DOS HORAS -Y ALGO MÁS- CON ANITA PALLENBERG

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Publicado en Revista Madhouse el 24 de junio de 2017

“¿Te querés quedar a almorzar con nosotros?” ¿Cómo decirle no a semejante invitación cuando la propuesta parte de la mismísima Anita Pallenberg? Sucedió el año pasado, durante los días de la hasta ahora cuarta y última visita de los Rolling Stones a Buenos Aires como parte del Olé Tour, la gira latinoamericana que había comenzado unos días antes en Santiago de Chile, y que se extendería por diez  fechas más culminando con una presentación en La Habana, Cuba, a modo de broche de oro. Para la ocasión, y a fines de que los fans no desborden los accesos al hotel o incluso terminen acampando a sus alrededores, esta vez el equipo de logística del grupo había designado una nueva estrategia: separar a los miembros de la banda en diferentes destinos. Jagger se alojó en el Palacio Duhau Park Hyatt y Ronnie Wood en el Hotel Faena, mientras que el Four Seasons (donde la primera plana stoniana sí se había instalado en su totalidad en todas sus visitas anteriores, ocupando la mansión Álzaga Unzué) fue la base de operaciones de Charlie Watts y Keith Richards. Y también parte de esta anécdota, recuerdo informal -y emocionado- de un fan. 
 
Tal como se viene observando desde hace al menos un cuarto de siglo, a medida que los Stones se hacían mayores y sumaban hijos a sus familias la tradición de llevarlos de gira junto a ellos acabó convirtiéndose en un hecho folklórico. Hijos, esposas y hasta padres (en la primera visita de la banda al país, en 1995, fue el mismísimo Bert Richards, padre de Keith, quien también se paseó por estos lares) terminaron sumándose al equipo de gira que los Stones arrastran a su paso por el planeta. Pero nunca sus ex-mujeres. Por eso me tomé todo el atrevimiento posible de pecar de escéptico cuando una amiga inglesa que había venido a Sudamérica para presenciar algunos de los shows del tour -que, al igual que los Stones, también se estaba alojando en el Four Seasons- me confesó haber visto esa tarde a Anita Pallenberg en la pileta del hotel. Se lo refuté desde el vamos. “¿Anita? Imposible”, le dije. “Anita no viaja con el grupo desde hace mínimamente 35 años, al menos desde que cortó relaciones directas con Keith. Y aún cuando estaban juntos, jamás fue de seguir las giras. Debés haber visto a alguien muy parecida”. Y mucho menos en Sudamérica, me decía para mis adentros. Le pregunté insistentemente si había trabado conversación con ella. “No, no hablé”, me confesó, “pero te aseguro que era Anita. Estaba nadando a mi lado, tenía un traje de baño de leopardo…”. Podría haber continuado rechazándole toda posibilidad de veracidad del hecho explícitamente, queen lo que a mi refiere nada me iba a convencer que estaba en un perfecto error. Al fin y al cabo, me dije, todo el mundo ve gente “parecida a” por todas partes.
 
ANITA EN ARGENTINA. La última vez que Anita Pallenberg había visitado estos hemisferios fue para las navidades de 1968, cuando en ocasión de un crucero de placer junto a Richards, Marianne Faithfull y su por entonces novio Mick Jagger, el insigne cuarteto  desembarcó en Brasil, donde pasaron sus vacaciones en las ciudades de Matão  (en el interior del estado de São Paulo, donde Richards se inspiró para componer “Honky Tonk Women”), Rio y Bahia, antes de dirigirse por unos días más a Perú. Por esos años Anita ya se había convertido en la compañera de vida oficial de Keith luego de que en 1967 el guitarrista de los Stones la “rescatara” de los brazos de su co-equiper Brian Jones, su pareja original, con quien compartió una relación idílica hasta que el pelirrojo guitarrista, presa de la paranoia y desbordado de adicciones, comenzara a ejercer la violencia física sobre ella. La teoría de mi amiga sobre el avistaje de Anita en Buenos Aires 48 años más tarde de aquella oportunidad era, cuando menos, inimaginable. Sin embargo, quiso el destino que mientras me paseaba por el lobby del hotel al día siguiente, aguardando el encuentro con otro amigo que también se alojaba allí, pude ver a una mujer de rasgos muy similares a los de Anita  (por lo menos la Anita de esos días, con cuya imagen de “señora mayor” estaba familiarizado tras haber visto unas fotos recientes en alguna página de noticias), la cual rápidamente salió de uno de los ascensores para dirigirse a otro sector del hotel. La escena no duró más de medio segundo, y pensando si al fin y al cabo no había sido producto de mi imaginación o -en el mejor de los casos- si no se trataba simplemente de alguien con un gran parecido, opté por olvidarme del asunto.

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Foto: Michael Cooper

Pero la ilusión terminó convirtiéndose en hecho el día del segundo de los tres shows de los Stones en la Plata. En momentos previos al conciertos, mientras me encontraba en el sector VIP del evento, vi cómo esa señora tan parecida a Anita que el día anterior me había llamado la atención saliendo del ascensor del hotel era ni más ni menos la que ahora, a unos cinco metros de distancia, se dirigía a una de las mesas del VIP. Nada iba a tirar por la borda mi escepticismo, para qué negarlo. Más aún, ninguno de los muchos asistentes al recinto parecía haber puesto la mirada en la distinguida dama en cuestión, lo cual mantenía la improbabilidad de la situación: había pasado inadvertida ante los ojos de los demás asistentes, lo cual tampoco hubiera resultado nada improbable. Claro que la señora que se parecía a Anita iba acompañada de mi amigo Adam Cooper, y eso significaba un giro de 180 grados en lo que tozudamente negaba desde el vamos. Para aquellos que no están familiarizados con su nombre, Adam es hijo de Michael Cooper, legendario fotógrafo inglés que retrató como pocos la escena del rock de su país de origen de los 60 y buena parte de los 70 y, entre otras grandes obras, el responsable de las portadas  de los célebres álbumes “Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band” y de “Their Satanic Majesties Request”. Nada más y nada menos.

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Anita y el autor de esta nota: tiempos de sector VIP en La Plata, antes del más reciente show de los Stones

UN ENCUENTRO CON ADAM. Adam vive en Buenos Aires desde hace al menos dos décadas (muchos recordarán las varias exhibiciones fotográficas que organizó con buena parte de la obra de su padre), y a quien yo ya había conocido por aquellos tiempos,  poco después de su arribo al país. Pero mucho antes de todo eso, cuando todavía era el niño que vivía junto a su padre en el Chelsea londinense de mediados de los 60, Adam, de madre original prácticamente ausente, a través de la amistad y cercanía permanente de papá Michael con los Stones había encontrado en Marianne Faithfull  y Anita Pallenberg una suerte de madres sustitutas. Dos, a falta de una. Marianne y Anita lo mimaban, lo invitaban a jugar a sus casas, haciéndolo formar parte de una escena cultural histórica de la cual sólo tomaría conciencia con el correr de los años. Y yo sabía que Adam se mantenía en contacto con ellas, a pesar del paso del tiempo y también de la distancia. Ya no quedaba espacio para dudas: aquella señora que mi amiga había visto en la piscina del hotel, o la tan parecida a Anita que yo había divisado por un microsegundo en el lobby del lugar, era finalmente Anita Pallenberg.

Tuve que tragarme mis palabras, más que nunca ahora que la veía charlando con Adam en medio del alboroto generalizado del VIP, mientras me dirigía sigilosamente hacia ellos con la intención de plasmar algún tipo de recuerdo en mi memoria. Saludé a Adam y me presenté ante Lady Anita; le manifesté mi alegría de verla de visita en el país y, finalmente, le pregunté si podía tomarme una foto con ella, algo que resultaba ir en contra de mi propia ética. Por una serie de motivos, siempre me pareció mal pedir fotos. No sólo porque nunca me pareció correcto invadir el tránsito de nadie, sino más aún porque una foto sin una historia que la produzca es simplemente eso, una imagen capturada por un lente y un botón que la dispara; un momento que carece de naturalidad, forzado y artificial, de tantos de esos que hoy día suelen pulular en las redes sociales, para efímero placer de sus protagonistas de la era del vacío, sin un antes, sin un mientras y sin un después. Tampoco quería que Anita pensara que era simplemente “otro fan” acumulador de fotos, pero al mismo tiempo sabía que la tiranía del tiempo no me iba a permitir declararle mi admiración por su persona (Anita siempre fue uno de mis íconos femeninos favoritos, más allá de mi eterna devoción por las vidas y los tiempos de los Stones, de los que ella es parte fundamental) y que esa posible fotografía, reitero, no iba a ser más que el retrato de un instante de estilo pasajero. Y entonces Anita, la dama, accedió gentilmente, exhibiendo su sonrisa resplandeciente marca registrada a través de los años. Bastó con menos de dos minutos, el tiempo exacto que me indicó que hubiera renunciado a toda fotografía de haber podido ocuparlos para intercambiar unas palabras y así poder sondear su mirada con más detenimiento.  Fuera de ahí, fuera del ruido, y en el marco indicado.  Más tarde le pediría a mi amiga británica disculpas por mi capacidad de descreimiento ante ciertas aseveraciones…

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Anita posando en el Konex  (Foto: Adam Cooper)

ALMORZANDO CON ANITA. Dos días más tarde, aquel 12 de febrero de 2016 amaneció con un clima insoportable, siendo el segundo mes del año más caluroso en la historia del distrito, tal como lo confirmaban los meteorólogos. Aún restaba un tercer y último concierto de los Stones en el Estadio Único de La Plata el sábado, pero una vez más, y a pesar de la temperatura sofocante, tuve que volver al Four Seasons para encontrarme con un amigo neozelandés que también vino al país para asistir a los shows. Minutos después de mi llegada al lugar, me topé nuevamente con Adam, tan amable como siempre, que se acercó a saludarme. Le pregunté a qué se debía su visita, y con toda la parsimonia posible me contestó que estaba allí para almorzar con Anita en el restaurante del hotel. No titubeé ni por un instante y le manifesté lo importante que sería para mí poder intercambiar unas palabras con ella, ahora que sí estábamos en el marco adecuado, bien lejos de la agitación de rigor previa a un concierto. “Claro que sí”, me aseguró, “debe estar bajando en el ascensor”. Agregué que todo lo que deseaba (y quien sea que esté leyendo estas líneas, créame que fue meramente así) era quizás acompañarlos hasta la mesa, saludarla nuevamente y despedirme. Remarco una vez más que no me gusta interceptar ninguna situación que no me competa.

Anita apareció en cuestión de instantes, elegantemente vestida, de bohemio estilo, vestido y cartera de leopardo  y sombrero beige, apoyándose en un bastón para caminar, tan refinada como siempre, con su enorme sonrisa. Nos saludó, y segundos después nos encaminamos a Nuestro Secreto, el restó al cual se accede directamente desde la entrada de La Mansión. Sabía que el tiempo nuevamente iba a resultar escaso, al menos desde mis posibilidades, pero como fuera, estaba más que conforme con poder acompañarlos hasta el lugar y de paso intercambiar unas palabras. Desde ya, no había manera de que recordara nuestro veloz encuentro anterior, ni tampoco necesidad de refrescarle la memoria. Por eso, cuando finalmente arribamos al lugar del almuerzo, cumpliendo con lo prometido, me despedí. Fue cuando Anita me propuso lo inesperado, invitándome a quedarme a compartir el encuentro junto a ella y Adam. En el lugar justo, en el momento indicado. Y por si aún existía la posibilidad de aceptar la invitación sólo por un motivo de suerte, me regaló otra de sus sonrisas fulgurantes una vez que asentí y me senté junto a ellos para disfrutar de un momento inolvidable. No recuerdo qué pedimos, lo cual resulta raro para alguien tan detallista como yo, pero sí que los tres invitados bebimos agua mineral. Algunos pormenores, aunque mínimos, simplemente se escapan. Es el precio que se paga por poner mucha más atención en lo que una charla relajada con una mujer de personalidad avasallante depara. Es lo menos que puede suceder al comunicarse con alguien que lo vivió (casi) todo, y con la cual prácticamente todo dato histórico de rigor termina resultando secundario ante su enorme cultura y su disponibilidad.

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Gerard Malanga, Andy Warhol, Edie Sedgwick, Chuck Wein, Anita Pallenberg y una invitada.

HISTORIA VIVA Y HUMO ELECTRÓNICO. El lector podrá preguntarse cómo es que no abordé ninguno de los temas o hechos  relevantes que Anita cosechó a lo largo de su vida. Vaya como respuesta que simplemente por ser datos conocidos, la necesidad de preguntarle por ellos hubiera resultado absolutamente innecesaria. Y que después de todo, aquí no había ninguna entrevista de por medio, ninguna misión periodística ni informativa, sino una charla distendida con toda la informalidad que ameritaba (fue adorable disfrutar de su poderoso sentido del humor a través de las casi 2 horas que duró el almuerzo), y dejar que, sencillamente, fluya. De no haber resultado así seguramente le hubiera preguntado por los días en que fue expulsada de una escuela de pupilos a los 16 años para acabar bandeándose por algunas de las grandes capitales europeas, o su experiencia en New York como parte del grupo selecto que poblaba The Factory bajo la batuta de Andy Warhol. Mucho antes de su ingreso a las filas de los Rolling Stones, Anita ya era una rebelde empedernida, un destino natural rico en virtudes y sensaciones varias (fuera de su asombrosa belleza física, manejaba cinco idiomas) que supo explotar del mismo modo. Es por tal motivo que escucharla hablar resultara tan extremadamente simpático y, fuera del inglés que dominó la charla (caracterizado por un fuerte acento mitad italiano- mitad alemán) cada tanto proponía alguna frase o palabra en otra de las lenguas que dominaba. Nos confesaba su predilección por el clima caluroso, y su huída cada vez que llegaba el frío al lugar que estaba habitando. Es que Anita repartía su tiempo viviendo en al menos cuatro destinos en el mundo, principalmente en la casa propiedad de Keith Richards en Ocho Ríos, Jamaica, donde el clima no le resultaba problema alguno, y escapándose de los otros paraderos también del mismo dueño (la histórica casa de Keith de Redlands en Sussex, Inglaterra, o la de la calle Cheyne Walk en el Chelsea Embankment londinense, o de su Roma natal, de donde recuerdo señaló haber tenido, o seguir teniendo una hermana que vivía allí). Todo entre permanentes bocanadas de humor artificial disparadas por su cigarrillo electrónico.

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Anita y Mick Jagger en el rodaje de “Performance” (1968)

ESA VIEJA MAGIA. Extremadamente bronceada, y con la piel algo arrugada a su edad, a sus 71 años de edad Anita aún mantenía el sex appeal que había sido su sello natural personal. Y si bien ya no contaba con la belleza física que la caracterizó, su peculiar forma de hablar, sumada a sus clásicos modales y su femineidad establecida, continuaban siendo parte de una personalidad atractiva en todo momento, con un halo que estaba a la misma altura.  Hay algo suficientemente raro que siempre me sucedió cuando tuve que estar frente a algún personaje histórico que me haya tocado conocer en persona, ya sea en situación de una entrevista o, como fue en este caso, el de un encuentro fortuito, y que es de alguna manera sentir que la persona en cuestión en realidad no se encuentra físicamente allí, tornándose todo el tiempo un collage interminable de imágenes y historias entremezcladas (las mismas que uno siempre contempló, las mismas que terminaron forjando al personaje en cuestión), y alejándose de lo que realmente está pasando en el autentico momento del encuentro. Básicamente me ocurrió con cualquier figura de peso que tuve oportunidad de conocer, y que, así las cosas, no logré separar de la verdadera realidad, con todo lo redundante que la frase pueda significar. Es como una dimensión dentro de otra, mientras ambas se desdibujan constantemente sobre la marcha. Por tal motivo, estar con Anita poco tuvo que ver con el hecho en sí, pero con un cortometraje ilimitado por donde figuraron las mil y una imágenes de ella que uno cierta vez presenció con el correr de los años, en fotografías o material en video. Que es lo mismo que le podría haber sucedido a un adorador de la carrera de los Rolling Stones, porque es innegable que Anita Pallenberg simboliza un elemento fundamental de la iconografía central de la banda. Porque si no existe una cuota de peligro (lejos de cualquier posibilidad amenazante, sino respecto a la situación de tensión que el género debe esencialmente conservar), el rock no es rock. Y Brian y Anita fueron los progenitores del estilo de la banda desde esa coyuntura original en sus años formativos. El primero aportó la imagen original y la actitud estilística de casi todo lo que llegaría después, y la inquietante Anita, con su mirada penetrante y su porte natural original de bad girl, fue la cereza en la torta para un plato irresistible de uno de los menúes centrales en toda buena mesa.

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Brian Jones, Anita y Keith Richards: el triángulo original

MIL Y UNA PERFORMANCES. Por esa y mil razones más, a lo largo del almuerzo no logré quitar la mirada de su persona y ese halo inexplicable, mientras por mi mente desfilaban otros tantos millares de postales a los que uno asistió y que ahora se materializaban en la mesa de un restaurante. Aquellas de Anita junto a Keith en todas esas ocasiones que haría falta un archivo aparte para atesorar, Anita cortejando amorosamente a Mick en el film “Performance” (y la guerra de situaciones internas en la dupla Jagger/Richards que esa circunstancia produjo), Anita la “Gran Tirana” que  controla la ciudad subterránea donde aterriza Jane Fonda en la película “Barbarella” (mientras el director Roger Vadim luchaba por manejar sus emociones comandando los roles de dos de las mujeres más bellas del planeta), o en otro de sus roles fílmicos, el del largometraje “Michael Kohlhaas, der Rebell”, rodada en Rumania en 1968, cuya banda original de sonido a cargo de su ex Brian Jones continúa permaneciendo inédita. Preferí inclinarme al viejo arte de la observación, mientras por mi cabeza seguía cruzándose un sinfín de imágenes imposible de detener protagonizadas por la musa stoniana por excelencia, e “it girl” de cepa durante buena parte de los años 60 y 70 (eso que los diccionarios definen como la frase informal para referirse a la mujer bella y de estilo poseedora de sex appeal sin la necesidad de lucir su sexualidad), que a pesar del paso del tiempo y las arrugas no lograba evitar una sonrisa irresistible a la que alguna vez una revista de moda británica citó como “esa sonrisa de bruja”. O la chica que todos querían tener.

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Anita en el film “Barbarella” (1968)

EL LIBRO QUE NUNCA FUE. En este mediodía estival en el restaurante de un lujoso hotel de Buenos Aires estaba la mujer por cuyas venas circularon vastas correntadas de opiáceos, cuando ser un yonqui respondía exclusivamente a una decisión propia y no a una pose snob celebrada por los lentes de las cámaras. La del aporte definitivo a la concepción de la canción “Sympathy For The Devil”, en lo que determinara un año clave en la imaginería del grupo del cual muchos la consideraban “el sexto Stone”. “¿Es verdad que la idea de los ‘oohs, ooh, oohs’ de esa canción fueron idea tuya?”… Prefiero abstenerme de preguntárselo. Posiblemente no le interesara aclararme nada de eso, ni repasar viejas páginas de su historia, lo que decididamente dejó en claro cuando se me ocurrió sugerirle por qué no escribir una autobiografía alguna vez, y a lo que respondió “Porque no me acuerdo de nada”. Fue una manera rápida y concisa de explicar la verdadera historia detrás de la respuesta, que es la de su reticencia declarada a no hacerlo, previendo que cualquier editor posible sólo lo hubiera hecho con el mero interés de ofrecerle a los lectores historias de neto corte amarillista, las que seguramente hubieran vendido cantidades de copias, pero que a cambio hubieran pasado por alto otros capítulos que la hubieran definido más acertadamente. Tampoco fue necesario repasar su aporte fundamental a la mística de los Stones, entonces. Bastó y sobró con dejar que se expresara por sí misma, declarando su amor incondicional por la historia del grupo y que ahora, de grande, se preguntaba cada vez que presencia las escenas de fanatismo adonde los Stones se dirijan: “¿No se dan cuenta que ya son tipos grandes y que cuando vuelven de un concierto necesitan irse a dormir y descansar?” Esta vez fue ella quien me formuló una pregunta. “Seguramente”, respondí, “pero no creo que podamos hacer mucho al respecto”. Me devolvió una sonrisa, como las tantas otras que se dieron durante la charla, seguida de otra bocanada de humo artificial.
Tampoco faltarían sus comentarios sobre los días en Toronto de 1977, cuando fue detenida junto a Richards en el aeropuerto de la ciudad tras habérseles encontrado una buena cantidad de heroína, lo que casi le vale al guitarrista una temporada tan extensa en la cárcel como para haber puesto fin a la mismísima carrera de los Stones. Richards lograría la emisión de un nuevo visado que le permitió regresar a los Estados Unidos tiempo después, situación que a Anita, habitante de su esfera personal ante todo y sin contar con los mismas ventajas que la fama de un músico puede traer aparejadas, le valió al menos una década y media sin poder retornar a aquel país. “Fue el peor momento de mi vida”, nos confesaría, mientras ordenábamos otra botella de agua mineral.  Más curioso aún fue cuando propuso abordar un repaso breve sobre la situación política argentina del momento, que entre cambios de gobierno y explicaciones en vano sobre la medida del “cepo” monetario de la administración anterior (y donde no faltó más de un “¿por qué?”), prefirió cambiar de tema para dejar en claro cuánto amaba a sus hijos y a sus nietos. El plan posterior al almuerzo iba a ser el que tenía previamente agendado, la invitación de Adam a que visite “Early Stones, by Michael Cooper”, la exhibición con fotografías de los Stones tomadas por su padre que Adam estaba llevando adelante por esos días en el espacio Ciudad Cultural Konex, a la que Anita había prometido visitar aquella tarde y de la cual iba a ser invitada ilustre para revisar en persona buena parte de su historia, enfrentándose a imágenes de las cual ella también formaba parte. Con solo un show más de los Stones pendiente a tener lugar al día siguiente, y dejando de sumarse al resto de la gira latinoamericana (“no la voy a seguir, después de aquí regreso a Jamaica”) abandonamos el recinto para emprender camino a la muestra de imágenes en blanco y negro en la que Adam, lleno de emoción, homenajeaba una vez más a su padre y al temprano mundillo Stone del que Pallenberg había sido pieza fundamental.

Anita y Silvia Cooper, esposda de Adam, en la muestra en el Konex

En la muestra del Konex junto a Silvia, esposa de Adam (Foto: Adam Cooper)

FUMANDO AL SOL. Antes de tomar el ascensor que nos iba a llevar a la planta baja del hotel barajé la chance de tomarme una fotografía con ella: “Anita, odio pedir fotos, pero me gustaría que nos tomemos una como recuerdo de lo que para mí fue gran momento”; “No, que no tengo puesto nada de maquillaje”, me contestó sinceramente, valiéndose de otra de sus sonrisas arquetípicas. Fue cuando deduje que, después de todo, y desafiando la lógica, al menos por esta vez las mil palabras iban a valer más que una imagen. Claro que mucho menos me esperaba que la jornada todavía me tuviera deparada un bonus inesperado. Fue cuando al llegar a la puerta principal de ingreso al Four Seasons, inmersos en una temperatura que para esa hora ya había superado los 35 grados reales, Adam nos pidió que lo esperemos un momento. El momento finalmente terminó extendiéndose por algo más de diez minutos, en los que Anita y yo nos quedamos a solas sentados en uno de los bancos de la entrada del hotel. Bajo un sol abrasador, me pidió que le consiga otra botella de agua mineral. Volví a estar sentado junto a ella en tiempo record, mientras sacaba un Camel de su cartera para saborearlo como si fuera el primer cigarrillo del día de todo fumador empedernido.

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Anita en el rodaje de “Michael Kohlhaas”(1969)

PREGUNTAS VS. RESPUESTAS. Continué haciéndole preguntas, una tras otra, hasta que, en medio de la nube de humo que la hacía verse como en una postal de Nellcote de 1972, me disparó contundentemente: “¿Pensás seguir haciéndome preguntas todo el tiempo?”. “No sé de qué otra manera dirigirme”, le reconocí con todo el peso de la verdad, por lo que minutos después, cuando saque mi atado de Marlboro y le ofrecí uno  diciendo “¿Querés un cigarrillo?”, evitando que suene a pregunta sin posibilidades de éxito (¿acaso había otra forma gramatical de hacerlo?), se rió histéricamente. “Me dijiste que te llamabas Marcelo y que tu familia paterna provenía de Italia, pero cuál es tu apellido?”. Ahora era ella la que preguntaba. “Sonaglioni, Marcelo Sonaglioni”, le apunté. “Y sabés qué,  jamás pude saber el origen detrás de mi apellido y…” Me interrumpió. “¡Marcelo Sonaglioni!”, exclamó en perfecto italiano, con un tono de celebración como si hubiese estado anunciando mi nombre ante una audiencia. “Tu apellido tiene que ver con el nombre de una serpiente italiana”, me aseguró convencida, mientras yo disfrutaba de mi cigarrillo fumando a solas junto a Anita Pallenberg, la chica a la que su ex novio Keith Richards le había dedicado “You Got the Silver” tan deslumbrado como yo. Surgió la invitación para ir con ella y Adam al Konex, una nueva aventura a la que no pude sumarme para poder cumplir con el compromiso original que tenía para esa tarde. Anita me tomó del brazo y la acompañé hasta el auto. “¿No venís?”, me preguntó. “Desafortunadamente no puedo hacerlo ahora, pero espero verte nuevamente, y gracias por un almuerzo inolvidable”, atiné a decirle. Intercambiamos abrazos y besos, antes de que el taxi de Anita y Adam partiera rumbo a la exhibición fotográfica de papá Michael. El año pasado, con motivo de un viaje personal a Londres, había logrado tramitar una entrevista con Anita en la que esa vez seguramente no iban a faltar todas las preguntas que me hubiera gustado formularle el día del almuerzo, pero poco antes sufrió la rotura de una costilla, por lo que debió ser cancelada para una futura oportunidad que ahora, dado el rigor de los acontecimientos sucedidos, no podrá tener lugar.


EPÍLOGO.
La noticia publicada primeramente por el diario italiano La Stampa el martes 13 de junio pasado cayó como un balde de agua helada. Si bien eran de conocimiento los diversos problemas de salud que venía enfrentando en los últimos años, el reloj biológico de Anita Pallenberg marcó que era la hora de cambiar de escena. Falleció rodeada de familiares en un hospital de Chichester, la ciudad británica al oeste de Sussex, muy cerca de su amada Redlands, donde vivió algunas de sus más recordadas páginas a la que ahora se agregó un último capítulo definitivo. Por esas vueltas del destino, días antes de la noticia de la muerte de Anita ya tenía pactado un encuentro con mi amigo Adam al día siguiente de lo sucedido. Cuando llegué al bar, Adam ya estaba esperándome. Se lo veía cabizbajo, notablemente conmovido, emocionado hasta las lágrimas. “Fue como perder a una madre, porque Anita fue como una madre sustituta para mi, ya sabés…” El motivo original del encuentro pasó a segundo plano, para terminar favoreciendo una charla dedicada exclusivamente a un ícono definitivo. “¿Leíste el mensaje de Keith en Facebook? ‘Una mujer notable. Siempre en mi corazón’”. El texto iba acompañado de una foto de Anita, invariablemente bella, que su padre Michael había plasmado. Adam tenía los ojos llenos de lágrimas. Terminamos relajándonos y sonriendo, como suele pasar en los velatorios, una distensión natural y necesaria que nos permite recordar a los seres que admiramos de manera más distendida, mientras no dejaba de mencionarle a mi estimado amigo todas las historias vividas aquel día del almuerzo junto a ella, cuando la vimos los dos por última vez, y del cual le estaré agradecido a Adam eternamente.
 
(Agradecimientos: Adam Cooper)

 

CONCIERTOS: HONEST JOHN PLAIN SE MOSTRÓ HONESTAMENTE ROCKERO EN EL SALÓN PUEYRREDÓN

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HONEST JOHN PLAIN AND THE PIBES – SALÓN PUEYRREDÓN, 13/ 5/ 2017

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Y sí, HJ cada tanto tiene los blues. Y los oranges y los purples y los yellows también (Foto: ©Anitta Ramone)

“Qué lindo es el rock’n’roll”. Parece el título de una canción de uno de esos gruposde kermesse, o de un festival de baile o de un club barrial de los ’70 pero, así y todo, con el rigor del peso de la simplicidad que amerita, la frase soltada por uno de los asistentes que colmó el Salón Pueyrredón para ver aHonest John Plain el sábado pasado acaba siendo la mejor declaración de principios para un show que cumplió a rajatabla con lo que se esperaba. No importó el horario. Plain había largado su concierto promediando las 2 AM palermitanas del día siguiente (antes habían pasado por el escenario los teloneros She-Ra, Angel Voodoo, Los Mareados yStarpunks, quienes calentaron el terreno apropiadamente) y el clima que se respiraba desde el vamos presagiaba una velada que prometía resultar encantadora.

NEW OLD BOY. “The Boy Is Back”, anunciaba el póster del evento en el cual una de las figuras más prominentes de la escena del rock inglesa de mediados de los 70 y que las vueltas de la vida llevaron a titular como “punk”, algo que el mismo Plain no dudó en cuestionar en la entrevista que MADHOUSE le realizara días antes del show, y que pueden ver aquí. Con las primeras notas de “Never Listen to Rumours” (la única canción que hasta ahora vio la luz del álbum que HJP grabó junto a un seleccionado de estrellas hace unos años, y que sigue inédito), la banda dejó en claro de antemano que las 18 canciones que restaban iban a estar perfectamente a la altura de las circunstancias. La primera sorpresa del set llegó de la mano de “All The Way To Hell And Back” (que abría “Rock On Sessions”, el segundo álbum de los Crybabys), y que se mantuvo muy fiel a la versión original de estudio.

TEMA VA, TEMA VIENE, LOS MUCHACHOS SE ENTRETIENEN. Lo que siguió fue un repaso detallado por la extensa carrera de Plain, basada principalmente en el catálogo de The Boys, con “Monotony” y “Scrubber” del álbum “Boys Only”, 1980, a los que se les agregaron “U.S.I.”, el recordado hit “Brickfield Nights” y “T.C.P.” (las tres grabadas en “Alternative Chartbusters”, segundo disco de la banda), “Kamikaze” y “Terminal Love” de “To Hell With The Boys” (1979), y aún tres más del álbum debut de la banda de 1977 comandadas por “I Don’t Care” (primer single del grupo), “Sick On You” (que inauguraba el LP) y “First Time”, que fue parte de los bises, cerrando el concierto.

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HJ rockeándola en el Salón junto a lo’ Pibe’ (©Gux Ramone)

Campera de cuero y lentes oscuros permanentes (que Plain sólo amagó sacarse cada vez que le dirigía unas palabras al público), el repertorio también incluyó el cover de M.O.T.O “I Hate My Fucking Job”, “Where Have All The Good Girls Gone” (canción/título del álbum inicial de los Crybabys), “New Guitar In Town” que grabara en su paso por The Lurkers,“That’s Not Love” de “Honest John Plain & Friends” (1996) y “Punk Rock Girl” de “Punk Rock Menopause”, el disco reunión de The Boys editado hace 3 años, a lo que se sumaría el inesperado anuncio de “Tell Me (You’re Coming Back)”, la canción de la pluma Jagger/Richard -a la que anunció como “y ahora una canción de los fuckin’ Rolling Stones”-originalmente incluida en el primer álbum stoniano, y que Plain registrara en estudios junto a The Mattless Boys, uno de los incontables proyectos en los que participó. Brian Jones estaría más que agradecido.

3VAMOS LOS PIBES. Y si una auténtica obra de arte no está solamente determinada por el lienzo, sino también por el marco, seguramente la performance general del show no hubiera resultado tan buena sin la presencia del trío que lo secundó en escena, que para la ocasión recibió el título de “The Pibes” y que formó conJuan Papponetti (ex-Katarro Vandaliko, ahora en Traje Desastre) en guitarra y coros,Arnold Rock (ex-Tukera, hoy enDoble Fuerza) en bajo y coros, y Alejo Porcellana (ex-Shaila, hoy en día en Mamushkas) a la batería, los mismos que lo acompañaron a lo largo de las dos jornadas previas a la presentación en el Salón Pueyrredón, que tuvieron lugar en Tandil y Mar Del Plata. Tres shows seguidos en tres ciudades distintas a lo largo de tres días no está nada mal, y con apenas alguna que otra señal de cansancio para el hombre que hace 2 años casi pierde la vida por un desliz del destino. Por el resto, fue una noche inolvidable con un recinto colmado y con el deseo en común de ver a una leyenda viviente del rock frente a sus narices. En estado de pura efervescencia, a la hora correcta, con el clima indicado, y con la promesa que indica que en noviembre retornará una vez más al país con -ahora sí, los más mayorcitos- The Boys. O con los pibes originales… Al menos para la ocasión, las noches de Brickfield cambiaron de nombre para convertirse en argentinas y más precisamente aún en la del pasado sábado en Buenos Aires. Que se repita todas las veces que sea posible, rock mediante.

ANIVERSARIOS: A 52 AÑOS DE LA NOCHE EN QUE KEITH RICHARDS SOÑÓ “SATISFACTION”

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Corría la primavera boreal de 1965 y los Rolling Stones estaban de gira por los Estados Unidos. Aquella noche del 7 de mayo la banda se alojaba en el motel Gulf, en Clearwater, estado de Florida, tras su concierto del día anterior en el Jack Russell Stadium de la misma ciudad. Algunas horas después, al levantarse, lo primero que notó Keith Richards, uno de los dos guitarristas de la banda, fue que la cinta de su grabador portátil se había acabado. Y que su guitarra reposaba sobre la cama en la que había dormido. Richards no recordó haber usado el grabador en ningún momento durante aquella noche, por lo que, preso de la curiosidad, se dispuso a escuchar lo que allí había. “Me desperté en medio de la noche”,declararía más tarde. “Cerca de mi cama había un grabador y mi guitarra acústica. A la mañana siguiente, cuando me desperté, vi que la cinta del cassette había seguido corriendo hasta terminarse. Entonces la rebobiné, y me encontré con algo así como 30 segundos de da-da da-da-da…Y también se puede escuchar el ruido de cuando dejo la púa sobre la mesa de luz. En cuanto al resto de la cinta, se trata de mí roncando”.

2Richards pudo no haber recordado el instante en que se despertó en medio de la noche con una melodía en su cabeza, ni mucho menos haber tomado su guitarra para luego apretar el botón de record y registrar un riff de nueve notas, antes de volver a dormirse, que iba a hacer historia. Pero las semillas de “(I Can’t Get No) Satisfaction” ya estaban plantadas. Tras el descubrimiento, Richards salió a buscar a Mick Jagger, quien estaba retozando junto a la pileta del hotel y que instantáneamente se puso a escribir la letra para la canción de insatisfacción que su compañero de banda había plasmado unas horas antes, la misma que catapultaría a los Stones al megaestrellato definitivo. Y cuyo mensaje se consagraría como uno de los más simbólicos de esa década, acaso con perfecta vigencia hasta nuestros días.

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Los renegados de Dartford (bueno, los Stones) junto a su manager Andrew Loog Oldham en los estudios RCA de Hollywood, 1965

Hasta ese entonces los Stones habían logrado meter solamente dos éxitos en el Top Ten de la mano de “Time Is On My Side” y “The Last Time” pero, en comparación con los logros obtenidos por otras bandas de la llamada British Invasion (claramente comandada por los Beatles), y con apenas un par de años de carrera, la banda necesitaba una canción que los lleve a la cima. Muy paradójicamente, a Richards ni se le había cruzado por la cabeza que aquella melodía sonámbula era exactamente lo que los Stones estaban necesitando. “Jamás pensé que fuera lo suficientemente comercial como para convertirse en single”, le confesó al autor Philip Norman para su libro “Sympathy For The Devil”. De hecho, como más tarde apuntaría Bill Wyman, el bajista original del grupo, Richards la consideraba“una canción más, de las tantas que podían servir de relleno en algún álbum”.
A lo largo de esa gira americana de 1965 los Stones acostumbraban a pasearse por diversos estudios de grabación para matricular sus ideas, por lo que el 10 de mayo, apenas tres días después de la inspirada noche de su guitarrista rítmico, anclaron en los legendarios estudios Chess de la ciudad de Chicago, los mismos donde parte de sus ídolos musicales favoritos (Chuck Berry, Muddy Waters, Bo Diddley, etc.) registraron sus canciones más representativas. Allí, secundados por su manager y productor original Andrew Loog Oldham, los Stones lograron una primera versión de la canción, que incluía a Brian Jones (el por entonces segundo guitarrista del grupo, fallecido en 1969) en armónica, volviéndola a grabar dos días después en los estudios RCA de Hollywood, no sólo con un ritmo diferente, sino con una particularidad sonora que sería el sello emblema del sonido del cuerpo principal de “Satisfaction”, cuando Richards experimentó con agregarle a su guitarra el sonido de la Gibson Maestro Fuzzbox , la caja de efecto fuzz o “fuzz-tone”, que permitió aquel sonido característico que se asemejaba al de un saxo, y que también contó con la participación del músico y arreglador Jack Nitzsche en pandereta y piano. De hecho, una vez concluida la grabación, Richards, no conforme con el resultado obtenido, deslizó la posibilidad de grabar una tercera versión con una auténtica sección de vientos, pero fue vetada por el resto de los miembros del grupo y principalmente por David Hassinger, el ingeniero de sonido que estuvo en la sesión.

Bastante se ha rumoreado sobre lo que llevó a Richards a obtener la inspiración necesaria cuando se le ocurrió la melodía de la canción, teniendo en cuenta que la banda estaba influenciada por un amplio rango musical, pero el guitarrista nunca dejó de citar la música del combo femenino Martha And The Vandellas y su éxito del año anterior “Dancing In The Street” (de la cual resulta imposible disociar su clima con el de “Satisfaction”), o de “Nowhere To Run”, como así también de otros elementos sonoros de aquellos tiempos provenientes de la gloriosa compañía grabadora Motown Records. Y si la inconfundible propuesta melódica de la canción cimentaría para los Stones una carrera de más de medio siglo con muchísimas otras grandes composiciones, cuando hasta aquel momento sólo proponía un bacanal de buen ritmo, la trompada final llegaría de la mano de su atrevida letra, que si bien hoy día puede resultar poco controvertida para los tiempos que corren, en aquel momento no dudó en levantar más de una ceja.

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Keith & Mick, manufacturando el single más emblemático de la carrera de los Stones

Desde su edición, en reiteradas ocasiones se sugirió que Jagger inconscientemente había tomado el estribillo de “Satisfaction” de “Thirty Days” de su amado Chuck Berry, cuando éste cantaba “If I don’t get no satisfaction from the judge / I’m gonna take it to the FBI and voice my grudge” (que debería ser interpretada como “Y si el juez no me ayuda/ Voy a ir a ver al FBI y expresar mi rencor”), clamando por la aparición de su chica. O de la mismísima “I Can’t Be Satisfied”del gran Muddy Waters. Nutriéndose de los avatares de la vida alocada de una banda de rock que estaba de gira y del impacto de la cultura americana que como extranjeros en tierras extrañas comenzaban a descubrir y experimentar día tras día, Jagger no trastabilló a la hora de referirse, y de forma explícita, al padecer la sobredosis de información (“Cuando estoy manejando mi coche/ Y aparece ese tipo en la radio/ Y me habla más y más/ De información inútil/ Que se supone es para encender mi imaginación”), o de publicidad desmedida (“Cuando estoy viendo la tele/ Y aparece ese hombre para decirme/ Lo blancas que pueden estar mis camisas/ Pero él no puede ser un hombre/ Porque no fuma los mismos cigarrillos que yo”), o las dificultades de tener sexo casual, yendo tan lejos como expresar que una de sus admiradoras se lo negó por una situación, eventualmente, muy habitual en la vida de una mujer (“Cuando estoy dando vueltas por el mundo/ Y hago esto, y firmo lo otro/ E intento transarme alguna chica/ Que me dice ‘Nene, mejor volvé la semana que viene porque, ya ves, estoy con el período’ ”)
1El escándalo que trajo aparejado la letra de “Satisfaction” pudo haberle venido de perillas al manager de la banda Andrew Loog Oldham (que desde el vamos se esmeró en publicitar a los Stones como los “anti-Beatles”, y con maravillosos resultados), pero la estrofa de una canción que aludía al rechazo de una mujer de una propuesta sexual por haberse encontrado menstruando -y que, adicionalmente, un enorme número de oyentes creyó se refería a la masturbación, o mínimamente, a la insatisfacción sexual- generó una colosal repercusión. Y siguiendo lo establecido por aquella máxima que dice que “la mala prensa es buena prensa”, el plan de Oldham, entonces, apenas tres meses después que los Beatles cantaran “me dijo que el vivir conmigo la deprimía”, se cumplió a rajatabla.
“(I Can’t Get No) Satisfaction” terminó editándose primeramente en los Estados Unidos un 6 de junio de 1965, con “The Under-Assistant West Coast Promotion Man” en la cara B (ambas canciones formarían parte del futuro álbum del grupo“Out Of Our Heads”, que saldría a la venta al mes siguiente). La versión británica del single de la canción, mientras tanto, se lanzaría algo más de dos meses más tarde, el 20 de agosto, y acompañada por “The Spider And The Fly”.

Jagger se referiría a “Satisfaction” como “la canción que realmente creó a los Rolling Stones, la que nos llevó de ser ‘un grupo más’ a una banda gigante. Tiene un título y un riff muy pegadizos. Y un gran sonido de guitarra, que fue muy original para esos días. Y captura el espíritu de aquellos tiempos, lo cual es muy importante en ese tipo de canciones: la alienación”.
Cuatro años más tarde del lanzamiento de “Satisfaction”, durante una conferencia de prensa de los Stones en New York en 1969, indagado sobre “si finalmente ya se sentía más satisfecho”, la primera respuesta de Jagger fue con una pregunta, que pueden escuchar y ver en el video que aquí debajo incluimos, a partir de los 3’15”: “¿Ud. dice financieramente, sexualmente o filosóficamente?”. A lo que la periodista replicó: “Satisfecho financieramente y filosóficamente…”. Jagger no titubeó al responder: “Financieramente, insatisfecho. Sexualmente, satisfecho. Filosóficamente, intentándolo”.

INTERVIEW: Andrew Loog Oldham. (Almost) Like a Rolling Stone

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It’s no surprise at all arriving to Andrew Loog Oldham’s hotel room and find him on the phone. He’s lying in bed while he talks, and is sporting shorts and sandals. Being stuck to a phone must have been one of the most common tasks in his last fifty years, eventually since he began to be part of the British showbiz scene. After all, this is the man who, despite his informality, is the only one to hold the title of having been the Rolling Stones’ original manager and producer during the first four years of the band, mostly the essential ones. Which doesn’t sound bad at all, does it? And additionally one of the main iconic British record producers in both Pop and Rock history, let alone his role as impresario and, at least for the last 10 years or so, his own biographer, and incorrigible writer. Oldham is talking to his wife in Colombia, where he moved to about 30 years ago. Then one cannot help but wonder how come it is that, being Colombia a Spanish-speaking country, his isn’t as good as expected, and deliberately choosing to speak Spanglish instead, an informal way to describe the unofficial mix of both English and Spanish. “Well, I do eventually speak some Spanish, but anyway let’s do the interview in English” Sure Andrew, English then. And it’s going to be a long one. We’ll talk, discuss and argue for over two hours, and we’ll even lose track of what we were saying many times. In the meantime, there are at least half a dozen of flasks containing vitamin and herbal pills on one of the tables at Oldham’s hotel room (“I gotta take care of my liver, it’s something that comes from my grandfather”) There also different blends of British tea that he proudly got in Buenos Aires, and a large-sized plastic bag full of dry nuts, almonds and hazelnuts, which we’ll enjoy throughout the interview. Tea and sympathy from a true British man, how could you ever say ‘no’ to that? Next thing Andrew is complaining about the cost of the taxis in the city. I tell him not to worry, that they’re very much in keeping with any price at the supermarket. Oldham talks. A lot, almost non-stop. And so do I. We’ll interrupt each other quite often during the conversation. At 69, and with a brilliant memory, he is an unquestionable storyteller backed-up by an unlimited arsenal rich in personal experiences and juicy anecdotes which, after all, are the leitmotivs throughout his vast course, even when he’s now a bit in a hurry, too concerned about starting packing up all the things he bought during his stay in Buenos Aires (“It will take me a full day, I always buy things, I collect them”) He’s once again in town, this time to participate in a business conference for which he was hired by a local firm. But Oldham takes some advantage of it to spend a few more days in Buenos Aires, a city that, in his own words, “fascinates me”. I must confess, along the interview I had to stop myself from my original plan to ask him mostly questions exclusively related to his years with the Rolling Stones. That in the end were less than five, but truly the Stones’ embryonic ones. Oldham was there, almost right from minute one, nearly in every recording or photo session, TV appearance or concert of the band. Since the Stones were just another unknown underground act in London, to their virtual explosion into stardom, which he was an essential part of. But that wouldn’t happen, so far this time. He instead wanders around his endless labyrinth of stories, which is still a fantastic ride. But promises to do so in a future interview. So shall justice be done…

You were born in the 40’s but you’re considered a man of the 60’s, as eventually you started developing your career from the 60’s onwards. What was actually the very thing that took you to become interested in show business? I know you were always interested in the so-called “pop culture” in general. But was there anything else in particular?
When I was about 9 or 10, and I couldn’t go on the underground train, I couldn’t go by myself, I’d go with my mother. We lived in Hampstead, London. There was a part of me that was frightened of the underground because of the trains, the noise, the wind. The danger. But also because in the first year and a half of my life, even though I didn’t really realize it, every time the Germans came to bomb, you know we were always taken down into the underground when the sirens went. I don’t really remember it. Some people who are a little older than me remember it very well. As a distraction for me in that, the war experience…Have you ever been to London? And did you see the underground?

Yeah, last year, and I sure got on the underground many times.
OK, I think the underground is terrifying. You know, the tracks, the danger.

Well, I’d say, it’s so narrow. Maybe that’s the reason why they call it “the tube”
OK, you have a point, it’s true. I think you’re probably right, it could be that. OK I haven’t thought about that. It’s amazing how people arrive in the place that you were born and they locate the obvious. Anyway, I was attracted to film posters, because generally music wasn’t advertised. The film posters were in the underground, on the way down, so it was a distraction, it was a fascination, and I was immediately drawn to this wonderful escape, in particular the American films, and then on the second level I was attracted more to the words “produced by”, “presented”, “directed by”, because I already knew that I wouldn’t be John Wayne, that I would not be…

Joan Crawford…
That I wouldn’t be Joan Crawford! But Mick Jagger would…I knew I’m not gonna be James Cagney, or Tony Curtis. And also at that time, the Americans have gone home, and so in many ways they were perfect, because we only saw Americans as young people on the screen, where they had perfect dialogues, perfect lighting, and great exits. 3

Maybe you got the impression they were even more perfect because of the things you were going through at the time in England, as everything looked so gray and dark…And then those colour posters in the tube that eventually called your attention.
True! Exactly! You know England had won the war, but you wouldn’t know it, you wouldn’t notice it. The American money had gone to Germany.

I know your father died in the war. How old were you at the time?
I wasn’t born. I was conceived nine months before January of 1944, and he was killed in June of 1943.

So while your mother was pregnant with you, your father was away…
He was trying to bomb Germany! He was an American pilot. Interestingly he had a family home in America, and at the same time his wife was pregnant, in Texas. So I have a half-sister. I’ve never met her.

So your father wasn’t basically your mother’s husband…
No, it was one of those wonderful things, you know. His name was Andrew Loog. The second name was Loog. My mother’s last name was Oldham, but her mother had changed it from the original one, because they came from Poland and Lithuania.  So there were two women pregnant by the same man, and the one in Texas, Mrs. Loog… (The conversation is interrupted again by a phone that rings. First it was Andrew’s son Max, who lives in Brooklyn. Now it’s a friend who’s calling)

OK now?
Phones. Still better than cell phones. Cell phones are terrible. I don’t travel with a cell phone.

Welcome aboard! You know, I never had a cell phone. I hate them. I hate them too. So why you don’t like them? Is it because you’re reachable all the time?
I don’t live my life like that. I don’t wanna be reachable. I like the idea of coming into my hotel at 6 in the evening and say “were there any calls for me?”

One should remain in the past some way. You have the internet, this and that…
I want to, I want to! When I had lunch today, I was sitting there in a table all by myself. I just study people, and the amount of couples that spend lunch on the telephones! I don’t get it. If it’s good for them, fine. It’s not good for me.

Plus you can get robbed for it, you know. How is it in Colombia?
There’s a place where I go to hike, in Bogota. And there were always robberies in this mountain where people walk up. There were always gangs of young boys, they were probably 14 or 15. Once there was an old man carrying his cell phone, and one of them said to him “listen, you see this gun, it’s already killed seven people, eight won’t make any fuckin’ difference” People ask me “is Columbia still as dangerous as it was?” Probably, but so is the rest of the world. I mean, Manchester or Liverpool, they’re just dangerous. Because of drink, basically. And drugs.

So let’s go back to your mum…
So the wife of Liutenant Loog is also pregnant when his plane is shot down by the Germans and she, this woman in Texas, looks down at her pregnant stomach and she says (and this could only happen in Texas) “whether you’re a boy or a girl, you’re gonna be called Andrew Loog” So the real name of my half-sister is Andrew Loog! And I’m Andrew Loog Oldham! When I published Stoned I wanted to be polite and not necessarily say things that could hurt people, well, some people, and I got this sort of internet private detective that Stephen King uses…

Stephen King, the writer?
Yes, his friend was a friend of mine. So, the detective guy, he didn’t find her. This is in the year 2000. We’ve been to the Air Force records in Waco, Texas, and they said that I had three brothers. I don’t. I hired him to track her down, to find if I had any living family in Texas or Louisiana.
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But you keep in touch with them, although you never visited or met them…
I found other relatives in England because of the publishing of the book, and this is amusing. When I was at the age of 10, that was the first time I was worried about losing my hair. I wanted to see a picture of my father, I just wanted to see what hair he had. My mother had a brother, and I said to her “do you have any pictures of him” “Only with his navy hat”, she said. “But what happened to him?” This is like 1955, I’m 10. She said “well you know, before the war we weren’t really friends, so when the war finished I didn’t see the point of finding out if he was alive or dead” That’s fuckin’ cold, fuckin’ incredible! She was very well-connected, and the American air force had written to her and told her that he had died. So alright, she has a brother or she doesn’t have a brother, either if he got killed in the war, or whatever. Now, cut to the year 2000, the book comes out and about ten months later the publisher, Random House, sends me a letter that arrives in Colombia, and it’s from Michael or something, all right, somebody “Oldham” in the West coast of England, where they made “Straw Dogs”, Sam Peckinpah’s movie. The letter says “we have no idea if our father’s sister is still alive, but we realized that you were part of the family, so we went and bought the book. We wanted to give it to our father, your uncle, for Father’s Day as a present, but unfortunately a week before he had a heart attack. He went into hospital and died!”

You should have never published that book then, maybe he would still be alive!
He might have died a week earlier…

The dark forces of universe…
All of that! All of that! See, my mother’s family went from Poland to Australia. Ironically their grandfather died in Sydney at the age of 42 of liver disease. When they got to England in 1920, it seems they were orphans, and they went to different foster homes. And they said that my mother resented the fact that his brother went to better homes. So she never spoke to him again. This story is so fuckin’ Agatha Christie! So that was that.

So no blood brothers…
No, thank God.

So this story has never been published before. Maybe you referred to it in your book but not with all the details…
If you look at all my books, they’re in there. Probably the stories about my uncle.

Your books are great and you have a very personal way of writing, I enjoyed reading the three first ones very much (Stoned2Stoned and Rolling Stoned) But what happened to Stone Free?
You know the way people think that all the eBooks and Kindle is the future, you know it’s not… 
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I hate them!
I hate them too! But I’m afraid that’s the way it goes. People think that Mac and Apple are only 6 or 8 per cent of the business, but everybody in our business uses them, so we think the whole world uses them. They don’t. When I’m in Colombia, if a technician had to repair my Mac, they don’t know how to do it. Anyway, when the book came out as an eBook, I thought that was the future. I mean, I’m not going with an ordinary publisher, because an ordinary publisher is Harry Potter against everybody. So I gave it to this publisher, and my publicity man in England said to me “Andrew, if I don’t have a print, I can’t get reviews” So they printed them but, and here’s the disadvantage of being with an independent house. If they wanna send the book to England, they’re gonna pay the postage, and suddenly the book that was 20 dollars is suddenly 35 dollars. You cannot expect people to pay so much for a book. So I said to the publisher “OK listen, we tried, we all did our very best but is not working, so let’s finish the deal” Only a few were published, just enough for the reviews. They’re maybe available in independent bookstores in Los Angeles. Let me make us a cup of tea…

Sure, no problem.
You must stop using the words “no problem”

Why? Is it too American?
Yeah. It doesn’t mean anything. Just say “thank you” or, “not for me”!

You know last year I did my first trip to England ever, and I was a bit uncertain about my English, because it sounds rather American. I guess that’s because of the music, the movies, and all that. I mean, even British singers sound American when they sing…
When they sing, not when they speak. But the English, whether or not they have great voices, apart from, say, Joe Cocker, basically they’re acting.

All right now, have you heard the news that Monty Python is back again?
I’ve never liked Monty Python.

Sounds strange for an English person.
No, just a different generation. I like Lenny Bruce, Ernie Kovacs.

So, back to the beginning, now I know what made you become interested in show business. But your first important job was working for Mary Quant as her assistant. Actually her office boy. She put the miniskirt on the high street. The high street. This is very English, it’s strange. It’s the same with, uh, let’s see, if you go to public school, you’d think that would mean it’s for the public. It’s not, it’s for people who pay. Public schools are actually private schools. And it’s the same about high street. A wealthy area doesn’t usually have a high street, but a middle-class area does. One of the biggest stars of the 60s basically was the birth pill. So we did that and was mostly aimed at the working women. If you slept with somebody suddenly it didn’t necessarily mean that you had a baby, and you settled down, and your husband went to work. It was the beginning of both of you could work, right? So Mary did the mini-skirts and that was mostly aimed at the new young working woman. Actually, in music business we would say ‘copying’, but in fashion let’s say she was very influenced by the look of Coco Chanel. So it was basically the same. She never told me that, but if you look at them, they were very similar. Nothing is casual. So yeah, that was my first job.

So that wasn’t any original after all…
See, in England, before the Beatles, I wouldn’t say interesting, but we had a very uncreative life. Cliff Richard, Billy Fury, Marty Wilde, all those people. There was no chance at all that any of those people would have success in other countries. There were occasional freaks like Acker Bill, the Tornadoes with “Telstar”, and a couple of other things. But we copied American pop. But in a way that was unacceptable for America. Thy didn’t need Cliff Richard. They didn’t need Marty Wilde. Until the Beatles there was gonna be no America, simple as that. At the time we had Cliff Richard, Billy Fury, Marty Wilde and that British pop movement from ’58 to ’62. Basically, till the first Beatles’ single, fashion was the pop business. Between Mary Quant, Vidal Sassoon and John Stephen, the man who basically opened Carnaby Street, you know, with these shops and all that, that was the pop business, and it was also a British invention that was exported. You know Vidal Sassoon had a saloon in Hollywood, David Bailey took pictures that were in Vogue magazine…So England had an image in other countries but it wasn’t music.

So pop was directly related to fashion way before music…And by the way how would you define ‘pop’?
Exactly, it was. ‘Pop’ means volume, I mean, volume of sales. It’s like thinking of what’s the difference between a band and a group. You know, Herman’s Hermits were a group, they were never a band. By the way, I saw Peter Noone in Vancouver just a month ago. He was great. There are two versions. In England there’s the Hermits, without Peter Noone, and in America there’s Peter Noone with the Herman’s Hermits, but they’re not the Hermits.

But there was only one in the 60’s…
Yes they were the same people, but then Peter Noone went to America, and the band stayed in England. And they still play, but without Peter Noone.

So basically all the people from your generation – musicians, producers, the music industry  are alive and well…
Oh they are! I mean, rap and hip-hop, they have nothing to do with this, there’s no way. And people who are doing popular music now don’t write songs. One day in Vancouver I bumped into David Crosby on the street, and the first thing I thought was “Oh God I hope he hasn’t read my second book”, because there’s a lot of stuff in it about acid and him. I mean, somebody that old, if he’s an artist, they only have time for themselves. They’re being David Crosby, as it should be, 24 hours a day. In the conversation that we had he said “hey listen man, it’s really great, if you’re over 50, and you can stand up, and you can remember the words, there’s work for everybody”
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So how about your next jump, from fashion to music. How did it happen?
I was never a fashion designer. I don’t know why, I just started doing publicity, and I did people like Little Richard and Sam Cooke. That was incredible, right? Then in the first couple of months of 1963, I was a press agent representing both the Beatles, and Bob Dylan.

And then you publicized Dylan on his first visit to England, I’d consider that a major step…
He was doing the background music for a BBC play. I found out where he was staying, and when I knocked on the door at the hotel, he was there with Albert Grossman, and whatever these two were talking about, I don’t remember what it was. But whatever it was I wanted that. I wanted this conspiracy, this marriage. This is intoxicating. I didn’t say to myself “oh I want to be a manager”, it wasn’t that simple. But whatever it was, I wanted it, I loved it. I wanted to be around this.

And I guess that must have been fun, and good times, and…
It’s only 20 minutes. That’s all it takes.

But Dylan was already big in England, wasn’t he? He was in the magazines, and in the news…
He wasn’t big at all. And he wasn’t big in America either. What happened was, this BBC director had gone on holiday to New York in the beginning of the winter of 1962. And he liked jazz and all that stuff, and he was down in the Greenwich Village, and one of the clubs he went to he saw Bob Dylan. In September or October of 1962 Dylan only had one record out. So this man went to his bosses and said “look we’re doing this play about beatniks” I think it was a Jack London thing, I’m not sure. “So can we bring him over?, it’s only one guy” And they brought him in. I probably got him in the Melody Maker and a couple of other newspapers. They gave me fifteen pounds. I couldn’t get very good publicity for it because nobody wanted to fuckin’ write about him.

So they weren’t interested in a guy singing his folk songs all alone with a guitar…
Only the Melody Maker, but the others ‘pop’ papers didn’t, because the Melody Maker was into jazz, folk, and stuff. So I did that in January, February and March, and then on April 28, that’s when I went to see the Rolling Stones. So basically in the first four months of 1963 I represented the Beatles, the Rolling Stones and Bob Dylan. That was pretty good.

So you represented the three biggest acts at the same time…
Yes, but I didn’t think about it until five years ago. I had them all. I know why I realized it because I was thinking of it at somebody’s funeral. I had realized it before but I realized again at the end of last year because a guy called Chris Stamp died. He was the co-manager of The Who. And I was speaking at his funeral.

You gave a speech…
Well I wouldn’t say a speech, it’s meant to be with a little more humility. You’re supposed to be saying a few words in front of the people. And one of them was Roger Daltrey. Pete Townshend didn’t come because, as Roger said, “Peter’s probably trying to sell a few books” I knew what I was gonna say, but then I made it up. And I said “the great bands…”, and you cannot say this at a funeral, if you say this as a speech somebody’s gonna say “who the fuck does he think he is?”, right? Because it was a private audience. I said “the great bands have great managers” Brian Epstein, for instance, was the perfect manager.

You think so…
Oh yes! He used to be criticized, that he didn’t understand business. Fuck you! He was the perfect manager. So at the funeral I said “you know the Beatles, Brian Epstein was perfect. The Rolling Stones, I was perfect. And with the Who, Chris Stamp, who we are honouring today, and Kit Lambert, who died earlier, they were perfect for the Who. Just nobody else. You wanna talk to me about the Kinks?” And everybody started laughing, because they had terrible fuckin’ managers, they had a terrible fuckin’ record company.

Do you think that’s the reason why they haven’t gotten bigger than they actually were?
Yeah., I think you get what you deserve. The managers were amateurs. One of them was a real estate guy. The other, Robert Wace, I don’t know what he did then, but how he got the job with the Kinks is, he was one of the upper class people. He hired this band (they had a different name then, the Ravens) to play while he sang to all of these girls of the same class at a party. And he was singing Gerry and the Pacemakers songs, and they were backing him and he kinda looked around and went “they’re quite good, I’ll manage them” Anyway bands with two brothers are always fuckin’ trouble. Always. Don and Phil, the Everly Brothers, up to Oasis.

I guess you heard about this rumour that said the Kinks could get together again… T
That’s never gonna happen. Ray Davies says that every time he’s doing a solo tour because he thinks he might sell a few more tickets.

At the time you started working with the Stones they were informally represented by Giorgio Gomelsky, but then you took over with Eric Easton and Impact Sound. So how did that happen?
See, there was a journalist called Peter Jones who worked for the Record Mirror, he said to me “you know, there’s this group, we’re going to write about them, and this young writer who works for us, his name is Norman Jopling, he thinks they’re very good and blah blah blah. Maybe you should go and see them, Andrew” Actually I was quite happy doing publicity, and I had to go see them on a Sunday. They were playing this club, the Station Hotel, in a room at the back of the Station Hotel, in Richmond. Giorgio Gomelsky hired the room and presented this “Rhythm and Blues Night” So I thought, “I don’t really wanna go” because, living in Hampstead I thought that I would have to get the tube train into the middle of London, and then out again to Richmond. And that on a Sunday was going to take two fuckin’ hours. And Sundays, I used to spend them with my mother. She cooked, she ironed my shirts. I mean, a Sunday home. And we all sat at 8 o’clock and we watched  the equivalent of the Ed Sullivan Show, which was Sunday Night at the London Palladium. But then my girlfriend at the time, who later became my first wife, said “Andrew, you know, there are trains that go overground, instead of underground, and they go from Hampstead, Finchley Road” So I could go straight. In a way I was disappointed, I actually didn’t want to go but the I thought, if I don’t go, when I go see Peter Jones on Tuesday, that wouldn’t be any good, as I was trying to sell him stories. At the time I didn’t care about Rhythm and Blues, I really wasn’t really interested, you know, and I had never heard about the Rolling Stones. So I went. I get off the train in Richmond and then, to get to the back of the Station Hotel, I don’t think you could go into the hotel and walk to the back. You had to get to the back, and there was an alley, and I’m walking down the alley, and there’s this couple having a fight, or an argument. And they were very attractive. And they looked like each other, which makes it more attractive. And I go in, and when the Rolling Stones come onstage I realized that the boy in that couple was Mick Jagger, and he was with Chrissie Shrimpton. Years later I realized that it was one the longest fuckin’ walks in my life, from the Richmond station over to the back door. Ten years ago, I went there, and it’s only from here to there!
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So how did you talk Dick Rowe into signing the Stones?
Simple, because he turned down the Beatles, he said no to them. Decca then would have signed anything. They would have signed Davy Crockett, or a ventriloquist dummy. 

It’s well-known you started encouraging Mick and Keith to write songs, that’s a fact. But what about the kitchen story? True or not? Nobody better than you to confirm or deny it…
Well that story is true, but it’s like when the accordion is in, that’s the story. But when you open up the accordion, the real story is that it took more than a few days. And the reality is that I said to them “for all the different reasons you have to write. I’m gonna take my laundry to my mother’s and when I come back, you’ve gotta have started something” That was in their place at 33 Mapesbury Road. And they did. They thought it was a joke. I think it’s Keith that said something like “what’s he’s talking about?” My attitude was “you play the guitar, therefore you can write a song” You know, “you’ve got all the ammunition”

At the same time you discovered Marianne Faithfull. That’s when she recorded “As Tears Go By”. What about that famous anecdote, when you described her as “an angel with big tits”?
I’ve never said that. Never. I don’t speak about anybody like that. Philip Norman put it in his book, but I don’t know where he got it from. I did not say it. I would never speak like that about somebody who I represented. Image

What about artists in general?
90 per cent of the time they’re selling something, and only 10 per cent is doing the work. For example, and this has nothing to do with his book, but over the years, save for the last 20 years, I would read Keith Richards interviews and I’d say to myself “hasn’t he got anything else to say? He keeps repeating the same fuckin’ stuff” It’s like a fuckin’ monkey on a wheel, right? Then, when I had to promote Charlie is My Darling in America two years ago, I didn’t fuckin’ believe it. I mean, I hadn’t done any promotion in America particularly, not intensely like we were promoting Charlie is My Darling. I had to go to two interviews, one at MTV and one at CBS. I had to go through this thing where, somebody rehearsing for the interview wanted to know what my answers would be. Before I was on TV, or before the interview! So it goes like this, they ask me a question like “when you first saw the Rolling Stones?” “Well” (he gets sarcastic), “this wonderful wave came over me, I just knew suddenly what my destiny was…” (laughs) The producer, or the interviewer, or the assistant, wanting to know what my answers are gonna be to their questions!

Was it also like that in the 60’s?
Oh no, this is now. Now we are in the era of…How many times did you see people being interviewed on TV go “now that’s an interesting question!” Then when you go live on TV, and they know what your answers would be because of that policy, there’s nothing for you to answer! They (the interviewers) wanna be the stars. They wanna be the celebrities and they wanna have all the information. When Keith does the interviews, in this new generation of doing interviews, all that exists in the end is the sound byte. And it gets worse. There’s a woman producer there, and then it’s as I’m not there! She says “ask him some more dangerous questions, you haven’t said anything good yet” And the result is Justin Bieber and Miley Cyrus. Justin Bieber, it’s great. Miley Cyrus is great. The other one, Taylor Swift, she used to be great. Then she fuckin’ turned into Bette Davis.

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What about records today?
To me it’s very difficult these days to make a record that has any sex in it, that turns corners in a human way in a world that is pure technology. Technology has a condom on it. It doesn’t matter if you make the records now with tape, it’s still gonna be destroyed by the technology.

And it’s the same with today’s artists?
Well, I don’t like Miley Cyrus smoking marijuana in public. We took drugs incrementally. We started out with pot, then we went to speed, then we went to this or that, and we looked at the medical books to know what we were doing. I don’t do drugs now, but I used to think that marijuana was OK for people who aren’t addicts or alcoholics, but it’s not the marijuana we know from the 60’s. It’s a chemical. And that’s different. Food is also full of chemicals. Bread is not bread. Or chicken. Or fish.

Keith Richards says he got into heroin because he felt he was too shy to face fame. I never thought of him as a womanizer or a real hellraiser.
Yes, I believe it. It’s the same when Paul McCartney talks about John Lennon and says “Brian Epstein liked me too” I mean, who cares? Keith likes having the reputation as a womanizer. I don’t remember that. He may have been it. If he was, he was very quiet about it. My first wife fixed him up with his first girlfriend, Linda Keith, because he had to go out with somebody! And Linda was going out with Jimi Hendrix at the same time! She just wanted to improve her status of Keith’s woman at the time. She was a clever woman. And when she took me to see Jimi Hendrix in New York (he was working for James Brown and they already did a great version of ‘Satisfaction’), after she asked me to take her out for dinner, we went to see him and Hendrix was so fuckin’ stoned. Either he didn’t play that night, or he did play and I was too confused. She was sleeping with Keith, and I was managing Keith at the time, and so I asked myself what the fuck I was doing there. If Jimi Hendrix played, I didn’t pay attention. So afterwards I go back to the hotel, it was like 2 o’clock in the morning, and there was a message from my wife in England that read “Linda called me and said that you had asked her out, what are you doing taking Linda Keith out?” Women in music, you know. If you look at the process of writing, it’s basically two guys that live together, and they write great songs. Whether it’s in a room, backstage, in a van. Most of their lives, they can’t afford girlfriends. Then they get girlfriends and they go to separate apartments. It doesn’t matter if it’s John Lennon and Paul McCartney, it doesn’t matter if it’s Mick and Keith, or Steve Marriott and Ronnie Lane. Then they make appointments to get it right with each other, and hopefully with their fuckin’ girlfriends out.

And that’s no good for a band. Like the Brian, Anita and Keith thing, right?
When Allen Klein started being the business manager, we were doing a tour, and I never wanted their girls on the road. Never wanted them in the studio, or on the road. He flew them in. There’s distraction because a man would behave differently in front of his woman, it’s obvious, as simple as that. Allen Klein flew them in. So that’s how it goes with bands and girlfriends. Then the next thing that happens, they get famous, and they’re busy, and what happens is one of them pretty much writes a whole song, and takes it to the other one, and maybe the other one says “you could do the bridge better” or “how about this to end it?” Then eventually there’s no contribution. One writes a song, and it’s pretty much finished. Steve Marriott of the Small Faces once said to me “Ronnie doesn’t fuckin’ do anything”, or the other way round. I said “does he still tell you when the song is ready? When it’s finished? When to stop? If he does then he’s still worth 50 per cent!”

8Was it also like that with Humble Pie after the Small Faces?
It was different, and very strange. Steve Marriott demanded that you loved him and him only.

Back to the Stones, do you get on with them nowadays, are you in contact with any of them?
I vaguely stay in touch with Keith through his manager. He sends me faxes. I once was with him at this Rock and Roll Hall of fame thing in a place in New York in the 80’s and I saw Billy Joel was there too. So I told Keith “see, there’s Billy Joel, I’d really want to talk to him” And Keith says “what do you wanna talk to him for?” I said “he writes by himself, I wanna ask him how he does it” So we go over and Billy Joel doesn’t understand what the fuck I’m talking about. “How do you do it, Billy? How do you know when to stop? How do you know which wall to bounce off of? What is your feedback if there isn’t someone else with you?” Well because he does it, my questions weren’t making sense to him. And Keith says “Andrew, he doesn’t fuckin’ understand what you’re talking about, let’s fuckin’ leave him alone” I mean, my questions weren’t logical to Billy Joel because he had never dealt with I was talking about, which was about two people writing.

A case for that would be the Elton John-Bernie Taupin songwriting team…
I wish he had stopped! (laughs) It was so fuckin’ boring! I mean, the last four records I listened to, I listen to all of Paul McCartney, all of David Bowie, I listened to two of Elton John, and I listen to all of Carlos Vives. I would never play those records again. I played them once, their new records. Bowie’s single was like a very attractive shop window, and then when you go into this shop, the shop’s empty. And Paul McCartney, onstage and in life he’s the greatest fuckin’ entertainer, and he’s incredible. In the last two years, and in a very polite way, he killed John Lennon. Fine. He finally did. John Lennon in death cannot compete with the life force of Paul McCartney. When Paul McCartney’s new album came out, most people went “it’s fuckin’ terrible!” Then I don’t know what happened. A couple of people who write in America who are regarded as important, like Bob Leftsez, they would change their mind, they suddenly went “oh it’s a great record!” So I get to my place in the jungle, and play it, and I say “he’s got to be kidding!” Four producers and all. I’m not criticizing him. I understand that him, or Elton John, have to go into the studio and make a record. Because when we were 20 or 25, there was a passion. Now, they’re 70, and it’s a disease, basically. So the problem is, when these people make records, they may feel young making them, but when we listen them we feel old. It makes me feel fuckin’ old, I don’t wanna listen to it. Now his show is fuckin’ great, but we don’t need the record. Ironically, there was a record about five years ago, Neil Diamond recorded with Rick Rubin. I thought “oh this should be good”, I bought it. Now he didn’t do with Neil Diamond what he did with Johnny Cash but then again Johnny Cash was dying, so it’s different. Makes the relationship and the result different. But what happens after you listen to it, you don’t remember any of the songs that are on the record, but you start remembering the old Neil Diamond songs. And it’s the same with Paul McCartney’s “New” album. When I was listening to it, the next two days I started to sing Wings songs. And it’s the same with Brian Wilson’s Gershwin record. There’s only one track that sounds like “Pet Sounds”, and that was in the commercial. The rest is fuckin’ crap. It sounds like Alvin and the Chipmunks, it’s terrible. Old people make old music, that’s it.

And how was it when you formed Inmediate Records?
Very simple. I liked the idea of an independent record company, I was copying Phil Spector, Red Bird, Leiber & Stoller, Liberty Records, Specialty Records, but also I was getting stoned. And I didn’t want to go on with Decca anymore. Because everything they said, as I was stoned, I thought it was funny. So I formed my own record company.

Well it didn’t work bad…
It worked great, as long as I had the money to pay for it.

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Your last book, Stone Free, was dedicated to Brian Epstein.
Sure, it’s a book about managers. Because he was the first. Very often I’m into situations like ”you have in your mind Brian Epstein was not a good manager?” If Brian Epstein hadn’t persevered and got his boys a recording contract, we wouldn’t be here now. Simple as that, he opened the door. Because, look at the insults they were throwing at him in the beginning. There were two things going against him that were very bad in England in 1961 or 1962. That he was Jewish and that he was Gay. Tough, very tough. Both were nearly against the law! (laughs)

The only insult left would have been that he was black…
Right, very good.  Paul McCartney did too. He was on this TV program once, and his father had told him Jews were clever people so he should sign with Brian. But the point is, after Decca, he got them EMI . Let’s remember that one of the reasons was because his family record shop sold a lot of records a week. But they still fuckin’ insulted him by putting him on Parlophone, because Parlophone was a comedy label. George Martin was a comedy producer. He produced the people that were the Monty Pythons of the 50’s and 60’s. The Goons, with Peter Sellers and Spike Milligan. He produced a British comedian called Charlie Drake, who covered “Splish Splash” and had a hit with it. He produced the no. 1 record of 1959, which was Peter Sellers and Sophia Loren with “Goodness Gracious Me” So fuckin’ silly. It was an accident hat George Martin could turn out to be the perfect person for them. I tell you, George Martin didn’t go to the first two sessions. His assistant did “Love Me Do” and “Please, Please Me”, and during “Please, Please Me” the assistant picked up the telephone, called George Martin and said “George I think you should come down here, they’re good” So the consolation prize for the assistant is that they made him and A&R man. His name was Ron Richards, and he went on to produce the Hollies. Look at what happened in America. Capitol Records, which was EMI, didn’t want to release the Beatles. And so, without Brian Epstein haven’t kept going, I wouldn’t be here now, I wouldn’t be on the radio for twenty hours a week, and that’s life.
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This isn’t your first visit to Argentina. The first time was in the early 90’s when you were hired to produce the Ratones Paranoicos, and then you mixed an album by Charly García.

I was not up too much as regards work in the early 90’s. I had tried to work with a couple of Colombian acts, but for various reasons the results were not satisfactory. Well, to start with, I perhaps should not have been attempting to work with acts whose inspiration was based in the 80’s….Soft Cell, The Human League. I mean , I liked some, actually a lot of records from that time, but I probably had no business trying to produce it. I was not that kind of producer. Interestingly I was in a taxi yesterday here in B.A. and Hall & Oates’ “Out of Touch” came on the radio. I just loved that record at the time and yesterday I realized one of the reasons why. There are at least two or three Motown songs stitched and threaded into the Hall & Oates’ song. “It’s the Same Old Song” by The Four Tops is just one. Anyway so I am in Los Angeles in the early 90’s, hanging in Malibu where my wife Esther, our son Max and I found our first dog which was headed for the dog pound until we stuck her in a hatbox with half a valium and shipped her back to Colombia where she stayed with us for nearly a dozen years. First dog in our tribe. Then I got a message in Malibu, a guy called Cachorro López was trying to get hold of me. We spoke, he was calling on behalf of the Ratones; they wanted me to produce their first recording for Sony. So I came down to Buenos Aires for the first time. It was love at first sight. With the Ratones Paranoicos, with Buenos Aires, with the spirit of Argentina. The Ratones and Argentina gave me life, and I gave them hits. It was a good exchange. Their music was much more natural to me than the stuff of the 80’s and we made some great music together. The Rolling Stones, Humble Pie and the Ratones Paranoicos, the top three musical experiences with bands in my life.

I heard you’ve just been inducted for the Rock and Roll Hall of Fame this year. I believe that’s nothing but great news, isn’t it?
It certainly is news, unexpected. Of course it is an honor to be inducted with Brian Epstein, for all the obvious reasons, as in when he unlocked the door for his lads, the Beatles, we all became his lads in some strange way. On the other hand I feel as if someone else is being inducted, perhaps a different but parallel version of how Yusuf Islam feels about Cat Stevens getting the same nod. I made my home in Latin America in 1975, I have nothing really to do with England. I was watching the queen’s 50th celebrations a while ago, filmed at Buckingham Palace in 2002. Amazing how just a dozen years later it all looked so felliniesque and grotesque. I was brought up to think that the honor was in the work accomplished, what I accomplished, what I suppose I am being acknowledged for not before almost feels like it happened in another life.

Last question. You’ve always used this very special kind of twisted and kind of mixed-up language in the liner notes of the Stones’ albums, or in your books. Was it done somehow on purpose?
See, when I write a book is like making a record. First I have to entertain myself.

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ENTREVISTA: Andrew Loog Oldham. (Casi) Como un Rolling Stone

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 Publicado en Evaristo Cultural el 2 de enero de 2014

No resulta nada extraño ingresar a la habitación de hotel de Andrew Loog Oldham y descubrirlo hablando por teléfono. Es una de las actividades más comunes en sus últimos cincuenta años, más precisamente desde que se inició en el mundo del show business británico y derivados. Pero el caballero inglés ahora está recostado en su cama y luce shorts y sandalias. No hay motivo para alarmarse. Pero sí es toda una sorpresa que le esté comentando a su interlocutor sobre cuánto disfrutó de algunas películas argentinas que estuvo viendo durante su estadía en Buenos Aires. “Oh sí, Ricardou Darín, es fantástic, me encantó ‘El secretou de sus ojes’…” (sic) Es cuando uno se pregunta sobre la pequeñez del mundo en que vive, la globalización, y todo eso. Después de todo éste es el hombre que, desafiando a su informalidad, ostenta el título de haber sido el mánager y productor original de los Rolling Stones durante los cuatro primeros años de la banda, en rigor, los esenciales. Lo cual no es poca cosa. Y además uno de los productores discográficos anglo más emblemáticos de la historia del rock y el pop, junto a su rol de empresario y asimismo, desde hace más de una década, su propio biógrafo, y escritor incorregible. “Y la otra, “Cuentou chinou’, tembién es muy buena. Sí, sí, las compré, cariñou” (sic) Oldham está hablando comunicándose con su esposa en Colombia, país que adoptó como residencia hace ya casi una treintena de años. Y entonces es justamente ahí cuando uno se pregunta cómo es que, después de tanto tiempo viviendo en una nación hispanoparlante, su pronunciación no haga honor a la lengua de su tierra, y entonces no titubee al hablar puro spanglish. “Buenou, hablo un pouco de español, pero hagamos la entrevista in English, OK?” (sic) Seguro, Andrew, desde ya, haremos la entrevista en inglés. Y va a ser extensa. De hecho hablaremos, debatiremos, y hasta perderemos el sentido original de ésta, por algo más de dos horas. Mientras tanto sobre una de las mesas de la habitación de Oldham hay al menos media docena de frascos de vitaminas,y de hierbas hepáticas en grageas (“Debo cuidar mi hígado, es hereditario, viene de mi abuelo”) También hay varios tipos de té inglés en hebras que adquirió en la ciudad, y una bolsa de plástico tamaño familiar repleta de nueces, almendras y avellanas secas, con las que amenizará el encuentro en varias oportunidades. Atónito, Oldham se queja de los precios de los taxis en Buenos Aires. Le digo que no se preocupe, que están a tono con los del supermercado. Habla. Mucho, casi incansablemente, y no le es fácil dejar de hacerlo. A sus casi 70 años de edad, y dueño de una memoria prodigiosa, es un narrador de historias indisputable avalado por un arsenal ilimitado de experiencias y anécdotas que, al fin y al cabo, son el leitmotiv de su trayectoria, aún cuando sugiere estar algo apurado por ponerse a empacar todo lo que compró en la ciudad (“Me va a llevar un día completo, siempre termino comprando muchas cosas, las colecciono”) Está de visita en la ciudad para participar de una conferencia para la cual fue contratado por una firma local. Y aprovecha para quedarse unos días más en Buenos Aires, ciudad que, declaradamente, le fascina. Confieso, a lo largo de la entrevista me ví obligado a reprimir mi objetivo básico de formularle casi exclusivamente preguntas sobre sus años junto a los Rolling Stones. Que en definitiva abarcaron menos de un lustro, pero sí fueron los años formativos de la banda. Oldham estuvo allí, casi desde el génesis mismo del grupo, y en cada sesión de grabación o concierto. Desde que el grupo era un nombre más en la escena underground londinense del momento, y hasta su catapultamiento al estrellato, del cual fue, por cierto, parte fundamental. Pero no, es en vano, Oldham prefiere pasearse por su laberinto interminable de historias, y finalmente termina siendo imposible anclar en los puertos que uno eligió. Pero deja en claro que seguramente no faltará ocasión para hacerlo en un futuro. Será Justicia.

Usted nació en los años ’40 pero es considerado un hombre de los 60s, y básicamente desarrolló su carrera de esa década en adelante. ¿Qué es lo que lo llevó a interesarse por la industria del espectáculo? Sé que siempre tuvo una fuerte atracción por la llamada “cultura pop”. ¿Pero hubo algo más?
Cuando yo tenía nueve o diez años, y no podía viajar en subte por mi mismo, lo hacía con mi madre. Vivíamos en el barrio de Hampstead, en Londres. Había una parte de mí que le tenía pánico al subterráneo, a los trenes, al ruido, al viento que había allí dentro. Para mí representaba el peligro mismo. Pero también porque, durante el primer año y medio de mi vida, si bien no era consciente de ello, cada vez que los alemanes bombardeaban la ciudad, éramos trasladados abajo, al subte, mientras sonaban las sirenas. Realmente no lo recuerdo muy bien. Las personas que son un poco mayores que yo lo recuerdan perfectamente. Como distracción para mí en toda esa experiencia de la guerra lo que sucedió fue…¿Estuviste alguna vez en Londres? ¿Y viste el subterráneo?

Sí, el año pasado, y por supuesto, viajé en subte muchísimas veces.
OK, pienso que el subterráneo es aterrador. Sabés a qué me refiero. Las vías, el peligro…

Bueno, diría que en general es muy angosto. Tal vez esa sea la razón por la que informalmente lo llaman “el tubo”.
Desde ya, es así. Creo que tenés toda la razón en eso. Nunca lo había pensado antes. Es increíble como la gente arriba adonde uno nació y localizan las partes obvias del lugar. Como fuera, me atraían muchísimo los afiches de las películas, ya que generalmente la música no era publicitada. El subte estaba lleno de todos esos pósters de películas, podías verlos mientras bajabas las escaleras, por lo que era toda una distracción, una auténtica fascinación, y me sentí naturalmente atraído por ese escape maravilloso. Particularmente las películas americanas, y en segundo lugar por las palabras del tipo “producida por”, “presentada” o “dirigida por”. Desde ya, sabía que nunca iba a ser John Wayne, ni tampoco…

Joan Crawford…
¡Ni tampoco Joan Crawford! Tal vez Mick Jagger lo sería…(risas) Sabía que no iba a ser James Cagney, o Tony Curtis. Y aparte, durante aquel momento, los americanos ya se habían ido de regreso a casa, y de algún modo los considerábamos seres perfectos. Porque sólo los veíamos en la pantalla, donde tenían diálogos perfectos, iluminación perfecta, e increíbles ganancias.

Quizás sea que tuvieron una impresión más perfecta de lo que realmente era todo eso teniendo en cuenta la situación que por entonces Uds. estaban atravesando en Inglaterra, si es que todo lucía tan gris y oscuro como dice. ¡Y esos afiches coloridos en el subte, entonces, les llamó eventualmente la atención!
Es verdad. ¡Exacto! Vos sabés, Inglaterra había ganado la guerra, pero uno lo desconocía completamente, era imposible verlo. El dinero de los americanos se había ido a Alemania.
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Sé que su padre murió en la guerra. ¿Qué edad tenía en aquel momento?
No había nacido. Fui concebido nueve meses antes de enero de 1944, y él había muerto en junio de 1943.

Por lo que entiendo que su madre estaba embarazada de Ud., mientras su padre estaba lejos…
¡Es que él estaba intentando bombardear Alemania! Era un piloto estadounidense. Interesantemente al mismo tiempo tenía su familia en los Estados Unidos, y al mismo tiempo su propia esposa también estaba embarazada, en Texas. Por lo que tengo una media hermana. Nunca la conocí.

Entonces su padre no era básicamente el esposo de su madre…
No, es una de esas cosas, sabés. Su nombre era Andrew Loog. Loog era su apellido. Y Oldham era el de mi madre, pero su madre, mi abuela, había cambiado el apellido original que tenían, ya que habían venido de Polonia y Lituania. Y los judíos que habían emigrado siempre querían parecer ingleses. Así que había dos mujeres embarazadas por el mismo hombre. Y una de ellas en Texas, la Sra. Loog…(La entrevista se ve interrumpida nuevamente por el llamado del teléfono de la habitación del hotel. Antes había sido su hijo Max, quien vive en Brooklyn, New York. Esta vez se trata de un amigo)

Teléfonos que suenan, es parte del folklore permanente de su vida…
Es todo el tiempo así. Como fuera, los prefiero antes que los celulares. Son terribles. No uso teléfonos celulares cuando estoy viajando.

Lo entiendo, nunca tuve un teléfono celular. De hecho, los odio.
¡Yo también los odio!

¿Y cuál sería el motivo? ¿El resultar ser accessible en todo momento?
Sí. No vivo mi vida de esa forma. No quiero ser accesible todo el tiempo. Me gusta la idea de llegar a mi hotel a las seis de la tarde y preguntar “¿hubo alguna llamada para mí?”

Es que algo del pasado debemos mantener, de alguna manera. Ya es más que suficiente con la internet, con ésto y lo otro…
¡Es lo que quiero! ¡Es lo que quiero! Estaba almorzando este mediodía, y me gusta estudiar a las personas, lo hago todo el tiempo. ¡Y veía todas esas parejas que almorzaban hablando por teléfono! No lo entiendo. Si es bueno para ellos, OK. Pero no lo es para mí.

Hasta podría darse el hecho que lo asalten por un teléfono, sucede bastante a menudo. ¿Cómo es en Colombia?
Hay un lugar al que suelo ir a escalar de vez en cuando, en Bogotá. Y siempre ocurren robos mientras la gente está subiendo. Siempre hay pandillas de chicos jóvenes, de no más de 14 o 15 años de edad. Una vez ví a un hombre mayor que hablaba por su celular, y uno de estos chicos se le acerca y le dice “¿Ve este revólver? Ya mató a siete personas, matar a uno más no haría ninguna maldita diferencia…” La gente me pregunta “¿Colombia es aún tan peligrosa como solía ser?” Probablemente, pero también lo es el resto del mundo. Por ejemplo, hoy día, Manchester o Liverpool, se han vuelto ciudades peligrosas. Básicamente por problemas de alcohol. Y de drogas.

Quisiera retomar el tema de su madre…
Por supuesto. Entonces la esposa del Teniente Loog está embarazada, y su avión es derribado por los alemanes y entonces ella, esta mujer en Texas, le echa un vistazo a su estómago y dice – y esto sólo puede suceder en Texas – “ya seas varón o mujer, te llamarás Andrew Loog” Por lo que el nombre real de mi media hermana es Andrew Loog. ¡Y yo me llamo Andrew Loog Oldham! Cuando publiqué Stoned (N de la R: el primer libro que escribió Oldham) , intenté ser amable y no decir cosas que necesariamente podían herir a algunas personas. Bueno, a algunas de ellas. Y entonces conseguí a esta especie de detective privado que usa Stephen King.

¿Stephen King, el escritor?
Sí, es amigo mío. Esto fue en el año 2000. Pero el detective no pudo encontrarla. Incluso recurrimos a los expedientes de la fuerza aérea en Waco, Texas, y allí me dijeron que yo tenía tres hermanos. No es verdad. Lo contraté para rastrearla, para ver si tenía algún familiar vivo en Texas o en Louisiana.

5OK, pero Ud. dice que se encontró con ellos, que nunca los conoció, pero se mantienen en contacto.
No, no quiero conocerlos. Gracias a la edición de mis libros, descubrí otros familiares en Inglaterra, y esto es realmente divertido. Cuando tenía 10 años, me preocupé por primera vez sobre la pérdida de cabello. Quería ver una foto de mi padre, solo quería ver qué tipo de cabello tenía. Mi madre tenía un hermano, y le pegunté si tenía alguna fotografía de él. “Sólamente con su gorra de la Marina”, me contestó. “¿Pero qué sucedió con él?”, le pregunté. Y ella me contestó “Bueno, sabés, hasta que empezó la guerra realmente nunca fuimos muy amigos, así que para el momento en que la guerra terminó, sinceramente no le ví mucho sentido en ponerme a averiguar si estaba vivo o muerto” ¡Eso es terriblemente frío, terriblemente increíble! Ella estaba muy bien conectada, y la fuerza aérea estadounidense le había escrito para informarle que su hermano había muerto. Así que nunca supe mucho, si tenía o no tenía un hermano, si había muerto o no en la guerra, lo que sea. Ahora pasemos al año 2000. Mi libro es editado y alrededor de diez meses más tarde Random House, la editorial, me envía una carta a Colombia firmada por un tal Michael Oldham, que vive en la costa oeste de Inglaterra, en el mismo área en que se filmó Los perros de paja, la película de Sam Peckinpah. La carta decía “No tenemos idea si la hermana de nuestro padre aún vive, pero llegamos a la conclusión que eras parte de la familia, así que fuimos y compramos el libro. Queríamos dárselo a nuestro padre, tu tío, como regalo para el Día del Padre, pero lamentablemente una semana antes de esa fecha tuvo un ataque al corazón, lo llevaron al hospital, y falleció” Esta historia es tan Agatha Christie…

Entonces creo que no debería haber publicado nunca ese libro. ¡Tal vez su tío aún estaría vivo!
No creo, hubiera muerto una semana antes (risas)

Las fuerzas oscuras del universo…
¡Todo eso! ¡Todo eso!.

Por lo tanto no tiene ningún hermano de sangre…
No, gracias a Dios.

Sus cuatro libros son realmente fascinantes (N de la R:: “Stoned”, “2Stoned”,”Stone Free” y “Rolling Stoned”, solamente este último título fue publicado en el país) ¿Pero qué sucedió con Stone Free? Es como si hubiera sido sacado de la venta…
Es así. Ya sabés cómo es que piensa la gente, que los libros electrónicos y el Kindle son el futuro. Sabemos bien que no es así.
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¡Los odio! ¡
Yo también! Pero temo que es así cómo las cosas están yendo. La gente piensa que Mac y Apple son solamente el 6%, o el 8% de la industria, pero todo el mundo en nuestra industria las emplea, por lo que pensamos que todo el mundo las utiliza. No es así. Cuando estoy en Colombia, si un técnico tuviera que reparar mi Mac, no sabría cómo hacerlo. De todas formas, cuando Stone Free fue editado como e-book, pensé que se trataba del futuro. Quiero decir, no iba a contratar a un editor cualquiera, ya que un editor común y corriente sólo se interesaría en Harry Potter. Así que se lo dí a un editor, y mi publicista en Inglaterra me dijo “Andrew, si no cuento con una versión tradicional en formato de libro, no voy a poder conseguir que lo comenten en las revistas” Por lo que lo imprimieron. Pero he aquí la desventaja de trabajar con una editorial independiente. Si quieren enviar el libro a otro país, también van a tener que encargarse de los gastos de envío, y de buenas a primeras el libro que vale 20 dólares pasaría a costar 35. Nadie puede esperar que alguien pague tanto por un libro. Entonces le dije al editor “OK, lo intentamos pero ésto no está funcionando, así que abandonemos la idea” Sólo unos pocos fueron publicados, la cantidad suficiente para enviarle a los críticos. O seguramente haya algunos pocos disponibles en librerías independientes en Los Angeles.

¿Se enteró del regreso a escena de los Monty Python?
Por supuesto, pero jamás me gustaron.

Suena extraño escucharlo de boca de un ciudadano británico…
No, es un tema generacional. Prefiero a Lenny Bruce o Ernie Kovacs.

OK, volviendo al tema principal, ahora finalmente sé que fue lo que lo llevó a interesarse en el negocio de la música. Pero entiendo que su primer trabajo realmente importante fue el de asistente de la diseñadora de moda Mary Quant…
Su cadete, en realidad. Ella fue quien puso de moda la minifalda en la high street. Esto es muy inglés, es extraño. Dejame que te lo explique. Es igual que cuando, por ejemplo, si vas a la escuela pública, se piense que es para el público en general. No lo es, es para la gente que paga por ella. Las escuelas públicas en Inglaterra son realmente las escuelas privadas. Y sucede lo mismo con la palabra “high street”. Un barrio pudiente no necesariamente tenga una high street, pero sí la tiene un área de clase media. Una de las más grandes estrellas de los 60s fue la píldora anticonceptiva, que estaba principalmente orientada a las mujeres de la clase trabajadora. Si te acostabas con alguien, no necesariamente significaba que ibas a tener un hijo, sentar cabeza, y tener un esposo que vaya a trabajar. Y Mary Quant hizo esas prendas, las minifaldas, para ese tipo de mujeres. Es lo que en la industria musical llamaríamos “copiar”, pero en términos de moda digamos que estuvo muy influenciada por Coco Chanel. Básicamente era lo mismo. Ella nunca me lo dijo pero, si las ves bien, eran muy similares. Nada es casual. Y sí, ese fue mi primer trabajo.

Por lo que la famosa minifalda inglesa no tenía nada de original…
Sucede que en Inglaterra, antes de los Beatles, no digo que no haya habido nada interesante, pero teníamos una vida de escasa creatividad. Con respecto a los músicos, sólo unos pocos, Cliff Richard, Billy Fury, Marty Wilde, toda esa gente. No existía ni la más remota posibilidad que cualquiera de esos músicos hubieran  sido populares en otros países. Había casos ocasionales como los Tornadoes con la canción “Telstar”, y un par de cosas más. Pero lo que en verdad hacíamos era copiar el pop americano. Pero de alguna manera eso resultaba inaceptable en los Estados Unidos. No necesitaban a Cliff Richard. No necesitaban a Marty Wilde. Jamás íbamos a tener ningún tipo de impacto en ese país. Hasta que aparecieron los Beatles. Fue así de simple. Durante el tiempo en que teníamos a Billy Fury, Cliff Richard, Marty Wilde, y todo ese movimiento pop desde 1958 a 1962, básicamente, y hasta el lanzamiento del primer simple de los Beatles, el negocio del pop tenía que ver principalmente con la moda. Entre Mary Quant, Vidal Sassoon y John Stephen, el hombre que básicamente inauguró Carnaby Street, con las tiendas y demás,  de eso se trataba exclusivamente la industria del Pop, y se trató de un invento inglés que también fue exportado. Vidal Sassoon  tenía su propio salón en Hollywood, David Bailey hizo fotos para la revista Vogue, etc. Inglaterra tenía su propia imagen en otros países, pero no tenía que ver con la música.

Entonces el movimiento pop estaba relacionado con la moda antes de hacerlo con la música. ¿Existe alguna manera de lograr una definición más lograda de tan famoso término?
Exactamente, así fue. “Pop” significa volumen, volumen de ventas. Es como pensar entre la diferencia entre una banda y un grupo. Los Herman’s Hermits, por ejemplo, eran un grupo. Nunca fueron una banda. Ví a Peter Noone (N de la R: la figura más emblemática de los Herman’s Hermits) en Vancouver hace algo de 1 mes atrás. Fue fantástico. Existen dos versiones del grupo. Están los Hermits de Inglaterra, con Peter Noone, y en los Estados Unidos está Peter Noone con los Herman’s Hermits, pero no son los Hermits originales.

Pero en los años ’60 había sólamente un grupo llamado Herman’s Hermits…
Sí, eran las mismas personas, pero luego Peter Noone se fue a los Estados Unidos, mientras que el grupo se quedó en Inglaterra. Y aún tocan, pero sin Peter Noone.

Entonces básicamente toda la gente de su generación –músicos, productores, la industria musical en general – están vivitos y coleando…
¡Si, lo están! Lo que quiero decir es, el rap, el hip-hop, no tienen nada que ver con esto, de ninguna manera. Y la gente que hoy día hace música popular no escribe canciones. Un día en Vancouver me crucé en la calle con David Crosby, y lo primero que pensé fue “¡Oh Dios espero que no haya leído mi segundo libro!”, porque escribí bastante sobre él y su relación de ese momento con el LSD. Digo, alguien de esa edad, si son artistas, solo tienen tiempo para ellos. Son David Crosby veinticuatro horas al día, como debe ser. En la conversación que tuvimos aquella vez me dijo “Mirá, es realmente buenísimo, si tenés más de 50, y todavía te podés parar, y recordar las letras, ¡hay trabajo para todos!”

¿Cómo fue el siguiente salto, del mundo de la moda al de la música? ¿Cómo sucedió realmente?
Nunca fui diseñador de moda. No sé realmente como fue que sucedió, de repente estaba trabajando de publicista, junto a gente como Little Richard o Sam Cooke. ¿Increíble, no? Y entonces en los primeros dos meses de 1963, me convertí en agente de prensa representando al mismo tiempo a los Beatles y a Bob Dylan.

6Eso fue cuando le tocó promocionar a Dylan en su primera visita a Inglaterra, lo que podríamos considerar un paso realmente importante…
Dylan estaba haciendo la música de fondo para una obra teatral de la BBC. Averigüé dónde estaba alojado, y luego de golpear la puerta de su cuarto de hotel, ahí estaba junto a Albert Grossman, su mánager. No recuerdo ni siquiera remotamente de qué estaban hablando. Pero fuera lo que fuera que discutían, quería éso. Quería esa conspiración, ese matrimonio. ¿Se entiende? Era intoxicante. Nunca me dije “Oh quiero ser manager”, no era tan simple. Pero fuera lo que fuera, lo quería, lo amaba. Quería estar alrededor de todo eso.

Supongo que habrá sido mucha diversión, buenos momentos, y…
Sólamente veinte minutos. Es todo lo que lleva.

Pero Dylan ya era muy conocido en Inglaterra, ¿verdad? Ya estaba en las revistas, en las noticias…
No era famoso en lo más mínimo. Y tampoco lo era en los Estados Unidos. Lo que aconteció fue que un director de la BBC se había ido de vacaciones a New York a comienzos del invierno de 1962. Y le gustaba el jazz y todo eso, y una vez se encontraba en el Greenwich Village, y en uno de los clubs a los que fue estaba tocando Bob Dylan. En septiembre u octubre de 1962, Dylan sólo tenía un disco editado. Entonces este tipo se dirigió a sus jefes de la BBC y les dijo “Estamos haciendo una obra sobre los beatniks” Creo que era algo de Jack London, no estoy muy seguro ahora. “¿Entonces podemos traerlo? Es sólamente un tipo” Y lo llevaron a Inglaterra. Lo publicité en el Melody Maker, y probablemente en un par de otras publicaciones. Me dieron quince libras. No pude obtener muy buena publicidad de eso, a nadie le importaba un carajo escribir sobre Dylan.

Quizás la idea de un tipo cantando sus canciones folk con su guitarra no sonaba muy atractiva en aquel momento…
Sólo se interesó al Melody Maker, pero las otras publicaciones pop no lo hicieron. El Melody Maker siempre había estado más interesado en el jazz, el folk, y todo eso. Así que hice ese trabajo durante enero, febrero y marzo y luego, el 28 de abril, fui a ver a los Rolling Stones. Entonces básicamente en los cuatro primeros mes de 1963 estuve representando a los Beatles, a los Rolling Stones, y a Bob Dylan. No estuvo nada mal.

¡Representó a los tres artistas más emergentes de ese entonces al mismo tiempo!
Sí, pero recién caí en la cuenta hace apenas cinco años. Los tuve a todos. Sé muy bien cómo fue que me dí cuenta, de repente me encontré pensando en eso durante el funeral de alguien. Fue a fines del año pasado, en el funeral de Chris Stamp, que fue co-mánager de los Who.

¿Le tocó dar un discurso en el funeral?
Bueno, no lo llamaría discurso. Sería algo mucho más humilde. Se supone que uno debe decir unas pocas palabras frente a los asistentes. Y uno de ellos fue, eventualmente, Roger Daltrey (N de la R: el vocalista de The Who). Pete Townshend no asistió porque, como dijo Roger, “Peter está probablemente intentando vender unos libros” Sabía lo que iba a decir en el funeral, pero después dije algo distinto. Y entonces dije “Las grandes bandas…” Y se supone que uno no dice cosas como éstas en un funeral, si uno las dice alguien va a pensar “¿Y éste quién carajo se cree que es?” Porque se trataba, claro, de una ceremonia privada. Dije “Las grandes bandas tienen grandes managers” Y así fue. Brian Epstein (N de la R: el reconocido mánager original de los Beatles), por ejemplo, fue el mánager perfecto.

¿Definitivamente piensa eso?
¡Oh por supuesto! Lo criticaban todo el tiempo, decían que no sabía nada del negocio. ¡Al diablo con ellos! Fue el mánager perfecto. Entonces, en el funeral, dije “Los Beatles tuvieron a Brian Epstein, que fue perfecto…Los Rolling Stones, bueno, yo fui perfecto, y Chris Stamp, a quien hoy estamos homenajeando, junto a Kit Lambert, que falleció antes, eran perfectos para los Who” Y nadie más. ¿Quieren que hablemos de los Kinks?” Y todo el mundo comenzó a reirse, porque los Kinks tuvieron managers terribles, y una pésima discográfica también.

¿Cree que esa es la razón por la que no fueron más grandes y trascendentes de lo que realmente fueron?
Sí, pienso que uno tiene lo que se merece. Sus mánagers eran aficionados. Uno de ellos era un tipo que trabajaba en bienes raíces. El otro, Robert Wace, no sé a qué se dedicaba por aquel entonces, pero aquí va su historia junto a los Kinks. Wace era de clase alta, y contrató a esta banda –en aquella época tenían otro nombre, the Ravens- para que lo secunden mientras él cantaba para todas esas chicas de su misma clase en una fiesta. Y cantaba canciones de Gerry and the Pacemakers, y los Kinks lo acompañaban, y es como que de repente los miró y se dijo a sí mismo “Son bastante buenos, los voy a manejar” Y así fue. De todas formas las bandas que incluyen a dos hermanos en su formación son siempre un maldito problema. Siempre. Don y Phil, de los Everly Brothers, por ejemplo, hasta los Oasis.

Habrá escuchado el rumor que los Kinks se juntarían nuevamente…
Eso nunca va a suceder. Ray Davies dice lo mismo cada vez que está por hacer una gira solista porque piensa que así va a vender más entradas.

Cuando comenzó a trabajar con los Stones, ellos estaban informalmente representados por Giorgio Gomelsky, pero todo cambió cuando Ud. llegó junto a Eric Easton, y se convirtieron en mánagers de la banda.
Había un periodista llamado Peter Jones que trabajaba en la publicación Record Mirror, que me dijo “Mirá, hay una banda sobre la que estamos por publicar algo, y Norman Joplin, que escribe para nosotros, piensa que son muy buenos y blah blah blah. Tal vez sería bueno que vayas y los veas, Andrew” En verdad me sentía muy feliz haciendo publicidad, pero tuve que ir a verlos aquel domingo. Tocaban en un club en el Station Hotel, que de hecho quedaba en la parte trasera del Station Hotel, en Richmond. Giorgio Gomelsky alquilaba el lugar, donde presentaba sus “Noches de Rhythm and Blues” Así que pensé “realmente no quiero ir” porque, viviendo en Hampstead, supuse que iba a tener que tomar el subte hasta el centro de Londres, y de ahí a Richmond. Y eso, en un domingo, me iba a llevar como dos malditas horas. Y los dominos los pasaba con mi madre. Ella me cocinaba, y me planchaba las camisas. Quiero decir, los domingos eran para quedarse en casa. Nos sentábamos frente al televisor a las 8 de la noche y mirábamos el equivalente británico del Ed Sullivan Show, que era Sunday Night at the London Palladium. Pero entonces quien era mi novia en aquel momento, y que luego sería mi primera esposa, me dijo “Andrew, sabés, hay trenes comunes que te llevan hasta allí, en lugar de tener que tomar el subterráneo, y salen directamente de Finchley Road en Hampstead” ¡Así que podía ir directo! En cierta forma me sentí desilusionado, realmente no tenía ganas de ir pero al mismo tiempo pensé “si no voy, cuando me encuentre el martes con Peter Jones, no va a quedar muy bien que digamos”, ya que siempre estaba intentando venderle mis historias al Record Mirror. En aquel momento no me importaba la escena del Rhythm and Blues, realmente no estaba nada interesado en ella, de hecho jamás había escuchado sobre los Rolling Stones. Así que me fui para allá. Salí de la estación de Richmond y entonces me dí cuenta que, para poder acercarme a la parte trasera del Station Hotel, donde estaba el club en el que tocaban los Stones, no podía hacerlo ingresando al hotel, como suele ser, tenía que dar toda la vuelta hasta la parte de atrás. Y ahí me encontré con un callejón, y mientras lo transitaba, me topé con una pareja que estaba teniendo una pelea, discutían. Y se los veía muy atractivos, y se parecían entre sí, lo que los hacía aún más atractivos. Y entonces ingresé al club, y cuando aparecen los Stones en el escenario veo que el muchacho de la pareja era Mick Jagger que, claro, estaba con su novia Chrissie Shrimpton.

¿Cómo fue que convenció a Dick Rowe (N de la R: representativo de la discográfica Decca Records, famoso por no haberse interesado en los Beatles) de que contrate a los Stones?
Fue muy simple. Porque había rechazado a los Beatles, le había dicho que no. De todas maneras en aquel momento Decca hubiera contratado lo que sea. Hubiera contratado a David Crockett, al muñeco de un ventrílocuo….
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Es bien conocida la historia de cómo Ud. alentó a Mick Jagger y Keith Richards a escribir canciones. ¿Qué hay de verdad entonces sobre aquella historia que dice que los encerró en la cocina del departamento en que vivían y los obligó a escribirlas? Nadie mejor que Ud. para confirmarlo, supongo…
Bueno, la historia es real. Pero es como si fuera un acordeón que está cerrado, y que luego se abre. Cambia todo, ¿no? La verdad es que me llevó unos cuantos días convencerlos. En realidad lo que les dije fue “Cualquiera sean los motivos, tienen que ponerse a escribir. Voy a llevar mi ropa sucia a lo de mi madre y, para cuando regrese, tienen que tener algo encaminado” Esto fue cuando Mick y Keith vivían en el departamento de 33 Mapesbury Road. Y lo hicieron. Al principio pensaron que estaba bromeando. Creo que fue Keith que dijo algo así como “qué carajo me está diciendo?” Mi actitud fue la siguiente, “vos tocás la guitarra, entonces podés escribir una canción” Digo, tenían todas las municiones para hacerlo…
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Al mismo tiempo descubrió a Marianne Faithfull, y entonces Jagger y Richards le cedieron “As Tears Go By”, que fue el primer hit de Marianne. Para entonces ya se había referido a ela en los medios como “un ángel con tetas grandes”…
Nunca dije eso. Jamás. No hablo así de nadie. Philip Norman (N de la R: uno de los más conocidos biógrafos de los Stones) lo puso en su libro, pero desconozco de dónde lo sacó. No lo dije. Jamás hablaría así de alguien a quien represento.

Después de todo lo que siempre se ha dicho, ¿cuál es su opinión de los artistas en general?
El noventa por ciento del tiempo están vendiendo algo, y el diez por ciento restante hacen su verdadero trabajo. Por ejemplo, y esto no tiene nada que ver con su autobiografía, a través de los años, excepto durante los últimos veinte, solía leer todas las entrevistas a Keith Richards, y luego me preguntaba “¿Es que no tiene nada más para decir? Sigue repitiendo lo mismo una y otra vez” Entonces luego, cuando me tocó salir a promocionar Charlie Is My Darling (N de la R:  film de los Stones que registra la gira del grupo por Irlanda en 1965, finalmente editada apenas dos años atrás) en los Estados Unidos, realmente no pude creerlo. Quiero decir, hasta el momento particularmente había hecho mucha promoción en los Estados Unidos, pero no tan intensamente como lo estaba haciendo con Charlie Is My Darling. Tuve que participar de dos entrevistas, una para la MTV, y la otra para la CBS. Pero de repente me encontré en la situación de que estaban ensayando las entrevistas previamente, y que entonces necesitaban saber cuáles iban a ser mis respuestas a sus preguntas. ¡Antes de salir en vivo, o bien antes de las entrevistas mismas! Entonces la cosa fue algo así como, me formulaban una pregunta tipo “¿Cuándo fue la primera vez que vio a los Rolling Stones?” Y yo les contestaba, muy sarcásticamente, “Bueno llegó esta ola increíble que hizo impacto sobre mí, y de un momento a otro supe cuál iba a ser mi destino…” (risas) El productor, o la entrevistadora, o su asistente, ¡queriendo saber cuáles serían mis respuestas de antemano!

¿Era del mismo modo en los 60s?
No, para nada, es así ahora. Estamos en la era de, eeh…Cuántas veces en tu vida viste gente siendo entrevistada en TV  diciendo “¡Esa es una pregunta realmente interesante!” Entonces, cuando finalmente la entrevista sale al aire, y sólo porque por causa de esa nueva política ya saben cuáles van a ser tus respuestas, ¡no hay nada que puedas contestar! Hoy día los entrevistadores quieren ser las verdaderas estrellas, y no sus invitados. Quieren ser considerados celebridades, y quieren tener toda la información. Por ejemplo, cuando Keith hace las entrevistas, al final todo lo que queda es un poco de música accidental. Y es aún peor. Siempre hay una productora dando vueltas, ¡y entonces es como si uno no estuviera ahí! Ella le dice al entrevistador “Hacele algunas preguntas que sean más arriesgadas, todavía no le preguntaste nada realmente interesante” Y el resultado de todo ésto es gente como Justin Bieber o Miley Cyrus. Justin Bieber es genial. También lo es Miley Cyrus. La otra, Taylor Swift, fue genial. Y luego se convirtió en una fuckin’ Bette Davis.

¿Le gustan los artistas nuevos adolescentes? ¿Qué puede opinar sobre los discos de esta era?
Pienso que hoy día es realmente difícil hacer un disco que tenga algo de sexo, o que pueda mejorar algo en un mundo que todo es pura tecnología. La tecnología es como un preservativo que actúa sobre la música. No importa si hoy día grabás con cintas, aún así terminará siendo destruído por la tecnología.
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Por lo que podríamos aplicar el mismo concepto a los artistas actuales, según lo que Ud. dice. Y reitero mi pregunta sobre la escena actual, ya que estamos.
Bueno, no me gusta ver a Miley Cyrus fumando marihuana públicamente. Nosotros consumíamos drogas, pero de manera progresiva. Comenzamos fumando marihuana, y después pasamos a las anfetaminas, y luego a esto o lo otro. Pero siempre nos fijábamos en los libros de medicina para saber lo que estábamos haciendo. No consumo drogas ahora, pero antes pensaba que la marihuana era inofensiva para las personas que no eran adictos o alcohólicos, pero hoy en día no es la misma marihuana de los 60s. Es química. Y eso es diferente. La comida también está llena de químicos. El pan no es pan. Lo mismo para el pollo, o el pescado.

Keith Richards dice que empezó a consumir heroína porque lo ayudaba a superar su timidez al enfrentar la fama y el éxito. Pocos lo han conocido tan bien como Ud., al menos en los primeros años de los Stones. ¿Cree que esa fama de mujeriego o de fiestero la tuvo bien ganada?
Sí, entiendo que ese fue el motivo por el comenzó a meterse en la heroína. Es igual que cuando Paul McCartney habla sobre John Lennon y dice “Brian Epstein también gustaba de mí” Quiero decir, ¿a quién le importa? Keith tiene reputación de Don Juan. No recuerdo que sea así. Puede que lo haya sido. Si lo fue, fue muy reservado al hacerlo. Mi primera esposa le presentó a su primera novia, Linda Keith. ¡Porque Keith tenía que estar saliendo con alguien! No podía ser de otro modo. Pero al mismo tiempo Linda estaba saliendo con Jimi Hendrix. Lo único que ella quería, en verdad, era aumentar su status social saliendo con Keith. Era muy astuta. Una vez en New York me insistió para que la lleve a cenar, y de ahí fuimos a ver tocar a Jimi Hendrix. Hendrix estaba completamente drogado. O él no tocó esa noche, o bien lo hizo y yo estuve muy confundido. Yo también estaba bastante drogado. Linda se acostaba con Keith, y yo era manager de Keith en ese mismo tiempo, por lo que me pregunté “¿Qué carajo estoy haciendo aquí?” Si Jimi tocó, no le presté atención. Era todo muy confuso para mí. Después del show me fui a mi hotel, y a eso de las 2 de la mañana recibí un mensaje de mi esposa desde Inglaterra que decía “Linda me llamó y me dijo que la habías invitado a salir. ¿Cuál es el motivo por el que invitaste a salir a Linda?” Bueno, las mujeres en el ambiente musical, viste cómo son. Si te fijás en el proceso de escribir una canción, se trata básicamente de dos tipos viviendo juntos,  y componiendo grandes canciones. Ya sea en una habitación, detrás del escenario, o en una van. Durante la mayor parte de sus vidas, no pueden conseguir novia. Entonces tienen novia y pasan a vivir a lugares separados. No importa si son John Lennon y Paul McCartney, o Mick y Keith, o Steve Marriott y Ronnie Lane. Y luego tienen que ponerse a concertar citas para seguir llevándose bien, en lo posible con sus benditas novias fuera de todo eso. 7

Y eso afecta a las bandas, según su opinión. Como aquel hecho amoroso que involucró a Brian, Anita (N de la R: novia original de Brian Jones, quien luego pasó a ser la de Keith Richards) y Keith…
Exacto. Cuando Allen Klein comenzó a trabajar como mánager de negocios de los Beatles, justo estábamos de gira, y yo nunca quise que sus novias nos acompañen. Nunca las quise en las giras, ni tampoco en el estudio. ¡Pero Klein las trajo! Hay todo un tema de distracción, porque un hombre se comporta diferente frente a su pareja, es obvio, y tan simple como eso. ¡Pero Allen Klein las trajo! Así es como son las cosas con los grupos y sus novias. Y entonces luego sucede lo inevitable. Se vuelven famosos, están ocupados, y entonces el proceso compositivo, y en general, se torna todo un problema.

¿Sucedió lo mismo con Humble Pie después de los Small Faces? ¿Marriott y Lane tenían el mismo problema? (N de la R: banda que Oldham manejó tras dejar de trabajar para los Stones en 1967)
Era diferente, y muy extraño. Steve Marriott demandaba que lo adoren. Era él y solo él.

Volviendo a los Stones, ¿mantiene el contacto con alguno de ellos actualmente? Mantengo escaso contacto con Keith Richards, y generalmente a través de su mánager. Él me envía faxes de vez en cuando. Una vez estaba con él en una de estas ceremonias del Rock and Roll Hall of Fame en New York, en los años ‘80, y ví que Billy Joel también estaba ahí. Por lo que le dije a Keith, “Mirá, ahí está Billy Joel, quisiera preguntarle cómo lo hace” Y Keith me dice “¿Para qué querés hablar con él?” A lo que le contesto “Billy escribe sus canciones solo, quiero saber cómo es el proceso de escribir solo” Entonces nos acercamos a Billy, le hago mi pregunta, pero Billy no tiene la más remota idea de lo que estoy hablando. “¿Cómo lo hacés, Billy? ¿Sabés cuando parar? ¿Cuál es tu reacción al hacerlo si no hay alguien junto a vos?” Bueno, mis preguntas nunca podrían haber tenido algún sentido para él, porque así lo hace, jamás va a entenderme. Y Keith dice “Andrew, él no tiene la más puta idea sobre qué estás diciendo, ¡dejémoslo tranquilo de una vez!” Mis preguntas no le resultaban lógicas a Billy porque a él nunca le tocó hacerlo del modo al que me referí antes, que es el de dos personas escribiendo canciones al mismo tiempo.
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Un caso similar sería el de la dupla compositiva Elton John y Bernie Taupin…
¡Ojalá hubiesen parado de hacerlo! (risas) ¡Era tan jodidamente aburrido! A lo que voy es, me refiero a los últimos cuatro discos que escuché. El de Paul McCartney, David Bowie, Elton John y Carlos Vives. Nunca los voy a volver a escuchar. Sólo los escuché una sola vez, estoy hablando de sus más recientes trabajos. El tema de difusión de Bowie fue como esas ventanas atractivas de algunas tiendas, pero una vez que entrás al negocio, está vacío. Y respecto a Paul McCartney, tanto sobre el escenario como en su vida es el mejor entretenedor, y es increíble. Pero en los últimos dos años, digámoslo así, de un modo muy educado, mató a John Lennon. Finalmente lo logró. John Lennon muerto no puede competir con la energía vital de Paul. Cuando su ultimo álbum fue lanzado, la mayoría de la gente lo consideró horrible. Pero luego no sé qué sucedió. Algunos de los  críticos de música más renombrados de los Estados Unidos, como Bob Leftsez, de repente cambiaron de opinión, diciendo “¡Oh qué gran disco!” Me llevé el disco a mi casa en las afueras de Bogotá, en la jungla, lo escuché y me dije “¡Estos tipos deben estar jodiendo!” Un disco con cuatro productores, y todo eso. No es que lo esté criticando. Entiendo que músicos como él, o Elton John, tienen que seguir yendo a estudios y grabar discos. Porque cuando teníamos veinte o veinticinco años, estaba esa pasión por hacerlo. Ahora ellos tienen setenta, y es básicamente como una enfermedad. El problema es, cuando gente como ellos graban discos, puede que se sientan jóvenes al hacerlos, pero luego cuando los escuchamos nos sentimos viejos. Me hacen sentir jodidamente viejo, no quiero escucharlos. Ahora bien, los shows de McCartney son grandiosos, por lo que no necesitamos discos nuevos. Irónicamente, recuerdo este disco que grabó Neil Diamond hace unos cinco años con el productor Rick Rubin. Me dije “Oh éso seguro va a estar buenísimo”, y entonces lo compré. Pero Rubin no hizo con Neil Diamond lo que hizo junto a Johnny Cash. Pero es que Johnny Cash se estaba muriendo en ese momento, por lo que es una situación completamente distinta. Hace que la relación y el resultado final sean diferentes. Entonces lo que ocurre una vez que los escuchás, terminás no registrando ni una de las canciones del disco, pero sí empezás a recordar las viejas canciones de Neil Diamond. Y lo mismo sucede con McCartney y su disco “New” Luego de escucharlo, me pasé los dos días siguientes tarareando canciones de los Wings. Y ocurrió lo mismo con el álbum de Brian Wilson sobre Gershwin, “Brian Wilson Reimagines Gershwin”. Sólamente una canción suena como Pet Sounds, y es la que de hecho se usó para publicitarlo. El resto es una auténtica mierda. Suena como Alvin and the Chipmunks, es terrible. La gente mayor debería hacer música vieja, es así.

10¿Cuál fue su intención cuando lanzó su propia su propio sello independiente, Immediate Records, en 1965? El listado de artistas que tenía el sello era realmente impresionante. Rod Stewart, Chris Farlowe, John Mayall, los Small Faces, Fleetwood Mac y Humble Pie, entre otros grandes nombres.
Fue muy simple. Me gustó la idea de una compañía discográfica independiente. En verdad estaba copiando la idea de Phil Spector, Red Bird, Leiber and Stoller, Liberty Records, Specialty Records, pero al mismo estaba consumiendo muchas drogas. Y no quise seguir trabajando para Decca Records. Porque todo lo que podían decirme, estando yo tan drogado, me resultaba hilarante. Así que formé mi propia compañía de discos.

Bueno, no le fue tan mal…
Funcionaba muy bien, mientras tuve el dinero para poder financiarla.

Su último libro hasta el momento, Stone Free, está dedicado a Brian Epstein…
Claro, es un libro sobre managers. Porque Epstein fue el primero en lo suyo. De vez en cuando me toca pasar estas situaciones como tener que soportar que alguien dude si Epstein fur un buen mánager. Si Brian Epstein no hubiera perseverado y obtenido un contrato de grabación para sus muchachos, no estaríamos aquí. Tan simple como eso. Él abrió la puerta. Recordemos todos los insultos que tuvo que soportar al principio. Había esencialmente dos cosas contra él que resultaban horribles en Inglaterra en 1961 o 1962. Y eran cuando comentaban de manera irrespetuosa que Epstein era judío, y que era gay. Duro, muy duro. En la Inglaterra de esos años ser judío, y además gay, ¡era casi considerado como ir en contra de la ley! (risas)
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Sólo restaba que también haya sido negro…
¡Claro! Pero hasta el mismísimo Paul McCartney también se expresó feamente. Yo estaba junto él en un programa de TV, y Paul dijo “Sabemos que Epstein es bueno en los negocios porque es judío” Así es como pensaba la gente. Pero el asunto es, después del rechazo de Decca, les consiguió EMI a los Beatles. Pero también fue insultado cuando lo trasladaron a Parlophone, porque Parlophone era un sello discográfico para comedias. George Martin era productor de comedias. Produjo a los que fueron los Monty Python de los 50s y los 60s, The Goons, con Peter Sellers, Spike Milligan y Harry Secombe. Martin produjo a un comediante inglés llamado Charlie Drake, que tuvo un éxito muy grande con su versión de una canción llamada “Splish Splash” Además produjo el que fuera el disco más exitoso de 1959, “Goodness Gracious Me”, cantado por Peter Sellers y Sophia Loren. Era todo tan ridículo. Fue un accidente pensar que George Martin podría ser la persona perfecta para los Beatles. Es más, George Martin no estuvo presente en sus dos primeras sesiones de grabación. Fue su asistente quien estuvo allí cuando grabaron “Love Me Do” y “Please Please Me” El asistente levantó el teléfono, llamó a George Martin y le dijo “George creo que deberías venir por aquí, son buenos” Y de ese modo el asistente, Ron Richards, obtuvo su premio consuelo, cuando lo convirtieron en encargado de la división Artista y Repertorio, y luego produjo a los Hollies. Fijate en lo que sucedió en los Estados Unidos. Capitol Records, que pertenecía a EMI, no quiso editar a los Beatles y entonces, de no haber sido porque Brian Epstein continuó, ahora yo no estaría aquí, ni tampoco estaría haciendo radio veinte horas cada semana (N de la R: Oldham conduce su propia programa en la señal radial de internet Little Steven’s Underground Garage), y así es la vida.
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Ésta no es su primera visita a Argentina. Su primera vez fue a principios de los años ’90 para producir a los Ratones Paranoicos, y luego trabajó con Charly García mezclando uno de sus álbumes.
Sí. La experiencia con García no fue para nada buena, prefiero evitar comentarios. La historia fue así. A principios de esa década intenté trabajar con un par de artistas colombianos, pero por distintos motivos los resultados tampoco fueron satisfactorios. Bueno, por empezar no debería haber intentado trabajar con artistas cuya inspiración estaba basada en los 80s. Soft Cell, The Human League, etc. En verdad hubo muchos discos de esa época que me gustaron, pero producirlos no iba a resultar buen negocio para mí. No era ese tipo de productor. Interesantemente iba en un taxi ayer aquí en Buenos Aires y en la radio sonaba “Out of Touch” de Hall & Oates. Cuando la canción fue editada en los 80s realmente me encantó, y ahora recuerdo por qué fue así. Hay al menos dos o tres canciones de la era Motown que suenan cuando uno escucha “Out of Touch” Una de ellas es “It’s the Same Old Song”, de los Four Tops. Como sea, me encontraba en Malibu, Los Angeles a principios de los 90s junto a mi esposa Esther y mi hijo Max. Acababa de encontrar a una perrita perdida justo en el momento en que estaban por llevarla a la perrera. Finalmente le dimos medio valium, la metimos dentro de una caja de sombreros y la enviamos a Colombia, donde estuvo con nosotros por casi doce años. Fue el primer perro que tuvimos. En fin. Como te decía, estando en Malibu recibí un mensaje de un tal Cachorro López, que había estado intentando ubicarme. Finalmente hablamos. Me estaba llamando de parte de Juanse de los Ratones Paranoicos. Querían que les produzca su primer disco para Sony. Y entonces vine a Buenos Aires por primera vez. Fue amor a primera vista. Con Buenos Aires, con el espíritu de Argentina, y con los Ratones Paranoicos. Los Ratones y la Argentina me dieron vida, y yo les dí hits. Fue un buen intercambio. Su música era mucho más natural para mí que lo que se había hecho en los años ’80, e hicimos buena música juntos. Los Rolling Stones, Humble Pie y los Ratones Paranoicos, las tres experiencias musicales junto a bandas más importantes en mi vida.

Para terminar, Ud. siempre utilizó un tipo de lenguaje especial cuando escribía los textos que iban en las contratapas de los discos de los Stones, y también en los libros que escribió. Por momentos es un inglés a veces retorcido, entremezclado. ¿Lo hizo intencionalmente?
Mirá, cuando uno escribe un libro es como hacer un disco. Primero tengo que entretenerme a mí mismo.

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Stones.50.Londres

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Publicado en Evaristo Cultural en enero de 2013

Brian, el Fundador
Corría el mes de mayo de 1962 y un tal Brian Jones, con 20 años de edad, devoto poseso de la escena del Blues que llegaba del otro lado del Atlántico, bohemio distinguido, eximio guitarrista y armonicista, talentoso multinstrumentista y recientemente llegado a Londres desde su ciudad natal de Cheltenham, condado de Gloucestershire, colocaba un aviso en la publicación Jazz News, convocando a músicos a participar de una audición en vista de su más deseado proyecto: una nueva banda de Rhythm & Blues, el estilo por el cual vivía obsesionado.

ImageLos interesados no tardaron en llegar (es necesario citar cada uno de los honrados nombres que fueron apareciendo?) y así, idas y venidas mediantes, y tras lograr adentrarse en la por entonces subterránea escena del R&B local (considerada toda una excentricidad para los tiempos que corrían), Brian se convertiría en el fundador de los Rolling Stones. El mismo que eligiría a sus miembros, que le daría el nombre al grupo y decidiría qué tipo de música tocar. Y el que les conseguiría sus primeros shows. El resto es historia. Con el transcurrir de los años perdería su rango original de líder de los Stones, eventualmente desplazado a un lugar secundario tras el enorme suceso de Mick Jagger y Keith Richards como compositores, y como figuras centrales en las presentaciones de la banda. Por una larga lista de cuestiones, desde las más y menos entendibles a las menos considerables y, principalmente, por desarrollar una fuerte adicción a las drogas, Brian también perdería su integridad física y emocional, bastante antes que le fuera sugerido abandonar el grupo a mediados de 1969. Brian Jones, el creador, también acabaría perdiendo su vida, en julio del mismo año.

ImageEl Milagro de Dartford
Son casi 50 minutos de viaje en tren hasta Dartford. Al menos eso es lo que me asegura el guarda de la terminal de trenes de la estación Victoria, después de la de Waterloo, la de más tráfico en Londres. Ha salido el sol y el reloj de Victoria indica que se acerca el horario de partida que figura en mi boleto. La estación de trenes de Dartford representa uno de los momentos más sustanciales en la fundación de los Stones cuando, en la mañana de un día de octubre de 1961, un tal Michael Philip Jagger, residente de ese suburbio londinense, en el condado de Kent, al sudeste de la capital británica, se encontró casualmente con un tal Keith Richards, habitante del mismo distrito, con quien 10 años antes había sido compañero de primaria en la escuela Wentworth. Jagger cargaba una buena cantidad de vinilos de Blues y Rock and Roll de su colección (Chuck Berry, Muddy Waters, Little Walter) que encandilaron a Richards. Keith llevaba una guitarra eléctrica. Juntos compartieron el viaje en tren hasta Londres, 26 kilómetros a lo largo de los cuales Mick le sugirió a Keith unirse a Little Boy Blue and the Blue Boys, el proyecto amateur de Rhythm and Blues al que Jagger dedicaba buena parte de su tiempo y que, más tarde, con la llegada de demás acólitos (de vuelta, ¿es necesario citar cada uno de los honrados nombres que fueron apareciendo?) se convertiría en The Rolling Stones. Ha pasado más de medio siglo desde aquella gloriosa jornada y estoy en un tren rumbo al suburbio en cuestión. Son 11 estaciones, sin incluir las de destino y llegada. Lo sé muy bien, las voy contando una tras otra a medida que el tren atraviesa la periferia londinense. Denmark Hill, Peckham Rye, Nunhead, Lewisham, Blackheath, Kidbrooke, Eltham, Falconwood, Welling, Bexleyheath, Barnehurst… ¡Dartford! El personal de la estación me observa con curiosidad, se preguntan qué hace alguien sacando fotos de la estación de manera tan deliberada. Quizás desconozcan que estoy en “Tierra Sagrada”. Y que mi peregrinaje continúa con una visita al hospital de Livingstone donde, contribución de sus padres mediante, dio a luz a Mick y Keith en 1943. Y una pasada por la Dartford Grammar School, de la cual Mick fue inmaculado alumno y capitán del equipo de basketball. Pero son más de las 4 de la tarde y, una vez más, soy víctima del implacable otoño londinense y su noche prematura. Es hora de retornar a la estación para abordar el tren de regreso.
Insatisfecho, visitaría Dartford nuevamente unas dos semanas más tarde. Me aseguro hacerlo más temprano y que en esta segunda oportunidad la luz del día me favorezca lo adecuado como para (por qué no?) una nueva inspección del hospital. También vuelvo a pasar por la escuela, en esta ocasión con el agregado de un paseo por el Mick Jagger Centre (anexo al colegio), complejo artístico que su más célebre alumno decidió inaugurar en el año 2000. De ahí, colinas y caminos en subida mediantes, es más de una hora de marcha hasta las casas de las calles Denver y Chastilian Road, en las afueras del suburbio, y donde, respectivamente, Jagger y Richards transitaron sus días de infancia. La morada original de Keith yace ahora sobre una florería, y la de Mick, no menos modesta, luce ahora un cartel que reza “en venta”. Me queda otra hora de caminata y dos piernas entumecidas para volver a la estación de Dartford. Se me ocurre no leer el cartel de destino del tren de retorno a Londres y, en lugar de dirigirme a Victoria, termino por error en la estación de Charing Cross. Mientras tanto, cruzo el Támesis que, desde mi ventanilla del tren, resplandece bañado en las luces del Parlamento británico. Son menos de las 6 de la tarde, pero estoy cerca de Piccadilly Circus, de las calles Oxford y Carnaby, o del Soho. El día aún es joven y es hora de una nueva travesía por la ciudad.

ImageNoche de cumpleaños
Veinte minutos. Tengo una manía con las fracciones de tiempo. Eso ni siquiera es media hora. Prefiero pensar en que son 1200 segundos; así parece ser más. A veces resulta ser un buen truco para engañar a la mente. Según la mujer de los altavoces del estadio, que acaba de anunciarlo, esa es la cantidad de tiempo que, nunca antes tan tirano, resta para el comienzo del show. Que es nada más y nada menos que el primero de una totalidad de cinco conciertos (los dos inaugurales en Londres, más otros tres en Estados Unidos) que los Rolling Stones, y después de un lustro sin salir a la ruta, decidieron llevar a cabo bajo el lema de 50 and Counting (50 y contando…) para conmemorar su quincuagésimo aniversario. Por lo que queda muy poco, en rigor prácticamente nada, para que asista al evento tan soñado, más allá del medio centenar de conciertos de la banda con los que cuento en mi haber. Esto es, entiéndase, en la ciudad natal de la banda. Un espectáculo de ensueño, estoy en absolutas condiciones de asegurar. Éste es el lugar, entonces, y el momento correcto. Porque, además, esta noche, la del 25 de noviembre, la primera de las dos veladas en el O2, el show contará con agregados estelares. Y no los de invitados de turno como Jeff Beck o Mary J. Blige (una nueva pequeña muestra de show business), pero las de Bill Wyman (el bajo original de los Stones que, por primera vez, retornará al escenario junto al grupo tras alejarse de la banda dos décadas atrás) y la de Mick Taylor, que también desertó de las filas de la Banda de Rock’n’roll más grande de todos los tiempos, pero a mediados de los 70… Ocasiones como éstas eran hasta ahora inimaginables. No estaban en la lista de sorpresas, pero finalmente me convenzo de que Superman no mentía cuando decía poder invertir la rotación de la Tierra. Insisto: éste es el lugar. El único y pequeño problema es que… bueno, todavía estoy sin entrada. Todas las posibilidades barajadas hasta el momento finalmente brillaron por su ausencia. Esta vez no hay tickets de favor ni nada de eso. Contra todos los pronósticos que aseguraban que la demanda de localidades iba a ser escasa por sus altos precios, la taquilla está prácticamente agotada. No es difícil comprobarlo. El O2 está atestado de gente; han llegado desde los destinos más remotos imaginables y todo indica que se me están acabando las fichas. Lo tengo muy presente. Mi ritmo cardíaco se encuentra fuera de lo normal, tengo la boca empastada y nada logra que evite pensar que cada vez falta menos. Y menos todavía. Y ahora un poco menos. Y que la idea de retornar a la casa de mi familia amiga convertido en un maldito zombi, suena algo alarmante. Los Stones están a punto de salir a escena. No soy lo que se dice un convencido de la telepatía y, por ende, no piensan apiadarse de mí. Ya he rezado en todas las lenguas posibles y soy un perrito fiel buscando compasión y empatía. Transtornado, recurro a la ventanilla de venta de entradas (¿cómo no se me ocurrió?) y, mientras tanto, me dedico a tejer las mil y una maneras de pasar a mejor vida o a meditar si el hospital más cercano cuenta con sala de guardia. Tengo una tarjeta de cobertura médica en la billetera, llegado el caso. Hay cuatro personas en la fila. A todas se las ve en condición de desperación. Son parte de mi equipo, pero la idea no resulta de ayuda alguna. Pasan, pagan, se retiran felices. Se los ve jubilosos. Hay cambios significativos en sus rostros y han modificado el rictus. Es una buena señal, creo suponer. “Necesito un ticket, ¿queda algo?”. Solidaria, la empleada de turno teclea algo en la computadora. Y acto seguido me sonríe. Claro, yo también me pondría feliz de evitar un suicidio. Por las dudas, me pellizco. Entrada en mano, exultante como un niño corriendo a través de una pradera, me materializo frente a puertas de ingreso, que son las finales de todo el enorme complejo del O2, la auténtica pista de despegue. Faltan menos de diez minutos, recupero el pulso y el tono original de mi piel, que incluso había logrado superar al “bronceado londinense” del que todo visitante a Inglaterra en el mes de otoño jamás podría jactarse. Sonrío más que Laura en La familia Ingalls. Tengo una muy buena ubicación, voy a estar en la fila 16, en el sector del piso y a no más de 20 metros del escenario. Y hacia allí vamos, entonces. Vuelvo a respirar, exhalo, inhalo. Bajo las escaleras a ritmo olímpico. Las luces del O2 se apagan. Es hora de otro pellizco, por si las moscas. Y me dispongo a disfrutar del que sería un show emblemático, y del mejor cumpleaños al que alguna vez, casi con seguridad, podré asistir. Misión cumplida, entonces. Aún me resta el show del 29; son sólo 4 días más, pero esta vez cuento con una entrada anticipada en mi haber, que me asegura dormir plácidamente la noche anterior. Y haberle evitado una sesión de primeros auxilios a los paramédicos de mi servicio de cobertura al viajero.

ImageBrian (revisitado)
Son poco más de las 3 de la tarde. Falta algo menos de una hora para que el cielo de Inglaterra se tiña de oscuro y que todo se cubra de estrellas, aunque los eternos cielos nublados ingleses las obstruyan. Me encuentro en el cementerio de Prestbury para visitar la tumba de Brian. Sus restos descansan aquí desde julio de 1969. Llegar no fue cosa de todos los días. Es que, por algún motivo, siempre pensé que sus restos descansaban en Cheltenham, pero deduzco que todo este tiempo estuve mal informado. Me lo certifica el primer ciudadano que encuentro ni bien bajo del busque tomé en Londres. Muy por el contrario, para llegar a la villa aledaña de Prestbury, desde Cheltenham, debo realizar una muy prolongada caminata atravesando campo abierto. En rigor, salir de los límites de la ciudad, llegar al pueblo siguiente.
Es un momento de clara conmoción, de emociones mezcladas y de profunda ansiedad. La necrópolis de Prestbury es bella y antigua, de campos verdes y piedras de color tan plomizo como el cielo que la cobija; las típicas de un viejo cementerio inglés, de tierra adentro, enclavado en la campiña. Cruzo la puerta de ingreso al cementerio. Siento la tierra firme y húmeda bajo mis pies, pero de algún modo es como estar caminando en el aire. La sensación se incrementa cuando me dirijo a la oficina de información, situada apenas unos metros después de la entrada del camposanto. Reina un frío intenso y sopla un viento hostil. El cementerio de Prestbury no es muy extenso, de todos modos. Ahora estoy hablando con la empleada de la Secretaría, le indico que vengo a visitar una tumba pero que desconozco su paradero. Claramente le señalo que se trata de Brian Jones. “Oh, Brian?”, me responde. Me alcanza un mapa del lugar, en el que traza el camino hasta la tumba de Brian con resaltador. “No está lejos, simplemente siga derecho unos 60 metros, doble a la izquierda en el primer camino y allí está, cerca de la zona donde estacionan los autos”.
Segundos más tarde, la lápida de Brian, la misma que he visto millones de veces en diversos libros y revistas, está a escasos 2 metros míos. Miro alrededor y no hay nadie. Nadie, absolutamente nadie. Tan sólo logro escuchar unas voces a la distancia, seguramente de asistentes a algún servicio de sepelio que se está realizando. O, al menos, éso me parece. Leo la leyenda grabada sobre la lápida, “En afectuoso recuerdo de Brian Jones”. Desbordado por la emoción, caigo de rodillas y, naturalmente, me descubro aferrado a la lápida. De algún modo, es la actitud equivalente, consciente o inconscientemente, de abrazar a Brian. Como si fuera él quien está frente a mis ojos. Y, desde ya, mi único posible encuento. Descarto toda posibilidad de morbidez y comienzo a hablar. Mis palabras son de agradecimiento, claro. Le cuento de lo importante que me resulta semejante momento y sobre la gran distancia que tuve que recorrer para llegar allí. No encuentro mejores palabras para dejar fluir mis ideas. De los años que estuve esperando la oportunidad de hacerlo. Y de mi querida madre, a quien perdí hace apenas cinco meses. Y del camino a la paz interior, de la cual pretendo inundarme en el día a día. Me quiebro y lloro (¿es de hombres hacerlo?). Distendido (podrían haber transcurrido diez, veinte, cuarenta minutos, en rigor no lo sé), decido sentarme en el banco que está frente a la tumba. Me pasa toda mi vida por la cabeza en apenas unos segundos. Sigue habiendo nada ni nadie alrededor, tan sólo Brian y yo. Y las demás tumbas, claro. Algunas datan de siglos. Acomodo las flores y ornamentos que otros admiradores han dejado. Hay fotos de Brian, dibujos, textos escritos en diversas lenguas. Prometo volver a visitarlo en cada oportunidad que me sea posible. Es toda una experiencia religiosa para alguien muy poco religioso. Me retiro feliz. Hay un estado de plenitud inexplicable, una deuda saldada que lo garantiza.
Libre de adrenalina, decido tomar el bus de línea local para regresar al centro de Cheltenham. Está helando y aún me restan más de dos horas de ruta para retornar a Londres, tiempo suficiente para agradecer a un tal Brian Jones por estos últimos 50 años, los mismos que forjaron la banda de sonido de mi vida. Y todavía contando…