LA SONRISA DE EDWARD: ADIÓS A EDDIE VAN HALEN

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(Nota publicada en Evaristo Cultural el 7 de octubre de 2020)

En el año 1983 yo era un boludón de 15 años que ya llevaba menos de 8 consumiendo rock ávidamente -ergo, la mitad de los que había vivido hasta entonces- pero que todavía no había asistido a ningún show de música en vivo. Ni de rock, ni de tango, ni de folklore, ni de nada. Mi única medalla a relucir era haber visto en directo a Pipo Pescador en una fiesta infantil en el club del que éramos socios junto a mi familia. Y si bien a lo largo de esos tempranos años ya me había encargado rigurosamente de acumular suficientes discos de los Beatles, Stones, Led Zeppelin, Deep Purple, algo de rock de los ’50s, y demás, cuando uno es adolescente casi en general llega invariablemente esa necesidad de comenzar a indagar sobre otros ritmos. Para el caso, entre todos los nuevos sabores a experimentar, yo estaba encandilado con Van Halen. Algunos de los que nos había tocado nacer en este hemisferio, siempre tan lejos de todo, ya los habíamos descubierto gracias a la magia de los, aaah, “videoclips” en programas en TV del tipo Música Prohibida Para Mayores (que salía por la vieja señal ATC, más tarde devenido en Canal 7, y hoy Televisión Pública) Eran los años 1980 y 1981 y cada tanto aparecían videos de sus primeros dos discos (Running with the Devil, o You Really Got Me, quizás alguno más), que por supuesto aquí habían llegado con la correspondiente demora, habiendo sido ambos lanzados al final de la década del ’70. Van Halen “in motion” resultaba irresistible, un festival de imagen y sonido comandado por los movimientos del gran David Lee Roth, uno de los mejores frontman de la historia del rock, siempre bien acompañados de las excitantes notas que disparaba su co-equiper Eddie Van Halen, dueño del nombre del grupo. Todo aquel colorido se potenciaba aún más gracias a la llegada de las primeras emisiones de TV, ahora sí, a todo color. Al bajista Michael Anthony y al baterista Alex, hermano de Eddie, los dejábamos un poco de lado. Por más que uno lo intentara, pasaban a un segundo plano, obnubilados por la presencia de Diamond Dave y el enorme Eddie.

Por eso, cuando se anunció la llegada del imagecuarteto a Buenos Aires en medio de su gira Hide Your Sheep -que había comenzado en USA y luego continuando el periplo en tierras sudamericanas que se inició en Caracas (sólo porque aunque-Ud.-no-lo-crea alguna vez ocurrían cosas por el estilo en Venezuela), Sao Paulo, Rio, Porto Alegre y Montevideo, antes de cerrarlo con dos fechas en Buenos Aires, y con un show final de vuelta en casa en el legendario U.S. Festival en Devore, California, había una misión por cumplir a rajatabla. Así las cosas, mi mente se nubló completamente e impidió ponerse a pensar en otra cosa que no sea verlos en vivo. No hace falta agregar que para entonces las visitas internacionales de artistas de rock eran escasas, con Queen siendo el último supergrupo que nos había visitado hasta entonces en 1981, show al que no pude asistir por estar en ese momento lejos de la Capital en plan vacaciones familiares. Para colmo Van Halen aparte llegaba en uno de sus mejores momentos, al ritmo de su nuevo LP Diver Down (sí, ese de la tapa roja con la franja blanca en diagonal) y su combo de versiones que nos tenían absolutamente posesos, empezando por Where Have All the Good Times Gone (el cover de los Kinks que abría el disco, como si eso de haberse encargado anteriormente de You Really Got Me no les hubiera resultado suficiente), la de Pretty Woman del gran Roy Orbison- que se usó como corte de difusión del álbum- o mejor aún la muy funky de Dancing in the Street, la canción de Martha and the Vandellas que supimos conocer bastante antes que la grabaran a dúo Jagger y Bowie. Oh sí, los chicos del grupo no sólo eran muy buenos músicos, sino que además derrochaban buen gusto. ¿Cómo resistirse entonces a la chance de poder ver en vivo y en directo por más de dos horas a lo que hasta el momento sólo se limitaba a alguna aparición televisiva certera, por cuya materialización había que rezar de rodillas, o una imagen en alguna de las escasas revistas que ofrecía el mercado? Van Halen tocaba en febrero en el estadio de Obras Sanitarias y, pase lo que pase, había que estar allí. Porque, repito, nada pero nada podía anteponerse a semejante hito histórico. Recuerdo perfectamente dirigirme a la oficina del club sita en la calle Paraguay del Centro porteño una mañana para adquirir mi entrada, la cual aboné más que conforme gracias a alguna ayudita del bolsillo de mamá. De ahí en más solo se trató de esperar pacientemente hasta aquel 11 o 12 de febrero (los shows fueron dos, pero no logro rememorar en cuál estuve, si bien supongo fue el primero, dada mi ansiedad por verlos) Al fin y al cabo se trataba de mi primer concierto en vivo, y a cargo de la banda que me deslumbraba. Y aún en tiempos de dictadura, cosa que a mí me tenía sin cuidado, más que seguramente por no haber estado al tanto de la situación político-social del país en aquel momento, al igual que mis colegas quinceañeros. Vaya debut. Sin más compañía que la de yo mismo, habré tomado algún colectivo hasta Barrancas de Belgrano, y de ahí algo que me acercara al mítico templo de la Avenida Libertador al 7300. Ingresé al estadio aproximadamente una hora antes del inicio de la velada, y hasta trabé algunas palabras con el recordado presentador Marcelo Bello, a quien por algún motivo yo consideraba estrella de la casi invisible farándula musical televisiva local. El grupo abrió con Romeo Delight -VH en versión heavy metal clásico, de su tercer disco Women and Children First, el cual yo tenía en cassette (bah, como los otros discos) para luego pasar a Unchained, mi canción favorita del cuarteto, y de mi álbum predilecto de la banda, Fair Warning, el cuarto de su carrera. Todo era calor y entusiasmo dentro del pequeño recinto de Obras, más allá de las condiciones climáticas propias de cualquier verano en Buenos Aires, con un David Lee Roth con saco largo a cuadros negros y amarillos en su rol de maestro de ceremonias. Fueron 25 canciones donde no faltó absolutamente nada, atreviéndose incluso a versionar Summertime Blues de Eddie Cochran.

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Eddie paseando por Buenos Aires, febrero de 1983

Pero hubo un detalle adicional que sólo los que estuvimos allí presentes, en pleno carnaval de hard rock californiano, recordamos con ahínco, y fue el altísimo volumen al cual tocaron que por momentos parecía hacer que el techo del estadio salga volando en pedazos. Todos absolutamente todos los asistentes terminamos con una suerte de tinnitus que nos duró varios días, y si alguien te decía que había estado allí y no había terminado con zumbido de oídos durante días, lo más probable era que intentaba engañarte. Tiempo después, el veredicto final indicaría que el grupo, o sus sonidistas, habían omitido deliberadamente -o no- que esta vez les tocaba actuar en un perímetro techado. Por el resto, todo quedaba en manos de tu otorrinolaringólogo de turno. Entre tanto Michael Anthony llevó adelante un solo de bajo cuasi insoportable, potenciado por una máquina de efectos. Cerveza en mano, y más que seguro con unas cuantas más en el hígado, no tuvo mejor idea que cerrar su performance personal arrojando el instrumento al piso y luego saltar sobre éste, lo que le originó un resbalón de novela y terminar casi con la nariz sobre el piso. Algo similar sucedió con Alex Van Halen, que aporreó su batería hasta hacernos añicos los tímpanos, otro crédito de la máquina de efectos que habían traído los muchachos. Al menos hasta que Eddie acabara curándonos de todo los males posibles con su solo en Eruption, mientras uno intentaba adivinar donde escondía la tercera y la cuarta mano. Todo esto sumado al incuestionable carisma de un bastante ebrio pero feliz David Lee Roth -a decir verdad, bastante pasado de copas- que no le impidió llevar adelante sus destrezas escénicas, incluyendo sus ensayos de pasos de karate (como Elvis, pero en excelente estado físico) y su show personal cuando, guitarra acústica en mano, improvisó una balada sin título para homenajear a los locales en la que todo empezaba y terminaba en “oooh Argentina, oooh eres linda…”, y en perfecto español, claro está. Tampoco se privó de ejercitar una vez más la lengua local diciendo frases inolvidables sobre el país como eso de “donde las mujeres son bonitas, y los hombres machas” (sic) ATC transmitió la totalidad del show días después, al igual que la señal de FM de Radio del Plata lo hizo con el audio completo del concierto, y la revista Pelo puso a Roth en tapa reconociendo que Van Halen “vino, tocó y mató”.

Por pelosupuesto, soy de los que piensan que VH se acabó una vez que Diamond Dave abandonó el grupo. Hice todo lo posible para que me gusten con Sammy Hagar, pero todo intento resultó infructuoso. Y ni hablemos de lo que vino después, pero para entonces yo ya tenía la cabeza en otro lugar.
Sabíamos lo del cáncer de lengua de Eddie desde hacía ya unos cuantos años, pero pensamos que lo había superado. Seamos honestos en la medida que sea posible, la desaparición del grupo del ojo público y sus retorcidas vueltas hacían que los tengamos un poco olvidados. La noticia de la repentina muerte de Eddie, a mí entender el último arquitecto de la guitarra eléctrica de rock (tan revolucionario como sus ídolos Hendrix o Jeff Beck, y hasta me atrevería a decir que inclusive un poco más por su carga innovadora y su influencia infinita) estremece como pocas cosas. Si hasta Clapton dijo que Eddie había reinventado el instrumento… Abruma no solamente porque sigamos transitando un año por demás particular, con Tánatos sobrevolando el planeta, y aún promediando las últimas hojas de almanaque de un cruel 2020 en la que nos han dejado muchos, por lo pronto sin luz al final de horizonte. Con la partida física de Eddie, se nos va una buena parte de nuestra adolescencia, en tanto y en cuanto nos reconozcamos humanos y lo suficientemente sensibles como para no lograr evitar que así resultase.
Tengo un amigo que, en cada ocasión que compartíamos juntos algún video de Van Halen, solía molestarse, si bien irónicamente, y muy obsesionado formularme la misma pregunta olvidándose que ya lo había hecho antes en cada ocasión posible: “¿Por qué Eddie Van halen se ríe siempre? Siempre está riéndose”. La pregunta me resultaba risueña, paradójicamente hablando. No recuerdo mi respuesta exacta, pero soy de suponer que si le contestaba algo era para decirle que el tipo de la guitarra a colores, el último gran héroe de la guitarra que se encarnaba en una suerte de Mozart electrificado, seguramente estaba feliz al hacerlo. Porque si eso de que todo tiempo pasado fue mejor pueda llegar a cobrar alguna veracidad, dejemos entonces que los buenos recuerdos nos ganen de mano y así intentar superar las noticias tristes. ¿Dónde se han ido los buenos tiempos?, se preguntó alguna vez Ray Davies. Vaya a uno a saberlo, pero seguramente forman parte del tesoro artístico que Eddie y compañía nos dejaron. Es la mejor parte de las cosas que no tienen vencimiento.

AN INTERVIEW WITH ROBERTA BAYLEY – “THERE WAS NOBODY MORE PUNK THAN LITTLE RICHARD”

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By Marcelo Sonaglioni and Frank Blumetti

If this article defied its usual style and started by the end of the meeting described here, it should refer to the very minute before the “thanks and goodbye” to the person interviewed, when one of the interwievers took out a book about the New York rock scene in the late ’70s from his bag, of which the interviewee was one of its most distinguished witnesses, and then proceeded to point out the picture he wanted to be autographed. “I know which ones are my pictures, you do not need to tell me!” What could be taken as some real temper is nothing but Roberta Bayley in pure punk attitude, the same that led her to become one of the chosen few who was there to catch the Big Apple punk scene through the lens of her camera close-up some 43-odd years ago and beyond. More than four decades later, at 68, Bayley is in Buenos Aires to host a photo exhibition portraying much of her work. A one-week stay, from Thursday to Thursday,where she was extensively interviewed, and during which she barely had the time to get around the city, which she says reminds her of Paris. Bayley talks a lot, and does it passionately, so much that usually gets ahead of the questions which still need to be asked, even adding something that really seems to make her pleased: not to be inquired “once again” about her famous photo on the cover of the first Ramones album (which, although usually considered her trademark shot, does little justice for the rest of her career) And later on deciding to acknowledge it by refusing to stop when somebody informs her it’s time to wrap up the interview: “No, not yet, I want to keep talking”, and that we interviewers had no choice but to accept.

Capture

Punk rock scene witness: Bayley and her camera in the ’70s

You were born in the West Coast, in Pasadena, California, but what exactly made you move to London afterwards, and then to New York?
Well, I left southern California when I was 4. I asked my mother not to send me, but she said “we’re going”. So we moved to Seattle, and I lived there till I was 7, and then we moved again to Marin County, which is just north of San Francisco, a very nice area. It’s a very wealthy neighborhood now, but it was middle-class at the moment. There was nature and we had a house on the hill, and a view, you know, and horses and pets. Then after I graduated at high school when I was 18, I went to college in San Francisco. Unfortunately my sister had been killed in a car accident in the same year, which was very disturbing. When I was 19, I had a boyfriend who was a musician, and we lived together for about a year. He’s still a very good friend of mine. And after my third year of college, I just quit, with not really much thought. And then I just said, “I’m going to London”. I bought a one-way ticket. The main reason was that I could be far away, and they just spoke my language, even when a funny accent, but they just spoke English there. Oh yeah, I was making a joke about the “funny language” thing… Anyway I’d always been a kind of anglophile, because I was a big Beatles and Rolling Stones fan, and all that, so I had an affinity for London, and I had a friend from San Francisco who was also a photographer, and who had moved there. We weren’t close friends but we knew each other, and he helped me with photography, ‘cause I was trying to learn. That was around 1970 or 1971, I think. Fred was staying in this very large apartment in London for free, and he said “there’s plenty of room, why don’t you come here?” So I just started living there, maybe getting a little job and working. I didn’t have a camera, I wasn’t taking pictures or anything like that. Out of that, I was really in the music scene, you had all these great music papers like the Melody Maker and the New Musical Express, and occasionally I’d go to music concerts. That’s when I saw The Temptations, or Al Green, in 1973. I was a huge fan of him. You know, the whole white suite, and he played at the Rainbow. And then when he came to New York I went to see him at the Apollo, which was completely amazing, as it was a different show. He was really sexy, and dirty, and cool. But back to London, I’d worked briefly with Malcolm McLaren. I lived in his neighborhood, so he and his wife would use to come in the restaurant where I worked as a waitress. Sometimes he needed someone to help him out, but it wasn’t anything to do with music. Although sometimes we’d go see bands together, and there was this band coming up that kinda was getting talked about a little bit called Kilburn and the High-Roads. They were sort of in the pub rock scene, and there was a radio show on Sundays called Honky Tonk with a gentleman called Charlie Gillett, he’s the one who wrote one of the early rock books, “Sound of the City”. I became friends with Charlie, and he started to manage Kilburn and the High-Roads. So one night they were playing in White Chapel. And there I met Ian Dury, we fell madly in love, and we hitchhiked back from White Chapel. But then I was leaving back to San Francisco, as that was already planned. So we had correspondence, and phone calls, he was begging me to go back to London.

Did you go back to London?
Yeah, we loved each other, so I went back. Then we lived together. The band was really struggling, we weren’t making any money. We lived in a squat in Stockwell, that’s close to Brixton. But it was great music. The Kilburns were really a weird band. I mean, they had a black crippled guy in the band, they had a midget, they had this guy Humphrey Ocean…It was his fake name, but he was a painter. He wasn’t really a musician, he sort of danced onstage…But they were really good and the songs were really original. Ian was an incredible performer, and incredibly charismatic. He was crippled himself. He had polio and ended up with a completely fucked-up leg. But he was completely unique. They finally got a record contract and made this record, but it didn’t do well, so he kind of said “I’m too poor, you should go back to America, as this isn’t a good situation”. I think he was also having an affair with his previous girlfriend Denise Roudette, who was also a musician, and a very beautiful woman.

Maybe that was another reason to go back home again. 03
Well I didn’t know that but I suspected it, and I didn’t want to have a boyfriend who was cheating on me. And you know, you have to hate the girlfriend, so she hated me and when I left, she took my fur coat. But she’s a beautifully spirited woman and I have great respect for her. I guess she played for a little bit in the Kilburns. So I left for New York. I didn’t know anyone in New York at all. I had one friend I vaguely remembered that had moved from San Francisco, but I had a list of names that my friends in London gave me, like, you know, “I’m a friend of Ian Dury”, and this woman said “yes, come and stay with me”. She had a big loft on Church Street. This was in 1974. But everybody was very helpful. And then I started working and I made some money. My first job in New York was as a nanny, because you had a place to live, and you had a salary, but it was part-time. But then one of those people from the list my friends had given me, he was in the music business, he worked as a roadie, you know, lighting, sound man, for the Rolling Stones and other big bands. He was really nice, he showed me all around New York and said “so what do you wanna do?” And I said “I wanna see the New York Dolls, because I never saw them”. Because when they played in San Francisco, I was in London. When they played in London, I was in San Francisco, and he said he was their soundman in New York, and then he knew them very well. And next week they were playing in this place called Club 82, which was a club in a place that had been owned by the mafia, and all the entertainment there was female impersonators, what we would now call drag queens. That was the history of the club but, by the time I went there, it was sort of a little disco. It became very popular because David Bowie visited, so everybody would go there because of that. The new bands were playing there, so the New York Dolls would play there. There was a disco in-between, so everybody could dance after the bands. So that was the first band I saw in New York, and afterwards my friend threw a party for the bands in his loft above, and some of the Dolls came, and also the opening band, a band called the Miamis, who were unknown, but they were one of my favourite bands at the time.

02Yes, we did an interview with Gary Lachman (Valentine) two years ago in London and he mentioned the Miamis.
Yeah, they were one of my favourites. They didn’t have the look, they were just Jewish guys with curly hair. It wasn’t a punk look. They were pop more than punk, but they were very good songwriters and very funny guys, and their songs had a lot of humour, but they never achieved success. I met David Johansen at the party, and he was very nice. And the funny thing is, it was Club 82, and the Dolls had never played there, so they said “well we’re playing Club 82, we should wear dresses”. I had heard the rumours of the faggots and all that, so the first time I saw them, David is wearing a strapless evening gown, a ladies’wig, and women’s high heels, so I said “oh these guys are weird”, but that was their thing, it was kind of a joke. I think that Johnny (Thunders) or Jerry (Nolan) said “oh no, I’m not wearing a dress” ‘Cause they were really macho guys, they were so not gay, you know. The music business was kind of afraid of them because of their album cover. They were in drag and people didn’t understand it. You know, homophobia, and all that.

Looks like seeing the Dolls live was a major turning point for everybody who was part of that late ‘70s scene in New York. Everybody went to see the New York Dolls.
Oh yeah, they were huge in New York. Mick Jagger and David Johansen would be at Max’s Kansas City, and people would go to David. They were bigger than anything. They were the coolest band, they had the best girlfriends and they looked the greatest. Later on the Dolls’ success was kind of going on the downhill, but everybody could see they were having a really good time. They were getting all the chicks, they were getting all the drugs, it was fun, and that’s what rock and roll is, so everybody started bands.

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Bayley, about the New York Dolls: “They were the coolest band, they had the best girlfriends and they looked the greatest

Plus they had some image, it was very striking at the time. 
Yeah. And that’s when Malcolm McLaren came to manage the Dolls, and he put them in red pant leather, with the Communist flag, and all that. But the Dolls were amazing at their shows, I saw them, and they had bands like Television opening for them. The newer bands like Television wanted to distinguish themselves from glitter rock, they wouldn’t gonna wear lipstick. So Richard Hell created very specifically and intentionally this new look with the short hair. Nobody had short hair. In rock’n’roll, you had long hair. And they would have ripped clothes because, you know, their clothes ripped, and then they would fix it with a safety pin. It wasn’t fashion, it was something practical to live.

And then nobody expected that it would turn out to be a fashionable thing.
Well, Richard kind of thought if they wanted to get attention, they had to be different. You know, Richard Hell did the T-shirt for Richard Lloyd that said “please kill me” onstage. Richard Lloyd tried to dye his hair bleach but it turned green…

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Richard Hell, punk pioneer: “He was very much into the surrealists”

How was living with Richard Hell?
With Richard? Weird. He wouldn’t let me water the plants, because he said “let it die, it’s survival, don’t water the plants” And then we had a mouse at the apartment, and I wanted to get rid of it, and he said “no! The mouse lives”

What do you mean? A mouse living with you? Not in a fish tank or something…
No, he was a loose mouse. But then I killed the mouse, and I threw it away, and he went “oh where’s the mouse?” I never told him I’d killed the mouse. We were just living together, and that’s how we lived. You know, we were poor. It wasn’t mean. He was very much into the surrealists, like Lautreaumont and Baudelaire. You know he’s a writer, and he was a poet.

We tried to contact him recently for an interview.
No, he doesn’t talk about music, he doesn’t want to. It’s almost impossible to get him to talk about music.  And I respect it because, say, I’m doing all these interviews and I’m always being asked the same thing, over and over again. “What was it like in the ‘70s?”, etc. For him it’s extremely boring. He hasn’t done any music since the ‘80s. He’s a writer now. He’s published novels, books, articles…He makes his living as a respected writer. So he doesn’t wanna talk about punk rock. You know, I understand him completely.

That’s easy to understand…
See, just before I left for Buenos Aires, I had somebody to interview me about Sid (Vicious) and Nancy (Spungen), because I knew them both. So the first question was, once again, “What was it like in the ‘70s?” I said to him, “look, I’m not writing your article for you. There’s many books and articles written about that. You go to the library, and in 2 weeks, you phone me back, and then you ask me some serious questions, because I can’t tell you the whole story. That’s your job, you’re the journalist!” That was Richard’s philosophy, and I understand that. Five years ago I probably would have answered that kind of questions, but now it’s like enough already. Go to the library. I mean you don’t even have to go to the library, go to the internet, it’s all right there. So then you can ask me a relevant question that shows you have some knowledge, and you won’t insult me (laughs)

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Bayley and Sid Vicious

Hopefully our questions are interesting… 
Yeah, they are, it sounds like you kind of know my answers a little bit. I enjoy interviews, but sometimes you get tired of hearing “how did you take the Ramones picture?”

Back in time, how you did get the job at the CBGB’s?
Oh, because I was Richard Hell’s girlfriend. Television was the only band that used to play there only on Sunday night. Their manager was Terry Ork, so he said “Roberta you stay at the door and take the money, 2 dollars” So when the people came to go in, I told them they had to pay and convinced them to pay 2 dollars, they were gonna see a good band, and that’s the deal.

Theres a funny story about that concerning Legs McNeil.
Yes, he came to CBGB’s and he said “I’m Legs McNeil”. I’d never seen Punk magazine, nobody had seen it. It was brand new, it just came out, the first issue. And I said “no, it’s 2 dollars, you have to pay me”. And he said, “no, I get in for free”. And then I said, “well ok, give me a copy of the magazine”. And he said, “no, it’s 50 cents, behind the bar, you can buy it”. So I said, “all right, that’s pretty cool, you go in for free”. So I went to the bar, picked 50 cents and bought the magazine. After work, I went home, and I read the magazine, and then I said “man, I gotta work for these guys, this is incredible!” They weren’t sure about me. But we decided to do something like a photonovela. That meant going around to different clubs, and I’d take the pictures. We did all these great pictures and we had this great chemistry and a hilarious time, we had a lot of fun. So they said, “well, do you wanna work for us?”. So from that moment on, I worked for them till the end of the magazine.

So you had been already working as a photographer by then? What took you to becoming a photographer before entering the music scene?
Yeah, that was in 1976, and I’d started at the end of 1975. I had interest in photography since I was a little girl. You know, I had a little toy camera. But then photography was becoming popular among people. But then in high school, when I was 15, I also had a photography class, which was very simplistic. But I learnt how to develop a film, and how to print. I loved photography, and when they graded me, I got more pluses than minuses. My photography teacher liked my pictures very much, and he would give me an assignment, like taking pictures which showed movement. He was a history teacher, but his passion was photography. And then when I was about 19, I bought a Nikon. I wasn’t doing any music pictures at the times, but I did street photography. But at the time photography wasn’t still considered a form of art, it was still the black sheep in the art world. But then when I came to New York, I met everybody in the scene, like I told you…Club 82, and I was working at CBGB’s, everybody was really interesting, so it would have been really stupid not taking pictures.

Any reason in particular why most of the pictures were only in black and white?
Yeah, it was a decision, because I had no money. But I shot a lot of colour, anytime I could afford it, or else I was shooting both. And specially when I became involved with Blondie. But colour is more expensive. I was also extremely lucky that soon after I bought my camera, I had this friend, and he said “oh I have this dark room that somebody left in my apartment, I’ll let you use it for 6 months”. The entire darkroom, which was very large, with everything.

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Pretty baby: Debbie Harry through the lens of Roberta Bayley

You did a lot of work with Blondie, and they were a very colourful band anyway. It would have been such a loss to shoot Debbie Harry only in black and white…
Yeah, and it was the same with the New York Dolls. And I think about it, because I’m always saying to people part of the reason the Ramones cover made such an impression is because it’s black and white, but there’s also a New York Dolls first cover that was b&w. It was unusual for rock bands. Folk music did a lot of b&w, Bob Dylan too. But rock bands usually used colour. Elvis’ was black and white, his first album for RCA, the one that The Clash copied. I’d do both, I had two cameras, so I could shoot colour and black and white. But the Ramones picture was black and white, as it was for Punk magazine.  We couldn’t afford printing in colour. Printing was so primitive, you couldn’t mix colour and b&w in the same page, which now is very common. So all we shot for Punk magazine was black and white. Stupidily, Bob Gruen was there the same day, so he has the pictures of Debbie in colour because, he was rich, and he could afford it (laughs) I mean, he wasn’t rich, but he was richer than me.

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The Ramones on the cover of their debut album

Who would you say were the easiest and the hardest bands or musicians to work with? I know you loved shooting Iggy Pop, in fact you once said you wish you had photographed him more.
Oh yes. That’s right. But then I retired. I can call him on the phone (laughs) There’s a very fantastic interview of him and Anthony Bourdain, you can sure find it on YouTube. Iggy’s just the coolest person, and his conversation with Anthony is done at at Iggy’s house in Florida.

Back to the punk scene, a tricky question, which one do you think influenced the 08other one? Was it that the New York scene influenced the British one, or was it the other way round?
Now you’re showing me you’re ignorant! Sorry.

It’s ok.
The New York scene started in 1974. London’s scene started in 1976. So who influenced who? It’s New York! London took all the ideas from New York. The safety pins, the ripped clothing, and all that. But locally the British guys were very talented. You know, Glen Matlock, Steve Jones, Paul Cook

I actually didn’t mean to be serious. I was playing games with you.
But you wouldn’t believe, when I talk to stupid journalists, I always say “go out, just do your history!” We started it.

The right question then would be, is there a link between both scenes?
Of course! Malcolm McLaren! You know, Blondie became big in England first, before anywhere else, because Debbie (Harry) was very beautiful, and they played in Top of The Pops…Blondie had many hits in London. But then when they came back to New York, they knew that Johnny Rotten had copied Richard Hell, that it was the version of him. Johnny Rotten copied him off.

Somehow most of the people always thought that the whole punk thing started with the Sex Pistols.
You don’t explain to me, I’ll explain it to you, ok? This is how it works.

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The Pistols caught onstage by Bayley: “The Sex Pistols were never big in the USA”

All right.
The Sex Pistols became huge in London because they said “fuck” on TV. You know, their record was banned. You couldn’t even advertise it, but you could sell it. And so, you know, they were huge in the press. At that time nobody knew about any of the New York bands, except in a small area. The Ramones were still obscure, but when they went to London on the 4th of July of 1976 and played at the Roundhouse, there in the audience was The Clash, the Sex Pistols, etc. They couldn’t even afford tickets, and Johnny Ramone went to the window and let them come in. They were just kids, but the Ramones were aware of the fans and the kids, and that they were the future next music. I don’t think the Ramones felt threatened, but I think they were very pissed off when the Sex Pistols sort of became more famous than them more quickly. But not really in the United States. The Sex Pistols were never big in the United States. But England’s a very small country, with three music papers. It was a completely different environment.

And then it just happened the other way round when the Pistols did their last tour in the USA. How was the experience?
That was really insane. They were just fed up, and Sid was detoxing from heroin. As a drug addict, he felt terrible. We had an idea of playing these weird cities, obscure cities in the south like Memphis, Baton Rouge, San Antonio…But that was all intentional.

I wouldn’t say risky, but definitely tough places. Like people throwing bottles at them…
Well, we were punks, we would take it… (laughs) But that was part of what was frustrating for the band because the band was really good. I missed the first two shows of the tour. My first one was San Antonio, with many people throwing things at them, insulting the band, “fuck you!” and all that. They were treating them like freaks. But there were still people that liked them, although a minority. You know, when you go to the south, Tulsa, Oklahoma…there are people who are Jesus freaks, like protesting, the devil’s music, and all that shit. So they were just frustrated and fed up with the whole thing, and Johnny said, “enough”, that’s in San Francisco.

Why do you think there’s so much interest in punk after all these years?
It’s the last underground music. There’s no way now to stay underground, you’re discovered immediately. You’re discovered before anything, even before you go to the studio and play. That’s my opinion. I don’t follow music anymore. It was like the ‘50s, which was true punk music, like Little Richard. Nobody more punk. Elvis Presley, nobody more punk. People say, “oh punk was the most revolutionary music”. Oh no, ‘50s rock’n’roll, and even more, black music. You know, and then the mid-‘60s and psychedelic bands, which was a different kind of music.

Just to think of Little Richard…He was black, gay, he used lipstick, he shook his ass at the piano. And that’s in the ‘50s! IMG_3310
Yeah, and that was David Bowie’s biggest influence, and his first as well. I heard Little Richard as my sister was 7 years older than me so, even as that little, I heard ‘Tutti Frutti’. I loved Little Richard. And Jerry Lee Lewis, another punk.

What about New York’s culture? Do you think of any change involved in the last years?
You know, New York will always be a center of culture. Today, it’s very hard for artists to live there because of the high cost of living. In the ’70s you could get a loft, a huge loft, for $200 a month. Now that would be $10,000 a month. For young people now, coming to the city, I don’t know how they do it.

I guess it’s the same with many bohemian areas in the main cities. Like Chelsea, in London. It used to be like that in the ‘60s, and affordable, and suddenly big companies or big clothing stores arrive and they turn into expensive and fashionable places.
Oh yeah, it’s the same with Soho in New York. Because at the time it was dead. Tribecca was also dead. Any neighborhood you name. Only the Bronx is still probably rough. My neighborhood is too crowded now. It used to be more serene. But I never go out at night, so I don’t give a shit.
10How long have you’ve been living in the same place?
Almost 45 years, since 1975. It’s a tiny apartment, 400 square feet.  7 floors, no elevator. So I go 7 floors up and down. I have no choice. Or I could sleep on the floor. It means nothing to me, I’ve been doing it a long time. It’s quite healthy. And the other thing, it’s actually illegal in New York to have seven, so all the buildings around have six. So I have an incredible view, and beautiful light. Because there are no buildings next to me. This is what I say to myself when I’m on the stairs, “you have good light!” (laughs)

Regarding your exhibition, do you feel like an artist showing her works, or more of a witness of an era? Did you visit Buenos Aires around already?
Oh, both. I haven’t really seen anything except the gallery, the gallery, the hotel, the gallery…But I will. I long to come back.

Doesn’t it feel a bit strange coming down here to show your works?
I feel wonderful! I don’t feel strange. It’s a fantastic feeling, I’m very pleased and it’s really exciting. I get a little bit in New York. I also got quite a little bit when I went to Tokyo. You know, they’re also big fans of the Ramones and Punk Rock. I was like a mini-celebrity there, but still not as big as here. I don’t want to do it every day of my life, I‘d lose my mind.

So this is your first time in Argentina, but is it also your first time in South America? Not even in Brazil?
Yes. Not even in Brazil. First time down the equator.

What would be punk’s biggest legacy to the world?
It’s the idea of “do it yourself”. Don’t wait to be an expert. Give it a try, make a mistake, it’s ok. You know, if you feel like doing something, you don’t have to sit in your room practicing the guitar for 5 years, just go out with three chords. That’s all you need. Do it. Because that’s why we did. I didn’t know how to do photography.

One last question, considering lately we saw you in many pictures with your dog. So looks like suddenly you changed from pictures with “punks” to pictures with “pugs”.
Yeah, dogs and musicians are not different.

ENTREVISTA: ROBERTA BAYLEY – “NADIE FUE MÁS PUNK QUE LITTLE RICHARD”

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Por Marcelo Sonaglioni y Frank Blumetti

Si este texto desafiara la práctica habitual y comenzara por el final del encuentro que aquí retrata, debería referirse al instante previo del gracias y adiós a la entrevistada de turno, cuando uno de los dos entrevistadores extrajera de su bolso un libro de fotografía de rock neoyorquina del rock de finales de los ’70, de la cual la susodicha es una de sus representantes más insignes, y le señalara la foto de su autoría que pretendía le firmase. “¡Sé muy bien cuáles son mis fotos, no hace falta que me lo digas!” Lo que podría interpretarse como un estilo frontal y muy temperamental es entonces nada más y nada menos que Roberta Bayley en actitud fiel a su esencia punk, la misma que la llevó a ser una de las pocas protagonistas privilegiadas de la escena de la Gran Manzana que cierta vez llegó para dejar una huella eterna. Allí estuvo esta mujer en primera persona para retratar a través del lente de su cámara todo lo que pudo. Más de cuatro décadas después, a sus 68 años, Bayley, aquella fiel testigo de las andanzas sobre y fuera del escenario de sus protagonistas, aterrizó en Buenos Aires para presentar la exhibición fotográfica personal que muestra buena parte de su obra. Una estadía de una semana íntegra, de jueves a jueves, en la que fue exhaustivamente entrevistada, y durante la cual apenas tuvo tiempo para salir a recorrer la ciudad, que dice, por lo que vio hasta ahora, le recuerda a París. Y sobre la que confiesa fue tan bien recibida, que le gustaría volver en cualquier momento. A Bayley le gusta hablar mucho, y pasionalmente, tanto que suele terminar adelantándose a las preguntas de quienes la reportean. A lo que agrega un detalle que la emociona: el de que no la indaguen directamente sobre la foto de la portada del primer álbum de los Ramones (que si bien es su principal marca registrada, le hace poca justicia al resto de su carrera), que decide agradecer a través de un gesto singular cuando le avisan que es hora de ir concluyendo la entrevista: “No, todavía no, quiero seguir hablando”,  y al que a sus entrevistadores no le quedó más opción que aceptar.

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Testigo de una era: Bayley y cámara en los ’70

Ud. nació en Pasadena, California, ¿pero qué es lo que exactamente la llevó a trasladarse a vivir a Londres, y luego a la ciudad de New York?
Bueno, me fui del sur de California cuando tenía 4 años. Le pedí a mi madre que no me llevé allí, pero me dijo “nos vamos”. Así que nos mudamos a Seattle, donde viví hasta los 7, y después volvimos a mudarnos, a Marin County, al norte de San Francisco, un área muy agradable. Ahora es un vecindario muy adinerado, pero por entonces era clase media. Con mucha naturaleza. Teníamos una casa en la colina con una gran vista, sabés, y caballos y mascotas. Más tarde, una vez que me gradué en la secundaria a los 18 años, fui a la universidad en San Francisco. Desafortunadamente mi hermana se mató en un accidente automovilístico en ese mismo año, lo que fue muy perturbador. Cuando tenía 19, tuve un novio que era músico, y nos fuimos a vivir juntos por cerca de 1 año. Aún es muy buen amigo mío. Y luego de mi tercer año en la universidad, la abandoné sin pensarlo demasiado. Y entonces me dije “me voy a Londres”. Me compré un pasaje de ida. El motivo principal fue que quería estar lejos, y aparte allí hablaban el mismo idioma que yo, si bien era con un acento peculiar, pero como fuera, ahí se hablaba inglés. De todas formas yo siempre había sido bastante anglófila, porque era fanática de los Beatles y de los Rolling Stones, y de todo eso, por lo que tenía una afinidad por Londres. Y además yo tenía un amigo de San Francisco que también era fotógrafo, y que se había mudado allí. No éramos amigos íntimos pero nos conocíamos, y me ayudó con lo de la fotografía, ya que intentaba aprender sobre eso. Eso fue en 1970 o 1971, creo. Fred vivía en un departamento muy grande por el cual no pagaba nada, y me dijo “sobra lugar, ¿por qué no venís?” Así que comencé a vivir ahí, me busqué un empleo y me puse a trabajar. No tenía cámara, no me dedicaba a sacar fotos, ni nada semejante. Fuera de eso, estaba muy metida en la escena de la música. Estaban los grandes periódicos musicales como el Melody Maker o el New Musical Express, y ocasionalmente iba a ver conciertos. Ahí fue cuando vi a los Temptations, o a Al Green, en 1973. Yo era muy fan de él. Con todo ese traje blanco que se ponía, y tocó en el Rainbow. Y después cuando fue a New York fui a verlo al Apollo, lo que fue alucinante, ya que era un show distinto. Era realmente sexy, y sucio, y cool. Pero volviendo a Londres, trabajé brevemente con Malcolm McLaren. Yo vivía en el mismo barrio que él, y solía venir junto a su mujer al restaurante en el que yo trabajaba de moza. A veces necesitaba alguien que lo ayude, pero no era nada que tenga que ver con la música. Aunque de vez en cuando íbamos a ver bandas juntos, y entre todo eso había un grupo del que comenzaba a hablarse mucho llamado Kilburn and the High-Roads. Es como que eran parte de la escena del pub rock, y al mismo tiempo los domingos había un programa de radio que se llamaba Honky Tonk, conducido por un tipo caballero llamado Charlie Gillett. Fue quien escribió “Sound of the City”, uno de los primeros libros de rock que se hicieron. Me hice amiga de Charlie, y él empezó a manejar a Kilburn and the High-Roads. Y la vez en que tocaron en White Chapel, conocí a Ian Dury, con quien nos enamoramos locamente, y nos volvimos haciendo dedo a la ciudad. Pero sucedió que yo me estaba volviendo a San Francisco, como lo había planeado. Hubo un montón de correspondencia entre nosotros, y llamadas de teléfono. Ian me suplicaba que regrese a Londres.

¿Y entonces volvió a Londres?
Sí, nos amábamos, así que volví. Y nos fuimos a vivir juntos. La banda estaba peleándola fuerte, pero no ganábamos dinero. Vivíamos en un squat en Stockwell, cerca de Brixton. Pero hacían una música genial. Los Kilburns eran realmente una banda muy extraña. Digo, tenían un tipo negro que era lisiado, otro que era enano, y además a un tipo llamado Humphrey Ocean… Usaba un nombre falso, pero era pintor artístico. No era músico, realmente, más que nada se ponía a bailar en el escenario. Pero eran muy buenos, y las canciones eran muy originales. Ian era un performer increíble, y además increíblemente carismático. Y también era lisiado. Había tenido poliomielitis, y terminó con una de las piernas completamente jodida. Pero era completamente único. Finalmente consiguieron un contrato discográfico e hicieron un álbum, pero no anduvo bien, así que Ian me dijo “soy demasiado pobre, deberías volver a los Estados Unidos, la situación no es buena”. Pienso que además seguía teniendo una aventura con su novia anterior a mí, Denise Roudette, que también hacía música, y que era una mujer muy hermosa.
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Lo que para Ud. habrá significado otra verdadera buena razón para volver a casa.
Bueno, lo desconocía, pero lo sospechaba, y no quería tener un novio que me engañase. Y ya sabés cómo es, “tenés que odiar a la novia”, y ella me odiaba. Y una vez que me fui, se llevó mi tapado de piel. Pero es una mujer espiritualmente bellísima, y tengo gran respeto por ella. Creo que en cierto momento también formó parte de los Kilburns. Así que me fui a New York.  No conocía absolutamente a nadie allí. Tenía un amigo al que recordaba vagamente, y que se había mudado de San Francisco, pero al mismo tiempo tenía una lista de nombres que me habían dado mis amigos de Londres, tipo “soy amiga de Ian Dury”, y entre ellos hubo una mujer que me dijo “sí, venite y viví conmigo”. Tenía un loft muy grande en la calle Church. Esto fue en 1974. Pero todo el mundo me ayudó muchísimo. Y entonces me puse a trabajar, y gané algo de  dinero.  Mi primer empleo en New York fue como niñera, ya que eso te daba un lugar donde vivir, además de un salario, pero era part-time. Pero también había otro tipo, de los que estaban en la lista de contactos que me habían dado mis amigos, que estaba en el negocio de la música. Era plomo de bandas. Trabajaba en luces y sonido pare los Stones, y para otras bandas grandes. Era muy agradable. Me llevó a pasear por toda New York. Y una vez me dijo, “¿qué es lo que querés hacer?”. Y yo le contesté, “quiero ir a ver a los New York Dolls, porque nunca los vi”. Porque cuando tocaron en San Francisco, yo estaba en Londres. Y cuando tocaron en Londres, yo estaba en San Francisco. Y él se había encargado de hacerles sonido en New York, y los conocía muy bien. Y a la semana siguiente tocaban en un lugar que se llamaba Club 82, que era un club que alguna vez había sido propiedad de la mafia. Todos los que actuaban allí eran imitadores femeninos, lo que ahora se le dice “drag queens”. Esa era la historia del club, pero para cuando yo lo fui a conocer, ya era como una pequeña discoteca. Se había vuelto muy popular porque David Bowie solía ir de visita, y todo el mundo iba ahí por ese motivo. Todos los nuevos grupos tocaban ahí, y por supuesto también los New York Dolls. El lugar también tenía una pista de baile, por lo que todo el mundo podía ponerse a bailar después de ver a las bandas. Así que los Dolls fue la primera banda que vi en New York, y después del show mi amigo organizó una fiesta para los grupos en su loft, que estaba encima del club, a la que vinieron algunos de los miembros de los Dolls, y también los teloneros, un grupo llamado The Miamis, que si bien eran desconocidos, eran de mis favoritos por entonces.

02Sí, hace 2 años hicimos una entrevista con Gary Lachman (N. Valentine, el bajista original de Blondie) en Londres, y él mencionó a los Miamis.
Sí, eran de mis preferidos. Tenían cero imagen, eran solo un grupo de chicos judíos con el pelo enrulado. No tenían un look punk. Eran más pop que punk, pero eran muy buenos compositores de canciones, y tipos muy divertidos. Sus canciones tenían mucho sentido del humor, pero nunca fueron exitosos. En esa fiesta conocí a David Johansen (N. el vocalista de los New York Dolls), que estuvo muy simpático. Pero lo más gracioso fue que los Dolls nunca habían tocado antes ahí, y entonces dijeron “bueno, vamos a tocar en el Club 82, deberíamos ponernos vestidos de mujer”. Yo ya había escuchado los rumores sobre los maricas y todo eso, y entonces, en esa primera vez, David usó un vestido femenino de noche sin sujetadores, una peluca de mujer, y tacos altos, y yo me dije “oh, estos tipos son extraños”. Pero era lo que hacían, era una especie de broma. Creo que Johnny (Thunders) o Jerry (Nolan) dijeron “oh no, no pienso ponerme un vestido”. Porque eran realmente muy machos, no tenían nada de gay, sabés. La industria musical les tenía cierto miedo, por la tapa de su disco, en la que se los veía vestidos de mujer, y la gente no lo entendía. Había mucha homofobia, y demás.

Pareciera ser que ver a los Dolls en aquella época representó un antes y un después para todos los que formaban parte de la escena musical de New York de fines de los ’70. ¡Todo el mundo iba a ver a los New York Dolls!
Oh sí, eran muy grandes en New York. Mick Jagger y David Johansen se ponían a hablar en Max’s Kansas City, y la gente prefería prestarle atención a David. Eran más grandes que nada. Eran la banda más cool,  tenían las mejores novias, y nadie se veía tan bien. Más tarde el éxito de los Dolls se vendría a pique, pero todo el mundo podía darse cuenta que realmente la pasaban muy bien. Conseguían a todas las chicas y todas las drogas que querían, era divertido, y de eso se trata el rock and roll, por lo que todos se ponían a formar grupos.

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Bayley, sobre los New York Dolls: “Eran la banda más cool,  tenían las mejores novias, y nadie se veía tan bien”

Y aparte tenían una gran imagen, algo que seguramente resultaba muy impactante por entonces.
Sí. Y ahí fue cuando Malcolm McLaren se puso a manejarlos. Los vistió con pantalones de cuero rojo, les puso la bandera comunista detrás, y demás. Pero los Dolls hacían shows increíbles, y tenían a bandas como Television de teloneros. Los grupos más nuevos, como Television, querían distinguirse del glitter rock, no iban a ponerse lápiz labial… Y así fue como Richard Hell creó muy específica e intencionalmente ese nuevo look del pelo corto. Nadie tenía el cabello corto. En el rock and roll, tenías que tener el pelo largo. Y usaban prendas rasgadas porque, sabés, se le rompía la ropa, y la arreglaban con alfileres de gancho. No era algo relativo a la moda, era algo práctico con lo cual vivir.

Y no es que tampoco alguien esperase a que se transforme en algo que se ponga de moda.
Bueno, de algún modo Richard pensó que, si querían que le presten atención, tenían que ser diferentes. Richard Hell diseñó esa remera que usaba Richard Lloyd en vivo con la frase “por favor mátenme”. De hecho Richard Lloyd intentó oxigenarse el pelo, pero lo quedó verde… (Risas)

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Richard Hell, pionero del punk: “Estaba muy metido en el surrealismo”

¿Cómo era convivir con Richard Hell?
¿Con Richard? Extraño. No me dejaba regar las plantas de la casa, me decía “dejá que se muera, es supervivencia, no riegues las plantas”. Y también había un ratón en el departamento que yo quería sacarme de encima, pero él me decía “¡No! ¡El ratón vive!”

¿A qué se refiere? ¿Un ratón que vivía con Uds.? ¿En una pecera, o estaba suelto?
No, andaba suelto. Entonces lo maté, y lo tiré a la basura, y Richard me dijo “oh, ¿dónde está el ratón?” Nunca le dije que lo había matado. Vivíamos juntos, y así era las cosas. Éramos pobres, sabés. No era malo, ni agresivo. Richard estaba muy metido en el  surrealismo, gente como Lautreaumont o Baudelaire. Ahora es escritor, y por entonces ya era poeta.

Intentamos contactarlo recientemente para entrevistarlo.
No, él no habla de música, no quiere hacerlo. Es casi imposible lograr que hable de música. Y eso es algo que respeto porque, digámoslo así, yo siempre estoy haciendo todas estas entrevistas en las que siempre se me pregunta lo mismo, una y otra vez. “¿Cómo eran los años ’70?”, etc. Para él eso es algo extremadamente aburrido. No hizo nada de música desde los años ’80. Ahora es escritor. Publicó novelas, libros, artículos… Vive de ser un escritor respetado. Y entonces no quiere hablar sobre el punk rock. Lo entiendo completamente.

No es algo tan difícil de entender…
Mirá, antes de venir para Buenos Aires, hubo alguien que me entrevistó sobre Sid (Vicious) y Nancy (Spungen), ya que conocí a ambos. Y la primera pregunta fue, “¿Cómo fueron los años ’70?”. Y entonces le dije, “mirá, no voy a escribir esta nota para vos. Hay muchos libros y artículos escritos sobre eso. Vas a la biblioteca, y en 2 semanas me volvés a llamar y entonces me hacés alguna pregunta seria, porque no puedo relatarte la historia completa. ¡Ese es tu trabajo, el periodista sos vos!”. Esa era la filosofía de Richard, y lo comprendo. Cinco años atrás probablemente haya contestado a ese tipo de preguntas, pero ahora es como demasiado. Andá a la biblioteca, fijate en internet, está todo ahí. Y así me podés formular una pregunta relevante que muestre que tenés algo de conocimiento, y entonces no me vas a insultar. (Risas)

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Bayley junto a Sid Vicious.

Espero que nuestras preguntas le resulten interesantes…
Sí, lo son, un poco suenan a que ya conocías cuáles iban a ser mis respuestas. Disfruto de las entrevistas, pero a veces te cansás de escuchar “¿Cómo fue el día en que sacó la foto de los Ramones?”

Volviendo atrás, ¿cómo fue que obtuvo el puesto en el CBGB’s?
Oh, eso fue porque yo era la novia de Richard Hell. Television era la única banda que solía tocar allí los domingos a la noche. Su manager, Terry Ork, un día me dijo “Roberta, quedate en la puerta y recaudá la plata, 2 dólares”. Y entonces cuando la gente entraba, les decía que tenían que pagar y que eran 2 dólares, que iban a ver una buena banda, y así era la negociación.

Hay una historia muy divertida respecto a eso con Legs McNeil.
Sí, vino al CBGB’s y me dijo “Soy Legs McNeil” (N. uno de los fundadores de la revista). Yo nunca había visto a la revista Punk, nadie la conocía. Era algo nuevo, acababa de salir el primer número. Y yo le dije “No, son 2 dólares, me tenés que pagar”. Y él me dijo, “No, entro gratis”. Y después yo le dije, “Bueno, ok, dame una copia de la revista”. Y Legs me dijo, “No, cuesta 50 centavos, detrás de la barra, ahñi podés comprarla”. Así que yo le dije, “Está bien, entrá sin pagar”. Así que fui hasta el bar, agarré 50 centavos, y compré la revista. Después del trabajo, fui a casa, leí la revista, y me dije, “Tengo que trabajar con estos tipos, ¡es increíble!”. No estaban seguros de mí. Pero entonces decidimos hacer algo juntos, que era como una fotonovela. Eso significó ir a diferentes clubs, y yo sacaba las fotos. Hicimos todas esas fotos y hubo muy buena química entre nosotros, y fue un momento muy divertido, nos divertimos mucho. Y entonces ellos me dijeron, “Bueno, ¿querés trabajar con nosotros?” Y de ahí en adelante, trabajé con ellos hasta el final de la revista.

¿Ya estaba trabajando de fotógrafa? ¿Qué la llevó a convertirse en fotógrafa antes de entrar en la escena musical?
Sí, eso pasó en 1976, y yo había empezado a fines de 1975. Me interesó la fotografía desde que era una nena. Tenía una cámara de juguete. Pero de repente la fotografía comenzó a hacerse popular entre la gente. Y cuando estuve en la secundaria, cuando tenía 15 años, tuve una clase de fotografía, que fue muy simple. Pero aprendí a revelar un rollo, y a cómo imprimir. Yo amaba la fotografía, y cuando me dieron el boletín con las notas, la mayoría fueron buenas calificaciones. A mi profesor de fotografía le gustaban mucho mis fotos, y me encargaba tareas, como la de tomar imágenes que tengan movimiento. Era profesor de historia, pero su pasión era la fotografía. Y entonces, cuando cumplí 19, me compré una cámara Nikon. En ese momento no sacaba fotos de música, pero hacía tomas callejeras. Por entonces la fotografía no era aún considerada una forma de arte, todavía era la oveja negra del mundo del arte. Pero entonces me fui a New York y conocí a todos los que estaban en la escena, como dije. El Club 82. Y yo trabajaba en el CBGB’s. Todo el mundo resultaba muy interesante, por lo que hubiera sido muy estúpido no hacer fotos.

¿Alguna razón en especial por la que la mayoría de sus fotos eran en blanco y negro?
Sí, fue algo decidido, porque no tenía dinero. Pero hice muchas fotos en color, siempre y cuando podía afrontar el gasto, o bien hacía ambas. Y especialmente cuando empecé a trabajar para Blondie. Pero el color es más caro. Aparte fui extremadamente afortunada de que poco después que me compré la cámara, un amigo me dijo, “tengo una cámara oscura que alguien dejó en mi departamento, te voy a dejar usarla por 6 meses”. ¡La cámara oscura entera, que era muy grande, con todo lo que necesitaba!

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Pretty baby: Debbie Harry retratada por el lente de Roberta Bayley

Trabajó mucho junto a Blondie, que de todos modos eran un grupo muy colorido. Hubiera sido una gran pérdida haber fotografiado a Debbie Harry solamente en blanco y negro…
Sí, y fue lo mismo con los New York Dolls. Y pienso al respecto, porque siempre le digo a la gente que parte de la razón por la que la tapa de los Ramones (N. la del álbum debut) causó tanta impresión es porque fue en blanco y negro, pero también hay una tapa de New York Dolls que fue en black and white. Era inusual para las bandas de rock. La música folk tuvo muchas imágenes en blanco y negro, Bob Dylan también. Pero las bandas de rock usualmente usaban color. Elvis fue en blanco y negro, su primer álbum para RCA, el que The Clash copió. Yo hacía las dos cosas, tenía dos cámaras para poder tomar fotos en color y en blanco y negro. Pero la imagen de Ramones era en blanco y negro, ya que  era para la revista Punk. No podíamos permitirnos imprimir en color. La impresión era tan primitiva que no se podía mezclar el color y el blanco y negro en la misma página, lo cual ahora es muy común. Entonces, todo lo que fotografiaba para la revista Punk era en blanco y negro. Estúpidamente, Bob Gruen estuvo allí uno de los días en que hice fotos para Debbie, así que tiene las fotos de ella en color ya que él era rico y podía permitírselo (Risas). Quiero decir, él no era rico, pero era más rico que yo.

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Una que sepamos todos: así retrató Bayley a los Ramones para la portada de su álbum debut.

¿Cuál o cuáles diría fueron los artistas más fáciles y los más difíciles con los que trabajó? Sé que amaba fotografiar a Iggy Pop. De hecho una vez declaró que deseó haberlo fotografiado mucho más.
Oh sí, es correcto. Y después me retiré. Pero siempre puedo llamarlo por teléfono (Risas). Hay una muy buena entrevista de él hecha por Anthony Bourdain, seguro que la podés encontrar en YouTube. Iggy es la persona más copada que existe, y esa conversación tuvo lugar en su casa en Florida.

Volviendo a la escena del punk, le voy a hacer una pregunta con truco. ¿Cuál de las 08dos escenas influenció a la otra? ¿La neoyorquina influyó a la inglesa, o cree que fue al revés?
¡Ahora me estás demostrando que sos ignorante! Perdón.

No hay problema.
La escena de New York comenzó en 1974. Y la de Londres en 1976. ¿Entonces quién influyó a quién? ¡Fue la de New York! Londres tomó todas las ideas de la neoyorquina. Los alfileres de gancho, las vestimentas rasgadas, y todo eso. Pero localmente, los ingleses fueron muy talentosos. Ya sabés, Glen Matlock, Steve Jones, Paul Cook

La pregunta que le hice no era en serio. Quise jugar un poco…
Pero es algo que no me creerías…Cuando hablo con periodistas estúpidos, siempre les digo “¡Andate, encargate de revisar la historia!”. Lo empezamos nosotros.

Entonces la pregunta indicada sería, ¿existe un enlace entre ambas escenas?
¡Por supuesto! ¡Malcolm McLaren! Ya sabés cómo fue, Blondie primero se hizo muy grande en Inglaterra, antes que en cualquier otro lugar, porque Debbie era muy hermosa, y se presentaron en Top of the Pops…Blondie tuvo muchos hits en Londres. Pero para cuando retornaron a New York, ya sabían que Johnny Rottten había copiado a Richard Hell, que era la versión de él. Johnny Rotten lo copió.

De algún modo la mayoría de la gente siempre creyó que lo del punk empezó con los Sex Pistols.
No hace falta que me lo expliques, soy yo quien te lo explico a vos, ¿ok? Es así como funciona.

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Roberta Bayley y una de sus fotos de los Sex Pistols : “Los Pistols nunca fueron grandes en USA”

De acuerdo…
Los Sex Pistols se volvieron grandes en Londres porque dijeron “fuck” en TV. Ya sabés, su disco fue prohibido. Ni siquiera se permitía promoverlo, pero podías venderlo. Y entonces eran muy difundidos por la prensa. Por aquel entonces nadie conocía a los grupos de New York, excepto algunas personas.  Los Ramones eran todavía bastante oscuros, pero cuando fueron a Londres y tocaron en el Roundhouse el 4 de julio de 1976, en la audiencia estaban los Clash, los Pistols, etc. Ninguno de ellos tenía plata para las entradas, y Johnny Ramone se acercó a la ventanilla y los hizo pasar. Eran apenas chicos, pero los Ramones estaban muy al tanto de los fans, y de que iban a ser la futura nueva música. No creo que los Ramones se hayan sentido amenazados, pero pienso que se enojaron mucho cuando los Sex Pistols terminaron volviéndose más famosos que ellos más rápidamente. Pero, a decir verdad, no en los Estados Unidos. Los Sex Pistols nunca fueron grandes en USA. Pero Inglaterra es un país muy pequeño, y tenía tres periódicos musicales. Era un ambiente completamente distinto.

Y después ocurrió exactamente de la manera contraria cuando los Pistols hicieron su última gira en los EE.UU. ¿Qué nos puede decir de esa experiencia?
Eso fue realmente algo insano. Ya estaban hartos de todo, y Sid se estaba desintoxicando de la heroína. Como adicto a las drogas, se sentía pésimamente mal. Tuvimos esa idea de tocar en ciudades extrañas, ciudades oscuras en el sur como Memphis, Baton Rouge, San Antonio…Pero todo eso fue intencional.

No diría arriesgados, pero definitivamente eran lugares muy duros. La gente les arrojaba botellas…
Bueno, éramos punks, y nos la bancábamos… (Risas) Pero eso fue parte de todo lo que resultó frustrante para la banda, porque el grupo era realmente bueno. Me perdí los dos primeros shows del tour. Mi primer concierto de la gira fue el de San Antonio, donde la gente le tiraba todo tipo de cosas, y los insultaba. “Fuck you!”, y demás. Los trataban como si fueran freaks. Pero también había gente a los que les gustaban, si bien eran una minoría. Ya sabés, cuando vas al sur, Tulsa, Oklahoma…están todos esos tipos que son fanáticos de Jesús, que protestan, está eso de la “música del diablo”, y toda esa mierda. Así que los Pistols estaban frustrados y hartos de todo, y entonces Johnny dijo “suficiente”. Eso ocurrió en San Francisco.

¿Por qué cree que el interés en el punk se mantiene tan vigente después de todos estos años?
Es la última música underground. Ya no hay manera de ser así, te descubren inmediatamente. Te descubren antes de cualquier cosa, aún antes de que vayas al estudio y te pongas a tocar. Esa es mi opinión. Ya no sigo a la música. Fue como pasó en los años ’50, que fue la verdadera música punk, con gente como Little Richard. Nadie más punk. Elvis Presley. Nadie más punk. La gente dice, “oh, el punk fue la música más revolucionaria”. Oh no, eso fue el rock´n´roll de los ’50, y aún más, la música negra de esos tiempos. Y después de eso, los grupos de mediados de los años ’60, y también los grupos psicodélicos, que eran un tipo de música diferente.

IMG_3310De sólo ponerse a pensar en que Little Richard era negro, gay, que usaba lápiz de labios, y que movía el culo cuando tocaba el piano, ¡y en los años ’50!
Sí, y fue la mayor influencia de David Bowie, y también la primera. Pude escuchar a Little Richard porque mi hermana era 7 años mayor que yo. Aún siendo tan chica, escuché ‘Tutti Frutti’. Amaba a Little Richard. Y a Jerry Lee Lewis, otro punk.

¿Qué opina sobre la cultura neoyorquina? ¿Cree que hubo cambios importantes en los últimos años?
New York siempre será un centro cultural. Hoy en día se le hace muy difícil a los artistas vivir allí por su alto costo de vida. En los ’70 podías conseguir un loft, uno grande, por 200 dólares al mes.  Ahora eso cuesta 10.000. Para los más jóvenes que vienen a vivir a la ciudad, no sé cómo hacen.

Creo que es lo mismo que siempre ocurrió con las áreas más bohemias de las grandes ciudades. Como el barrio de Chelsea, en Londres. En los ’60 eran lugares en los que se podía vivir, y de repente llegaron las grandes compañías, o las grandes marcas de ropa, pusieron oficinas o locales, y se volvieron lugares carísimos y de moda.
Oh sí, igual que con el Soho de New York. Porque en ese entonces era un lugar muerto. Lo mismo pasó en Tribecca. Cualquier barrio que menciones. Probablemente sólo el Bronx sea todavía un lugar duro. Mi vecindario está demasiado habitado. Solía ser más sereno. Pero nunca salgo de noche, me importa un carajo.

10¿Cuánto hace que vive en el mismo sitio?
Casi 45 años, desde 1970. Es un departamento pequeño de 120 metros cuadrados. El edificio tiene siete pisos, y no hay ascensor. Así que cada día subo y los bajo, no tengo más remedio. Es eso, o dormir en el piso. No es ningún problema para mí, hace mucho que lo hago. Es algo muy saludable. Y algo más, en New York es ilegal tener siete pisos sin ascensor, los edificios tienen no más de seis. Por lo que tengo una vista increíble, y una luz hermosa, ya que no hay edificios cerca del mío. Eso es lo que me digo cada día cuando subo las escaleras, “¡tenés buena luz!” (Risas)

Respecto a  su muestra de fotos, ¿se siente como una artista mostrando sus trabajos, o más como testigo de una era? ¿Ya había visitado Buenos Aires?
Oh, ambas. No vi casi nada de aquí, excepto la galería, la galería, el hotel, la galería, el hotel, la galería … Pero lo voy a hacer. Me gustaría volver.

¿No se siente un poco rara viniendo hasta aquí para exhibir sus fotos?
¡Me siento maravillosa! No me siento rara. Es una sensación fantástica, estoy muy a gusto, es muy excitante. Siento un poco de eso en New York, y también cuando estuve en Tokyo. Viste cómo es, también son grandes fans de los Ramones y del punk rock. Ahí fue como si fuera una mini-celebridad, pero no tanto como aquí. No es algo que quiera hacer todos los días de mi vida, perdería la cabeza.

Entonces ésta es su primera vez aquí, ¿pero también la primera en Sudamérica? ¿Ni siquiera estuvo en Brasil?
Sí. Ni siquiera en Brasil.  Mi primera vez debajo del Ecuador.

¿Cuál cree que es el legado más grande del punk para el mundo?
Es la idea de “hacelo vos mismo”. No esperes a convertirte en un experto. Intentalo, equivocate, está todo bien. Si sentís ganas de hacer algo, no te sientes en tu cuarto a practicar guitarra durante 5 años, salí y tocá con tres cuerdas. Es todo lo que necesitás. Hacelo. Porque eso es lo que hicimos nosotros. Yo no sabía cómo hacer fotografías.

Una última pregunta, teniendo en cuenta que Ud. apareció en fotos recientes junto a su perro. Es como si de repente haya cambiado las fotos con punks a fotos con “pugs”.
Sí, los perros y los músicos no son nada diferentes.

CON DREGEN DE BACKYARD BABIES ANTES DE SU VISITA: “LA MÚSICA BASADA EN GUITARRAS HABLA DE TEMAS MÁS REALES”

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Publicado en Revista Madhouse el 9 de marzo de 2018

Marzo nos trae aparejado no sólo el comienzo del otoño local, sino también la muy interesante primera visita al país de los venerados Backyard Babies. Para recorrer la historia de una de las bandas más emblemáticas de la escena escandinava de los últimos años ante todo hay que primero viajar en el tiempo unos 31 años atrás a la ciudad sueca de Nässjö, en el condado de Jönköping, a poco más de 300 km. de Estocolmo. Fue ahí que en 1987 el guitarrista Dregen, más sus compañeros Tobbe (Tobias Fischer, bajo y voz), el segundo guitarrista Johan Blomqvist y el baterista Peder Carlsson dieron forma al proyecto que, por entonces bajo el nombre de Tyrant, comenzaba a dar los primeros pasos en la escena de un país históricamente dominado por el pop.

Tobbe se alejaría del proyecto algo después para ser reemplazado por el guitarrista Nicke Borg, situación que obligó a Blomqvist a cambiar su instrumento original por el bajo. Así llegaría 1989, y con el nuevo nombre de Backyard Babies, el grupo pondría en marcha su primera gira a lo largo y ancho de su tierra natal, coronada por el lanzamiento de su EP inicial con 5 canciones “Something To Swallow” en 1993, al que se agregaría su primer álbum de estudio “Diesel & Power” al año siguiente, por entonces su mejor tarjeta de presentación del hard rock y punk que los caracterizaba. Los Babies pasarían por un primer receso en 1995. Fue cuando Dregen decidió en forma paralela darle curso a The Hellacopters, dejando de lado el estilo musical del cuarteto para volcarse a un sonido de orden más garage. Dregen retomaría el proyecto de su combo original a partir de 1997 y, con el correr del tiempo, lograr exitosamente establecer a los Backyard Babies como una de las propuestas más originales salidas de las esferas nórdicas, editando hasta la fecha 6 discos más de estudio (desde “Total 13” en 1998 hasta “Four By Four”, su hasta ahora más reciente trabajo, que viera la luz en 2015)

2BABIES EN ARGENTINA. Así las cosas, y a casi tres décadas de su nacimiento, los Babies cruzarán casi medio globo terráqueo para aterrizar en tierras autóctonas y realizar su primer show en el país el próximo sábado 24 de marzo en el Niceto Club como parte de su South American Tour (y la segunda en Sudamérica, tras haberse presentado en Sao Paulo hace 16 años en plena gira del álbum “Making Enemies Is Good”), el mismo que antes los tendrá pasando por Chile y, tras visitarnos, los llevará de vuelta a Brasil. Para la ocasión y deleite de su base de fans local, el cuarteto sueco no estará solo, ya que el evento, que se auspicia será de rock and roll con todas las de la ley, empezará desde mucho más temprano con las participaciones de los locales TurbocoopersShe-Ra (que siguen presentando su primer larga duración de 2016 “A Más No Poder”, y que ya han sabido ser honorables teloneros del ex L.A. Guns Phil Lewis, o más recientemente de Honest John Plain) y Camus, cuyo set seguramente incluirá material de su disco debut “Mandrágora” y también de “Volumen II”, lanzado hace 2 años.
Mientras tanto, y como para amenizar la espera, nos comunicamos con Dregen desde su Suecia natal para hablar de esto y demás tópicos, y de paso volver a repasar la vida y obra de sus delicadamente ruidosos Backyard Babies a días de su primera llegada al país.

Si uno se fija en la historia del pop y el rock sueco, de cierta forma todo se inició después de la Segunda Guerra Mundial con músicos que estaban esencialmente influenciados por el jazz y el rock que llegaba de los EE.UU. e Inglaterra, algo que también ocurrió en otros países. Pero según leí tuvo un comienzo más importante con la escena de la “dansbandsmusik” (Bandas de música bailable) a principios de los 70, y de la cual saldrían artistas como ABBA. Quisiera saber tu opinión sobre esto, y al mismo tiempo preguntarte si creés que ABBA fue importante a la hora de difundir la música popular de tu país alrededor del mundo.
ABBA fue muy importante al poner a Suecia “en el mapa” como país musical, y también fueron los primeros en tener detrás un gran equipo de marketing y gente que trabajaba mucho manejándolos, una compañía grabadora que vio al mundo entero como mercado, y no solamente Suecia. Fuera de todo eso opino que eran grandes compositores de canciones con melodías muy pegadizas. Pero para bandas como la nuestra, o como los Hellacopters, realmente no significaban nada.

Si bien podría mencionarte varias bandas de rock de Suecia, de cierta forma siempre fui de pensar que, no sólo en tu país, sino también en el resto de Escandinavia, el pop de toda esa región siempre logró mayor impacto que el rock. Pero entonces llegaron los 80, el heavy metal comenzó a dominar al mundo y de alguna manera terminó cambiando la escena del rock. Me refiero a bandas como Europe, que de repente se volvieron muy exitosas, lo que más tarde hizo que aparecieran más grupos suecos de rock más clásico como los Diamond Dogs, de pop/rock como The Hives o, nuevamente, otros más orientados al pop como The Cardigans. Y los Backyard Babies, por supuesto. ¿Estás de acuerdo con eso de que el pop siempre fue más grande que el rock en tu país? Y de ser así, ¿cuál creés que fue el motivo que llevó a que resulte ser así?
En general, la música pop siempre va a tener más éxito ya que fue pensada comercialmente, y apuntada a la “masa general”. El rock, el jazz, el blues, el punk y el metal siempre van a tener algo de underground, ya fuere musicalmente como a nivel letras de canciones. La música basada en guitarras generalmente habla de temas más reales y tiene una chispa más rebelde, tiene más actitud sobre todo. Y no es algo que sea para todo el mundo. Pero después hubo artistas que cambiaron un poco todo eso. Por ejemplo, creo que Amy Winehouse es genial. No deja de ser algo comercial, pero con mucha profundidad en sus letras.

3GUNS SHAKES, HANOI ROCKS
¿Que dirías de Hanoi Rocks? Sin dudas ayudaron a difundir el rock escandinavo por todo el mundo como nadie lo había logrado antes. De hecho siempre fui de pensar que Guns N’Roses les copió muchísimas cosas, y de hecho es algo que hasta terminó convirtiéndose en un tema tabú.
Fuck al tabú de todo eso. Me encanta Guns N’Roses, pero sin Hanoi Rocks ni siquiera hubieran llegado a ser una banda. Al menos no en lo que respecta a la imagen de sus primeros años. Hanoi Rocks tuvo un impacto enorme en los Backyard Babies, y no sólo musicalmente. Por entonces mi colección de discos era 99% artistas de Inglaterra o de EE.UU. y, de repente, cuando aparecieron los Hanoi desde Finlandia, pasaron a convertirse en nuestra “estrella brillante del polo”. Y nosotros nos dijimos, “si ellos pudieron hacerlo, también lo podemos hacer nosotros”.

Sos parte de Backyard Babies desde los primeros días del grupo en 1987, cuando aún tenían el nombre de Tyrant. Teniendo en cuenta que ya pasaron muchísimos años desde que se lanzó el EP inicial “Something To Swallow”, y habiendo editado siete discos de estudio después, más uno en vivo, ¿cuáles pensás que fueron los tiempos más difíciles para la banda? ¿Y cuáles los mejores? ¿Considerarías a los Babies como una banda que tuvo muchos altibajos?
Backyard Babies se estableció en 1989 con la misma formación que sigue teniendo hoy día. Y entre 1989 y 1988 tuvimos que luchar mucho para lograr atención, pero siempre fue algo muy divertido. Desde el 98 en adelante pudimos empezar a vivir de la banda, y de ahí en más todo fue 100% grandes momentos. Después llegaron los problemas con las drogas y el alcohol, demasiado trabajo y giras. Entonces decidimos tomarnos un descanso entre 2010 y 2014, y de ahí en adelante volvió a ser todo grandioso.

4La formación del grupo prácticamente no se modificó nunca. ¿Es que acaso se quieren tanto entre ustedes?
(Risas) Realmente no lo sé, supongo que será así. Es más algo como una mezcla de familia y hermanos con un matrimonio sólido. Aún vivimos juntos, pero dejamos de coger…

Volviendo a lo que comentaste hace un rato, en una entrevista que te hicieron recientemente leí que en 2010 la banda estaba “quemada”. ¿Realmente son de trabajar tanto? Sé que es algo que al menos podría decir sobre vos, ya que nunca fuiste parte exclusiva del grupo, sino que además estuviste en los Wildhearts y, por supuesto, con los Hellacopters. Ya que estamos, ¿todavía estás en contacto con Ginger? (N. El líder de The Wildhearts)
Si querés hacer las cosas a tu manera, siempre es trabajo duro. Es así. Nada viene gratuitamente. Sí, Ginger y yo seguimos en contacto. De hecho toque con él en Londres el 17 de diciembre del año pasado en su “Birthday Bash” en un lugar llamado The Garage.

5LOS BEBÉS SIGUEN CRECIENDO
Ya pasaron casi 3 años desde que editaron “Four By Four”, su hasta ahora último disco. ¿Ahora qué viene? ¿Tienen nuevos planes, más allá de seguir de gira?
Sí, vamos a entrar en estudios la semana que viene para grabar un nuevo álbum. Esta vez pensamos hacerlo “parte por parte”, no más de 3 o 5 canciones en cada sesión. Entonces habrá un nuevo single de los Backyard Babies hacia mediados de año, antes del verano europeo, y tenemos la esperanza de que el disco salga antes de fin de año, o a principios del 2019. También va a haber nueva música de los Hellacopters.

No puedo dejar de hacerte la bendita pregunta sobre tus artistas favoritos, ya sean de rock o de otros estilos. ¿Solés tener los mismos gustos musicales que el resto de los Babies?
Cuando se trata de rock o punk, compartimos los mismos gustos. Pero yo soy el único que tiene muchísimos discos de blues, y también algunos de hip-hop. Y Nicke escucha mucha música country.

Estuve en el show de los Stones en Estocolmo en octubre del año pasado, con los Hellacopters de soportes. Creo que hicieron un gran concierto, al menos todo el mundo parecía haberlo disfrutado mucho. ¿Cómo fue la experiencia de abrir para los Stones?
Un sueño de niño que se hizo realidad, y en cada forma posible. Pude conocer a los Stones, y fueron seres humanos increíbles.

Una última pregunta, Dregen. Han pasado 18 años desde que estuvieron por primera vez en Sudamérica, pero en aquella ocasión tocaron únicamente en Brasil. Y después sí estuviste vos en Argentina, pero como miembro de la banda de Michael Monroe. ¿Cuáles son tus expectativas para este primer show de los Backyard Babies en el país?
La primera vez siempre es algo especial. ¡Así que sé que va a ser especial! Tenemos admiradores en Argentina desde hace más de 20 años, y estoy verdaderamente maravillado y agradecido de que hayan sido tan pacientes esperando para que toquemos allí después de todos estos años. ¡Va a ser un auténtico estallido!

CON ARIEL ROT EN MADRID: “LO QUE A NOSOTROS NOS CAUTIVÓ FUE LA PELIGROSIDAD DEL ROCK”

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Publicado en Revista Madhouse el 13 de diciembre de 2017

Ciento cincuenta. Es más o menos el número promedio de preguntas que se me ocurre formularle a Ariel Rot mañana a la tarde, una vez que arribe a la capital española. Tal vez incluso algunas más. Mientras tanto estoy en el aeropuerto de Miami en medio de una escala de 14 horas y, si algo me sobra, es tiempo para decidir cuáles voy a terminar eligiendo. Entrevistar a un músico del cual uno es un profundo admirador no es cosa fácil. Hay que ponerse firme y hacerlo de la manera más objetiva posible, tarea que ronda lo infrahumano. Rot tiene una carrera de peso histórico que comienza con un rol primario: el de ser miembro fundacional de Tequila, la banda que cambió todo desde su llegada a la escena musical española hace ya más de cuatro décadas, y a la que -deliberadamente- le hemos dedicado buena parte de la conversación.

El mismo tiempo que lleva viviendo en la Madre Patria desde que la situación política que regía en Argentina, comandada por la barbarie de la Junta Militar que tomó a la fuerza las riendas del país a partir de la segunda mitad de la década del 70, y que obligara a Ariel Rot y familia a emigrar a territorios más saludables. Todo mucho antes de ser parte de Los Rodríguez, que también llegó para revitalizar los esquemas del rock hispanoparlante y de quienes también fue, digan lo que digan, su alma musical y autor de sus más grandes éxitos, hoy también parte del catálogo popular en español. O de su exquisita carrera en solitario, que viene superando en duración a sus proyectos anteriores por varias cabezas.

_MG_5551UNA CHARLA CON ARIEL. Café de por medio y en una confitería paqueta de Madrid que mira al Parque del Oeste de la ciudad, sentarse a charlar con Ariel –músico, compositor y por sobre todas las cosas, guitarrista supremo de rock and roll en su sentido más literal- implica una recorrida a lo largo de muchos años y aventuras tornándose uno de esos momentos para los que uno sabe nunca habrá tiempo que alcance para repasar en su conjunto. Menuda tarea para alguien como yo, apenas cinco horas después de aterrizar en España y con una bolsa interminable de preguntas. Por el resto, Rot cumple con todos los requisitos del entrevistado fiel: se emociona cuando habla de rock, y hasta le brillan los ojos para reafirmarlo. De risa contagiosa y enarbolando el estandarte de la humildad de los grandes, aquí están algunas de las respuestas a aquella lista de interrogantes que seguramente precisarán de otro futuro encuentro. Y a los que agrega su más reciente andanza: un nuevo emprendimiento enológico a la altura de todas esas canciones geniales a las que nos tiene acostumbrados desde siempre.

Me gustaría empezar hablando de aquellos primeros tiempos en que, aún siendo muy chico y viviendo en Buenos Aires, escuchabas grupos como Almendra o Manal, entre tantos. Y, de paso, ¿cómo te las arreglabas con los discos de las bandas de afuera? Digo, no eras de los que tenían ese hermano mayor que solía comprarlos y del cual los escuchábamos, como pasaba en muchas familias.
De eso se encargaban más o menos los amigos de mi hermana. Recuerdo el día que cumplí diez años, cuando me dijeron que pida “Led Zeppelin II” y “Stand Up” de Jethro Tull. Y Cecilia (N.: su hermana, la actriz Cecilia Roth) también traía discos. Santana, y esas cosas. En realidad, previo al rock, me gustaba toda la música. Estudiaba piano. Me enseñaban canciones de Bela Bartok, y me encantaban. Y después me ponían un disco de Joan Manuel Serrat, y también me gustaba. Eran los discos que había en casa. Y a partir de ahí ya empecé a tener mi propia colección.

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(Foto archivo Efeeme.com)

Indudablemente fuiste muy prematuro respecto a la música.
Éramos muy prematuros, pero no sólo por eso. Y después tuve una época en la que escuchaba mucho rock progresivo, pero eso fue más adelante. Yes, Genesis, King Crimson, y todo eso. Lo que fue un período muy jodido, porque había dejado de tocar la guitarra, ya que no sabía tocar lo que escuchaba. Me costaba tanto entender cuál era la parte de guitarra dentro de todo eso que sonaba… estaba todo muy procesado. Escuchaba a Steve Howe y me decía, “¿qué es esto? Nunca voy a poder tocar así. Hay que estudiar mucho para ser un buen guitarrista”

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Ariel y su mamá: primeros pasitos musicales

¿Pero al menos intentabas hacerlo?
No, tuve un bloqueo, pero mucho antes de eso, fui muy precoz no sólo porque tenía todos esos discos, sino porque también íbamos a ver conciertos. Fui muchas veces a ver a Arco Iris, a La Pesada del Rock and Roll, ¡con Pinchevsky y Kubero Díaz! Eso era algo peligroso… O a Pescado Rabioso y Aquelarre, en El Teatrito, ¡aquel concierto de la sirena!, nosotros estábamos ahí. Pero nunca vi a Pappo, ni tampoco a Manal. Íbamos a los conciertos con sólo 10 años de edad, y para entonces con Leo Sujatovich ya queríamos formar un grupo. Componíamos canciones todo el tiempo. Nos juntábamos y, en vez de ponernos a jugar como los chicos normales, nos encerrábamos con una guitarra, un piano, algo que se asemejara a una batería, lo que podíamos…

Por lo que sé, durante esos encuentros incluso llegaron a grabar algo de modo amateur, pero después esa cinta se perdió.
Sí, esa cinta se perdió. Puede que Leo conserve alguna cosa, pero lo grabábamos en cintas de esas de carrete. Y llegamos a grabar nuestra “obra cumbre”, que fue “Ópera Vida” (Risas) ¡Hicimos una ópera! ¡Es que éramos muy precoces! Las letras de “Ópera Vida” eran de Cecilia. Era algo así como Nacimiento, Infancia, Adolescencia, Madurez, Vejez y Muerte.

El ciclo completo…
Sí. Y teníamos diez años cuando la grabamos. Y también agregamos una flauta dulce, hicimos nuestros arreglos…Y además los dos estudiábamos guitarra con Claudio Gabis. Nos tomábamos el 64 y nos íbamos hasta Barrancas de Belgrano, después caminábamos diez cuadras, llegábamos a la casa de Claudio y nos tirábamos ahí. Aparte él nos dejaba tocar nuestras canciones, y también nos enseñaba a arreglarlas. Nos decía, “a ver, si él está tocando eso, ¿por qué vos tocás lo mismo? Tenés que tocar otra cosa. Yo buscaría por aquí…” Y eso no es algo que sólo aprendí, sino que también lo sigo aplicando, eso de cómo tienen que funcionar dos guitarras para que no salga algo muy cuadrado, ¿no?

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Un Ariel más grande, otra vez junto a su mamá: los años pasan, la pasión musical queda

¡Sin dudas te salió muy bien! Y también supongo habrá influido tu mamá, la legendaria cantante, pianista y musicóloga Dina Rot, ya que entiendo que no sólo escuchabas su música, sino también la de los músicos amigos de ella que iban de visita a tu casa.
Exactamente. Por ejemplo, hubo muchas veces en las que vino Paco Ibáñez. Y también una noche estuvo Vinicius, con sus músicos. Venían de un concierto y llegaron a casa muy tarde, cuando yo ya estaba durmiendo. Obviamente no me despertaron, porque yo tenía que ir al colegio al día siguiente. ¡Y eso es algo que jamás debería perdonárselo a mis padres! (Risas) ¿Cómo se iban a imaginar que 40 años más tarde yo iba a estar preguntándome por qué mierda no me despertaron aquella noche? ¿Te das cuenta? Estaba Vinicius De Moraes tocando en el salón de mi casa tomándose una botella de whisky, ¡y yo durmiendo en el cuarto!

¡Qué pecado!
Sí. Pero de todos los que venían, los que más me gustaban eran los del Cuarteto Cedrón, que siempre traían un contrabajo y percusión, y se ponían a tocar en casa. Eso era algo grandioso.

Bueno, seguramente todo eso te habrá marcado, y mucho, porque años más tarde ibas a terminar grabando “Eche 20 Centavos En La Ranura” para tu disco “Lo Siento, Frank”.
Es que cuando era chico, ésa era una de mis canciones favoritas; si bien no entendía mucho de qué hablaba, ni nada, pero era una canción que me encantaba.

TEQUILA RECIÉN SERVIDO
De alguna manera en nuestras casas siempre sonaba tango o folklore, algo que en tu música suele estar bastante presente. Pero el rock and roll, según tengo entendido, te llega de Alejo Stivel, tu amigo de la infancia y compañero en Tequila, que es quien te adentra en la música de los Stones y Chuck Berry.
Bueno, después de esa etapa sinfónica que te comentaba, volví a tocar, y a emocionarme, y a querer componer, porque Alejo es quien vuelve a traerme ese aire. Él quería empezar a tocar, y entonces yo pensé que había que volver a lo básico, ¡con 14 años de edad! (Risas) Y ahí fue cuando empecé a escuchar mucho el álbum “It’s Only Rock’n’Roll” de los Stones. “¿Y esto de dónde viene? Aah, viene de Chuck Berry. A ver Chuck Berry…” Y entonces ahí empecé a armar mi estilo. Pero habiendo estudiado con Gabis, conocía al blues. Y también bastante de swing, por haber estudiado con Walter Malosetti.

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Unos muy jóvenes Alejo Stivel y Ariel, allá lejos y hace tiempo

Estilos que después también ibas a terminar incorporando a tu carrera solista, sobre todo en tus últimos discos.
Sí, absolutamente.

Visto desde afuera, más allá de la buena escuela que resultó de todo eso, lo mejor fue que se dio de manera natural. Porque la música ya estaba en tu casa, desde el momento en que tenías una madre que se dedicaba a eso. Y aparte los de nuestra generación fuimos bastante prematuros, tal como decías, comprando discos a los 8 años de edad, o buscando con ansias esas revistas de música que investigábamos, cuando ahora es algo más propio de la adolescencia.
Sí, yo creo que le prestábamos mucha más atención a cada cosa que teníamos. Creo que ahora eso de que haya tanta información, hmm… Yo lo veo en mis hijos, están muy ansiosos, viven pasando a otra cosa todo el tiempo, entonces es como que no terminan de aprenderse un solo disco de memoria. Ni siquiera terminan de aprenderse una canción. Escuchan la parte de la canción que les gusta, y nada más. Cuando mi hijo me muestra la música que escucha, me dice “esperá, te paso el estribillo”. Y yo le digo que no hace falta que se apure, que tengo tiempo. Pero está acelerado y quiere mostrarme quince cosas al mismo tiempo. Él escucha hip-hop, está más identificado con eso.

Bueno, es lo que están escuchando casi todos los chicos hoy, o los que van camino a la adolescencia.
Sí, pero también porque ahí hay algo interesante. Yo creo que lo que a nosotros nos cautivó fue la peligrosidad del rock. Y ahora el rock no les brinda eso a los chicos. Coldplay, y todo eso… no ven ningún peligro ahí. En cambio en el hip-hop sí sucede, y es algo que está muy identificado con los chicos y su pinta, sus capuchas, eso de la marginalidad…todo eso los cautiva más. Y el rock dejó de tener esas razones, salvo que te metas en una movida muy under, y no sé tampoco en qué país. Probablemente en algunas ciudades de Estados Unidos todavía exista aquella tradición de los Stooges o del rock más pesado, y no me refiero a su sentido musical, sino al de modo de vida.

En cierta forma, si no existiera esa cuota de peligrosidad, esa cuota de alarma, entonces no es rock.
Bueno, no sé si es que tiene que tenerla. Quiero decir, yo no puedo inventarme ahora una vida que no es la mía. Ya pasé por eso, ya tuve mi dosis. Ahora se dio así. No llevo una vida peligrosa, si bien hoy en día vivir es algo peligroso. No puedo fabricar una estética. Entonces el rock también tiene eso, es música, y te lo podés tomar muy en serio. Como música, da mucho de sí. Podés ir de la simpleza a la máxima complejidad. Y trabajar con tan pocos elementos también requiere de mucho ingenio y trabajo.

Y a pesar de esa simpleza, todavía nos sigue emocionando.
¡Por supuesto! El rock, el blues…Willie Dixon, por ejemplo. De repente te preguntás, “¿pero solamente este tipo compuso todas estas canciones?” Que encima tienen los mismos tres acordes. ¡Y son todas brillantes!

Yendo mucho más atrás en la historia, hay algo que siempre me despertó curiosidad. Tu historia familiar es absolutamente parecida a la mía, ya que ambos somos nietos de inmigrantes rusos y con madres judías. Si bien no hay dudas que sí la tuvo en el caso de tu mamá (N.: Dina Rot grabó muchas canciones en “ladino”, dialecto del castellano que hablaban los descendientes de los judíos expulsados de la península ibérica en el siglo XIV), ¿lo judaico tuvo algún tipo de influencia en tu carrera?
Sólo en la cocina (Risas) En la música, mucho no lo veo. Bueno, tal vez esa cosa del sufrimiento judío, ¿no? Eso de la culpa y demás te da una sensibilidad y un feeling a la hora de tocar.

Bueno, hay grandísimos músicos de origen judío…
Sí, pero también hay grandes músicos argentinos (Risas)

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Ariel junto a la nueva versión de Tequila, en vivo en Aranda De Duero, España, el 23/9/2017 (foto: @M. Sonaglioni)

UNA VIDA A LA ESPAÑOLA
Después de estar aquí en España por más de cuatro décadas, lo que representa casi tres cuartos de tu vida, no se me ocurre otro caso de un músico argentino que lleve viviendo tanto tiempo en el exterior pero que aún haciendo básicamente rock, mantenga las raíces musicales de su lugar de origen en su música actual, o incluso otros géneros latinoamericanos. Espero que la pregunta no te resulte muy rebuscada…
No, para nada. Estoy en Madrid desde que cumplí 16. Y hay que descontarle cinco años, que son aquellos en que volví a Buenos Aires. Así que son casi 35 años aquí. Yo creo que en gran parte eso sucede por lo que viví en mi infancia, todo lo que te estaba contando hace un rato. Me refiero a todos esos discos de rock argentino hasta el año ’77 o ’78 que yo escuchaba, que creo que son joyas. Para mí, en cuanto a calidad, pienso que es donde más arriba se llegó. Al menos a nivel general. Después habrá casos aislados, pero esos discos me marcaron mucho y también los escuché mucho. Y además los sigo escuchando. Al mismo tiempo yo compartía todo el mundo anglo con eso, y para mí es como que era lo mismo. Para mí, Pescado Rabioso era como los Beatles.

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“Matrícula De Honor” (Novola, 1978), el álbum debut de Tequila

No es que unos te resultaran necesariamente más importantes que los otros…
No, no eran más importantes. Entonces en esa época yo era muy “esponja”, y eso queda mucho. Puede darse no tanto por lo que escuchaba en mi casa sino también por lo que sonaba en la radio, en la tele, o lo que se estaba escuchando… Era la música que sonaba de fondo, y de alguna manera me resultó muy fácil asimilarlo, aunque si me escucha un folklorista o un músico de tango de verdad, tal vez les parezca un mamarracho, porque no tengo ni puta idea. Por ejemplo, aprendí mucho con Eduardo Makaroff, de Gotan Project, con quien descubrí algunos yeites, o del swing. Pero claro, aprender bien el swing del tango lleva toda una vida, no es algo que se aprende porque te pongas a tocarlo. Son géneros para tocarlos toda la vida, son como algunos instrumentos.

Yendo más al rock en sí, ya sabés que sos mi guitarrista de rock and roll “en español” favorito de todos los tiempos. A lo que también podría agregarle tu parte de escribir canciones. Pero además creo que sos un excelente letrista, algo que vos mismo dijiste recientemente en una entrevista, cuando comentaste que te habías dado cuenta que habías mejorado mucho en ese aspecto. Sin embargo, lo que más me gustaría destacar de tu carrera es tu rol como miembro de Tequila junto a Alejo, la historia de dos músicos argentinos que llegaron aquí para formar un grupo que terminó cambiando los esquemas del rock en España. Lo que explica a la perfección por qué aquí sos un músico tan querido y valorado.
Yo creo que hay grupos, compositores o artistas que tienen una clara influencia de Tequila, pero pienso que igualmente hubiera terminado ocurriendo lo mismo con otros. Era un momento en que España tenía que recuperar el tiempo perdido.

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Tequila de izq. a der: Julián Infante, Alejo Stivel, Manolo Iglesias, Felipe Lipe y Ariel. Dale dale con el look…

Que fue mucho.
Sí, claro. Entonces creo que España se subió al tren de la historia justamente en una época curiosa, porque la gran influencia de esos tiempos fueron los grupos punk. Ramones, Sex Pistols… Digamos que la destreza musical no estaba valorada, y eso marcaba la diferencia entre nosotros y ellos. Veníamos de una época en la que esa destreza, y no el virtuosismo, tenía mucha importancia para nosotros. Tequila tocaba muy bien.

Bien, pero bien de en serio.
Sí, y sin embargo todos los grupos que surgieron por entonces estaban aprendiendo a tocar. Casi tuvieron que aprender a tocar en los escenarios, tal fue el boom que hubo. No sé si lo nuestro fue una habilidad, fue simplemente llegar en un momento en el que históricamente cubrimos un hueco que alguien tenía que cubrir. En todo caso, mi habilidad es la de hacer de todo bastante bien (Risas)

Sigo con los elogios… Yo diría que muy bien.
Es como que le he puesto la energía un poco a todo, ¿no? A veces me junto a tocar con guitarristas que tocan muchas más horas que yo, y con unas técnicas que yo jamás podría tocar. Tendría que dejar todo el resto de las otras cosas que hago y dedicarme solamente a la guitarra…

O tal vez sea que esos guitarristas son más jóvenes, y por eso dispongan de más tiempo para hacerlo.
No, porque también son guitarristas, pero que no han tenido que centrarse en otros proyectos. Cuando retomé mi carrera en solitario después de Los Rodríguez, tuve que intentar equilibrar la cosa, y tal vez me quedé un poco respecto a la guitarra durante unos años, para poder crecer como compositor, como cantante, o como frontman. Los últimos años, cuando empecé a hacer esos shows completamente solo en el escenario, también tuve que dedicarme mucho al piano. Y recién entonces volví a decirme “bueno, ya llegó el momento de volver a dar un empujón con la guitarra”… Igualmente creo que, si ya tocaste bien en algún momento de tu vida, si desarrollaste una técnica decente, entonces se trata de que tengas algo interesante para contar, y que se te reconozca cuando tocás.

moris-fiebre_de_vivir-frontalROT AND ROLL MUSIC
Como fuera, las influencias en tu estilo -Chuck Berry, Keith Richards, etc.- son muy marcadas, y no existe mucha gente que toque así, al menos del lado “hispano”. Hay un sonido tuyo que tiene que ver muy claramente con esa escuela original, y que se sigue manteniendo.
Sí, creo que tengo eso, pero también siempre hay un lado melódico en la guitarra, que es lo que hace que marque la diferencia. Que tus solos formen parte de la canción, y que hasta se puedan cantar, y que haya gente que se los sepa de memoria. Y para eso no es necesario ninguna técnica.

Tequila estuvo junto a Moris en los tiempos en que desembarcó en España, siendo otro caso de un argentino que llegaba aquí, y de hecho fueron la banda que lo secundó en la grabación de su LP “Fiebre De Vivir”. ¿Cómo recordás esos días?
¡Para nosotros Moris ya era un prócer! ¡A “De Nada Sirve” nos la sabíamos entera, con diez años de edad! Yo recuerdo esa época como una de las más felices de mi vida, mirá lo que te digo. Mi primera novia, mi primer disco y mi primera banda y aparte, de regalo, levantarme una mañana en la casa de esta chica para ir a grabar con Moris. No cabía adentro mío. ¡Estaba que me salía! (Risas)moris-fiebre-de-vivir-portada

Coincidieron las coordenadas. Que Uds. lleguen a España, que formen la banda, que llenen ese hueco que estaba tan vacío, y que justo al poco tiempo también llegue Moris.
Sí, por supuesto. En cierto modo cuando mis padres me dijeron que nos teníamos que ir de Argentina, llegado el momento en que tuvimos que ponernos a pensar adónde ir -y que por supuesto tenía que ser un sitio en que se hablase en español, ya sea México o España- yo tuve el presentimiento de que eso iba a ocurrir.

¿Habías tenido un presentimiento? ¿Cómo fue eso?
No se trató de un presentimiento del gran éxito que después fue Tequila, pero sí de que finalmente aquí iba a poder tener una banda, cosa que en Buenos Aires no podía haber tenido, ya que era más chico. Yo quería llegar aquí y tener un grupo. Y a los seis meses ya estaba tocando. Y a los ocho, dando conciertos.

Y además vendiendo muchos discos.
No, eso fue recién un año y medio después. Yo llegué en el ´76, el primer disco se grabó a fines de 1977, y salió recién en el ’78.

Igualmente fue todo muy veloz, y más a esa edad.
Y todo eso mezclado con los primeros 3 ó 4 meses aquí, que fueron raros.

Como lo decís en la canción “Vals De Los Recuerdos”…
Sí, un poco eso de la soledad, y lo de los amigos que no están. Igualmente todo se fue dispersando. No fui el único que se fue. Pasaron cosas. Fue una época en la que si me hubiera quedado… no sé. Tengo amigos que se quedaron y aguantaron bastante más.

429270_106962496102082_87007359_nDurante esos primeros años aquí en España, ¿alguna vez tuvieron la idea, o la ilusión, de regresar a Argentina?
El plan con mis padres era venir aquí por dos años, hasta que se calmase un poco todo. ¡Pero a los dos años no me sacaban de aquí ni con una ametralladora! ¡Me tenían que sacar con una escopeta! (Risas)

Sin embargo el recuerdo de la Tequilamanía continúa teniendo vigencia. Nunca dejó de ser una banda muy especialmente recordada en cada oportunidad en la que se hable de rock español.
A la gente le impactó mucho. A veces me subo a un taxi, o cuando me toca estar con alguien de mi generación que me reconoce, y no pueden parar de hablarme de Tequila. Y también están los que me vieron. A veces, cuando íbamos a tocar los pueblos, era como si hubieran llegado marcianos…

Me imagino, ¡con esas vestimentas!
¡Claro! Si Madrid era pueblerina, imaginate lo que eran los pueblos de España. No sabían ni lo que era un grupo de rock. Era todo muy primitivo, y nosotros íbamos con unas pintas tremendas. Y la situación en general también era muy rara, porque todavía no estaba armada la producción de conciertos, y mucho menos de rock. Entonces, por ejemplo, teníamos que ir a tocar a un sitio, y de repente íbamos en tren, ¡y nos bajábamos del tren con los Marshalls!

Bueno, hoy en día todavía hay músicos que recién empiezan, y que se ven obligados a moverse así.
OK, ¿pero a qué músico se le puede ocurrir la locura de meterse en un tren con un Marshall? (Risas) Entonces bajábamos en la estación, ¡y nos íbamos hasta el hotel empujando los Marshalls por la calle! Y la gente nos veía haciéndolo. Una vez íbamos empujando los amplificadores y un tipo gritó, “mira, ¡ahí van los Rolling Stones!” (Risas) Vio unos tipos ahí con los pelos largos, con pantalones rojos y no sé qué, y con amplificadores, y dijo ¡“son los Rolling Stones”! (Más risas)

TEQUILA ON THE ROCKS
Indudablemente lo de Uds. era un verdadero trabajo a pulmón…
Teníamos un tipo que se encargaba de todo, pero en los primeros tiempos, cuando todavía no habíamos grabado nada, sí, era todo a pulmón. Llegábamos de vuelta a Madrid a las seis de la mañana en la furgoneta, porque no había hotel donde parar en donde fuera que habíamos tocado la noche anterior, y todavía teníamos que descargar hasta el equipo de voces. Bajábamos todo, y después, ya de día, cada uno se iba a su casa.

Así y todo, desde afuera se ve como que la pasaban realmente bien.
Ya como adulto, a veces trato de recordar cómo fue. Porque claro, de joven pensás, “chicas, drogas, conciertos…”, todo ahí, sin tener que salir del hotel, ¿cómo no va a ser disfrutable? Pero yendo a algo más profundo, se trata de pensar cómo era realmente. Al mismo tiempo también percibíamos un poco la mala onda, y con Tequila en algunos momentos hasta hubo situaciones violentas y agresivas.

¿Lo decís por un rechazo de parte de la gente mayor de edad?
No, lo digo por el lado del público masculino. Eso era todo un inconveniente. Yo no podía salir solo a la calle. En aquel momento en Madrid se vivía una época muy pesada. A nosotros nos gustaba meternos en la zona donde pasaban las cosas. Y también donde te las pasaban. Y no siempre tenías a alguien disponible para que venga a tu casa. Entonces nos metíamos donde fuera que hubiera que meterse. Ser de Tequila también tenía sus momentos peligrosos. Una vez nos sacaron a botellazos de un concierto con Ian Dury en Barcelona. Eso ya fue casi al final… En los días finales de Tequila pasaron cosas jodidas, y una de esas cosas también fue que una vez nos robaron todos los equipos.

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1981 vio la salida de “Confidencial”, el último disco de Tequila

¿Eso fue más o menos en la época del disco “Confidencial” (1981)?
No, fue después. Esa cosa del “ciudadano ilustre”, ¿no? La paradoja del éxito. También existía eso. Estaba todo eso del éxito, y de ser una estrella de rock and roll, o del pop. Porque también éramos estrellas pop. España nos encasilló un poco como un grupo “de fans”, con aquello de la Tequilamanía, las chicas…Y también sufríamos por eso. Y éramos tan jóvenes, que no pudimos manejarlo.

¿Pensás que situaciones de ese tipo fueron las que derivaron en el final del grupo?
Bueno, pasó que tuvimos que cambiarnos de nuestra sala de toda la vida, que era un ranchito divino al que venía demasiada gente. Un día llegamos y nos encontramos con que habían roto el techo y se habían llevado todo. Por otro lado empezó a pasar lo que te decía, empezamos a notar violencia en los conciertos. Luego pasó que, estéticamente, empecé a tener desacuerdos con Alejo. Yo quería probar otras cosas, como lo hice después en canciones como “Debajo Del Puente”

Claro, cambiaba el sonido de la época.
Cambiaba el sonido, y en ese sentido Alejo era mucho más conservador. A él no le interesaba ese cambio. Entonces, llegado el momento en que empezamos a componer lo que iba a ser el disco que iba a venir después de “Confidencial”, era muy difícil entenderse. Y aparte también estábamos muy pasados.

Toda una conjunción de factores.
Sí, todas esas cosas, hasta que finalmente yo les dije, “chicos, hagan lo que quieran, pero yo me voy”

Siempre lamenté que no haya habido otro disco, porque los demos que luego aparecieron como extras en la recopilación “Tequila Forever” (“Dudas”, “La Isla” y “No, No, No”) me parecen buenísimos.
Sí, pero eso ya no era Tequila, eso ya era cualquier cosa.

No obstante, “La Isla” es una gran canción, de hecho después incorporaste parte de su letra en la canción “Seducción”, que estaba en el álbum “Debajo Del Puente”.
Claro. ¡Muy bien! Esas cuatro canciones podrían haber formado parte de “Debajo Del Puente”, sin duda.

De hecho ya se perfilaba un sonido más moderno.
Pero eso ya pasaba en “Confidencial”. Para entonces nos gustaban los Clash, Elvis Costello… También queríamos un poco buscar por ese lado, y no sólo por el de los Stones. Incluso el disco es distinto desde la estética, con más fotos en blanco y negro. Ya habíamos empezado a interesarnos en nuevas cosas.

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Tequila en blanco y negro: elviscostelleros, blondieros y newwaveros

O incluso más para cerca de Blondie, o de la New Wave, ¿no?
Sí, claro.

Y si bien eran todos excelentes músicos, no quiero dejar de mencionar a un gran baterista rítmico como Manolo Iglesias, fallecido en 1994, que sonaba realmente fresco, ¡y además muy salvaje!
Sí, y aparte era muy divertido cuando tocaba, muy gracioso. Como sabés, ahora estamos haciendo algunos shows con Tequila y el baterista, que es chileno, le copia muchos feels a Manolo. Era muy especial.

Definitivamente las cosas habían cambiado mucho en los últimos tiempos del grupo…
Y aparte para entonces ya nos tocaba compartir el “pastel”, el reinado. Estábamos muy tranquilos pero claro, ya había empezado a pegar el heavy. Nuestra compañía discográfica tenía a Barón Rojo y a Obús. Entonces, ya no nos trataban tan bien como al principio.

Y también ocurrió que la escena del heavy se afianzó mucho en España.
Sí, y eso es algo que sigue siendo muy fiel, como suele ser el público heavy de todo el mundo.

YO VIVÍA CON TEQUILA MUY CONTENTO
Recién mencionabas los problemas de estética que solías tener con Alejo, ¿pero también te pasaba en lo musical, o más estrictamente en lo vocal? De hecho, en los cuatro discos que editaron, solo cantaste una canción, “Estoy En La Luna”, donde compartís la parte vocal con Alejo. ¿Hubo algún otro intento de que cantes canciones en los discos de Tequila?
No, nunca me lo planteé. Recordemos que durante los primeros meses de Tequila, cuando todavía era un cuarteto, las canciones las cantaba yo. Me costó mucho convencer a Julián (N.: Infante, el otro guitarrista de la banda junto a Ariel y luego también compañero en los Rodríguez) que tenía que entrar otro argentino al grupo. Simplemente, Julián no quería que fuera así. Siempre me decía, “no, canta tú que cantas bien”. Y yo le decía, “no, pero tengo un amigo argentino, con el que compuse algunas de las canciones que estamos tocando…” ¡Pero Julián no quería saber nada! (Risas) Hasta que se fue el baterista original.

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La formación original de Tequila, todavía cuarteto. De izq. a der. Julián(sentado), Ariel, Felipe y el Oso. (Foto: Archivo Ariel Rot)

¿El Oso?
El Oso, sí. Entonces hubo una época que estuvimos sin baterista , y uno de los experimentos que hicimos fue poner a Julián a la batería. Y ahí fue cuando finalmente me permitió que venga Alejo a cantar, y también como guitarrista.

De hecho Julián tocaba muy bien la batería. Recuerdo canciones como “Ya Soy Mayor”, en donde se encarga él de tocarla.
Y también está en “El Barco” el reggae. Pero Julián quería seguir tocando la guitarra, si bien Alejo ya estaba adentro del grupo, ¡Ya había puesto el piecito ahí! (Risas) Pero durante varios meses canté yo, si bien mi rol nunca fue el de cantante, digamos, de cuna. Así como sí lo fue como guitarrista. Yo podía vivir perfectamente sin cantar.

Al menos no lo habrá sido durante esa época, porque después sí fue algo que terminó formando parte fundamental de tu carrera.
Sí. Después de haberlo sufrido durante mucho tiempo, empecé a disfrutar de cantar, y también de eso de expresar y de contar cosas.

Volviendo a Julián, siempre pienso que, a pesar de su partida física hace ya varios años, de alguna manera sigue estando muy presente en tu vida. La melancolía tiene esas cosas: la amamos y la odiamos al mismo tiempo. Y siempre noto referencias nostálgicas que te llevan a él, como fue en el caso de “El Mundo De Ayer”. Bueno, en verdad nunca tuve la certeza de que fuera así. Pero sí que lo hiciste en tu último disco, en la canción “Broder”.
“Broder” está oficialmente dedicada a él. Siempre puede haber una frase dedicada a Julián en alguna canción. Y en “El Mundo…”, sí, hay momentos. Incluso hay estrofas dedicadas a Julián, pero es algo más genérico. “Broder” es más directo, acordándome de él… Lo del calabozo, todas cosas que pasaron…

Siempre me pregunté por qué es que después él dejó de aparecer o colaborar en tus aventuras solistas, habiéndolo hecho en tus dos primeros discos (“Debajo Del Puente” y “Vértigo”) Y si bien estuvieron juntos en los días de Los Rodríguez, que después no lo haya hecho cuando todavía vivía, cuando editaste “Hablando Solo” o “Cenizas En El Aire”.
Es que con él nunca hubo una despedida. Los Rodríguez terminamos todos un poco quemados. La gran ruptura en Tequila se dio con Alejo, porque componíamos juntos, pero siempre fue natural seguir tocando con Julián. Después de Los Rodríguez, yo necesité descansar de Julián. Hubo un largo tiempo en el cual no nos vimos. Y después de la separación de la banda, él desapareció por una temporada. Y cuando volvió ya estaba enfermo. Muy enfermo. Pero después se recuperó. Eso fue muy duro, porque llegó un momento en que nos decíamos “éste nos va a enterrar a todos” (Risas)

los-rodriguez-02-10-15Pero de alguna manera, insisto, siempre siguió estando presente.
Siempre estuvo muy presente, y también lo sigue estando, y tal vez, con el paso del tiempo, esa ausencia se hace más notoria, porque él no me llegó a conocer ya como padre. ¿Cómo hubiese sido esta etapa adulta? Digo, siendo un amigo tan fraternal, casi como un hermano… ¿Cómo hubiésemos llevado esta etapa de nuestras vidas? Tener un “gomía” así para compartir estos años hubiera sido algo muy poderoso.

¿Esperaban que él terminara así?
Yo creo que es al revés, que no podría haber ocurrido de otra manera.

¿Julián tenía un hijo, verdad? ¿Seguiste teniendo relación con su familia después de su muerte?
Dos hijos. De hecho, cuando murió, también ya era abuelo, de un bebé. ¿La familia de Julián? ¡Vinieron a un concierto de Tequila! Nos abrazamos, lloraron… todo.

Julián y Manolo ya no están, y Alejo sigue muy cerca tuyo, ¿pero acaso también seguís en contacto con Felipe Lipe, el ex bajista de Tequila?
No, nos distanciamos. Felipe vino a tocar en la gira reunión de Tequila de hace diez años, y la cosa salió mal. Él se dio cuenta de que estaba en inferioridad de condiciones, y entonces se retiró a tiempo.

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Julián y Ariel, en otra postal de tiempos pasados

¿Nunca lograron recomponer esa parte?
Ahí ya nos distanciamos, tal vez medio definitivamente. En verdad con Felipe nunca nos peleamos, incluso cada tanto me llamaba. Y tampoco es que ahora haya habido una ruptura, pero tal vez esa vez nos permitió ver las diferencias que teníamos en la vida, en lo musical y en lo personal. Ya no teníamos mucho que ver. Tal vez lo único que nos unió fue ese pequeño momento cuando éramos pibes.

INFORMACIÓN CONFIDENCIAL
Me siento obligado a hacerte una pregunta “de fan”. En la canción “¿Qué Pasa Conmigo?” de “Confidencial”, que fue grabado en Inglaterra, aparece tocando la armónica un tal Paul Jones. ¿No será Paul Pond, no? Sabés de qué estoy hablando…
No, ese era el armonicista de Manfred Mann.

Exacto. Es precisamente por eso que te pregunto, porque al principio, Paul Jones usaba su nombre original, Paul Pond. O también su nombre artístico, P.P. Jones, en los días que tocaba junto a Brian Jones en Londres, antes que se formasen los Stones. De hecho, antes de la aparición de Jagger, Brian le había propuesto a Paul Jones cantar en la banda que quería formar. Y me pareció muy casual que el tipo que metió la armónica en la canción tuviera el mismo nombre.
No lo sé, pero el tipo era muy amigo de Peter McNamee, quien produjo el disco.

18Continuemos hablando de Tequila, no puedo evitarlo. Me gustaría que me hables sobre el disco que la banda alguna vez grabó para el mercado japonés, y que hoy por hoy resulta prácticamente inconseguible. De hecho lo único que hay dando vueltas por ahí es una de las canciones, en YouTube, al menos cierta vez la encontré ahí. ¿Es verdad que grabaron una canción de Leif Garrett para el disco?
No, no era de Leif Garrett, sino una que él versionaba, “Forget About You”(canta el estribillo de la canción). Los japoneses nos impusieron dos canciones. Y no sólo eso. Nos hicieron unas cuantas perrerías. Habían traducido las letras de Tequila al inglés, eran tremendas. …

¿No respetaron las letras originales? 
No, muy poco. Con clichés, frases manidas…

Volviendo a la nueva versión de la banda, Uds. ya habían hecho una pequeña gira reunión hace unos años, e incluso regrabaron “Que El Tiempo No Te Cambie”.
¡No, fue una gira grande!

Bueno, pero después eso cesó, y hace un tiempo, buceando en las benditas redes sociales, me sorprendió enterarme de esta nueva reunión del grupo.
Sí, ésta es menos formal, digamos. Surgió por una marca que quería hacer cuatro conciertos con la banda. Y decidimos hacerlos. Armamos la banda para esos cuatro shows. Pero luego empezaron a llamarnos y preguntar si había posibilidades de hacer alguna cosa más. No quisimos hacer eso de “otra vuelta”, ni tampoco promoción, pero si nos ofrecen durante un tiempo hacer conciertos, los vamos a hacer.

61FmubHZfaL._SX355_¿Tenés la idea también de retomar tu carrera solista? “La Manada”, tu más reciente trabajo, es realmente un disco grandioso.
Por el momento estoy sin proyecto en mente, pero sí estoy haciendo lo de Tequila, y voy a volver a hacer shows en solitario, lo mismo de aquel espectáculo que se llamó “Solo Rot”, con solo yo en el escenario. Un “one man show”, ¿no? Lo dejé de hacer hace dos años. Hablaba mucho, contaba muchas historias, y tal. No sé si ahora voy a hacerlo igual, tal vez a lo mejor cambie un poco el concepto. No lo tengo muy claro. Lo estoy armando. Pero no es un proyecto nuevo. Vengo de hacer tres discos de canciones nuevas –“Solo Rot”, “La Huesuda” y “La Manada”– que es algo que para mí está muy arriba, pero que tampoco trascendieron excesivamente. No sé si estoy motivado para otro disco así. Para mí, después de esa trilogía, me gustaría que el siguiente proyecto tuviese otra cosa. Todavía no lo sé. Son los discos que hice a partir de los 50 años. Porque ya en “Solo Rot” hablo del tema de la edad en canciones como “Manos Expertas”. Ya empiezo a hablar del tema. Los discos no son exactamente iguales entre sí, siendo “La Huesuda” el que más se diferencia de todos, porque tiene otro tipo de sonido. Últimamente tengo el reproductor de mp3 en “aleatorio” en el coche. Tengo un coche nuevo y, según me subo, empieza a sonar el teléfono, con todo lo que tengo. Y empecé a escuchar canciones mías, que también están ahí, y me sorprendió mucho el sonido de “La Huesuda”. De hecho me sorprendió muchísimo. Me parece una cosa muy distinta a lo que alguna vez hice. Canciones como “Mil Palabras Sucias Al Oído”… Creo que con José Norte se alcanzó un nivel muy fino.

Seguramente el productor tendrá mucho que ver con eso.
Sí. Bueno, es lo que estaba buscando en ese disco. Es algo que tenía muy claro. Yo quería usar otros instrumentos, y no los que siempre usaba. Ya venía con la gira del piano, y entonces compuse prácticamente todas las canciones así.

Claro, cosas como “Para Escribir Otro Final”.
Sí, son todas canciones muy pianísticas, y que por lo tanto puedo hacerlas todas en el piano. Mientras que “Solo Rot” y “La Manada” se parecen un poco.

Reitero, “La Manada” me pareció un álbum lindísimo, y además me gustó mucho que la canción que le da título al disco sea también quizás mi balada favorita de todas las que están ahí.
Yo encuentro en esa canción partes que me suenan a Dylan…

Y “En el Borde De La Orilla” me hace acordar a Moris…
Bueno, sí, ¡es casi un homenaje a él!

Mientras que en “Se Me Hizo Tarde Muy Pronto” escucho “Stay With Me”de los Faces.
¡Totalmente! Pero “La Manada”, la canción, tiene un momento “Wild Horses”. O tal vez es algo que imaginé yo, y que tal vez no tenga nada que ver.

¿Sos de poner todavía esos discos de Dylan o de los Stones que escuchabas al principio, ya sea en casa, o en el auto?
De vez en cuando. Escucho más roots, en todo caso. En el coche me gusta más escuchar a Chuck Berry. Pero volviendo a esos discos esenciales de nuestra vida, trato de no escucharlos mucho, porque me da la sensación de que, si lo hago, se va a perder el efecto.

¿Cómo es eso?
Sí, van a perder el efecto. Prefiero aguantarme, aguantarme y aguantarme. Que pase mucho tiempo y un día decir, “OK, lo voy a volver a escuchar”. Como para potenciar el efecto. Es como la abstinencia, para luego disfrutarlos más.

Hmm, muy interesante. Me resulta un buen consejo.
Claro, a mí me pasa. Y con los discos argentinos también. No puedo escuchar “Artaud” muy a menudo. Prefiero dosificar a esos discos, si no me da la sensación que la emoción puede gastarse.

Sin embargo, es una emoción permanente.
Bueno, cada uno lo lleva a su manera…

OTRAS BANDAS, OTRAS HISTORIAS
Antes que me olvide, creo que deberíamos hablar un poco de la etapa de Los Rodríguez y lo de la rumba catalana, básicamente en canciones como “Sin Documentos” o en “La Milonga Del Marinero Y El Capitán”, que en cierta manera fue un sonido que terminó siendo marca registrada en buena parte de las canciones del grupo.
En realidad teníamos pocas canciones de esas. Teníamos más “canción argentina rock”, que todo eso. Lo que pasa es que “Sin Documentos” fue muy famosa. Y lo mismo pasó con “La Milonga…”, que viene de González Tuñón.

Y más tarde hiciste lo mismo en “Dos De Corazones”
Sí, es una especie de milonga, pero mal tocada. Es una interpretación mía para poder tocar milonga sin saber ese swing, digamos.

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El autor y el entrevistado de esta nota en Madrid, vestidos al tono para la ocasión (Foto: @M. Sonaglioni 2017)

En 2001, cuando editaste el video del show de “En Vivo Mucho Mejor”, usás una campera con inscripciones que dicen “Colectivo 60” y “Manosanta”… ¿Los usabas a modo de amuletos?
Oh, eso es muy triste, porque es una campera hecha por David Delfín, que también hizo las letras del arte de tapa de “Lo Siento, Frank”, y que murió este año. La explicación de todo eso es que responde al nombre de mi editorial, que se llama Manosanta, por Olmedo.

¡Qué grande!
Sí sí…Fueron como dos emblemas. David Delfín me dijo, “decime dos cosas que querés que te ponga en la chaqueta, que sean fuertes”. El público español habrá pensado que lo de “manosanta” es porque soy guitarrista, ¡pero nada que ver! (Risas)

A lo largo de tu carrera grabaste muchísimo material, cantidades de canciones, sobre todo en tu etapa solista. ¿Te quedó mucho material afuera, demos o inéditos que alguna vez pienses editar? ¿Algo tipo box set o similar?
No, qué va… Como máximo a mí siempre me sobran dos o tres canciones por disco. Yo voy haciendo la edición de un disco durante la composición.

¿Siempre mantuviste ese esquema de trabajo?
Sí, soy de desechar en el camino. De hecho algunas quedaron para discos que vinieron después.

Tuviste, y también seguís teniendo, una vida muy rica en historias. ¿Nunca pensaste en escribir una autobiografía? Algo que, ya que estamos, está muy en boga por estos días.
Bueno, podría ser… pero por el momento prefiero poner más energía en la música.

21BRODER, UN VINO PARA HERMANOS DE TODA LA VIDA
“Con mi amigo Federico Oldenburg se nos ocurrió desde hace unos años hacer un vino con cada disco que edito. El primero se llamó La Huesuda, como el nombre del disco anterior, y a éste le pusimos Broder, nombre de una de las canciones que están en el álbum ‘La Manada’, y que está dedicada a Julián Infante. Siempre optamos por bodegas especiales, que trabajan al margen de los gustos del mercado con uvas autóctonas y con mucho mimo, bodegas con las que me siento identificado porque en cierto modo tienen una filosofía con respecto al vino como la mía hacia la música. Es un vino ligero con un frescor poderoso, noble y extraordinariamente bien hecho. Es de Ánima Negra, una bodega de Mallorca, de la que soy un gran fan desde hace años, así que es un honor y un placer poder haber hecho un vino con ellos. ¡Salud!”

CONCIERTOS: CHRIS JAGGER, EL HERMANO DE MICK, MOSTRÓ SU FOLK & BLUES EN BUENOS AIRES JUNTO A CHARLIE HART

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Publicado en Revista Madhouse el 26 de noviembre de 2017

Chris Jagger y Charlie Hart en Mr. Jones Blues Pub, Ramos Mejía – 21/11/2017

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Que sí, que no. Que sí, que no. Lo que podría interpretarse a priori como un diálogo histérico es apenas el código madre que subyace detrás de la chance de este periodista de entrevistar a Chris Jagger en Inglaterra el año pasado. Son cosas que ocurren cuando uno conoce accidentalmente a un amigo íntimo del músico en cuestión, y éste nos pone en contacto. Fiel a su estilo incansable de girar por Europa y Oceanía, coordinar una entrevista con un artista por demás particular (y muy lejos de aquello de “el hermano menor de Mick”, apenas justificado por la portación de apellido) se tornaba cada vez más remoto. Cuando Chris podía, no me daban los tiempos para acercarme hasta el área del condado de Somerset, donde residía por entonces. La última oportunidad iba a darse cuando él se acercara a la capital británica, pero para entonces uno ya tenía pasaje de regreso a la bendita tierra donde le tocó nacer. “OK Chris, quedará para otra ocasión”, le confesé, dubitativo. “¿Y si la hacemos por Skype?”, me sugirió como última chance, momentos antes de manifestarle mis preferencias por hacerla en vivo y en directo, en lo posible. Por eso resultó toda una sorpresa cuando hace unos meses volví a recibir un mail suyo asegurándome que hacia fines de año vendría a Sudamérica para realizar alguna fecha en el país, y también en Brasil.

QUE SÍ, QUE NO, QUE NI. Todo indicaba que el tiempo se había encargado de alinear los planetas. Claro que los hechos que se diluyeron una vez más cuando, hace apenas un mes y medio atrás, el último 9 de octubre, me lo crucé súbitamente en vivo y en directo en el vip del show de los Stones en Düsseldorf, deseándole lo mejor para su (ahora sí) futuro arribo a Buenos Aires, y al cual se refirió actualizándome que “al final no voy a tocar en Argentina, pero sí voy a estar en Brasil”. Que no, que no, otra vez que no… Por eso me resultó aún más inesperado cundo al pasado martes 21 de noviembre alguien me informó que esa misma noche se iba a estar presentando en un club de blues de Ramos Mejía.

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Desbordado de escepticismo, no acepté la veracidad del hecho antes de ver la confirmación del show en su página oficial, la cual, de no haber pasado por semejante mar de contradicciones anteriormente, más que seguro hubiera chequeado con antelación. Y como si todo esto fuera poco, Chris no sólo iba a tocar esa noche en la ciudad, sino que además lo iba a hacer acompañado del gran Charlie Hart. Que sí, que sí, y que sí, definitivamente, cuando pasadas las 23 hs., en medio de un recinto colmado de adeptos (de claro tinte stoniano, los mismos que posiblemente en su mayoría se hayan acercado por simple curiosidad y adhesión a la causa), el dúo apareció en el escenario del Mr. Jones Blues Pub para agasajar a los allí presentes con tonadas directamente de la cepa más pura del folk inglés e irlandés, empapadas de blues de Louisiana, de country, de cajun, de zydeco, y de otros estilos regionales que suelen abordar . En definitiva, lo que Chris viene haciendo tozudamente desde su álbum debut de 1973 “You Know The Name But Not the Face” (también conocido como “Chris Jagger”, editado bajo es título al año siguiente), y agregando 11 en su discografía hasta su más reciente trabajo “All The Best”, lanzado este mismísimo año.

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LOS HERMANOS SEAN UNIDOS (PERO POR SEPARADO). La experiencia de ver a Chris Jagger en vivo sugiere el previo intento de olvidarse de su célebre apelllido para comprobar que, más allá del hecho de ser el único hermano del performer definitivo de rock and roll en tiempo y espacio que el mundo conocerá (literalmente), y de la enorme montaña de ego a la que Sir Mick nunca pudo dejar de subirse, la figura y personalidad de “el otro Jagger” no está menos que en las antípodas. Es que Chris nunca perteneció al mundo del espectáculo per se, resultando ser aquel tipo de extremísimo bajo perfil que prefirió dedicarse a la música por el simple hecho de amarla, bien distanciado de las luminarias de rigor y optando por una carrera al tono que nada tuvo ni tiene de comercial, en el sentido estricto de la frase. Chris es hombre de shows en bares o en festivales pueblerinos, con sus raíces musicales irremediablemente enclavadas en su tierra natal, y campo adentro. A lo largo de su existencia, su parentesco con el frontman de los Stones apenas se limitó a participaciones aisladas de su hermano Mick en alguna canción suelta de sus trabajos, o a cierta colaboración en conjunto para algún proyecto benéfico.

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HAVE A HART. No resulta casual entonces que la canción elegida para abrir el show haya sido “Will Ya Won’t Ya?” (del álbum “Atcha” de 1994, en la que su hermano de sangre aparecía haciendo coros), dejando en claro el sabor de la propuesta musical que se iba a extender durante las casi 15 canciones que formarían parte del show en el que Chris, exclusivamente tocando guitarra acústica, a la que sólo abandonó circunstancialmente para pasarse a la armónica, terminarían conformando una oferta singular e inolvidable. Menos aún lo fue la vital presencia del legendario Charlie Hart secundándolo (en piano, violín, acordeón y coros) como único y principal escudero en su misión conjunta: plasmar un repertorio rico de sabores folk y derivados en el que sólo faltó un niño corriendo por la campiña inglesa. Los más melómanos, por su parte, probablemente hayan fijado más su atención en Hart y la extensa carrera que lo consagró: tocó y/o grabó con Alexis Korner, Chris Spedding, Ian Dury, Eric Clapton, Townshend, entre tantos, más aún recordado como miembro estable de Ronnie Lane’s Slim Chance, la banda formada por el ex-Faces tras desertar del grupo de Stewart, Wood y Cía., e incluso más tarde siendo director musical del show tributo al difunto Lane en el Albert Hall londinense… Era una noche estelar en el corazón del oeste de Buenos Aires, entonces, y sin desperdicio.

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CASTELLANO PARA PRINCIPIANTES. Tras más de un intento de esbozar algunas palabras en español (que por momentos terminaron en un forzado y agradable italiano), el menor de los Jagger continuó con “The Libido Blues”, antes de continuar con el repertorio de lo más destacado de su carrera (“If You Love Her”, “Lazy Says”, “On The Road”, “Funky Man”, “Lhasa Town”, en cuya versión original de estudio contó con la participación de David Gilmour) o en la versión de la canción de Ray Charles “Let’s Go Get Stoned”, y que a la hora de versionar clásicos de blues estricto como “Key To The Highway” o “Baby, Scratch My Back” agregó la participación extra del legendario bajista y sesionista Bob Stroger (Jimmy Rogers, Otis, Rush, etc.), que hacía menos de una semana se había presentado en el mismo tablado en otra de sus tantas visitas al país, y que ahora, sin más y a sus dulces 87 años de edad, se sumó al carismático dúo de Jagger y Hart, en un show que debería entrar en la categoría local de “histórico”.

2

UNA NOCHE PARA EL RECUERDO. Por ser su primera presentación de la historia en tierras locales, y más aún por su alta performance artística, coronada por el festejo de casi todos los allí presentes que no titubearon a la hora de acercarse a saludarlo una vez finalizada la celebración, selfies y autógrafos incluidos, para calzarse el sombrero y retirarse a disfrutar de un merecido descanso (antes habían abordado un largo vuelo desde Nueva Zelanda, aprestándose al día siguiente a partir a Brasil para realizar allí tres fechas más)… Mención aparte para el Mr. Jones Blues Pub, recinto que los albergó, y que constituyó el marco indicado y a la altura perfecta de las circunstancias para una noche que deberá ser recordada como especial. Que se repita entonces. Y que sí, que vuelva a repetirse otra vez también.

Agradecimientos:
Rogelio Rugilo
Carlos Costa (fotos)

CONCIERTOS: FLAVIO CASANOVA CELEBRÓ SU ETERNA AMISTAD CON EL ROCK EN HIPÓLITO BAR

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FLAVIO CASANOVA BIG BANG, HIPÓLITO BAR – 20/7/2017

“¿Saben qué hora es…? ¡Es la hora del rock and roll!” Como un general de tropa dando la orden para atacar el campo enemigo, el grito de guerra de Flavio Casanova para dar comienzo al show de su nuevo trío en la noche del jueves pasado cumplió con todas y cada una de las expectativas que podían esperarse.

13La arenga podría haber resultado a cualquier hora, pero fueron las 22 en punto del casi extinguido Día Del Amigo cuando la Big Bang -que forma con Flavio en aullante guitarra y primera voz , D-Rex en contrabajo salvaje y coros y Gero Sarmiento en batería ingobernable-, tras anunciar “vamos a hacer principalmente clásicos de los 40 y los 50”, puso a sacudir el escenario del Hipólito Bar del viejo Centro porteño, y todos los que estuvieron allí presentes.
Fueron 60 minutos al palo en los que Flavio, líder eterno de la escena del rockabilly local desde que su banda original Casanovas llegó para introducir el estilo en la multicolor escena del rock local de mediados de los 80, demostró una vez más lo que siempre le salió mejor hacer: rock salvaje y directo, sin aditivos ni rodeos, un shot directo a los huesos de manos de algunas de las mejores canciones del género. Así las cosas, no hizo falta mucho esfuerzo.

14La canción que abrió la velada, “Rock Billy Boogie” (el hit de 1957 de Johnny Burnette, más tarde popularizado por Robert Gordon) marcó el camino para todo lo que vendría después, ni más ni menos que un tributo dorado a las grandes figuras del más visceral de los formatos del rock conocidos por la humanidad, y que continuó con “One Hand Loose” (de Charlie Feathers) o con el doblete de Carl Perkins de “Boppin’ The Blues” y “Matchbox”. Por eso el resto de las tonadas elegidas para el repertorio, esas que tan bien le sientan a la figura del comandante de la banda (nunca mejor dicho, con sus dos metros de vibrante estructura ósea y excelente labor en guitarra), o al ataque de contrabajo y batería que lo acompañaron, una receta a la cual no le faltó, ni tampoco le sobró, ninguno de sus ingredientes básicos.
De menciones a Warren Smith (“Red Cadillac And A Black Moustache”, “Ubangi Stop”), al megaclásico de Eddie Cochran “Summertime Blues”, a Dale Hawkins (con “Little Pig”) o a Gene Vincent (“Blue Jean Bop”), hasta una gran versión de “Jeepster” de T.Rex, sin dejar de incluir (¡claro!) los temas más insignes de su primera banda con “Enciende Un Cigarrillo Y Mira La Pelea” y “Modelo Del ‘56”, que gloriosamente cerró la velada. Mención aparte para el Hipólito Bar, un subsuelo de clima íntimo y gran porte, de esos lugares que uno pensaba que ya habían dejado de existir en la ciudad, y que fue el marco perfecto para una noche eléctrica de auténtico retro… No sólo hubo rock and roll, ese género que se creó para nunca envejecer, sino que además lo hubo de en serio. Y por muchas noches más así, entonces.

2 HOURS -AND MORE- WITH ANITA PALLENBERG

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“Aren’t you staying for lunch?” How could one ever say ‘no’ to that when it’s Anita Pallenberg who’s asking it? It all happened last year during the days of the fourth and (so far) last visit of the Stones to Buenos Aires as part of the Latin American Olé Tour, which had started a few days earlier in Santiago de Chile, and with 10 more shows to go after the three in Argentina, closing on a high note in Havana, Cuba. This time, in order to avoid fans leaning out at the hotel doors, or even camping out, looking to catch a glimpse of the band, the Stones’ machine had come up with a new strategy, which was splitting them into different locations. Then Jagger stayed at the Palacio Duhau Park Hyatt, and Ronnie Wood at the Faena Hotel, while the Four Seasons (where the whole band was in all previous visits, taking over the luxurious Álzaga Unzué mansion, at the back of the hotel) was the headquarters of both Charlie Watts and Keith Richards.
 

As it’s been happening for at least the last 25 years (eventually, as the Stones’ kids grew older), taking them on tour became a usual thing. Children, wives, and even parents (during the band’s first time in the country in 1995, Keith had even brought dad Bert with him) ended up joining the party as they wandered around the world. But never ex-love partners. So I felt already too skeptical when an English girl friend that had come to South America to see some of the shows (and who was also staying at the Four Seasons) told me she had seen Anita Pallenberg in the afternoon taking a swim at the hotel’s pool. I denied her statement right from start. Anita hadn’t been close to the band for 35 years or more, at least since she stopped being Keith’s love-mate, and even when they were together, she was never one to show up on tours much often. “Anita? No way! You must have seen somebody that looked like her” Less likely to happen in South America, I thought to myself. I then asked her if she somehow had a chance to talk to the woman. “No, I didn’t”, she admitted, “but I sure can tell it was Anita. She was swimming next to me, she had a leopard bathing suit…” I could have kept refusing it on and on, I was sure she was clearly mistaken. At the end of the day, I thought again, everybody sees everybody’s look-alikes all the time. In fact the last time Anita had visited far away South America was around Christmas in 1968, when along Keith Richards,Marianne Faithfull and (Marianne’s then) boyfriend Mick Jagger took a boat all the way to Brazil, spending their holidays in the city of Matão (countryside of the São Paulo state, where Keith got the inspiration to write “Honky Tonk Women”), and then moving to Rio and Bahia, before heading for a few days in Perú. At the time, Anita had already become Keith’s steady girlfriend after he rescued her from the arms of his fellow bandmate Brian Jones (her original lover, with whom she shared an idyllic relationship before Jones, paranoid and currently dealing with one too many addictions, became violent with her) My friend’s theory about Anita’s sight in Buenos Aires 48 years later was, to say the least, unthinkable. However, as I was pacing the hotel lobby next day to meet another friend, who was also staying at the Four Seasons, I happened to see a woman walking by away enough from me who looked a lot like Anita (eventually, Anita in those days, whose older image I was familiar with after I had seen some new pictures of her on the internet a few months earlier) The woman rushed out of one of the elevators, going somewhere else. It all didn’t last for more than a millisecond, and wondering if I hadn’t actually imagined it (or, worst case scenario, if it wasn’t somebody resembling me of her), I decided to move on.

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Photo: Michael Cooper

But it all became true the day of the second show of the Stones in La Plata. A while before the concert began, as I was having a drink at the VIP area, once again I saw the lady I briefly spotted at the hotel the previous day, who now was about five meters from me, walking towards one of the tables. I was still quite dubious, I won’t deny it. More over, nobody attending the VIP seemed to notice that singular woman, elegantly dressed, with a hat, and walking with a cane. The possible fact it was actually her, going unnoticed by the others, no matter what, was also likely to happen. Only that she wasn’t on her own. Besides her was my friendAdam Cooper, which led me to start wondering if somehow I could have been wrong from the beginning. To anybody not familiar with his name, Adam is the son of Michael Cooper, the legendary photographer mostly famous for being the one who shot many of the English rock and pop stars in his home country during the ‘60s and ‘70s and, and even more important, for being the one who did the Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band and the Their Satanic Majesties Request covers. That’s right, those two album covers.

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Anita and me at the VIP in La Plata

Adam has been living in Buenos Aires for at least 20 years (where he organized many photo exhibitions showing his father’s works, as he also did abroad) and whom I’d first met shortly after his original arrival to Argentina. But long before that, when he was still the little boy living with his father in Chelsea, London, in the mid-‘60s, with his mum mostly out of the whole picture, and because of dad Michael’s friendship with the Stones, he had found a sort of surrogate mothers in both Marianne Faithfull and Anita Pallenberg. Not just one, but two, as if that weren’t enough. Marianne and Anita cuddled him, invited little Adam home to play, making him part of a memorable and amazing  cultural scene he would only become aware of as he got older. Plus the fact I knew Adam used to get in touch with them quite often after all these years, no matter the distance. This time there was no doubt that the woman my friend had seen by the hotel’s pool, or the one I’d seen at the lobby, was the same one. And that was Anita Pallenberg. I ended up swallowing my words, as I watched her chatting with Adam in the midst of the cacophonous rumble at the VIP area before the Stones’ second show in La Plata, while I slowly approached them. I greeted Adam and then introduced myself to Anita, telling her about my joy to see her visiting the country, and finally asked her to have a picture with her. Something against my own ethics, by the way. For some reason I never ever felt comfortable asking for a picture, period. Not only because I never found it right to invade anybody’s area, but actually mostly because a photograph without a story behind is nothing but that, an image born by ways of a lens and a button that’s pushed down, lacking naturalness, and turning out into a forced, artificial kind of situation. Without a before, without a during, and also lacking an after. Add to that I didn’t like the idea Anita could think I was just another fan looking for a picture to display on Facebook. Anita had always been one of my favorite female icons (that is, besides my devotion to the lives and times of the Stones, of which she played, needless to say, a major role in) So then Anita, the lady, gently said ‘yes’, displaying her trademark smile. It didn’t last for longer than 2 minutes, I’d say even less than that, and so I decided to leave them alone for better. I actually wouldn’t  have been interested in taking any pictures had I had the chance to talk to her instead, as talking always comes first. Out of there, away from the noise, and in the right place. I’d later apologize to my British friend for my stubborn reluctance to her story.

ANITA KONEX

Anita at the Michael Cooper’s 
exhibition at the Konex
(Photo: Adam Cooper)

Two days later, on Friday February 12, the weather was already awfully soaking wet by the time it dawned. The hottest February ever in history, according to the local meteorologists. There was still one final Stones’ show at La Plata’s Estadio Único next day but, once again, and despite the unbearable temperature, I had to go back to the Four Seasons to meet a fellow friend from New Zealand who was also in Buenos Aires for the Stones concerts. We had agreed to meet in the early afternoon but, given the weather conditions, I decided to leave from home earlier, which led me to arrive to the hotel before I expected. It was only a few minutes after my arriving to the Four Seasons that there I came across Adam again who, polite as usual, approached me to say hello. I asked him why he was there, and he replied he had an appointment with Anita, they were going to have lunch together at one of the hotel restaurants. I didn’t hesitate for a second, and next thing I was telling him how important it would be for me to finally have the chance to exchange a few words with her (more than a minute and a half, at least) now that we were in the right place to do so, away enough from the concert craziness.“Sure”, he said, “right now she must be coming down in the elevator” I confessed to him all I actually wanted (and whoever is reading this, please believe my very words) was just to walk them up to the restaurant table, and then I was done. As I said before, I’m not the kind of person who likes to interfere with anything, let alone something I wasn’t invited to in the first place. Anita showed up in a matter of seconds, elegantly dressed, bohemian style, in a leopard pattern printed dress and purse, flashing her classic smile. After greeting us gracefully, we started heading to the Nuestro Secreto restaurant, which can be accessed right from the very entrance of the mansion. Once again, I knew time would be never enough to have a proper chat, so far for me, but nevertheless I was happy enough to be with them and have a word in the meantime. Plus there was no way Anita could have remembered about our brief meeting at the stadium. We reached the restaurant five minutes later and, as promised, I said goodbye to them. That’s just when she unexpectedly invited me to have launch with her and Adam. “Aren’t you staying for lunch?” In the right place now. And in case it all happened because she felt sorry letting me go, she gave me another of those killer smiles confirming that she really meant she was inviting me to join them. “Oh, I’d love to stay!” “Sure, have a seat”, she confirmed, which I instantly agreed to while getting ready to be part of an unforgettable one-of-a-kind moment. I can’t actually remember now what we ordered to eat (quite weird for somebody as insanely thoughtful as me), but the three of us sure drank mineral water. Some details may always escape my mind. That’s the price one pays when you put much attention to a woman with an overwhelming personality like Anita had to say, someone who lived and survived (nearly) anything, when other personal issues take second place and you prioritize her knowledgeability above all, addressing literally any topic, which she proved to know quite much of.

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Gerard Malanga, Andy Warhol, Edie Sedgwick, Chuck Wein, Anita, and a guest. Warhol’s Factory times.

Readers may wonder why I didn’t ask her about all those facts and stories we read again and again over the years. But what was there to ask? And what would have been the outcome anyway? The answer is, they’re all pretty well-known, then why asking about them again? After all, this was no interview, this wasn’t me the journalist meeting her. No journalistic duties involved this time then, but just an informal and regular conversation. It was lovely and extremely funny  to enjoy Anita’s great sense of humor throughout the two hours or more we’d been there.  I just let it flow. Had it not been so, I would have sure asked her about the days when she was expelled from a German boarding school at 16, or her times at Andy Warhol’s Factory after she arrived to New York. Long before her entry into the world of the Rolling Stones, Anita was already a class A rebel with enough skills (out of her amazing physical beauty, she managed five languages) that she made best use of. That’s one of the reasons why listening to all she had to say was such an amazing experience. And although it was mostly English we talked (in Anita’s case, with a strong Italian accent), she would often come up with a few single words in a different language. She told us how much she loved the hot weather above all, and that she was always running away from the cold. That’s why, she explained, she shared her time in at least four different destinations in the world, mostly in Keith Richards’ house in Ocho Rios, Jamaica, “where the weather was always nice”, or in other places that also belonged to Keith , like the Redlands country house in West Wittering (located in West Sussex, England, yes, which was scene of the famous February 1967 police raid) or the one in Cheyne Walk, right by London’s Chelsea Embankment (where she started living with Keith in 1969), or even her native city of Rome where, as much as I remember, she told me she used to have, or still had a sister living there.

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Anita and Mick Jagger during the shooting of “Performance” (1968)

Clouds of artificial smoke coming out of her electronic cigarette, extremely tanned and with her skin slightly wrinkled, the then 73-year-old Anita still carried the sex appeal that had been a permanent trademark all though her life. And whereas she no longer had that fresh beauty so typical of her when she was younger, her particular way of speaking, coupled with an established femininity, still made her a very attractive woman. And that halo all around her! There’s something rather strange that always happened to me whenever I had the chance to meet somebody I admired, or wished I’d ever meet in person, being it for an interview or, such as in this opportunity, that of a fortuitous encounter, and that’s in a way or another, I always feel that person isn’t actually there in front of me, in spite getting this endless collage of images and intermingled stories that remain away from what is really happening at the very moment you’re talking to them. It mostly felt like it every time I had the chance to meet somebody with a heavy history behind, that I really admired, or meant a lot to me. That’s when I’m not able to separate all that from the true reality, as redundant as that may sound. It’s like one dimension within another, while both get constantly blurred on the fly. For that reason, meeting Anita had little to do with the actual fact of being there with her, instead making me feel I was watching an unlimited short film where the thousands of images of her I saw over the years, being them photographs or footage, came one after another non-stop, taking me to a parallel dimension. Which is a probably the same that could happen to anybody into the lives and times of the Rolling Stones, as it’s undeniable that Anita Pallenberg epitomizes a crucial element in the band’s history. Because, to put it this way, if there’s no certain amount of danger involved, there’s no rock and roll at all. And I’ve always believed Brian and Anita were the first ones to come up with that pinch of danger in the Stones, something which they’d go along with in their formative years and beyond. Brian gave the Stones their original style and attitude, anticipating which would come later, while Anita with her piercing gaze and dangerousbad girl aura was just the icing on the cake, an irresistible dish on the table.

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Brian Jones, Anita and Keith in Tangiers, Morocco, 1967

That’s the main reason why, all through the lunch, I wasn’t essentially able to take my eyes off her, while another shot of a thousand images crossed my mind, and all that now taking place only a few inches from me. All those pictures of she and Keith, Anita seducing Mick while shooting Performance (which led to the very first rift between the Glimmer Twins), Anita “the Great Tyrant” who controls the underground city where Jane Fonda landed in Roger Vadim‘s science fiction film Barbarella, or another of her film roles, in A Degree of Murder, which original movie soundtrack by ex boyfriend Brian Jones remains unreleased to this day. Instead, I chose to look and listen to her, while (once again) that endless number of images kept going through my head with Anita in the leading role, the Stones’ muse par excellence, and no way it could stop. The full blooded “it girl” during much of the ‘60s and ‘70s, who after all this time couldn’t help but give you a crushing smile, that very one an English magazine once referred to as “that witchy smile”, the kind of girl everybody wanted to have.

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On the set of “Barbarella” (1968)

It’s noon and it’s summer and in this restaurant in a fancy hotel in Buenos Aires here’s the woman whose veins have seen vast doses of opiates go by, when being a junkie had to do only with one’s own decisions, and not because of a snobbish pose to satisfy a photographer’s eye. The one who was part of the whole thing behind “Sympathy for the Devil” during a pivotal year, when many people started considering Anita “the sixth Stone”. “Is it true that all those ​​’oohs, ooh, oohs’ in the song was your idea?” I’d rather refrain from asking her. She may not be interested in setting the record straight, or in reviewing other pages of her past, which she makes clear when, after my suggesting she should write her autobiography some day, she honestly replies “I can’t remember anything”. It was a short way of explaining the true story behind her answer, her actual reluctance to do so as, since “all that the publishers want are the stories with some scandal involved” Neither it was needed to discuss her contribution to the Stones’ mystique. It was enough of her to express her unconditional love for the band’s history, of which now wonders about its fans, “Don’t they realize they’re already grown-ups and that they need to have some rest after a show?” Now it’s Anita who’s shooting questions. “Sure”, I said, “but I guess there’s nothing we can do about it” And then she smiles back, followed by another puff from her electronic cigarette. Later on she would refer to the Toronto 1977 days, when she and Richards got arrested at the airport after customs searched their luggage and found out they were carrying drugs. Well, you all know the story. Richards would get his visa back after a while, which allowed him entrance to the USA, while Anita had to wait for many years. “That was the worst time of my life”, she would confess, as we ordered more mineral water. Interestingly, she proposed talking about the current political scene in Argentina at the time, when we tried to explain to her that our previous government had restricted the local population to get any foreign currency for many years, a subject she suddenly changed to express her love for her children and grandchildren. Adam had invited Anita to visit Early Stones, by Michael Cooper, the photo exhibition featuring his father’s works which was currently taking place at Ciudad Cultural Konex that very afternoon once we finished our lunch. With just one last Stones show in Buenos Aires to go, and with no intentions to follow the rest of the Latin American tour (“I’m not following it, after Buenos Aires I’m going back to Jamaica”) we finally left the restaurant and headed for the exhibition, where Adam was honoring his father once again displaying pictures from the Stones’ early years, which Anita had been an essential part of.

Anita y Silvia Cooper, esposda de Adam, en la muestra en el Konex

Another picture of Anita at the Konex, with Silvia Cooper, Adam’s wife (Photo: Adam Cooper)

Before jumping on the elevator that would take us back to the ground floor of the hotel, I considered having a picture with her: “Anita, I hate to say this, but I’d love a picture of the day I met you” “Oh no, sorry, I’m not wearing any make-up”, she reacted, flashing another of her classic smiles. That’s when I realized that, after all, and against any logic, at least this time a thousand words would be worth an image. To my surprise, there came an unexpected bonus. By the time we got to the main entrance of the Four Seasons, amidst some 35-odd degrees, Adam asked us to wait for him outside as there was something else he needed to do, which turned into about 10 minutes of me and Anita all alone sitting on one of the benches right by one of the hotel doors.  Under the blazing sun, she asked me to get her another bottle of water. I was back with the bottle in a matter of seconds to find her taking one of her Camels from her purse, then tasting it like it was her first cigarette that day.

With director Volker Schlondorff during the filming

With director Volker Schlondorff during the filming of “A Degree of Murder” (1967)

I kept asking questions to her, one right after another, until from a cloud of smoke that made her look like in the days of Nellcote, she boldly said:“Are you gonna keep asking me questions all the time?” Oops. “Sorry, I cannot think of any other way to talk to you, Anita”, I honestly acknowledged. Then, a few minutes later, when I took out my pack of Marlboros and offered her one saying “Would you like a cigarette?”,unsuccessfully  trying not to make it sound like a question as much as possible (is there any other grammar way of saying so, after all?), she laughed histerically. “You said your name is Marcelo and that your family came from Italy, so what’s your last name?” Now it was Anita who asked the questions. “Sonaglioni, Marcelo Sonaglioni, and you know what, I never got to find out the story behind my last name and…” She stopped me. “¡Marcelo Sonaglioni!”, she said in a loud voice, like she was introducing me to an audience. “That’s the name of an Italian serpent!”, she assured, while I enjoyed my cigarette with Anita Pallenberg in the thick of more clouds of smoke, the girl whose ex boyfriend Keith Richards once dedicated the song “You Got the Silver”to, definitely as much dazzled as I felt now. With Adam back into scene, it was time to leave for the Konex, but I decided not to join the party this time, as I still had to meet my friend, as previously arranged. Anita grabbed my arm and I walked her up to the car. “Oh, aren’t you coming?”, she said. “Unfortunately I can’t, but I look forward to seeing you again soon. And thanks for an amazing time!” Hugs and kisses were exchanged, before she and Adam left in a taxi on their way to dad Michael’s exhibition.
Just last year, as I was about to travel to England, an interview with Anita had been almost confirmed (where I would have asked her all those questions I had in mind and had to keep to myself the day we had lunch), but then I was informed she broke one of her ribs, so it was postponed for another time, which now won’t ever happen.

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The news first published by the Italian newspaper La Stampa on last June 13 was a bolt from the blue. Even though she had been experiencing several health issues over the last few years, Anita’s body clock finally determined it was time to stop. She died peacefully surrounded by her loved ones in a Chichester hospital, in West Sussex, not far from Redlands. How the world turns, before we got the shocking news I had already arranged to meet up with Adam on Wednesday, just a day after Anita passed away. We didn’t cancel it at all. Adam was already there when I got to the bar. He was really down, and quite sad and shaken. “You know, that was like losing my mother, because Anita was like a substitute mother to me…”, he told me. We realized we didn’t feel like talking anything, but about Anita. “Did you see Keith’s post on Facebook?”, Adam asked. “It reads ‘A most remarkable woman. Always in my heart.’ ”. Keith’s heartfelt post also included a picture of Anita, looking incredibly beautiful, originally shot by his father Michael. Adam was almost in tears. We ended up unwinding ourselves, like in all the wakes, a nice way to remember  the people we love, while I kept reminding him about the many stories we lived the day we had lunch with Anita, when both of us saw her for the last time, something I will thank Adam for forever.

DOS HORAS -Y ALGO MÁS- CON ANITA PALLENBERG

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Publicado en Revista Madhouse el 24 de junio de 2017

“¿Te querés quedar a almorzar con nosotros?” ¿Cómo decirle no a semejante invitación cuando la propuesta parte de la mismísima Anita Pallenberg? Sucedió el año pasado, durante los días de la hasta ahora cuarta y última visita de los Rolling Stones a Buenos Aires como parte del Olé Tour, la gira latinoamericana que había comenzado unos días antes en Santiago de Chile, y que se extendería por diez  fechas más culminando con una presentación en La Habana, Cuba, a modo de broche de oro. Para la ocasión, y a fines de que los fans no desborden los accesos al hotel o incluso terminen acampando a sus alrededores, esta vez el equipo de logística del grupo había designado una nueva estrategia: separar a los miembros de la banda en diferentes destinos. Jagger se alojó en el Palacio Duhau Park Hyatt y Ronnie Wood en el Hotel Faena, mientras que el Four Seasons (donde la primera plana stoniana sí se había instalado en su totalidad en todas sus visitas anteriores, ocupando la mansión Álzaga Unzué) fue la base de operaciones de Charlie Watts y Keith Richards. Y también parte de esta anécdota, recuerdo informal -y emocionado- de un fan. 
 
Tal como se viene observando desde hace al menos un cuarto de siglo, a medida que los Stones se hacían mayores y sumaban hijos a sus familias la tradición de llevarlos de gira junto a ellos acabó convirtiéndose en un hecho folklórico. Hijos, esposas y hasta padres (en la primera visita de la banda al país, en 1995, fue el mismísimo Bert Richards, padre de Keith, quien también se paseó por estos lares) terminaron sumándose al equipo de gira que los Stones arrastran a su paso por el planeta. Pero nunca sus ex-mujeres. Por eso me tomé todo el atrevimiento posible de pecar de escéptico cuando una amiga inglesa que había venido a Sudamérica para presenciar algunos de los shows del tour -que, al igual que los Stones, también se estaba alojando en el Four Seasons- me confesó haber visto esa tarde a Anita Pallenberg en la pileta del hotel. Se lo refuté desde el vamos. “¿Anita? Imposible”, le dije. “Anita no viaja con el grupo desde hace mínimamente 35 años, al menos desde que cortó relaciones directas con Keith. Y aún cuando estaban juntos, jamás fue de seguir las giras. Debés haber visto a alguien muy parecida”. Y mucho menos en Sudamérica, me decía para mis adentros. Le pregunté insistentemente si había trabado conversación con ella. “No, no hablé”, me confesó, “pero te aseguro que era Anita. Estaba nadando a mi lado, tenía un traje de baño de leopardo…”. Podría haber continuado rechazándole toda posibilidad de veracidad del hecho explícitamente, queen lo que a mi refiere nada me iba a convencer que estaba en un perfecto error. Al fin y al cabo, me dije, todo el mundo ve gente “parecida a” por todas partes.
 
ANITA EN ARGENTINA. La última vez que Anita Pallenberg había visitado estos hemisferios fue para las navidades de 1968, cuando en ocasión de un crucero de placer junto a Richards, Marianne Faithfull y su por entonces novio Mick Jagger, el insigne cuarteto  desembarcó en Brasil, donde pasaron sus vacaciones en las ciudades de Matão  (en el interior del estado de São Paulo, donde Richards se inspiró para componer “Honky Tonk Women”), Rio y Bahia, antes de dirigirse por unos días más a Perú. Por esos años Anita ya se había convertido en la compañera de vida oficial de Keith luego de que en 1967 el guitarrista de los Stones la “rescatara” de los brazos de su co-equiper Brian Jones, su pareja original, con quien compartió una relación idílica hasta que el pelirrojo guitarrista, presa de la paranoia y desbordado de adicciones, comenzara a ejercer la violencia física sobre ella. La teoría de mi amiga sobre el avistaje de Anita en Buenos Aires 48 años más tarde de aquella oportunidad era, cuando menos, inimaginable. Sin embargo, quiso el destino que mientras me paseaba por el lobby del hotel al día siguiente, aguardando el encuentro con otro amigo que también se alojaba allí, pude ver a una mujer de rasgos muy similares a los de Anita  (por lo menos la Anita de esos días, con cuya imagen de “señora mayor” estaba familiarizado tras haber visto unas fotos recientes en alguna página de noticias), la cual rápidamente salió de uno de los ascensores para dirigirse a otro sector del hotel. La escena no duró más de medio segundo, y pensando si al fin y al cabo no había sido producto de mi imaginación o -en el mejor de los casos- si no se trataba simplemente de alguien con un gran parecido, opté por olvidarme del asunto.

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Foto: Michael Cooper

Pero la ilusión terminó convirtiéndose en hecho el día del segundo de los tres shows de los Stones en la Plata. En momentos previos al conciertos, mientras me encontraba en el sector VIP del evento, vi cómo esa señora tan parecida a Anita que el día anterior me había llamado la atención saliendo del ascensor del hotel era ni más ni menos la que ahora, a unos cinco metros de distancia, se dirigía a una de las mesas del VIP. Nada iba a tirar por la borda mi escepticismo, para qué negarlo. Más aún, ninguno de los muchos asistentes al recinto parecía haber puesto la mirada en la distinguida dama en cuestión, lo cual mantenía la improbabilidad de la situación: había pasado inadvertida ante los ojos de los demás asistentes, lo cual tampoco hubiera resultado nada improbable. Claro que la señora que se parecía a Anita iba acompañada de mi amigo Adam Cooper, y eso significaba un giro de 180 grados en lo que tozudamente negaba desde el vamos. Para aquellos que no están familiarizados con su nombre, Adam es hijo de Michael Cooper, legendario fotógrafo inglés que retrató como pocos la escena del rock de su país de origen de los 60 y buena parte de los 70 y, entre otras grandes obras, el responsable de las portadas  de los célebres álbumes “Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band” y de “Their Satanic Majesties Request”. Nada más y nada menos.

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Anita y el autor de esta nota: tiempos de sector VIP en La Plata, antes del más reciente show de los Stones

UN ENCUENTRO CON ADAM. Adam vive en Buenos Aires desde hace al menos dos décadas (muchos recordarán las varias exhibiciones fotográficas que organizó con buena parte de la obra de su padre), y a quien yo ya había conocido por aquellos tiempos,  poco después de su arribo al país. Pero mucho antes de todo eso, cuando todavía era el niño que vivía junto a su padre en el Chelsea londinense de mediados de los 60, Adam, de madre original prácticamente ausente, a través de la amistad y cercanía permanente de papá Michael con los Stones había encontrado en Marianne Faithfull  y Anita Pallenberg una suerte de madres sustitutas. Dos, a falta de una. Marianne y Anita lo mimaban, lo invitaban a jugar a sus casas, haciéndolo formar parte de una escena cultural histórica de la cual sólo tomaría conciencia con el correr de los años. Y yo sabía que Adam se mantenía en contacto con ellas, a pesar del paso del tiempo y también de la distancia. Ya no quedaba espacio para dudas: aquella señora que mi amiga había visto en la piscina del hotel, o la tan parecida a Anita que yo había divisado por un microsegundo en el lobby del lugar, era finalmente Anita Pallenberg.

Tuve que tragarme mis palabras, más que nunca ahora que la veía charlando con Adam en medio del alboroto generalizado del VIP, mientras me dirigía sigilosamente hacia ellos con la intención de plasmar algún tipo de recuerdo en mi memoria. Saludé a Adam y me presenté ante Lady Anita; le manifesté mi alegría de verla de visita en el país y, finalmente, le pregunté si podía tomarme una foto con ella, algo que resultaba ir en contra de mi propia ética. Por una serie de motivos, siempre me pareció mal pedir fotos. No sólo porque nunca me pareció correcto invadir el tránsito de nadie, sino más aún porque una foto sin una historia que la produzca es simplemente eso, una imagen capturada por un lente y un botón que la dispara; un momento que carece de naturalidad, forzado y artificial, de tantos de esos que hoy día suelen pulular en las redes sociales, para efímero placer de sus protagonistas de la era del vacío, sin un antes, sin un mientras y sin un después. Tampoco quería que Anita pensara que era simplemente “otro fan” acumulador de fotos, pero al mismo tiempo sabía que la tiranía del tiempo no me iba a permitir declararle mi admiración por su persona (Anita siempre fue uno de mis íconos femeninos favoritos, más allá de mi eterna devoción por las vidas y los tiempos de los Stones, de los que ella es parte fundamental) y que esa posible fotografía, reitero, no iba a ser más que el retrato de un instante de estilo pasajero. Y entonces Anita, la dama, accedió gentilmente, exhibiendo su sonrisa resplandeciente marca registrada a través de los años. Bastó con menos de dos minutos, el tiempo exacto que me indicó que hubiera renunciado a toda fotografía de haber podido ocuparlos para intercambiar unas palabras y así poder sondear su mirada con más detenimiento.  Fuera de ahí, fuera del ruido, y en el marco indicado.  Más tarde le pediría a mi amiga británica disculpas por mi capacidad de descreimiento ante ciertas aseveraciones…

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Anita posando en el Konex  (Foto: Adam Cooper)

ALMORZANDO CON ANITA. Dos días más tarde, aquel 12 de febrero de 2016 amaneció con un clima insoportable, siendo el segundo mes del año más caluroso en la historia del distrito, tal como lo confirmaban los meteorólogos. Aún restaba un tercer y último concierto de los Stones en el Estadio Único de La Plata el sábado, pero una vez más, y a pesar de la temperatura sofocante, tuve que volver al Four Seasons para encontrarme con un amigo neozelandés que también vino al país para asistir a los shows. Minutos después de mi llegada al lugar, me topé nuevamente con Adam, tan amable como siempre, que se acercó a saludarme. Le pregunté a qué se debía su visita, y con toda la parsimonia posible me contestó que estaba allí para almorzar con Anita en el restaurante del hotel. No titubeé ni por un instante y le manifesté lo importante que sería para mí poder intercambiar unas palabras con ella, ahora que sí estábamos en el marco adecuado, bien lejos de la agitación de rigor previa a un concierto. “Claro que sí”, me aseguró, “debe estar bajando en el ascensor”. Agregué que todo lo que deseaba (y quien sea que esté leyendo estas líneas, créame que fue meramente así) era quizás acompañarlos hasta la mesa, saludarla nuevamente y despedirme. Remarco una vez más que no me gusta interceptar ninguna situación que no me competa.

Anita apareció en cuestión de instantes, elegantemente vestida, de bohemio estilo, vestido y cartera de leopardo  y sombrero beige, apoyándose en un bastón para caminar, tan refinada como siempre, con su enorme sonrisa. Nos saludó, y segundos después nos encaminamos a Nuestro Secreto, el restó al cual se accede directamente desde la entrada de La Mansión. Sabía que el tiempo nuevamente iba a resultar escaso, al menos desde mis posibilidades, pero como fuera, estaba más que conforme con poder acompañarlos hasta el lugar y de paso intercambiar unas palabras. Desde ya, no había manera de que recordara nuestro veloz encuentro anterior, ni tampoco necesidad de refrescarle la memoria. Por eso, cuando finalmente arribamos al lugar del almuerzo, cumpliendo con lo prometido, me despedí. Fue cuando Anita me propuso lo inesperado, invitándome a quedarme a compartir el encuentro junto a ella y Adam. En el lugar justo, en el momento indicado. Y por si aún existía la posibilidad de aceptar la invitación sólo por un motivo de suerte, me regaló otra de sus sonrisas fulgurantes una vez que asentí y me senté junto a ellos para disfrutar de un momento inolvidable. No recuerdo qué pedimos, lo cual resulta raro para alguien tan detallista como yo, pero sí que los tres invitados bebimos agua mineral. Algunos pormenores, aunque mínimos, simplemente se escapan. Es el precio que se paga por poner mucha más atención en lo que una charla relajada con una mujer de personalidad avasallante depara. Es lo menos que puede suceder al comunicarse con alguien que lo vivió (casi) todo, y con la cual prácticamente todo dato histórico de rigor termina resultando secundario ante su enorme cultura y su disponibilidad.

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Gerard Malanga, Andy Warhol, Edie Sedgwick, Chuck Wein, Anita Pallenberg y una invitada.

HISTORIA VIVA Y HUMO ELECTRÓNICO. El lector podrá preguntarse cómo es que no abordé ninguno de los temas o hechos  relevantes que Anita cosechó a lo largo de su vida. Vaya como respuesta que simplemente por ser datos conocidos, la necesidad de preguntarle por ellos hubiera resultado absolutamente innecesaria. Y que después de todo, aquí no había ninguna entrevista de por medio, ninguna misión periodística ni informativa, sino una charla distendida con toda la informalidad que ameritaba (fue adorable disfrutar de su poderoso sentido del humor a través de las casi 2 horas que duró el almuerzo), y dejar que, sencillamente, fluya. De no haber resultado así seguramente le hubiera preguntado por los días en que fue expulsada de una escuela de pupilos a los 16 años para acabar bandeándose por algunas de las grandes capitales europeas, o su experiencia en New York como parte del grupo selecto que poblaba The Factory bajo la batuta de Andy Warhol. Mucho antes de su ingreso a las filas de los Rolling Stones, Anita ya era una rebelde empedernida, un destino natural rico en virtudes y sensaciones varias (fuera de su asombrosa belleza física, manejaba cinco idiomas) que supo explotar del mismo modo. Es por tal motivo que escucharla hablar resultara tan extremadamente simpático y, fuera del inglés que dominó la charla (caracterizado por un fuerte acento mitad italiano- mitad alemán) cada tanto proponía alguna frase o palabra en otra de las lenguas que dominaba. Nos confesaba su predilección por el clima caluroso, y su huída cada vez que llegaba el frío al lugar que estaba habitando. Es que Anita repartía su tiempo viviendo en al menos cuatro destinos en el mundo, principalmente en la casa propiedad de Keith Richards en Ocho Ríos, Jamaica, donde el clima no le resultaba problema alguno, y escapándose de los otros paraderos también del mismo dueño (la histórica casa de Keith de Redlands en Sussex, Inglaterra, o la de la calle Cheyne Walk en el Chelsea Embankment londinense, o de su Roma natal, de donde recuerdo señaló haber tenido, o seguir teniendo una hermana que vivía allí). Todo entre permanentes bocanadas de humor artificial disparadas por su cigarrillo electrónico.

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Anita y Mick Jagger en el rodaje de “Performance” (1968)

ESA VIEJA MAGIA. Extremadamente bronceada, y con la piel algo arrugada a su edad, a sus 71 años de edad Anita aún mantenía el sex appeal que había sido su sello natural personal. Y si bien ya no contaba con la belleza física que la caracterizó, su peculiar forma de hablar, sumada a sus clásicos modales y su femineidad establecida, continuaban siendo parte de una personalidad atractiva en todo momento, con un halo que estaba a la misma altura.  Hay algo suficientemente raro que siempre me sucedió cuando tuve que estar frente a algún personaje histórico que me haya tocado conocer en persona, ya sea en situación de una entrevista o, como fue en este caso, el de un encuentro fortuito, y que es de alguna manera sentir que la persona en cuestión en realidad no se encuentra físicamente allí, tornándose todo el tiempo un collage interminable de imágenes y historias entremezcladas (las mismas que uno siempre contempló, las mismas que terminaron forjando al personaje en cuestión), y alejándose de lo que realmente está pasando en el autentico momento del encuentro. Básicamente me ocurrió con cualquier figura de peso que tuve oportunidad de conocer, y que, así las cosas, no logré separar de la verdadera realidad, con todo lo redundante que la frase pueda significar. Es como una dimensión dentro de otra, mientras ambas se desdibujan constantemente sobre la marcha. Por tal motivo, estar con Anita poco tuvo que ver con el hecho en sí, pero con un cortometraje ilimitado por donde figuraron las mil y una imágenes de ella que uno cierta vez presenció con el correr de los años, en fotografías o material en video. Que es lo mismo que le podría haber sucedido a un adorador de la carrera de los Rolling Stones, porque es innegable que Anita Pallenberg simboliza un elemento fundamental de la iconografía central de la banda. Porque si no existe una cuota de peligro (lejos de cualquier posibilidad amenazante, sino respecto a la situación de tensión que el género debe esencialmente conservar), el rock no es rock. Y Brian y Anita fueron los progenitores del estilo de la banda desde esa coyuntura original en sus años formativos. El primero aportó la imagen original y la actitud estilística de casi todo lo que llegaría después, y la inquietante Anita, con su mirada penetrante y su porte natural original de bad girl, fue la cereza en la torta para un plato irresistible de uno de los menúes centrales en toda buena mesa.

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Brian Jones, Anita y Keith Richards: el triángulo original

MIL Y UNA PERFORMANCES. Por esa y mil razones más, a lo largo del almuerzo no logré quitar la mirada de su persona y ese halo inexplicable, mientras por mi mente desfilaban otros tantos millares de postales a los que uno asistió y que ahora se materializaban en la mesa de un restaurante. Aquellas de Anita junto a Keith en todas esas ocasiones que haría falta un archivo aparte para atesorar, Anita cortejando amorosamente a Mick en el film “Performance” (y la guerra de situaciones internas en la dupla Jagger/Richards que esa circunstancia produjo), Anita la “Gran Tirana” que  controla la ciudad subterránea donde aterriza Jane Fonda en la película “Barbarella” (mientras el director Roger Vadim luchaba por manejar sus emociones comandando los roles de dos de las mujeres más bellas del planeta), o en otro de sus roles fílmicos, el del largometraje “A Degree of Murder”, cuya banda original de sonido a cargo de su ex Brian Jones continúa permaneciendo inédita. Preferí inclinarme al viejo arte de la observación, mientras por mi cabeza seguía cruzándose un sinfín de imágenes imposible de detener protagonizadas por la musa stoniana por excelencia, e “it girl” de cepa durante buena parte de los años 60 y 70 (eso que los diccionarios definen como la frase informal para referirse a la mujer bella y de estilo poseedora de sex appeal sin la necesidad de lucir su sexualidad), que a pesar del paso del tiempo y las arrugas no lograba evitar una sonrisa irresistible a la que alguna vez una revista de moda británica citó como “esa sonrisa de bruja”. O la chica que todos querían tener.

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Anita en el film “Barbarella” (1968)

EL LIBRO QUE NUNCA FUE. En este mediodía estival en el restaurante de un lujoso hotel de Buenos Aires estaba la mujer por cuyas venas circularon vastas correntadas de opiáceos, cuando ser un yonqui respondía exclusivamente a una decisión propia y no a una pose snob celebrada por los lentes de las cámaras. La del aporte definitivo a la concepción de la canción “Sympathy For The Devil”, en lo que determinara un año clave en la imaginería del grupo del cual muchos la consideraban “el sexto Stone”. “¿Es verdad que la idea de los ‘oohs, ooh, oohs’ de esa canción fueron idea tuya?”… Prefiero abstenerme de preguntárselo. Posiblemente no le interesara aclararme nada de eso, ni repasar viejas páginas de su historia, lo que decididamente dejó en claro cuando se me ocurrió sugerirle por qué no escribir una autobiografía alguna vez, y a lo que respondió “Porque no me acuerdo de nada”. Fue una manera rápida y concisa de explicar la verdadera historia detrás de la respuesta, que es la de su reticencia declarada a no hacerlo, previendo que cualquier editor posible sólo lo hubiera hecho con el mero interés de ofrecerle a los lectores historias de neto corte amarillista, las que seguramente hubieran vendido cantidades de copias, pero que a cambio hubieran pasado por alto otros capítulos que la hubieran definido más acertadamente. Tampoco fue necesario repasar su aporte fundamental a la mística de los Stones, entonces. Bastó y sobró con dejar que se expresara por sí misma, declarando su amor incondicional por la historia del grupo y que ahora, de grande, se preguntaba cada vez que presencia las escenas de fanatismo adonde los Stones se dirijan: “¿No se dan cuenta que ya son tipos grandes y que cuando vuelven de un concierto necesitan irse a dormir y descansar?” Esta vez fue ella quien me formuló una pregunta. “Seguramente”, respondí, “pero no creo que podamos hacer mucho al respecto”. Me devolvió una sonrisa, como las tantas otras que se dieron durante la charla, seguida de otra bocanada de humo artificial.
Tampoco faltarían sus comentarios sobre los días en Toronto de 1977, cuando fue detenida junto a Richards en el aeropuerto de la ciudad tras habérseles encontrado una buena cantidad de heroína, lo que casi le vale al guitarrista una temporada tan extensa en la cárcel como para haber puesto fin a la mismísima carrera de los Stones. Richards lograría la emisión de un nuevo visado que le permitió regresar a los Estados Unidos tiempo después, situación que a Anita, habitante de su esfera personal ante todo y sin contar con los mismas ventajas que la fama de un músico puede traer aparejadas, le valió al menos una década y media sin poder retornar a aquel país. “Fue el peor momento de mi vida”, nos confesaría, mientras ordenábamos otra botella de agua mineral.  Más curioso aún fue cuando propuso abordar un repaso breve sobre la situación política argentina del momento, que entre cambios de gobierno y explicaciones en vano sobre la medida del “cepo” monetario de la administración anterior (y donde no faltó más de un “¿por qué?”), prefirió cambiar de tema para dejar en claro cuánto amaba a sus hijos y a sus nietos. El plan posterior al almuerzo iba a ser el que tenía previamente agendado, la invitación de Adam a que visite “Early Stones, by Michael Cooper”, la exhibición con fotografías de los Stones tomadas por su padre que Adam estaba llevando adelante por esos días en el espacio Ciudad Cultural Konex, a la que Anita había prometido visitar aquella tarde y de la cual iba a ser invitada ilustre para revisar en persona buena parte de su historia, enfrentándose a imágenes de las cual ella también formaba parte. Con solo un show más de los Stones pendiente a tener lugar al día siguiente, y dejando de sumarse al resto de la gira latinoamericana (“no la voy a seguir, después de aquí regreso a Jamaica”) abandonamos el recinto para emprender camino a la muestra de imágenes en blanco y negro en la que Adam, lleno de emoción, homenajeaba una vez más a su padre y al temprano mundillo Stone del que Pallenberg había sido pieza fundamental.

Anita y Silvia Cooper, esposda de Adam, en la muestra en el Konex

En la muestra del Konex junto a Silvia, esposa de Adam (Foto: Adam Cooper)

FUMANDO AL SOL. Antes de tomar el ascensor que nos iba a llevar a la planta baja del hotel barajé la chance de tomarme una fotografía con ella: “Anita, odio pedir fotos, pero me gustaría que nos tomemos una como recuerdo de lo que para mí fue gran momento”; “No, que no tengo puesto nada de maquillaje”, me contestó sinceramente, valiéndose de otra de sus sonrisas arquetípicas. Fue cuando deduje que, después de todo, y desafiando la lógica, al menos por esta vez las mil palabras iban a valer más que una imagen. Claro que mucho menos me esperaba que la jornada todavía me tuviera deparada un bonus inesperado. Fue cuando al llegar a la puerta principal de ingreso al Four Seasons, inmersos en una temperatura que para esa hora ya había superado los 35 grados reales, Adam nos pidió que lo esperemos un momento. El momento finalmente terminó extendiéndose por algo más de diez minutos, en los que Anita y yo nos quedamos a solas sentados en uno de los bancos de la entrada del hotel. Bajo un sol abrasador, me pidió que le consiga otra botella de agua mineral. Volví a estar sentado junto a ella en tiempo record, mientras sacaba un Camel de su cartera para saborearlo como si fuera el primer cigarrillo del día de todo fumador empedernido.

With director Volker Schlondorff during the filming

Con el director Volker Schlondorff, durante la filmación de “A Degree of Murder” (1967)

PREGUNTAS VS. RESPUESTAS. Continué haciéndole preguntas, una tras otra, hasta que, en medio de la nube de humo que la hacía verse como en una postal de Nellcote de 1972, me disparó contundentemente: “¿Pensás seguir haciéndome preguntas todo el tiempo?”. “No sé de qué otra manera dirigirme”, le reconocí con todo el peso de la verdad, por lo que minutos después, cuando saque mi atado de Marlboro y le ofrecí uno  diciendo “¿Querés un cigarrillo?”, evitando que suene a pregunta sin posibilidades de éxito (¿acaso había otra forma gramatical de hacerlo?), se rió histéricamente. “Me dijiste que te llamabas Marcelo y que tu familia paterna provenía de Italia, pero cuál es tu apellido?”. Ahora era ella la que preguntaba. “Sonaglioni, Marcelo Sonaglioni”, le apunté. “Y sabés qué,  jamás pude saber el origen detrás de mi apellido y…” Me interrumpió. “¡Marcelo Sonaglioni!”, exclamó en perfecto italiano, con un tono de celebración como si hubiese estado anunciando mi nombre ante una audiencia. “Tu apellido tiene que ver con el nombre de una serpiente italiana”, me aseguró convencida, mientras yo disfrutaba de mi cigarrillo fumando a solas junto a Anita Pallenberg, la chica a la que su ex novio Keith Richards le había dedicado “You Got the Silver” tan deslumbrado como yo. Surgió la invitación para ir con ella y Adam al Konex, una nueva aventura a la que no pude sumarme para poder cumplir con el compromiso original que tenía para esa tarde. Anita me tomó del brazo y la acompañé hasta el auto. “¿No venís?”, me preguntó. “Desafortunadamente no puedo hacerlo ahora, pero espero verte nuevamente, y gracias por un almuerzo inolvidable”, atiné a decirle. Intercambiamos abrazos y besos, antes de que el taxi de Anita y Adam partiera rumbo a la exhibición fotográfica de papá Michael. El año pasado, con motivo de un viaje personal a Londres, había logrado tramitar una entrevista con Anita en la que esa vez seguramente no iban a faltar todas las preguntas que me hubiera gustado formularle el día del almuerzo, pero poco antes sufrió la rotura de una costilla, por lo que debió ser cancelada para una futura oportunidad que ahora, dado el rigor de los acontecimientos sucedidos, no podrá tener lugar.

 


EPÍLOGO.
La noticia publicada primeramente por el diario italiano La Stampa el martes 13 de junio pasado cayó como un balde de agua helada. Si bien eran de conocimiento los diversos problemas de salud que venía enfrentando en los últimos años, el reloj biológico de Anita Pallenberg marcó que era la hora de cambiar de escena. Falleció rodeada de familiares en un hospital de Chichester, la ciudad británica al oeste de Sussex, muy cerca de su amada Redlands, donde vivió algunas de sus más recordadas páginas a la que ahora se agregó un último capítulo definitivo. Por esas vueltas del destino, días antes de la noticia de la muerte de Anita ya tenía pactado un encuentro con mi amigo Adam al día siguiente de lo sucedido. Cuando llegué al bar, Adam ya estaba esperándome. Se lo veía cabizbajo, notablemente conmovido, emocionado hasta las lágrimas. “Fue como perder a una madre, porque Anita fue como una madre sustituta para mi, ya sabés…” El motivo original del encuentro pasó a segundo plano, para terminar favoreciendo una charla dedicada exclusivamente a un ícono definitivo. “¿Leíste el mensaje de Keith en Facebook? ‘Una mujer notable. Siempre en mi corazón’”. El texto iba acompañado de una foto de Anita, invariablemente bella, que su padre Michael había plasmado. Adam tenía los ojos llenos de lágrimas. Terminamos relajándonos y sonriendo, como suele pasar en los velatorios, una distensión natural y necesaria que nos permite recordar a los seres que admiramos de manera más distendida, mientras no dejaba de mencionarle a mi estimado amigo todas las historias vividas aquel día del almuerzo junto a ella, cuando la vimos los dos por última vez, y del cual le estaré agradecido a Adam eternamente.
 
(Agradecimientos: Adam Cooper)

 

CONCIERTOS: HONEST JOHN PLAIN SE MOSTRÓ HONESTAMENTE ROCKERO EN EL SALÓN PUEYRREDÓN

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HONEST JOHN PLAIN AND THE PIBES – SALÓN PUEYRREDÓN, 13/ 5/ 2017

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Y sí, HJ cada tanto tiene los blues. Y los oranges y los purples y los yellows también (Foto: ©Anitta Ramone)

“Qué lindo es el rock’n’roll”. Parece el título de una canción de uno de esos gruposde kermesse, o de un festival de baile o de un club barrial de los ’70 pero, así y todo, con el rigor del peso de la simplicidad que amerita, la frase soltada por uno de los asistentes que colmó el Salón Pueyrredón para ver aHonest John Plain el sábado pasado acaba siendo la mejor declaración de principios para un show que cumplió a rajatabla con lo que se esperaba. No importó el horario. Plain había largado su concierto promediando las 2 AM palermitanas del día siguiente (antes habían pasado por el escenario los teloneros She-Ra, Angel Voodoo, Los Mareados yStarpunks, quienes calentaron el terreno apropiadamente) y el clima que se respiraba desde el vamos presagiaba una velada que prometía resultar encantadora.

NEW OLD BOY. “The Boy Is Back”, anunciaba el póster del evento en el cual una de las figuras más prominentes de la escena del rock inglesa de mediados de los 70 y que las vueltas de la vida llevaron a titular como “punk”, algo que el mismo Plain no dudó en cuestionar en la entrevista que MADHOUSE le realizara días antes del show, y que pueden ver aquí. Con las primeras notas de “Never Listen to Rumours” (la única canción que hasta ahora vio la luz del álbum que HJP grabó junto a un seleccionado de estrellas hace unos años, y que sigue inédito), la banda dejó en claro de antemano que las 18 canciones que restaban iban a estar perfectamente a la altura de las circunstancias. La primera sorpresa del set llegó de la mano de “All The Way To Hell And Back” (que abría “Rock On Sessions”, el segundo álbum de los Crybabys), y que se mantuvo muy fiel a la versión original de estudio.

TEMA VA, TEMA VIENE, LOS MUCHACHOS SE ENTRETIENEN. Lo que siguió fue un repaso detallado por la extensa carrera de Plain, basada principalmente en el catálogo de The Boys, con “Monotony” y “Scrubber” del álbum “Boys Only”, 1980, a los que se les agregaron “U.S.I.”, el recordado hit “Brickfield Nights” y “T.C.P.” (las tres grabadas en “Alternative Chartbusters”, segundo disco de la banda), “Kamikaze” y “Terminal Love” de “To Hell With The Boys” (1979), y aún tres más del álbum debut de la banda de 1977 comandadas por “I Don’t Care” (primer single del grupo), “Sick On You” (que inauguraba el LP) y “First Time”, que fue parte de los bises, cerrando el concierto.

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HJ rockeándola en el Salón junto a lo’ Pibe’ (©Gux Ramone)

Campera de cuero y lentes oscuros permanentes (que Plain sólo amagó sacarse cada vez que le dirigía unas palabras al público), el repertorio también incluyó el cover de M.O.T.O “I Hate My Fucking Job”, “Where Have All The Good Girls Gone” (canción/título del álbum inicial de los Crybabys), “New Guitar In Town” que grabara en su paso por The Lurkers,“That’s Not Love” de “Honest John Plain & Friends” (1996) y “Punk Rock Girl” de “Punk Rock Menopause”, el disco reunión de The Boys editado hace 3 años, a lo que se sumaría el inesperado anuncio de “Tell Me (You’re Coming Back)”, la canción de la pluma Jagger/Richard -a la que anunció como “y ahora una canción de los fuckin’ Rolling Stones”-originalmente incluida en el primer álbum stoniano, y que Plain registrara en estudios junto a The Mattless Boys, uno de los incontables proyectos en los que participó. Brian Jones estaría más que agradecido.

3VAMOS LOS PIBES. Y si una auténtica obra de arte no está solamente determinada por el lienzo, sino también por el marco, seguramente la performance general del show no hubiera resultado tan buena sin la presencia del trío que lo secundó en escena, que para la ocasión recibió el título de “The Pibes” y que formó conJuan Papponetti (ex-Katarro Vandaliko, ahora en Traje Desastre) en guitarra y coros,Arnold Rock (ex-Tukera, hoy enDoble Fuerza) en bajo y coros, y Alejo Porcellana (ex-Shaila, hoy en día en Mamushkas) a la batería, los mismos que lo acompañaron a lo largo de las dos jornadas previas a la presentación en el Salón Pueyrredón, que tuvieron lugar en Tandil y Mar Del Plata. Tres shows seguidos en tres ciudades distintas a lo largo de tres días no está nada mal, y con apenas alguna que otra señal de cansancio para el hombre que hace 2 años casi pierde la vida por un desliz del destino. Por el resto, fue una noche inolvidable con un recinto colmado y con el deseo en común de ver a una leyenda viviente del rock frente a sus narices. En estado de pura efervescencia, a la hora correcta, con el clima indicado, y con la promesa que indica que en noviembre retornará una vez más al país con -ahora sí, los más mayorcitos- The Boys. O con los pibes originales… Al menos para la ocasión, las noches de Brickfield cambiaron de nombre para convertirse en argentinas y más precisamente aún en la del pasado sábado en Buenos Aires. Que se repita todas las veces que sea posible, rock mediante.

CON HONEST JOHN PLAIN ANTES DE SU SHOW EN BUENOS AIRES: “MIS MEJORES MOMENTOS FUERON CON THE BOYS”

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¿Quién es ese señor de aspecto estrafalario, camisa tejana, bandana al tono y lentes negros que está sentado a una de las mesas de la cafetería de ese hotel céntrico de Buenos Aires a las 3 de la tarde?, se preguntan los miembros del personal del lugar, mientras terminan de hacer la limpieza del turno que acaba de finalizar. “¿Es famoso?”, insisten. “Digamos que es bastante conocido”, intento explicarles, “pero dentro de una elite muy particular”, termino apuntándoles, mientras el personaje en cuestión, de ancha sonrisa y benemérita disposición, divide su tiempo entre esperar al próximo periodista que lo va a entrevistar y preguntarse dónde dejó las llaves de la habitación en su versión tarjeta magnética, que humildemente confiesa haber perdido hace instantes (“disculpame, ya regreso”.

A esa hora de la tarde ya no sirven almuerzo, ni tampoco hay tragos disponibles. Sólo agua y café. Lo cual a Honest John Plain no le resulta inconveniente alguno desde que hace apenas unos años el alcohol le jugó una mala pasada, obligándolo a dejarlo para siempre tras originarle un accidente que lo tuvo más del lado de allá, que del de aquí. La situación no debe ser nada fácil para un auténtico londinense que pasó buena parte de su vida ahogándose en los pubs, pero Plain destila el ácido sentido del humor tan propio de su país de origen: está agradecido, a pesar de todo, y se lo ve más feliz que nunca. Después de todos estos años en la ruta sigue siendo aquel músico incansable que toca por todas partes del mundo y continúa grabando nuevos discos de forma inoxidable. Y que, claro, ahora está de vuelta en el país -su tercera visita en algo más de 15 años- para realizar tres shows y recordarnos que siempre, pero siempre, será el que nunca dejó de ser.

punk-683x1024¿Te gustaría beber algo? ¿O preferís un café?
No, gracias. No tomo ni cerveza ni ningún tipo de aperitivo desde hace más de dos años Eso es por el accidente que tuve.

¿Accidente? ¿Qué tipo de accidente?
Estaba en Noruega tocando con Casino (N.: Casino Steel, el ex Hollywood Brats y legendario camarada de Plain en The Boys). Estábamos en una mansión. Yo estaba en un quinto piso, y las escaleras eran de mármol. Tuve que ir al baño, porque estaba borracho, y caí por las escaleras y me rompí la cabeza en pedazos.

¡¿Te caíste rodando varios pisos por la escalera?!
Sí. Caí dos pisos y después seguí cayendo. Y me encontraron a la mañana. Estaba inconsciente.

¿Pero cómo? ¿Estabas solo? ¿No había nadie que pudiera ayudarte?
Bueno, todo el mundo estaba durmiendo, porque ocurrió de noche… Yo estaba con Casino, pero a la hora de ir a la cama, yo estaba con una chica y necesité ir al baño, y me caí.

¿Cómo puede ser que Casino no se diera cuenta?
Me encontró a la mañana, ocho horas después, y había sangre por todas partes. Y me llevaron al hospital, me quedaba el 3% de cerebro. Y casi que me voy, viste…

Te hiciste pedazos la cabeza.
Sí, ¡me la destrocé! (Risas)

En fin, ¡qué bueno que estés aquí después de todo eso! Quiero decir, ¡qué bueno que estés, donde fuera!
Una vez que salí del hospital, volví a salir de gira. Y después en Alemania me llevaron otra vez al hospital, por dos semanas. Salí, comencé otro tour, lo terminé, y después tuve otro accidente. Me siguen tratando, sabés, y me dan medicación por todo lo que ocurrió. Y por ahora… (hace el gesto de que aún está vivo)

Bueno, sobreviviste. Podría haber resultado mucho peor.
Sí, ¡sobreviví! Pero fue autoinfligido. Me sentí realmente mal mientras estuve en el hospital, con toda esa gente que estaba tan enferma. Y no hacían nada. Me sentí mal porque fue autoinfligido, por haber estado borracho.

¿Y quién te cuidó durante la internación?
La gente del hospital. Mi ex esposa y mi hijo venían a visitarme, cuando estaba en Londres.

¿Otro hospital en Londres?
Sí. Estuve en uno en Noruega, otro en Alemania…

Entonces básicamente hiciste una gira por los hospitales.
(Risas) Sí, y me tuvieron que medicar mientras hacía mi propio tour. Es por eso que paré con la cerveza y las bebidas alcohólicas. Ahora soy un chico bueno.

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The Boys allá por 1975, con su formación original: de izq. a der., Andrew Matheson, Matt Dangerfield, Casino Steel y Wayne Manor. Honest John Plain es el que está sentado. Falta el batero Geir Waade.

MAYBE IT’S BECAUSE HE’S A LONDONER
¿Seguís viviendo en Londres?
Sí, en Belsize Park, en el área de Hampstead.

Esta no es tu primera vez en Buenos Aires, ya tocaste aquí.
Así es, ya vine con The Boys. Y vamos a volver en noviembre.

¡Gran noticia!
Después de lo del accidente, debés considerarlo un milagro…
¡Me encanta!

Entre 1977 y 1980 hiciste cuatro álbumes con The Boys y luego editaron otro disco, “Punk Rock Menopause” (“La Menopausia del Punk Rock”), apenas 34 años más tarde… ¿Cómo es que una banda espera tanto para lanzar un nuevo disco? Y, ya que estamos, tu ultimo álbum solista se titula “Acoustic Menopause” (“Menopausia Acústica”) ¿Creés que el rock’n’roll puede sufrir de menopausia? Siempre pensé que fue inventado para mantenerse joven.
Bueno, el título no se me ocurrió a mí. Mi amigo Jean Cataldo fue quien lo pensó. Perdón, no tengo idea si existe la menopausia en el rock’n’roll. Pero creo que es un gran nombre.
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OK, ¿pero entonces cómo es que tuvieron que esperar 34 años para hacer un nuevo álbum?
Probablemente fue por Matt Dangerfield, el otro guitarrista de The Boys, que no quería hacerlo. Él escribió la mayor parte de las canciones con Cas. Tal vez sea que estaba dedicándose a otras cosas y no quería hacerlo. Y yo, mientras tanto, estaba con los Crybabys. Se dio porque la gente nos pidió hacerlo y fue genial poder hacerlo de vuelta. Estoy seguro de que vamos a hacer un último disco antes que llegue el momento de meternos en el ataúd (Risas)

¿Por qué uno, y no dos o tres más?
Sí, uno más y ya está.
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Hiciste una gira solista en formato acústico para promocionar “Acoustic Menopause”, pero la realizaste completamente solo, como si fuera una banda de un único miembro. ¿Por qué elegiste hacerlo así?
¡Nadie quería estar conmigo! (Risas) Fue porque el tipo que estaba organizando los shows decidió que hacerlo de esa manera iba a resultar una buena idea, y fue fantástico, porque en cada uno de los shows estuvo lleno de gente. Ya sabés, mayormente fans de The Boys. Pero también lo hice de esa forma para poder hacerlo por mi cuenta.

Siempre tuviste una base de fans.
Sí, por todas partes. Europa, Estados Unidos, Argentina, Italia, China, Japón…

JOHN, PAUL, GEORGE, RINGO Y OTRA VEZ JOHN
Los Boys fueron etiquetados en su momento como “los Beatles del Punk”. Sé que siempre tuviste algo fuerte con los Beatles, ¿no?
¡Sí, por supuesto!

Y entonces, en ese tour en solitario, ¿cuál de los cuatro hubieras sido? John, Paul…
Cualquiera de ellos. Creo que preferiría ser Ringo, porque es un tipo divertido, y también porque puedo tocar la batería, sabés. Pero no me molestaría ser John. Ni tampoco Paul, especialmente por el dinero que tiene.

¿Los considerarías tu banda favorita?
Sí, pienso que los Beatles son mi grupo preferido.

Casi todo lo que siempre hiciste a lo largo de tu carrera tiene que ver con los 60s. Así que estás aquí para llevarnos de vuelta a esos años.
¡Exactamente! Tenía la edad precisa para apreciar toda esa música.

¿Ahora cuántos años tenés?
Tengo 65. Sí, soy un tipo grande. Y ahora estoy pensionado, ¡una pensión del punk rock! (Risas)

Ese sería un gran título para un futuro álbum…
¡Es lo que voy a hacer! ¡Mi pensión de punk rock!

Naciste en Leeds, ciudad que dio uno de los más clásicos álbumes de rock en vivo, como fue “Live At Leeds” de los Who.
Sí, y además todavía sigo al equipo de fútbol de Leeds, aunque no les está yendo bien. Y respecto al disco, sí, ¡estuve ahí!

¿En el show del día que se grabó el disco?
Sí. En aquel momento estaba en la escuela de arte. Y así fue como conocí a Matt Dangerfield de The Boys. Lo conocí en el show. Hace mucho tiempo que nos conocemos.

DE LOS BOYS A LOS BABYS
Hiciste muchísimas cosas como músico, pero mi parte favorita  -y esto es algo totalmente personal- son tus discos con los Crybabys. El EP, y después los tres álbumes, “Rock On Sessions”, “Daily Misery” y “What Kind Of Rock’n’Roll”. ¿Piensan volver a juntarse alguna vez?
Es muy curioso que me preguntes eso porque no hace tanto Darrell (N.: Bath, guitarrista de los Crybabys) y yo hicimos un show juntos por primera vez. Eso fue en Brighton, porque él ahora vive ahí. Hicimos un show acústico, y vino mucha gente.

Solamente ustedes dos, ambos en guitarra acústica…
No, Darrell en eléctrica, y yo en acústica. Ahora estamos pensando en hacer otro show, porque salió perfecto. Cuando nos juntamos, realmente somos muy buenos. Así que va a suceder, definitivamente.

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The Crybabys, allá lejos y hace tiempo

¿Hicieron sólo canciones del grupo?
Tocamos mayormente lo que te imaginarás, y también algunos covers que nos gustan. Pero el día antes del show estuve con Darrell en su casa de Brighton, y nos pusimos a componer nuevamente.

Realmente me encantaría que salga otro disco de los Crybabys…
Vamos a hacer uno, sin duda. ¡Es hora de que hagamos otro!

Y además ahora Darrell no está en ningún grupo fijo.
Su mejor momento es con los “Babys”, indudablemente. Y creo que él también lo sabe. Hasta donde yo sé, es uno de los mejores guitarristas del mundo. Y encajamos muy bien el uno con el otro.

Siempre tuve la impresión que vos aportabas la parte “Beatle” al sonido de la banda, y que Darrell hacía lo mismo con los Stones, o con los Faces. ¿Estás de acuerdo? Y de ser así, ¿cómo es qué eso sucedió?
Estaría de acuerdo, completamente. No sé cómo sucedió, no puedo siquiera recordar cómo lo conocí… Probablemente estaba muy borracho aquel día. Pero una vez que nos pusimos a tocar juntos, nos dimos cuenta de que teníamos que seguir haciéndolo. Es un buen tipo.

Y un muy buen amigo.
Sí, absolutamente. No es simplemente “el tipo que toca la guitarra”. Es más bien como si fuera de la familia.

Y por lo que sé, todo el mundo lo ama.
Sí, es muy divertido. ¡Todos nosotros lo somos! Y así es como seguimos adelante, sabés.

JOHN ERA UN ROLLING STONE
Tengo entendido que grabaste con los Dirty Strangers en su álbum debut de 1987, pero al final no apareciste en el disco.
Sí, estuve en el álbum, pero no aparecí en los créditos, porque The Boys se habían juntado de vuelta. Y eso no les gustó a los Dirty Strangers. Así que me echaron, y alguien me reemplazó. En los créditos del álbum no aparece que yo haya tocado, pero lo hice. Así fue como conocí a Ronnie Wood (N.: actualmente guitarrista de los Rolling Stones, que está como invitado en el disco)

THE_DIRTY_STRANGERS_THEDIRTYSTRANGERS-89066¿Como se dio esa oportunidad?
Creo que eso fue porque Alan Clayton(N.: voz y guitarrista de los Dirty Strangers) trabajaba para los Stones. Tengo gratos recuerdos de Alan. Buen cantante, y una gran banda. Aparte fue muy divertido. Sólo que el final fue un poco áspero. Ni siquiera sé si la banda existe hoy en día.

¡Sí que existen! De hecho tienen un nuevo disco que se editó el año pasado, “Crime And A Woman”
¡Eso suena como algo de Alan! (Risas)

OK, ¿y entonces que pasó con Ronnie Wood?
Estábamos en el estudio haciendo el álbum. No recuerdo qué estudio era, pero era uno muy grande, en Londres. Y no pude creer cuando Ronnie y su guardaespaldas aparecieron. ¡No me lo esperaba! Y entonces Alan le dijo a Ronnie, “¿te gustaría tocar en esta canción?

¿Y lo conociste a Keith Richards? Porque también participó del disco.
Sí, pero eso fue cuando fui a buscar mi guitarra después que me echaron, y Keith estaba ahí.

En 1995 apareciste como invitado del disco “Dirty Laundry” de Ian Hunter junto a Darrell, Casino Steel, Glen Matlock, y otros. ¿Algún recuerdo de esas sesiones? ¿Fue grabado en Abbey Road, verdad?
Oh, me encanta Ian. Me ponía a ver fútbol en la tele con él, y Ian estaba en calzoncillos, ¡y sin los lentes negros!

¿Ian Hunter sin los lentes negros? ¡Imposible!
Sí, no deberías ver eso… (Risas) ¡Sin lentes, y sin pantalones! Dios lo bendiga, no te confundas. Eso demuestra lo bien que nos llevábamos, porque nunca se saca los lentes ante nadie. Eso fue en Noruega. Nadie me cree, ¡pero es verdad!

Aún no me contestaste sobre las sesiones de grabación de “Dirty Laundry”…
Por empezar, fue fantástico ir a Abbey Road. Y sabés qué, Vom, el baterista de Die Toten Hosen (N.: recientementeentrevistado por MADHOUSE) también estuvo en el disco. Por aquel entonces yo tenía una de esas bicicletas con canasta, ¡y entonces íbamos juntos a Abbey Road en la bici! (risas) Todos los demás llegaban en limusinas.

O sea que ni siquiera iban en dos bicicletas, ¡sino que los dos iban en la misma! Y encima era una bicicleta para chicas. ¡A eso lo llamo rock’n’roll!
¡Sí! (Risas) Creo que es así.

UN PUNK DE LO MÁS HONESTO
¿Cuál es la historia de tu apodo? Fuera de vos, el otro “Honest” que conozco, al menos en el mundo de la música es, de vuelta, Ronnie Wood, a quien solían decirle “Honest Ron Wood” en los 70.
Eso fue porque The Boys estaba por salir de gira, y por alguna extraña razón fui a NEMS Records (N.: el sello para el cual grababa la banda por entonces) a buscar el dinero para el tour, para poder pagar todo lo que había que pagar, ¡pero lo aposté a un caballo!

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Honest-idad pura: si no puso todas las cartas sobre la mesa, John puso al menos las manos (Foto: M. Sonaglioni)

¡Todo a un caballo!
Sí, sí, un montón de dinero, era para toda la gira. ¡Y el caballo salió segundo! Perdí todo, y el que era nuestro manager de aquel entonces me envió de vuelta a buscar más dinero… Y es por eso que me llaman “Honest”, ¡porque no lo soy! (Risas)

¿Qué recordás de la escena londinense del punk de los 70? ¿Realmente existía algún tipo de rivalidad entre las bandas?
No, ninguna rivalidad, hasta donde yo sé. Tal vez la tenían entre ellos, pero no en mi caso. Me acuerdo del primer día del punk. The Boys fue la primera banda punk en firmar contrato. Mick Jones, de The Clash, solía ensayar en la casa de Matt Dangerfield, en el barrio de Maida Vale, y recuerdo la primera vez que abrí la puerta y Mick, que por entonces tenía el pelo muy largo, de repente apareció con el cabello todo recortado y con ropa extraña. Y yo le dije “Carajo, ¿qué está pasando, amigo?” Y él me contestó “¡El punk! ¿O no?’”

Y así fue como te presentaron al punk.
Así fue la presentación, porque de hecho nunca había considerado a The Boys una banda punk. Sabés, nos hicieron esa reputación. Pero así fue como me enteré de qué se trataba eso del “Punk”.

¿Entonces cómo es que los consideraban punks? Quiero decir, al fin y al cabo eran una banda que hacía música rock y pop de los 60…
Sí. No tengo la menor idea. Pero de esa manera fuimos soportes de los Ramones, porque se suponía que éramos un grupo punk. No estoy diciendo que se supusiera que fuéramos punks. Tocábamos lo que tocábamos.

En New York sucedía exactamente lo mismo. No tenía un nombre. Lo llamaban “rock de New York”, o como fuera, y de repente le empezaron a decir “punk rock”, ¡y todo el mundo era punk!
Sí, y fue por ese motivo que no me involucré en todo eso.

De hecho, pienso que el punk realmente nunca existió. No sé si logro explicarme…
¡Por supuesto! Quiero decir, Johnny Rotten tiene cinco hoteles en New York. ¿Qué tiene eso de “punk”?

Incluso tocaste batería duante los primeros tiempos de Generation X.
Así es, ensayaban en el lugar en el que vivía con Matt Dangerfield, y en aquel entonces no tenían baterista fijo. Billy Idol la tocaba, a veces. Pero cuando me puse a tocarla yo, él comenzó a cantar. Y yo le dije “sabés, Billy, deberías ser el fuckin’cantante”. Porque estaban buscando un cantante para el grupo. Le dije, “Cantás muy bien, ¿por qué no te pones a cantar?” Y me contestó “Dejá que lo piense”… Y de repente, estaba ahí cantando.

¡Ayudaste a todo el mundo!
¡Yo fui el responsable, mate! El porqué de que el punk sea tan famoso, ¡es todo responsabilidad mía! (Risas)

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London SS: créase o no, Mick Jones es ese de pelo largo y anteojos negros

JOHN, EL AMIGO DE LOS AMIGOS
Pasaste por muchas bandas a lo largo de tu carrera, principalmente por The Boys y los Crybabys, pero también estuviste en London SS junto a Mick Jones de The Clash y Brian James de The Damned, The Lurkers, The Mannish Boys, o junto a Pete Stride. Y después están todos esos proyectos solistas… ¿Cuál de todas esas bandas te trae los mejores recuerdos, y cuál los peores, de existir alguno?
Ninguna me hizo pasar un mal momento, es un hecho, pero los mejores momentos fueron con The Boys. Porque cuando salimos a la ruta, nos divertimos como nadie. Adoro a Casino, adoro a Matt, adoro a Jack, y adoro a Duncan. Éramos como una familia.

¿Por qué motivo se separaron en 1982?
No tengo la menor idea, realmente no puedo decírtelo. No fue algo que tuviera que ver conmigo, sabés. Aún hoy en día no sé el porqué de la separación. Sé que Matt y Duncan se pelearon, pero todavía lo desconozco.

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Sam Yaffa, Honest John, Michael Monroe: un verdadero tridente ofensivo rockero

Cinco años atrás grabaste otro de tus tantos discos junto a músicos amigos en el que, entre tantos, estuvieron Darrell, Die Toten Hosen, Glen Matlock, Martin Chambers de los Pretenders, y Sami Yaffa y Michael Monroe de Hanoi Rocks. ¿Cómo fue que armaste el proyecto y por qué es que todavía no vio la luz? Lo único que se conoce es el video de la canción “Never Listen To Rumours”…
Sí, el álbum está terminado, pero por alguna razón el tipo que puso todo ese dinero para hacerlo, no lo editó. Ese vendría a ser mi más reciente trabajo solista.

A veces puede resultar un poco confuso, porque está el álbum “Honest John Plain And Friends”, el de “Honest John Plain Y Amigos”, que hiciste en Argentina, otro de “Honest John Plain And The Amigos”, y después el que acabás de mencionar, que sigue inédito.
Sí, y no entiendo cómo es que el nuevo no fue lanzado, porque es fantástico, sabés.

OK, ¿y cómo ensamblaste el proyecto?
¡No fui yo!

¡Vos nunca hacés nada!
No, nunca hago nada (Risas). El tipo que puso la plata para el disco contactó a todos los músicos, y todos quisieron hacerlo. Si ves el video de “Never Listen To Rumours”, todos los que aparecen ahí están en el álbum.

Después que grabasteHonest John Plain Y Amigos” en Argentina en 2003, editaste otro como Honest John Plain And The Amigos titulado “One More And We’re Staying”. ¿Tenés muchos amigos dispersos por el mundo?
Sí, le debo dinero a tanta gente, sabés… (Risas)

Eso explica por qué todavía siguen siéndolo; supongo aún esperan que les pagues algún día.
Oh sí, ¡por supuesto! (Más risas)

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MI BUENOS AIRES QUERIDO
Estuviste aquí en Buenos Aires en 2003 para producir el álbum “Llegando Al Límite”, de Katarro Vandáliko. ¿Te hubieras imaginado alguna vez en los 70 o en los 80 que vendrías a Sudamérica a tocar, o a trabajar con otra banda?
¡Claro que no! Me resulta llamativo todo lo que he viajado, pero es siempre más que nada por The Boys.

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El autor de esta nota junto a Honest John Plain: todo es buena onda, amistad, vitrales y anteojos negros (Foto: M. Sonaglioni

¿Y ahora cuáles son tus próximos pasos tras los shows en Argentina? ¿Regresar a Londres?
Tengo que volver a Londres, sí, pero después regreso a Noruega ya que vamos a hacer un show con The Boys en Oslo el 20 de mayo y luego el 30 de junio vamos a tocar en un gran festival en la ciudad de Austvatn, el primero después de un largo tiempo.

Esperaremos entonces con ansias tu regreso al país con el grupo y, una vez más, me resultó maravilloso haberte conocido y poder charlar.
¡Oh, fue un placer para mí también! Y gracias por las preguntas, me gustó que hayas estado calificado para hacerlas.

BOB GRUEN INTERVIEW IN BUENOS AIRES: “ROCK’N’ROLL IS THE FREEDOM TO EXPRESS YOURSELF VERY LOUDLY”

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Original version in Spanish published in Revista Madhouse on April 6 2017

“So how’s your hand”? That would be a very unusual question to strike up a conversation, but so far that’s what I first think of after watching Bob Gruen take care of tens of copies of the book given freely to the visitors of “Rock Seen”, his recent exhibition at the Centro Metropolitano de Diseño public institution, in Barracas area, Buenos Aires, all not willing to leave the place till the author signs each of them. “I’m fine!”, he replies smiling, with a look on his face telling me he has spent most of his life doing the same. “Sorry, I need to go to the bathroom. I’ll be right back”, he next admits, more confidently. A few minutes later, he’s asking for a beer at the place’s bar, which arrives at the very moment we’re ready to start the interview. Nearly all through the last 50 years, Gruen managed to become one of the most significant and respected photographers in rock’n’roll history. With such a career on his back, his path is as vast as symbolic, which leads one to accept beforehand time will never be enough to ask him all those questions one may come up with. No time to ask him about his time shooting Dylan during the Rolling Thunder Revue tour in 1975, or about his many stories as star photographer of the 1976 New York City punk rock scene and frequent attendee at Max’s Kansas City, where he took pictures of Blondie, Richard Hell, Robert Gordon and Patti Smith, among many others, not to mention his days with the New York Dolls, whom he did the band’s best photographs. It won’t be possible to ask him about that photo of a pale and fragile David Bowie in conversation with David Johansen, or the one where Salvador Dalí is crowning Alice Cooper, circa 1973. Or those of The Clash in England, or the Ramones wandering the Bowery in 1975, or those of the band at the CBGB.
jones-strumme-simonon-and-topper-headon-bo-diddley-in-cleveland-february-1979Let alone about the four members of Led Zeppelin posing by the Starship, the Boeing 720 the band made use of as their private jet between 1973 and 1975, at the Teterboro airport, New Jersey. Or his experiences along Kiss at the “Dressed to Kill” photo sessions (mostly the album cover, shot by Gruen himself), or taking them for a ride in Japan in 1977. There will no way but refraining oneself of inquiring him about that famous picture of Sid Vicious onstage, all cut-up and bleeding like Christ, during the Pistols’ 1978 US tour, the Elton John-Stevie Wonder handshake one, or any of the ever-wild Keith Moon, stamping a killer kiss on Leslie West’s lips. To throw in the towel when planning to get his days with the Stones at the Madison Square Garden in 1972 (or about “Crossfire Hurricane”, his book on the band), and not to be able question him about which may be his most classic works, when he portrayed Lennon in his sleeveless New York City white T-shirt, or making the peace sign in front of the Statue of Liberty. Additionally I also felt forced to abort the plan of kidnapping him and try to get every drop of information until the rescuers arrived. Which I almost suggested, before changing my mind for good and instead expressing my disappointment of having to  keep all those questions on a future occasion, if happening. “Never mind, there’s a lot of information about me on the internet,” he suggests. He’s right. In any case, every cloud has a silver lining, or so they say, so we then ended up favouring more uncommon subjects. Like the recent death of Chuck Berry and all those great shot Gruen did long ago and far away, or the Rock Scene years (it’s not by chance the name of photo exhibition sounds so much the same), the ‘70s rock magazine he worked for and he’s so proud of. All those stories available, mostly told with pictures, in the fifteen books he has published so far, or in his documentaries. Best case scenario, they will all be part of the project Gruen is currently working on, his own autobiography, which surely will leave no stone unturned for us grateful journalists deprived of not having enough time when interviewing him.

 

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Do you remember the days without cell phones? You just went to a place, any place, and you didn’t need to know what was going around all the time. You know, I never ever had a cell phone….

Well that’s your problem! (laughs) I always wanted one. When I was very little I read Dick Tracy in the comic books. He always had a two-way wrist radio, I always wanted one, and now I have one. My phone has a lot of information. There’s more information in this phone that in the whole Alexandria library.
 
Now that’s a lot of information.
That’s a lot of information!
 

You won’t probably ever forget you were here in Buenos Aires the day it was announced that Chuck Berry died. Because, how long have you’ve been here already, is it a week now?
Right, about a week, since last Friday. 
 
And then Berry died on Saturday. You did some great pictures of him, I guess my favourite shot is the one where’s he’s carrying his guitar onstage, pointing it at the audience, shotgun-style. By the way I think this is s great way to start the interview, with sharing your thoughts about him. 
First of all, I don’t think so much of the day he died, I think about all the days that he lived. I think about the times that I saw him, and the times that I spoke with him. I’m very happy to have met him, to have known him, to have seen him do many shows. Chuck Berry was the first person who bought a photo from me, as a print, and also the first person who asked me to sign a picture. Nobody had ever asked me to sign a picture. Chuck Berry liked my picture and asked if he could buy it, and I said “of course!” I sold it to him. I said “hello, I took this picture” And he said “I know that picture, I tried to call you up” And I said “I know, I was away that week” And he said “come here, come here” And he took me behind some amplifiers, and he took out his wallet, which was thick with hundred dollar bills, now that was some serious money. I was gonna give it to him, but as soon as I saw the hundred dollar bills I said “ok I’ll take the money” And then he said “I want you to autograph this” The first time I’ve ever signed a picture. I didn’t have the concept to sign it on the front. I didn’t want to mess it up. So I wrote on the back “For Chuck Berry, the King of Rock’n’Roll”, and then I signed it. And I remember that moment just like it was yesterday. That was the biggest thrill, the first time I met him. And after that I saw him a number of times over the years. I’ve learnt something that a lot of people don’t see because they’ve only seen him one time, but I saw him more times. People talk about how he didn’t carry a band with him, and that he always played with musicians that were there, only with local musicians. To me, that was Chuck Berry teaching people how to play rock and roll, because he wouldn’t even tell them when going onstage, or what they were gonna do. There was no rehearsal. In the film with Berry and Keith Richards (“Hail! Hail! Rock ‘n’ Roll”), Keith wants to rehearse and rehearse, and make sure it’s perfect. And in the middle of the show Chuck wants to change the key, and just make it spontaneous. Chuck Berry was about being spontaneous. It wasn’t about being in tune, it wasn’t about hitting the right note, it was about playing rock’n’roll.
 
Screwing up onstage was very common in him.

Yeah, because rock’n’roll is all about freedom, rock’n’roll is the freedom to express yourself very loudly. And Chuck Berry was very good at that. There’s a famous scene in that film. Bruce Springsteen waited and waited and Chuck’s not there until two minutes before they go onstage, and Chuck comes. And Bruce asks “what are we gonna play?” and Chuck says “we’re gonna play some Chuck Berry songs” And they get onstage, and you have to learn as he’s doing it. I saw him playing many many times, and sometimes it was after the first song, the third song, or the fifth song. He started it at the encore, but when he felt that the band was outstanding him, and if the band was playing rock’n’roll, he would turn around to the audience and he’d say “ladies and gentlemen, now we’d like to start a show” And he wouldn’t say that until he felt he had the band and his music together. And the band didn’t know if that was gonna work out. I saw him once at the Madison Square Garden, and he had the local musicians playing, and in the first song, he didn’t say anything. He just walked over the guitar player’s amplifier, he took the plug, and then he handed it to the guitar player, and then he just turned back around and started playing, and that guy was off the stage with biggest saddest look I’ve ever seen! (laughs) But he was teaching people how to play rock’n’roll, and he did it in front of an audience, so they can learn it too. And that’s the way I saw it.

 

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Was that the first time you met him?
Yeah, that was the first time I talked to him. And then I saw him several other times. There was a time about a year or two later he was in New York recording with Elephant’s Memory. It was very unusual he used a band instead of separate musicians. And the guitar player of Elephant’s Memory played some leads on the album. Having said that, that record never came out! (laughs) So they asked me to come to take some photos of them together with Chuck, but it was a rainy day, and Chuck’s hair was straightened, and on a rainy day straightened hair is not so good. So the band said “Chuck, can we take a picture?” And he said “no, no pictures today” And the band said “but this is Bob, he’s our friend, he was gonna do a picture for us” And Chuck said “I know Bob, he’s my friend, and he’s not taking any pictures today” And I almost fell over, oh my God, Chuck Berry just said I’m his friend! But I’ve got a lot of good pictures of Chuck. The band wanted that one, but I didn’t do it.
 
bg-chuck-berry-cb001bgAnd once again, he died when you were here.
Well, like I said, I don’t always think about the death day, I prefer to think about the life. You know, many people celebrate John Lennon on December 8, the day he died. I prefer to celebrate him on October 9, the day he was born.
 
You said that you were first a fan, and then became a photographer.
Well I was always a photographer, since I was very little.
 
But was it done on purpose? I mean, I’ve probably become a journalist, consciously or not, in order to get closer to the people I really admired.
Well, after high school, I dropped out basically, my parents wanted me to get a job. They were lawyers and they felt that I should wear a suit and a tie and have an office. But I really didn’t like the office. I couldn’t really do the 9 to 5 job because I couldn’t do the 9 o’clock boy. I didn’t want to have any job. I didn’t choose the career of rock’n’roll, I chose the career to turn on, tune in and drop out. That was my career choice. And when I dropped out I lived with a rock’n’roll band, because I wanted to have fun. It was my hobby, I took pictures of my friends all the time, and I was taking pictures of my friends in the band, and when they got a record contract the record company asked for my pictures, and they liked them, so they hired me to start taking pictures of other bands, and more and more I was taking pictures of bands because people were calling me and saying “we’ll pay you to do this” and I said “ok, give me money” Not a lot of money! (laughs) But I did get paid to do it and that’s what I did for the rest of my life.
 
bg-elephant-john-yoko-phil-spectorSo it was about having fun from the get-go, and not to get paid.
Yeah. When I started there was no term, they didn’t have the word “rock photography” There were photographers in rock’n’roll, but they didn’t connect with it as a job.
 
Well I would actually consider you more of a “photojournalist”, as your pictures tell stories too.
And that’s why I liked the magazine “Rock Scene”, because with it we didn’t just want to put one or two pictures and pages of words. “Rock Scene” was all photos. So I could do two or three pages of The Clash on tour, or two pages of, or all kinds of things, say, “Suicide goes to the racetrack”, with all kinds of stories about the bands. 
 
rock-sceneAnd all those parties where you could always see Alice Cooper there…
Right, so we would tell a whole story, two pages about the party and the people that came, and what they were doing. It was more about the whole rock’n’roll lifestyle.
 
Somebody should put up the contents of “Rock Scene” online…
Yes they did! The entire magazine. “Rock Scene” went from 1972 to 1982. It only came out 3 or 4 times a year, so in 10 years there’s only 42 issues. But maybe 10 years ago or something somebody bought the extra copies from the publisher, and they scanned the entire thing and put them online. So if you go to http://www.rockscenester.com/ every single page is available online. The covers, the advertisements, it’s all online.
 
Bear in mind that for us people in Argentina, and so for many other countries, the only way to get them was by asking somebody who was traveling to the US to get them for us, and they weren’t for sale here either, or showed not very often.
Yeah. Well many people had to try very hard to get them, but it seems they did, because it was very influential. We never made any money, not necessarily we got paid for making it. It was just for fun. If you look at it, there’s very little advertising. Which made it easier to read about rock’n’roll, as it was all about bands and musicians, but because we were showing so many new musicians and pictures at parties and other things, we weren’t promoting their albums that the record companies did, so the record companies didn’t buy any pictures from us. Very little advertising, we never got paid, buy we always had fun. That’s what it was all about. It was about having fun.
 
Maybe it was the best rock “cult” magazine in the US at the time.
Well it was a good one, it was the best fanzine. In fact John Taylor of Duran Duran told me he had to take a bus from his house to the train station to the next town to a train to Manchester to buy a copy. Every three months he would go to find it, as there was only one magazine store that he knew it would have it. Sometimes it didn’t come out yet, and he had to go home and come back next week and try to get it (laughs)
 
rock-scene-sabbathIt was also a very light magazine, not many pages…
Yes, very cheaply made. Very cheap. But it had a lot of information, and it was he only place where they had that kind of information about the rock’n’roll lifestyle. There weren’t many rock’n’roll magazines in the ‘70s, it was all more Rolling Stone, Creem magazine, East Coast Rocker…Most of those would have, you know, a lot of stories and writers, they’d be writing a big story about an album or a concert, whereas Rock Scene was all pictures. It was the only place you could actually see people having a party. We took the parties and the lifestyle much more seriously than the records. We didn’t take anything seriously. One thing people liked about Rock Scene is that we made fun of everything. It’s rock’n’roll, it’s not supposed to be serious.
 
Creem was also a lot like that.
Creem was also very funny. When I went to England in ’76 and I met some of the punk rockers there, they had respect for me because they knew I worked in Rock Scene magazine and Creem. If I had said I worked for Rolling Stone or the New York Times, they wouldn’t have talked. But because I worked for Creem and Rock Scene and I had a sense of humor, then they’d talk to me.
 
rock-scene-ramonesHow do you place yourself in the story of rock’n’roll, since you were part of it. How do you think of yourself in perspective?
Well, I usually don’t (laughs) I try not to think of myself too often. But I think of myself in terms of an historian, or somebody who did record the culture of our time. Luckily I lived long enough to be able to share that, and I still do, I go around the world talking about it, and sharing it. It’s not just rock’n’roll, I think rock’n’roll expresses the culture of our time. And as I said before, for me rock’n’roll is all about freedom, the freedom to express yourself very loudly. So I think that my work is more about freedom than a pop star portrait. It’s not just because that person is famous and I took a picture with the right kind of lighting. My pictures have tried to capture the passion, and the feeling, because the feeling is freedom. So the theme for my work, and the way I see myself, is as someone who’s inspiring people to be free, and to express themselves. ‘Cause certainly I don’t want them to be like me. You can’t be like someone else, because everyone else is already taken. You have to be yourself.
 
What do you think of today’s young photographers?
I don’t think about them too often (laughs) Well, I don’t really know too many of the young photographers. I’ve seen many very good pictures. People have really learnt how to express rock’n’roll, they’d seen a lot of history, and I’ve seen some people who took excellent pictures, I don’t remember their names all the time, but there’s one guy who is close to my age, maybe a little younger, called David Godlis, he’s one of my favourite photographers. Like I am, he’s a big fan of Robert Frank, and I think that David captured the very natural feeling, and he mostly covered the history of the CBGB’s, and he made a book that’s very popular. And he’s a very nice guy. Unfortunately he looks like me, so sometimes people say “are you Bob Gruen?”
 
bg-dylanYou were living in Greenwich Village in the mid-‘60s and you got to shoot Bob Dylan at the Newport Folk Festival in 1965, which was quite a start.
It was my first photo pass, and the first time I was in front of a stage taking pictures. I didn’t know any journalists, I didn’t know anybody in a magazine. I didn’t know any place to sell my photos. I got the photo pass because I didn’t have the money to buy the ticket. And a friend of my mother wrote me a letter that said I represented this photo publicity agency, which was not true. And I went to the box office and I’ve shown them the letter and they said “that’s not true, go away”, and I said “no, I must get the picture”, and I wouldn’t leave. So they finally gave me the ticket, a photo pass. But I wasn’t really working until when my friends in the band got a record deal in 1969. That’s when I started to meet people, in the record company.
 
But before that you had friends in the so-called “folk scene” in New York, which was quite popular at the time.
Well I had some friends that were more folk rock than psychedelic rock, some friends who were making folk music. I wasn’t involved in the scene, I didn’t really know anybody in the music business until around 1969. Actually my first contact with the music business was working in a record store, like many people that started their careers in record stores. Because that’s where you learnt about all the records and all the musicians. They used to have copies of the Billboard and Record World magazines, and you got to start reading about the business of rock’n’roll. But I didn’t get any contacts to take any photos from working there, I was just starting to learn. So once again my first contact with a record company was because of my friends’ band, and that was 4 years after I was at Newport. And then in 1970 I met Ike and Tina Turner, that was the first popular or famous band that I’ve ever met.
 
The Ike and Tina Turner Revue, right?
Exactly. That’s when I took this picture here, the one with the multiple images. That’s one exposure, that’s not Photoshop. That’s what Tina Turner does in one second. It was a great moment that I captured.
 
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So it didn’t come out like that on purpose?

I was hoping to get something like that but I didn’t know what would happen, because she was just dancing in the flashing light, and I took four pictures. Three of them are terrible, but this one is perfect.
 
At the same time you shot lots of footage from that tour with your former wife, Nadya. Live footage, rehearsals, home footage, which then showed up as “Ike & Tina: On the Road 1971-72”
Yes, that’s a great video, and we got an award for the Best Blues Video. All kinds of footage, including Tina cooking dinner for the kids.
 
Is it all black and white?
All black and white, but also with a few bits of colour film. They wanted me to use colour, so they actually rented me a colour camera. Buy we never finished that, all that we had left was the proof of the colour film, they never paid for the lab or whatever. Anyway, over the years the original got lost, but we had one copy and it had no sound. But I had recorded the sound separately, but it wasn’t connected. And then when we were making the video, the editor did an amazing job of finding certain parts of the colour film to go with the soundtrack, and in fact the film opens in colour with Tina in the back of a car teasing Ike, and he was going “oh honey, honey…”, like Ike was the one in trouble (laughs)
 
How was working with Ike Turner?
I had a great time with him. For me, he was very giving and very supportive of artists, he was generous to many artists. I stayed friends with him over the years, and I went to his funeral when he passed away a few years ago. There were over a thousand people at his funeral, because almost all the people there were people that Ike had helped, that Ike had given something to. And Ike would give you whatever you needed. If you needed a job, he would give you a job. If you needed a car, he’d give you car. You needed a house, he gave you a house. Ike was a very generous person. But that doesn’t excuse him of what he did in his personal relationship. And I think that the movie is a very important one, because it brought up the topic and showed very clearly what happens in domestic violence. I think that the world needed that kind of film, and it has opened up the doors for a lot of people that suffer from that. I don’t necessarily think that Ike Turner needed to be the poster boy for that topic, other people like Rick James went to jail for beating somebody up. A lot of people were much worse than Ike was, but I think the story is very important. It could be subtitled “what happens to a very good man that takes too much cocaine and goes crazy”
 
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Too bad time won’t be enough to ask you all these questions. The problem is, you have a long career, and you’ve worked with all these great artists…

I have long answers too! (laughs) Well there’s a lot of information on the internet. And not everything they say is true, by the way. There’s a picture of Amy Winehouse with my name, but I’ve never met her, I didn’t take that picture. And there’s a picture of Mick Jagger and John Lennon where they’re wearing tuxedos. Somebody put my name on it, but I didn’t take it either.
 
However it was you who did those pictures of Mick, John and Yoko Ono when they were working on Yoko’s “Approximately Infinite Universe”

Yes, I was in the studio with them. I guess there’s also a picture of Debbie Harry on the beach, and that’s not my photo. So don’t believe everything you read.

 

I won’t, I’m not a believer. I keep myself agnostic.
Ever!
 
So, let’s put it this way. At gunpoint, who would be those artists you’d ever be there for, and who would be the ones you’d never pick up the phone for?
I’ll always be there for Yoko Ono, or Tina Turner. Always. Tina’s retired, but I just saw Yoko three weeks ago. I’d drop anything any time to be with Yoko. She’s the most brilliant person I know, and one of the most generous and talented and creative people I know. If people wanna know about Yoko Ono, just listen to what John Lennon says, and don’t listen to what people in the Press say, who don’t understand her or never met her. Everybody I know who met Yoko Ono, they all say she’s amazing. Only a few people from the Press have bad things to say.
 
And then who would you say ‘no’ to?
There’s one or two people I’ve worked with that I’d never work with again, but because I hate them, I wouldn’t say their names and give them publicity. Only two people. They’re musicians, but they were assholes.
 
I read many times that “Bob Gruen did it all” I won’t buy that. Maybe there’s still somebody around that you’d like to work with.
bg-1974-japon-yokoOh yeah I still go see people. I’ve known Green Day for 19 years now and next year, when they make 20 years, I expect to make a book of my pictures of them, but I go to see them because I enjoy them. For me, that’s a night of fun. There’s also a band called the Strypes, from Ireland.
 
Sure, I know them. Very young guys and very ‘60s styled.
Very ‘60s styled, very rock and R&B, very real rock’n’roll, and very nice young kids. I like them a lot.
 
What are they about now? I just remember their first album.
The record company in America didn’t like their second album, so they have a second album in England. It wasn’t released in America. So now they have a third album, and I hope the record company in America doesn’t screw them up. They’ve got a lot ahead of. They’re very talented, I’m sure they’ll be ok.
 
So what are your next steps now?
I’m working on a biography. I’ve been telling stories all my life, but it’s very hard to take the stories that you say and turn them into writing. So I’ve been having trouble trying to get the sound of the reading, the sound of my talking. But I plan to have an autobiography.
 
20170322_144512Have you ever kept a diary?
If I had kept a diary, I’d have two biographies away! (laughs) Because there are a lot of stories in a lot of places. I wish I’d kept a diary but, no, it’s all on my mind. My mind is clear, I’m still ok.
 
Plus you have the photographs to back them up.
Oh yeah, whenever I see a picture, I remember being there, I remember what happened, usually. Sometimes my assistants pull out a picture and I go “I took that?”
 
Is there much left that never saw the light? What about the leftovers, what do photographers do with them?
I have huge files. Photographers put them in a file, until you find them again and you can use them for something else. I’ll have more books. You know, I have 15 books now, but I’ll be doing more.
 

CON BOB GRUEN EN BUENOS AIRES: “EL ROCK’N’ROLL ES LA LIBERTAD DE EXPRESARTE CONTUNDENTEMENTE”

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Publicado en Revista Madhouse el 6 de abril de 2017

“¿Cómo está tu muñeca?”… Vaya pregunta inusual para iniciar una conversación, pero es lo primero que me nace transmitirle a Bob Gruen tras haberlo visto firmar decenas de copias del libro que gratuitamente recibían los asistentes a “Rock Seen”, su reciente muestra de fotografías exhibidas durante 2 semanas en la institución pública Centro Metropolitano de Diseño, allí en Barracas, y que no pensaban en irse hasta que el protagonista les estampe una dedicatoria. “¡Bien!”, me contesta sonriendo, mientras trata de decirme con la mirada que se pasó buena parte de su la vida haciendo lo mismo. “Perdón, tengo que ir al baño. Ya vuelvo”, me susurra al instante, más confianzudamente. Minutos después, Bob Gruen se pide un porrón de cerveza en el bar del lugar, que llega a la mesa en el preciso instante del comienzo de la entrevista.

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Magia en blanco y negro: The Clash y Bo Diddley inmortalizados por Gruen en Cleveland, Ohio, en febrero de 1979

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Debbie Harry junto a un televisor y con Debbie Harry de fondo en Nueva York, allá por 1977

A través de prácticamente los últimos 50 años, Bob Gruen se ha consagrado como uno de los fotógrafos de rock más significativos y respetados de la historia del rock’n’roll. Con semejante carrera a cuestas, su trayectoria es tan extensa como simbólica, por lo cual uno se ve obligado a asumir de antemano que jamás habrá espacio suficiente para hacerle todas esas preguntas que uno desearía formularle. Es por eso que no habrá tiempo para preguntarle sobre sus anécdotas con Bob Dylan cuando lo retrató durante la gira de la Rolling Thunder Revue de 1975, o sobre sus mil y una historias como fotógrafo estrella de la escena delpunk neoyorquino del ’76 y habitué casi permanente del Max’s Kansas City, donde registró a Blondie, Richard Hell, Robert Gordon y Patti Smith, entre tantos, o más precisamente de sus días junto a los New York Dolls, de quienes hizo las fotos más históricas de la carrera del grupo. Tampoco será posible indagarlo sobre aquella imagen de Bowie en estado de consumición absoluta casi vampírica dialogando con David Johansen, ni tampoco por la Salvador Dalí coronando a Alice Cooper en la New York de 1973. Ni las de los Clash en Inglaterra, ni las de los Ramones en el Bowery en 1975, o en el CBGB. Menos aún sobre la postal de los cuatro Led Zeppelin en el aeropuerto de Teterboro, New Jersey, posando junto a una de las turbinas del Starship, el Boeing 720 que la banda usó como avión privado entre el ’73 y el ‘75. O sus aventuras junto a Kiss durante la sesión de fotos para la legendaria revista Creem, mejor representadas por la tapa del mismísimo “Dressed To Kill” (también crédito de Gruen), o sobre cuando los sacó de paseo por Japón en 1977. No habrá más remedio que abstenerse de interrogarlo sobre la foto de Sid Vicious sangrando cual Cristo tras tajearse el pecho el pecho durante la gira americana de 1978 de los Sex Pistols, la de Elton John dándole un apretón de manos a Stevie Wonder, o las tomas de un Keith Moon, cuándo no, desenfrenado, partiéndole los labios a Leslie West con un beso asesino.

bob-Gruen-John-Lennon-NYC-1974-behind-the-scenesO sucumbir ante el deseo irrefrenable de que relate sus peripecias junto a los Stones en el Madison Square Garden en 1972 (o de “Crossfire Hurricane”, su libro de imágenes del grupo), y ni siquiera interpelarlo sobre las que quizás sean sus obras más recordadas, cuando plasmó a Lennon y su remera blanca sin mangas con el logo de New York City, o haciendo el signo de la paz frente a la Estatua de la Libertad. Y mucho menos para desafiar la situación, secuestrarlo y sacarle hasta la última gota de información hasta que lleguen los rescatistas… Idea que casi le sugiero, antes de cambiar de idea y manifestarle mi decepción al tener que guardar todas esas preguntas para una posible ocasión futura. “No te preocupes, hay mucha información sobre mí en internet”, me dice. Tiene razón. Como fuera, finalmente no hubo mal que por bien no viniese, y así el destino terminó favoreciendo temas menos frecuentes de su holgadísima carrera como retratista oficial de la realeza del rock. Como la reciente muerte de Chuck Berry, de quien Gruen produjo grandes tomas para la posteridad, o de los años de Rock Scene (cualquier asociación con el nombre de la muestra no es pura casualidad), la revista de rock de los 70 donde dejó grabados varios de sus trabajos más característicos, y de la que guarda sus mejores recuerdos. Crónicas que aparecen retratadas en los quince libros que lleva publicados hasta el momento, o en sus documentales. Y que en el mejor de los casos formarán parte del proyecto en el que -en exclusiva- adelantó se encuentra trabajando actualmente, el de su propia autobiografía, que seguramente no dejará ningún acontecimiento afuera, para regocijo de los periodistas a los que la tiranía del tiempo a la hora de entrevistarlo acaba siendo un inconveniente.

¿Recordás aquellos días en que no existían los teléfonos celulares? La gente iba a un lugar, a cualquier lugar, y no precisaba saber lo que estaba pasando todo el tiempo. Yo nunca tuve celular…
Bueno, ¡es tu problema! (Risas) Siempre quise tener uno. Cuando era muy chico leía a Dick Tracy en las revistas de historietas. Dick siempre usaba un transmisor en la muñeca. Siempre quise uno, y ahora lo tengo. Mi teléfono tiene mucha información. Hay más información en este teléfono que en toda la biblioteca de Alejandría.

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El autor de esta nota observa fijamente al entrevistado, asombrado por la coincidencia capilar entre ambos. ¿Habrá algún parentesco? (Foto: Frank Blumetti)

¡Eso es un montón de información!
¡Es un montón de información, sí!

BERRY BERRY, BAILÁ CONMIGO
Seguramente nunca olvidarás que estabas en Buenos Aires el día que se anunció la muerte de Chuck Berry. ¿Cuánto tiempo llevás aquí, una semana?
Algo así, desde el viernes pasado.

Y Berry falleció al día siguiente, el sábado. Hiciste grandes fotos de él. Creo que mi favorita es esa en vivo en la que apunta su guitarra hacía el público, como si fuera una escopeta. Ya que estamos, me parece una buena forma de comenzar la entrevista, con tu opinión sobre Chuck Berry.
Ante todo, no pienso tanto sobre el día en que murió. Pienso sobre los días en que vivió. Pienso en los momentos en que lo vi y los que hablé con él. Estoy muy feliz de haberlo conocido, haberlo visto en tantos shows. Chuck Berry fue la primera persona que compró una copia de una foto mía, y también la primera que me pidió que firmara una. Nadie antes me había pedido que firme una foto. A Berry le gusto mi foto de él y preguntó si podía comprarla, y le dije “¡por supuesto!” Se la vendí. Le dije “hola, yo tomé esta foto”. Y él dijo “conozco esa foto, intenté llamarte”; “lo sé, esa semana me encontraba lejos”, respondí, y entonces me dice “vení, vení aquí”. Y me llevó detrás de unos amplificadores y sacó su billetera, que era gorda, llena de billetes de cien dólares. Eso era realmente mucho dinero. Iba a dársela, pero ni bien vi los billetes de cien dólares le dije “OK, acepto el dinero”. Y después él me dijo “Quiero que la autografíes”. Era la primera vez que firmaba una foto, no tenía el concepto de firmarla sobre la foto misma, no quería arruinarla. Así que escribí en el reverso “Para Chuck Berry, el Rey del Rock’n’Roll”, y luego puse mi firma. Recuerdo ese momento como si fuera ayer. Ese fue el momento más emocionante de todos, la primera vez que estuve con él. Y después de aquella vez lo vi en varias oportunidades a través de los años. Aprendí algo que mucha gente no ve, porque lo vieron una sola vez, y yo lo vi muchas. La gente habla sobre el hecho que él nunca tenía banda propia, y que solamente tocaba con músicos locales en cada uno de los shows. Para mí, eso era Chuck Berry enseñándole a la gente cómo tocar rock’n’roll, porque ni siquiera les decía cuándo era que llegaba el momento de salir a escena, o qué es lo que iban a tocar. No había ensayos. En la película de Berry donde está Keith Richards (N.: “Hail! Hail! Rock ‘n’ Roll”), Keith quiere ensayar y ensayar y asegurarse de que va a salir todo perfecto. Y en el medio del show Chuck quiere cambiar de nota, y hacerlo de forma espontánea… Ser Chuck Berry se trataba de ser espontáneo. No se trataba de estar afinado, o de usar las notas exactas. Se trataba de tocar rock’n’roll.

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Chuck by Bob: un maestro visto por el ojo de otro maestro.

Bueno, pifiarla en vivo era algo muy común y tradicional en él.
Sí, porque el rock’n’roll se trata de libertad, el rock’n’roll es la libertad de expresarte contundentemente. Y Berry era muy bueno haciendo eso. Hay una escena muy famosa en la película en la que Bruce Springsteen esperaba y esperaba, y Chuck no aparecía, hasta que lo hizo dos minutos antes de salir a escena. Y Bruce le pregunta “¿qué vamos a tocar?”, y Chuck le contesta “vamos a tocar algunas canciones de Chuck Berry”. Y se suben al escenario, y los músicos tenían que aprender mientras lo hacían. Lo vi tocar muchísimas veces, y había algo que podía pasar después de la primera canción, la tercera, o la quinta. O durante los bises. Cuando él sentía que la banda estaba sobresaliendo por encima suyo, y si la banda estaba tocando rock’n’roll, le decía a la audiencia “Damas y caballeros, ahora nos gustaría empezar con el show”. No lo decía hasta que sentía que la banda estaba en consonancia con su música. Y la banda desconocía si eso iba a funcionar. Una vez lo vi en el Madison Square Garden tocando con músicos locales, y en la primera canción no dijo nada. Se acercó al amplificador del guitarrista, desenchufó el cable, se lo dio al guitarrista, se dio vuelta y se puso a tocar. ¡Y el tipo tuvo que irse del escenario con la imagen más triste que jamás haya visto! (Risas) Pero Berry le estaba enseñando a la gente cómo tocar rock’n’roll, y lo hizo frente al público, para que ellos también aprendan. Y así es como lo vi.

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Los Elephant’s Memory junto a John Lennon, Yoko Ono y el inefable Phil Spector

¿Lo conociste aquel día del autógrafo?
Sí, esa fue la primera vez que hablé con él. Y luego lo vi muchas otras veces. Hubo una ocasión, 1 año o 2 después de eso, en la que él estaba en New York grabando con Elephant’s Memory. Era muy raro que él use una banda en lugar de músicos individuales. El guitarrista de Elephant’s Memory grabó algunos solos para ese disco. ¡Por lo que el disco nunca fue editado! (Risas) Ese día el grupo me había pedido que vaya allí para hacerles unas fotos con Chuck. Pero era un día de lluvia, y Berry tenía el cabello alisado, y en los días de lluvia el pelo alisado no se ve muy bien. Entonces la banda preguntó “Chuck, ¿podemos hacer una foto?”. Y Berry contestó “no, nada de fotos hoy”. Y la banda: “Pero este es Bob, es amigo nuestro, iba a hacer una foto para nosotros”. Y Chuck: “Conozco a Bob, es mi amigo, y no va a sacar ninguna foto hoy”… Y yo casi me caigo al piso, Dios mío, ¡Chuck Berry acaba de decir que soy amigo suyo! (Risas) Pero tengo un montón de fotos buenas de Chuck. La banda quería esas fotos, pero no las pude hacer.

Insisto con lo de que justo murió durante tu estadía en Buenos Aires, algo que difícilmente vayas a olvidar.
Bueno, como dije antes, no siempre pienso en el día de la muerte de alguien. Prefiero pensar sobre su vida. Viste cómo es, mucha gente celebra a John Lennon el 8 de diciembre, la fecha en que murió. Yo prefiero hacerlo el 9 de octubre, el día en que nació.

PASANDO REVISTA
Alguna vez declaraste que comenzaste como fan de la música, y luego te volviste fotógrafo.
Bueno, siempre fui fotógrafo, desde que era muy chico.

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La tapa de Rock Scene de junio de 1978: Patti Smith aparece junto a los Pistols, Blondie, los Heartbreakers y… John Travolta, la sensación del momento.

¿Acaso lo hiciste a propósito? Quiero decir, probablemente yo me hice periodista, conscientemente o no, para poder estar más cerca de la gente que admiraba…
Bueno, después de la secundaria, la que básicamente abandoné, mis padres querían que me consiga un empleo. Eran abogados y sentían que yo debía usar saco y corbata y tener una oficina. Pero realmente no me gustaba lo de la oficina. No podía hacer eso de trabajar de 9 a 5, porque yo no era precisamente el tipo que se levantaba a las 9 en punto. No quería ningún empleo. No elegí la carrera del rock’n’roll, elegí una carrera que me permitiera conectar, sintonizar y abandonar. Esa fue la carrera que elegí. Y cuando abandoné el colegio me fui a vivir con una banda de rock’n’roll, porque quería divertirme. Era my hobby, sacaba fotos de mis amigos todo el tiempo, y también estaba sacando fotos de los de la banda. Y cuando consiguieron contrato de grabación, la compañía discográfica pidió mis fotos, y les gustaron, por lo que me contrataron para hacer fotos de otras bandas, y seguí sacando fotos de más y más grupos, porque me llamaban y me decían “te vamos a pagar por eso”, y yo les decía “ok, dénme dinero”, ¡Pero no era mucho dinero! (Risas) Pero me pagaban por hacerlo, y es lo que hice durante el resto de mi vida.

Entonces básicamente se trató de divertirse desde el vamos, no de que te paguen.
Sí. Cuando comencé no había tal término, no existía la palabra “fotografía de rock”. Había fotógrafos en el rock’n’roll, pero no se conectaban con eso del trabajo.

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Típica cobertura de la Rock Scene: fiestacha en Nueva York junto a los Black Sabbath, expertos en desmadres. Bob es el de bigotes, junto a Patti Smith.

Bueno, en verdad te consideraría más un “fotoperiodista”, ya que tus fotos también cuentan historias.
Tal cual. Y es por ese motivo que me gustaba la revista Rock Scene, porque en ella no publicábamos simplemente una o dos fotos, y el resto eran páginas de textos. Rock Scene era todo fotos. Entonces podía hacer dos o tres páginas de The Clash en gira, o dos páginas de… en fin, de lo que sea, digamos, “Suicide va a las carreras”, con toda clase de historias sobre la banda.

Y también publicaban fotos de toda esas fiestas de los músicos de rock. Recuerdo que no había fiesta en la que no apareciera Alice Cooper…
Así es, entonces contábamos una historia completa, dos páginas sobre la fiesta y la gente que había asistido, y lo que estuvieron haciendo. Era más sobre el estilo de vida del rock’n’roll.

Alguien debería ocuparse de subir online todo lo que apareció en Rock Scene…
¡Lo hicieron! La revista entera. Rock Scene se editó entre 1972 y 1982. Se editaba solamente 3 o 4 veces al año, así que fueron 42 números en diez años. Creo que tal vez algo así como hace una década alguien le compró al editor las copias que quedaban, y después escanearon todo y lo pusieron online. Si vas a http://www.rockscenester.com/, ahí están todas las páginas de la revista disponibles. Las portadas, los avisos… Está todo online.

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1975: la Rock Scene cubre hasta un menesteroso (aunque pintoresco) viaje en subte de los Ramones camino al CBGB, llevando la Mosrite en una bolsa de compra.

Tené en cuenta que en aquellos años para nosotros en Argentina, y lo mismo para otros países, la única manera de conseguirlas era pidiéndoselas a alguien que viajara a EE.UU., ya que rara vez se la veía por aquí.
Bueno, era mucha la gente que tenía que esforzarse para conseguirlas, pero pareciera ser que finalmente lo lograban, ya que fue muy influyente. Nunca ganamos dinero con ella, no necesariamente nos pagaban para hacerla. Era sólo para divertirnos. Si la mirás, vas a ver que tenía muy poca publicidad. Lo que hacía más fácil leer sobre rock’n’roll, ya que era toda sobre grupos y músicos. Pero al mostrar tantos músicos nuevos y fotos en fiestas, y demás cosas, no estábamos promocionando los álbumes que editaban las discográficas, y entonces las compañías no nos compraban fotos. Muy poca publicidad, nunca nos pagaban, pero siempre nos divertíamos. Se trataba solamente de eso. De divertirse.

Tal vez Rock Scene sea la mejor revista de rock “de culto” de los EE. UU. en toda la historia.
Bueno, era buena, era el mejor de los fanzines. De hecho, John Taylor de Duran Duran me dijo que él tenía que tomar un bus desde su casa hasta la estación de trenes para ir hasta el próximo pueblo, y después otro tren hasta Manchester para conseguirla. La iba a buscar cada tres meses, ya que había una sola tienda de revistas en la que él sabía que podía conseguirla. Y a veces todavía no se había editado, entonces tenía que volver a su casa y volver a intentarlo la semana siguiente… (Risas)

De hecho era una revista liviana, con pocas páginas.
Sí, hecha de forma muy barata. Muy. Pero tenía montones de información, y era el único lugar donde había ese tipo de información sobre el estilo de vida del rock’n’roll. No había muchas revistas de rock’n’roll en los 70 en EE.UU., era todo más que nada Rolling Stone, la revista Creem, East Coast Rocker… Muchas de ellas tenían muchísimas historias y escritores, escribían historias sobre un álbum o un concierto, mientras que en Rock Scene eran todas fotografías. Era el único lugar donde realmente podías ver a alguien en una fiesta. Tomábamos a las fiestas y el estilo de vida mucho más seriamente que los discos. No nos tomábamos nada en serio. La cosa por la que la gente gustaba de Rock Scene era porque nos divertíamos con todo. Se trata de rock’n’roll. No se supone que tenga que ser serio.

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“¿Y al llegar a Diagonal Norte hacemos combinación con la A, Johnny? ¿Eh, Johnny? ¿Eh?”, pregunta un insistente Dee Dee. Johnny finge no conocerlo.

La revista Creem también era bastante así.
Creem también era muy entretenida. Cuando fui a Inglaterra en 1976 y conocí a algunos de los punk rockers de allí, tenían respeto por mí porque sabían que yo trabajaba en Rock Scene y en Creem. Si les hubiera dicho que trabajaba para Rolling Stone o el New York Times, no me hubieran hablado. Pero como trabajaba para Creem y Rock Scene, y por ende tenía sentido del humor, me hablaban.

BOB & JOHN & YOKO & IKE & TINA
A mediados de los 60 vivías en el Greenwich Village y tuviste la posibilidad de fotografiar a Bob Dylan en el festival de Newport de 1965, lo que fue todo un comienzo…
Fue mi primer pase como fotógrafo, y la primera vez que estuve frente a un escenario haciendo fotos. No conocía a ningún periodista, ni a nadie en ninguna revista, ni ningún lugar al que pudiera venderle mis fotos. Conseguí el pase de fotógrafo porque no tenía dinero para comprar la entrada. Y un amigo de mi madre escribió una carta para mí donde decía que yo representaba a una agencia publicitaria, lo cual no era verdad. Y fui a la ventanilla de entradas y les mostré la carta, y me dijeron “no es real, andate”. Pero yo no me iba. Así que finalmente me dieron la entrada, que fue el pase como fotógrafo. Pero realmente no empecé a trabajar hasta que mis amigos tenían la banda en 1969. Fue cuando comencé a conocer gente, en la compañía discográfica.

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Bob by Bob: Dylan en Atlanta, 1974

Pero antes de eso ya tenías amigos en la llamada “escena del folk” de New York, que para entonces era bastante popular.
Bueno, tenía amigos que eran más “folk rock” que “rock psicodélico”, amigos que estaban hacienda música folk. Yo no participaba de la escena, no conocí a nadie del negocio de la música hasta 1969. En realidad, mi primer contacto con la industria musical fue el haber trabajado en una disquería, al igual que mucha otra gente que comenzó sus carreras allí. Porque era ahí donde aprendías sobre los discos y los músicos. Solían tener copias de las revistas Billboard y Record World, y uno podía leer sobre el negocio del rock’n’roll. Pero no obtuve mis contactos al trabajar ahí, solo empezaba a aprender. Así que, nuevamente, mi primer contacto con una discográfica fue a través de la banda de mis amigos, y eso sucedió 4 años después de lo de Newport. Y luego, en 1970, conocí a Ike y Tina Turner. Esa fue la primera banda popular, o famosa, que alguna vez conocí.

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Tina by Bob: una imagen que vale por mil palabras

¿Esa fue en la época de la Ike and Tina Turner Revue, no?
Exactamente. Ahí fue donde tomé esta foto (señala la foto de Tina Turner en su libro), la de las imágenes múltiples. Esa es una sola toma, no tiene Photoshop. Eso es lo que Tina Turner hace en un segundo. Capturé un gran momento.

¿Entonces no fue que la tomaste así, intencionalmente?
Esperaba que resulte algo similar pero no sabía lo que iba a ocurrir, porque ella estaba bailando debajo de las luces intermitentes, y saqué cuatro fotos. Tres de ellas son terribles, pero esta es perfecta.

También filmaste muchísimo material de esa gira junto a Nadya, su primera esposa. Imágenes en vivo, ensayos, filmaciones caseras, que después aparecieron en el film “Ike & Tina: On The Road 1971-1972”
Sí, ese es un gran video. Nos dieron un premio por Mejor Video de Blues. Todo tipo de material. Incluso Tina cocinando para sus hijos.

¿Está todo filmado en blanco y negro?
Todo en blanco y negro, con algunas partes en color. Querían que use cinta en color, así que me alquilaron una cámara color. Pero nunca lo terminamos, todo lo que teníamos era la prueba de la filmación en color. Nunca nos pagaron el laboratorio. Como sea, el original se perdió con el paso de los años, pero teníamos una copia, pero la copia era sin sonido. Yo había grabado el sonido separadamente, pero no se conectaba. Y entonces cuando estábamos realizando el video, el editor hizo un trabajo increíble encontrando ciertas partes de la filmación en color que coincidiesen con la banda de sonido. Y de hecho la película comienza en colores, con Tina en el asiento trasero de un auto fastidiando a Ike, con él diciendo “oh cariño, cariño”, como si fuera él quien estaba en peligro (risas)

¿Cómo era trabajar con Ike Turner?
La pasé muy bien con él. En mi opinión, era muy dado y de dar mucho apoyo a los artistas. Fue generoso con muchos de ellos. Seguimos siendo amigos a través de los años, y estuve en su funeral cuando murió, hace unos años atrás. Había más de mil personas en su funeral, ya que casi toda la gente que estaba allí era gente que Ike había ayudado, o a quienes Ike les había dado algo. Ike te daba cualquier cosa que necesitaras. Si necesitabas un trabajo, te lo daba. Si necesitabas un auto, te daba un auto. Necesitabas una casa, Ike te daba una casa. Ike era una persona muy generosa. Pero eso no lo excusa de lo que hizo en su relación personal. Y pienso que la película es muy importante, ya que logró que se hable del tema, y mostró muy claramente lo que sucede con la violencia doméstica. Creo que el mundo necesitaba ese tipo de film, y abrió muchas puertas para un montón de gente que lo sufría. No creo que necesariamente Ike era la imagen más representativa de esa cuestión. Otras personas, como fue el caso de Rick James, terminaron en la cárcel por pegarle a alguien. Había gente que era mucho peor que Ike, pero la historia es muy importante. Podría ser subtitulada como “Lo que le sucede a un muy buen hombre que toma demasiada cocaína y enloquece”.

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La foto que no fue… de Bob: Lennon y Jagger en NY, 1972, de smokings blancos y negros.

No sabés lo que lamento que no tengamos tiempo suficiente para hacerte todas las preguntas que quisiera. El problema es que tu carrera es muy extensa, y trabajaste con todos esos grandes artistas y…
¡También es que uso respuestas largas! (risas) Bueno, hay mucha información sobre mí en internet. Y ya que estamos, no todo lo que dicen de mí es verdad. Hay una foto de Amy Winehouse con mi nombre, pero nunca estuve con ella, no tomé esa fotografía. Y hay otra de Mick Jagger y John Lennon en la que están vestidos de frac. Alguien puso mi nombre ahí, pero tampoco la saqué yo.

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De todos modos fuiste vos quien hizo esas fotos de Jagger, Lennon y Yoko Ono cuando estaban grabando el álbum de Yoko “Approximately Infinite Universe”, las de los tres juntos en la consola del estudio.

Sí, estuve con ellos en el estudio.
Creo que también hay una foto de Debbie Harry en la playa, y que tampoco es mía. Así que no creas en todo lo que leas.

No pienso hacerlo, no soy creyente. Me mantengo agnóstico.
¡Nunca!

ÚLTIMAS IMÁGENES
Me gustaría preguntártelo así. A punta de pistola, ¿cuál sería el artista con el que siempre estarías dispuesto a trabajar, y cuál sería el que ni siquiera volverías a levantar el teléfono para atenderlo?
Siempre voy a estar ahí para Yoko Ono, o para Tina Turner. Siempre. Tina se retiró, pero estuve con Yoko hace tres semanas. Dejaría lo que fuera en cualquier momento para estar con Yoko. Es la persona más brillante que conozco, y una de las más talentosas, generosas y creativas. Si la gente quisiera saber sobre Yoko Ono, sólo escuchen lo que dice John Lennon, y no escuchen lo que dice la Prensa, que no la comprenden, o que nunca la conocieron. Todos los que conozco que estuvieron con Yoko Ono dicen que es increíble. Solamente algunas personas de la Prensa tienen cosas malas que decir.

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Peinado afro, pantalones oxford, pañuelete hindú, bigote reglamentario: adivinaron, estamos en 1974 y un joven Bob Gruen se apresta a viajar a Japón junto a Yoko Ono

OK, ¿y entonces a quién le dirías que no?
(Piensa) Hay una o dos personas con las que trabajé, con las que no volvería a trabajar jamás, pero como las odio, no voy a decir sus nombres, y hacerles publicidad… Sólo dos personas. Son músicos, pero fueron unos idiotas.

Varias veces leí la frase “Bob Gruen hizo todo” Quizás todavía haya alguien por ahí con quien te gustaría trabajar.
Oh sí, todavía voy a ver a artistas. Hace 19 años que conozco a los de Green Day, y el año próximo, cuando sean 20 años, espero hacer un libro con mis fotos de ellos. Pero voy a verlos porque disfruto de la banda. Para mí, eso es una noche de diversión. También hay una banda de Irlanda que se llaman The Strypes

Desde ya, los conozco. Chicos muy jóvenes, muy estilo ‘60s.
Muy estilo ‘60s, muy rock y R&B, muy rock’n’roll de en serio, y chicos jóvenes muy agradables. Me encantan.

¿En qué andan ahora? Recuerdo su primer album de hace unos años atrás…
A la compañía discográfica en USA no le gustó su segundo disco, así que fue editado solamente en Inglaterra. No se lanzó en USA. Y ahora tienen un tercer álbum. Espero que la compañía en USA no los joda. Tienen un montón por delante para hacer. Son muy talentosos, estoy seguro que les va a ir bien.

Y en cuanto a vos, ¿cuáles son tus próximos pasos?
Estoy trabajando en una biografía. Me pasé toda la vida contando historias, pero es muy difícil tomar esas historias que contás y llevarlas a escrito. Así que estuve con bastantes problemas intentando lograr el sonido de la escritura, el sonido de cuando hablo. Pero planeo hacer una autobiografía.

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¿Quiénes tienen el caradurismo de pedirle una selfie al troesma? Sólo en MADHOUSE, amigas y amigos (Foto: Bob Gruen con la cámara de Frank)

¿Llevaste un diario personal a través de todos estos años?
Si hubiera mantenido un diario, ¡tendría que hacer dos biografías! (risas) Porque hay muchísimas historias en muchísimos lugares. Deseo haber tenido un diario, pero no lo hice, está todo en mi mente. Mi mente es clara, todavía ando bien.

Y aparte tenés las fotografías para respaldarlas.
Claro, donde sea que veo una foto, me acuerdo de haber estado ahí. En general recuerdo lo que sucedió. A veces mis asistentes me muestran una foto mía y digo “¿yo saqué eso?”

¿Guardás mucho material que nunca fue visto? ¿Qué hacen los fotógrafos con el material sobrante?
Tengo archivos grandes. Los fotógrafos ponen ese material en archivos, hasta que lo volvés a encontrar y lo usás para otra cosa. Voy a hacer más libros. Sabés, tengo 15 libros editados, pero voy a hacer más.

¿Cómo te ubicás a vos mismo dentro de la historia del rock’n’roll? Digo, formaste parte de todo eso. ¿Cómo te considerás viéndote en perspectiva?
Bueno, generalmente no lo hago… (Risas). Trato de no pensar en mí muy seguido. Pero sí pienso en mí como si fuera un historiador, o alguien que registró la cultura de nuestro tiempo. Afortunadamente viví lo suficiente como para tener la posibilidad de compartirlo, y aún lo hago, me muevo alrededor del mundo hablando sobre ello, y compartiéndolo. No es solo rock’n’roll, creo que el rock’n’roll expresa la cultura de nuestra era. Y como dije anteriormente, para mí el rock’n’roll es sobre la libertad, la libertad de poder expresarte de manera fuerte. Entonces pienso que mi trabajo es más sobre la libertad, que sobre un retrato de un artista pop. No es porque esa persona sea famosa y yo le tome la foto con cierto tipo de iluminación. Mis fotografías han intentado capturar la pasión y el sentimiento, porque ese sentimiento es de libertad. Por lo que el tema principal de mi trabajo, y la manera en que me veo, es alguien que está inspirando a otros a que sean libres y que se expresen ellos mismos. Porque sin dudas no quiero que se parezcan a mí. No podés ser como otros, porque ya están todos los roles ocupados. Tenés que ser vos mismo.

¿Qué opinás de los fotógrafos actuales?
¡Tampoco pienso en ellos muy a menudo! (Risas) Bueno, no conozco a muchos de los fotógrafos jóvenes. He visto muy buenas fotos. La gente realmente ha aprendido a expresar el rock’n’roll, han visto muchísima historia, y vi gente que ha tomado excelentes fotografías. No recuerdo sus nombres todo el tiempo, pero hay uno que tiene mi edad, o tal vez sea algo más joven, llamado David Godlis, que es uno de mis fotógrafos favoritos. Al igual que yo, él es muy fan de Robert Frank, y creo que David capturó ese sentimiento natural. Mayormente cubrió la historia del CBGB, e hizo un libro que es muy popular. Y además es un tipo muy agradable. Lamentablemente es físicamente parecido a mí, y a veces la gente le pregunta, “¿vos sos Bob Gruen?” (Risas)

PAPITO CHUCK

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Creo que me topé por primera vez con las palabras “Chuck Berry” cuando tenía 9 o 10 años. Como buen curioso prematuro, ese estado impertinente me llevó a interesarme en el rock desde muy temprana edad. Así, los títulos que en aquel momento componían mi cuidada colección de discos (los de Carlitos Balá, los de Titanes En El Ring, el de Gaby, Fofó y Milki y demás elepés que reposaban junto al Wincofón) se vieron súbitamente obligados a aceptar a los nuevos miembros de la familia, que para colmo hablaban en otro idioma. El detalle de ser hijo único tampoco ayudaba, al no poder contar con ese hermano mayor del cual uno siempre podía nutrirse a la hora de ponerse a escuchar música en casa para ir adentrándose en la materia. Por lo que no me quedaba más remedio que alimentar la compulsión de forma autodidacta.
Para entonces ya había tenido el mejor de los debuts imaginables de la mano de “Los Más Grandes Éxitos de Little Richard”, que créase o no hasta tenía su propia publicidad en TV (¿cómo no dejarse seducir por ese tipo que aullaba salvajemente cantando “Long Tall Sally”, la canción que sonaba de fondo?), y le rogué a mamá me lo compre lo antes posible. Así las cosas, y también por insistencia mía, ella también solía llevarme cada semana hasta un local de compra/canje de libros y revistas usados que quedaba a unas cuadras de casa, que también vendía vinilos y demás ofertas sonoras y de donde me traje inicialmente una versión nacional en cinta de “Beatles For Sale”, a la que terminé gastando hasta el más allá en el pasacassette Philips que me habían regalado por aquellos días, y el cual se convertiría en mi compañero permanente en mis primeros tiempos de apetito musical. Pero fue recién cuando conseguí la recopilación de los Beatles “Rock And Roll Music”, un disco doble lanzado en 1976 (cuyo lado 2 abría precisamente con la canción que le daba nombre al álbum), que puse atención en el título de ésta, más precisamente porque aparecía seguido de un detalle que, entre paréntesis, rezaba “(Berry)”.
Eran años de descubrimiento permanente, lo que explica a las claras el motivo ridículo que me llevó a concluir que los nombres que aparecían detrás de los títulos de las canciones indicaban quienes las cantaban. Por lo que para mí los Beatles no eran los cuatro que aparecían en la tapa del cassette, sino siete. Y me encontraba absolutamente convencido de que era así. Estaban Lennon, McCartney, Harrison, Starr, Leiber, Stoller y Penniman, todos los que estaban entre paréntesis. Los Beatles eran siete, entonces, y a nadie se le ocurra venir a discutírmelo. Pero mi grito de guerra no iba a durar mucho, cuando algo después llegó el desengaño gracias a una nota de la señera revista Pelo que hablaba de un tal Chuck Berry (hasta el momento, según mi entender, integrante de los siete o más de Liverpool, vaya a saber uno) y de quien, según rezaba el artículo, los Beatles habían grabado canciones suyas. El creciente enigma me obligó a releer los detalles de “Rock and Roll Music” y concluir que todo se trataba de un gran error. Encima Berry era negro, tocaba la guitarra, también cantaba, y sus canciones habían sido grabadas aproximadamente por medio planeta Tierra. Aquello de “(Berry”) también aparecía en muchos de los álbumes de los Rolling Stones, con los cuales ya había comenzado a engancharme paralelamente. Una de dos, me dije, o el dichoso Berry tenía un pariente que también cantaba y/o firmaba canciones, o bien estaba frente a un músico único en su especie que había logrado ser integrante de las dos bandas inglesas de rock más insignes al mismo tiempo. Hasta que en otra revista, un reportaje a Keith Richard (el guitarrista de los Stones todavía no había vuelto a agregar la “s” original a su apellido) prodigaba loas a -otra vez- un tal Chuck Berry, citándolo como la mayor de sus influencias a la hora de ejecutar su instrumento.
El mundo ya había consagrado a Richards como el más directo de los hijos artísticos de Berry desde hacía tiempo, su discípulo más incondicional (al cual alguna vez se refirió apuntando “es todo lo que quería ser, excepto que yo era blanco”) y sin el cual entonces los Stones no hubieran sido quienes fueron sin la guitarra de Keith Richards, la guitarra de Keith no hubiera sido lo que fue sin Chuck Berry, y de esa manera, los que más tarde se iban a convertir en la banda de mis amores más que seguramente hubieran quedado como un poderoso grupo de blues y R&B que tocaba para unos pocos en la moderada escena del género en la Londres de principios de los ’60.  Así fue como también terminé volviéndome un fan definitivo de Chuck Berry, sin cuya adoración por su figura tampoco estaría ahora escribiendo este texto, a días de la noticia del fallecimiento de la figura central de esta historia. Y de la historia del rock and roll con mayúsculas, no sólo como compositor y ejecutante de buena parte del ABC musical de los 50 en adelante (los riffs de Berry representan más marca registrada definitiva que cualquier otra cosa, y prácticamente no hay canción que no tenga algo de ello) o performer (detrás del “duck walk”, su clásico pasito en escena, se destaca como primer compositor y héroe indisputable de la guitarra rock), sino por su rol de poeta urbano inmenso, la menos observada de sus condiciones, acaso eclipsada por su teatralidad descollante. Todos los méritos que le valieron la medalla de constructor primordial del género musical que le dio formato al mundo como ninguna otra desde “Johnny B. Goode” en adelante, que eventualmente incluía el solo de guitarra más dulce y simple que se pudo concebir alguna vez, sumado a todas aquellas canciones que creó, permitiendo configurar un nuevo tipo de poesía musical con sus constantes alusiones a la vida adolescente de los 50 y 60 plagadas de autos, sexo y problemas cotidianos, introduciendo un vocabulario enteramente nuevo en la música popular de aquellos años dorados, parte de una tierra prometida a la que todos aspiraban. El más importante de los escritores de letras de la historia del rock, Berry podría haber sido tranquilamente candidato al Nobel de Literatura, sólo si su poesía hubiera sido algo menos mundana. De hecho fue Charles Edward Anderson Berry (St. Louis, Missouri, 18 de octubre de 1926) quien, entre tantos, influenció a Bob Dylan y no al revés. Todo músico de rock que alguna vez se decidió a tomar una guitarra le debe a Berry su carrera, al mismo tiempo que sus letras constituyeron el molde inicial para muchos de los clásicos del rock, desde “Satisfaction” (que incluye la estrofa if I don’t get no satisfaction from the judge en la canción de Berry “Thirty Days”) o “You Can’t Catch Me” (de la que Lennon usó here come ‘ol flat-top, he come groovin’ up slowly en “Come Together”) y hasta el mencionado Dylan, cuyo “Substerranean Homesick Blues” utilizó la métrica de la berryana “Too Much Monkey Business”. Todo porque Chuck Berry es, eventualmente, irremplazable.

berry bsas93En 1987, estando yo en Rio de Janeiro, cometí el error de acercarme a Modern Sound, la que era la gran disquería especializada en vinilos importados (hoy día extinta) apenas un día antes de mi regreso, por lo que el escaso presupuesto con el que contaba no me permitió ni siquiera comprarme el cinco por ciento de los discos que me sonreían desde las bateas, que hubiera adquirido orgullosamente de haber sido otra mi situación económica. En rigor me alcanzó para dos, uno de ellos una versión francesa del sello Chess (la escudería dorada para la que Berry grabó en sus años dorados y con la que obtuvo 25 éxitos definitivos en el Top 100 entre 1955 y 1972, antes de pasar a la compañía Mercury) de “Rockin’ At The Hops”, una de sus obras fundamentales, y asimismo literalmente de los pocos álbumes de estudio que registró, teniendo en cuenta que la mayor parte de su carrera discográfica, así como la de muchos de sus colegas de los 50, estuvo compuesta de singles que luego sí terminaron dándole lugar a muchísimas recopilaciones. Se habrán alineado los planetas, porque seis años después se anunciaba que Berry llegaría a Bs. As. Iba a ser su primer desembarco en el país (con dos shows en el estadio de Obras Sanitarias el 25 y el 26 de abril de aquel 1993), pero no en Sudamérica. Ya en octubre de 1980 había estado en Chile para una curiosa y poco recordada presentación en los programa de variedades de la TV chilena “Vamos a Ver”  y “Lunes Estelares”. Yo me moría por conocerlo, claro. Pero parecía ser que no había contacto de prensa que pudiera alivianar la tarea. Me basaba en las mil y una historias sobre lo difícil que era acceder a él, posibilidad (o mejor dicho, imposibilidad) que se potenciaba por su histórico mal humor del cual, a veces, muchas de ellas, Berry solía caracterizarse. Sin ir más lejos recordaba las varias oportunidades en que había rechazado a Keith Richards sin misericordia alguna, llegando incluso a la agresión física (a lo que me referiré más adelante), por lo cual no logré dejar de considerar también terminar siendo parte de esa historia, de ese “lado B” que distaba de la perfección.
Finalmente llegó esa tarde de sábado en que alguien me avisó que Berry iba a realizar una entrevista en vivo en el programa de Ari Paluch en la Rock & Pop. O bien lo escuché yo mismo, dato imposible de corroborar después de todos estos años. Pero sí recuerdo llamar a un amigo para que me acompañe, vestirme lo más rápido posible (la entrevista estaba por suceder en cuestión de un momento a otro), buscar mi disco de “Rockin’ At The Hops” (aquel que había comprado en Rio siete años antes), el marcador para que lo firme (siempre y cuando el destino me guiñara un ojo) y saltar de cabeza a un taxi en un vuelo sin escalas rumbo a los estudios de la calle Belgrano 270. No recuerdo quién, pero en definitiva alguien me habilitó el ingreso y, modestia aparte, logré presenciar aquel espectáculo sagrado para unos pocos: el de una entrevista al mayor de los arquitectos del rock’n’roll a escasos tres metros de distancia, una platea preferencial desde la cabina de control  del estudio radiofónico.
Berry estaba vestido de Chuck Berry, con ese estilo clásico que solía favorecer: camisa de colores y pantalón claro con zapatos oscuros, más propio de un sexagenario paseando por la Av. Collins en Miami, o de un turista ocasional de fin de semana de Las Vegas. Demás está decir que a sus por entonces 65 años lucía impecable y buen mozo. Porque además de todo, Berry también era galán y bien parecido. Pero todo detalle estético quedaba opacado por el halo que emanaba de su figura, un diamante en bruto que destellaba su condición de estrella definitiva en medio de esa tarde gris enclavada entre el Bajo céntrico porteño y San Telmo. A su lado se sentaba una mujer rubia de aspecto claramente anglosajón, que yo interpreté como una posible manager, o amante pasajera. La entrevista no se extendió demasiado, por lo que mi alarma interior, esa que me iba a señalar el momento justo para poder interceptarlo una vez finalizado el reportaje, titilaba incansablemente casi al borde del cortocircuito. Todo mientras mis neuronas lidiaban con las mil y una historias de Berry sobre su clásico mal genio y cadena de delitos comprobada: Berry echando a Keith Richards del escenario en un concierto en el Hollywood Palladium de Los Angeles en el ‘72, Berry pegándole un piñazo, Berry martirizándolo en el ’86 cuando Richards ensayaba junto a él para el concierto del 60 aniversario de Papá Chuck, Berry cayendo preso por más que supuesta prostitución de una mesera de 14 años en 1961, Berry evadiendo impuestos y pasando otra temporada en la cárcel, Berry y su larga lista de excentricidades, Berry el tacaño tocando solamente con músicos locales para evitar gastos de traslado, Berry poniendo cámaras ocultas en los baños femeninos de su restaurante en su nativa Saint Louis, Berry el infranqueable y huraño… ¡Cuidado con Chuck Berry! Como fuera, el riesgo valía toda la pena imaginable ante semejante oportunidad única en la vida, y todo análisis resultaba en vano.  Entre tanto Berry y compañía ya habían finalizado la dichosa nota, y ahora se disponían a abandonar las instalaciones de la radio. Tanteé el panorama y sin más, con un cálculo logístico cuasi perfecto, me paré frente a su generosa estatura en la sala de entrada al estudio. Mi amigo, mientras tanto, cámara de fotos en mano, esperaba el momento indicado cual tigre acechando a su presa para pulsar el disparador.

berry hopsEl halo enceguecedor desapareció cuando clavé mis ojos en los del gran Chuck, frente a frente, dos globos blancos que se destacaban en su negritud interminable y, sin más, me decidí a manifestarle mi bienvenida a Buenos Aires, al mismo tiempo que desenfundaba el disco de “Rockin’ At The Hops” que yo anhelaba, soñaba, que me firmase. Berry no opuso resistencia, tomó la fibra y estampó su nombre sobre la tapa del disco a la velocidad de la luz, seguido de un “smiley” inusitado (tanto es así que hasta se olvidó de escribir la “y” final de su apellido), carita que dada su simpatía alivianó la insufrible tensión del momento. Para lo cual a todo esto mi amigo se encontraba a un milisegundo de apretar el dichoso botón de la cámara, delicada misión que de haber resultado exitosa hubiera retratado el encuentro para la posteridad, Esto a menos que la rubia que lo acompañaba me advirtiera, casi como diciendo con la mirada “o atenete a las consecuencias”, que me olvide de hacerlo. No me quedó más opción que aceptar su sugerencia. Era eso o sacar la foto y salir cual correcaminos por Av. Belgrano con rumbo desconocido, y perder mi disco autografiado, ahora convertido en pieza de oro. Que Berry no me devolvió hasta que fue disuadido el intento fotográfico, nunca está de más aclarar. También hubo un apretón de manos final antes que, cual Superman, Su Majestad desapareciera tras la puerta de salida, seguramente aprontándose para las dos fechas en Obras, que resultarían inolvidables. Al año siguiente quiso el destino que, estando yo de viaje por EE.UU. a punto de comenzar a seguir el Voodoo Lounge Tour de los Stones (que largó el 1 de agosto en Washington DC), el periódico neoyorquino The Village Voice me informe sobre un show conjunto de Berry y Bo Diddley la noche anterior, la del 31 de julio, como parte del festival Westbury Music Fair en Long Island, un doblete imposible de perderse que me obligó a irme desde Manhattan hasta allí momentos antes de mi partida a la capital del país, y que también quedó para el anecdotario de las grandes remembranzas.
Berry regresaría a Argentina recién casi dos décadas más tarde de su arribo original cuando, ya muy entrado en edad, el show en cuestión terminó resultando una conspiración perversa en conjunto de manos de una productora local y sus propios familiares; un sacrificio en vivo y en directo en el Luna Park de un señor ya muy entrado en años, completamente fuera de forma y de escasa capacidad de reacción debido a sus problemas de salud, y al cual  deliberadamente había decidido no asistir desde su mismo anuncio, temiendo lo peor. Una decisión sabia que me evitó presenciar uno de los espectáculos de más baja calaña que se han visto por estas tierras, en su lugar permitiéndome quedarme con el buen recuerdo de mis experiencias anteriores. Hay una gran secuencia en la película “Volver Al Futuro” en la que un joven Martin McFly (protagonizado por Michael J. Fox) toma una guitarra para unirse a una banda en escena -que poco y nada tenía de rock- y, tras disparar un arquetípico riff de Chuck Berry, termina encendiendo el lugar al ritmo del más puro rock’n’roll, mientras que el verdadero Berry, también caracterizado para la ocasión, escucha el batifondo por teléfono y aprende a tocar la guitarra gracias a Marty, convirtiendo a la escena no sólo en uno de los momentos más clásicos y mejor logrados de la historia de la gran pantalla, sino también en uno de plena revisión histórica con la más fina de las sutilezas.
El más fulgurante de los arquitectos del rock’n’roll, cuyo mayor éxito el cosmólogo Carl Sagan incluyó en el disco de oro “Sonidos de la Tierra y Música” lanzado en la sonda espacial robótica Voyager I en 1977, tras varios años de lidiar con una serie de contingencias de salud, finalmente decidió abandonarnos el pasado sábado 18 de marzo, al ser encontrado sin vida a los 90 años de edad en su hogar de Wentzville, en su Missouri natal. Nos deja el más célebre de los legados musicales del más popular de los géneros musicales surgido hace casi siete décadas, y del cual Berry (que era más negro que la noche pero cantaba como un blanco) se convirtió en su mejor catalizador, al punto que nada de lo que llegó después podría haber prácticamente existido. Su arte y poesía, mientras tanto, seguirá permaneciendo como parte de una eternidad fiel a su condición imperecedera. En estos momentos debe haber una banda increíble de músicos en el cielo saltando de alegría, embellecidos por el arribo del guitarrista que comenzó esto del rock and roll.
Pensar que yo creía que eras inmortal, Chuck, y afortunadamente nunca me equivoqué.

 

ENTREVISTA: A 40 AÑOS DE AEROBLUS, ROLANDO CASTELLO JR. CONTINÚA BUSCANDO -Y TRAYENDO- LUZ

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Publicado en Revista Madhouse el 24 de enero de 2017

La historia de Pappo’s Blues pasaba una suerte de impasse artístico allá por mediados de 1976. Apenas unos meses antes la marcha de los tiempos había indicado que en Argentina se venían años muy oscuros y el ex Manal Alejandro Medina, que por esos días deambulaba por Brasil, recibía allí la visita de su colega Norberto Napolitano. Para entonces Medina ya había trabado relación con el baterista paulistano Rolando Castello Jr., quien poco antes había regresado de una de sus tantas estadías en el exterior y ahora, sin proyecto en vista, decidió aceptar la propuesta de los dos visitantes argentinos para formar una banda. Así fue el nacimiento de Aeroblus, banda con la que el trío llegó a editar sólo un álbum que por estos días se ha vuelto objeto de culto para la comunidad stoner local y que fue hace en su momento celebrado con una serie de conciertos en Buenos Aires que no fueron mayormente favorecidos por la crítica de la época…
A 40 años de esa coyuntura, Castello Jr. se encuentra de vuelta en Bs. As. (ciudad con la que logró familiarizarse tanto que hasta le enseñó a hablar un español casi perfecto, con todos los giros idiomáticos posibles del porteño básico imaginables) para celebrar sus 50 años en la música con un concierto en La Trastienda el próximo sábado 28 de enero que lo paseará por toda su carrera, esta vez además secundado por una larga lista de invitados que incluye a Medina, el ex Natas y actual miembro de Ararat Sergio Ch, su colega Tito Fargo, Gonzalo Villagra, Alejandro Taranto, JB y Pato Larralde de Saurón y demás amigos… Y tras la charla que tuvimos en exclusiva para MADHOUSE, todo indica que será rock.

¿Cuánto hacía que no venías a Bs. As?
Desde 2010, generalmente vengo dos veces por año. La última vez que estuve aquí fue en septiembre del año pasado. 

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Alejandro Medina, Rolando Castello Jr. y Pappo en 1977: Aeroblus buscaba su camino

Pero esta vez no es cualquier visita, ya que vas a celebrar tu medio siglo junto a la música, y creo que que va a estar lleno.
No sé… ¡Dios te oiga! (Risas)

LO EFÍMERO Y LO PERMANENTE
Algunos se refieren a Aeroblus como un proyecto efímero paralelo a Pappo’s Blues que se dio en un momento en que el destino del grupo era un poco confuso. ¿También lo considerás así?
No sé si paralelo. Sé que en verdad -y lo estoy diciendo por mí, no sé lo que pasó por la cabeza de Pappo- yo tenía la intención de hacer algo realmente distinto con él y con Medina, probar suerte. El problema es que en aquel momento la situación no era propicia aquí en Argentina. Porque empezamos con eso de Aeroblus prácticamente el mismo año del golpe militar; hicimos muy buena música, pero como después había que esperar mucho tiempo hasta que salga el disco, regresé a Brasil y no volví. Y entonces Pappo volvió a tocar con Pappo’s Blues, con Medina y Darío, que era plomo mío. Entonces quedó esa cosa de la “efimeridad”. Pero creo que la intención era hacer algo diferente a lo que él hacía en Pappo’s Blues, aunque infelizmente la suerte no nos sonrió en aquel momento. Incluso la música que hacíamos no era lo que sonaba. Por aquellos días se hacía mucha música progresiva en bandas como Crucis o La Máquina de Hacer Pájaros, y nosotros íbamos a contramano de eso. Incluso nos cargaban bastante con acusaciones tipo “cuadrados de mierda”, y esas cosas.

De hecho llegaron a tener críticas muy malas.
Muy negativas, exactamente. Y eso entonces hizo que… no digo que perdiéramos las ganas, pero fue todo una conjunción de factores negativos. La crítica, el momento político, el económico… Y sin dudas con el paso del tiempo terminó siendo algo efímero, ¿no?

En una época en la que estaba tan de moda el rock progresivo, ¿de dónde vinieron las fuentes de cada uno de ustedes para hacer un disco como el de Aeroblus? Incluso alguien lo había definido como un álbum “de heavy metal”…
No tiene nada que ver con el heavy metal. Yo lo veo más como un disco de hard rock, pesado, que incluso tiene baladas como “La Adivina”. Pero por otro lado tenés a “Sofisticuatro”, que es un tema medio jazz rock. La verdad, cuando empezamos a tocar, casi no escuchábamos música de otros. Pero en algún momento, sobre todo en la época que yo vivía en lo de Pappo donde me quedé casi un año, un día me fui a la discográfica, después que firmamos el contrato, y me traje muchos discos. Estábamos escuchando mucho a Jeff Beck o a Return to Forever, mucha fusión, pero también escuchábamos “Teaser” de Tommy Bolin o “Technical Ecstasy” de Black Sabbath. Pero aunque parezca mentira el disco que más poníamos en la casa de Pappo era el doble de Peter Frampton, “Frampton Comes Alive”, que creo que era de su hermana.

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Con este disco se castigaba Pappo en los 70. ¡Qué talco!

Que sigue siendo el disco en vivo más vendido de la historia.
Así es. Y es un muy buen disco. Muy buenas violas, bajo y batería. Pero en verdad no hubo algo que te pueda decir que nos haya influenciado para hacer el disco de Aeroblus. Teníamos un Winco en la sala de ensayo y siempre nos quedábamos escuchando música. Pero ya teníamos un repertorio armado.

¿Cómo llegaron a la decisión de dónde grabar el disco?
La cosa vino así. Pappo y Medina se volvieron a Buenos Aires, no recuerdo la fecha, habrá sido más o menos en agosto o septiembre del ’76… Y después hicimos el recital presentación el 6 de enero de 1977 en el Teatro Premier.

Es decir que se acaban de cumplir 40 años, y apenas unos días.
Es verdad. El problema es que no estuvo bien organizado, y nos quedamos un poco disconformes con los managers, y nos separamos. Y más o menos al mes nos enganchamos con otro manager llamado Luis Ciliberti, que en verdad manejaba cantantes. No manejaba rock. Y él fue quien nos logró el contrato con la grabadora. Fuimos a su oficina y nos dijo “les conseguí una audición con la Phillips”. Y yo le dije, “Pero si estoy con Medina y Pappo, ¡qué audición ni audición! O nos contratan o no nos contratan!”. Y él llamó a la discográfica y les dijo lo mismo, que no hacíamos audición, o firmábamos o no firmábamos. Entonces fuimos y firmamos. Y grabamos el disco muy rápidamente, en 2 o 3 días.

1Y el disco terminó editándose en mayo… Entonces el show fue cinco meses antes del lanzamiento del disco, lo que es bastante poco frecuente. Se dio al revés.
No recordaba eso, justo ayer me lo mencionaron también. Me quedé con la duda. No sabría decirte. Pero se ve que así fueron las cosas.

Alejandro Medina ya estaba en Brasil antes que Pappo llegara. ¿Cómo se habían contactado originalmente?
Bueno, conocí a Medina en Rio De Janeiro en 1974. Yo era fan de él, y me lo presentó una chica. Ella me había dicho que Medina solía ir a ese bar, entonces le pedí que si llegaba a aparecer esa noche, me lo presentara. Y el Negro finalmente fue, e hicimos amistad. Y él después se fue a Sao Paulo, y nos vimos allí también. Y dos años después de eso él vino a mi casa y me dijo que estaba viviendo con Norberto en una ciudad a 70 km. de la capital paulista.

¿Qué ciudad era?
No recuerdo exactamente, tendría que fijarme en mi archivo, pero creo que era en un lugar llamado São Miguel Paulista, cerca de Jundiaí.

¿Y qué hacían en el interior del estado, tan lejos de la ciudad?
Es que ahí los hospedó un amigo de Medina en una finca. Y al día siguiente me fui para allí y empezamos a ensayar, pero no ensayamos mucho tiempo.

¿Es verdad que ensayaban en un convento?
Medina dice que era una iglesia, pero no sé lo que era aquello, era una construcción bastante vieja. Era una finca inmensa, con una casa muy moderna.

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Histórica foto con no menos históricos afiches del histórico show de Aeroblus en el teatro Premier

¿Cómo hicieron para conseguir los instrumentos, digo, estando tan lejos de la ciudad?
Es verdad, es raro eso… El equipo de la guitarra era un twin reverb de Botafogo que Pappo había traído desde Buenos Aires. Y Medina ensayaba con un Marshall dorado, algo que nunca había visto. Debe haber sido de algún “riquito” de ahí que se lo había prestado. Y yo había llevado mi batería, y ensayábamos con eso. No teníamos equipo de voz. En general lo hacíamos de día.

Hablemos un poco del show debut en el Premier de aquel 6 de enero de 1977, que por entonces recibió bastantes malas críticas de muchos medios, sobre todo señalando que no habían ensayado suficientemente.
No, eso es una boludez. Estábamos súper bien ensayados, tanto es así que el disco fue grabado enseguida. Lo que pasó es que no les gustaba lo que hacíamos. La gente estaba con la onda de Emerson Lake and Palmer, La Máquina De Hacer Pájaros, etc. Pero si leés una crítica del diario Clarín sobre el show, esa fue muy buena. Muy sincera y correcta, muchos elogios. Pero en verdad quienes nos cagaron fueron la revista Pelo y el Expreso Imaginario. Creo que la gente del Expreso después se arrepintió y nos hizo una nota de 3 o 4 páginas. Pipo (Lernoud) y Jorge Pistocchi eran muy buenos tipos. Deben haber mandado a algún boludo a hacer la crítica, y no le gustó. Pero la de Clarín estaba muy bien escrita y hablaba muy bien del concierto. Todavía tengo la nota guardada.

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Aeroblus la rockea a fondo en el Premier: las críticas fueron dispares

¿Entonces cuál creés que fue el problema en sí del show?
Creo que no tuvo mucha promoción, pusieron afiches recién 3 o 4 días antes. Y yo 40 años después hago la misma cagada. (Risas) ¡Hay que repetir los errores, señor!

Ok, pero al menos ahora no es época de dictadura.
Por suerte, no. Aunque ahora es la dictadura de la plata, antes era la de las botas y los fusiles. Pero hubo muchos problemas con la organización de aquel show. No sólo habían dividido las secciones para el público, sino que además eran dos presentaciones por día, y viniendo poca gente, de esa forma iban a venir incluso menos. Así iban a dividir al público. Ya para las otras fechas fue un solo show por día, y ahí se llenó. Fue un total de tres días, creo. Recuerdo que para el primero de los shows íbamos a tener una banda soporte que se llamaba Hidromiel, que creo que ni fueron, entonces metieron a Ricardo Soulé para hacer de telonero para el segundo y tercer día.

CERCA DE BRASIL, LEJOS DEL TERROR
¿Después de eso te volviste a Brasil? Tenía entendido que también estabas molesto con la situación política del momento en el país.
Iba de vez en cuando por unos pocos días a ver a mi familia, habré ido unas dos veces. Pero en una de esas veces que volví, justo Norberto se había casado y se había ido de luna de miel, y lógicamente a su regreso iba a ocupar con su señora la habitación que yo compartía con él, porque yo todavía vivía en su casa. Entonces entre que Pappo se había ido, yo que estaba solo, el disco que no salía y demás, decidí volverme a Brasil y esta vez me llevé la batería. Cuando llegué llamé a un amigo y le pregunté si tenía ganas de tocar, y ese amigo me llama a los dos días y me cuenta que Arnaldo Baptista (N. de la R.: el legendario ex integrante de Os Mutantes) está formando un grupo nuevo y quiere saber si me gustaría formar parte. Y yo le dije que sí, obviamente: ¡era como si me invitara a tocar Charly García! Y me quedé en Sao Paulo, y no volví más… Pero tenés razón, también pesó mucho en mi decisión la situación política de aquí, que era algo terrible.

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Rolando Castello hoy: tal vez no tan Jr., pero rockéandola mejor que muchos pibes

Bueno, pero tampoco la de Brasil era muy buena…
No era buena, pero no era igual a la de acá. En Brasil no te paraba la cana por la calle. Aquí, el solo hecho de tener pelo largo era un problema. Por eso todos los chicos del rock usaban el cabello corto. La única vez que vi chicos de pelo largo fue una vez que había ido a tocar no sé si a Morón, o a Merlo. Aquí en el centro de Bs. As. no se veían. Yo mismo tenía que esconderme el pelo, porque te paraban todo el tiempo. En el concierto del Premier había un camión celular estacionado en la puerta del teatro, y se llevaron 30 0 40 chicos. Era un desastre.

El golpe militar había sido en marzo del ’76, no había pasado siquiera un año y ustedes estaban haciendo el concierto presentación del disco, cuando la dictadura estaba ya muy establecida… ¡Pavada de momento!
¿Viste? Elegimos el peor momento para formar una banda. ¡La máquina de matar gente ya estaba trabajando! Yo leía las noticias sobre lo que pasaba en Argentina en los diarios de Brasil: “pusieron una bomba en el auto del embajador de no sé qué”, “mataron a fulano o a mengano”, porque aquí no salían, y Pappo y Medina que me insistían para que venga. Y yo les decía que no podía porque tenía que ir al dentista. Ese tipo de cosas. Les mentía. Porque yo tenía miedo de venir a Argentina. Hasta que un día les dije la verdad. “Mirá Medina, es que las noticias no son muy buenas…” Pero él insistió. Así que confié en él y me vine. Pero aquí la cosa no estaba nada bien. Tampoco es que en Brasil éramos los paladines de la libertad…

Me imagino…
Aparte hubo una noticia muy fea. El 24 de marzo del ’76, el día del golpe, estaba tocando Vinicius De Moraes en Buenos Aires y su tecladista, Tenorio Jr., había salido del hotel para comprar puchos, y nunca más lo vieron. Y esa noticia fue muy difundida en Brasil. ¡Había desaparecido unos de los músicos de Vinicius! Lo debe haber agarrado algún patrullero. Tenía pelo largo y barba. Imaginate, barba y pelo largo: comunista. Y hablando portugués, habrán pensado que hablaba en lengua soviética. Y el tipo desapareció. Y que yo sepa hasta el día de hoy no se sabe si apareció su cuerpo. Entonces todo eso repercutió muy mal en Brasil.

Un desaparecido extranjero en Argentina.
Uno entre varios. Pero es fue un caso muy conocido porque se trataba de un músico de Vinicius De Moraes, que no era ningún pelotudo. Vinicius era conocido mundialmente. Y además hay un dato extra, y es que Tenorio era hijo de un comisario en Brasil. Creo que hubo mucha intervención diplomática. La verdad que tuvo mucha mala suerte, porque fue justo el día del golpe.

Fue cuando volviste a Brasil y te integraste a Patrulha do Espaço. 1
Sí, era Arnaldo y Patrulha Do Espaço. Y entonces grabamos y salimos a tocar. Los primeros recitales que hicimos fueron en septiembre del ’77, adiviná con quién…

¿Con quién?
Con León Gieco, Crucis, Nito Mestre y Los Desconocidos De Siempre, nosotros, y dos bandas de Brasil. Hicimos dos shows en Sao Paulo, uno en Belo Horizonte, y uno en Campinas.

¿Estuviste viviendo en México después de tocar en Patrulha do Espaço?
No, México fue antes de todo eso. Fue en el ’69. Yo tenía dieciséis años y vivía con mis viejos, y tuvimos que irnos para allí por cuestiones laborales de mi papá. Me fui para allá en diciembre de ese año, y tuve mucha surte porque conocí a un tipo que me puso a tocar con una banda de allá, y pude participar de todo ese movimiento del rock mexicano, que también era perseguido por la policía. En México había mucha libertad para los de afuera, recibían a todos los exiliados políticos, pero por otro lado era una dictadura disfrazada, porque el P.R.I., el Partido Revolucionario Institucional, estaba en el poder desde hacía 60 años. Y me quedé allí hasta el ’73. Después volví a Brasil y entré en una banda que se llamó Made In Brazil, que fue muy grande, con quienes grabé y toqué por casi dos años. Y después me fui a EE.UU. y cuando volví se armó Aeroblus. México es distinto a todo. Yo llegué allí y estaban todos los discos de rock, claro, estando tan cerca de los EE. UU…

1-smallEs como el caso de España e Inglaterra.
Así es, pero más cerca. Aparte estaban todos los equipos de música, cosa que no había en Brasil.

Y aparte había rock.
Y había rock. Marginalizado, pero había. Siempre digo que hice la escuela en Brasil, y la universidad en México. Porque fue realmente allí donde me profesionalicé. Por suerte hice mucha amistad con Alejandro Lora de El Tri, que era mi vecino. Fui como a cien recitales del grupo, y hasta terminé tocando con ellos durante un tiempo, porque su baterista había tenido un accidente.

Por lo visto también aprendiste muy bien a hablar español.
Sí, después de tres años en México, yo hablaba igual que ellos.

A fines de los años 60 habías formado parte de un grupo llamado The Box junto a Guilherme Arantes.

Es que lo conocía desde que éramos muy chicos, y soñábamos con tener una banda. Cosas de pendejos, viste. Entonces hicimos ese grupo. La banda era buena, pero creo que nunca nos presentamos en público. Y Guilherme ahora es un grande en Brasil, es un tipo que vendió millones de discos. Es un gran compositor. Hace música linda, pero muy comercial. Y me di cuenta de que a él siempre le importó demasiado el éxito. Yo, por mi parte, nunca quise ser artista, siempre quise ser músico de rock, que es distinto. Porque él es cantante, y los cantantes son otra raza.

Y después están los bateristas, que son una raza aparte.
Los bateristas y los bajistas son razas inferiores… (Risas) Después sigue la raza superior, los guitarristas. Y la súper raza, que son los cantantes. Pero aún así, otros bateristas en Brasil y yo logramos llegar a destacarnos. Porque la escena siempre está dominada por los cantantes y los violeros.

¿Qué opinás de la escena del rock de Brasil?
El llamado “rock brasileño” es algo más de los años ’80, del ’83 para adelante. De diez bandas que tuvieron suceso, cinco eran de Rio de Janeiro. Pero las discográficas estaban en Rio. Y además otra cosa, la Rede Globo era de Rio de Janeiro. OK, nosotros teníamos a Raúl Seixas, pero si escuchás sus canciones, vas a ver que la mayoría de sus éxitos tenían violín, cuerdas, etc. Vamos a resumir la cosa: ustedes tenían a Norberto Napolitano, y nosotros no tuvimos eso. El blues en Brasil empezó a pegar fuerte recién en los años ’90.

Con bandas como Blues Etílicos…
Blues Etílicos, André Christovam… Hoy día debe haber al menos cien personas que hacen blues allí. No tiene mucha proyección en Brasil. Un amigo mío tiene una teoría que dice que el tango tiene mucho más que ver con el blues que el samba. También puede que se trate de eso. Y aparte allá existe una cultura nacionalista muy fuerte, por lo que el rock de Brasil y Argentina son muy distintos.aeroblus2010

LO QUE VA DE AYER A HOY1-small
¿Qué recordás de la reunión de Aeroblus en Bs. As. de 2010 con Medina y Chizzo?
Creo que fue en mayo. Si bien los conocía, en aquel momento no sabía la magnitud de los chicos de La Renga. Fue la señora de Medina que organizó todo.

¿Y ese show salió mejor que el del ’77?
Sin duda alguna. Porque Chizzo convoca mucha gente, es muy popular.

¿Es verdad que tenés una cinta con material en vivo de Aeroblus de aquellos primeros tiempos?
En verdad no es de ningún show. Es un ensayo. Un día antes de empezar a grabar el disco fuimos al estudio de la Philips en la calle Moreno. Armamos todo como si fuéramos a grabar y tocamos los temas para que los oyera el productor. Y todo lo que ensayábamos estaba siendo grabado en dos canales, en estéreo. Y yo no lo sabía. Y a los dos días, cuando realmente empezamos a grabar el disco, vino un chico que trabajaba en el estudio y me dio la cinta. El sonido es muy parecido al disco porque usamos la misma consola, que hoy día la tiene el Conejo Jolivet (N. guitarrista surgido a la fama en Dulces 16), que la compró después. Son todas las canciones que aparecieron en el disco más un par de inéditos, todo en vivo, pero en vivo en el estudio. Permanece inédito, pero algún día habría que sacarlo. ¡Sacarme ese peso de encima! (Risas) Creo que sería justo para los fans. Pero es todo muy enquilombado. Si tenés algo parado, nadie quiere hacer nada. Y si te movés, todos quieren plata.

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Castello, Sergio Ch y Villagra, haciendo un alto en la grabación del video para el tema “Sally Del Blues”, grabado en 2015

¿Cómo te llevás con estos tiempos dominados por la tecnología digital, y demás?
En verdad, la tecnología musical ayuda mucho, pero también perjudicó todo muchísimo. Rompió con todas las grabadoras, y así se terminó un sistema que venía de siempre. Sin las grabadoras, por ejemplo, no existiría Soda Stereo, ni Legiao Urbana

Pero independientemente de las grabadoras, antes de la era digital, cuando no existían las facilidades de hoy en día, había que esforzarse más para hacer un disco, y eso generaba mejores resultados.
Claro, si está todo el mundo haciendo discos, ¿quién va a comprarlos? La industria discográfica no existe más. El incentivo es que los chicos graban en su casa, lo meten en la internet y difunden su arte. Es como decía Andy Warhol, “En el futuro todos tendrán sus 15 minutos de fama”. Ayuda muchísimo, pero la humanidad es muy ignorante, porque tiene a su disposición una herramienta que nunca tuvo. Con la maquinita esa de mierda tenés el conocimiento de dos mil años, o más. aeroblus-casch

El acceso al conocimiento.1-small
El acceso al conocimiento, tal cual. Pero eso no significa que el tipo vaya a usarlo. Por ejemplo, el concierto que vamos a hacer aquí, ya lo grabamos en Sao Paulo y en Curitiba. Y ahora también vamos a grabar el de aquí, lo que era algo imposible en los 70. Entonces es algo muy bueno por un lado y muy malo por el otro. A nosotros no nos perjudica porque ya venimos de otros tiempos, pero los más jóvenes nunca van a tener acceso a lo que tuvimos nosotros. No pueden hacerlo de vuelta, no tienen cómo. No hay manera.

¿Qué podés adelantar del show en Bs. As. el próximo 28 de enero? ¿Va a ser el mismo repertorio que los de Brasil?
En Sao Paulo hicimos dos fechas. En la primera hicimos canciones de Patrulha, y al otro día hicimos canciones de Aeroblus, y de otra banda que yo tenía llamada Inox, que era más heavy metal. Incluso vino a tocar Medina. En Curitiba hicimos canciones en las que participé cuando vivía en esa ciudad, por lo que entonces el repertorio fue distinto a lo largo de los tres días. Y acá va a ser lo mismo… Vamos a hacer cosas que grabé con Tito Fargo y Alejandro Taranto, cosas que grabé con Sergio Ch. y Gonzalo Villagra, vamos a hacer algunos temas de Aeroblus con invitados, un par de Patrulha que grabamos con Pappo en Brasil, y también canciones nuevas de un nuevo proyecto que se llama CAsCH, con quienes ya tenemos un disco grabado que todavía no se editó. Es una mezcla de hard rock con progresivo. Después vamos a escuchar todo lo que grabamos en los conciertos de Brasil y el de aquí, elegir, mezclar, y editar algo… Tal vez sea un DVD, porque también estamos filmando todo.

 

CONCIERTOS: LA NOCHE DEL ESCORPIÓN EN EL MALVINAS

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Publicado en Revista Madhouse el 19 de septiembre de 2016

Scorpions en el Estadio Malvinas Argentinas, 15 de septiembre de 2016

“¿Quién hubiera imaginado que algún día íbamos a tocar en Sudamérica?” Esas fueron más o menos algunas de las tantas palabras que, promediando el show, el cantante Klaus Meine eligió para dirigirse a la audiencia que el jueves pasado colmaba el Estadio Malvinas Argentinas casi en su totalidad, una confirmación incontrastable de la convocatoria que, tras 51 años de carrera y más de cien millones de discos vendidos, llevó a Scorpions a convertirse no sólo en la banda de rock más popular que emergió de Alemania, sino también en la que llevó a los teutones a generar una base sólida de fans en los cinco continentes que, generación tras generación, continuó acrecentándose de la mano de su amplio stock de grandes canciones cosechadas sobre la marcha.

RECORDÁNDOTE. Y sí, uno no tiene más que poner en práctica un corto ejercicio mental y recordar a la banda allá por el 1982, cuando apenas unos pocos acólitos locales del hard rock y derivados, se deleitaban con un discazo como Blackout, que apenas sonaba en las radios locales de la mano de la canción que le daba nombre al disco, o de una balada inmensa como “No One Like You”. Pero no fue hasta dos años después, con el lanzamiento del álbum Love at First Sting, que los Scorpions terminarían conquistando el mercado estadounidense (condición que eventualmente los disparó a lo largo y ancho del planeta) y claro, donde se incluía “Still Loving You”, acaso la balada heavy por excelencia más grande de todos los tiempos, que entre tanto rock característico, dejaba en claro el leitmotiv de un sello y un sonido personal para entonces definitivo, encendedores incluidos. Muchos podrán haber considerado la frase de Meine, dueño de una de las mejores voces que se recuerden, otro de los tantos actos de demagogia a los que algunos artistas visitantes nos tienen acostumbrados, si no fuera por aquella conquista inicial del grupo en el hemisferio sur con una presentación memorable en el festival Rock In Rio de 1985 que descarta toda posibilidad de duda y que ahora, más de tres décadas más tarde, los tuvo de regreso en Buenos Aires vivitos y coleando (nunca mejor dicho) para realizar otro show imperecedero.

VOLVER CON LA FRENTE MARCHITA PERO LA VOZ INTACTA. Minutos antes del show principal, los locales Arphegy llevaron a cabo una buena labor de metal clásico, lo que se puedo comprobar por la buena acogida del público que colmaba el recinto del barrio de Agronomía. Entonces sí, la sirena anunció que llegaba la hora del plato fuerte de la noche. Los veintiséis cabezales de amplificadores Marshall que llenan el escenario resultan ser el decorado ideal que anuncia el comienzo del show con “Going Out With a Bang”, con la que Meine y cía. vienen abriendo las presentaciones de Return to Forever, su hasta ahora último disco de estudio, y el décimo octavo de su carrera. A sus 68 años y con la voz intacta, Meine (que está cada día más parecido a Jacobo Winograd, al menos hasta que se despoja de sus lentes negros) no demuestra señales de cansancio. Así se lo verá todo el tiempo, rebosante de felicidad, haciendo lo que mejor le sale hacer a lo largo de la casi hora y tres cuartos de show junto a los guitarristas Rudy Schenker (y su eterna Gibson Flying V) y Matthias Jabs, que conforman los tres únicos miembros originales de la formación clásica de la banda, acompañados por el bajista polaco Pawel Maciwoda y el muy querible Mikkey Dee en batería, frutilla indiscutible del postre ahora que se convirtió en miembro estable de la agrupación tras la súbita orfandad que le deparó el final de Motörhead tras militar decorosamente 23 años en sus filas. Y es por eso que, tras visitar emotivas páginas de algunas de las mejores canciones que Scorpions grabó en más de medio siglo de carrera (como la grandiosa y eternamente sensual “The Zoo”, del álbum Animal Magnetism de 1980, o rescatar un super rock como “Dynamite”, del mencionado Blackout, del ’82, o “Big City Nights”), no resulte para nada casual que Meine anuncie un homenaje a Lemmy (“Nuestro amigo Lem, ¿se acuerdan de él, no?”), y acompañados de una serie de imágenes en blanco y negro del Sr. Kilmister paseándose por las pantallas de video, se despachen con una muy fiel versión de “Overkill”, seguida por el solo de batería de un aguerrido Dee tan desatado como en los tiempos en que supo formar parte de la banda a la que cuyo líder ahora se le está rindiendo tributo, y recordándonos una vez más, caso que hiciera falta, por qué es uno de los mejores bateristas del género, el mismo momentos después bajara 23 millones de revoluciones a la hora del set acústico para sentarse sobre un cajón peruano durante “Winds of Change”, una suerte de bola de demolición de edificios devenida en jugador profesional de Jenga.

LOS HITS PARA EL AGUIJONAZO FINAL. Los bises finales son para “Still Loving You”, claro, y una poderosa versión de “Rock You Like A Hurricane”, cerrando una noche casi perfecta muy a la altura de sus anfitriones y que, fuera de algunos detalles relativos a la organización (no faltaron las quejas de buena parte del público cuando el concierto cambió de lugar tras su anuncio original en Tecnópolis) les dejó a todos y cada uno de los asistentes un aguijonazo certero y efectivo, y contra el que ningún antídoto surtió alguna vez efecto.