RAREZAS: ENCUENTRAN COPIAS SELLADAS DEL “BLACK ALBUM” DE PRINCE, UNO DE LOS VINILOS MÁS CAROS DE LA HISTORIA

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Publicado en Revista Madhouse el 13 de diciembre de 2017

Si las vueltas del destino te llevaron a convertirte en fan de Prince o en uno de sus entusiastas coleccionistas, tal vez sea entonces el momento de olvidar irte de vacaciones por un par de décadas, o de organizar una colecta de la que participen todos los miembros de tu familia, incluso esos primos y tíos lejanos que tal vez ahora sí se dignen a darte esa mano que alguna vez te prometieron… Como sea, si llegás a reunir la friolera de U$15.000, entonces tal vez ésta sea la oportunidad de hacerte de una copia original en vinilo del famoso “Black Album”, una pieza de colección que cuenta con la condición de ser uno de los discos más caros de la historia de la música toda.

2Y si de historia hablamos, ante todo debemos remitirnos a 1987, en ocasión en que los rumores indicaban que ése era el nombre del nuevo álbum que Prince estaba por lanzar. Claro que, a último momento, y muy cerca de su edición final, tras convencerse de que el disco era “maldito”, el recordado “genio de Minneapolis” no sólo optó por archivar su nuevo proyecto, sino que también ordenó a la Warner Bros., la compañía para la que grababa, destruir el medio millón de vinilos que ya habían sido impresos, prontos y listos a ofrecerse comercialmente. En consecuencia, los empleados del sello discográfico se vieron obligados a trabajar arduamente cuando les fue impartida la misión de destrozar todas y cada una de las copias del disco, tarea que también incluyó a varios CDs “de adelanto” (esos que suelen enviarse a la prensa musical ante de las ediciones comerciales definitivas), y fue recién 17 años más tarde, en 1994, que Prince finalmente accedió a que su compañía grabadora lo edite en formato de CD y cassette, sin abandonar su rechazo inicial a la propuesta en vinilo.
Pero el año pasado, algo después de su sorpresiva muerte, una copia promocional del “Black Album” apareció repentinamente a la venta en la web de Discogs, acaso el sitio online más completo de información sobre grabaciones de audio (oficiales y promocionales) que el mundo conozca. Fue ahí donde un suertudo cliente accedió a pagar la suma para hacerse de un ítem único en su especie, convirtiéndose así en el álbum más caro vendido alguna vez en esa plataforma, y por el que muchos otros coleccionistas, dado su alto valor, no pudieron salirle a competir.
3Para colmo de todos los males, los fans más acérrimos de Prince Rogers Nelson se ganaron un inesperado dolor de cabeza extra cuando en agosto del año pasado, una extraña edición en cassette titulada “The Versace Experience – Prelude 2 Gold”, que registraba versiones remezcladas de canciones de su trabajo de 1995 “The Gold Experience”, y que sólo se había regalado a modo de souvenir a los exclusivos asistentes al show de Versace de la Feria de la Moda de París de ese año, terminó comercializándose en el sitio de Discogs por la suma de 4.087 dólares, convirtiéndose en otro “coleccionable” de características económicamente inalcanzables para los fans de bolsillos más flacos.
A tres décadas del cancelado lanzamiento inicial del “Black Album” (al que muchos no dudaron en bautizar “el disco más buscado de la historia de la música”), los avatares de la vida lograron que, ¡oh casualidad!, hace apenas unos días corra la noticia de que muchas de esas copias, que supuestamente habían sido pulverizadas, aparezcan milagrosamente a la venta. O mejor aún, si se quiere, después que la hija de un ex directivo de la Warner Bros., tras revisar unas cajas que tenía en el armario de su habitación, se topara recientemente con dos cajas tamaño LP con el sello de la discográfica cerradas que, entre vinilo y vinilo, incluían cinco muestras impecables del “Black Album”, para acto seguido contactar a un tal Jeff Gold (ex vicepresidente de la compañía, hoy día a cargo del sitio de memorabilia Record Mecca) y, tras interiorizarlo del notable hallazgo, descubrir el alto costo de cada una de ellas, basándose en la cifra a la que llegó a venderse en Discogs por aquel entonces.
4Gold terminó pidiéndole tres de las cinco piezas descubiertas, las mismas que, claro, se vendieron como pan caliente en días sucesivos. “Se trata simplemente de uno de los discos más raros del mundo, si no es el más raro de todos”, afirmó un afortunado Gold tras la pronta adquisición y su eventual despacho.“Al comienzo pensé que se trataba de un disco falso, pero uno no podía saberlo hasta abrirlo e inspeccionarlo”… Pero una vez que se contactó con alguien a quien conocía de sus días en la Warner Bros., quien le confirmó su autenticidad, logró llegar a la conclusión de que se trataba de un material absolutamente genuino.
Ahora que Gold (lo del apellido es pura casualidad) logró apoderarse de varias copias del inhallable disco, trasladó su obsesión a otro disco del artista que, según confirmó, es aún más difícil de encontrar. “Hace poco se vendieron dos copias de prueba de ‘Camille’, otro trabajo inédito de Prince, y a un precio exorbitante. No se sabe mucho del disco, supongo que es algo que el mismo Prince imprimió…No lo hicieron los de la Warner Bros. Ninguno de mis ex-compañeros del sello saben algo de él. Pero si estás buscando discos que hayan sido completados, el ‘Black Album’ está en la cima de la lista de los más raros del mundo”, concluyó. Por lo que ya sabés qué es lo que tenés que hacer. Todavía quedan dos copias disponibles a la venta aquí en Record Mecca, si es que esos familiares están dispuestos a darte una mano, ahora que ya te decidiste a sacrificar toda una vida de vacaciones, y antes que tu esposa contacte al abogado para iniciar los trámites de divorcio.

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CUENTOS CHINOS: THE MASKED MARAUDERS, LA BANDA GENUINAMENTE FALSA DE DYLAN, JAGGER Y TRES DE LOS BEATLES

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Publicado en Revista Madhouse el 2 de junio de 2017

Se trataba del más grande disco de rock alguna vez grabado, a cargo de un supergrupo que congregaba a una buena parte de los hijos pródigos más prominentes del estilo, o bien a los más predilectos de la era. Un conglomerado de estrellas inigualable e insuperable. En algún momento de 1969 John Lennon, Paul McCartney, George Harrison, Mick Jagger y Bob Dylan se reunían en privado dispuestos a plasmar la perla de las perlas, registrando “The Masked Marauders” (algo así como “Los Bandidos Enmascarados”), el álbum ultra-secreto que tejían en conjunto.
 

El mayor proyecto alguna vez imaginado, la superbanda definitiva, desde aquel momento y hasta la eternidad. Galardón que seguramente seguiría ostentando hoy día, si tan sólo hubiera sido verdad y no un rumor infundado vestido de broma de mal gusto. “Álbum del año”, tal como fuera etiquetado en las críticas de varias publicaciones de la época, las mismas que desconocían por completo el enorme sapo que estaban a punto de tragarse, “The Masked Marauders” no podría haberse editado en mejor coyuntura artística. Los Beatles ya habían lanzado “Abbey Road”, Jagger se disponía a editar “Let It Bleed” junto a los Stones, y Dylan volvía nuevamente al ruedo de la mano de “Nashville Skyline”. Corrían tiempos de gloria. Los rumores indicaban que los cinco músicos habían estado reunidos reservadamente en un ignoto pueblo canadiense, cercano a la bahía de Hudson, donde grabaron las canciones que, entre versiones de clásicos y nuevas composiciones especialmente escritas para el futuro berretín (¡y con semejantes autores!), llevarían al concepto de “supergrupo”, tendenciosa idea que había comenzado a florecer a mediados de la década del 60, a su punto más alto. Claro está, de haber sido real…

BAJO LA MÁSCARA. Los primeros comentarios sobre el grupo llegaron de manos de la publicación musical Rolling Stone, más precisamente en su edición del 18 de octubre de 1969. En aquel número de la revista, un periodista especializado que respondía al nombre de T. M. Christian (misteriosamente ignoto por ese entonces) se refería a “The Masked Marauders” como un álbum doble en el cual los cinco músicos participantes habían optado deliberadamente por escudarse bajo seudónimos, en el intento de evitar toda posibilidad de problemas legales con sus respectivas compañías discográficas. Asimismo Christian dejaba en claro ante sus lectores que su crítica apuntaba a un disco del tipo bootleg, esto es, una grabación conteniendo material enteramente inédito, aún circulando fuera del mercado comercial tradicional, y con miras a una edición oficial definitiva. Adicionalmente, el disco estaba producido por el gran Al Kooper, pianista de sesión que ya había trabajado con Dylan (aquel acompañamiento fundamental de órgano en “Like A Rolling Stone”) y fuera impulsor de los recordados Blood, Sweat & Tears.

El disco abría con una versión de 18 minutos de “Season Of The Witch”, el clásico de Donovan, con Dylan en primera voz, e imitando cabalmente al autor original de la canción, seguida por Lennon a cargo de “Prisoner Of Love”, tema que cierta vez popularizaron, en sus versiones respectivas, Etta James, James Brown, Bo Diddley o Perry Como; luego Jagger y McCartney a dúo en “Masters Of War” (de Dylan), Lennon en primera voz en “The Book Of Love”, y todo culminaba con un grand finale titulado “Oh Happy Day”. Una segunda versión del álbum (las hubo en distintas variantes, y con diversos listados de temas) agregaba, o combinaba, demás rarezas como Lennon en “I’m The Japanaise Sandman”, McCartney en su canción favorita “Mammy”, Dylan en el clásico de doo-wop “Duke Of Earl” y Jagger en “I Can’t Get No Nookie”, la cual el cantante de los Stones había considerado “un nuevo clásico instantáneo”, según lo apuntado por Christian en Rolling Stone. El crítico cerraba su columna afirmando que el disco “es más que una forma de vida, ¡es la vida misma!”

tapaLA GRAN ESTAFA DEL ROCK AND ROLL. Como no podía resultar de otra manera, dicha alianza generó una desenfrenada demanda por parte de los fans, que no veían la hora de tener entre sus manos semejante obra cumbre, que especulaba con su edición para generar mayor expectativas. Entre tanto Allen Klein y Albert Grossman, managers de los Beatles y Dylan, respectivamente, eran perseguidos incesantemente en busca de respuestas. Para entonces los Masked Marauders (“el supergrupo de tres de los Beatles, Jagger y Dylan”) ya rotaba en las principales emisoras radiales de Los Angeles y San Francisco y, días más tarde, el esperado disco colmaba finalmente las bateas de las disquerías, si bien en versión unitaria, situación que comenzó a causar cierta incertidumbre tras haber sido descripto como disco doble, y que sin embargo no evitó que se vendiera una nada despreciable cantidad de unidades que llegó a superar las cien mil copias. Y a engañar a los más de cien mil compradores que, sin siquiera sospecharlo, automáticamente se convertían en víctimas fatales de uno de los fraudes mejor confeccionados de la historia de la música popular. Fraude que no hubiera existido como tal si desde el vamos el tal T. M Christian no hubiese sido el seudónimo del que el reconocido crítico (y absolutamente real) Greil Marcus se aprovechaba para lanzar al ruedo la engañosa movida, tras extraerlo de la novela “The Magic Christian” del escritor Terry Southern, publicada en 1959.

CON UNA PEQUEÑA AYUDITA DE MIS AMIGOS (CONTRATADOS)
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Con un plan fríamente contratapacalculado, Marcus ya contaba en sus filas con el grupete de impostores que lo secundaban en su tragicómica coartada cuando tiempo antes se dirigió a California y, en la ciudad de Berkeley, contrató a un desconocido grupo que respondía al nombre de Cleanliness And Godliness Skiffle Band por la nada despreciable suma de 15.000 dólares, suma que había obtenido de la mismísima discográfica Warner Bros, que hasta había creado el sello subsidiario Deity para sumarse al ardid, y pura y exclusivamente para la ocasión. Para colmo los músicos de la Cleanliness and Godliness Skiffle Band (“Banda de Skiffle de la Higiene y Santidad”, je) resultaron ser unos expertos totales a la hora de imitar a la supuesta formación, tanto en lo musical como en la parte vocal. Y listo: el plan maléfico de Marcus había logrado su cometido. De hecho el disco había logrado excelentes ventas, permaneciendo en el ranking de la revista Billboard por más de doce semanas. Tal como si realmente hubiera sido procreado por sus hipotéticos maestros. Un grupo falso, con nombres falsos, sustentado por una crítica falsa, pero de auténtico éxito. ¡Bingo!

BAILANDO EN LA SOCIEDAD RURAL. No conformes con tremenda patraña (incluso casi superando aquel recordado murmullo sobre la muerte de McCartney que aún continuaba vigente tras la fresca edición de “Abbey Road”) , Marcus y sus secuaces fueron aún más lejos, reproduciendo la crítica publicada en Rolling Stone en la funda interior del álbum, a su vez potenciada por nuevos comentarios del amigo Christian (Marcus, claro) que definían a los Masked Marauders como “un artículo genuino en un mundo de farsantes, ¡bendíganse sus corazones!”. Pero no existía ningún Dylan imitando a Donovan, ni nada que se le parezca, ni había ningún Beatle, ni era Mick Jagger quien cantaba en “I Can’t Get No Nookie” (¿sinceramente podría haber tenido algún viso de realidad una canción titulada “No puedo echarme un polvo”?), a pesar de su magnífica y tan bien lograda parodia. Paradójicamente, y en un rapto de honestidad, el disco cerraba con una última pista (en rigor, un monólogo) bajo el nombre de “Saturday Night At The Cow Palace”. Un chasco más. No podía ser de otra forma con un título que refería a una jornada de sábado a la noche en el equivalente a la Rural californiana. 34 años más tarde, en 2003, la compañía Rhino Records ofrecía una edición limitada de 2000 copias numeradas bajo el nombre de “The Masked Marauders – The Complete Deity Recordings”, que hasta incluía canciones extras de las misteriosas sesiones.
Al menos para los Masked Marauders, y su círculo de engañados, cualquier semejanza con la realidad resultó ser pura mentira.