CUENTOS CHINOS: THE MASKED MARAUDERS, LA BANDA GENUINAMENTE FALSA DE DYLAN, JAGGER Y TRES DE LOS BEATLES

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Publicado en Revista Madhouse el 2 de junio de 2017

Se trataba del más grande disco de rock alguna vez grabado, a cargo de un supergrupo que congregaba a una buena parte de los hijos pródigos más prominentes del estilo, o bien a los más predilectos de la era. Un conglomerado de estrellas inigualable e insuperable. En algún momento de 1969 John Lennon, Paul McCartney, George Harrison, Mick Jagger y Bob Dylan se reunían en privado dispuestos a plasmar la perla de las perlas, registrando “The Masked Marauders” (algo así como “Los Bandidos Enmascarados”), el álbum ultra-secreto que tejían en conjunto.
 

El mayor proyecto alguna vez imaginado, la superbanda definitiva, desde aquel momento y hasta la eternidad. Galardón que seguramente seguiría ostentando hoy día, si tan sólo hubiera sido verdad y no un rumor infundado vestido de broma de mal gusto. “Álbum del año”, tal como fuera etiquetado en las críticas de varias publicaciones de la época, las mismas que desconocían por completo el enorme sapo que estaban a punto de tragarse, “The Masked Marauders” no podría haberse editado en mejor coyuntura artística. Los Beatles ya habían lanzado “Abbey Road”, Jagger se disponía a editar “Let It Bleed” junto a los Stones, y Dylan volvía nuevamente al ruedo de la mano de “Nashville Skyline”. Corrían tiempos de gloria. Los rumores indicaban que los cinco músicos habían estado reunidos reservadamente en un ignoto pueblo canadiense, cercano a la bahía de Hudson, donde grabaron las canciones que, entre versiones de clásicos y nuevas composiciones especialmente escritas para el futuro berretín (¡y con semejantes autores!), llevarían al concepto de “supergrupo”, tendenciosa idea que había comenzado a florecer a mediados de la década del 60, a su punto más alto. Claro está, de haber sido real…

BAJO LA MÁSCARA. Los primeros comentarios sobre el grupo llegaron de manos de la publicación musical Rolling Stone, más precisamente en su edición del 18 de octubre de 1969. En aquel número de la revista, un periodista especializado que respondía al nombre de T. M. Christian (misteriosamente ignoto por ese entonces) se refería a “The Masked Marauders” como un álbum doble en el cual los cinco músicos participantes habían optado deliberadamente por escudarse bajo seudónimos, en el intento de evitar toda posibilidad de problemas legales con sus respectivas compañías discográficas. Asimismo Christian dejaba en claro ante sus lectores que su crítica apuntaba a un disco del tipo bootleg, esto es, una grabación conteniendo material enteramente inédito, aún circulando fuera del mercado comercial tradicional, y con miras a una edición oficial definitiva. Adicionalmente, el disco estaba producido por el gran Al Kooper, pianista de sesión que ya había trabajado con Dylan (aquel acompañamiento fundamental de órgano en “Like A Rolling Stone”) y fuera impulsor de los recordados Blood, Sweat & Tears.

El disco abría con una versión de 18 minutos de “Season Of The Witch”, el clásico de Donovan, con Dylan en primera voz, e imitando cabalmente al autor original de la canción, seguida por Lennon a cargo de “Prisoner Of Love”, tema que cierta vez popularizaron, en sus versiones respectivas, Etta James, James Brown, Bo Diddley o Perry Como; luego Jagger y McCartney a dúo en “Masters Of War” (de Dylan), Lennon en primera voz en “The Book Of Love”, y todo culminaba con un grand finale titulado “Oh Happy Day”. Una segunda versión del álbum (las hubo en distintas variantes, y con diversos listados de temas) agregaba, o combinaba, demás rarezas como Lennon en “I’m The Japanaise Sandman”, McCartney en su canción favorita “Mammy”, Dylan en el clásico de doo-wop “Duke Of Earl” y Jagger en “I Can’t Get No Nookie”, la cual el cantante de los Stones había considerado “un nuevo clásico instantáneo”, según lo apuntado por Christian en Rolling Stone. El crítico cerraba su columna afirmando que el disco “es más que una forma de vida, ¡es la vida misma!”

tapaLA GRAN ESTAFA DEL ROCK AND ROLL. Como no podía resultar de otra manera, dicha alianza generó una desenfrenada demanda por parte de los fans, que no veían la hora de tener entre sus manos semejante obra cumbre, que especulaba con su edición para generar mayor expectativas. Entre tanto Allen Klein y Albert Grossman, managers de los Beatles y Dylan, respectivamente, eran perseguidos incesantemente en busca de respuestas. Para entonces los Masked Marauders (“el supergrupo de tres de los Beatles, Jagger y Dylan”) ya rotaba en las principales emisoras radiales de Los Angeles y San Francisco y, días más tarde, el esperado disco colmaba finalmente las bateas de las disquerías, si bien en versión unitaria, situación que comenzó a causar cierta incertidumbre tras haber sido descripto como disco doble, y que sin embargo no evitó que se vendiera una nada despreciable cantidad de unidades que llegó a superar las cien mil copias. Y a engañar a los más de cien mil compradores que, sin siquiera sospecharlo, automáticamente se convertían en víctimas fatales de uno de los fraudes mejor confeccionados de la historia de la música popular. Fraude que no hubiera existido como tal si desde el vamos el tal T. M Christian no hubiese sido el seudónimo del que el reconocido crítico (y absolutamente real) Greil Marcus se aprovechaba para lanzar al ruedo la engañosa movida, tras extraerlo de la novela “The Magic Christian” del escritor Terry Southern, publicada en 1959.

CON UNA PEQUEÑA AYUDITA DE MIS AMIGOS (CONTRATADOS)
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Con un plan fríamente contratapacalculado, Marcus ya contaba en sus filas con el grupete de impostores que lo secundaban en su tragicómica coartada cuando tiempo antes se dirigió a California y, en la ciudad de Berkeley, contrató a un desconocido grupo que respondía al nombre de Cleanliness And Godliness Skiffle Band por la nada despreciable suma de 15.000 dólares, suma que había obtenido de la mismísima discográfica Warner Bros, que hasta había creado el sello subsidiario Deity para sumarse al ardid, y pura y exclusivamente para la ocasión. Para colmo los músicos de la Cleanliness and Godliness Skiffle Band (“Banda de Skiffle de la Higiene y Santidad”, je) resultaron ser unos expertos totales a la hora de imitar a la supuesta formación, tanto en lo musical como en la parte vocal. Y listo: el plan maléfico de Marcus había logrado su cometido. De hecho el disco había logrado excelentes ventas, permaneciendo en el ranking de la revista Billboard por más de doce semanas. Tal como si realmente hubiera sido procreado por sus hipotéticos maestros. Un grupo falso, con nombres falsos, sustentado por una crítica falsa, pero de auténtico éxito. ¡Bingo!

BAILANDO EN LA SOCIEDAD RURAL. No conformes con tremenda patraña (incluso casi superando aquel recordado murmullo sobre la muerte de McCartney que aún continuaba vigente tras la fresca edición de “Abbey Road”) , Marcus y sus secuaces fueron aún más lejos, reproduciendo la crítica publicada en Rolling Stone en la funda interior del álbum, a su vez potenciada por nuevos comentarios del amigo Christian (Marcus, claro) que definían a los Masked Marauders como “un artículo genuino en un mundo de farsantes, ¡bendíganse sus corazones!”. Pero no existía ningún Dylan imitando a Donovan, ni nada que se le parezca, ni había ningún Beatle, ni era Mick Jagger quien cantaba en “I Can’t Get No Nookie” (¿sinceramente podría haber tenido algún viso de realidad una canción titulada “No puedo echarme un polvo”?), a pesar de su magnífica y tan bien lograda parodia. Paradójicamente, y en un rapto de honestidad, el disco cerraba con una última pista (en rigor, un monólogo) bajo el nombre de “Saturday Night At The Cow Palace”. Un chasco más. No podía ser de otra forma con un título que refería a una jornada de sábado a la noche en el equivalente a la Rural californiana. 34 años más tarde, en 2003, la compañía Rhino Records ofrecía una edición limitada de 2000 copias numeradas bajo el nombre de “The Masked Marauders – The Complete Deity Recordings”, que hasta incluía canciones extras de las misteriosas sesiones.
Al menos para los Masked Marauders, y su círculo de engañados, cualquier semejanza con la realidad resultó ser pura mentira.


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A TALK WITH GARY LACHMAN IN LONDON: BLONDIE, LITERATURE, ESOTERISM, PUNK ROCK AND BLONDIE AGAIN

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Original article (Spanish version) published on Revista Madhouse on April 27 2017

Before deciding to leave behind his career as a rock musician, Gary Lachman held a privileged place as a witness to the New York rock scene that began to take shape in the mid-1970s when, as Blondie’s bass player (under the stage name of Gary Valentine) they recorded their first album, an epic record that was part of a genre that still lacked a proper name (New Wave, Rock of New York) and that reminisced of the pop sound of the previous two decades.

As a member of one of the essential bands that followed the same path, Lachman didn’t hesitate when contributing song titles such as “X Offender” or “(I’m Always Touched By Your) Presence, Dear”, which would later become part of some of Blondie’s most classic hits. Not satisfied with the band’s internal affairs, Lachman left Debbie Harry and Co. 2 years later. After trying several projects projects, he also left his country of origin and moved to England to finally achieve his original dream, that of becoming a writer specialized in the occult and esoterism, an interest that had already caught him in his rock’n’roll days, which took him to write over 20 books. MADHOUSE spoke with Lachman about all of that – from the golden years of the early stages of New York Punk, his days with Blondie, and his unusual career – in this exclusive interview, the first ever for a South American magazine, which took place in a cold noon last November at Lachman’s home in West Hampstead, in northwest London.

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An Angel And The Snake poster, or maybe flyer, one of the bands that spawned Blondie. announcing a show at thew CBGB in August 1974.

This year marks the 40th anniversary of Blondie’s first album. What are your thoughts and memories of its recording?
I think we actually were probably in the studio around this time, if not earlier, in late ’76. I can’t remember it exactly. I think that the album came out just at the very end of ’76 but, all right, ’77 is when we’ve seen them, when we distributed it, and all that. It didn’t have any kind of impact outside of all the cult people following the band, you know, the New York rocker, New Wave, or whatever you wanna call it. Punk. We weren’t punk, we didn’t call it punk but whatever it was, it took a while. What can I say? It was a fantastic thing.

You were all very much in the ‘60s, the Ronettes, the Shangri-Las and all that.
Yeah. That’s one of the things that happened when Clem and I started playing, because Chris and Debbie (Stein and Harry) had been around for a while, in different sources of forms. They had different kinds of bands, you know, the Stilettos, the Banzai Babies, Angel and the Snake, not really getting anywhere with it. And then Clem Burke, who I knew from High School, you know, we were in the same High School, and who I’d known since we were teenagers, he started playing with them, and then I started hanging out in New York. Because before the New York scene, or Punk, if you wanna call it that, there was what we call Glitter, or Glam Rock. It was all Bowie, Roxy Music, Lou Reed…that kind of thing. So there was a scene in New York about that. The New York Dolls, they were the local night band.

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The backing vocals section of The Stilettos: Amanda Jones, Elda Gentile and a very young Debbie Harry.

It was mostly about bands only from New York.
When I first became aware in ’73, the talent of this Glitter scene was bands like the New York Dolls. The place where they played, the Mercer Arts Center, literally collapsed, so the bands dispersed. You know “where to go?”, “where to play?”, and there was a place on the East Side called Club 82, which traditionally was a transvestite bar. It still was, but they let some of the bands play a few nights a week. And in fact that was the first place I saw Chris and Debbie. They were called the Stilettos at the time.

So the Stilettos they were playing there and you went down to Club 82 just to see them…
Well, maybe to see them, because I was hanging there on that scene. And in a place like Club 82, people like Bowie and Lou Reed, they were going there, it was in the magazines, so we used to go there and hang out to see if we could see them. This is before I was playing. I told all these stories in my book “New York Rocker”

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“New York Rocker”, a very accurate biography of Gary and an even better portrait of New York’s punk and proto-punk scene in the ’70s.

I guess that’s because you saw all those pictures in magazines like Rock Scene.
Yeah, mainly Rock Scene, all that stuff, so maybe you said “let’s go over there!” and hang out. So basically what’s happened is that Blondie’s bass player, Fred Smith, he quit to join Television. Tom Verlaine had kicked Richard Hell, and Hell started his own band with Johnny Thunders of the New York Dolls, the Heartbreakers. So Blondie needed a bass player and I was hanging out already. I looked the part. I mean, I wore dark glasses all the time, sort of living on the edge of all that kind of thing. I could just about sort of play it, and that’s what you needed. You didn’t need to be a fantastic musician. It was all about attitude. I auditioned for them and it worked out, so I started playing with them. That was in early 1975, March or April. From then on, you know, Jimmy Destri joined, and then we started writing all the songs. When I first started playing Chris and Debbie were doing a lot of cover songs. They had some originals but it was mostly about covering tunes. And there was still this kind of campy, you know, gay glitter kind of thing. Myself, Jimmy and Clem, we were younger. I grew up during the ‘60s, so the music that was on the radio was always great pop music. You know, the Beatles, the Stones, Motown, the Byrds, and so and so on. Lots of good songs in music, so we started writing songs.

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In the ’70s, Harry, Stein, y Valentine lived in a loft in a three-floor building on 266 Bowery Lane, over a liquor store and a restaurant supply store named Globe Slicers.

I always believed that it must have been one of the best times in rock’n’roll history to be in. I mean, New York in the early ‘70s, although it was a tough city, lots of great things were happening.
It was very though, and everything was happening in one area too, being it the Lower East Side, or the East Village. So you had CBGB’s on the Bowery. We had the Blondie loft, a loft space.

 

And so did Arturo Vega.
Yes, he had one as well, around the corner…

Sorry to interrumpt!
Oh no, it’s fine. You know, before we got our loft, we used to rehearse in Arturo Vega’s loft as well, so we were there, and the Ramones were there. But CBGB’s was just around the corner from there, so that was a certain area of town where everybody was. That’s where the club was, or where you rehearsed, or just walking around, so you’d see all these people on the street. It was a real kind of a scene in the sense that it all took place in this part of the town. So we started writing these songs and they all had that kind of 60’s sort of feel to them. That look with the skinny ties and the suits, and all that.

How was the relationship with other bands? I know you were very close to the Ramones or the Dolls.
You know, in the beginning, everybody would go see everybody else play. So when we first played in CBGB’s, there were 3 or 4 members of the bands in the audience, and a handful of just people. We all did shows together, the Ramones, Talking Heads, the Heartbreakers. And there was another kind of crowd, the Patti Smith, Television one. They had their own thing.

More intellectual.
Well, they had more seriousness, or whatever you wanna call it, that it wasn’t the same as the others. The other bands were more, you know, rocking. We used to go to each other’s lofts and parties, and we’d see each other in the coffee shops in the area, when we went up for breakfast, or whatever. There were also other bands that weren’t known outside of the scene, that were very good, like the Miamis, who had been around for a very  long time, which did satirical or topical songs, like, things that were going on at the time. There was a lot of music going on.

But when you got together with those bands, in the coffee shop or wherever, you all had the idea of recording an album, or you just did it for fun?
You know, I guess everybody did. I certainly did, that we were gonna make a record and I was gonna write a hit song, I had that confidence. I meam, you do it because you love it but, yes, there was a sense that it started happening, and, was it Patti Smith who got the deal first?

Yes.
Yes, she got one and then the Ramones, Television and the Talking Heads, and we did too, so suddenly the record business people who were always downtown started hanging out at this creepy nasty area of town.

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One of the first Blondie shots with a very young and long-haired (L. to R.) Destri, Stein, Harry, Burke and Valentine.

What did you do at the time in order to make a living, as eventually you couldn’t live off the music yet?
Anything we could. Initially there was hardly any money at all. You were lucky if you got 10 dollars or something at the end of the night. Before I started playing I worked as a messenger, running around delivering things.

You were all pretty young and I thought some of you were still living with your parents at the time.
Well, Jimmy lived back home, and I had left home when I was 18, so I was already living in New York. I mean, I couldn’t be home and play at the same time, so at first they took me in. I was living with them in a little flat they had in Little Italy. From there we move down to this loft place, which was in the Bowery, which was a short walk, a block away from the CBGB. So the CBGB, the Ramones loft, the Blondie loft, it was all very near. Williams Burroughs lived over there too.

Everything was so close.
Everything was close and you’d see everybody in the neighborhood, basically. Clem came here, came to London, at the end of ’75, and when he came back, he brought back a lot of music, and we were listening to that, so then we decided writing a lot of new songs, and we practiced a lot, we played a lot. We didn’t do shows at the time.

Well we al depended on people travelling abroad to get the albums…
Yeah, and one of the albums he got was Dr. Feelgood’s, which was this kind of punk pub rock, with Wilko Jphnson and all that and, you know, they were really good.

I always believed the 70s in America, mostly New York, equals the ‘60s in England.
Well I guess what happened in New York in the ‘70s was like “a last kind of flower”, because it was about getting back to the roots of rock’n’roll too. I mean, that’s when you started to get rock’n’roll nostalgia, so there were bands like Sha-Na-na, or when Chuck Berry came back, they were doing all this ‘50s doo-wop kind of stuff, and that was only 15 years later, so what was happening in New York was very much related to that because basically it was going back to the simplest kind of fundamental rock music. Three or four chords, short and fast. Short tunes. So you didn’t have the idea you needed to be a great musician. By the end of the ‘60s or early ‘70s you had Emerson Lake and Palmer or Yes, you know, this huge Wagnerian thing, kind of opera sort of music, which was very far away from rock’n’roll.

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More early Blondie, without Destri, but still long-haired.

Well, then you probably saved us from all that.
I mean, I found it unlistenable! I don’t listen to much pop or rock anymore, but if I do, it’s all ‘60s or ‘70s stuff. Sometimes I watch videos on YouTube and it’s like “oh show me what a great guitarist you are!” One of the things that’s been lost is this notion of a song, kind of 3-minute song- Everything has to be this long…

I understand that you played piano when you were very young. What bout your early days in music, pre-Blondie? Were you just the kind of guy who stayed home and played records all the time?
I listened to music, but I wasn’t a musician really. I knew lots of musicians in my hometown. I knew Clem because he played in bands, and I used to go see his band playing at dances when I was still in my teens in New Jersey, where we grew up. I got to know musicians. But when it came to play in New York, I was actually better equipped in the sense that I only knew a few things, I didn’t have a whole history of learning how to play the guitar. I had played in jam bands, what you call garage bands, you know, just jamming and playing away, not really being a musician. But I listened to music a lot. All the British invasion bands, Motown, the San Francisco sound, and all that. By the early ‘70s, that’s when I became more conscious of something I was really into, you know, David Bowie, New York Dolls, Mott the Hoople…

Oh I just saw Ian Hunter in Shepherd’s Bush about 10 days ago! You know he’s never been to South America, and he won’t probably do ever.
Oh, that’s fantastic. I guess I saw him in ’74. I saw Mott the Hoople when Queen opened up for them, so Queen was the support act! (laughs) But yeah, I was into that, Lou Reed and all that kind of thing. That was strange, because most of the people where I was from, in New Jersey, they were into the Grateful Dead, Santana, the Allman Brothers… Clem used to be in a band that played Allman Brothers and that kind of stuff, but once I became aware of Bowie and this weird world of putting on makeup, and dressing up, and this strange sexual ambiguity, it was different. It was too weird for everybody else, so I became a kind of outsider to the usual scene by being interested in that.

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The New York Dolls at the Academy of Music: sex, drugs and rock and roll. And more drugs.

Were you also into Alice Cooper at the time?
Yeah but, you know, not somebody I was really into, you know, just like Kiss. It was too much. I remember when the New York Dolls played in Valentine’s Day, in 1974. The place used to be called the Academy of Music on 14th street, big place to play. And when I got there, I didn’t know what to expect. Everybody was using makeup and completely stoned. What was great about the Dolls was that they didn’t have to play a fantastic kind of music, they just did really good rock, simple music. And what happened in New York was a reaction to all that. And about Television, when they played they were just wearing whatever clothes they got at the charity shop. They didn’t have a look. Until Richard Hell started ripping his T-shirt, you know. It went from everything being flamboyant and very colourful to being drab and very simple. That’s what was exciting, it was like “you can do this”. I didn’t have to study guitar for years. I just had to pick it up and play with a lot of attitude.

And you could still do great songs. It was about guys getting together and playing the kind of music they liked.
Yeah. I mean, when I first played with Blondie, Clem was certainly the best musician. Chris could play guitar but he always had an eccentric approach to it. And Debbie could sing, of course. We weren’t professional, but that’s what made it real because, you know, when Mick Jagger sang “Angie” saying “with no money in our coats”… When was the last time that Mick didn’t have any money? We really didn’t have any money!

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An article on Rock Scene magazine covering the “X Offender” recording sessions, a hit penned by Gary. Also in the picture is Richard Hell, who had dropped by the studio to add some bass lines.

And I guess you got a lot of support from the magazines, which helped a lot.

Of course, mostly from magazines like Rock Scene, and also the Soho Weekly News. It took a while for The Village Voice to do it.

Do you remember the real very first time you got to meet Chris and Debbie personally?
Well, first time I saw them was in Club 82, but the first time I met them, I was going to one of the shows when Clem started playing with them, and they played in a bar in Wall Street, the financial district in New York. I can’t remember the name of the place now. But it wasn’t any fancy, there was no stage in there. You just sat up in the floor.

I’d still go to places like that nowadays.

Oh yeah, it was fine. Debbie singing, Chris on guitar, they had Fred Smith, and Clem was drumming. I remember just hanging out with them, so that’s when I first met them. I was Clem’s friend, so I used to hang out with him when I went to New York.

You were a sort of friend with privileges.
Well, I guess a groupie, initially, and then what happened is that Fred Smith quit to join Television, and Clem said to me “why don’t you come down for an audition?” I could play a bit of bass. Where I was living at the time on East End Street, it was basically what you call “a store front” It was a store, but someone had blacked out the windows. It was a kind of crash pad, and I was living there with this other guy who was a strange individual. And in this place there was a piano, and old piano, practically every other key was broken, but I manage to bang out a few chords…

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Blondie live at Mother’s, in the mid-’70s. According to Gary’s book, it was “a gay bar on 23rd Street facing the Chelsea Hotel”. The exact address was 267 W. 23rd Street, between 7th and 8th.

So you were playing piano at the time.
Not really to play piano, I could only play a few chords. In fact what I first wanted to do was write poetry, and be a poet. I spent a lot of time writing some poetry, and that got transformed in sort of writing the songs. So Clem took me uptown to Blondie’s rehearsal place near Port Authority, one of these office buildings. A lot of those places had become rehearsals places so, they had one and I went there. We just started playing, and we played the Stones’ song “Live with Me” from, is it ‘Beggars Banquet’?

No, that’s the ‘Let It Bleed’ album.
Oh yes. It was just a song Chris knew and we kind of played it, forever… And he liked me. And then Clem said “play any of your songs” There was a piano, so I went and played something, and they said “ok fine!” But then not long after I had to be home, because my parents didn’t want me to be playing in a rock band. So I had to choose and said “bye”. I didn’t have anywhere to live. I slept around different people’s places for a while, but eventually Debbie and Chris said “you can come and live with us” It was this tiny little flat but, you know, but still bigger than this room! They lived in Little Italy. That’s early 1975, in Spring. And not  long after that, we got this loft place on Bowery.

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Blondie’s show at the CBGB’ with Gary in the band, which took place from July 16th to the 27th, 1975, featuring unsigned artists. Some of them are quite familiar…

And you started playing in Blondie!
And I started playing! I first played the CBGB in July 1975, which was called the “Unsigned Rock Band Weekend”, or something. It wasn’t called Punk Rock or anything. Or maybe it was “Underground Unsigned Rock Band Festival” And this is where you got Blondie, Talking Heads, Patti Smith, the Ramones…

What’s the story behind choosing “Gary Valentine” as your stage name?
It’s because at the time I sort of wanted a new identity. That was the whole idea, reinventing yourself. And the people around at the time, you had Johnny Thunders, Richard Hell, Alan Suicide…It was all kind of dark and violent, and I wanted to be more upbeat, more optimistic. My favorite writer at the time was Henry Miller, and his middle name was Valentine. Henry Valentine Miller. I identified with him quite a bit at thetime. Because he was writing about living in New York and starving and working as a messenger. And I was doing the same thing, so I just sort of took his name.

Was it only you who decided to come up with that name? Or was it the other members of Blondie that suggested it as well?
It was me. As I said before, I wanted to reinvent myself. I was the last person anyone could have thought one would become a musician, even less write and song and record it. I was somebody just hanging out with other musicians, so it was very unlikely. I just wanted to do something. Anything. Poet, artist, writer, something along those lines, and once you wrote the songs and then the people were saying “yeah!”, I knew I could do it. And that transforms you, you know.

It wasn’t called “punk” at the time.
No, we didn’t call it “punk”. Suddenly one day we saw all these posters around saying “Punk is coming!” I remember people were thinking “this must be a band from New Jersey” ‘Cause nobody in New York called themselves “punk” at the time.

 

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It had to be labeled somehow.
But what was there was the ‘Punk’ magazine.

The Legs McNeil magazine?
Yes, Legs and John Holmstrom. But they emphasized one aspect, it was more about the Ramones, Richard Hell and all that. But there was a good magazine called New York Rocker. That’s what I got the title of my book from. Alan Betrock, who actually early on was a Blondie producer. He took us into this studio to do the first recordings. “Platinum Blonde” and some other songs we were doing, that EP with the 1975 demos. I don’t think any of those songs survived. Well, one did, the one we called “The Disco Song”, that later became “Heart of Glass”. You know, a big hit.

Oh tell me about it! Where you a fan of the other bands in he scene at the time, or you had a favourite one among them?
I used to go to see all of them all the time. The Heartbreakers, the Ramones, Talking Heads, Suicide, and then these other bands like The Marbles and The Miamis, that nobody knows about, but they were around at the time too. I used to see all of them but, in the long run, I was thinking that the first Television album, “Marquee Moon” was probably the best thing. It’s a great piece of music.

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1974 flyer announcing three Blondie shows. The one at Mother’s marked Jimmy Destri’s first in the band.

Which by the way was so different to what everybody else was doing.
True, it was very different. But I loved all of the them at the time, I used to go to every show. You know the Ramones had like, eight songs. And the Heartbreakers had six or seven. But it was all right! I guess Richard Hell, in terms of attitude, was really the spirit behind a lot of what was happening.

So in the beginning the punk scene was a bit arty after all. It even included poetry. So when do you think all that changed?
I guess when the UK punk idea came in. Before that, it was a really interesting blend of poetry, rock, art and film. We used to go to people’s loft spaces in Soho and there would be some weird film…It wasn’t called anything. “New York Rock” or “Underground Rock”. As soon as it got this simple label, “punk”, then everybody out in New Jersey, or in Connecticut or Long Island, it was very easy for them to put a safety pin in and go to New York and say “hey we’re punk!” To fit into that kind of scene because, originally, the New York thing was very much like an old Fellini movie. Everybody was dressed in black with their glasses on, smoking, and nobody was reacting to anything. You had to do a lot to make somebody really react.

Would you blame Malcolm McLaren for that?
Well he was the New York Dolls manager, and there was a famous show where Television opened up for the Dolls, when Richard Hell was still in the band, and McLaren saw him rip his shirt. I think he even invited Hell to come back to the UK, but Hell decided to stay and do his own thing. You know, McLaren tried to turn the New York Dolls into a Communist rock band. I mean, come on! (laughs)

Too bad it didn’t work! Think about it…
I guess they looked pretty cool in the red lettering but it was very different. I have to say I never really got into any of the UK kind of stuff.

Before he passed, Malcolm McLaren was interviewed in Buenos Aires, and he said that punk’s most important legacy was the “do it yourself” thing. Would you agree with him, or else what would you say it’s the best thing that came from punk? I mean, if there’s one after all. Maybe you agree with McLaren’s opinion…
No, I’d hate to do that! (laughs) I guess certainly what happened was post punk, which marked the difference between the “hip” people and the rest of the people. Everyone wears black today all the time, and it used to be something very exceptional, even in the ‘70s. I think that was in the sense of a separation between the stars and regular people. That “do it yourself” attitude was nice, and I guess today, with the whole digital world, you can do it yourself in a much bigger way. Back then, you had to make all the recordings, copy everything, the flyers…

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Bel Air Hotel photo session, Los Angeles, 1977, California. Gary’s departure was just about to happen…

All those fanzines…
Yeah, that was really “do it yourself” And now everybody has this hi-tech stuff and they can do their albums. We were very lucky if we had a cassette recorder.

Back to Blondie, do you think your contribution to the band, which was quite important at the time, was fairly or properly acknowledged? Or maybe, if it didn’t, that was the very reason why you left the band?
I actually left mostly because I wanted to have my own band at a certain point. It’s understandable now that they weren’t happy with this idea because I was writing lots of songs. And because I played guitar. I mean, the first record, “X Offender”, I played guitar there, I’m not playing bass. But I wanted to do some more of that. There were a couple of different things. I also felt that it was becoming Debbie and a back-up band, and that wasn’t what we were. We all worked together, worked really hard. It was a whole, it wasn’t just a singer and a band.

But that happens with so many bands…
It’s the same old story, isn’t it? I mean, at the time I was 20 years old, and later on I realized how it was. Sometimes you get brushed out of the story, other times you’re not. It all depends on who’s writing that kind of thing, But at this stage, 40 years on, you know, it’s fine. I’m fairly established. A couple of songs that I wrote were very important in the early days.

gary-BLONDIEXOFFENDER1I believe that “X Offender” is one of your most important contributions to the band, and I guess it involves a personal story. What was your inspiration? Is it true you were actually and X offender?
I didn’t write the song with that in mind. The music and the melody and all that came to me, and I wrote that. The chorus, I wrote the lyrics of that. But the actual lyrics to the verses, that was Debbie’s. Debbie came up with this idea of a cop who falls in love with a hooker. It’s loosely based on uh…At the time I was going through a difficult period because basically I had got arrested for statutory rape. Just after I turned 18, you know, to have relations with a younger girl…I tell the story in “New York Rocker”. It’s a sad story. At the time, when I was early on playing, I still had to go back to this kind of probation, and actually I was sort of “breaking” probation because I was not supposed to live out of state. I was living in New York, and not in New Jersey, all this kind of stuff. So it was sort of loosely based on my own kind of personal problem, you know. Originally the title was “Sex Offender”, and we had to change it to “X Offender”, because the producer Richard Gottehrer said that “Sex Offender” was never gonna get on the air.

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It seems using the “sex” word meant a lot of trouble at the time.

What about “(I’m Always Touched By Your) Presence, Dear”? Is it true that there was some kind of supernatural story involved in the song, concerning Lisa Persky, your girlfriend at the time? And by the way, it must be the only song in music history that features the words “kismet” and “theosophies”. Why?
I think that’s true! (laughs hardly) Well, it’s connected to what I’m doing now as a writer. When I was living with Chris and Debbie in the loft, in 1975, I started getting interested in the occult. They had a kind of kitschy kind of fun interest in the days of the voodoo dolls stuff, all that kind of thing, so I started reading about it.

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Gary and then-girlfriend Lisa Jane Persky, 40 years ago. No idea about the second girl in the picture, though.

The I-Ching and all that.
Yeah, all that kind of stuff.

I wonder what made you curious about that. We know people like David Bowie or Jimmy Page did. But why a pop or a punk band from New York would do that?
I never really was interested in that per se. But what happened was that, I was always an avid reader. I was reading a lot all the time. Poetry, Nietszche, Sartre and the existentialists, and all this kind of stuff. At that time in New York, in 1975, there was still a lot of stuff left over from the previous scene, the previous generation, all that ‘60s scene. So in bookshops you saw Timothy Leary, Castañeda, or the I-Ching, books on Zen, all that kind of stuff. There was a book by a British writer, his name is Colin Wilson. In fact the latest book I did is a biography of him. He wrote a book that was called “The Occult”. It was something more than just a collection of ghost stories, or stuff like that. It was more philosophical, more historical and scientific. Very inspirational. And I just became really interested in it because it was very well written, and the way he was approaching it made it seem much more understandable. At the same time I’d also started reading about Aleister Crowley. There was somebody in the loft where we lived who was into Crowley a lot. He was this wild artist painter, he used to do these big kind of paintings. He’d sort of give in impromptu terror readings. And I just became interested in it. It was all new to me. So I started reading about all that stuff, and then I was also reading about parapsychology, psychics, ESP…My girlfriend at the time, Lisa, she became interested in it too. You know, I was 19 at the time. And then when Blondie first went on tour, we just started realizing that we were having the same kinds of dreams, and everybody would talk to each other. You know, this connection. There’s lots of evidence that this happens to people that are emotionally related, and so that was sort of the basis for that song, a song about how I was always in touch in some way with her. And yeah, kismet, theosophy, I think it’s the only Top Ten hit about telepathy, I don’t think there’s any other. Pretty much all during the time I was in Blondie I was reading about this and then when I left in August of 1977, I went to California, ‘cause my girlfriend Lisa was an actress, and she went to Hollywood to pursue film and TV, and I went to join her. And while I was there I also read all this kind of stuff. There were all different sorts of things that I became aware. One of the wonderful things about this book by Colin Wilson is that he talks about all these writers, people like Madame Blavatsky, or Gurdjieff, or Yeats, you know, all these other people who talked about this kind of things. So I followed those things too.

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The Know, a band that deserved better luck: Gary Valentine, Joel Turrisi and Richard Dandrea at the Whisky A Go-Go, Los Angeles, in 1978.

So you were an avid reader, but what took you to become a writer?
I always wanted to write. As I said, I started out writing poetry.

Did you have that in mind by the time you moved to London? You didn’t write any books before you left the US.
What happened was, you know, I had my own band for a while, called The Know. I got the name because I was interested in this esoteric school cult called the Gnosticism. C. G. Jung and other people have written about it, it was a sort of early Christian group, so I got the name from that sort of idea. I had The Know for a couple of years and we played a lot, in L.A., in New York, we did a couple of recordings, but we didn’t get a major deal on all that, so I disbanded it, and then I played with Iggy Pop for a while. And then, in 1982, that’s when I stopped, and after that I went back to university. I started writing in the early ‘90s when I was still living in California, and I was writing some articles, book reviews, and things like that. So it took a long time.

Did you do that in order to make a living?
I was working at this famous bookshop called The Bodhi Tree in Los Angeles, a metaphysical spiritual bookshop. It was very famous and successful in the ‘80s and ‘90s. It doesn’t exist anymore, it closed down, but I worked there for quite a few years. I went back to university, I was back and forth to university, where I first got a degree in Philosophy. I thought I was going to teach Philosophy, it was my career decision through the ‘80s. But then I didn’t follow that up. I stayed in California. I ended up starting a Ph.D. program in English literature at the University of Southern California, but I disliked the academic atmosphere at the time.

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Cover of The Know’s first single featuring “The First One” and “Tomorrow Belongs To You”. Blondie used to play the first song before Gary left.

Which was completely different to what you were coming from.
I was just trying to know what to do with myself, that’s what happened. I wanted to write, but in between, stopping playing music in ’82 to coming here in ’86, it was a 14-year period where I was trying to find what to do musically. I also worked as a science writer, because I’d written some book reviews and articles about popular science. At the time I’d dropped out of this Ph.D. program, as I said, because I hated the environment. I didn’t know what to do of myself and my wife said “you have to find a job, why don’t you apply for this science writer job?” She saw the advertisement in the paper. And I thought “ok I’ll do that, I’ll never get the job, but I’ll make her happy” I had no background in science, only academic background in Philosophy. But in any case they got  back and said “when do you want to start?” So I got the job. I should never have gotten it, but I got it. So I was working as a writer. I wasn’t writing about anything I really wanted to write, but I was writing for the university. That was definitely not what I wanted to do! I really went though a kind of crisis at the time. My marriage fell apart… I went through this thing, you know, “my God!” It was a classic midlife crisis. I was approaching 40.

Yes, I’ve been there…
Basically everything fell apart. And that’s what led me coming here. My life fell apart in Los Angeles. I had been in the Czech Republic in late ’95. The magazine I worked for, called Gnosis Magazine, they sponsored a conference there about the Rosicrucians. Don’t ask me about the Rosicrucians! (laughs) At that conference I met lots of people from here, and they said to me “if you wanna change the scenery, if you want to get away from L.A., you can hang out with us” Initially I wasn’t planning to move here. I was gonna hang out for a while and see what happened, because I didn’t know what to do of myself. The bookstore basically asked me to leave, but they paid me the rest of the money I would have had, they gave me a chunk of money. I had a little bit of freedom.

gary-turn-offThat was enough for the airplane…
Yeah, enough for that and enough to get by for a while. I mean, you’re 40 years old, you try to do now what you always wanted to do, which was to write, to live as a writer. And once I made that decision, it  just started happening in many ways. I got a lot of work. I wrote for a lot of magazines. I wrote for Mojo, The Guardian, The Independent and all that, and then I was commissioned to do the first book, “Turn Off Your Mind: The Mystic Sixties and the Dark Side of the Age of Aquarius” in 1999. It came out in 2001, I think.

Out of all the people you wrote about, which would be your favourite one? Let me take a guess. Ouspensky? I guess that was much appealing to you.
Yes, P. D. Ouspensky. He was one of the people I read about early on, when I first became interested in this. He’s the most honest follower of Gurdjieff. He was this very enigmatic Greek-Armenian esoteric teacher. Ouspensky was also a very important thinker, and a sort of philosopher in his own right. And he wrote this book, “A New Model of the Universe”, that came out in the 1930’s. He just explored lots of different ideas. About time, about all the dimensions, about the pyramids. It was kind of full of lots of different stuff, and at the time it was so exciting. So I did a book on him.

What about you most recent book about “Beyond the Robot: The Life and Work of Colin Wilson”?
That’s an important book for me because his work got me interested in all this in the first place, and I developed a friendship with him. He’s most known for his first book, “The Outsider” that came out in 1956 here in England.

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Does he live here in London?
Well, he died a few years ago, in 2013. And that’s the reason why I wrote a book about him. It’s a biography but also a study of all his ideas. He wrote many books, about a hundred. He was very much involved in existentialism and in consciousness and this kind of, what you call “peak experiences”, moments of creativity, moments of affirmation where you can feel this incredible sense of power. He studies that in different ways in his work. When you do a book about somebody, the more you get into the process of writing, it becomes very real in some way. I remember when I was doing my book on Madame Blavatsky (“Madame Blavatsky: The Mother of Modern Spirituality”), this very eccentric Russian woman in the 19th century…

All these interesting characters.
Very interesting! They’re all very interesting characters because they have very interesting lives, they travelled a lot. They were “on the outside”, someone can say they were the rock’n’rollers of their time.

There’s definitely a link there.
She spent many years in Tibet. This was during a time when Tibet wasn’t open to foreigners, and certainly not to women. And when I was writing about this, I’d go outside, and I’d feel this weird kind of dissidence, as it felt as I’d just spent several hours in the Himalayas. She’s somebody I didn’t know much about, or I hadn’t read as much about before, so writing that book was a  learning experience to me. And I came to like her quite a bit. She’s a remarkable character. To do all those incredible things that she did as a woman in the late 19th century, now that was really something.

Are all your books currently available in bookstores here in London?
Not so much in the main chains, but in specialized bookshops. There’s a famous book shop in the West End that’s been there forever, people like Aleister Crowley used to go and buy books there in the early 20th century.

gary-crwleySo, by the way, you did a book on him called “Aleister Crowley: Magick, Rock and Roll, and the Wickedest Man in the World” Why do you think Crowley is much liked and followed by rock musicians and fans? Do you think he represents a kind of first step to the world of the occult?
I guess probably for most people he’s the one who introduced them to it, specially the ones in the rock world. But Crowley wasn’t one of these very eccentric unconventional characters, and he was rediscovered in the 1960’s. He’s like a proto hippie, in the sense that, you know, he experimented with lots of drugs, free love, polymorphous perversity… Sex was the main thing for him, and all that. He was very unconventional, he rebelled against his time. There’s a book by Richard Cavendish called “The Black Arts” that came out I guess in 1966…

I have a book by him in Spanish at home, but I cannot remember the name now.
Probably “The Black Arts”, a book that  became very popular. People like Mick Jagger, etc., they were reading this book. That’s one of the reasons why I wrote my book about Crowley. In the ‘60s there was a connection between the occult and pop culture. My first book “Turn Off Your Mind” is about that. But what happened with the ‘70s is that it kind of dropped away, it became specialized. But Crowley stayed as a kind of icon for the rock world. Black Sabbath knew that.

Not to mention Jimmy Page…
Yeah, but if you look at the cover of the Beatles’ “Sgt. Pepper’s”, Crowley is there, Jung is there, Aldous Huxley…So Crowley became popular in the ‘60s an then was rediscovered. He died in 1947, and a biography about him came out in the early ‘50s, but he didn’t become this huge icon until the Beatles put him on the “Sgt. Pepper’s” cover. And people like Kenneth Anger became aware of him. There was a well-known underground newspaper here at the time called The International Times, and they did a big article about Crowley, as I said, like a proto hippie. Rediscovering him and also looking back, and everybody saw that. This was in 1966 or something. Then in the ‘70s people like Jimmy page or David Bowie were into it, but even today people are rediscovering him all the time. You see his face nowadays almost as much as you see Marilyn’s, or Che Guevara’s.

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Crowley on the cover of “Sgt. Pepper’s” (see yellow arrow)

Which, by the way, makes me realize they never did a movie about him.
Not a good one, no.

Oh, was there a bad one then?
Well there’s one that was called “Chemical Wedding” or something, which was out a few years ago. It didn’t get wide distribution, as it wasn’t very good. But there’s characters based on him in some films, horror films and all that. But it would be an interesting thing to do.

Are you more comfortable with being a biographer or would you rather write about their works, like you did with Jung, Swedenborg or Steiner?
The thing with biographies is that, there’s a beginning and there’s an end. You’d be writing about when they’re born, and when they die. I like a kind of story. But what I like about these people are their ideas, or as much part of their life as anything else, so I can explore their ideas through their life. But I’ve also done books about histories. “Turn Off Their Minds” is about the whole 1960’s. Another one I did called “The Secret Teachers of the Western World” is about basically the history of the West seen through an esoteric interpretation philosophy.

So you’ve always been a curious kind of person. Which is fine, if you’re not curious, what can you do about it?
Yes! I’m interested in most of the things I like to think and reflect about. I’m also interested in seeing patterns between things, you know.

How do you work when you write a biography? Do you go to the very places things happened? Like Crowley in Italy?
Sometimes. It depends. First I read as much as I possibly can about them. Their own work, biographies of them, interviews with them, that kind of thing. This most recent book about Colin Wilson, I know his family, so I’ve spoken with them. Mostly is about gathering information. I go to the British Library a lot, and I do interviews with people.

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Has it ever influenced you? You researched a lot about esotericism. Have you ever gone through paranormal experiences, or out of this world? Maybe it’s a silly question…
I wouldn’t say anything fantastic. As I said, when we talked about that song “Presence, Dear”, I had experiences of that kind. I’ve written about precognitive dreams, but it was nothing very dramatic. I think most of us have little experiences of these kinds of things, like telepathy. But we don’t pay attention to them very much. But because I’m interested in all that stuff, as I write about consciousness, I may be much more aware of paying attention to these things when they happen. In general, my philosophy in life is that, I’ll put it this way, in a negative way, I don’t believe in the standard scientific materialist explanations. I’m very much interested in trying to put together a picture of what other stuff means. Esoteric ideas, spiritual or supernatural experiences. What I found interesting about all the people I write about is that I like to find similarities between them. What happens with a lot of these different groups is that people that are into Steiner, or into Jung, or into Gurdjieff, they don’t talk to each other. If you know enough about them, there are different ideas. They’re talking about the same, but they use different languages.

Are you working on a new book? Have you already chose who will be the next character you’ll write about?
Yes, there’s a book I’m working on that will be due at the end of the year. The title is “The Lost Knowledge of the Imagination” Basically it’s exploring this other mode of knowing. We know the scientific analytical way to understand things, you know, we break things down and then tear them to pieces. This is more about intuition, it’s more about how imagination is not only something that creates unreal things, it’s actually something that allows us to understand something in its kind of inner aspect. I’m looking at different people, different poets, different kind of philosophers and writers who talk about this sort of thing. It’s a theme that’s in most of my books. There’s a historian of the occult called James Webb, and he called it “rejected knowledge”

Was he the inspiration for your new book?
Well, he’s someone I read about quite some time ago. Something starts out and you get interested in it, and gradually you became more and more focused on it, and then you start to see how different things feed into this idea. In many ways I wind up writing about the same kind of thing, but from a different perspective, it all turns out to be about the same.

This will be your book number…
This is the 20th. I try to make a living out of writing, so I have to come up with other ideas.

My last questions are gonna be again about music, so let’s go back to it.
Oh, sure.

Do you still play or go to shows?
No, I don’t. I have to say “no”. I haven’t listened to any kind of pop music or anything like that for a very long time, I mean, I did have a band again…

Not The Know, right? Because you never got a recording contract, although they got to be quite popular in the USA at the time.
Yes, L.A. and New York, we went back and forth a lot. What happened was, when I moved here in the beginning of ’96, out of the blue Chris Stein got in touch with me. And he asked me to come back to New York and play again. That was the last thing I thought, you know, whatever happened. I figured it out, “well, I’m 40, I’ll never have this chance again, so why not?” So I went to New York and started playing with Blondie again. We did some shows in ’97 We did some big festivals in the States, and we even recorded a song of mine.

“Amor Fati”
Yeah, right. It’s a song I used to do with my band The Know, and we recorded it. Long story short, it all turned out not to work. I may be the only person to get kicked out of the same band twice.

Yeah.
With 20 years in between. But what happened is that when I went back to play with them, I started writing songs again.

Frank Infante wasn’t there anyway…
No, he wasn’t there. They hadn’t played together for a long time, so they tried to put the band back together. You know, Chris, Debbie, Clem, the guy who played bass (I forgot his name). and Jimmy. I was playing second guitar. But, you know, “no, thanks”. But then I had written all these songs, all new songs, so when I came back here from this Blondie fiasco with lots of new songs, my girlfriend at the time played violin, and so I decided to, you know, “what are we gonna do with all these songs? They were supposed to be on Blondie’s album, and I’m not gonna be there” So we just decided to put a band together for a while. We played around London and we did quite a few gigs. So that’s the last thing we did, we stopped doing it in 2000. That was the last time I played.

You didn’t record?
Yes we did, that stuff is online, I think. But it wasn’t released.

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Oakville, Canada, Aug. 1981: Iggy and his band (Gary on the right) warming up for the Detroit show when they opened for the Stones. If only they had known what was to happen…

Back to Blondie, after you were kicked out of the band, you played with Iggy in 1981. It was an all-star band that included Clem Burke, Carlos Alomar, Rob Duprey and Mike Page. Last year we did an article on the magazine about the night the band opened for the Stones that year.
Hahahaha! (laughs)

That’s the show where the people threw all kinds of stuff to the band onstage. What do you remember about that night?
Yes, we opened for the Stones in Detroit, at the Silverdome, and Santana was also on the bill.  You know, it’s a huge arena, 80,000 people or something like that, and we played before Santana. We only had this tiny little spot onstage, you couldn’t use the whole set. Nobody was there to see Iggy Pop, they were there to see the Stones. So during our show, out of this darkness (it was like looking at the Grand Canyon), you saw all this stuff coming at you! You know, shoes and everything, they threw everything they could possibly get their hands on. And at the end of the show, Bill Graham, the promoter, after somebody collected everything, he went out with Iggy, ‘cause Iggy was so pissed off… He said, you know “five sneakers, ten big lighters…” It was like he was saving anything that was thrown at us!

So how come Santana didn’t get more stuff than you? They should have been the ones!
Hahahaha! (laughs) I think that was also because it was Detroit, and he was the homeboy.

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Gary at home in London, today. You’ve come a long way, boy…

While in London you were part of a music project along Lora Logic from X-Ray Spex, and then you formed Fire Escape with violin player Ruth Jones.

I forgot I got into that! Yes, we recorded something, and she put it out on some CD, I don’t know where it is anymore.

Last question now, and I hope you enjoyed the interview. It’s a long story!
Oh yes, absolutamente! (in perfect Spanish)

Ok, having lived in New York and L.A., I imagined you knew some Spanish.
Hola qué tal? Cómo están ustedes? (laughs)

Were you surprised after being contacted by a magazine from Argentina. And what do you know about our country?
Yes, I’ve been flattered, thank you. Other than having read of Borges quite a bit…

Oh you read him?
Oh, I did, and I like his short stories very much but, to tell you the truth, I don’t know much at all. I have to say I’m wealthily ignorant, I’ll have to learn more about that.

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Gary and journalist take a selfie. London. November 2016 (Photo: M. Sonaglioni)

Have you ever been in South America at all?
No, never visited South America. It’s a funny thing, because all that time I lived in Los Angeles, and I regret it now, I didn’t even go to Mexico. All I thought about was Europe. I’d always had this feeling for Europe. But a couple of my books were published in Brazil, and there are also a couple of books in Spanish, they were published by Atalanta Press and they may be available in Argentina.

 

 

UNA CHARLA CON GARY LACHMAN EN LONDRES: BLONDIE, LITERATURA, ESOTERISMO, PUNK ROCK Y OTRA VEZ BLONDIE

Standard

Publicado en Revista Madhouse el 27 de abril de 2017

Antes de decidirse a dejar atrás su carrera de músico de rock, Gary Lachman tuvo un lugar privilegiado como testigo de la escena del rock neoyorquino que comenzaba a gestarse a mediados de los 70. Fue cuando bajo el nombre artístico de Gary Valentine, y en su rol de bajista, integró las filas de Blondie, con quienes registró el primer disco de la banda, un álbum insigne de un género que ni siquiera aún tenía nombre propio (proto punk, new wave, rock de New York) y que remitía al pop más puro remiscente del sonido de las dos décadas anteriores.

Eran tiempos de canciones cortas y efectivas fieles al estilo, y en su paso por uno de los grupos fundamentales del género, Lachman no titubeó a la hora de aportar de puño y letra títulos como “X Offender” o “(I’m Always Touched By Your) Presence, Dear”, que pasarían a integrar el catálogo de los grandes clásicos del combo de Debbie Harry y Cía. No conforme con las políticas internas de la banda, Lachman abandonó Blondie un par de años más tarde. Fue cuando, tras probar suerte en otras aguas, decidió dejar atrás su país de origen y se mudó a Inglaterra para finalmente plasmar su sueño inicial, el de escritor especializado en ocultismo y esoterismo, un interés que ya lo había cautivado en sus días de rock’n’roll, y con el cual ya lleva más de 20 libros editados. MADHOUSE habló con Lachman de de los años dorados de los inicios del punk neoyorquino, de sus días junto a Blondie y de su inusual carrera en esta entrevista exclusiva, la primera en la historia para un medio sudamericano, realizada un frío mediodía de noviembre pasado en su casa de West Hampstead, al noroeste de Londres.

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Un afiche o tal vez volante de Angel And The Snake, una de las bandas de donde se originó Blondie. El mismo anuncia un show en el CBGB, allá por 1974

En 2016 se cumple el 40 aniversario de la edición del primer álbum de Blondie. ¿Cuáles son tus reflexiones y recuerdos de la grabación de aquel disco?
Pienso que para esta época (N.: esta nota fue hecha a fines de 2016), en aquel año, a fines de 1976, estábamos en el estudio… Si es que eso no fue algo antes, no lo recuerdo con exactitud. Creo que el álbum se editó a fines del ’76 pero, está bien, finalmente lo vimos en 1977, ahí fue cuando lo distribuimos y todo eso. No tuvo mayor impacto fuera de la gente de culto a la banda que nos seguía, ya fuere el rockero neoyorquino, el de la new wave o como quieras llamarlo. O del punk. No éramos punks, no lo llamábamos “punk”, pero como fuere, nos llevó un tiempo. ¿Qué puedo decir? Fue algo fantástico.

La banda estaba muy metida en los 60. Las Ronettes, las Shangri-Las, y todo eso…
Sí. Esa es una de las cosas que sucedieron cuando Clem (N.: Burke, el legendario baterista de Blondie) y yo comenzamos a tocar, ya que Chris y Debbie (N: Stein y Harry, guitarrista y cantante del grupo) venían haciendo cosas hacía rato, de distintas fuentes o formatos. Habían tenido bandas de estilos diferentes, sabés. The Stilettos, Banzai Babies, Angel And The Snake, con las que no iban a ninguna parte. Y entonces Clem, a quien conocía de la secundaria, con quien habíamos estado en la misma escuela y nos conocíamos de adolescentes, comenzó a tocar con ellos. Y fue ahí cuando empecé a pasar tiempo en New York. Porque antes de la escena new wave, o la del punk, si es que querés llamarla así, existía lo que llamamos glitter, o glam rock. Así que era todo Bowie, Roxy Music, Lou Reed, ese tipo de cosas. Y había una escena en New York de todo eso. Y principalmente los New York Dolls, que eran la banda local por excelencia.

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La sección vocal de The Stilettos: Amanda Jones, Elda Gentile y una muy joven Debbie Harry

Escena que consistía básicamente en bandas locales, ¿verdad?
En 1973, cuando comencé a enterarme de eso, los talentos principales de la escena glitter eran bandas como los New York Dolls. El lugar en el que solían tocar, el Mercer Arts Center, literalmente se derrumbó y entonces las bandas se dispersaron. La pregunta era “¿adónde ir? ¿dónde tocar?”… Y había un lugar en el East Side llamado Club 82, que tradicionalmente había sido un bar de travestis. Bueno, todavía lo seguía siendo, pero les permitían a las bandas tocar allí varias noches a la semana. Y de hecho ese fue el primer lugar en el que vi a Chris y Debbie. Por entonces se llamaban The Stilettos (N. Además del dúo mencionado, en esa banda estaban también Fred Smith, Amanda Jones, Elda Gentile, Rosie Ross y Billy O’Connor).

Ok, entonces los Stilettos tocaban allí, y te fuiste especialmente hasta ahí para verlos…
Bueno, tal vez fue para verlos, porque yo andaba por ahí, en medio de todo eso. Y gente como Bowie y Lou Reed siempre iban a lugares como el Club 82. Lo leíamos en las revistas, así que acostumbrábamos a ir hasta allí par ver si los veíamos. Esto fue antes que me ponga a tocar… Conté todas esas historias en mi libro “New York Rocker”.

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“New York Rocker”, una muy bien lograda biografía de Gary y un mejor retrato de la escena punk y proto-punk de la NY de los ’70

Supongo que veían las fotos en revistas como Rock Scene.
Sí, principalmente Rock Scene y todas esas, y entonces quizás decías “¡vamos para allá!”, y pasabas un rato en el lugar. Básicamente lo que sucedió es que Fred Smith, al bajista de Blondie, dejó al grupo para unirse a Television. Tom Verlaine había echado a Richard Hell, y entonces Hell puso en marcha su nueva banda junto a Johnny Thunders de los New York Dolls y luego los Heartbreakers. Así que Blondie necesitaba un nuevo bajista, y yo ya andaba dando vueltas por ahí… Tenía la imagen para el grupo. Quiero decir, usaba lentes oscuros todo el tiempo y vivía al borde, y todo eso. Casi que podía tocar algo, y eso era todo lo que necesitabas en aquel momento. No hacía falta que fueras un músico excepcional. Se trataba de tener actitud. Audicioné para ellos y funcionó, por lo que me puse a tocar en la banda. Eso fue a principios de 1975, en marzo o abril de ese año. De ahí en más, se unió al grupo Jimmy Destri (N.: tecladista de Blondie), y empezamos a escribir canciones. Cuando recién me uní al grupo, Chris y Debbie hacían muchos covers. Tenían algunas canciones originales, pero más que nada hacían versiones. Y aún existía esa cosa amanerada gay del Glitter. Jimmy, Clem y yo éramos más jóvenes. Yo había crecido en los 60 y la música que sonaba en la radio era siempre música pop. Ya sabés: los Beatles, los Stones, Motown, los Byrds, todo eso. Había grandes canciones. Así que nos pusimos a escribir las nuestras.

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En los 70, Harry, Stein, y Valentine vivían en un loft sito en un edificio de tres pisos en el 266 Bowery Lane (barrio de avería por entonces), sobre una licorería y proveeduría de insumos para restaurantes llamada Globe Slicers

Siempre fui de pensar que esa fue una de las mejores épocas en la historia del rock, la de New York a comienzos de los 70, donde pasaban grandes cosas, a pesar de que todavía era una ciudad difícil.
Era una ciudad muy dura, y al mismo tiempo todo ocurría dentro del mismo área, ya sea el Lower East Side, o el East Village. El CBGB estaba en el el Bowery. Y nosotros teníamos el loft de Blondie y…

Y también estaba el de Arturo Vega.
Sí, él también tenía uno, a la vuelta de la esquina del nuestro.

¡Perdón por interrumpir!
No, está bien. Mirá, antes de que tuviéramos nuestro propio loft, solíamos ensayar en el de Arturo, así que también íbamos allí, al igual que los Ramones. Pero el CBGB estaba a la vuelta de la esquina de ahí, y entonces era un área de la ciudad por la que andaba todo el mundo. Ahí estaba el club, el lugar donde ensayabas, o bien, si salías a caminar para dar un paseo, te los encontrabas a todos en la calle. Era una escena realmente auténtica, ya que sucedía en esa parte de la ciudad. Entonces nos pusimos a escribir todas esas canciones, y todas tenían esa cosa de los ’60. Y ese look con las corbatas finitas y los trajes, y todo eso.

¿Cómo se llevaban con los otros grupos? Sé que eran muy amigos de los Ramones, o de los Dolls.
Mirá, al comienzo todo el mundo iba a ver tocar a todo el mundo. Entonces, la primera vez que tocamos en el CBGB, había tres o cuatro miembros de cada una de las bandas en la audiencia, y el resto era gente común. Hacíamos todos los show juntos. Los Ramones, los Talking Heads, los Heartbreakers…Y después había otro tipo de público, el de Patti Smith, o el de Television, que tenían un estilo propio.

Que era más intelectual.
Bueno, eran más serios, o como quieras llamarlo, porque no era el mismo que el de los demás. Las otras bandas eran más, digámoslo así, rockeras. Acostumbrábamos ir a los lofts y a las fiestas de los otros, y también nos veíamos en los bares de la zona a la hora del desayuno, o cuando fuera. También había otros grupos fuera de la escena que no eran conocidos, y que eran muy buenos, como The Miamis, que existían desde hacía mucho tiempo, y que hacían canciones satíricas, o que hablaban de actualidad, de cosas que pasaban en aquel tiempo. Había mucha música dando vueltas por ahí.

Y cuando se encontraban con las bandas de la escena en esos cafés, o donde fuera, ¿compartían la idea de llegar a grabar un disco, o lo hacían simplemente por diversión?
Creo que todos lo considerábamos así. Seguramente lo veía así, que íbamos a grabar un disco, y que yo iba a escribir un hit. Tenía esa confianza. Digo, lo hacés porque te encanta hacerlo pero, sí, se sentía que algo estaba comenzando y, ¿no fue Patti Smith quien obtuvo el primer contrato?

Sí, así fue.
Sí, ella consiguió uno, y después los Ramones, Television y los Talking Heads, adenás de nosotros. Entonces de repente la gente de la industria discográfica, que siempre estaban en el Centro, empezaron a acercarse a ese área espeluznante y asquerosa de la ciudad.

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De izq. a der., una de las primeras fotos de Blondie con Destri, Stein, Harry, Burke y Valentine: todos muy jóvenes y muy pelilargos.

¿Qué hacían en aquel momento para ganarse la vida, ya que eventualmente todavía no podían vivir de la música?
Cualquier cosa que pudiéramos hacer. Inicialmente no ganábamos nada de dinero. Con mucha suerte ganabas 10 dólares por noche. Antes de comenzar a tocar, trabajaba de mensajero, repartiendo cosas por ahí.

Eran todos muy jóvenes. Me pregunto si algunos aún vivían con sus padres.
Bueno, Jimmy todavía lo hacía, y yo me había ido de casa a los dieciocho, así que ya estaba viviendo en New York. Lo que quiero decir es, no podía vivir en mi casa y al mismo tiempo dedicarme a tocar, así que me aceptaron de entrada. Vivía con ellos en un departamento chico que tenían en Little Italy. De ahí nos mudamos al loft, en la zona del Bowery, que quedaba muy cerca, y a 1 cuadra del CBGB. Así que el CBGB, el loft de los Ramones, el de Blondie, la casa de William Burroughs, estaba todo ahí.

Todo muy cerca.
Todo quedaba cerca y te veías con todos en la vecindad, básicamente. Clem había venido aquí a Londres a fines del ’75, y cuando volvió, trajo un montón de música, y escuchábamos todo eso, y fue así como decidimos escribir muchas canciones nuevas. Y aparte practicábamos mucho, tocábamos muchísimo. Todavía no hacíamos shows en aquel momento.

Bueno, eso de depender de alguien que te traiga los discos de afuera era algo muy común.
Así es, y uno de los álbumes que trajo fue el de Dr. Feelgood, que era ese tipo de música de rock punk de pub, con Wilko Johnson y todo eso, y eran realmente buenos.

Siempre creí que los 70 en los EE.UU., principalmente en New York, fueron el equivalente a los 60 en Inglaterra.
Bueno, creo que lo que sucedió en New York en los 70 fue como “la última flor”, porque también se trató de volver a las fuentes del rock’n’roll. Quiero decir, ahí es cuando comenzó eso de la nostalgia del rock’n’roll. Entonces había bandas como Sha-Na-Na, o cuando volvió Chuck Berry, que hacían todo ese tipo de material de los ‘50s, tipo doo-wop, y sólo habían pasado 15 años, por lo que sucedía en New York tenía mucho que ver con eso, ya que básicamente se trataba de volver a la forma más simple del rock fundamental. Tres o cuatro tonos, de manera corta y rápida. Entonces no tenías que tener esa idea de que necesitabas ser un gran músico. Hacia fines de los 60 o principios de los 70, estaban Emerson, Lake and Palmer, o Yes, toda esa cosa wagneriana, algo operístico, que estaba muy lejos del rock’n’roll.

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Más fotos de los inicios de Blondie, aquí sin Destri pero con los mismos pelos laaargos

Bueno, ¡entonces ustedes probablemente nos salvaron de todo eso!
(Sonríe) Digo, me resultaba inescuchable. Ya no escucho mucho rock o pop, pero si lo hago, es todo material de los ‘60s o los 70. A veces miro videos en YouTube y es como si fuera “¡oh, mostrame lo grandioso que sos como guitarrista!”… Una de las cosas que se han perdido es esa noción de canción de tres minutos, todo tiene que ser largo…

Entiendo que de muy joven tocabas el piano. ¿Cómo fueron tus primeros días en la música, antes de Blondie? ¿Eras el tipo de persona que se quedaba en casa y escuchaba discos todo el tiempo?
Escuchaba música, pero realmente no era músico. Conocía muchísimos músicos en mi ciudad. Conocía a Clem porque él tocaba en bandas, y durante mi adolescencia en New Jersey, donde crecí, yo acostumbraba a ir a ver a su grupo cuando tocaban en bailes. Y entonces, como dije, llegué a conocer a muchos músicos. Y cuando llegó el momento de tocar en New York estaba mejor equipado, en el sentido que sólo conocía unas pocas cosas, no tenía toda una historia de aprender cómo tocar la guitarra. Siempre había tocado en bandas de zapadas, lo que se dice “bandas de garage”, zapando y tocando, sin ser realmente un músico. Pero escuchaba muchísima música. Todas las bandas de la invasión británica, Motown, las del San Francisco sound, y todo eso. Fue recién a comienzos de los 70 cuando me volví más consciente de algo en lo que estaba metido, como David Bowie, New York Dolls, Mott The Hoople…

¡Justamente acabo de ver en vivo a Ian Hunter en Shepherd’s Bush hace unos 10 días! Sabés, nunca estuvo en Sudamérica, y probablemente nunca lo haga.
Oh, ¡eso es fantástico! Creo que lo vi en el ’74. Vi a Mott The Hoople cuando Queen abrió para ellos. ¡Imaginate, Queen fueron sus teloneros! (risas) Pero sí, estaba metido en todo eso, Lou Reed y demás. Era extraño porque la mayoría de la gente de donde yo venía, en New Jersey, escuchaban a los Grateful Dead, a Santana, a los Allman Brothers…Clem solía estar en una banda que hacía canciones de los Allman Brothers, y ese tipo de cosas, pero una vez que me enteré de Bowie y ese mundo extraño donde se maquillaban y usaban esas ropas, con esa extraña ambigüedad sexual… Era algo demasiado raro para el resto de la gente, así que, al interesarme en todo eso, me volví una suerte de outsider dentro de la escena habitual.

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Los NY Dolls en la Academy Of Music: sexo, drogas y rock and roll. Y más drogas.

¿También escuchabas a Alice Cooper?
Sí, pero viste, no era alguien que me interesara mucho.,, Lo mismo con Kiss. Era todo como “demasiado”. Recuerdo la vez en que los New York Dolls tocaron en el Día de San Valentín, en 1974. El lugar se llamaba Academy Of Music, en la calle 14, un lugar muy grande para tocar. Y cuando llegué allí, no sabía con qué me iba a encontrar. Todo el mundo usaba maquillaje y estaba completamente drogado. Lo que era genial de los Dolls era que no precisaban tocar un tipo de música que fuera fantástico, simplemente hacían buen rock, música simple. Y lo que había sucedido en New York fue una reacción a todo eso. Y en cuanto a Television, cuando tocaban, se ponían la ropa que fuera que encontraban en la tienda de caridad. No tenían un look. Eso fue hasta que Richard Hell empezó a romperse la remera. Pasó de ser todo extravagante y muy colorido, a algo monótono y simple. Lo que fue muy excitante, fue como decir “vos podés hacerlo” No necesité estudiar guitarra durante años. Sólo tuve que agarrarla y ponerme a tocarla con mucha actitud.

Y aún así podías hacer grandes canciones. Más que nada se trataba de gente que se juntaba y tocaba el tipo de música que les gustaba.
Sí. Lo que quiero decir, cuando empecé a tocar en Blondie, Clem era indudablemente el mejor de sus músicos. Chris podía tocar guitarra, pero siempre tuvo una manera excéntrica de hacerlo. Y, desde ya, Debbie podía cantar. No éramos profesionales, pero eso fue lo que lo convirtió en algo real porque, digo, cuando en “Angie” Mick Jagger cantaba “sin dinero en nuestros abrigos…” ¿Cuándo había sido la última vez que Mick no había tenido dinero? (Risas) ¡Nosotros realmente no teníamos nada de plata!

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La Rock Scene inmortaliza las sesiones de grabación del exitoso single “X Offender”, compuesto por Gary. Ahi se lo puede ver a Richard Hell, que se dio una vuelta para agregar unas partes con su bajo.

Pero sí supongo tuvieron un montón de apoyo de parte de la prensa, lo que los ayudó muchísimo.
Por supuesto, mayormente de revistas como Rock Scene, y también del Soho Weekly News. A los del Village Voice les llevó un buen tiempo hacerlo.

¿Recordás cómo fue que conociste a Chris y Debbie?
Bueno, la primera vez que los vi fue en el Club 82, pero que los conocí, fue en un show en que Clem ya estaba tocando con ellos, y esa vez tocaron en un bar en Wall Street, el distrito financiero de New York. No puedo recordar el nombre del lugar ahora. Pero no tenía nada de lujoso, no había escenario. Tenías que sentarte en el piso.

Yo todavía iría a lugares así hoy día…
Oh sí, estaba bien. Debbie cantando, Chris en guitarra, aún estaba Fred Smith, y Clem en batería. Recuerdo solamente pasar el tiempo con ellos, y ahí fue cuando los conocí. Yo era el amigo de Clem, así que andaba con ellos cuando iba a New York.

Eras un amigo con privilegios.
Bueno, creo que era como un groupie, inicialmente, y entonces lo que sucedió es que Fred Smith se fue de la banda para unirse a Television, y Clem me dijo “¿por qué no venís para una audición?” Yo podía tocar el bajo un poquito. En ese momento vivía en East End Street, en lo que se llama básicamente “el frente de un local”. Era una tienda, pero alguien le había pintado las ventanas de negro. Era un lugar para dormir, y yo vivía allí con un tipo que era un individuo muy extraño. Y ahí había un piano, un piano viejo, que tenía casi todas las teclas rotas, pero yo me las arreglaba para sacarle algunas notas.

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Mediados de los 70: Blondie toca en Mother’s. Según el libro de Gary, esto era “un bar gay en la 23rd Street enfrente del Chelsea Hotel”. La dirección exacta es 267 W. 23rd Street, entre Seventh y Eighth

Entonces sí ya tocabas el piano…
No es que lo tocara, realmente, solo podía tocar unas pocas notas. De hecho, lo primero que quise hacer era escribir poesía, y ser poeta. Pasé muchísimo tiempo escribiendo algo de poesía, y eso se transformó de alguna manera en ponerme a escribir canciones. Entonces Clem me llevó a la zona uptown, al lugar donde ensayaba Blondie, cerca de Port Authority, en uno de esos edificios de oficinas. Muchos de esos lugares se habían vuelto salas de ensayo, y ellos tenían una, y ahí fui. Nos pusimos a tocar e hicimos “Live With Me”, la canción de los Stones… (Piensa) ¿del álbum “Beggars Banquet”?

No, esa está en “Let It Bleed”.
¡Claro! Era una canción que Chris conocía, ¡y fue como que nos pusimos a tocarla eternamente! Y le caí bien a Chris. Y entonces Clem dijo “tocá alguna de tus canciones”. Había un piano, así que fui y toqué algo, y todos me dijeron “¡OK, muy bien!” Pero yo tenía que volver a mi casa, porque mis padres no querían que yo tocara en una banda de rock. Tenía que tomar una decisión, y entonces les dije “adiós”. No tenía dónde vivir. Durante un tiempo había estado durmiendo en distintas casas de personas amigas, pero eventualmente Debbie y Chris me dijeron “podés venir a vivir con nosotros” Era un departamento muy chico pero, así y todo, era más grande que el living de esta casa. Vivían en Little Italy. Eso fue en la primavera de 1975. Y poco después conseguimos el loft en el Bowery.

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El anuncio de los conciertos de Blondie en el CBGB que marcaron el debut de Gary. Esto fue del 16 al 27 de julio del ’75, en un festival de rock con los talentos neoyorquinos que aún no habían grabado. En la grilla figuran algunos nombres conocidos…

¡Y te pusiste a tocar con Blondie!
¡Y comencé a tocar! Mi primer show con ellos fue en el CBGB en julio de 1975, en un evento que se llamó “Fin de Semana de las Bandas de Rock Sin Contrato”, o algo similar. No se le decía Punk Rock, ni nada de eso. O tal vez era “Festival de Bandas de Rock Underground Sin Contrato” Y ahí podías ver a Blondie, Talking Heads, Patti Smith, a los Ramones…

¿Por qué elegiste “Gary Valentine” como nombre artístico?
Fue porque en aquel momento, de alguna manera quería tener una nueva identidad. Esa era la idea principal, la de reinventarse. Y estaba toda esa gente alrededor con nombres distintos. Tenías a Johnny Thunders, Richard Hell, Alan Suicide… Era todo estilo oscuro y violento, y yo quería sonar más alegre, más optimista. Mi escritor favorito de aquellos tiempos era Henry Miller, pero su segundo nombre era “Valentine”. Henry Valentine Miller. Me identificaba mucho con él, por entonces. Porque él escribía sobre vivir en New York, y pasaba hambre, y trabajaba como mensajero. Y yo estaba pasando por lo mismo, así que de cierta forma incorporé su nombre.

¿Lo decidiste vos solo? ¿O fue algo que también sugirieron los otros integrantes del grupo?
Fui yo. Como dije antes, quería reinventarme. Yo era la última persona de este mundo en la que alguien hubiera pensado podía convertirse en músico, mucho menos escribir una canción y grabarla. Era alguien que solo andaba con otros músicos, así que resultaba muy improbable. Solamente quería hacer algo. Lo que sea. Poeta, artista, escritor, algo en ese estilo, y una vez que escribí canciones y la gente me dijo “¡Yeah!”, supe que podía hacerlo. Y eso te transforma, sabés.gary-ny-rocker-revista

Por entonces no lo llamaban “punk”
No, no lo llamábamos “punk”. De repente un día vimos todos esos posters que decían “¡el punk está llegando!” Recuerdo que la gente pensaba “debe ser alguna banda de New Jersey” Porque en aquel momento nadie en New York se hacía llamar “punk”.

gary-ny-rocker-revista-360x530Había que ponerle algún rótulo…
Pero sí estaba la revista que se llamaba “Punk”

¿La de Legs McNeil?
Sí, la de Legs y John Holmstrom. Enfantizaban sólo uno de los aspectos, era más que nada sobre los Ramones, Richard Hell, y todo eso. Pero había una muy buena revista que se llamaba New York Rocker. De ahí saqué el título para mi libro. La había fundado Alan Betrock, que realmente fue uno de los primeros productores de Blondie. Fue él quien nos llevó al estudio para hacer las primeras grabaciones, como “Platinum Blonde” y otras que formaron parte de aquel EP con los demos de 1975. Creo que ninguna de ellas sobrevivió. Bueno, una sí lo hizo, la que llamábamos “The Disco Song”, que luego se convirtió en “Heart Of Glass” Ya sabés, fue un gran éxito.

¡Ni que lo digas! ¡Eras fan de las otras bandas de la escena de entonces? ¿O tenías alguna favorita?
Iba a verlas a todas todo el tiempo. Los Heartbreakers, los Ramones, Talking Heads, Suicide, y también a otros grupos como The Marbles o The Miamis, que nadie conoce, pero que también andaban por ahí. Solía ir a ver a todas, pero al final de cuentas, pensaba que “Marquee Moon”, el primer álbum de Television, fue probablemente lo mejor que salió de ahí. Es una gran obra musical.

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1974 y el flyer de tres shows de Blondie. El del Mother’s marcó el debut de Jimmy Destri

Que encima era algo completamente diferente a lo que hacía el resto.
Es verdad, era algo muy diferente. Pero en aquel momento amaba a todas las bandas, iba a todos sus shows. Viste cómo era, los Ramones tenían ocho canciones. Y los Heartbreakers, seis o siete. ¡Pero era genial! Creo que Richard Hell, en cuestiones de actitud, fue realmente el espíritu detrás de mucho de lo que estaba ocurriendo.

Entonces, después de todo, la escena del punk en New York también tenía su parte “artística”, quiero decir, estaban los artistas como Patti Smith, y entonces también incluía poesía. ¿Cuándo creés que comenzó a cambiar?
Supongo que fue con el arribo de la idea del punk británico. Antes de eso, era una mezcla interesante de poesía, rock, arte y film. Acostumbrábamos a ir a lofts de gente en Soho y allí pasaban alguna película extraña…No tenía ningún nombre. “Rock de New York”, o “Rock Underground” Ni bien apareció ese sello simple, el de “punk”, entonces a todo el mundo en New Jersey, en Long Island o en Connecticut se les hizo fácil ponerse un alfiler de gancho, ir a New York y decir “¡hey somos punks!” Me refiero a lo de encajar en ese tipo de escena porque, originalmente, lo que pasaba en New York se asemejaba más a un viejo film de Fellini. Todos se vestían de negro y usaban lentes, fumaban, y nadie reaccionaba a nada. Tenías que esforzarte si querías lograr algún tipo de reacción.

¿Culparías a Malcolm McLaren por todo eso?
Bueno, el era el manager de los New York Dolls, y hubo un show famoso en el que Television abrió para los Dolls, cuando Richard Hell todavía estaba en la banda, y McLaren vio cuando Hell se arrancaba la remera. Creo que hasta lo invitó a volverse a Inglaterra. Pero Hell decidió quedarse y hacer lo suyo. Ya sabés, McLaren intentó convertir a los New York Dolls en una banda de rock comunista. Lo que quiero decir es, a ver, ¡vamos! (risas)

¡Qué pena que no funcionó! Pensalo…
Creo que se veían muy bien con eso de las letras rojas en el logo de la banda, pero era muy diferente. Debo decir que nunca me enganché con toda la parte inglesa del punk.

Antes de morir, en una entrevista que le hicieron en Buenos Aires, McLaren dijo que el legado más importante del punk fue eso de “hacelo vos mismo” ¿Coincidís con su opinión? ¿O bien qué considerarías fue lo mejor que dejó el punk? Digo, si es que dejó algo. O tal vez estés de acuerdo con lo que dijo McLaren…
No, ¡odiaría que fuera así! (Risas) Creo que efectivamente lo que sí sucedió fue el “post punk”, que marcó la diferencia entre la gente “en la onda”, y el resto. Hoy en día todo el mundo se viste de negro, y eso era algo muy excepcional, aún en los 70. Pienso que esa fue una manera de separar a las estrellas de la gente normal. Esa actitud de “hacelo vos mismo” estuvo bien, y creo que en estos tiempos, con todo este mundo digital, podés hacerlo vos mismo de forma mayor. En aquel entonces, tenías que encargarte de todas las grabaciones, copiar todo, hacer los panfletos…

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1977 y una linda foto de la sesión en el Bel Air Hotel en Los Angeles, California. La partida de Gary ya se acercaba…

Y los fanzines.
Sí, eso sí que fue realmente “hacerlo vos mismo” Y ahora todo el mundo tiene toda esta alta tecnología, y pueden hacer sus discos. Nosotros, con mucha suerte, teníamos un grabador a cassette.

Volviendo a Blondie, ¿considerás que tu contribución al grupo, que por entonces fue muy importante, fue suficientemente reconocida? O tal vez, si no fue así, ¿fue esa la razón por la que dejaste a la banda?
En verdad me fui porque en cierto momento quise tener mi propia banda. Resulta comprensible ahora que por entonces no hayan estado felices con la idea, porque yo escribía montones de canciones. Y porque tocaba guitarra. Pero yo quería hacer más que eso. Hubo una par de razones. También sentía que se estaba convirtiendo en “Debbie y su banda de apoyo”, y nosotros no éramos eso. Todos trabajábamos en conjunto, trabajábamos muy duro. Se trataba de un todo, y no de una cantante y una banda.

Pero eso es algo que suele ocurrir con muchos grupos…
Es la historia de siempre, ¿no? Digo, por entonces yo tenía 20 años, y me di cuenta de todo más tarde. A veces te borran de la historia, pero otras veces no pasa eso. Todo depende de quien la escriba. Pero a esta altura, 40 años después, está bien. Estoy consolidado de manera justa, y un par de las canciones que escribí fueron muy importantes en aquellos días.

gary-BLONDIEXOFFENDER1Entiendo que “X Offender” es una de tus mayores contribuciones al grupo, y que tiene que ver con una historia personal. ¿En qué te inspiraste para escribirla? ¿Es verdad que habías cometido un delito?
No escribí la canción pensando en eso. La música, la melodía y el resto vinieron a mí, y lo escribí. También escribí la letra de la parte del estribillo. Pero fue Debbie quien hizo el resto de la letra. Ella propuso la idea de un policía que se enamora de una prostituta. Está vagamente basada en, eh… En aquel momento yo estaba pasando un momento difícil, porque básicamente yo había sido arrestado por estupro. Después de haber cumplido 18, viste cómo es, tener relaciones con una chica más joven…Cuento la historia en “New York Rocker”. Es una historia triste. En aquel entonces, cuando estaba tocando, aún tuve que pasar por esa clase de “probation”, y en realidad es como que no la respeté, porque se suponía que yo no podía vivir fuera del estado en el que sucedió el hecho. Vivía en New York, y no en New Jersey, y todo eso. Entonces la canción estuvo ligeramente basada en mi propia clase de problema personal, sabés. Originalmente se iba a llamar “Sex Offender”, pero tuvimos que cambiarlo a “X Offender”, porque el productor Richard Gottehrer dijo que con un nombre como el de “Sex Offender” nunca iba a tener difusión.

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Y, la palabra “sexo” parece que fue tabú en todas las épocas y en todo el mundo, què va’cer

¿Cuál es la historia de “(I’m Always Touched By Your) Presence, Dear”? ¿Es verdad que la canción incluye cierta suerte de experiencia sobrenatural relacionada a Lisa Persky, tu novia de aquel momento? Y, ya que estamos, debe ser la única canción de la historia de la música que incluye las palabras “kismet” (destino) y “theosophies” (teosofías)… ¿Por qué?
…¡Creo que es verdad! (ríe fuertemente) Bueno, está conectado con lo que estoy haciendo ahora como escritor. Cuando vivía con Chris y Debbie en el loft, en 1975, comencé a interesarme en el ocultismo. Ellos tenían cierto interés kitsch muy divertido sobre las épocas de las muñecas vudú y ese tipo de cosas, así que despertó mi curiosidad y me puse a leer sobre eso.

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Gary abrazado por Lisa Jane Persky, su novia de hace cuarenta años atrás. La otra chica que espera ahí parada vaya uno a saber quién es.

Según leí, también les interesaba el I-Ching.
Sí, todo eso.

¿Pero qué fue lo que te despertó la curiosidad sobre estos temas? Sabemos que le ocurrió a gente como Jimmy Page o David Bowie, ¿pero por qué le iba a pasar lo mismo a una banda pop, o punk, de New York?
Nunca estuve realmente interesado en eso per se. Pero lo que pasó fue que siempre fui un ávido lector. Leía muchísimo todo el tiempo. Poesía, Nietszche, Sartre, los existencialistas, ese tipo de cosas. En aquel momento en New York, en 1975, aún había un montón de material dando vueltas por la ciudad que había quedado de la escena anterior, de la generación previa, toda esa escena de los años 60. Y entonces ibas a las librerías y te encontrabas con libros de Timothy Leary, Castañeda, o el I-Ching. Libros sobre el zen, esa clase de material. Había un libro de un escritor inglés llamado Colin Wilson. De hecho, el último libro que hice es una biografía sobre él. El libro se llamaba “The Occult” (“El Ocultismo”) Se trataba de mucho más que de una colección de historias de fantasmas, o cosas de ese tipo. Era algo más filosófico, más histórico y científico. Muy inspirador. Y me interesé mucho en él porque estaba realmente muy bien escrito, y la forma en que él trataba el tema lo hacía mucho más comprensible. Al mismo tiempo también había comenzado a leer sobre Aleister Crowley. Hubo alguien en el loft en el que vivíamos que también estaba muy metido con Crowley. Era un pintor de cuadros muy salvaje, hacía pinturas muy grandes, e improvisaba lecturas sobre terror. Y me interesé mucho en eso, era todo nuevo para mí. Por lo que empecé a leer sobre todo ese material, y después sobre parapsicología, fenomenos psíquicos, transmisión de pensamiento… Mi novia de entonces, Lisa, también se interesó en eso. Yo tenía 19 años en aquel momento. Y después, cuando Blondie salió de gira por primera vez, comenzamos a darnos cuenta de que estábamos teniendo los mismos tipos de sueños, y lo hablábamos entre todos. Sabés a qué me refiero, a esa conexión… Hay muchísima evidencia que esto le sucede a gente que está relacionada emocionalmente, y de algún modo esa fue la base de la canción, una canción sobre que siempre estaba conectado con ella de alguna forma. Y sí, lo de “kismet” (“destino”) o “theosophies” (“teosofías”)… Creo que es la única canción sobre la telepatía que llegó al Top Ten, no creo que exista otra (Risas). La mayor parte del tiempo en que formé parte de Blondie me la pasé leyendo sobre eso, y cuando me fui del grupo, en agosto de 1977, me mudé a California, porque Lisa era actriz y ella se había ido a Hollywood buscando trabajar en cine y TV, así que fui allí para estar con ella. Y mientaras estuve en California, también leía sobre todo ese tipo de cosas. Había diferentes clases de elementos de las que me enteré. Una de las cosas maravillosas de ese libro de Colin Wilson es que él habla sobre todos esos escritores, gente como Madame Blavatsky, o Gurdjieff, o Yeats, toda esas personas que hablaban de asuntos así. Y yo también me puse a seguirlas.

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La formación de The Know, una gran banda que mereció mejor suerte: Gary Valentine, Joel Turrisi y Richard Dandrea. La foto se tomó en el célebre club Whisky A Go-Go de Los Angeles, en 1978.

OK, eras un ávido lector, ¿pero qué te llevó a convertirte en escritor?
Siempre quise escribir. Como dije antes, comencé escribiendo poesía.

¿Ya tenías planeado hacerlo para cuando te mudaste aquí a Londres? Digo, no habías escrito ningún libro cuando aún vivías en EE.UU.
Lo que sucedió es que tuve una banda propia durante un tiempo, que se llamó The Know (N.: el saber, o el conocimiento). Le puse ese nombre porque estaba interesado en un culto de la escuela esotérica llamado Gnosticismo. C. G. Jung y otras personas habían escrito sobre eso, era como una especie de grupo cristiano de la primera hora, así que obtuve el nombre de ese tipo de idea. Tuve a The Know por un par de años y tocamos muchísimo en Los Angeles y en New York, hasta hicimos un par de grabaciones, pero nunca pudimos conseguir un contrato importante, por lo que la desbandé y entonces me puse a tocar junto a Iggy Pop por un tiempo (N.: vean esta nota ya publicada en MADHOUSE). Y entonces, en 1982, ahí fue cuando paré, y después de eso volví a la Universidad. Comencé a escribir a principios de los ‘90s cuando todavía vivía en California, y empecé escribiendo algunos artículos, críticas de libros, y cosas así. Por lo que me llevó un largo tiempo.

¿Lo hacías como forma de ganarte la vida?
Estaba trabajando en una librería famosa en Los Angeles llamada The Bodhi Tree, que era una librería metafísica y espiritual. Fue muy famosa en los 80 y los 90. Ya no está más, cerró, pero trabajé ahí durante bastantes años. Volví a la universidad, iba y venía de allí, donde obtuve un primer grado en Filosofía. Pensé que iba a enseñar Filosofía, que era la carrera que tenía decidido hacer en los 80. Pero después no la seguí. Me quedé en California y terminé haciendo un doctorado en Literatura Inglesa en la University of Southern California, pero no me terminó gustando la atmósfera académica de aquel momento.

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La tapa del single debut de The Know, con dos temas: “The First One” y “Tomorrow Belongs To You”. El primero llegó a tocarse en Blondie poco antes de la salida de Gary.

Lo que resultaba algo totalmente diferente a lo que venías haciendo…
Intentaba saber qué hacer de mí, es lo que sucedía. Quería escribir, pero entretanto, desde que dejé de tocar música en el ’82 hasta que me vine para aquí en el ’96, fue un período de 14 años en el cual intenté buscar qué hacer musicalmente. También trabajé como escritor de ciencia, porque había escrito críticas de libros y artículos sobre ciencia popular. En aquel momento había abandonado el programa del doctorado, como dije, porque odiaba el ambiente. No sabía qué hacer conmigo, y mi esposa me dijo “tenés que encontrar un empleo, ¿por qué no te presentás para ese puesto de escritor de ciencia?”… Ella había visto el aviso en el diario. Y yo pensé, “OK, voy a hacerlo. Nunca me van a dar el puesto, pero la voy a hacer feliz” No tenía experiencia previa en la ciencia, sólo experiencia anterior en Filosofía. Pero como fuese, me respondieron y me dijeron “¿cuándo quiere comenzar?”. Y entonces conseguí el empleo. No debería haberlo obtenido nunca, pero lo conseguí. Así que estaba trabajando como escritor. No escribía sobre algo de lo que realmente quería escribir, pero lo hacía para la universidad. ¡No era lo que quería hacer, definitivamente! Pasé por una especie de crisis en aquel momento. Mi matrimonio se derrumbó… Pasé por eso de, ya sabés, “¡Oh Dios mío!”… Fue una crisis típica de mediana edad, estaba por cumplir 40.

Lo sé, yo también estuve ahí.
Básicamente todo se vino abajo. Y eso es lo que me trajo hasta aquí. Mi vida se desmoronó en Los Angeles. Yo había estado en la República Checa a fines del ’95. La revista para la que trabajaba, que se llamaba Gnosis Magazine, eran sponsors de una conferencia allí sobre los Rosacruces. ¡No me preguntes por los Rosacruces! (Risas) En esa conferencia conocí mucha gente de aquí, que me dijeron “si querés cambiar el paisaje, si querés escaparte de Los Angeles, podés estar con nosotros”. Al principio no tenía pensado mudarme aquí a Londres. Iba a esperar un tiempo y ver que acontecía, ya que no sabía qué hacer conmigo. La librería básicamente me pidió que me vaya, pero me pagaron el resto del dinero que hubiera tenido de haber seguido trabajando ahí, me dieron un buen montón de plata. Y tenía un poquito de libertad.

gary-turn-offEso alcanzaba para pagar el avión.
Sí, era suficiente para eso y también para aguantar un tiempo. Digo, tenés 40 años, y entonces intentás hacer lo que siempre quisiste hacer, que era escribir, vivir de trabajar de escritor. Y una vez que tome la decisión, empezaron a pasar un montón de cosas diferentes. Conseguí mucho trabajo. Escribí para muchas revistas y publicaciones británicas. Escribí para Mojo, para The Guardian, para The Independent, etc., y entonces en 1999 me encargaron mi primer libro “Turn Off Your Mind: The Mystic Sixties and the Dark Side of the Age of Aquarius”, que se editó en el 2001, creo.

De toda la gente sobre la que escribiste, ¿cuál sería tu favorito? Dejame adivinarlo… ¿Ouspensky? Creo que escribir sobre él te resultó muy atractivo.
Sí, P.D. Ouspensky. Él fue uno sobre los que había leído al principio, cuando había comenzado a interesarme en todo eso. Es el más honesto de los seguidores de Gurdjieff. Era un profesor esotérico greco-armenio muy enigmático. Ouspensky fue también un pensador muy importante, y una suerte de filósofo por sus propios medios. Y había escrito un libro llamado “A New Model Of The Universe”, que se lanzó en los años 30. Exploró muchísimas ideas distintas. Sobre el tiempo, sobre las dimensiones, sobre las pirámides… El libro estaba repleto de varias cosas diferentes, y fue muy emocionante por entonces. Así que hice un libro sobre él.

¿Qué podés decir sobre tu más reciente libro “Beyond the Robot: The Life and Work of Colin Wilson”?
Ese es un libro muy importante para mí porque fue gracias a su trabajo que empecé a interesarme en todo esto. Y también desarrollé una amistad con él. Es más conocido por su libro “The Outsider”, que se editó en Inglaterra en 1956.

gary-colin-576x1024¿Vive aquí en Londres?
Bueno, falleció hace unos años, en 2013. Y ese es el motivo por el que escribí un libro sobre él. Es una biografía, pero también un estudio de todas sus ideas. Wilson escribió muchos libros, alrededor de cien. Estaba muy metido en el existencialismo y en la conciencia y en eso que se llama “experiencias cumbre”. Momentos de creatividad, momentos de afirmación en los que podés sentir esa increíble sensación de poder. En su trabajo, estudia todo eso de distintas formas. Cuando hacés un libro sobre alguien, cuanto más te insertes en el proceso de escribir, más real se vuelve, de alguna manera. Recuerdo cuando estaba haciendo mi libro sobre Madame Blavatsky (N.: “Madame Blavatsky: The Mother of Modern Spirituality”), esa mujer rusa muy excéntrica del siglo diecinueve…

Todos ellos personajes muy interesantes.
¡Muy interesantes! Todos tenían vidas interesantes, y viajaban mucho. Estaban “del otro lado”. Alguien podría decir que eran los rockers de aquellos tiempos.

Ahí existe una conexión, definitivamente.
Ella pasó muchos años en el Tíbet. Esto era en una época en que el Tíbet no estaba abierto a los extranjeros, y más que seguro no a las mujeres. Y cuando estaba escribiendo sobre eso, sentí esa extraña forma de disidencia. Sentí como si hubiera pasado muchas horas en los Himalayas. Es alguien sobre quien no sabía mucho, o sobre quien no había leído tanto, por lo que escribir el libro fue una experiencia de aprendizaje. Y terminó fascinándome, es un personaje notable. Haber hecho todas las cosas que hizo como mujer, a fines del siglo diecinueve, realmente fue algo muy fuerte.

¿Tus libros se consiguen habitualmente en las librerías de Londres?
No tanto en las principales cadenas, pero sí en las librerías especializadas. Hay una librería famosa en el West End que estuvo allí por siglos. Gente como Aleister Crowley acostumbraba a ir a comprar libros ahí a principios del siglo pasado.

gary-crwleyYa que estamos, escribiste un libro sobre él, “Aleister Crowley: Magick, Rock and Roll, and the Wickedest Man in the World”. ¿Por qué creés que Crowley es tan seguido y adorado por tantos músicos y fans del rock? ¿Considerarías que representa el primer paso para adentrarse en el ocultismo?
Supongo que, para mucha gente, representa quien los introdujo en eso, especialmente a los del mundo del rock… Pero Crowley no era uno de esos personajes excéntricos no convencionales, y fue redescubierto en los 60. Él es como un proto hippie, en el sentido de que experimentaba con muchas drogas, el amor libre, y la perversidad polimórfica. El sexo era lo principal para él, y todo eso. Era muy poco convencional, se había rebelado contra su tiempo. Hay un libro de Richard Cavendish llamado “The Black Arts” que se editó en 1966, creo…

Tengo un libro de Cavendish en casa, en español, pero no recuerdo su título en inglés ahora.
Debe ser “The Black Arts”, que es un libro que se volvió muy popular. Mick Jagger y otros personajes lo leían en su momento. Esa es una de las razones por las que escribí el libro sobre Crowley. En los 60 existió una conexión entre el ocultismo y la cultura pop. Mi primer libro “Turn Off Your Mind” trata sobre eso. Pero respecto a los 70 es como que se vino abajo, se volvió algo especializado. Aunque Crowley se mantuvo como una especie de ícono para el mundo del rock. Los músicos de Black Sabbath lo sabían muy bien.

Y ni hablar de Jimmy Page…
Sí, pero si mirás la portada de “Sgt. Pepper’s” de los Beatles, ahí aparece Crowley, aparece Jung, Aldous Huxley… Así que Crowley se volvió muy popular en los 60 y luego fue redescubierto. Murió en 1947, y a principios de los 50 ya se editó una biografía sobre él, pero no se convirtió en ese ícono enorme hasta que los Beatles lo pusieron en la tapa de “Sgt. Pepper’s”. Y entonces gente como Kenneth Anger se enteró de él. Hubo un periódico under muy conocido aquí en aquellos tiempos que se llamó The International Times, y habían hecho una nota muy grande sobre Crowley, como dije, presentándolo como un proto hippie. Redescubriéndolo y también revisando su vida, y así fue que todo el mundo lo leyó. Esto fue en 1966, o algo así. Luego, en los 70 gente como Jimmy Page o David Bowie se engancharon con él, pero aún hoy día hay gente que lo está redescubriendo todo el tiempo. Hoy podés ver su cara tanto como la de Marilyn, o la del Che Guevara.

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El rostro de Crowley en la tapa de “Sgt. Pepper’s”, señalado por la flecha amarilla.

Lo que me hace pensar en que nunca hicieron una película sobre él…
No, ninguna que fuera buena.

Oh, ¿entonces hubo una mala?
Bueno, hay una que se llama “Chemical Wedding”, o algo así, que salió hace unos años atrás. No tuvo distribución internacional, ya que no era muy buena. Pero hay personajes basados en él en algunos films, películas de horror y eso. Pero sería algo muy interesante de hacer.

¿Te sentís más cómodo siendo biógrafo o te gusta más escribir sobre sus obras, como hiciste con Jung, Swedenborg o Steiner?
Lo que sucede con las biografías es que, siempre hay un principio y un final. Escribís sobre cuando nacen, y sobre cuando mueren. Me gusta más que haya una historia. Pero lo que me gusta sobre esa gente son sus ideas, que sean parte de sus vidas como ninguna otra cosa, así yo puedo explorar esas ideas a través de sus vidas. Pero también hice libros sobre historias. “Turn Off Your Mind” es sobre los 60 completos. Otro que hice, titulado “The Secret Teachers Of The Western World”, trata básicamente sobre la historia del Oeste vista a través de una filosofía de interpretación esotérica.

Entonces siempre fuiste una persona curiosa. Lo que me parece bien. Si no sos curioso, ¿qué podés hacer?
¡Sí! Estoy interesado en la mayoría de las cosas sobre las que me gusta pensar y reflexionar. También me interesa observar los patrones entre las cosas, ya sabés.

¿Cómo trabajás al momento de hacer una biografía? ¿Vas a los lugares donde sucedieron los hechos? Digo, Crowley en Italia…
A veces, depende. Primero leo todo lo que puedo sobre ellos. Sus propios trabajos, biografías sobre ellos, entrevistas, ese tipo de cosas. Respecto a este libro reciente sobre Colin Wilson, conozco a su familia, así que hablé con ellos. Más que nada recopilo información. Voy mucho a la Biblioteca Británica, y entrevisto a gente.

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Hay Lachman en castellano, amigos y amigas: quien quiera leerlo, que lea

Investigaste mucho sobe lo esotérico. ¿Alguna vez todo eso te influenció en algo? ¿Tuviste alguna experiencia paranormal, o fuera de este mundo? Tal vez sea una pregunta tonta…

No diría que algo fantástico, pero… Como dije cuando hablábamos sobre la canción “Presence, Dear”, tuve algunas experiencias de ese tipo. He escrito sobre sueños premonitorios, pero no fue nada dramático. Pienso que muchos de nosotros tenemos pequeñas experiencias de esta clase de cosas, como la telepatía. Pero no les prestamos mucha atención. Pero como a mí me interesan, como escribo sobre la conciencia, puede que sea más consciente de prestarle atención cuando ocurren. En general, mi filosofía de vida es que, digámoslo así, de un modo negativo, no creo en las explicaciones científico-materialistas estándar. Estoy más interesado en tratar de plasmar una imagen del significado de otras cosas. Ideas esotéricas, experiencias espirituales o sobrenaturales. Lo que me resulta interesante de la gente sobre la que escribo es que me gusta encontrar similitudes entre ellos. Lo que sucede con muchos de estos grupos diferentes es que la gente que están con Steiner, o con Jung, o con Gurdjieff, no se hablan entre sí. Si conocés suficientemente sobre ellos, existen ideas diferentes. Todos hablan de lo mismo, pero usan lenguajes distintos.

¿Estás trabajando en un nuevo libro? ¿Ya decidiste cuál va a ser el próximo personaje sobre el que vas a escribir?
Sí, hay un libro en el que estoy trabajando, y que va a salir a fines de año. El título es “The Lost Knowledge of the Imagination”, esencialmente explora ese otro modo de saber. Conocemos la forma analítica científica de comprender las cosas, descomponemos las cosas y las despedazamos. Esto es más sobre la intuición, es más sobre cómo la imaginación no es solamente algo que crea cosas irreales, es realmente algo que nos permite comprender algo en su propio aspecto interno. Estoy viendo gente diferente, poetas diferentes, distintas clases de filósofos y escritores que hablan de eso. Es un tópico que está en muchos de mis libros. Hay un historiador del ocultismo llamado James Webb, que llamaba a eso “conocimiento rechazado”.

¿Fue entonces Webb quien te inspiró a hacer el nuevo libro?
Bueno, él es alguien a quien leí hace bastante tiempo atrás… Algo comienza, y te interesás en ello, y gradualmente te enfocás más y más en eso, y entonces empezás a ver como distintas cosas alimentan esa idea. De alguna forma acabo escribiendo sobre lo mismo, pero desde una perspectiva diferente, y termina siendo lo mismo.

¿Este va a ser tu libro número…?
Va a ser el vigésimo. Trato de vivir de escribir, por lo que tengo que generar otras ideas

Mis últimas preguntas van a ser nuevamente sobre música, así que volvamos a eso.
Oh, seguro.

¿Aún tocás, o asistís a shows?
No, no lo hago. Debo contestar que “no”. No he escuchado a ninguna clase de música pop, o algo similar, por mucho tiempo. Y tuve otra banda…

No estamos hablando de The Know, ¿verdad? Porque nunca obtuvieron un contrato discográfico, si bien supieron ser muy populares en USA en aquel momento e hicieron muchos shows.
Sí, en Los Angeles y New York, íbamos y veníamos muchísimo. Lo que sucedió fue que, cuando me mudé aquí a comienzos del ’96, de la nada me contactó Chris Stein. Y me pidió regresar a New York y tocar nuevamente. Era lo último que pensaba hacer, sabés, pasara lo que pasara. Lo pensé así: “bueno, tengo 40 años, nunca voy a volver a tener esta oportunidad, ¿así que por qué no?”… Entonces fui a New York y comencé a tocar con Blondie nuevamente. Hicimos algunos shows en el ’97, algunos festivales en USA, y hasta grabamos una canción mía.

¿”Amor Fati”?
Sí, correcto. Es una canción que solía hacer con mi banda The Know, y la grabamos. Para no hacerlo largo, lo que ocurrió es que las cosas no funcionaron… Debo ser la única persona que fue echada de la misma banda dos veces.

Sí…
Con 20 años en el medio. Pero lo que sucedió es que cuando volví a tocar con ellos, había comenzado a escribir canciones otra vez.

Frank Infante (N.: miembro de la formación original de Blondie) tampoco estaba allí, de todas formas…
No, no estaba. Hacía un largo tiempo que no tocaban juntos, entonces intentaron rearmar la banda. Ya sabés. Chris, Debbie, Clem, el tipo que tocaba el bajo -no recuerdo su nombre- y Jimmy. Yo tocaba segunda guitarra. Pero dije, “no, gracias”. Y resulta que yo había escrito todas esas canciones, todas canciones nuevas, y cuando dejé el fiasco de Blondie atrás y regresé aquí, estaba mi novia, que tocaba el violín, y yo pensaba “¿qué vamos a hacer con todas estas canciones? Se suponía que iban a estar en el nuevo disco de Blondie, y no voy a estar ahí. Entonces decidimos formar una banda por un tiempo. Tocamos en Londres, e hicimos bastantes shows. Y eso es lo último que hicimos, paramos en 2000. Esa fue la última vez que toqué.

¿No grabaron nada?
Sí, grabamos algo. Ese material está online, creo. Pero no se editó.

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Agosto del ’81 en Oakville, Canadá: Iggy y su banda (Gary aparece en la foto de camiseta blanca y guitarra al tono) se preparan para el gran concierto de aquel año en Detroit, abriendo para los Stones. ¡La que les esperaba!

Volviendo a Blondie, cuando originalmente te fuiste de la banda, tocaste con Iggy Pop en 1981. Era un grupo de estrellas que incluía a Clem Burke, Carlos Alomar, Rob Duprey y Mike Page. El año pasado hicimos una nota en la revista sobre la noche en que abrieron para los Stones ese año.
(Se mata de risa) ¡Ja, ja, ja, ja, ja!

Ese fue el show en que la gente les tiró todo tipo de cosas mientras estaban en el escenario. ¿Qué recordás de aquella noche?
Sí, abrimos para los Stones en Detroit, en el Silverdome, y también estaba Santana. Sabés, es un estadio inmenso, para 80.000 personas o algo así, y tocamos antes de Santana. Teníamos un espacio pequeño donde tocar, no podías usar todo el escenario. Nadie fue a ver a Iggy, la gente había ido a ver a los Stones. Entonces, durante nuestro show, ¡podías ver todas esas cosas que venían desde la oscuridad! Era como estar mirando el Cañón del Colorado. Zapatos, monedas, ropa, de todo. Nos arrojaban cualquier cosa que tenían a mano. Y al terminar el show, el promotor, Bill Graham, después que alguien se encargara de recoger todo, salió al escenario con Iggy, porque Iggy estaba muy fastidiado, y empezó a enumerar: “cinco zapatillas, diez encendedores grandes…” ¡Había guardado todo lo que nos tiraron!

¿Cómo es que no le tiraron cosas a Santana? ¡Se las tendrían que haber tirado a ellos!
(Grandes risas) Pienso que eso pasó porque era en Detroit. Iggy era de ahí.

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Gary hoy, en su hogar londinense: has recorrido un largo camino, muchacho

Aquí en Londres fuiste parte de un proyecto musical junto a Lora Logic de X-Ray Spex, y después formaste Fire Escape con la violinista Ruth Jones.
¡Me había olvidado de eso! Sí, grabamos algo, y ella lo puso en algún CD, no sé dónde está.

Ahora sí, la última pregunta. Y espero hayas disfrutado de la entrevista. ¡Es que es una larga historia!
¡Oh sí, absolutamente! (N.: en perfecto español)

Habiendo vivido en New york y en Los Angeles, supuse que sabías algo de español…
Hola, ¿qué tal? ¿Cómo están ustedes? (N.: nuevamente en español)

¿Te sorprendió que te hayan contactado de una revista de Argentina? ¿Qué sabés de nuestro país?
Sí, me halagó mucho. Gracias. ¿De Argentina? Más allá de conocer algo de Borges…

¿Leíste algo de él?
Sí, lo hice, y me gustan mucho sus historias cortas pero, a decir verdad, no sé mucho más de tu país. Debo decir que soy muy ignorante al respecto. Voy a tener que aprender más sobre eso.

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El autor de esta nota, que no oculta su satisfacción por verla finalmente publicada, tomándose una selfie con Gary. (Foto: M. Sonaglioni)

¿Y estuviste alguna vez en Sudamérica?
No, nunca visité Sudamérica. Es algo curioso, con todo ese tiempo en que viví en Los Angeles, y es algo que ahora lamento, ni siquiera fui a México. Todo lo que pensaba era en ir a Europa. Siempre tuve ese sentimiento de ir a Europa. Pero un par de mis libros fueron editados en Brasil, y también hay un par en español, que fueron publicados por editorial Atalanta, y tal vez estén disponibles en Argentina.

 

 

PAPITO CHUCK – EL PADRE DEL ROCK AND ROLL EN EL RECUERDO

Standard

Publicado en Revista Madhouse el 30 de marzo de 2017

Creo que me topé por primera vez con las palabras “Chuck Berry” cuando tenía 9 o 10 años. Como buen curioso prematuro, ese estado impertinente me llevó a interesarme en el rock desde muy temprana edad. Así, los títulos que en aquel momento componían mi cuidada colección de discos (los de Carlitos Balá, los de Titanes En El Ring, el de Gaby, Fofó y Milki y demás elepés que reposaban junto al Wincofón) se vieron súbitamente obligados a aceptar a los nuevos miembros de la familia, que para colmo hablaban en otro idioma. El detalle de ser hijo único tampoco ayudaba, al no poder contar con ese hermano mayor del cual uno siempre podía nutrirse a la hora de ponerse a escuchar música en casa para ir adentrándose en la materia. Por lo que no me quedaba más remedio que alimentar la compulsión de forma autodidacta.

JOHN, PAUL, GEORGE, RINGO… Y CHUCK
Para entonces ya había tenido el mejor de los debuts imaginables de la mano de “Los Más Grandes Éxitos de Little Richard”, que créase o no hasta tenía su propia publicidad en TV (¿cómo no dejarse seducir por ese tipo que aullaba salvajemente cantando “Long Tall Sally”, la canción que sonaba de fondo?), y le rogué a mamá me lo compre lo antes posible. Así las cosas, y también por insistencia mía, ella también solía llevarme cada semana hasta un local de compra/canje de libros y revistas usados que quedaba a unas cuadras de casa, que también vendía vinilos y demás ofertas sonoras y de donde me traje inicialmente una versión nacional en cinta de “Beatles For Sale”, a la que terminé gastando hasta el más allá en el pasacassette Philips que me habían regalado por aquellos días, y el cual se convertiría en mi compañero permanente en mis primeros tiempos de apetito musical. Pero fue recién cuando conseguí la recopilación de los Beatles “Rock And Roll Music”, un disco doble lanzado en 1976 (cuyo lado 2 abría precisamente con la canción que le daba nombre al álbum), que puse atención en el título de ésta, más precisamente porque aparecía seguido de un detalle que, entre paréntesis, rezaba “(Berry)”.

titulo-cancion-en-disco-beatlesEran años de descubrimiento permanente, lo que explica a las claras el motivo ridículo que me llevó a concluir que los nombres que aparecían detrás de los títulos de las canciones indicaban quienes las cantaban. Por lo que para mí los Beatles no eran los cuatro que aparecían en la tapa del cassette, sino siete. Y me encontraba absolutamente convencido de que era así. Estaban Lennon, McCartney, Harrison, Starr, Leiber, Stoller y Penniman, todos los que estaban entre paréntesis. Los Beatles eran siete, entonces, y a nadie se le ocurra venir a discutírmelo. Pero mi grito de guerra no iba a durar mucho, cuando algo después llegó el desengaño gracias a una nota de la señera revista Pelo que hablaba de un tal Chuck Berry (hasta el momento, según mi entender, integrante de los siete o más de Liverpool, vaya a saber uno) y de quien, según rezaba el artículo, los Beatles habían grabado canciones suyas. El creciente enigma me obligó a releer los detalles de “Rock and Roll Music” y concluir que todo se trataba de un gran error. Encima Berry era negro, tocaba la guitarra, también cantaba, y sus canciones habían sido grabadas aproximadamente por medio planeta Tierra. Aquello de “(Berry”) también aparecía en muchos de los álbumes de los Rolling Stones, con los cuales ya había comenzado a engancharme paralelamente. Una de dos, me dije, o el dichoso Berry tenía un pariente que también cantaba y/o firmaba canciones, o bien estaba frente a un músico único en su especie que había logrado ser integrante de las dos bandas inglesas de rock más insignes al mismo tiempo. Hasta que en otra revista, un reportaje a Keith Richard (el guitarrista de los Stones todavía no había vuelto a agregar la “s” original a su apellido) prodigaba loas a -otra vez- un tal Chuck Berry, citándolo como la mayor de sus influencias a la hora de ejecutar su instrumento.

CHUCK EN BUENOS AIRES
Para entonces el mundo ya había consagrado a Richard como el más directo de los hijos artísticos de Berry desde hacía tiempo, su discípulo más incondicional (al cual alguna vez se refirió apuntando “es todo lo que quería ser, excepto que yo era blanco”) y sin el cual entonces los Stones no hubieran sido quienes fueron sin la guitarra de Keith Richards, la guitarra de Keith no hubiera sido lo que fue sin Chuck Berry, y de esa manera, los que más tarde se iban a convertir en la banda de mis amores más que seguramente hubieran quedado como un poderoso grupo de blues y R&B que tocaba para unos pocos en la moderada escena del género en la Londres de principios de los ’60.  Así fue como también terminé volviéndome un fan definitivo de Chuck Berry, sin cuya adoración por su figura tampoco estaría ahora escribiendo este texto, a días de la noticia del fallecimiento de la figura central de esta historia. Y de la historia del rock and roll con mayúsculas, no sólo como compositor y ejecutante de buena parte del ABC musical de los 50 en adelante (los riffs de Berry representan más marca registrada definitiva que cualquier otra cosa, y prácticamente no hay canción que no tenga algo de ello) o performer (detrás del “duck walk”, su clásico pasito en escena, se destaca como primer compositor y héroe indisputable de la guitarra rock), sino por su rol de poeta urbano inmenso, la menos observada de sus condiciones, acaso eclipsada por su teatralidad descollante. Todos los méritos que le valieron la medalla de constructor primordial del género musical que le dio formato al mundo como ninguna otra desde “Johnny B. Goode” en adelante, que eventualmente incluía el solo de guitarra más dulce y simple que se pudo concebir alguna vez, sumado a todas aquellas canciones que creó, permitiendo configurar un nuevo tipo de poesía musical con sus constantes alusiones a la vida adolescente de los 50 y 60 plagadas de autos, sexo y problemas cotidianos, introduciendo un vocabulario enteramente nuevo en la música popular de aquellos años dorados, parte de una tierra prometida a la que todos aspiraban. El más importante de los escritores de letras de la historia del rock, Berry podría haber sido tranquilamente candidato al Nobel de Literatura, sólo si su poesía hubiera sido algo menos mundana. De hecho fue Charles Edward Anderson Berry (St. Louis, Missouri, 18 de octubre de 1926) quien, entre tantos, influenció a Bob Dylan y no al revés. Todo músico de rock que alguna vez se decidió a tomar una guitarra le debe a Berry su carrera, al mismo tiempo que sus letras constituyeron el molde inicial para muchos de los clásicos del rock, desde “Satisfaction” (que incluye la estrofa if I don’t get no satisfaction from the judge en la canción de Berry “Thirty Days”) o “You Can’t Catch Me” (de la que Lennon usó here come ‘ol flat-top, he come groovin’ up slowly en “Come Together”) y hasta el mencionado Dylan, cuyo “Substerranean Homesick Blues” utilizó la métrica de la berryana “Too Much Monkey Business”. Todo porque Chuck Berry es, eventualmente, irremplazable.
En 1987, estando yo en Rio de Janeiro, cometí el error de acercarme a Modern Sound, la que era la gran disquería especializada en vinilos importados (hoy día extinta) apenas un día antes de mi regreso, por lo que el escaso presupuesto con el que contaba no me permitió ni siquiera comprarme el cinco por ciento de los discos que me sonreían desde las bateas, que hubiera adquirido orgullosamente de haber sido otra mi situación económica. En rigor me alcanzó para dos, uno de ellos una versión francesa del sello Chess (la escudería dorada para la que Berry grabó en sus años dorados y con la que obtuvo 25 éxitos definitivos en el Top 100 entre 1955 y 1972, antes de pasar a la compañía Mercury) de “Rockin’ At The Hops”, una de sus obras fundamentales, y asimismo literalmente de los pocos álbumes de estudio que registró, teniendo en cuenta que la mayor parte de su carrera discográfica, así como la de muchos de sus colegas de los 50, estuvo compuesta de singles que luego sí terminaron dándole lugar a muchísimas recopilaciones. Se habrán alineado los planetas, porque seis años después se anunciaba que Berry llegaría a Bs. As. Iba a ser su primer desembarco en el país (con dos shows en el estadio de Obras Sanitarias el 25 y el 26 de abril de aquel 1993), pero no en Sudamérica. Ya en octubre de 1980 había estado en Chile para una curiosa y poco recordada presentación en los programa de variedades de la TV chilena “Vamos a Ver”  y “Lunes Estelares”. Yo me moría por conocerlo, claro. Pero parecía ser que no había contacto de prensa que pudiera alivianar la tarea. Me basaba en las mil y una historias sobre lo difícil que era acceder a él, posibilidad (o mejor dicho, imposibilidad) que se potenciaba por su histórico mal humor del cual, a veces, muchas de ellas, Berry solía caracterizarse. Sin ir más lejos recordaba las varias oportunidades en que había rechazado a Keith Richards sin misericordia alguna, llegando incluso a la agresión física (a lo que me referiré más adelante), por lo cual no logré dejar de considerar también terminar siendo parte de esa historia, de ese “lado B” que distaba de la perfección.
Finalmente llegó esa tarde de sábado en que alguien me avisó que Berry iba a realizar una entrevista en vivo en el programa de Ari Paluch en la Rock & Pop. O bien lo escuché yo mismo, dato imposible de corroborar después de todos estos años. Pero sí recuerdo llamar a un amigo para que me acompañe, vestirme lo más rápido posible (la entrevista estaba por suceder en cuestión de un momento a otro), buscar mi disco de “Rockin’ At The Hops” (aquel que había comprado en Rio siete años antes), el marcador para que lo firme (siempre y cuando el destino me guiñara un ojo) y saltar de cabeza a un taxi en un vuelo sin escalas rumbo a los estudios de la calle Belgrano 270. No recuerdo quién, pero en definitiva alguien me habilitó el ingreso y, modestia aparte, logré presenciar aquel espectáculo sagrado para unos pocos: el de una entrevista al mayor de los arquitectos del rock’n’roll a escasos tres metros de distancia, una platea preferencial desde la cabina de control  del estudio radiofónico.

DISCO, BERRY, DISCO
Berry estaba vestido de Chuck Berry, con ese estilo clásico que solía favorecer: camisa de colores y pantalón claro con zapatos oscuros, más propio de un sexagenario paseando por la Av. Collins en Miami, o de un turista ocasional de fin de semana de Las Vegas. Demás está decir que a sus por entonces 65 años lucía impecable y buen mozo. Porque además de todo, Berry también era galán y bien parecido. Pero todo detalle estético quedaba opacado por el halo que emanaba de su figura, un diamante en bruto que destellaba su condición de estrella definitiva en medio de esa tarde gris enclavada entre el Bajo céntrico porteño y San Telmo. A su lado se sentaba una mujer rubia de aspecto claramente anglosajón, que yo interpreté como una posible manager, o amante pasajera. La entrevista no se extendió demasiado, por lo que mi alarma interior, esa que me iba a señalar el momento justo para poder interceptarlo una vez finalizado el reportaje, titilaba incansablemente casi al borde del cortocircuito. Todo mientras mis neuronas lidiaban con las mil y una historias de Berry sobre su clásico mal genio y cadena de delitos comprobada: Berry echando a Keith Richards del escenario en un concierto en el Hollywood Palladium de Los Angeles en el ‘72, Berry pegándole un piñazo, Berry martirizándolo en el ’86 cuando Richards ensayaba junto a él para el concierto del 60 aniversario de Papá Chuck, Berry cayendo preso por más que supuesta prostitución de una mesera de 14 años en 1961, Berry evadiendo impuestos y pasando otra temporada en la cárcel, Berry y su larga lista de excentricidades, Berry el tacaño tocando solamente con músicos locales para evitar gastos de traslado, Berry poniendo cámaras ocultas en los baños femeninos de su restaurante en su nativa Saint Louis, Berry el infranqueable y huraño… ¡Cuidado con Chuck Berry! Como fuera, el riesgo valía toda la pena imaginable ante semejante oportunidad única en la vida, y todo análisis resultaba en vano.  Entre tanto Berry y compañía ya habían finalizado la dichosa nota, y ahora se disponían a abandonar las instalaciones de la radio. Tanteé el panorama y sin más, con un cálculo logístico cuasi perfecto, me paré frente a su generosa estatura en la sala de entrada al estudio. Mi amigo, mientras tanto, cámara de fotos en mano, esperaba el momento indicado cual tigre acechando a su presa para pulsar el disparador.

 

bsas-1993-3El halo enceguecedor desapareció cuando clavé mis ojos en los del gran Chuck, frente a frente, dos globos blancos que se destacaban en su negritud interminable y, sin más, me decidí a manifestarle mi bienvenida a Buenos Aires, al mismo tiempo que desenfundaba el disco de “Rockin’ At The Hops” que yo anhelaba, soñaba, que me firmase. Berry no opuso resistencia, tomó la fibra y estampó su nombre sobre la tapa del disco a la velocidad de la luz, seguido de un “smiley” inusitado (tanto es así que hasta se olvidó de escribir la “y” final de su apellido), carita que dada su simpatía alivianó la insufrible tensión del momento. Para lo cual a todo esto mi amigo se encontraba a un milisegundo de apretar el dichoso botón de la cámara, delicada misión que de haber resultado exitosa hubiera retratado el encuentro para la posteridad, Esto a menos que la rubia que lo acompañaba me advirtiera, casi como diciendo con la mirada “o atenete a las consecuencias”, que me olvide de hacerlo. No me quedó más opción que aceptar su sugerencia. Era eso o sacar la foto y salir cual correcaminos por Av. Belgrano con rumbo desconocido, y perder mi disco autografiado, ahora convertido en pieza de oro. Que Berry no me devolvió hasta que fue disuadido el intento fotográfico, nunca está de más aclarar. También hubo un apretón de manos final antes que, cual Superman, Su Majestad desapareciera tras la puerta de salida, seguramente aprontándose para las dos fechas en Obras, que resultarían  inolvidables.berry-hops-largeAl año siguiente quiso el destino que, estando yo de viaje por EE.UU. a punto de comenzar a seguir el Voodoo Lounge Tour de los Stones (que largó el 1 de agosto en Washington DC), el periódico neoyorquino The Village Voice me informe sobre un show conjunto de Berry y Bo Diddley la noche anterior, la del 31 de julio, como parte del festival Westbury Music Fair en Long Island, un doblete imposible de perderse que me obligó a irme desde Manhattan hasta allí momentos antes de mi partida a la capital del país, y que también quedó para el anecdotario de las grandes remembranzas.
Berry regresaría a Argentina recién casi dos décadas más tarde de su arribo original cuando, ya muy entrado en edad, el show en cuestión terminó resultando una conspiración perversa en conjunto de manos de una productora local y sus propios familiares; un sacrificio en vivo y en directo en el Luna Park de un señor ya muy entrado en años, completamente fuera de forma y de escasa capacidad de reacción debido a sus problemas de salud, y al cual  deliberadamente había decidido no asistir desde su mismo anuncio, temiendo lo peor. Una decisión sabia que me evitó presenciar uno de los espectáculos de más baja calaña que se han visto por estas tierras, en su lugar permitiéndome quedarme con el buen recuerdo de mis experiencias anteriores.

VOLVER AL FUTURO… Y VOLVERSE LEYENDA
Hay una gran secuencia en la película “Volver Al Futuro” en la que un joven Martin McFly (protagonizado por Michael J. Fox) toma una guitarra para unirse a una banda en escena -que poco y nada tenía de rock- y, tras disparar un arquetípico riff de Chuck Berry, termina encendiendo el lugar al ritmo del más puro rock’n’roll, mientras que el verdadero Berry, también caracterizado para la ocasión, escucha el batifondo por teléfono y aprende a tocar la guitarra gracias a Marty, convirtiendo a la escena no sólo en uno de los momentos más clásicos y mejor logrados de la historia de la gran pantalla, sino también en uno de plena revisión histórica con la más fina de las sutilezas.
El más fulgurante de los arquitectos del rock’n’roll, cuyo mayor éxito el cosmólogo Carl Sagan incluyó en el disco de oro “Sonidos De La Tierra Y Música” lanzado en la sonda espacial robótica Voyager I en 1977, tras varios años de lidiar con una serie de contingencias de salud, finalmente decidió abandonarnos el pasado sábado 18 de marzo, al ser encontrado sin vida a los 90 años de edad en su hogar de Wentzville, en su Missouri natal. Nos deja el más célebre de los legados musicales del más popular de los géneros musicales surgido hace casi siete décadas, y del cual Berry (que era más negro que la noche pero cantaba como un blanco) se convirtió en su mejor catalizador, al punto que nada de lo que llegó después podría haber prácticamente existido. Su arte y poesía, mientras tanto, seguirá permaneciendo como parte de una eternidad fiel a su condición imperecedera. En estos momentos debe haber una banda increíble de músicos en el cielo saltando de alegría, embellecidos por el arribo del guitarrista que comenzó esto del rock and roll.
Pensar que yo creía que eras inmortal, Chuck, y afortunadamente nunca me equivoqué.

 

DOS A EDITARSE: BEATLES & PINK FLOYD, CUANDO LO VIEJO ES NUEVO… Y VICEVERSA

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Publicado en Revista Madhouse el 4 de agosto de 2016

Tal vez no constituya motivo de sorpresa para los eternos buscadores de rarezas, esos que antes tenían que arreglarse como podían para apoderarse de cuanto bootleg estaba al alcance de la mano y acceder así al menos a una buena parte de “aquellas grabaciones inéditas”, pero en rigor, para todo aquel que se precie de fan o admirador de los Beatles o Pink Floyd, los meses venideros les brindarán la llegada de nuevo material discográfico de sus artistas favoritos. O no tanto.

CANCIÓN DE HOLLYWOOD. El 9 de septiembre saldrá al mercado “The Beatles: Live At The Hollywood Bowl”, que bien podría considerarse “la oveja negra” de la discografía del grupo tras más de tres décadas sin ser editado y, eventualmente, menos aún en formato CD, o en cualquier tipo de variante digital. Dueños de uno de los catálogos más lucrativos de la historia de la música, la flamante versión del disco suma cuatro tomas nuevas no disponibles en su edición original, todas registradas en el Hollywood Bowl californiano durante los shows de los Fab Four del 23 de agosto de 1964 y, tras la disconformidad de la compañía grabadora con los resultados de aquel día, con un nuevo intento al año siguiente, el 29 y 30 de agosto del ’65; estos cuatro temas no verían la luz sino hasta 1977, cuando Apple Records tuvo que lanzar un álbum que pudiera competir con las ventas generadas por “Live! at the Star-Club in Hamburg, Germany; 1962″, la exitosísima oferta de manos de un sello alemán.

CD, DIGITAL, VINILO, DOCUMENTAL. Así las cosas, “The Beatles: Live At The Hollywood Bowl” (que acompaña a “Eight Days a Week – The Touring Years”, el futuro documental del director Ron Howard que cubre la carrera de shows del grupo, desde las primeras presentaciones en The Cavern Club de Liverpool hasta el concierto final en el Candlestick Park de San Francisco de 1966, y que verá la luz una semana después del disco), será inicialmente ofrecido en formato CD y en descarga digital, a lo que se le suma una edición doble en vinilo programada para unos días más tarde. El álbum también incluye un booklet de 24 páginas con un ensayo a cargo del periodista David Fricke. El arte de tapa, por su parte, contará con una foto tomada el mismísimo día del primer show en el Bowl de 1964 por Bob Bonis, por entonces manager de gira de los Beatles en los EE.UU., en momentos en que John, Paul, George y Ringo abordaban un vuelo chárter en el aeropuerto Seattle-Tacoma en dirección a Vancouver, para el que sería su primer concierto en Canadá de la historia.

beatles hollywood

THE BEATLES: LIVE AT THE HOLLYWOOD BOWL
1. Twist and Shout (30 de agosto de 1965)

2. She’s A Woman (30 de agosto de 1965)
3. Dizzy Miss Lizzy (29 y 30 de agosto de 1965)
4, Ticket To Ride (29 de agosto de 1965)
5. Can’t Buy Me Love (30 de agosto de 1965)
6. Things We Said Today (23 de agosto de 1964)
7. Roll Over Beethoven (23 de agosto de 1964)
8. Boys (23 de agosto de 1964)
9. A Hard Day’s Night (30 de agosto de 1965)
10. Help! (29 de agosto de 1965)
11. All My Loving (23 de agosto de 1964)
12. She Loves You (23 de agosto de 1964)
13. Long Tall Sally (23 de agosto de 1964)
14. You Can’t Do That (23 de agosto de 1964, inédita)
15. I Want To Hold Your Hand (23 de agosto de 1964, inédita)
16. Everybody’s Trying To Be My Baby (30 de agosto de 1965, inédita)
17. Baby’s In Black (30 de agosto de 1965, inédita)

EL LADO CARO DE LA LUNA. A los acólitos de Pink Floyd, por su lado, no les resultará tan accesible hacerse con lo que su grupo predilecto les depara: deberán realizar algún que otro ahorro forzoso -si habitan en el Primer Mundo- o privarse de sus vacaciones anuales o hipotecar medianamente su casa, en el caso del resto de los mortales. Y no es que se trate de las reediciones en vinilo del catálogo completo de la banda, que también se están preparando, sino de “The Early Years 1965-1972″, un box set conteniendo 27 discos con 11 horas de audio (de las cuales siete presentan 20 canciones de estudio y material en vivo hasta ahora completamente inédito) más 14 de video (de las cuales cinco son de carácter “raro”), cuya salida está pronosticada para comienzos de noviembre a un costo básico de U$700 (!)
Según el comunicado de prensa que anuncia la monstruosa caja, “The Early…” dará a los coleccionistas “la oportunidad de escuchar la evolución de la banda y ser testigo de su rol a través de las diversas revoluciones culturales, desde sus más tempranas grabaciones y sesiones de estudio, hasta los años previos a ‘The Dark Side Of The Moon’, uno de los discos más vendidos de todos los tiempos. Desde el single ‘Arnold Layne’ a la epopeya de 20 minutos de ‘Echoes’, los fans presenciarán la invención del rock psicodélico progresivo a través de una colección reveladora que explora la historia de Pink Floyd desde el momento en que Roger Waters, Richard Wright, Nick Mason y Syd Barrett se conocieron en el Politécnico de Londres, continuando con la partida de Syd, y la llegada de David Gilmour para constituir la formación clásica de la banda”.

pink floydSECRETOS AL PLATO. Entre outtakes inéditos y demos, sesiones en la BBC, presentaciones en TV, memorabilia para coleccionistas, entrevistas y films varios (incluyendo una versión actualizada de la banda de sonido de la película “Zabriskie Point”), quizás los puntos más altos a destacar entre las 130 canciones que integran la caja sean “Vegetable Man” y “In the Beechwoods”, dos canciones a estrenar que fueron originalmente compuestas por Syd Barrett para el álbum “A Saucerful Of Secrets”, ahora remezcladas para la ocasión.

Pink-Floyd-Early-Years-Box-Set

El contenido total de la obra aparecerá presentado en siete volúmenes, organizados temáticamente como si fueran libros, que luego también serán lanzados individualmente en 2017, con las excepción de “Continu/ation”, el disco extra de la caja. Por si todo esto fuera poco, el box set también incluirá réplicas en vinilo de los cinco singles originales del grupo (“Arnold Layne”, “See Emily Play”, “Apples And Oranges”, “It Would Be So Nice” y “Point Me At The Sky”) Los más austeros podrán optar por “Cre/ation-The Early Years 1967-1972″, una edición acotada de 27 canciones resumidas en un CD doble, y que será lanzada paralelamente… bueno, un respiro para el bolsillo tenía que haber.

BEATLES: ADIÓS A INGLATERRA

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Corría el mes de marzo de 1966, y Maureen Cleave, periodista del diario británico Evening Standard, indagaba a John Lennon sobre su manifiesto interés sobre las religiones en general, al que había hecho alusión en una serie de ocasiones, y entre las que se destacaban las referencias el cristianismo. “Desaparecerá. Se esfumará, se va achicar. No necesito ponerme a discutir sobre eso, tengo toda la razón, y el tiempo dirá que es así. En este momento somos más populares que Jesús, no sé qué es lo que se irá primero, si el rock’n’roll o el cristianismo. Jesús estuvo bien, pero sus discípulos eran torpes y vulgares” Wow. Las palabras de Lennon no pudieron evitar que el talentosísimo manager de la banda Brian Epstein entrara en pánico. Su declaración ponía en riesgo la nueva gira que el grupo se aprontaba a realizar en los Estados Unidos en agosto del mismo año, con un total de 19 fechas (diecisiete en los Estados Unidos, y dos más en Toronto, Canadá) Epstein temía que la nueva postura “anti-Cristo” de Lennon podría llegar a tentar a ciertos radicales religiosos a atentar físicamente contra la banda, o incluso contra sus vidas, lo que lo llevó a barajar la cancelación completa de la nueva aventura, la tercera visita beatle en plan conciertos a aquel país. Para el beneplácito del manager, todo terminó con una suerte de aclaración pública antes de los dos conciertos que abrían el tour en el International Amphitheatre de la ciudad de Chicago, cuando los Beatles brindaron una conferencia de prensa que le sirvió a Lennon para realizar su propio mea culpa, donde explicó que sólo se había referido a una disminución en los fieles que asistían a las iglesias, y admitiendo que había cometido un error al intentar comparar a los seguidores de los Beatles con aquellos de la religión organizada, nunca habiendo querido expresar “algo anti-religioso inútil” Pero nada impidió que fuera continuamente confrontado por otros miembros de la prensa a medida que se desarrollaba el periplo, situación que terminó exasperándolo, como así también a los miembros restantes de los Fab Four. Y si bien la gira acabó tornándose un éxito comercial, la baja en cantidad de entradas vendidas para los shows fue por demás notoria. Una vez finalizada la gira tras el concierto en el Candlestick Park de San Francisco el 29 de agosto, y con las escandalosas declaraciones de Lennon ya incorporadas al imaginario general de aquellos tiempos, los Beatles pasarían a convertirse en un proyecto que se dedicaría exclusivamente a trabajar en estudios. De regreso en Inglaterra, con la excepción del recordado rooftop concert en el techo del edificio de la compañía Apple en enero del ’69, los Beatles también realizarían su última aparición oficial como banda en su país natal cuando el 1 de mayo de 1966, y ante una audiencia de 10.000 personas, se presentaron en el legendario New Musical Express Annual Poll-Winners’ All-Star Concert.

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Con sede en el Empire Pool de Wembley, y definido como “el elenco del siglo”, el concierto marcó la cuarta vez que formaban parte del festival, que en aquella ocasión también incluía a los Rolling Stones, The Who, Roy Orbison, Herman’s Hermits, Small Faces, Dusty Springfield, Cliff Richard and the Shadows y los Walker Brothers, entre otros. A 50 años del concierto, el evento contó con una serie de bemoles desde su inicio (y no precisamente de índole musical), tras que la banda se negara a otorgarle el visto bueno a que la cadena televisiva británica ABC-TV filmase su presentación, en su lugar permitiendo que registren la entrega del premio obtenido como “Mejor Banda Vocal Inglesa”, un show que finalmente terminó extendiéndose por sólo 15 minutos, y con los Beatles interpretando un total de cinco canciones (I Feel Fine, Nowhere Man,Day Tripper, If I Needed Someone y I’m Down) Los fans ingleses desconocían que ese iba a ser el concierto final de su adorada banda en su país de la historia. De ahí en adelante se volcarían únicamente a la producción de nuevos trabajos en estudio (comenzando con la grabación del álbum Revolver, cuyas sesiones culminarían en junio, y que se editaría en el mes de agosto), cuatro años antes de su disolución

PUREZA: LA RECOPILACIÓN DE MCCARTNEY VERÁ LA LUZ EL 10 DE JUNIO

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Publicado en Revista Madhouse el 28 de abril de 2016

Cuando a fines del pasado mes de marzo Paul MCartney compartió en su cuenta de Twitter un video de sólo seis segundos de duración por el que desfilaban extractos milimétricos de sus canciones solistas, no resultó nada complicado darse cuenta que tal misterio aludía indirectamente al anuncio de un nuevo material compilatorio. Así las cosas, a punto de visitar nuevamente el país, y asimismo de convertirse en un nuevo Pirata del Caribe en la futura quinta versión de la saga de la película, Sir Paul agrega un nuevo trabajo a su de por sí vasta discografía en solitario con la edición de Pure McCartney, la mega-recopilación que verá la luz en breve, la misma que también servirá de apoyo a su nueva gira One On One. La nueva oferta de Macca (cuya portada está ilustrada por una foto de un Paul de barba crecida tomada en tiempos de la grabación de su álbum Ram), presenta un total de 67 canciones de su carrera post-Beatles (desde su álbum debutMcCartney de 1970 hasta Hope for the Future, canción que fue utilizada como banda de sonido del videogame Destiny en el 2014), así como otras que grabó en sus años junto a Wings o a The Fireman, aquel proyecto junto a Youth, de Killing Joke, y en la cual el más exitoso y prolífico de los cuatro Fab Four también ofició de “curador” del nuevo lanzamiento. “Tuvimos esta idea junto al equipo con el que trabajo, que era la de reunir una colección de mis grabaciones con nada en mente, más que el de tener algo divertido para escuchar”, declaró en un reciente comunicado de prensa. “Tal vez resulte ideal para un viaje largo en auto, o para una jornada en casa, o en una fiesta con amigos. Así que nos pusimos de acuerdo y terminamos pensando en todos esos listados de canciones de mi larga y sinuosa carrera”
Pure McCartney (la primera recopilación desde Wingspan: Hits and History, el doble lanzado en 2001, o de Never Stop Doing What You Love, trabajo de 2005 pero sin uso comercial, que fue producido exclusivamente para los clientes de una compañía de servicios financieros), contará con diferentes formatos: 2 CDs con 39 canciones, la eventual edición de lujo de 4 CDs (conteniendo 67 pistas), así como también en vinilo, o en formatos digitales para descargar. “Me agrada, y también muchas veces me asombra”, apuntó, “que estuve envuelto en escribir y grabar tantas canciones, cada una de ellas tan diferente respecto a las otras”

CD 1: 1. Maybe I’m Amazed/ 2. Heart Of The Country/ 3. Jet/ 4. Warm And Beautiful/ 5. Listen To What The Man Said/ 6. Dear Boy/ 7.  Silly Love Songs/ 8. The Song We Were Singing/ 9. Uncle Albert / Admiral Halsey/ 10. Early Days/ 11. Big Barn Bed/ 12. Another Day/ 13. Flaming Pie/ 14. Jenny Wren/ 15. Too Many People/ 16. Let Me Roll It/ 17. New

CD 2: 1. Live and Let Die/ 2. English Tea/ 3. Mull of Kintyre/ 4. Save Us/ 5. My Love/ 6. Bip Bop/ 7. Let ‘Em In/ 8. Nineteen Hundred and Eighty Five/ 9. Calico Skies/ 10. Hi, Hi, Hi/ 11. Waterfalls/ 12. Band on the Run/ 13. Appreciate/ 14. Sing The Changes/ 15. Arrow Through Me/ 16. Every Night/ 17. Junior’s Farm/ 18. Mrs Vandebilt

CD 3: 1. Say Say Say (2015 Remix)/  2. My Valentine/ 3. Pipes of Peace/ 4. The World Tonight/ 5. Souvenir/ 6. Dance Tonight/ 7. Ebony and Ivory/ 8. Fine Line/ 9. Here Today/ 10. Press/ 11. Wanderlust/ 12. Winedark Open Sea/ 13. Beautiful Night/ 14. Girlfriend/ 15. Queenie Eye/ 16. We All Stand Together

CD 4: 1. Coming Up/ 2. Too Much Rain/ 3. Good Times Coming / Feel the Sun/ 4. Goodnight Tonight/ 5. Baby’s Request/ 6. With a Little Luck/ 7. Little Willow/ 8. Only Mama Knows/ 9. Don’t Let it Bring You Down/ 10. The Back Seat Of My Car/ 11. No More Lonely Nights/ 12. Great Day/ 13. Venus and Mars / Rock Show/ 14. Temporary Secretary/ 15. Hope For The Future/ 16. Junk