DISCOANÁLISIS: LOS INTERMINABLES STONES Y SUS TRES AÑOS “EN EL AIRE”

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Publicado en Revista Madhouse el 9 de diciembre de 2017

edición deluxePACIENTE: Rolling Stones “On Air” (Interscope, 2017)

HISTORIA CLÍNICA: Ahora que las bóvedas del tiempo finalmente se dignaron a parir, ahora que el reloj que no para de girar sigue acrecentando el pasado minuto a minuto, los Rolling Stones finalmente editaron uno de los lanzamientos más esperados de sus -hasta ahora- más de 55 años de carrera. Y no sólo para regocijo de sus fans. “On Air” viene a cumplir ese objetivo tan largamente soñado, llenando uno de los tantos huecos que también habían quedado pendientes en la vastísima historia del rock y la música popular: editar oficialmente las sesiones de radio registradas para la BBC durante las etapas más prematuras de la banda.

Si ya lo habían hecho los Beatles en 1994, o Led Zeppelin tres años después (tan sólo por nombrar las más recordadas), ¿qué esperaban los Stones para decidirse a brindarle oficialmente al público parte de todas esas grabaciones seminales y formativas? Con seguridad, mucho habrá tenido que ver el éxito logrado con “Blue & Lonesome”, su más reciente trabajo de estudio, una colección de covers de blues registrados de manera cruda y directa en apenas un puñado de días, lanzado en diciembre del año pasado y que terminó tomándolos por sorpresa. “Ya estoy esperando a que salga el segundo volumen”, sugirió Keith Richards al respecto en aquellos días. Y entonces todo podría indicar que tal vez ésta sea la respuesta a semejante interrogante. Indiscutiblemente esa secuela a la que Richards aludía está representada por “On Air”. Si “Blue & Lonesome” nos mostraba a los Stones rindiéndole tributo a la música que los inspiró originalmente, el nuevo disco -que presenta material muy antiguo, paradójicamente- representa el primer lanzamiento legítimo de material en estudio y en vivo que el grupo grabó para la BBC entre 1963 y 1965, en instancias en que su ascenso a la fama comenzaba a dar señales más certeras, y también marcando aquel antes de que la sociedad compositiva de Mick Jagger y Keith Richard (que por entonces usaba su apellido sin la “s” original) comenzara a dar frutos. Y con Brian Jones en la banda, claro.

“En el momento en que lo hicimos, nos dijimos ‘¡Oh Dios mío, la BBC!’”, apuntó el guitarrista en una reciente entrevista para el diario L.A. Times. “Sólo queríamos ocultar el terror auténtico que teníamos. Había muchísima adrenalina”. Y a los hechos nos remitimos, entonces. Por aquellos años, el gobierno británico había instruido a las transmisoras que los artistas grabasen canciones diferentes para las emisoras de radio y de TV, o bien que las registren en vivo. Pero lo que podía ser una tarea extra para quienes tenían que someterse a esa política estatal, que claramente no formaba parte de sus agendas, acabó siendo una gran oportunidad para dejar una buena cantidad de nuevas tomas de muchos de sus grandes éxitos para la posteridad, o versionando canciones que, de otra manera, jamás hubieran alcanzado el vinilo. “La BBC quería que formemos parte de todo eso, y realmente no sabíamos por qué, o qué estábamos haciendo”, agregó Keith. “Tocábamos blues en bares, pero entonces metimos un disco en el Top 10, y de repente éramos la otra alternativa a los Beatles… Dios los bendiga. Lo primero que recuerdo sobre mi encuentro con la BBC es el tipo que estaba a cargo de controlar los micrófonos. Tenía un bigote enorme, como si fuera un oficial de la Fuerza Aérea Real británica, que me dijo ‘Si llegás a tocar ese micrófono, te decapito’. De todas formas yo no tenía idea de qué es lo que iba a hacer con el micrófono, pero tampoco es que él la tuviera mucho más que nosotros”.

ROLLING-LIBROAnticipado por un libro con un título de características similares titulado “Rolling Stones On Air In The Sixties: TV and Radio History As It Happened”, que detalla las presentaciones en radio y TV del grupo de 1963 hasta 1969, editado en noviembre, “On Air” (el vinilo, de tapa naranja) fue lanzado mundialmente el pasado 2 de diciembre, reuniendo 18 canciones -a las que se agrega una edición deluxe con 16 más, de cubierta amarilla, y una tercera en vinilo doble del mismo color- todas ellas registradas en sesiones de radio para distintos shows que integraban la programación de la BBC desde 1963 a 1965 (“Saturday Club”, “Top Gear”, “Rhythm And Blues” y “The Joe Loss Pop Show”, entre otros), de las cuales ocho nunca fueron registradas o editadas comercialmente. Para la ocasión, todas las tomas fueron sometidas a un proceso de remasterización especial bautizado “separación de fuente de audio”, en el que los ingenieros de los estudios Abbey Road contratados para realizar el proyecto se encargaron de que cada porción del audio radial (esto es, voces e instrumentación) fuera separada de la mezcla original para luego ser reconstruidas y remezcladas en conjunto, de esa forma logrando un sonido final con más sustancia. Los resultados pueden llegar a ser llamativos para quienes escuchen las pistas por primera vez, pero no tanto para aquellos que conozcan la sesionografía de los Stones más en profundidad. ¿El motivo? Todas las canciones que integran “On Air” ya habían visto la luz en decenas de bootlegs (ediciones piratas, no oficiales) desde al menos mediados de la década del 70. Nada nuevo para ellos, entonces, salvo la leve pero no menos sustancial mejora en la calidad del sonido, 50 y pico de años después, remasterizado para la edición que nos compete.

“Cuando escucho las canciones”, continúa Richards, “siento que hay mucha energía y entusiasmo, y me dan ganas de ponerme a remixarlas. Pero en esa época no se remezclaban. Uno pensaba –creía, habiendo sido criado en Londres- que la BBC sabía lo que hacía. Y después cuando nos grababan allí uno descubría que no tenían la menor idea de cómo grabar a un grupo así. En aquellos shows uno no tenía noción de lo que los micrófonos estaban captando, y de cómo se iba a escuchar después en la radio. Sólo esperábamos que saliera lo mejor posible. Escuchándolas ahora, pienso que capturaron el espíritu de todo. Podría ponerme a discutir si Brian sonaba muy alto, o no, pero fuera de esas cosas, creo que es un disco fascinante” Y así lo demuestra la mayor parte del material incluido, aún cuando los expertos más avezados, aquellos ya familiarizados con las canciones gracias a esas grabaciones inéditas que habían circulado muchos años antes, puedan llegar a descubrir que las versiones de “Hi Heel Sneakers” y “Ain’t That Loving You Baby” no están completas, lo que podría ser una buena pregunta para los ingenieros detrás del proyecto. Muchas de las canciones suenan realmente oscuras, por lo que la comparación con las tomas que aparecieron originalmente en los piratas pueda resultar apenas simbólica (como en el caso de “Walking The Dog”, grabada para el programa “Saturday Club” de 1964), mientras que en “Little By Little”, del mismo año, la calidad del sonido es muy cristalina. Tanto o más que el sonido del bajo de Bill Wyman, o sus coros junto a Richard(s) y Jones, que marcan una gran diferencia respecto a los de las versiones que antes habían visto la luz extraoficialmente. Otras directamente pierden las introducciones originales de los anunciadores radiales, como en el maravilloso cover de Bo Diddley “Cops And Robbers”. Y agreguemos un detalle más: el listado de las pistas tampoco aparece en orden cronológico. Como dato de color, “On Air” cierra con el único instrumental grabado alguna vez por los Stones: “2120 South Michigan Avenue”, un homenaje deliberado a la dirección física de los legendarios estudios Chess de Chicago, acaso la factoría primordial de las canciones que inspiraron al grupo a convertirse en el fenómeno definitivo que fueron, son y, eventualmente, serán por siempre.

edición comúnDIAGNÓSTICO: Nos encontramos con los Rolling Stones en su formación original con Brian Jones entre 1963 y 1965, en el período comprendido entre su homónimo álbum debut y “Out Of Our Heads”, cuando apenas promediaban los 25 años de edad. Aquí está finalmente la primera de las piezas que faltaba para empezar a completar oficialmente el álbum de figuritas perdidas de la banda, y auspiciosamente agregarán otros lanzamientos en la misma línea en un futuro, esperemos, muy cercano… Crucemos los dedos sin culpa, mientras tanto. El tiempo seguramente seguirá estando de su lado.

LISTA DE CANCIONES (versión original)
1. “Come On” (Saturday Club, 26 de octubre de 1963)
2. “(I Can’t Get No) Satisfaction” (Saturday Club, 18 de septiembre de 1965)
3. “Roll Over Beethoven” (Saturday Club, 26 de octubre de 1963)
4. “The Spider And The Fly” (Yeah Yeah, 30 de agosto de 1965)
5. “Cops And Robbers” (Blues in Rhythm, 9 de mayo de 1964)
6. “It’s All Over Now” (The Joe Loss Pop Show, 17 de julio de 1964)
7. “Route 66” (Blues in Rhythm, 9 de mayo de 1964)
8. “Memphis, Tennessee” (Saturday Club, 26 de octubre de 1963
9.”Down The Road Apiece” (Top Gear, 6 de marzo de 1965)
10. “The Last Time” (Top Gear, 6 de marzo de 1965)
11. “Cry To Me” (Saturday Club, 18 de septiembre de 1965)
12. “Mercy, Mercy” (Yeah Yeah, 30 de agosto de 1965)
13. “Oh! Baby (We Got A Good Thing Goin’)” (Saturday Club, 18 de septiembre de 1965)
14. “Around And Around” (Top Gear, 23 de julio de 1964)
15. “Hi Heel Sneakers” (Saturday Club, 18 de abril de 1964)
16. “Fannie Mae” (Saturday Club, 18 de septiembre de 1965)
17. “You Better Move On” (Blues in Rhythm, 9 de mayo de 1964)
18. “Mona” (Blues In Rhythm, 9 de mayo de 1964)

CANCIONES EXTRA (edición de lujo)
19. “I Wanna Be Your Man” (Saturday Club, 8 de febrero de 1964)
20. “Carol” (Saturday Club, 18 de abril de 1964)
21. “I’m Moving On” (The Joe Loss Pop Show, 10 de abril de 1964)
22. “If You Need Me” (The Joe Loss Pop Show, 17 de julio de 1964)
23. “Walking The Dog” (Saturday Club, 8 de febrero de 1964)
24. “Confessin’ The Blues” (The Joe Loss Pop Show, 17 de Julio de 1964)
25. “Everybody Needs Somebody To Love” (Top Gear, 6 de marzo de 1965)
26. “Little By Little” (The Joe Loss Pop Show, 10 de abril de 1964)
27. “Ain’t That Loving You Baby” (Rhythm And Blues, 31 de octubre de 1964)
28. “Beautiful Delilah” (Saturday Club, 18 de abril de 1964)
29. “Crackin’ Up” (Top Gear, 23 de julio de 1964)
30. “I Can’t Be Satisfied” (Top Gear, 23 de Julio de 1964)
31. “I Just Want to Make Love To You” (Saturday Club, 18 de abril de 1964)
32. “2120 South Michigan Avenue” (Rhythm and Blues, 31 de octubre de 1964)

 

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CONCIERTOS: CHRIS JAGGER, EL HERMANO DE MICK, MOSTRÓ SU FOLK & BLUES EN BUENOS AIRES JUNTO A CHARLIE HART

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Publicado en Revista Madhouse el 26 de noviembre de 2017

Chris Jagger y Charlie Hart en Mr. Jones Blues Pub, Ramos Mejía – 21/11/2017

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Que sí, que no. Que sí, que no. Lo que podría interpretarse a priori como un diálogo histérico es apenas el código madre que subyace detrás de la chance de este periodista de entrevistar a Chris Jagger en Inglaterra el año pasado. Son cosas que ocurren cuando uno conoce accidentalmente a un amigo íntimo del músico en cuestión, y éste nos pone en contacto. Fiel a su estilo incansable de girar por Europa y Oceanía, coordinar una entrevista con un artista por demás particular (y muy lejos de aquello de “el hermano menor de Mick”, apenas justificado por la portación de apellido) se tornaba cada vez más remoto. Cuando Chris podía, no me daban los tiempos para acercarme hasta el área del condado de Somerset, donde residía por entonces. La última oportunidad iba a darse cuando él se acercara a la capital británica, pero para entonces uno ya tenía pasaje de regreso a la bendita tierra donde le tocó nacer. “OK Chris, quedará para otra ocasión”, le confesé, dubitativo. “¿Y si la hacemos por Skype?”, me sugirió como última chance, momentos antes de manifestarle mis preferencias por hacerla en vivo y en directo, en lo posible. Por eso resultó toda una sorpresa cuando hace unos meses volví a recibir un mail suyo asegurándome que hacia fines de año vendría a Sudamérica para realizar alguna fecha en el país, y también en Brasil.

QUE SÍ, QUE NO, QUE NI. Todo indicaba que el tiempo se había encargado de alinear los planetas. Claro que los hechos que se diluyeron una vez más cuando, hace apenas un mes y medio atrás, el último 9 de octubre, me lo crucé súbitamente en vivo y en directo en el vip del show de los Stones en Düsseldorf, deseándole lo mejor para su (ahora sí) futuro arribo a Buenos Aires, y al cual se refirió actualizándome que “al final no voy a tocar en Argentina, pero sí voy a estar en Brasil”. Que no, que no, otra vez que no… Por eso me resultó aún más inesperado cundo al pasado martes 21 de noviembre alguien me informó que esa misma noche se iba a estar presentando en un club de blues de Ramos Mejía.

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Desbordado de escepticismo, no acepté la veracidad del hecho antes de ver la confirmación del show en su página oficial, la cual, de no haber pasado por semejante mar de contradicciones anteriormente, más que seguro hubiera chequeado con antelación. Y como si todo esto fuera poco, Chris no sólo iba a tocar esa noche en la ciudad, sino que además lo iba a hacer acompañado del gran Charlie Hart. Que sí, que sí, y que sí, definitivamente, cuando pasadas las 23 hs., en medio de un recinto colmado de adeptos (de claro tinte stoniano, los mismos que posiblemente en su mayoría se hayan acercado por simple curiosidad y adhesión a la causa), el dúo apareció en el escenario del Mr. Jones Blues Pub para agasajar a los allí presentes con tonadas directamente de la cepa más pura del folk inglés e irlandés, empapadas de blues de Louisiana, de country, de cajun, de zydeco, y de otros estilos regionales que suelen abordar . En definitiva, lo que Chris viene haciendo tozudamente desde su álbum debut de 1973 “You Know The Name But Not the Face” (también conocido como “Chris Jagger”, editado bajo es título al año siguiente), y agregando 11 en su discografía hasta su más reciente trabajo “All The Best”, lanzado este mismísimo año.

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LOS HERMANOS SEAN UNIDOS (PERO POR SEPARADO). La experiencia de ver a Chris Jagger en vivo sugiere el previo intento de olvidarse de su célebre apelllido para comprobar que, más allá del hecho de ser el único hermano del performer definitivo de rock and roll en tiempo y espacio que el mundo conocerá (literalmente), y de la enorme montaña de ego a la que Sir Mick nunca pudo dejar de subirse, la figura y personalidad de “el otro Jagger” no está menos que en las antípodas. Es que Chris nunca perteneció al mundo del espectáculo per se, resultando ser aquel tipo de extremísimo bajo perfil que prefirió dedicarse a la música por el simple hecho de amarla, bien distanciado de las luminarias de rigor y optando por una carrera al tono que nada tuvo ni tiene de comercial, en el sentido estricto de la frase. Chris es hombre de shows en bares o en festivales pueblerinos, con sus raíces musicales irremediablemente enclavadas en su tierra natal, y campo adentro. A lo largo de su existencia, su parentesco con el frontman de los Stones apenas se limitó a participaciones aisladas de su hermano Mick en alguna canción suelta de sus trabajos, o a cierta colaboración en conjunto para algún proyecto benéfico.

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HAVE A HART. No resulta casual entonces que la canción elegida para abrir el show haya sido “Will Ya Won’t Ya?” (del álbum “Atcha” de 1994, en la que su hermano de sangre aparecía haciendo coros), dejando en claro el sabor de la propuesta musical que se iba a extender durante las casi 15 canciones que formarían parte del show en el que Chris, exclusivamente tocando guitarra acústica, a la que sólo abandonó circunstancialmente para pasarse a la armónica, terminarían conformando una oferta singular e inolvidable. Menos aún lo fue la vital presencia del legendario Charlie Hart secundándolo (en piano, violín, acordeón y coros) como único y principal escudero en su misión conjunta: plasmar un repertorio rico de sabores folk y derivados en el que sólo faltó un niño corriendo por la campiña inglesa. Los más melómanos, por su parte, probablemente hayan fijado más su atención en Hart y la extensa carrera que lo consagró: tocó y/o grabó con Alexis Korner, Chris Spedding, Ian Dury, Eric Clapton, Townshend, entre tantos, más aún recordado como miembro estable de Ronnie Lane’s Slim Chance, la banda formada por el ex-Faces tras desertar del grupo de Stewart, Wood y Cía., e incluso más tarde siendo director musical del show tributo al difunto Lane en el Albert Hall londinense… Era una noche estelar en el corazón del oeste de Buenos Aires, entonces, y sin desperdicio.

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CASTELLANO PARA PRINCIPIANTES. Tras más de un intento de esbozar algunas palabras en español (que por momentos terminaron en un forzado y agradable italiano), el menor de los Jagger continuó con “The Libido Blues”, antes de continuar con el repertorio de lo más destacado de su carrera (“If You Love Her”, “Lazy Says”, “On The Road”, “Funky Man”, “Lhasa Town”, en cuya versión original de estudio contó con la participación de David Gilmour) o en la versión de la canción de Ray Charles “Let’s Go Get Stoned”, y que a la hora de versionar clásicos de blues estricto como “Key To The Highway” o “Baby, Scratch My Back” agregó la participación extra del legendario bajista y sesionista Bob Stroger (Jimmy Rogers, Otis, Rush, etc.), que hacía menos de una semana se había presentado en el mismo tablado en otra de sus tantas visitas al país, y que ahora, sin más y a sus dulces 87 años de edad, se sumó al carismático dúo de Jagger y Hart, en un show que debería entrar en la categoría local de “histórico”.

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UNA NOCHE PARA EL RECUERDO. Por ser su primera presentación de la historia en tierras locales, y más aún por su alta performance artística, coronada por el festejo de casi todos los allí presentes que no titubearon a la hora de acercarse a saludarlo una vez finalizada la celebración, selfies y autógrafos incluidos, para calzarse el sombrero y retirarse a disfrutar de un merecido descanso (antes habían abordado un largo vuelo desde Nueva Zelanda, aprestándose al día siguiente a partir a Brasil para realizar allí tres fechas más)… Mención aparte para el Mr. Jones Blues Pub, recinto que los albergó, y que constituyó el marco indicado y a la altura perfecta de las circunstancias para una noche que deberá ser recordada como especial. Que se repita entonces. Y que sí, que vuelva a repetirse otra vez también.

Agradecimientos:
Rogelio Rugilo
Carlos Costa (fotos)

CON CHRIS KIMSEY, PRODUCTOR EXTRAORDINAIRE: “ME GUSTA EL PROCESO DE GRABAR, CREAR CLIMAS, TRABAJAR ARREGLOS”

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Los Cuatro Escalones. No, si no se trata de un error numérico para referirse a una de las grandes obras cinematográficas que nos dejó Hitchcock, pero bien serviría como título de esta nota. Es todo lo que lleva adentrarse en uno de los bastiones más significativos de la historia de la música popular de al menos el último medio siglo. Cuatro peldaños, la única frontera que divide el mundo del más acá con el del ingreso al edificio de Olympic, ubicado en el barrio de Barnes, apenas del otro lado del Támesis, acaso el más legendario de los estudios de grabación londinenses junto a su tradicional compañero Abbey Road. Y de Inglaterra toda también. MADHOUSE se reunió con Chris Kimsey en noviembre del año pasado en ese estudio -el mismísimo lugar de los hechos- para darle rienda a las mil y una historias vividas en el predio emblemático que gestó la carrera de este talentoso productor discográfico, ingeniero de sonido y músico inglés, el mismo que cincuenta años más tarde aún mantiene viva su pasión por el trabajo, casi como si el tiempo no hubiera pasado… y del otro lado de los mismos cuatro escalones.

1EL SONIDO DEL OLIMPO. Establecido en 1906, primeramente como teatro de su propia compañía de repertorio bajo el nombre de Byfeld Hall, actividad que mantuvo hasta fines de los 50 cuando pasó a convertirse en estudio de televisión, fue en 1965 que la firma Olympic Sound Studios decidió adquirir este edificio y así darle paso a la más celebrada de sus actividades: la de estudio independiente de grabación, dentro de cuyas paredes descansan algunas de las sesiones más seminales de la historia del rock y el pop angloparlante. Led Zeppelin, Jimi Hendrix, Stones, Beatles, los Who, Bowie, Howlin’ Wolf, Ray Charles, King Crimson, Pink Floyd, Clapton, B.B. King, Ten Years After, Barbra Streisand, Stevie Wonder, Roxy Music, Jethro Tull, Prince, Queen, Supertramp, Van Morrison, Thin Lizzy, Iggy Pop, Motörhead, Yardbirds, Madonna, Oasis, Duran Duran… La lista de artistas que allí plsmaron algunos de sus mejores discos podría alcanzar tranquilamente el número de 150, sólo por detallar los más renombrados. Así fue como Olympic logró mantener una reputación incomparable girando alrededor de su eje de calidad de sonido, excelencia técnica y atmósfera sin rivales, convirtiéndolo en el sitio que llevaba a la crema del rock y el pop a ambas orillas del Atlántico a coincidir en eso de “el estudio al que había que ir a grabar”.
2En enero de 2009 los estudios Olympic cerraron sus puertas por primera vez en su historia, con la industria discográfica británica perdiendo uno de sus espacios de grabación de más envergadura. Cambio de rumbo mediante, fueron reabiertas a fines de 2013 bajo el nombre de Olympic Cinema, modificando su geografía original para albergar a dos salas de cine de última tecnología sonora y también agregando un restaurant, un café y una sala para socios del lugar. Pero aquellos cuatro escalones se mantuvieron en pie como en sus primeros días. Son los mismos que, con algún que otro lapso intermedio, viene cruzando Chris Kimsey desde allá por 1969, cuando era apenas un adolescente con una leve inclinación amateur hacia la industria de la grabación, aterrizando en Olympic buscando meramente un empleo que le financie sus gastos personales. Casi medio siglo más tarde, aquel joven que inicialmente fue contratado para servir el té a los empleados y músicos que trabajaban en el establecimiento acabaría convirtiéndose en uno de los productores, mezcladores e ingenieros de sonido más renombrados que la música recuerde.

SEDIENTO DE ROCK AND ROLL
Me gustaría comenzar preguntándote por uno de tus trabajos más recientes, “Albatross”, el segundo disco de Thirsty (N. la banda del ex Quireboys Guy Bailey) Por lo que leí es un disco que disfrutaste mucho hacer.
Sí, ese disco realmente está recibiendo muy buenas críticas.

A decir verdad, todavía no lo tengo, pero tuve la oportunidad de escucharlo online. Y también me alegro por Guy, que sé que quedó muy feliz con los resultados. Pero parece que no quieren presentarlo en vivo.
Yo también, resulta un gran vehículo para él. Intenté que se involucre en otras cosas en varias oportunidades. Guy está de acuerdo con todo  lo que sea escribir canciones, pero no quiere salir a tocar en vivo. Lo que es una pena, realmente… Hizo algunas cosas en vivo, como cuando estuvo con los Peckham Cowboys, pero es una lástima, porque él podría enseñarle un montón de cosas a muchos chicos. Es todo un problema. Y tiene que ser Guy quien lo haga, no podés hacer que otro se encargue de la guitarra. Pero nos llevamos muy bien, me gusta la manera en que lo enfoca, y su voz. Grabó la mayor parte del disco en el cuarto donde duerme. Él no guarda ningún tipo de consideración por los compresores de audio, o por los limitadores. Todo tiene que ser a volumen 11. Pero funciona bien, me gusta, así que fue divertido.

Me gustan mucho los Quireboys, pero en verdad mis dos álbumes favoritos fueron “A Bit Of What You Fancy” y “Bitter Sweet And Twisted”, los dos primeros, los dos donde estuvo Bailey. Creo que eran mucho más “rock’n’roll” antes que se alejara de la banda
.
Tal vez. Es una muy buena combinación que él escriba la música, y las melodías, y también es muy bueno con las letras.

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El álbum debut de Thirsty, la banda de Guy Bailey, en la foto con sombrero y cigarrillín: no se ve, pero la mano de Kimsey está presente

Reitero entonces lo de haberla pasado muy bien trabajando con Thirsty…
Sí. ¿Cuándo fue eso? ¿Hace 4 años? Y además es bueno ver que se vuelvan a juntar para hacer otro disco. Él tenía grabado casi todo, y sólo necesitaba alguien que vaya y lo vea más en general. Entonces yo iba a lo de Guy y escuchaba todo, y hacía sugerencias respecto a arreglos, o lo que fuera, y él lo implementaba. Quizás lo que yo hacía era revisar que la parte vocal estuviera bien, y después mezclar todo. Así que se trató más de una situación de revisar lo que se había grabado, pero a la hora de mezclarlo, lo hice con todo el conocimiento posible.Reitero entonces lo de haberla pasado muy bien trabajando con Thirsty…

¿Cuánto te llevó terminar la mezcla?
Lo hice realmente rápido, lo mezclé en cuatro o cinco días. Muy rápido. Pero trabajé mucho con Guy en su casa construyendo las pistas. Sabía lo que iba a hacer, o lo que haría. Respecto al primer álbum, “Thirsty”, creo que en verdad estuve trabajando en él por alrededor de cuatro meses, pero el segundo fue mucho más veloz.

Confieso, Chris, tenés una carrera tan impresionante, que no sé cómo empezar…Bueno, (señalando al estudio) ¡todo comienza aquí! (Risas)

EL CHICO DE LA INDUSTRIA DEL SONIDO
¿Cuánto tiempo llevás exactamente trabajando en la industria musical y, principalmente, cómo es que todo comenzó? Quiero decir, probablemente te haya pasado lo que les pasó a todos nosotros, y que simplemente eras alguien a quien le gustaba la música. ¿Pero cómo fue realmente en tu caso?
Todo comenzó aquí, en 1967. Conseguí un puesto aquí  como “el chico que prepara y sirve el té”. Desconocía qué pasaba entre estas cuatro paredes. Solamente vi el cartel de “Olympic Studios” en la entrada. Y antes de eso, en la escuela, me encargaba de grabar la música o los efectos de sonido para las obras de teatro escolares, porque yo tenía un grabador de cinta. Conseguí mi primer grabador de cinta cuando tenía 9 o 10 años. Amaba escuchar bandas de sonido y musicales, nada de rock and roll o algo que se le parezca, sino lo que era más orquestado. Mis padres me habían dado el grabador, porque en esa época podías comprar cintas pregrabadas de 3¾ ips, de 3 pulgadas por segundo, ya fuera de musicales o de música de películas. No existían en vinilo. Y entonces conocí los grabadores de cinta desde muy chico. Y eso continuó en la escuela. Me pedían que grabara los efectos de sonido, de haberlos, o de las palabras de alguien, en caso que alguien hablara. Y entonces estaba involucrado con todo aquello. Y eso logró entusiasmar mi oído, me refiero al hecho de que uno podía capturar un sonido en una cinta.

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Los estudios Olympic, allá lejos y en los años 60

Por lo que eras básicamente “el chico de la música del colegio”
Era “el chico de la música del colegio”. Y eso básicamente continuó porque, cuando tenía 14, me preguntaron si me gustaría ir a un estudio de grabación que pertenecía a la Inner London Education Authority, que era la autoridad escolar de aquel momento. Y tenían un estudio en Tottenham Court Road. Solía tomar el subte de Morden hasta Tottenham Court Road, al menos dos veces por mes, los sábados, para ir hasta esa escuela. Y el estudio de ahí era muy pequeño. Tenía un mezclador de cuatro canales Vortexian que constaba básicamente de cuatro perillas de volumen, y un grabador de cinta estéreo Ferrograph que, pensándolo bien, habrá sido mono. Eso hizo que me apasione mucho más. Y fui muy afortunado, porque una de las primeras personas que grabé allí fue Dame Sybil Thorndike, que por entonces era una actriz muy famosa. Era como la versión femenina de Laurence Olivier, y la grabé para un show llamado “Son Et Lumiere”, que iba a tener lugar en mi próxima escuela, donde también conté con un grabador de cinta. Y en ese estudio -y esto es algo muy fascinante- estaba yo, y había sólo otro estudiante, un joven que no era más de dos meses mayor. Él era de la parte del East End londinense, y yo era del sur, y ambos íbamos a este estudio los sábados. Se llamaba Ray Staff… Bueno, Ray terminó convirtiéndose -y sigue siendo- en uno de los mejores ingenieros masterizadores del mundo. Está a cargo de Air Mastering. Así que acabó metiéndose en el negocio de la música. Empezó en los estudios Trident. Y entonces, estos dos chicos jóvenes se la pasaban grabando varias cosas. El profesor que estaba a cargo del programa, que era maestro en la escuela, y también músico de jazz, una tarde nos dijo “cuando terminemos, ¿se quedarían un rato? Porque quiero grabar a mi trío de jazz”. Y entonces me quedé.Por lo que eras básicamente “el chico de la música del colegio”

Porque eras “el chico del sonido”
A mis 14 años, yo era “el chico del sonido”. Y años después lo vi tocando con Elton John, ¡porque su nombre era Ray Cooper!

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La flemática actriz Dame Sybil Thorndike, una de las primeras voces grabadas por Kimsey

¿Ray Cooper, el legendario baterista de Elton John?
Ni más ni menos. Después de eso, algunos años más tarde, cuando tenía 16 y medio, no quise tener ningún tipo de educación. Dejé la escuela, y me puse a buscar trabajo. Por entonces tenía una novia que vivía a la vuelta de la esquina de Olympic, así que, cada vez que venía a verla, me daba una vuelta por aquí, sin saber qué había dentro. Sabía que grababan algo. Y les pedí trabajo, y me dijeron “no, no hay puestos vacantes, andate”.  Y seguí volviendo, y eventualmente me dijeron “danos tu nombre, tu número de teléfono, y si aparece algo, te llamamos”.

Entonces todo aquel esfuerzo terminó rindiendo después de un tiempo.
Sí. No fui a otros estudios, no le escribí a nadie. Estaba a punto de comenzar a trabajar como repositor en un supermercado, lo que me iba a llevar a viajar por otros lugares de Inglaterra. Porque el novio de otra amiga que tenía era el dueño de una compañía de repositores de supermercados, y yo estaba por empezar a trabajar con él un lunes, pero afortunadamente Olympic me llamó el viernes anterior  y me preguntaron, “¿podés comenzar la semana próxima?. Son 11 libras por semana. Venite”.

¿Eso cuándo fue, en 1967?
Sí, en marzo del ’67.

¿Para entonces te considerabas fan de la música? ¿Te gustaba el rock and roll, o solías ir a ver shows?
No, no estaba para nada en el rock and roll. Estaba metido en los musicales, en la música de películas, totalmente orientado a lo orquestal. Ése era el tipo de sonido que adoraba. También escuchaba mucha radio, por lo que me gustaba la música popular. No iba a conciertos. No me interesaba ni Hendrix, ni Cream, ni los Stones (Risas)

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McCartney, Glyn Johns y Jagger: pierna de ases

Lo que resulta muy interesante saber, ya que terminaste trabajando con ellos, aún cuando no era lo tuyo.
No, no era lo mío. De hecho, recuerdo mi primera sesión. Yo era asistente de Glyn Johns en una sesión de grabación de los Stones. Había estado con Glyn sólo una vez anteriormente, y nunca había conocido a los Stones. Estaba en el estudio armando las cosas. No recuerdo quién fue que llegó, pero llegaron uno o dos de ellos, y terminé llamando a la gente de seguridad, porque pensé que se trataba de alguien que se había metido en el estudio, o que quería robarse algo… (Risas). Tenían una apariencia muy dudosa. No eran como otros músicos. Yo estaba acostumbrado a trabajar con orquestas, etc. Pero todo eso cambió más tarde.

Ahí fue cuando te convertiste en productor de discos y mezclador de sonido.
No, fui asistente del ingeniero de sonido por alrededor de tres años. Y el mánager del estudio, Keith Grant, quien había construido Olympic Studios, el mismo que me había dado el puesto, me dijo, “cuánto más puedas aguantar ser asistente, más y más vas a poder aprender”. Lo que era muy real. Entonces fui asistente por 3 años y medio, y luego llegó mi golpe de suerte cuando me tocó trabajar en un disco de Johnny Hallyday. Los ingenieros de aquel momento eran todos de la casa, todos pagos por Olympic. No eran freelance, excepto Glyn. Él fue uno del los primeros ingenieros freelance.

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1970: Keith Grant (sentado) con el cantautor Scott Walker dándole lo que parecen ser minuciosas instrucciones.

Lo que hacía que tuvieras que venir aquí casi a diario.
Sí, y trabajaba en sesiones de orquestas, de jingles, sesiones de jazz, de pop… Nada de rock and roll. Eso no ocurrió hasta después. Y entonces después de esos tres años y medio en los que fui asistente, en aquella sesión con Johnny Halliday, me puse a grabar el álbum. Pero al segundo día, el ingeniero de sonido de Olympic no apareció. No vino, porque no le gustaban los franceses. Fue algo bastante raro porque el productor del disco, el productor de Johnny, en realidad era norteamericano. Su nombre era Lee Halliday, de Oklahoma, y vivía en Francia. Y entonces estaban tratando de ver quién podía encargarse de ser ingeniero del disco, porque ya estaban llegando los músicos, y Lee dijo “¿Y Kimsey? ¿No puede hacerlo él?”. Y ellos contestaron, “bueno, él nunca trabajó como ingeniero, pero estamos seguros de que puede hacerlo”. Me senté en la silla de control… y nunca dejé esa silla. Y Johnny se enamoró de mí, quiero decir, le encantó el sonido. Después de aquella vez, siempre tuve una fuerte relación con Johnny. Debo haber hecho cinco álbumes con él.

8¿Recordás cuál fue ese primer disco?
El primero fue “Flagrant Delit”, el que tiene la canción “Jolie Sarah”. En la tapa hay una calle empedrada, con una especie de busto de bronce, con sus puños de lado. Mick Jones de Foreigner estaba en esa banda, era el guitarrista de Johnny por entonces, mucho antes de Foreigner. Mickey aprendió su arte escribiendo y tocando para Johnny.

La carrera de Johnny estaba pasando un gran momento… ¿Pero acaso era popular en Inglaterra?
No, nunca fue popular aquí, pero generalmente siempre estaba grabando en Londres. Y esas sesiones fueron fantásticas, porque estaba Ringo (N. Starr) en batería. Bueno, en algunas partes. Peter Frampton también estuvo en aquellas sesiones, Gary Wright de Spooky Tooth… Por lo que pude conocer a todos estos músicos haciendo el álbum, y además me hice muy amigo de Peter Frampton. Y eso me llevó a continuar y trabajar con él.

DELICIAS DE UN PRODUCTOR
Siempre me pregunté qué resulta más fácil, si ser un productor de discos, o un mezclador de sonido. Digo, si tuvieras que elegir una actividad…
Si tuviera que elegir una, me gusta el proceso de grabar. Crear climas, y trabajar con una banda discutiendo los arreglos. No lo de mezclar, preferiría estar grabando o produciendo. Digo, disfruto de mezclar también. Creo que elegiría mezclar cosas ahora, las que nunca grabé… Quiero decir, acabo de terminar un álbum con Peter Perrett, y desde el primer momento me dije “no quiero mezclar esto”. Prefiero que lo mezcle otra persona.

De hecho hiciste más grabaciones que mezclas a lo largo de tu carrera.
No tengo idea, no lo sé. Digo, generalmente mezclo lo que antes grabé.

¿Tenés la posibilidad de elegir al artista con el que vas a trabajar, ya sea como productor o mezclador? Quiero decir, ¿podés decirle que sí o no a alguien? ¿O tenés que seguir las órdenes de Olympic?
Sí, ahora puedo hacerlo. Con Olympic, no. Siempre se trató de trabajar con quienes ellos decían.

9El artista que fuera…
Sí, el que fuera. Pero lo que fue extraño es que no me quedé mucho tiempo trabajando para Olympic. Después de esa sesión con Johnny Halliday, hice algunos álbumes con Ten Years After. Todavía era ingeniero en Olympic.

¿El disco “Watt”?
No, el más grande, “A Space In Time”, que fue uno de mis discos favoritos. Creo que fui ingeniero en Olympic sólo por un año, y después de eso, tenía tanto trabajo que pensé “me voy a hacer freelance y trabajar a mi manera”. Y lo hice. ¡Pero aún seguía trabajando aquí todo el tiempo! (Risas) La gente me buscaba para que trabajase con ellos, y afortunadamente se acercaban los mejores, o bien eran buena gente.

¿Cómo te las arreglabas para tener tiempo de trabajar para Olympic, y también de modo freelance?
Como dije antes, habré estado trabajando como ingeniero en Olympic por un año, y después decidí irme. Pero de todas formas los artistas querían grabar aquí y Olympic no tenía problema con que un ingeniero de afuera trabajase en sus estudios. Y lo mismo sucedió con Glyn. El motivo por el que Glyn vino a Olympic, o uno de los motivos, era que Abbey Road no permitía ingenieros de afuera. Muchos de los estudios no lo permitían, tenías que ser un ingeniero que trabajase en el lugar. Y Olympic no tenía esa regla, por lo que fue uno de los primeros estudios en habilitar a ingenieros freelance.

Tu primer trabajo con bandas de rock fue recién en 1970, ¿verdad? Me refiero al álbum “Led Zeppelin III” y a “Watt” de Ten Years After, como ingeniero, y finalmente como operador de cinta para “Get Yer Ya-Ya’s Out!” de los Stones. Siendo éste el lugar donde comenzaste tu carrera, ¿esos discos representaron un punto de partida fácil o difícil? Digo, te tocó trabajar con Zeppelin y los Stones en el mismo año…
Bueno, no fue nada difícil. Esos artistas no eran importantes para mí, teniendo en cuenta los antecedentes musicales que yo disfrutaba, o de dónde venía. Hubiera estado muy nervioso si me hubiera tocado trabajar con Nat King Cole o Frank Sinatra. Aún hoy en día, esos son mis ídolos. Pero respecto a los Stones, su música de aquel momento era algo así como decir “OK, está bien, interesante…”. ¿Zeppelin? “OK, es interesante…” Asimismo ese tipo de música era algo muy nuevo, material muy innovador, y realmente no te dabas cuenta que estabas trabajando en algo que iba a renovar la escena, si bien creo que es algo que podía sentirse así más con Zeppelin que con los Stones. La cuestión con Zeppelin era toda la mística que tenían alrededor, una cosa más grande que la mismísima banda.

¿Recordás con exactitud como fue ese primer momento en que te encontraste con los miembros de los Stones y Led Zeppelin, aquella primera vez en que los viste en persona? Supongo que estabas muy relajado, ya que no se trataba de Cole o de Sinatra.Bueno, no fue nada difícil. Esos artistas no eran importantes para mí, teniendo en cuenta los antecedentes musicales que yo disfrutaba, o de dónde venía. Hubiera estado muy nervioso si me hubiera tocado trabajar con Nat King Cole o Frank Sinatra. Aún hoy en día, esos son mis ídolos. Pero respecto a los Stones, su música de aquel momento era algo así como decir “OK, está bien, interesante…”. ¿Zeppelin? “OK, es interesante…” Asimismo ese tipo de música era algo muy nuevo, material muy innovador, y realmente no te dabas cuenta que estabas trabajando en algo que iba a renovar la escena, si bien creo que es algo que podía sentirse así más con Zeppelin que con los Stones. La cuestión con Zeppelin era toda la mística que tenían alrededor, una cosa más grande que la mismísima banda.

¿Recordás con exactitud como fue ese primer momento en que te encontraste con los miembros de los Stones y Led Zeppelin, aquella primera vez en que los viste en persona? Supongo que estabas muy relajado, ya que no se trataba de Cole o de Sinatra.
Sí, fue aquí. Estaba simplemente relajado y haciendo mi trabajo.

¿Te resultaron agradables?
No recuerdo que ninguno fuera… Ninguno se comportó como un idiota. Sí, eran agradables, ¡muy agradables!

Habrá sido una sensación natural, desde el momento en que no te sentías subordinado a los músicos.
Sí, uno se sentía parte del equipo. Es algo en equipo, así que… Podías llegar a ver alguna discusión entre la banda y el productor, o entre la banda y el ingeniero, pero era sólo eso. Pero peleas, lo que se dice “peleas”, realmente no.

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1971, los estudios Olympic y una histórica postal con varios héroes: de la izquierda hacia el centro, los músicos distinguibles son el baterista Ringo Starr, el bajista Klaus Voormann, el guitarrista Peter Green de Fleetwood Mac y Steve Marriott en armónica, todos antes del mismísimo B.B.King, de camisa y corbata. B.B. King (de camisa y corbata, al centro)

LO MEJOR DE DOS MUNDOS
Al año siguiente, en 1971, hiciste el disco de B.B. King “In London”…
Sí, B.B. King haciendo sesiones en el Estudio Dos. Creo que no duró más de dos días. No lo recuerdo muy bien, es por eso que creo que no fuera algo que haya durado toda una semana. Fue un trabajo rápido. Definitivamente no era consciente de quién era B.B. King en aquel momento.

Pero ese mismo año trabajaste con los Stones en “Sticky Fingers”, a quienes ya habías conocido. El disco fue grabado aquí en Olympic, y después continuó en los estudios Trident, y también en Muscle Shoals, en Alabama. Siendo un álbum clave en la historia del rock and roll, ¿tenés algún recuerdo en especial de aquellos días? ¿Queda algo por decir?
No, creo que ya fue todo dicho. Pero recuerdo la sesión de cuerdas para la canción “Moonlight Mile” con Paul Buckmaster. Recuerdo que se hizo en los estudios Basing Street. No se hizo aquí. En verdad creo que esa fue la primera vez en que realmente sentí el poder de un arreglo orquestal en la música rock. ¡Porque su arreglo en la canción era absolutamente impresionante! Escuchar la orquesta de por sí fue algo muy hermoso. Si bien yo ya había grabado una orquesta con Del Newman para Ten Years After, que era mucho más chica, el arreglo en “Moonlight Mile” fue realmente grandioso.

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Tony Visconti y Chris Kimsey: ahí donde los ven, con esas pintas, son dos leyendas de la música popular

Fue ahí entonces cuando la orquesta y el rock and roll se juntaron, y posiblemente cuando comenzaste a interesarte en el género.
Bueno, acabo de terminar un álbum que tiene orquesta por todas partes. No es rock’n’roll, es más rhythm and blues, R&B de la vieja escuela. Pero esta vez traje a Tony Visconti, lo saqué de la jubilación. Tampoco es que Tony se haya jubilado completamente. No mucha gente sabe que Tony es un excelente arreglador orquestal, y escritor, y director… Hace de todo. Y yo lo sabía. Nos conocimos hace tres años, poco antes de que David (N. Bowie) falleciera. Nos volvimos muy buenos amigos. Así que cuando le pedí orquestar este álbum, respondió como diciendo “¿De verdad? Bueno, ¡sí!”, e hizo un trabajo increíble. También volví a tener a Paul Buckmaster para trabajar en una canción, que fue muy bueno, pero lo de Tony fue absolutamente maravilloso.Fue ahí entonces cuando la orquesta y el rock and roll se juntaron, y posiblemente cuando comenzaste a interesarte en el género.

¿Fuiste vos quien los recomendó para las sesiones de “Sticky Fingers”?
¿Para los Stones? No. No sé quién pudo haber sido, realmente.

Paul Buckmaster también grabó en “Sway”
Sí, también en “Sway”. No sé de dónde provino la conexión. Estoy casi seguro que fue algo que vino por el lado de Mick(N. Jagger), no es algo que pudiera haber venido del lado de Keith (N. Richards)

A través de los años trabajaste con grandes nombres de la historia de Olympic, como George Chkiantz, Glyn Johns, Roger Savage, Eddie Kramer, Jimmy Miller… ¿Algún recuerdo de ellos?
Nunca trabajé con Eddie. Lo conocía, pero jamás trabajé con él. Jimmy Miller era un productor genial y un gran generador de climas, y tenía un oído maravilloso para la percusión. Jimmy hacía que todo el mundo se sintiese bien, y si había un problema, siempre sabía cómo resolverlo y lograr que la energía continuara fluyendo y manteniéndose. Fue un buen hombre.

Pasemos  a 1973, cuando estuviste junto a Emerson, Lake and Palmer en el disco “Brain Salad Surgery”, y también en “Camel” de Peter Frampton.
Con ELP, sí. Pero no hice el de Peter, ese fue Eddie Kramer. Pero en cuanto a la banda, fue un montón de diversión, disfruté haciéndolo. Quería trabajar con ellos, así que fue genial cuando me llamaron para hacerlo.

Y en 1974 fuiste productor e ingeniero de “Monkey Grip” de Bill Wyman, que fue el primer trabajo solista de un integrante de los Rolling Stones.
Es verdad, el de Bill fue el primero, sí. No creo que haya sido productor en ese disco, pienso que sólo mezclé algo, porque la mayor parte del disco se hizo en Estados Unidos, supongo. Bill siempre estaba en Olympic. Si no estaba haciendo un disco solista, estaba trabajando con una banda llamada The End, e hice de ingeniero en algo de eso. Entonces Bill venía aquí a hacer diferentes cosas fuera de los Stones. Y pidió trabajar conmigo, o con Keith Harwood, que era otro de los ingenieros en Olympic. Con Keith éramos amigos muy cercanos. Keith grabó muchísimo con Led Zeppelin, y también hizo “Black And Blue” con los Stones.

13De hecho hay unas palabras dedicadas a él en la contratapa del disco en vivo “Love You Live”…
Sí. Murió en un accidente de auto al regresar de Stargroves, la casa de Mick.

KIMSEY LLEGA VIVO!
En 1976 trabajaste en “Frampton Comes Alive”, el clásico de Peter Frampton, que es uno de los discos en vivo más vendidos de todos los tiempos. ¿Imaginabas, o lo hacía Peter, que iba a terminar convirtiéndose en semejante éxito?
No. Quiero decir, sabíamos que era bueno porque, al mezclarlo, podías tener esa sensación de euforia al escucharlo. Y eso es porque fue el público quien realmente hizo ese disco. Podés sentir la comunicación con la audiencia. Se comentaba que le habíamos agregado más sonido de audiencia a la grabación original, pero no hicimos nada de eso. Quedó exactamente como era. Nada de arreglos, nada de agregados. Grabé dos conciertos para el álbum, y Eddie también grabó algo, y hubo otros. Yo grabé menos que los demás, pero hice la mezcla de todo. ¡Y me divertí tanto mezclándolo! Me acuerdo del flanger, que acababa de inventarse. Lo usé en el piano Fender Rhodes, en la canción “Do You Feel”, en el solo de Bobby Mayo. Sí, fue todo muy divertido, pero cuando terminábamos de mezclar el álbum, ya que el presupuesto era bajo, -solamente mezclamos un solo disco-, luego apareció Jerry Moss junto a Dee Anthony, el manager de Peter, para agregar playback. Entonces hicimos playback de lo mezclado en uno solo de los álbumes, y Jerry dijo, “¿dónde está el resto?” Y le dijimos que el manager de Peter nos había dicho que solamente podíamos hacer un solo disco –“nadie quiere un disco doble”, nos dijo- y Jerry le contestó “no, tenés que hacer un álbum doble, el show completo”. Así que volvimos y mezclamos el resto del álbum.

14¡Y de repente se volvió un éxito descomunal!
Así fue. Casi terminó siendo un único disco. Es aún hoy día un gran álbum para escuchar. Sé que Peter lo remezcló hace algunos años. No he escuchado la remezcla, no veo que sea necesario hacerlo (Risas). Habíamos tenido una discusión sobre todos esos discos que son remezclados, álbumes clásicos que son remezclados una y otra vez, y me pregunto, ¿por qué? ¿Para qué remasterizarlos, cuando es algo que se puede hacer bien desde el principio?

Desde ya. Si está bien, ¿para qué tocarlo, no?
Exactamente. Muchas de las remasterizaciones se hacen porque las compañías discográficas creen que van a volver a venderlos, pero la mayoría de ellas, al remasterizarlas, las arruinan. No suenan tan bien como las originales.

15

La foto hay que verla con lupa, pero vale la pena: un joven Frampton vestido de blanco y un joven Kimsey toqueteando la consola producen el ultraexitoso “Frampton Comes Alive!”

De alguna forma, las compañías tienen que decirle al público “tenés que comprarte esta versión, porque está remasterizada”. Probablemente ese sea el truco para volver a vender el disco.
El tema con las remasterizaciones es que, la mayoría de las veces, ni siquiera se lo consultan al productor o al ingeniero, directamente van y lo hacen. Hay una remasterización del álbum “Some Girls” de los Stones que es horripilante. ¡Fue terrible, realmente terrible! Seis meses después de editarse, el público lo dijo en los comentarios en la página de Amazon, “ésta es la peor…”. Entonces contacté al management de los Stones, y me dijeron, “bueno, en la crítica de Rolling Stone le dieron 5 estrellas”. Realmente no les importa.

Por lo que recuerdo, es Mick Jagger quien suele ordenar que se remastericen de esa manera. A fin de cuentas, pienso que todo lo que él quiere es no volver al pasado. Porque Mick odia la nostalgia.
A Mick no le gusta volver atrás en lo más mínimo. Sí, ¡absolutamente! Si bien sinceramente tengo que decir que todo eso de seguir haciendo giras y conciertos es muy notable. Y el resto de las bandas también se mantiene bien. Volviendo a lo de los discos, hay solamente dos álbumes que fueron remasterizados y que suenan mejor. Uno es “Misplaced Childhood” de Marillion. El sonido original era muy bueno, pero el tipo que lo orquestó, Simon Wilson, que trabajaba para la EMI, y realmente amaba lo que estaba haciendo, apreciaba lo que podía salir mal. Así que estuvo atento a toda esa cosa de la remasterización. Y él también estuvo a cargo de remasterizar el álbum “Mama Africa” de Peter Tosh. Por lo que a veces puede resultar bien, pero aún pienso en cuál es el punto de hacerlo, si ya suena bien. Es más que nada un asunto de ventas de parte de la compañía grabadora.

Pareciera ser que sólo se trata de ponerle una calcomanía en la tapa anunciando eso de que es una “versión remasterizada”, sugiriendo que tenés que tenerlo.
Sí, deberían poner una diciendo, “ahora en mono” (Risas)

16COMO UN ROLLING STONE
Ya que estamos, hablando de los Stones y las versiones remasterizadas, antes de que co-produjeras algunos de sus discos, en 1978 fuiste ingeniero en la grabación original de “Some Girls”. Siempre se dijo que hubo muchos problemas con Keith durante la grabación del álbum, ya que nunca aparecía en el estudio cuando se suponía que debía hacerlo. ¿Cómo te arreglabas con la manera en que manejaba sus tiempos?
Bueno, de todas formas nos la pasábamos esperando que aparezcan todos, no sólo Keith… Keith terminaba viniendo, pero aún estaba con su problema de adicción, entonces se iba al baño y desaparecía por quizás una hora y nos quedábamos esperándolo. Mick realmente fue de mucho apoyo para con Keith en ese momento, sabía lo que Keith estaba pasando, conocía esa presión. También sabía que si no lo sobrellevaba, los Stones no podían continuar. Pienso que también existió un motivo ulterior. No lo desechaba, ni se quejaba de él. Realmente lo estaba ayudando. Fue bueno poder ser testigo de esa amistad.

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Kimsey y Keith Richards en 1969, durante la mezcla de “Get Yer Ya-Ya´s Out!”

Bueno, ahora sí que finalmente estabas metido de lleno en el rock’n’roll. Y apenas dos años después trabajaste como productor asociado e ingeniero de mezcla en el álbum “Emotional Rescue” en el mismo estudio de París, en Pathé Marconi. Existen muchísimos outtakes (N.: Toma alternativa o no finalizada de una canción) de las sesiones de “Some Girls” y de “Emotional Rescue”…
Sí, mucho del material que no apareció en “Some Girls” terminó en “Emotional Rescue”, y otras cosas que sobraron fueron a parar a “Tattoo You”.

Bueno, ahora sí que finalmente estabas metido de lleno en el rock’n’roll.
Tal cual. En verdad, de alguna manera “Some Girls” fue uno de los álbumes más fáciles de grabar en el sentido de que, cuando yo entraba a la sala del estudio, sabía exactamente cómo ubicar a la banda y el sonido que quería obtener. Puse un pequeño amplificador arriba, así uno podía escuchar el tambor y el bombo de Charlie (N. Watts), porque no querían usar mucho los auriculares. Y también para amplificar la voz de Mick, porque yo sentía que eran una banda en vivo. En el estudio, uno no quiere restringirlos. Querés darle la posibilidad de que sientan que están tocando en un club, que están tocando en vivo. Así que el plan que ideé para el estudio funcionó bien. La consola anduvo perfectamente, y también la cabina de control, porque era muy chica, no entraban más de tres personas en ella. Fue algo bastante extraño, a decir verdad, porque fue la primera vez que me pedían que grabara un álbum entero, las sesiones completas. Mick y Keith raramente venían a la cabina de control, creo que vinieron un par de veces en los primeros dos o tres días, y sólo se ponían a escuchar, no dijeron nada sobre el sonido. Y así fue. Lo dejaron todo en mis manos. Continué haciendo lo que quería hacer dentro del estudio, y también afuera, ya que también di una mano con los sonidos de guitarra, principalmente en el volumen. O tal vez con un pedal.

Supongo que para entonces ya te habías ganado toda su confianza.
Sí. No me impresionaban como dioses del rock. Eran sólo un grupo de músicos. Y yo intentaba ayudarlos a capturar algo.

18

Kimsey & Wood: a pesar de los esfuerzos, fotogénico se nace, no se hace

De hecho lograste un gran sonido. Me refiero a la versión original, no a la remasterizada…
¡Sí! (Risas) El sonido de ese álbum es bastante único por la manera en que se armó el estudio, y también la consola. Fue un momento muy especial. De algún modo lo sabía. Keith también lo sabía, porque hubo un período en el cual… Se suponía que no podíamos estar en esa sala. Era la sala más barata de Pathé Marconi, con una consola EMI muy vieja. Se suponía que íbamos a usar el Estudio 2, que tenía una gran consola Neve nueva. El área de grabación era muy grande, había dos salas inmensas, pero yo amaba el sonido que obteníamos en el estudio con la consola vieja. Y Keith también. De hecho le dijimos a Mick, “no deberíamos movernos”. Porque Mick siempre estaba en eso de, ya sabés cómo es, “el futuro”.De hecho lograste un gran sonido. Me refiero a la versión original, no a la remasterizada…

Nuevamente, ¿para qué tocar las cosas cuando están bien?
No lo hicimos, gracias a Dios.

¿Contaban con tiempo ilimitado para trabajar en el estudio?
Sí, creo que lo habían reservado por dos meses, o algo así. El estudio en el que estábamos costaba la cuarta parte de lo que costaba el otro, así que funcionó bien en todo sentido.

¿Considerás que te resultó más simple trabajar en “Tattoo You”, ya que la mayor parte de las pistas originales databan de grabaciones antiguas?
Bueno, no grabamos nada en “Tattoo You”. Fue material que encontré, material que sabía que había grabado y que no había sido utilizado. Y había al menos unas cinco o seis buenas canciones. Y pensé que, si ya había encontrado buenas canciones dentro de lo que yo mismo había grabado, debía haber más material que haya quedado de otros discos. Entonces me puse a revisar el material de las sesiones de “Goats Head Soup” y de “Black And Blue”, y encontré otras gemas maravillosas.

¿Fuiste vos quien eligió las canciones que iban a integrar el disco , o fue decisión de Mick y Keith? ¿O lo decidieron entre los tres?
No, se trató más del hecho de lo que había disponible, o lo que estaba más completo, en lo referente a melodías y letras para Mick.

19¿Acaso “Heaven” no era una canción nueva?
No, fue grabada para “Some Girls”, o quizás para “Emotional Rescue”. No recuerdo para qué álbum, pero sí, eso fue en París.

Tal vez “Little T&A” sí lo era…
No logro recordar si el material que grabé venía de las sesiones de “Some Girls”, o de las de “Emotional Rescue”. Más probablemente es del primero, lo que resulta muy gracioso, porque “Emotional…” se grabó a paso más lento. No fue tan divertido como hacer “Some Girls”. La energía había cambiado. ¿Tal vez sea que Keith ya estaba “limpio” en aquel momento? Debe haberlo estado. Y se ve que de repente comenzaba a despertarse.

La más antigua de todas sea probablemente “Waiting On a Friend”…
Esa era de “Goats…”, al igual que “Tops”. Pero en “Tops” trabajó Glyn, creo. Eso fue cuando estaba en Rotterdam, con el camión móvil de grabación de los Stones.

Eventualmente estuviste allí en el momento del cambio completo que sufrió “Start Me Up”, de la versión reggae original a la final en estilo rock-pop…
Sí, una de sus más grandes canciones.

¿Entonces tu primera co-producción real con los Glimmer Twins fue en “Undercover”?
No recuerdo como salió en los créditos. “Undercover” es un álbum muy poco valorado, y pienso que es mejor que “Emotional…”. Quiero decir, lo disfruto más que al otro. Era un momento muy peligroso respecto al grupo. Porque no se daban entre ellos en absoluto. Me encantaría conseguir la versión multitrack de “Undercover”, la canción, podría usarla para enseñar, porque no se parecía a ninguna otra pista que hayamos grabado. Comenzaba con Charlie tocando el timpani y Mick en guitarra acústica, solamente ellos dos, y luego empezó a tomar forma a partir de eso. Tuve una idea muy loca a la hora de mezclarla. Me llevó dos o tres días mezclarla con todos esos sonidos grabados de fondo. Fue todo cinta, nada digital. Me encantó hacerlo, fue fabuloso.

¿También en París?
No, eso fue mezclado en New York. Fue grabado en París, y luego trabajamos en los estudios Compass Point de Bahamas, y en New York.

THE CULT & MARILLION & KILLING JOKE & ACE FREHLEY
Al año siguiente estabas trabajando en “Dreamtime”, el primer disco de The Cult.
Sí, eso fue en Berlín. Hice un montón de trabajo en Berlín. Allí hice dos de Killing Joke, en los estudios Hansa. También trabajé en uno de JoBoxer, en “Misplaced Childhood”, de Marillion, Spear Of Destiny, y con una banda llamada Eden. Creo que todo eso fue en Hansa. Adoro ese estudio.

20¿Cómo fue trabajar junto a Marillion?
Me encantó hacerlo. De hecho allí hicimos un documental, el “makingof” de “Misplaced…”. En el rodaje usamos la multitrack, la que fue fantástico escuchar en Hansa, en esa sala mágica. También estaban las notas originales de grabación que yo había escrito. Los detalles en esas hojas eran increíbles. Tenía que estar muy bien clasificado, porque era un álbum conceptual. “Canción-continuar con la canción-canción-continuar con la canción…”. Todo eso de manera continua en un rollo de cinta. Realmente tenías que planearlo con anticipación, así todo tenía correlación, y de esa forma no había cosas diferentes que terminaban estando en distintas pistas. Tenía que ser algo muy calculado. Y es muy asombroso ver lo que hice. Incluso la banda dijo, “bueno, esto es increíble, jamás supimos que fuiste vos quien había hecho eso, ¡suena realmente bien!”. Fue el álbum más barato que hice alguna vez, y el que más vendió de todos.

¿Trabajar con Marillion te resultó hacerlo más con el estilo de música que te gustaba? Algo así como “alejémonos un poco del rock’n’roll y trabajemos con gente realmente seria”…
(Risas) Sí, realmente lo fue. Bueno, los Stones son más blues que rock and roll, quiero decir, Zeppelin y los Stones, no son lo mismo para nada. A ambas se les dice “rock’n’roll”. Los Stones se acercaban a algo más suave. Bueno, no exactamente algo “más suave”, no son las palabras indicadas. Sí, es algo diferente, ¿o no? Pero Marillion era algo más teatral y cinemático. Me encantó muchísimo trabajar con ellos, y me gusto su música. También me gustaba Killing Joke, que es exactamente lo opuesto (Risas) Eso sí que es rock’n’roll para mí, es rock’n’roll pesado. Pero fijate como son las cosas, en Killing Joke había un elemento orquestal de composición en la manera de componer de Jaz Coleman, en el teclado, en sus composiciones… Eso permitía un gran tipo de sonido.

¿No fue Coleman quien también hizo los arreglos de “Symphonic Music Of The Rolling Stones”, el álbum con versiones sinfónicas de los Stones en el que trabajaste?
Sí, fue él. Lo hizo en cuatro o cinco canciones. La versión de “Angie” es extraordinaria. Amo ese álbum. Le dieron 5 estrellas en el sitio de Amazon. Un disco hermoso. La compañía grabadora realmente lo arruinó, no sabían cómo publicitarlo. Lo entendieron mejor con discos que salieron después.

¿Te preparás por adelantado de alguna manera según el estilo musical con el que vas a trabajar? Digo, pasaste de los Stones a Marillion a Killing Joke…
¡Y después al reggae!

¡Y después al reggae!
Bueno, realmente amo el reggae. Me encantan todos los tipos de música, si bien no me gusta Metallica. ¿Podría trabajar con Metallica? No, creo que no podría hacerlo. Eso me volvería loco. Pero hubo un caso con otra banda norteamericana muy heavy, ¿cómo se llamaban? Eran muy grandes. Tuve que decirles que “no”. Es un nombre de una sola palabra…

¿Slayer? ¿Anthrax?
¡Tool! Eran grandes. Una banda masiva. Recibí un llamado de ellos cuando estaba trabajando con los Gypsy Kings. (Risas) Y yo estaba así como… ¡intentando hacer mis observaciones como productor de Tool mientras trabajaba con los Gypsy Kings! Fue muy loco.

Ya que estamos, después de Marillion trabajaste con Ace Frehley en el álbum “Frehley’s Comet”. Eso sí que debe haber sido divertido.
Bueno, no hice mucho en ese disco. Se dio por mi amistad con Bill Aucoin. Ace estaba muy arruinado, y precisaba ayuda.

Parece que ya está “limpio” después de todos estos años…
A veces me llaman para trabajar con artistas que resultan ser imposibles, o que generalmente están hechos pelota. Pero si puedo abrirme paso y llegar a su corazón y a su alma, entonces lo hago. Si no tengo esa conexión, no puedo hacerlo, entonces.

¿Y cómo te las arreglás si no lográs esa conexión?
Bueno, entonces no trabajo con ellos. Como dije antes, acabo de terminar un álbum solista de Peter Perrett, de The Only Ones.

Sí, los recuerdo perfectamente, los de “Another Girl, Another Planet”…
Sí. Pero Peter tuvo una severa adicción a la heroína durante 25 años. No puedo creer que aún esté vivo. Está limpio desde hace siete años, pero en estos siete años hubo tantos demonios y problemas, porque sus hijos están en su grupo… Sufrieron todo tipo de abusos de sus padres, siendo éstos drogadictos durante toda su vida. Aunque fui muy feliz haciendo el álbum, y lo que fue realmente encantador –y esto es en lo que pienso que soy bueno, y lo que me recompensa- es que llegó un punto en que Peter dijo “no puedo creer que esté trabajando con vos, porque confío en absolutamente todo lo tuyo”. Y recibir algo así de un artista es algo maravilloso. No se trata de si pasaron una crisis en su vida, o si no. Es agradable cuando obtenés eso de un artista sano también. Es un álbum maravilloso, y estoy muy orgulloso de él.

22LAS AVENTURAS DE PETER TOSH
OK, volviendo a las preguntas…
¡De vuelta al futuro, o al pasado! (Risas)

Me encanta eso de “volver al pasado”. Trabajaste con Peter Tosh en el disco “Mama Africa”. ¿Cómo fue esa experiencia? ¿Disfrutaste haciéndolo?
No, era un idiota. Amaba su voz. Tuvimos una relación extraña en el estudio, porque Peter no tenía respeto por nadie, más que por él mismo. ¡Ni siquiera por los músicos! Entonces él llegaba al estudio, tocaba tres o cuatro canciones, todo muy simple. Todos las aprendían, y después él decía, “¡OK, voy a salir a comprar algo de pescado frito!”, y desaparecía, y regresaba al atardecer para ver si ya habíamos hecho lo nuestro. Terminábamos las canciones, y después él solo grababa la parte vocal encima. Adoraba su voz pero, como persona, no era un hombre muy agradable.

Sabía que era un tipo complicado, pero jamás imaginé que fuera tan difícil trabajar con él.
Bueno, no era realmente difícil, ¡porque nunca estaba! ¡Eso era lo mejor de todo! (Risas) En oposición a Jimmy Cliff, que era todo lo contrario. Trabajar con Jimmy era como trabajar con un ángel, siendo él un tipo tan maravilloso.

Bueno, supongo que Peter a veces estaba ahí, pero al mismo tiempo no estaba, digo, siempre estaba muy “colgado”…
Sí. Y hay una historia famosa con Donald Kinsey, el guitarrista del grupo Chicago, que estaba en el álbum. Ambos teníamos la idea de que Peter grabara una versión de “Johnny B. Goode”, la canción de Chuck Berry. Entonces, una mañana se la hice escuchar a Peter, y me dijo “me no sing no white man song” (N. “no canto canciones del hombre blanco”, con acento jamaiquino). Y al otro día le traje una foto de Chuck Berry, diciéndole “Este es el hombre que escribió ‘Johnny B. Goode’”.

¿Cómo, Tosh no conocía a Chuck?
No, no lo conocía. Y entonces me dijo, “him brother, me do the song!” (“él es un hermano, voy a hacer la canción”) (Risas) Y la hizo muy bien. Le cambió la letra, que es algo que me encantó.

Pero Tosh tenía una gran voz…
Una voz maravillosa, sí. Y también hubo canciones geniales en el disco. Todavía me encanta ese disco, me encantan canciones como “Glass House” (Se pone a cantarla) … fue un gran cantante. Y conocí un montón de músicos que trabajaron en ese álbum, como Sticky Thompson, o el tecladista Phil Ramacon, que vive en Londres. Sólo hice una sesión con él, y no lo veo desde entonces. Por lo que resultó algo maravilloso.

En 1989 realizaste otra co-producción con los Stones en el disco “Steel Wheels”, que marcó un tipo de sonido diferente dentro de la carrera del grupo.
Así es. Fue algo distinto en el sentido de que pude tener un control más amplio. No sé si esa es la palabra exacta. Había tenido una visión sobre un sonido para todo el álbum, que me decía que tenía que ser algo más rico, más suntuoso. No tan crudo como el de “Exile On Main Street”, y no tan sucio como el de “Some Girls”. Realmente quería un sonido gordo y cálido a lo largo de toda la producción.

Suena definitivamente limpio y pulido, más metálico.
Sí, limpio y pulido. Fue hecho para sonar así. Todo el asunto con los arreglos y los coros. Fue algo más similar a “un álbum producido”, y estuve realmente feliz con la manera en que resultó, porque antes de empezarlo ya sabía que quería que sonara así. Porque ya estaba pensando en el próximo álbum, tenía la idea de hacer otro “Exile…”. Quería que el próximo fuera completamente lo contrario. Pero pensé que, siendo así, antes tenía que haber un disco de los Stones con un nuevo sonido. No creo que haya otro álbum de los Stones que suene como “Steel Wheels”, pero de eso se trataba ese shock, porque después de ahí se iba a tratar de volver a sonar más sucios.

Y, ya que estamos, acabo de acordarme de “Let’s Go Steady”, la canción inédita de las sesiones de “Emotional Rescue” que…
(Interrumpe) ¡El dúo de Keith y mi esposa!

Siempre fue uno de mis outtakes favoritos. ¿Cómo es que eso sucedió?
Es algo muy dulce. ¡A ella le encantaría escuchar lo que estás diciendo! En realidad, fue grabada en los estudios Compass Point, en Nassau. Mi esposa Kristi viajaba conmigo a todas partes, al menos antes que nacieran mis hijos. Creo que eran como las 2 o 3 de la mañana, y Keith dijo, “hey, buscá a Kristi, decile que venga, quiero que cante en esta canción”.

Recuerdo haber leído que ella dijo “no”, porque le resultaba mejor cantarla de día.¿Dijo que no? No lo recuerdo (Risas). Al menos no en este momento. Pero de todas formas, lo hizo después. Creo que lo hicieron todo en una sola toma. ¡Los dos cantando en vivo juntos! Fue muy entretenido.

Y Mick, mientras tanto, estaba fuera de escena.
¡No creo que Mick haya estado siquiera en la isla! (Risas)

¡Y ella lo hizo muy bien!
¡Lo hizo realmente bien! ¡Muy pero muy bien! Digo, ella no tuvo tiempo para aprender la canción. Fue como si siempre hubieran cantado juntos. Resultó ser algo muy especial. También fue muy instrumental a la hora de ayudar a Keith a terminar “Slipping Away”. Keith había tenido en mente eso de “slipping away, slipping away, slipping away…” al menos por dos años. Solamente esa frase. Pero no tenía el resto. Y entonces una noche estábamos cenando en la casa de Keith en Montserrat, y él la estaba tocando, y Kristi comenzó a cantar algo diferente, lo que llevó a Keith a otra cosa, y así fue como pudo terminar la canción.

Adoro esa canción.
Sí, es una canción encantadora: “First the sun and then the moon…”

EL FINAL ES EN DONDE PARTÍ
Al principio de la entrevista hablábamos de Guy Bailey y de Thirsty. En 1992 ya habías trabajado con los Quireboys en el álbum “Bitter Sweet And Twisted”, que fue el segundo con la formación original, cuando Guy todavía estaba en el grupo.
¡Oh, eso fue una pesadilla! Heredé el disco, lo recibí de manos de Bob Rock, que justo estaba haciendo la producción de la canción “King Of New York”. Bob había comenzado a producir y grabar el disco, pero es como que un momento se apartó. Supongo que alguien le habrá ofrecido más dinero para otro proyecto, así que se alejó y lo abandonó, y me cayó a mí. Y lo que digo será horrible, pero sí es así, es porque Bob lo grabó. Fue en la época en que teníamos máquinas digitales Sony, y Bob había conectado tres máquinas de 48 canales cada una para la grabación. Entonces, una de las máquinas estaba repleta de solos de guitarra, lo que significaba que yo iba a tener que analizar 48 tomas diferentes de guitarra. Todo el álbum era así. Todo había sido reemplazado, y reemplazado, y reemplazado nuevamente, y me llevó toda una semana hacerlo, porque lo que yo quería hacer era encontrar la grabación original, o al menos dónde había comenzado, y me llevó todo ese tiempo lograrlo, lo que resultó una pesadilla.

Pero así y todo, te gustaba la banda.
Sí, me gustaba el grupo. Me gustaba Spike, y me gustaba Guy.

23Al año siguiente trabajaste en “Full Moon, Dirty Hearts” con INXS. No hace falta decir que Michael Hutchence era un cantante prominente, y toda una estrella. ¿Alguna anécdota de esos tiempos?
Sí, eso se hizo aquí. Michael era un hombre encantador. Fue uno de las personas más gentiles con las que trabajé alguna vez, realmente. En especial, le pedí que cantara en el álbum “Symphonic Stones”, yo quería que él haga “Under My Thumb”. Y Michael se subió al proyecto, estaba encantado de hacerlo. Aparte era muy divertido trabajar con él en el estudio, muy rápido y muy inteligente. Muy agradable, me llevaba realmente bien con él. Como anécdota extra, una noche, en la época que él todavía salía con la modelo Helena Christensen, me pidió, “¿podrías cuidar a Helena por mí?”. Por supuesto, ningún problema (Risas) Michael era un tipo dulce y encantador. Cuando trabajamos en ese álbum, fue algo bastante extraño, porque había conocido a la banda antes en París, cuando yo estaba haciendo un disco de los Stones, y entonces nos juntamos con INXS, y me hicieron escuchar algo así como la mitad del futuro disco. Pensé que eran todos demos, porque todo sonaba muy poco convincente. Sonaba áspero. Y yo les dije, “va a ser muy bueno el día que lo graben de manera correcta”. A lo que ellos me contestaron, “ya fue grabado de manera correcta” “Oh!” (Risas) Me dijeron, “¿pensás que deberíamos hacerlo de nuevo?” Entonces así fue que vinimos aquí, a Olympic, y lo grabamos. Hicimos ese dúo de Michael con Chrissie Hynde, lo que fue algo muy loco. Cuando ella llegó al estudio, ya estábamos grabando la parte vocal, el dúo mismo, y ella dijo “voy a salir un rato a hacer unas compras”, y se fue por 5 horas. Chrissie sufre de “miedo a los estudios”. Odia estar en un estudio de grabación. Así que vino, dio un vistazo, escuchó y se fue.

Tal vez esa sea la razón por la que siempre demora en grabar un disco.
Quizás. Cinco horas, eso fue toda una exageración, pero después fue una gran hora y media (Risas) Imaginate la situación, “¿adónde se fue Chrissie?”

En 1995 volviste a trabajar con los Stones en el álbum “Stripped”, y también con los Chieftains en “The Long Black Veil”.
Oh, sí. Ya había estado trabajando con los Chieftains, porque me había hecho muy buen amigo de su manager Steve Macklan, ya que antes había trabajado con el canadiense Colin James, produciendo dos de sus álbumes. Entonces conocí a Paddy Moloney a través de esa conexión. Y después, sí, trabajé en el álbum, que contó con muchos invitados. Los cuatro Stones, Sting en una canción, Bono en otra… Recuerdo ir a una reunión con Paddy y Mick Jagger en Irlanda, para que discutamos qué canción grabar para el disco. Fue en esa ocasión que Paddy quedó asombrado cuando Mick le dijo que conocía la canción “The Rocky Road To Dublin”. No se imaginaba que Mick pudiera ser así. Hice un par de cosas junto a The Chieftains. Y aparte, algo muy triste, el arpista de la banda, Derek Bell, muy talentoso, había fallecido, y ellos hicieron un álbum tributo en vivo que yo después mezclé junto a Paddy.

En 1996 habrá significado todo un cambio para vos cuando, después de ese llamado, finalmente trabajaste junto a los Gypsy Kings en su disco “Compas”
Eso fue entretenido. Lo disfruté mucho, porque mi espíritu para ese álbum era el de no incluir instrumentos de viento, o batería. Sólo quería a los Gypsy Kings. Pero incluí a Pino Palladino para que toque algo de bajo, y a Jon Carin en algunos teclados. Me divertí muchísmo haciendo ese disco. El problema fue que su mánager, Claude Martínez, es como que tenía más preponderancia sobre la banda que los mismos Gypsy Kings. Es un hombre de negocios muy perspicaz. Pero puso mucha atención en la manera que escribían, porque en eso eran muy malos. Ellos llegaban y tocaban una canción. Le cambiaban la velocidad original, después que se la habían robado de otra melodía que habían escuchado en la radio. Entonces la escuchaban y la querían hacer así, y él les decía, “no, no podés hacer eso, sea lo que sea”. Así que él era muy bueno. De otra forma, se la hubieran pasado en la Corte todo el tiempo.

Quisiera saber sobre tu trabajo junto a Ray Davies hace unos 10 años, en 2007, precisamente. Ya conocemos la fama que tiene Ray, pero ¿fue realmente difícil trabajar con él?
Sí, él fue muy difícil, ¡pero muy interesante! Tengo mucha empatía por Ray. Lo vi hace poco tiempo, porque estuve trabajando en el álbum de Peter Perrett en su estudio, Konk Studios. Es muy encantador, se acercó a decir “hola”, lo que fue muy agradable de su parte. Pero lo dominan sus demonios. Creo que llega un punto en la carrera solista de alguien, en la que siempre se vuelven temerosos de editar algo. Porque obviamente quieren que hagan lo que hagan resulte de modo exitoso, y pienso que eso es algo erróneo. Creo que deberían simplemente lanzarlo. Y una vez que empiezan a ponerse en guardia y preocuparse, se anticipan, y eso nunca es bueno. Entonces, respecto al álbum que hice con Ray, él después lo regrabó, creo, dos veces más. Siguió haciéndolo con gente diferente. Pero sí, es un tipo encantador. Lo que más me asombró, de hecho las que fueron las dos experiencias más increíbles que tuve con Ray, fue cuando me preguntó, “¿qué guitarra acústica debería usar? ¿Debería usar ésta, que es en la que escribí ‘Lola’?”. Y yo le contesté, “Sí, creo que deberías usarla”. Pero después de eso, en cuanto a la parte vocal, grabamos la pista correspondiente, y entonces él después grabó tres tomas más, y más tarde vino a la cabina de control para decirnos, “quiero el primer verso de la toma 3, la segunda línea del segundo verso de la toma 1, la primera línea de la toma 2…”. Y yo junté todo, como él lo quiso, y quedó perfecto. Tiene una memoria increíble. Impresionante. Ray era extraño y maravilloso.

Volviste a trabajar como empleado fijo en Olympic Studios en 2014. ¿Cómo es qué ocurrió?
Retorné a Olympic porque me hice muy amigo de los nuevos dueños, y ellos no saben mucho del negocio de la música. Lo suyo es la industria fílmica y el diseño gráfico. Estaban absolutamente encantados de conocerme, porque para ellos yo era el enlace a la historia musical de Olympic. Sabían de la herencia de Olympic como uno de los lugares con mejor sonido, y entonces también querían el mejor sonido para las salas de cine. Así que diseñé el sonido de los cines para ellos. La mayoría de los cines tienen una clase de sistema de sonido más común y disponible. Y aquí no hay nada de eso, éste es un sistema de sonido completamente único. Así que di una mano con eso, y luego se los presenté a Keith Grant, porque Keith aún vivía cuando los nuevos dueños compraron el edificio. Y también los ayudé con el libro del 50 aniversario que están haciendo. Seleccionamos 120 discos, de los 900 y pico que fueron grabados aquí, con sus tapas. Y todo eso va a ir a parar al libro. Estuve hablando con diferentes artistas, como Cat Stevens. Recibí una carta suya encantadora, y también cosas de aquí y de allá de diferentes artistas.

Debió haber resultado bastante complicado elegirlos…
Aún lo es, porque queríamos solo 100, pero no hay forma de que puedan ser menos de 120. Fue muy difícil. Cuando te ponés a pensar en todo lo que fue grabado en este edificio, es realmente ridículo. Comencé a apreciarlo y comprenderlo, te dicen dicen “¡oh, Olympic!”. Todo el mundo se excita porque sólo conocen una fracción de lo que sucedió aquí. Y entonces todo eso me llevó a discutir con los dueños lo de volver a construir un estudio aquí, que originalmente iba a ser una sala pequeña en uno de los sótanos hace un par de años, pero no pude hacerlo, porque eso no sería Olympic. Sería demasiado chico. Así que ahora estamos construyendo uno en el techo, el otro techo, no el que está sobre una de las salas de cine, que es tan grande como el de la sala 1. Ésta es una sala grande. Acabamos de terminar la primera pared a prueba de sonido, y lo próximo son los pisos flotantes, por lo que espero esté todo listo en algún momento del 2017. A eso estoy apuntando. Va a ser una tremenda alegría para mí. Y va a ser mi diseño, quiero decir, voy a estar aquí, voy a ser el mánager, y más que seguro también voy a estar trabajando en eso. Lo esperamos con muchas ansias.

¿Con qué músicos estás trabajando actualmente?
Estoy haciendo la mezcla de la última canción del álbum de Peter Perrett. Y también en un disco con Noah Johnson, otro artista con el que estuve trabajando. Ese sea tal vez uno de los mejores álbumes que alguna vez hice, estoy tan feliz con el disco… Es un álbum de soul, muy al estilo de Marvin Gaye. Noah es galés, y tiene una voz del carajo, y además es un gran escritor de canciones. Usé todo mi conocimiento. Ese es el disco que te comenté antes, en el que está Tony Visconti en cuerdas, y también Paul Buckmaster. Steve Jordan en algunas partes de batería, Jennifer Maidman en bajo, Jon Carin…Un álbum increíble. Todos mis amigos. Ahora mismo lo estamos remasterizando, debería salir a mediados del año próximo.

Aún no trabajaste con ningún artista latinoamericano, y por supuesto, sabés que tenemos mucha música ahí.
Sí, lo sé, hay mucha música y artistas increíbles. Justamente hace poco hablaba de eso, sería emocionante.

¿Existe algún artista o banda con el que nunca trabajaste, y con quien te gustaría hacerlo?
Adoro a Laura Mvula. Me encontré con ella en varias oportunidades. No creo que pudiera trabajar con ella, porque tiene su propio equipo, pero amo su trabajo. También me gustaría hacerlo con una banda llamada King King, una gran banda de blues… (piensa)

OK Chris, muchas gracias por un momento y una entrevista fantástica…
¡Oh! (interrumpe) Pete Townshend, me encantaría hacer el nuevo disco de Pete. Me encontré con él el otro día, actualmente está escribiendo las canciones. Estuvo trabajando en la parte de arriba del estudio, tuvimos una gran tarde. Fue muy divertido. Y además porque él también está en el libro de Olympic con su álbum solista “Who Came First”, y también con “Who’s Next”, que también fue hecho aquí. Pete tiene una consola que estoy pensando en poner en el estudio. Es una consola especial, y me la prestó. Es la única que hay en el Reino Unido. Eso estuvo muy bien de su parte.

24

El autor de esta nota junto a Chris Kimsey: tarea cumplida, felicidad y luces que se reflejan

Una vez más, muchísimas gracias. Si ésta no fue la mejor entrevista que hice alguna vez…
¡Oh, seguramente se lo dirás a todo el mundo! (Risas) Gracias a vos, ¡también la disfruté muchísimo!

Agradecimiento especial:  Martin Elliott

CON ALAN CLAYTON DE DIRTY STRANGERS EN LONDRES: “SOY MEJOR ESCRIBIENDO SI ESTOY ENTRE LA ESPADA Y LA PARED”

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Publicado en Revista Madhouse el 13 de agosto de 2017

Y en el octavo día Dios creó a los Dirty Strangers. O algo así, porque, a decir verdad, la historia de una de los grupos londinenses de culto más particulares de las tres últimas décadas, y algo más, tuvo que ver con situaciones más terrenales. No hubo ningún día octavo de creación, entonces, y aquel Creador tuvo que conformarse con siete días para hacer lo que podía. Su lugar fue ocupado por Alan Clayton, cantante, guitarrista y, sobre todo, compositor de las canciones de la banda surgida en Shepherd´s Bush, una de las áreas más cosmopolitas de la capital británica.

1..

The Dirty Strangers en algún momento de los 80: Ray King, Dirty Alan Clayton, Mark Harrison, Scotty Mulvey, Paul Fox

Como en un programa de una obra de teatro, entender la crónica de los Dirtys sugiere una breve descripción de buena parte del elenco que la integra. Encabezándolo aparece nueva e inevitablemente el nombre de Clayton, corazón y alma del grupo, el encargado principal del cometido, o como aparece acertadamente descripto en la página oficial del clan: “La banda tenía una misión: cargar la antorcha del rock’n’roll de raíz, tal como lo inventaron Eddie Cochran, Gene Vincent y Chuck Berry, pero con un chorrito del soul de Otis Redding, y una guarnición de actitud punk” El reparto que gestó los primeros tiempos en la biografía de los Dirty Strangers continúa con Jim Callaghan, el más recordado de los jefes de Seguridad en las giras de los Rolling Stones por más de tres décadas, hoy retirado, bajo cuya órdenes Clayton supo trabajar cuando aún no había tomado el camino de la música. También está el ex boxeador Joe Seabrook, amigo de Alan, que también era empleado de la empresa de Seguridad de Callaghan, antes de convertirse en el guardaespaldas personal de Keith Richards, hasta su muerte en el año 2000. La nómina se completa con Stash Klossowski De Rola (más conocido como Prince Stash), un dandy aristocrático de la escena bohemia de Londres de mediados los ‘60s, que supo ser uno de los colegas más cercanos de Brian Jones, y con quien hasta compartió una detención policial histórica en 1967. Completando la historia, casi inevitablemente, aparece el mismísimo Keith Richards en su rol de catalizador casual, que gracias a los roles de todos los personajes antes mencionados acabó convirtiéndose no sólo en el padrino extraoficial del grupo, sino también en íntimo amigo de, claro, Alan Clayton. Una cosa llevó a la otra y, con más de 30 años de carrera y cuatro álbumes editados (“The Dirty Strangers”, “West 12 To Wittering (Another West Side Story)”, “Crime And A Woman”, y la recopilación “Diamonds”), el ahora cuarteto (Clayton en voz y guitarra, Scott Mulvey en piano, Cliff Wright en bajo y Danny Fury en batería) se apresta a grabar un nuevo trabajo a comienzos del año próximo. Tal como lo vienen haciendo desde sus inicios, antes continuarán recorriendo su habitual circuito de clubes de Inglaterra, a los que ahora se agregan 3 fechas en España a fines de septiembre (en Barcelona, Zaragoza y Reus)

2..

Afiche promocional del primer disco de la banda, con la presencia de Keith Richards y Ron Wood

NO TE DUERMAS HASTA HAMMERSMITH
MADHOUSE
estuvo en casa de Clayton en noviembre pasado para entrevistarlo y repasar el historial de su banda. Para llegar a la vivienda de “Dirty Alan” (donde en su parte trasera se ubica un estudio personal de dimensiones muy modestas, en el cual se registró buena parte del recetario musical de los Dirty Strangers) hay que acercarse al área de Hammersmith and Fulham, al oeste de Londres, muy cerca de la legendaria prisión local de Wormwood Scrubs, lo que implicó, al consultarle a una lugareña por la calle solicitada, tras citarle el nombre de la penitenciaría para llegar a destino cierto, una pregunta inapelablemente divertida (“oh, ¿es que tu amigo vive allí?”) La charla también contó con la participación de Danny Fury (ex integrante de los Lords of the New Church, entre otras aventuras, y nuevo miembro de los Dirtys), de quien en breve también estaremos presentando una entrevista exclusiva. Por el resto, he aquí un delicado repaso sobre la vida y obra de los Dirty Strangers en las propias palabras de su creador, una tarea que le llevó más, bastante más, de siete días.

3..

Clayton, Wright y Mulvey, en una reciente actuación

Los Dirtys nacieron a mediados de los ’80, pero antes de eso, ¿qué hacías como músico?
Alan: La banda se formó en 1978. Quiero decir, supongo que empecé a tocar guitar en el ’76, o algo así. Yo era de escribir música y poesía. Porque la mayoría de la gente piensa que la banda comenzó después que conocí a Keith (Richards) Y el verdadero motivo por el cual lo conocí fue que teníamos éxito. En aquel momento, bandas como los Lords of the New Church eran muy grandes, pero los Dirtys ya tenían su propia escena tocando en el Marquee. Cuando sos joven, tu carrera se mueve velozmente. Entonces, tres años antes que conociera a Keith, en 1981, nosotros ya habíamos encabezado el Marquee.

¿Cómo es que se dio aquel encuentro? ¿Qué es lo que sucedió, en verdad?
Alan: Yo hacía todo tipo de cosas, y uno de mis trabajos era el de Seguridad. Joe Seabrook era uno de mis mejores amigos, y lo conocía de antes de conocer a Keith. De hecho, esa primera vez, si bien fue por un instante, se dio en el pub de Big Joe.

4..

The Verulam Arms, el pub de Joe Seabrook, en sus días de gloria

¿Joe Seabrook tenía un pub?
Alan: Sí, en Watford. Se llamaba The Verulam Arms.

¿Watford?
Esa es la ciudad natal de Elton John, ¿no? Queda muy cerca de Hemel Hempstead, donde estoy parando actualmente.
Alan:
Correcto, queda muy cerca. De hecho Joe también era dueño de un pub en Hemel Hempstead.

Entonces, Joe no sólo tenía el pub, sino que además hacía Seguridad, al igual que vos.
Alan: Así es, se dedicaba a ambas cosas, y nos volvimos buenos amigos. Joe era guardaespaldas de los Stranglers, y también de Big Country.

¿Cómo fue que entonces conociste a Jim Callaghan?
Alan: Yo trabajaba en Seguridad para Jim y su socio Paddy, y su empresa se llamaba Call A Hand. Y Joe también empezó a trabajar para ellos. Y ya que Joe tenía una estatura y una presencia inmensa, también se convirtió en guardaespaldas.

5..

Keith Richards y Alan, en algún momento de principios de los 80: amistad y guitarras

¿Antes había sido boxeador, verdad?
Alan:
Sí, se había dedicado a eso.

Y mientras tanto vos hacías Seguridad por las tuyas.
Alan: Sí, pero trabajando para Jimmy, para Jimmy Callaghan.

OK entonces, una cosa llevó a  la otra, y así terminaste conociendo a Keith Richards, de quien Joe era su guardaespaldas personal. ¿Es así?
Alan: Sí. Y debido a que Joe y yo teníamos una gran conexión musical, cuando Joe comenzó a trabajar para Keith, quiso que escuchara nuestra música, porque sabía que a Keith iba a gustarle. Fue en Carlton Towers, en Knightsbridge. Me llevó a conocer a Keith. Y fue algo muy divertido, porque fuimos a su habitación a las 11 de la noche, ya que yo trabajaba durante el día. Entonces le pregunté a Joe, “¿y, a qué hora vamos a verlo?”, y Joe me contestó “Keith no se levanta antes de las 2 de la mañana” ¡Carajo! ¡Y yo que había estado trabajando todo el día!

¿Cómo te sentiste en aquel momento? ¿Te sentías excitado? Supongo que siempre te había gustado Keith como guitarrista…
Alan: ¡Claro que estaba excitado de conocerlo! A decir verdad, yo prefería a otra gente, pero a mí siempre me había gustado el mismo material que le gustaba a él. Otis Redding, Motown…Siempre me gustaron los Stones, pero más me gustaban los Who, ya que eran más londinenses. Entonces, así fue como lo conocí. Recuerdo cuando entramos en su cuarto en las Carlton Towers, y Joe dijo, “éste es Alan, toca en una banda que suena como acostumbraban a sonar los Stones…” Y Keith dijo, “Ojalá vuelva a suceder, ya ha pasado un tiempo de eso…”

Y ésa es finalmente la historia de la primera vez que conociste al hombre que luego terminaría siendo muy importante en la carrera de los Dirty Strangers.
Alan:
Sí, tal cual. Y dos días más tarde Keith me dice “me estoy yendo a París ahora mismo”, y yo le dije “oh, nunca estuve en París”, entonces me mandó a su chofer, con la orden de que vayamos a buscar una guitarra para él, y un bastón, y me dijo “venite para París, y te quedás conmigo” Y yo lo había conocido apenas 2 días antes, sabés…

Y así fueron las cosas…Puedo entender lo de la guitarra, ¿pero para qué te pidió un bastón?
Alan:  El bastón era para Bert. El chofer llegó manejando el Bentley de Keith, me recogió y nos fuimos para París. Pero Bert, su padre, todavía vivía en Dartford, donde Keith nació, entonces, camino a Dover, pasamos a buscarlo. Y así fue el viaje. Bert y yo en el Bentley de Keith, más el chofer, rumbo a París.

6..

Keith y Alan, en tiempos más actuales: amistad y sofás

¿Y Keith?
Alan:
No, él fue en avión.

¡Debe haber sido un gran viaje!
Alan: ¡Oh, fue buenísmo!

¡Gran anécdota, y también gran forma de comenzar una amistad con Keith Richards!
Alan:
Sí, pero antes ya había estado en el estudio con Ronnie Wood. Habíamos grabado “Baby”, “Here She Comes” y “Easy To Please”…

Para el primer álbum de los Dirtys.
Alan: Así es. Correcto. Y también tocó en “Thrill Of A Thrill” Entonces, yo ya había trabajado con Ronnie, y Keith nos ayudó a conseguir algunos shows en París. Todavía no teníamos contrato discográfico, y sucedió al mismo tiempo en que Mick (Jagger) estaba grabando su primer álbum solista, y por lo tanto Keith no estaba ocupado. Así que todo sucedió en el momento justo.

Y todo gracias a Joe Seabrook.
Alan:¡Sí! Joe representa una parte importante de mi carrera, porque nuestros primeros shows fueron en su pub. Pero como te dije, antes yo ya había trabajado en Seguridad para Jimmy Callaghan. Trabajé en los shows de los Stones en Earl’s Court en 1976. Conseguía todo tipo de empleos de parte de Jimmy, como el de “despejar” prostíbulos en el Soho de Londres. Casas de prostitutas…

Sí, Jim fue muy bueno conmigo. Fue de gran ayuda en mucha soportunidades  cuando seguí el tour de los Stones en USA en el ’94.
Alan: Es un hombre adorable. Y, si bien conocí a Keith a través de Joe, Jimmy fue mi primer amigo.

7..

The Ruts, con Paul Fox al frente, lata de cerveza en mano

EXTRAÑOS EN AMÉRICA
Quisiera preguntarte sobre Paul Fox, fallecido en el 2007, que si bien era integrante de los Ruts, también fue guitarrista de la primera formación de los Dirty Strangers, ¿verdad?
Alan: No, no estuvo en la primera formación del grupo, pero sí en la primera que fue a tocar a los EE. UU. Y también tocó en nuestro primer disco. El de la primera formación fue Alistair Simmons, que también tocaba en los Lords of the New Church. Él es quien escribió “Baby”, “Running Slow”…Todavía canto canciones que escribí con él. Y cuando Alistair dejó a los Dirty Strangers, se unió a los Lords. Era un tipo encantador y fantástico, pero, sabés, no podía sobrellevar la situación. Y en cuanto a Paul Fox, fue muy divertido, porque cuando Malcolm Owen, el cantante…Conocés la historia de los Ruts, ¿no?

A decir verdad, muy poco…
Alan:
Los Ruts iban a salir de gira con The Who, pero Malcolm era un junkie y, carajo, tuvieron que cancelar esa gira. Tuvo un final muy desafortunado. Cuando yo trabajaba en Seguridad, veía a los Ruts y me decía, “yo podría cantar en esta banda” Y también eran de West London, por lo que también existía esa conexión. Y 3 o 4 años después de eso, yo me encontraba en la parte de atrás de un cine en Kensal Rise, en Londres, que ya no existe, tratando de conseguir una fecha. Y Paul Fox también estaba ahí, y viene y me dice, “realmente me hacés acordar a nuestro viejo cantante” Y yo le contesté, “sabés qué, cuando tu cantante murió, yo estuve a punto de postularme para el puesto” Y Paul me dijo, “deseo que lo hubieras hecho” Porque después que Malcolm murió, los Ruts cambiaron completamente de rumbo.  Y llegué a conocerlo, había subido a tocar con nosotros un par de veces. Yo ya lo consideraba un nuevo amigo, y me agradaba mucho. Y 2 semanas antes de que comenzáramos nuestro tour en USA, Alistair pudrió todo. Teníamos un mánager nuevo, y todo esto le iba a costar un montón de dinero. Alistair siempre estaba al borde de ser brillante, o fuckin’ desastroso. Estaba tan colgado que no podía tocar la guitarra. Y entonces mi mánager dijo, “no pienso poner un centavo para llevarlo a los Estados Unidos” Imaginate todas las tentaciones que podrían haberle ofrecido estando allí…

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Oh yeah: otra toma de los Dirtys en sus primeros tiempos

Y así fue como Alistair no participó de la gira.
Alan: No. Fue toda una decisión, ya que era mi mejor amigo. Lo echamos 2 semanas antes de la gira por USA. Ese tour era uno de nuestros objetivos principales, así que lo llamé a Paul Fox y le pedí que forme parte. Y entonces se unió a la banda.

¿Cómo resultó la gira por los EE. UU. de una banda chica del circuito londinense que iba allí por primera vez?
Alan: Solamente tocamos en la costa este. No fue realmente un tour, duró algo así como 7 u 8 días.

¿Tocaron sólo en lugares chicos?
Alan: Bueno, tocamos en el Cat Club de New York, que es un lugar grande. Y después en lugares cerca de la ciudad, sabés…Boston, etc.

La primera vez que los Dirtys tocaban en USA…
Alan: Sí, y todavía no teníamos contrato discográfico.

¿Pero cómo? ¿No era que 2 años antes habían grabado con Ronnie?
Alan:  Sí, habíamos grabado con Ronnie, y después con Keith. Mick había editado su disco solista, así que Keith estaba con tiempo de sobra. Pero seguíamos sin contrato.

9..

Los Dirtys y Ron Wood: amistad y fotos tomadas de un video

¿Cómo fue que Prince Stash terminó produciendo el disco? Pareciera ser que siempre todo termina orbitando a los Stones…
Alan:  OK, veo que recordás eso. Stash había sido detenido con Brian Jones en los ‘60. Y cuando Keith vino al estudio a grabar con nosotros, Stash estaba con él. Si ves esa fotografía…Hay una foto  de todos nosotros en el estudio con Keith y Stash. Y momentos después Stash preguntó, “¿quién les está editando el disco?” Y así fue como formó Thrill Records, por el título de la canción que abre nuestro el primer álbum, “Thrill Of A Thrill”. Así que entonces puso en marcha el sello, y le dedicó 1 año completo de su vida. Quiero decir, se lanzó mundialmente, y anduvo muy bien. Todo parecía tan fácil en aquel momento, pero ahora uno dice, “carajo, me gustaría que ahora sea igual” Y Stash invirtió mucha plata en el álbum, fue genial. Tengo grandes historias sobre él. ¿Te acordás de Pinnacle, la distribuidora de las compañías grabadoras independientes? Cuando uno se dirigía allí, tenía solamente 20 minutos para convencerlos de que te contraten, y 45 minutos más tarde Stash les estaba diciendo que había sido un gran disco pero…

Entonces coincidió todo.
Alan: Coincidió, pero en lo que respecta a USA, todo empezó a andar mal. Lo que sucedió fue que, vendimos muchos discos en Gran Bretaña, y cuando Stash lo llevó a USA, usaron el nombre de Keith para promoverlo. Recordemos que antes de lanzar su primer disco solista, “Talk Is Cheap”, Keith ya había grabado con nosotros. Y cuando empezó a  trabajar en su primer álbum, que en aquel momento era todo un acontecimiento, en su contrato estaba especificado que no podía trabajar en discos de otros. Como siempre decía su mánager, “cuando Keith Richards graba con amigos, lo mejor es que la gente lo descubra. De otra forma, puede salir mal” Y en la edición americana del disco, Stash le había agregado una calcomanía a la tapa que decía “The Dirty Strangers con la participación de Keith Richards y Ronnie Wood” Eso fue justo cuando Keith estaba por lanzar un adelanto de su álbum solista. Y entonces nuestro disco se canceló en USA. No fue nada astuto al promoverlo allí. Todo el mundo usaba el fuckin’ nombre de Keith, como si fuera una herramienta publicitaria.

10..¿Fue Stash el que tuvo la idea de poner eso en la tapa del disco?
Alan: Oh sí, debe haber sido Stash, sí. Keith tocó en el disco como amigo.

Cambiando de tema, hace unos años trabajaste junto a John Sinclair, quien fuera mánager de los MC5, y también un recordado activista político.
Alan: No sólo el mánager de la banda, sino también la inspiración, entre tantas cosas…

Es verdad, de hecho fue uno de los fundadores del White Panther Party (N. de la R.: facción política de extrema izquierda anti-rascista fundada en los EE. UU. en 1968) Pero tu trabajo con él fue en “Beatnik Youth”, su álbum de 2012. Vi el video en YouTube en el que…
Alan: ¡Oh, pero eso fue otra cosa, diferente a lo de “Beatnik Youth”! Bueno, ya sabés la historia de John Sinclair y los MC5…En verdad no me crucé con él. Mi conocimiento de los MC5 fue a través de Brian James (N. de la R.: ex miembro de The Damned y Lords of the New Church) Y una vez recibí un llamado de George Butler, que fue baterista en los Dirtys antes de Danny, diciéndome, “hay un amigo mío de Brighton, Tim, que quiere grabar algo con John Sinclair. ¿Te parece que hagamos algo en el estudio?” Y yo le dije, “sí, por supuesto” Entonces vino Sinclair. Pero yo seguía intrigado sobre él. Y cuando llegó, fue casi lo mismo que cuando conocí a Keith, me conecté con él instantáneamente. Pensé, “oh, ¡otro espíritu afín!”

11..

John Sinclair, una leyenda en blanco y negro

Desde ya, hace rato que venía haciendo cosas…
Alan: Sí, anduvo por ahí…Y cuando editamos el álbum “West 12 to Wittering”, Youth, que había tyrabajado con Sinclair, produjo parte del disco, como fue el caso de la canción “She´s A Real Boticelli”, el single de difusión…

¡Amo esa canción! Es una de mis favoritas.
Alan:  Si me preguntás cómo fue que la escribí…Youth la produjo, fue una mezcla de él. Youth había sido productor de The Verve, y bajista en Killing Joke. Es muy bueno produciendo. Y también tuvo una banda con Paul McCartney (N. de la R.: The Fireman) Es un tipo genial. Le dije que había conocido a John Sinclair, y él había producido “Lock And Key”, la canción que John había grabado con los Dirty Strangers, y entonces me dijo “¿por qué no hacemos un álbum?” Y escribimos un álbum, que tiene que salir en algún momento. ¡Carajo, es un disco fantástico! Del tipo de música que nunca fue mi estilo. Porque Youth viene de diferentes áreas. Nos conocíamos desde hacía mucho tiempo. Y después estaba John Sinclair. Porque John daba vueltas por Europa tocando. Ahora vive en Amsterdam. Y siempre se metía en bares chicos, bares genéricos, donde tocaban blues, y él les agregaba algo de poesía. Lo que Youth y yo quisimos hacer era llevar eso a otro nivel, así podía tener un álbum con canciones auténticas, no solamente blues con pedazos de poesía. Entonces terminamos usando su poesía como versos de las canciones, y les agregamos coros, y así fue que terminaron convirtiéndose en canciones.

¿Podrías decir que fuiste parte de la escena del punk londinense, o fue más que nada de la del rock and roll en general?
Alan: No, yo empecé con los Dirty Strangers. Cuando se dio lo del Punk, que es algo que yo adoraba, fue fuckin’ grandioso, porque me llevó de ser alguien que tocaba en su cuarto, a alguien que creía que podía formar un grupo. Y realmente lo hice. Y siempre podía ponerme a escribir canciones, o poesía, así que amaba la escena del punk. En aquel momento, en 1976, yo tenía 22 años, y todos los punks simulaban tener 16 o 17. Todos los punks como Mick Jones o Tony James tenían mi edad, 22 o 23 años. Entonces, si bien todavía no estaba en ninguna banda, conocía a Mick Jones antes de que fuera parte de los Clash, porque yo acostumbraba a trabajar en el edificio del Colegio de Arte de Hammersmith en Shepherd´s Bush, y Mick estudiaba ahí. Su primer show fue como telonero de los Kursaal Flyers en el Roundhouse, así que me sentía conectado a la escena del punk por conocer a Mick. Era una escena fuertemente influenciada por la parte oeste de Londres, por lo que de todas maneras, yo estaba ahí. Y todos ellos tenían mi edad. Al mismo tiempo yo ya estaba trabajando como Seguridad en muchos conciertos, lo que me permitía ver a todas las bandas. Y puedo decir que eso me inspiró definitivamente a formar un grupo de rock’n’roll. Todas las bandas punk que me gustaban eran realmente bandas de rock´n´roll, pero con una nueva energía.

Siempre tuve la impresión de que que lo tuyo es más que nada el material de los 50s y los ’60.
Alan: Oh, ¡yo amo el rock´n´roll!, sabés… ¿Qué puede haber que ame más que nada en el mundo? Tal vez ver a las mujeres bailar cuando estamos tocando…

12..WITTERING HEIGHTS
Lo mencionaste hace un rato, pero quisiera que hablemos más en profundidad sobre el álbum “West 12 to Wittering” Sabemos que Keith tocó piano en el disco, de hecho aparece en varias canciones. Y también Ronnie Wood. Y fuera de eso, es sin dudas no solo mi álbum favorito de los Dirty Strangers, pero también uno de los discos en general aque más suelo escuchar. Imaginate lo que me gusta ese disco…
Alan: Gracias, muchísimas gracias.

Y de hecho hace unos días estaba caminando por aquí, en Londres, mientras lo escuchaba, y es sin dudas un álbum que tiene una atmósfera absolutamente londinense.
Alan: Por supuesto, es sobre Londres, definitivamente.

A lo que voy es, uno no escucha a Madonna cuando camina por Londres…
Alan: ¡Jajaja! Sí, los Dirty Strangers resultan una buena elección a la hora de hacerlo. Y la historia del disco es que…Yo venía de trabajar en la gira de los Stones de “A Bigger Bang”, que duró alrededor de 2 años y medio, y los Dirtys habían estado parados por cerca de 8 años. Y mientras viajaba escribí un montón de canciones. Entonces, al volver, decidí volver a juntar al grupo, pero en aquel momento éramos solamente yo, John Proctor y George Butler, un trío, y decidimos llamarnos Monkey Seed.

¿Le cambiaste el nombre al grupo?
Alan: No, lo que sucedió fue que los Dirty Strangers estaban algo así como disueltos, si bien nunca nos habíamos separado. No habíamos tocado por mucho tiempo, ni tampoco ganado dinero y, ya sabés, eso desmotiva a la gente. Así que cuando decidí volver a juntar al grupo, quise que empezara de cero. Entonces quería que tenga un nombre nuevo. No pensaba hacer canciones de los Dirty Strangers, solamente canciones nuevas. Pero como de todas maneras yo había escrito todas las canciones de la banda, me dirigí a Ian Grant, que acababa de formar el sello Track Records, y le dije, “tengo un álbum de canciones, ¿te gustaría contratarme para Track Records?” Dijo que sí, ya que le gustaba lo que estaba haciendo. Y entonces me preguntó, “¿por qué le cambiaste el nombre a la banda?” Y le contesté, “bueno, es que quiero un nuevo comienzo” Y Ian me dijo, “Alan, ¡tenés más de 50, ya no tenés 20 años!” (risas) ¡Y tenía razón! Después me dijo, “escuchame, tenés la reputación de los Dirty Strangers, porque básicamente vos sos los Dirty Strangers. ¿Porqué habrías de cambiarle el nombre? Siempre les funcionó. Te sugiero que la sigas llamando The Dirty Strangers”. Y yo accedí. A veces te hace feliz que exista gente que te digas cosas así, porque generalmente uno no se da cuenta. Uno piensa, “sí, tengo una nueva banda, la voy a llamar tal y tal…” Así que lo pusimos en marcha, y cuando se lo comenté a Keith, me preguntó, “¿querés que toque guitarra en el disco?” Y yo le contesté, “no, quiero encargarme yo de las guitarras”, pero le dije, “¿podés tocar algo de piano?” Y Keith me contestó, “claro, fuckin’ por supuesto!” Y es por eso que se llama “West 12 to Wittering”, porque cuando está en Inglaterra, Keith vive en Wittering, y yo llevé todo el equipo desde mi lugar aquí en el área W12 de Londres para grabar su parte, y es como que “acampamos” en su casa.

13..

Clayton, Proctor (hoy ex bajista del grupo) y Danny Fury

¿Lo grabaron en la casa de Keith?
Alan: Sí, en Redlands. Solamente su parte, la del piano, que fue grabada allí.

¿O sea que paraste en su casa exclusivamente para grabar la parte del piano que se usó en el álbum?
Alan: Bueno, en verdad paré en su casa en muchas oportunidades.

Wittering es una zona muy hermosa.
Alan:  Sí, encantadora. Tanto me resulta así que, si alguna vez me mudara de Londres, ese es el lugar donde me iría a vivir.

Pequeño mundo. Justamente hace días fui a ver a Ian Hunter en Shepherd’s Bush, y de casualidad, me puse a hablar con un matrimonio que vive allí.
Alan:¡Ian Hunter? ¿Tocó en Shepherd’s Bush?

Desde ya, fue hace 3 días. Jamás tocó en Sudamérica, y sería muy raro que alguna vez lo haga, así que no podía perdérmelo. Y con Graham Parker de telonero.
Alan:
¡Oh, amo a Graham Parker!
Danny: ¿Acaso salió el aviso en algún lugar?
Alan: Si el show está sold-out, no lo publicitan.

Perdón, ¡ahora me hacen sentir culpa!
Alan: ¡No sabía que iba a tocar en Londres!
Danny: Si te fijás en internet, generalmente aparece ahí.
Alan: En general aparece un aviso en el diario Evening Standard, o en la revista Time-Out.
Danny: Antes uno podía ver los avisos en el Melody Maker. Todos los anuncios de shows aparecían ahí.
Alan: Time-Out, para mí, habiendo tenido una banda, era el lugar donde aparecían todos los avisos, y ahora sólo están los que fueron seleccionados.

SUCIOS., EXTRAÑOS Y CONCEPTUALES
¿Qué me podés decir sobre “Crime And A Woman”, el disco más reciente de los Dirtys? Sé que se trata de un álbum conceptual.
Alan: Es una historia narrada desde el principio hasta el final, si es que querés que sea una historia. Si querés que sea una colección de canciones de rock´n´roll, es una colección de canciones de rock´n´roll. Pero hay toda una historia dentro del disco, que probablemente resulte para mi propio beneficio, más que el de cualquier otra persona.

14..Sí, cuando el otro día te pregunté por qué Keith esta vez no estaba esta vez en el disco, me dijiste que es un álbum que quisiste resultara más personal, y me explicaste que querías que sea “tu” álbum.
Alan: Sí. Porque lo que sucede es que, si bien es genial que Keith sea uno de tus mejores amigos, la parte mala es que, cada vez que tocás tu propio material, o que alguien va a verte tocar, permanentemente me hacen la misma pregunta: “¿Keith va a estar en el disco?”, o “¿Keith va a estar en el show?” Entiendo que la gente pregunte esas cosas, pero no es su banda. Es mi banda, que toca de vez en cuando, y se llama The Dirty Strangers. Y quiero que el grupo represente en vivo todo lo que grabamos.

Bueno, como sea, es otro disco que no deja de encantarme.
Alan: A mí también me encanta, porque suena genial. “Keith, “¿podrías venir y tocar en el disco?” Keith es genial, pero no toca en vivo con nosotros.

Siempre escribís solo. De hecho sos el único que escribe las canciones de los Dirtys.
Alan:
Y ahora que estuve tocando con Danny desde hace un tiempo…Danny escribe canciones, y sin dudas va a colaborar de aquí en adelante.

Pero básicamente todas las canciones del último disco son tuyas.
Alan: Sí, pero hay un par de canciones, como en el caso de “Running Slow” y “Are You Satisfied”, que fueron co-escritas con Alistair…Pero Alistair murió hace 10 años. Fue un gran compañero. Y después está “One Good Reason”, que escribí junto a Tam Nightingale, y además Scotty co-escribió “Short & Sweet”. Pero en verdad, sí, fue mi álbum.

¿Qué cosas te inspiran a la hora de escribir canciones? ¿La vida cotidiana?
Alan: Definitivamente, la vida diaria. Si tengo una pausa, o un momento de calma, al igual que la mayoría de la gente, soy mejor escribiendo cuando estoy entre la espada y la pared. Cuando estoy cómodo, cuando todo funciona bien, me resulta muy difícil escribir canciones, porque hay paz en mi vida. ¿No creés, que es así, Danny? ¿Que se escriben mejores canciones cuando se está alborotado?
Danny: Sí, por supuesto.

Si no fuera así, no existirían los músicos ni las canciones de blues.
Alan:
Sí, exactamente. Los momentos difíciles son los que te llevan a escarbar profundo.

Y supongo que lo mismo le sucede a los escritores.
Alan: Sí. Bueno, ¿cuántos escritores y comediantes torturados conocemos? Gente que es maníaca-depresiva, y que hacen hermosos trabajos.
Danny: Y se enfocan en su desorden interior.

Es como que de alguna manera lográs exorcizar tus pesares. Resulta toda una terapia, finalmente.
Alan: Eso es definitivamente correcto. Si tengo algo muy fuerte dentro de mi cabeza, sin dudas voy a escribir una canción sobre eso.

15..

Los Dirtys hoy: Danny Fury, Alan Clayton, Cliff Wright y Scott Mulvey

Y, más allá de las letras, no es fácil encontrar bandas cono los Dirty Strangers hoy en día, con toda esa cosa blusera y de rock´n´roll badass, con un filo de punk rock. Y ahora, ¡bienvenido Danny y la sangre nueva en el grupo!
Alan: ¡Así es!

MAYBE IT´S BECAUSE I´M A LONDONER
¿Qué piensan de la escena musical actual londinense?
Alan: ¿Puedo ser totalmente honesto con vos? La escena musical me importa un carajo, solo me importan los Dirty Strangers. Cuando estás en una banda de rock and roll, no te pueden importar los demás. Realmente, porque fuckin’ amás el rock and roll. ¿Lo ves así, Danny?
Danny: Sí, es como que estás atrapado en tu propia cosa. Pero si es que tal vez puedo responder a esa pregunta, de todas formas tengo una pequeña impresión al respecto, ya que aún estoy algo interesado en lo que sucede. Una saca nuevo material en ese contexto, y si querés que el mundo lo conozca, tenés que ponerte a trabajar. De ahí es que viene mi interés. Es realmente como dijo Alan, es como si fuera un cliente limitado. Pero creo que existe una gran falta de personalidades, una falta de expresión auténtica. Pareciera que todo el mundo copiara algo que ya había sido hecho antes.

Bueno, eso sucede porque mayormente lo hacen porque sólo están interesados en ganar dinero.
Alan: Sí, sí…
Danny: Es verdad que se hace música por dinero, pero no hay mucha música que realmente te alcance y te toque de cerca, quiero decir, algo que represente una expresión genuina de personalidad.
Alan: Además, todavía sigo descubriendo música de los ’50, hay toda una estructura musical de esos años.
Danny: Existe tanta música…
Alan: Me gustaría saber si eso de la música en sí sigue sucediendo con los más jóvenes. Yo no soy quién para comentar sobre lo que les gusta a los quinceañeros, porque no tengo 15 años. ¿De acuerdo? Pero sé lo que hago a mi edad. Y hago rock’n’roll. Veo que muchas bandas se comprometen, pero nosotros nunca nos compremetemos, sólo tocamos lo que tocamos. A lo largo de mi carrera, siempre me fijé en las modas, después me olvidé de eso, y más tarde le presté atención a la moda nuevamente. Uno simplemente hace lo que hace.

Es exactamente como lo dijiste, siempre se trata de mirar al pasado, porque hay tanta música buena ahí…
Alan: Yo escucho mucha radio, por lo que no me cierro al mundo exterior. Todavía hay gente que escribe grandes canciones. Y soy muy protector con el rock’n’roll, mientras hay bandas que juegan con él.
16..Como si sólo fuera una palabra suelta…
Alan:
Sí, y vivo mi vida para eso. Y sé que lo vengo haciendo desde hace mucho tiempo.

Entonces, si es que puedo preguntártelo, ¿de qué vivís fuera de los Dirty Strangers?
Alan: ¡Soy el mayordomo de Danny! (se ríe fuertemente)

Bueno, es que me resultaba curioso saberlo…
Alan:
Él es de Suiza, entonces tiene mucho dinero… (risas)

Sin dudas, Suiza está llena de millonarios.
Alan:
¡Claro que los hay! (risas) Y nosotros somos sus empleados.
Danny: Debería pedirle que se cambie el nombre por el de James, o algo así… (risas)

BOB & MARLEY & ALAN & JOHNNY
Alan, recuerdo haber leído una historia tuya junto a Bob Marley que me resultó muy divertida…
Alan:
¡Con mucho gusto! Cuando trabajaba para Jimmy Callaghan, a fines de los ‘70, una vez estábamos trabajando en el Crystal Palace’s Bowl, que era un lugar abierto para shows en el sur de Londres, y en aquel momento el área de backstage no tenía camarines. En su lugar se usaban carpas grandes. Y mi trabajo consistía en cuidar la carpa en la que estaba Bob Marley. Big Joe también estaba ahí. Y lo que ocurrió fue que, en esa época, lo de la Seguridad no era como es ahora. La zona del backstage tenía vallas muy bajas alrededor del lugar, y no había mucha Seguridad, y parecía ser que todos los jamaiquinos que habían ido al show pensaban que tenían el derecho de conocer a Marley. Entonces lo que hacían era saltar esas vallas, tratando de meterse en su carpa, y yo era el único que estaba ahí para pararlos.

18..Bob Marley era realmente “la gran cosa” en aquellos años…
Alan: ¡Claro que lo era! La “gran cosa” para los jamaiquinos. Era su hombre espiritual, y demás. Y la gente que intentaba meterse en su carpa, no le gustaba que yo los parara, si bien ése era mi trabajo, y lo que sucedió es que siempre había conmoción. Y de repente alguien me tocó el hombre y me dijo, “vení, entrá”, y me metió en la carpa de Bob Marley. Marley estaba sentado sobre un amplificador tocando la guitarra, y de repente se puso a liar un porro enorme. Y mientras Bob seguía tocando la guitarra, ¡me hicieron fumar y me drogaron, para calmarme! (risas) Estuve ahí unos 20 o 25 minutos. Y recién me enviaron de vuelta afuera una vez que me calmé.

¡20 minutos con Bob Marley! No es una historia muy común…
Alan:
¡Sí!

¿Te gustaba la música jamaiquina en ese momento?
Alan:
Sabés, cuando era joven, mi primera música fue el ska. Johnny, mi padre, era un “teddy boy”, por lo que amaba el rock and roll. Él es cantante, hice un álbum con él.

Sí, leí algo sobre eso.
Alan: Y Keith toca en el álbum, y Bobby Keys también. Ese es el disco de mi papá, Johnny Clayton.

¿El disco fue ya fue editado? ¿ O se trata de una grabación privada?
Alan:
No, aún no, pero ya va a editarse. Brian James, Keith Richards, Bobby Keys, Jim Jones (de la Jim Jones Revue) y Tyla, de los Dogs D’Amour. Todos tocando con mi padre.

19..¿Todas sesiones de estudio?
Alan: Sí. Ése va a ser el próximo disco que se edite, el de mi padre. El de John Sinclair ya había sido editado a través de otro sello, y de hecho también vamos a grabar otro álbum con los Dirty Strangers. Pero antes que todo eso vamos a reeditar el primer disco de la banda, “The Dirty Strangers”, pero con nuevo material, inéditos, etc. Supongo que el disco de mi papá va a ser lanzado al mismo tiempo. Hay gente grandiosa en el disco.

Es verdad, es una gran formación. ¿Va a incluir nuevas canciones o son todos covers?
Alan:
No, son todas canciones de Dean Martin, y de Frank Sinatra. Y la banda básica en el disco es Mallet en batería, Dave Tregunna en bajo, Scott Mulvey de los Dirtys en piano, y yo tocando acústica, y después están los guitarristas y los saxofonistas invitados.

¿Tienen la idea de salir a hacer shows en otros países, o son más una banda local que suele tocar en Londres, o en otras ciudades inglesas?
Alan: ¡Queremos tocar en todas partes! Ya tocamos en Europa, y ahora, con Danny en la banda, iniciamos una nueva etapa. Necesitábamos realmente que nos maneje alguien que esté más al nivel de la tierra, y mi hijo Paul está haciendo todo eso.

Se lo ve muy entusiasta.
Alan: Lo es, ¡es el hijo de su padre! Entonces, sí, queremos tocar en donde sea.

Como músico, ¿existe alguien con quien te hubiera gustado grabar o tocar?
Danny:
En verdad quería tocar conmigo… (risas)
Alan: ¡Oh, mis sueños finalmente se hicieron realidad! Te lo digo así, si no fuera con Danny (risas) sería con alguien como Otis Redding, mi cantante favorito de todos los tiempos. Sí, es mi cantante favorito. Fin de la historia.

Sos un “soul man”.
Alan: Sí, pero mi papá era un “teddy boy”, así que soy una mezcla extraña.

Es todo lo mismo, es música maravillosa, después de todo, ya sea soul, rock and roll, rhythm and blues…¡Todos esos grandes músicos negros!
Alan: No pueden hablar como yo, ¡pero yo sí puedo hablar como ellos! ¡Jajaja!
Danny: Lo sienten en el corazón, digo, tienen ese sentimiento. Y encima de todo, Alan tiene una gran voz.
Alan: ¡Gracias! Deberíamos parar aquí… (risas)

20..y

El autor de esta nota junto a los protagonistas de la misma: el negro es el nuevo negro

RECUERDOS DEL FUTURO
Es tal como dijiste, se trata mayormente de volver al pasado, que es cuando se hizo la mejor música. Justamente ayer estaba escuchando mi disco en vivo favorito de todos los tiempos, el de Jerry Lee Lewis en vivo en el Star Club de Hamburgo en 1964, que vendría a ser…¡el disco más salvaje que alguna vez se grabó! Eso sí que es heavy metal. Alguien incluso lo describió como “no un álbum, sino una escena del crimen”
Alan:
¡Sí! Te voy a contar una historia muy divertida que Ronnie Wood me contó, de cuando estuvo de gira con Jerry Lee. Estaban los dos caminando juntos en el lobby de un hotel, y apareció una mujer, que abrazó a Jerry, diciéndole “Jerry, olés maravillosamente, ¿qué te pusiste?” Y él le contestó, “lo que pasa es que se me paró, honey. ¡No sabía que podías olerlo desde ahí!”
Danny: ¡Es increíble!
Alan: ¡Esa es genial! ¿O no?

Me encantan las historias así. ¿Alguna más que quieras contarme?
Alan:
¿Querés saber cómo es que escribí la canción “She´s A Real Boticelli”?

21..Me encantaría saberlo. Siempre me pregunté qué es eso de ser “una Boticelli auténtica”…
Alan:
Bueno, te voy a decir cómo ocurrieron las cosas. Yo estaba en Redlands, y estábamos con Keith en la cocina de la casa, cocinando. Yo estaba pelando papas, y Keith preparaba la carne. En Inglaterra, cuando sos chico, es muy común que leas una colección de libros llamada “Just William” El personaje principal de las historias es un chico de 13 años, que vive en el campo con sus padres y una hermana, y que siempre está teniendo aventuras. Cualquier persona que sea de nacionalidad inglesa conoce esos libros. Supongo que cada país tendrá los suyos. Y este chico forma parte de un gang llamado The Outlaws (Los Bandidos) que tienen una banda rival. Y están todos esos personajes que pasan por el lugar donde vive. Músicos, vagabundos, viajeros…Y todos esos libros fueron escritos por una mujer, Richmal Compton. Y yo me pasé toda mi infancia creyendo que los había escrito un tipo. O sea que esta mujer escribió tosas esas aventuras fantásticas desde la perspectiva de un chico. Y nos dimos cuenta que tanto a Keith como a mí nos encantaban, que habíamos tenido un amor mutuo por esas historias a medida que íbamos creciendo. Y cuando la oficina de los Stones se enteró de nuestro amor por esos libros, nos los enviaron en formato CD, y solíamos escucharlos cuando nos poníamos a cocinar. Y uno empezaba con la frase “she´s a real Boticelli!”, pero en verdad lo que está diciendo es “she´s got a real bottle of cherry” (“tiene una botella real de cherry”) Lo habíamos entendido mal. Miré a Keith y me dijo “parece un fuckin´ título de una canción de Chuck Berry, ¿o no?” Así que viene de ahí, de cuando cocinábamos, del CD del libro. Entonces nos robamos la primera estrofa, y escribimos la canción “She’s a Real Boticelli”

¡Gran anécdota! Y agreguemos que su nombre nació en Redlands, al igual que la historia del jardinero, que se usó para el título de “Jumpin´Jack Flash”. Ya conocés la historia…
Alan:
¡Así es!

OK, saben que podríamos quedarnos hablando horas, pero creo que deberíamos salir para el show de esta noche, y no quiero ser el culpable de que lleguen tarde. ¡Muchísimas gracias!
Danny:
¡Ya mismo!
Alan:
¡Muchas gracias a vos! Y no olvides tu bolso.

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TRISTEZA: FALLECIÓ EL MÚSICO JOHN WETTON, MÍTICA FIGURA DEL ROCK PROGRESIVO INGLÉS

Standard

Publicado en Revista Madhouse el 1 de febrero de 2017

Justo cuando parecía que un cambio de fecha podía augurar un año con noticias más prósperas tras el aluvión de muertes de figuras relacionadas a la historia de la música registrado con creces a lo largo del año pasado, al menos en el corto plazo que lleva el 2017 la lista parece no evitar continuar actualizándose. Esta vez es el turno de John Wetton, uno de los músicos más insignes de la escena del rock progresivo británico y sesionista deluxe (Brian Eno, Bryan Ferry, Phil Manzanera y Steve Hackett, entre tantos), otrora miembro de bandas como U.K., King Crimson, Family, Roxy Music, Uriah Heep, Wishbone Ash y principalmente Asia (de la que fue además co-fundador), y sobre la cual hace unos meses había anunciado no podía formar parte de la futura gira por EE.UU. que el grupo iba a realizar junto a Journey, tras verse obligado a enfrentar un tratamiento quimioterápico.

SU VIDA. John Kenneth Wetton había nacido en Willington (distrito inglés de Derbyshire) en junio de 1949 y, tras pasar por una serie de bandas locales y colaborar en vivo junto a Renaissance, se convirtió en miembro estable de los legendarios Family entre 1971 y 1972. Pero su gran salto a la popularidad terminó dándose al integrarse a King Crimson, en la cual permaneció como bajista y guitarrista hasta 1974 en reemplazo de Greg Lake, en el período que el grupo registró “Larks Tongues In Aspic”, “Red” y “Starless And Bible Black”, tres de sus obras más clásicas y discos básicos de toda colección de rock progresivo que pueda preciarse de tal. Crimson se separaría momentáneamente poco más tarde y la situación llevaría a Wetton a buscar nuevos horizontes, que terminaron derivando en su paso por Roxy Music (con quienes salió de gira en 1975) y Uriah Heep, antes de reformar U.K. junto a Bill Bruford, ex-baterista de Yes, y hasta incluso probar suerte con una carrera en solitario.

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Asia, un seleccionado de estrellas

SU OBRA. En 1981 Wetton se unió al guitarrista de Steve Howe (también ex miembro de Yes), al baterista Carl Palmer y al tecladista Geoff Downes para formar el supergrupo Asia, cuyo álbum debut llegó a superar las 10 millones de copias vendidas, convirtiéndolo así en el más vendedor de ese año y valiéndole la certificación de multiplatino de la mano de “Heat Of The Moment”, canción que había logrado por entonces una difusión monumental en las emisoras de radio a lo largo y ancho del planeta. Pero no todo lo que reluce es oro y Wetton fue echado de la agrupación dos años después. Entonces, junto a su colega Downes y la llegada de los 2000, reiniciaron su creativa asociación para darle rienda a Icon, su nuevo proyecto en común, con el cual lanzaron tres discos. Pero para entonces Wetton paralelamente pasaba sus días llevando adelante varias luchas personales, incluyendo una contienda severa con el alcoholismo, sumado a un númerode de problemas de índole cardíaca que derivaron en una serie de cirugías y hasta la cancelación de una gira en 2007, pero más principalmente tras serle diagnosticado cáncer, situación que no dudó en hacer pública. “Acepto que no pueda estar aquí el día de mañana, pero habiendo dicho eso, después de haber pasado por lo que pasé, uno se siente maravillosamente”, declaró tras la intervención quirúrgica, la cual “Me otorgó un nuevo panorama respecto a la vida, la cual podría finalizar esta noche mientras duerma, así que aprovechemos el día de hoy al máximo. Aprovechemos todo lo posible ahora mismo”.

SU FINAL. Wetton falleció el 31 de enero mientras dormía en su casa en Bournemouth, donde se había criado, a los 67 años de edad, víctima del cáncer de colon. Así lo expresó su ex colega de banda Carl Palmer (que en lo personal también debió enfrentar la muerte de sus dos colegas en Emerson, Lake and Palmer en 2016): “Con el fallecimiento de mi buen amigo y colaborador musical John Wetton, el mundo pierde otro gigante de la música. John fue una persona gentil que creó algunas de las más perdurables melodías y letras de la música popular moderna. Como músico, fue valiente e innovador, con una voz que llevó la música de Asia a la cima de los charts de todo el mundo. Su habilidad para ganarle al abuso de alcohol lo convirtió en inspiración para muchos otros que también habían peleado esa batalla. Para todos aquellos de nosotros que lo conocimos y trabajamos junto a él, su valerosa lucha contra el cáncer lo convirtió en una inspiración mayor. Voy a extrañar su talento, su sentido del humor y su sonrisa contagiosa. Que tengas un buen viaje, mi viejo amigo”
La última canción que Wetton había registrado en estudio fue “Valkyrie”, la que abría el flamante disco de Asia “Gravitas”, tema que -en una suerte de extraña premonición- incluye la frase “Piensen lo mejor de mí, hasta que volvamos a vernos”… RIP

 

Stones.50.Londres

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Publicado en Evaristo Cultural en enero de 2013

Brian, el Fundador
Corría el mes de mayo de 1962 y un tal Brian Jones, con 20 años de edad, devoto poseso de la escena del Blues que llegaba del otro lado del Atlántico, bohemio distinguido, eximio guitarrista y armonicista, talentoso multinstrumentista y recientemente llegado a Londres desde su ciudad natal de Cheltenham, condado de Gloucestershire, colocaba un aviso en la publicación Jazz News, convocando a músicos a participar de una audición en vista de su más deseado proyecto: una nueva banda de Rhythm & Blues, el estilo por el cual vivía obsesionado.

ImageLos interesados no tardaron en llegar (es necesario citar cada uno de los honrados nombres que fueron apareciendo?) y así, idas y venidas mediantes, y tras lograr adentrarse en la por entonces subterránea escena del R&B local (considerada toda una excentricidad para los tiempos que corrían), Brian se convertiría en el fundador de los Rolling Stones. El mismo que eligiría a sus miembros, que le daría el nombre al grupo y decidiría qué tipo de música tocar. Y el que les conseguiría sus primeros shows. El resto es historia. Con el transcurrir de los años perdería su rango original de líder de los Stones, eventualmente desplazado a un lugar secundario tras el enorme suceso de Mick Jagger y Keith Richards como compositores, y como figuras centrales en las presentaciones de la banda. Por una larga lista de cuestiones, desde las más y menos entendibles a las menos considerables y, principalmente, por desarrollar una fuerte adicción a las drogas, Brian también perdería su integridad física y emocional, bastante antes que le fuera sugerido abandonar el grupo a mediados de 1969. Brian Jones, el creador, también acabaría perdiendo su vida, en julio del mismo año.

ImageEl Milagro de Dartford
Son casi 50 minutos de viaje en tren hasta Dartford. Al menos eso es lo que me asegura el guarda de la terminal de trenes de la estación Victoria, después de la de Waterloo, la de más tráfico en Londres. Ha salido el sol y el reloj de Victoria indica que se acerca el horario de partida que figura en mi boleto. La estación de trenes de Dartford representa uno de los momentos más sustanciales en la fundación de los Stones cuando, en la mañana de un día de octubre de 1961, un tal Michael Philip Jagger, residente de ese suburbio londinense, en el condado de Kent, al sudeste de la capital británica, se encontró casualmente con un tal Keith Richards, habitante del mismo distrito, con quien 10 años antes había sido compañero de primaria en la escuela Wentworth. Jagger cargaba una buena cantidad de vinilos de Blues y Rock and Roll de su colección (Chuck Berry, Muddy Waters, Little Walter) que encandilaron a Richards. Keith llevaba una guitarra eléctrica. Juntos compartieron el viaje en tren hasta Londres, 26 kilómetros a lo largo de los cuales Mick le sugirió a Keith unirse a Little Boy Blue and the Blue Boys, el proyecto amateur de Rhythm and Blues al que Jagger dedicaba buena parte de su tiempo y que, más tarde, con la llegada de demás acólitos (de vuelta, ¿es necesario citar cada uno de los honrados nombres que fueron apareciendo?) se convertiría en The Rolling Stones. Ha pasado más de medio siglo desde aquella gloriosa jornada y estoy en un tren rumbo al suburbio en cuestión. Son 11 estaciones, sin incluir las de destino y llegada. Lo sé muy bien, las voy contando una tras otra a medida que el tren atraviesa la periferia londinense. Denmark Hill, Peckham Rye, Nunhead, Lewisham, Blackheath, Kidbrooke, Eltham, Falconwood, Welling, Bexleyheath, Barnehurst… ¡Dartford! El personal de la estación me observa con curiosidad, se preguntan qué hace alguien sacando fotos de la estación de manera tan deliberada. Quizás desconozcan que estoy en “Tierra Sagrada”. Y que mi peregrinaje continúa con una visita al hospital de Livingstone donde, contribución de sus padres mediante, dio a luz a Mick y Keith en 1943. Y una pasada por la Dartford Grammar School, de la cual Mick fue inmaculado alumno y capitán del equipo de basketball. Pero son más de las 4 de la tarde y, una vez más, soy víctima del implacable otoño londinense y su noche prematura. Es hora de retornar a la estación para abordar el tren de regreso.
Insatisfecho, visitaría Dartford nuevamente unas dos semanas más tarde. Me aseguro hacerlo más temprano y que en esta segunda oportunidad la luz del día me favorezca lo adecuado como para (por qué no?) una nueva inspección del hospital. También vuelvo a pasar por la escuela, en esta ocasión con el agregado de un paseo por el Mick Jagger Centre (anexo al colegio), complejo artístico que su más célebre alumno decidió inaugurar en el año 2000. De ahí, colinas y caminos en subida mediantes, es más de una hora de marcha hasta las casas de las calles Denver y Chastilian Road, en las afueras del suburbio, y donde, respectivamente, Jagger y Richards transitaron sus días de infancia. La morada original de Keith yace ahora sobre una florería, y la de Mick, no menos modesta, luce ahora un cartel que reza “en venta”. Me queda otra hora de caminata y dos piernas entumecidas para volver a la estación de Dartford. Se me ocurre no leer el cartel de destino del tren de retorno a Londres y, en lugar de dirigirme a Victoria, termino por error en la estación de Charing Cross. Mientras tanto, cruzo el Támesis que, desde mi ventanilla del tren, resplandece bañado en las luces del Parlamento británico. Son menos de las 6 de la tarde, pero estoy cerca de Piccadilly Circus, de las calles Oxford y Carnaby, o del Soho. El día aún es joven y es hora de una nueva travesía por la ciudad.

ImageNoche de cumpleaños
Veinte minutos. Tengo una manía con las fracciones de tiempo. Eso ni siquiera es media hora. Prefiero pensar en que son 1200 segundos; así parece ser más. A veces resulta ser un buen truco para engañar a la mente. Según la mujer de los altavoces del estadio, que acaba de anunciarlo, esa es la cantidad de tiempo que, nunca antes tan tirano, resta para el comienzo del show. Que es nada más y nada menos que el primero de una totalidad de cinco conciertos (los dos inaugurales en Londres, más otros tres en Estados Unidos) que los Rolling Stones, y después de un lustro sin salir a la ruta, decidieron llevar a cabo bajo el lema de 50 and Counting (50 y contando…) para conmemorar su quincuagésimo aniversario. Por lo que queda muy poco, en rigor prácticamente nada, para que asista al evento tan soñado, más allá del medio centenar de conciertos de la banda con los que cuento en mi haber. Esto es, entiéndase, en la ciudad natal de la banda. Un espectáculo de ensueño, estoy en absolutas condiciones de asegurar. Éste es el lugar, entonces, y el momento correcto. Porque, además, esta noche, la del 25 de noviembre, la primera de las dos veladas en el O2, el show contará con agregados estelares. Y no los de invitados de turno como Jeff Beck o Mary J. Blige (una nueva pequeña muestra de show business), pero las de Bill Wyman (el bajo original de los Stones que, por primera vez, retornará al escenario junto al grupo tras alejarse de la banda dos décadas atrás) y la de Mick Taylor, que también desertó de las filas de la Banda de Rock’n’roll más grande de todos los tiempos, pero a mediados de los 70… Ocasiones como éstas eran hasta ahora inimaginables. No estaban en la lista de sorpresas, pero finalmente me convenzo de que Superman no mentía cuando decía poder invertir la rotación de la Tierra. Insisto: éste es el lugar. El único y pequeño problema es que… bueno, todavía estoy sin entrada. Todas las posibilidades barajadas hasta el momento finalmente brillaron por su ausencia. Esta vez no hay tickets de favor ni nada de eso. Contra todos los pronósticos que aseguraban que la demanda de localidades iba a ser escasa por sus altos precios, la taquilla está prácticamente agotada. No es difícil comprobarlo. El O2 está atestado de gente; han llegado desde los destinos más remotos imaginables y todo indica que se me están acabando las fichas. Lo tengo muy presente. Mi ritmo cardíaco se encuentra fuera de lo normal, tengo la boca empastada y nada logra que evite pensar que cada vez falta menos. Y menos todavía. Y ahora un poco menos. Y que la idea de retornar a la casa de mi familia amiga convertido en un maldito zombi, suena algo alarmante. Los Stones están a punto de salir a escena. No soy lo que se dice un convencido de la telepatía y, por ende, no piensan apiadarse de mí. Ya he rezado en todas las lenguas posibles y soy un perrito fiel buscando compasión y empatía. Transtornado, recurro a la ventanilla de venta de entradas (¿cómo no se me ocurrió?) y, mientras tanto, me dedico a tejer las mil y una maneras de pasar a mejor vida o a meditar si el hospital más cercano cuenta con sala de guardia. Tengo una tarjeta de cobertura médica en la billetera, llegado el caso. Hay cuatro personas en la fila. A todas se las ve en condición de desperación. Son parte de mi equipo, pero la idea no resulta de ayuda alguna. Pasan, pagan, se retiran felices. Se los ve jubilosos. Hay cambios significativos en sus rostros y han modificado el rictus. Es una buena señal, creo suponer. “Necesito un ticket, ¿queda algo?”. Solidaria, la empleada de turno teclea algo en la computadora. Y acto seguido me sonríe. Claro, yo también me pondría feliz de evitar un suicidio. Por las dudas, me pellizco. Entrada en mano, exultante como un niño corriendo a través de una pradera, me materializo frente a puertas de ingreso, que son las finales de todo el enorme complejo del O2, la auténtica pista de despegue. Faltan menos de diez minutos, recupero el pulso y el tono original de mi piel, que incluso había logrado superar al “bronceado londinense” del que todo visitante a Inglaterra en el mes de otoño jamás podría jactarse. Sonrío más que Laura en La familia Ingalls. Tengo una muy buena ubicación, voy a estar en la fila 16, en el sector del piso y a no más de 20 metros del escenario. Y hacia allí vamos, entonces. Vuelvo a respirar, exhalo, inhalo. Bajo las escaleras a ritmo olímpico. Las luces del O2 se apagan. Es hora de otro pellizco, por si las moscas. Y me dispongo a disfrutar del que sería un show emblemático, y del mejor cumpleaños al que alguna vez, casi con seguridad, podré asistir. Misión cumplida, entonces. Aún me resta el show del 29; son sólo 4 días más, pero esta vez cuento con una entrada anticipada en mi haber, que me asegura dormir plácidamente la noche anterior. Y haberle evitado una sesión de primeros auxilios a los paramédicos de mi servicio de cobertura al viajero.

ImageBrian (revisitado)
Son poco más de las 3 de la tarde. Falta algo menos de una hora para que el cielo de Inglaterra se tiña de oscuro y que todo se cubra de estrellas, aunque los eternos cielos nublados ingleses las obstruyan. Me encuentro en el cementerio de Prestbury para visitar la tumba de Brian. Sus restos descansan aquí desde julio de 1969. Llegar no fue cosa de todos los días. Es que, por algún motivo, siempre pensé que sus restos descansaban en Cheltenham, pero deduzco que todo este tiempo estuve mal informado. Me lo certifica el primer ciudadano que encuentro ni bien bajo del busque tomé en Londres. Muy por el contrario, para llegar a la villa aledaña de Prestbury, desde Cheltenham, debo realizar una muy prolongada caminata atravesando campo abierto. En rigor, salir de los límites de la ciudad, llegar al pueblo siguiente.
Es un momento de clara conmoción, de emociones mezcladas y de profunda ansiedad. La necrópolis de Prestbury es bella y antigua, de campos verdes y piedras de color tan plomizo como el cielo que la cobija; las típicas de un viejo cementerio inglés, de tierra adentro, enclavado en la campiña. Cruzo la puerta de ingreso al cementerio. Siento la tierra firme y húmeda bajo mis pies, pero de algún modo es como estar caminando en el aire. La sensación se incrementa cuando me dirijo a la oficina de información, situada apenas unos metros después de la entrada del camposanto. Reina un frío intenso y sopla un viento hostil. El cementerio de Prestbury no es muy extenso, de todos modos. Ahora estoy hablando con la empleada de la Secretaría, le indico que vengo a visitar una tumba pero que desconozco su paradero. Claramente le señalo que se trata de Brian Jones. “Oh, Brian?”, me responde. Me alcanza un mapa del lugar, en el que traza el camino hasta la tumba de Brian con resaltador. “No está lejos, simplemente siga derecho unos 60 metros, doble a la izquierda en el primer camino y allí está, cerca de la zona donde estacionan los autos”.
Segundos más tarde, la lápida de Brian, la misma que he visto millones de veces en diversos libros y revistas, está a escasos 2 metros míos. Miro alrededor y no hay nadie. Nadie, absolutamente nadie. Tan sólo logro escuchar unas voces a la distancia, seguramente de asistentes a algún servicio de sepelio que se está realizando. O, al menos, éso me parece. Leo la leyenda grabada sobre la lápida, “En afectuoso recuerdo de Brian Jones”. Desbordado por la emoción, caigo de rodillas y, naturalmente, me descubro aferrado a la lápida. De algún modo, es la actitud equivalente, consciente o inconscientemente, de abrazar a Brian. Como si fuera él quien está frente a mis ojos. Y, desde ya, mi único posible encuento. Descarto toda posibilidad de morbidez y comienzo a hablar. Mis palabras son de agradecimiento, claro. Le cuento de lo importante que me resulta semejante momento y sobre la gran distancia que tuve que recorrer para llegar allí. No encuentro mejores palabras para dejar fluir mis ideas. De los años que estuve esperando la oportunidad de hacerlo. Y de mi querida madre, a quien perdí hace apenas cinco meses. Y del camino a la paz interior, de la cual pretendo inundarme en el día a día. Me quiebro y lloro (¿es de hombres hacerlo?). Distendido (podrían haber transcurrido diez, veinte, cuarenta minutos, en rigor no lo sé), decido sentarme en el banco que está frente a la tumba. Me pasa toda mi vida por la cabeza en apenas unos segundos. Sigue habiendo nada ni nadie alrededor, tan sólo Brian y yo. Y las demás tumbas, claro. Algunas datan de siglos. Acomodo las flores y ornamentos que otros admiradores han dejado. Hay fotos de Brian, dibujos, textos escritos en diversas lenguas. Prometo volver a visitarlo en cada oportunidad que me sea posible. Es toda una experiencia religiosa para alguien muy poco religioso. Me retiro feliz. Hay un estado de plenitud inexplicable, una deuda saldada que lo garantiza.
Libre de adrenalina, decido tomar el bus de línea local para regresar al centro de Cheltenham. Está helando y aún me restan más de dos horas de ruta para retornar a Londres, tiempo suficiente para agradecer a un tal Brian Jones por estos últimos 50 años, los mismos que forjaron la banda de sonido de mi vida. Y todavía contando…

Exhibición: “Autorretrato de la Muerte”

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Publicado en Evaristo Cultural en enero de 2013

Situado en pleno Euston Road, una de las calles más tradicionales del área central de Londres, y no tan lejos de la porción más turística, aquella conformada por Piccadilly, Oxford o Carnaby Street, el espacio cultural Wellcome Collection resulta ser una de las opciones más atractivas que la capital británica pueda ofrecer. Por lo menos, para los más indiscretos. Bajo el lema “Un destino gratuito para los incurablemente curiosos”, la Wellcome Collection rinde un fiel tributo a su bien merecido mote, una travesía a exhibiciones inusuales, fuera de lo común. Por tal motivo, no vacilé siquiera una fracción de segundo en enterarme de su exposición más reciente, y la más galardonada. Oportunamente bautizada Death, A Self Portrait (“La Muerte, un autorretrato”), la muestra presenta la colección privada del rastreador de antigüedades Richard Harris. Originario de la ciudad de Chicago, Harris ha cruzado el océano para instalar en Londres su último proyecto, un conjunto de piezas único en su especie, dedicadas exclusivamente a La Muerte (así, con nombre propio y en mayúsculas), de asombrosa diversidad, y que reúne más de 300 artefactos históricos, obras de arte, especímenes y rarezas varias relacionadas a la iconografía de la mismísima Parca, y a nuestras actitudes históricamente contradictorias y complejas sobre ésta. Desde grabados de Rembrandt, Goya o Dürer y postales metamórficas antiguas hasta dibujos anatómicos o arte de tinte bélico. Series de restos humanos en clara yuxtaposición con pinturas vanitas (estilo artístico del norte de Europa de 400 años de antigüedad), grupos de calaveras incaicas milenarias o, como no podían faltar, trabajos en papier-maché mexicanas del siglo pasado, celebrando el Día de los Muertos, todo en el marco de una colección seductoramente macabra y encantadoramente singular. “Una ventana abierta a nuestro persistente deseo de hacer las paces con la muerte”, tal como lo señaló un crítico. Aventura para la cual Harris se apropió de cinco salas temáticas dentro del complejo, convenientemente rotuladas, y en este mismo orden: ‘Contemplando la Muerte’ (o de cómo contemplamos la mortalidad, con su obra estrella, el óleo del belga Adriaen van Utrecht Naturaleza Muerta junto a un Bouquet y una Calavera, del año 1643); ‘La Danza de la Muerte’ (sobre la certeza universal de la muerte), ‘Muerte Violenta’ (dominada por tres segmentos de trabajos considerados los más poderosos manifiestos antibélicos alguna vez realizados); ‘Eros y Thanatos’ (que refiere a la fascinación de las personas por los fenómenos mórbidos, y no por su simple curiosidad científica); y ‘Conmemoración’ (sobre las transformaciones de los rituales asociados a la muerte a través de los siglos y en las diferentes culturas).
Hay piezas de escultura china en jade, antiquísimos textos sobre anatomía humana, figuras de “guardianes de tumbas” provenientes de islas perdidas en el Pacífico, tazas ceremoniales tibetanas, vasijas aztecas precolombinas y fotografías de gente posando con accesorios fúnebres. El factor omnipresente en cada una de las obras expuestas es que todas presentan, al menos, un cadáver o, más mórbidamente aún, una parte de éste. Harris no incluye huesos de animales, ni ninguna práctica asociada a la taxidermia. Su colección refiere exclusivamente a la universalidad de la muerte humana y a la pluralidad de las diversas expresiones sobre ella a través de los siglos. Con más de 70 años de edad, Harris, cuya previa presentación de la muestra en el Centro Cultural de su ciudad natal a principios de año atrajo a más de cien mil visitantes, por ende convirtiéndose en la exhibición más exitosa en la historia de la galería, asimismo no parece cesar su obsesiva acumulación de material en cuestión, recientemente incorporando un Chevy de 1958 decorado con motivos mexicanos del (una vez más) Día de los Muertos, acaso la celebración fetiche por excelencia sobre la muerte a nivel mundial y que, seguramente, agregará a una posible futura versión de la exposición.

ImageCuriosa y sorpresivamente, una de las obras más visitadas de la exhibición corresponde al trío de artistas argentinos agrupados bajo el nombre de Mondongo Collective (esto es, Augustine Picasso, Manuel Mendanha y Juliana Laffitte), una muy fresca y monumental obra de 2011 realizada enteramente en plastilina. ‘Calavera’ (en español original), y tal como reza el texto de refrencia que la acompaña, es “un collage tridimensional que refiere al dominio económico y cultural de Europa y Estados Unidos, representado por la arquitectura neoclásica y la literatura de Occidente, y sus consecuencias radicales en Sudamérica evocadas por las villas miseria de las grandes ciudades de Argentina”.

ImageEn la introducción del catálogo que se nos brinda a los visitantes que hemos colmado la muestra, la artista inglesa Jodie Carey, cuyo candelabro conformado por 3000 huesos de plástico da la bienvenida a la primera de las salas del evento, acertadamente indica que “en el corazón de esta exhibición radican preguntas sobre el valor del arte a la hora de comunicar ideas sobre la muerte y el cuerpo”. Carey se pregunta: “¿Es posible que la producción y apreciación de obras simbólicas nos ayuden a negociar con la muerte? ¿Cuál es la función que cumplen los objetos inanimados en los rituales de los entierros o velatorios? ¿De qué manera pueden nuestras pertenencias contribuir a activar recuerdos que nos conecten con los muertos? ¿Qué habría detrás del impulso que nos lleva a coleccionar objetos que refieren a nuestras actitudes hacia la muerte misma, o el empeño en trascenderla?” Tales preguntas no dejan de repetirse a medida que atravesamos los cinco sectores de la muestra, diseñados para enaltecer la naturaleza ecléctica de la colección. Un moderno gabinete de curiosidades, que funciona parcialmente como la autobiografía visual de algo en particular, simultáneamente brindándonos la oportunidad de examinar nuestros propios sentimientos respecto a la mortalidad. Por momentos, perturbadoras, ocasionalmente macabras y a menudo conmovedoras, las imágenes presentadas proveen una comprensión particular sobre la historia de nuestro eterno deseo de hacer las paces con la muerte”.
Death, A Self Portrait se exhibe en el Wellcome Collection hasta el 27 de febrero de 2013.