo mejor de su trabajo junto a los Rolling Stones. Y para que me informe sobre los proyectos que planea para un futuro no tan lejano, y acaso tan auspiciosos como el que ahora, luego de tres meses continuos de gran convocatoria, está por concluir.

tapa sgt. pepper tapa satanic majesties¿Qué hace un auténtico británico como Ud. viviendo en Buenos Aires después de todos estos años? ¿Acaso no extraña Londres?
No necesariamente. Londres es muy distinta a lo que era hace 20 años, cuando vivía allí. Hoy en día es mucho más metropolitana, uno puede escuchar todo tipo de idiomas en las calles. Lo que está muy bien, no tengo ningún problema con eso. A algunos les molesta, pero Londres siempre ha estado muy bien organizada, con sus calles muy limpias y con su gente muy respetuosa, por momentos exactamente lo opuesto a lo que ocurre aquí (risas) Pero así y todo me siento muy relajado viviendo aquí. Buenos Aires es muy europea, no sólo en la forma en que se ve, también en su arquitectura. Donde sea que esté aquí, realmente no me siento como si estuviera en Sudamérica. Sé que puedo volver a casa cuando lo desee, pero en este momento no hay nada que me lleve a hacerlo. Pero tengo muchas cosas para hacer y para crear aquí. Uno tiene que evaluar sus sueños, ir por ellos y lograrlos. Y tengo la suerte de haber logrado muchos de mis sueños aquí, y más rápido también que si lo hubiera intentado en Londres.

Ud. se crió en el área de Chelsea…
Bueno, Chelsea fue el corazón de los 60s en Londres. Era “el lugar para estar” King’s Road y todo eso. Edith Grove, el departamento que compartían Mick Jagger y Keith Richards se encontraba allí. Michael y yo vivíamos en Fulham, prácticamente en el mismo que Chelsea. Era el punto central donde convergía la cultura en aquel momento de la Inglaterra de los 60s. Para los Stones, todo giraba alrededor de ese área del West London. Chelsea se había convertido en el hogar de los Rolling Stones, mientras que para los Beatles era el norte de Londres. Los estudios Olympic, donde los Stones solían grabar, también quedaban en Chelsea, en verdad en Barnes, al otro lado del río.

¿Y cómo fue crecer en ese ámbito? ¿Era consciente de lo que sucedía a su alrededor?
Siempre me hacen la misma pregunta. La verdad, para mí fue algo completamente normal. Cuando tenés 3 o 4 años de edad no entendés que significa la fama, o ser una celebridad. Para mí, cuando Mick o Keith, o Charlie, o Bill, venían de visita a casa para pasar un rato, o cuando íbamos con Michael a las suyas, era una experiencia absolutamente normal. Eran los amigos de mi padre. Algunos tenían hijos, otros no.

¿Pero tiene algún recuerdo físico específicamente?
Sí, tengo un recuerdo físico que ha vivido conmigo toda mi vida (N. de la R.: Se refiere a su costumbre de jugar con las puertas de los automóviles. La cantante Marianne Faithfull, novia de Jagger por aquellos años, en su visita a Buenos Aires a fines de 2011,  le recordó a Adam sobre su costumbre permanente de niño de meter sus dedos cuando la puerta de los autos se cerraban) Siempre pensé que lo había hecho sólo una vez, pero Marianne me recordó que lo hacía todo el tiempo.

Por lo que entiendo se reencontró con Marianne en Buenos Aires. ¿Cómo fue aquel Adam, de niño, junto a Jagger y Marianne FaithFullreencuentro?
Esa fue una semana fantástica para nosotros. Pasamos una semana entera con ella en Buenos Aires. Nos pusimos a hablar, y una semana después se fue para el aeropuerto. Lamentablemente fue tratada muy mal aquí. El hotel Faena la había invitado oficialmente para que ella inaugure su centro cultural, ocasión en que cantó un par de canciones, pero no hubo nadie para presentarla. Nadie. Llegó sola hasta el escenario y de la misma manera se presentó ante la multitud. El público sólo se ocupó de beber tragos, y charlar y hablar entre ellos de lo que sea. La ignoraron, básicamente. Fue una pena. Pero al otro día hizo el concierto en el Coliseo. El teatro estuvo lleno, y eso la hizo muy feliz. Para mí fue algo fantástico. Cuando era niño, mi madre nos había abandonado, a Michael y a mí, cuando tenía 2 o 3 años, y un chico de esa edad eventualmente siempre está buscando una figura materna, y Marianne fue esa figura materna para mí .

De hecho, una madre bellísima…
Sí, ella fue fantástica. Pero como sabemos tuvo una vida muy dura. Es una larga historia. Haber visto que finalmente logró recuperarse, lejos del alcohol y las drogas, y que ahora vive una vida tranquila en París, y que sale de gira y graba nuevamente, fue maravilloso.

Justamente hace unos días leí que va a lanzar un nuevo disco este año, y que va a salir nuevamente de gira…
Sí, oficialmente es su aniversario 50 como artista este año. Tiene planeado hacer unas cuantas cosas en Europa y en los Estados Unidos para celebrarlo. Me gustó haberla visto tan bien, porque después que dejó a Mick Jagger en 1969, o en 1970, estuvo realmente complicada, seriamente metida en la heroína, viviendo en las calles. Pero Marianne es una luchadora, una auténtica luchadora. Le pregunté cómo es que hizo para abandonar todo es mundo, y me contestó “es que sí no lo hacía me iba a morir. Una vez, después de consumir drogas,  sentí que nunca iba a poder levantarme, por lo que decidí que lo que realmente quería era vivir” Pero lo que más me llama la atención es que ella eligió vivir en las calles. No es que tenía que hacerlo, sino que lo eligió. Su madre era una marquesa, venía de una familia muy rica. Pero eligió hacerlo por ella. Fue una larga y dura batalla, y eventualmente alguien le brindó su amistad, la cuidó y la invitó a vivir en el cuarto de la casa que le sobraba. Se trató de un productor discográfico que la había visto deambulando por las calles, y le dijo “Marianne, esto es ridículo, tenés que parar. Vení conmigo, tengo un cuarto libre en mi casa, podés vivir ahí. No se permiten las drogas en casa, bajo ningún concepto. Y aparte necesitás hacer algún tipo de rehabilitación y, si lográs recuperarte, te voy a conseguir un contrato de grabación, y vas a volver a los estudios” Y así fue, hizo exactamente lo que le había prometido, y transformó la vida de Marianne. Comenzó a ver la luz al final del túnel, y a volver al mundo real de a poco. Tengo un amor tremendo y admiración por ella. No debe haber sido nada fácil salir de todo eso, y saber que te ibas a morir. Casi muere aquella vez en Australia. A fines de los 60s, ¿recordás?
keith richards, por Michael Cooper
Por supuesto, estuvo en coma tras ingerir muchos somníferos. Pero sobrevivió.
Desde ya. Anita es completamente diferente (N. de la R.: Se refiere a Anita Pallenberg, la actriz alemana, quien fuera pareja de Keith Richards) Se hace hasta difícil reconocerla en estos días. Ella y Marianne fueron dos de las mujeres más hermosas de los años ’60, pero después de décadas constantes de abuso de drogas, así es como Anita se ve ahora. En muchos aspectos creo que Keith fue muy honorable para con Anita, que al fin y al cabo es la madre de sus hijos. Siempre la apoyó, y aún lo hace. Ella vive en Redlands, la propiedad de Keith en el interior de Inglaterra. Se encarga de cuidar la casa, y Keith le pasa el dinero para los gastos de mantenimiento. A veces pienso que Anita también debería haber tenido una lección dura como la que tuvo Marianne. Insisto, Marianne está realmente bien. Su hijo Nicholas tuvo su primera hija, por lo que ahora también es abuela. Los Stones eran considerados los chicos malos del rock and roll, esa es la imagen que tuvieron, y la usaron oportunamente. Andrew Oldham (N. de la R.: el mánager original de los Rolling Stones) los ayudó mucho con eso. Andrew se lo vendió a la Prensa, y fue la mejor manera de promocionarlos, y venderlos como todo lo opuesto a los Beatles.

Los Stones lo pintaron de negro…
Exacto, lo pintaron de negro. Y la Prensa nos vendió esta enemistad entre ellos, Beatles contra Stones, diciéndonos que se odiaban. Y como bien sabemos, más bien era completamente lo opuesto. Se comunicaban para preguntarse sobre sus nuevos discos. Y pactaban distintas fechas de edición para que no se interpongan. Y los Stones, en lugar de negar toda esa imagen, prefirieron jugar el juego, “¡Vamos a hacer de chicos malos!” Y lo hicieron muy bien. No creo que Andrew se haya dicho alguna vez “Esta es la banda que quiero manejar por el resto de mi vida” Y Mick y Keith aprendieron muy bien el juego del escándalo, y lo adoptaron par el resto de sus vidas. stones, por michael cooper

¿Cómo fue su llegada original a nuestro país? ¿Fue su trabajo que lo trajo hasta aquí?
Vine por primera vez a Argentina en 1989, trabajando para la producción de la película Highlander II. Mi esposa Silvia era una de las editoras, y yo uno de los asistentes de cámara. Luego nos fuimos a Londres, vivimos allí por alrededor de 4 años, de hecho nos casamos allí. Nuestra hija Emily, que hoy tiene 22 años, nació en Londres. Pero comencé a sentirme algo frustrado como asistente de cámara, quería convertirme en director de fotografía. En realidad no tenía muchas ganas de quedarme en Londres. Come te dije antes, mi madre me abandonó cuando tenía 3 años, y mi madrastra, Ginger, bueno, no realmente mi madrastra, digámoslo así, se suicidó dos años antes que Michael muriera. Para ser un niño de 9 años, ya había tenido bastante tragedia personal en mi vida. No me sentía con ganas de quedarme allí, por todos esos recuerdos. Y entonces decidimos retornar a Argentina. Todos mis amigos en Londres pensaron que estaba completamente loco, pero una vez que regresamos, mi esposa me presentó a mucha gente del ambiente cinematográfico, y sorpresivamente dos semanas después me encontraba en Chile filmando un comercial para una compañía de comunicaciones.

¿Extrañó la cerveza?
No, para nada. No bebo cerveza, ni tampoco té. Siempre le digo a la gente aquí que esa fue la verdadera razón por la que me vine para aquí, que en verdad me echaron por no ser muy adepto a sus costumbres (risas)

Y entonces puso en marcha sus proyectos fotográficos. Hicimos una muestra sobre los 60s en el Palais de Glace en el 2001. Funcionó muy bien, pero no disfrutamos particularmente de la experiencia. Fue bastante engorroso lidiar con toda la cuestión de los edificios municipales. Así que básicamente nos olvidamos de todo lo que tenía que ver con exhibiciones, y no fue hasta hace 4 años que un amigo nuestro, Fernando Pearson, mientras tomábamos un café, me dijo “¿el 50 aniversario de los Stones está por llegar, van a hacer algo, no?” Y le contesté: “Nada” Y él me dijo: “Pero eso es incoherente, el material que Uds. tienen es tan increíble…Por qué no hacen una exhibición de los 50 años?” Yo me seguía negando. Pero Fernando era el tipo de persona que jamás iba a aceptar un “no” Él era publicista, creativo y director de marketing, y eventualmente, sólamente para que deje de seguir insistiendo, le dijimos que sí. Y ahí comenzó el viaje, tratando de encontrar el lugar ideal para realizar la muestra. Reuniones después de reuniones después de otras reuniones, y así todo el tiempo. El problema es que uno siempre termina brindándole una cierta cantidad de responsabilidad a otra gente. Tuvimos reuniones con gente que se hacían llamar “curadores de fotografía” Una vez les estaba mostrando a uno Blinds & Shutters (N. de la R.: libro editado en Inglaterra, que presentaba parte de la colección de fotografías de su padre, de edición limitada) y en ciero momento, mientras lo hojeábamos, aparece una foto de René Magritte, y el “curador” me pregunta “¿Quién es René Magritte?” Imaginate, se me hacía imposible. Pero una vez que conocimos el Centro Cultural Borges decidimos que habíamos encontrado un hogar para la exhibición. Y ahí comenzó la verdadera travesía. Luego nos tocó lidiar con la parte de marketing. Encontrar los auspiciantes, el dinero. Porque definitivamente sentíamos hacerlo, pero no queríamos poner ni 10 centavos. Esta vez no deseábamos perder dinero, habíamos perdido mucho dinero con la muestra en el Palais de Glace. Pero finalmente, después de tres años intentándolo, conseguimos a los auspiciantes ideales. La peor parte fue cuando Fernando se enfermó, y falleció poco después. Miscelánea exhibición Stones 50 Lamento lo que me está diciendo.

Entonces quiero pensar que la muestra también fue un homenaje a su amigo. Definitivamente, es un homenaje a él. Otra cosa que sucedió es que, le escribí a la embajada británica para solicitar información sobre auspiciantes potenciales, y la embajada se mostró muy interesada en colaborar. Querían que se la asocie con nuestra exhibición. De hecho el logo de la embajada está en toda la gráfica de la muestra. Por lo que dos días más tarde me volvieron a convocar en la embajada, y allí me informaron que en en todas las embajadas británicas del mundo estaba teniendo lugar una especie de campaña cultural titulada GREAT, un eslogan asociado con la música, las artes, etc. Por eso les interesó sumamente la colección que heredé de mi padre. Son 3500 negativos solamente de los Stones, mientras que la colección completa reúne un total de 70.000 imágenes. Y este show constó sólo de de 100 fotos. Podríamos hacer una exhibición distinta cada mes, y 10 años más tarde aún estaríamos mostrando imágenes nuevas.
afiche exhibición Stones 50
Eso espero, realmente…
Fuimos muy privilegiados de recibir el legado de Michael. Pero al final del día el placer mayor es cuando un miembro del público se te acerca, te da la mano y te agradece por traer la muestra a Argentina. De éso se trata. Les trajimos placer a la gente, y ellos vienen a ver a sus héroes. Y ahora queremos llevar el show a las provincias del interior, a otros países sudamericanos. Asimismo produjimos una línea de muebles de edición limitada. Una compañía en Londres nos contactó hace alrededor 1 año y medio. Ellos se especializan en producir mercadería de edición limitada. Ya habían realizado una campaña de mercadería para Pink Floyd, que fue tremendamente exitosa. Vendieron absolutamente todo en un plazo de horas. Eventualmente, como no podía ser de otra manera, al principio me negué. Pero luego quedé maravillado, tras ver sus servicios y productos. Lanzamos un sofá de dos cuerpos, un modelo de silla realmente hermosa, y aparte un juego de seis sillas para mesa. Todo hecho a mano, es la única manera en que querían hacerlo. Totalmente artístico. Querían usar imágenes de mi padre, no sólamente de los Stones, también de fotografías de otras personas. Se pueden ver en Internet en el sitio de The Michael Cooper Collection. A través de los años se me acercó mucha gente interesada en producir mercadería, y siempre les dije que no, porque la mayor parte de la mercadería que da vueltas es realmente basura barata. Nunca quise que el trabajo de mi padre fuera degradado. Es algo que me rompe el corazón, no me gusta para nada. Pero ésta fue una propuesta muy especial, quedamos maravillados.   libro the early stones

Por último, quisiera que me hable de los otros proyectos que tiene planeado llevar a cabo próximamente.
Desde ya, ahora que finalmente sabemos cómo encarar este tipo de proyectos en Buenos Aires, podemos asegurar que ya logramos la suficiente confianza como para sentarnos con otros fotógrafos y generar nuevas ideas. De hecho nuestro proyecto más inmediato va a ser junto al fotógrafo Baron Wolman, que seguramente va a tener lugar en algún momento durante este año. Wolman fue el primer fotógrafo de la revista Rolling Stone. El único fotógrafo al que se le permitío permanecer en el escenario durante el primer festival de Woodstock. Tiene una increíble colección. Jimi Hendrix, Janis Joplin, Carlos Santana, The Grateful Dead, los Stones…Baron tiene 76 años, y de hecho estuvo aquí para la inauguración de Stones 50. Asimismo recientemente reeditamos The Early Stones (N. de la R.: que presenta una gran parte del trabajo fotográfico que Michael Cooper realizó junto al grupo),y también en Brasil, y estamos pensando en hacer lo mismo con una versión en español del libro de Baron, el de las fotografías para la Rolling Stone, que además acompañaría al lanzamiento de la exhibición. En un futuro también haremos algo con Robert Whitaker, quien hizo excelentes fotos de los Beatles, y también con Albert Watson, un fotógrafo muy famoso del mundo de la moda. No hace falta aclarar que la intención es seguir moviéndose en el mismo plano, el de la fotografía, y no necesariamente de rock and roll. Lo haremos de a uno, de otra forma es demasiado trabajo. Y también queremos formar una plataforma para dejarle en el futuro a nuestra hija Emily, para que ella reciba el mismo legado que yo recibí de Michael.

¿Su padre?
Claro, Michael.

El lado lejano de Gary Larson

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Publicado en Evaristo Cultural en marzo de 2013

Gary Larson es un reputado humorista gráfico norteamericano. Fue el creador de The Far Side, un panel unitario de humor ilustrado que fue sindicado internacionalmente durante 15 años en más de 900 periódicos. La serie culminó con el retiro del artista el 1º de enero de 1995.

Un grupo de tres dinosaurios que comparten cigarrillos, estratégicamente escondidos tras unas rocas. El de actitud más cautelosa le está encendiendo uno a otro de sus marginales compañeros, mientras vigila cuidosamente a su alrededor, asegurándose que nadie los esté observando. Todos ellos despliegan miradas cómplices, que denotan algún tipo de actividad ilegal. Un pterodáctilo que sobrevuela la escena, entre tanto, allí arriba en el cielo. Debajo del recuadro de la historieta, un epígrafe que reza “La verdadera razón por la que se extinguieron los dinosaurios”. Abajo, la firma de Larson.

Un científico dándole los últimos toques al misil que acaba de ensamblar, mientras que detrás suyo un colega bromista se dispone a asustarlo con una bolsa de papel inflada que, sin previo aviso, piensa hacer estallar detrás de su compañero de trabajo. O la de los dos peregrinos perdidos en el desierto, extenuados boca abajo sobre las interminables dunas, y el encontronazo con un camello agonizante, o directamente muerto, frente a ellos (“Bueno, no creo sea una buena señal”, confiesa uno). Nuevamente, la firma de Larson rubrica ambas historietas.


Más animales. Tres caballos frente a una cerca. Todos están de espaldas al lector. Un poco más allá, sobre el camino de tierra del otro lado del vallado, aparece otro equino, pero en situación más confortable. Está al volante de un convertible y porta lentes negros y un sombrero con una pluma. Les muestra a los tres caballos de turno, quienes intercambian miradas de excitación, un codiciadísimo terrón de azúcar. “Cada tarde un dealer de terrones de azúcar se da un paseo por el corral en busca de ‘clientes'”, señala el epígrafe.

A Gary Larson le llevó unos cuantos años descubrir y reconocer abiertamente que fue su familia –”tenían un humor mórbido”–, y sobre todo su hermano mayor Dan –”de un sentido del humor realmente paranoico”–, la fuente original de inspiración que lo llevaría a convertirse en uno de los más significantes historietistas de su país. Y también de una buena parte del planeta. Nacido en 1950 en la ciudad de Tacoma, estado de Washington, el apellido Larson es sinónimo de The Far Side, título que aglutina al grupo de historietas individuales que le valió su merecido reconocimiento a lo largo de 15 años, y con publicaciones en más de 900 periódicos mundiales, y en una cantidad innumerable de colecciones. Según relata Larson en su antología The Prehistory of The Far Side (La Prehistoria de The Far Side), se encontraba trabajando en una disquería y cierta vez, habiéndose tomado unos días de descanso, pudo darse cuenta cuánto odiaba su empleo. Por lo que, sin motivo aparente, se volcó a la historieta. Su primer intento profesional tuvo que ver con un número original de 6 trabajos que por entonces Larson envió a la redacción de Pacific Search, en Seattle. Larson continuó colaborando en otras publicaciones locales de la principal ciudad de su estado natal, incluyendo el Seattle Times, cuyos trabajos aparecieron semanalmente en 1979 en el periódico bajo el nombre de Nature’s Way. Paralelamente, Larson buscó un segundo ingreso, esta vez como especialista en lo relativo al maltrato animal. Pero fue el legendario San Francisco Chronicle, e inesperadamente durante una escapada de vacaciones en California al año siguiente, que le permitió dar el gran paso. Sorpresivamente, Chronicle le compró la historieta y la sindicó a lo largo y ancho de Estados Unidos, no sin antes renombrarla The Far Side (El Lado Lejano).Quizás la más acertada manera de describir el carácter del arte de Larson tenga que ver con su deliberado empeño en retratar las relaciones humanas y animales, en casi permanente metáfora, y en un estilo artístico único en su especie, si es que vale la redudancia. Ironía aguda y refinada, animales que se comportan como personas, observaciones científicas. Un cóctel rico en auténtico surrealismo, pero paradójicamente nada lejos de la realidad misma. De hecho, más cerca al reino animal que al victimario género humano. Más aún, los temas abordados en The Far Side, básicamente regidos por las conductas de los animales en un mundo dominado, eventual y tristemente, por la raza humana, oficializan lo surreal. Con epígrafes de historietas tales como “Los peligros inesperados de ser un insecto”, o “Cómo se comportan las vacas cuando los humanos no las están observando”, por citar dos de las más recordadas frases, Larson apunta principalmente a nuestra conducta, la de “las criaturas supuestamente superiores”, pero en casi permanente y exclusiva comparación a la de los animales, y los contrastes de los comportamientos entre ambos bandos. Hay pingüinos que toman osos polares de rehén, perros que rezan antes de irse a la cama y vacas que organizan parrilladas. Vacas por doquier, muchas vacas en las historietas de Larson. Y dinosaurios, otra de sus especies predilectas. Dinosaurios a cargo de cátedras en aulas repletas de –¡claro!– dinosaurios. Y hombres prehistóricos subidos a escaleras observando a mamuts en microscopios gigantes. O perros trabajando en laboratorios. Abrumado tras lidiar a lo largo de quince años con las súbitas entregas y cierres de edición de las incontables publicaciones para las que trabajaba, y la eventual tiranía de sus tiempos, Larson dejó de producir The Far Side el primer día del primer mes de 1995. Al mismo tiempo, Larson consideró que su trabajo se estaba tornando repetitivo y temió comenzar a formar parte de lo que él definía como “el cementerio de las historietas mediocres”. En 1998 Larson publicó There’s a Hair in My Dirt!: A Worm’s Story (Hay un cabello en mi roña: La historia de un gusano), su primer libro post-The Far Side. Asimismo, se produjeron dos versiones animadas de sus historietas para televisión: Tales from the Far Side I and II. Con 23 libros de colecciones de sus trabajos publicados y más de 45 millones de copias vendidas, las historietas de Larson también aparecieron en tarjetas (de cumpleaños, saludos o fechas determinadas), tazas y calendarios. Desde entonces, y por motivos desconocidos, Larson se volvió cada vez más solitario, haciendo escasas apariciones –entre éstas, aportando su voz para Once Upon a Time in Springfield, el capítulo de los Simpsons en el que fue caracterizado–. Y no mucho más. “Tan recluído como Salinger”, tal como confesara uno de sus pocos allegados. Pero oportunamente, en ocasión de vocero ecologista: “Proteger a la fauna silvestre está primero en mi lista”. Y uno no puede menos que imaginar a sus amadas vacas o dinosaurios, retozando en sus salas de estar o compartiendo jornadas laborales en laboratorios, y guiñándole un ojo en surrealista connivencia.

Exhibición: “Autorretrato de la Muerte”

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Publicado en Evaristo Cultural en enero de 2013

Situado en pleno Euston Road, una de las calles más tradicionales del área central de Londres, y no tan lejos de la porción más turística, aquella conformada por Piccadilly, Oxford o Carnaby Street, el espacio cultural Wellcome Collection resulta ser una de las opciones más atractivas que la capital británica pueda ofrecer. Por lo menos, para los más indiscretos. Bajo el lema “Un destino gratuito para los incurablemente curiosos”, la Wellcome Collection rinde un fiel tributo a su bien merecido mote, una travesía a exhibiciones inusuales, fuera de lo común. Por tal motivo, no vacilé siquiera una fracción de segundo en enterarme de su exposición más reciente, y la más galardonada. Oportunamente bautizada Death, A Self Portrait (“La Muerte, un autorretrato”), la muestra presenta la colección privada del rastreador de antigüedades Richard Harris. Originario de la ciudad de Chicago, Harris ha cruzado el océano para instalar en Londres su último proyecto, un conjunto de piezas único en su especie, dedicadas exclusivamente a La Muerte (así, con nombre propio y en mayúsculas), de asombrosa diversidad, y que reúne más de 300 artefactos históricos, obras de arte, especímenes y rarezas varias relacionadas a la iconografía de la mismísima Parca, y a nuestras actitudes históricamente contradictorias y complejas sobre ésta. Desde grabados de Rembrandt, Goya o Dürer y postales metamórficas antiguas hasta dibujos anatómicos o arte de tinte bélico. Series de restos humanos en clara yuxtaposición con pinturas vanitas (estilo artístico del norte de Europa de 400 años de antigüedad), grupos de calaveras incaicas milenarias o, como no podían faltar, trabajos en papier-maché mexicanas del siglo pasado, celebrando el Día de los Muertos, todo en el marco de una colección seductoramente macabra y encantadoramente singular. “Una ventana abierta a nuestro persistente deseo de hacer las paces con la muerte”, tal como lo señaló un crítico. Aventura para la cual Harris se apropió de cinco salas temáticas dentro del complejo, convenientemente rotuladas, y en este mismo orden: ‘Contemplando la Muerte’ (o de cómo contemplamos la mortalidad, con su obra estrella, el óleo del belga Adriaen van Utrecht Naturaleza Muerta junto a un Bouquet y una Calavera, del año 1643); ‘La Danza de la Muerte’ (sobre la certeza universal de la muerte), ‘Muerte Violenta’ (dominada por tres segmentos de trabajos considerados los más poderosos manifiestos antibélicos alguna vez realizados); ‘Eros y Thanatos’ (que refiere a la fascinación de las personas por los fenómenos mórbidos, y no por su simple curiosidad científica); y ‘Conmemoración’ (sobre las transformaciones de los rituales asociados a la muerte a través de los siglos y en las diferentes culturas).
Hay piezas de escultura china en jade, antiquísimos textos sobre anatomía humana, figuras de “guardianes de tumbas” provenientes de islas perdidas en el Pacífico, tazas ceremoniales tibetanas, vasijas aztecas precolombinas y fotografías de gente posando con accesorios fúnebres. El factor omnipresente en cada una de las obras expuestas es que todas presentan, al menos, un cadáver o, más mórbidamente aún, una parte de éste. Harris no incluye huesos de animales, ni ninguna práctica asociada a la taxidermia. Su colección refiere exclusivamente a la universalidad de la muerte humana y a la pluralidad de las diversas expresiones sobre ella a través de los siglos. Con más de 70 años de edad, Harris, cuya previa presentación de la muestra en el Centro Cultural de su ciudad natal a principios de año atrajo a más de cien mil visitantes, por ende convirtiéndose en la exhibición más exitosa en la historia de la galería, asimismo no parece cesar su obsesiva acumulación de material en cuestión, recientemente incorporando un Chevy de 1958 decorado con motivos mexicanos del (una vez más) Día de los Muertos, acaso la celebración fetiche por excelencia sobre la muerte a nivel mundial y que, seguramente, agregará a una posible futura versión de la exposición.

ImageCuriosa y sorpresivamente, una de las obras más visitadas de la exhibición corresponde al trío de artistas argentinos agrupados bajo el nombre de Mondongo Collective (esto es, Augustine Picasso, Manuel Mendanha y Juliana Laffitte), una muy fresca y monumental obra de 2011 realizada enteramente en plastilina. ‘Calavera’ (en español original), y tal como reza el texto de refrencia que la acompaña, es “un collage tridimensional que refiere al dominio económico y cultural de Europa y Estados Unidos, representado por la arquitectura neoclásica y la literatura de Occidente, y sus consecuencias radicales en Sudamérica evocadas por las villas miseria de las grandes ciudades de Argentina”.

ImageEn la introducción del catálogo que se nos brinda a los visitantes que hemos colmado la muestra, la artista inglesa Jodie Carey, cuyo candelabro conformado por 3000 huesos de plástico da la bienvenida a la primera de las salas del evento, acertadamente indica que “en el corazón de esta exhibición radican preguntas sobre el valor del arte a la hora de comunicar ideas sobre la muerte y el cuerpo”. Carey se pregunta: “¿Es posible que la producción y apreciación de obras simbólicas nos ayuden a negociar con la muerte? ¿Cuál es la función que cumplen los objetos inanimados en los rituales de los entierros o velatorios? ¿De qué manera pueden nuestras pertenencias contribuir a activar recuerdos que nos conecten con los muertos? ¿Qué habría detrás del impulso que nos lleva a coleccionar objetos que refieren a nuestras actitudes hacia la muerte misma, o el empeño en trascenderla?” Tales preguntas no dejan de repetirse a medida que atravesamos los cinco sectores de la muestra, diseñados para enaltecer la naturaleza ecléctica de la colección. Un moderno gabinete de curiosidades, que funciona parcialmente como la autobiografía visual de algo en particular, simultáneamente brindándonos la oportunidad de examinar nuestros propios sentimientos respecto a la mortalidad. Por momentos, perturbadoras, ocasionalmente macabras y a menudo conmovedoras, las imágenes presentadas proveen una comprensión particular sobre la historia de nuestro eterno deseo de hacer las paces con la muerte”.
Death, A Self Portrait se exhibe en el Wellcome Collection hasta el 27 de febrero de 2013.

SISTER MARIANNE – Marianne Faithfull & Marc Ribot, “An intimate evening” – Teatro Coliseo, Buenos Aires, 22 de septiembre de 2011

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Publicado en Evaristo Cultural en octubre 2011

“Ya saben, todavía sigo fumando…” Habían transcurrido apenas 50 minutos de show, los que no se extenderían por mucho más, y Marianne Faithfull no tuvo el más mínimo reparo en fundamentar las razones por las que, naturalmente, no se privaba de toser, cuando le fuere necesario hacerlo. Los mismos motivos que transformaron su afinadísima garganta adolescente, en la cavernosa voz que hoy, a sus 64 años, sigue portando, décadas mediante de tabaquismo y demás excesos. Más precisamente cuando fue descubierta por Andrew Loog Oldham, mánager y productor original de los Rolling Stones, y quien no dudó en presentarla ante los medios británicos como “un ángel con tetas” Una trayectoria que va de ícono indiscutible de la escena más vital del Swinging London de los ’60s (cuando se convirtió nada más y nada menos que en “la novia de Mick Jagger”, y por ende en indiscutible musa stoniana, estereotipo del cual Faithfull nunca logró desprenderse), hasta su regreso a la escena a fines de los 70s, sin antes haber deambulado por las calles de Londres como heroinómana oficial. Fue precisamente Faithfull, ávida lectora y con un background cultural enorme, noble descendiente de Leopold von Sacher-Masoch (aquel escritor y periodista austríaco que inspiró el término “masoquismo”) quien refinó a Jagger y lo insertó en el mundillo de la aristocracia británica. Lo que sugería ser, tal como fuera anunciado en los afiches publicitarios, “Marianne Faithfull y Marc Ribot, An Intimate Evening”, superó la escala de intimidad prometida y acabó siendo un derroche de majestuosidad y simpleza de una artista que no necesita de aditivos escénicos para manifestarse. Se trataba de su primera visita como artista a esta parte del mundo (sólo lo había hecho anteriormente en calidad de turista y en pleno affaire con Jagger, también en Brasil, cuatro décadas atrás en el tiempo), tramo iniciado con dos show en Porto Alegre apenas unos diás antes de su arribo a Buenos Aires. Tan sólo le bastó a la gran dama un micrófono de pié, un banco (que nunca usó, prefiriendo permanecer parada a lo largo del concierto, incluso esbozando suaves pasos de danza, con las manos en los bolsillos de su oscuro saco), un atril con partituras, y la imprescindible presencia del eximio guitarrista Marc Ribot, éste en exclusivo plan acústico y coros (cuya grandielocuencia merecería un párrafo aparte), y acaso más conocido por sus sesiones de estudio junto a artistas de la talla de Tom Waits, Elvis Costello y la mismísima Faithfull, entre otros. Y su voz, claro, aquella voz! Sorpresivamente, la cantante decidió comenzar su show arrancando por el final, esto es, con la canción ‘Horses and High Heels’, que también es título de su último trabajo de estudio. A lo largo de la velada, que se extendió por cautivantes 70 minutos, Faithfull propuso una lista de temas concisa, pero que jamás dejó de rozar la perfección, donde no faltaron los clásicos (‘The Ballad of Lucy Jordan’, aquella que acompañó su regreso a la palestra artística como parte del álbum Broken English de 1979, y tras un puñado de años como inalterable junkie en las calles de Londres, canción homónima que también realizó), y otras grabaciones más contemporáneas que, fiel a su estilo, Faithfull le introdujo a la audiencia una tras otra, dialogando con ésta en todo momento, bajando línea, hablando de su vida (“Ahora vivo en París, amo París! Hay veces en que salgo a caminar por la ciudad y regreso a casa pensando en que no ha pasado nada, es todo muy estilo Seinfeld…”) Así desfilaron ‘That’s How Every Empire Falls’, indicando que se refería a los Estados Unidos y la caída de su imperio (“El imperio maligno, que está cayendo…y lo mejor de todo es que no tuvimos que hacer nada, lo hicieron ellos solos…”) No faltó más material de Horses and High Heels (‘Prussian Blue’, ‘Love Song’ –popularizada por Elton John en los ’70s–, ‘Why Did We Have to Part’), intercalando un cover de ‘The Crane Wife’, de los Decemberists, y que Faithfull incluyera en Easy Come Easy Go, álbum lanzado en 2008. Pero fue el resto de las canciones, en su mayoría también covers, que conmovió a la audiencia (apenas unas 800 personas, en un show que contó con escasa promoción y que apoyó la inauguración del Faena Arts Center, por donde la artista pasó brevemente) Desde ‘Solitude’ (de Duke Ellington), a ‘Working Class Hero’ de Lennon, que Faithfull coronó alzando su puño izquierdo en señal de victoria, hasta ‘Baby Let Me Follow You Down’, de Bob Dylan, único momento en que Ribot abandonó la guitarra acústica para cambiarla por el ukelele. Inevitablemente, el set no pudo dejar de incluir ‘As Tears Go By’, que la dupla Jagger-Richards creó para catapultar la carrera de Faithfull allá por 1965 (“canción que un par de tipos escribieron para mí” y, eventualmente, la misma canción que llevó a la artista a ganar popularidad, y ‘Sister Morphine’, que los Stones incluyeron en el celebradísimo Sticky Fingers de 1971 y cuya co-autoría junto a Jagger jamás fue reconocida como tal (“tal vez conozcan esta canción, la escribí con un tipo de quien no me acuerdo el nombre”) Ironías aparte (después de todo no podían faltar las alusiones stonianas de la que Marianne tanto rezonga, ¿verdad?), y cuando parecía que ya no quedaba ningún corazón por exprimir, Faithfull deleitó con una intimísima (debemos reiterar la omnipresente intimidad del concierto a la que la audiencia se vió sometida?) versión de ‘Strange Weather’, que Tom Waits compuso para ella, y que dio título al disco del mismo nombre, editado en 1987. Para el final, ahora sí, el bis fue sólo para la gran dama y su versión a capella de ‘Love is Teasing’, de los legendarios Chieftains, que sonó tan irlandesa como el país de origen de sus autores, momento en que se acercó al público y apretó manos, un gesto más para describir la enorme intimidad propuesta a lo largo de la velada, y a cuya descripción hizo delicado honor. Aquél “ángel con tetas” de los ’60s, entonces, con toda su elegancia, finalmente pudo quebrar sus alas. Y las almas volvieron a respirar.