LÁGRIMAS PÚRPURA

Estándar

Publicado en Evaristo Cultural el 14 de abril de 2016

“¿Qué, ya terminó?” Casi al unísono, los que terminábamos de ver aquel concierto majestuoso de Prince esa noche del 21 de enero de 1991 coincidimos en un clamor generalizado que quedaba huérfano de respuestas. Bastaba con echar un vistazo alrededor y descubrir la misma mirada de desconcierto instantáneo entre los algo más de 25.000 asistentes al show, un número por demás bajo, teniendo en cuenta que nos encontrábamos en el estadio de River Plate. “¿Cómo, no va a volver”? Estaba claro. Acabábamos de presenciar en vivo y en directo uno de los mejores performances de la historia por estos lares, y la hora y cuarto por la cual se extendió nos dejó insatisfechos, y donde no faltaron los abucheos del público pidiendo por más. Y por más todavía. Prince había desembarcado en Buenos Aires junto a la New Power Generation (su banda de acompañamiento de aquel momento, el proyecto de ocho integrantes con quienes grabaría el excelente disco Diamonds and Pearls algo más tarde ese mismo año) tras participar de la segunda edición del Festival Rock In Rio de la ciudad carioca, y ahora formar parte de la grilla de otro festival, el de Rock and Pop local junto a Joe Cocker, Billy Idol, INXS y Robert Plant. Aquí lo esperaba una base acotada de fans, pero fiel, que venía soñando con su llegada al país desde hacía al menos siete años, cuando su popularidad autóctona se estableció de la mano de la banda de sonido de la película Purple Rain de 1984 (la misma que le valió un Oscar y ventas de casi 25 millones de copias alrededor del planeta), y cuya canción principal del mismo nombre no dejó de sonar en las radios locales desde entonces, hasta convertirse en un clásico eterno. El mismo grupo de acólitos al que no le quedaban dudas que el éxito de Phil Collins Sussudio de 1985 era un afano directo a la canción 1999 que el “genio de Minneapolis” había plasmado en 1984, una devoción que más tarde se vería alimentada por la gran difusión que obtuvo la versión de Nothing Compares 2 U que Sinead O’Connor había grabado en 1990 (y que Prince no dudó en incluir en el repertorio que usó en Buenos Aires), o una aún mayor, aquella irresistible de Kiss que Tom Jones registró en 1989. De algún modo ya se había ganado la medalla que lo condecoraba al título, prolíficamente hablando, del mayor músico del pop de la década del ’80. Una carrera que se propagaría por cuatro décadas, y basada en un individualismo absoluto. Hermético hasta el nirvana, supo potenciar esa condición para generar deliberadamente todos los enigmas posibles respecto a su existencia, presentándose ante el mundo como una andrógina criatura sexual, lo que le permitió llamar aún más la atención de forma completamente preconcebida. La vida de Prince resultaba todo un misterio, su plan resultaba exitoso, y todo el mundo se desvelaba por revelar los acontecimientos detrás de la vida del nuevo ícono mimado del espectáculo mundial. Ya desde su álbum debut en 1978 (de la misma forma que los Rolling Stones lo hicieron con el blues en los ‘60s) Prince resultó ser el elegido a la hora de llevar adelante una misión divina, la de revitalizar (y redefinir) todo género musical negroide posible, dándole una inyección de vida y glamoural más puro funk, R&B y soul (géneros por los que, cualquier aclaración estaría de más, se desvivía), sin dejar de ahondar en el pop y el rock. Esa androginia erótica y sensual estuvo estampada en sus letras y las tapas de sus discos desde el vamos, lo que lo llevaron a lidiar con la controversia (otra movida calculada y deliberada), aguas en las que supo nadar y brillar, edificando un imperio propio desde sus multifacéticos roles de compositor, productor y artista, rechazando entrevistas a diestra y siniestra, y más perfeccionada aún desde que eligió convertirse en el iconoclasta perfecto cuando, en señal de protesta contra una industria musical que no lo favorecía sus contratos, decidió cambiar su nombre artístico por el de un símbolo gráficamente irreproducible. Ni siquiera otros íconos de los ‘80s como Michael Jackson o Madonna, que a diferencia de Prince no contaban con un sonido propio, lograron tener semejante influencia en la música de esa década, acompañado de una imagen que no se quedaba nada atrás. Por si acaso su faceta musical le resultaba corta, también había descollado en la pantalla grande, agregando un capítulo el pasado mes de marzo al anunciar la edición de de The Beautiful Ones (“Los Bellos”), un libro de memorias montado sobre “una travesía poética y poco convencional sobre su vida y su carrera, sobre su familia y la gente, los lugares e ideas que encendieron su imaginación creativa”, y planeado para lanzarse el año próximo a cambio de una oferta de dinero que, según palabras del mismísimo Prince, “no pude resistir” “Este va a ser mi primer libro. Mi hermano Dan me está ayudando a escribirlo. Es un buen crítico, y es lo que necesito. No es del tipo de personas que le dice ‘sí’ a todo, y realmente me está dando una mano para hacerlo. Va a comenzar con mis primeros recuerdos, y espero lleguemos hasta el día del Super Bowl” (la tradicional final del campeonato de la National Football League de USA que cerró en el 2007) considerada por muchos, público y críticos, como la mejor actuación de la historia.
El viernes pasado, tras una actuación en Atlanta, el avión privado que lo trasladaba se vio obligado a realizar un aterrizaje de emergencia en la ciudad de Moline, Illinois, situación a la que su manager se refirió explicando que estaba experimentando alguna enfermedad. Tras ser dado de alta algunas horas más tarde, retornó a su legendaria propiedad de Paisley Park, en su estado de Minnesota, donde en la jornada de ayer fue hallado muerto dentro de un ascensor. Si bien las causas que originaron su deceso aún no fueron establecidas, algunas versiones señalan que durante su paso por la clínica en Moline debió ser tratado para hacerle frente a los efectos de los opiáceos.
Con la desaparición física de Prince, con sólo 57 temporadas a cuestas, y en un año por demás triste que en su corto trayecto ya ha dejado un tendal de pérdidas significativas en la escena de la música mundial, el más grande catalizador de la música negra de al menos las tres últimas décadas, el geniecillo en plataformas, pudo habernos dejado con ganas de más aquella noche estival de Buenos Aires del ’91, pero su legado en vida, haciendo gala de su tan mentada controversia artística, permanecerá indesafiable, ahora que el título se quedó sin posibles contendientes.

ADIÓS, MAESTRO

Estándar

Publicado en Evaristo Cultural el 14 de abril de 2016

Qué ganas de llorar, en esta tarde gris/ En su repiquetear la lluvia habla de ti/ Remordimiento de saber/ Que por mi culpa, nunca, vida, nunca te veré/ Mis ojos, al cerrar, te ven igual que ayer/ Temblando, al implorar de nuevo mi querer/ Y hoy es tu voz que vuelve a mí, en esta tarde gris

Los que nunca fuimos cultores personales del género, por meras cuestiones de edad, de contemporaneidad, o simplemente por las vueltas de la vida, siempre cargaremos con el eterno cuestionamiento sobre el porqué de no habernos volcado con más detenimiento a la más indisputable de nuestras mayores creaciones musicales autóctonas. Bienvenidas todas esas excusas, entonces, como motivos para habernos privado de la belleza que puede atribuírsele a un tango como la gente, a una de esas obras definitivas cuya letra inaugura este texto, y que con música del aquí homenajeado, y letra de José María Contursi, te pueden arrancar el alma en cuestión de segundos. Y no hay vuelta.
Con la noticia de la muerte de Mariano Mores se va uno de los maestros del tango que, como pocos, supo de qué iba todo eso de dejar que el sentimiento se apodere de todo. Basta recordar algunos momentos de nuestra infancia, al menos en el caso de quien aquí suscribe, y hacer memoria sobre los familiares que tarareaban esas hermosas melodías que los llenaban de lágrimas y que, desde algún rincón de su ser, y con no más intención que la de contagiarte su emoción, te disparaban un “escuchá esto, ¡qué belleza!”, mientras uno se devanaba los sesos esperando que le pongan a andar aquel disco de Gaby, Fofó y Miliki por enésima vez. Era llegar a la casa de la abuela un fin de semana (como lo hacía junto a mis padres cada sábado), o en cualquier reunión familiar que podía preciarse de tal, y escuchar algún buen disco de tangos sonando en la casa. Porque por algún motivo, para mis abuelos, esos eran los días y las horas señaladas para compartir esa suerte de ceremonia compuesta por todas esas bellas canciones que salían radiantes de los parlantes del combinado Champion que estaba en el living. A los de tango le sucedían los de música clásica y folklore local, y entre tanta cosa por descubrir, y de las cuales nutrirse, me resultaba interesante el sinfín de sonidos que se daban incansablemente, y en sana convivencia. La mezcla era muy heterogénea. Bach, Gardel, Cafrune, Ravel, Larralde, Mozart , Julio Sosa, Mercedes, Daniel Toro, Ravel, Yupanqui, y algún que otro disco romántico melódico de ocasión, con Caravelli o Julio Iglesias liderando el podio. El rock lo traería yo a casa unos años después, muy prematuramente, y en mis primeros años de escuela primaria. Pero la canción que siempre le pedía a mis familiares, que de algún modo oficiaban de disc jockeys de ocasión, era aquella de la letra estremecedora que, entre piezas de Rasti y soldaditos, siempre me dejaba pensando, y que según la contratapa del álbum que giraba en el tocadiscos, aparecía descripta como Uno (Discépolo/ Mores). Aquella en la que esperaba el cambio de melodía a partir de su segunda estrofa (“Si yo tuviera el corazón…”), y que yo consideraba el momento más emocionante de la pieza. De hecho, y si la memoria no me engaña (y, vamos, aún así) fue la primera que me llenó tanto pero tanto de exaltación, al mismo tiempo que descubría que infantil corazón podía fruncirse.

Cuartito azul/ De mi primera pasión/ Vos guardarás todo mi corazón/ Si alguna vez volviera la que amé/ Vos le dirás que nunca la olvidé/ Cuartito azul, hoy te canto mi adiós/ Ya no abriré tu puerta y tu balcón

1 (2)Como autor de muchos de los más famosos tangos de aquellos años dorados de la década del ‘30 (nuestros propios blues), sin mencionar su talento inigualable como pianista y director de orquesta, Mariano Mores ha dejado para la posteridad un sinfín de títulos que desde el vamos se han convertido en piezas extraídas de la mejor cepa musical ciudadana, nuestro rasgo artístico más característico, y lo mejor que hemos hecho. Trabajando codo a codo con los más distinguidos letristas y poetas urbanos (los mencionados Enrique Santos Discépolo y Contursi, Francisco Canaro, Cátulo Castillo, Dante Gilardoni, entre tantos), sin mencionar las supremas orquestas o cantores con los que las registró (Troilo, Fiorentino, Libertad Lamarque, Cadícamo, Castillo, Marino), nos ha dejado piezas eternas como Gricel (que un joven Mores compuso a los 24 años de edad), Adiós Pampa Mía, Tanguera, En Esta Tarde Gris, La Calesita, Sin Palabras, El Patio de la Morocha, Cristal, Frente al Mar, Cafetín de Buenos Aires, Cuartito Azul, El Firulete o Taquito Militar, un catálogo de tangos que, con alrededor de 300 grabaciones, pueden completar el decálogo de los diez más famosos sin ninguna forma de titubeo. Su genio convivía amablemente con una humildad permanente que se hacía notar en el bajo perfil que cultivaba en cada una de sus apariciones radiales o televisivas. Sublime, clásico y distinguido, de sonrisa permanente, tuvo su gran homenaje en vida cuando en 2015, con motivo del Festival y Mundial de Tango de la Ciudad, recibió la caricia más sincera de manos de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires, que interpretó sus éxitos frente a una audiencia desbordada.
Con el fallecimiento de Mores, a los 98 años de edad y en una tarde gris, se fue una de las figuras definitivas de la primera línea del tango, un vuelo directo al firmamento de nuestro género musical más sanguíneo y representativo por excelencia.

 

 

LAS SIETE VIDAS DEL GATO

Estándar

Publicado en Evaristo Cultural el 8 de abril de 2016

No voy a decir nada del Gato Barbieri que prácticamente no se haya documentado. Bastante se dijo por estos días sobre su enorme estatura de haberse convertido en el más grande músico de jazz que parió nuestro país, y en el músico local con alcance internacional más prominente (después de Astor Piazzolla y Lalo Schifrin) de al menos los últimos 50 años. Dedicarme a escribir sobre los detalles de su vida podría ser tomado como redundante. Por lo que no voy a aludir a su ciudad natal de Rosario, que vio nacer a Leandro (lo de “Gato” llegaría durante su adolescencia, cuando alguien decidió adjudicarle el seudónimo por la forma en que Barbieri solía aparecer repentinamente en sus presentaciones entre club y club nocturno del Buenos Aires de aquellos tiempos) un 28 de noviembre de 1943, en años en que el jazz era apenas un género abordado por una pequeñísima minoría a nivel nacional, y cuando aún restaban otros tantos para que comience a indagar en los ritmos latinos más tradicionales, esos que le habían despertado curiosidad, antes de adentrarse definitivamente en el jazz de vanguardia, o en el estilo fusión, o incluso en el mismísimo pop, momento para el cual el Gato ya había sido cautivado por los sonidos de John Coltrane, o hasta de Carlos Santana. En consiguiente, no voy a hacer hincapié en referirme a la llegada a Buenos Aires junto a su familia en 1947, que luego derivó en su paso por la banda del mencionado Schifrin durante los gloriosos ’60, cuando aún no soñaba con convertirse en uno de los mejores saxofonistas latinoamericanos que el mundo conocería, y digno embajador de la por entonces cuasi ignota escena del jazz tercermundista. Mucho menos voy a dejar en claro su maestría a la hora de ejecutar el saxo tenor, el que ya dominaba majestuosamente por entonces y que, a poco de cumplir 20 años, lo acompañó en su bien ganado rol de músico avant-garde, desembarcando en Europa en 1962 para cruzarse en su travesía al trompetista y multi-instrumentista Don Cherry, al cual se uniría en su consagradísimo grupo y con quien, si es necesario apuntarlo, plasmaría los discos Complete Communion (la primera grabación de Cherry para el sello Blue Note Records, y del que también participó Pharoah Sanders, uno de los ídolos musicales de Barbieri) y un segundo álbum,Symphony for Improvisers. Asimismo estaría de más señalar que promediando los años ’70 el Gato se percató de alguna suerte de cambio en su senda musical y dejó el jazz experimental de lado para incorporar nuevas texturas y ritmos a su estilo. Tal vez debiera subrayar que en 1972 logró su punto artístico definitivo, tras serle encomendada la banda de sonido de El Ultimo Tango en París, el recordado largometraje de Bernardo Bertolucci (aquel drama erótico protagonizado por Marlon Brando y Maria Schneider), la que no sólo lo consagraría comercialmente, sino que además le valdría un premio Grammy el siguiente año.

1 (1)Así, el Gato continuó grabando música de forma incansable hasta 1982 (y con 35 álbumes registrados desde 1967 a esa parte), cuando tras una disputa con la compañía discográfica a la que pertenecía, se vio obligado a enfocarse únicamente en realizar conciertos para poder subsistir, un período oscuro en su vida donde no faltaron los coqueteos ocasionales con el alcohol y las drogas, y que se vio acrecentado tras verse afectado por la pérdida de su esposa en 1995 luego de 35 años de matrimonio, lo que lo llevó a enfrentar una cirugía coronaria al poco tiempo (y que le dejó un bypass triple), y a un eventual período de inactividad artística mientras pujaba por recuperarse mental y físicamente, combatiendo una seria depresión que incluso casi le produce la ceguera luego de sufrir una maculopatía severa. Aún con un estado de salud frágil, Barbieri continuó saliendo de gira, y hasta registró cuatro discos más, mientras desafiaba los embates que el destino le había puesto. Tradicionalmente escudado en su legendario sombrero fedora y sus clásicos lentes, el Gato siguió adelante presentándose mensualmente en el club de jazz Blue Note de New York a partir de 2013, la ciudad que lo había adoptado, si bien no grababa desde 2002, cuando lanzó The Shadow of the Cat, su trabajo en estudio final. Siete vidas más tarde, falleció el pasado sábado 2 de abril a los 83 años de edad en un hospital de la Gran Manzana, rigurosamente afectado por una neumonía demoledora, y tras sobrevivir a una nueva intervención cardiológica para extraerle un coágulo.
“No me importa ser recordado”, declaró alguna vez tras ser indagado sobre el día de su desaparición física, pero desde aquí hacemos todo lo posible para que no sea así. No hace falta decirlo.

 

EXHIBITIONISM | LOS STONES DESDE ADENTRO

Estándar

Publicado en Evaristo Cultural el 28 de marzo de 2016

En julio de 1989, días después que los Rolling Stones brindaran una conferencia de prensa en la estación central de trenes de la ciudad de New York para promocionar la inminente gira de su por entonces nuevo disco de estudio Steel Wheels (el que marcó la reconciliación Jagger-Richards tras su mutuo distanciamiento a mediados de esa década, cuya magnitud terminó momentáneamente opacando el futuro de la banda), una carta de lectores que apareció en el periódico de distribución gratuita neoyorquino The Village Voice generó una serie de risotadas cuando su autor no tuvo la mejor idea que, considerando a los miembros del grupo de edad suficientemente avanzada como para seguir haciendo lo que mejor sabían hacer después de casi 30 años de carrera), se refirió al maratónico periplo anunciado como la Steel Wheelchairs Tour (“la gira de las sillas de ruedas”) Mick Jagger se tomó el comentario probablemente en sorna, a pesar de su eterno complejo de Peter Pan, y mucho más lo habrán considerado así sus compañeros de ruta, no tan acomplejados como el líder del grupo. “La suma de la edad de los cinco Rolling Stones supera la de los años desde que fue firmada la independencia de los Estados Unidos”, agregó otro simpático lector. Eventualmente los Stones no volvieron a parar nunca, ni mucho menos tuvieron que recurrir a alguna silla de ruedas para seguir adelante, realizando prolongadísmas giras de ahí en adelante, y resistiendo exitosamente el paso inexorable del tiempo. Para muestra puede alcanzar un botón, pero para cimentar una carrera que desde hace años los ha consagrado como la banda definitiva de la historia del rock’n’roll (y así taparle la boca a los opinadores de turno) basta con remitirse a su reciente travesía latinoamericana de 14 fechas a lo largo del continente, y que culminó hace días con un simbólico concierto gratuito en la ciudad de La Habana, con unos Stones en perfecta forma, y con un promedio de edad que ronda los 70 años. Por lo que no resulta raro que, ahora que los Stones anunciaron la exhibición itinerante más grande de una banda de rock de la historia realizada (y la primera de carácter oficial en sus casi 54 años de carrera), otro ignoto emisor haya sugerido en una red social “si no sería más bien hora de ponerlos a ellos mismos en un museo” Así las cosas, Exhibitionism, descripta como “la más intensa e involvente perspectiva dentro del mundo de la Banda Más Grande del Rock’n’Roll”, de hecho la mayor dedicada a la vasta trayectoria de los Stones que el mundo alguna vez vio, tendrá su inauguración el próximo mes de abril en la galería Saatchi de la ciudad de Londres. La muestra, que ocupará nueve inmensas salas diseminadas en dos pisos ocupando 1.750 metros cuadrados (considerada diez veces mayor que la de David Bowie Is en el Victoria & Albert Museum, o veinte más que la de Elvis en el O2 de la misma ciudad, y con un presupuesto que ronda casi los 6 millones de dólares), fue diseñada en plan gira interactiva, y mostrará principalmente las ropas más típicas usadas por la banda, así como guitarras y todo tipo de instrumentos (destacándose la primera batería de Charlie Watts), audios inéditos, presentaciones cinemáticas, diarios personales, fotografías y diversas piezas de arte y memorabiliaacumuladas por la banda a través  de su enorme carrera.

1

Tal como declaró la curadora de la muestra Ileen Gallagher a la revista Newsweek, el público asistente se encontrará con una réplica exacta del histórico departamento de la calle Edith Grove, el cual Jagger, Richards y Jones habitaban en los primeros tiempos del grupo, así como también reproduciendo estudios de grabación carácterísticos, y hasta un área backstage. Un montaje fílmico en 3-D transportará a los visitantes a la imaginaria chance de estar sobre un escenario junto a los mismísimos Stones. “No hicimos un trabajo cronológico”, señaló Gallagher. “Hicimos foco en la carrera de la banda de forma temática, e intentamos crear una atmósfera para que la gente pueda sumergirse en ella” The Rolling Stones, Exhibitionismcontará a su ingreso con dos salas (oportunamente tituladas Ladies and Gentlemen y Experience), que oficiarán de presentación de la muestra. La primera incluirá una serie de animaciones rápidas que cubren la inagotable saga de los viajes de la banda a través de su historia, como así también el total de canciones y discos que han producido. Al llegar a Experience, el público asistente se topará con una pared semicircular de 60 pantallas de video que proyectan un montaje de la carrera completa de los Stones, sazonado con detalles cronológicos sobre su historia, para luego atravesar un túnel que los trasladará a una tercera sala, Meet the Band (Conozca a la banda), acompañados de un audio de fondo en el que Mick Jagger y Keith Richards explican cómo se conocieron.

2

El derrotero interactivo se completa, ahora sí, con el arribo a la réplica del mencionado e infame departamento en Edith Grove. “Nos remite a un recuerdo muy divertido del lugar”, apunta Gallagher. “Allí se ve todo, los hongos que crecían en las paredes, y aquel olor de medias sucias, cerveza y cigarrillos” “Fue el departamento más repulsivo y roñoso en el que alguna vez estuve en mi vida”, opinó Watts, que cuando le propusieron la idea de aromatizar el ambiente con patchouli, no dudó en dejar en claro que “nunca fuimos un grupo así” A lo que Keith Richards agregó “¿Patchouli? Ni siquiera teníamos para comprarlo”
Exhibitionism no podía dejar también de ahondar en lo fílmico, inevitablemente en lo relativo a un fenómeno artístico que siempre trascendió lo musical, y que asimismo también terminó haciendo hincapié en el arte general, o en la literatura, por lo que una de las nueve salas que la componen estará dedicada al sector de video donde, desde una pista de audio grabada, el director Martin Scorsese disertará sobre los momentos fundamentales de los Stones en celuloide. La siguiente sala apunta al legado artístico stoniano, desde la evolución del icónico logo de la lengua pergeñada por el diseñador John Pasche hasta una serie de piezas de colección, las tapas de los álbumes, y pósters promocionales de las giras, con Jagger hablando de fondo. El extenso derrotero artístico de los Stones, nunca y jamás superado, no podía dejar afuera su etapaglam (que podría enmarcarse a partir de sus pasos a fines de los años ’60 hasta mediados de la década siguiente), donde se exhibirán los simbólicos atuendos que usaron en los conciertos simbólicos de Hyde Park de 1969 (el primero de su carrera sin el fallecido Brian Jones, miembro fundador de la banda) y el trágico concierto en Altamont del mismo año.

3

La galería Saatchi verá ocupada otro de sus espacios con lo concerniente a la alta moda (territorio del cual el grupo, principalmente Jagger, jamás estuvo ausente), con una serie de ropas diseñadas por figuras renombradas como Yves Saint Laurent o Christian Dior, entre otros, y hasta L’Wren Scott, última pareja oficial de Sir Mick, la misma que puso final a su vida hace dos años, sumando también los ocho trajes que el cantante vistió a través de las diversas interpretaciones de la canción “Sympathy for the Devil” a través de los años. Exhibitionism cierra su travesía con una sala final, Performance, montada con la única finalidad de recrear el área que el grupo utiliza inmediatamente una vez que abandonan un escenario, de los miles que, literalmente, los han visto hacerlo. “Habíamos estado pensando en hacer la exhibición durante mucho tiempo”, apuntó Sir Mick, “pero tenía que ser en el momento indicado, y a gran escala, como cuando planeamos nuestras giras. Creo que ahora es un momento interesante para llevarla adelante”

4

La nueva operación de los Stones, la del vistazo más íntimo a al menos una buena parte de su inoxidable existencia, planea continuar viaje a través del mundo una vez concluya su residencia de cinco meses en la Saachti Gallery el próximo 4 de septiembre, desafiando el ciclo imparable de las agujas del reloj que marcaron el paso del tiempo, que no espera a nadie, pero que para los Stones siempre estuvo de su lado.

EL ROCK BRASILERO PERDIDO | ENTREVISTA A NELIO RODRIGUES

Estándar
  • Publicado en Evaristo Cultural el 13 de enero de 2016

    Independientemente de la biología, siempre estuve muy interesado en todo lo que tenía que ver con la música” La frase resulta ser la mejor tarjeta de presentación del escritor y periodista brasilero Nelio Rodrigues, que en cierta oportunidad decidió dejar atrás su pasado como investigador y profesor universitario para volcar sus energías, deliberadamente de forma más satisfactoria, en indagar sobre las historias jamás reveladas sobre las bandas de rock de su país, aquellas que pasaron desapercibidas por el público general. Nelio nació en la ciudad de Recife, capital del estado de Pernambuco, noreste de Brasil, pero su familia terminó mudándose a la ciudad de Rio de Janeiro cuando tenía 3 años de edad. Devoto incondicional de la historia del rock, cambió las aulas de la universidad, donde había desarrollado su carrera académica a lo largo de casi dos décadas, por su rol de escritor en el área que lo venía seduciendo desde mucho antes. Para su primer libro, Os Rolling Stones no Brasil, do Descobrimento à Conquista (1968-1999), y que lamentablemente sólo contó con una edición local, se quemó las pestañas recopilando historias prácticamente ignotas, así como las decenas de fotografías que permanecían inéditas hasta el lanzamiento del libro, sobre las visitas individuales del grupo a su país desde fines de la década del ’60 (un viaje inicial de Mick Jagger en calidad de turista curioso al por entonces extraño y pintoresco país sudamericano), hasta la que fuera por ahora última visita de su banda a Brasil, en 1998, y que sumará otro capítulo cuando los Stones vuelvan a presentarse allí en febrero de este año como parte de su nueva gira latinoamericana. Al cabo de unos pocos años editaría su segundo libro, Sexo, Drogas e Rolling Stones, la biografía más completa del grupo lanzada en el país hasta el momento, para luego entonces sí dedicarse a su proyecto más afanoso, el de inspeccionar el territorio de los artistas de rock desconocidos brasileros de las primeras décadas, las que forjaron el estilo antes de su popularidad masiva, y que finalmente vieron la luz bajo el título de Histórias Secretas do Rock Brasileiro, publicado en 2014, su último trabajo hasta la fecha, obras sobre cuyos datos y anécdotas el autor se refiere en esta entrevista realizada en Rio de Janeiro a principios del último mes de diciembre.

    ¿Cuándo y especialmente por qué motivo abandonó su carrera universitaria para comenzar a escribir sobre música?
    Soy biólogo, hice un postgrado en Botánica en la Universidad de Sao Paulo, pero luego me formé aquí en Rio, donde di clases en la universidad durante 17 o 18 años. Que es en verdad donde siempre viví, solamente salí de aquí cuando me fui a estudiar a Sao Paulo. La universidad era muy buena en el área de biología, pero financieramente comenzó a depreciarse, y generó una deuda enorme. Se fueron muchos profesores. De hecho hoy ya no existe más. Coincidentemente siempre había pensado en ponerme a escribir sobre las visitas que los Rolling Stones habían hecho a Brasil. Yo tenía una amiga cuyo padre era dueño de una editorial, y él me preguntó si yo estaba dispuesto a escribir un libro sobre esas visitas.

    1 (4)¿Pero cómo es que pasó de una cosa a otra tan distinta?
    Me encanta la naturaleza, pero la música siempre me resultó algo pasional. No llegué a tocar en una banda porque nunca tuve talento para eso, pero de alguna manera siempre estuve envuelto en lo relativo a lo musical. Pero por alguna razón nunca me consideraba demasiado bueno para ponerme a escribir. Y entonces me volqué de lleno a la carrera universitaria. Pero dar Clases nunca fue lo mío, lo que más me gustaba hacer era investigar, por lo que abandoné en 1999. No sabía bien qué hacer, tal vez buscar otra universidad, y fue ahí cuando surgió la posibilidad de escribir un libro. Decidí cambiar de vida, y dedicarme a escribir. Volver a intentar algo en la universidad a esa edad, a los 50 años, era algo muy difícil. Pero mi sueño era escribir, y sobre todo contar la historia de las visitas de los integrantes de los Rolling Stones al Brasil. Sobre aquel primer viaje de Jagger al Brasil, en 1968, casi nadie se enteró. Incluso los medios de la época, mezclan los hechos de las dos primeras visitas de Jagger y Richards como si fuera una única vez. A lo largo de mi vida jamás trabajé en música, pero siempre fui coleccionista de discos, y siempre la adoré. Desde aproximadamente 1965, fui acumulando material del grupo (discos, libros, revistas, etc.) Ya tenía bastante material reunido como para ponerme a trabajar en el linro, pero tuve que investigar aún más para poder reunir más información. Escribirlo me llevó más o menos unos ocho meses. Entrevisté varias personas que habían tenido contacto con ellos aquí en Brasil, y por primera vez esas lograron ser narradas, lo que terminó convirtiéndose en Os Rolling Stones no Brasil.

    2 (5)Fue allí cuando se puso a trabajar en su segundo libro…
    Hacía rato que venía escribiendo en internet para Senhor F, una revista online que se dedicaba a la historia del rock brasileño, básicamente de los años ’50, ’60 y ’70. De a poco fui acumulando muchas historias de bandas, que tampoco habían sido contadas anteriormente, como muchas de las que integran mi primer libro sobre los Stones. Bandas excelentes, que muy poca gente conocía, algunas de ellas con discos maravillosos. Y pensé que muchas de esas historias, con el paso del tiempo, iban a pasar al olvido. Entonces decidí escribir un libro, porque creo que desde que se imprimen, de alguna forma uno las está preservando, aún cuando Histórias Perdidas do Rock Brasileiro terminó siendo un libro chico, cuya edición yo mismo financié, y con el que no quedé muy conforme con la gráfica que hizo la editorial, ya que estamos.

Supongo que para entonces ya se había dado cuenta que su labor no había sido en vano…
Sí, me di cuenta que había una cierta demanda para cosas de ese tipo. Con Os Rolling Stones no Brasil, el público llegó a conocer historias hasta entonces desconocidas, y con el libro de historias perdidas del rock local sucedió lo mismo.

3 (3)¿El libro abarcó artistas de todo su país?
No, fueron básicamente bandas de Rio de Janeiro. Algunas que ya conocía, otras que terminé conociendo a través de personas a las que accedí, incluso algunas que yo había visto en vivo en aquella época, lo que me permitió detallar historias sin tener que recurrir a información secundaria. Al poco tiempo empecé a escribir para una revista impresa llamada Poeira Zine, siempre sobre bandas desconocidas, y que por ende habían pasado como inexistentes. Nadie jamás había escrito sobre ellas. El problema fue conseguir una editorial que estuviera interesada en publicar esas historias, sobre ese lado B de la música.

¿Cuál fue el motivo que lo llevo a realizar un segundo libro sobre los Rolling Stones?
Fue mi amigo, el periodista José Emilio Rondeau, quien me convocó para escribirlo junto a él. José había comenzado su carrera como periodista aquí en Rio, y después vivió durante muchos años en Los Angeles, trabajando como corresponsal para Brasil junto a su mujer, también periodista. Así como también terminé ayudándolo en un filme que él dirigió y editó junto a su esposa, que se llamó 1972, en cuya banda de sonido había artistas de rock brasilero de ese año, y también algunos internacionales. Fue a partir de allí que nos conocimos, y que nuestra amistad se tornó fructífera. Y entonces hicimos el libro sobre Stones, que es más que nada biográfico, pero que también incluye la parte brasilera. Hasta ese momento se había publicado poco y nada sobre ellos aquí en Brasil, al mismo tiempo que muchos de libros de rock extranjeros comenzaban a tener sus versiones en portugués. El mercado de la música comenzó a crecer muchísimo, y eso trajo aparejada la edición de muchos libros, tanto es así que Sexo, Drogas e Rolling Stones tuvo una tirada inicial de doce mil copias. Llegó a pasar 1 semana entre los diez más vendidos, según el Jornal do Brasil, y es posible que se esté reeditando de aquí a poco.4 (3)

Paralelamente comenzó a escribir más en diarios y revistas locales…
En ese momento fui invitado a escribir el texto para un CD de una banda brasilera que se editó en Alemania, y fue entonces que una grabadora portuguesa llamada Groovie Records me convocó para algunos lanzamientos en vinilo que iban a hacer de artistas brasileros, discos que se editaban para el mundo, de todos los estilos (garage, psicodelia, etc.), y también para algunos discos nacionales. También di algunos cursos sobre rock brasilero, principalmente en bibliotecas públicas, tanto aquí como en Sao Paulo.

Su último trabajo hasta el momento se llama Histórias Secretas do Rock Brasileiro. ¿El libro continúa con la misma línea de investigación que había realizado anteriormente?
Así es, pero con mucho más detalle y extensión. El libro se especializa sobre todo en bandas de Rio de Janeiro desde los ’60, hasta mediados de los años ’70, en verdad una selección de bandas de estilos diferentes, y que también habían sido ignoradas.

¿Cómo resulta dedicarse a escribir sobre rock brasilero en Rio? Quiero decir, es evidente que en una ciudad como Sao Paulo el rock se siente mucho más, acaso aquí no suelen ser más tradicionalistas?
Es verdad, aquí somos menos rock. El universo de Rio de Janeiro es bastante diferente, porque cuando el rock llegó a la ciudad se encontró con una cultura musical muy diferente, una cultura que tiene que ver más con la tradición brasilera, la de la canción samba, y de la bossa nova. En verdad el rock llegó antes que la bossa nova, pero aún así tuvo que enfrentar una cultura musical muy rica proveniente de muchas partes distintas del país. La música bahiana, el forró, las cosas del carnaval, el choro, etc. Entonces el rock no encontró un campo muy fácil. digamos. No había posibilidad que se convierta en un estilo dominante, sobre todo aquí en Rio, que es donde surgió la bossa nova. O la canción samba, recordemos que por entonces Rio aún era la capital del país. Esa movida estaba centralizada en Copacabana, con música en vivo, ya en la década del ’40, escena que condensaba la bohemia imperante de aquel momento.

5 (4)¿Los músicos de bossa nova o samba lo aceptaron?
No, en absoluto. Muchos sambistas eran anti-rock, y los de bossa nova lo consideraban un estilo musical inferior, ya que el bossa es más sofisticado. Por lo que el rock se encontró con una resistencia. Creo que fue en 1966, si mal no recuerdo, que hubo una manifestación contra la guitarra eléctrica, encabezada por la cantante Elis Regina. En realidad los programas dedicados al samba, al bossa nova, o a la MPB (música popular brasilera) estaban perdiendo audiencia. Por ejemplo, La Jovem Guarda, el programa de Roberto Carlos, tenía artistas que usaban guitarra eléctrica, y el programa estaba dominando la escena, y los estilos brasileros comenzaron a perder espacio. Era la época del ié ié ie, como solía llamarse al rock aquí.

¿Y entonces cómo es que el rock brasilero hizo para sobrevivir en la época de la dictadura militar?
El rock que sobrevivió en esa época fue el rock radiofónico, que en verdad era más pop. Las bandas más contundentes no tuvieron muchas chances. Fueron pocos artistas los que dominaban la escena. Rita Lee, Os Mutantes, incluso Secos e Molhados, fueron pocos los que tuvieron la oportunidad de escribir canciones que eran pasadas en la radio. Pero todo cambió en 1967 con la llegada del tropicalismo, que demostró que e rock podía tener un lugar especial mezclando la guitarra de Joao Gilberto con el sonido de la de Jimi Hendrix, y así establecer un “rock brasilero”, pero no porque haya estado hecho en Brasil, sino por utilizar elementos de la cultura musical brasilera. El caso más representativo es el de Os Mutantes. Caetano Veloso y Gilberto Gil le mostraron el camino.

¿Se encuentra trabajando en algún proyecto nuevo?
Una vez más estoy haciendo algo referente al rock brasilero, sobre todo de Rio, que no llega a ser una enciclopedia de los artistas de los ‘60s y ‘70s, sino que va a ser más una especie de guía. Y un segundo proyecto que tiene que ver con la entrada del rock en Brasil, lo que abarcaría el período de los primeros éxitos de Bill Haley en el país, hasta la llegada de los Beatles.

Lo que le va a llevar bastante trabajo…
Claro, es mucho. De hecho todavía no decidí por cuál empezar.

DAVID BOWIE (1947-2016) | ZIGGY EN EL CIELO

Estándar

Publicado en Evaristo Cultural el 11 de enero de 2016

Son las 4 y algo de la madrugada de este lunes 11 de enero. Cualquier hora o momento es malo para enterarse que falleció David Bowie. Hay cierto escepticismo del que uno es presa en estos tiempos de noticias rápidas. Ese ritmo de noticias que se atreve a querer pasar por natural, común y cotidiano no termina de convencer, por lo que muchas veces resulta inevitable someterse a no creer en todo lo que se lee por ahí. Y todavía me lo permito, mientras escribo, a menos de media hora de encontrarme con tan tremendo anuncio. La noticia es devastadora. No sólo por el contenido en sí, sino además por la convalidación de lo que se venía rumoreando. Lo confirmó su propio hijo: Bowie perdió la partida tras batallar durante 1 año y medio contra el cáncer. Sí, esa puta enfermedad, la más mala de todas. Así que uno escribe lo que le sale. Lo que le sale sobre uno de los artistas y estrellas de rock definitivos. ¿Es que acaso hace falta aclararlo? La noticia sigue calando hondo y el síndrome de la hoja en blanco está como nunca. Apelo una vez más a la posibilidad del “falso rumor”, pero no hay chance. Ya ha pasado más de 1 hora desde que comenzó a circular la noticia y a nadie se le ocurre desmentirlo. Para colmo de todos los males no han transcurrido ni siquiera dos días desde que se editó su nuevo álbum Blackstar, que venía a cortar un hiato discográfico de 3 años, lanzado el mismo día que se conmemoraba su cumpleaños 69, y que constituía una celebración demasiado ansiada pos sus amantes. Casi siete décadas durante las que, desde el inicio de su carrera, Bowie llegó para convertirse en el emperador supremo de la combinación de los géneros musicales y la teatralidad, el último de los modernos, el Picasso del pop. Alguien como quien no habrá otro igual. La pérdida es demasiado inmensa como para seguir insistiendo en explicar esto de los sentimientos. El camaleónico artista que en tantas ocasiones se reinventó cambia de color una vez más, y es un luto demasiado grande que sólo la luz de su arte, incalculable y lejos de toda posible descripción gráfica, se encargará de disipar con el paso del tiempo.
Que Dios te bendiga, David…

 

DIEZ POSTALES DE SÃO PAULO

Estándar

Publicado en Evaristo Cultural el 21 de diciembre de 2015

1 (3)1. Con un número que oscila los doce millones de habitantes, San Pablo no es solamente la capital del estado y ciudad principal de la región metropolitana del mismo nombre (región cuya población supera a la de la totalidad de Argentina), sino además la mayor de Sudamérica, disputándose el décimo puesto mundial entre Moscú y Beijing en el grupo de las megalópolis con mayor índice demográfico. Basta con salir a dar un paseo por el distrito céntrico para obtener un censo perfecto, adentrándose en un hervidero cosmopolita que, en términos multiculturales, bien podría llevarla a considerarse la New York del hemisferio sur americano. Circunstancia por la que no dudo en practicar mi deporte favorito cada vez que la visito, en rigor, el de disponerme a caminatas interminables, de esas que pueden llegar a extenderse por 20 km., convirtiéndome en una suerte de pacman de carne y hueso dispuesto a perderse a través de sus incontables recovecos. Y si encima a uno le toca arribar a la gran ciudad muy temprano, como resultó ser en esta última oportunidad (agreguémosle el hecho de verme obligado a hacer tiempo para el check-in del hotel hasta la media mañana), no queda otro chance que ponerse en marcha. Así las cosas, eran algo más de las 6 a.m. y São Paulo ya había despertado, aún lejos del momento preciso en el que, al son de una campana de largada imaginaria, el Centro se vería invadido de transeúntes y coches, como sucede religiosamente de lunes a viernes, y con horas pico de antología. Todo lo que apenas logro divisar es alguna que otra bandada de palomas jugando entre los edificios con las primeras luces del día, o aquel trasnochado de ocasión que perdió la brújula. En Brasil se suele usar la palabra “largo” (en portugués, “ancho”) para referirse a determinados espacios cuadriláteros desperdigados por sus ciudades, por lo que el Largo do Paissandú, uno de los puntos más característicos del Centro paulista, resulta ser el punto de partida ideal para mi madrugador reconocimiento del terreno (revisitado por enésima oportunidad), área coronada por la Igreja de Nossa Senhora do Rosário dos Homens Pretos (más conocida como Igreja dos Pretos, o Iglesia de los Negros), que fue inaugurada durante la primera década del siglo pasado, y cuyo amarillo furioso le da un toque de vivacidad a una San Pablo gris que, aparentemente, todavía le cuesta abrir los ojos. A sólo 1 cuadra de allí, tras desplazarme por la avenida São João, camino 100 metros hasta toparme con el Teatro Municipal de la ciudad, el equivalente a nuestro Teatro Colón, y que ahora luce un tanto derruido. Las principales peatonales de la zona (la Barão de Itapetininga, o la Dom José de Barros), también aparecen desiertas, con la excepción de un grupo de barrenderos en plena actividad, al igual que el Viaduto do Chá, el primer viaducto paulista de la historia, el mismo que unas horas después estará desbordado de gente, situación potenciada este noviembre por el boom de las compras navideñas, un hormiguero de concreto en constante ebullición. Pero el recibimiento no deja de resultarme placentero. La cara B de la historia: el viajero exquisito (que no es precisamente mi caso, ni siquiera remotamente) podrá incurrir en eso de sentirse algo sacudido al tener que presenciar la cantidad de mendigos apostados en la zona (una postal tradicional de la ciudad que pareciera vivir un in crescendo permanente), y que suelen agolparse en las calles del área hasta que el momento en que llega la marabunta de peatones y deben salir a procurar otro agujero. Es uno de los contrastes más notorios y característicos de la ciudad de las mil diferencias. En el grupo que pernocta frente al local de Casas Bahia hay un hombre de mediana edad que se incorpora para ofrecerme comprarle una tostadora antigua, o bien un aparato de teléfono que parece haber sido arrollado por un tren. No me animo a preguntarle. “Buen día, ahora no, gracias”, le suelto. “No hay problema, se lo guardo”, me asegura antes de retornar a su confortable posición horizontal. Buen día Sampa…

2 (4)

2. La chica del pronóstico del noticiero de la tele así lo confirma: este último noviembre fue el más lluvioso en la ciudad de los últimos 20 años. São Paulo está preparada para resistir toda posibilidad de inundación, al menos en su parte metropolitana, pero la llegada de una lluvia puede dar lugar a una serie de imágenes, por lo menos, poco familiares. A los paulistas no le gusta mojarse, por lo que la súbita aparición de la más leve de las garúas hace que los vendedores de paraguas florezcan en las calles en cuestión de segundos, literalmente. El grado de cataclismo se hace notar más en la Avenida Paulista, uno de los puntos turísticos más notable de la metrópolis, principal centro financiero de la ciudad, y el de más actividad comercial de Brasil, allí donde se concentra el flujo de dinero más potente del país. Los oficinistas corren y buscan refugio ante el incesante vendaval de meteoritos que pone sus ropas en riesgo, buscando amparo debajo del primer techo, o parapetándose en las estaciones de subte diseminadas a lo largo de la gran avenida, que no tiene nada que envidiarles a las de las naciones del primer mundo. Cuando la lluvia cesa, finalmente, el paulista suele asegurarse de que no sea una falsa alarma, para entonces sí volver a sus actividades cotidianas hasta una nueva aparición aterrorizadora de King Kong. La Paulista también es la avenida elegida por los manifestantes al momento de salir a protestar, como fue el caso en estos días de manos de un grupo de estudiantes secundarios que solicitaban cambios en la reforma estudiantil recientemente modificada por el gobierno estatal.

3 (2)

3. El Terminal Rodoviário do Tietê es la estación central de ómnibus de la capital. Tietê, como se la conoce coloquialmente, es la versión sobre ruedas del aeropuerto internacional de Guarulhos, el de mayor movimiento de América Latina, y de su hermano menor Congonhas, que se utiliza para vuelos de cabotaje. Localizada en al barrio de Santana (aquel que vio nacer a Ayrton Senna), la terminal Tietê debe su nombre al río de más de 1.000 km. de extensión que cruza el estado paulistano de este a oeste, y es su trecho más contaminado el que atraviesa la ciudad. La estación terminal es el punto de partida oficial a todos los destinos del país, alojando a cerca de trescientas compañías de bus, y con un tránsito continuo de aproximadamente tres mil vehículos que mueven a más de 90.000 personas día tras día, conectando a São Paulo con 1.033 ciudades de 21 estados brasileños y cinco países del hemisferio sur (Perú, Paraguay, Uruguay, Chile y Argentina), un monstruo de cemento que ofrece todas las facilidades para el viajero, y que también cuenta con su propio andén de estación de metrô (subte) incorporado. El metrô paulista data de 1968 y tiene cinco líneas de servicio, aparte de sus extensiones, que se distinguen por sus colores (azul, verde, amarilla, roja y lila), y que se pasean a lo largo de los casi 69 km. de red de subterráneos, con 61 estaciones, adonde llegan los 154 trenes que la recorren. Y que sólo paran por unas horas en el horario nocturno.

Parque Ibirapuera São Paulo (SP) Parque Natureza Cidades e Patrimonios Vista Aérea

4. “Mientras Sao Paulo trabaja, Rio se divierte”, me dijo hace años un empleado de un bar paulista en estado de honestidad brutal. Pensé que era una frase histórica, pero en rigor nunca más la volví a escuchar, ni tampoco la encontré en Google. Mito o verdad, lo cierto es que el paulista lleva una vida agitada que lejos dista del relax, y que hace que el carioca pueda ser imaginado como un bañista que vive debajo de una palmera. Es un síndrome propio de las capitales, pero aquí la máxima resuena más fuerte. São Paulo ciudad carece de naturaleza (a excepción de los morros bajos que sólo aparecen en la periferia), o del inmenso Parque do Ibirapuera, que con sus casi 1.600 km. cuadrados es el primo lejano del Central Park neoyorquino, o de los bosques de Palermo. Es por eso que muchos de los habitantes de la ciudad abarrotan las rutas (principalmente la Rodovia dos Imigrantes), que en los fines de semana los llevan al litoral paulista y sus playas (entre las más populares, las de la isla de Guarujá), y tras pasar por Santos (ciudad natal de uno de los dos jugadores de fútbol más populares de la historia), los depositan en un contraste absolutamente opuesto a la cotidianeidad de cada jornada.

5 (3)

  1. En São Paulo sobran las ofertas culturales. El turista de turno suele elegir el MASP (pronúnciese “Máspi”), el Museo de Arte de Sao Paulo, como destino obligatorio, que posee una de las más destacadas colecciones de América Latina, o el Museo de la Lengua Portuguesa, o el de la Pinacoteca del Estado. Pero nada más interesante que las ferias callejeras, entre las que a ojo se destaca la de la plaza Benedito Calixto, localizada en el barrio de Pinheiros (a cuadras del hospital de Clínicas, el multicomplejo sanitario de la ciudad), y que tiene lugar todos los sábados. Partiendo del Centro, una caminata sugerida es la de tomar la avenida São Joao hasta la Ipiranga (sede de la histórica Praça da República o el Edifício Itália, el segundo más alto de la ciudad), para luego doblar en la Rua da Consolação (donde se aloja el cementerio más antiguo de la ciudad), pasarse por la avenida Rebouças, y seguir hasta la calle Teodoro Sampaio, para aterrizar en la feria de la plaza Calixto después de unas cuadras y sus decenas de puestos de antigüedades y objetos de colección. Y que nunca se suspende por mal tiempo.

6 (3)

  1. Con sus miles de restaurantes, São Paulo cuenta con una de las ofertas gastronómicas más variadas del planeta, que potencian su de por sí ya extensísima variedad étnica. No hace falta dejar la vida en uno de los tantos sitios caros a la hora del almuerzo o de la cena, ni tampoco ponerse a lavar platos. Como en prácticamente cualquier punto turístico brasileño, una simple parada en cualquiera de los millones delanchonettes alcanza y sobra para conformarse con su menú de pasteles o jugos. O acercarse al barrio chino en la vecindad de Liberdade. Pero cerca de la estación de subte Luz, en el Centro de la ciudad, se encuentra el Mercado Municipal. Más popularmente conocido como el Mercadão, con sus casi 80 años de historia, el Mercado Municipal llegó para reemplazar al antiguo Mercado Central paulista, especializándose en la comercialización de verduras, cereales, carnes, condimentos, tabacos, y todo producto alimenticio o de consumo diario imaginable. Teniendo en cuenta la interminable extensión de Brasil, y su desmedida variedad de productos, el Mercadão puede llegar a resultar irresistible. Pero nada como acercarse al sector de frutas. Son los mismísimos empleados que atienden sus puestos los que terminan abalanzándose sobre uno para tentarlo con probar las variedades más raras de frutos, en su mayoría provenientes del norte del país, o de la parte alta Sudamérica. Frutas exóticas, de esas que uno nunca vio. “Pruebe ésta, se llama pitaia, o Fruta del Dragón, es colombiana”, me dice. No me niego. “Ésta también, pero es la variedad roja” Tampoco me niego. “¿Y ésa no es la misma, pero amarilla?” “Sí, es la variedad amarilla, quiere probarla?” No quisiera incomodar al vendedor, me incomoda decirle que no. “¿Y esa ahí, la marroncita?” “Esa se llama sapoti, viene del norte, ¿la probó alguna vez”? “La verdad, nunca la probé” El puestero continúa cortando muestras de cada una de las frutas, y a mi lado hay al menos cuatro personas más que comparten la experiencia. “Y esa es la jabuticaba, y la de atrás se llama atemóia” “Conozco una que se llama chirimoya, no sé si será la misma…”, indago. “No, lachirimóia es aquella otra, tome, pruebe” No pienso resistirme a la invitación. Al fin y al cabo nadie lo obliga, y toda experiencia didáctica resulta bienvenida. “Y la de al lado se llama maracujá doce” “Maracujá, a esa la conozco, ¿no es la que dicen que tiene propiedades relajantes?” Y el vendedor que no para. “Gracias por todo, la verdad, le compraría algo, pero no soy de aquí y si las llevo, no tengo cómo mantenerlas” “No se preocupe, será otra vez, le dejo la tarjeta del local” Decido abandonar el Mercadão sin más lugar para la lujuria frutal, no sin antes intentar malcriarme un poco más con el bocadillo más insigne del lugar, y el símbolo culinario más arquetípico del mercado, el “sanduíche” de mortadela, una delicia que se disputan históricamente dos de los puntos especializados a la hora de engullirlo, el Bar de Mané y el Hocca Bar, pero las largas colas para adquirirlo me llevan a terminar desistiendo. Después de todo ya tuve mi oportunidad de probarlo en un viaje anterior, y tampoco quisiera que mi sistema digestivo, concluyo, entre en conflicto con la oferta frutal digerida, mientras que un vendedor de otro puesto de frutas cercano, bandeja y cuchillo en mano, me hace señas para que me acerque. “Gracias, pero tengo que irme” “No hay problema, le dejo la tarjeta del negocio, y también enviamos a domicilio…”

7 (1)

7. Lejos de los placeres y de las variadas ofertas de geografía simbólica que ostenta una de las diez ciudades más grandes del planeta, más allá de los paseos y de los barrios de Jardins o Higiénopolis, aquellos dominados por las clases altas de la sociedad paulista, São Paulo reúne una historia de marginalidad prácticamente indisputable. Una buena parte de su población pertenece a la casta más pobre y, con los permanentes devaneos sociales y económicos que son parte del folklore del país, el grado de sobrepoblación de la región marca una brecha eterna que no parece tener retorno, mayormente como parte de una coyuntura signada por el sainete político-económico que en el más reciente de los episodios, el caso de la Petrobras, dio como resultado un escándalo de billones, y que terminó avivando aún más el fuego de la opinión pública, que no para de quejarse desde el momento del recordado gasto desmedido de fondos nacionales con motivo de la última copa mundial de fútbol, y cuya sumatoria de hechos ha llevado al mismísimo pedido de juicio político de la presidenta Dilma Rousseff. Como en toda grande ciudad, el mayor de los problemas que atraviesa la población marginal paulista (y también en otras urbes del país, si bien en menor escala) es el del consumo de crack, que consagró a Brasil como el mayor consumidor de esa droga a nivel mundial. La situación se ha ido tanto de control que São Paulo cuenta con su propia área de adictos. Es la región que se conoce popularmente con el nombre de “Cracolandia”, y que se extiende principalmente por los barrios de República, Bom Retiro y Santa Cecilia (también parte del distrito céntrico paulista), donde los adictos al crack se han apoderado de edificios públicos abandonados, y que suman cientos de personas en situación de indigencia absoluta que pasan la totalidad de su tiempo viviendo entre basura, presas de un mundo irreal del cual no son conscientes, compartiendo su desgracia, y que en muchos de los casos son también víctimas del sida o la tuberculosis, constituyendo una ciudad dentro de otra sin límites, en todos los sentidos posibles.

8 (1)

  1. Definidas por el gobierno como “asentamientos subnormales”, y con su mayor preponderancia en la ciudad de Rio de Janeiro, São Paulo también tiene favelas, que están principalmente dispuestas en las zonas oeste y sur de la ciudad. Al contrario de Rio, cuya geografía permite que se ubiquen sobre las laderas de los morros que acompañan a prácticamente todos los barrios urbanos, las favelas paulistas se encuentran en la periferia metropolitana. Un fenómeno que comenzó a crecer a partir de la década del ’70, y con una trayectoria progresiva hasta nuestros días, que suman más de quinientos asentamientos, y con más de 70.000 favelados, resultando en el mayor de los contrastes de la capital paulistana.

9 (1)

  1. Monarca indiscutible de la “comida chatarra” paulista, el churrasco grego lidera el patrimonio de la oferta gastronómica callejera de la ciudad. Una disección ocular del producto en cuestión da como resultado un trozo gigante de carne (similar a una pata de jamón ibérico, pero a millones de años luz en calidad) que rueda en máquinas de metal distribuidas a diestra y siniestra en las calles de la ciudad (en puestos callejeros, o en las entradas de los bares), esencialmente en la zona céntrica. Así, el “churrasco griego”, con su grasa chorreante, representa la imagen viva del monumento perfecto de la gastronomía que se niega a todo posible intento de gourmetización. Según reza una página especializada, son tres los factores que pueden explicar la atracción por semejante bomba de colesterol: “el olor de la grasa derretida que vierte la carne y que inunda la calle, la velocidad en que es servido (que no supera los 30 segundos), y su bajo precio”. Por apenas 2 Reales (algo así como 10 pesos argentinos, o incluso menos, según la cotización del día), uno cuenta con la posibilidad de adquirir este manjar proletario, que también presenta su versión “a la vinagreta”, y que por el mismo costo también incluye un vaso de jugo artificial en cualquiera de sus cuatro versiones (naranja, púrpura, amarillo o rojo), según el grado de resistencia estomacal de las víctimas potenciales que lo solicitan.

10 (2)

10. El segundo rascacielos más alto de la ciudad (y de todo el territorio brasileño) responde al nombre de Mirante do Vale (o Mirador del Valle), con 51 pisos y 170 metros de altura, situado en el centro histórico paulista, hasta la fecha sólo superado por el Millennium Palace, en Camboriú, en el estado sureño de Santa Catarina. Pero a la hora de permitirse la mejor vista de la imponente urbe, la mejor elección recae en la Torre Banespa (o Banespão, el Banco del Estado de São Paulo, privatizado en el año 2000 junto al grupo Santander), la tercera más alta después del Edificio Italia. Con entrada gratuita, este ícono de la ciudad, erigido originalmente en 1939, e inspirado en el Empire State de New York (considerado al año siguiente la mayor construcción de cemento armado del mundo), tras un rápido viaje hasta la cima en uno de sus catorce ascensores, permite avistar São Paulo en 360 grados, y lograrle una condecoración visual muy a la altura (nunca mejor dicho), de las grandes metrópolis mundiales.

HUÉSPEDES EN LIBRERÍAS DE TOKIO

Estándar

Publicado en Evaristo Cultural el 30 de noviembre de 2015

Existen diferentes tipos de bibliófilos varios desperdigados por el bendito mundo. Este rol mundano es tan variopinto que cualquier intento de clasificarlos por categoría puede aportar poco y nada, pero una descripción rápida sugeriría incluir a aquellos modernos que hoy en día conocemos como hipsters, cuya zona de hábitat apunta a las librerías de arte, a los que buscan ejemplares antiguos, a los que procuran títulos no específicos por el mero hecho de generar una charla didáctica con el librero de turno, los aficionados que buscan primeras ediciones, y los que salen de pesca con el posible objetivo de encontrar algo que logre recrearlos un poco. Al final del día uno siempre se dirige a una librería en busca de algo, y es también al final del día que el más triste de los momentos que ocurre inevitablemente: cuando el personal del local en cuestión anuncia que ha llegado la hora de cerrar. Los lectores ávidos suelen amar estar rodeados de libros, no importa el orden, hay algo con el papel, tanto que a veces juegan con la posibilidad de quedarse a dormir en las librerías que visitan. Es un afán más común de lo que pueda parecer, un sueño recóndito fácil de declarar. Pasar el tiempo entre estantes puede convertirse en hábito, aún cuando uno termina adquiriendo libros que jamás va a terminar de leer, o que incluso ni siquiera cierta vez empieza. Es por eso que la cadena japonesa de librerías Junkudo estuvo astuta en capitalizar lo que hasta hace poco podría haber sonado a disparate, y que ahora se convirtió en una auténtica demanda de este tipo de servicio. Desde el pasado mes de septiembre, Junkudo le permite alojarse a sus clientes en su reciente invención, un hotel-librería (o librería-hotel, da lo mismo), y así darles el derecho de leer todos los libros y revistas que quieran por una noche.

Claro que para experimentarlo inicialmente hay que irse hasta Ikebukuro, un distrito comercial y de entretenimiento en el suburbio de Toshima, en plena Tokio. Producto de una colaboración conjunta entre un grupo de diseñadores (Suppose Design Office), otro inmobiliario (R-Store) y una librería (Shibuya Publishing Booksellers), el proyecto dio lugar a la idea que terminó siendo bautizada book and bed (“libro y cama”, acaso prima lejana del más popular y netamente hotelero bed and breakfast), en rigor un lugar en el cual uno puede quedarse a dormir tras el cierre de la librería, y no ser invitado a retirarse del recinto, y a cambio de ello pasar la noche in situ. El hotel-librería de Junkudo no cuenta con habitaciones privadas, sino que las camas de sus huéspedes se ubican en cápsulas construidas dentro de las mismísimas estanterías, todo dentro de un espacio comunitario para todos sus asistentes, que quizás al principio pueda no resultar muy confortable, más aún en una ciudad conocida por su alto índice demográfico y donde no suele caber un alfiler (si bien pueden optar por el uso de cortinas que mantengan su espacio individual), pero que puede sugerir una relación muy especial con sus amados libros, y que en definitiva puede constituir una experiencia singular para el lector entusiasta. “Uno puede leer un libro en la comodidad de su propia cama en una atmósfera relajada en el corazón de Tokio”, señaló uno de los voceros de la emprendedora firma. “Invitamos a todos a compartir esa experiencia con nosotros, y que la levedad de un libro en la cama tome la delantera”

 

ANDY WHITE | BEATLE POR UNA SESIÓN

Estándar

Publicado en Evaristo Cultural el 24 de noviembre de 2015

Ringo Starr siempre recordó el episodio como “uno de los peores momentos de su vida”. Aquel 11 de septiembre de 1962, Ringo llegó a los estudios de la compañía EMI en Abbey Road para encontrarse con la imagen de un músico ignoto sentado en el banquito de su batería Ludwig. Pasmado ante la situación imperante, el baterista de los Beatles desconocía por completo que George Martin, el legendario productor del grupo, se había quedado completamente insatisfecho con su desempeño durante la sesión de estudio reciente en la que los Beatles grabaron las canciones Love Me Do y P.S. I Love You (las que más conformarían el primer single editado de los Fab Four) y que así las cosas, por estricta sugerencia de su asistente Ron Richards, Martin, a quien no le temblaba el pulso a la hora de tomar decisiones repentinas (mucho antes que los egos de Lennon y McCartney comiencen a hacerlo), había optado por contratar a un talAndy White, uno de los tantos músicos de sesión que trabajaban para la EMI, para hacer mejor su  malogrado trabajo. De nacionalidad escocesa y bastante mayor que Starr, White (de quien tal vez incluso muchos de los fans de los Beatles más acérrimos no conozcan su nombre) terminó realizando una labor sólida y quedándose con el puesto de baterista para las dos canciones, dejando así a Ringo fuera del proyecto, tal como le había sucedido dos meses antes a Pete Best (el primer baterista de los Beatles), cuyo trabajo tampoco había dejado a George Martin conforme. White recibió algo más de 5 libras esterlinas por su trabajo de tres horas para registrar junto a Lennon, McCartney y Harrison las dos canciones que integrarían el primer simple de la banda (paga que también incluyó el costo del traslado de su instrumento), y absolutamente ni un penique de royalties, aún cuando ambas canciones acabaron formando parte del álbum debut Please Please Me, que se lanzó en marzo de 1963. Love Me Do y P.S. I Love You, respectivamente, finalmente tuvieron a Ringo tocando pandereta y maracas, encabezando el lado B del disco, y con plena participación de White, si bien los créditos del disco lo indican erróneamente a Starr como baterista en ellas.

Otros trabajos célebres de White como sesionista incluyeron el hit de Tom Jones de 1965 It’s Not Unusual, así como canciones de la década del ’60 de Chuck Berry, Rod Stewart, Burt Bacharach, los Herman’s Hermits y Lulu, entre otros, y que le valieron el título de “uno de los bateristas ingleses más ocupados de fines de los ’50 hasta mediados de la década del ‘70”, antes de terminar mudándose a los Estados Unidos en los años ’80, donde se desempeñó primordialmente como profesor de batería, y habiendo dejado atrás su pasado de pop para unirse a agrupaciones de música tradicional escocesa, hasta que en 2008 el grupo The Smithereens lo convocó para tocar en su versión de P.S. I Love You, tras haber lanzado el año anterior Meet the Smithereens!, el disco tributo a los Beatles en que la banda replicó el álbum completo Meet the Beatles! a su estilo. El paso provisorio de White por el combo de Liverpool dejó como legado su certificación de “quinto Beatle”, un club que eventualmente también incluye a Stuart Sutcliffe (el bajista original de la banda), Pete Best y el baterista Jimmie Nicol (más conocido por haber reemplazado a Starr en una serie de conciertos en plenaBeatlemania en 1964)
Tras sufrir un ataque al corazón a los 85 años, White falleció el pasado 9 de noviembre en Caldwell, New Jersey, ciudad en la que se instaló tras abandonar el Reino Unido, y donde más de medio siglo antes tuvo sus tres horas como sesionista (y sus cinco minutos de fama extendida) junto a la banda más grande de música pop de todos los tiempos.

ALLEN TOUSSAINT | Lo que el río no se llevó

Estándar

Publicado en Evaristo Cultural el 16 de noviembre de 2015

Fue uno de los desastres naturales más devastadores que se recuerden. Aquel 23 de agosto de 2005 el huracán Katrina llegó para dejar su nombre marcado a fuego en la historia, y jamás poder ser olvidado. Tras pasearse por Cuba antes de trasladarse hacia el sur de Florida, Mississippi, y otros estados estadounidenses, llegando incluso hasta Canadá, sus vientos encolerizados terminaron haciendo el mayor de los impactos en New Orleans, Louisiana donde, tras fallar el sistema municipal de los diques de contención (considerado el mayor desastre de la ingeniería civil de la historia de los Estados Unidos, y que devino hasta en una demanda contra el Cuerpo de Ingenieros del Ejército del país), dejó a una de las ciudades más multiculturales del mundo hecha pedazos. Casi la totalidad de la población de New Orleans debió ser evacuada, mientras que los miles que no pudieron hacerlo, o que no llegaron a tiempo para adelantarse a las inclemencias del tiempo, terminaron siendo alojados en el inmenso Superdome, el histórico centro deportivo y de exhibiciones de la ciudad, y cuyas postales desoladas recorrieron el mundo hasta terminado el período de alerta, en paralelo a la reconstrucción de una buena parte de la ciudad más grande del estado sureño. Entre las personas que vieron como las aguas desbordadas del río Mississippi se llevaban sus casas estaba el músico, arreglador e intérprete Allen Toussaint, símbolo indiscutible de la cepa del sonido más puro de la ciudad en donde había nacido, y que de manera no deliberada lo convertiría en unos de sus más destacados embajadores artísticos.
Fue sesenta años antes de la catástrofe generada por Katrina que el músico Dave Bartholomew, también nativo de New Orleans, prominente trompetista y productor que despuntaba en prácticamente todos los estilos musicales que dominaban la escena de aquellos años (swing, R&B, rock and roll, jazz, big band, Dixieland), y el mismo que más tarde co-escribiría muchos de los grandes éxitos de Fats Domino, quien presentó a Toussaint, por entonces un prometedor joven pianista de diecisiete años, ante su selecto grupo de músicos amigos. El resto es historia. Con el correr de los años, Toussaint pasaría a convertirse en una figura central de la escena del rhythm and blues más original y llamativo de la música popular norteamericana (encabezando la lista junto a artistas de la misma talla y procedencia como Professor Longhair, Dr. John, Huey Smith o el mismísimo Domino), y una de las grandes fuerzas en darle forma a la música de la segunda mitad del siglo veinte de ese país. “Músico de músicos”, ya a comienzos de la década del ’60, Toussaint era considerado una auténtica máquina de generar éxitos en su labor simultánea de compositor, productor y arreglador para los sellos de la ciudad Instant y Minit Records, y sus trabajos junto a artistas como Benny Spellman (quien grabaría Fortune Teller, luego versionada por los Rolling Stones, los Hollies o The Who, entre otros), Art Neville o Irma Thomas (la “Reina del Soul de New Orleans”, con Ruler of My Heart), Bonnie Raitt y Boz Scaggs (con What Do You Want the Girl to Do?), Devo (quienes grabaron Working in a Coal Mine), Robert Palmer (con Sneaking Sally Thru the Alley), Labelle (y la maravillosa Lady Marmalade), Warren Zevon (con A Certain Girl), Herb Alpert, Otis Redding, The Meters, Paul Simon, Sam and Dave, Little Feat, Johnny Winter, Bo Diddley, Jerry Garcia, Joe Cocker, The Band, Paul McCartney & Wings o los Yardbirds, entre tantos otros nombres, dejarían bien en claro su impresionante labor artística de antemano.
La casa de Toussaint en la vecindad de Gert Town se había tornado una especie de sala de ensayos permanente en la que generación tras generación de músicos se juntaba a escribir y ensayar canciones a lo largo de sesiones que podían durar días completos, y de las cuales emergieron muchos de los clásicos del R&B americano (y su característico sabor a New Orleans), que lograron que las canciones de Toussaint perduren a través de los años como verdaderas joyas de colección.


Pero no fue hasta el año 2009 que (así como en su momento el río inspiró a Faulkner, a Mark Twain o a Melville, o a una dinastía interminable de canciones y películas), Toussaint crearía The Bright Mississippi, uno de los mejores trabajos de su carrera, donde interpretó canciones de Sidney Bechet, Duke Ellington, Jelly Roll Morton, Django Reinhardt, Thelonious Monk y Billy Strayhorn, y que acabó siendo la mejor de las terapias para exorcisar el trance tras el trauma que había dejado el paso del huracán. “Terminó siendo una especie de bendición para muchos de nosotros, especialmente para mí”, declaró Toussaint sobre el desastre que había asolado a la ciudad cuatro años antes. “Hizo que tengamos que flexionar nuevos músculos. Vivíamos nuestras vidas en New Orleans tranquilamente, y en un lugar tan confortable. Pero llegó Katrina y nos llevó a intentar otras cosas, a irnos por un tiempo. Al haber tenido que emigrar a New York, terminé estando justo en el medio de donde estaban ocurriendo muchas cosas, donde sucedía todo. Eso trajo aparejado algunas colaboraciones que resultaron ser muy saludables para mí. Hasta comencé a presentarme en vivo más regularmente, lo que era muy inusual, pero también muy gratificante” Tras su ingreso en el Salón de la Fama del Rock en 1998, Toussaint logró una suerte de redescubrimiento de su obra (sobre todo para las nuevas generaciones) de la mano de su asociación con Elvis Costello y su disco en conjunto The River In Reverse, editado en 2006, y que le valió un premio Grammy. La noticia de su muerte a los 77 años de edad tras un ataque de corazón luego de ofrecer un concierto en Madrid el pasado 9 de noviembre sorprendió no sólo a los aficionados que habían asistido al show, sino al mundillo artístico en su totalidad. Un rato antes, en el escenario, Toussaint había recorrido su carrera discográfica con un repertorio de más de una hora y media. Nada hacía presagiar un final tan abrupto y tan lejos de su New Orleans natal, y en la que ya nada podrá arrasar con el legado musical de uno de sus mejores representantes.

ZAPPADOC

Estándar

Publicado en Evaristo Cultural el 2 de noviembre de 2015

Hace casi 22 años, después que un cáncer de próstata terminal acabó ganándole la pulseada que lo había tenido batallando por su recuperación desde hacía un largo tiempo, Frank Zappa se aseguró de partir de esta vida con la lograda medalla de haberse consagrado definitivamente como uno de los artistas más heterodoxos que puedan alguna vez recordarse. Francis Vincent Zappa Jr. no sólo fue figura clave a la hora de fusionar el rock con otros géneros musicales (jazz, clásica, etc.), sino que también consiguió dejar plasmado su sello como figura emblemática anti establishment y alterar a la clase pacata que, naftalina mediante, lo observaba con desdén. Zappa nunca logró ser tremendamente popular (al fin y al cabo no estaba entre sus principales aspiraciones serlo), pero sus roles combinados de guitarrista, compositor, arreglador y director musical terminaron convirtiéndolo en un artista único en su especie, un rara avis que, fuera de su aspecto mayormente excéntrico, contó con un talento inapreciable que, de no ser por una cuestión meramente cronológica, y basado en su variada (y extensísima) discografía, lo podrían haber situado a la altura de un compositor clásico con todas las letras. Distinto hubiera sido si en 1966 no hubiera lanzado su disco debut Freak Out! (cuando aún formaba parte de los estrafalarios Mothers of Invention), un trabajo de pura cepa avant-garde que destilaba todo tipo de variaciones electrónicas y orquestales, para luego continuar con We’re Only In It for the Money (Lo hacemos sólo por dinero), que parodiara directamente al Sgt. Pepper de los Beatles. Y ni mucho menos con álbumes de la talla de Absolutely Free yCruising with Ruben and the Jets, o de Uncle Meat. Ya para entonces su persona era sinónimo de música subterránea, y con el paso de los años supo manejar a la perfección ese estatus under que lo caracterizó, en sana convivencia con el del virtuoso que gozaba quebrar límites, tomándose con todo el sarcasmo posible la sociedad establecida de su país, acaso su rasgo más característico, sin tampoco dejar de pregonar el libre discurso, la abolición de la censura, o el del involucramiento político.

En todo caso, en lo estrictamente musical, Zappa ha constituido una gran influencia en muchísimos guitarristas (tan sólo evocar el álbum triple Shut Up ’N Play Yer Guitar de los ‘80s), y que resultaron ser ejemplos primordiales de sus habilidades en el arte de la improvisación del instrumento. Motivos, entre tantos otros, por los que los zappómanos seguramente estarán de parabienes tras el reciente anuncio de la noticia que indica la realización de un nuevo documental, en esta ocasión oficialmente aprobado, sobre la vida y carrera del su artista de cabecera. Inicialmente planeado para ser lanzado en 2017, el proyecto, que aún se encuentra en sus primeras etapas de desarrollo, estará a cargo del director Alex Winter (más recordado por su rol de actor en filmes como The Lost Boys o Bill & Ted) Un entusiasmado Winter declaró que “aún resta hacer un documental definitivo y autorizado sobre la vida y la obra extraordinaria de Frank Zappa. Estoy más que emocionado de poder embarcarme en esta travesía. Estará relatado por las propias palabras de Frank, que será nuestro guía a lo largo de este viaje” Hasta su anuncio hace unos pocos meses atrás, el proyecto iba a contar con la supervisión general de Gail, la esposa de Zappa, pero su reciente muerte el pasado 7 de octubre sugiere que sean entonces sus hijos Dweezil, Moon Unit, Diva y Ahmet, que poseen los derechos completos sobre la obra del músico, así como los de las ediciones de discos lanzadas post-mortem, quienes terminen encargándose de la tarea, evitando una inmerecida postergación. “No es una historia fácil de contar”, señaló su hijo Ahmet. “Y confiamos en que Alex verdaderamente comprenda al hombre complejo y multifacético que fue mi padre”.

BOB DYLAN | DE REGRESO A LA CARRETERA 61

Estándar

Publicado en Evaristo Cultural el 14 de octubre de 2015

Bob Dylan tiene a sus fans a maltraer. O muy bien acostumbrados. Según el lado desde el que se mire. En el primer grupo se alinean los que, con cada nueva edición de alguna de sus obras retrospectivas, se ven obligados a enfrentar terribles esfuerzos presupuestarios para hacerse de las piezas en cuestión. Y en el segundo, aquellos que se andan sin rodeos a la hora de entra en gastos. El cuadro de situación no le atañe exclusivamente a Bob y su engrosada fila de admiradores. Son varios los artistas que, en rigor, desde el advenimiento de la era digital (comandada por el inefable CD y su primo cercano el DVD), se han valido de estos manuables soportes para ofrecer productos a los que antes era casi imposible imaginar poder acceder. Pero es de alguna manera Dylan y su saga de Bootleg Series quien carga con la más suculenta de las canastas. Bob no es ningún tonto (ni tampoco lo es su compañía grabadora), y sabe que sus acólitos harán lo imposible para valerse de esas canciones inéditas o tomas alternativas que tanto los han desvelado con el correr del tiempo. Posee uno de los catálogos más amplios que puedan venir a la mente (aún en plena actividad y con una carrera que ya ha superado el medio siglo), y ha grabado tanto, pero tanto, que podría seguir ofreciendo material hasta el momento inédito por décadas. Para colmo, sus seguidores gozan de haber sido históricamente etiquetados como acaso los más fundamentalistas de todos, rastreando a diestra y siniestra todo registro musical que su eterno gurú haya plasmado cierta vez. Por lo que el material que integra cada uno de los lanzamientos de sus “series piratas” (para la ocasión de carácter aprobado oficialmente), lejos de aquellas grabaciones subterráneas que han circulado con el correr de los años, y ahora rescatadas directamente de los masters originales de estudio, representa un shot incuestionable de adrenalina. Y no hay mucho más que decir. El próximo 6 de noviembre verá entonces la edición de The Cutting Edge 1965-1966: The Bootleg Series Vol. 12 que, como su nombre lo indica, será el duodécimo capítulo en la saga de “piratas oficiales” inaugurada en 1991 (y que se inició con The Bootleg Series Volumes 1-3, Rare & Unreleased, 1961-1991)

Podemos decir que cada uno de los lanzamientos resulta fundamental para todo aquel que se precie de estimar la obra del gran Bob, pero es en éste, su nuevo capítulo, en el que más se concentra en el desarrollo de de su sonido eléctrico a lo largo de dos años decisivos de la década del ’60, tras haber dejado atrás su etapa original de folk acústico (para reformar no sólo su carrera, sino también la del rock en general) y enfocándose en demos primitivos, canciones inéditas y tomas alternativas de uno de los períodos dorados de su vasta trayectoria. Aquel durante el cual, entre enero de 1965 y febrero de 1966, Dylan editó álbumes magníficos como Bringing It All Back Home, Highway 61 Revisited y el doble Blonde on Blonde, y que dejaron muchas de sus más grandes canciones como ‘Subterranean Homesick Blues’, ‘Mr. Tambourine Man’, ‘Like a Rolling Stone’, ‘Visions of Johanna’, ‘Just Like a Woman’, ‘Positively 4th Street’ o‘Desolation Row’. En fiel consonancia con el tipo de lanzamientos que suelen verse por estos días, The Cutting Edge 1965-1966: The Bootleg Series Vol. 12 saldrá a la venta en tres formatos distintos: una edición básica y muy económica en CD doble, una versión expandida de seis CDs (que agrega un libro de 120 páginas con fotografías poco conocidas y de objetos de colección de la época), una tercera incluyendo 3 LPs, y una cuarta versión monstruosa (una edición limitada de 5000 copias “para coleccionistas”) que presentará dieciocho discos, y que incluirá cada posible nota que Dylan haya registrado en estudios entre 1965 y 1966 (con un total 379 canciones), cada una de las tomas y letras alternativas, más las reproducciones de nueve singles en sonido mono con su arte de tapa original, además de grabaciones privadas que Dylan realizó durante su estadía en hoteles de Londres, Glasgow y Denver, a lo que se le suma un libro de tapa dura de 170 páginas, y todo por el módico precio de 599.99 dólares. Sin ir más lejos, solamente las sesiones de grabación de Like A Rolling Stone (¡hay 20 versiones diferentes!) ocupan la totalidad de uno de los discos que componen la caja.
The Cutting Edge 1965-1966: The Bootleg Series Vol. 12 es la tercera de las series piratas lanzadas en los últimos dos años, precedida por Another Self Portrait y The Basement Tapes Complete. “Siempre tuvimos la idea de editar un disco con material anterior a su primer álbum, de los días en que Dylan cantaba en las cafeterías de Greenwich Village”, aseguró una fuente cercana al músico. “Y también nos encantaría revisitar Blood on the Tracks, Infidels, Oh Mercy, y los discos que hizo de gospel”
La  profanación sagrada de las bóvedas con material de archivo de uno de los artistas más significativos de todos los tiempos parece no tener fin. Mientras tanto, para los bien o mal acostumbrados, que sea Bob.

LISTADO DE DISCOS Y CANCIONES QUE COMPONEN LA EDICIÓN DE LUJO (6 DISCOS)

DISCO 1

  1. “Love Minus Zero/No Limit” (toma 1, acústica, incompleta)
  2. “Love Minus Zero/No Limit” (toma 2, acústica)
  3. “Love Minus Zero/No Limit” (toma 3, reversión acústica)
  4. “Love Minus Zero/No Limit” (toma 4, reversión eléctrica)
  5. “I’ll Keep It with Mine” (toma 1, demo en piano, previamente editada en ‘Biograph’, 1985)
    6. “It’s All Over Now, Baby Blue” (toma 1, acústica, previamente editada en ‘The Bootleg Series, Vol. 7’, 2005)
  6. “Bob Dylan’s 115th Dream” (toma 1, acústica, incompleta)
  7. “Bob Dylan’s 115th Dream” (toma 2, acústica)
  8. “She Belongs to Me” (toma 1, acústica)
  9. “She Belongs to Me” (toma 2, reversión acústica)
  10. “She Belongs to Me” (toma 1, reversión eléctrica)
  11. “Subterranean Homesick Blues” (toma 1, acústica, previamente editada en ‘The Bootleg Series, Vol. 1–3’, 1991)
  12. “Subterranean Homesick Blues” (toma 1, reversion eléctrica)
  13. “Outlaw Blues” (toma 1, acústica)
  14. “Outlaw Blues” (toma 2, eléctrica)
  15. “On the Road Again” (toma 1, acústica)
  16. “On the Road Again” (toma 4, eléctrica)
  17. “On the Road Again” (toma 1, reversión eléctrica)
  18. “On the Road Again” (toma 7, reversión eléctrica)
  19. “Farewell, Angelina” (toma 1, acústica, previamente editada en ‘The Bootleg Series, Vol. 1–3’, 1991)
  20. “If You Gotta Go, Go Now” (toma 1, acústica)
  21. “If You Gotta Go, Go Now” (toma 2, eléctrica)
  22. “You Don’t Have to Do That” (toma 1, acústica, incompleta)

DISCO 2

  1. “California” (toma 1, acústica)
  2. “It’s Alright, Ma (I’m Only Bleeding)” (toma 1, acústica, demo)
  3. “Mr. Tambourine Man” (tomas 1 y 2, incompleta, con banda)
  4. “Mr. Tambourine Man” (toma 3, incompleta, con banda)
  5. “It Takes a Lot to Laugh, It Takes a Train to Cry” (toma 1)
  6. “It Takes a Lot to Laugh, It Takes a Train to Cry” (toma 8)
  7. “It Takes a Lot to Laugh, It Takes a Train to Cry” (toma 3)
  8. “It Takes a Lot to Laugh, It Takes a Train to Cry” (toma 3, reversión)
  9. “Sitting on a Barbed Wire Fence” (toma 2)
  10. “Tombstone Blues” (toma 1)
  11. “Tombstone Blues” (toma 9, previamente editada en ‘The Bootleg Series, Vol. 7’, 2005)
  12. “Positively 4th Street” (tomas 1 y 3)
  13. “Positively 4th Street” (toma 4)
  14. “Positively 4th Street” (toma 5)
  15. “Desolation Row” (toma 1)
  16. “Desolation Row” (toma 2, demo en piano)
  17. “Desolation Row” (toma 5, reversión)
  18. “From a Buick 6” (toma 1)
  19. “From a Buick 6” (toma 4, editada erróneamente en la primera versión del álbum ‘Highway 61 Revisited’, 1965)

DISCO 3

  1. “Like a Rolling Stone” (tomas 1 y 3)
  2. “Like a Rolling Stone” (toma 4)
  3. “Like a Rolling Stone” (toma 5)
  4. “Like a Rolling Stone” (ensayo)
  5. “Like a Rolling Stone” (toma 1)
  6. “Like a Rolling Stone” (tomas 2 y 3)
  7. “Like a Rolling Stone” (toma 4, editada en el album ‘Highway 61 Revisited’, 1965)
  8. “Like a Rolling Stone” (toma 5)
  9. “Like a Rolling Stone” (toma 6)
  10. “Like a Rolling Stone” (toma 8)
  11. “Like a Rolling Stone” (tomas 9 y 10)
  12. “Like a Rolling Stone” (toma 11)
  13. “Like a Rolling Stone” (toma 12)
  14. “Like a Rolling Stone” (toma 13)
  15. “Like a Rolling Stone” (toma 14)
  16. “Like a Rolling Stone” (toma 15)
  17. “Like a Rolling Stone” (toma de la cinta master, pista en guitarra)
  18. “Like a Rolling Stone” (toma de la cinta master, pista en voz y guitarra)
  19. “Like a Rolling Stone” (toma de la cinta master, pista en órgano y batería)
  20. “Like a Rolling Stone” (toma de la cinta master, pista en piano y bajo)

DISCO 4

  1. “Can You Please Crawl Out Your Window” (toma 1)
  2. “Can You Please Crawl Out Your Window” (toma 17, editada erróneamente en el single ‘Positively 4th Street’)
  3. “Highway 61 Revisited” (toma 3)
  4. “Highway 61 Revisited” (toma 5)
  5. “Highway 61 Revisited” (toma 7)
  6. “Just Like Tom Thumb’s Blues” (toma 1)
  7. “Just Like Tom Thumb’s Blues” (toma 3)
  8. “Just Like Tom Thumb’s Blues” (toma 13)
  9. “Queen Jane Approximately” (toma 2)
  10. “Queen Jane Approximately” (toma 5)
  11. “Ballad of a Thin Man” (toma 2, incompleta)
  12. “Medicine Sunday” (toma 1)
  13. “Jet Pilot” -(toma 1, previamente editada en ‘Biograph’, 1985)
  14. “I Wanna Be Your Lover” (toma 1)
  15. “I Wanna Be Your Lover” (toma 6)
  16. “Unknown Instrumental” – (toma 2)
  17. “Can You Please Crawl Out Your Window” (tomas 5 y 6)
  18. “Visions of Johanna” (toma 1)
  19. “Visions of Johanna” (toma 5)

DISCO 5

  1. “Visions of Johanna” (toma 7)
  2. “Visions of Johanna” (toma 8, previamente editada en ‘The Bootleg Series, Vol. 7’, 2005)
  3. “Visions of Johanna” (toma 14)
  4. “She’s Your Lover Now” (toma 1)
  5. “She’s Your Lover Now” (toma 6)
  6. “She’s Your Lover Now” (toma 15, previamente editada en ‘The Bootleg Series, Vol. 1–3’, 1991)
  7. “She’s Your Lover Now” (toma 16, piano)
  8. “One of Us Must Know (Sooner or Later)” (toma 2)
  9. “One of Us Must Know (Sooner or Later)” (toma 4)
  10. “One of Us Must Know (Sooner or Later)” (toma 19)
  11. “Lunatic Princess” (toma 1)
  12. “Fourth Time Around” (toma 11)
  13. “Leopard-Skin Pill-Box Hat” (toma 3)
  14. “Leopard-Skin Pill-Box Hat” (toma 8)

DISCO 6

  1. “Stuck Inside of Mobile With the Memphis Blues Again” (toma 1)
  2. “Stuck Inside of Mobile With the Memphis Blues Again” (ensayo)
  3. “Stuck Inside of Mobile With the Memphis Blues Again” (toma 5, previamente editada en ‘The Bootleg Series, Vol. 7’, 2005)
  4. “Stuck Inside of Mobile With the Memphis Blues Again” (toma 13)
  5. “Stuck Inside of Mobile With the Memphis Blues Again” (toma 14)
  6. “Absolutely Sweet Marie” (toma 1)
  7. “Just Like a Woman” (toma 1)
  8. “Just Like a Woman” (toma 4)
  9. “Just Like a Woman” (toma 8)
  10. “Pledging My Time” (toma 1)
  11. “Most Likely You Go Your Way (And I’ll Go Mine)” (toma 1)
  12. “Temporary Like Achilles” (toma 3)
  13. “Obviously 5 Believers” (toma 3)
  14. “I Want You” (toma 4)
  15. “Sad-Eyed Lady of the Lowlands” (toma 1)

LOS 50 PERSONAJES MÁS SIMBÓLICOS DE LA HISTORIA DEL CINE (PARTE 4)

Estándar

Publicado en Evaristo Cultural el 14 de octubre de 2015

Que nombres como los de Travis Bickle, El Capitán Blood, Tony Montana o King Kong resulten ser más reales que una buena parte de las personas que protagonizan nuestros días es algo en lo que posiblemente podamos estar todos de acuerdo. La historia de la cinematografía nos dejó un tendal de personajes inolvidables. Nacieron en un guión, se criaron en un set de filmación, y terminaron habitando las salas de cine del barrio adonde íbamos a descubrirlos, o el living de nuestras casas. Los hemos idolatrado al máximo, y hasta incorporamos alguna o varias de sus frases y gestos a nuestra conducta habitual, convirtiéndolos en casos más reales de los que suelen poblar nuestra vida cotidiana. Como esos familiares lejanos que le despiertan a uno un cariño especial. Es cuando la ficción supera a la realidad y, no nos engañemos, tampoco es que la situación diste mucho de la realidad. Digámoslo así: los personajes de cine forman parte de nuestras vidas. Aún cuando habrá que sacrificar a quienes los protagonizaron y dejarlos, aunque sea por esta vez, en segundo plano. Todo listado resultará insuficiente, pero he aquí el primer intento (al que se le sumarán cuatro entregas) sobre 50 figuras inolvidables con las cuales seguimos maravillándonos, y que no parecen tener fecha de vencimiento.

Jett Rink (James Dean, ‘Giant’, 1956)
Da la impresión que James Dean tuvo que morirse para que el mundo comenzara a interesarse en su persona y entonces convertirlo en la figura más icónica de la desesperanza adolescente de los años dorados del cine. Con sólo siete películas en su filmografía personal (de las cuales en dos apareció apenas como extra), fue la última que rodó, Gigante, que le valió un Globo de Oro por su actuación, un año antes del accidente automovilístico que le quitó la vida. Co-protagonizada por un elenco estelar encabezado por Rock Hudson y Elizabeth Taylor, Jett es un cowboy que renuncia a todos sus ideales a cambio del amor por una mujer, todo dentro de un marco que refiere a la discriminación generalizada de los ciudadanos de origen mexicano en los Estados Unidos, y que no casualmente había alcanzado un punto álgido en el mismo año en que se rodó la película. Gigante cobraría un rol importante al ser galardonada culturalmente con el transcurrir de los años, y así Dean, el rebelde del celuloide por excelencia, dejaría plasmada la actuación más maduro de su corta carrera cinematográfica.

Dr. Zaius (Maurice Evans, ‘Planet of the Apes’, 1968)

Si 2001: Odisea en el Espacio marcó el paso indiscutible de la ciencia ficción al plano cinematográfico, dejando atrás su lugar de cine de clase B de segundo plano, si no fuera por El Planeta de los Simios jamás hubiéramos tenido producciones de la calidad de Alien, El Octavo Pasajero (1979) o, sin ir más lejos, La Guerra de las Galaxias (1977) Y fue precisamente algo así como una década antes de estos filmes que, basado en el libro de Pierre Boille del mismo nombre, el director Franklin J. Schaffner tomó las riendas para realizar un largometraje en el que una tripulación de astronautas aterriza en un planeta desconocido del futuro dominado por simios, y donde la humanidad debe responder a la esclavitud a la que éstos la somete. Entre ellos, Zaius, de especie orangután (protagonizado por Maurice Evans), Ministro de la Ciencia y Jefe Principal de la Fé, con su constante temor ante la inteligencia del astronauta George Taylor (protagonizado por Charlton Heston), termina convirtiéndose en el personaje más antagónico y significativo de este singular relato, protegiendo a su civilización de primates de la “pestilencia andante” de la humanidad.

Luke ‘Cool Hand’ Jackson (Paul Newman, ‘Cool Hand Luke’, 1967)

A primera vista, el nombre de Paul Newman sugiere una serie de largometrajes clásicos y definitivos muy a la altura de su condición de superestrella cinematográfica. Galán de galanes, Newman y sus ojos azules se cargaron la platea femenina por la eternidad hasta su fallecimiento en el 2008. Pero lejos de su gran porte físico (considerado “el más bello de los bellos”), resulta ser que además Newman actuaba maravillosamente bien. Demasiadas películas para nombrar a la hora de pensar en su filmografía, pero no deja de resultar interesante su rol en el drama La Leyenda del Indomable, quizás su film de culto por excelencia y en el que Luke, un presidiario de una cárcel del estado de Florida, caracterizado por su permanente tozudez y resistencia ante la autoridad, y que termina siendo el favorito entre el resto de los internos de la penitenciaría al (quienes lo alientan al son de “¡Sos alguien original, eso es lo que sos!”) Mención aparte para la banda de sonido original a cargo del gran Lalo Schifrin.

Terry Malloy (Marlon Brando, ‘On the Waterfront’, 1954)
A mediados de la década del ’50, el director griego-estadounidense Elia Kazan se encontraba en plena campaña de “caza de brujas” con una movida netamente macartista que combatía toda posible incursión comunista en Hollywood, y tal vez haya sido On the Waterfront (que por estas tierras se conoció como LaLey del Silencio) su propia eximición de culpas y conciencia. Malloy es un boxeador fracasado que se gana la vida como trabajador portuario en un clima de permanente corrupción del cual es parte deliberada hasta que, tras participar de un crimen, decide cambiar de opinión y, agotado de lidiar con las presiones cotidianas, opta por dar un giro de ciento ochenta grados y hasta terminar denunciando a su propio hermano, que era figura clave de la organización, convirtiendo al filme en una pieza ciento por ciento Marlon Brando, su protagonista principal.

 Ethan Edwards (John Wayne, ‘The Searchers’, 1956)
En el que fuera considerado uno de los western más venerados del género, un veterano de la Guerra Civil se embarca en un viaje para rescatar a su sobrina (papel a cargo de Natalie Wood) de una tribu indígena. Claro que eventualmente no es su principal intención hacerlo, pero sí asesinarla, tras considerar que lo que ha hecho ofende su sentido de la decencia. Conocida aquí como Más Corazón Que Odio, el rol de Ethan perdurará en los anales cinematográficos como uno de los papeles más significativos del controvertido John Wayne, que además gusta de profesar cierto tipo odio por los indios, y quien no confía en absolutamente nadie, salvo en sí mismo.

Joe Clay (Jack Lemmon, ‘Days of Wine and Roses’, 1962)
Joe y su esposa Kristen Amesen son personas tan corrientes como Ud. y yo. Joe se dedica a las relaciones públicas, y Kristen es la secretaria principal de una gran empresa, pero con todo eso nada impidió que el director Blake Edwards nos demuestre como dos personas con vidas tan mundanas y normales no puedan caer en el infierno de la dependencia del alcohol y su pozo sin fondo plagado de demonios. Así, el matrimonio pasará encantadoras jornadas rindiéndole culto al placer etílico sin límites y compartiendo la más sagrada de sus pasiones (precisamente, a lo que refiere el título del film), adentrándose cada más en el infierno de su enfermedad compartida, y del cual sólo lograrán entrar en razón al percatarse que su estilo de vida no era el más indicado para criar a su hija. Días de Vino y Rosas acabó siendo una crítica directa al poder de las adicciones en general.

Lt. (Harvey Keitel, ‘Bad Liutenant’, 1992)
Le llevó un buen tiempo al actor Harvey Keitel lograr el  merecido reconocimiento del público masivo y la secta cenéfila como parte de una generación que, basada en grandes nombres como el de De Niro, Hoffman o Pacino, entre otros, hizo que su trabajo terminara siendo eclipsado por un largo período. Pero es imposible no recordar, entre tanto personaje asociado con su figura (Pulp Fiction, Perros de la Calle, etc.) su rol en Un Maldito Policía, el film de Abel Ferrara de título directo en el cual Keitel encarna al policía más corrupto y depravado que se recuerde, sumido en el mismísimo submundo que en rigor debería combatir, y a cambio dedicándose a todas las actividades ilícitas que ni el más salvaje de los criminales podría haber cometido.

Hans Beckert (Peter Lorre, ‘M’, 1931)
Personaje repulsivo que acaba siendo víctima de sus propios instintos, el provocador rol de Hans Beckert, un perfecto y torturado psicópata en la Dusseldorf de los años oscuros, representa una de las criaturas más trastornadas que alguna vez desfilaron por la gran pantalla. Conocida en el mundo hispano como El Vampiro de Dusseldorf, o El Vampiro Negro, inspirada en el caso real del asesino serial Peter Kürten, Beckert deambula por las calles de la ciudad en busca de inocentes niños con el fin de convertirlos en su presa .El director Fritz Lang aprovechó la ocasión para hacer su propia crítica social al sistema, indirectamente dirigida al partido nazi, el cual que terminó censurando su obra, y su mejor película.

Nigel Tufnel (Christopher Guest, ‘This Is Spinal Tap’, 1984)
¿Quién hubiera imaginado alguna vez que uno de los personajes centrales de una de las más ácidas sátiras sobre el estilo de vida del rock & roll podía acabar influyendo a la mismísima historia de éste? Ningún largometraje como This Is Spinal Tap (que aquí se conoció como Esto Es Spinal Tap) caló tan hondo al burlarse de prácticamente todos los clichés posibles de un género desbordante en detalles del cual agarrarse. Fueron al fin y al cabo el director Rob Reiner y los actores de reparto Christopher Guest, Michael McKean y Harry Shearer (quienes integraban el combo musical protagonista del filme) los verdaderos responsables de semejante ocurrencia, un documental apócrifo sobre los avatares de una banda de heavy metal, y la ácida crítica a sus pretensiones personales y actitudes en una época en que el estilo tuvo su paso más brillante por la escena del espectáculo. Pero fue Guest y su personaje de Nigel Tufnel el que logró el papel más representativo, con sus solos de guitarra inolvidables y su ego sin límites, transformando a Spinal Tap (ambos banda y película) en un producto único en su especie.

HAL 9000 (‘2001:A Space Odyssey’, 1968)
Por lo menos una vez el personaje principal de una película tenía que ser absolutamente ficticio, y para representarlo nada mejor que HAL 9000 (Heuristically Programmed Algorithmic Computer, o “computadora algorítmica programada heurísticamente”), que controla completamente el sistema que comanda la nave espacial Discovery One, cuya población, obsesionada por las señales que transmite un monolito lunar proveniente de alguna civilización extraterrestre. En el film que Stanley Kubrick dirigió en 1968, y que aquí recordaremos con el nombre de 2001: Odisea del Espacio, HAL aparece físicamente representada por una cámara del tipo fish eye (ojo de pez), desde donde imparte las órdenes a la tripulación de la nave.

 

 

 

KEITH RICHARDS | BLUES, AMNESIA Y CORAZONES BIZCOS

Estándar

Publicado en Evaristo Cultural el 17 de septiembre de 2015

“Siento como que todo el mundo me otorgó una especie de licencia diciéndome ‘Seguí Keith, hacelo, porque nosotros no podemos hacerlo, hacelo por nosotros’ Y yo les decía, ‘Lo voy a hacer, pero no me voy a pasar del límite’” Keith Richards no sólo terminó excediendo esos límites, sino que también acabó marcando nuevas metas que ni él mismo alguna vez imaginó, dejando atrás su condición crucial de “el guitarrista de los Rolling Stones”, para también convertirse en la quintaesencia de uno de los personajes más simbólicos que la historia ha alumbrado. La del creador que derrocha virtud desde aquellos riffs inigualables, y la del arquitecto principal de una banda cuyo sonido fue emulado universalmente. A sus 71 años de edad (que se tornarán 72 el próximo diciembre), Richards puede haber desacelerado sus días salvajes de estilo de vida de rock and roll extremo, pero es en rigor lo que siempre fue su verdadera adicción, la de la música, y la de su amor por ella, la que nunca permitió que se ponga algún tipo de freno artístico. “Salir a tocar está en la sangre, en los huesos”, apuntaría. ¿Y entonces qué mejor motivo para celebrar su pasión, aquella misma que siempre lo llevó a mantenerse imparable, que la salida de un nuevo trabajo en solitario? Así las cosas, este 18 de septiembre marcará el lanzamiento de Crosseyed Heart, su nuevo álbum personal.

El disco llega en un momento ideal y muy esperado que seguramente saciará la ya insoportable sed de los acólitos de los Rolling Stones, quienes no ofrecen un nuevo trabajo de estudio completo desde el año 2005, cuando editaron el recordado A Bigger Bang, y a excepción de alguna que otra canción suelta que fue la excusa deliberada para promocionar compilados del grupo. Richards decidió esperar encontrar el momento indicado para su nueva aventura, que es el de un alto en la gira que conmemoró el 50 aniversario de su legendaria banda, el cual comenzó en Londres a fines de 2012 y que, interrumpidamente y bajo distintos nombres, fue realizando shows conmemorativos desde entonces con un repertorio basado en los grandes éxitos de los Stones a través de las décadas, a los que ahora se le agrega la posibilidad de nuevas fechas en Sudamérica a principios del año próximo, pero que por el momento no se alejan de los rumores de siempre. ‘Crosseyed Heart’ es, además, su primer trabajo solista después de 23 años, en aquel momento en que editóMain Offender en 1992. Pero mucho antes Richards había dado su primer paso en solitario de manera no deliberada. Fue cuando para la Navidad de 1978 (seis meses después de que el mundo conociera el celebrado disco de los Stones Some Girls), Keith lanzó el simple con las canciones Run Rudolph Run (de la autoría de Johnny Marks y Marvin Brodie, más conocida por la versión de Chuck Berry, uno de sus sempiternos ídolos musicales), que estuvo acompañada en la cara B por The Harder They Come, un reggae de la pluma de Jimmy Cliff, y que habían sido grabadas dos años antes de su llegada al mercado. El single no fue más que un capricho de la Rolling Stones Records, por lo que Richards jamás se había planteado una carrera en solitario. No lo sentía, mucho menos lo necesitaba, y es aún hoy día que sigue manifestando en cualquier oportunidad que se le presente que su gran prioridad siempre fueron los Stones. Pero quiso el destino que una mala jugada de su colega Mick Jagger termine llevándolo a ir contra su propia voluntad. Eventualmente, en 1985, Jagger no pudo con su eterno ego y, desafiando todo posible pacto con su compañero de ruta, aprovechó una oportunidad de inactividad de los Stones (que por entonces llevaban dos años sin nuevo trabajo, desde el álbum Undercover de 1983) para poner en marcha su primer disco solista She’s the Boss. Richards no pudo soportarlo, pero muy a pesar de la situación reinante mantuvo sus reservas esperanzado con que al año siguiente los Stones girasen de la mano de su disco Dirty Work, que la dupla grabó de manera forzada, y en plena batalla. Pero Jagger redobló la apuesta y no sólo no le dio el gusto a su compañero, sino que además, y una vez más montado a su inalterable ego-trip, sacó un segundo disco al año siguiente, y que a pesar de las declaraciones de Richards a la Prensa tras escuchar los rumores que referían a un tour solista de Mick (“le voy a cortar la garganta”), finalmente terminó saliendo de gira apoyándose en una banda improvisada que hasta se atrevió a hacer canciones de los Stones, acaso el más contundente de los sacrilegios que Richards podría haber imaginado. El conflicto ya estaba declarado, y la seguidilla de hechos marcó una grieta profunda en su relación de toda una vida, y que hasta la fecha jamás volvió a ser siquiera la sombra de lo que alguna vez fue (“la Tercera Guerra Mundial”, tal como la definió el guitarrista) Sin retorno, Keith no tuvo otra opción que tomar el mismo camino, y muy a pesar de verse obligado a ir contra sus propios principios, acabó convocando a un grupo de amigos, con los que formó los X-Pensive Winos (los “Borrachos Caros”), integrados por el guitarrista Waddy Wachtel (histórico sesionista que supo trabajar con James Taylor, Stevie Nicks, Jackson Browne, Linda Ronstadt, entre otros), el tecladista Ivan Neville (hijo del cantante de soul Aaron Neville, e integrante de los Neville Brothers), el bajista Charley Drayton, y más notablemente el baterista Steve Jordan. Así Richards editaría su auténtico primer trabajo solista en 1988, el álbum Talk Is Cheap (co-producido con Jordan), y que además contó con una lista de ilustres invitados que incluía a Bobby Keys (el perpetuo saxo de los Stones), Bootsy Collins y Maceo Parker (James Brown, Parliament-Funkadelic), Bernie Worrell, la cantante Sarah Dash (de Patti LaBelle & the Bluebelles), y hasta el ex Stone Mick Taylor. El disco alcanzó un excelente nivel de ventas promovido por una pequeña gira presentación en los Estados Unidos, el primer itinerario solista de Richards de su vida, el mismo que también propulsó el lanzamiento del disco Live at the Hollywood Palladium, que registró uno de los shows de la gira, y que asimismo estuvo acompañado por su edición en video. Y así como Jagger se regodeó en su terquedad años antes, ni siquiera el éxito de Steel Wheels (el nuevo disco de los Stones de 1989, y las giras que lo sucedieron en los dos años siguientes), le impidieron a un ya entrenadísimo Richards salir al ruedo con Main Offender, su nuevo trabajo con los Winos, que vio la luz en 1992, y cuyo primer show de la gira presentación (un nuevo periplo íntimo con fechas en teatros de USA y Europa) tuvo lugar en el Buenos Aires aquel 7 de noviembre de ese año, concierto que además marcaría el primer desembarco de un Stone de cepa en nuestro país, tres años antes de la llegada de la banda en febrero de 1995.

Con los Stones en modo ‘hibernación’ tras su gira de 2007, Richards se tomó dos años y medio para propiciarse un merecido descanso (básicamente para recuperarse del accidente que había sufrido el año anterior tras caerse de un cocotero en Fiji y verse sometido a la extracción del coágulo cerebral que el suceso le produjo), pero también para escribir (junto a James Fox) su autobiografía Life, que fuera finalmente publicada en 2010, y que logró un éxito en ventas a lo largo y ancho del globo. “El libro fue la cosa más difícil que hice en mi vida”, declararía. “¿Y vos te pensás que el mundo de la música es malo? El de los libros es más increíble, están ahí desde hace mucho más tiempo”
El proceso de desandar su vida (y simultáneamente convertirse en un auténtico hombre de familia) encajó a la perfección con el de ponerse a escribir nuevas canciones en 2011 junto a su colaborador y co-productor (y miembro de los X-Pensive Winos), el baterista y multi-sesionista Steve Jordan, y también volver a flexionar los músculos compositivos por entonces ya un tanto fláccidos, que no entrenaba desde que los Stones grabaron ‘A Bigger Bang’ en 2004. “A decir verdad, no nos propusimos hacer un nuevo disco per se”, afirmó. “Nos dijimos, ‘Metámonos en el estudio y grabemos algunas canciones, y veamos qué sucede’” El experimento, el primero que graba sin plazo de entrega determinado, arrojó como resultado su tercer trabajo de estudio Crosseyed Heart (sin incluir el disco en vivo de 1988, o la recopilación Vintage Vinos de 2010), que resulta un guiño respetuoso a la música americana que le dio forma a su vida (a la que al mismo tiempo Richards también contribuyó), un total de 15 canciones que escarban en el blues y el rock, así como también en el country, el folk y el reggae, sin dejar incluir tonadas de clásico tinte stoniano. La canción que abre el disco (y que también le da su título), empapada de lascivo romance (o todo lo que pueda terminar haciendo alusión a un “corazón bizco”) tiene reminiscencias absolutas de Robert Johnson, el legendario músico de blues del delta del Mississippi que, según reza la leyenda en todo su folklore faustiano, le vendió su alma al diablo a cambio de obtener talento como cantante y compositor. Su voz rasposa (“Sé que mi rango es bastante limitado, pero al mismo tiempo también lo es el de Bob Dylan”) y el sonido clásico de su guitarra aparecen a lo largo de la totalidad del disco, en el cual Richards también aportó bajo y teclados (Wurlitzer, Farfisa), sitar eléctrico y hasta una pequeña guitarra colombiana, al menos en algunas de las canciones. Para la grabación, Richards convocó nuevamente a la totalidad de sus amados Winos (esta vez sin la colaboración de Charley Drayton), sumados al saxo de Bobby Keys (en Amnesia y Blues in the Morning, sus últimas grabaciones, tras fallecer en diciembre del año pasado), así como a la cantante Norah Jones, con quien canta a dúo en Illusion. ‘Crosseyed Heart’ tuvo su adelanto en julio pasado de la mano de Trouble, primer corte del disco. El álbum también cuenta con la participación de Bernard Fowler (corista de los Stones desde 1989), Spooner Oldham (en Lover’s Plea) y el multi-instrumentista Larry Campbell (que entre otras actividades fuera miembro permanente de la banda de Bob Dylan de 1997 hasta 2004, en la canción Robbed Blind) Pero es incuestionablemente su versión de Goodnight Irene, el clásico de Leadbelly (para la cual Richards respetó la letra original en su integridad), que seguramente se convertirá en la más simbólica de las pistas que integran ‘Crosseyed Heart’, la cual Richards decidió incluir después que su amigo, el músico Tom Waits, le obsequiara una biografía sobre el legendario cantante y compositor de folk y blues de comienzos del siglo pasado.

Adicionalmente, el lanzamiento del disco estará apoyado por Keith Richards: Under the Influence , un documental a estrenarse en la señal Netflix el mismo día de su edición, cuya dirección estuvo a cargo de Morgan Neville (ganador del Oscar por la película ‘20 Feet from Stardom’), y que registra imágenes de las sesiones de grabación del flamante trabajo, así como también algunos pantallazos de material en video inédito de los Rolling Stones a través de los años, más material fílmico de recientes visitas de Richards a las ciudades de Nashville y Chicago.
Fuera de su nueva aventura solista, el guitarrista se mantiene optimista e impaciente respecto a convencer al resto de los Stones a meterse en estudios para registrar un sucesor de ‘A Bigger Bang’. “Estuvimos hablando de grabar una vez finalizada la gira, pero no hay nada definitivo, sólo deslizamos la idea. Todo puede suceder. Me gustaría ver hasta dónde podemos evolucionar. No tengo ninguna demanda, o alguna visión en particular, pero uno es parte de esta cosa y quiero ver hasta dónde podemos llegar” Así lo afirma Keith Richards, el más improbable de los sobrevivientes del rock’n’roll, que otra vez ha cruzado un nuevo límite.

KEITH RICHARDS – CROSSEYED HEART
1. Crosseyed Heart
2. Heartstopper
3. Amnesia
4. Robbed Blind
5. Trouble
6. Love Overdue
7. Nothing On Me
8. Suspicious
9. Blues in the Morning
10. Something for Nothing
11. Illusion
12. Just A Gift
13. Goodnight Irene
14. Substantial Damage
15. Lover’s Plea

 

LOS 50 PERSONAJES MÁS SIMBÓLICOS DE LA HISTORIA DEL CINE (PARTE 3)

Estándar

Publicado en Evaristo Cultural el 26 de agosto de 2015

Que nombres como los de Travis Bickle, El Capitán Blood, Tony Montana o King Kong resulten ser más reales que una buena parte de las personas que protagonizan nuestros días es algo en lo que posiblemente podamos estar todos de acuerdo. La historia de la cinematografía nos dejó un tendal de personajes inolvidables. Nacieron en un guión, se criaron en un set de filmación, y terminaron habitando las salas de cine del barrio adonde íbamos a descubrirlos, o el living de nuestras casas. Los hemos idolatrado al máximo, y hasta incorporamos alguna o varias de sus frases y gestos a nuestra conducta habitual, convirtiéndolos en casos más reales de los que suelen poblar nuestra vida cotidiana. Como esos familiares lejanos que le despiertan a uno un cariño especial. Es cuando la ficción supera a la realidad y, no nos engañemos, tampoco es que la situación diste mucho de la realidad. Digámoslo así: los personajes de cine forman parte de nuestras vidas. Aún cuando habrá que sacrificar a quienes los protagonizaron y dejarlos, aunque sea por esta vez, en segundo plano. Todo listado resultará insuficiente, pero he aquí el primer intento (al que se le sumarán cuatro entregas) sobre 50 figuras inolvidables con las cuales seguimos maravillándonos, y que no parecen tener fecha de vencimiento.

Charles Foster Kane (Orson Welles, ‘Citizen Kane’, 1941)
La película que se llevó el Oscar al ‘Mejor Guión Original’, con nueve nominaciones, tuvo que llegar de la mano de un iluminado, un novato de solo 26 años que además la escribió, dirigió, produjo y, completando el círculo, también protagonizó. Considerada obra maestra de la cinematografía (y por varios cuerpos mejor película de la historia), El Ciudadano (o El Ciudadano Kane), como fuera conocida en Latinoamérica, con su arribo en plena guerra europea, marcó simplemente un antes y un después. Revolucionaria en prácticamente todos sus aspectos, ‘Citizen Kane’ acabó modificando los principales ejes del séptimo arte. Así es como el célebre Welles (una poderosa usina creativa que entes sus tareas también incluía la locución de radio y la dirección de una compañía teatral) se llevó el mundo por delante, y resulta difícil encontrar hoy en día, por no decir imposible, otra obra de la historia de la pantalla grande que se le acerque al menos remotamente. El rol de Kane estuvo inspirado en el magnate de prensa Williams Randolph Hearst, y todo cuestionamiento de que no fuera así era derrotado en cada una de las menciones de la palabra rosebud (capullo de rosa), que Hearst solía usar a la hora de referirse a las partes íntimas de su amante. Kane es un perfecto megalómano ciego de poder y ambición, el mismo que consagró al visionario Welles y ‘Citizen Kane’ como el mejor debut posible de la historia del cine.

Dorothy (Judy Garland, ‘The Wizard of Oz’, 1939)
Judy Garland ya era toda una estrella cuando logró su papel para El Mago de Oz, indiscutiblemente el más rememorado y celebrado de todos sus roles actorales. Junto a sus amigos El Hombre de Hojalata, El Espantapájaros y el León, más la compañía de su inseparable perro Totó, salen en busca del mago que puede hacer reales todas sus fantasías, para terminar descubriendo que no existe magia alguna en el mundo real, y que el mago por el cual se apasiona resulta ser falso, al mismo tiempo que aprende a sortear obstáculos al ritmo de su propia vida. Resultaría imperdonable dejar de mencionar el momento de la interpretación de Over the Rainbow que, fuera de convertirse en una de las canciones más famosas de la historia, seguramente lidera uno de los momentos más emocionantes y (ahora sí) mágicos de la cinematografía musical.

Don Vito Corleone (Marlon Brando, ‘The Godfather’, 1972)
Don Vito es la cabeza principal de una de las cinco familias que constituyen la mafia neoyorquina que está inmersa en  su transcurrir diario ante la negativa de negociar con un clan rival y un narcotraficante. Corleone no es solamente el más reputado de los capos mafiosos, sino quizás también el personaje más grande de la historia del cine en su totalidad. Pero Don Vito, un inmigrante siciliano llegado a un nuevo mundo que lo espera con los brazos abiertos, resulta en rigor un sentimental que sólo recurre a la violencia cuando se hace inevitablemente necesario, mientras disfruta de las cosas sencillas (estar con su familia, salir a comprar fruta, saborear un buen vino),  y que, con un profundo sentido de la amistad, hace lo que hace con el mero objeto de proteger su mundo afectivo. Como si no alcanzara con el magnífico libro de Mario Puzo, o la insuperable actuación de Brando, allí está el director Francis Ford Coppola para lograr la receta perfecta, invitándonos a besarle la mano en cada ocasión que El Padrino nos recibe.

 Tony Montana (Al Pacino, ‘Scarface’, 1983)
Dinero, poder y chicas constituyen la sagrada trilogía de principios de uno de los personajes más histriónicos de la cinematografía. El audaz Tony Montana, de la mano de la inolvidable rol protagónico de Pacino, decide ‘hacerse la América’ tras ser expulsado de su Cuba original por el régimen de Castro, para lo cual aterriza en Miami con el objetivo de cumplir su ‘Sueño Americano’ en plena era Reagan, convirtiéndose en traficante de cocaína. ‘En este país, primero tenés que hacer dinero. Una vez que tenés la plata, conseguís poder. Y entonces cuando tenés poder, tenés a las mujeres’ Pero en su carrera hacia el poder, desde aquel matón de poca monta hasta su reinado como emperador de la droga, junto a su estatua con el lema ‘El Mundo Es Tuyo’, acaba perdiendo lo que más quiere.

Randle Patrick McMurphy (Jack Nicholson, ‘One Flew Over the Cuckoo’s Nest’, 1975)
En Atrapado Sin Salida, Jack Nicholson realiza la brillante interpretación de un espíritu libre que bajo el nombre de Randle Patrick McMurphy, un perfecto y revuelto desordenado, brinda un baño de realidad en medio de la cotidianeidad de un hospital mental de Oregon, desafiando la represión emocional de manos de las autoridades del nosocomio a la que se ven enfrentados sus pacientes. Ni siquiera las continuas sesiones de electroshock pueden con el iracundo ‘Mac’, que no cesa de oponerse a la autoridad, permitiendo que el director Milos Forman realice su indirecta crítica al sistema.

Willy Wonka (Gene Wilder, ‘Willy Wonka & the Chocolate Factory’, 1971)
Entre tantas cantidades industriales (nunca mejor dicho) de chocolate, Willy Wonka es un excéntrico dueño de una factoría de caramelos e ilusiones que tienta a un grupo de niños a recorrer su fábrica a cambio de una entrada dorada y, a través de los desconocido, va sometiéndolos a diversas pruebas de fuego.
Conocida aquí como Un Mundo de Fantasía, sólo un actor genial como el enorme Gene Wilder (Todo lo que usted siempre quiso saber sobre el sexo, o El Joven Frankenstein, entre otras) podía mostrar semejante sonrisa acompañada por una cara feroz, simultáneamente castigando a aquellos atrevidos que osaban quebrantar las reglas de su reino endulzado. La remake de 2005, protagonizada por Johnny Depp, y bajo la dirección de Tim Burton no se queda atrás en calidad, pero es su versión original, la del director Mel Stuart, que le ofrece la magia principal que ésta obtuvo en menor escala.

Elmer Gantry (Burt Lancaster, ‘Elmer Gantry’, 1960)
Que Burt Lancaster haya logrado que su personaje sea recordado con una sonrisa, y no con una cierta aversión, permanecerá en los anales del misterio. Gantry es un charlatán mujeriego y borracho que abandona su empleo de vendedor ambulante para comenzar a predicar la palabra del Señor., pero más precisamente para lograr su meta principal, la de llevarse a la cama a la hermana Falconer, la predicadora pos la cual está obsesionado. Seguramente el guionista y director Richard Brooks no imaginó que su película iba a vaticinar la cruel realidad, cuando una década después de su filmación la pantalla de TV de la sociedad norteamericana se vio plagada de falsos telepredicadores que terminaron revelando su propio fraude. Pero para Gantry cualquier camino resultaba oportuno para llegar a la salvación.

Don Lope de Aguirre (Klaus Kinski, ‘Aguirre, the Wrath of God’, 1972)
Todo admirador de la obra actoral de Klaus Kinski no dudará en coincidir en el mismo cuadro de situación a la hora de definir al actor de su devoción. Pareciera ser que llega un punto en que su rol en la gran pantalla tienen que ver más con su vida real que con su protagonismo frente a las cámaras. Solamente un salvaje encantador como el imponente Kinski bajo la tutela del director alemán Werner Herzog podía retratar de manera tan cruda y auténtica las aventuras del conquistador que al mando de una expedición española que busca la legendaria tierra de El Dorado a través de las altas cumbres peruanas en dirección a la selva del Amazonas, y en las peores inimaginables condiciones de salubridad durante la filmacion de Aguirre, La Ira de Dios, originando todo tipos de auténticas situaciones de desastre, y tan fieles a la frenética vida de Kinski fuera de la gran pantalla, circunstancias que se pueden apreciar a la perfección en Mein Liebster Feind (Mi Enemigo Íntimo), el documental de Herzog tributo a su actor fetiche, que traza los altibajos emocionales de su tormentosa relación amor-odio, con un Kinski desaforado fuera de escena, y que incluso llegar a intentar atacar a los aborígenes contratados como extras para la película, entre otras perlas imperdibles.

Harry Callahan (Clint Eastwood, ‘Dirty Harry’, 1971)
El actor Clint Eastwood será eternamente famoso por sus roles de pistolero solitario (en aquellos spaghetti westerns del director italiano Sergio Leone como Por un puñado de dólares o El bueno, el feo y el malo) o bien por su rol de policía reaccionario de pocas pulgas,  y es esta línea la que continuó con el arribo de Harry el Sucio, el policía de San Francisco y de pocas palabras que a cambio prefería expresarse a través de su Magnum 44. Curiosamente, cabe mencionar como anécdota que el papel antes le había sido ofrecido a John Wayne, Paul Newman, Steve McQueen y hasta al mismísimo Frank Sinatra, los que seguramente se perdieron la oportunidad de ser recordados como uno de los policías más duros que registró el celuloide, a pesar de las críticas que señalaron al personaje como fascista y con métodos poco ortodoxos que le rendía pleitesía a los cuerpos policiales.

Jack Torrance (Jack Nicholson, ‘The Shining’, 1980)
Los críticos de cine suelen decir que cualquier interpretación de Jack Nicholson, por más destacada que sea, responde a la capacidad que han tenido los directores de ocasión para captar el histrionismo del actor. Y algo de eso puede resultar muy cierto. Pero nadie puede negar que, desde la llegada de El Resplandor, la gestualidad y cara de Jack Torrance, con su mueca completamente psicótica asomando por una puerta previamente astillada a hachazos, representa el terror en su máxima expresión. La receta del libro de Stephen King y la dirección de Stanley Kubrick no podían ofrecer un cóctel más perfecto. Pero es la actuación Nicholson en medio de sus incesantes transtornos de personalidad y el vórtice de violencia en que está envuelto, que llevó a convertir a ‘El Resplandor’ en un auténtico film de culto y, según los más avezados críticos, en el largometraje más terrorífico de todos los tiempos. Y no se equivocaron.

EL ADIÓS A DANIEL RABINOVICH

Estándar

Publicado en Evaristo Cultural el 22 de agosto de 2015

Cuando uno era niño, en aquellos tiempos en que todo se trataba de descubrir, cuando uno analizaba minuciosamente todo lo que le resultara novedoso, para entonces ponerse a comparar, antes de seguir explorando el reino de lo desconocido, la televisión resultaba nuestra mejor aliada. Cualquier rato que no estuviera dedicado a las tareas habituales transcurría en el living de casa frente al bendito aparato. Para los que éramos ávidos consumidores de TV, a esa edad en que no quedaba más remedio que remitirse a ésta, cuando aún siquiera habíamos aprendido a leer, toparse con esa saga de figuras que componían el mundo exterior era todo lo que importaba. Estaban los personajes de ficción, y también estaban los reales, pero hasta ese momento no existía el límite entre fantasía y realidad. Descubríamos entes similares a nosotros, caras y voces nuevas que se incorporaban inconscientemente a nuestro imaginario. Algunos de ellos burlaban esa frontera virtual y acababan pareciendo más reales que otros. Indagando incansablemente, se nos indicaba cuáles eran los actores, cuáles los políticos. Cuáles eran los músicos, y cuáles los actores. Cuáles de ellos nos hacían reír, cuáles nos hacían llorar. Y también estaban aquellos que nos hacían seguir preguntándonos quiénes eran. Venían en distintas formas y colores, hablaban de formas diferentes. Algunos eran tremendamente serios, otros tremendamente entretenidos. Incluso algunos volaban. Y de repente, entre tanta fisonomía y estilo por descubrir, uno se tropezaba con un grupo de tipos de elegante saco o frac, de moño o corbata, munidos de los instrumentos más extraños que uno podía imaginarse, para terminar dándose cuenta que a veces tanta seriedad también podía venir acompañada de risas. En plena confusión, uno reconocía que además, esos señores tan serios y elegantes, de léxico fino y delicado, acababan descorchando de risa a nuestros mayores. Ya de más grandecitos, descubríamos que encima se agrupaban bajo un nombre que estaba, por lo menos, en otro idioma. ¿Quiénes eran entonces los Les Luthiers, y qué se escondía detrás de su tan hilarante seriedad? Los veíamos desfilar por los diarios y las revistas. En marquesinas de teatros, en afiches callejeros. En las tapas de los discos o de los cassettes. ¿Y qué hacían en la mesa de Mirtha Legrand? Obsesionado por descifrar tamaño acertijo, finalmente logré informarme que sus apellidos respondían a los de Mundstock, Núñez Cortés, Maronna, Acher, López Puccio y Rabinovich. Creo que en aquel momento llegué a tenerlos  tan claros como los de los Beatles. Pero el de Rabinovich resultó ser el que más perduraba en mis laberintos mentales. En rigor, el pediatra de turno que me atendía por entonces tenía el mismo apellido, y recuerdo preguntarle más de una vez a mamá si tenía algo que ver con el de la tele (“el de saco y bigotes, que hace reír”). Pero mi doctor tenía lentes y era calvo, y casi todos los Les Luthiers tenían bigotes. “Hay muchos Rabinovich”, decía mamá, “pero si querés, preguntale”. Jamás lo hice, pero sí me puse la meta de llegar a algún tipo de veredicto sobre el grupo de señores que no lograba introducir en ninguno de los recovecos de mi mente joven e inexperta. Las respuestas eran de lo más variadas. Los Les Luthiers eran músicos, compositores y humoristas, representaban un conglomerado artístico que en general resultaba imposible de encasillar. Una factoría artística única en su especie, y de la mejor calidad que había circulado por estas tierras.
Daniel Abraham Rabinovich Aratuz había conocido a sus magníficos compañeros de ruta al unirse al coro de la facultad de Ingeniería de la Universidad de Buenos Aires, con quienes fundó Les Luthiers en 1967 tras estudiar derecho y recibirse de escribano público, y convertirse en miembro estable de todas las formaciones del grupo. Después de casi medio siglo haciendo reír al público de los dos lados del Atlántico, sin recurrir a la grosería, y dejando de lado todo indicio de mediocridad, Les Luthiers acabaron conquistando los corazones de Latinoamérica, además de sus constantes visitas a España. Pero lejos de sus grandes e inolvidables obras (que superan las 150), los maravillosos monólogos de Rabinovich, y su singular mirada, tan graciosa como susperformances (¿cómo olvidar aquellas interpretaciones de ‘gaita de cámara’ o ‘calephone’?), siempre serán parte de nuestro crecimiento emocional. ¿Qué parte exactamente nos entristece entonces cuando se va alguien con el que crecimos?
Y si el humor resulta ser tan terapéutico como dicen, Rabinovich (que asimismo supo incursionar en la televisión, en el cine y en la escritura), quedará como una auténtica eminencia. Y al menos sólo por esta vez no le permitiremos sacarnos una sonrisa. Después de todo creo que sí tenía algo que ver con mi pediatra. Seguramente, de haberlo sabido en aquel entonces, no le hubiera insistido tanto a mamá con mi pregunta. 

EL DÍA QUE MURIÓ LA MÚSICA

Estándar

Publicado en Evaristo Cultural el 13 de agosto de 2015

La historia del rock’n’roll estaba aún en pañales cuando sufrió su primera gran tragedia. Mucho antes de las muertes de Brian Jones, Jimi Hendrix o Janis Joplin, de Jim Morrison, o de Elvis Presley (que fueron de carácter individual y ligadas directa o indirectamente al consumo de drogas), más lejos aún del desastre de los Stones en Altamont de 1969 (un concierto gratuito multitudinario que se fue de las manos y terminó convirtiéndose en un epicentro de descontrol y violencia), del show de The Who en Cincinnati de 1979 (donde once personas murieron por asfixia tras ser apretujados durante el ingreso del público al Riverfront Coliseum), o del mismísimo asesinato de John Lennon, fue la crónica del fatal accidente ocurrido el tercer día de febrero de 1959, que se cobró las vidas de tres de las figuras más representativas del género de esos años, que acabaría encabezando cronológicamente la lista.
El tour se llamaba The Winter Dance Party, y estaba integrado por Buddy Holly, Dion (junto a su banda The Belmonts), The Big Bopper y Ritchie Valens, con una agenda de 24 shows a lo largo de tres semanas rn los Estados Unidos. Charles Hardin ‘Buddy’ Holley y su banda The Crickets (más tarde se vería obligado a cambiar su apellido por culpa de un error ortográfico en su contrato), habían logrado llegar al primer puesto de las listas de ventas de discos con That’ll Be The Day en 1957, pero a comienzos del ’59, el ‘cantante de los lentes’, considerado uno de los más célebres pioneros de la historia del rock and roll, y que marcó una gran influencia en los Beatles, Rolling Stones, Bob Dylan y los Beach Boys, entre tantos otros, decidió tomar un nuevo camino, apartándose de los Crickets. The Big Bopper (originalmente Jiles P. Richardson), si bien de fama bastante menor que Holly, se había hecho principalmente conocido como disc-jockey en su estado natal de Texas, llegando más tarde al estrellato gracias a su canción Chantilly Lace de 1958. Ritchie Valens (originalmente Richie Valenzuela), por su parte, descubierto a la edad de 16 en su California natal, triunfó de la mano de su inolvidable versión rockera de La Bamba, canción tradicional mexicana de autor anónimo, lo que le valió presentaciones tempranas en los programas más famosos de TV de los Estados Unidos de la época (especialmente ‘American Bandstand’), deparándole popularidad continua. Dion, mientras tanto, que aún con sólo 19 años ya era un auténtico adicto a la heroína, estaba dando los primeros pasos de una carrera promisoria (que luego alcanzaría su pico de fama con canción The Wanderer), veía a Holly como un verdadero dios del rock and roll, alguien “a quien uno respetaba, y del cual aprendía y tenía como modelo. Buddy ya tenía su vida hecha”, como cierrta vez apuntó. Pero, en rigor, la vida de Holly, plagada de confusión, distaba mucho de la idea de Dion. Buddy acababa de despedir a todos los miembros de su banda original, y al mismo tiempo estaba demandando a su manager y productor Norman Petty quien, según los alegatos de los abogados de Holly, se había quedado con buena parte de sus royalties. De hecho, Holly y su esposa habían tenido que pedirle dinero a prestado a una tía para decorar su departamento
foto1En plena gira, el combo arribó al recinto conocido como Surf Ballroom, en Clear Lake, estado de Iowa, aquel 2 de febrero de 1959. Para los adolescentes del lugar, la presentación significaba el evento de rock del año. Pero salir de gira en un bus escolar en medio de paisajes helados comenzaba a surtir efecto. Sin ir más lejos, el nuevo baterista de Holly había optado por alejarse de la banda, harto de vivir con los pies congelados todo el bendito tiempo. El músico Waylon Jennings (quien más tarde se tornaría figura central de la escena del country americano), y que se había unido al grupo de Holly recientemente, recuerda la jornada en que The Winter Dance Party arribó a Clear Lake. “Había cerca de 5 grados bajo cero y estaba por llegar una tormenta de nieve”. Más de 1.100 personas asistieron al show, gran parte de ellas procedentes de los estados vecinos de Illinois y Minnesota. Una vez concluido el concierto, Holly llamó a su mujer Maria para comunicarle que la gira venía atrasada y que de ahí en más iba a tener que adelantarse personalmente en llegar a las otras ciudades para encargarse de los arreglos, olvidando decirle que esta vez lo haría en avión. Cuenta la leyenda que Jennings y Tommy Allsup (otro de los nuevos miembros de la banda de Holly), tras una reñida decisión que se definió tirando una moneda, perdieron sus asientos de avión contra Ritchie Valens y The Big Bopper. El autobús que venían usando, mientras tanto, se encontraba prácticamente congelado, y su sistema de calefacción había dejado de funcionar.
foto2A la 1 am de la madrugada invernal del 3 de febrero de 1959, un avión Beechcroft Bonanza de cuatro asientos perteneciente a la compañía Dwyer’s Flying despegó del aeropuerto de Mason City, en las cercanías de Clear Lake, con destino a Fargo, Dakota del Norte, próxima parada del itinerario de la gira. Roger Peterson, el joven e inexperto piloto a cargo de la nave, se encontró desde el vamos con dificultades climáticas debidas a la fuerte nieve que caía, y a los vientos huracanados que soplaban del noreste. En consecuencia el avión terminó fallando antes de llegar a destino, estrellándose sobre un campo helado poco después de abandonar la pista de aterrizaje de la cual partió, a menos de 10.000 metros. de recorrido, y con una velocidad que había alcanzado los 270 km. por hora. Jerry Dwyer, dueño de la compañía aérea, recién logró identificar el catastrófico accidente poco después de las 9 am. El cuerpo de The Big Bopper se encontraba a doce metros del punto de impacto de la nave, los de Holly y Valens a unos 6 m. del otro lado del avión. Los anteojos de Holly, con su clásico marco negro, fueron descubiertos dentro de un banco de nieve, una vez que ésta logró disolverse. La noticia del choque apareció en las primeras planas de los diarios de todo el mundo al día siguiente. Pero, a pesar de la noticia, The Winter Dance Party no se detuvo. Literalmente salvados de morir gracias a una moneda, Waylon Jennings y Tommy Allsup continuaron girando durante dos semanas más, y con Jennings ocupando el puesto de Buddy Holly como primera voz, al mismo tiempo que los funerales de las víctimas se realizaban individualmente. Holly y Richardson en Texas, Valens en California, y el piloto Peterson en Iowa. Así, el trágico evento, el primero en la historia del rock de esas características, pasaría a conocerse históricamente como ‘El Día que Murió la Música’, tras ser plasmado por el cantante y compositor americano Don McLean en su clásico éxito American Pie de 1971.

 

 

 

 

CILLA BLACK (1943-2015) | ADIÓS A LA REINA DE LOS SÁBADOS A LA NOCHE

Estándar

Publicado en Evaristo Cultural el 3 de agosto de 2015

Cuando John Lennon le sugirió confiadamente a Brian Epstein que debería concederle una audición a una tal Cilla Black, su manager optó por no prestarle suficiente atención. Epstein vivía a ritmo sobresaltado y con la agenda completa. No sólo debía encargarse del avasallador éxito de los Beatles, sino que además tenía a su cargo un vasto catálogo de artistas que mantenían su vida completamente ocupada. Pero Lennon le insistió una vez más, y la ignota Cilla finalmente tuvo su oportunidad. Pero al final de aquella audición, a pesar del invalorable honor de haber tenido a los Fab Four como banda de acompañamiento, la experiencia resultó ser un perfecto desastre. “Elegí cantar ‘Summertime’, pero a ultimo momento deseé que hubiera sido otra canción. No la había ensayado con los Beatles, y se me ocurrió que la iban a tocar en el tono equivocado”, declaró Black. “Pero ya era demasiado tarde. John me guiñó el ojo una última vez,  y comenzaron a tocar. Tuve razón al preocuparme. La música no estaba en mi tono y ya era muy tarde como para que cualquier ajuste de último momento que ellos intentaran me salve. Mi voz sonó horrible. Destruida, y con ganas de morirme, luché hasta el final” Pero tiempo después, tras verla actuar en un club, Epstein le dio a Cilla una nueva chance, y terminó contratándola a fines de 1963, para asimismo convertirla en la única artista femenina del listado de artistas que manejaba. Lennon había conocido a Cilla el año anterior, en los días en que los Beatles se presentaban en el legendario club The Cavern de Liverpool, donde Black trabajaba como empleada del guardarropas del lugar.

Priscilla Maria Veronica White había nacido en Liverpool en 1943, y también soñaba con triunfar en el mundo del entretenimiento. Y fueron justamente sus presentaciones improvisadas en The Cavern, mientras se tomaba un respiro de su puesto de trabajo, que llamaron la atención de sus conciudadanos liverpudlianos los días de concierto. El resto es historia. Tras el consejo de Lennon a Epstein, éste se la presentó a George Martin, quien al poco tiempo la hizo firmar para el sello Parlophone, donde registró su primera canción Love of the Loved, directamente de la autoría Lennon-McCartney. Pero fue su segundo simple editado, la canción de Burt Bacharach y Hal David Anyone Who Had a Heart, que le valió su primer número uno en las listas británicas e inauguró una cadena de sucesos que treparon alto en las listas, y con un repertorio destacado que incluyó composiciones de Randy Newman, Phil Spector, más otras provenientes del catálogo beatle (‘It’s For You’, compuesta exclusivamente para Cilla), así como versiones de ‘Yesterday, ‘Across the Universe’, ‘For No One’ y ‘The Long and Winding Road’, por sólo nombrar algunas. El éxito de Black trascendió lo estrictamente discográfico, lográndole en 1968 su propio show televisivo Cilla (cuya canción de presentación era ‘Step Inside Love’, esta vez escrita por Paul McCartney en solitario), carrera paralela que se extendió hasta 2003, y transformándola en una de las grandes divas de la pantalla chica inglesa, lo que oportunamente le valió el rótulo de “reina del sábado a la noche’.
Cilla, la gran protegida de los Beatles y reina de la televisión inglesa, “tesoro nacional británico”, que alguna vez declaró su deseo de tener un epitafio en su tumba que rece “Aquí yace la cantante”, y no “la presentadora de TV”, falleció este último 1 de agosto a los 72 años en su casa de Estepona, en la Costa del Sol española, por causas naturales.

 

LOS 50 PERSONAJES MÁS SIMBÓLICOS DE LA HISTORIA DEL CINE (PARTE 1)

Estándar

Publicado en Evaristo Cultural el 28 de julio de 2015

Que nombres como los de Travis Bickle, El Capitán Blood, Tony Montana o King Kong resulten ser más reales que una buena parte de las personas que protagonizan nuestros días es algo en lo que posiblemente podamos estar todos de acuerdo. La historia de la cinematografía nos dejó un tendal de personajes inolvidables. Nacieron en un guión, se criaron en un set de filmación, y terminaron habitando las salas de cine del barrio adonde íbamos a descubrirlos, o el living de nuestras casas. Los hemos idolatrado al máximo, y hasta incorporamos alguna o varias de sus frases y gestos a nuestra conducta habitual, convirtiéndolos en casos más reales de los que suelen poblar nuestra vida cotidiana. Como esos familiares lejanos que le despiertan a uno un cariño especial. Es cuando la ficción supera a la realidad y, no nos engañemos, tampoco es que la situación diste mucho de la realidad. Digámoslo así: los personajes de cine forman parte de nuestras vidas. Aún cuando habrá que sacrificar a quienes los protagonizaron y dejarlos, aunque sea por esta vez, en segundo plano. Todo listado resultará insuficiente, pero he aquí el primer intento (al que se le sumarán cuatro entregas) sobre 50 figuras inolvidables con las cuales seguimos maravillándonos, y que no parecen tener fecha de vencimiento.

1Harry Powell (Robert Mitchum, ‘The Night of the Hunter’, 1955)
En ‘La Noche del Cazador’, el gran Robert Mitchum encarna a lo que sin duda conforma uno de los personajes más renombrados de la historia del celuloide. Powell es un fanático religioso con rasgos psicópatas que predica el Viejo Testamento, un Reverendo que gusta de quebrar las leyes en toda oportunidad, al punto que se comunica con el mismísimo Dios, quien hasta lo instruye para que se encargue de hacer algo contra las prostitutas de este mundo. La actuación de Mitchum, en uno de los filmes de horror más celebrados que el mundo conoció, sin recurrir más que arte de la verdadera actuación, es sencillamente memorable, no sin dejar de mencionar el papel de Shelley Winters, su compañera de cartel. ‘La Noche del Cazador’ es, además, la única película que dirigió el recordado Charles Laughton. La legendaria publicación francesa especializada Cahiers du Cinéma la definió como el segundo mejor filme de todos los tiempos, después de ‘El Ciudadano Kane’, de Orson Welles.

 

Ratso (Dustin Hoffman, ‘Midnight Cowboy’, 1969) 2
El gran Dustin Hoffman suele recordarse por papeles como los que realizó en ‘El Graduado’, ‘Kramer vs. Kramer’, ‘Tootsie’ o ‘Rain Man’ (indiscutiblemente uno más maravilloso que el otro), pero su actuación “de culto” será eternamente la del gran Rico ‘Ratso’ Rizzo en ‘El Cowboy de Medianoche’ del director John Schlesinger. Ratso se la pasa deambulando por las calles de New York intentando sobrevivir a cualquier costo hasta toparse con un vaquero que está de visita en la ciudad (Joe Buck, protagonizado por Jon Voight) y ambos descubrir sus mutuas almas errantes y perdidas. Ratso sueña con conocer Miami antes que la tuberculosis acabe con su existencia, mientras suena ‘Lay Lady Lay’ de Bob Dylan de fondo, transformando a ‘The Midnight Cowboy’ en una de las mejores películas de su tiempo.

 

Captain Blood (Errol Flynn, ‘Captain Blood’, 1935)3
Jamás habrá otro pirata tan distinguido como el capitán Peter Blood. Sus extraordinarios duelos de espada  y su porte permanente son sencillamente inolvidables. Nadie, aparte, sabía desenfundar con tanto estilo su arma a la hora de la contienda como Blood (que también el distinguido Errol Flynn supo explotar con gran gusto en films como ‘Las Aventuras de Robin Hood’, o en ‘El Halcón de los Mares’), sin omitir los endulzados pasajes románticos junto a la actriz Olivia De Havilland, todo en medio de los mejores combates entre irascibles corsarios. Johnny Depp puede ser un gran actor y haber logrado llevar adelante una saga similar en tiempos modernos, pero el título oficial de bucanero del cine ya tenía propietario.

 

Emmanuelle (Sylvia Kristel, ‘Emmanuelle’, 1974) 4
El largometraje “prohibido” con las escenas de desnudos por excelencia de los ‘70s, ‘Emmanuelle’ llegó al mundo para emancipar las almas de los portadores de la moral, y debía ser exorcisado lo antes posible. Históricamente, el antes y el después del erotismo cinematográfico está determinado por ‘Último Tango en París’ (con Marlon Brando y la escena de la manteca a la cabeza) y la recordada ‘El Imperio de los Sentidos’, un controvertido y ruidoso film japonés de voltaje, al menos hasta ese momento, altamente erótico. La actriz holandesa Sylvia Kristel no poseía los atributos físicos que podrían haberse considerado necesarios para protagonizar una película del estilo, careciendo de todo indicio de voluptuosidad. Muy por el contrario, el cuerpo de Kystel era delgado y estilizado, pero su imagen inocente y una mirada que derrochaba sensualidad dejaron esos detalles atrás, y lograron que Emmanuelle, la esposa de un diplomático francés que decide embarcarse en un viaje de autodescubrimiento sexual, se convierta en un personaje central de los filmes que abordan las artes amatorias. El brillo de la ‘Emmanuelle’ original se vería opacada con el correr de los años gracias a la aparición de otros experimentos cinematográficos de pésima calidad pergeñados por directores de diversa procedencia (‘Emmanuelle I”, ‘Emmanuelle II’, ‘Emmanuelle III’, ‘Emmanuelle IV’, ‘Emmanuelle V’, ‘Emmanuelle VI’, ‘Las Orgías Inconfesables de Emmanuelle’, y hasta ‘Emmanuelle Negra’), pero nada siquiera rozaría al que fue el tercer gran suceso del cine erótico de los ‘70s.

5Stanley Kowalski (Marlon Brando, ‘A Streetcar Named Desire’, 1951)
Históricamente conocida por estos rincones como ‘Un Tranvía Llamado Deseo’, el gigante Marlon Brando, actor de actores, interpreta acaso el rol más definitivo en lo que a la palabra “actitud” se refiere. Inspirada en la obra de Tennessee Williams del mismo nombre, con la dirección de Elia Kazan, el film apunta a las relaciones de pareja, y elevó a Brando aún más a su condición de “mito viviente”, en paralelo con los otros largometrajes de los que participó hasta su últimos días.

6 Tony Manero (John Travolta, ‘Saturday Night Fever’, 1977)
Los mayores de 40 recordaremos eternamente aquellos años de fines de los ’70 en los que íbamos a las fiestas de nuestros compañeros de escuela y nos sacudíamos incansablemente al ritmo de las canciones de los Bee Gees que, junto a las de The Trammps, Tavares, K.C. and the Sunshine Band o Kool & the Gang, componían la banda de sonido de la película por la cual delirábamos. Tal vez la estética de ‘Fiebre de Sábado por la Noche’ resulte algo ridícula por estos días, pero nada volvió a ser lo que fue desde que el gran Tony Manero conquistó la pista de baile, y con nosotros tratando de imitar sus pasos en los cumpleaños a los que nos invitaban. El intento de Tarantino de recrear algo similar años después en ‘Pulp Fiction’,  mientras Travolta bailaba la canción de Chuck Berry junto a Uma Thurman en aquel concurso de twist, en comparación a su momentosetentero, puede pasar tranquilamente, y eventualmente, al olvido.

7Tommy De Vito (Joe Pesci, ‘Goodfellas’, 1990)
No conforme con lo logrado en los años ’70s y ‘80s, Martin Scorsese ingresó en la nueva década de la mano de una película que terminó marcando uno de los más grandes éxitos cinematográficos de 1990, agregando a su gran dirección actuaciones magníficas como la de Robert De Niro o Ray Liotta. Sin embargo fue Joe Pesci y sus travesuras como gángster, en las que ni siquiera dudó en cargarse a algún miembro de la “familia” cuando la situación así lo requería, o en volarle el pie a un camarero porque se había olvidado de traerle su  trago, transformando a Tommy De Vito en le personaje más recordado del film.

Dr. Strangelove (Peter Sellers, ‘Dr. Strangelove or: 8
How I Learned to Stop Worrying and Love the Bomb’, 1964)
Nadie más indicado para protagonizar esta comedia negra británica dirigida por el célebre Stanley Kubrick. A través de su carrera, Sellers ha llevado adelante interpretaciones que lo convirtieron en uno de los más destacados actores de la historia (tan sólo recordar ‘La Fiesta Inolvidable’, ‘Desde el Jardín’, o la saga de La Pantera Rosa), pero su rol en lo que en Hispanoamérica se conoció como ‘Dr. Insólito o: Cómo aprendí a dejar de preocuparme y amar la bomba’, filmada completamente en blanco y negro, merece mención aparte. El Dr. Strangelove es un científico nazi visionario de origen alemán totalmente incomprendido por sus semejantes que enfrenta los avatares de la Segunda Guerra Mundial y termina alineándose con el Pentágono, antes que el mundo colapse estallando en pedazos. De aspecto tan estrafalario como sus teorías, el Dr. Strangelove es el científico loco por excelencia de la gran pantalla.

9King Kong (1933)
El film que adelantó la técnica de los efectos especiales en el cine, un millón de años luz atrás, proponiendo un excelente maridaje de aventuras y pánico, tenía que llegar de la mano de un gorila gigante que termina aterrorizando la ciudad de New York tras abandonar la isla en que era venerado. La imagen de Kong trepado a la cima del edificio del Empire State es quizás una de las postales más grabadas en la retina del ojo humano a través de la historia de la cinematografía. Como si todo esto fuera poco, el simio resulta ser un verdadero encanto que acaba enamorándose de una chica cuyo tamaño cabía a la perfección dentro de la palma de su mano, y que opta por recurrir a la violencia sólo cuando intentan robársela, o cuando se encuentra en situación de peligro. Cualquier semejanza con la realidad, es pura coincidencia. O al menos eso dicen.
10
Frank Booth (Dennis Hopper,‘Blue Velvet’,1986)
Se lo vio una y cientos de veces. Su paso por las salas de cine ya lleva casi tres décadas, pero la película tuvo mucho protagonismo en las señales de cable locales. El maniático de Frank Booth se dispone a cometer todo tipo de fechorías utilizando como inspiración la música de ‘In Dreams’ de Roy Orbison, una de las más bellas baladas que la humanidad conoció, y de manos de la mejor voz del último siglo. Y lo logra. Bajo la dirección de David Lynch, Hopper, figura de lujo sobreviviente de la generación Woodstock que probó todo lo que había que probar en su vida real, interpreta a un villano elegante y despreciable rodeado de un séquito de amistades de la misma calaña. Booth ama el peligro y el terciopelo azul (condición que le da título al filme)  y en su despiadado sadismo corteja a la sensualísima Isabella Rossellini. De no haber sido por la cronología de los tiempos, ‘Terciopelo Azul’ podría haberse convertido en el largometraje favorito de Sigmund Freud, y hasta lo hubiera dejado pensando aún más.

DAVID BOWIE : CINCO CAMALEÓNICOS AÑOS

Estándar

Publicado en Evaristo Cultural el 16 de julio de 2015

En 1976, en ocasión de ser entrevistado para la revista Playboy, David Bowie declaró, “Ya hice lo que tenía que hacer, es un final sin retorno. Nunca más haré discos o giras de rock. Lo último que quiero ser en la vida es un maldito rockero inútil” El momento que eligió para tamaña afirmación marcaba la culminación, casi convencidamente, de los llamados “años dorados” de uno de las más productivos y polifacéticos artistas que el mundo ha conocido, una saga inaugurada desde el folk británico con toques de psicodelia del álbum Space Oddity, y que continuó con The Man Who Sold the World (el primero de sus trabajos “clásicos”), el caleidoscopio musical de Hunky Dory, la conceptualidad de The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars, el hedonismo de Aladdin Sane, las pesadillas paranoides de Diamond Dogs y el sonidodisco de Philadelphia de Young Americans, hasta el estilo de transición de Station to Station. Bowie, quien además venía sufriendo una serie de traumas personales que comenzaban a afectar su carrera, simplemente no tenías ganas de seguir. Eventualmente siete años jamás podrían haber resultado suficientes para darle rienda a tremenda factoría artística y Bowie, claro, continuó. El resto de la década, como así también las dos posteriores, auspiciarían más trabajos interesantes, si bien no tan esenciales como los que la precedieron, y que lo llevarían a reinventarse continuamente, para lo cual ya se había convertido en un experto inigualable desde su mismísima aparición. Atrás en el tiempo ha quedado el sinfín de veces en que anunció su retiro definitivo, situación a la que tarde o temprano sus fans, y el mundo del espectáculo, terminaron acostumbrándose. Ni siquiera hace algunos pocos años cuando un paparazzi certero lo sorprendió caminando por las calles de New York a la salida de un supermercado, en el más mundano de los mundos, y muy lejos de aquella vida glamorosa en la cual supo destellar como nadie. Su hasta ahora último trabajo original de estudio, el álbum The Next Day, el número 24 en su carrera (y el primero en diez años de inactividad discográfica), lanzado en 2013, levantó algunas controversias, sobre todo a partir de la especulación constante sobre un nuevo abandono de su carrera (y van…), y que trajo aparejado la devoción de algunos de sus seguidores, y las críticas desafortunadas de otros. Con una carrera tan extensivamente prolífica en su haber, resultaría imposible, lo menos, dejar de echar un vistazo atrás. Y es entonces a casi 40 años de aquella declaración para Playboy, que Bowie ahora anuncia la edición de la primera de una serie de cajas retrospectivas, a lanzarse por la compañía Parlophone en el próximo mes de septiembre. Bajo el título de Five Years 1969-1973, la caja incluirá absolutamente todas las canciones editadas oficialmente por Bowie durante aquellos años insignes, sumando nuevas versiones remasterizadas de los álbumes David Bowie (que también se conoció como Space Oddity), The Man Who Sold The World, Hunky Dory y PinUps, así como reediciones de Aladdin Sane y The Rise And Fall Of Ziggy Stardust And The Spiders From Mars (versión remezclada de 2003), más dos discos en vivo (Live Santa Monica ’72 y Ziggy Stardust: The Motion Picture Soundtrack)

Acaso aún más interesante resulte la inclusión de un nuevo compilado doble, Re:Call, y que presenta caras B de singles, tomas inéditas hasta el momento y demás registros que no aparecieron en ninguno de los álbumes oficiales, todo disponibles en 12 CDs, en 13 discos de vinilo, o en versión de descarga digital. Para completar, tanto las ediciones en formato CD o LP (esta vez, en calidad de vinilo de 180 gramos) agregan libros con fotos de archivo, notas de los productores Tony Visconti y Ken Scott, críticas originales de los discos que aparecieron en medios gráficos de la época, y hasta un prólogo escrito por Ray Davies, crédito de los legendarios Kinks. Five Years 1969-1973 aparece al año siguiente del lanzamiento de la primera recopilación en la historia de Bowie que abarca su carrera, Nothing Has Changed, editada en 2014.
A continuación se reproduce el listado de canciones que integrarán Re:Call, el disco de rarezas, caras B y demás perlas mencionado, y que también formará parte de la que sin dudas será la primera de una serie de ediciones de lujo que dejarán saciados a todos los admiradores del Duque Blanco, y de otros de sus diversos alter egos.

CD1:

  1. Space Oddity (versión original en mono)/ 2. Wild Eyed Boy From Freecloud (versión original en mono)/ 3. Ragazzo Solo, Ragazza Sola/ 4. The Prettiest Star (versión original en mono)/ 5. Conversation Piece/ 6. Memory of a Free Festival (Parte 1)/ 7. Memory of a Free Festival (Parte 2)/ 8. All the Madmen (versión en mono, inédita)/ 9. Janine/ 10. Holy Holy (versión original en mono del single editado por Mercury)/ 11. Moonage Daydream (versión del single de The Arnold Corns)/ 12. Hang on to Yourself (versión del single de The Arnold Corns)

CD 2:

  1. Changes (versión original en mono)/ 2. Andy Warhol (versión original en mono)/ 3. Starman (mezcla original del single)/ 4. John, I’m Only Dancing (versión original del single)/ 5. The Jean Genie (versión original del single)/ 06 Drive-In Saturday (versión original del single, lanzado en Alemania)/ 7. Round and Round/ 8. John, I’m Only Dancing (version con saxo)/ 9. Time (versión del single editado en USA)/ 10. Amsterdam/ 11. Holy Holy (versión de los Spiders From Mars)/ 12. Velvet Goldmine

 

MILES DAVIS EN EL FESTIVAL DE JAZZ DE NEWPORT, 60 AÑOS DESPUÉS

Estándar

Publicado en Evaristo Cultural el 9 de julio de 2015

“Una leyenda es un anciano con un bastón, conocido por lo que solía hacer. Yo, todavía lo sigo haciendo” A esta altura de las circunstancias, y hoy día convertido en una de las más auténticas figuras legendarias del jazz a casi 24 años de su muerte, la frase de Miles Davis deberá quedar para el anecdotario, pero nada evitará que sus fans estén de parabienes, ya que la división Legacy de la discográfica Columbia anunció el lanzamiento para el 17 del corriente mes (y exactamente 60 años después que Davis diera su primer show como parte del Festival de Jazz de Newport aquel 17 de julio de 1955), de Miles Davis at Newport 1955-1975: The Bootleg Series Vol.4, edición de 4 CDs compuesta por presentaciones en vivo de ocho de las bandas estelares del artista entre los años 1955 y 1975 y en lugares como Rhode Island, New York, Berlín y Suiza, las mismas que tan celebradamente supieron redefinir el nuevo camino que el jazz había tomado a partir de ellas. Tal como su nombre lo indica, la caja representa la cuarta edición de la denominada Bootleg Series (o “series piratas”, tradición acaso más recordada  por las obras de Bob Dylan, Johnny Winter, Elvis Presley o Johnny Cash del mismo tipo, entre otros), y tras las ediciones de Davis de Live In Europe 1967 (2011), Live in Europe 1969 (2013) y Miles at the Fillmore – Miles Davis 1970, de 2014. Con una duración de 296 minutos (de los cuales cerca de cuatro horas son hasta el momento completamente inéditas), la edición comienza con la primera presentación de Davis en el mítico Newport Jazz Festival (una jam session monstruosa, o ‘zapada’, junto a Thelonious Monk, Gerry Mulligan, etc.), agregando al sexteto completo de 1958 que grabó el alegórico álbum Kind of Blue (junto a John Coltrane, Bill Evans, Cannonball Adderley, Paul Chambers y Jimmy Cobb), o el glorioso quinteto de 1967 (donde Davis estuvo acompañado por Herbie Hancock, Wayne Shorter, Ron Carter y Tony Williams), hasta su presentación pública final de los años ’70 en el Lincoln Center de New York City, en 1975.
Miles Davis at Newport 1955-1975 no sólo compila algunas de las más primordiales actuaciones del más malhumorado de los íconos del jazz, sino que además celebra su relación con George Wein, fundador de uno de los festivales más característicos del género, el mismo que consagró a Davis seis décadas atrás.

CD 1
1-4: Newport Jazz Festival (Newport, Rhode Island, EE.UU.), 17 de julio de 1955/ Banda: Miles Davis (trompeta), Zoot Sims (saxo tenor), Gerry Mulligan (saxo barítono), Thelonious Monk (piano), Percy Heath (contrabajo) y Connie Kay (batería)
5-11: Newport Jazz Festival (Newport, Rhode Island, EE.UU.), 3 de Julio de 1958/ Banda: Miles Davis (trompeta), Cannonball Adderley (saxo alto), John Coltrane (saxo tenor), Bill Evans (piano), Paul Chambers (contrabajo) y Jimmy Cobb (batería)
Presentaciones por Duke Ellington y Gerry Mulligan
Hackensack
‘Round Midnight (inédito)
Now’s the Time
Introducción por Willis Conover (inédito)
Ah-Leu-Cha (inédito)
Straight No Chaser (inédito)
Fran-Dance (inédito)
Two Bass Hit (inédito)
Bye Bye Blackbird (inédito)
The Theme (inédito)

CD 2
1-6: Newport Jazz Festival (Newport, Rhode Island, EE.UU.), 4 de julio de 1966
7-13: Newport Jazz Festival (Newport, Rhode Island, EE.UU.), 2 de julio de 1967
Banda: la misma en ambas presentaciones, con Miles Davis (trompeta), Wayne Shorter (saxo tenor), Herbie Hancock (piano), Ron Carter (contrabajo) y Tony Williams (batería)
Gingerbread Boy
All Blues
Stella by Starlight
J.
Seven Steps to Heaven
The Theme/ Anuncio final por Leonard Feather
Presentación por Del Shields
Gingerbread Boy
Footprints
‘Round Midnight
So What
The Theme
Anuncio final por Del Shields

CD 3
1-3: Newport Jazz Festival (Newport, Rhode Island, EE.UU.), 5 de julio de 1969/ Banda: Miles Davis (trompeta), Chick Corea (piano eléctrico), Dave Holland (contrabajo) y Jack DeJohnette (batería)
4-9: Newport Jazz Festival (Berlín, Alemania), 1 de noviembre de 1973/ Banda: Miles Davis (trompeta, órgano), Dave Liebman (saxo alto y soprano), Pete Cosey (guitarra, percusión), Reggie Lucas (guitarra), Michael Henderson (bajo), Al Foster (batería) y James Mtume Forman (percusión)
10: Newport Jazz Festival (Avery Fisher Hall, New York, EE.UU.), 1 de julio de 1975/ Banda: Miles Davis (trompeta, órgano), Sam Morrison (saxo soprano y tenor), Pete Cosey (guitarra, percusión), Reggie Lucas (guitarra), Michael Henderson (bajo), Al Foster (batería) y James Mtume Forman (percusión)
Miles Runs the Voodoo Down (previously released)
Sanctuary (previously released)
It’s About That Time/The Theme (previously released)
Band Warming Up/Voiceover Introduction
Turnaroundphrase
Tune In
Ife
Untitled Original
Tune In 5
Mtume

CD 4
Todas las canciones grabadas en el Newport Jazz Festival (Dietikon, Suiza), 22 de octubre de 1971
Banda: Miles Davis (trompeta), Gary Bartz (saxo alto y soprano), Keith Jarrett (piano eléctrico, órgano), Michael Henderson (bajo), Ndugu Leon Chancler (batería), Don Alias (percusión) y James Mtume Forman (percusión)
Directions
What I Say
Sanctuary
It’s About the Time
Bitches Brew
Funky Tonk
Sanctuary

LA DISQUERÍA MÁS REMOTA DEL MUNDO, EN MONGOLIA

Estándar

Publicado en Evaristo Cultural el 1 de julio de 2015

El presente será un texto corto, apenas para dejar registro de un hecho poco frecuente, como es el de la apertura de la primera disquería de vinilos en Mongolia, y la curiosa repercusión que ésta generó al comenzar a circular la noticia en las redes en los últimos días. Por lo que de aquí en adelante todo adepto al coleccionismo de discos sepa que, una vez arribado a Ulaanbaatar (o Ulán Bator), ciudad capital, y la más poblada de Mongolia, sólo tendrá que preguntar a los lugareños por el primer negocio dedicado al ramo en la historia del país. Seguramente el visitante curioso no habría encontrado la más mínima respuesta de haberlo hecho antes del mes de marzo pasado, cuando la tienda Dund Gol Records abrió sus puertas dentro del espacio del Palacio del Libro Infantil de la capital mongol. Hasta entonces los rastreadores de discos locales (que, por lo visto, abundan hasta en los rincones más recónditos del globo) se veían obligados a atravesar el desierto de Gobi para llegar a Beijing y recién allí darle rienda a su demandante pasatiempo, tras 2.000 km. de incansable travesía, lo que sin dudas podría haber constituido una tarea agotadora sobre la que el mismísimo Gengis Kan hubiera dudado.
La noticia fue difundida esta semana en la página de The Vinyl Factory, un emprendimiento con sede en Londres que nuclea un sello discográfico, una planta de producción de ediciones limitadas en vinilo, su propia tienda de discos y la revista especializada FACT, aparte de sus constantes actividades con referencia a las artes visuales, y demás novedades sobre el mundo del vinilo. The Vinyl Factory informó que el mentor de tal llamativo proyecto responde al nombre de B. Batbold, un mongol adepto al jazz que decidió poner en marcha el negocio tras “curar” su colección privada, que supera el millar de LPs. “Los artistas occidentales están lanzando discos de vinilo en lugar de CDs. No quiero quedarme con todos mis discos, prefiero ofrecérselos a la gente que los colecciona. Esa es la razón por la que abrí la disquería”, señaló Batbold.

Ulán Bator cuenta con algo más de un 1.200.000 habitantes, por lo que la idea del dueño del local podría significar un proyecto redituable, más aún en tiempos de una nueva arremetida del vinilo, poniéndolo nuevamente de moda a nivel mundial desde hace algunos años, a pesar de los elevados costos a los que suelen ofrecerse. Al ser indagado sobre los precios de los discos, Batbold aseguró que “el valor promedio es de 50.000 tugriks, que es el equivalente a 16 euros. Los discos únicos en su especie tienen precios más altos. Los coleccionistas de todo el mundo están muy interesados en estos discos porque son muy raros”.
Así, un paseo a través de las bateas de Dund Gol Records permite apreciar que el álbum más caro expuesto es el del grupo de música moderna mongol Soyol-Erdene, la primera banda de rock del país, nacida en 1971, y una de los tres grupos conocidos de la región junto a Haranga (cultores del Hard Rock Progresivo) y The Lemons, cuyo disco ‘Red Album’ fue el primero en tener éxito a nivel nacional, sin tener que comprometer su sonido de rock. Otro de los discos onerosos que se pueden conseguir en Dund Gol Records es el de los locales Bayan Mongol, grabado para la compañía discográfica rusa Melodiya en 1970, y que hasta el momento representó, al menos para el reducido grupo de coleccionistas mongoles, un incunable difícil de hallar, y que hoy día puede adquirirse en la disquería más remota del mundo.

 

OSCAR ALEMÁN, LA GUITARRA EMBRUJADA | ENTREVISTA A SERGIO PUJOL

Estándar

Publicado en Evaristo Cultural el 24 de junio de 2015

Podría haber integrado la orquesta de Duke Ellington, pero semejante posibilidad se vio frustrada por uno de los tantos giros del destino, mientras continuaba portando el enorme logro de haberse convertido en una de las principales atracciones musicales de las noches parisinas de los años ’30 y, tras convocar multitudes, consagrarse como el mejor guitarrista argentino de todos los tiempos, para luego retornar a su tierra natal y verse sumergido en un mar de indiferencia. O bien la historia del chaqueño que ostenta, como nadie, el título indisputable de “héroe argentino de la guitarra”, retratada como nunca antes por el historiador Sergio Pujol en su libro Oscar Alemán: La Guitarra Embrujada, que acaba de lanzarse al mercado.

Sergio Pujol nació en la ciudad de La Plata en mayo de 1959, donde reside actualmente. En 1977, tras egresar del Colegio Nacional de su ciudad, en plena dictadura militar, cursó la carrera de Historia (el equivalente actual a la Licenciatura), de la que se recibió como profesor en 1983. A los 19 años comenzó a trabajar en radio con su programaInfluencias, el cual sigue realizando todos los sábados en Radio Universidad Nacional de La Plata. En 1980 comenzó a colaborar en el diario El Día con una columna sobre música y, paralelamente a su carrera profesional ,fue desarrollando su rol de periodista musical. En 1983 se presentó a una beca del Conicet, donde comenzó a trabajar como investigador en temas de índole cultural, actividad que mantiene actualmente junto a su tarea como docente en la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la Universidad de La Plata en la materia Historia del Siglo Veinte. Pujol lleva publicado un total de trece libros. El primero de ellos fue Las Canciones del Inmigrante (1989), que trataba sobre el impacto de la inmigración masiva europea en la cultura argentina y las músicas locales entre 1914 y 1930. Dos años más tarde editó Jazz al Sur: Historia de la Música Negra en la Argentina, una historia del jazz en nuestro país, el primer libro escrito sobre el género en Argentina, que fuera reeditado en 2004, lo que convierte a Pujol en el primer historiador del jazz del país. Más tarde publicó Valentino en Buenos Aires (sobre los años ’20 y el espectáculo porteño), seguido por Como la Cigarra, (una biografía de María Elena Walsh), y otra sobre Enrique Santos Discépolo(tal vez, su libro más conocido) A ambas biografías le siguieron Historia del baile: De la Milonga a la Disco, y luegoRock y Dictadura: Crónica de una Generación, 1976-1983, sobre la relación de la música joven de esos años con la sociedad argentina. Luego editó Las Ideas del Rock: Genealogía de la Música Rebelde, que fuera realizado para la Facultad Libre de Rosario, basado en un curso sobre Rock y Pensamiento que tuvo lugar en dicha ciudad, antes de transformarse en libro. La obra de Pujol continuó con En Nombre del Folclore, una biografía de Atahualpa Yupanqui, seguida por dos libros muy relacionados entre sí, Canciones Argentinas 1910-2010 (una suerte de antología crítica netamente ensayística y de interpretación de la canción argentina, de diversos géneros y autores) y Cien Años de Música Argentina: Desde 1910 a Nuestros Días, que fue cumplimentado a pedido de la Fundación OSDE y la Editorial Biblos, lanzado en 2013, agregando finalmente la reciente edición de La Guitarra Embrujada, la cuarta biografía en la que trabajó.

tapa libro


¿Es el único libro escrito sobre Oscar Alemán?
Hubo otro, Tributo a Oscar Alemán, escrito por Estanislao y José Iacona, que se editó en 2012, pero en verdad está hecho desde el punto de vista gráfico. Es un hermoso libro fotográfico con un breve texto sobre la historia de Alemán, pero hasta ahora no existía una biografía en profundidad.

¿Cómo nace el proyecto?
Nace en el ’92, cuando edité Jazz al Sur, donde hay un capítulo enteramente dedicado a él.

Entiendo que ‘La Guitarra Embrujada’ te demandó cuatro años de investigación, pero antes de eso, ¿qué es lo que te llevó a proponerte escribir un libro sobre Oscar Alemán? ¿Hay alguna preferencia personal que te haya llevado a hacerlo?
Así es, me llevó cuatro años completos. Desde ya, tiene que ver con un berretín personal. Siempre me gustó, desde que lo vi en un programa en ATC en 1980, un mes antes que muriera. Por entonces me la pasaba escuchando a Serú Girán, Weather Report, Spinetta Jade, etc., y de repente me encuentro con un señor de aparente ascendencia afro, de saco y corbata, con anteojos, que tocaba una guitarra acústica frente a un micrófono, con un pequeño cable, apenas amplificada, pero que lo hacía de un modo maravilloso, en un estilo que no tenía nada que ver con los estilos imperantes en ese momento. Alemán era músico de jazz, pero tenía también alguna relación con el rock and roll, con el boogie-woogie, con el swing, y me produjo una gran fascinación, y de ahí en más empecé a averiguar sobre él.

¿Hasta ese momento no sabías de su existencia?
No, sólo había oído hablar de él. En casa se lo mencionaba de vez en cuando. Sabía que era un gran guitarrista pero nunca lo había escuchado con atención. A partir de es momento empecé a comprar sus discos, y a estar más atento. Pero muere al mes. Y en Jazz al Sur, si bien es sobre la historia general del jazz en Argentina, abordo la figura de Oscar en algunas páginas del libro, si bien nunca fui ni maniático, ni coleccionista de su obra.

Pareciera ser que lo del programa de ATC fue el verdadero disparador.
Exactamente, ese fue sin dudas el disparador. Pero en el año 2000, el director de cine Hernán Gaffet se puso en contacto conmigo, porque estaba por producir un documental sobre Oscar Alemán, y que finalmente se editó bajo el nombre de Vida con Swing, y que es realmente muy bueno. Para el cual me pidió que diera mi testimonio sobre su figura frente a cámara, además de facilitarle el material que yo tenía, por lo que de alguna manera participé de esa etapa de pre-producción de la película. El film resultó un estímulo muy importante, para mí y sobre todo para la gente que desconocía a Oscar Alemán. La película anduvo por distintas partes del mundo, se editó en VHS y en DVD, e incluso hoy en día se puede ver en YouTube.

Entonces fue un conjunto de situaciones, entre aquel show en TV, el capítulo que le dedicaste en ‘Jazz al Sur’ y la participación el documental, que te llevaron finalmente a decidirte a encarar una biografía.
Si no la escribí antes fue porque pensaba que era un tema de interés muy acotado, muy específico. La figura de Oscar no es muy conocida a nivel masivo, y en verdad jamás pensé que iba a encontrar un editor entusiasmado. Siempre estuvo presente como proyecto, pero de alguna manera lo fui pateando para adelante. Era una asignatura pendiente. Me causaba mucho placer imaginarme investigando y buscando los discos de Oscar, tratando de corroborar sus historias legendarias en el exterior, si lo que él contaba fue efectivamente así, o no. Y aparte hay varios temas que atraviesan su figura que me resultan muy interesantes. Por ejemplo, lo que yo en cierta parte del libro llamo “el cosmopolitismo popular”, que es la relación de la cultura popular argentina de los años ’40 y ’50 con las músicas del mundo. El carácter nómade de Oscar y del jazz, en qué momento este chaqueño se encuentra con esa música nacida en los Estados Unidos, y su ida a Europa, y cómo estas historias se cruzan, tras ser paralelas.

Sergio Pujol

Sergio Pujol

Me imagino que la investigación fue bastante extensa…
Hay que recordar que soy miembro de la carrera de Investigador del Conicet desde 1991 lo que, fuera de darme una cierta estabilidad laboral, me permite convertir los resultados de mis investigaciones en esta área de estudios culturales, o de historia cultural, en libros. Salvo Cien Años de Música Argentina, o la biografía de María Elena Walsh, que fueron encargados, la mayor parte de mis trabajos editados nacen como proyectos o informes de investigación en el Conicet.

¿En lo personal te considerás cultor del jazz?
Soy melómano, que es algo que antes se usaba exclusivamente para los que escuchaban música clásica. Melómano en el sentido más amplio de la palabra. Desde que tengo uso de razón, no transcurrió un día en que no escuche música. No me refiero a música ambiental, o la que puede sonar en la calle, sino ponerse a escuchar música concientemente, sentarse a escuchar.

Y supongo, todo eso para luego relacionarlo con otros hechos paralelos, lo que indudablemente te lleva a cultivarte.
Exactamente. En todos mis trabajos he intentado demostrar que no existe una incompatibilidad entre el placer de la escucha musical y el conocimiento que uno adquiere sobre la música. Hay una suerte de mito romántico que dice que la música debe ser apreciada sin información previa. Probablemente sea la forma artística que apela más directamente a la emoción.

Y la única que puede traspasar una pared.
Tal cual. La única que puede provocarte congoja en apenas unos segundos, de eso se trata el discurso musical. Entonces, como tiene esa carga emotiva tan grande, y como hay toda una literatura romántica sobre los efectos físicos y emocionales que tiene la música, así suceden las cosas, que también incluye posibles significaciones metafísicas. Mucha gente considera que la música no debe ser desmenuzada o analizada, para ver cuáles fueron las condiciones materiales bajo las cuales se produjo determinado fenómeno musical. Bueno, vos sos periodista musical y melómano, y sabés muy bien que cuanto más se sabe de una canción, o de un intérprete, o de un creador, más lo disfrutás. Pero además hay un hecho que es incontrastable, y es que la música tiene una presencia muy poderosa en las sociedades contemporáneas y de todos los tiempos. La música tiene una ubicuidad que otras artes no tienen, y siempre están interpelando  al sujeto social, y eso la vuelve muy rica como material para la investigación histórica. Y sobre todo para lo que hago yo. Me considero un historiador de la música, lo que hago es una historia social y política de ella. Esa es la perspectiva desde la cual yo me planto frente a la música como investigador, no como oyente. Como oyente soy un consumidor gozoso y absolutamente hedonista.

¿Siempre escribiste plantándote en el contexto?
Absolutamente. Como historiador, soy muy fan del contexto. Ahora bien, tampoco me gusta el contexto como si fuera un telón de fondo de determinadas vidas. Básicamente te diría que lo que busco constantemente como investigador, digamos, cuál sería mi norte, es cómo ese contexto dialoga con determinados artistas, y viceversa. Esos puntos de acercamiento, que le dan valor por un lado a la historia, y por el otro a la música. Hay un crítico norteamericano llamado Alex Ross que dice que quizás la historia no nos ayude mucho a entender la música, porque tiene un significado que está más allá de las palabras, pero la música sí nos ayuda a entender la historia. Tal vez el ejemplo más claro sea el del rol que ocupó la música en los ’60. Con los Stones, Frank Zappa, o los Grateful Dead, entendemos más sobre la juventud norteamericana de esa época, que con un discurso de Richard Nixon.

Leyendo algunos datos biográficos sobre Alemán, descubro que es nacido en Chaco, e hijo de una indígena qom. Me asombra notablemente que alguien así haya terminado consagrándose en Europa, y haciendo un estilo de música que es netamente urbano, y no folclore, como suele darse en estos casos.
Bueno, precisamente esa es una de las cosas más fascinantes que tiene el derrotero de Oscar Alemán. ¿Por qué no volcó sus extraordinarios dotes musicales en un género nacional, como es el caso del folclore? Por empezar, en Chaco, en 1909, no existía el folclore como género de música popular local. Aún era territorio nacional, no estaba incorporado como provincia, y entonces la música folclórica más cercana, digamos, podría haber sido el chamamé. El primer contacto que tiene Alemán con la música es a través del folclore. Su padre, Jorge Alemán Moreira, formó un grupo llamado Sexteto Moreira, usando su segundo apellido, conformado por él y sus cinco hijos. Según contaba Oscar en entrevistas que le hicieron en su juventud, su padre descendía del mismísimo gaucho Moreira. Por lo tanto el sexteto hacía números de variedades folclóricas, y en distintos escenarios. En Resistencia y en Buenos Aires, básicamente en esas dos ciudades. Oscar era un niño que se especializaba en zapatear malambos, incluso llegó a ganar un par de concursos en certámenes.

Es el despegue de su carrera…
En verdad se da a partir de 1921, cuando su padre se va a Brasil con tres de sus hijos, entre los que estaba Oscar, a vender artículos. Estando allí sucede la desgracia. Muere su madre, que se había quedado en Buenos Aires. Y su padre se deprime, sumado al hecho que no la había ido bien con los artículos que había llevado a vender a Brasil, y termina suicidándose. Al suicidarse su padre, los dos hermanos de Oscar que estaban junto a él en Brasil parten hacia distintos lugares. Mientras tanto, los otros dos que había en Buenos Aires van a parar a un orfanato. Ambos se reencontrarían con Oscar muchos años después. Oscar se queda solo en la ciudad de Santos, donde aprende a tocar el cavaquinho (N. de la R.: instrumento portugués de cuatro cuerdas)como chico de la calle en la puerta de un cabaret llamado Miramar, y abriendo las puertas de los coches de las personas que iban al lugar.

Sobrevive, básicamente…
Claro, sobrevive. Hasta que conoce a un guitarrista brasileño llamado Gastón Bono Lobo, quien le presta una guitarra, además de darle algunas lecciones. De todos modos él algo de guitarra ya sabía, porque su padre y su hermano mayor Rodolfo la tocaban. Así, junto a Gastón, forman un dúo, que se llamo Les Loups, con el que llevan a cabo giras por todo Brasil haciendo música hawaiana. Gastón tocaba guitarra slide, mientras Oscar se encargaba de los arpegios, los arreglos, en segunda guitarra. Llegan a Buenos Aires en 1927, siendo Oscar aquí un perfecto desconocido. De hecho, lo dan por brasileño. Tenían un repertorio muy heterogéneo que incluía tango, vals, foxtrot, y algo de música brasileña. Hasta que en 1929, tras grabar varios discos para el sello Odeón, las cuales se convertirían en las primeras grabaciones de Oscar Alemán, conocen a un zapateador norteamericano llamado Harry Flemming, que por entonces se presentaba en el teatro Casino de la ciudad, quien encantado por lo que Les Loups hacían, los invita a sumarse a la troupe, llevándolos a España, para luego hacer giras por toda Europa.

Cuando integraba el dúo Les Loups

Y ese es el momento de la verdadera inserción europea de Alemán.
Tal cual. Desde marzo del ’29 hasta 1940, Oscar Alemán recorre toda Europa, pero con cuartel general en París.

¿Pero antes de eso no había tocado tango?
Sí, antes de embarcarse a Europa había formado el trío Victor, a instancias de la grabadora del mismo nombre. Que en verdad eran Les Loups más un violinista de tango muy importante, Elvino Vardaro, que tocó en grandes orquestas, incluso llegó a tocar con Piazzolla en sus últimos años de vida, y con quien grabaron algunos tangos, cosa que también había sucedido con Les Loups antes, sin Vardaro, como con una versión muy linda de ‘La Cumparsita’, u otra de ‘Flores Negras’, de Julio De Caro. Por lo tanto, cuando llega a Europa, lo hace como guitarrista de gran ductilidad, tocando tango, foxtrot, folclore y hasta fado, que lo aprende en Brasil. Y en 1929, entonces, comienza la gira por Europa, la cual duraría apenas unos meses, ya que la orquesta de Flemming se disuelve y, tras Bono Lobo volverse a Brasil, Oscar queda anclado en Madrid tocando con una banda que él mismo armó allí. Al tiempo Oscar recibe un telegrama del productor de Josephine Baker, la gran diva negra, que estaba de gira por Europa, proponiéndole una audición con el fin de contratarlo para su orquesta. Alemán viaja a París, donde ya había estado antes junto a Harry Flemming, hace una prueba solo con su guitarra, enloquece a todos, y finalmente lo contratan.

¿Qué fue lo que hizo que Alemán comience a tocar swing?
Él ya venía de la música brasileña. Con Les Loups acostumbraba a tocar lo que sea. Lo curioso es que no sabía leer una sola nota, era todo de oído, pero sí lo hacía Gastón. En términos musicales, el tipo era un superdotado. Alemán conoce el jazz entre 1929 y 1930. En el barco, digamos.

Los viajes en barco eran largos…
Eran muy largos. Y ahí se interioriza sobre la música americana, que además era lo que hacía con la orquesta de Flemming. Se establece en Europa, se va a París, y permanece junto a Josephine Baker hasta 1939, con algunas interrupciones.

¿Se conocen otros casos de músicos argentinos que terminaran metiéndose tanto en la escena del jazz internacional?
No en esa época. Más tarde hubo dos, el Gato Barbieri y Lalo Schiffrin. Pero antes de ellos, solamente Alemán. Y además vive una era muy particular porque en los años ’30, en París, hay muchos músicos negros norteamericanos que, o estaban radicados en Francia, o en Holanda, o en Dinamarca, o bien haciendo giras permanentemente por Europa, donde se sienten más a gusto, por el tema de la segregación en los EE.UU. Salvo en la Alemania de Hitler, obviamente, o la Italia de Mussolini. Y esta situación le brinda a Oscar la posibilidad de tratar personalmente con grandes músicos, llegando a conocer prácticamente a todos. Conoce a Coleman Hawkins, comparte escenario con Louis Armstrong, etc. En 1933 Duke Ellington se presenta por primera vez en Francia, y alguien le cuenta que hay un gran guitarrista tocando con Josephine Baker. Ellington intenta llevarse a Alemán a su orquesta tras escucharlo tocar, pero Josephine Baker se niega a cedérselo, diciendo que no quería desprenderse de semejante guitarrista, que además sabía cantar y zapatear. Oscar pierde la gran oportunidad de su vida, ¡que era pasar a integrar la orquesta de Duke Ellington!

Oscar Alemán junto a Duke Ellington

¡Ni siquiera puedo empezar a imaginarme lo que se perdió!
Josephine Baker era una gran diva, pero en términos musicales no había ni punto de comparación entre su orquesta y la de Duke Ellington. Esos eran años en donde se conjugaban, por un lado, la bohemia jazzera, y por el otro, las responsabilidades laborales. Dentro de la parte de la bohemia, conoce al guitarrista Django Reinhardt, con quien traba amistad, lo visita en el carromato, etc. No llegaron a grabar juntos porque ambos eran guitarristas solistas, los dos primeras guitarras.

¿Existía una admiración mutua entre ellos?
Desde ya, pero también una cierta rivalidad, ya que eran los dos mejores guitarristas de jazz en Europa. Y diría, también del mundo.

Pero primero había aparecido Reinhardt…
Sí, igualmente en el libro yo encontré pruebas que dicen que Oscar había comenzado a tocar jazz antes que Reinhardt, y eso está en un capítulo que titulé “El Indio y el Gitano”, que era como ellos se hacían llamar cuando se presentaban juntos. Ambos eran dos marginales sueltos en París. Uno por ser gitano, y el otro por ser sudamericano. De hecho a Alemán lo daban por cubano. Pero en julio de 1940 cae Francia en manos de los nazis, y entra el ejército alemán a París. Oscar tiene un episodio muy violento con unos oficiales de la SS en la calle, donde lo golpean y lo amenazan, por lo que Oscar arma las valijas y se viene a Buenos Aires con su esposa francesa, arribando a la ciudad en la nochebuena, el 24 de diciembre de 1940. Pero aquí no lo conocía nadie, salvo algún que otro tanguero que lo recordaba de los días de Les Loups. Y esto explica por qué nunca se dedicó al folclore, y es porque su argentinidad, su sentido de permanencia nacional, estaba atada con piolín.

Era un extranjero en su propia tierra.
Exactamente. Un extranjero que iba a ser muy exitoso, porque a los pocos meses de llegar firmó contrato con una boite de la avenida Córdoba llamada Gong, que era la más importante del momento. Aparte firma con Radio Belgrano, y empieza a grabar para la compañía Odeon, grabando 108 discos simples con tres formaciones distintas entre 1940 y 1957, que incluían dos quintetos. El primero de ellos incluía a Hernán Oliva, que fue un gran violinista. Y un segundo quinteto con el que grabó una versión paródica de ‘Bésame Mucho’, que llego a vender más de 1 millón de discos. Y por otro lado un grupo que formaba con tres violines, un clarinete, guitarra rítmica, guitarra solista, piano, contrabajo y batería. Una formación muy extraña.

¿Haciendo qué estilo de música?
Un poco de todo. Haciendo jazz, pero también canciones francesas, música brasileña, y swing. Su repertorio nunca fue exclusivamente swing. Digamos que el swingueaba todo. Por ejemplo, tocaba ‘Caminos Cruzados’ de Lecuona en estilo jazz. Sus dos especialidades fueron el jazz y la música brasileña. Su versión de ‘Delicado’, de Waldir Acevedo es mejor que la original. Además pensá que en los años ’40 y también a principios de los ’50, Oscar fue varias veces a Rio de Janeiro a tocar en los carnavales. Un argentino tocando en los carnavales de Rio. ¡Imaginate un brasileño tocando tango en la patria de Troilo! El tipo fue un políglota de la guitarra. No es que haya inventado una lengua, como tal vez lo hizo Django Reinhardt, pero tenía una gran facilidad para hablar esas lenguas.

Y sobre todo lo que logró a partir de eso, el sólo hecho de llegar a adentrarse en la escena más selecta del jazz, o lo que me estás contando sobre Brasil…
Totalmente. Y después, volver a su país y tener mucho éxito durante 20 años. Hizo mucho dinero, y se convirtió en una figura muy conocida y querida.

foto 1

¿Asimismo llegó también a presentarse mucho en TV?
Muy poco, porque cuando se consolida la televisión nacional, en los años ’60, la estrella de Oscar ya estaba en caída, por distintas razones. Por ser alcohólico, por no adaptarse a la música beat, al rock, al pop. Los clubes dejaron de contratar orquestas, porque era más económico contratar un cuarteto, o un disc-jockey. Alemán no logró funcionar en ese nuevo paradigma de música popular que, por supuesto, ya se había instalado en todo el mundo. La que yo llamo norteamericanización de la cultura. Paradójicamente, porque él era músico de jazz, pero claramente lo desfavoreció.

¿Así y todo logró volver?
Sí, pero en los años ‘70s, grabando tres LPs. Para que te des una idea, en 15 años graba el equivalente a 60 discos. Todas estas grabaciones están comentadas y analizadas en el libro. Existen varios motivos por los cuales volvió de ese ocaso bastante largo. En principio porque a comienzos de los ‘70s hay un ambiente tradicional de jazz que lo conoce y admira. Hay que tener en cuenta que en los ‘60s, su música no encajaba ni en el jazz moderno, ni en el que era estrictamente tradicional. Era un tipo básicamente de swing, pero también hacía canciones como ‘Bailando el Rock and Roll’ o ‘Improvisaciones sobre Boogie Woogie’. En una parte del libro menciono que es como una especie de eslabón perdido entre el jazz y el rock.

Bueno, es que las orquestas de aquí de la época hacían un poco de todo. Recordemos sin ir más lejos la de Eddie Pequenino.
Exactamente. Es una buena analogía. De hecho Pequenino fue trombonista de la orquesta de Lalo Schiffrin.

foto 2

Volvamos al regreso a la escena de Alemán.
Como te decía, vuelve básicamente porque hay una movida de jazz que de algún modo lo contiene, pero también hay un hecho personal que resultó fundamental. En 1968 Duke Ellington vino por primera vez a Buenos Aires, y en el hotel preguntó “where’s Oscar?”, y nadie tenía la mínima idea de a qué Oscar se estaba refiriendo Ellington. Finalmente lo ubican viviendo en un departamento bastante modesto en la calle Maipú, donde daba clases, sobreviviendo como profesor de guitarra. Y al poco tiempo se reencuentran en los camarines del Gran Rex durante una prueba de sonido. Se abrazan, hablan en francés. Y así es como volvieron a verse. Ya en el ’72 Oscar graba el disco Alemán ‘72 para el sello Redondel, con Walter Malosetti en guitarra , que era su más grande fan en Argentina. En esa época fue mimado muchísimo, sobre todo por la gente del Círculo de Jazz, que era una agrupación que organizaba recitales en Buenos Aires, y entonces es reivindicado como “el tipo que introduce en la Argentina el estilo gitano”, el llamado jazz manouche, el swing gitano, que a partir de ahí lo practicarían Swing 39, los grupos que tuvo Walter Malosetti. Y también un poco Ricardo Lew en sus comienzos, López Furst, etc. Es un estilo que siempre gustó mucho en Argentina. Si bien nunca hubo muchos grupos, pero el auténtico introductor en el país del estilo fue Oscar Alemán.

¿Continuó grabando discos?
Grabó tres discos para Redondel, todos de larga duración, que de hecho fueron sus primeros long-plays. No había grabado desde 1957.

¿Y en sus años en Europa no había grabado nada?
Sí, en Europa grabó mucho, cerca de 80 temas, pero no tantos de jazz. Desde ya, grabó con Josephine Baker, o acompañando a cantantes latinos que giraban por allí, y también música francesa. De lo poco que hizo de jazz, grabó cuatro temas con Bill Coleman, que era un gran trompetista, y además en Dinamarca grabó una cosa muy extraña para la época, que fueron dos solos de guitarra, dos standards de jazz de 2 minutos y medio cada uno, ‘Whispering’ y ‘Nobody’s Sweetheart’, sin acompañamiento, que hoy día son piezas de colección y que están entre las mejores grabaciones de solos de guitarra que se han grabado por lo menos hasta la década del ’50 o el ’60.

Sin embargo, hablando con cualquier persona de edad, el nombre de Oscar Alemán pareciera estar muy presente, y no solamente en los músicos, sino en cualquier señor o señora de barrio.
Alemán permanece en la memoria colectiva de una generación gracias al brillo que irradia como gran animador de los bailes, y además recordemos todas las piruetas que hacía, que había aprendido en los espectáculos de variedades. Se colocaba la guitarra en la espalda, o tocaba a ciegas, o tocaba con una sola mano, o la pasaba por encima del diapasón.

Como buen virtuoso.
Exactamente. Cierta vez le contaron lo que hacía Jimi Hendrix, y Alemán no se sorprendió para nada, ya que él lo venía haciendo desde hace años.

¿Hendrix?
Sí, es que él estaba muy informado. Nunca fue rockero, siempre miró al rock un poco desde arriba, pero creo que el viejo rock and roll le gustaba. Y estoy seguro que llegó a conocer los discos de Les Paul, porque esta orquesta grande que mencioné que había formado, coincide con la época en que habían entrado los primeros discos de Paul and Mary. En el libro digo que el fue el primer héroe de la guitarra, ese es el lugar de Oscar Alemán, es un poco la figura del guitar hero, bueno, él fue el primero aquí en guitarra eléctrica. Fue el primer guitarrista virtuoso de música popular, porque él hacía música instrumental, de hecho canta en muy pocos temas. Hubo otros guitarristas maravillosas, como Roberto Grela, pero hacía tango, acompañando a los cantantes, tocando en la orquesta de Troilo. Yupanqui también tocaba muy bien.

Sin duda, de no haber sido por una cuestión de latitud, todos ellos hubieran sido tan famosos como los del norte.
Absolutamente.

Una vez que regresa a Argentina, ¿vuelve a salir de gira por el exterior?
En el ’59 hace una gira por España, pero no le va nada bien, y desde que regresa al país en 1960, comienza su declive y su largo silencio que, con la excepción de algunas pocas actuaciones en radio, se extiende hasta que vuelve a presentarse en público en 1971. Y al año siguiente graba su primer LP después de muchos años.

Alemán, en los ’70s

¿Es verdad que Alemán fue el único músico de jazz argentino cuya obra de sus años dorados fue digitalizada?
Claramente. Por ejemplo, Enrique Mono Villegas, grabó mucho, pero todo lo que tenemos de él es de los ‘60s a esta parte. No existe nada de los ‘40s y ‘50s, años en que él también grabó muchísimo, que haya sido digitalizado. Y lo mismo con las primeras grabaciones de Schiffrin, del Gato Barbieri, de la orquesta de Dante Varela, de los Dixie Pals, en general de casi todas las orquestas que había en ese momento, que fueron muchas. Solamente en Buenos Aires en los años ’40 llegó a haber más de treinta orquestas en actividad, orquestas grandes, de catorce o quince músicos que tocaban en clubes, en las confiterías del centro, o en las radios.

Y también en bailes de barrio.
Así es, y ese era precisamente el ambiente de Alemán. Por eso, cuando cambia ese escenario, se hace a un costado, y va a reaparecer como figura de culto para los seguidores del jazz tradicional. En los ‘70s ya no tocaba en bailes, y cuando lo hacía, era para que la gente haga una pausa y lo escuche. Tocaba en lugares pequeños, como el Teatro Santa María del Buen Ayre, en Michelangelo, o en los clubes de Av. Constitución de Mar del Plata, donde iba todos los veranos.

Supongo que habrás hecho una investigación muy ardua…
La investigación fue bastante ardua, pero muy placentera. Tal vez suene un poco exagerado considerarla “la investigación de mi vida”, pero es un trabajo con el cual soñé hace muchos años. Rastreé parientes, investigué las grabaciones, gasté mucha plata de mi bolsillo al comprarme la colección completa de los facsimilares de la revista francesa Jazz Hot de los años ’30, busqué información en algunos sitios online con información musical de Francia de aquellos años, indagué mucho en hemerotecas, muchas veces guiado por la intuición, compré grabaciones, y hablé con un total de 34 entrevistados. Hice una auténtica investigación histórica.

¿Alguna reflexión final sobre ‘La Guitarra Embrujada’?
Estoy realmente sorprendido del interés que el libro despertó en el periodismo de rock, si bien fue editado hace algo más de 1 mes. Creo que ven a Alemán como una especie de tío lejano.

 

¿Conoces a Tiny Tim?

Estándar

Publicado en Evaristo Cultural el 15 de junio de 2015

No recuerdo haber leído mucho sobre Tiny Tim en nuestra lengua, fuera de alguna que otra glosa desperdigada por ahí. O más que seguro cierto comentario al paso en esas charlas que suelen darse con amigos melómanos, o acólitos de las historias del vasto mundillo del espectáculo en general, cuando llegaba la hora de comentar el hecho bizarro de ocasión. Pero sí resulta inmensamente probable que alguien se haya embarcado en una travesía por YouTube, para terminar topándose accidentalmente con el “Pequeño Tim” cantando Tiptoe Through The Tulips en alguna presentación en un programa exitoso de televisión de los Estados Unidos. Para entonces descubrir a uno de los personajes más curiosos que cierta vez hayan pisado los confines del planeta. Porque al fin y al cabo un artista que alcanza el estrellato hace casi medio siglo atrás haciendo versiones de clásicos antiguos cantados con un falsete agudo y simpáticamente risueño, y acompañado nada más que por un ukelele y una pinta algo estrafalaria (que incluye nariz y cabellera de gran prominencia, y pálido maquillaje), no es cosa de todos los días. ¿Alguna vez viste a Tiny Tim? Bueno, deberías…
Llegado al mundo bajo el nombre de Herbert Khaury en Manhattan, ciudad de New York, en el mes de abril de 1932, hijo de una madre polaca judía y un padre libanés católico, está de más aclarar que la historia del recordado Tiny Tim fue peculiar, lo menos, desde el mismísimo vamos. Khaury portaba talento musical desde muy joven, lo que sumado a su llamativa personalidad, la de un joven del siglo XX cuya gusto musical ahondaba en la música popular que iba de 1890 a 1930 (se dice que sabía tocar más de 1.000 canciones de aquellos años) lo llevó a tomar la decisión de abandonar la escuela terciaria, para convertirse en un auténtico y declarado solitario. Por lo que Tim, quien inspirado en sus ídolos soñaba con convertirse en cantante, aprendió tempranamente a tocar guitarra y ukelele. Así (y bajo el seudónimo de Larry Love), Khaury llegó a realizar sus primeras performances, a pesar de la desaprobación permanente de sus padres, que no veían en su hijo la menor posibilidad de suceso a futuro. Cuenta la leyenda que su primer show tuvo lugar en un cabaret de lesbianas en el bohemio barrio de Greenwich Village de su ciudad natal, sitio del que para entonces se había convertido en habitué, ya que Khaury amaba el vaudeville. Love ya se había convertido en figura de culto en ese área, particularmente desde que comenzó a incorporar a su repertorio versiones llamativas y bizarras de muchas de esas canciones que amaba, y adoptando en los ‘60s definitivamente el nombre artístico de Tiny Tim (“El Pequeño Tim”), basado en el personaje del mismo nombre de la novela de Charles Dickens A Christmas Carol (que aquí se conoció como ‘Un Cuento de Navidad’), y moviéndose por clubes de la misma baja calaña que solía frecuentar.
Tim (o ‘Tiny”, como ya lo había bautizado su pequeña legión de fanáticos) ya se había ganado la etiqueta defreak (tampoco debió esforzarse mucho que digamos para obtener el mote), por lo que en 1963 fue parte del elenco del largometraje kitsch Normal Love del director underground Jack Smith (la secuela nunca terminada de su film anterior Flaming Creatures), y cinco años después, en 1968, en el film independiente You Are What You Eat, donde participó (siempre con su folkórico falsete) con una versión Be My Baby de las Ronettes, y el clásico de Sonny and Cher I Got You Babe. Ambas canciones fueron grabadas junto a los músicos que luego formarían los legendarios The Band (que por entonces se llamaban The Hawks, los mismos que luego secundarían a Bob Dylan en escena en los primeros años de su carrera) en los estudios Big Pink el año anterior, juntos a dos más que finalmente no fueron incluidas en el proyecto, pero que sí vieron la luz, si bien de forma no oficial, en una edición pirata que respondió al título de The Band, Bob Dylan & Tiny Tim: Down in the Basement (si bien Dylan no grabó particularmente junto a Tim). Su  participación en ambos largometrajes le garantizó una fuerte dosis de popularidad y, entre otros logros, fue invitado a presentarse en el Rowan and Martin’s Laugh-In, un exitosísimo programa de TV de comedia de aquellos años, donde Tiny fue introducido como “un nuevo talento”. Eventualmente Tim salió a escena cargando una bolsa de compras de supermercado (un acto que ya se había convertido en parte de su rutina habitual), de la cual extrajo su ukelele, antes de realizar un medley (o popurrí) de los clásicos ‘A Tisket A Tasket’ y ‘On The Good Ship Lollipop’. Tiny Tim regresó al Laugh-In en dos oportunidades más, y en la tercera y última, luego de tirar besos al público (otro de los gestos típicos de su puesta en escena), cantó Tip-Toe Through the Tulips With Me (‘En punta de pie a través de los tulipanes’), canción que se convertiría en su más emblemático caballo de batalla. La personalidad incondicionalmente excéntrica de Tiny Tim logró tanta repercusión como su música, lo que sumado al hecho de su obsesión por la higiene personal y su imagen asexuada, lo llevó a ser convocado a participar en los shows de Johnny Carson, de Jackie Gleason, y el Ed Sullivan Show, los programas de variedades más famosos históricamente de la TV americana.
En 1968 Tiny lanzó su álbum debut God Bless Tiny Tim (‘Dios bendiga a Tiny Tim’) a través del sello Reprise (nada más y nada menos que la misma compañía que editaba a Frank Sinatra), el cual incluía, inevitablemente, una versión orquestada de ‘Tip-Toe Through the Tulips With Me’, que se convirtió instantáneamente en hit, llegando a superar las 200.000 copias vendidas. Ese mismo año también publicaría su segundo trabajo, el homónimo Tiny Tim’s Second Album, y en cuya portada aparecía fotografiado junto a sus padres, sumando un tercer álbum al año siguiente, una colección de canciones para niños bajo el nombre de For All My Little Friends (en el cual, entre otras apostillas, cantaba sobre prácticamente todos los animales conocidos por el hombre, e instruía a los chicos sobre la diferencia entre el agua caliente y la fría), y que hasta le valió una nominación para los premios Grammy.

CD_DPS1.QXD

Tim aprovechó una de sus presentaciones en el show de Johnny Carson para contraer matrimonio ante las cámaras con su novia de 17 años (a quien Tim apodaba ‘Miss Vicky’), y con la cual llegó a tener una hija, la cual tampoco pudo evitar un divorcio de sus padres ocho años más tarde. Tiny seguramente no se percató de que el hecho, que fue presenciado “en vivo” por una audiencia de 12 millones de hogares, iba a terminar convirtiéndose en el primer clavo de su cajón. Su público amaba fantasear con su supuesta homosexualidad (lo que eventualmente, desde el lado morboso de éstos, forjaba algo más su misteriosa existencia), y las nupcias televisadas de Tim terminaron aniquilando el mito. Si bien no era extremadamente famoso, pero sí aclamado por su actitud y profesionalismo, continuó girando a lo largo y ancho de los Estados Unidos, llegando a hacer shows altamente lucrativos en Las Vegas, para terminar pagando el precio de su propia ingenuidad, cuando algunos de sus asociados se aprovecharon de ella para saquearlo o estafarlo asiduamente. Ya a comienzos de la década del ’70, apenas unos dos o tres años de aquel primer boom, la fascinación americana por el extravagante Tiny Tim se había desvanecido casi por completo. Tim continúo grabando para pequeños sellos a través de los ‘70s y los ‘80s, pero su carrera jamás volvería a levantar puntería.
Tiny contrajo enlace por segunda vez en 1984, pero el idilio acabó diez años más tarde. Deprimido, se sumó a la troupe de un circo para una gira de 36 semanas, y a su regreso a casa volvió a casarse, esta vez con una tal Miss Sue, y con la cual se mudó a la ciudad de Minneapolis.
Tras varios años de lidiar con problemas de salud básicamente por cuestiones exceso de peso, Tim se vio obligado a luchar contra una serie de deficiencias coronarias crónicas. En septiembre de 1996 sufrió un ataque de corazón frente al público mientras participaba del Ukulele Hall of Fame (un festival de ukelele en el estado de Massachusetts), lo que lo llevó a terminar cayendo del escenario, y que le generó daños severos. Tim se repondría momentáneamente para continuar con su itinerario de conciertos, asimismo alternándolos con presentaciones en programas exitosos con el objeto de volver al ruedo más decorosamente (entre otros, el show radial de Howard Stern, o el talk-show de Conan O’Brien) pero, aún en plena recuperación, se vio obligado a cancelar otro concierto, de manera súbita. Tim no pudo cantar aquella noche, pero los dueños del lugar le insistieron para que al menos se quede a cenar en el lugar junto a su esposa. Tras escuchar la propuesta, y, a pesar de su frágil salud, Tim tomó su ukelele y volvió a escena, realizando un show en magníficas condiciones y abriendo nuevas esperanzas. Su próxima presentación era en el Women’s Club de Minneapolis. A lo largo del día Tim se había sentido muy mal de salud, y notablemente mareado pero, no feliz con defraudar a sus fanáticos, se dirigió al lugar, para al arribar allí darse cuenta que prácticamente no podía subir las escaleras del sitio, apenas unas horas antes de su muerte. Su triste final, al que se le sumarían más detalles trágicos sobre la marcha, fue relatado minuciosamente en la página oficial de Tim por una fan a los pocos días del trágico desenlace: “Tiny casi cayó al piso al querer subir las escaleras de mármol del club, y su esposa Miss Sue intentó ayudarlo. Ella le preguntó cómo se estaba sintiendo, a lo que Tim le confesó que no había estado tomando su medicación últimamente, lo que ya se había convertido en hábito. Les sirvieron una cena perfecta, pero Tim no tenía mucho apetito. Después de cenar, alguien lo presentó al líder de la banda del lugar, quien se negó a que su grupo toque junto a Tiny esa noche con la excusa que ‘no conocían sus canciones’, por lo que le informaron que iba a tener que cantar sin banda de acompañamiento. Su show tenía que haber comenzado a las 9 pm, pero Tim fue desilusionado una vez más cuando ya había transcurrido un rato largo del horario inicial de su presentación, y todavía seguía esperando. Conmocionada, Sue terminó pidiéndole a su propia madre que le informe lo que estaba sucediendo a la mujer que era dueña del lugar. Finalmente, el líder de la banda que estaba tocando interrumpió de repente  su presentación para darle lugar al show de Tiny Tim, pero no lo presentó ante el público. Eso fue un insulto terrible para él. Un cantante siempre debe ser presentado al final de un show, antes que la audiencia se enfríe. Gran parte del público ya se había retirado, quedaron sólo unas pocas personas en el recinto. Fue un insulto deliberado del líder de la banda que había estado tocando anteriormente. Entonces la dueña del club subió al escenario y presentó a Tim ante los pocos que quedaban. Tim se puso de pie y se paró frente al micrófono. Los cables se le enganchaban entre las piernas, y su ukelele estaba desafinado. Tim estaba muy enfermo, pero no quería decepcionar a los invitados. El público comenzó a aplaudirlo. Miss Sue, que vio que Tiny temblaba, lo tomó del brazo para que no se cayera. Tim saludaba al público y les tiraba besos, lo que siempre hacía, pero al final de los shows. Sue continúo tomándolo del brazo y le preguntó si se sentía bien. ‘No, no me siento nada bien’, le contestó. Esas fueron sus últimas palabras. Tim colapsó en el escenario. Tuvieron que llamar a una ambulancia, que llegó a los pocos minutos. Intentaron ayudarlo a que se recupere. Tim estaba recostado sobre el piso del escenario. Lo trasladaron a un centro médico, donde siguieron tratando de recuperarlo por más de 1 hora, hasta que se rindieron. Miss Sue estaba junto a él cuando murió. Tim tenía 64 años. Según lo dicho por varias fuentes, estaba cantando ‘Tiptoe Through The Tulips’ cuando empezó a descompensarse, lo que hace que todo esto sea muy horripilante”
Pero para entonces el Pequeño Tim y su ukelele ya habían iniciado otro viaje.

CINCO DÉCADAS DE INSATISFACCIÓN: A 50 años de la edición de ‘Satisfaction’

Estándar

Publicado en Evaristo Cultural el 4 de junio de 2015

Corría la primavera boreal de 1965 y los Rolling Stones estaban de gira por los Estados Unidos. Aquella noche del 7 de mayo la banda se alojaba en el motel Gulf, en Clearwater, estado de Florida, tras su concierto del día anterior en el Jack Russell Stadium de la misma ciudad. Algunas horas después, al levantarse, lo primero que notó Keith Richards, uno de los dos guitarristas de la banda, fue que la cinta de su grabador portátil se había acabado. Y que su guitarra reposaba sobre la cama en la que había dormido. Richards no recordó haber usado el grabador en ningún momento durante aquella noche, por lo que, preso de la curiosidad, se dispuso a escuchar lo que allí había. “Me desperté en medio de la noche”, declararía más tarde. “Cerca de mi cama había un grabador, y mi guitarra acústica. A la mañana siguiente, cuando me desperté, vi que la cinta del cassette había seguido corriendo hasta terminarse. Entonces la rebobiné, y me encontré con algo así como 30 segundos de da-da da-da-da…Y también se puede escuchar el ruido de cuando dejo la púa sobre la mesa de luz. En cuanto al resto de la cinta, se trata de mí roncando”
Richards pudo no haber recordado el instante en que se despertó en medio de la noche con una melodía en su cabeza, ni mucho menos haber tomado su guitarra para luego apretar el botón de record y registrar un riffde nueve notas, antes de volver a dormirse, que iba a hacer historia. Pero las semillas de (I Can’t Get No) Satisfaction ya estaban plantadas. Tras el descubrimiento, Richards salió a buscar a Mick Jagger, quien estaba retozando junto a la pileta del hotel, y que instantáneamente se puso a escribir la letra para la canción de insatisfacción que su compañero de banda había plasmado unas horas antes, la misma que catapultaría a los Stones al megaestrellato definitivo. Y cuyo mensaje se consagraría como uno de los más simbólicos de esa década, acaso con perfecta vigencia hasta nuestros días.
Hasta ese entonces los Stones habían logrado meter sólamente dos éxitos en el Top Ten de la mano de Time Is On My Side y The Last Time pero, en comparación con los logros obtenidos por otras bandas de la llamada British Invasion (claramente comandada por los Beatles), y con apenas un par de años de carrera, la banda necesitaba una canción que los lleve a la cima. Muy paradójicamente, a Richards ni se le había cruzado por la cabeza que aquella melodía sonámbula era exactamente lo que los Stones estaban necesitando. “Jamás pensé que fuera lo suficientemente comercial como para convertirse en single”, le confesó al autor Philip Norman para su libro Sympathy for the Devil. De hecho, como más tarde apuntaría Bill Wyman, el bajista original del grupo, Richards la consideraba “una canción más, de las tantas que podían servir de relleno en algún álbum”
A lo largo de esa gira americana de 1965 los Stones acostumbraban a pasearse por diversos estudios de grabación para matricular sus ideas, por lo que el 10 de mayo, apenas tres días después de la inspirada noche de su guitarrista rítmico, anclaron en los legendarios estudios Chess de la ciudad de Chicago, los mismos donde parte de sus ídolos musicales favoritos (Chuck Berry, Muddy Waters, Bo Diddley, etc.) registraron sus canciones más representativas. Allí, secundados por su mánager y productor original Andrew Loog Oldham, los Stones lograron una primera versión de la canción, que incluía a Brian Jones (el por entonces segundo guitarrista del grupo, fallecido en 1969) en armónica, volviéndola a grabar dos días después en los estudios RCA de Hollywood, no sólo con un ritmo diferente, sino con una particularidad sonora que sería el sello emblema del sonido del cuerpo principal de ‘Satisfaction’, cuando Richards experimentó con agregarle a su guitarra el sonido de la Gibson Maestro fuzzbox , la ‘caja de efecto fuzz’, o ‘fuzz-tone’, que permitió aquel sonido característico que se asemejaba al de un saxo, y que también contó con la participación del músico y arreglador Jack Nitzsche en pandereta y piano. De hecho, una vez concluida la grabación, Richards, no conforme con el resultado obtenido, deslizó la posibilidad de grabar una tercera versión con una auténtica sección de vientos, pero fue vetada por el resto de los miembros del grupo y principalmente por David Hassinger, el ingeniero de sonido que estuvo en la sesión.

Bastante se ha rumoreado sobre lo que llevó a Richards a obtener la inspiración necesaria cuando se le ocurrió la melodía de la canción, teniendo en cuenta que la banda estaba influenciada por un amplio rango musical, pero el guitarrista nunca dejó de citar la música del combo femenino Martha and the Vandellas y su éxito del año anterior Dancing in the Street (de la cual resulta imposible disociar su clima con el de ‘Satisfaction’), o de ‘Nowhere to Run’, como así también de otros elementos sonoros de aquellos tiempos provenientes de la gloriosa compañía grabadora Motown Records. Y si la inconfundible propuesta melódica de la canción cimentaría a los Stones a una carrera de más de medio siglo con muchísimas otras grandes composiciones, cuando hasta aquel momento sólo proponía un bacanal de buen ritmo, la trompada final llegaría de la mano de su atrevida letra, que si bien hoy día puede resultar poco controvertida para los tiempos que corren, en aquel momento no dudó en levantar más de una ceja. Desde su edición, en reiteradas ocasiones se sugirió que Jagger inconscientemente había tomado el estribillo de ‘Satisfaction’ de ‘Thirty Days’ de su amado Chuck Berry, cuando éste cantaba “If I don’t get no satisfaction from the judge / I’m gonna take it to the FBI and voice my grudge”(que debería ser interpretada como “Y si el juez no me ayuda/ Voy a ir a ver al FBI y expresar mi rencor”), y donde Berry clamaba por la aparición de su chica. O de la mismísima ‘I Can’t Be Satisfied’ del gran Muddy Waters. Nutriéndose de los avatares de la vida alocada de una banda de rock que estaba de gira y del impacto de la cultura americana que como extranjeros en tierras extrañas comenzaban a descubrir y experimentar día tras día, Jagger no trastabilló a la hora de referirse, y de forma explícita, al padecer la sobredosis de información (“Cuando estoy manejando mi coche/ Y aparece ese tipo en la radio/ Y me habla más y más/ De información inútil/ Que se supone es para encender mi imaginación”), o de publicidad desmedida (“Cuando estoy viendo la tele/ Y aparece ese hombre para decirme/ Lo blancas que pueden estar mis camisas/ Pero él no puede ser un hombre/ Porque no fuma los mismos cigarrillos que yo”), o las dificultades de tener sexo casual, yendo tan lejos como expresar que una de sus admiradoras se lo negó por una situación, eventualmente, muy habitual en la vida de una mujer (“Cuando estoy dando vueltas por el mundo/ Y hago esto, y firmo lo otro/ E intento transarme alguna chica/ Que me dice ‘Nene, mejor volvé la semana que viene porque, ya ves, estoy con el período’ ”)
El escándalo que trajo aparejado la letra de ‘Satisfaction’ pudo haberle venido de perillas al manager de la banda Andrew Loog Oldham (que desde el vamos se esmeró en publicitar a los Stones como los “anti-Beatles”, y con maravillosos resultados), pero una estrofa de una canción que aludía al rechazo de una mujer de una propuesta sexual por haberse encontrado menstruando (y que, adicionalmente, un enorme número de oyentes creyó se refería a la masturbación, o mínimamente, a la insatisfacción sexual) generó una colosal repercusión. Y siguiendo lo establecido por aquella máxima que dice que “la mala prensa es buena prensa”, el plan de Oldham, entonces, apenas tres meses después que los Beatles cantaran “me dijo que el vivir conmigo la deprimía”, se cumplió a rajatabla.
(I Can’t Get No) Satisfaction terminó editándose primeramente en los Estados Unidos un 6 de junio de 1965, con The Under-Assistant West Coast Promotion Man en la cara B (ambas canciones formarían parte del futuro álbum del grupo Out of Our Heads, que saldría a la venta al mes siguiente) La versión británica del single de la canción, mientras tanto, se lanzaría algo más de dos meses más tarde, el 20 de agosto, y acompañada por The Spider and the Fly.
Jagger se referiría a ‘Satisfaction’ como “la canción que realmente creó a los Rolling Stones, la que nos llevó de ser ‘un grupo más’ a una banda gigante. Tiene un título y un riff muy pegadizos. Y un gran sonido de guitarra, que fue muy original para esos días. Y captura el espíritu de aquellos tiempos, lo cual es muy importante en ese tipo de canciones: la alienación”
Cuatro años más tarde del lanzamiento de ‘Satisfaction’, durante una conferencia de prensa de los Stones en New York en 1969, indagado sobre “si finalmente ya se sentía más satisfecho”, la primera respuesta de Jagger fue con una pregunta: “¿Ud. dice financieramente, sexualmente o filosóficamente?” A lo que el periodista replicó: “Satisfecho financieramente y filosóficamente…” Jagger no titubeó al responder: “Financieramente, insatisfecho. Sexualmente, satisfecho. Filosóficamente, intentándolo”

 

DON DE SER DEL SUR | ENTREVISTA A ALAKRÁN MÁRQUEZ

Estándar

Publicado en Evaristo Cultural el 27 de mayo de 2015

Esta es la historia de una banda de rock alguna vez consagrada que no pudo evitar acabar encallando, para luego salir a la superficie, continuar navegando por unos años, chocar contra otro iceberg del destino, terminar en el fondo del mar, volver a ser rescatada por los tripulantes sobrevivientes, seguir varando, perder nuevamente la brújula, volver a irse a pique y, con ceremonia de despedida incluida después de un nuevo salvamento, terminar llegando una vez más a la orilla antes de trasladar la nave al museo de los recuerdos. O la historia de los 113 Vicios, que en un sinfín meteórico de contrapuntos y estancamientos, agregó una nueva página al libro de la memoria contemporánea: la de la banda más convocante de la historia del rock austral autóctono. Semejante nombre puede hacer que el desprevenido que pase por estas páginas piense que el nombre de la banda alude al título de una película de cine maldito, o de una novela de tinte marginal, pero bajo el rótulo 113 Vicios descansa la historia de un grupo de amigos músicos que, allá lejos y hace tiempo, decidieron unir fuerzas (y en algunos de sus miembros, ciertas coincidencias que los emparentan con el nombre del grupo) para encarar un proyecto conjunto que, cabalgando sobre una ola vertiginosa, debieron sortear todo tipo de contingencias, en una suerte de Spinal Tap local. Así, nacida en una época sórdida a nivel nacional, los 113 Vicios sufrieron todo tipo de embates, un abanico de eventualidades subido a una montaña rusa emocional que incluyó persecuciones de manos de las fuerzas de seguridad, incontables idas y venidas, internas desgarradas y lides varias, y hasta la pérdida física de dos de sus integrantes originales. Pero ninguno de esos avatares pudo romper con el itinerario que les permitió alcanzar el estatus actual de banda de culto, y el de la más popular de todas entre las provenientes de, hasta el momento, acotada biografía del rock patagónico.

Es un mediodía ventoso en la ciudad de Comodoro Rivadavia. Estoy guarecido del viento local en la casa de Alakrán Márquez en el barrio La Loma, que también es su sala de ensayo. Alakrán fue miembro original de los 113 vicios, y acaso la voz oficial a la hora de ser entrevistado sobre la trayectoria de la banda de la cual formó parte alguna vez, y que hoy transita su propio camino de la mano de Don de Ser, su hasta ahora único trabajo en solitario, editado a comienzos de 2013. En el living de la casa hay dos juegos de batería, cables, guitarras y amplificadores, y un póster de la película A Hard Day’s Night en una de las paredes. También hay una foto de Marcos, el ex saxofonista y trompetista de los Vicios fallecido cinco años atrás. Y una cortina de baño de los mismísimos Beatles junto a la ducha. Profesor de batería y de lenguaje musical con un buen número de alumnos particulares y en una escuela de arte de percusión clásica de una orquesta sinfónica, actividades que comparte con sus conciertos y participaciones junto a otros artistas, hoy la mirada de Alakrán, a sus 52 años, demuestra calma, la calma que llegó después de la tormenta aquel día de 2009 en que los 113 Vicios dieron su gran concierto despedida ante una multitud monumental en su ciudad de origen.

¿Exageraría si dijera que los 113 Vicios fueron la banda de rock más convocante que dio la Patagonia?
Es así, puedo afirmarlo, me hago cargo.

Entiendo que rock patagónico siempre fue bastante limitado a nivel cantidad de artistas, y creo que serías la persona indicada para explicarlo.
Seguramente, al menos de buena parte de aquellas épocas, si bien con el paso de los años uno va mermando la capacidad o la avidez de la información, pero con el correr del tiempo he conocido músicos, bandas, movidas, modas, independientemente de haber podido vivirlo desde dentro de un grupo.

¿El rock patagónico tuvo un comienzo específico? Supongo que, como suele darse, tiene que haber algún artista o banda embrionaria…
Por supuesto. Al menos en lo que respecta al rock en Comodoro Rivadavia, la ciudad siempre ha tenido mucho que ver con el rock, pero bajo ningún punto de vista podemos dejar de mencionar a Grupo Uno, que a principios de los ’70s tuvo una llegada importante a nivel nacional, incluso habiendo llegado a firmar en aquel momento con la compañía CBS. No sólo editaron algunos discos, sino que además tuvieron repercusión en todo el país, incluso llegando a realizar giras en el exterior en lugares como Uruguay o Paraguay. Aquí en Comodoro siguen siendo considerados la banda pionera. Y todo eso en un momento que ser del interior y llegar a lograr algo era prácticamente imposible de soñar, y más todavía en esos años. (N de la R: Grupo Uno había lanzado su primer trabajo en 1968 con el simple ‘La Historia de Un Muchacho / Vuélvete’, para luego  editar su primer LP ‘Grupo Uno’,bajo la producción del recordado Francis Smith, y que incluía canciones propias y versiones de otros artistas) Si bien fueron una banda de rock, su sonido se acercaba más al pop, y asimismo terminaron con una faceta mucho más comercial. Pero aquel primer disco sigue siendo un referente para los medios locales. Se los asociaba básicamente a la movida beat, incluso tenían una imagen en ese estilo.

¿Cuáles fueron tus primeros pasos en el rock?
Fue durante la escuela secundaria, donde se trató básicamente de ponerse a escucharlo, si bien había un pequeño porcentaje de compañeros de curso con los que hablábamos de los Beatles, Sui Generis, Genesis, Deep Purple. Yo tenía 15 años. Al poco tiempo tuve una invitación para tocar la batería (hasta aquel momento lo único que sabía hacer era ponerme a tocar con las biromes sobre el pupitre) y alguien vio en ese gesto un disparador para que yo me convierta en baterista. Tuve un breve pasaje por una banda con la que tocábamos en la escuela, un quinteto al cual llamamos Apple, de hecho el bombo de la batería tenía dibujado la manzana del sello, que había pintado el hermano del bajista de la banda. Con Apple tocamos en el colegio y en una cena en el Rotary, que resultó ser un poco cheto para mí, pero mis compañeros de banda eran de mayor poder adquisitivo que yo.

¿Cómo se las ingeniaba un cultor del rock en esos tiempos para estar al día, poder ver a los artistas, cuando existían sólamente cuatro canales de TV en Capital Federal, y apenas uno solo en Comodoro Rivadavia?
La única posibilidad que teníamos era el Canal 9 de Comodoro, que además se veía, y que sigue viéndose, en muchas zonas cercanas a Comodoro, con sus repetidoras. Y de vez en cuando, algún que otro día se podían ver canales de Buenos Aires. Pero sí, resultaba prácticamente imposible.

¿Tampoco llegaban los medios gráficos? Por aquel entonces existían varias revistas que se especializaban en rock.
Claro, la revista Pelo, sólo cuando llegaba. Pero también la radio, que a mí me encanta. Yo era de escucharla mucho y siempre estaba pendiente de aquel día de la semana en que había un programa, La Vitrola, en el que pasaban discos que uno no tenía otra forma de escuchar. El programa era conducido por un ícono de la radiofonía local, Luis Eduardo Capovila, que era como decir “el rockero” de Comodoro, a quien uno podía cruzarse caminando por la calle y verlo con los discos bajo del brazo, con su pelo largo. Luis era una especie de gurú. Justamente uno de los proveedores de música de Luis Eduardo fue el papá de mi compañero de banda Teodoro Nurnberg, que tenía el mismo nombre. Teodoro padre era de viajar seguido a Europa, y entonces él le traía los discos a Luis para el programa de radio. Recuerdo muy bien el día en que el papá de Teo le trajo, recién salido, ‘Vendiendo Inglaterra por Una Libra’ de Genesis. Y además había algunas disquerías en la ciudad.

Y siendo la Pelo una de las pocas revistas que llegaban, cuando así lo era, también podías informarte por ese lado…
Sí, básicamente la compraba cuando me gustaba la tapa, o cuando tenía plata para comprarla. O en las casas de amigos. Así como nos prestábamos discos, nos prestábamos la revista. Al mismo tiempo comenzaron a organizarse recitales con artistas que llegaban de Bs. As. Yo me perdí los primeros. Por ejemplo, aquí vino Sui Generis, Charly y Nito, los dos solos, sin la banda, dando shows acústicos en un lugar que había cerca de lo que por entonces era mi casa. También recuerdo que vinieron Los Jaivas, que llegaron a tocar en Canal 9. Los Jaivas eran unos hippies de pelo largo que hacían una mezcla de música chilena del altiplano con rock y distorsión. Y también recuerdo haber escuchado a los Beatles de muy chico. Al poco tiempo comencé a conocer gente que tocaba, y con quienes nos frecuentábamos en los conciertos. No recuerdo muy claramente cual fue el primer recital al que asistí de bandas que no fueran de Comodoro, pero calculo que fue Vox Dei. Pero sí recuerdo perfectamente cuando vino Serú Girán a presentar ‘Bicicleta’ en el Club Huergo.

¿Todo eso te llevó a pensar en convertirte en músico?
Tras ese antecedente que tuve en el colegio, me invitaron a tocar la batería en otra banda, a mis 17 años. Ya para cuando estaba terminando la secundaria me compraba muchos discos, y tiempo más tarde en la universidad empecé a tratar mucha gente que también estaba relacionada a la música , y fue uno de ellos, Daniel Lalalonga, que me invitó a tocar en Igor, que si bien era más hard rock, solíamos hacer canciones de Vox Dei con mucha distorsión, o de de AC/DC. ¡Y hasta un tema de Scorpions! Obviamente, de enterarme que existen grabaciones de esa época, prefiero no escucharlas (risas) Para entonces ya me había comprado mi primera batería, y además había conocido a gente que era más afín a lo que yo quería hacer. La batería era el instrumento que más me gustaba. Un amigo había comprado ‘Let There Be Rock’, el disco en vivo de AC/DC, que sonaba increíble. Recuerdo escuchar el charleston tan claramente que terminé aprendiendo de ese disco. A todo esto era la época en que Juan Alberto Badía hacía giras con su espectáculo de Beatlemanía, y entonces el haber podido ver a Ringo en video aquí en el Teatro Español creo que fue muy intuitivo para mi aprendizaje de batería. Ya en el ’82 o ’83 estaba en pleno auge el rock nacional, y a los 2 meses de mi primer trabajo me compré mi primera batería y comencé a tomarme todo más seriamente. En 1983 hice mi primer concierto junto a una banda que se llamaba Monoblock, con temas propios y del álbum ‘Piano Bar’ de Charly García. Con Monoblock, además, tocamos en otros lugares fuera de Chubut, como en Pico Truncado, Santa Cruz, junto a Picaporte, otra banda local que movía mucho público en aquellos tiempos. Más tarde formé parte de La Compañía, donde estuve 3 años. Hasta que se dio lo de los 113 Vicios.

¿Y cómo fue precisamente que se dio lo de los Vicios?
Antes de tener ese nombre se llamaban Esco TV, pero terminaron al mismo tiempo que se acababa La Compañía, y fue ahí cuando me convocaron para lo que fue el segundo show de la banda, de la cual ya que se había ido el primer baterista. Por entonces el grupo había pasado a llamarse C1 113 Vicios. C1 113 respondían a los primeros números identificatorios de las patentes de los autos de la Policía Federal, y en Comodoro había dos autos con esos números, dos Falcon, uno rojo y uno amarillo. Pero esa numeración también aparecía en los Falcon de la Policía Federal de todo el país. De hecho, estando yo de visita en Bs. As., cierta vez fui un al Parakultural a ver a Don Cornelio y la Zona, y sucedió que hubo un redada en el lugar, y el auto que estaba en la puerta del lugar era un Falcon verde C1 1113. Y luego me enteré que esos Falcon eran tristemente célebres.

¿Y por qué fue entonces que decidieron cambiar el nombre original del grupo?
Sucedió que la banda hizo un recital en Comodoro que terminó resultando emblemático, pero también traumático. Esto fue más o menos a los 6 meses que el grupo empezó a tocar. Fue un recital al aire libre en una plaza en pleno Centro de Comodoro, la cual se desbordó de público, y que estaba frente a los hoteles Austral y Lucania, los más clásicos de la ciudad. Por diferentes motivos, el recital pasó por muchas situaciones. Para empezar, el sonido no era el adecuado. Es que hasta es momento éramos más que nada una banda de bares, si bien nuestra convocatoria iba en aumento. Independientemente habíamos grabado un demo que circulaba por las dos o tres radios de la ciudad, pero una de ellas, FM Alfa, la FM de la radio LU4 AM, la primera de Comodoro, que es histórica y que sigue existiendo, solía pasar nuestras canciones muy habitualmente. Y entonces en ese año, 1989, que es cuando la emisora cumplía su primer aniversario, decidieron organizar un concierto de rock para celebrarlo, convocando a una banda de Pto. Madryn y otras de Comodoro, entre ellas, los C1 113 Vicios. Para lo cual ya contábamos con un público muy rockero, gente que escuchaba Sumo, los Redondos. La cuestión es que, cuando comenzamos a tocar, el público ya estaba enardecido. Y, de no haberse suspendido antes el recital, seguramente lo hubiéramos cerrado nosotros. Sucedió que se armó una gran pelea entre el público, todo esto al mismo tiempo en que nuestro cantante arengaba a la policía a dejar de hacer lo que estaba haciendo, pero con otras palabras. La policía había entrado a golpear a la gente, a llevarlos detenidos, incluso por el simple hecho de estar alcoholizados. Lo que obligó a que el concierto se suspenda cuando estábamos haciendo nuestra cuarta canción. Por lo que la policía vino directamente a buscarnos a nosotros. Yo pude escapar, pero los otros tres miembros de la banda terminaron presos. Rescatamos los instrumentos como pudimos. Al día siguiente, un domingo,  éramos buscados en toda la ciudad, y el martes directamente terminamos saliendo en tapa de los diarios locales bajo el titular “la banda de rock pesado C1 113 Vicios está en el calabozo por incitación a la violencia”. Según palabras de un juez, “nosotros habíamos provocado los incidentes”. Bueno, a decir verdad teníamos una letra que decía “porque son sólo eso, un pedazo de mierda revestida de legalidad”, mientras que el hit que más pasaban en la radio, que había formado parte del demo que antes mencioné decía “pagar, pagar para ver, la policía más trucha que ayer”. Esa canción se titulaba ‘Pagar para ver’. Mientras que el título de la otra era ‘Mierda revestida’, la cual obviamente no estaba incluida en el demo. Sucedía que, de alguna manera, la gente que nos seguía era la más marginal que había en la ciudad. En definitiva, no pudimos volver a tocar nunca más. El recital había sido un,27 de diciembre, por lo que los diarios publicaron “los integrantes de la banda de rock pesado pasarán Año Nuevo en el calabozo” Para ese entonces yo trabajaba en la Municipalidad, era Inspector de Habilitaciones, y eventualmente no pude trabajar por unos días (risas)

Bueno, no por nada siempre se dijo que “la mala prensa es buena prensa”…
Y sí, a la larga terminó siendo así. La cuestión que no pudimos tocar más. Los lugares en los que solíamos tocar se negaron a que volvamos a hacerlo. Implícitamente, nos prohibieron. Y no pudimos volver a tocar hasta cinco años después. Entre tanto, yo estuve tocando con otra banda. Pero hubo una reunión en 1991 en la que decidimos cambiarle el nombre al grupo. A partir de aquel acontecimiento se había dispersado todo, y hasta tuvimos proyectos separados con los otros miembros de la banda, pero con distintos nombres. Y a su vez cada una de esas bandas tocaba temas de los Vicios, al menos los que había compuesto cada uno. Y entonces prácticamente volvimos a formar el mismo grupo junto a Oscar Collazo, pero bajo el nombre de Rayas y Centollas. No se nos permitía tocar bajo el nombre de 113 Vicios, y aparte estaban las rencillas permanentes, que siempre estuvieron presentes en la historia del grupo, de ahí las diversas juntadas y separaciones a través de la historia. Entre tanto yo me fui a Bs. As., pero el resto de la banda se volvió a juntar bajo el nombre de Al Capone and The Corderos, que eran básicamente los Vicios, pero con otro baterista. Para aquellos días todo el mundo ya se sabía las canciones de aquel demo grabado años antes, el que había tenido tanta difusión en las radios. Y la ciudad se había llenado de pintadas como “C1 no murió, o la dichosa “Mierda revestida de legalidad”. De repente, nos habíamos convertido en una banda de culto. Por lo que me invitaron a unirme nuevamente al grupo, pero lo hice con la condición de que volvamos a grabar. Entonces regresé a Comodoro e hicimos un show genial en el Huergo como soportes de Memphis la Blusera, que estuvo repleto. Al final terminamos haciendo dos bises, ante la insistencia de Otero, el cantante de Memphis, que nos decía que debíamos volver al escenario.

Y supongo que fue ahí que recuperaron la autoestima perdida…
Desde ya, totalmente. Y, mientras pudimos, les pedimos a la gente que se comporte bien, porque éramos sinónimo de escándalo. Y el recital fue maravilloso, sin incidentes. Una noche inolvidable. A todo esto nuestro público crecía sin parar. De hecho la capacidad del Huergo estaba colmada, unas 3.000 o 4.000 personas. Meses más tarde nos fuimos a Bs. As. a grabar nuestro primer álbum en los estudios CAB, que se llamó Crudo, y que se hizo en 4 días, el cual teníamos la intención de presentar entre Navidad y Año Nuevo de ese año, 1995, pero la edición se demoró un poco y recién apareció en los primeros días de 1996, y que incluía diez canciones.

¿Entre ellas estaba la del título problemático?
No, ¡esa salió en el siguiente disco! (risas) Más tarde finalmente lo presentamos, y terminó agotándose, y a partir de ahí fue la gloria, no parábamos de convocar cada vez más gente. Y volvimos a la carretera. Aparte había más FMs, lo que significó más promoción. Yo seguía viviendo en Bs. As., así que cada vez que había shows venía a tocar a Comodoro y me volvía. Nuestros shows tenían promedio 1.000 asistentes. O aquel en el Huergo, con 3.000 personas. El Huergo es como el Obras de aquí. Ahí tocaron todos. Spinetta, Soda Stereo, Lerner. Incluso bandas que no eran de la ciudad. Por ahí tocaban en Trelew y metían 20 personas, y aquí eran miles.

¿Los shows de los 113 Vicios se limitaban a su ciudad?
Básicamente eran en Comodoro, Trelew y Caleta Olivia, realmente no salíamos mucho, pero hicimos una gira en Chile, que era principalmente de bares, pero en aquella ocasión también tocamos en un teatro. Pero tras editar Crudo llegamos a hacer una fecha en Vicente López, en un boliche muy dark. Llegamos y todo el mundo era muy Bela Lugosi, todos pálidos. Fue raro. Pero les gustó cuando hicimos un cover de The Cure, ‘A Forest’, y ‘Candy’de Iggy Pop. Y así seguimos hasta el ’98, cuando lanzamos el segundo álbum, Disco Negro, que se grabó aquí en Comodoro. El nombre original era ‘Del Sur a Ninguna Parte’, porque al mismo tiempo teníamos que convivir con esa frustración de que todo el mundo te decía “siendo de populares como son, ¿qué hacen aquí en Comodoro?” Eso se daba más que nada por la convocatoria que teníamos, incluso en muchos casos más que de bandas que venían de Bs. As.

Y a partir de ahí ya no hubo más problemas…
Seguimos bien, hasta que nos peleamos con el cantante en el 2000. Y estuvimos 7 años separados. Entonces en el 2007 dijimos “vamos a tocar de vuelta” e hicimos un show en el estadio Comodoro, que a su vez es el estadio del C.A.I., equipo que juega el Nacional B, donde tocamos junto a Los Piojos, y otras bandas de la ciudad. De hecho fue más público a vernos a nosotros que a Los Piojos. Era nuestra vuelta, una más. Y allí hubo 15.000 personas, si bien el concierto era con entrada libre. Manteníamos la formación original, pero con un integrante menos, Dany D, que había fallecido en 2003. Entonces logramos levantar nuestra autoestima, lo que curó un poco las relaciones. Llenamos otro Huergo y reeditamos Disco Negro, que también se había agotado. Y así la cosa ya se iba regionalizando un poco más. Asimismo tocamos en lugares enormes en Caleta Olivia. Y así continuamos hasta el 2010. Inclusive llegamos a presentarnos en El Teatro de la Plata, lugar en donde había tocado Soda Stereo, los Redonditos, entre otros. Tuvimos muy buena convocatoria en La Plata porque siempre hay allí mucha gente del sur (de Comodoro, de Caleta, de otras ciudades de Chubut) que va a la universidad de esa ciudad. Pero ese mismo año falleció Marcos Azócar, que era el trompetista de la banda, que tenía graves problemas de salud. Todo esto justo cuando estábamos por hacer shows en La Trastienda y en Niceto, también en Bs. As., y hasta había una posibilidad de participar en el Cosquín Rock como invitados. Aparte ya estábamos pensando en el tercer disco, y por ende en una proyección nacional, cuando para todo esto Marcos ya estaba enfermo desde hace meses, y a decir verdad no queríamos hacerlo sin él.

Y ese fue el final de la banda, entonces. Muy triste, por cierto.
Claro. Pero a fines de 2013 decidimos realizar el adiós definitivo con un show que se título ‘Hasta Siempre’, que fue filmado profesionalmente, pero aún permanece inédito, y que contó con todos los integrantes de la banda. En reemplazo de Marcos estuvieron los vientos de los Cheremeques , además de nuestro saxofonista, que si bien no era miembro oficial del grupo, era invitado permanente. Allí hubo 7.000 personas.

¿Podríamos decir que existe un sonido propio del rock patagónico, o no necesariamente la región tenga alguna influencia en eso?
Me lo dijeron muchas veces, pero en verdad no lo sé. No existe un rock patagónico como lo es el folklore, con artistas como Hugo Giménez Agüero o Rubén Patagonia.

Una vez terminada la etapa de los 113 Vicios, ¿qué fue lo que te llevó a decidirte a emprender algo como solista?
Es que ya con los Vicios me había animado a componer. No era gran compositor, obviamente era mucho más baterista. Pero siempre me gustó tocar la guitarra. Me refiero a eso de ponerme a escuchar música y tocar sobre las canciones, de los Beatles a Charly. Y después, con el tiempo, fui explorando otras cosas. Ya había compuesto dos canciones para el segundo disco de los Vicios. Una de ellas, ‘Pájaro Negro’, la cantaba solo, donde además tocaba guitarra y slide. Así que Don de Ser se editó finalmente en enero de 2013, mientras que el show despedida de la banda fue en diciembre de ese año. Se juntó todo.

Está claro que vos querías seguir tocando, a pesar de todas las idas y venidas que habías por las que habías pasado junto a la banda.
Sí, pero no con los Vicios. Lo que sucedió es que ‘Viento’, uno de los temas de mi disco, ya había sido compuesto para los Vicios. A partir de ahí compuse más canciones. A mí me había pegado muy fuerte la muerte de Marcos, que era mi amigo, y además venía de un momento bravo en mi vida, con separaciones y demás, por lo que me encerré a componer. Comencé a juntarme con músicos amigos en asados, y nos poníamos a zapar blues y rock.

¿La banda cuenta con miembros permanentes?
Así es, y está formada por Teo Nurnberg en guitarra, Darío Boffi en bajo, Daniel Sosa en batería y Esteban Cárdenas en guitarra. Como última noticia, con esta nueva formación ya grabamos un tema que seguramente va a ser anticipo de lo que puede llegar a venir, lo que nunca se sabe. Pero el disco lo venimos tocando desde que vio la luz.

Supongo que ahora estás transitando una etapa más feliz. ¿Cuáles serían las diferencias entre tu música y la que hacías junto los 113 Vicios? El disco me resultó realmente relajado, suave, y está lleno de hermosas melodías que sugieren paisajes patagónicos.
Es bastante distinto. Realmente no tiene mucho que ver, si bien mis letras sí tienen algo de aquellos tiempos. O tal vez la manera de estructurar las canciones. Pero también tiene influencias de muchas otras cosas. En todo caso se puede parecer a ‘Pájaro Negro’. Pero no me da para hacer temas de los Vicios. Ya nos despedimos el día que dijimos “hasta siempre”

https://alakranmarquez.bandcamp.com/

B.B. KING (1925-2015) – El rey que nunca abdicó.

Estándar

Publicado en Evaristo Cultural el 19 de mayo de 2015

En el 143 de la Beale Street, en pleno corazón del centro turístico de la ciudad de Memphis, en el estado de Tennessee, se sitúa el B.B. King’s Blues Club. Uno no puede evitar recorrer la pintoresca ciudad del sur de los EE.UU., que encarna uno de los sitios más emblemáticos de la enaltecida historia musical del país, y no terminar deambulando por la calle Beale, que a lo largo de sus casi 3 km. de extensión, con sus innumerables bares y boticas de recuerdos para turistas, es el punto obligado de visita para el turista ocasional. Memphis hace que estallen los sentidos. Por lo que un recorrido por la ciudad que uno pueda sugerir debería comenzar en los legendarios estudios de la Sun Records, para después de un tramo no muy extenso bajar hasta la calle Beale y toparse con los incandescentes neones que anuncian el punto estratégico donde se halla el club de B.B. que, fiel al estilo de los “clubes de música” americanos, entre tragos y aperitivos sureños, invita a pasar un buen momento disfrutando de alguno de los artistas que allí se presentan diariamente a lo largo de los siete días de la semana (que, claro, suele incluir a una eventual B.B. King’s All Stars Band en su marquesina), para luego abandonar el club y, tras unas pocas cuadras llegar al punto final de la calle, cuando Beale Street se encuentra con el río Mississippi, que marca el límite con el estado de Arkansas. El B.B. King’s Blues Club de Memphis abrió en 1991, pero su creciente convocatoria con el paso de los días logró que luego se le sumen sucursales en Nashville, Orlando y New York City. Desafortunadamente el señor King no tocó en ninguna de las noches en que estuve en Memphis en aquella oportunidad (cuando uno se deja llevar inocentemente por la ilusión que dice que el dueño de casa “tal vez aparezca en algún momento”), y no me quedó más opción que la de consolarme con el recuerdo de haberlo visto en Bs. As. 3 años antes, en 1991, en ocasión de su segunda visita a nuestro país.

Y fue precisamente durante otro viaje, unos años después, estando yo en la Gran Manzana, que aquella mañana, mientras hojeaba el periódico Village Voice, vi el anuncio del show de B.B. de esa misma noche en el Blue Note de New York. Corría enero de 1998 y el frío neoyorquino se hacía valer, pero nada en este planeta hubiera logrado que me pierda la posibilidad de asistir a un show del gran B.B. King en el íntimo y tradicional espacio de jazz neoyorquino. Si recuerdo hasta me acerqué al Blue Note a la media tarde, con la mera intención de adelantarme y sortear toda posibilidad de quedarme sin entradas. Una vez allí, alguien me permitió ingresar al club, cuando todo era sillas sobre las mesas, ruido de vajilla de fondo, y un empleado que le pasaba el trapo al piso del recinto. “Sé que esta noche toca B.B. King y vengo de lejos, me preocupa quedarme sin entrada”, le dije. El hombre del overol me miró con cara de “me parece que no está hablando con la persona indicada”, pero imagino cómo habrá sido mi gesto de desesperación que no dudó en soltarme un “por las dudas véngase temprano, seguro que consigue”, todo apenas no más de dos minutos antes que al salir descubra el cartel de “B.B. King, localidades agotadas que, previamente inadvertido, me miraba socarronamente desde la boletería del lugar. Confieso mi furia instantánea y mi imperiosa necesidad de descargo ante el primer humano que se me cruce, pero al fin y al cabo el tipo del overol no tenía la culpa. Después de todo yo caí de sorpresa, y él estaba allí sólo para dejar en perfectas condiciones la sala donde algunos afortunados esa noche asistirían a un show, entiendo inolvidable y único, de uno de los artistas más importantes de la historia.

B.B. tenía un amor único y exclusivo, una tal Lucille, que era de piel tan negra como su amante, y que personalizaba el sueño de cualquier hombre: hablaba sólamente cuando su novio lo deseaba. Y entonces, cuando lo hacía, sólo decía cosas lindas. Algunas veces Lucille también contaba historias tristes. B.B. la llevaba a todas partes, por lo que Lucille conoció el mundo, durmió en los mejores hoteles, y fue alabada por todo el planeta. B.B. la había conocido en 1949, la noche en que tocaba en un salón de baile de la ciudad de Twist, estado de Arkansas. Cuenta la historia que tal era el frío que esa noche hacía dentro del lugar, que para calefaccionar el salón alguien tuvo la brillante idea de encender un barril con kerosene, combustible que casi terminó incendiando el recinto tras derramarse su flameante contenido por causa de una pelea de bar entre dos de los asistentes al show. Ambos público y músicos se vieron obligados a evacuar el club. Fue cuando, en plena efervescencia, B.B. se dio cuenta que había dejado su guitarra, por entonces una Gibson acústica, dentro del club. King decidió enfrentar las llamas y volver por su instrumento, y ambos terminaron ilesos para el final de la jornada. Al día siguiente, alguien le relató a King  la historia detrás de la reyerta de la noche anterior: ambos hombres se habían peleado por una chica llamada Lucille. B.B. decidió llamar así a su primera guitarra, y también a todas las que tuvo a lo largo de su excelsa carrera. Si bien usó la Fender Telecaster en sus primeras grabaciones, King tocó guitarras Gibson por más de 40 años, pero fue recién a principios de los años ‘80 que la marca de guitarras decidió unir fuerzas con el artista y lanzar al mercado el modelo “BB. King Lucille”. Así, B.B. y Lucille hicieron el amor incansablemente, dejando un reguero de miles de vástagos a través de más de seis prolíficas décadas.

Las incesantes giras por el mundo y la inacabable saga de conciertos hicieron que King se gane el mote de “el guitarrista más trabajador del mundo del espectáculo” Con más de 65 años de intensa trayectoria, desde sus tempranas presentaciones en radio en 1941, hasta su último show en el House of Blues de Chicago en octubre del año pasado, King realizó cerca de 15.000 shows a lo largo y ancho del planeta, recorriendo más de 70 países. Y si el gran James Brown era considerado “el hombre más trabajador del show business”, entonces King, quien confirmadamente llegó a realizar 300 shows en un mismo año (número que, acosado por sus problemas de salud, últimamente no superaba los cien), bien acaso podría arrogarse el título de “el guitarrista que más giró” Su notable hiperactividad en la carretera, sin dejar de mencionar los más de 50 discos grabados, no permiten echar por tierra su merecida fama. “Desde el ’63 al ’66 nos matamos trabajando sin parar, no creo que hayamos tenido más de dos semanas libres”, declaró Keith Richards en una ocasión sobre los primeros años de los Rolling Stones. “Pero eso no es nada, quiero decir, coméntenselo a B.B. King y seguramente dirá que hizo lo mismo durante muchos más años”.

B.B. King llegó a Argentina por primera vez en 1980, ofreciendo dos conciertos, un primer show en el auditorio del hotel Bauen y otro presentándose como parte de el Buenos Aires Festival Jazz en el estadio de Obras Sanitarias. La anécdota es bien conocida. Fue en aquella visita inicial cuando Pappo (al que seguramente su etapa junto a Riff no le impidió olvidarse de la admiración que le profesaba), no tuvo mejor idea que presentarse ante King con una suculenta horma de queso autóctono a modo de obsequio, pero logró trabar mejor relación en su segunda visita, en diciembre de 1991, momento en que King decidió bautizarlo como “Mr. Cheese” Así, “Mr. Queso” tuvo el grandísimo honor de ser invitado a subir al escenario para sumarse a los bises del show de B.B. en el Luna Park, hecho que se repitió 2 años después durante un concierto que King ofrecía en el Madison Square Garden de New York City, con un Pappo enfundado en saco y pantalón negro y camisa al tono para la ocasión.
King volvería a Buenos Aires en 1998 para presentarse en el teatro Gran Rex, una penúltima visita antes de la cuarta y más reciente, nuevamente sobre las tablas del Luna Park, en marzo de 2010, aquella vez en que le dijo al público presente “Sí, tengo 84 años, pero no estoy muerto”
Inesperadamente, la primera visita de King a Buenos Aires de los ’90 dispararía un revival de la escena del blues local que se extendería través de los años, y en consecuencia el público local no sólo tendría la oportunidad de recibir de ahí  en adelante a una larga lista de artistas del género cuyas llegadas eran, al menos hasta ese momento, impensables, sino además forjando la salida al ruedo de una buena cantidad de bandas y músicos autóctonos cultores del género. El creciente boom también lograría que muchos de los adeptos más jóvenes terminen creyendo, erróneamente, que el “Rey del Blues” era quien de alguna manera había sido el inventor del género, desconociendo los años que precedieron la carrera de King, o sus diversas ramas y procedencias. El hecho era tan descolocado como aquel rumor -tan infundado como tragicómico- que permitía que algunos pensaran que B.B. provenía de la misma dinastía de otros músicos de blues con el mismo apellido (Freddie King, Albert King, etc.), pero esa es otra historia.

Desde aquel día en que su madre dio a luz en la cabaña que la familia habitaba, dentro de una plantación de algodón en Itta Bena, estado de Mississippi, un 16 de septiembre de 1925, Riley Ben King (o Riley B. King) el pequeño príncipe jamás podría haber imaginado que llegaría a convertirse en el más afamado de los embajadores del blues que el mundo podría llegar a conocer alguna vez. Ni siquiera una vez adentrado en el terreno de los sonidos, en aquellos primeros tiempos en que el cantante y disc-jockey se hacía llamar “Beale Street Blues Boy” (más tarde acortado a “Blues Boy”, y finalmente al definitivo B.B), poco después de abandonar la prehistoria de lo que luego se convertiría en una trayectoria brillante.

Entre 1951 y 1972 King no tuvo menos de 75 éxitos en los rankings a través de los años y, aún cuando resultó ser uno de los dos hijos predilectos que provinieron de la escena de Memphis (título que eventualmente debió compartir con un segundo “King” llamado Elvis Presley), B.B. no dudó en apartarse del blues puro (una veta limpia del estilo, suave y pulida, cálida y sensible) cuando su mente abierta a otros géneros también lo llevó a adentrarse en el R&B, el soul, el jazz, y hasta el funk. King no estaba solo. Supo acompañarse de excelentes músicos que componían sus bandas, pero sobre todo del seductor sonido del vibrato de su guitarra Lucille, el más distintivo de su obra. Canciones como ‘The Thrill Is Gone’, ‘Don’t Answer the Door’, ‘How Blue Can You Get?’, ‘Paying the Cost to Be the Boss’, ‘To Know You Is to Love You”, ‘Chains and Things’ o ‘Why I Sing the Blues’, entre tantas otras, resultan la mayor prueba de ello, en su carácter como influencia indiscutible en prácticamente todos y cada uno de los músicos de blues, soul y rock de las últimas décadas, de los cuales muchos jamás dieron un “no” ante la oferta de poder tocar o grabar con “el Rey”. Del mismo modo, con discos en estudio definitivos como ‘King of the Blues’ o ‘Completely Well’, o álbumes en vivo como los celebradísimos ‘Live at the Regal’ o ‘Live in Cook County Jail’, King desarrolló un estilo completamente innovador en lo que al blues más esencial se refiere.
La muerte de B.B. King el pasado jueves 14 de mayo en Las Vegas, a los 89 años de edad y tras una aguerrida lucha contra la diabetes, priva al mundo del blues de su músico más influyente, y de su representación simbólica contemporánea más resonante.

HOMBRE MIRANDO AL UNIVERSO | ENTREVISTA A PABLO KRANTZ

Estándar

Publicado en Evaristo Cultural el 14 de mayo de 2015

Son cerca de las 4 y media de la mañana y me encuentro en la terminal de ómnibus de alguna ciudad patagónica. Es mi primer viaje a estas latitudes después de algo más de tres décadas, cuando visité el lado oeste de la región. Por lo pronto no logro reaccionar, descubro que el frío y el indescriptible viento imperante (no me hubiera extrañado haber visto pasar una vaca volando) me han congelado los sentidos. Confundido, intento preguntarle a alguien de qué estación se trata, pero no hay un alma alrededor. Para colmo de todo, otra vez comenzó a lloviznar. Lo único que veo cerca es un perro acurrucado junto al banco que está frente una de las plataformas de embarque. Y, la verdad, estoy tan dormido que ni siquiera se me ocurre preguntárselo al chofer del bus (¿quién mejor para confirmar mi paradero?), que para entonces había huido despavoridamente a refugiarse en la cabina del bus. Hasta el perro me mira con asombro. Ahora sólo falta una lluvia de meteoritos, me digo. Es entonces cuando veo el cartel de Las Grutas, y concluyo que aún me restan unas horas hasta llegar a Puerto Madryn, el primer destino de mi hasta ahora huracanada travesía. Estoy aquí para realizar un viaje con el que venía fantaseando desde hace rato, y que oportunamente también coincidirá con la posibilidad de encontrarme con Pablo Krantz, que está realizando un tour patagónico presentando su nuevo álbum Vivo en mi cabeza pero con vista al universo (un trabajo excelente, de calificado buen gusto, de esos discos que ya no abundan), y que se extenderá por nueve días. El encuentro se producirá, entonces, en la ciudad chubutense, desde donde tendré el beneplácito de acompañarlo por el resto de su tour austral, con una fecha inicial en el Cine Teatro Auditorium de la ciudad (secundado por los músicos locales Eze Canosa y Joaquín Cerbán), seguida por dos shows en Comodoro Rivadavia (el primero de ellos en un pub céntrico, y uno posterior en el Centro Cultural La Vela Maya, durante ambas noches compartiendo escenario con Alakrán Marquez, el más renombrado crédito comodorense), y un último concierto en el Teatro Municipal de Río Gallegos, como parte de un evento benéfico para recaudar fondos para el pequeño David Kochalski, que sufre de neurofibromatosis. Así las cosas, haremos la entrevista en varias partes, sin más, cuando el tiempo lo permita. Entre concierto y concierto, en paseos, en los viajes en bus de una ciudad a otra y, obligadamente con el tiempo más tirano que nunca y  negándose a toda chance de derrocamiento, en una batalla final en el vuelo de regreso a Bs. As.
A capa y espada, Krantz, que además es escritor (actividad en sana convivencia con su rol de cantautor) sigue defendiendo el título que, a lo largo de una carrera por demás itinerante, lo sigue consagrando como uno de los artistas más originales del país. Et voilá!

Comencemos hablando del momento en considerás que surgió tu veta artística.
Empecé a escribir de muy chico, influenciado por leer muchísimos libros. Al mismo tiempo era muy fanático de la revista Mad: me ponía a compilar chistes de la revista, los mezclaba con chistes míos, y a partir de eso hacía cuentos. Ya de más grande, a los 14 o 15 años, empecé a escribir más seriamente poesía para seducir (sin éxito) a una chica, y luego fui moviéndome lentamente hacia el cuento. Finalmente, a los 26 años edité mi primer libro de cuentos, que se llamó Dame un coche tan rápido que no lo alcancen los recuerdos. En el medio quedaron cientos de cuadernos con anotaciones, poemas que fueron corregidos miles de veces, sueños convertidos en relatos…

¿Existe algún hecho similar en tu familia?
Para nada, todo lo contrario. Del lado de mi madre, casi todos mis familiares son médicos: mi abuelo, mis tíos, mi hermana… Mi madre fue socióloga y luego psicoanalista. Mi padre, por su parte, es ingeniero nuclear. Y su padre era mueblero, en Tucumán. No existen antecedentes artísticos. Pero mis padres siempre tuvieron un gran amor por la cultura, por la literatura, así que cuando llegué a la adolescencia todo lo que tenía que hacer era extender el brazo y en casa había libros de Burroughs, Allen Ginsberg, Gide, Cesare Pavese, Henry Miller,On the Road de Kerouac, las dos novelas de Leonard Cohen, etc. Tuve acceso a todo eso muy fácilmente. A la vez mi padre tenía un gran amor por la filosofía, y de hecho creo que le hubiera gustado dedicarse más a eso que a la ingeniería nuclear, pero a la vez fue en cierta forma su manera de salir de Tucumán.

Pero vivieron en Los Angeles, donde incluso vos estuviste de muy chico.
A fines de los años 50, mi padre obtuvo una beca para irse a estudiar a París ingeniería nuclear. Ya hablaba francés, incluso durante un tiempo muy breve había sido profesor en la Alianza Francesa de Tucumán, pero en París terminó de enamorarse por completo de la cultura francesa. Luego regresó a Argentina, empezó a trabajar en la Comisión Nacional de Energía Atómica, conoció a mi madre y le surgió la posibilidad de irse a trabajar a los Estados Unidos para una empresa de ingeniería nuclear en Los Angeles. Y allí se fueron los dos en 1968, en pleno auge del movimiento hippie y la contracultura. La ciudad era uno de los epicentros mundiales de todo eso por aquel entonces. Mi padre ya tenía 35 años, mi madre era más joven pero permanecieron ajenos a esa movida. Mi padre siempre fue una persona muy seria, un fanático del existencialismo. Él iba a mirar de lejos a los hippies a una colina donde se juntaban. La discoteca de mis viejos estaba llena de discos de Iannis Xenakis, de Edgar Varese, de Schoenberg, que era la música favorita de mi padre, toda esa música muy extraña, que ni siquiera era disonante. Más allá de eso había tres discos de los Beatles (Sgt. Pepper, Abbey Road y el White Album), y aparte mi madre siempre fue muy amante del folk y tenía discos de Joan Baez, Bob Dylan y Leonard Cohen.

Y entonces naciste vos.
Nací en 1970. Para entonces ya habían tenido lugar la Segunda Guerra Mundial, la guerra de Corea, la de Vietnam (contra la que había por entonces muchas protestas) y mis padres juzgaron que no era buena idea que yo naciera en EE. UU. y fuera norteamericano. Entonces volvieron para que yo nazca en Argentina. Nací en Boedo, que era el barrio de mis abuelos, y a los 15 días volvimos todos juntos a Los Angeles. Mis padres tenían un amigo que también se volvía con ellos, que quería hacer entrar ilegalmente en Estados Unidos no sé qué cantidad de cartones de cigarrillos, y el sujeto no tuvo mejor idea que meterlos en el cochecito en el que iba yo, sin decirle nada a mis padres, por lo que al llegar, ¡me detuvieron! Mi padre estaba esperando afuera, había regresado unos días antes, y de repente apareció una mujer negra gorda, de esas de migraciones, conmigo en una mano, preguntando “¿de quién es esto?”. ¡Me habían detenido al mes de edad! Finalmente en 1972 nos volvimos definitivamente a Argentina. Apenas me quedaron unos recuerdos de esos años: algunos juguetes “made in USA” y fotos en Disneylandia.

También recuerdo haber charlado anteriormente sobre la historia de tus padres, y tus ancestros en general.
Mi padre es tucumano, de San Miguel de Tucumán, y mi madre es chaqueña, de Charata. La nota de color es que en la misma cuadra en que vivían mis abuelos maternos vivían también los padres de Tom Lupo. Mi madre y mi tía jugaban con él cuando eran chicos. Mis bisabuelos, tanto maternos como paternos, habían llegado a Argentina huyendo de los pogroms en Europa del Este. Al llegar a Buenos Aires casi sin nada, mi bisabuelo paterno conoció a un hombre que le preguntó “¿Usted es judío? Mire, yo conozco un judío en Tucumán. Quizás él lo pueda ayudar”. Y mi bisabuelo hizo todo el trayecto hasta Tucumán para golpear a la puerta de ese hombre, que era dueño de una línea de colectivos, y terminó trabajando para él. Luego llegó el hermano de mi bisabuelo, que a su vez terminó casándose con la hija de mi bisabuelo, o sea su sobrina, algo muy común entre los judíos en aquella época, lo que fue muy resistido y terminó con mi abuela siendo echada de la casa. Mis bisabuelos paternos llegaron de Bielorrusia y Polonia, mientras que los maternos llegaron de Odessa (Ucrania) y de Salónica (Grecia), que por entonces pertenecía al Imperio Otomano. Mi bisabuelo materno fue un auténtico gaucho judío de Ceres, Santa Fe.

¿El paso de tu padre por Francia fue lo que terminó inculcándote el francés?
Muchas veces nuestras historias tienen a la vez un detonante y una causa. Por un lado, era lógico que yo terminara teniendo esta relación “promiscua” con la lengua francesa (estudié de los 5 a los 18 años en el Liceo Francés, he trabajado de traductor y de intérprete, viví en París, escribo y canto en francés, etc.) porque mi padre es un francófilo inveterado. Pero a la vez eso no fue el detonante para que yo vaya al Liceo Francés, sino el golpe militar de 1976. Yo vivía cerca del Hospital Militar, ahí en la frontera entre Palermo y Belgrano, e iba al colegio Granaderos de San Martín, donde las profesoras solían ser las esposas de los militares de los cuarteles cercanos. Y como mis padres eran de izquierda (aunque no pertenecieran a ningún movimiento revolucionario) tenían miedo de que yo repitiera en clase algo que no debía y surgieran arduos problemas. Alguien les sugirió que el Liceo Francés era un espacio de libertad en ese sentido y me mandaron ahí. Y ahí, ya de más adolescente, tuve acceso a mucha música francesa. En el colegio circulaban discos de canción francesa y hasta de bandas punk francesas como Bérurier Noir, que quiso el destino que años después, cuando me fui a vivir a Francia, termine formando muy brevemente una banda con el cantante de ese grupo. También escuchaba mucho a un cantante llamado Renaud, que me influenció mucho en mi manera de escribir letras. Y viéndolo retrospectivamente, más allá del tema del idioma, creo que siempre estuve muy influenciado por la canción francesa en cuanto a las letras, que nunca tuvieron mucho en común con las del rock argentino. Siempre usé mucho el humor, la ironía, pero no para hacer algo francamente chistoso o satírico, sino que siempre mezclé el humor con la melancolía, la ironía con la ternura, con la poesía, con el sufrimiento. Y también siempre conté historias en mis canciones, algo que si bien es muy típico de los songwriters americanos, también es muy común en la canción francesa. Cosas que en el rock argentino no suelen hacerse.

No en el rock, pero sí en el folklore, o en el tango…
Claro, ni hablar. En el tango se usa el humor y la ironía todo el tiempo.

¿Entonces cómo llega el rock a tu vida?
Aproximadamente a los 9 años, con mi mejor amigo de la infancia se nos dio por jugar a tener un grupo de rock, al que le pusimos de nombre Crisis. El hermano de mi amigo tenía unas revistas soviéticas en español que hablaban sobre cohetes, exploraciones en la luna. Buscando ahí encontramos el nombre del grupo. El hermano también tenía una guitarra criolla. Nosotros no sabíamos acordes ni nada, pero jugábamos a escribir letras, cada uno en un rincón del cuarto, y luego grabarlas. Mi primera letra fue un tango titulado ‘Julia’, que decía “Julia, por qué me dejaste y me diste esta puntada tan certera al corazón”…

¿Tu primera canción fue un tango, y lo compusiste a los 9 años?
Sí, viviendo en Bs. As. uno está expuesto al tango todo el tiempo. La música que fue creada para ser cantada con el acento porteño es realmente el tango, es como el country en los EE. UU. Yo no tenía la menor idea de qué se trataba la canción, pero me parecía que sonaba bien. Una de las cosas que me llevó a la escritura es el poder comprender los mecanismos de lo que alguien escribe: leer un libro, absorber esa influencia y poder escribir algo similar. Siempre tuve esa habilidad. En cierta forma es un poder de imitación, que entonces hizo que yo escuchara muchos tangos, en la radio o donde fuera, y tuviera luego la capacidad de escribir algo parecido sin saber qué significaba esa puntada, ni el corazón, ni qué demonios era el amor… Julia era el nombre de una chica que me cuidaba cuando era chico, por la que no tenía ningún amor en particular, simplemente surgió de esa forma. Entonces nos poníamos a grabar esas canciones, con la guitarra criolla y un grabadorcito, pero sin hacer acordes, con las cuerdas al aire, en cualquier ritmo. Y después se las hacíamos escuchar a nuestros padres. Y ya para entonces empecé a fascinarme con el rock. Al principio con los Beatles, luego Queen y Kiss, y después me orienté más hacia los Who, los Stones, los Kinks, Them, Animals, Grateful Dead, Jefferson Airplane, Led Zeppelin, Deep Purple, the Doors (que era una de mis bandas predilectas), Janis Joplin, Bob Dylan, etc.

¿En condición de amante de la música o ya tenías la intención de convertirte en músico?
Con absoluta fascinación. Antes de descubrir la música era fanático del fútbol. Y si bien ahora no me interesa en absoluto, en aquel momento me sabía las formaciones de todos los equipos, me veía todos los partidos, subía al micro escolar con el suplemento deportivo bajo el brazo. Y organizaba campeonatos de fútbol con todos los muñequitos: los Jack, los Lego, los Playmobil. Y después hacía como campeonatos interraciales: los Jack contra los Lego, los Lego contra los Playmobil… Pero cuando descubrí el rock me olvidé completamente del fútbol, no me interesó más para nada.

No encuentro la ligazón entre el fútbol y el rock…
La ligazón es que esa misma erudición fanática, ese mismo deseo de saberlo todo, también lo apliqué al rock. Me fascinó la música y quise conocerlo todo al respecto. Me compré muchísimos números viejos de la revistaExpreso Imaginario, de Pelo, de Mordisco, tenía esa sed de descubrirlo todo, era como un orgasmo emocional cada vez que descubría algo que me gustaba. Me la pasaba grabando temas de la radio. Anotaba los nombres de todos los artistas que pasaban y hacía mis propias estadísticas. Estaba obsesionadísimo. Luego, a los 14 años empecé a estudiar guitarra clásica con un profesor. Hacíamos media hora de partituras y ejercicios y después yo le pedía que me sacara los temas de rock que quería aprender.

¿Y asimismo cuál fue la primera experiencia escribiendo?
Siempre fui insomne, o mejor dicho noctámbulo. Cuando tenía 5 años me mandaban a dormir a las 11 de la noche, pero nunca lograba dormirme hasta las 2 de la mañana, y eso que me levantaba muy temprano para ir al colegio. Me quedaba sin dormir en la cama. Era un chico muy racional y me preguntaba “Cómo se hace para dormirse?”. Yo estaba fascinado con mis pensamientos: pensaba en las pirámides de Egipto, de ahí pasaba a Titanes en el Ring, de ahí a imaginarme el universo…

Bueno, es que en ese entonces Titanes en el Ring para uno era tan importante como el universo, o incluso más…
Claro, pero lo que me fascinaba era el hecho de pensar en eso, el ejercicio del pensamiento, no los temas en sí. Ese divagar, el discurrir de una cosa a la otra y después de 25 minutos decirme “¡Uh! ¿Cómo llegué hasta acá? ¿Cómo terminé pensando en la mordedura de las tarántulas?”. Mi vicio favorito era estar pensando en cosas y sacar conclusiones. Y llegué a la conclusión de que dormirse significaba soñar y que para dormirme simplemente tenía que contarme los sueños de la noche anterior para poner en marcha el mecanismo del sueño. El sueño es un cuento que uno se auto-cuenta y, al hacerlo, duerme. Así que me esforzaba para recordar lo máximo posible de mis sueños, pero como igual nunca lograba dormirme antes de las 2 me veía obligado a estirar las historias que me contaba, inventando nuevas peripecias. Y así, sumado a leer libros sin parar, fue que desarrollé la capacidad de inventar historias y escribirlas.

Y supongo, todo esto sucedía mientras continuaban los proyectos caseros…
En el colegio armé una segunda versión de Crisis junto a Hernán Espejo, que ahora tiene la banda Compañero Asma. Luego vino otro grupo vagamente más serio llamado La Luz Carismática del Pájaro Chaw-wiiiiz y Su Reserva de Carbón Polaco (para este nombre me había inspirado en un sketch de Urdapilleta que había visto en el Parakultural). Para entonces yo ya había descubierto el punk, el after-punk, el noise, bandas como Joy Division, Bauhaus, Television, Velvet Underground, los Stooges, Sonic Youth, Birthday Party, Patti Smith, Richard Hell, etc. Quise llevar a los de La Luz Carismática para ese lado pero no tuve éxito y nos peleamos. Al mismo tiempo tenía una banda punk que se llamaba Los Antisopas, con la que tocamos una vez en la Alianza Francesa. Y ahí terminé el colegio y fundé El Pesa-Nervios, que fue la única banda seria que tuve. Duró hasta el ’97, con muchos parates y metamorfosis. Al principio fue una banda noise muy influenciada por los artistas que mencioné antes, con la que ensayamos mucho, tocamos unas pocas veces en vivo y luego desapareció. Pero a partir del ’93 hubo una especie de renacimiento, una reformación del Pesa-Nervios más centrada en las canciones, incorporando a un acordeonista. En ese año grabamos un cassette independiente que se llamó ‘Ningún camino a casa’ y en el ‘94 dos canciones para un compilado de un sello independiente que se llamó Plot Records, que después en cierta forma derivó en Índice Virgen.

¿Y eso marcó el final de tu prehistoria?
En 1995 empecé a hacer grabaciones solo con mi guitarra o en dúo con un violoncelista y edité un primer cassette casero bajo mi nombre, que se tituló ‘Canción de picnic para boy scouts psicópatas’. Esa grabación llegó a manos de la gente de la revista española Zona de Obras, y ellos me propusieron grabar un demo, con vistas a la posible edición de un disco en España. Grabé el demo, no salió ningún disco en España pero aproveché esas canciones para editar otro cassette independiente que se llamó ‘Una 22 en la cartera’. En 1997 grabé tres temas más, entre ellos ‘Bajo Cero’ (que después sería parte de mi primer álbum), y lo junté con mis grabaciones anteriores para editar ‘Un cheque chino para una chica checa’, un CD-R independiente. En cierto momento pensé que todo eso sería mi primer disco, pero después me di cuenta de que no, que era sólo un primer rejunte de grabaciones. En aquellos tiempos me desesperaba mucho el hecho de saber que tenía cientos de canciones compuestas y no poder plasmarlas, que siguieran existiendo sólo en mi cabeza y en mis cuadernos.

¿Ahí quedó todo?
No, yo necesitaba hacer algo. Me la pasaba diciéndoselo a mi psicoanalista. Sentía que no iba hacia ningún lado, que me pasaban los años y que estaba desperdiciando mi vida. Lo sufría muchísimo. Necesitaba crear algo real, que fuera como un punto de partida, un primer paso, que se pudiera leer o escuchar. No sabía qué editar primero, si un libro o un disco. Al final opté por un libro porque era más fácil, requería mucha menos plata, tecnología y gente participante. Tenía la duda de si editar un libro de poemas o de cuentos, porque tenía material para cualquiera de las dos cosas. Entonces mi mejor amigo de aquella época me dijo “nadie lee poesía, si tenés la opción mejor sacá un libro de cuentos”. Pasé mucho tiempo seleccionando y corrigiendo los textos. En un principio mi escritura era más poética, pero de a poco fui llegando a la escritura de ficción. Y entonces a medidos del ’97 edité Dame un coche tan rápido que no me alcancen los recuerdos, al que para ser un libro independiente realmente le fue muy bien: tuvo dos ediciones y hasta hubo una presentación en el CC Recoleta donde vinieron como quinientas personas, tocaron Menos Que Cero y Reincidentes (que eran mis dos bandas argentinas predilectas por entonces), y también leyó Tom Lupo.

Y finalmente tu deseo se corporizó.
Finalmente cristalizó y no murió en mi cabeza como un sueño difuso o un esfuerzo desperdiciado. Después publicaron comentarios sobre el libro en los más diversos medios, obtuve un poco de prestigio y entonces hubo gente que quiso empezar a tocar conmigo como solista. Hoy en día es más normal, pero en los ‘90s no había casi solistas, más allá de los de siempre. Y así nació Pablo Krantz y los Chicos Búfalo, y ya en 1998 me puse a grabar lo que fue mi primer disco Demasiado tiempo en ningún lado, que edité al año siguiente. Me hizo muy feliz contar con un primer libro y un primer disco editados. A partir de ahí incluso comencé a dormir mejor en las noches.

Y entonces las cosas cambiaron. ¿Se generó una continuidad?
Hubo algunos hechos muy curiosos. Yo en esa época salía mucho, noche por medio, y recuerdo un pasquín de rock que publicó “El hombre de la noche, Pablo Krantz, edita un libro” (risas) Al mismo tiempo era una época en la que el país iba de mal en peor. En el 2000 conocí a una chica que estaba por irse a vivir a España y que ya tenía todo listo para irse, pero que a último momento cambió de idea y se quedó conmigo. Y poco después se dio cuenta que quería realmente irse de acá y me dijo “o te venís conmigo, o adiós”. Y yo que siempre me preguntaba cómo hubiera sido mi vida en caso de haber nacido en otro país, en donde las cosas quizás no fueran tan difíciles, acordé irme con ella. Para entonces ya había empezado a grabar un segundo disco, donde participaban Fernando Ricciardi, baterista de los Cadillacs, y Flopa Lestani en el bajo. Le pedí que me esperara a que terminara con eso.

Otro disco pendiente…
Sí. Y en 2001 edité mi segundo libro, La mañana en que falló la ley de la gravedad, y dos meses después mi segundo disco, Los extraños nunca dicen adiós, cuyo título hacía alusión al éxodo que estaba por emprender. Sentía que era un extraño que había pasado por la Argentina y que, sin decir adiós, se marchaba. Por entonces yo solía tener una visión muy épica de las cosas. A comienzos del 2002 nos fuimos a París. Y ni bien llegué ya empecé a tocar en bares, canciones mías en español, más covers en inglés y un par de canciones en francés. Y en uno de esos bares tuve bastante éxito y le pedí al dueño que me pague un dinero fijo, un idilio musical que duró unos meses. Paralelamente, había conocido a un cantante francés llamado Travis Bürki; nos hicimos amigos, comencé a tocar como guitarrista suyo y grabamos un disco, que anduvo bastante bien en Francia. Fue grabado a lo largo de varias noches en una mansión de cuatro pisos en la que él vivía en el barrio XVI, el más caro de París. Fue el único momento en mi vida en que abandoné mi propia música. No tenía ningún sentido ser cantante de rock español en Francia, por lo que empecé a componer en francés y en el 2003 un productor me grabó un primer demo que fue parte de un EP llamado Les chansons d’amour ont ruiné ma vie, lanzado en Argentina ese mismo año, que incluía ese demo, más dos canciones grabadas antes de irme a Francia, más una zapada junto a un grupo de Nepal llamada Nepalese Noise Experience, grabada para la banda de sonido de un cortometraje. En 2004 conocí a una cantante francesa que me prestó un altillo en su casa y una computadora, donde empecé a grabar mis canciones por mi cuenta. Después me prestaron un sótano en las afueras de París y así, entre 2004 y 2006 grabé Les chansons d’Amour ont ruiné ma vie, álbum que tenía el mismo nombre qu el EP anterior. Un año antes, en 2005, mientras grababa el disco, publiqué en Francia mi primer libro de cuentos en francés Le saint cleptomane et la fille au vagin doré (El santo cleptómano y la chica de la vagina dorada)

¿Y el disco fue editado en Francia?
Sí, un sello francés se interesó y lo editó en marzo de 2007. Al mismo tiempo edité dos novelas de aventuras en francés. Les chansons… tuvo muy buena repercusión en la prensa francesa, por suerte, y lo presenté con conciertos en muchos lugares. ¡Hasta gané un premio en España como artista revelación!, en Cáceres. Luego me vine a Bs. As. para presentarlo (en La Cigale, en Niceto, en El Nacional y en el CC Rojas, y en Ciudad Vieja de La Plata). Creo que hay un momento en la vida de todo emigrado, o exiliado, que se suele dar entre los 6 y los 10 años de irse, y que lo lleva a tomar une decisión. Porque si no la toma, se va a tomar por sí misma. Si se queda, no va a poder volver. Y si vuelve, se va a encontrar con un país totalmente distinto de aquel del que se fue. Y a ese momento llegué tras estar 6 años en Francia: tenía que decidir si quería quedarme de por vida allí. Y resulto que no, que no quería hacerlo. Había tenido dos separaciones muy dolorosas y seguidas y sentía que era un fin de ciclo en muchos aspectos.

¿Los libros que mencionaste se editaron exclusivamente allí?
Edité tres libros estando en Francia. El libro de cuentos, que agrupa bajo una cierta idea general algunos cuentos que ya había editado en Argentina antes de irme, y otros que escribí en español estando en Francia y luego traduje. Muchos de esos cuentos se editaron luego en un libro que salió en España en 2011. Las dos novelas de aventuras por ahora existen sólo en francés.

¿Qué sucedió una vez que regresaste a Bs. As.?
Ví que había un cierto interés por la canción francesa en Argentina y que podía encontrar mi sitio aquí. Ya tenía la banda armada y había arreglado con el sello Ultrapop para que edite en nuestro país el disco Les chansons d’amour ont ruiné ma vie, que salió con el apoyo de la Embajada Francesa y de la Alianza. Y hasta toqué de soporte de Jane Birkin.

A lo que le siguió…
En 2011 edité un libro de cuentos en España que se llamó La ciudad más hermosa del mundo en la escala Richter de la melancolía, y mi quinto disco en Argentina, Démonos cita en una autopista (para volvernos a estrellar), que fui grabando entre mediados del 2009 y mediados del 2010.

¿Y luego?
En 2014 edité el libro Pequeñas reflexiones sobre el universo, el tiempo y mis discos favoritos, que recuperaba un gran número de máximas, sentencias, slogans, proverbios, aforismos, reflexiones, anécdotas y textos breves que había publicado en los últimos años en las redes sociales, un libro ilustrado, que anduvo bastante bien. Para esa altura hacía rato que venía grabando mi sexto disco Vivo en mi cabeza pero con vista al universo que, como el anterior, es un disco mitad en castellano y mitad en francés.

¿Me equivocaría si dijera que fuera de tu trabajo como músico y escritor, existe una tercera actividad que tiene que ver con ser el autor de frases geniales? Me refiero básicamente a lo que solés publicar en redes sociales como Twitter o Facebook…
Yo escribo frases sueltas desde hace muchísimos años. Habré empezado a los 16 o 17 años anotando pequeños pensamientos sobre la gente, sobre el mundo, sobre mí mismo, sobre el funcionamiento de mi mente, sobre lo que debía o no debía hacerse, pero lo hacía más que nada para mí. Después empezaron a acumularse decenas, cientos de frases en cuadernos; era como ir aprendiendo de la vida. Ya en el comienzo de mi primer libro incluí varias de esas frases como citas falsas, con nombres de libros o de autores inventados, o de autores reales pero que no habían dicho nunca eso. En un momento dado se me ocurrió subir una de esas frases a mi página de Facebook, siempre pensando que no le interesaría demasiado a nadie, pero sucedió lo contrario.

¿Recordás cuál era esa frase?
Era una que decía “Tonto es el que quiere cambiar de dirección cuando el viento sopla a su favor”. Tuvo una sorprendente repercusión, y entonces empecé a publicar más de esas frases y a multiplicar mi producción de reflexiones. A su vez, esa reflexiones empezaron a mutar. Al principio las escribía de una manera más rebuscada o literaria, y de a poco se fueron adaptando al formato de la red social, volviéndose más directas y comprensibles. La idea era que fueran lo más simples posible, pero no necesariamente para decir cosas simples o hablar sobre temas sencillos. Y entonces aparecieron dos diseñadores que me propusieron convertir eso en libro, y tras un largo trabajo de selección edité el libro Pequeñas reflexiones… el año pasado. Y sigo publicando muchas frases diariamente en las redes sociales.

¿A qué creés que se debe tanto interés por las frases que publicás en las redes sociales, y por qué la gente suele identificarse tanto con ellas?
Creo que hay varios factores que hacen que a la gente le atraigan mis reflexiones. He llegado a la conclusión de que el factor fundamental es que se dan cuenta de que son sinceras, que no estoy tratando de impresionar a nadie, ni tampoco burlándome, sino que estoy hablando de cosas que me importan de una manera muy honesta. Y creo que eso es algo que la gente valora. Y siempre trato de hablar sobre cosas que resuenen en las cabezas y corazones de las demás personas, aunque no necesariamente de todo el mundo. No cosas extremadamente personales, sino cosas que me acerquen al resto de los humanos. Y así mucha gente se acerca a mí por esas frases, y después termina escuchando mis canciones, viniendo a los shows o descubriendo mis libros.

¿Hay un fin específico? ¿Sentís que de alguna manera tus frases le hacen bien a las personas?
Mi fin es muy variado, no es que haya uno solo. Para mí es importante escribirlas, porque en ellas sintetizo cosas que me obsesionan, soluciones que le encuentro a mis problemas o a mis propias taras, descubrimientos que hago sobre la gente que me rodea. Es importante para mí, pero también es clave que eso le haga bien a la gente. Las personas me escriben diciéndome cuánto le gustan o la ayudan mis reflexiones y eso me da más ganas de seguir escribiéndolas y compartirlas, hace que valga más la pena. De todos modos, si a nadie le interesaran mis frases, si desaparecieran las redes sociales, seguiría escribiendo esas frases, sólo que las guardaría para mí.

Por lo que he visto en tus conciertos, tu público resulta ser bastante variopinto, y poco homogéneo.
No tengo un público homogéneo, me siguen personas de las edades, los países y los gustos musicales más variados, pero de alguna forma el público tiende a ser más femenino que masculino, y creo que eso se debe a que a las mujeres suelen resultarle más interesantes ese tipo de reflexiones más “abstractas” (por decirlo de alguna manera), mientras que los hombres son más de interesarse en los datos y los juicios de valor, “este grupo es bueno”, “este auto es malo”, “para viajar a tal lado conviene tomar tal línea de micros”, “qué tarado que es Bono Vox”, etc.

No puedo dejar de preguntarte por tu estilo musical e influencias, que parecieran ser muy variadas también…
Mi estilo musical está basado en el género canción, y mis canciones van tomando diversas identidades basadas en un cierto juego con los estilos musicales y las influencias. No es que tenga particularmente un género musical. Lo central es el funcionamiento de esas canciones, con una cierta letra, un cierto estilo, con sus estrofas y estribillos. Y para divertirme, para darle variedad y sorpresa y para brindarle a cada una de esas canciones una identidad propia, utilizo los estilos como si fueran condimentos o decorados, y así voy pasando por el folk, el country, el rockabilly, el post-punk, la canción francesa (que de por sí está muy presente porque canto muchas canciones en francés), la música surf, el punk rock, el easy listening… En el último disco hay incluso un tema que es medio bossa nova. Y eso tiene que ver con lo que hacen muchos songwriters: como se centran en la canción, pueden jugar libremente con los estilos. De hecho en Francia hay muchos que lo hacen, como Renaud, que según la temática de cada canción puede pasar de un estilo a otro. De todos modos en general lo que hago tiene bastante de rock, con mucha guitarra. Y en cuanto a mis influencias, tengo varias que, aunque no intente de ninguna manera acercarme a ellas, siempre están presentes: son las que me marcaron durante mi adolescencia, y ahí debería nombrar a Leonard Cohen, Violent Femmes, Lou Reed, Velvet Underground, Television, The Pogues, Morrissey, Paco Ibáñez, The Clash, Johnny Cash… Creo que son las que tengo más metidas y que no podría sacarme aunque quisiera. Como también las de la canción francesa con Serge Gainsbourg, el ya citado Renaud, Jacques Brel… Y también mucho del rock de los años ’50 y ’60, el punk rock y el after-punk. Y si recuerdo aquel disco que edité en Francia, ahí debo nombrar a Mercury Rev, Flaming Lips, Sparklehorse…

Tu repertorio suele incluir un tango como ‘Mano a Mano’. ¿Eso demuestra cierta influencia local?
No creo estar influenciado por el tango, ni por el folklore, ni tampoco por el rock nacional. De hecho cuando empecé a cantar en español, no me gustaba la mayor parte de las cosas que había, o en todo caso me parecía que no me representaban. Me sentía mucho más cerca de cantantes anglosajones o de la canción francesa y no me sentía representado por nada de la música argentina, si bien hay cosas que me parecen muy buenas y que me siguen gustando, no creo que tengan que ver conmigo, ni en sus letras ni en su manera de cantar.

Te ví tocar completamente solo sobre el escenario, así como también acompañado por dos tríos distintos…
Últimamente suelo tocar en vivo en trío, acompañado por Federico Ghazarossian (ex Don Cornelio, Los Visitantes) en contrabajo y Juan Carlos Marioni (ex Avant-Press) en guitarra eléctrica. Pero a veces también toco junto a Los Sureños, con Germán Kelly en batería y Diego Soubiate en bajo.

Tenés un disco muy nuevo que ya presentaste en Bs. As., como así también en Uruguay, actualmente en la Patagonia, y sé que en breve también vas a estar presentando en Paraguay, y demás destinos. ¿Qué es lo que hace un músico después de ver editado su nuevo disco? ¿Se pone a pensar automáticamente en el próximo trabajo? ¿Se recluye?
Hoy por hoy estoy demasiado ocupado con el nuevo disco, la difusión, las giras, los shows, etc., lo que no me permite estar demasiado creativo, pero ya me puse a componer algunas nuevas canciones, dentro de una cosa más alejada del rock, más centrada en la canción y quizás con alguna influencia más latinoamericana. Fantaseé con la idea de hacer un disco así, con menos rock, menos guitarras eléctricas, menos ritmos frenéticos, algo más orquestado, tal vez incluso con un cuarteto de cuerdas.

Ya que lo tuyo es componer canciones y cantarlas, y escribir libros, cuáles de todos te llevaría a una isla desierta?
En cuanto a los discos, me llevaría Ziggy Stardust de David Bowie, Songs of Leonard Cohen, Evening Star de Brian Eno y Robert Fripp, Give’Em Enough Rope de The Clash… Me llevaría miles de cosas, pero de los discos que más me han influenciado, esos son los que más ganas tengo de seguir escuchando. Libros, tendrían que ser los que me den ganas de releer muchas veces. Y en cuanto a libros llevaría las Cartas a Lucilio de Séneca, Iluminacionesy Una Temporada en el Infierno de Rimbaud, las obras completas de Patrick Modiano y de Chesterton, y para pasar buenos momentos llevaría las obras completas de Georges Simenon, de Raymond Chandler y de Borges.

-KRANTZ POR KRANTZ-

DISCOGRAFÍA KRANTZIANA

Demasiado tiempo en ningún lado (1999)
La hija del gitano/ Una 22 en la cartera/ Bajo cero/ Cinco años en Londres/ Los 3 marineritos/ Sodoma y Gomorra/ No quiero vivir esperando/ Perdido en tus pesadillas/ Primavera en las colinas/ Que se mueran los novios/ Lo imposible puede pasar/ Historia del chico de la favela que protagonizó una película de Hollywood

“Lleva ese título porque yo sentía que llevaba demasiado tiempo sin dar el primer paso, había acumulado montones de canciones a lo largo de bastantes años tocando con El Pesa-Nervios y también como solista, y necesitaba salir de esa bruma eterna. Es un disco muy heterogéneo, precisamente por agrupar canciones hechas entre 1993 (como ‘La hija del gitano’, la más antigua de las que componen el disco, que aún sigo tocando en vivo) y 1999. Está ‘Bajo Cero’, que tuvo mucha difusión en su momento; en algún momento fue mi canción más conocida y para el público que me sigue de hace tiempo sigue siendo mi canción más emblemática”.

Los extraños nunca dicen adiós (2001)
Estrella fugaz/ El abominable hombre de cristal/ Los extraños nunca dicen adiós/ En algún lugar de Marte/ ¿Creés en los milagros?/ De maravillas perdidas/ Demasiado frágil para este mundo/ Soy supersticioso/ Jukebox (De cómo el que se hace demasiado la película termina haciendo de extra hasta en sus propios sueños)/ En otro lugar de Marte (*Bonus track)

“Fue grabado en varias tandas y con varias formaciones distintas. Es un disco básicamente rockero y es también como mi disco más trágico, que tenía que ver con el momento que estaba viviendo en ese entonces, un momento de frustraciones, de no saber a dónde ir, que derivó en mi mudanza a París”.

Les chansons d’amour ont ruiné ma vie (EP – 2003)
Les cartes de visite/ Les chansons d’amour ont ruiné ma vie/ Le bonheur/ Se fâcher c’est une perte de temps/ Le bonheur II/ Huracanes y tornados/ Nepalese Noise Experience (*Bonus track)
“Es un disco de transición, que incluye las primeras canciones que canté en francés”.

Les chansons d’amour ont ruiné ma vie (2007)
Dans ta piscine/ Babel City Tour (Dimanche après-midi)/ Je mute/ Chez Dalila/ Les chansons d’amour ont ruiné ma vie/ Le rêve du samedi/ Les cartes de visite/ Dans ta boîte à lettres/ Le tour du monde en 80 nuits/ La seule institution que je respecte/ L’interminable chanson de la mer interminable

“Todas las canciones están cantadas en francés y es un disco bastante intimista, donde lo esencial es la voz, la guitarra acústica y los arreglos, que me encargué de grabar todos yo solo. Es el primer disco que produje, y donde también fui el ingeniero de grabación, lo que me permitió terminar de encontrar realmente mi sonido. Una producción muy detallista, con instrumentos que entran y salen constantemente, y gran presencia de una voz muy suave y de la guitarra acústica”.

Démonos cita en una autopista (para volvernos a estrellar) (2011)
Démonos cita en una autopista/ En los brazos de Clark Kent/ Et c’est ainsi que tu t’en vas/ Faux pas/ La suave melodía de la felicidad/ Canción de una tarde perfecta/ Saint-Malo/ Quiero aburrirme en tus fiestas familiares/ Pete Best/ L’arrière-saison

“Son seis temas en castellano, y cuatro en francés. Mi intención era plasmar el sonido que había logrado en el álbum en francés en un disco más rockero y con muchos temas en español”.

Vivo en mi cabeza pero con vista al universo (2015)
El árbol de los sueños /Dos niños/ Coeur courageux/ La penúltima rolling stone/ Des chats, des lapins et des canards/ Je t’efface/ El bar de la última oportunidad/ Estoy de regreso/ Les petites amies de mes ennemis sont mes amies/ Una fiesta espacial en el Ritz del amor/ Scarlett Johans-song/ La chanson de Prevert (*Bonus track)

“Es un poco más difícil pensarlo y verlo en perspectiva, porque es muy nuevo. Es un disco con mucho rock, con un ritmo bastante acelerado, cuya grabación tardó bastante. En estos temas tuve un rol menos importante como arreglador e ingeniero de grabación, fue una coproducción con Mariano “Manza” Esaín y se grabó de una manera más espontánea, con mayor participación creativa de los músicos participantes. Incluye la versión en francés de ‘Corazón Valiente’, tema original de Gilda, que fue grabada originalmente para la banda de sonido de la película ‘El Crítico’ Es el primero en el que incluyo versiones, la de Gilda y una de Gainsbourg. Eso tiene que ver con que en los últimos años me incliné a interpretar muchas canciones de otros artistas en mis conciertos, en francés y en inglés”.

BIBLIOGRAFÍA KRANTZIANA

Dame un coche tan rápido que no lo alcancen los recuerdos (1997)
“Mi primer libro.Un libro de cuentos que en cierta forma marca el descubrimiento que va haciendo un joven (bastante parecido a mí) del mundo que lo rodea, los primeros maravillamientos y decepciones, los primeros choques con la realidad, los primeros amores”.

La mañana en que falló la ley de la gravedad (2001)
“Editado antes de irme a Francia, y también porque me iba a Francia. Sentí que terminaba mi etapa en Argentina y que tal vez no iba a regresar jamás, y quería cerrar de alguna manera ese período. Y para eso hice este libro, que en sí consta de tres libros: el Libro de las historias demenciales (cuentos), el Libro de los amores desquiciados (textos breves relacionados con el amor, que fueron publicados semanalmente en el suplemento joven del diario El Día de La Plata) y el Libro de los años perdidos (un libro de poemas; cada año escribía un poema que llevaba por título la edad que yo tenía al escribirlo y hablaba sobre mi vida aunque por supuesto noveladísima) ”.

Le saint cleptomane et la fille au vagin doré (El santo cleptómano y la chica de la vagina dorada – 2005)
“Mi primer libro de cuentos publicado en Francia por la editorial Les Petits Matíns. Surgió de las primeras traducciones que hice de los libros que había publicado en español, pero también incluyó muchos cuentos nuevos escritos directamente en Francia. Parece retratar la vida un muchacho parecido a mí, con sus experiencias y decepciones en Argentina, que lo conducen a partir en exilio o éxodo a Europa”.


Paul et Nadia Tome 1 – Le piège
y Paul et Nadia Tome 2 – Les Traîtres (2007)

 

“Son dos tomos de novelas para público juvenil, una saga de aventuras de unos personajes llamados Paul y Nadia, escritos totalmente en francés y cuyas historias suceden varios lugares distintos en cada libro. El primer tomo sucede en el Amazonas, en una pirámide en Egipto y en un castillo en Escocia, y el segundo tomo en una escuela del crimen en Sicilia y en Nueva Zelanda. Alguien alguna vez los describió como “Salinger para niños”.


La ciudad más hermosa del mundo en la escala Richter de la melancolía (2011)

“Contiene muchos cuentos que ya habían aparecido en El santo cleptómano y la chica de la vagina dorada, con el agregado de otros nuevos. Esta vez el eje está puesto en mostrar la visión de un escritor no europeo sobre Europa y en cuentos que abordan ciertos temas políticos”.
Pequeñas reflexiones sobre el universo, el tiempo y mis discos favoritos (2014)
“Me gustaba la idea de nombrar en el título el universo y el tiempo, que son las dos cosas más grandes que existen, tan grandes que son infinitas, mezclados con algo tan pequeño, banal y caprichoso como son los discos favoritos de alguien”.

PERCY SLEDGE Y BEN E. KING. UN LUGAR EN EL FIRMAMENTO DEL SOUL ROMÁNTICO

Estándar

Publicado en Evaristo Cultural el 1 de mayo de 2015

De manera sorpresiva, como generalmente suelen suceder estas cosas, y en un plazo de apenas algo más de quince días, la historia del Soul y el R&B más tradicional perdió a dos de sus figuras más representativas. Con la muerte de Percy Sledge a mediados de marzo, y la muy reciente partida de Ben E. King en el día de ayer, respectivamente los autores e intérpretes originales de When A Man Loves A Woman y Stand By Me, de los más grandes “clásicos de clásicos” cierta vez registrados, la música popular del último siglo despide, al menos físicamente, a dos de las voces más elegantes que se puedan recordar.
Fallecido el pasado 14 de abril, Percy Tyrone Sledge (que gracias a su estilo azucarado se ganó el apodo de “Rey del Soul Lento”) había nacido en la ciudad de Leighton, Alabama en 1940, en el el seno de una familia de granjeros de bajos recursos – situación que tradicionalmente no se diferenciaba de la de la mayoría de las familias negras del sur de los Estados Unidos de aquella época – donde alternaba su trabajo rural diurno con presentaciones nocturnas en diversas fiestas locales y bailes adolescentes de la región como miembro de los Esquires Combo, grupo al que se había unido en aquel momento tras no poder rechazar una irresistible oferta de 50 dólares para unirse a la banda, y cuyo repertorio incluía canciones de Wilson Pickett, Sam Cooke, Smokey Robinson (prácticamente, el catálogo completo de la compañía Motown) y hasta de James Brown y Elvis Presley, que los Esquires Combo presentaban en los clubes del sudeste del país. Pero fue entonces que un tal Quin Ivy, dueño de una disquería y asimismo productor radicado en Sheffield, ciudad localizada en el estado natal de Sledge, quien le ofreció su primer contrato discográfico. Así las cosas, las circunstancias obligaron a Sledge a dejar al grupo atrás y entonces comenzar a registrar una serie de canciones de soul para su nueva aventura en solitario, de las cuales When A Man Loves A Woman (originalmente planeada para los Esquires Combo y escrita por los miembros del grupo Calvin Lewis y Andrew Wright bajo el título de Why Did You Leave Me) sería la primera en editarse. Grabada en los famosos estudios Muscle Shoals de Alabama, ‘When A Man Loves A Woman’ no sólo se convertiría en la canción más característica de la carrera de Percy Sledge y en su éxito más rutilante, sino también en uno de los más destacados de la música popular contemporánea, un disparador directo al estrellato que originó ventas que superaron el millón de copias vendidas, adicionalmente convirtiéndola en el primer hit del soul sureño en lograr encabezar los rankings de ambos R&B y Pop de los Estados Unidos de la historia, y asimismo valiéndole el primer disco de oro a la discogáfica Atlantic. Dos décadas más tarde, en 1987 el suceso descomunal de la canción lograría un revival colosal al formar parte de la banda de sonido del film Platoon, para terminar siendo considerada “uno de los mejores 100 singles de los últimos 25 años” por la revista Rolling Stone el siguiente año. Curiosamente, tras no haber sido considerado co-autor de la canción desde el principio, Sledge jamás recibiría ningún tipo de royalties. “Fue la peor decisión que tomé en mi vida, pero no siento ninguna tristeza”, declararía al respecto.
Sledge volvería a plasmar una nueva serie de hits en años venideros como Warm and Tender y It Tears Me Up (en 1966), Out of Left Field (1967) y Take Time to Know Her (de 1968) que, si bien lejos del resultado logrado por ‘When A Man Loves A Woman’, le harían obtener certificaciones de cinco discos de oro, y dos de platino. La carrera de “El Rey del Soul Lento” continuó con altibajos hasta el año 1984, cuando editó un álbum regreso titulado ‘Blue Night’ a través de un sello discográfico francés. Tras su premiación de manos del Rock and Roll Hall of Fame en 2005, Sledge lanzaría su último trabajo en estudio, The Gospel of Percy Sledge, en 2013, falleciendo de cáncer de hígado tras una larga batalla en su casa en Baton Rouge, Louisiana, a los 74 años edad en abril del mes pasado.

Apenas dos semanas después de la partida de Sledge, la escena del Soul vuelve a sacudirse con la muerte del gran Ben E. King., más coloquialmente recordado como el autor e intérprete de Stand By Me, aquella sempiterna candidata por excelencia al Top 5 desde su aparición inicial en 1962. Nacido Benjamin Earl King en Henderson (estado de Carolina del Norte) en 1938, King emprendió su trayectoria artística en la década del ’50 como miembro de los legendarios The Drifters (originalmente The Five Crowns), grupo vocal de doo-wop y R&B que cosechó sendos éxitos de la mano de canciones como Under the Boardwalk, Save the Last Dance for Me, Some Kind of Wonderful y There Goes My Baby, entre otras. Y aunque su primer hit fuera el recordado Spanish Harlem de 1961 (que incluyó en su autoría al controvertido Phil Spector), fue con ‘Stand By Me’ (inspirada en un viejo spiritual titulado ‘Lord Stand By Me’, originalmente planeada para ser grabada con los Drifters, quienes erróneamente la rechazaron), que King prestó atención a la recomendación de Ahmet Ertegun, por aquel entonces cabeza de la Atlantic Records, de volver a trabajar sobre ella junto a Jerry Leiber y Mike Stoller, la célebre dupla de compositores y productores, auténtica máquina de éxitos, que recordadamente para entonces ya habían pergeñado obras definitivas como las eternas Hound Dog, Love Me, Kansas City, Jailhouse Rock, Love Potion No.9, King Creole o Poison Ivy, por sólo nombrar algunas de ellas) De esa forma King y ‘Stand By Me’ dominarían los charts de los EE.UU. a través de 1961, para instantáneamente transformarse en suceso inmortal hasta el día del Juicio Final. ‘Stand By Me’ también conquistaría una inconmensurable repercusión a través de los años con las casi 400 versiones de la canción grabadas por una interminable lista de artistas de géneros diversos (que incluso incluyeron a Muhammad Ali), más principalmente con la que con John Lennon plasmó para su álbum ‘Rock’n’Roll’ en 1975, y que el ex-Beatle utilizó para promocionar el disco, para terminar convirtiéndose en la cuarta canción más transmitida de la historia en las emisoras de radio y TV de los Estados Unidos, y ganándose el rótulo de clásico de clásicos. Si bien la carrera de King, al igual que la de muchos de sus colegas, se vería eclipsada por el arribo a los EE.UU.de la British Invasion promediando la década del ’60, King volvería a dominar los charts en 1975 (eventualmente logrando menor repercusión) con Supernatural Thing (canción que contaba con la participación de Carlos Alomar, por aquellos años guitarrista de David Bowie), encandilando nuevamente a Ertegun, que no titubeó a la hora de volver a contratarlo para la Atlantic Records.

King continuaría de gira durante casi toda su carrera, sin ir más lejos llegando a realizar una serie de fechas en Inglaterra en 2013, para perecer por causas naturales este último 30 de abril en la ciudad de Teaneck, estado de New Jersey, a los 76 años de edad, apenas dos semanas más tarde que su colega Percy Sledge, para juntos arrojarse a esa infranqueable inmortalidad artística que dos muy buenas canciones nunca podrán dejar de sostener.

ENTREVISTA: Adam Cooper. A través del lente de Papá Michael

Estándar

Publicado en Evaristo Cultural en abril de 2014

Caso singular el de Adam Cooper. El del niño británico que nace y crece en un área adinerada de la Londres de los años ‘60. El de una madre que lo abandona cuando tenía apenas 3 años de edad, para luego ser criado por una madrastra que termina suicidándose, y con un padre cuyos hábitos no le permiten que logre sobrevivir a una sobredosis de heroína. La de Adam podría ser otra de las tantas historias ricas en hechos trágicos dignas de cualquier tabloide amarillista, o de alguna suerte de novela negra, sólo si su padre, aquel al cual la desdicha no pareció jugarle una buena pasada, no hubiera sido un tal Michael Cooper, la hoy icónica figura de culto en la escena bohemia del Londres de los 60s, el fotógrafo que será principalmente recordado por plasmar las mismísimas portadas del Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band de los Beatles, y del Their Satanic Majesties Request de los Rolling Stones, aquella de la foto tridimensional. Las tapas de los discos de los amigos de papá Michael. Pero no todo era “solo rock’n’roll” en su vida y, dentro de su extensísima labor, Cooper también supo retratar imágenes de Marcel Duchamp, de René Magritte, o de Andy Warhol. De Audrey Hepburn o Francoise Truffaut. La lista es larga, lo suficiente como para haber dejado un legado de 70.000 imágenes, herencia que Adam recibiría de su padre (a quien prefiere referirse como “Michael” a secas) al cumplir los 18 años de edad. Con papá Michael ya lejos del mundo real, el ya adulto Adam se adentraría en el campo de las producciones cinematográficas que, luego de pasearlo por el mundo, lo traería a Buenos Aires en 1989 para trabajar en el departamento de cámaras del film Highlander II, donde se enamoraría de Silvia Ripoll, una de las editoras de la película, la que más tarde se convertiría en su esposa, y por quien se radicaría definitivamente en nuestro país. Conocí a Adam por primera vez en aquellos años, a meses de su desembarco original en la ciudad, ocasión en que también tuve mi oportunidad de entrevistarlo, pero por algún dilate del medio para el cual escribía en es entonces, el texto nunca fue publicado, y quedó en los archivos del pasado infinito. Dos décadas después, estoy sentado junto a Adam y Silvia frente a una de las salas que componen el Centro Cultural Borges, en pleno microcentro porteño. Faltan apenas unos días para que Adam decrete oficialmente el cierre de Stones 50, la muestra de fotografías de papá Michael que recoge parte de lo mejor de su trabajo junto a los Rolling Stones. Y para que me informe sobre los proyectos que planea para un futuro no tan lejano, y acaso tan auspiciosos como el que ahora, luego de tres meses continuos de gran convocatoria, está por concluir.

tapa sgt. pepper tapa satanic majesties¿Qué hace un auténtico británico como Ud. viviendo en Buenos Aires después de todos estos años? ¿Acaso no extraña Londres?
No necesariamente. Londres es muy distinta a lo que era hace 20 años, cuando vivía allí. Hoy en día es mucho más metropolitana, uno puede escuchar todo tipo de idiomas en las calles. Lo que está muy bien, no tengo ningún problema con eso. A algunos les molesta, pero Londres siempre ha estado muy bien organizada, con sus calles muy limpias y con su gente muy respetuosa, por momentos exactamente lo opuesto a lo que ocurre aquí (risas) Pero así y todo me siento muy relajado viviendo aquí. Buenos Aires es muy europea, no sólo en la forma en que se ve, también en su arquitectura. Donde sea que esté aquí, realmente no me siento como si estuviera en Sudamérica. Sé que puedo volver a casa cuando lo desee, pero en este momento no hay nada que me lleve a hacerlo. Pero tengo muchas cosas para hacer y para crear aquí. Uno tiene que evaluar sus sueños, ir por ellos y lograrlos. Y tengo la suerte de haber logrado muchos de mis sueños aquí, y más rápido también que si lo hubiera intentado en Londres.

Ud. se crió en el área de Chelsea…
Bueno, Chelsea fue el corazón de los 60s en Londres. Era “el lugar para estar” King’s Road y todo eso. Edith Grove, el departamento que compartían Mick Jagger y Keith Richards se encontraba allí. Michael y yo vivíamos en Fulham, prácticamente en el mismo que Chelsea. Era el punto central donde convergía la cultura en aquel momento de la Inglaterra de los 60s. Para los Stones, todo giraba alrededor de ese área del West London. Chelsea se había convertido en el hogar de los Rolling Stones, mientras que para los Beatles era el norte de Londres. Los estudios Olympic, donde los Stones solían grabar, también quedaban en Chelsea, en verdad en Barnes, al otro lado del río.

¿Y cómo fue crecer en ese ámbito? ¿Era consciente de lo que sucedía a su alrededor?
Siempre me hacen la misma pregunta. La verdad, para mí fue algo completamente normal. Cuando tenés 3 o 4 años de edad no entendés que significa la fama, o ser una celebridad. Para mí, cuando Mick o Keith, o Charlie, o Bill, venían de visita a casa para pasar un rato, o cuando íbamos con Michael a las suyas, era una experiencia absolutamente normal. Eran los amigos de mi padre. Algunos tenían hijos, otros no.

¿Pero tiene algún recuerdo físico específicamente?
Sí, tengo un recuerdo físico que ha vivido conmigo toda mi vida (N. de la R.: Se refiere a su costumbre de jugar con las puertas de los automóviles. La cantante Marianne Faithfull, novia de Jagger por aquellos años, en su visita a Buenos Aires a fines de 2011,  le recordó a Adam sobre su costumbre permanente de niño de meter sus dedos cuando la puerta de los autos se cerraban) Siempre pensé que lo había hecho sólo una vez, pero Marianne me recordó que lo hacía todo el tiempo.

Por lo que entiendo se reencontró con Marianne en Buenos Aires. ¿Cómo fue aquel Adam, de niño, junto a Jagger y Marianne FaithFullreencuentro?
Esa fue una semana fantástica para nosotros. Pasamos una semana entera con ella en Buenos Aires. Nos pusimos a hablar, y una semana después se fue para el aeropuerto. Lamentablemente fue tratada muy mal aquí. El hotel Faena la había invitado oficialmente para que ella inaugure su centro cultural, ocasión en que cantó un par de canciones, pero no hubo nadie para presentarla. Nadie. Llegó sola hasta el escenario y de la misma manera se presentó ante la multitud. El público sólo se ocupó de beber tragos, y charlar y hablar entre ellos de lo que sea. La ignoraron, básicamente. Fue una pena. Pero al otro día hizo el concierto en el Coliseo. El teatro estuvo lleno, y eso la hizo muy feliz. Para mí fue algo fantástico. Cuando era niño, mi madre nos había abandonado, a Michael y a mí, cuando tenía 2 o 3 años, y un chico de esa edad eventualmente siempre está buscando una figura materna, y Marianne fue esa figura materna para mí .

De hecho, una madre bellísima…
Sí, ella fue fantástica. Pero como sabemos tuvo una vida muy dura. Es una larga historia. Haber visto que finalmente logró recuperarse, lejos del alcohol y las drogas, y que ahora vive una vida tranquila en París, y que sale de gira y graba nuevamente, fue maravilloso.

Justamente hace unos días leí que va a lanzar un nuevo disco este año, y que va a salir nuevamente de gira…
Sí, oficialmente es su aniversario 50 como artista este año. Tiene planeado hacer unas cuantas cosas en Europa y en los Estados Unidos para celebrarlo. Me gustó haberla visto tan bien, porque después que dejó a Mick Jagger en 1969, o en 1970, estuvo realmente complicada, seriamente metida en la heroína, viviendo en las calles. Pero Marianne es una luchadora, una auténtica luchadora. Le pregunté cómo es que hizo para abandonar todo es mundo, y me contestó “es que sí no lo hacía me iba a morir. Una vez, después de consumir drogas,  sentí que nunca iba a poder levantarme, por lo que decidí que lo que realmente quería era vivir” Pero lo que más me llama la atención es que ella eligió vivir en las calles. No es que tenía que hacerlo, sino que lo eligió. Su madre era una marquesa, venía de una familia muy rica. Pero eligió hacerlo por ella. Fue una larga y dura batalla, y eventualmente alguien le brindó su amistad, la cuidó y la invitó a vivir en el cuarto de la casa que le sobraba. Se trató de un productor discográfico que la había visto deambulando por las calles, y le dijo “Marianne, esto es ridículo, tenés que parar. Vení conmigo, tengo un cuarto libre en mi casa, podés vivir ahí. No se permiten las drogas en casa, bajo ningún concepto. Y aparte necesitás hacer algún tipo de rehabilitación y, si lográs recuperarte, te voy a conseguir un contrato de grabación, y vas a volver a los estudios” Y así fue, hizo exactamente lo que le había prometido, y transformó la vida de Marianne. Comenzó a ver la luz al final del túnel, y a volver al mundo real de a poco. Tengo un amor tremendo y admiración por ella. No debe haber sido nada fácil salir de todo eso, y saber que te ibas a morir. Casi muere aquella vez en Australia. A fines de los 60s, ¿recordás?
keith richards, por Michael Cooper
Por supuesto, estuvo en coma tras ingerir muchos somníferos. Pero sobrevivió.
Desde ya. Anita es completamente diferente (N. de la R.: Se refiere a Anita Pallenberg, la actriz alemana, quien fuera pareja de Keith Richards) Se hace hasta difícil reconocerla en estos días. Ella y Marianne fueron dos de las mujeres más hermosas de los años ’60, pero después de décadas constantes de abuso de drogas, así es como Anita se ve ahora. En muchos aspectos creo que Keith fue muy honorable para con Anita, que al fin y al cabo es la madre de sus hijos. Siempre la apoyó, y aún lo hace. Ella vive en Redlands, la propiedad de Keith en el interior de Inglaterra. Se encarga de cuidar la casa, y Keith le pasa el dinero para los gastos de mantenimiento. A veces pienso que Anita también debería haber tenido una lección dura como la que tuvo Marianne. Insisto, Marianne está realmente bien. Su hijo Nicholas tuvo su primera hija, por lo que ahora también es abuela. Los Stones eran considerados los chicos malos del rock and roll, esa es la imagen que tuvieron, y la usaron oportunamente. Andrew Oldham (N. de la R.: el mánager original de los Rolling Stones) los ayudó mucho con eso. Andrew se lo vendió a la Prensa, y fue la mejor manera de promocionarlos, y venderlos como todo lo opuesto a los Beatles.

Los Stones lo pintaron de negro…
Exacto, lo pintaron de negro. Y la Prensa nos vendió esta enemistad entre ellos, Beatles contra Stones, diciéndonos que se odiaban. Y como bien sabemos, más bien era completamente lo opuesto. Se comunicaban para preguntarse sobre sus nuevos discos. Y pactaban distintas fechas de edición para que no se interpongan. Y los Stones, en lugar de negar toda esa imagen, prefirieron jugar el juego, “¡Vamos a hacer de chicos malos!” Y lo hicieron muy bien. No creo que Andrew se haya dicho alguna vez “Esta es la banda que quiero manejar por el resto de mi vida” Y Mick y Keith aprendieron muy bien el juego del escándalo, y lo adoptaron par el resto de sus vidas. stones, por michael cooper

¿Cómo fue su llegada original a nuestro país? ¿Fue su trabajo que lo trajo hasta aquí?
Vine por primera vez a Argentina en 1989, trabajando para la producción de la película Highlander II. Mi esposa Silvia era una de las editoras, y yo uno de los asistentes de cámara. Luego nos fuimos a Londres, vivimos allí por alrededor de 4 años, de hecho nos casamos allí. Nuestra hija Emily, que hoy tiene 22 años, nació en Londres. Pero comencé a sentirme algo frustrado como asistente de cámara, quería convertirme en director de fotografía. En realidad no tenía muchas ganas de quedarme en Londres. Come te dije antes, mi madre me abandonó cuando tenía 3 años, y mi madrastra, Ginger, bueno, no realmente mi madrastra, digámoslo así, se suicidó dos años antes que Michael muriera. Para ser un niño de 9 años, ya había tenido bastante tragedia personal en mi vida. No me sentía con ganas de quedarme allí, por todos esos recuerdos. Y entonces decidimos retornar a Argentina. Todos mis amigos en Londres pensaron que estaba completamente loco, pero una vez que regresamos, mi esposa me presentó a mucha gente del ambiente cinematográfico, y sorpresivamente dos semanas después me encontraba en Chile filmando un comercial para una compañía de comunicaciones.

¿Extrañó la cerveza?
No, para nada. No bebo cerveza, ni tampoco té. Siempre le digo a la gente aquí que esa fue la verdadera razón por la que me vine para aquí, que en verdad me echaron por no ser muy adepto a sus costumbres (risas)

Y entonces puso en marcha sus proyectos fotográficos. Hicimos una muestra sobre los 60s en el Palais de Glace en el 2001. Funcionó muy bien, pero no disfrutamos particularmente de la experiencia. Fue bastante engorroso lidiar con toda la cuestión de los edificios municipales. Así que básicamente nos olvidamos de todo lo que tenía que ver con exhibiciones, y no fue hasta hace 4 años que un amigo nuestro, Fernando Pearson, mientras tomábamos un café, me dijo “¿el 50 aniversario de los Stones está por llegar, van a hacer algo, no?” Y le contesté: “Nada” Y él me dijo: “Pero eso es incoherente, el material que Uds. tienen es tan increíble…Por qué no hacen una exhibición de los 50 años?” Yo me seguía negando. Pero Fernando era el tipo de persona que jamás iba a aceptar un “no” Él era publicista, creativo y director de marketing, y eventualmente, sólamente para que deje de seguir insistiendo, le dijimos que sí. Y ahí comenzó el viaje, tratando de encontrar el lugar ideal para realizar la muestra. Reuniones después de reuniones después de otras reuniones, y así todo el tiempo. El problema es que uno siempre termina brindándole una cierta cantidad de responsabilidad a otra gente. Tuvimos reuniones con gente que se hacían llamar “curadores de fotografía” Una vez les estaba mostrando a uno Blinds & Shutters (N. de la R.: libro editado en Inglaterra, que presentaba parte de la colección de fotografías de su padre, de edición limitada) y en ciero momento, mientras lo hojeábamos, aparece una foto de René Magritte, y el “curador” me pregunta “¿Quién es René Magritte?” Imaginate, se me hacía imposible. Pero una vez que conocimos el Centro Cultural Borges decidimos que habíamos encontrado un hogar para la exhibición. Y ahí comenzó la verdadera travesía. Luego nos tocó lidiar con la parte de marketing. Encontrar los auspiciantes, el dinero. Porque definitivamente sentíamos hacerlo, pero no queríamos poner ni 10 centavos. Esta vez no deseábamos perder dinero, habíamos perdido mucho dinero con la muestra en el Palais de Glace. Pero finalmente, después de tres años intentándolo, conseguimos a los auspiciantes ideales. La peor parte fue cuando Fernando se enfermó, y falleció poco después. Miscelánea exhibición Stones 50 Lamento lo que me está diciendo.

Entonces quiero pensar que la muestra también fue un homenaje a su amigo. Definitivamente, es un homenaje a él. Otra cosa que sucedió es que, le escribí a la embajada británica para solicitar información sobre auspiciantes potenciales, y la embajada se mostró muy interesada en colaborar. Querían que se la asocie con nuestra exhibición. De hecho el logo de la embajada está en toda la gráfica de la muestra. Por lo que dos días más tarde me volvieron a convocar en la embajada, y allí me informaron que en en todas las embajadas británicas del mundo estaba teniendo lugar una especie de campaña cultural titulada GREAT, un eslogan asociado con la música, las artes, etc. Por eso les interesó sumamente la colección que heredé de mi padre. Son 3500 negativos solamente de los Stones, mientras que la colección completa reúne un total de 70.000 imágenes. Y este show constó sólo de de 100 fotos. Podríamos hacer una exhibición distinta cada mes, y 10 años más tarde aún estaríamos mostrando imágenes nuevas.
afiche exhibición Stones 50
Eso espero, realmente…
Fuimos muy privilegiados de recibir el legado de Michael. Pero al final del día el placer mayor es cuando un miembro del público se te acerca, te da la mano y te agradece por traer la muestra a Argentina. De éso se trata. Les trajimos placer a la gente, y ellos vienen a ver a sus héroes. Y ahora queremos llevar el show a las provincias del interior, a otros países sudamericanos. Asimismo produjimos una línea de muebles de edición limitada. Una compañía en Londres nos contactó hace alrededor 1 año y medio. Ellos se especializan en producir mercadería de edición limitada. Ya habían realizado una campaña de mercadería para Pink Floyd, que fue tremendamente exitosa. Vendieron absolutamente todo en un plazo de horas. Eventualmente, como no podía ser de otra manera, al principio me negué. Pero luego quedé maravillado, tras ver sus servicios y productos. Lanzamos un sofá de dos cuerpos, un modelo de silla realmente hermosa, y aparte un juego de seis sillas para mesa. Todo hecho a mano, es la única manera en que querían hacerlo. Totalmente artístico. Querían usar imágenes de mi padre, no sólamente de los Stones, también de fotografías de otras personas. Se pueden ver en Internet en el sitio de The Michael Cooper Collection. A través de los años se me acercó mucha gente interesada en producir mercadería, y siempre les dije que no, porque la mayor parte de la mercadería que da vueltas es realmente basura barata. Nunca quise que el trabajo de mi padre fuera degradado. Es algo que me rompe el corazón, no me gusta para nada. Pero ésta fue una propuesta muy especial, quedamos maravillados.   libro the early stones

Por último, quisiera que me hable de los otros proyectos que tiene planeado llevar a cabo próximamente.
Desde ya, ahora que finalmente sabemos cómo encarar este tipo de proyectos en Buenos Aires, podemos asegurar que ya logramos la suficiente confianza como para sentarnos con otros fotógrafos y generar nuevas ideas. De hecho nuestro proyecto más inmediato va a ser junto al fotógrafo Baron Wolman, que seguramente va a tener lugar en algún momento durante este año. Wolman fue el primer fotógrafo de la revista Rolling Stone. El único fotógrafo al que se le permitío permanecer en el escenario durante el primer festival de Woodstock. Tiene una increíble colección. Jimi Hendrix, Janis Joplin, Carlos Santana, The Grateful Dead, los Stones…Baron tiene 76 años, y de hecho estuvo aquí para la inauguración de Stones 50. Asimismo recientemente reeditamos The Early Stones (N. de la R.: que presenta una gran parte del trabajo fotográfico que Michael Cooper realizó junto al grupo),y también en Brasil, y estamos pensando en hacer lo mismo con una versión en español del libro de Baron, el de las fotografías para la Rolling Stone, que además acompañaría al lanzamiento de la exhibición. En un futuro también haremos algo con Robert Whitaker, quien hizo excelentes fotos de los Beatles, y también con Albert Watson, un fotógrafo muy famoso del mundo de la moda. No hace falta aclarar que la intención es seguir moviéndose en el mismo plano, el de la fotografía, y no necesariamente de rock and roll. Lo haremos de a uno, de otra forma es demasiado trabajo. Y también queremos formar una plataforma para dejarle en el futuro a nuestra hija Emily, para que ella reciba el mismo legado que yo recibí de Michael.

¿Su padre?
Claro, Michael.

VISIONES DE JOAN – Joan Baez, Teatro Gran Rex, Buenos Aires, Argentina, 6 de marzo de 2014

Estándar

Publicado en Evaristo Cultural en abril de 2014

Converso con un amigo del exterior sobre Visions of Johanna y, casi sin proponérnoslo, retomamos aquel recordado debate sobre si realmente Bob Dylan compuso la canción inspirado en Joan Baez, la inmensa cantautora folk con quien convivió entre 1963 y 1965, y que incluyó en Blonde On Blonde, el magnífico álbum doble que editó al año siguiente. Le sugiero que opto por volcarme a la versión que reza que sí se inspiró en ella, o bien se la dedicó de forma indirecta, pero que de haber sido así la teoría podría ser totalmente desafiada por la cronología de los hechos y tiempos de aquellos años, que dicen que por entonces Dylan ya estaba plenamente enamorado de Sara, la mujer que luego se convertiría en su primera esposa. No me cierra, le digo. Dylan había interpretado la canción por primera vez en diciembre de 1965 en un show en Berkeley, California, al cual Baez había asistido, para luego ésta declarar ante la Prensa que Visions of Johanna le había resultado “una canción sospechosa, que Bob jamás había tocado antes”, por lo que creía que le fue dedicada a ella. Decido ponerle fin al debate comunicándole a mi amigo que la historia seguramente permanecerá sempiternarmente indevelable en el anecdotario de las historias de Dylan inconclusas, y “quién dice alguna vez Joan Baez vuelva a Argentina, y si la situación lo permite, no sería una mala pregunta para formularle en la conferencia de Prensa” con-Dylan Han pasado tres, cuatro semanas desde aquella conversación sin final feliz con mi amigo dylaniano. Por algún motivo que desconozco, vuelvo a pensar en Joan Baez. Esta vez no es el sobre mito de Johanna y sus posibles interpretaciones, simplemente me estoy preguntando por el paradero de la cantante. Mi recuerdo más fresco es el de su participación en un concierto por los derechos civiles en la Casa Blanca en 2010, pero no mucho más. ¿Sabrá acaso algo Obama? Opto por la biblioteca virtual, y en un tris Google me redirecciona al sitio oficial de Joan Chandos Baez. La grilla de su actual gira “Gracias a la Vida” (así, en español original) me indica que estará llegando a Buenos Aires en el mes de marzo para realizar dos presentaciones en la ciudad en el marco de una agenda sudamericana de conciertos que también la llevará a pisar escenarios de Uruguay, Chile y Brasil. No tengo tan claros los datos sobre sus visitas anteriores. Sé que fueron hace mucho, demasiado tiempo atrás como para recordar los años. Yo era apenas un niño en aquel entonces. ¿Recuerdo bien o uno de sus shows debió ser suspendido a la fuerza por la situación política que reinaba en el país? Quizás el fiel compañero Google me pueda dar una mano con mis dudas. El amigo que todo lo encuentra me informa que sí, que en rigor estaba bastante acertado respecto a mis memorias, que allá lejos y hace tiempo, en 1974, hizo explotar el Luna Park con dos shows colmados de público. Era un buen momento para Joan y su cancionero básico de letras de protesta que había logrado su más alto impacto en los años de Vietnam, el mismo que le había valido el título de “máxima figura de la canción de protesta norteamericana”, o cantando junto a Martin Luther King en la recordada Marcha sobre Washington de 1963. La que estuvo varias veces encarcelada por su rechazo a pagar los impuestos que se utilizaban para financiar la guerra en Vietnam. La misma Joan que no puedo llevar adelante los shows planeados en su segunda visita a Argentina en plena dictadura a comienzos de la década del ‘80, pero en una suerte de explosión muy diferente, la de las bombas que fueron detonadas en el hotel de Buenos Aires en el que se alojaba. La noticia de su regreso me despierta las neuronas. Llamo a mi amigo dylanero, para darle la buena noticia. “¡Johanna va a hacer dos conciertos en Buenos Aires en unos días!” “No ¿Otra vez? ¡Esa no es la Johanna de la canción de Dylan!” “OK, bueno…” disco.-in-italyMientras, sigo buscando Live in Italy. Ayer a la noche me enteré que Joan Baez va a estar cantando en poco tiempo en Buenos Aires y necesito poner ese disco. La versión en vinilo estuvo en cada desde tiempos inmemoriales, pero se niega aparecer en mi discoteca. Es un disco bellísimo, el lado A con Joan cantando en Milán en 1967, el lado B grabado en el mismo año durante un show en Viena, Austria. Aquellos años. Es el disco que, a mediados de los 70s, me gustaba escuchar en casa de la abuela cuando volvía de la escuela primaria, o los sábados a la mañana, antes de quedarme a almorzar. El que empezaba con Farewell Angelina (eventualmente la primera canción de Dylan que escuché), el que tenía We Shall Overcome, y también muchas más canciones de su pluma, entre otras gemas. Pero principalmente C’era Un Ragazzo Che Come Me Amava i Beatles e i Rolling Stones, una bella y dulce balada de autoría original italiana, mi canción favorita del disco. Esa a la que volvía una y otra vez. La que contaba la historia del muchacho que amaba a los Beatles y a los Stones, que cantaba “Ticket to Ride, o Lady Jane o Yesterday”, y que debió cambiar las notas de su guitarra por un instrumento que tenía una sola nota y que sonaba TATARRATATATATARRATATA desde que lo mandaron a luchar a Vietnam. La más bella canción de protesta que se podía pedir, y en tono soprano. Y la única letra en italiano que alguna vez me aprendí. Pero el álbum jamás apareció. O bien se lo devoró mis discoteca en estos 25 años o más en que no lo había escuchado. Más que seguramente me lo había pedido prestado algún familiar, que jamás lo había devuelto. Y el que me hubiera gustado haber tenido en mi poder, así, con esa figura recortada de Joan Baez en la tapa, para que me rubrique el día de la conferencia de prensa previa a los shows. libro-.y-una-voz-para-cantar Ahora es el turno de la biblioteca. Tengo un solo libro de Joan Baez y es la versión en español de un libro de memorias bajo el nombre de Y Una Voz Para Cantar (“And A Voice To Sing With”), que tiene un título hermoso, y que adquirí allá lejos y hace tiempo en una librería de usados de la avenida Corrientes. Recuerdo haberlo leído al menos dos veces, pero de esto también hace mucho, y éste sería el momento oportuno para una nueva repasada. De tener tiempo para hacerlo, claro. Falta apenas un día para el primer show en el Gran Rex , ya pasó el mediodía y estoy en un hotel-boutique de Palermo (alguno de ellos, por lo menos) donde en un rato la Baez brindará una conferencia de prensa con motivo de su nueva visita al país, el mismo que manifiestamente la invitó a abandonarlo treinta y pocos años atrás. Joan luce espléndida a sus 73 abriles, el rostro tan inoxidable como su voz. Su cabello está completamente encanecido, pero con la sonrisa inmaculada, tal como si Woodstock hubiera ocurrido ayer. “Es muy emocionante volver a Argentina porque en mi primer viaje fueron momentos terribles para toda Latinoamérica. Fue una época de aprendizaje muy importante para mí, tenía la idea de venir a hacer shows pero terminó siendo otra cosa, con reuniones ocultas y momentos difíciles” Se le pregunta por los artistas que más la han marcado: “Pete Seeger, por el compromiso con los pobres, y por los precios que tuvo que pagar por ese compromiso. Bob Dylan, por el poder de sus letras y canciones. Y Violeta Parra, de quien no hace falta decir nada” conf.prensa1 Ya es jueves, la noche del primero de los dos shows. Las puertas de entrada del Gran Rex lucen desbordadas de público. Me alegra. Sabía que la llegada de Joan al país iba generar expectativas, pero la cantidad de gente que se agolpa las supera con creces. Veo caras conocidas. Amigos, colegas periodistas, músicos y hasta algunas figuras de la televisión a lo largo y ancho de la platea. Que, como yo, se esfuman al apagarse las luces cuando Baez aparece en escena con su guitarra acústica para interpretar God Is God de Steve Earle (“Creo en profecías y en milagros/ Pero Dios es Dios”) De voz intacta, firmemente plantada, resulta imposible no asociar su figura con la de aquella adolescente de 18 años que hizo mella en el Newport Folk Festival de 1969. Baez anuncia irónicamente a Don’t Cry for Me, Argentina como “una de las canciones más políticamente incorrectas, que quiero compartir con ustedes”. Cita a Martin Luther King para hacer Swing Low, Sweet Chariot, (de los Fisk Jubilee Singers), “que cantábamos cuando marchábamos junto a él, en las calles, en las iglesias…”, o algo después a Víctor Jara en Te Recuerdo, Amanda .
afiche-showsO a Chico Buarque (“pronto voy a estar cantando en Brasil, así que cantar esta canción ahora me va a servir como precalentamiento”) en Calice. Correctamente secundada por los músicos Dirk Powell (en guitarra, banjo, mandolina, acordeón y piano) y Gabriel Harris, el hijo fruto de su matrimonio con el líder antibelicista David Harris, en percusión -que progresivamente se irían sumando al escenario para ir conformando un in crescendo tanto en lo musical como, eventualmente, en lo emocional-, el concierto, mayormente rico en versiones, continuaría, entre tantas, con Where Have All the Flowers Gone, de Leonard Cohen, Farewell, Angelina (una de las dos canciones de Dylan que interpretaría esa noche), Imagine, de John Lennon, The Boxer (de Simon & Garfunkel) o, claro, Gracias a la vida, que le dio nombre a su actual gira. Tampoco faltó Diamonds and Rust, título del disco del mismo nombre de 1975, y que, curiosamente, cierta vez hasta logró una potente versión (nunca mejor dicho) de manos de los emblemáticos metaleros de Judas Priest. show-foto.prensa1 El rumor que comenzó a gestarse desde la conferencia de prensa previa al show, cuando le preguntaron por algún músico local con el que le gustaría tocar, se tornó un hecho con la repentina presencia de León Gieco (“un buen amigo argentino”) para interpretar juntos Como la cigarra, mientras evocaba a Mercedes Sosa, y Sólo le pido a Dios, para entonces volver a convocarlo una vez más para Here’s To You, que Baez registrara inicialmente en 1971 como tributo a los mártires anarquistas Sacco y Vanzetti, y Blowin’ in the Wind, con la cual su autor Bob Dylan cerraría sus propios shows en el mismo escenario del Gran Rex en abril de 2012. show-foto.prensa3El cierre fue a solas y a capella con el himno No nos moverán, ante una audiencia completamente de pie, y bien lejos de los ciclos de los gobiernos militares que, ya agotados, supieron azotar a América Latina, en aquella ocasión en que a Joan le resultó imposible demostrarnos eso de “una voz para cantar”.

Fotos: PH Sombra para AGW Prensa/ Marcelo Sonaglioni Agradecimientos: Alejandra Waisblat (AGW Prensa)

INTERVIEW: Andrew Loog Oldham. (Almost) Like a Rolling Stone

Estándar

It’s no surprise at all arriving to Andrew Loog Oldham’s hotel room and find him on the phone. He’s lying in bed while he talks, and is sporting shorts and sandals. Being stuck to a phone must have been one of the most common tasks in his last fifty years, eventually since he began to be part of the British showbiz scene. After all, this is the man who, despite his informality, is the only one to hold the title of having been the Rolling Stones’ original manager and producer during the first four years of the band, mostly the essential ones. Which doesn’t sound bad at all, does it? And additionally one of the main iconic British record producers in both Pop and Rock history, let alone his role as impresario and, at least for the last 10 years or so, his own biographer, and incorrigible writer. Oldham is talking to his wife in Colombia, where he moved to about 30 years ago. Then one cannot help but wonder how come it is that, being Colombia a Spanish-speaking country, his isn’t as good as expected, and deliberately choosing to speak Spanglish instead, an informal way to describe the unofficial mix of both English and Spanish. “Well, I do eventually speak some Spanish, but anyway let’s do the interview in English” Sure Andrew, English then. And it’s going to be a long one. We’ll talk, discuss and argue for over two hours, and we’ll even lose track of what we were saying many times. In the meantime, there are at least half a dozen of flasks containing vitamin and herbal pills on one of the tables at Oldham’s hotel room (“I gotta take care of my liver, it’s something that comes from my grandfather”) There also different blends of British tea that he proudly got in Buenos Aires, and a large-sized plastic bag full of dry nuts, almonds and hazelnuts, which we’ll enjoy throughout the interview. Tea and sympathy from a true British man, how could you ever say ‘no’ to that? Next thing Andrew is complaining about the cost of the taxis in the city. I tell him not to worry, that they’re very much in keeping with any price at the supermarket. Oldham talks. A lot, almost non-stop. And so do I. We’ll interrupt each other quite often during the conversation. At 69, and with a brilliant memory, he is an unquestionable storyteller backed-up by an unlimited arsenal rich in personal experiences and juicy anecdotes which, after all, are the leitmotivs throughout his vast course, even when he’s now a bit in a hurry, too concerned about starting packing up all the things he bought during his stay in Buenos Aires (“It will take me a full day, I always buy things, I collect them”) He’s once again in town, this time to participate in a business conference for which he was hired by a local firm. But Oldham takes some advantage of it to spend a few more days in Buenos Aires, a city that, in his own words, “fascinates me”. I must confess, along the interview I had to stop myself from my original plan to ask him mostly questions exclusively related to his years with the Rolling Stones. That in the end were less than five, but truly the Stones’ embryonic ones. Oldham was there, almost right from minute one, nearly in every recording or photo session, TV appearance or concert of the band. Since the Stones were just another unknown underground act in London, to their virtual explosion into stardom, which he was an essential part of. But that wouldn’t happen, so far this time. He instead wanders around his endless labyrinth of stories, which is still a fantastic ride. But promises to do so in a future interview. So shall justice be done…

You were born in the 40’s but you’re considered a man of the 60’s, as eventually you started developing your career from the 60’s onwards. What was actually the very thing that took you to become interested in show business? I know you were always interested in the so-called “pop culture” in general. But was there anything else in particular?
When I was about 9 or 10, and I couldn’t go on the underground train, I couldn’t go by myself, I’d go with my mother. We lived in Hampstead, London. There was a part of me that was frightened of the underground because of the trains, the noise, the wind. The danger. But also because in the first year and a half of my life, even though I didn’t really realize it, every time the Germans came to bomb, you know we were always taken down into the underground when the sirens went. I don’t really remember it. Some people who are a little older than me remember it very well. As a distraction for me in that, the war experience…Have you ever been to London? And did you see the underground?

Yeah, last year, and I sure got on the underground many times.
OK, I think the underground is terrifying. You know, the tracks, the danger.

Well, I’d say, it’s so narrow. Maybe that’s the reason why they call it “the tube”
OK, you have a point, it’s true. I think you’re probably right, it could be that. OK I haven’t thought about that. It’s amazing how people arrive in the place that you were born and they locate the obvious. Anyway, I was attracted to film posters, because generally music wasn’t advertised. The film posters were in the underground, on the way down, so it was a distraction, it was a fascination, and I was immediately drawn to this wonderful escape, in particular the American films, and then on the second level I was attracted more to the words “produced by”, “presented”, “directed by”, because I already knew that I wouldn’t be John Wayne, that I would not be…

Joan Crawford…
That I wouldn’t be Joan Crawford! But Mick Jagger would…I knew I’m not gonna be James Cagney, or Tony Curtis. And also at that time, the Americans have gone home, and so in many ways they were perfect, because we only saw Americans as young people on the screen, where they had perfect dialogues, perfect lighting, and great exits. 3

Maybe you got the impression they were even more perfect because of the things you were going through at the time in England, as everything looked so gray and dark…And then those colour posters in the tube that eventually called your attention.
True! Exactly! You know England had won the war, but you wouldn’t know it, you wouldn’t notice it. The American money had gone to Germany.

I know your father died in the war. How old were you at the time?
I wasn’t born. I was conceived nine months before January of 1944, and he was killed in June of 1943.

So while your mother was pregnant with you, your father was away…
He was trying to bomb Germany! He was an American pilot. Interestingly he had a family home in America, and at the same time his wife was pregnant, in Texas. So I have a half-sister. I’ve never met her.

So your father wasn’t basically your mother’s husband…
No, it was one of those wonderful things, you know. His name was Andrew Loog. The second name was Loog. My mother’s last name was Oldham, but her mother had changed it from the original one, because they came from Poland and Lithuania.  So there were two women pregnant by the same man, and the one in Texas, Mrs. Loog… (The conversation is interrupted again by a phone that rings. First it was Andrew’s son Max, who lives in Brooklyn. Now it’s a friend who’s calling)

OK now?
Phones. Still better than cell phones. Cell phones are terrible. I don’t travel with a cell phone.

Welcome aboard! You know, I never had a cell phone. I hate them. I hate them too. So why you don’t like them? Is it because you’re reachable all the time?
I don’t live my life like that. I don’t wanna be reachable. I like the idea of coming into my hotel at 6 in the evening and say “were there any calls for me?”

One should remain in the past some way. You have the internet, this and that…
I want to, I want to! When I had lunch today, I was sitting there in a table all by myself. I just study people, and the amount of couples that spend lunch on the telephones! I don’t get it. If it’s good for them, fine. It’s not good for me.

Plus you can get robbed for it, you know. How is it in Colombia?
There’s a place where I go to hike, in Bogota. And there were always robberies in this mountain where people walk up. There were always gangs of young boys, they were probably 14 or 15. Once there was an old man carrying his cell phone, and one of them said to him “listen, you see this gun, it’s already killed seven people, eight won’t make any fuckin’ difference” People ask me “is Columbia still as dangerous as it was?” Probably, but so is the rest of the world. I mean, Manchester or Liverpool, they’re just dangerous. Because of drink, basically. And drugs.

So let’s go back to your mum…
So the wife of Liutenant Loog is also pregnant when his plane is shot down by the Germans and she, this woman in Texas, looks down at her pregnant stomach and she says (and this could only happen in Texas) “whether you’re a boy or a girl, you’re gonna be called Andrew Loog” So the real name of my half-sister is Andrew Loog! And I’m Andrew Loog Oldham! When I published Stoned I wanted to be polite and not necessarily say things that could hurt people, well, some people, and I got this sort of internet private detective that Stephen King uses…

Stephen King, the writer?
Yes, his friend was a friend of mine. So, the detective guy, he didn’t find her. This is in the year 2000. We’ve been to the Air Force records in Waco, Texas, and they said that I had three brothers. I don’t. I hired him to track her down, to find if I had any living family in Texas or Louisiana.
5

But you keep in touch with them, although you never visited or met them…
I found other relatives in England because of the publishing of the book, and this is amusing. When I was at the age of 10, that was the first time I was worried about losing my hair. I wanted to see a picture of my father, I just wanted to see what hair he had. My mother had a brother, and I said to her “do you have any pictures of him” “Only with his navy hat”, she said. “But what happened to him?” This is like 1955, I’m 10. She said “well you know, before the war we weren’t really friends, so when the war finished I didn’t see the point of finding out if he was alive or dead” That’s fuckin’ cold, fuckin’ incredible! She was very well-connected, and the American air force had written to her and told her that he had died. So alright, she has a brother or she doesn’t have a brother, either if he got killed in the war, or whatever. Now, cut to the year 2000, the book comes out and about ten months later the publisher, Random House, sends me a letter that arrives in Colombia, and it’s from Michael or something, all right, somebody “Oldham” in the West coast of England, where they made “Straw Dogs”, Sam Peckinpah’s movie. The letter says “we have no idea if our father’s sister is still alive, but we realized that you were part of the family, so we went and bought the book. We wanted to give it to our father, your uncle, for Father’s Day as a present, but unfortunately a week before he had a heart attack. He went into hospital and died!”

You should have never published that book then, maybe he would still be alive!
He might have died a week earlier…

The dark forces of universe…
All of that! All of that! See, my mother’s family went from Poland to Australia. Ironically their grandfather died in Sydney at the age of 42 of liver disease. When they got to England in 1920, it seems they were orphans, and they went to different foster homes. And they said that my mother resented the fact that his brother went to better homes. So she never spoke to him again. This story is so fuckin’ Agatha Christie! So that was that.

So no blood brothers…
No, thank God.

So this story has never been published before. Maybe you referred to it in your book but not with all the details…
If you look at all my books, they’re in there. Probably the stories about my uncle.

Your books are great and you have a very personal way of writing, I enjoyed reading the three first ones very much (Stoned2Stoned and Rolling Stoned) But what happened to Stone Free?
You know the way people think that all the eBooks and Kindle is the future, you know it’s not… 
4
I hate them!
I hate them too! But I’m afraid that’s the way it goes. People think that Mac and Apple are only 6 or 8 per cent of the business, but everybody in our business uses them, so we think the whole world uses them. They don’t. When I’m in Colombia, if a technician had to repair my Mac, they don’t know how to do it. Anyway, when the book came out as an eBook, I thought that was the future. I mean, I’m not going with an ordinary publisher, because an ordinary publisher is Harry Potter against everybody. So I gave it to this publisher, and my publicity man in England said to me “Andrew, if I don’t have a print, I can’t get reviews” So they printed them but, and here’s the disadvantage of being with an independent house. If they wanna send the book to England, they’re gonna pay the postage, and suddenly the book that was 20 dollars is suddenly 35 dollars. You cannot expect people to pay so much for a book. So I said to the publisher “OK listen, we tried, we all did our very best but is not working, so let’s finish the deal” Only a few were published, just enough for the reviews. They’re maybe available in independent bookstores in Los Angeles. Let me make us a cup of tea…

Sure, no problem.
You must stop using the words “no problem”

Why? Is it too American?
Yeah. It doesn’t mean anything. Just say “thank you” or, “not for me”!

You know last year I did my first trip to England ever, and I was a bit uncertain about my English, because it sounds rather American. I guess that’s because of the music, the movies, and all that. I mean, even British singers sound American when they sing…
When they sing, not when they speak. But the English, whether or not they have great voices, apart from, say, Joe Cocker, basically they’re acting.

All right now, have you heard the news that Monty Python is back again?
I’ve never liked Monty Python.

Sounds strange for an English person.
No, just a different generation. I like Lenny Bruce, Ernie Kovacs.

So, back to the beginning, now I know what made you become interested in show business. But your first important job was working for Mary Quant as her assistant. Actually her office boy. She put the miniskirt on the high street. The high street. This is very English, it’s strange. It’s the same with, uh, let’s see, if you go to public school, you’d think that would mean it’s for the public. It’s not, it’s for people who pay. Public schools are actually private schools. And it’s the same about high street. A wealthy area doesn’t usually have a high street, but a middle-class area does. One of the biggest stars of the 60s basically was the birth pill. So we did that and was mostly aimed at the working women. If you slept with somebody suddenly it didn’t necessarily mean that you had a baby, and you settled down, and your husband went to work. It was the beginning of both of you could work, right? So Mary did the mini-skirts and that was mostly aimed at the new young working woman. Actually, in music business we would say ‘copying’, but in fashion let’s say she was very influenced by the look of Coco Chanel. So it was basically the same. She never told me that, but if you look at them, they were very similar. Nothing is casual. So yeah, that was my first job.

So that wasn’t any original after all…
See, in England, before the Beatles, I wouldn’t say interesting, but we had a very uncreative life. Cliff Richard, Billy Fury, Marty Wilde, all those people. There was no chance at all that any of those people would have success in other countries. There were occasional freaks like Acker Bill, the Tornadoes with “Telstar”, and a couple of other things. But we copied American pop. But in a way that was unacceptable for America. Thy didn’t need Cliff Richard. They didn’t need Marty Wilde. Until the Beatles there was gonna be no America, simple as that. At the time we had Cliff Richard, Billy Fury, Marty Wilde and that British pop movement from ’58 to ’62. Basically, till the first Beatles’ single, fashion was the pop business. Between Mary Quant, Vidal Sassoon and John Stephen, the man who basically opened Carnaby Street, you know, with these shops and all that, that was the pop business, and it was also a British invention that was exported. You know Vidal Sassoon had a saloon in Hollywood, David Bailey took pictures that were in Vogue magazine…So England had an image in other countries but it wasn’t music.

So pop was directly related to fashion way before music…And by the way how would you define ‘pop’?
Exactly, it was. ‘Pop’ means volume, I mean, volume of sales. It’s like thinking of what’s the difference between a band and a group. You know, Herman’s Hermits were a group, they were never a band. By the way, I saw Peter Noone in Vancouver just a month ago. He was great. There are two versions. In England there’s the Hermits, without Peter Noone, and in America there’s Peter Noone with the Herman’s Hermits, but they’re not the Hermits.

But there was only one in the 60’s…
Yes they were the same people, but then Peter Noone went to America, and the band stayed in England. And they still play, but without Peter Noone.

So basically all the people from your generation – musicians, producers, the music industry  are alive and well…
Oh they are! I mean, rap and hip-hop, they have nothing to do with this, there’s no way. And people who are doing popular music now don’t write songs. One day in Vancouver I bumped into David Crosby on the street, and the first thing I thought was “Oh God I hope he hasn’t read my second book”, because there’s a lot of stuff in it about acid and him. I mean, somebody that old, if he’s an artist, they only have time for themselves. They’re being David Crosby, as it should be, 24 hours a day. In the conversation that we had he said “hey listen man, it’s really great, if you’re over 50, and you can stand up, and you can remember the words, there’s work for everybody”
6
So how about your next jump, from fashion to music. How did it happen?
I was never a fashion designer. I don’t know why, I just started doing publicity, and I did people like Little Richard and Sam Cooke. That was incredible, right? Then in the first couple of months of 1963, I was a press agent representing both the Beatles, and Bob Dylan.

And then you publicized Dylan on his first visit to England, I’d consider that a major step…
He was doing the background music for a BBC play. I found out where he was staying, and when I knocked on the door at the hotel, he was there with Albert Grossman, and whatever these two were talking about, I don’t remember what it was. But whatever it was I wanted that. I wanted this conspiracy, this marriage. This is intoxicating. I didn’t say to myself “oh I want to be a manager”, it wasn’t that simple. But whatever it was, I wanted it, I loved it. I wanted to be around this.

And I guess that must have been fun, and good times, and…
It’s only 20 minutes. That’s all it takes.

But Dylan was already big in England, wasn’t he? He was in the magazines, and in the news…
He wasn’t big at all. And he wasn’t big in America either. What happened was, this BBC director had gone on holiday to New York in the beginning of the winter of 1962. And he liked jazz and all that stuff, and he was down in the Greenwich Village, and one of the clubs he went to he saw Bob Dylan. In September or October of 1962 Dylan only had one record out. So this man went to his bosses and said “look we’re doing this play about beatniks” I think it was a Jack London thing, I’m not sure. “So can we bring him over?, it’s only one guy” And they brought him in. I probably got him in the Melody Maker and a couple of other newspapers. They gave me fifteen pounds. I couldn’t get very good publicity for it because nobody wanted to fuckin’ write about him.

So they weren’t interested in a guy singing his folk songs all alone with a guitar…
Only the Melody Maker, but the others ‘pop’ papers didn’t, because the Melody Maker was into jazz, folk, and stuff. So I did that in January, February and March, and then on April 28, that’s when I went to see the Rolling Stones. So basically in the first four months of 1963 I represented the Beatles, the Rolling Stones and Bob Dylan. That was pretty good.

So you represented the three biggest acts at the same time…
Yes, but I didn’t think about it until five years ago. I had them all. I know why I realized it because I was thinking of it at somebody’s funeral. I had realized it before but I realized again at the end of last year because a guy called Chris Stamp died. He was the co-manager of The Who. And I was speaking at his funeral.

You gave a speech…
Well I wouldn’t say a speech, it’s meant to be with a little more humility. You’re supposed to be saying a few words in front of the people. And one of them was Roger Daltrey. Pete Townshend didn’t come because, as Roger said, “Peter’s probably trying to sell a few books” I knew what I was gonna say, but then I made it up. And I said “the great bands…”, and you cannot say this at a funeral, if you say this as a speech somebody’s gonna say “who the fuck does he think he is?”, right? Because it was a private audience. I said “the great bands have great managers” Brian Epstein, for instance, was the perfect manager.

You think so…
Oh yes! He used to be criticized, that he didn’t understand business. Fuck you! He was the perfect manager. So at the funeral I said “you know the Beatles, Brian Epstein was perfect. The Rolling Stones, I was perfect. And with the Who, Chris Stamp, who we are honouring today, and Kit Lambert, who died earlier, they were perfect for the Who. Just nobody else. You wanna talk to me about the Kinks?” And everybody started laughing, because they had terrible fuckin’ managers, they had a terrible fuckin’ record company.

Do you think that’s the reason why they haven’t gotten bigger than they actually were?
Yeah., I think you get what you deserve. The managers were amateurs. One of them was a real estate guy. The other, Robert Wace, I don’t know what he did then, but how he got the job with the Kinks is, he was one of the upper class people. He hired this band (they had a different name then, the Ravens) to play while he sang to all of these girls of the same class at a party. And he was singing Gerry and the Pacemakers songs, and they were backing him and he kinda looked around and went “they’re quite good, I’ll manage them” Anyway bands with two brothers are always fuckin’ trouble. Always. Don and Phil, the Everly Brothers, up to Oasis.

I guess you heard about this rumour that said the Kinks could get together again… T
That’s never gonna happen. Ray Davies says that every time he’s doing a solo tour because he thinks he might sell a few more tickets.

At the time you started working with the Stones they were informally represented by Giorgio Gomelsky, but then you took over with Eric Easton and Impact Sound. So how did that happen?
See, there was a journalist called Peter Jones who worked for the Record Mirror, he said to me “you know, there’s this group, we’re going to write about them, and this young writer who works for us, his name is Norman Jopling, he thinks they’re very good and blah blah blah. Maybe you should go and see them, Andrew” Actually I was quite happy doing publicity, and I had to go see them on a Sunday. They were playing this club, the Station Hotel, in a room at the back of the Station Hotel, in Richmond. Giorgio Gomelsky hired the room and presented this “Rhythm and Blues Night” So I thought, “I don’t really wanna go” because, living in Hampstead I thought that I would have to get the tube train into the middle of London, and then out again to Richmond. And that on a Sunday was going to take two fuckin’ hours. And Sundays, I used to spend them with my mother. She cooked, she ironed my shirts. I mean, a Sunday home. And we all sat at 8 o’clock and we watched  the equivalent of the Ed Sullivan Show, which was Sunday Night at the London Palladium. But then my girlfriend at the time, who later became my first wife, said “Andrew, you know, there are trains that go overground, instead of underground, and they go from Hampstead, Finchley Road” So I could go straight. In a way I was disappointed, I actually didn’t want to go but the I thought, if I don’t go, when I go see Peter Jones on Tuesday, that wouldn’t be any good, as I was trying to sell him stories. At the time I didn’t care about Rhythm and Blues, I really wasn’t really interested, you know, and I had never heard about the Rolling Stones. So I went. I get off the train in Richmond and then, to get to the back of the Station Hotel, I don’t think you could go into the hotel and walk to the back. You had to get to the back, and there was an alley, and I’m walking down the alley, and there’s this couple having a fight, or an argument. And they were very attractive. And they looked like each other, which makes it more attractive. And I go in, and when the Rolling Stones come onstage I realized that the boy in that couple was Mick Jagger, and he was with Chrissie Shrimpton. Years later I realized that it was one the longest fuckin’ walks in my life, from the Richmond station over to the back door. Ten years ago, I went there, and it’s only from here to there!
11
So how did you talk Dick Rowe into signing the Stones?
Simple, because he turned down the Beatles, he said no to them. Decca then would have signed anything. They would have signed Davy Crockett, or a ventriloquist dummy. 

It’s well-known you started encouraging Mick and Keith to write songs, that’s a fact. But what about the kitchen story? True or not? Nobody better than you to confirm or deny it…
Well that story is true, but it’s like when the accordion is in, that’s the story. But when you open up the accordion, the real story is that it took more than a few days. And the reality is that I said to them “for all the different reasons you have to write. I’m gonna take my laundry to my mother’s and when I come back, you’ve gotta have started something” That was in their place at 33 Mapesbury Road. And they did. They thought it was a joke. I think it’s Keith that said something like “what’s he’s talking about?” My attitude was “you play the guitar, therefore you can write a song” You know, “you’ve got all the ammunition”

At the same time you discovered Marianne Faithfull. That’s when she recorded “As Tears Go By”. What about that famous anecdote, when you described her as “an angel with big tits”?
I’ve never said that. Never. I don’t speak about anybody like that. Philip Norman put it in his book, but I don’t know where he got it from. I did not say it. I would never speak like that about somebody who I represented. Image

What about artists in general?
90 per cent of the time they’re selling something, and only 10 per cent is doing the work. For example, and this has nothing to do with his book, but over the years, save for the last 20 years, I would read Keith Richards interviews and I’d say to myself “hasn’t he got anything else to say? He keeps repeating the same fuckin’ stuff” It’s like a fuckin’ monkey on a wheel, right? Then, when I had to promote Charlie is My Darling in America two years ago, I didn’t fuckin’ believe it. I mean, I hadn’t done any promotion in America particularly, not intensely like we were promoting Charlie is My Darling. I had to go to two interviews, one at MTV and one at CBS. I had to go through this thing where, somebody rehearsing for the interview wanted to know what my answers would be. Before I was on TV, or before the interview! So it goes like this, they ask me a question like “when you first saw the Rolling Stones?” “Well” (he gets sarcastic), “this wonderful wave came over me, I just knew suddenly what my destiny was…” (laughs) The producer, or the interviewer, or the assistant, wanting to know what my answers are gonna be to their questions!

Was it also like that in the 60’s?
Oh no, this is now. Now we are in the era of…How many times did you see people being interviewed on TV go “now that’s an interesting question!” Then when you go live on TV, and they know what your answers would be because of that policy, there’s nothing for you to answer! They (the interviewers) wanna be the stars. They wanna be the celebrities and they wanna have all the information. When Keith does the interviews, in this new generation of doing interviews, all that exists in the end is the sound byte. And it gets worse. There’s a woman producer there, and then it’s as I’m not there! She says “ask him some more dangerous questions, you haven’t said anything good yet” And the result is Justin Bieber and Miley Cyrus. Justin Bieber, it’s great. Miley Cyrus is great. The other one, Taylor Swift, she used to be great. Then she fuckin’ turned into Bette Davis.

9
What about records today?
To me it’s very difficult these days to make a record that has any sex in it, that turns corners in a human way in a world that is pure technology. Technology has a condom on it. It doesn’t matter if you make the records now with tape, it’s still gonna be destroyed by the technology.

And it’s the same with today’s artists?
Well, I don’t like Miley Cyrus smoking marijuana in public. We took drugs incrementally. We started out with pot, then we went to speed, then we went to this or that, and we looked at the medical books to know what we were doing. I don’t do drugs now, but I used to think that marijuana was OK for people who aren’t addicts or alcoholics, but it’s not the marijuana we know from the 60’s. It’s a chemical. And that’s different. Food is also full of chemicals. Bread is not bread. Or chicken. Or fish.

Keith Richards says he got into heroin because he felt he was too shy to face fame. I never thought of him as a womanizer or a real hellraiser.
Yes, I believe it. It’s the same when Paul McCartney talks about John Lennon and says “Brian Epstein liked me too” I mean, who cares? Keith likes having the reputation as a womanizer. I don’t remember that. He may have been it. If he was, he was very quiet about it. My first wife fixed him up with his first girlfriend, Linda Keith, because he had to go out with somebody! And Linda was going out with Jimi Hendrix at the same time! She just wanted to improve her status of Keith’s woman at the time. She was a clever woman. And when she took me to see Jimi Hendrix in New York (he was working for James Brown and they already did a great version of ‘Satisfaction’), after she asked me to take her out for dinner, we went to see him and Hendrix was so fuckin’ stoned. Either he didn’t play that night, or he did play and I was too confused. She was sleeping with Keith, and I was managing Keith at the time, and so I asked myself what the fuck I was doing there. If Jimi Hendrix played, I didn’t pay attention. So afterwards I go back to the hotel, it was like 2 o’clock in the morning, and there was a message from my wife in England that read “Linda called me and said that you had asked her out, what are you doing taking Linda Keith out?” Women in music, you know. If you look at the process of writing, it’s basically two guys that live together, and they write great songs. Whether it’s in a room, backstage, in a van. Most of their lives, they can’t afford girlfriends. Then they get girlfriends and they go to separate apartments. It doesn’t matter if it’s John Lennon and Paul McCartney, it doesn’t matter if it’s Mick and Keith, or Steve Marriott and Ronnie Lane. Then they make appointments to get it right with each other, and hopefully with their fuckin’ girlfriends out.

And that’s no good for a band. Like the Brian, Anita and Keith thing, right?
When Allen Klein started being the business manager, we were doing a tour, and I never wanted their girls on the road. Never wanted them in the studio, or on the road. He flew them in. There’s distraction because a man would behave differently in front of his woman, it’s obvious, as simple as that. Allen Klein flew them in. So that’s how it goes with bands and girlfriends. Then the next thing that happens, they get famous, and they’re busy, and what happens is one of them pretty much writes a whole song, and takes it to the other one, and maybe the other one says “you could do the bridge better” or “how about this to end it?” Then eventually there’s no contribution. One writes a song, and it’s pretty much finished. Steve Marriott of the Small Faces once said to me “Ronnie doesn’t fuckin’ do anything”, or the other way round. I said “does he still tell you when the song is ready? When it’s finished? When to stop? If he does then he’s still worth 50 per cent!”

8Was it also like that with Humble Pie after the Small Faces?
It was different, and very strange. Steve Marriott demanded that you loved him and him only.

Back to the Stones, do you get on with them nowadays, are you in contact with any of them?
I vaguely stay in touch with Keith through his manager. He sends me faxes. I once was with him at this Rock and Roll Hall of fame thing in a place in New York in the 80’s and I saw Billy Joel was there too. So I told Keith “see, there’s Billy Joel, I’d really want to talk to him” And Keith says “what do you wanna talk to him for?” I said “he writes by himself, I wanna ask him how he does it” So we go over and Billy Joel doesn’t understand what the fuck I’m talking about. “How do you do it, Billy? How do you know when to stop? How do you know which wall to bounce off of? What is your feedback if there isn’t someone else with you?” Well because he does it, my questions weren’t making sense to him. And Keith says “Andrew, he doesn’t fuckin’ understand what you’re talking about, let’s fuckin’ leave him alone” I mean, my questions weren’t logical to Billy Joel because he had never dealt with I was talking about, which was about two people writing.

A case for that would be the Elton John-Bernie Taupin songwriting team…
I wish he had stopped! (laughs) It was so fuckin’ boring! I mean, the last four records I listened to, I listen to all of Paul McCartney, all of David Bowie, I listened to two of Elton John, and I listen to all of Carlos Vives. I would never play those records again. I played them once, their new records. Bowie’s single was like a very attractive shop window, and then when you go into this shop, the shop’s empty. And Paul McCartney, onstage and in life he’s the greatest fuckin’ entertainer, and he’s incredible. In the last two years, and in a very polite way, he killed John Lennon. Fine. He finally did. John Lennon in death cannot compete with the life force of Paul McCartney. When Paul McCartney’s new album came out, most people went “it’s fuckin’ terrible!” Then I don’t know what happened. A couple of people who write in America who are regarded as important, like Bob Leftsez, they would change their mind, they suddenly went “oh it’s a great record!” So I get to my place in the jungle, and play it, and I say “he’s got to be kidding!” Four producers and all. I’m not criticizing him. I understand that him, or Elton John, have to go into the studio and make a record. Because when we were 20 or 25, there was a passion. Now, they’re 70, and it’s a disease, basically. So the problem is, when these people make records, they may feel young making them, but when we listen them we feel old. It makes me feel fuckin’ old, I don’t wanna listen to it. Now his show is fuckin’ great, but we don’t need the record. Ironically, there was a record about five years ago, Neil Diamond recorded with Rick Rubin. I thought “oh this should be good”, I bought it. Now he didn’t do with Neil Diamond what he did with Johnny Cash but then again Johnny Cash was dying, so it’s different. Makes the relationship and the result different. But what happens after you listen to it, you don’t remember any of the songs that are on the record, but you start remembering the old Neil Diamond songs. And it’s the same with Paul McCartney’s “New” album. When I was listening to it, the next two days I started to sing Wings songs. And it’s the same with Brian Wilson’s Gershwin record. There’s only one track that sounds like “Pet Sounds”, and that was in the commercial. The rest is fuckin’ crap. It sounds like Alvin and the Chipmunks, it’s terrible. Old people make old music, that’s it.

And how was it when you formed Inmediate Records?
Very simple. I liked the idea of an independent record company, I was copying Phil Spector, Red Bird, Leiber & Stoller, Liberty Records, Specialty Records, but also I was getting stoned. And I didn’t want to go on with Decca anymore. Because everything they said, as I was stoned, I thought it was funny. So I formed my own record company.

Well it didn’t work bad…
It worked great, as long as I had the money to pay for it.

12
Your last book, Stone Free, was dedicated to Brian Epstein.
Sure, it’s a book about managers. Because he was the first. Very often I’m into situations like ”you have in your mind Brian Epstein was not a good manager?” If Brian Epstein hadn’t persevered and got his boys a recording contract, we wouldn’t be here now. Simple as that, he opened the door. Because, look at the insults they were throwing at him in the beginning. There were two things going against him that were very bad in England in 1961 or 1962. That he was Jewish and that he was Gay. Tough, very tough. Both were nearly against the law! (laughs)

The only insult left would have been that he was black…
Right, very good.  Paul McCartney did too. He was on this TV program once, and his father had told him Jews were clever people so he should sign with Brian. But the point is, after Decca, he got them EMI . Let’s remember that one of the reasons was because his family record shop sold a lot of records a week. But they still fuckin’ insulted him by putting him on Parlophone, because Parlophone was a comedy label. George Martin was a comedy producer. He produced the people that were the Monty Pythons of the 50’s and 60’s. The Goons, with Peter Sellers and Spike Milligan. He produced a British comedian called Charlie Drake, who covered “Splish Splash” and had a hit with it. He produced the no. 1 record of 1959, which was Peter Sellers and Sophia Loren with “Goodness Gracious Me” So fuckin’ silly. It was an accident hat George Martin could turn out to be the perfect person for them. I tell you, George Martin didn’t go to the first two sessions. His assistant did “Love Me Do” and “Please, Please Me”, and during “Please, Please Me” the assistant picked up the telephone, called George Martin and said “George I think you should come down here, they’re good” So the consolation prize for the assistant is that they made him and A&R man. His name was Ron Richards, and he went on to produce the Hollies. Look at what happened in America. Capitol Records, which was EMI, didn’t want to release the Beatles. And so, without Brian Epstein haven’t kept going, I wouldn’t be here now, I wouldn’t be on the radio for twenty hours a week, and that’s life.
10
This isn’t your first visit to Argentina. The first time was in the early 90’s when you were hired to produce the Ratones Paranoicos, and then you mixed an album by Charly García.

I was not up too much as regards work in the early 90’s. I had tried to work with a couple of Colombian acts, but for various reasons the results were not satisfactory. Well, to start with, I perhaps should not have been attempting to work with acts whose inspiration was based in the 80’s….Soft Cell, The Human League. I mean , I liked some, actually a lot of records from that time, but I probably had no business trying to produce it. I was not that kind of producer. Interestingly I was in a taxi yesterday here in B.A. and Hall & Oates’ “Out of Touch” came on the radio. I just loved that record at the time and yesterday I realized one of the reasons why. There are at least two or three Motown songs stitched and threaded into the Hall & Oates’ song. “It’s the Same Old Song” by The Four Tops is just one. Anyway so I am in Los Angeles in the early 90’s, hanging in Malibu where my wife Esther, our son Max and I found our first dog which was headed for the dog pound until we stuck her in a hatbox with half a valium and shipped her back to Colombia where she stayed with us for nearly a dozen years. First dog in our tribe. Then I got a message in Malibu, a guy called Cachorro López was trying to get hold of me. We spoke, he was calling on behalf of the Ratones; they wanted me to produce their first recording for Sony. So I came down to Buenos Aires for the first time. It was love at first sight. With the Ratones Paranoicos, with Buenos Aires, with the spirit of Argentina. The Ratones and Argentina gave me life, and I gave them hits. It was a good exchange. Their music was much more natural to me than the stuff of the 80’s and we made some great music together. The Rolling Stones, Humble Pie and the Ratones Paranoicos, the top three musical experiences with bands in my life.

I heard you’ve just been inducted for the Rock and Roll Hall of Fame this year. I believe that’s nothing but great news, isn’t it?
It certainly is news, unexpected. Of course it is an honor to be inducted with Brian Epstein, for all the obvious reasons, as in when he unlocked the door for his lads, the Beatles, we all became his lads in some strange way. On the other hand I feel as if someone else is being inducted, perhaps a different but parallel version of how Yusuf Islam feels about Cat Stevens getting the same nod. I made my home in Latin America in 1975, I have nothing really to do with England. I was watching the queen’s 50th celebrations a while ago, filmed at Buckingham Palace in 2002. Amazing how just a dozen years later it all looked so felliniesque and grotesque. I was brought up to think that the honor was in the work accomplished, what I accomplished, what I suppose I am being acknowledged for not before almost feels like it happened in another life.

Last question. You’ve always used this very special kind of twisted and kind of mixed-up language in the liner notes of the Stones’ albums, or in your books. Was it done somehow on purpose?
See, when I write a book is like making a record. First I have to entertain myself.

Image  

ENTREVISTA: ANDREW LOOG OLDHAM (Casi) Como un Rolling Stone

Estándar

 Publicado en Evaristo Cultural el 2 de enero de 2014

No debería resultar para nada extraño ingresar a la habitación de hotel de Andrew Loog Oldham y descubrirlo tendido en la cama hablando al teléfono. Al fin y al cabo es una de las actividades más comunes en sus últimos cincuenta años, más precisamente desde que se inició en el mundo del show business británico, y derivados. Pero el caballero inglés ahora luce shorts y sandalias. No hay motivo para alarmarse, aunque sí es toda una sorpresa que le esté comentando a su interlocutor sobre cuánto disfrutó de algunas películas argentinas que estuvo viendo durante su estadía en Buenos Aires. “Oh sí, Ricardou Darín, es fantástic, me encantó ‘El secretou de sus ojes’…” (sic) Es cuando uno se pregunta sobre la pequeñez del mundo en que vive, la globalización, y todo eso. Después de todo éste es el hombre que, desafiando a su informalidad, ostenta el título de haber sido el mánager y productor original de los Rolling Stones durante los cuatro primeros años de la banda. En rigor, los esenciales. Lo cual no es poca cosa. Y además uno de los productores discográficos anglo más emblemáticos de la historia del rock y el pop, junto a su rol paralelo de empresario y asimismo, desde hace más de una década, su propio biógrafo, y escritor incorregible. “Y la otra, ‘Cuentou chinou’, tembién es muy buena. Sí, sí, las compré, cariñou” (sic) Oldham está comunicándose con su esposa en Colombia, país que adoptó como residencia hace ya casi una treintena de años. Y entonces es justamente ahí cuando uno se cuestiona cómo es que, después de tanto tiempo viviendo en una nación hispanoparlante, su pronunciación no haga honor a la lengua de su tierra, y que no titubee al hablar puro spanglish. “Buenou, hablo un pouco de español, pero hagamos la entrevista in English, OK?” (sic) Seguro, Andrew, desde ya, la haremos  en inglés. Y va a ser extensa. De hecho hablaremos, debatiremos, y hasta perderemos el sentido original de ésta, por algo más de dos horas. Mientras tanto sobre una de las mesas de la habitación de Oldham hay al menos media docena de frascos de vitaminas, y de hierbas hepáticas en grageas (“Debo cuidar mi hígado, es hereditario, viene de mi abuelo”) También hay varios tipos de té inglés en hebras que adquirió en la ciudad, y una bolsa de plástico tamaño familiar repleta de nueces, almendras y avellanas secas, con las que amenizará el encuentro en varias oportunidades. Atónito, Oldham se queja de los precios de los taxis en Buenos Aires. Le digo que no se preocupe, que están a tono con los del supermercado. Habla. Mucho, casi incansablemente, y no le es fácil dejar de hacerlo. A sus casi 70 años de edad, y dueño de una memoria prodigiosa, es un narrador de historias indisputable avalado por un arsenal ilimitado de experiencias y anécdotas que, al fin y al cabo, son el leitmotiv de su trayectoria, aún cuando sugiere estar algo apurado por ponerse a empacar todo lo que compró en la ciudad (“Me va a llevar un día completo, siempre termino comprando muchas cosas, las colecciono”) Está de visita en la ciudad para participar de una conferencia para la cual fue contratado por una firma local. Y aprovecha para quedarse unos días más en Buenos Aires, metrópoli que, declaradamente, le fascina. Confieso, a lo largo de la entrevista me ví obligado a reprimir mi objetivo básico de formularle casi exclusivamente preguntas sobre sus años junto a los Rolling Stones. Que en definitiva abarcaron menos de un lustro, pero sí fueron los años formativos de la banda. Oldham estuvo allí, casi desde su génesis mismo, y en cada sesión de grabación o concierto. Desde que el grupo era un nombre más en la escena underground londinense del momento, y hasta su catapultamiento al estrellato, del cual fue, por cierto, parte fundamental. Pero no, es en vano, Oldham prefiere pasearse por su laberinto interminable de historias, y finalmente termina siendo imposible anclar en los puertos que uno eligió. Aunque deja en claro que seguramente no faltará ocasión para hacerlo en un futuro. Será Justicia.

Usted nació en los años ’40 pero es considerado un hombre de los 60s, y básicamente desarrolló su carrera de esa década en adelante. ¿Qué es lo que lo llevó a interesarse por la industria del espectáculo? Sé que siempre tuvo una fuerte atracción por la llamada “cultura pop”. ¿Pero hubo algo más?
Cuando yo tenía nueve o diez años, y no podía viajar en subte por mi mismo, lo hacía con mi madre. Vivíamos en el barrio de Hampstead, en Londres. Había una parte de mí que le tenía pánico al subterráneo, a los trenes, al ruido, al viento que había allí dentro. Para mí representaba el peligro mismo. Pero también porque, durante el primer año y medio de mi vida, si bien no era consciente de ello, cada vez que los alemanes bombardeaban la ciudad, éramos trasladados abajo, al subte, mientras sonaban las sirenas. Realmente no lo recuerdo muy bien. Las personas que son un poco mayores que yo lo recuerdan perfectamente. Como distracción para mí en toda esa experiencia de la guerra lo que sucedió fue…¿Estuviste alguna vez en Londres? ¿Y viste el subterráneo?

Sí, el año pasado, y por supuesto, viajé en subte muchísimas veces.
OK, pienso que el subterráneo es aterrador. Sabés a qué me refiero. Las vías, el peligro…

Bueno, diría que en general es muy angosto. Tal vez esa sea la razón por la que informalmente lo llaman “el tubo”.
Desde ya, es así. Creo que tenés toda la razón en eso. Nunca lo había pensado antes. Es increíble como la gente arriba adonde uno nació y localizan las partes obvias del lugar. Como fuera, me atraían muchísimo los afiches de las películas, ya que generalmente la música no era publicitada. El subte estaba lleno de todos esos pósters de películas, podías verlos mientras bajabas las escaleras, por lo que era toda una distracción, una auténtica fascinación, y me sentí naturalmente atraído por ese escape maravilloso. Particularmente las películas americanas, y en segundo lugar por las palabras del tipo “producida por”, “presentada” o “dirigida por”. Desde ya, sabía que nunca iba a ser John Wayne, ni tampoco…

Joan Crawford…
¡Ni tampoco Joan Crawford! Tal vez Mick Jagger lo sería…(risas) Sabía que no iba a ser James Cagney, o Tony Curtis. Y aparte, durante aquel momento, los americanos ya se habían ido de regreso a casa, y de algún modo los considerábamos seres perfectos. Porque sólo los veíamos en la pantalla, donde tenían diálogos perfectos, iluminación perfecta, e increíbles ganancias.

Quizás sea que tuvieron una impresión más perfecta de lo que realmente era todo eso teniendo en cuenta la situación que por entonces Uds. estaban atravesando en Inglaterra, si es que todo lucía tan gris y oscuro como dice. ¡Y esos afiches coloridos en el subte, entonces, les llamó eventualmente la atención!
Es verdad. ¡Exacto! Vos sabés, Inglaterra había ganado la guerra, pero uno lo desconocía completamente, era imposible verlo. El dinero de los americanos se había ido a Alemania.
3
Sé que su padre murió en la guerra. ¿Qué edad tenía en aquel momento?
No había nacido. Fui concebido nueve meses antes de enero de 1944, y él había muerto en junio de 1943.

Por lo que entiendo que su madre estaba embarazada de Ud., mientras su padre estaba lejos…
¡Es que él estaba intentando bombardear Alemania! Era un piloto estadounidense. Interesantemente al mismo tiempo tenía su familia en los Estados Unidos, y al mismo tiempo su propia esposa también estaba embarazada, en Texas. Por lo que tengo una media hermana. Nunca la conocí.

Entonces su padre no era básicamente el esposo de su madre…
No, es una de esas cosas, sabés. Su nombre era Andrew Loog. Loog era su apellido. Y Oldham era el de mi madre, pero su madre, mi abuela, había cambiado el apellido original que tenían, ya que habían venido de Polonia y Lituania. Y los judíos que habían emigrado siempre querían parecer ingleses. Así que había dos mujeres embarazadas por el mismo hombre. Y una de ellas en Texas, la Sra. Loog…(La entrevista se ve interrumpida nuevamente por el llamado del teléfono de la habitación del hotel. Antes había sido su hijo Max, quien vive en Brooklyn, New York. Esta vez se trata de un amigo)

Teléfonos que suenan, es parte del folklore permanente de su vida…
Es todo el tiempo así. Como fuera, los prefiero antes que los celulares. Son terribles. No uso teléfonos celulares cuando estoy viajando.

Lo entiendo, nunca tuve un teléfono celular. De hecho, los odio.
¡Yo también los odio!

¿Y cuál sería el motivo? ¿El resultar ser accessible en todo momento?
Sí. No vivo mi vida de esa forma. No quiero ser accesible todo el tiempo. Me gusta la idea de llegar a mi hotel a las seis de la tarde y preguntar “¿hubo alguna llamada para mí?”

Es que algo del pasado debemos mantener, de alguna manera. Ya es más que suficiente con la internet, con ésto y lo otro…
¡Es lo que quiero! ¡Es lo que quiero! Estaba almorzando este mediodía, y me gusta estudiar a las personas, lo hago todo el tiempo. ¡Y veía todas esas parejas que almorzaban hablando por teléfono! No lo entiendo. Si es bueno para ellos, OK. Pero no lo es para mí.

Hasta podría darse el hecho que lo asalten por un teléfono, sucede bastante a menudo. ¿Cómo es en Colombia?
Hay un lugar al que suelo ir a escalar de vez en cuando, en Bogotá. Y siempre ocurren robos mientras la gente está subiendo. Siempre hay pandillas de chicos jóvenes, de no más de 14 o 15 años de edad. Una vez ví a un hombre mayor que hablaba por su celular, y uno de estos chicos se le acerca y le dice “¿Ve este revólver? Ya mató a siete personas, matar a uno más no haría ninguna maldita diferencia…” La gente me pregunta “¿Colombia es aún tan peligrosa como solía ser?” Probablemente, pero también lo es el resto del mundo. Por ejemplo, hoy día, Manchester o Liverpool, se han vuelto ciudades peligrosas. Básicamente por problemas de alcohol. Y de drogas.

Quisiera retomar el tema de su madre…
Por supuesto. Entonces la esposa del Teniente Loog está embarazada, y su avión es derribado por los alemanes y entonces ella, esta mujer en Texas, le echa un vistazo a su estómago y dice – y esto sólo puede suceder en Texas – “ya seas varón o mujer, te llamarás Andrew Loog” Por lo que el nombre real de mi media hermana es Andrew Loog. ¡Y yo me llamo Andrew Loog Oldham! Cuando publiqué Stoned (N de la R: el primer libro que escribió Oldham) , intenté ser amable y no decir cosas que necesariamente podían herir a algunas personas. Bueno, a algunas de ellas. Y entonces conseguí a esta especie de detective privado que usa Stephen King.

¿Stephen King, el escritor?
Sí, es amigo mío. Esto fue en el año 2000. Pero el detective no pudo encontrarla. Incluso recurrimos a los expedientes de la fuerza aérea en Waco, Texas, y allí me dijeron que yo tenía tres hermanos. No es verdad. Lo contraté para rastrearla, para ver si tenía algún familiar vivo en Texas o en Louisiana.

5OK, pero Ud. dice que se encontró con ellos, que nunca los conoció, pero se mantienen en contacto.
No, no quiero conocerlos. Gracias a la edición de mis libros, descubrí otros familiares en Inglaterra, y esto es realmente divertido. Cuando tenía 10 años, me preocupé por primera vez sobre la pérdida de cabello. Quería ver una foto de mi padre, solo quería ver qué tipo de cabello tenía. Mi madre tenía un hermano, y le pegunté si tenía alguna fotografía de él. “Sólamente con su gorra de la Marina”, me contestó. “¿Pero qué sucedió con él?”, le pregunté. Y ella me contestó “Bueno, sabés, hasta que empezó la guerra realmente nunca fuimos muy amigos, así que para el momento en que la guerra terminó, sinceramente no le ví mucho sentido en ponerme a averiguar si estaba vivo o muerto” ¡Eso es terriblemente frío, terriblemente increíble! Ella estaba muy bien conectada, y la fuerza aérea estadounidense le había escrito para informarle que su hermano había muerto. Así que nunca supe mucho, si tenía o no tenía un hermano, si había muerto o no en la guerra, lo que sea. Ahora pasemos al año 2000. Mi libro es editado y alrededor de diez meses más tarde Random House, la editorial, me envía una carta a Colombia firmada por un tal Michael Oldham, que vive en la costa oeste de Inglaterra, en el mismo área en que se filmó Los perros de paja, la película de Sam Peckinpah. La carta decía “No tenemos idea si la hermana de nuestro padre aún vive, pero llegamos a la conclusión que eras parte de la familia, así que fuimos y compramos el libro. Queríamos dárselo a nuestro padre, tu tío, como regalo para el Día del Padre, pero lamentablemente una semana antes de esa fecha tuvo un ataque al corazón, lo llevaron al hospital, y falleció” Esta historia es tan Agatha Christie…

Entonces creo que no debería haber publicado nunca ese libro. ¡Tal vez su tío aún estaría vivo!
No creo, hubiera muerto una semana antes (risas)

Las fuerzas oscuras del universo…
¡Todo eso! ¡Todo eso!.

Por lo tanto no tiene ningún hermano de sangre…
No, gracias a Dios.

Sus cuatro libros son realmente fascinantes (N de la R:: “Stoned”, “2Stoned”,”Stone Free” y “Rolling Stoned”, solamente este último título fue publicado en el país) ¿Pero qué sucedió con Stone Free? Es como si hubiera sido sacado de la venta…
Es así. Ya sabés cómo es que piensa la gente, que los libros electrónicos y el Kindle son el futuro. Sabemos bien que no es así.
4
¡Los odio! ¡
Yo también! Pero temo que es así cómo las cosas están yendo. La gente piensa que Mac y Apple son solamente el 6%, o el 8% de la industria, pero todo el mundo en nuestra industria las emplea, por lo que pensamos que todo el mundo las utiliza. No es así. Cuando estoy en Colombia, si un técnico tuviera que reparar mi Mac, no sabría cómo hacerlo. De todas formas, cuando Stone Free fue editado como e-book, pensé que se trataba del futuro. Quiero decir, no iba a contratar a un editor cualquiera, ya que un editor común y corriente sólo se interesaría en Harry Potter. Así que se lo dí a un editor, y mi publicista en Inglaterra me dijo “Andrew, si no cuento con una versión tradicional en formato de libro, no voy a poder conseguir que lo comenten en las revistas” Por lo que lo imprimieron. Pero he aquí la desventaja de trabajar con una editorial independiente. Si quieren enviar el libro a otro país, también van a tener que encargarse de los gastos de envío, y de buenas a primeras el libro que vale 20 dólares pasaría a costar 35. Nadie puede esperar que alguien pague tanto por un libro. Entonces le dije al editor “OK, lo intentamos pero ésto no está funcionando, así que abandonemos la idea” Sólo unos pocos fueron publicados, la cantidad suficiente para enviarle a los críticos. O seguramente haya algunos pocos disponibles en librerías independientes en Los Angeles.

¿Se enteró del regreso a escena de los Monty Python?
Por supuesto, pero jamás me gustaron.

Suena extraño escucharlo de boca de un ciudadano británico…
No, es un tema generacional. Prefiero a Lenny Bruce o Ernie Kovacs.

OK, volviendo al tema principal, ahora finalmente sé que fue lo que lo llevó a interesarse en el negocio de la música. Pero entiendo que su primer trabajo realmente importante fue el de asistente de la diseñadora de moda Mary Quant…
Su cadete, en realidad. Ella fue quien puso de moda la minifalda en la high street. Esto es muy inglés, es extraño. Dejame que te lo explique. Es igual que cuando, por ejemplo, si vas a la escuela pública, se piense que es para el público en general. No lo es, es para la gente que paga por ella. Las escuelas públicas en Inglaterra son realmente las escuelas privadas. Y sucede lo mismo con la palabra “high street”. Un barrio pudiente no necesariamente tenga una high street, pero sí la tiene un área de clase media. Una de las más grandes estrellas de los 60s fue la píldora anticonceptiva, que estaba principalmente orientada a las mujeres de la clase trabajadora. Si te acostabas con alguien, no necesariamente significaba que ibas a tener un hijo, sentar cabeza, y tener un esposo que vaya a trabajar. Y Mary Quant hizo esas prendas, las minifaldas, para ese tipo de mujeres. Es lo que en la industria musical llamaríamos “copiar”, pero en términos de moda digamos que estuvo muy influenciada por Coco Chanel. Básicamente era lo mismo. Ella nunca me lo dijo pero, si las ves bien, eran muy similares. Nada es casual. Y sí, ese fue mi primer trabajo.

Por lo que la famosa minifalda inglesa no tenía nada de original…
Sucede que en Inglaterra, antes de los Beatles, no digo que no haya habido nada interesante, pero teníamos una vida de escasa creatividad. Con respecto a los músicos, sólo unos pocos, Cliff Richard, Billy Fury, Marty Wilde, toda esa gente. No existía ni la más remota posibilidad que cualquiera de esos músicos hubieran  sido populares en otros países. Había casos ocasionales como los Tornadoes con la canción “Telstar”, y un par de cosas más. Pero lo que en verdad hacíamos era copiar el pop americano. Pero de alguna manera eso resultaba inaceptable en los Estados Unidos. No necesitaban a Cliff Richard. No necesitaban a Marty Wilde. Jamás íbamos a tener ningún tipo de impacto en ese país. Hasta que aparecieron los Beatles. Fue así de simple. Durante el tiempo en que teníamos a Billy Fury, Cliff Richard, Marty Wilde, y todo ese movimiento pop desde 1958 a 1962, básicamente, y hasta el lanzamiento del primer simple de los Beatles, el negocio del pop tenía que ver principalmente con la moda. Entre Mary Quant, Vidal Sassoon y John Stephen, el hombre que básicamente inauguró Carnaby Street, con las tiendas y demás,  de eso se trataba exclusivamente la industria del Pop, y se trató de un invento inglés que también fue exportado. Vidal Sassoon  tenía su propio salón en Hollywood, David Bailey hizo fotos para la revista Vogue, etc. Inglaterra tenía su propia imagen en otros países, pero no tenía que ver con la música.

Entonces el movimiento pop estaba relacionado con la moda antes de hacerlo con la música. ¿Existe alguna manera de lograr una definición más lograda de tan famoso término?
Exactamente, así fue. “Pop” significa volumen, volumen de ventas. Es como pensar entre la diferencia entre una banda y un grupo. Los Herman’s Hermits, por ejemplo, eran un grupo. Nunca fueron una banda. Ví a Peter Noone (N de la R: la figura más emblemática de los Herman’s Hermits) en Vancouver hace algo de 1 mes atrás. Fue fantástico. Existen dos versiones del grupo. Están los Hermits de Inglaterra, con Peter Noone, y en los Estados Unidos está Peter Noone con los Herman’s Hermits, pero no son los Hermits originales.

Pero en los años ’60 había sólamente un grupo llamado Herman’s Hermits…
Sí, eran las mismas personas, pero luego Peter Noone se fue a los Estados Unidos, mientras que el grupo se quedó en Inglaterra. Y aún tocan, pero sin Peter Noone.

Entonces básicamente toda la gente de su generación –músicos, productores, la industria musical en general – están vivitos y coleando…
¡Si, lo están! Lo que quiero decir es, el rap, el hip-hop, no tienen nada que ver con esto, de ninguna manera. Y la gente que hoy día hace música popular no escribe canciones. Un día en Vancouver me crucé en la calle con David Crosby, y lo primero que pensé fue “¡Oh Dios espero que no haya leído mi segundo libro!”, porque escribí bastante sobre él y su relación de ese momento con el LSD. Digo, alguien de esa edad, si son artistas, solo tienen tiempo para ellos. Son David Crosby veinticuatro horas al día, como debe ser. En la conversación que tuvimos aquella vez me dijo “Mirá, es realmente buenísimo, si tenés más de 50, y todavía te podés parar, y recordar las letras, ¡hay trabajo para todos!”

¿Cómo fue el siguiente salto, del mundo de la moda al de la música? ¿Cómo sucedió realmente?
Nunca fui diseñador de moda. No sé realmente como fue que sucedió, de repente estaba trabajando de publicista, junto a gente como Little Richard o Sam Cooke. ¿Increíble, no? Y entonces en los primeros dos meses de 1963, me convertí en agente de prensa representando al mismo tiempo a los Beatles y a Bob Dylan.

6Eso fue cuando le tocó promocionar a Dylan en su primera visita a Inglaterra, lo que podríamos considerar un paso realmente importante…
Dylan estaba haciendo la música de fondo para una obra teatral de la BBC. Averigüé dónde estaba alojado, y luego de golpear la puerta de su cuarto de hotel, ahí estaba junto a Albert Grossman, su mánager. No recuerdo ni siquiera remotamente de qué estaban hablando. Pero fuera lo que fuera que discutían, quería éso. Quería esa conspiración, ese matrimonio. ¿Se entiende? Era intoxicante. Nunca me dije “Oh quiero ser manager”, no era tan simple. Pero fuera lo que fuera, lo quería, lo amaba. Quería estar alrededor de todo eso.

Supongo que habrá sido mucha diversión, buenos momentos, y…
Sólamente veinte minutos. Es todo lo que lleva.

Pero Dylan ya era muy conocido en Inglaterra, ¿verdad? Ya estaba en las revistas, en las noticias…
No era famoso en lo más mínimo. Y tampoco lo era en los Estados Unidos. Lo que aconteció fue que un director de la BBC se había ido de vacaciones a New York a comienzos del invierno de 1962. Y le gustaba el jazz y todo eso, y una vez se encontraba en el Greenwich Village, y en uno de los clubs a los que fue estaba tocando Bob Dylan. En septiembre u octubre de 1962, Dylan sólo tenía un disco editado. Entonces este tipo se dirigió a sus jefes de la BBC y les dijo “Estamos haciendo una obra sobre los beatniks” Creo que era algo de Jack London, no estoy muy seguro ahora. “¿Entonces podemos traerlo? Es sólamente un tipo” Y lo llevaron a Inglaterra. Lo publicité en el Melody Maker, y probablemente en un par de otras publicaciones. Me dieron quince libras. No pude obtener muy buena publicidad de eso, a nadie le importaba un carajo escribir sobre Dylan.

Quizás la idea de un tipo cantando sus canciones folk con su guitarra no sonaba muy atractiva en aquel momento…
Sólo se interesó al Melody Maker, pero las otras publicaciones pop no lo hicieron. El Melody Maker siempre había estado más interesado en el jazz, el folk, y todo eso. Así que hice ese trabajo durante enero, febrero y marzo y luego, el 28 de abril, fui a ver a los Rolling Stones. Entonces básicamente en los cuatro primeros mes de 1963 estuve representando a los Beatles, a los Rolling Stones, y a Bob Dylan. No estuvo nada mal.

¡Representó a los tres artistas más emergentes de ese entonces al mismo tiempo!
Sí, pero recién caí en la cuenta hace apenas cinco años. Los tuve a todos. Sé muy bien cómo fue que me dí cuenta, de repente me encontré pensando en eso durante el funeral de alguien. Fue a fines del año pasado, en el funeral de Chris Stamp, que fue co-mánager de los Who.

¿Le tocó dar un discurso en el funeral?
Bueno, no lo llamaría discurso. Sería algo mucho más humilde. Se supone que uno debe decir unas pocas palabras frente a los asistentes. Y uno de ellos fue, eventualmente, Roger Daltrey (N de la R: el vocalista de The Who). Pete Townshend no asistió porque, como dijo Roger, “Peter está probablemente intentando vender unos libros” Sabía lo que iba a decir en el funeral, pero después dije algo distinto. Y entonces dije “Las grandes bandas…” Y se supone que uno no dice cosas como éstas en un funeral, si uno las dice alguien va a pensar “¿Y éste quién carajo se cree que es?” Porque se trataba, claro, de una ceremonia privada. Dije “Las grandes bandas tienen grandes managers” Y así fue. Brian Epstein (N de la R: el reconocido mánager original de los Beatles), por ejemplo, fue el mánager perfecto.

¿Definitivamente piensa eso?
¡Oh por supuesto! Lo criticaban todo el tiempo, decían que no sabía nada del negocio. ¡Al diablo con ellos! Fue el mánager perfecto. Entonces, en el funeral, dije “Los Beatles tuvieron a Brian Epstein, que fue perfecto…Los Rolling Stones, bueno, yo fui perfecto, y Chris Stamp, a quien hoy estamos homenajeando, junto a Kit Lambert, que falleció antes, eran perfectos para los Who” Y nadie más. ¿Quieren que hablemos de los Kinks?” Y todo el mundo comenzó a reirse, porque los Kinks tuvieron managers terribles, y una pésima discográfica también.

¿Cree que esa es la razón por la que no fueron más grandes y trascendentes de lo que realmente fueron?
Sí, pienso que uno tiene lo que se merece. Sus mánagers eran aficionados. Uno de ellos era un tipo que trabajaba en bienes raíces. El otro, Robert Wace, no sé a qué se dedicaba por aquel entonces, pero aquí va su historia junto a los Kinks. Wace era de clase alta, y contrató a esta banda –en aquella época tenían otro nombre, the Ravens- para que lo secunden mientras él cantaba para todas esas chicas de su misma clase en una fiesta. Y cantaba canciones de Gerry and the Pacemakers, y los Kinks lo acompañaban, y es como que de repente los miró y se dijo a sí mismo “Son bastante buenos, los voy a manejar” Y así fue. De todas formas las bandas que incluyen a dos hermanos en su formación son siempre un maldito problema. Siempre. Don y Phil, de los Everly Brothers, por ejemplo, hasta los Oasis.

Habrá escuchado el rumor que los Kinks se juntarían nuevamente…
Eso nunca va a suceder. Ray Davies dice lo mismo cada vez que está por hacer una gira solista porque piensa que así va a vender más entradas.

Cuando comenzó a trabajar con los Stones, ellos estaban informalmente representados por Giorgio Gomelsky, pero todo cambió cuando Ud. llegó junto a Eric Easton, y se convirtieron en mánagers de la banda.
Había un periodista llamado Peter Jones que trabajaba en la publicación Record Mirror, que me dijo “Mirá, hay una banda sobre la que estamos por publicar algo, y Norman Joplin, que escribe para nosotros, piensa que son muy buenos y blah blah blah. Tal vez sería bueno que vayas y los veas, Andrew” En verdad me sentía muy feliz haciendo publicidad, pero tuve que ir a verlos aquel domingo. Tocaban en un club en el Station Hotel, que de hecho quedaba en la parte trasera del Station Hotel, en Richmond. Giorgio Gomelsky alquilaba el lugar, donde presentaba sus “Noches de Rhythm and Blues” Así que pensé “realmente no quiero ir” porque, viviendo en Hampstead, supuse que iba a tener que tomar el subte hasta el centro de Londres, y de ahí a Richmond. Y eso, en un domingo, me iba a llevar como dos malditas horas. Y los dominos los pasaba con mi madre. Ella me cocinaba, y me planchaba las camisas. Quiero decir, los domingos eran para quedarse en casa. Nos sentábamos frente al televisor a las 8 de la noche y mirábamos el equivalente británico del Ed Sullivan Show, que era Sunday Night at the London Palladium. Pero entonces quien era mi novia en aquel momento, y que luego sería mi primera esposa, me dijo “Andrew, sabés, hay trenes comunes que te llevan hasta allí, en lugar de tener que tomar el subterráneo, y salen directamente de Finchley Road en Hampstead” ¡Así que podía ir directo! En cierta forma me sentí desilusionado, realmente no tenía ganas de ir pero al mismo tiempo pensé “si no voy, cuando me encuentre el martes con Peter Jones, no va a quedar muy bien que digamos”, ya que siempre estaba intentando venderle mis historias al Record Mirror. En aquel momento no me importaba la escena del Rhythm and Blues, realmente no estaba nada interesado en ella, de hecho jamás había escuchado sobre los Rolling Stones. Así que me fui para allá. Salí de la estación de Richmond y entonces me dí cuenta que, para poder acercarme a la parte trasera del Station Hotel, donde estaba el club en el que tocaban los Stones, no podía hacerlo ingresando al hotel, como suele ser, tenía que dar toda la vuelta hasta la parte de atrás. Y ahí me encontré con un callejón, y mientras lo transitaba, me topé con una pareja que estaba teniendo una pelea, discutían. Y se los veía muy atractivos, y se parecían entre sí, lo que los hacía aún más atractivos. Y entonces ingresé al club, y cuando aparecen los Stones en el escenario veo que el muchacho de la pareja era Mick Jagger que, claro, estaba con su novia Chrissie Shrimpton.

¿Cómo fue que convenció a Dick Rowe (N de la R: representativo de la discográfica Decca Records, famoso por no haberse interesado en los Beatles) de que contrate a los Stones?
Fue muy simple. Porque había rechazado a los Beatles, le había dicho que no. De todas maneras en aquel momento Decca hubiera contratado lo que sea. Hubiera contratado a David Crockett, al muñeco de un ventrílocuo….
11
Es bien conocida la historia de cómo Ud. alentó a Mick Jagger y Keith Richards a escribir canciones. ¿Qué hay de verdad entonces sobre aquella historia que dice que los encerró en la cocina del departamento en que vivían y los obligó a escribirlas? Nadie mejor que Ud. para confirmarlo, supongo…
Bueno, la historia es real. Pero es como si fuera un acordeón que está cerrado, y que luego se abre. Cambia todo, ¿no? La verdad es que me llevó unos cuantos días convencerlos. En realidad lo que les dije fue “Cualquiera sean los motivos, tienen que ponerse a escribir. Voy a llevar mi ropa sucia a lo de mi madre y, para cuando regrese, tienen que tener algo encaminado” Esto fue cuando Mick y Keith vivían en el departamento de 33 Mapesbury Road. Y lo hicieron. Al principio pensaron que estaba bromeando. Creo que fue Keith que dijo algo así como “qué carajo me está diciendo?” Mi actitud fue la siguiente, “vos tocás la guitarra, entonces podés escribir una canción” Digo, tenían todas las municiones para hacerlo…
Image
Al mismo tiempo descubrió a Marianne Faithfull, y entonces Jagger y Richards le cedieron “As Tears Go By”, que fue el primer hit de Marianne. Para entonces ya se había referido a ela en los medios como “un ángel con tetas grandes”…
Nunca dije eso. Jamás. No hablo así de nadie. Philip Norman (N de la R: uno de los más conocidos biógrafos de los Stones) lo puso en su libro, pero desconozco de dónde lo sacó. No lo dije. Jamás hablaría así de alguien a quien represento.

Después de todo lo que siempre se ha dicho, ¿cuál es su opinión de los artistas en general?
El noventa por ciento del tiempo están vendiendo algo, y el diez por ciento restante hacen su verdadero trabajo. Por ejemplo, y esto no tiene nada que ver con su autobiografía, a través de los años, excepto durante los últimos veinte, solía leer todas las entrevistas a Keith Richards, y luego me preguntaba “¿Es que no tiene nada más para decir? Sigue repitiendo lo mismo una y otra vez” Entonces luego, cuando me tocó salir a promocionar Charlie Is My Darling (N de la R:  film de los Stones que registra la gira del grupo por Irlanda en 1965, finalmente editada apenas dos años atrás) en los Estados Unidos, realmente no pude creerlo. Quiero decir, hasta el momento particularmente había hecho mucha promoción en los Estados Unidos, pero no tan intensamente como lo estaba haciendo con Charlie Is My Darling. Tuve que participar de dos entrevistas, una para la MTV, y la otra para la CBS. Pero de repente me encontré en la situación de que estaban ensayando las entrevistas previamente, y que entonces necesitaban saber cuáles iban a ser mis respuestas a sus preguntas. ¡Antes de salir en vivo, o bien antes de las entrevistas mismas! Entonces la cosa fue algo así como, me formulaban una pregunta tipo “¿Cuándo fue la primera vez que vio a los Rolling Stones?” Y yo les contestaba, muy sarcásticamente, “Bueno llegó esta ola increíble que hizo impacto sobre mí, y de un momento a otro supe cuál iba a ser mi destino…” (risas) El productor, o la entrevistadora, o su asistente, ¡queriendo saber cuáles serían mis respuestas de antemano!

¿Era del mismo modo en los 60s?
No, para nada, es así ahora. Estamos en la era de, eeh…Cuántas veces en tu vida viste gente siendo entrevistada en TV  diciendo “¡Esa es una pregunta realmente interesante!” Entonces, cuando finalmente la entrevista sale al aire, y sólo porque por causa de esa nueva política ya saben cuáles van a ser tus respuestas, ¡no hay nada que puedas contestar! Hoy día los entrevistadores quieren ser las verdaderas estrellas, y no sus invitados. Quieren ser considerados celebridades, y quieren tener toda la información. Por ejemplo, cuando Keith hace las entrevistas, al final todo lo que queda es un poco de música accidental. Y es aún peor. Siempre hay una productora dando vueltas, ¡y entonces es como si uno no estuviera ahí! Ella le dice al entrevistador “Hacele algunas preguntas que sean más arriesgadas, todavía no le preguntaste nada realmente interesante” Y el resultado de todo ésto es gente como Justin Bieber o Miley Cyrus. Justin Bieber es genial. También lo es Miley Cyrus. La otra, Taylor Swift, fue genial. Y luego se convirtió en una fuckin’ Bette Davis.

¿Le gustan los artistas nuevos adolescentes? ¿Qué puede opinar sobre los discos de esta era?
Pienso que hoy día es realmente difícil hacer un disco que tenga algo de sexo, o que pueda mejorar algo en un mundo que todo es pura tecnología. La tecnología es como un preservativo que actúa sobre la música. No importa si hoy día grabás con cintas, aún así terminará siendo destruído por la tecnología.
9
Por lo que podríamos aplicar el mismo concepto a los artistas actuales, según lo que Ud. dice. Y reitero mi pregunta sobre la escena actual, ya que estamos.
Bueno, no me gusta ver a Miley Cyrus fumando marihuana públicamente. Nosotros consumíamos drogas, pero de manera progresiva. Comenzamos fumando marihuana, y después pasamos a las anfetaminas, y luego a esto o lo otro. Pero siempre nos fijábamos en los libros de medicina para saber lo que estábamos haciendo. No consumo drogas ahora, pero antes pensaba que la marihuana era inofensiva para las personas que no eran adictos o alcohólicos, pero hoy en día no es la misma marihuana de los 60s. Es química. Y eso es diferente. La comida también está llena de químicos. El pan no es pan. Lo mismo para el pollo, o el pescado.

Keith Richards dice que empezó a consumir heroína porque lo ayudaba a superar su timidez al enfrentar la fama y el éxito. Pocos lo han conocido tan bien como Ud., al menos en los primeros años de los Stones. ¿Cree que esa fama de mujeriego o de fiestero la tuvo bien ganada?
Sí, entiendo que ese fue el motivo por el comenzó a meterse en la heroína. Es igual que cuando Paul McCartney habla sobre John Lennon y dice “Brian Epstein también gustaba de mí” Quiero decir, ¿a quién le importa? Keith tiene reputación de Don Juan. No recuerdo que sea así. Puede que lo haya sido. Si lo fue, fue muy reservado al hacerlo. Mi primera esposa le presentó a su primera novia, Linda Keith. ¡Porque Keith tenía que estar saliendo con alguien! No podía ser de otro modo. Pero al mismo tiempo Linda estaba saliendo con Jimi Hendrix. Lo único que ella quería, en verdad, era aumentar su status social saliendo con Keith. Era muy astuta. Una vez en New York me insistió para que la lleve a cenar, y de ahí fuimos a ver tocar a Jimi Hendrix. Hendrix estaba completamente drogado. O él no tocó esa noche, o bien lo hizo y yo estuve muy confundido. Yo también estaba bastante drogado. Linda se acostaba con Keith, y yo era manager de Keith en ese mismo tiempo, por lo que me pregunté “¿Qué carajo estoy haciendo aquí?” Si Jimi tocó, no le presté atención. Era todo muy confuso para mí. Después del show me fui a mi hotel, y a eso de las 2 de la mañana recibí un mensaje de mi esposa desde Inglaterra que decía “Linda me llamó y me dijo que la habías invitado a salir. ¿Cuál es el motivo por el que invitaste a salir a Linda?” Bueno, las mujeres en el ambiente musical, viste cómo son. Si te fijás en el proceso de escribir una canción, se trata básicamente de dos tipos viviendo juntos,  y componiendo grandes canciones. Ya sea en una habitación, detrás del escenario, o en una van. Durante la mayor parte de sus vidas, no pueden conseguir novia. Entonces tienen novia y pasan a vivir a lugares separados. No importa si son John Lennon y Paul McCartney, o Mick y Keith, o Steve Marriott y Ronnie Lane. Y luego tienen que ponerse a concertar citas para seguir llevándose bien, en lo posible con sus benditas novias fuera de todo eso. 7

Y eso afecta a las bandas, según su opinión. Como aquel hecho amoroso que involucró a Brian, Anita (N de la R: novia original de Brian Jones, quien luego pasó a ser la de Keith Richards) y Keith…
Exacto. Cuando Allen Klein comenzó a trabajar como mánager de negocios de los Beatles, justo estábamos de gira, y yo nunca quise que sus novias nos acompañen. Nunca las quise en las giras, ni tampoco en el estudio. ¡Pero Klein las trajo! Hay todo un tema de distracción, porque un hombre se comporta diferente frente a su pareja, es obvio, y tan simple como eso. ¡Pero Allen Klein las trajo! Así es como son las cosas con los grupos y sus novias. Y entonces luego sucede lo inevitable. Se vuelven famosos, están ocupados, y entonces el proceso compositivo, y en general, se torna todo un problema.

¿Sucedió lo mismo con Humble Pie después de los Small Faces? ¿Marriott y Lane tenían el mismo problema? (N de la R: banda que Oldham manejó tras dejar de trabajar para los Stones en 1967)
Era diferente, y muy extraño. Steve Marriott demandaba que lo adoren. Era él y solo él.

Volviendo a los Stones, ¿mantiene el contacto con alguno de ellos actualmente? Mantengo escaso contacto con Keith Richards, y generalmente a través de su mánager. Él me envía faxes de vez en cuando. Una vez estaba con él en una de estas ceremonias del Rock and Roll Hall of Fame en New York, en los años ‘80, y ví que Billy Joel también estaba ahí. Por lo que le dije a Keith, “Mirá, ahí está Billy Joel, quisiera preguntarle cómo lo hace” Y Keith me dice “¿Para qué querés hablar con él?” A lo que le contesto “Billy escribe sus canciones solo, quiero saber cómo es el proceso de escribir solo” Entonces nos acercamos a Billy, le hago mi pregunta, pero Billy no tiene la más remota idea de lo que estoy hablando. “¿Cómo lo hacés, Billy? ¿Sabés cuando parar? ¿Cuál es tu reacción al hacerlo si no hay alguien junto a vos?” Bueno, mis preguntas nunca podrían haber tenido algún sentido para él, porque así lo hace, jamás va a entenderme. Y Keith dice “Andrew, él no tiene la más puta idea sobre qué estás diciendo, ¡dejémoslo tranquilo de una vez!” Mis preguntas no le resultaban lógicas a Billy porque a él nunca le tocó hacerlo del modo al que me referí antes, que es el de dos personas escribiendo canciones al mismo tiempo.
8
Un caso similar sería el de la dupla compositiva Elton John y Bernie Taupin…
¡Ojalá hubiesen parado de hacerlo! (risas) ¡Era tan jodidamente aburrido! A lo que voy es, me refiero a los últimos cuatro discos que escuché. El de Paul McCartney, David Bowie, Elton John y Carlos Vives. Nunca los voy a volver a escuchar. Sólo los escuché una sola vez, estoy hablando de sus más recientes trabajos. El tema de difusión de Bowie fue como esas ventanas atractivas de algunas tiendas, pero una vez que entrás al negocio, está vacío. Y respecto a Paul McCartney, tanto sobre el escenario como en su vida es el mejor entretenedor, y es increíble. Pero en los últimos dos años, digámoslo así, de un modo muy educado, mató a John Lennon. Finalmente lo logró. John Lennon muerto no puede competir con la energía vital de Paul. Cuando su ultimo álbum fue lanzado, la mayoría de la gente lo consideró horrible. Pero luego no sé qué sucedió. Algunos de los  críticos de música más renombrados de los Estados Unidos, como Bob Leftsez, de repente cambiaron de opinión, diciendo “¡Oh qué gran disco!” Me llevé el disco a mi casa en las afueras de Bogotá, en la jungla, lo escuché y me dije “¡Estos tipos deben estar jodiendo!” Un disco con cuatro productores, y todo eso. No es que lo esté criticando. Entiendo que músicos como él, o Elton John, tienen que seguir yendo a estudios y grabar discos. Porque cuando teníamos veinte o veinticinco años, estaba esa pasión por hacerlo. Ahora ellos tienen setenta, y es básicamente como una enfermedad. El problema es, cuando gente como ellos graban discos, puede que se sientan jóvenes al hacerlos, pero luego cuando los escuchamos nos sentimos viejos. Me hacen sentir jodidamente viejo, no quiero escucharlos. Ahora bien, los shows de McCartney son grandiosos, por lo que no necesitamos discos nuevos. Irónicamente, recuerdo este disco que grabó Neil Diamond hace unos cinco años con el productor Rick Rubin. Me dije “Oh éso seguro va a estar buenísimo”, y entonces lo compré. Pero Rubin no hizo con Neil Diamond lo que hizo junto a Johnny Cash. Pero es que Johnny Cash se estaba muriendo en ese momento, por lo que es una situación completamente distinta. Hace que la relación y el resultado final sean diferentes. Entonces lo que ocurre una vez que los escuchás, terminás no registrando ni una de las canciones del disco, pero sí empezás a recordar las viejas canciones de Neil Diamond. Y lo mismo sucede con McCartney y su disco “New” Luego de escucharlo, me pasé los dos días siguientes tarareando canciones de los Wings. Y ocurrió lo mismo con el álbum de Brian Wilson sobre Gershwin, “Brian Wilson Reimagines Gershwin”. Sólamente una canción suena como Pet Sounds, y es la que de hecho se usó para publicitarlo. El resto es una auténtica mierda. Suena como Alvin and the Chipmunks, es terrible. La gente mayor debería hacer música vieja, es así.

10¿Cuál fue su intención cuando lanzó su propia su propio sello independiente, Immediate Records, en 1965? El listado de artistas que tenía el sello era realmente impresionante. Rod Stewart, Chris Farlowe, John Mayall, los Small Faces, Fleetwood Mac y Humble Pie, entre otros grandes nombres.
Fue muy simple. Me gustó la idea de una compañía discográfica independiente. En verdad estaba copiando la idea de Phil Spector, Red Bird, Leiber and Stoller, Liberty Records, Specialty Records, pero al mismo estaba consumiendo muchas drogas. Y no quise seguir trabajando para Decca Records. Porque todo lo que podían decirme, estando yo tan drogado, me resultaba hilarante. Así que formé mi propia compañía de discos.

Bueno, no le fue tan mal…
Funcionaba muy bien, mientras tuve el dinero para poder financiarla.

Su último libro hasta el momento, Stone Free, está dedicado a Brian Epstein…
Claro, es un libro sobre managers. Porque Epstein fue el primero en lo suyo. De vez en cuando me toca pasar estas situaciones como tener que soportar que alguien dude si Epstein fur un buen mánager. Si Brian Epstein no hubiera perseverado y obtenido un contrato de grabación para sus muchachos, no estaríamos aquí. Tan simple como eso. Él abrió la puerta. Recordemos todos los insultos que tuvo que soportar al principio. Había esencialmente dos cosas contra él que resultaban horribles en Inglaterra en 1961 o 1962. Y eran cuando comentaban de manera irrespetuosa que Epstein era judío, y que era gay. Duro, muy duro. En la Inglaterra de esos años ser judío, y además gay, ¡era casi considerado como ir en contra de la ley! (risas)
12
Sólo restaba que también haya sido negro…
¡Claro! Pero hasta el mismísimo Paul McCartney también se expresó feamente. Yo estaba junto él en un programa de TV, y Paul dijo “Sabemos que Epstein es bueno en los negocios porque es judío” Así es como pensaba la gente. Pero el asunto es, después del rechazo de Decca, les consiguió EMI a los Beatles. Pero también fue insultado cuando lo trasladaron a Parlophone, porque Parlophone era un sello discográfico para comedias. George Martin era productor de comedias. Produjo a los que fueron los Monty Python de los 50s y los 60s, The Goons, con Peter Sellers, Spike Milligan y Harry Secombe. Martin produjo a un comediante inglés llamado Charlie Drake, que tuvo un éxito muy grande con su versión de una canción llamada “Splish Splash” Además produjo el que fuera el disco más exitoso de 1959, “Goodness Gracious Me”, cantado por Peter Sellers y Sophia Loren. Era todo tan ridículo. Fue un accidente pensar que George Martin podría ser la persona perfecta para los Beatles. Es más, George Martin no estuvo presente en sus dos primeras sesiones de grabación. Fue su asistente quien estuvo allí cuando grabaron “Love Me Do” y “Please Please Me” El asistente levantó el teléfono, llamó a George Martin y le dijo “George creo que deberías venir por aquí, son buenos” Y de ese modo el asistente, Ron Richards, obtuvo su premio consuelo, cuando lo convirtieron en encargado de la división Artista y Repertorio, y luego produjo a los Hollies. Fijate en lo que sucedió en los Estados Unidos. Capitol Records, que pertenecía a EMI, no quiso editar a los Beatles y entonces, de no haber sido porque Brian Epstein continuó, ahora yo no estaría aquí, ni tampoco estaría haciendo radio veinte horas cada semana (N de la R: Oldham conduce su propia programa en la señal radial de internet Little Steven’s Underground Garage), y así es la vida.
11
Ésta no es su primera visita a Argentina. Su primera vez fue a principios de los años ’90 para producir a los Ratones Paranoicos, y luego trabajó con Charly García mezclando uno de sus álbumes.
Sí. La experiencia con García no fue para nada buena, prefiero evitar comentarios. La historia fue así. A principios de esa década intenté trabajar con un par de artistas colombianos, pero por distintos motivos los resultados tampoco fueron satisfactorios. Bueno, por empezar no debería haber intentado trabajar con artistas cuya inspiración estaba basada en los 80s. Soft Cell, The Human League, etc. En verdad hubo muchos discos de esa época que me gustaron, pero producirlos no iba a resultar buen negocio para mí. No era ese tipo de productor. Interesantemente iba en un taxi ayer aquí en Buenos Aires y en la radio sonaba “Out of Touch” de Hall & Oates. Cuando la canción fue editada en los 80s realmente me encantó, y ahora recuerdo por qué fue así. Hay al menos dos o tres canciones de la era Motown que suenan cuando uno escucha “Out of Touch” Una de ellas es “It’s the Same Old Song”, de los Four Tops. Como sea, me encontraba en Malibu, Los Angeles a principios de los 90s junto a mi esposa Esther y mi hijo Max. Acababa de encontrar a una perrita perdida justo en el momento en que estaban por llevarla a la perrera. Finalmente le dimos medio valium, la metimos dentro de una caja de sombreros y la enviamos a Colombia, donde estuvo con nosotros por casi doce años. Fue el primer perro que tuvimos. En fin. Como te decía, estando en Malibu recibí un mensaje de un tal Cachorro López, que había estado intentando ubicarme. Finalmente hablamos. Me estaba llamando de parte de Juanse de los Ratones Paranoicos. Querían que les produzca su primer disco para Sony. Y entonces vine a Buenos Aires por primera vez. Fue amor a primera vista. Con Buenos Aires, con el espíritu de Argentina, y con los Ratones Paranoicos. Los Ratones y la Argentina me dieron vida, y yo les dí hits. Fue un buen intercambio. Su música era mucho más natural para mí que lo que se había hecho en los años ’80, e hicimos buena música juntos. Los Rolling Stones, Humble Pie y los Ratones Paranoicos, las tres experiencias musicales junto a bandas más importantes en mi vida.

ImagePara terminar, Ud. siempre utilizó un tipo de lenguaje especial cuando escribía los textos que iban en las contratapas de los discos de los Stones, y también en los libros que escribió. Por momentos es un inglés a veces retorcido, entremezclado. ¿Lo hizo intencionalmente?
Mirá, cuando uno escribe un libro es como hacer un disco. Primero tengo que entretenerme a mí mismo.

 

Entrevista: Ariel Rot. Nunca es tarde para el rock and roll

Estándar

Publicado en Evaristo Cultural en noviembre de 2013

Casi como de sorpresa, Ariel Rot estuvo nuevamente de visita en Buenos Aires. El músico y compositor argentino, radicado en Madrid desde hace ya casi cuatro décadas, eximio guitarrista de rock and roll desde el vamos junto a Tequila y pasando por Los Rodríguez hasta su significativa presente carrera en solitario (el mejor de los hispanos en el género, al menos para quien aquí subscribe), aterrizó en Ezeiza con una agenda conmocionante bajo el brazo: promoción de La Huesuda (su más reciente disco, que acaba de editarse en el país), la organización de una banda autóctona para acompañarlo en las futuras presentaciones del álbum en su suelo natal y, claro, visitar a su círculo familiar y de amigos. Y de paso demostrar que entrevistarlo puede ser tan placentero como escuchar sus grandísimas canciones.

Quisiera abrir el juego recordando una anécdota similar a lo que creo fue tu rol en España. Cuando cierta vez le preguntaron a Bill Wyman, el bajista original del grupo, cuál había sido el logro más importante de los Rolling Stones en todos esos años, respondió algo así como que “tuvieron que ser cinco chicos blancos de Inglaterra quienes redescubrieron el Blues, lo revivieron, y se lo devolvieron a los Estados Unidos”.
Bueno, la mirada de Bill siempre fue bastante curiosa, como quitándole mérito a la revolución que los Stones hicieron. Es la mirada correcta, y está bien tenerla, pero es un poco subestimar lo que significaron los Stones en la cultura y en el mundo pero, en fin, ya sabemos cómo es Bill…

Exacto, es por eso que la anécdota de Wyman me resulta oportuna como introducción a la pregunta sobre lo que fue, de algún modo bastante similar, tu propio rol en el rock español a partir de tu llegada a Madrid hacia finales de la década del ’70. En rigor, un extranjero que, gracias a Tequila, les hace conocer a los españoles el rock and roll como tal, y en cierta forma descubrirlo después de todos esos años oscuros de la España franquista.
Hay que aclarar que no es que no había nada de rock en España en aquel momento. Evidentemente sí lo había, pero Tequila fue el primer grupo que salió de lo marginal, que generó y que trascendió el negocio del rock. Ya teníamos algunos colegas haciendo cosas, como es el caso de los Burning y Ramoncín, pero fue Tequila a quienes le tocó armar esa especie de tornado, de dar vuelta todo y hacer que tanto las radios comerciales como las compañías discográficas empiecen a tomarse en serio el rock y darse cuenta que ahí había algo. Tanto es así que en los siguientes años se ficharon una cantidad interminable de grupos, incluso probablemente de más (risas) Debo reconocer que jugábamos con una fuerte ventaja y que era la de ser muy jóvenes en aquel momento, y que ya traíamos una fuerte tradición encima.

Quizás de haberse dado más tardíamente ese desembarco, y por ende haberte encontrado con más edad, no hubiera logrado el mismo efecto. Me refiero al impacto que Tequila tuvo esencialmente en los adolescentes que los seguían.
Es que básicamente éramos un banda de rock marginal, que no vendía discos. Pero una vez que comenzamos a hacerlo se nos sumó el “fenómeno fan”, que estaba muy fuerte en aquel momento, y quizás por inexperiencia, o por ser tan jóvenes y algo torpes, cometimos ciertos errores que nos descalificaron en la liga rockera. Pero por suerte el paso del tiempo, y los discos, nos volvieron a poner en su lugar.

No puedo dejar de lamentar que, si bien la carrera de Tequila fue relativamente corta, pero no por eso menos simbólica, hayan lanzado tan pocos discos. Confidencial (N. de la R: el último trabajo del grupo, editado en 1981) es un álbum fantástico, y cuesta creer que, habiéndose editado hace ya más de 30 años, suene aún tan fresco.
Sucede que por ese entonces ya habíamos empezado a tener otras influencias. Nos habíamos hecho muy fans de los Clash, de Ian Dury and the Blockheads. De hecho el tecladista Mickey Gallagher, que tocaba con los Blockheads y con los Clash, fue quien puso el Hammond en la canción “Salta” Porque los Blockheads estaban grabando en la sala de estudio que estaba arriba de la nuestra en Londres. Ya para Confidencial habíamos cambiado bastante la estética. Estábamos todos muy fascinados con lo que pasaba. Uno miraba las listas de ventas de Inglaterra y resultaba realmente fascinante. Si las comparás con las de ahora decís realmente “¿pero qué pasó?”.

Resultan claras tus influencias a la hora de tocar guitarra, claramente de pura cepa stoniana, directamente de la escuela de Chuck Berry, y otras tantas a la hora de componer, pero asimismo tu carrera solista también nos deparó grandes letras. ¿Podrías también citar alguna influencia en lo literario?
Yo creo que cada vez menos. Cuando empecé a componer solo, no tenía la experiencia de la responsabilidad de componer discos enteros por mí mismo. Tengo pocas influencias, pero por ejemplo pongamos el caso de “Milonga del marinero y el capitán” Los poemas de Raúl González Tuñón musicalizados por el Tata Cedrón fueron los que me llevaron a hacerla. Yo de chico escuchaba mucho al Cuarteto Cedrón, todos esos discos que estaban en la casa de mis padres, de quienes también hice “Eche 20 centavos en la ranura” Realmente no sé cómo me volvió a la memoria, desconozco el motivo por el que llegué ahí otra vez. En realidad no podría citar a ningún maestro en especial. Desde ya, mi mayor respeto a Joaquín Sabina, por supuesto. Pero mayormente a Sergio Makaroff, que sí fue como una especie de maestro para nosotros. Creo que en los años ’70 los textos de las canciones de rock en Argentina no tenían mucha importancia. Eran demasiado poéticas, muy abstractas. En cambio todas las letras de los hermanos Makaroff contaban historias que se entendían a la perfección.

Pero a su vez los Makaroff estuvieron bastante influenciados por el tango…
No, eso les vino después. ¡Es que Sergio es un apasionado de la escritura! Es un tipo lúcido y brillante, y siempre se rió un poco de esa cosa hippie de las letras argentinas. Entonces ahí nos dijimos “claro, hay que hacer letras con más humor, ¡letras que se entiendan!” (risas)

Como fiel muestra de lo que decís podríamos citar a “Cielos”, que está en Lo Siento, Frank
Bueno, precisamente esa letra me la escribió cuando tuve a mi primer hijo. Él escribe letras que son como trajes a medida. De hecho “Colgado de la Luna” está dedicada a mí.

Entonces Makaroff escribe letras coyunturales…
Totalmente, él siempre me lo dice. “¿Viste que yo soy como un sastre a medida con vos?” Por suerte yo me fui soltando y divirtiendo más haciendo mis propias letras, y de hecho él está un poco cabreado conmigo porque ya no meto tantas letras suyas (risas)

Por lo que entiendo no habrá estado muy conforme con que no hayas incluído alguna de sus letras en el repertorio que compone La Huesuda. Reconozco que, al contrario de tus trabajos anteriores, me llevó más tiempo digerirlo, familiarizarme con las canciones, para finalmente descubrir que es un trabajo fantástico.
Es que sí hay una canción, “Un paso al costado”, con letra de Sergio, pero sólo está disponible en la versión del disco que está en iTunes. No la incluí en el CD porque creo no coincidía a nivel letrístico. Al menos en ese momento no me cerró. Por primera vez intenté hacer un disco más conceptual, cerrar un poco el marco y quitar la cosa más latina. Yo creo que las personas que lleguen a mi música a través de La Huesuda se van a llevar una idea más atípica. Bueno, en cierto modo es un disco más atípico. Están las guitarras, como siempre. Hay un gran trabajo de guitarras, pero están de otra manera, quizás por eso tal vez no sea tan evidente. Hay mucho de guitarra acústica. Hay canciones como “La Huesuda”, que le da título al disco, que es un corrido mexicano que en algún momento corrió el peligro de convertirse en pasodoble. Pero después de darle muchas vueltas, en una tarde la grabamos entera con Candy Caramelo, incluyendo los coros. El álbum fue compuesto durante aquella gira que hice en plan individual, solo yo en el escenario, y siempre está presente esa atmósfera. Es un disco que puedo defender entero, del principio hasta el final, con un piano y una guitarra, cosa que nunca me pasó. Tanto es así que llegué al estudio sin haber hecho un solo demo.

Insisto con la agradable de muchas de tus letras, y el buen uso de las metáforas. Es el caso de “Nunca es tarde para el rock and roll”, por citar alguna…
Habla de cómo hemos ido madurando, y de cómo es un lenguaje con el cual se puede expresar lo que uno quiera. No hay que vivir apegados a ese concepto del rock que indica que es exclusivo para la juventud. Los músicos que yo considero honestos, hemos cambiado la temática y empezamos a quitar incluso todo lo superfluo, que en el fondo es lo único que vale para mucha gente. Toda esa cosa del uniforme del rock…¡cómo si fuese un ejército! Entonces de eso va la letra. Que a pesar de todo por mis venas corre el rock, y sigue siendo mi lenguaje, porque fue mi escuela.

La letra de “Lo Siento, Frank” es toda una declaración de principios, y mantiene noblemente su vigencia después de todos estos años. No recuerdo una letra más significativa que apunte tan bien los dardos al mal estado de la música que suele sonar en estos tiempos. De hecho me resulta todo un apostolado. ¡Y hasta creo debería convertirse en libro!
¡Es una canción de protesta! (risas) Me burlo un poco de mi situación en esa palabra tan fea que es “la industria musical”.

En estos últimos años también te inclinaste bastante al swing. Escucho ecos de Oscar Alemán en varias canciones de tus últimos trabajos. ¿Qué fue lo que te llevó a volcarte más a ese estilo?
Por empezar, de chico estudié con Walter Malosetti, y después no sé por qué, pero de un momento a otro, en una sala de ensayo me salió “Confesiones de un comedor de pizza” Pero también siempre escuché mucho a Brian Setzer.

Justamente mientras hablabas me había venido la imagen de Setzer a la cabeza…
Bueno, Setzer para mí significa palabras mayores. Hace unos años hubo una reunión de los Stray Cats, pero realmente los ví un poco pinchados. Creo que se luce más cuando está con la big band. Es espectacular. Es en ese tipo de composiciones, más cerca del jazz y de la canción americana, cuando realmente humilla. Su último disco, que es instrumental, realmente asusta…

Bueno, voy a tener que saltearlo entonces, prefiero evitar los discos que asustan…
No, igual después el disco decae (risas) Pero volviendo al sonido swing, justo antes de editar Lo Siento, Frank, había estado tomando clases con Guille Arrom en Madrid, y le pedí que nos centremos más en Django Reinhardt. No quería meterme en el jazz más complejo, sino en lo más clásico. Y luego de trabajar con él es como que comenzaron a sonar un montón de notas nuevas en la cabeza, y lo fui incorporando.

¿Pensás que de algún modo la actual crisis económica de España también tuvo que ver con hacer un disco más moderado como es el caso de La Huesuda?
Yo diría que más bien fue al revés. Empecé haciendo shows más moderados, tanto que tuve que salir completamente solo de gira. Y fueron esos shows los que me llevaron a hacer un disco así.

Y ahora el plan es volver nuevamente a la carretera, pero en plan eléctrico y nuevamente acompañado, que es tu formato original a la hora de salir a escena…
Ese era el plan, pero se truncó en España por un problema de salud, el que me obligó a cancelar los cuatro conciertos. Son cosas de la edad, cosas de hombres y la edad. Siempre fui un poco precoz. (risas) En España se está haciendo casi imposible salir a tocar con bandas.

Pero sí ya hay shows planeados para Argentina el año próximo. Entiendo que diagramarlos, y reunir a los músicos que te van a escoltar en vivo, fue uno de los motivos de tu visita.
Así es, y ya tengo la banda. Por empezar, Gringui Herrera en guitarra, y en lo que respecta al resto, ya está todo armado. Me los recomendó Carlos Bandera., que siendo muy sabio, la pegó completamente. Tengo un baterista buenísimo, Manuel Caizza, y también están Paco Arancibia en bajo y Manuel Conforti en teclados. El repertorio va a estar más centrado en mi material como solista. Ya tenemos fecha confirmada para el próximo 25 de abril en La Trastienda.

¿Abril? Pero aún falta mucho…
Sí, falta mucho, pero eso es porque queremos hacer varias fechas. Antes hay muchas cosas por hacer, de hecho dentro de poco voy a estar participando de un festival en Bogotá. Es que por primera vez me convertí en un artista más activo, y empecé a moverme algo más para salir un poco de España y respirar otro aires.

Siempre se habló de la “fuga de cerebros” por motivos económicos o laborales, pero casi nunca se refirió a la de artistas. ¿No pensás que sería buena idea repatriarte en algún momento?
¡Pero es que ahora vuelven todos! Como fuera, pienso venir más a menudo. Lo prometo.

Lou Reed y la New York de terciopelo

Estándar

Image

Publicado en Evaristo Cultural en noviembre de 2013

Resulta raro tener que escribir sobre las trayectorias de los grandes artistas. En ciertas ocasiones, desglosar la obra de algunas figuras podría considerarse una suerte de bien innecesario. Sería referirse a los ingredientes, y no a la receta final que tan bien podría satisfacernos ¿Explicar, describir la magnitud de lo que han alcanzado, de sus logros? Es extremadamente paradójico y hasta podría rayar en lo ridículo, para convertirse quizás en el oxímoron perfecto. Hay casos en que ciertas trayectorias simplemente no deberían explicarse. Aquí no hay pistas que descubrir, no hay trucos en manuales de magia que descifrar. Sólo las biografías deberían arrogarse el derecho de aportar datos concretos y definitivos. Fechas, situaciones, números, estadísticas. Pero hay oportunidades en que esos relatos ameritan ser algo infieles a las reglas. Las despedidas en vida, por si acaso. Son desafíos, mayormente, inesperados. Las que indican que ese alguien ya no estará físicamente y, ahora sí, esa serie de situaciones que al menos, de este lado de la vida, no continuarán sucediéndose como lo venían haciendo. Los grandes artistas, los creadores, no necesariamente mueren. Extinguen sus cuerpos, sólo eso, y encienden una llama eterna con su legado como combustible para pasar a una eternidad infinita. Eventualmente Lou Reed no necesita presentación, hacerlo correría ese delicado riesgo de caer en lo evidente. Brooklyn, la Velvet Underground y Warhol. El disco con la banana en la tapa. El otro, el doble con sólo ruido blanco. Nico, Bowie. Lou el Padrino del Punk, Lou el heroinómano en vida, y el que simulaba inyectarse sobre el escenario. Lou el bisexual. El Animal del Rock’n’Roll. Lou el malhumorado, o el practicante de tai-chi. El de las grandes canciones y el de las mil y una letras. El poeta y el que hasta grabó un disco con los mismísimos Metallica. El diccionario loureediano de bolsillo completo. O sus inolvidables conciertos cuando visitó Buenos Aires. Todo eso. El mismo hombre que alguna vez declaró que su meta era la de “escribir la Gran Novela Americana en formato de disco”, tempranamente inspirado por aquellas melodías que, tal como declaró en cientos reportajes a través de su carrera, “endulzaban las noches de su juventud”.
Lewis Allan Reed, prácticamente solo en su estilo entre los artistas judíos de su generación, generó con The Velvet Underground la música que todo padre o madre podía llegar a odiar, fácilmente. Pero al mismo tiempo la misma que se ganó la reputación de ser una de las más influyentes en la historia del Rock. Es que, sencillamente, Lou era demasiado cínico para ello. Y encontró en la idiosincracia de la ciudad de New York el caldo de cultivo ideal para plasmarla, y entonces convertirlo en su artista más característico de al menos las últimas cinco décadas. Quizás no sea tanto el hecho de que Lou haya representado el prototipo del neoyorquino promedio como nadie, más bien Reed es el prototipo perfecto del ciudadano neoyorquino en estado puro. Pero la New York de Lou Reed era dura y pesada, y acaso tan distintiva como la París de Baudelaire. Lou no hablaba del Broadway original de Margot Fontayne, de aquellos años dorados de “las luces brillantes en la ciudad brillante” y, más contemporáneamente, tampoco de la tardes de los enamorados que se revolcaban por el césped del Central Park. La poesía de Reed evitaba el glamour como tal en perfecto contraste con la cotidianeidad más folklórica de Manhattan y adyacencias. Prefería escribir sobre lo que sus ojos realmente percibían a diario, sometiéndose a su filosa retina. La New York de los buscavidas que pululaban en los recovecos de la ciudad, plagada de los marginales más selectos. La de los adictos más bravos o los travestidos más osados. La de las bandadas de inadaptados que habitaban los más oscuros hoteles y tugurios neoyorquinos. En rigor, la de todos aquellos que habían llegado a New York City para pasearse por el lado salvaje. Y, por si todo esto fuera poco, además claramente influenciado por los aportes inquietantes de William S. Burroughs y Allen Ginsberg, entre otros escritores de la llamada “Generación Beat”, o por la decadencia de Rimbaud, para terminar oponiéndose, indiscutiblemente, a la sociedad a la cual parecía no sentirse afín, y exponiendo su actitud munido de un lenguaje claramente autóctono. Reed podría tranquilamente ostentar el título del hombre más influyente del rock and roll, tal vez, si Elvis no hubiera existido. Hasta el comienzo de su carrera en solitario en 1971, sus primeras canciones junto a la Velvet Underground siguen resultando aún hoy día frescas e innovadoras, y hasta resulta realmente difícil creer que fueron escritas hace casi medio siglo atrás. “El primer disco de la Velvet Underground vendió solamente 30.000 copias en los primeros cinco años. Creo que cada una de las personas que compró una de esas 30.000 copias formó una banda” La frase de Brian Eno es una de las citas más famosas y recordadas sobre la música de Lou Reed, pero ni el mismísimo biógrafo de Eno pudo comprobar su veracidad, lo que la puso en duda en más de una ocasión. Paralelamente resulta impensable el no considerar que una banda en estos tiempos no haya tenido influencia de la Velvet, en mayor o menor escala. Apócrifa o no, la frase de Eno podría definir perfectamente, entonces, la obra de uno de los artistas con más peso y relevancia a tener en cuenta.
A mediados del corriente año, Reed debió abandonar por un tiempo a su entrañable New York para ser sometido a un transplante de hígado en la ciudad de Cleveland. Los pronósticos resultaban alentadores y poco después declaró abiertamente que se sentía “un triunfo de la medicina, física y química moderna. Me siento más fuerte que nunca, y espero ansiosamente volver a los escenarios, y escribir más canciones para poder conectarme con sus corazones y sus espíritus, y el universo entero, con miras al futuro” Pero el último domingo 27 de octubre las esperanzas de sus amantes volvieron a fragmentarse, esta vez como nunca antes, tras la noticia de su fallecimiento por una seria enfermedad estomacal en su hogar en Southampton, en el estado de New York, a los 71 años de edad.
La muerte de Lou generó uno de los impactos más significativos de la era que se recuerden, en tanto insignificante al momento de compararla con su inconmensurable legado artístico. El mismo que lo mantiene sano y salvo. En pocas ocasiones se recuerda tamaña oleada de repercusiones que siguieron al hecho, y de boca del abanico más variado de artistas imaginable, en un juego de frases y elogios y elogios tan inmenso como su obra. Pero fue su esposa y artista Laurie Anderson (a quien sorpresivamente Reed acompañó en una canción en su presentación en el Gran Rex en el 2008) quien sentó la más conmovedora de las secuelas dedicándole su propio obituario en el periódico East Hampton Star de Long Island: “A nuestros vecinos: ¡Qué hermoso otoño! Todo brilla y luce dorado y toda esa luz suave. Nos rodea el agua. Lou y yo hemos pasado muchísimo tiempo aquí en los últimos años, y si bien somos personas de la ciudad, este es nuestro hogar espiritual. La semana pasada le prometí sacarlo del hospital e irnos de vuelta a nuestra casa en Springs. ¡Y lo hicimos! Lou era maestro de tai-chi y pasó sus últimos días allí sintiéndose feliz y encandilado por la belleza, el poder y la ternura de la naturaleza. Falleció en la mañana del domingo mirando los árboles y haciendo la famosa ‘posición 21’ del tai-chi, con sus manos de músico moviéndose a través del aire. Lou era un príncipe y un luchador, y sé que sus canciones sobre el dolor y la belleza en el mundo llenarán a mucha gente de la misma alegría que él sentía por la vida. Larga vida a la belleza que nos contagia a todos nosotros. Laurie Anderson, su amada esposa y eterna amiga”
Es un día perfecto para Lou, y un buen momento para su paseo por el lado más pacífico de la eternidad de la vida.

Muñeca Rota (Inspiración por Ariel Rot)

Estándar

Publicado en Evaristo Cultural en mayo de 2013

“La vida era una fiesta hasta llegar a los treinta, ahora te pasó la cuenta…”. Tranquila, ¿qué es ese rostro ruborizado? ¿A qué viene ese sabor amargo como la hiel que te taladra la existencia? Calma entonces, que nadie te lo está diciendo. O acaso sea tu conciencia quien te lo esté suspirando al oído, lo más despacito posible. O el espejo del paso inexorable del tiempo. Como fuera, yo no estoy ahí, sólo percibo a la distancia. Digámoslo así. Lo veo en tu rostro, en tus palabras y acciones, en cada instante de las que les toca ser parte de tu grupo, tan parecidas entre sí mismo. Que no son todas, dicho sea de paso. Es que algunas lo saben llevar con madurez y dignísima entereza. Por eso tal vez vos seas de las que más terrible les resulte asumirlo. Digo, en caso que sea posible. ¿Insisto, por acaso sos de aquellas que sienten que se les pasó la cuenta? Permitime indagar todavía un poco más, y al menos confesame cuál fue el instante en que decidiste para el reloj del destino, e intentar desafiar toda ley física posible. Porque bien sabés, o al menos deberías hacerlo, todo esfuerzo va a ser inevitablemente en vano. Entonces sí, ésta es tu historia, mi estimada muñeca. Maestra no recibida de la actuación, reina de lo solapado. Comandante no asumida del buque con un iceberg clavado en la trompa, dueña de la brújula oxidada que agoniza buscando algún punto cardinal en los océanos congelados del más acá, y que tiembla por enfrentar el más allá. Payaso pintado del circo sin carpa, con la sonrisa dibujada, retornando a camarines tras la enésima función, con el rimmel corrido hasta el ombligo. Atrás lejos en el tiempo quedó el protagónico unipersonal de un libreto que te esforzaste en escribir, y cuya tinta se decoloró hasta alcanzar un matiz demasiado aburrido como para no poder olvidar. “Tu estado de inconciencia permanente buscando la ocasión para ir al frente, sin nada que te detenga” Inconciencia bien conciente, convengamos. O al revés, igual no cierra. Bien lo sabe tu almohada, tu mejor aliada en esta historia espejada donde se refleja tu realidad, cuando el antojo de manejar las cosas a tu estilo terminó en el tacho, tras no sobrevivir al freezer. Pensé que quizás, en algún momento, te ibas a hacer cargo de la situación y preferir que nadie salga malherido. Pero fue en vano, seguramente me dejé llevar por la esperanza de que así sea, y el guión de obra se fue a cualquier parte y te perdiste el papel principal por el que te desvelabas, para agregar una hoja más en blanco y convertirte en actriz de reparto. Te quedaste enganchada en tu propia telaraña, te empeñaste en volver a tejer nuevos artilugios, al fin y al cabo toda una experta, pero la mosca vio la red antes de quedarse pegada, y ahora volviste al nido sin presa, cuando el tiempo ya se había detenido y, claro, no quedaba otro camino. “Te tiraste de cabeza al agujero sin pensártelo primero, de cama en cama, de boca en boca… Ahora no puedo ocultarte mi dolor al verte así, tan frágil, como una muñeca rota.”
Alguna vez me encandilaste con tus sueños de buenaventura y añorado placer, y me convencí que vibrábamos en la misma frecuencia. Que las palabras sobraban y que un gesto valía mucho más que miles de ellas, como siempre escuchamos decir. Que mejor que pararse de frente al otro era caminar a la par, y que sólo se trataba de retar a duelo toda ley matemática, y que entonces uno más uno debía dar uno. ¿En eso coincidíamos, verdad? Por algún motivo, consideré el soñar despierto una jugada arriesgada. Pero cometí el terrible pecado de ser buena gente, transparente, honesto, mientras veía cómo mandabas al fondo al galeón que transportaba el cofre sagrado del tesoro jamás alcanzado, y te hundías con él. Pero antes me aseguré de guardarme algunas monedas en el bolsillo. Agua, aire, tierra, anduve por todos lados. Y se me pasó por completo que el avión podía volver a estrellarse una vez más. La torre de control ya no aparecía en el radar y el piloto se derrumbaba sobre el tablero. Recordé que la tripulación había sido oportunamente diezmada, y que ya no me quedaban pistas de aterrizaje libres. Ni tampoco localidades para la película de amor de ocasión, mientras en su lugar escribíamos un clásico del cine catástrofe. “Manejabas a la perfección el arte de la huída hacia adelante, más de uno se dejo los huesos en el intento de seguir el rastro de tu rumbo itinerante.” También me llevó un buen tiempo entender que no eras la mejor de la clase para sumar o multiplicar, pero sí la alumna más rápida para dividir, y la mejor a la hora de restar. Y que te anotabas las fórmulas en la palma de la mano, y entonces dejé atrás mi idea equivocada de burro para convertirme en abanderado. Y premio al mejor compañero en un grado de dos, mientras te ibas solita a marzo. “Te encontré una madrugada con el corazón en llamas desafiando al mundo con el filo de una copa, y justo en ese momento presentí que ibas a acabar así, como una muñeca rota.”
Tiré la toalla, abandoné el ring. Recuperé el tiempo perdido y me llevé todos los intereses de tamaña inversión. Las acciones se fueron bien arriba y pasé del corralito de la desilusión a la caja fuerte de la experiencia, que acabó blindándose para siempre. Me hice rico sin billetes renunciando al premio y, millonario sin bienes materiales, me atraganté de riqueza de espíritu. Recordé que cierta vez Victor Hugo escribió que “las mujeres juegan con su belleza como los niños con un cuchillo, y se lastiman”, me miré las manos, no ví siquiera un callo y, confieso, sentí algo de lástima al evocarte, mientras me preguntaba de qué manera el poeta había obtenido los derechos de autor de nuestra historia, cuánto hace, ¿dos siglos atrás? Te imagino jugando el mismo juego, insistente, y con la brújula aún sin reparar. Apostando a números que superan todos los que puedan caber en un tapete, a un “no va más” permanente, la bolilla que no cae en ningún casillero. “La vida gira igual que una ruleta, parece que ahora te toca, esperar en un rincón que alguien quiera volver a jugar contigo, muñeca rota.”
¿Cuál será el próximo bicho que caerá en la red? Digo, espero que a esta altura de las circunstancias ya te hayas desenredado. Que ya se agotó el tiempo de las sonrisas forzadas, que ya no hay lugar para firmar pagarés incobrables, y que las novelas de amor no pasan de una tarde. Correr o galopar como un potrillo. Cazador cazado o ángel sin alas, da lo mismo. “Cada vez que suena tu canción yo recuerdo aquel sabor amargo de la derrota, es que siempre hay una historia de un hombre vencido detrás de cada muñeca rota.” Y bien entero en el corazón, por cierto. Pero cómo, ¿todavía se te ruboriza el rostro?

El retorno del hombre más valiente del Universo. Bobby Womack. HMV Forum, Londres, 27 de Nov. de 2012

Estándar

ImagePublicado en Evaristo Cultural en marzo de 2013

Robert Dwayne “Bobby” Womack es un cantante y compositor norteamericano que lleva más de cinco décadas de carrera en sus espaldas. Leyenda viva del soul, Womack supo también abarcar a lo largo de su carrera géneros como rock & roll, doo-bop, gospel, country y R&B.

ImageLondres es una caja de sorpresas. Depara muchas, por cierto. Para los acólitos de la música en cualquiera de sus géneros, o los admiradores de las artes en general, designarla como una de las mecas más prolíficas en cuanto a espectáculos se refiere (y en lucha codo a codo con New York) no resulta menos que harto evidente. Ambas metrópolis ostentan dicho título, tal vez como ninguna otra. Pero es, quizás en el terreno musical, la más convocante de ambas. Por su azarosa posición continental observando al resto de Europa, y por considerarse uno de los polos artísticos más prolíficos de todos los tiempos. De alguna forma, la frase es conocida: “todo pasa por Londres”. Basta con hojear un diario o revista, cualquier día, hacerlo al azar, y encontrarse con la oferta más variada en lo que a espectáculos se refiere. Situación que puede llegar a abrumar y perturbar, incluso a las plateas más sedientas, cuando la falta de tiempo juega en contra. Porque el día nunca pero nunca alcanza. Y es que en uno de esos periódicos, revistas o afiches, uno se encuentra con el notición de un show de Bobby Womack. Espectáculos que difícilmente –sino imposible– tengan lugar en nuestro país. Vamos, o en Sudamérica toda. Artistas de culto que pueden desaparecer en cualquier momento. Conciertos a los que más vale asistir, si la buena suerte que significa estar en el lugar y en el momento correcto así lo sugiere. Por eso, aquella mañana del 26 de noviembre fui a desayunar al bar a la vuelta de la esquina (bah… al restaurante de paso), como había estado haciendo casi todos los días durante mi estadía en la capital británica. Los integrantes de mi familia amiga, en cuya casa me alojaba, se despertaban muy temprano y la opción de hacerlo junto a ellos con el frío otoñal de las 6 de la mañana (digo, para no perderme el tradicional desayuno), no sonaba muy seductora que digamos. Sobre todo si uno acostumbraba a caminar la capital por un mínimo de doce horas diarias, para luego desmayarme en la cama, casi catatónicamente, una vez de regreso a casa. Todos y cada uno de los días. Más aún, si la casa estaba situada en los suburbios, unos 16 km. al norte de Central London , el centro propiamente dicho de la ciudad (me costó un tiempo aprender que los ingleses le huyen a la palabra downtown), y a casi 2 horas de buses combinados (y claro, otras dos para regresar). Aquella era otra de las tantas mañanas en el bar/restaurante, entonces. Desayuno inglés oficial sobre mi mesa: huevos fritos, tocino, salchicha, frijoles, hongos y tomate al grill. Salsas inglesas (varias) y la tostada de rigor. Una auténtica sobredosis de colesterol británico. Y una merecida recompensa para un visitante que pasó sus dos primeros días en Londres (y en mi primera visita a Inglaterra) lidiando con una indescriptible gripe estomacal que me sometió a una dieta estricta y única de té medicinal. Y a un tour permanente de 48 horas a lo largo y ancho del baño (¿hubiera sonado menos escatológico escribir toilette?), con una pequeña ventana al Londres del más allá por cuya conquista rezaba y que, mientras tanto, ahora no paraba de maldecir. Plenamente recuperado semanas después, y con la taza de café de rigor, entonces. Junto a ésta la página del diario anunciando el show de Womack al día siguiente en el HMV Forum en Kentish Town, apenas a unas cuadras de la hipervisitada área de Camden Town. Un concierto caliente en una ciudad helada en pleno otoño boreal cuando, promediando la tarde, no queda nada luminoso allí arriba, salvo la luna y las estrellas. Y a 24 horas de mi corriente desayuno. Es que Robert Dwayne “Bobby” Womack, con casi 69 años a cuestas, oriundo de Cleveland, Ohio, estaba de regreso. Un nuevo regreso, en rigor.

ImageUno más de sus tantos retornos, a pesar de su monumental talento como compositor, músico y cantante, si tenemos en cuenta sus innumerables desapariciones de la palestra a título de una extensa carrera plagada de todo tipo de situaciones trágicas, mala fortuna y una serie de adicciones que le depararon una no menor cantidad de zigzagueos con la muerte. Trayectoria que comenzó en 1960 como cantante de The Valentinos y, al mismo tiempo, como guitarrista del eterno Sam Cooke, una de las más finas leyendas del Rhythm and Blues, Soul, Gospel y Pop de toda la existencia, de alma y piel tan negra como Womack. Con más de medio siglo de carrera a cuestas, Womack nunca ha sido un gran vendedor de discos –prefirió ganarse la vida sobre los escenarios–, pero sí ha compuesto una buena cantidad de canciones que le valieron un podio especial, principalmente, en la hermandad musical negra de los últimos 50 años. Pero también en aquella otra audiencia, la de un público blanco cada vez más seducido, desde los tempranos años 60, por aquellos que todo lo originaron. Sin ir más lejos, fue la pluma de Womack que escribió It’s All Over Now, canción que los Rolling Stones grabaron en su segundo álbum y que, además, les valió su primer No. 1 en los ránkings británicos, superando cómodamente las propias ventas de la versión original de Womack.
Desterrado por muchos de sus contemporáneos de la escena del Rhythn’n’Blues tras contraer enlace con la viuda de Cooke al año siguiente, Womack optó entonces por oponerse a grabar muchas de sus propias canciones, en su lugar prefiriendo que las graben otros músicos, como el gran Wilson Pickett, o la mismísima Janis Joplin.
Cientos de vidas después, en 2012 Womack estaba de regreso con su nuevo trabajo de estudio The Bravest Man in the Universe. Producido por Damon Albarn (más conocido como cantante de Blur, y uno de los factótums del proyecto de rock virtual Gorillaz) junto a Richard Russell, el fundador del sello XL Recordings, la dupla fue la auténtica responsable de rescatar a Womack de un nuevo anonimato, tal como años atrás también lo habían intentado con el poeta y músico Gil Scott-Heron. El disco gozó de una muy cálida recepción en las estaciones de radio londinenses y, masivamente aclamado, colmó ambas presentaciones de éste en Londres.
Aquella noche del 27 de noviembre, para el segundo y último de los dos conciertos, la multitud que circulaba por las inmediaciones del HMV Forum era una curiosa mezcla que reunía fans de antaño y amantes del Soul, quien aquí subscribe, entre ellos.
Tiempo antes, en las fechas de presentación del disco en su propio país, Womack ignoró casi completamente su nuevo trabajo. Pero lo pensó mejor para los shows londinenses. Habría resultado imperdonable que no lo hiciera. Para ello abrió el concierto con un set separado del que luego sería el espectáculo principal, enteramente dedicado a sus nuevas canciones (las que obvió en Estados Unidos) a modo de introducción y en plan de música electrónica (¿soul electrónico?), segmento al cual sumó la participación de Albarn y Russell (en piano y teclados, respectivamente), más otros dos músicos, compartiendo escenario. Womack al frente, enfundado completamente en cuero rojo, y con gorra al tono, pasó la mayor parte de set sentado, quizás conciente de los problemas coronarios que lo estuvieron afectando, y de un cáncer de cólon diagnosticado recientemente.
Apenas un puñado de canciones entonces, sólo las de The Bravest Man…, y turno para un intervalo. En no más de diez minutos Womack retornó al escenario junto a su banda completa para iniciar el auténtico viaje al pasado que la audiencia, en su mayoría negra y colmando el teatro reclamaba –al fin y al cabo, el motivo principal de la velada– y que registraría un cambio total de atmósfera. Del íntimo y frío set inicial a la travesía directa al mundo del Soul de la segunda parte. Un ataque total de “negritud”, en composé con las luces que ahora volvían a apagarse, tiñendo el Forum de oscuridad para dar paso al acto final de la noche. Esto es, “Womack, el soul brother” en estado puro. Logísticamente, el propósito de dividir el concierto en dos bloques cobró sentido, gracias a la imponente personalidad de Womack quien, a pesar de su eventual fragilidad física, asombrosamente posee un registro vocal indestructible. Cada una de las canciones representa una historia diferente de otra, así y todo amalgamadas por el clima de lucha “día a día” al que tantas veces se refirió a través de su pedregosa carrera en algunos de sus más grandes éxitos que esa noche cantó, como That’s The Way I Feel About Cha, Harry Hippie o, por supuesto, It’s All Over Now. El punto emocional más alto fue, sin duda, para A Change Is Gonna Come, el clásico de clásicos de Sam Cooke en la cual Womack compartió la primera voz con su hija, una de las tres coristas de su grupo. “¿Pueden sentirme?”, disparó a la multitud. Así, Womack no sólo se ocuparía de su mentor. El “Hombre Más Valiente del Universo” tampoco dejaría de omitir las menciones a James Brown o Marvin Gaye, rindiéndole homenaje a con frases del tipo “¡Yo aún estoy aquí!” o cuando recitó “ha sido difícil vivir pero temo morir”, antes de recibir una ovación demoledora y, con la ayuda de un asistente, abandonar el escenario para fundirse en un abrazo con Albarn. Y encandilar a una audiencia que lo esperó por años, que tal vez fueron demasiados y bastante hostiles, pero no lo suficiente como para poder con su osada valentía.

El lado lejano de Gary Larson

Estándar

Publicado en Evaristo Cultural en marzo de 2013

Gary Larson es un reputado humorista gráfico norteamericano. Fue el creador de The Far Side, un panel unitario de humor ilustrado que fue sindicado internacionalmente durante 15 años en más de 900 periódicos. La serie culminó con el retiro del artista el 1º de enero de 1995.

Un grupo de tres dinosaurios que comparten cigarrillos, estratégicamente escondidos tras unas rocas. El de actitud más cautelosa le está encendiendo uno a otro de sus marginales compañeros, mientras vigila cuidosamente a su alrededor, asegurándose que nadie los esté observando. Todos ellos despliegan miradas cómplices, que denotan algún tipo de actividad ilegal. Un pterodáctilo que sobrevuela la escena, entre tanto, allí arriba en el cielo. Debajo del recuadro de la historieta, un epígrafe que reza “La verdadera razón por la que se extinguieron los dinosaurios”. Abajo, la firma de Larson.

Un científico dándole los últimos toques al misil que acaba de ensamblar, mientras que detrás suyo un colega bromista se dispone a asustarlo con una bolsa de papel inflada que, sin previo aviso, piensa hacer estallar detrás de su compañero de trabajo. O la de los dos peregrinos perdidos en el desierto, extenuados boca abajo sobre las interminables dunas, y el encontronazo con un camello agonizante, o directamente muerto, frente a ellos (“Bueno, no creo sea una buena señal”, confiesa uno). Nuevamente, la firma de Larson rubrica ambas historietas.


Más animales. Tres caballos frente a una cerca. Todos están de espaldas al lector. Un poco más allá, sobre el camino de tierra del otro lado del vallado, aparece otro equino, pero en situación más confortable. Está al volante de un convertible y porta lentes negros y un sombrero con una pluma. Les muestra a los tres caballos de turno, quienes intercambian miradas de excitación, un codiciadísimo terrón de azúcar. “Cada tarde un dealer de terrones de azúcar se da un paseo por el corral en busca de ‘clientes'”, señala el epígrafe.

A Gary Larson le llevó unos cuantos años descubrir y reconocer abiertamente que fue su familia –”tenían un humor mórbido”–, y sobre todo su hermano mayor Dan –”de un sentido del humor realmente paranoico”–, la fuente original de inspiración que lo llevaría a convertirse en uno de los más significantes historietistas de su país. Y también de una buena parte del planeta. Nacido en 1950 en la ciudad de Tacoma, estado de Washington, el apellido Larson es sinónimo de The Far Side, título que aglutina al grupo de historietas individuales que le valió su merecido reconocimiento a lo largo de 15 años, y con publicaciones en más de 900 periódicos mundiales, y en una cantidad innumerable de colecciones. Según relata Larson en su antología The Prehistory of The Far Side (La Prehistoria de The Far Side), se encontraba trabajando en una disquería y cierta vez, habiéndose tomado unos días de descanso, pudo darse cuenta cuánto odiaba su empleo. Por lo que, sin motivo aparente, se volcó a la historieta. Su primer intento profesional tuvo que ver con un número original de 6 trabajos que por entonces Larson envió a la redacción de Pacific Search, en Seattle. Larson continuó colaborando en otras publicaciones locales de la principal ciudad de su estado natal, incluyendo el Seattle Times, cuyos trabajos aparecieron semanalmente en 1979 en el periódico bajo el nombre de Nature’s Way. Paralelamente, Larson buscó un segundo ingreso, esta vez como especialista en lo relativo al maltrato animal. Pero fue el legendario San Francisco Chronicle, e inesperadamente durante una escapada de vacaciones en California al año siguiente, que le permitió dar el gran paso. Sorpresivamente, Chronicle le compró la historieta y la sindicó a lo largo y ancho de Estados Unidos, no sin antes renombrarla The Far Side (El Lado Lejano).Quizás la más acertada manera de describir el carácter del arte de Larson tenga que ver con su deliberado empeño en retratar las relaciones humanas y animales, en casi permanente metáfora, y en un estilo artístico único en su especie, si es que vale la redudancia. Ironía aguda y refinada, animales que se comportan como personas, observaciones científicas. Un cóctel rico en auténtico surrealismo, pero paradójicamente nada lejos de la realidad misma. De hecho, más cerca al reino animal que al victimario género humano. Más aún, los temas abordados en The Far Side, básicamente regidos por las conductas de los animales en un mundo dominado, eventual y tristemente, por la raza humana, oficializan lo surreal. Con epígrafes de historietas tales como “Los peligros inesperados de ser un insecto”, o “Cómo se comportan las vacas cuando los humanos no las están observando”, por citar dos de las más recordadas frases, Larson apunta principalmente a nuestra conducta, la de “las criaturas supuestamente superiores”, pero en casi permanente y exclusiva comparación a la de los animales, y los contrastes de los comportamientos entre ambos bandos. Hay pingüinos que toman osos polares de rehén, perros que rezan antes de irse a la cama y vacas que organizan parrilladas. Vacas por doquier, muchas vacas en las historietas de Larson. Y dinosaurios, otra de sus especies predilectas. Dinosaurios a cargo de cátedras en aulas repletas de –¡claro!– dinosaurios. Y hombres prehistóricos subidos a escaleras observando a mamuts en microscopios gigantes. O perros trabajando en laboratorios. Abrumado tras lidiar a lo largo de quince años con las súbitas entregas y cierres de edición de las incontables publicaciones para las que trabajaba, y la eventual tiranía de sus tiempos, Larson dejó de producir The Far Side el primer día del primer mes de 1995. Al mismo tiempo, Larson consideró que su trabajo se estaba tornando repetitivo y temió comenzar a formar parte de lo que él definía como “el cementerio de las historietas mediocres”. En 1998 Larson publicó There’s a Hair in My Dirt!: A Worm’s Story (Hay un cabello en mi roña: La historia de un gusano), su primer libro post-The Far Side. Asimismo, se produjeron dos versiones animadas de sus historietas para televisión: Tales from the Far Side I and II. Con 23 libros de colecciones de sus trabajos publicados y más de 45 millones de copias vendidas, las historietas de Larson también aparecieron en tarjetas (de cumpleaños, saludos o fechas determinadas), tazas y calendarios. Desde entonces, y por motivos desconocidos, Larson se volvió cada vez más solitario, haciendo escasas apariciones –entre éstas, aportando su voz para Once Upon a Time in Springfield, el capítulo de los Simpsons en el que fue caracterizado–. Y no mucho más. “Tan recluído como Salinger”, tal como confesara uno de sus pocos allegados. Pero oportunamente, en ocasión de vocero ecologista: “Proteger a la fauna silvestre está primero en mi lista”. Y uno no puede menos que imaginar a sus amadas vacas o dinosaurios, retozando en sus salas de estar o compartiendo jornadas laborales en laboratorios, y guiñándole un ojo en surrealista connivencia.

Exhibición: “Autorretrato de la Muerte”

Estándar

Publicado en Evaristo Cultural en enero de 2013

Situado en pleno Euston Road, una de las calles más tradicionales del área central de Londres, y no tan lejos de la porción más turística, aquella conformada por Piccadilly, Oxford o Carnaby Street, el espacio cultural Wellcome Collection resulta ser una de las opciones más atractivas que la capital británica pueda ofrecer. Por lo menos, para los más indiscretos. Bajo el lema “Un destino gratuito para los incurablemente curiosos”, la Wellcome Collection rinde un fiel tributo a su bien merecido mote, una travesía a exhibiciones inusuales, fuera de lo común. Por tal motivo, no vacilé siquiera una fracción de segundo en enterarme de su exposición más reciente, y la más galardonada. Oportunamente bautizada Death, A Self Portrait (“La Muerte, un autorretrato”), la muestra presenta la colección privada del rastreador de antigüedades Richard Harris. Originario de la ciudad de Chicago, Harris ha cruzado el océano para instalar en Londres su último proyecto, un conjunto de piezas único en su especie, dedicadas exclusivamente a La Muerte (así, con nombre propio y en mayúsculas), de asombrosa diversidad, y que reúne más de 300 artefactos históricos, obras de arte, especímenes y rarezas varias relacionadas a la iconografía de la mismísima Parca, y a nuestras actitudes históricamente contradictorias y complejas sobre ésta. Desde grabados de Rembrandt, Goya o Dürer y postales metamórficas antiguas hasta dibujos anatómicos o arte de tinte bélico. Series de restos humanos en clara yuxtaposición con pinturas vanitas (estilo artístico del norte de Europa de 400 años de antigüedad), grupos de calaveras incaicas milenarias o, como no podían faltar, trabajos en papier-maché mexicanas del siglo pasado, celebrando el Día de los Muertos, todo en el marco de una colección seductoramente macabra y encantadoramente singular. “Una ventana abierta a nuestro persistente deseo de hacer las paces con la muerte”, tal como lo señaló un crítico. Aventura para la cual Harris se apropió de cinco salas temáticas dentro del complejo, convenientemente rotuladas, y en este mismo orden: ‘Contemplando la Muerte’ (o de cómo contemplamos la mortalidad, con su obra estrella, el óleo del belga Adriaen van Utrecht Naturaleza Muerta junto a un Bouquet y una Calavera, del año 1643); ‘La Danza de la Muerte’ (sobre la certeza universal de la muerte), ‘Muerte Violenta’ (dominada por tres segmentos de trabajos considerados los más poderosos manifiestos antibélicos alguna vez realizados); ‘Eros y Thanatos’ (que refiere a la fascinación de las personas por los fenómenos mórbidos, y no por su simple curiosidad científica); y ‘Conmemoración’ (sobre las transformaciones de los rituales asociados a la muerte a través de los siglos y en las diferentes culturas).
Hay piezas de escultura china en jade, antiquísimos textos sobre anatomía humana, figuras de “guardianes de tumbas” provenientes de islas perdidas en el Pacífico, tazas ceremoniales tibetanas, vasijas aztecas precolombinas y fotografías de gente posando con accesorios fúnebres. El factor omnipresente en cada una de las obras expuestas es que todas presentan, al menos, un cadáver o, más mórbidamente aún, una parte de éste. Harris no incluye huesos de animales, ni ninguna práctica asociada a la taxidermia. Su colección refiere exclusivamente a la universalidad de la muerte humana y a la pluralidad de las diversas expresiones sobre ella a través de los siglos. Con más de 70 años de edad, Harris, cuya previa presentación de la muestra en el Centro Cultural de su ciudad natal a principios de año atrajo a más de cien mil visitantes, por ende convirtiéndose en la exhibición más exitosa en la historia de la galería, asimismo no parece cesar su obsesiva acumulación de material en cuestión, recientemente incorporando un Chevy de 1958 decorado con motivos mexicanos del (una vez más) Día de los Muertos, acaso la celebración fetiche por excelencia sobre la muerte a nivel mundial y que, seguramente, agregará a una posible futura versión de la exposición.

ImageCuriosa y sorpresivamente, una de las obras más visitadas de la exhibición corresponde al trío de artistas argentinos agrupados bajo el nombre de Mondongo Collective (esto es, Augustine Picasso, Manuel Mendanha y Juliana Laffitte), una muy fresca y monumental obra de 2011 realizada enteramente en plastilina. ‘Calavera’ (en español original), y tal como reza el texto de refrencia que la acompaña, es “un collage tridimensional que refiere al dominio económico y cultural de Europa y Estados Unidos, representado por la arquitectura neoclásica y la literatura de Occidente, y sus consecuencias radicales en Sudamérica evocadas por las villas miseria de las grandes ciudades de Argentina”.

ImageEn la introducción del catálogo que se nos brinda a los visitantes que hemos colmado la muestra, la artista inglesa Jodie Carey, cuyo candelabro conformado por 3000 huesos de plástico da la bienvenida a la primera de las salas del evento, acertadamente indica que “en el corazón de esta exhibición radican preguntas sobre el valor del arte a la hora de comunicar ideas sobre la muerte y el cuerpo”. Carey se pregunta: “¿Es posible que la producción y apreciación de obras simbólicas nos ayuden a negociar con la muerte? ¿Cuál es la función que cumplen los objetos inanimados en los rituales de los entierros o velatorios? ¿De qué manera pueden nuestras pertenencias contribuir a activar recuerdos que nos conecten con los muertos? ¿Qué habría detrás del impulso que nos lleva a coleccionar objetos que refieren a nuestras actitudes hacia la muerte misma, o el empeño en trascenderla?” Tales preguntas no dejan de repetirse a medida que atravesamos los cinco sectores de la muestra, diseñados para enaltecer la naturaleza ecléctica de la colección. Un moderno gabinete de curiosidades, que funciona parcialmente como la autobiografía visual de algo en particular, simultáneamente brindándonos la oportunidad de examinar nuestros propios sentimientos respecto a la mortalidad. Por momentos, perturbadoras, ocasionalmente macabras y a menudo conmovedoras, las imágenes presentadas proveen una comprensión particular sobre la historia de nuestro eterno deseo de hacer las paces con la muerte”.
Death, A Self Portrait se exhibe en el Wellcome Collection hasta el 27 de febrero de 2013.

Corre, Macleod, corre!

Estándar

Publicado en Evaristo Cultural en enero de 2013.

Parece un relato extraido de un certamen olímpico, de aquellos que suceden cada tantos años y desde tiempos inmemorables, pero estrictamente pertenece a un ciudadano británico común y corriente llamado Hector Macleod, el mismo que el pasado mes de noviembre culminó oficialmente su travesía de 1 año de caminar diariamente 13,6 kilómetros (unas 219 cuadras) desde su hogar hasta su trabajo (y de regreso de éste). Inevitablemente, los medios ingleses no dudaron en bautizarlo “nuestro propio Forrest Gump”, moción también secundada por sus seguidores. Pero Macleod no es tan famoso como Tom Hanks, ni se ha puesto a la orden de ningún director de películas. Tampoco ha ganado tanto dinero –todo lo obtenido, por cierto, ha sido donado–. Mucho menos ha llegado a la gran pantalla. Pero sí acaparó la atención de una buena parte de los medios gráficos, radiales y televisivos del Reino Unido. Los mismos que lo compararon con Hanks y que ahora lo galardonaron más exclusivamente. Es que Macleod, de 48 años, dueño de una compañía de post-producción fílmica en Londres, se estuvo levantando a las 5.45 am para, minutos después, salir religiosamente de su hogar (situado en en el área de Putney) cada mañana a las 6, y arribar a su oficina del barrio de Soho dos horas más tarde, a las 8 am o’clock. Puntualmente. Cinco días a la semana, con sol o lluvia, frío o calor. Y a veces, si la tarea lo demandaba, algún que otro sábado.
Todo comenzó en octubre de 2011, cuando una inesperada nevada poderosa en la capital británica (las menos habituales, pero de las que paralizan aeropuertos cuando suceden) obligó a Macleod, ante la falta reinante de buses, a dirigirse a su oficina a pie. Su equilibrada salud y buena predisposición le vinieron de perillas. Ya para entonces Macleod incluso venía realizando un arduo entrenamiento con miras a un viaje a al Polo Sur que debió suspender por causa de la creciente recesión económica generada a partir de fines de 2008, y que esta vez, entonces, le resultó ser un adecuado modo de precalentamiento.
Cuenta la historia que disfrutó tanto de aquella primera caminata que no dudó en continuar, un día tras otro, contra toda inclemencia climática. Pero lo que Macleod desconocía era que lo iba a terminar haciendo durante el lapso de 1 año completo. De hecho, antes de emprender su apoteósico periplo pedestre, Macleod se volcó a la bicicleta pero, inesperadamente, durante la marcha sufrió, si bien leves, accidentes automovilísticos en dos ocasiones, lo que le causó una declarada animosidad a todo tipo de transporte público. “Se los ve a todos grises, y además tienen aspecto miserable. Y aún cuando salís de casa con tiempo de sobra y con las mejores intenciones, lo más probable es que nunca llegues a tiempo. Al caminar, en cambio, sos el maestro de tu propio destino. Hacer ejecicios en la mañana me ayuda a concentrarme y a relajarme cuando regreso a casa”. Hector se vio iluminado y, en pleno arranque de inspiración, no tuvo mejor idea que combinar su nueva actividad con los esfuerzos para recaudar fondos para el hospital Great Ormond Street, donde su propia hija había sido tratada dos años antes por un cuadro de tuberculosis. Una idea fantásticamente solidaria, por cierto.
Macleod sintió la necesidad de retribuir favores al personal del hospital y, sin titubeos, aportó cada una de las libras esterlinas ahorradas en transporte (una buena cantidad, teniendo en cuenta el alto precio del transporte público en Londres, si bien fiel a su servicio) y, más aún, el de las firmas que lo patrocinaron tras deslumbrarse por su nuevo rol social, monto que fue destinado al reamoblamiento de varios sectores del hospital, al financiamiento de investigaciones médicas y a la compra de algunos equipos de salud que debían ser renovados.
“Fue un año increíble”, confiesa Hector. “En mis recorridos, a medida que pasaban los meses, pude disfrutar de los preparativos para el Jubileo, los Juegos Olímpicos y también los Paraolímpicos. Cada día que pasa veo a Londres despertar y vuelvo a disfrutarlo cada vez que repito el viaje. Es el mismo recorrido de todos los días, siempre a lo largo del río, pero los cambios de estación y de clima hacen que cada vez sea diferente”.
Tampoco faltaron los inconvenientes de rutina. “Hubo perros que me corrieron y una vez estuve a punto de ser atacado por un grupo de adolescentes”.
Al principio, los pies de Macleod se llenaron de ampollas, mientras que sus piernas sufrían calambres históricos, por lo que una firma de calzado deportivo británica le diseñó un modelo de suelas especiales. Y adiós a las ampollas. En cuanto al clima, cualquiera fuera éste, todo lo que Hector llevaba puesto eran unos shorts y una remera, con el agregado de un buzo térmico en aquellos días realmente gélidos tan característicos del otoño o invierno londinenses en que el viento erosiona los huesos. Todo cabía en su mochila. Mientras que sus signos vitales (debemos recordar que fueron casi doscientas veinte cuadras por día!) estuvieron monitoreados por un GPS de última generación y permanentemente actualizados en su página web.
Macleod sólo planificó la aventura por un plazo no mayor de 1 año, marcando el 18 de noviembre de 2012 como meta de llegada. Entre tanto, ha recorido un total de 4.821 kilómetros, distribuídos en 5.428.107 pasos, a razón de 6,3 km./hora, aproximadamente, más exactamente unos 13,6 km. diarios, realizados en 2 horas y 6 minutos. O sea, casi unos 97 km. semanales, para los que ha utilizado tan sólo 1 par de zapatillas. Para entonces se ahorró cerca de 2.000 libras (unos 16.000 pesos) prescindiendo de todo tipo de transporte público y donando 20.103 libras (más de 160.000 pesos locales) al hospital de Great Ormond Street, aquel que tiempo atrás puso a resguardo la salud de su hija.
Hector cumplió con lo prometido, y ahora sí se dispone a cumplir su ansiado (y cierta vez pospuesto) viaje al cono Sur. ¿Su nuevo desafío? “En realidad no quiero volver a subirme a ningún bus”.

Sonny Rollins – London Jazz Festival, Barbican Centre, Londres, 16 de noviembre de 2012

Estándar

ImagePublicado en Evaristo Cultural en enero de 2013

Cierta vez escuché por ahí, o tal vez leí, que “las leyendas vivas a veces pueden dejarse estar y que otros hagan el trabajo”. Pues bien, éste no podría ser jamás el caso de Sonny Rollins. Apenas había transcurrido mi primera semana de estadía en la capital británica y, si bien me encontraba al tanto que por esos días estaba teniendo lugar el mítico Festival de Jazz de Londres, no pude creer mi suerte cuando leí en un periódico local que esa mismísima noche, justo esa noche del 16 de noviembre, una de las más grandes leyendas vivas del jazz se presentaba en pleno marco del evento y nada más y nada menos que en el Barbican, el mayor espacio multiartístico europeo, enclavado en el mismísimo corazón de la ciudad. Todo intento de explicar mi sofocante ansiedad por llegar a tiempo para el comienzo del show resultaría, lo menos, insuficiente. Y sabía a la perfección que la no menos creciente demanda de los amantes de su música por ver a Rollins en vivo y en directo, uno de los más grandes artistas del género vivos, el gran saxofonista tenor que sigue emocionando a sus 82 años, podía dejarme sin localidades y malherido en algún amable publondinense. Sin titubear, abandoné la exposición a la que estaba asistiendo (¡qué más daba!, si el tiempo había volado, se hacía tarde y, además, podía regresar en otra ocasión) y, cual saeta, me lancé al primer bus con destino al Barbican que, ya que estamos, tampoco quedaba tan lejos de donde me encontraba. El azar me volvió a sonreir cuando en el Barbican me informaron que ahora, a menos de una hora del inicio del concierto, aún quedaban unas pocas localidades disponibles. “Son las últimas 12”, me informaron ciertamente en la oficina de venta de tickets. “Eso sí, es por eso que son de las más caras”. En una fracción de segundo entendí todo: estaba a minutos de uno de los artistas más importantes de todos los tiempos y, entonces, no había lugar para ningún tipo de cuestionamientos. Y lo hice mucho mejor aún cuando, instantes después, me encontraba en la fila 10 del recinto, butaca del medio, en el mismísimo centro de la sala y a la distancia ideal para verlo, escucharlo y, lejos de haber podido imaginarlo, respirarlo. Y que las primeras impresiones no sirven absolutamente para nada, y que sólo son eso: primeras impresiones. Porque, tan sólo de haberme guiado por ellas, aquella figura frágil y desgarbada que, tras la introducción de ocasión de su majestuosa banda de acompañamiento, tomó el escenario enfundado en una camisa de satín rojo salmón, perdido en una nube frisada de cabellera blanca y con su andar tan característico, me hubiera hecho la idea más errada que pudiera concebir. Entiéndase, podría haber caído en el ridículo total de haber pretendido que Rollins aún luciera como uno de los tantos jóvenes gigantes que merodeaban a Charlie Parker en la década del ’40 para reformar el jazz de la escena neoyorquina. Pero, en cambio, sí darme cuenta que se trataba del vivo retrato de una generación de íconos y no de una reliquia destinada al arcón de los recuerdos cuando, 70 años más tarde, está ahí para tocar lo mejor que puede, noche tras noche. Como si el tiempo no hubiera pasado. Por lo que, apenas transcurridos los primeros gruñidos de su saxo, ahora sí, me descubrí en absoluto estado de shock. Y a partir de la inmensa ovación de la audiencia, que colmó la sala en su totalidad, comprender que era, nada más y nada menos, el inicio de lo que prometía ser –finalmente lo fue– una performance exquisita e inolvidable.
Desde el preciso momento que comenzó a estremecer su instrumento, Rollins, hombros doblados, caminando como una paloma y desafiando toda ley física, aquel ancho y monstruoso saxo tenor rellenó cada grieta de la sala del Barbican.
Cualquier requisito del público fue colmado desde el vamos, más precisamente desde el momento en que el “Coloso del Saxo” inauguró su set con el groove calipso de su más recordado éxito, St. Thomas (que abría aquel glorioso disco que le brindó el mejor de los apodos) y que generó la atmósfera perfecta que permanecería a través de todo el show.
Rollins es bien conocido por su (hilariosamente desconcertante) hábito de autoreprenderse en escena, de enojarse consigo mismo para insuflarse una buena dosis de energía cuando, por ejemplo, el sonido de su saxo no va a donde quiera que vaya (“Hey, ¿qué estás haciendo? Dije ¿qué estás haciendo?”) o, incluso, llegando un poco más lejos (“¡Vamos Rollins, mové el culo de una buena vez!”), lo que no fue nada difícil comprobar en más de una ocasión a través del concierto, un ejercicio habitual. St. Thomas creó el clima ideal para los miembros de su banda: el trombonista (y sobrino de Rollins), Clifton Anderson; el guitarrista, Saul Rubin; Bob Cranshaw en bajo; Sammy Figueroa en percusión y el baterista Kobie Williams, seguida entonces por calientes versiones de canciones más contemporáneas en el vasto repertorio de Rollins, como aquellas dedicadas a sus colegas J. J. Johnson y Don Cherry. Una banda tan ajustada como magnífica y completamente a la altura de las circunstancias.
Pero, tal como me declaró un erudito miembro de la audiencia al final del concierto y con gesto cómplice, “fue más que nada, como siempre, el show de Sonny”. Nada más acertado para quien, cuyo control de la melodía y el ritmo, fue una oda a la experiencia, junto a sus ultramodernas variaciones en las secuencias de jazz más características y tradicionales.
Tras 90 minutos de absoluta emoción (“¡Es maravilloso poder estar de vuelta en Londres!”), Rollins decidió que era hora de abandonar el escenario. Era de suponer que ya había ocurrido mucho (me atrevería a decir) más de los que que se esperaba, no sin antes deleitarnos con otro hit de más de medio siglo de vida como Don’t Stop the Carnival. El carismático milagro de sus solos, tan delicadamente destilados, y haciendo honor a su mote, fue sencillamente colosal. Y si eso es, entonces, lo que las leyendas vivientes hacen, Rollins se lleva una de las medallas más merecidas.
Ya fuera del Barbican, con el placer de haber visto a uno de los más grandes e influyentes, comprendí mejor aquello de “el show de Sonny” que aquel sabiondo entendido me había confesado. Bajo la lluvia londinense, que repiqueteaba cada vez más fuerte sobre las llamas de mi emoción, el cigarrillo que encendí nunca tuvo tan buen sabor.

Bob, la Tempestad. El nuevo álbum de Dylan

Estándar

Publicado en Evaristo Cultural en septiembre de 2012

El inefable Bob Dylan, maestro de unas cuantas generaciones de cantautores norteamericanos acaba de editar un nuevo trabajo. Si llueve sobre mojado, que sean tempestades.

La invalorable ventaja de escribir sobre un disco de Dylan radica precisamente en éso, en la posibilidad de facilitarse la tarea, esto es, la de dedicar el relato a una mera porción de una determinada obra de su vastísima carrera, y no a la de una etapa, o a uno de sus pendulares y retorcidos ciclos. Es que, como es bien sabido, a menos que se tratase de componer un libro (y mejor aún, en varios volúmenes, y en lo posible en papel biblia), escribir sobre Dylan, eternidad mediante, puede resultar una auténtica tortura. La obra de Dylan es sencillamente infinita. Como muestra basta un botón: es el artista popular con más libros escritos dedicados a su trayectoria. Y hasta existen libros sobre los libros escritos sobre Dylan. Escribir sobre Dylan no significa referirse a su música, ni a sus letras, ni a su persona. Mucho menos meterse con su compleja personalidad, sus dos-tres-cinco-cuarenta y ocho facetas…Bob el Sabio, Bob el Jodido, Bob el Icono, o Bob El Gran Mentiroso, Su Majestad Bob, o aquél “Judas!” con el que un fan decepcionado rotuló a su ídolo folk durante un show en Manchester en 1966, y tras decidir éste electrificar su música. Más bien es hacer todo eso junto, incluyendo las cefaleas y los textos postergados. Los ataques de “síndrome de la hoja en blanco”, y las mil neuronas exprimidas buscando inspiración. Es perder suficientemente el raciocinio. Y más aún cuando se es admirador de unos de los artistas más influyentes, por no decir el más de todos, de las últimas cinco décadas, al menos en lo que a cultura occidental se refiere. Lo que no lo hace ni el mejor ni el peor, ni el más o el menos importante, pero eventualmente único en su especie. Casi seguramente. ¿O a quién se le ocurriría negarlo? Hablar o discutir sobre Dylan, enmarañarse en sus acertijos, es un trompazo directo al equilibrio. Asimismo resulta curioso llegar a entender que es precisamente Dylan a quien menos le importe que así sea, tal vez manteniendo aquél perfil escueto que comenzó a pergeñar a medida que su popularidad avanzaba, y su propia incomodidad cada vez que, a partir de aquellos primeros años de efervescente popularidad, se le recordaba permanentemente que había sido comenzado a ser considerado “el vocero de una generación” Era inevitable, esto ya se está complicando…Entonces dejemos transcurrir medio siglo desde aquellos años de negación, y permitámonos el placer de asistir sólo a su presente. Es saludable y conveniente. Un presente que muestra a un Dylan algo (y por ende, bastante), menos escurridizo, un Dylan que sale a responder a las críticas, en fin, un Dylan que se aparta de su cronometrada agenda de entrevistas para adentrarse en estos tiempos vertiginosos. Y salir al ruedo. O tal vez, quién sabe, para inaugurar una nueva faceta.
Sucede muy a menudo. Cada vez que Dylan lanza un nuevo álbum, inevitablemente surge una oleada de críticas alabando el genio detrás del artista (firmadas por los incondicionales de siempre) y, más acertadamente, su fiel dedicación a la música popular. Tempest es el disco número 35 de estudio de Dylan y, sin incluir la simpática colección de canciones navideñas Christmas in the Heart, más los dos volúmenes de The Original Mono Recordings, el cuarto de los Bootleg Series, o el disco con los siete temas en vivo en la Brandeis University de 1963 (su colección se ha incrementado notablemente para los bolsillos de los seguidores), su primera aventura desde Together Through Life, lanzado en 2009. Lo acompaña la misma banda que lo trajo a los shows en el Gran Rex en el mes de abril pasado, a quienes se suma el oportuno acordeón de David Hidalgo, integrante de los míticos Los Lobos. Si no fuera porque estamos hablando precisamente de su más reciente trabajo, la canción que abre el álbum, ‘Duquesne Whistle’, parece extraída de una estación de radio de los años ’40, o de un club de mala muerte de época. Se trata de una canción de trenes en ritmo de ragtime, y de un pasajero procurando algún estado de gloria, un viaje a la nostalgia. Le sigue ‘Soon After Midnight’, una auténtica sorpresa que muestra a un Dylan endulzado, como no se lo escuchaba desde hace un buen tiempo, una canción de amor que por momentos evoca pasajes de aquellas magníficas baladas al estilo de (si se quiere) ‘In the Summertime’, o más atrás, la bellísima ‘Just Like a Woman’. Mientras tanto, el disco parece lograr una identidad sonora que cautiva y predispone, naturalmente, a la canción que le sigue. Una colección de oldies en tiempos modernos. En consecuencia, ‘Narrow Way’ es un ataque frontal de rhythm and blues afianzado por un delicado trabajo de los guitaristas Stu Kimball y Charlie Sexton, siete minutos de auténtica ira (“Este es un país en el que es difícil estar vivo”), con sones que remiten al ‘Rollin’ and Tumblin’’ (que Dylan versionó no hace tanto en su álbum Modern Times), o a la mismísima ‘Highway 61 Revisited’, del disco Bringing It All Back Home, o a las  mil y una otras canciones de estilo similar que plasmó a través de los años. ‘Long and Wasted Years’, como su título lo indica, chorrea desesperanza (“Creo que cuando les volví la espalda /  el mundo entero detrás mío se quemó”) En la misma senda de letras de dolor se ubica ‘Pay in Blood’ (“Pago con sangre / pero no con la mía”), con sonidos de guitarra claramente stonianos. ‘Scarlet Town’ suena hipnótica y oscura (como una canción de Nick Cave, pero embuída en una extraña atmósfera de violín y arreglos de banjo)
Dylan abandona por un momento el melodramatismo para despacharse con ‘Early Roman Kings’, en plan absoluto de blues standard, una emulación honrada a Muddy Waters en ‘Mannish Boy’ (o si se quiere, al ‘I’m a Man’ de Bo Diddley, maracas incluídas), pero con el acordeón de Hidalgo jugando con la armónica de Bob. Es lo más parecido al tipo de blues al que Dylan apuntó en discos más enraizados en el mismo estilo como Together Through Life Después de todo fueron sus acordes los que originalmente lo convencieron de que empuñe una guitarra en su adolescencia. La letra es por demás ostentosa y Dylan no guarda el más mínimo reparo en mostrarse como tal (“Aún no estoy muerto / Mi campana aún suena…”)
‘Tin Angel’ es una balada de nueve minutos y un retorno al suspenso mórbido de ‘Scarlet Town’. Aquí no brilla precisamente el sol, o tal vez no brilló jamás, el espíritu de Nick Cave (juguemos con esa remota posibilidad), nuevamente sobrevolando el área.
A continuación aparece la canción que le da nombre al álbum. De extensa duración (casi 14 minutos!), ‘Tempest’ brinda 45 versos sobre el hundimiento del Titanic, con su comienzo de cuarteto de cuerdas y un desarrollo en plan vals, más sus eventuales largas y métricamente calculadas estrofas (¿’Desolation Row’?), una aventura cinematográfica plagada de escenas de pánico, confusión y desesperación, como el film mismo, pero en sonido, y donde ni siquiera faltan las referencias a Leonardo DiCaprio.
Cerrando el álbum, y tal vez en el caso más parecido a ‘Lenny Bruce is Dead’ (a saber, un título de una canción de Dylan con nombre del homenajeado incluído), ‘Roll On, John’ es un saludo sentimental a su amigo John Lennon, 30 años y algo más tarde de su desaparición física. Y una de las canciones más emotivas que seguramente ha grabado, que incluye claras citas (tal el grado de ternura y emotividad del homenaje) a ‘The Ballad of John and Yoko’, ‘A day in the Life’ o ‘Come Together’. Pero Dylan le está hablando al Lennon de ahora, al que ya no está más entre nosotros, pero donde sigue habitando.
Parte del encanto de Dylan sigue siendo su intacto arte de la provocación, ya sea de forma directa, o insinuada. Su cascada voz se ha trasformado en un instrumento más, y parece estar a tono con sus últimos discos, no en el sentido de someterse a los registros que su voz sólamente le permite, perso sí en el adecuarse maravillosamente a la intimidad de sus canciones, a los climas propuestos al menos desde el fantástico Time Out of Mind, hace una quincena de años atrás. Son un viaje permanente al pasado, un pasado de gloria que ha sobrevivido al paso del tiempo, que envejeció de manera bella y delicada. No casualmente algunos críticos lo atacaron durante los últimos años, dejando traslucir la posibilidad de que Dylan había perdido cierta inspiración, y que sólo disfrazaba su nueva música de influencias no abiertamente reconocidas. En rigor, Tempest demuestra precisamente lo contrario. En la última entrevista concedida a la edición estadounidense de la revista Rolling Stone, Dylan expuso su pasión abierta por el arte de la influencia, desafiando a los bocones más osados: “Todos esos malditos bastardos pueden pudrirse en el infierno, trabajo dentro de mi estilo artístico. Es así de simple. Lo hago dentro de las reglas y limitaciones que ello impone. Hay figuras autoritarias que pueden explicar esa clase de forma de arte mejor de lo que puedo hacerlo yo. Se llama ‘escribir canciones’ Tiene que ver con la melodía y el ritmo, y después de eso, todo vale. Hacés que todo se convierta en algo tuyo. Todos lo hacemos”
Bien dicho, Bob. En hora buena…

Los ojos de mi perro

Estándar

Publicado en Evaristo Cultural en septiembre de 2012

Los ojos de mi perro permanecen clavados en algo que sobrevuela la habitación. La situación persiste desde hace aproximadamente medio minuto y todo indica que nada puede detenerla. Ni siquiera el ruido tremendo del camión de los recolectores de basura que oficia de banda de sonido a estas horas, y el cual suele obsesionarlo día a día. Tampoco cuando los basureros vociferan y lanzan blasfemias, en ese idioma que ningún mortal nunca pudo, ni podrá, descifrar, acaso uno de los misterios más recónditos de la vida cotidiana ciudadana. Y esta vez, además, con la radio del camión a todo volumen. Y no es precisamente Brahms lo que suena. Estamos asistiendo a la versión recargada de la recolección de residuos, la 2.0. Mientras tanto, el objeto volador ha sido plenamente identificado y responde al nombre de polilla. La polilla recorre el ambiente en cuestión, atravesándolo a lo largo y ancho de su extensión, como quien estuviera haciendo uno de esos tours en helicóptero que sobrevuelan New York o Rio, pero eventualmente menos atractivos. La tensión se incrementa. Es una postal frecuente de un perro pasando un buen momento, con su atención cautivada, pero está a punto de convertirse en una escena extraída de ‘Apocalypse Now’. Las pupilas de mi perro parecen petrificadas, como en una fotografía, y apenas destellan el tenue reflejo de la lámpara que está sobre la mesa de luz. Que en sus ojos parecen haces de luz de uno de esos batallones de soldados con lentes de visión infrarroja invadiendo un país, como en los informes de la CNN. Como en el cine, pero en casa. Y que en apenas unos segundos se transformará en ‘La Batalla de Midway’. La polilla, mientras tanto, ha culminado su vuelo circular tras pasearse por todas las atracciones turísticas posibles. Pero en el living del departamento. Ya ha sobrevolado la llanura de la mesa principal y las desniveladas estepas del mobiliario, la zona caliente del televisor, las ruinas volcánicas del cenicero y, tras un breve descanso sobre el mullido apoyabrazos del sofá, ha encontrado su destino final, el del vidrio de turno. Ventana o ventanal, la que corresponda según el caso. Transparente e inmenso, el vidrio. La mismísima muerte. Y que la polilla, en pleno rol de potencial víctima, desconoce como tal. Es la última instancia de vida de cualquier insecto volador, un callejón sin salida inventado por los humanos, y a otros efectos. Un verdadero camino sin retorno. Y todo huele a Hitchcock. Un metro y medio más abajo, mientras tanto, mi perro se dispone a obtener el rol protagónico que viene reclamando al menos desde el preciso instante en que los basureros volvieron a poner en marcha el camión, cuando despertaron a medio barrio. Está parado en dos patas, se ha convertido en bípedo, y parece un potrillo indomable. Hay un gruñido sospechoso, indescifrable, y todo puede ocurrir de aquí en más, mis amigos. Toma envión, y se abalanza sobre su presa como si no hubiera mañana. Está como poseso y parece Kinski en una escena de ‘Aguirre, la Ira de Dios’. Son poco más de 25 kilos de masa muscular sobrevolando los aires de un campo de batalla, con su mirada en rectísima línea a la infame polilla, que todavía se pregunta qué será de todo aquel más allá de aventuras por vivir, que jamás podrá experimentar, y todo gracias a un objeto transparente que le ha obstaculizado su transitar. Y que “encima el vidrio está frío, que no sabe a nada” (es verdad, no debe existir objeto más desabrido que un triste pedazo de vidrio) y “por qué diablos no me habré quedado en el placard, que tenía todo un banquete para mí”, todo eso…Pero en una fracción de segundo mi perro no yace más al nivel del piso, y está volando y bloooooooommmm!!!!, es todo puro ruido. Parece el fin del mundo. Los ojos de mi perro apuntan a la bendita ventana, la misma que está justo sobre la estufa de tiro balanceado de metal contra la cual su cuerpo estrelló un segundo antes, y que sonó a un bus de doble piso atravesando la pared. Entre tanto, buena parte de las cosas que se encontraban sobre la mesa se han ido al diablo. Y cayeron todas al mismo tiempo. Como ésos a los que se les ocurre hacer el famoso truco del mantel, que obviamente siempre falla. Esta vez a cargo de mi perro, en desbordado éxtasis. Desconoce por completo que está diezmando la ya de por sí corta existencia de la pobre polilla quien, desesperada, lucha una y otra vez por atravesar el vidrio. A quien jamás se le hubiera cruzado por la cabeza que de un vidrio se trataba. Acaso el objeto más infranqueable que pudiera imaginar. Y todo en vano, claro. Es que jamás ha tenido la posibilidad de ser advertida por alguno de sus semejantes. Y peor aún, la tendrá jamás. Ni ninguna otra polilla. Es que las polillas no tienen tiempo de nada, no saben de sociales. De ahí su resentimiento, un pequeño ser vivo cuyo hábitat transcurre entre roperos y placares, y con una agenda de actividades limitada, por cierto. ¡Y que insiste en atravesar el bendito vidrio! Pero hete aquí que mi perro falló en su primer intento. Y de paso se olvidó que entre su boca y la inocente polilla existe una serie de objetos mundanos que podrían poner en riesgo su estado original. Digo, el de los objetos. Bien lo sabe la maceta que reposa junto al ventanal. La misma que, valga la redundancia, no impidió que ésta, mientras tanto, caiga, en un aporte más a la ley de gravedad. Una escena sin igual donde, como en la guerra, todo vale.
Ahora le quedan unos cuatro años más de vida a la polilla (entiéndase, en su efímera escala), y menos de dos segundos según los cálculos de mi perro. Y tambiénlos míos, que hacen lo imposible para explicarle (a mi perro, porque la polilla igualmente no me iba a escuchar bajo tamaña situación de estrés) que son más de las 3 am, que es día de semana, y que no sería una buena idea poner la casa patas para arriba, en uno de los intentos más ridículos al que un ser humano pueda atreverse a realizar. Que las sillas nacieron para estar paradas y la mesa ratona en el lugar que uno decidió ubicarla. Y que el cenicero no tiene por qué terminar rodando como un trompo sobre el piso, y que las cenizas antes estaban dentro de éste porque para eso se inventó, y no deberían acabar esparcidas sobre el abrigo que estaba sobre una de las sillas, y la mar en coche. Pues bien, a todo ésto, la polilla ya ha pasado a mejor vida. Para entonces sus restos descansan en algún tracto de quien oficiara de victimario. Y el victimario se pavonea como si hubiera cruzado a nado el Atlántico. Aquellos haces rojo fuego de sus ojos en plena posesión ya retomaron su tinte normal, y casi me atrevería a afirmar que hay una sonrisa socarrona por detrás de su hocico, el cual no para de lamerse aún después de la digestión. Ni que hubiese devorado un hipopótamo. Ha superado el test de efectividad y se siente exitoso. Es un momento pletórico y mi perro lo sabe. Es una pequeña gran victoria, un capítulo de Animal Planet en el living, sin cortes, y de bajo presupuesto. Una auténtica función privada. Tal como lo afirma los ojos de mi perro, que siguen hablando. Que “lo de victimizar a la polilla nada tiene que ver con que el gusto del balanceado sea siempre el mismo y de ahí el ir por un canapé nocturno. Y que entonces tal vez, se me ocurre, te sugeriría te busques un gato, que no sólo duerme todo el santo día, sino que aparte no necesitás bañarlo ni sacarlo a pasear, y que encima te origina menos gastos, salvo los de los libros que vas a tener que reemplazar tras su eventual destrucción, si es que no te abandona antes, digámoslo así… Y que nuestra eterna y tan mentada rivalidad, llevada a los extremos a través de los siglos, está tan demodé como una buena parte del psicoanálisis y que al fin y al cabo caninos y felinos compartimos un acuerdo de palabra, ladrido, maullido o como quieras llamarlo, que nos resulta favorable a ambas especies, llevándonos incluso a firmar jugosos contratos en Hollywood…Y que ahora sólo resta que escribas sobre las veces (y fueron más de una, eventualmente), que me llevé
puesto el recipiente con agua del que bebo (de puro distraído, más que seguro alguna mosca invasora), generándote un lago natural en la cocina, o mi poca paciencia para con las palomas, que a esta altura del partido, como bien sabés, son consideradas plaga mundial, o los ruidos que hacen las motos, y demás está decirlo, con los caniches toy que, los muy histéricos, no
callan jamás, son el causante principal de otitis aguda, y blah blah blah…Y tanto escándalo por una escenita con el dichoso insecto, debería estarme agradecida, lo menos, por brindarle un poco de entidad y…”
Los ojos de mi perro tienen razón. Hasta la próxima polilla…

Elogio a Luis (Carta para El Flaco)

Estándar

Publicado en Evaristo Cultural en febrero de 2012

El pasado 8 de febrero el vacío ensombrecía de golpe el panorama musical y artístico argentino, fallecía Luis Alberto Spinetta a causa de un cáncer de pulmón.

Mi querido Luis:
Ante todo permitime presentarme, y hacerlo diciéndote que jamás tuve la posibilidad de hacerlo personalmente. Situación que, ya que estamos, me hubiera facilitado la difícil tarea que, a partir de este mismo instante, llevaré adelante a través de estas líneas, que es, ni más ni menos, que la de un no-seguidor de tu carrera, ni fan, ni nada que se le parezca, sino la de un tipo común que, como tantos, tiene pasión por ese arte llamado música y que, en esta ocasión, por motivos que detallaré más adelante, le hubiera encantado poder expresar su admiración por tu persona frente a frente. ¡Cuánto más sencillo me hubiera resultado que así fuera, y dejar que mis emociones y mis gestos, que valen más que mil palabras, lo hayan expresado! Pero no, Luis. No se dio. Como tantas cosas. Y es que ahora me toca escribir esta suerte de panegírico (menuda tarea la de atreverme a transmitir mediante un texto mi eterno reconocimiento por la magia de tu poesía), apenas unas horas después de recibir la triste información que, ya de madrugada, me continúa inundando de tristeza. Justo yo, que jamás pensé que alguna vez iba a escribir sobre vos. Insisto, y me atrevo a pecar de redundante, nunca se me cruzó por la cabeza que además iba a tener que hacerlo tan pero tan colmado de tristeza, con la súbita noticia de que te fuiste, al menos de esta controvertida existencia. Y sabés qué, querido Flaco, me voy a despojar de toda formalidad y dejar que las palabras fluyan desde bien adentro. Dejarlas salir. Sucede que, Luis, te tocó luchar contra el más malo de los villanos. ¿O qué pretendías, acaso? ¿Salir indemne de semejante jugada del destino? Más bien deseo que hubieras podido hacerle un “fuck you” eterno, poderosamente inmortal, con toda la actitud que se merecía. Sí, como el de Johnny Cash en esa famosa foto. Pero no pudiste, Luis, de tan humano que fuiste. Tan humano y visceral como tu poesía, iluminadora de generaciones, la misma que me inspira a dedicarte estas palabras.
De antemano, te aclaro que no voy a referirme a tu carrera artística. Dejame decirte que sinceramente no soy la persona más indicada para hacerlo, como te adelanté. Es que nunca tuve alguno de tus discos. Pero ni uno, eh. Absolutamente ninguno, por si no quedó claro. Digo, ¿que haría ‘Artaud’ junto a mis discos de Chuck Berry, Stones, Dylan, de blues…? Tal vez si mis preferencias hubieran sido más eclécticas…Ya ves, querido Flaco, cualquiera que pueda estar leyendo esto tendría el derecho absoluto a cuestionar qué hace alguien como yo, con gustos musicales tan distintos, escribiendo sobre vos. Pero bueno, entendamos que ciertas emociones pueden justificarlo, y te aseguro, no pienso privarme de expresar mis sentimientos por unos de los más grandes icónos del rock de nuestra lengua, aún cuando no tuve ninguno de tus discos. ¿Es que acaso debo reiterar tan extraña situación? Ni el del tipo con la sopapa en la cabeza, ni del otro coronado con flores, ni el del pescado. Reitero, ninguno. En segundo lugar, y más importante aún, entiendo que ya está todo más que dicho. Lo dijiste vos mismo a lo largo de más de cuatro décadas. Fue la boca de tu poesía que lo pudo expresar, acaso de las más bellas que han existido por estos lares. Demasiada luz como pasar desapercibido, ¿no es cierto Luis? Y mucho menos en un día como el de hoy.
No puedo dejar de recordar, aún desde muy joven, todas aquellas tapas de la Pelo o el Expreso Imaginario. O todos esos discos tuyos, en banda o como solista, que no faltaban en casi ninguno de los hogares a que uno era invitado. Insisto, salvo el mío. Pero siempre estuviste ahí, Flaco. Puedo nombrar un sinfín de personas, con los gustos musicales más variados que puedas imaginarte, que no dudaron, como yo, en considerarte único en tu especie. Bicho raro, por cierto, lo suficiente como para no haber necesitado bajarse los pantalones, ni ante nadie, ni ante tu audiencia. Ni tirarte a ninguna pileta para terminar en algún programa de archivo. Ningún escándalo para generar presencia. Ni ningún living de Susana. Es que hay mucho poeta barato dando vuelta, Luis. ¡Imaginate lo que significa tu partida! Te imagino deglutiendo libros vorazmente, guitarra en mano. No hay duda que leíste, y mucho. Por eso este humilde (y algo desordenado) homenaje a tu persona, Flaco. A tu grandeza como ser humano y alma generosa, a tu bajo perfil, a tu rol de hombre de paz. Y por sobre todas las cosas a tu enorme humildad, vaya contradicción, la humildad de los grandes. Y a tu gran sentido del humor, tal vez tu faceta más desconocida. Claro, tampoco faltaron los idiotas que, por el contrario, optaron por poner de manifiesto algún capítulo de tu vida afectiva. Por lo visto no han tenido mejor idea. Deben ser de la misma partida de buitres bastardos que, años más tarde, volvieron a ultrajar tu intimidad al fotografiarte, ya golpeado por tu incipiente enfermedad, en la puerta de tu casa de Villa Urquiza. Y vos, al darte cuenta de la situación, tan sólo atinaste a poner tu mejor cara, la que mejor te salía, Flaco, y esbozar una sonrisa. Te confieso, Luis, me quebré de bronca, como pocas veces me pasó. No tuvieron el más mínimo reparo en esconder su propia mugre ante tanta luz. Pobres tipos, tan espantosamente miserables.
Prefiero los buenos recuerdos, Luis, como aquella vez a mediados de los 80s en que asistí a tu show en Barrancas de Belgrano, o las presentaciones de Jade en el programa de Badía los sábados a la tarde. O en plena época de Malvinas, cuando todo lo que sonaba en las radios era música nacional, y entonces tu tan distintiva voz, tan singular, en nuestras madrugadas adolescentes. O los videos en ‘Música Prohibida Para Mayores’, a principios de esa misma década. O abriendo para Rod Stewart en River en el ’89, contraste que a más de uno nos llevó a jugar, irónicamente, con la posibilidad que quizás ibas a recibir un cachet más oneroso con las monedas que te iban a tirar, ¡y encima solo con tu guitarra!
Ahora bien, me pregunto, ¿en que consistirán los caminos del destino para que se hayan apiadado de tu persona, así, tan vilmente? Digo, querido Flaco, ¿no ves que en estos tiempos de continua decadencia, necesitamos tipos como vos?
Y si al menos no se hizo justicia en esta vida, que te la hayan arrancado así nomás, espero se te rinda tributo como corresponde. No te preocupes por los que dejaste, van a estar con vos eternamente, como tus bandas. O más bien vos vas a estar dentro de todos ellos. Demasiado corazón para caber en un cuerpo tan flaco…
Y si todas las hojas son del viento, vos ahora sos del cielo. Eso sí, vas a tener doble trabajo, Luis. No te va a quedar otra que cantar y brillar para los que están junto a vos, y también para los que todavía estamos acá. Tranquilo. Te sobra luz para iluminar al universo entero. Suficiente alma de diamante como para cegarnos a todos, sabés. Seguí iluminando tranquilo que todo está muy oscuro por estos días. Sé que dejaste un legado impresionante, y que tus canciones siempre estarán allí, para que te puedan seguir escuchando con los ojos, o leyéndote con los oídos.
Y citando al ‘Adonais’ de Shelley, con quien seguramente estarás familiarizado, entender que quizás se trate simplemente de que te hayas “despertado del sueño de la vida”.
Gracias, entonces, querido Luis, por quedarte para siempre.

SISTER MARIANNE – Marianne Faithfull & Marc Ribot, “An intimate evening” – Teatro Coliseo, Buenos Aires, 22 de septiembre de 2011

Estándar

Publicado en Evaristo Cultural en octubre 2011

“Ya saben, todavía sigo fumando…” Habían transcurrido apenas 50 minutos de show, los que no se extenderían por mucho más, y Marianne Faithfull no tuvo el más mínimo reparo en fundamentar las razones por las que, naturalmente, no se privaba de toser, cuando le fuere necesario hacerlo. Los mismos motivos que transformaron su afinadísima garganta adolescente, en la cavernosa voz que hoy, a sus 64 años, sigue portando, décadas mediante de tabaquismo y demás excesos. Más precisamente cuando fue descubierta por Andrew Loog Oldham, mánager y productor original de los Rolling Stones, y quien no dudó en presentarla ante los medios británicos como “un ángel con tetas” Una trayectoria que va de ícono indiscutible de la escena más vital del Swinging London de los ’60s (cuando se convirtió nada más y nada menos que en “la novia de Mick Jagger”, y por ende en indiscutible musa stoniana, estereotipo del cual Faithfull nunca logró desprenderse), hasta su regreso a la escena a fines de los 70s, sin antes haber deambulado por las calles de Londres como heroinómana oficial. Fue precisamente Faithfull, ávida lectora y con un background cultural enorme, noble descendiente de Leopold von Sacher-Masoch (aquel escritor y periodista austríaco que inspiró el término “masoquismo”) quien refinó a Jagger y lo insertó en el mundillo de la aristocracia británica. Lo que sugería ser, tal como fuera anunciado en los afiches publicitarios, “Marianne Faithfull y Marc Ribot, An Intimate Evening”, superó la escala de intimidad prometida y acabó siendo un derroche de majestuosidad y simpleza de una artista que no necesita de aditivos escénicos para manifestarse. Se trataba de su primera visita como artista a esta parte del mundo (sólo lo había hecho anteriormente en calidad de turista y en pleno affaire con Jagger, también en Brasil, cuatro décadas atrás en el tiempo), tramo iniciado con dos show en Porto Alegre apenas unos diás antes de su arribo a Buenos Aires. Tan sólo le bastó a la gran dama un micrófono de pié, un banco (que nunca usó, prefiriendo permanecer parada a lo largo del concierto, incluso esbozando suaves pasos de danza, con las manos en los bolsillos de su oscuro saco), un atril con partituras, y la imprescindible presencia del eximio guitarrista Marc Ribot, éste en exclusivo plan acústico y coros (cuya grandielocuencia merecería un párrafo aparte), y acaso más conocido por sus sesiones de estudio junto a artistas de la talla de Tom Waits, Elvis Costello y la mismísima Faithfull, entre otros. Y su voz, claro, aquella voz! Sorpresivamente, la cantante decidió comenzar su show arrancando por el final, esto es, con la canción ‘Horses and High Heels’, que también es título de su último trabajo de estudio. A lo largo de la velada, que se extendió por cautivantes 70 minutos, Faithfull propuso una lista de temas concisa, pero que jamás dejó de rozar la perfección, donde no faltaron los clásicos (‘The Ballad of Lucy Jordan’, aquella que acompañó su regreso a la palestra artística como parte del álbum Broken English de 1979, y tras un puñado de años como inalterable junkie en las calles de Londres, canción homónima que también realizó), y otras grabaciones más contemporáneas que, fiel a su estilo, Faithfull le introdujo a la audiencia una tras otra, dialogando con ésta en todo momento, bajando línea, hablando de su vida (“Ahora vivo en París, amo París! Hay veces en que salgo a caminar por la ciudad y regreso a casa pensando en que no ha pasado nada, es todo muy estilo Seinfeld…”) Así desfilaron ‘That’s How Every Empire Falls’, indicando que se refería a los Estados Unidos y la caída de su imperio (“El imperio maligno, que está cayendo…y lo mejor de todo es que no tuvimos que hacer nada, lo hicieron ellos solos…”) No faltó más material de Horses and High Heels (‘Prussian Blue’, ‘Love Song’ –popularizada por Elton John en los ’70s–, ‘Why Did We Have to Part’), intercalando un cover de ‘The Crane Wife’, de los Decemberists, y que Faithfull incluyera en Easy Come Easy Go, álbum lanzado en 2008. Pero fue el resto de las canciones, en su mayoría también covers, que conmovió a la audiencia (apenas unas 800 personas, en un show que contó con escasa promoción y que apoyó la inauguración del Faena Arts Center, por donde la artista pasó brevemente) Desde ‘Solitude’ (de Duke Ellington), a ‘Working Class Hero’ de Lennon, que Faithfull coronó alzando su puño izquierdo en señal de victoria, hasta ‘Baby Let Me Follow You Down’, de Bob Dylan, único momento en que Ribot abandonó la guitarra acústica para cambiarla por el ukelele. Inevitablemente, el set no pudo dejar de incluir ‘As Tears Go By’, que la dupla Jagger-Richards creó para catapultar la carrera de Faithfull allá por 1965 (“canción que un par de tipos escribieron para mí” y, eventualmente, la misma canción que llevó a la artista a ganar popularidad, y ‘Sister Morphine’, que los Stones incluyeron en el celebradísimo Sticky Fingers de 1971 y cuya co-autoría junto a Jagger jamás fue reconocida como tal (“tal vez conozcan esta canción, la escribí con un tipo de quien no me acuerdo el nombre”) Ironías aparte (después de todo no podían faltar las alusiones stonianas de la que Marianne tanto rezonga, ¿verdad?), y cuando parecía que ya no quedaba ningún corazón por exprimir, Faithfull deleitó con una intimísima (debemos reiterar la omnipresente intimidad del concierto a la que la audiencia se vió sometida?) versión de ‘Strange Weather’, que Tom Waits compuso para ella, y que dio título al disco del mismo nombre, editado en 1987. Para el final, ahora sí, el bis fue sólo para la gran dama y su versión a capella de ‘Love is Teasing’, de los legendarios Chieftains, que sonó tan irlandesa como el país de origen de sus autores, momento en que se acercó al público y apretó manos, un gesto más para describir la enorme intimidad propuesta a lo largo de la velada, y a cuya descripción hizo delicado honor. Aquél “ángel con tetas” de los ’60s, entonces, con toda su elegancia, finalmente pudo quebrar sus alas. Y las almas volvieron a respirar.