CON ALAN CLAYTON DE DIRTY STRANGERS EN LONDRES: “SOY MEJOR ESCRIBIENDO SI ESTOY ENTRE LA ESPADA Y LA PARED”

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Publicado en Revista Madhouse el 13 de agosto de 2017

Y en el octavo día Dios creó a los Dirty Strangers. O algo así, porque, a decir verdad, la historia de una de los grupos londinenses de culto más particulares de las tres últimas décadas, y algo más, tuvo que ver con situaciones más terrenales. No hubo ningún día octavo de creación, entonces, y aquel Creador tuvo que conformarse con siete días para hacer lo que podía. Su lugar fue ocupado por Alan Clayton, cantante, guitarrista y, sobre todo, compositor de las canciones de la banda surgida en Shepherd´s Bush, una de las áreas más cosmopolitas de la capital británica.

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The Dirty Strangers en algún momento de los 80: Ray King, Dirty Alan Clayton, Mark Harrison, Scotty Mulvey, Paul Fox

Como en un programa de una obra de teatro, entender la crónica de los Dirtys sugiere una breve descripción de buena parte del elenco que la integra. Encabezándolo aparece nueva e inevitablemente el nombre de Clayton, corazón y alma del grupo, el encargado principal del cometido, o como aparece acertadamente descripto en la página oficial del clan: “La banda tenía una misión: cargar la antorcha del rock’n’roll de raíz, tal como lo inventaron Eddie Cochran, Gene Vincent y Chuck Berry, pero con un chorrito del soul de Otis Redding, y una guarnición de actitud punk” El reparto que gestó los primeros tiempos en la biografía de los Dirty Strangers continúa con Jim Callaghan, el más recordado de los jefes de Seguridad en las giras de los Rolling Stones por más de tres décadas, hoy retirado, bajo cuya órdenes Clayton supo trabajar cuando aún no había tomado el camino de la música. También está el ex boxeador Joe Seabrook, amigo de Alan, que también era empleado de la empresa de Seguridad de Callaghan, antes de convertirse en el guardaespaldas personal de Keith Richards, hasta su muerte en el año 2000. La nómina se completa con Stash Klossowski De Rola (más conocido como Prince Stash), un dandy aristocrático de la escena bohemia de Londres de mediados los ‘60s, que supo ser uno de los colegas más cercanos de Brian Jones, y con quien hasta compartió una detención policial histórica en 1967. Completando la historia, casi inevitablemente, aparece el mismísimo Keith Richards en su rol de catalizador casual, que gracias a los roles de todos los personajes antes mencionados acabó convirtiéndose no sólo en el padrino extraoficial del grupo, sino también en íntimo amigo de, claro, Alan Clayton. Una cosa llevó a la otra y, con más de 30 años de carrera y cuatro álbumes editados (“The Dirty Strangers”, “West 12 To Wittering (Another West Side Story)”, “Crime And A Woman”, y la recopilación “Diamonds”), el ahora cuarteto (Clayton en voz y guitarra, Scott Mulvey en piano, Cliff Wright en bajo y Danny Fury en batería) se apresta a grabar un nuevo trabajo a comienzos del año próximo. Tal como lo vienen haciendo desde sus inicios, antes continuarán recorriendo su habitual circuito de clubes de Inglaterra, a los que ahora se agregan 3 fechas en España a fines de septiembre (en Barcelona, Zaragoza y Reus)

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Afiche promocional del primer disco de la banda, con la presencia de Keith Richards y Ron Wood

NO TE DUERMAS HASTA HAMMERSMITH
MADHOUSE
estuvo en casa de Clayton en noviembre pasado para entrevistarlo y repasar el historial de su banda. Para llegar a la vivienda de “Dirty Alan” (donde en su parte trasera se ubica un estudio personal de dimensiones muy modestas, en el cual se registró buena parte del recetario musical de los Dirty Strangers) hay que acercarse al área de Hammersmith and Fulham, al oeste de Londres, muy cerca de la legendaria prisión local de Wormwood Scrubs, lo que implicó, al consultarle a una lugareña por la calle solicitada, tras citarle el nombre de la penitenciaría para llegar a destino cierto, una pregunta inapelablemente divertida (“oh, ¿es que tu amigo vive allí?”) La charla también contó con la participación de Danny Fury (ex integrante de los Lords of the New Church, entre otras aventuras, y nuevo miembro de los Dirtys), de quien en breve también estaremos presentando una entrevista exclusiva. Por el resto, he aquí un delicado repaso sobre la vida y obra de los Dirty Strangers en las propias palabras de su creador, una tarea que le llevó más, bastante más, de siete días.

3..

Clayton, Wright y Mulvey, en una reciente actuación

Los Dirtys nacieron a mediados de los ’80, pero antes de eso, ¿qué hacías como músico?
Alan: La banda se formó en 1978. Quiero decir, supongo que empecé a tocar guitar en el ’76, o algo así. Yo era de escribir música y poesía. Porque la mayoría de la gente piensa que la banda comenzó después que conocí a Keith (Richards) Y el verdadero motivo por el cual lo conocí fue que teníamos éxito. En aquel momento, bandas como los Lords of the New Church eran muy grandes, pero los Dirtys ya tenían su propia escena tocando en el Marquee. Cuando sos joven, tu carrera se mueve velozmente. Entonces, tres años antes que conociera a Keith, en 1981, nosotros ya habíamos encabezado el Marquee.

¿Cómo es que se dio aquel encuentro? ¿Qué es lo que sucedió, en verdad?
Alan: Yo hacía todo tipo de cosas, y uno de mis trabajos era el de Seguridad. Joe Seabrook era uno de mis mejores amigos, y lo conocía de antes de conocer a Keith. De hecho, esa primera vez, si bien fue por un instante, se dio en el pub de Big Joe.

4..

The Verulam Arms, el pub de Joe Seabrook, en sus días de gloria

¿Joe Seabrook tenía un pub?
Alan: Sí, en Watford. Se llamaba The Verulam Arms.

¿Watford?
Esa es la ciudad natal de Elton John, ¿no? Queda muy cerca de Hemel Hempstead, donde estoy parando actualmente.
Alan:
Correcto, queda muy cerca. De hecho Joe también era dueño de un pub en Hemel Hempstead.

Entonces, Joe no sólo tenía el pub, sino que además hacía Seguridad, al igual que vos.
Alan: Así es, se dedicaba a ambas cosas, y nos volvimos buenos amigos. Joe era guardaespaldas de los Stranglers, y también de Big Country.

¿Cómo fue que entonces conociste a Jim Callaghan?
Alan: Yo trabajaba en Seguridad para Jim y su socio Paddy, y su empresa se llamaba Call A Hand. Y Joe también empezó a trabajar para ellos. Y ya que Joe tenía una estatura y una presencia inmensa, también se convirtió en guardaespaldas.

5..

Keith Richards y Alan, en algún momento de principios de los 80: amistad y guitarras

¿Antes había sido boxeador, verdad?
Alan:
Sí, se había dedicado a eso.

Y mientras tanto vos hacías Seguridad por las tuyas.
Alan: Sí, pero trabajando para Jimmy, para Jimmy Callaghan.

OK entonces, una cosa llevó a  la otra, y así terminaste conociendo a Keith Richards, de quien Joe era su guardaespaldas personal. ¿Es así?
Alan: Sí. Y debido a que Joe y yo teníamos una gran conexión musical, cuando Joe comenzó a trabajar para Keith, quiso que escuchara nuestra música, porque sabía que a Keith iba a gustarle. Fue en Carlton Towers, en Knightsbridge. Me llevó a conocer a Keith. Y fue algo muy divertido, porque fuimos a su habitación a las 11 de la noche, ya que yo trabajaba durante el día. Entonces le pregunté a Joe, “¿y, a qué hora vamos a verlo?”, y Joe me contestó “Keith no se levanta antes de las 2 de la mañana” ¡Carajo! ¡Y yo que había estado trabajando todo el día!

¿Cómo te sentiste en aquel momento? ¿Te sentías excitado? Supongo que siempre te había gustado Keith como guitarrista…
Alan: ¡Claro que estaba excitado de conocerlo! A decir verdad, yo prefería a otra gente, pero a mí siempre me había gustado el mismo material que le gustaba a él. Otis Redding, Motown…Siempre me gustaron los Stones, pero más me gustaban los Who, ya que eran más londinenses. Entonces, así fue como lo conocí. Recuerdo cuando entramos en su cuarto en las Carlton Towers, y Joe dijo, “éste es Alan, toca en una banda que suena como acostumbraban a sonar los Stones…” Y Keith dijo, “Ojalá vuelva a suceder, ya ha pasado un tiempo de eso…”

Y ésa es finalmente la historia de la primera vez que conociste al hombre que luego terminaría siendo muy importante en la carrera de los Dirty Strangers.
Alan:
Sí, tal cual. Y dos días más tarde Keith me dice “me estoy yendo a París ahora mismo”, y yo le dije “oh, nunca estuve en París”, entonces me mandó a su chofer, con la orden de que vayamos a buscar una guitarra para él, y un bastón, y me dijo “venite para París, y te quedás conmigo” Y yo lo había conocido apenas 2 días antes, sabés…

Y así fueron las cosas…Puedo entender lo de la guitarra, ¿pero para qué te pidió un bastón?
Alan:  El bastón era para Bert. El chofer llegó manejando el Bentley de Keith, me recogió y nos fuimos para París. Pero Bert, su padre, todavía vivía en Dartford, donde Keith nació, entonces, camino a Dover, pasamos a buscarlo. Y así fue el viaje. Bert y yo en el Bentley de Keith, más el chofer, rumbo a París.

6..

Keith y Alan, en tiempos más actuales: amistad y sofás

¿Y Keith?
Alan:
No, él fue en avión.

¡Debe haber sido un gran viaje!
Alan: ¡Oh, fue buenísmo!

¡Gran anécdota, y también gran forma de comenzar una amistad con Keith Richards!
Alan:
Sí, pero antes ya había estado en el estudio con Ronnie Wood. Habíamos grabado “Baby”, “Here She Comes” y “Easy To Please”…

Para el primer álbum de los Dirtys.
Alan: Así es. Correcto. Y también tocó en “Thrill Of A Thrill” Entonces, yo ya había trabajado con Ronnie, y Keith nos ayudó a conseguir algunos shows en París. Todavía no teníamos contrato discográfico, y sucedió al mismo tiempo en que Mick (Jagger) estaba grabando su primer álbum solista, y por lo tanto Keith no estaba ocupado. Así que todo sucedió en el momento justo.

Y todo gracias a Joe Seabrook.
Alan:¡Sí! Joe representa una parte importante de mi carrera, porque nuestros primeros shows fueron en su pub. Pero como te dije, antes yo ya había trabajado en Seguridad para Jimmy Callaghan. Trabajé en los shows de los Stones en Earl’s Court en 1976. Conseguía todo tipo de empleos de parte de Jimmy, como el de “despejar” prostíbulos en el Soho de Londres. Casas de prostitutas…

Sí, Jim fue muy bueno conmigo. Fue de gran ayuda en mucha soportunidades  cuando seguí el tour de los Stones en USA en el ’94.
Alan: Es un hombre adorable. Y, si bien conocí a Keith a través de Joe, Jimmy fue mi primer amigo.

7..

The Ruts, con Paul Fox al frente, lata de cerveza en mano

EXTRAÑOS EN AMÉRICA
Quisiera preguntarte sobre Paul Fox, fallecido en el 2007, que si bien era integrante de los Ruts, también fue guitarrista de la primera formación de los Dirty Strangers, ¿verdad?
Alan: No, no estuvo en la primera formación del grupo, pero sí en la primera que fue a tocar a los EE. UU. Y también tocó en nuestro primer disco. El de la primera formación fue Alistair Simmons, que también tocaba en los Lords of the New Church. Él es quien escribió “Baby”, “Running Slow”…Todavía canto canciones que escribí con él. Y cuando Alistair dejó a los Dirty Strangers, se unió a los Lords. Era un tipo encantador y fantástico, pero, sabés, no podía sobrellevar la situación. Y en cuanto a Paul Fox, fue muy divertido, porque cuando Malcolm Owen, el cantante…Conocés la historia de los Ruts, ¿no?

A decir verdad, muy poco…
Alan:
Los Ruts iban a salir de gira con The Who, pero Malcolm era un junkie y, carajo, tuvieron que cancelar esa gira. Tuvo un final muy desafortunado. Cuando yo trabajaba en Seguridad, veía a los Ruts y me decía, “yo podría cantar en esta banda” Y también eran de West London, por lo que también existía esa conexión. Y 3 o 4 años después de eso, yo me encontraba en la parte de atrás de un cine en Kensal Rise, en Londres, que ya no existe, tratando de conseguir una fecha. Y Paul Fox también estaba ahí, y viene y me dice, “realmente me hacés acordar a nuestro viejo cantante” Y yo le contesté, “sabés qué, cuando tu cantante murió, yo estuve a punto de postularme para el puesto” Y Paul me dijo, “deseo que lo hubieras hecho” Porque después que Malcolm murió, los Ruts cambiaron completamente de rumbo.  Y llegué a conocerlo, había subido a tocar con nosotros un par de veces. Yo ya lo consideraba un nuevo amigo, y me agradaba mucho. Y 2 semanas antes de que comenzáramos nuestro tour en USA, Alistair pudrió todo. Teníamos un mánager nuevo, y todo esto le iba a costar un montón de dinero. Alistair siempre estaba al borde de ser brillante, o fuckin’ desastroso. Estaba tan colgado que no podía tocar la guitarra. Y entonces mi mánager dijo, “no pienso poner un centavo para llevarlo a los Estados Unidos” Imaginate todas las tentaciones que podrían haberle ofrecido estando allí…

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Oh yeah: otra toma de los Dirtys en sus primeros tiempos

Y así fue como Alistair no participó de la gira.
Alan: No. Fue toda una decisión, ya que era mi mejor amigo. Lo echamos 2 semanas antes de la gira por USA. Ese tour era uno de nuestros objetivos principales, así que lo llamé a Paul Fox y le pedí que forme parte. Y entonces se unió a la banda.

¿Cómo resultó la gira por los EE. UU. de una banda chica del circuito londinense que iba allí por primera vez?
Alan: Solamente tocamos en la costa este. No fue realmente un tour, duró algo así como 7 u 8 días.

¿Tocaron sólo en lugares chicos?
Alan: Bueno, tocamos en el Cat Club de New York, que es un lugar grande. Y después en lugares cerca de la ciudad, sabés…Boston, etc.

La primera vez que los Dirtys tocaban en USA…
Alan: Sí, y todavía no teníamos contrato discográfico.

¿Pero cómo? ¿No era que 2 años antes habían grabado con Ronnie?
Alan:  Sí, habíamos grabado con Ronnie, y después con Keith. Mick había editado su disco solista, así que Keith estaba con tiempo de sobra. Pero seguíamos sin contrato.

9..

Los Dirtys y Ron Wood: amistad y fotos tomadas de un video

¿Cómo fue que Prince Stash terminó produciendo el disco? Pareciera ser que siempre todo termina orbitando a los Stones…
Alan:  OK, veo que recordás eso. Stash había sido detenido con Brian Jones en los ‘60. Y cuando Keith vino al estudio a grabar con nosotros, Stash estaba con él. Si ves esa fotografía…Hay una foto  de todos nosotros en el estudio con Keith y Stash. Y momentos después Stash preguntó, “¿quién les está editando el disco?” Y así fue como formó Thrill Records, por el título de la canción que abre nuestro el primer álbum, “Thrill Of A Thrill”. Así que entonces puso en marcha el sello, y le dedicó 1 año completo de su vida. Quiero decir, se lanzó mundialmente, y anduvo muy bien. Todo parecía tan fácil en aquel momento, pero ahora uno dice, “carajo, me gustaría que ahora sea igual” Y Stash invirtió mucha plata en el álbum, fue genial. Tengo grandes historias sobre él. ¿Te acordás de Pinnacle, la distribuidora de las compañías grabadoras independientes? Cuando uno se dirigía allí, tenía solamente 20 minutos para convencerlos de que te contraten, y 45 minutos más tarde Stash les estaba diciendo que había sido un gran disco pero…

Entonces coincidió todo.
Alan: Coincidió, pero en lo que respecta a USA, todo empezó a andar mal. Lo que sucedió fue que, vendimos muchos discos en Gran Bretaña, y cuando Stash lo llevó a USA, usaron el nombre de Keith para promoverlo. Recordemos que antes de lanzar su primer disco solista, “Talk Is Cheap”, Keith ya había grabado con nosotros. Y cuando empezó a  trabajar en su primer álbum, que en aquel momento era todo un acontecimiento, en su contrato estaba especificado que no podía trabajar en discos de otros. Como siempre decía su mánager, “cuando Keith Richards graba con amigos, lo mejor es que la gente lo descubra. De otra forma, puede salir mal” Y en la edición americana del disco, Stash le había agregado una calcomanía a la tapa que decía “The Dirty Strangers con la participación de Keith Richards y Ronnie Wood” Eso fue justo cuando Keith estaba por lanzar un adelanto de su álbum solista. Y entonces nuestro disco se canceló en USA. No fue nada astuto al promoverlo allí. Todo el mundo usaba el fuckin’ nombre de Keith, como si fuera una herramienta publicitaria.

10..¿Fue Stash el que tuvo la idea de poner eso en la tapa del disco?
Alan: Oh sí, debe haber sido Stash, sí. Keith tocó en el disco como amigo.

Cambiando de tema, hace unos años trabajaste junto a John Sinclair, quien fuera mánager de los MC5, y también un recordado activista político.
Alan: No sólo el mánager de la banda, sino también la inspiración, entre tantas cosas…

Es verdad, de hecho fue uno de los fundadores del White Panther Party (N. de la R.: facción política de extrema izquierda anti-rascista fundada en los EE. UU. en 1968) Pero tu trabajo con él fue en “Beatnik Youth”, su álbum de 2012. Vi el video en YouTube en el que…
Alan: ¡Oh, pero eso fue otra cosa, diferente a lo de “Beatnik Youth”! Bueno, ya sabés la historia de John Sinclair y los MC5…En verdad no me crucé con él. Mi conocimiento de los MC5 fue a través de Brian James (N. de la R.: ex miembro de The Damned y Lords of the New Church) Y una vez recibí un llamado de George Butler, que fue baterista en los Dirtys antes de Danny, diciéndome, “hay un amigo mío de Brighton, Tim, que quiere grabar algo con John Sinclair. ¿Te parece que hagamos algo en el estudio?” Y yo le dije, “sí, por supuesto” Entonces vino Sinclair. Pero yo seguía intrigado sobre él. Y cuando llegó, fue casi lo mismo que cuando conocí a Keith, me conecté con él instantáneamente. Pensé, “oh, ¡otro espíritu afín!”

11..

John Sinclair, una leyenda en blanco y negro

Desde ya, hace rato que venía haciendo cosas…
Alan: Sí, anduvo por ahí…Y cuando editamos el álbum “West 12 to Wittering”, Youth, que había tyrabajado con Sinclair, produjo parte del disco, como fue el caso de la canción “She´s A Real Boticelli”, el single de difusión…

¡Amo esa canción! Es una de mis favoritas.
Alan:  Si me preguntás cómo fue que la escribí…Youth la produjo, fue una mezcla de él. Youth había sido productor de The Verve, y bajista en Killing Joke. Es muy bueno produciendo. Y también tuvo una banda con Paul McCartney (N. de la R.: The Fireman) Es un tipo genial. Le dije que había conocido a John Sinclair, y él había producido “Lock And Key”, la canción que John había grabado con los Dirty Strangers, y entonces me dijo “¿por qué no hacemos un álbum?” Y escribimos un álbum, que tiene que salir en algún momento. ¡Carajo, es un disco fantástico! Del tipo de música que nunca fue mi estilo. Porque Youth viene de diferentes áreas. Nos conocíamos desde hacía mucho tiempo. Y después estaba John Sinclair. Porque John daba vueltas por Europa tocando. Ahora vive en Amsterdam. Y siempre se metía en bares chicos, bares genéricos, donde tocaban blues, y él les agregaba algo de poesía. Lo que Youth y yo quisimos hacer era llevar eso a otro nivel, así podía tener un álbum con canciones auténticas, no solamente blues con pedazos de poesía. Entonces terminamos usando su poesía como versos de las canciones, y les agregamos coros, y así fue que terminaron convirtiéndose en canciones.

¿Podrías decir que fuiste parte de la escena del punk londinense, o fue más que nada de la del rock and roll en general?
Alan: No, yo empecé con los Dirty Strangers. Cuando se dio lo del Punk, que es algo que yo adoraba, fue fuckin’ grandioso, porque me llevó de ser alguien que tocaba en su cuarto, a alguien que creía que podía formar un grupo. Y realmente lo hice. Y siempre podía ponerme a escribir canciones, o poesía, así que amaba la escena del punk. En aquel momento, en 1976, yo tenía 22 años, y todos los punks simulaban tener 16 o 17. Todos los punks como Mick Jones o Tony James tenían mi edad, 22 o 23 años. Entonces, si bien todavía no estaba en ninguna banda, conocía a Mick Jones antes de que fuera parte de los Clash, porque yo acostumbraba a trabajar en el edificio del Colegio de Arte de Hammersmith en Shepherd´s Bush, y Mick estudiaba ahí. Su primer show fue como telonero de los Kursaal Flyers en el Roundhouse, así que me sentía conectado a la escena del punk por conocer a Mick. Era una escena fuertemente influenciada por la parte oeste de Londres, por lo que de todas maneras, yo estaba ahí. Y todos ellos tenían mi edad. Al mismo tiempo yo ya estaba trabajando como Seguridad en muchos conciertos, lo que me permitía ver a todas las bandas. Y puedo decir que eso me inspiró definitivamente a formar un grupo de rock’n’roll. Todas las bandas punk que me gustaban eran realmente bandas de rock´n´roll, pero con una nueva energía.

Siempre tuve la impresión de que que lo tuyo es más que nada el material de los 50s y los ’60.
Alan: Oh, ¡yo amo el rock´n´roll!, sabés… ¿Qué puede haber que ame más que nada en el mundo? Tal vez ver a las mujeres bailar cuando estamos tocando…

12..WITTERING HEIGHTS
Lo mencionaste hace un rato, pero quisiera que hablemos más en profundidad sobre el álbum “West 12 to Wittering” Sabemos que Keith tocó piano en el disco, de hecho aparece en varias canciones. Y también Ronnie Wood. Y fuera de eso, es sin dudas no solo mi álbum favorito de los Dirty Strangers, pero también uno de los discos en general aque más suelo escuchar. Imaginate lo que me gusta ese disco…
Alan: Gracias, muchísimas gracias.

Y de hecho hace unos días estaba caminando por aquí, en Londres, mientras lo escuchaba, y es sin dudas un álbum que tiene una atmósfera absolutamente londinense.
Alan: Por supuesto, es sobre Londres, definitivamente.

A lo que voy es, uno no escucha a Madonna cuando camina por Londres…
Alan: ¡Jajaja! Sí, los Dirty Strangers resultan una buena elección a la hora de hacerlo. Y la historia del disco es que…Yo venía de trabajar en la gira de los Stones de “A Bigger Bang”, que duró alrededor de 2 años y medio, y los Dirtys habían estado parados por cerca de 8 años. Y mientras viajaba escribí un montón de canciones. Entonces, al volver, decidí volver a juntar al grupo, pero en aquel momento éramos solamente yo, John Proctor y George Butler, un trío, y decidimos llamarnos Monkey Seed.

¿Le cambiaste el nombre al grupo?
Alan: No, lo que sucedió fue que los Dirty Strangers estaban algo así como disueltos, si bien nunca nos habíamos separado. No habíamos tocado por mucho tiempo, ni tampoco ganado dinero y, ya sabés, eso desmotiva a la gente. Así que cuando decidí volver a juntar al grupo, quise que empezara de cero. Entonces quería que tenga un nombre nuevo. No pensaba hacer canciones de los Dirty Strangers, solamente canciones nuevas. Pero como de todas maneras yo había escrito todas las canciones de la banda, me dirigí a Ian Grant, que acababa de formar el sello Track Records, y le dije, “tengo un álbum de canciones, ¿te gustaría contratarme para Track Records?” Dijo que sí, ya que le gustaba lo que estaba haciendo. Y entonces me preguntó, “¿por qué le cambiaste el nombre a la banda?” Y le contesté, “bueno, es que quiero un nuevo comienzo” Y Ian me dijo, “Alan, ¡tenés más de 50, ya no tenés 20 años!” (risas) ¡Y tenía razón! Después me dijo, “escuchame, tenés la reputación de los Dirty Strangers, porque básicamente vos sos los Dirty Strangers. ¿Porqué habrías de cambiarle el nombre? Siempre les funcionó. Te sugiero que la sigas llamando The Dirty Strangers”. Y yo accedí. A veces te hace feliz que exista gente que te digas cosas así, porque generalmente uno no se da cuenta. Uno piensa, “sí, tengo una nueva banda, la voy a llamar tal y tal…” Así que lo pusimos en marcha, y cuando se lo comenté a Keith, me preguntó, “¿querés que toque guitarra en el disco?” Y yo le contesté, “no, quiero encargarme yo de las guitarras”, pero le dije, “¿podés tocar algo de piano?” Y Keith me contestó, “claro, fuckin’ por supuesto!” Y es por eso que se llama “West 12 to Wittering”, porque cuando está en Inglaterra, Keith vive en Wittering, y yo llevé todo el equipo desde mi lugar aquí en el área W12 de Londres para grabar su parte, y es como que “acampamos” en su casa.

13..

Clayton, Proctor (hoy ex bajista del grupo) y Danny Fury

¿Lo grabaron en la casa de Keith?
Alan: Sí, en Redlands. Solamente su parte, la del piano, que fue grabada allí.

¿O sea que paraste en su casa exclusivamente para grabar la parte del piano que se usó en el álbum?
Alan: Bueno, en verdad paré en su casa en muchas oportunidades.

Wittering es una zona muy hermosa.
Alan:  Sí, encantadora. Tanto me resulta así que, si alguna vez me mudara de Londres, ese es el lugar donde me iría a vivir.

Pequeño mundo. Justamente hace días fui a ver a Ian Hunter en Shepherd’s Bush, y de casualidad, me puse a hablar con un matrimonio que vive allí.
Alan:¡Ian Hunter? ¿Tocó en Shepherd’s Bush?

Desde ya, fue hace 3 días. Jamás tocó en Sudamérica, y sería muy raro que alguna vez lo haga, así que no podía perdérmelo. Y con Graham Parker de telonero.
Alan:
¡Oh, amo a Graham Parker!
Danny: ¿Acaso salió el aviso en algún lugar?
Alan: Si el show está sold-out, no lo publicitan.

Perdón, ¡ahora me hacen sentir culpa!
Alan: ¡No sabía que iba a tocar en Londres!
Danny: Si te fijás en internet, generalmente aparece ahí.
Alan: En general aparece un aviso en el diario Evening Standard, o en la revista Time-Out.
Danny: Antes uno podía ver los avisos en el Melody Maker. Todos los anuncios de shows aparecían ahí.
Alan: Time-Out, para mí, habiendo tenido una banda, era el lugar donde aparecían todos los avisos, y ahora sólo están los que fueron seleccionados.

SUCIOS., EXTRAÑOS Y CONCEPTUALES
¿Qué me podés decir sobre “Crime And A Woman”, el disco más reciente de los Dirtys? Sé que se trata de un álbum conceptual.
Alan: Es una historia narrada desde el principio hasta el final, si es que querés que sea una historia. Si querés que sea una colección de canciones de rock´n´roll, es una colección de canciones de rock´n´roll. Pero hay toda una historia dentro del disco, que probablemente resulte para mi propio beneficio, más que el de cualquier otra persona.

14..Sí, cuando el otro día te pregunté por qué Keith esta vez no estaba esta vez en el disco, me dijiste que es un álbum que quisiste resultara más personal, y me explicaste que querías que sea “tu” álbum.
Alan: Sí. Porque lo que sucede es que, si bien es genial que Keith sea uno de tus mejores amigos, la parte mala es que, cada vez que tocás tu propio material, o que alguien va a verte tocar, permanentemente me hacen la misma pregunta: “¿Keith va a estar en el disco?”, o “¿Keith va a estar en el show?” Entiendo que la gente pregunte esas cosas, pero no es su banda. Es mi banda, que toca de vez en cuando, y se llama The Dirty Strangers. Y quiero que el grupo represente en vivo todo lo que grabamos.

Bueno, como sea, es otro disco que no deja de encantarme.
Alan: A mí también me encanta, porque suena genial. “Keith, “¿podrías venir y tocar en el disco?” Keith es genial, pero no toca en vivo con nosotros.

Siempre escribís solo. De hecho sos el único que escribe las canciones de los Dirtys.
Alan:
Y ahora que estuve tocando con Danny desde hace un tiempo…Danny escribe canciones, y sin dudas va a colaborar de aquí en adelante.

Pero básicamente todas las canciones del último disco son tuyas.
Alan: Sí, pero hay un par de canciones, como en el caso de “Running Slow” y “Are You Satisfied”, que fueron co-escritas con Alistair…Pero Alistair murió hace 10 años. Fue un gran compañero. Y después está “One Good Reason”, que escribí junto a Tam Nightingale, y además Scotty co-escribió “Short & Sweet”. Pero en verdad, sí, fue mi álbum.

¿Qué cosas te inspiran a la hora de escribir canciones? ¿La vida cotidiana?
Alan: Definitivamente, la vida diaria. Si tengo una pausa, o un momento de calma, al igual que la mayoría de la gente, soy mejor escribiendo cuando estoy entre la espada y la pared. Cuando estoy cómodo, cuando todo funciona bien, me resulta muy difícil escribir canciones, porque hay paz en mi vida. ¿No creés, que es así, Danny? ¿Que se escriben mejores canciones cuando se está alborotado?
Danny: Sí, por supuesto.

Si no fuera así, no existirían los músicos ni las canciones de blues.
Alan:
Sí, exactamente. Los momentos difíciles son los que te llevan a escarbar profundo.

Y supongo que lo mismo le sucede a los escritores.
Alan: Sí. Bueno, ¿cuántos escritores y comediantes torturados conocemos? Gente que es maníaca-depresiva, y que hacen hermosos trabajos.
Danny: Y se enfocan en su desorden interior.

Es como que de alguna manera lográs exorcizar tus pesares. Resulta toda una terapia, finalmente.
Alan: Eso es definitivamente correcto. Si tengo algo muy fuerte dentro de mi cabeza, sin dudas voy a escribir una canción sobre eso.

15..

Los Dirtys hoy: Danny Fury, Alan Clayton, Cliff Wright y Scott Mulvey

Y, más allá de las letras, no es fácil encontrar bandas cono los Dirty Strangers hoy en día, con toda esa cosa blusera y de rock´n´roll badass, con un filo de punk rock. Y ahora, ¡bienvenido Danny y la sangre nueva en el grupo!
Alan: ¡Así es!

MAYBE IT´S BECAUSE I´M A LONDONER
¿Qué piensan de la escena musical actual londinense?
Alan: ¿Puedo ser totalmente honesto con vos? La escena musical me importa un carajo, solo me importan los Dirty Strangers. Cuando estás en una banda de rock and roll, no te pueden importar los demás. Realmente, porque fuckin’ amás el rock and roll. ¿Lo ves así, Danny?
Danny: Sí, es como que estás atrapado en tu propia cosa. Pero si es que tal vez puedo responder a esa pregunta, de todas formas tengo una pequeña impresión al respecto, ya que aún estoy algo interesado en lo que sucede. Una saca nuevo material en ese contexto, y si querés que el mundo lo conozca, tenés que ponerte a trabajar. De ahí es que viene mi interés. Es realmente como dijo Alan, es como si fuera un cliente limitado. Pero creo que existe una gran falta de personalidades, una falta de expresión auténtica. Pareciera que todo el mundo copiara algo que ya había sido hecho antes.

Bueno, eso sucede porque mayormente lo hacen porque sólo están interesados en ganar dinero.
Alan: Sí, sí…
Danny: Es verdad que se hace música por dinero, pero no hay mucha música que realmente te alcance y te toque de cerca, quiero decir, algo que represente una expresión genuina de personalidad.
Alan: Además, todavía sigo descubriendo música de los ’50, hay toda una estructura musical de esos años.
Danny: Existe tanta música…
Alan: Me gustaría saber si eso de la música en sí sigue sucediendo con los más jóvenes. Yo no soy quién para comentar sobre lo que les gusta a los quinceañeros, porque no tengo 15 años. ¿De acuerdo? Pero sé lo que hago a mi edad. Y hago rock’n’roll. Veo que muchas bandas se comprometen, pero nosotros nunca nos compremetemos, sólo tocamos lo que tocamos. A lo largo de mi carrera, siempre me fijé en las modas, después me olvidé de eso, y más tarde le presté atención a la moda nuevamente. Uno simplemente hace lo que hace.

Es exactamente como lo dijiste, siempre se trata de mirar al pasado, porque hay tanta música buena ahí…
Alan: Yo escucho mucha radio, por lo que no me cierro al mundo exterior. Todavía hay gente que escribe grandes canciones. Y soy muy protector con el rock’n’roll, mientras hay bandas que juegan con él.
16..Como si sólo fuera una palabra suelta…
Alan:
Sí, y vivo mi vida para eso. Y sé que lo vengo haciendo desde hace mucho tiempo.

Entonces, si es que puedo preguntártelo, ¿de qué vivís fuera de los Dirty Strangers?
Alan: ¡Soy el mayordomo de Danny! (se ríe fuertemente)

Bueno, es que me resultaba curioso saberlo…
Alan:
Él es de Suiza, entonces tiene mucho dinero… (risas)

Sin dudas, Suiza está llena de millonarios.
Alan:
¡Claro que los hay! (risas) Y nosotros somos sus empleados.
Danny: Debería pedirle que se cambie el nombre por el de James, o algo así… (risas)

BOB & MARLEY & ALAN & JOHNNY
Alan, recuerdo haber leído una historia tuya junto a Bob Marley que me resultó muy divertida…
Alan:
¡Con mucho gusto! Cuando trabajaba para Jimmy Callaghan, a fines de los ‘70, una vez estábamos trabajando en el Crystal Palace’s Bowl, que era un lugar abierto para shows en el sur de Londres, y en aquel momento el área de backstage no tenía camarines. En su lugar se usaban carpas grandes. Y mi trabajo consistía en cuidar la carpa en la que estaba Bob Marley. Big Joe también estaba ahí. Y lo que ocurrió fue que, en esa época, lo de la Seguridad no era como es ahora. La zona del backstage tenía vallas muy bajas alrededor del lugar, y no había mucha Seguridad, y parecía ser que todos los jamaiquinos que habían ido al show pensaban que tenían el derecho de conocer a Marley. Entonces lo que hacían era saltar esas vallas, tratando de meterse en su carpa, y yo era el único que estaba ahí para pararlos.

18..Bob Marley era realmente “la gran cosa” en aquellos años…
Alan: ¡Claro que lo era! La “gran cosa” para los jamaiquinos. Era su hombre espiritual, y demás. Y la gente que intentaba meterse en su carpa, no le gustaba que yo los parara, si bien ése era mi trabajo, y lo que sucedió es que siempre había conmoción. Y de repente alguien me tocó el hombre y me dijo, “vení, entrá”, y me metió en la carpa de Bob Marley. Marley estaba sentado sobre un amplificador tocando la guitarra, y de repente se puso a liar un porro enorme. Y mientras Bob seguía tocando la guitarra, ¡me hicieron fumar y me drogaron, para calmarme! (risas) Estuve ahí unos 20 o 25 minutos. Y recién me enviaron de vuelta afuera una vez que me calmé.

¡20 minutos con Bob Marley! No es una historia muy común…
Alan:
¡Sí!

¿Te gustaba la música jamaiquina en ese momento?
Alan:
Sabés, cuando era joven, mi primera música fue el ska. Johnny, mi padre, era un “teddy boy”, por lo que amaba el rock and roll. Él es cantante, hice un álbum con él.

Sí, leí algo sobre eso.
Alan: Y Keith toca en el álbum, y Bobby Keys también. Ese es el disco de mi papá, Johnny Clayton.

¿El disco fue ya fue editado? ¿ O se trata de una grabación privada?
Alan:
No, aún no, pero ya va a editarse. Brian James, Keith Richards, Bobby Keys, Jim Jones (de la Jim Jones Revue) y Tyla, de los Dogs D’Amour. Todos tocando con mi padre.

19..¿Todas sesiones de estudio?
Alan: Sí. Ése va a ser el próximo disco que se edite, el de mi padre. El de John Sinclair ya había sido editado a través de otro sello, y de hecho también vamos a grabar otro álbum con los Dirty Strangers. Pero antes que todo eso vamos a reeditar el primer disco de la banda, “The Dirty Strangers”, pero con nuevo material, inéditos, etc. Supongo que el disco de mi papá va a ser lanzado al mismo tiempo. Hay gente grandiosa en el disco.

Es verdad, es una gran formación. ¿Va a incluir nuevas canciones o son todos covers?
Alan:
No, son todas canciones de Dean Martin, y de Frank Sinatra. Y la banda básica en el disco es Mallet en batería, Dave Tregunna en bajo, Scott Mulvey de los Dirtys en piano, y yo tocando acústica, y después están los guitarristas y los saxofonistas invitados.

¿Tienen la idea de salir a hacer shows en otros países, o son más una banda local que suele tocar en Londres, o en otras ciudades inglesas?
Alan: ¡Queremos tocar en todas partes! Ya tocamos en Europa, y ahora, con Danny en la banda, iniciamos una nueva etapa. Necesitábamos realmente que nos maneje alguien que esté más al nivel de la tierra, y mi hijo Paul está haciendo todo eso.

Se lo ve muy entusiasta.
Alan: Lo es, ¡es el hijo de su padre! Entonces, sí, queremos tocar en donde sea.

Como músico, ¿existe alguien con quien te hubiera gustado grabar o tocar?
Danny:
En verdad quería tocar conmigo… (risas)
Alan: ¡Oh, mis sueños finalmente se hicieron realidad! Te lo digo así, si no fuera con Danny (risas) sería con alguien como Otis Redding, mi cantante favorito de todos los tiempos. Sí, es mi cantante favorito. Fin de la historia.

Sos un “soul man”.
Alan: Sí, pero mi papá era un “teddy boy”, así que soy una mezcla extraña.

Es todo lo mismo, es música maravillosa, después de todo, ya sea soul, rock and roll, rhythm and blues…¡Todos esos grandes músicos negros!
Alan: No pueden hablar como yo, ¡pero yo sí puedo hablar como ellos! ¡Jajaja!
Danny: Lo sienten en el corazón, digo, tienen ese sentimiento. Y encima de todo, Alan tiene una gran voz.
Alan: ¡Gracias! Deberíamos parar aquí… (risas)

20..y

El autor de esta nota junto a los protagonistas de la misma: el negro es el nuevo negro

RECUERDOS DEL FUTURO
Es tal como dijiste, se trata mayormente de volver al pasado, que es cuando se hizo la mejor música. Justamente ayer estaba escuchando mi disco en vivo favorito de todos los tiempos, el de Jerry Lee Lewis en vivo en el Star Club de Hamburgo en 1964, que vendría a ser…¡el disco más salvaje que alguna vez se grabó! Eso sí que es heavy metal. Alguien incluso lo describió como “no un álbum, sino una escena del crimen”
Alan:
¡Sí! Te voy a contar una historia muy divertida que Ronnie Wood me contó, de cuando estuvo de gira con Jerry Lee. Estaban los dos caminando juntos en el lobby de un hotel, y apareció una mujer, que abrazó a Jerry, diciéndole “Jerry, olés maravillosamente, ¿qué te pusiste?” Y él le contestó, “lo que pasa es que se me paró, honey. ¡No sabía que podías olerlo desde ahí!”
Danny: ¡Es increíble!
Alan: ¡Esa es genial! ¿O no?

Me encantan las historias así. ¿Alguna más que quieras contarme?
Alan:
¿Querés saber cómo es que escribí la canción “She´s A Real Boticelli”?

21..Me encantaría saberlo. Siempre me pregunté qué es eso de ser “una Boticelli auténtica”…
Alan:
Bueno, te voy a decir cómo ocurrieron las cosas. Yo estaba en Redlands, y estábamos con Keith en la cocina de la casa, cocinando. Yo estaba pelando papas, y Keith preparaba la carne. En Inglaterra, cuando sos chico, es muy común que leas una colección de libros llamada “Just William” El personaje principal de las historias es un chico de 13 años, que vive en el campo con sus padres y una hermana, y que siempre está teniendo aventuras. Cualquier persona que sea de nacionalidad inglesa conoce esos libros. Supongo que cada país tendrá los suyos. Y este chico forma parte de un gang llamado The Outlaws (Los Bandidos) que tienen una banda rival. Y están todos esos personajes que pasan por el lugar donde vive. Músicos, vagabundos, viajeros…Y todos esos libros fueron escritos por una mujer, Richmal Compton. Y yo me pasé toda mi infancia creyendo que los había escrito un tipo. O sea que esta mujer escribió tosas esas aventuras fantásticas desde la perspectiva de un chico. Y nos dimos cuenta que tanto a Keith como a mí nos encantaban, que habíamos tenido un amor mutuo por esas historias a medida que íbamos creciendo. Y cuando la oficina de los Stones se enteró de nuestro amor por esos libros, nos los enviaron en formato CD, y solíamos escucharlos cuando nos poníamos a cocinar. Y uno empezaba con la frase “she´s a real Boticelli!”, pero en verdad lo que está diciendo es “she´s got a real bottle of cherry” (“tiene una botella real de cherry”) Lo habíamos entendido mal. Miré a Keith y me dijo “parece un fuckin´ título de una canción de Chuck Berry, ¿o no?” Así que viene de ahí, de cuando cocinábamos, del CD del libro. Entonces nos robamos la primera estrofa, y escribimos la canción “She’s a Real Boticelli”

¡Gran anécdota! Y agreguemos que su nombre nació en Redlands, al igual que la historia del jardinero, que se usó para el título de “Jumpin´Jack Flash”. Ya conocés la historia…
Alan:
¡Así es!

OK, saben que podríamos quedarnos hablando horas, pero creo que deberíamos salir para el show de esta noche, y no quiero ser el culpable de que lleguen tarde. ¡Muchísimas gracias!
Danny:
¡Ya mismo!
Alan:
¡Muchas gracias a vos! Y no olvides tu bolso.

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TRISTEZA: FALLECIÓ EL MÚSICO JOHN WETTON, MÍTICA FIGURA DEL ROCK PROGRESIVO INGLÉS

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Publicado en Revista Madhouse el 1 de febrero de 2017

Justo cuando parecía que un cambio de fecha podía augurar un año con noticias más prósperas tras el aluvión de muertes de figuras relacionadas a la historia de la música registrado con creces a lo largo del año pasado, al menos en el corto plazo que lleva el 2017 la lista parece no evitar continuar actualizándose. Esta vez es el turno de John Wetton, uno de los músicos más insignes de la escena del rock progresivo británico y sesionista deluxe (Brian Eno, Bryan Ferry, Phil Manzanera y Steve Hackett, entre tantos), otrora miembro de bandas como U.K., King Crimson, Family, Roxy Music, Uriah Heep, Wishbone Ash y principalmente Asia (de la que fue además co-fundador), y sobre la cual hace unos meses había anunciado no podía formar parte de la futura gira por EE.UU. que el grupo iba a realizar junto a Journey, tras verse obligado a enfrentar un tratamiento quimioterápico.

SU VIDA. John Kenneth Wetton había nacido en Willington (distrito inglés de Derbyshire) en junio de 1949 y, tras pasar por una serie de bandas locales y colaborar en vivo junto a Renaissance, se convirtió en miembro estable de los legendarios Family entre 1971 y 1972. Pero su gran salto a la popularidad terminó dándose al integrarse a King Crimson, en la cual permaneció como bajista y guitarrista hasta 1974 en reemplazo de Greg Lake, en el período que el grupo registró “Larks Tongues In Aspic”, “Red” y “Starless And Bible Black”, tres de sus obras más clásicas y discos básicos de toda colección de rock progresivo que pueda preciarse de tal. Crimson se separaría momentáneamente poco más tarde y la situación llevaría a Wetton a buscar nuevos horizontes, que terminaron derivando en su paso por Roxy Music (con quienes salió de gira en 1975) y Uriah Heep, antes de reformar U.K. junto a Bill Bruford, ex-baterista de Yes, y hasta incluso probar suerte con una carrera en solitario.

asia-band
Asia, un seleccionado de estrellas

SU OBRA. En 1981 Wetton se unió al guitarrista de Steve Howe (también ex miembro de Yes), al baterista Carl Palmer y al tecladista Geoff Downes para formar el supergrupo Asia, cuyo álbum debut llegó a superar las 10 millones de copias vendidas, convirtiéndolo así en el más vendedor de ese año y valiéndole la certificación de multiplatino de la mano de “Heat Of The Moment”, canción que había logrado por entonces una difusión monumental en las emisoras de radio a lo largo y ancho del planeta. Pero no todo lo que reluce es oro y Wetton fue echado de la agrupación dos años después. Entonces, junto a su colega Downes y la llegada de los 2000, reiniciaron su creativa asociación para darle rienda a Icon, su nuevo proyecto en común, con el cual lanzaron tres discos. Pero para entonces Wetton paralelamente pasaba sus días llevando adelante varias luchas personales, incluyendo una contienda severa con el alcoholismo, sumado a un númerode de problemas de índole cardíaca que derivaron en una serie de cirugías y hasta la cancelación de una gira en 2007, pero más principalmente tras serle diagnosticado cáncer, situación que no dudó en hacer pública. “Acepto que no pueda estar aquí el día de mañana, pero habiendo dicho eso, después de haber pasado por lo que pasé, uno se siente maravillosamente”, declaró tras la intervención quirúrgica, la cual “Me otorgó un nuevo panorama respecto a la vida, la cual podría finalizar esta noche mientras duerma, así que aprovechemos el día de hoy al máximo. Aprovechemos todo lo posible ahora mismo”.

SU FINAL. Wetton falleció el 31 de enero mientras dormía en su casa en Bournemouth, donde se había criado, a los 67 años de edad, víctima del cáncer de colon. Así lo expresó su ex colega de banda Carl Palmer (que en lo personal también debió enfrentar la muerte de sus dos colegas en Emerson, Lake and Palmer en 2016): “Con el fallecimiento de mi buen amigo y colaborador musical John Wetton, el mundo pierde otro gigante de la música. John fue una persona gentil que creó algunas de las más perdurables melodías y letras de la música popular moderna. Como músico, fue valiente e innovador, con una voz que llevó la música de Asia a la cima de los charts de todo el mundo. Su habilidad para ganarle al abuso de alcohol lo convirtió en inspiración para muchos otros que también habían peleado esa batalla. Para todos aquellos de nosotros que lo conocimos y trabajamos junto a él, su valerosa lucha contra el cáncer lo convirtió en una inspiración mayor. Voy a extrañar su talento, su sentido del humor y su sonrisa contagiosa. Que tengas un buen viaje, mi viejo amigo”
La última canción que Wetton había registrado en estudio fue “Valkyrie”, la que abría el flamante disco de Asia “Gravitas”, tema que -en una suerte de extraña premonición- incluye la frase “Piensen lo mejor de mí, hasta que volvamos a vernos”… RIP

 

Stones.50.Londres

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Publicado en Evaristo Cultural en enero de 2013

Brian, el Fundador
Corría el mes de mayo de 1962 y un tal Brian Jones, con 20 años de edad, devoto poseso de la escena del Blues que llegaba del otro lado del Atlántico, bohemio distinguido, eximio guitarrista y armonicista, talentoso multinstrumentista y recientemente llegado a Londres desde su ciudad natal de Cheltenham, condado de Gloucestershire, colocaba un aviso en la publicación Jazz News, convocando a músicos a participar de una audición en vista de su más deseado proyecto: una nueva banda de Rhythm & Blues, el estilo por el cual vivía obsesionado.

ImageLos interesados no tardaron en llegar (es necesario citar cada uno de los honrados nombres que fueron apareciendo?) y así, idas y venidas mediantes, y tras lograr adentrarse en la por entonces subterránea escena del R&B local (considerada toda una excentricidad para los tiempos que corrían), Brian se convertiría en el fundador de los Rolling Stones. El mismo que eligiría a sus miembros, que le daría el nombre al grupo y decidiría qué tipo de música tocar. Y el que les conseguiría sus primeros shows. El resto es historia. Con el transcurrir de los años perdería su rango original de líder de los Stones, eventualmente desplazado a un lugar secundario tras el enorme suceso de Mick Jagger y Keith Richards como compositores, y como figuras centrales en las presentaciones de la banda. Por una larga lista de cuestiones, desde las más y menos entendibles a las menos considerables y, principalmente, por desarrollar una fuerte adicción a las drogas, Brian también perdería su integridad física y emocional, bastante antes que le fuera sugerido abandonar el grupo a mediados de 1969. Brian Jones, el creador, también acabaría perdiendo su vida, en julio del mismo año.

ImageEl Milagro de Dartford
Son casi 50 minutos de viaje en tren hasta Dartford. Al menos eso es lo que me asegura el guarda de la terminal de trenes de la estación Victoria, después de la de Waterloo, la de más tráfico en Londres. Ha salido el sol y el reloj de Victoria indica que se acerca el horario de partida que figura en mi boleto. La estación de trenes de Dartford representa uno de los momentos más sustanciales en la fundación de los Stones cuando, en la mañana de un día de octubre de 1961, un tal Michael Philip Jagger, residente de ese suburbio londinense, en el condado de Kent, al sudeste de la capital británica, se encontró casualmente con un tal Keith Richards, habitante del mismo distrito, con quien 10 años antes había sido compañero de primaria en la escuela Wentworth. Jagger cargaba una buena cantidad de vinilos de Blues y Rock and Roll de su colección (Chuck Berry, Muddy Waters, Little Walter) que encandilaron a Richards. Keith llevaba una guitarra eléctrica. Juntos compartieron el viaje en tren hasta Londres, 26 kilómetros a lo largo de los cuales Mick le sugirió a Keith unirse a Little Boy Blue and the Blue Boys, el proyecto amateur de Rhythm and Blues al que Jagger dedicaba buena parte de su tiempo y que, más tarde, con la llegada de demás acólitos (de vuelta, ¿es necesario citar cada uno de los honrados nombres que fueron apareciendo?) se convertiría en The Rolling Stones. Ha pasado más de medio siglo desde aquella gloriosa jornada y estoy en un tren rumbo al suburbio en cuestión. Son 11 estaciones, sin incluir las de destino y llegada. Lo sé muy bien, las voy contando una tras otra a medida que el tren atraviesa la periferia londinense. Denmark Hill, Peckham Rye, Nunhead, Lewisham, Blackheath, Kidbrooke, Eltham, Falconwood, Welling, Bexleyheath, Barnehurst… ¡Dartford! El personal de la estación me observa con curiosidad, se preguntan qué hace alguien sacando fotos de la estación de manera tan deliberada. Quizás desconozcan que estoy en “Tierra Sagrada”. Y que mi peregrinaje continúa con una visita al hospital de Livingstone donde, contribución de sus padres mediante, dio a luz a Mick y Keith en 1943. Y una pasada por la Dartford Grammar School, de la cual Mick fue inmaculado alumno y capitán del equipo de basketball. Pero son más de las 4 de la tarde y, una vez más, soy víctima del implacable otoño londinense y su noche prematura. Es hora de retornar a la estación para abordar el tren de regreso.
Insatisfecho, visitaría Dartford nuevamente unas dos semanas más tarde. Me aseguro hacerlo más temprano y que en esta segunda oportunidad la luz del día me favorezca lo adecuado como para (por qué no?) una nueva inspección del hospital. También vuelvo a pasar por la escuela, en esta ocasión con el agregado de un paseo por el Mick Jagger Centre (anexo al colegio), complejo artístico que su más célebre alumno decidió inaugurar en el año 2000. De ahí, colinas y caminos en subida mediantes, es más de una hora de marcha hasta las casas de las calles Denver y Chastilian Road, en las afueras del suburbio, y donde, respectivamente, Jagger y Richards transitaron sus días de infancia. La morada original de Keith yace ahora sobre una florería, y la de Mick, no menos modesta, luce ahora un cartel que reza “en venta”. Me queda otra hora de caminata y dos piernas entumecidas para volver a la estación de Dartford. Se me ocurre no leer el cartel de destino del tren de retorno a Londres y, en lugar de dirigirme a Victoria, termino por error en la estación de Charing Cross. Mientras tanto, cruzo el Támesis que, desde mi ventanilla del tren, resplandece bañado en las luces del Parlamento británico. Son menos de las 6 de la tarde, pero estoy cerca de Piccadilly Circus, de las calles Oxford y Carnaby, o del Soho. El día aún es joven y es hora de una nueva travesía por la ciudad.

ImageNoche de cumpleaños
Veinte minutos. Tengo una manía con las fracciones de tiempo. Eso ni siquiera es media hora. Prefiero pensar en que son 1200 segundos; así parece ser más. A veces resulta ser un buen truco para engañar a la mente. Según la mujer de los altavoces del estadio, que acaba de anunciarlo, esa es la cantidad de tiempo que, nunca antes tan tirano, resta para el comienzo del show. Que es nada más y nada menos que el primero de una totalidad de cinco conciertos (los dos inaugurales en Londres, más otros tres en Estados Unidos) que los Rolling Stones, y después de un lustro sin salir a la ruta, decidieron llevar a cabo bajo el lema de 50 and Counting (50 y contando…) para conmemorar su quincuagésimo aniversario. Por lo que queda muy poco, en rigor prácticamente nada, para que asista al evento tan soñado, más allá del medio centenar de conciertos de la banda con los que cuento en mi haber. Esto es, entiéndase, en la ciudad natal de la banda. Un espectáculo de ensueño, estoy en absolutas condiciones de asegurar. Éste es el lugar, entonces, y el momento correcto. Porque, además, esta noche, la del 25 de noviembre, la primera de las dos veladas en el O2, el show contará con agregados estelares. Y no los de invitados de turno como Jeff Beck o Mary J. Blige (una nueva pequeña muestra de show business), pero las de Bill Wyman (el bajo original de los Stones que, por primera vez, retornará al escenario junto al grupo tras alejarse de la banda dos décadas atrás) y la de Mick Taylor, que también desertó de las filas de la Banda de Rock’n’roll más grande de todos los tiempos, pero a mediados de los 70… Ocasiones como éstas eran hasta ahora inimaginables. No estaban en la lista de sorpresas, pero finalmente me convenzo de que Superman no mentía cuando decía poder invertir la rotación de la Tierra. Insisto: éste es el lugar. El único y pequeño problema es que… bueno, todavía estoy sin entrada. Todas las posibilidades barajadas hasta el momento finalmente brillaron por su ausencia. Esta vez no hay tickets de favor ni nada de eso. Contra todos los pronósticos que aseguraban que la demanda de localidades iba a ser escasa por sus altos precios, la taquilla está prácticamente agotada. No es difícil comprobarlo. El O2 está atestado de gente; han llegado desde los destinos más remotos imaginables y todo indica que se me están acabando las fichas. Lo tengo muy presente. Mi ritmo cardíaco se encuentra fuera de lo normal, tengo la boca empastada y nada logra que evite pensar que cada vez falta menos. Y menos todavía. Y ahora un poco menos. Y que la idea de retornar a la casa de mi familia amiga convertido en un maldito zombi, suena algo alarmante. Los Stones están a punto de salir a escena. No soy lo que se dice un convencido de la telepatía y, por ende, no piensan apiadarse de mí. Ya he rezado en todas las lenguas posibles y soy un perrito fiel buscando compasión y empatía. Transtornado, recurro a la ventanilla de venta de entradas (¿cómo no se me ocurrió?) y, mientras tanto, me dedico a tejer las mil y una maneras de pasar a mejor vida o a meditar si el hospital más cercano cuenta con sala de guardia. Tengo una tarjeta de cobertura médica en la billetera, llegado el caso. Hay cuatro personas en la fila. A todas se las ve en condición de desperación. Son parte de mi equipo, pero la idea no resulta de ayuda alguna. Pasan, pagan, se retiran felices. Se los ve jubilosos. Hay cambios significativos en sus rostros y han modificado el rictus. Es una buena señal, creo suponer. “Necesito un ticket, ¿queda algo?”. Solidaria, la empleada de turno teclea algo en la computadora. Y acto seguido me sonríe. Claro, yo también me pondría feliz de evitar un suicidio. Por las dudas, me pellizco. Entrada en mano, exultante como un niño corriendo a través de una pradera, me materializo frente a puertas de ingreso, que son las finales de todo el enorme complejo del O2, la auténtica pista de despegue. Faltan menos de diez minutos, recupero el pulso y el tono original de mi piel, que incluso había logrado superar al “bronceado londinense” del que todo visitante a Inglaterra en el mes de otoño jamás podría jactarse. Sonrío más que Laura en La familia Ingalls. Tengo una muy buena ubicación, voy a estar en la fila 16, en el sector del piso y a no más de 20 metros del escenario. Y hacia allí vamos, entonces. Vuelvo a respirar, exhalo, inhalo. Bajo las escaleras a ritmo olímpico. Las luces del O2 se apagan. Es hora de otro pellizco, por si las moscas. Y me dispongo a disfrutar del que sería un show emblemático, y del mejor cumpleaños al que alguna vez, casi con seguridad, podré asistir. Misión cumplida, entonces. Aún me resta el show del 29; son sólo 4 días más, pero esta vez cuento con una entrada anticipada en mi haber, que me asegura dormir plácidamente la noche anterior. Y haberle evitado una sesión de primeros auxilios a los paramédicos de mi servicio de cobertura al viajero.

ImageBrian (revisitado)
Son poco más de las 3 de la tarde. Falta algo menos de una hora para que el cielo de Inglaterra se tiña de oscuro y que todo se cubra de estrellas, aunque los eternos cielos nublados ingleses las obstruyan. Me encuentro en el cementerio de Prestbury para visitar la tumba de Brian. Sus restos descansan aquí desde julio de 1969. Llegar no fue cosa de todos los días. Es que, por algún motivo, siempre pensé que sus restos descansaban en Cheltenham, pero deduzco que todo este tiempo estuve mal informado. Me lo certifica el primer ciudadano que encuentro ni bien bajo del busque tomé en Londres. Muy por el contrario, para llegar a la villa aledaña de Prestbury, desde Cheltenham, debo realizar una muy prolongada caminata atravesando campo abierto. En rigor, salir de los límites de la ciudad, llegar al pueblo siguiente.
Es un momento de clara conmoción, de emociones mezcladas y de profunda ansiedad. La necrópolis de Prestbury es bella y antigua, de campos verdes y piedras de color tan plomizo como el cielo que la cobija; las típicas de un viejo cementerio inglés, de tierra adentro, enclavado en la campiña. Cruzo la puerta de ingreso al cementerio. Siento la tierra firme y húmeda bajo mis pies, pero de algún modo es como estar caminando en el aire. La sensación se incrementa cuando me dirijo a la oficina de información, situada apenas unos metros después de la entrada del camposanto. Reina un frío intenso y sopla un viento hostil. El cementerio de Prestbury no es muy extenso, de todos modos. Ahora estoy hablando con la empleada de la Secretaría, le indico que vengo a visitar una tumba pero que desconozco su paradero. Claramente le señalo que se trata de Brian Jones. “Oh, Brian?”, me responde. Me alcanza un mapa del lugar, en el que traza el camino hasta la tumba de Brian con resaltador. “No está lejos, simplemente siga derecho unos 60 metros, doble a la izquierda en el primer camino y allí está, cerca de la zona donde estacionan los autos”.
Segundos más tarde, la lápida de Brian, la misma que he visto millones de veces en diversos libros y revistas, está a escasos 2 metros míos. Miro alrededor y no hay nadie. Nadie, absolutamente nadie. Tan sólo logro escuchar unas voces a la distancia, seguramente de asistentes a algún servicio de sepelio que se está realizando. O, al menos, éso me parece. Leo la leyenda grabada sobre la lápida, “En afectuoso recuerdo de Brian Jones”. Desbordado por la emoción, caigo de rodillas y, naturalmente, me descubro aferrado a la lápida. De algún modo, es la actitud equivalente, consciente o inconscientemente, de abrazar a Brian. Como si fuera él quien está frente a mis ojos. Y, desde ya, mi único posible encuento. Descarto toda posibilidad de morbidez y comienzo a hablar. Mis palabras son de agradecimiento, claro. Le cuento de lo importante que me resulta semejante momento y sobre la gran distancia que tuve que recorrer para llegar allí. No encuentro mejores palabras para dejar fluir mis ideas. De los años que estuve esperando la oportunidad de hacerlo. Y de mi querida madre, a quien perdí hace apenas cinco meses. Y del camino a la paz interior, de la cual pretendo inundarme en el día a día. Me quiebro y lloro (¿es de hombres hacerlo?). Distendido (podrían haber transcurrido diez, veinte, cuarenta minutos, en rigor no lo sé), decido sentarme en el banco que está frente a la tumba. Me pasa toda mi vida por la cabeza en apenas unos segundos. Sigue habiendo nada ni nadie alrededor, tan sólo Brian y yo. Y las demás tumbas, claro. Algunas datan de siglos. Acomodo las flores y ornamentos que otros admiradores han dejado. Hay fotos de Brian, dibujos, textos escritos en diversas lenguas. Prometo volver a visitarlo en cada oportunidad que me sea posible. Es toda una experiencia religiosa para alguien muy poco religioso. Me retiro feliz. Hay un estado de plenitud inexplicable, una deuda saldada que lo garantiza.
Libre de adrenalina, decido tomar el bus de línea local para regresar al centro de Cheltenham. Está helando y aún me restan más de dos horas de ruta para retornar a Londres, tiempo suficiente para agradecer a un tal Brian Jones por estos últimos 50 años, los mismos que forjaron la banda de sonido de mi vida. Y todavía contando…

Exhibición: “Autorretrato de la Muerte”

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Publicado en Evaristo Cultural en enero de 2013

Situado en pleno Euston Road, una de las calles más tradicionales del área central de Londres, y no tan lejos de la porción más turística, aquella conformada por Piccadilly, Oxford o Carnaby Street, el espacio cultural Wellcome Collection resulta ser una de las opciones más atractivas que la capital británica pueda ofrecer. Por lo menos, para los más indiscretos. Bajo el lema “Un destino gratuito para los incurablemente curiosos”, la Wellcome Collection rinde un fiel tributo a su bien merecido mote, una travesía a exhibiciones inusuales, fuera de lo común. Por tal motivo, no vacilé siquiera una fracción de segundo en enterarme de su exposición más reciente, y la más galardonada. Oportunamente bautizada Death, A Self Portrait (“La Muerte, un autorretrato”), la muestra presenta la colección privada del rastreador de antigüedades Richard Harris. Originario de la ciudad de Chicago, Harris ha cruzado el océano para instalar en Londres su último proyecto, un conjunto de piezas único en su especie, dedicadas exclusivamente a La Muerte (así, con nombre propio y en mayúsculas), de asombrosa diversidad, y que reúne más de 300 artefactos históricos, obras de arte, especímenes y rarezas varias relacionadas a la iconografía de la mismísima Parca, y a nuestras actitudes históricamente contradictorias y complejas sobre ésta. Desde grabados de Rembrandt, Goya o Dürer y postales metamórficas antiguas hasta dibujos anatómicos o arte de tinte bélico. Series de restos humanos en clara yuxtaposición con pinturas vanitas (estilo artístico del norte de Europa de 400 años de antigüedad), grupos de calaveras incaicas milenarias o, como no podían faltar, trabajos en papier-maché mexicanas del siglo pasado, celebrando el Día de los Muertos, todo en el marco de una colección seductoramente macabra y encantadoramente singular. “Una ventana abierta a nuestro persistente deseo de hacer las paces con la muerte”, tal como lo señaló un crítico. Aventura para la cual Harris se apropió de cinco salas temáticas dentro del complejo, convenientemente rotuladas, y en este mismo orden: ‘Contemplando la Muerte’ (o de cómo contemplamos la mortalidad, con su obra estrella, el óleo del belga Adriaen van Utrecht Naturaleza Muerta junto a un Bouquet y una Calavera, del año 1643); ‘La Danza de la Muerte’ (sobre la certeza universal de la muerte), ‘Muerte Violenta’ (dominada por tres segmentos de trabajos considerados los más poderosos manifiestos antibélicos alguna vez realizados); ‘Eros y Thanatos’ (que refiere a la fascinación de las personas por los fenómenos mórbidos, y no por su simple curiosidad científica); y ‘Conmemoración’ (sobre las transformaciones de los rituales asociados a la muerte a través de los siglos y en las diferentes culturas).
Hay piezas de escultura china en jade, antiquísimos textos sobre anatomía humana, figuras de “guardianes de tumbas” provenientes de islas perdidas en el Pacífico, tazas ceremoniales tibetanas, vasijas aztecas precolombinas y fotografías de gente posando con accesorios fúnebres. El factor omnipresente en cada una de las obras expuestas es que todas presentan, al menos, un cadáver o, más mórbidamente aún, una parte de éste. Harris no incluye huesos de animales, ni ninguna práctica asociada a la taxidermia. Su colección refiere exclusivamente a la universalidad de la muerte humana y a la pluralidad de las diversas expresiones sobre ella a través de los siglos. Con más de 70 años de edad, Harris, cuya previa presentación de la muestra en el Centro Cultural de su ciudad natal a principios de año atrajo a más de cien mil visitantes, por ende convirtiéndose en la exhibición más exitosa en la historia de la galería, asimismo no parece cesar su obsesiva acumulación de material en cuestión, recientemente incorporando un Chevy de 1958 decorado con motivos mexicanos del (una vez más) Día de los Muertos, acaso la celebración fetiche por excelencia sobre la muerte a nivel mundial y que, seguramente, agregará a una posible futura versión de la exposición.

ImageCuriosa y sorpresivamente, una de las obras más visitadas de la exhibición corresponde al trío de artistas argentinos agrupados bajo el nombre de Mondongo Collective (esto es, Augustine Picasso, Manuel Mendanha y Juliana Laffitte), una muy fresca y monumental obra de 2011 realizada enteramente en plastilina. ‘Calavera’ (en español original), y tal como reza el texto de refrencia que la acompaña, es “un collage tridimensional que refiere al dominio económico y cultural de Europa y Estados Unidos, representado por la arquitectura neoclásica y la literatura de Occidente, y sus consecuencias radicales en Sudamérica evocadas por las villas miseria de las grandes ciudades de Argentina”.

ImageEn la introducción del catálogo que se nos brinda a los visitantes que hemos colmado la muestra, la artista inglesa Jodie Carey, cuyo candelabro conformado por 3000 huesos de plástico da la bienvenida a la primera de las salas del evento, acertadamente indica que “en el corazón de esta exhibición radican preguntas sobre el valor del arte a la hora de comunicar ideas sobre la muerte y el cuerpo”. Carey se pregunta: “¿Es posible que la producción y apreciación de obras simbólicas nos ayuden a negociar con la muerte? ¿Cuál es la función que cumplen los objetos inanimados en los rituales de los entierros o velatorios? ¿De qué manera pueden nuestras pertenencias contribuir a activar recuerdos que nos conecten con los muertos? ¿Qué habría detrás del impulso que nos lleva a coleccionar objetos que refieren a nuestras actitudes hacia la muerte misma, o el empeño en trascenderla?” Tales preguntas no dejan de repetirse a medida que atravesamos los cinco sectores de la muestra, diseñados para enaltecer la naturaleza ecléctica de la colección. Un moderno gabinete de curiosidades, que funciona parcialmente como la autobiografía visual de algo en particular, simultáneamente brindándonos la oportunidad de examinar nuestros propios sentimientos respecto a la mortalidad. Por momentos, perturbadoras, ocasionalmente macabras y a menudo conmovedoras, las imágenes presentadas proveen una comprensión particular sobre la historia de nuestro eterno deseo de hacer las paces con la muerte”.
Death, A Self Portrait se exhibe en el Wellcome Collection hasta el 27 de febrero de 2013.