DAVID BOWIE (1947-2016) | ZIGGY EN EL CIELO

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Publicado en Evaristo Cultural el 11 de enero de 2016

Son las 4 y algo de la madrugada de este lunes 11 de enero. Cualquier hora o momento es malo para enterarse que falleció David Bowie. Hay cierto escepticismo del que uno es presa en estos tiempos de noticias rápidas. Ese ritmo de noticias que se atreve a querer pasar por natural, común y cotidiano no termina de convencer, por lo que muchas veces resulta inevitable someterse a no creer en todo lo que se lee por ahí. Y todavía me lo permito, mientras escribo, a menos de media hora de encontrarme con tan tremendo anuncio. La noticia es devastadora. No sólo por el contenido en sí, sino además por la convalidación de lo que se venía rumoreando. Lo confirmó su propio hijo: Bowie perdió la partida tras batallar durante 1 año y medio contra el cáncer. Sí, esa puta enfermedad, la más mala de todas. Así que uno escribe lo que le sale. Lo que le sale sobre uno de los artistas y estrellas de rock definitivos. ¿Es que acaso hace falta aclararlo? La noticia sigue calando hondo y el síndrome de la hoja en blanco está como nunca. Apelo una vez más a la posibilidad del “falso rumor”, pero no hay chance. Ya ha pasado más de 1 hora desde que comenzó a circular la noticia y a nadie se le ocurre desmentirlo. Para colmo de todos los males no han transcurrido ni siquiera dos días desde que se editó su nuevo álbum Blackstar, que venía a cortar un hiato discográfico de 3 años, lanzado el mismo día que se conmemoraba su cumpleaños 69, y que constituía una celebración demasiado ansiada pos sus amantes. Casi siete décadas durante las que, desde el inicio de su carrera, Bowie llegó para convertirse en el emperador supremo de la combinación de los géneros musicales y la teatralidad, el último de los modernos, el Picasso del pop. Alguien como quien no habrá otro igual. La pérdida es demasiado inmensa como para seguir insistiendo en explicar esto de los sentimientos. El camaleónico artista que en tantas ocasiones se reinventó cambia de color una vez más, y es un luto demasiado grande que sólo la luz de su arte, incalculable y lejos de toda posible descripción gráfica, se encargará de disipar con el paso del tiempo.
Que Dios te bendiga, David…

 

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