LOS 50 PERSONAJES MÁS SIMBÓLICOS DE LA HISTORIA DEL CINE (PARTE 2)

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Publicado en Evaristo Cultural el 3 de agosto de 2015

Que nombres como los de Travis Bickle, El Capitán Blood, Tony Montana o King Kong resulten ser más reales que una buena parte de las personas que protagonizan nuestros días es algo en lo que posiblemente podamos estar todos de acuerdo. La historia de la cinematografía nos dejó un tendal de personajes inolvidables. Nacieron en un guión, se criaron en un set de filmación, y terminaron habitando las salas de cine del barrio adonde íbamos a descubrirlos, o el living de nuestras casas. Los hemos idolatrado al máximo, y hasta incorporamos alguna o varias de sus frases y gestos a nuestra conducta habitual, convirtiéndolos en casos más reales de los que suelen poblar nuestra vida cotidiana. Como esos familiares lejanos que le despiertan a uno un cariño especial. Es cuando la ficción supera a la realidad y, no nos engañemos, tampoco es que la situación diste mucho de la realidad. Digámoslo así: los personajes de cine forman parte de nuestras vidas. Aún cuando habrá que sacrificar a quienes los protagonizaron y dejarlos, aunque sea por esta vez, en segundo plano. Todo listado resultará insuficiente, pero he aquí el primer intento (al que se le sumarán cuatro entregas) sobre 50 figuras inolvidables con las cuales seguimos maravillándonos, y que no parecen tener fecha de vencimiento.

Alex De Large (Malcolm McDowell, ‘A Clockwork Orange’, 1971)
La pieza principal que constituía el engranaje de relojería de ‘La Naranja Mecánica’ responde básicamente a un cóctel letal de locura. De Large está tan lleno de odio y desenfreno que transforma en horror todo lo que cruza en su camino. El director Stanley Kubrick obtuvo el mayor de los logros, y es que el filme terminase estando a la altura de la novela que el autor Anthony Burgess escribió en 1962. El rostro y gestualidad de Malcolm McDowell, apoyado por su grupo de “drugos”, fue el marco perfecto para tamaña demostración de miedo y cinismo. Ningún otro actor podría haber resultado mejor elección para demostrar tanta repulsión. Sólo alguien como el pérfido Alex podría atreverse a enfrentar semejantes sesiones de terapia. No por nada McDowell sería más tarde convocado por el controvertido Tinto Brass para encarnar a Calígula en la película del mismo nombre.

Baby Jane Hudson (Bette Davis, ‘What Ever Happened to Baby Jane?, 1962)
¿Qué puede resultar más atractivo que lograr que un guión se convierta en película gracias a la actuación de dos divas altamente competitivas y rebosantes de vanidad que se odian en la vida real? Así podría haber comenzado tranquilamente una crítica de la película por aquellos años pero, la haya habido o no, no debe haber mejor presentación para referirse a Bette Davis y Joan Crawford en sus roles en ‘¿Qué pasó con Baby Jane’? Resulta todo un misterio saber cómo hizo el director Robert Aldrich para convencerlas de actuar juntas, y encima tener que hacer el papel de dos hermanas que supieron ser verdaderas estrellas en los días de vodevil y que ahora viven atormentándose, en lo que constituye una de las más influyentes películas de horror psicótico macabro de los ‘60s.

Marcello Rubini (Marcello Mastroianni, ‘La Dolce Vita, 1960)
La “ópera prima” por excelencia de Federico Fellini, ‘La Dolce Vita’ llegó al mundo en 1960 para encontrarse con todo tipo de críticas que inmediatamente la tildaron de “obscena”. La saga de episodios presentados se dan a través del transcurrir diurno y nocturno en la Vía Veneto romana. Rubini es un periodista “del corazón” romano que merodea fiestas burguesas para codearse con personajes de la alta sociedad italiana de la época y que acaba fascinándose por Sylvia (interpretada por la bellísima Anita Ekberg), consagrando a Rubini y su actuación en la co-producción ítalo-francesa ‘La Dolce Vita’ (con aquella escena inolvidable en la Fontana Di Trevi) como uno de los personajes más emblemáticos del celuloide. El ojo de Fellini, mientras tanto,  brinda una lección de dirección para cualquier amante del séptimo arte.

Darth Vader (David Prowse, ‘Star Wars’, 1977-1980-1983)
Alguien que cierta vez estuvo en la orilla del bien y terminó pasándose al otro lado, adquiriendo visos tenebrosos, tiene que representar la maldad misma, lo menos, y así convertirse en el más malvados de los malvados, para terminar declarando q es el padre del más bueno de los buenos. Darth Vader es una de las figuras pivotales del film a partir del cual nació una de las factorías de entretenimiento más productivas de la humanidad. Uno se recuerda chico yendo de la mano de sus padres, o de los padres de aquel amiguito de la escuela, para encontrarse con ese señor enfundado en plástico negro sembrando pánico con esa voz metálica que disparaba frases de antología. El malo de ‘La Guerra de las Galaxias’ reinará por siempre.

John ‘Johnny Boy’ Civello (Robert De Niro, ‘Mean Streets’, 1973)
La primera película de De Niro bajo la tutela de Martin Scorsese, la que llevaría al director a convertirlo en su actor fetiche, y que marcó el lanzamiento de una de las más fructíferas sociedades de la cinematografía (llegando a su punto más alto con ‘Taxi Driver’, realizada tres años después), antes de la llegada de Leonardo DiCaprio. ‘Calles Salvajes’, o ‘Calles Peligrosas’, como se la conoció en América Latina trata, (cómo no) sobre la mafia neoyorquina. Claro que aquí no aparecen millones de dólares en juego, ni eventuales capos que marquen el ritmo de la película (y de muchos de los trabajos posteriores de Scorsese), sino simplemente una bandada de gangsters de bajo presupuesto perpetrando negocios de poca monta en las “calles salvajes” de Little Italy. Johnny Boy es amigo de Charlie Cappa (protagonizado por Harvey Keitel), quien busca consagrarse como miembro activo de parte del hampa que gobierna la ciudad, pero su carrera termina viéndose obstaculizada por ser demasiado sobreprotector de su amigo Johnny Boy, que suele pasar sus días tratando de saldar las cuentas con un grupo de prestamistas con los cuales está seriamente endeudado.

Travis Bickle (Robert De Niro, ‘Taxi Driver’, 1976)
El simpático Travis Bickle vive en New York y es un combatiente desclasado de las filas que combatieron en Vietnam con graves transtornos de sueño, por lo que decide buscar trabajo como taxista en la ciudad, adentrándose en el submundo de la Gran Manzana, enamorándose de la chica equivocada (rol a cargo de la sensualísima Cybill Shepherd) y, mientras proclama la frase “algún día llegará una verdadera lluvia que limpiará las calles de toda esta escoria” durante sus recorridas. Hastiado de toda la situación, Travis intenta rescatar a una prostituta menor de edad (Jodie Foster) del dominio de su proxeneta (Harvey Keitel)
‘Taxi Driver’ podría ser descripto como un thriller con una buena dosis de ingredientes psicológicos. “Are you talkin’ to me?” (“¿Me estás hablando a mí?”) será perpetuamente recordada como una de las frases más populares de la historia del cine, y en fiel sintonía con la grandiosidad del largometraje que la albergó.

73Motorcycle Boy (Mickey Rourke, ‘Rumble Fish’, 1983)
Tres años antes que Mickey Rourke conquiste a la audiencia seduciendo a Kim Basinger en ‘Nueve Semanas y Media’, y al menos un cuarto de siglo antes que el actor resulte más asociado por su rostro desfigurado por las cirugías y sus excesos antes que por sus roles fílmicos, Rourke plasmó su primer papel sustancial en la pantalla grande de la mano de aquel peculiar muchacho que cabalgaba su motocicleta. En la película que aquí se conoció como ‘La Ley de la Calle’, el director Francis Ford Coppola no titubeó a la hora de elegir a aquel simbólico antihéroe a través de cuyos ojos transcurriría el largometraje, y bajo cuya reputación se apoyaría la honra de su hermano menor Rusty James (protagonizado por Matt Dillon) en el mundo en blanco y negro de las pandillas de la ciudad de Tulsa de los años ’50.

 

Godzilla (‘Godzilla, King of the 82
Monsters’, 1954)
El más trascendental de todos los monstruos, el que dejó a tras a King Kong, la bestia que llegó de Oriente con la misión de destruir Tokio, y que ninguna otra llegó a igualar en la gran pantalla. ‘Godzilla, El Rey de los Monstruos’ es la respuesta nipona a lo que fue la producción americana ‘The Beast from 20,000 Fathoms’ (que aquí se difundió como ‘El Monstruo del Mar’, y que apareció el año anterior), pero que acabaría siendo raudamente eclipsada por la producción japonesa. Por si todo esto fuera poco, Godzilla también dejaría en segundo plano a todo artista de su país, convirtiéndose en la estrella más grande de la cinematografía nipona y en la figura más descollante de la cultura del entretenimiento de su tierra natal.

Dr. Phibes (Vincent Price, ‘The Abominable Dr. Phibes’, 1971)
El Dr. Phibes es un concertista de piano que, tras ser considerado muerto públicamente, renace en el rol de un científico malvado que decide cobrarse venganza contra un grupo de cirujanos que operaron a su esposa, y que falleció durante la intervención quirúrgica. Phibes se vale de una máscara de goma para ocultar su rostro desfigurado, ejecutando su misión inspirado en las diez plagas de Egipto. La actuación del gran Vincent Price carece de precio y fue faro de muchas de sus interpretaciones posteriores. El afiche promocional de ‘El Abominable Dr. Phibes’ incluía el lema “amor significa no tener nunca que decir que eres feo”.Wow.

 

Varla (Tura Satana, ‘Faster Pussycat…101
Kill! Kill!’, 1965)
Es tal vez el film más alegórico de la cultura del ‘exploitation’ (o “cine de explotación”, género cinematográfico basado generalmente en lo mórbido y lo lascivo) Al director de culto Russ Meyer no le resultó nada difícil valerse de su estilo insigne de universo de mujeres bravas y voluptuosas para terminar logrando que ‘Faster Pussycat…Kill! Kill!’ se convierta en la más representativa del estilo. Con su cabellera negro azabache y su inconmensurable escote, Varla es la figura líder de un trío de chicas que se ganan la vida como bailarinas de strip-tease que, al igual que Alex De Large y su grupo de “drugos” en ‘La Naranja Mecánica’, encuentran diversión destruyendo todo lo que se le cruza en el camino. Meyer demostró que la fórmula “autos, carreteras, violencia, sexo y chicas pulposas”, al menos por aquellos años, carecía de remate. Seguramente Quentin Tarantino, quien cierta vez decidió hacer una remake de la película, le deba mucho a Meyer y su obra prima, pero el proyecto aún permanece inconcluso.

 

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