LOS 50 PERSONAJES MÁS SIMBÓLICOS DE LA HISTORIA DEL CINE (PARTE 3)

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Publicado en Evaristo Cultural el 26 de agosto de 2015

Que nombres como los de Travis Bickle, El Capitán Blood, Tony Montana o King Kong resulten ser más reales que una buena parte de las personas que protagonizan nuestros días es algo en lo que posiblemente podamos estar todos de acuerdo. La historia de la cinematografía nos dejó un tendal de personajes inolvidables. Nacieron en un guión, se criaron en un set de filmación, y terminaron habitando las salas de cine del barrio adonde íbamos a descubrirlos, o el living de nuestras casas. Los hemos idolatrado al máximo, y hasta incorporamos alguna o varias de sus frases y gestos a nuestra conducta habitual, convirtiéndolos en casos más reales de los que suelen poblar nuestra vida cotidiana. Como esos familiares lejanos que le despiertan a uno un cariño especial. Es cuando la ficción supera a la realidad y, no nos engañemos, tampoco es que la situación diste mucho de la realidad. Digámoslo así: los personajes de cine forman parte de nuestras vidas. Aún cuando habrá que sacrificar a quienes los protagonizaron y dejarlos, aunque sea por esta vez, en segundo plano. Todo listado resultará insuficiente, pero he aquí el primer intento (al que se le sumarán cuatro entregas) sobre 50 figuras inolvidables con las cuales seguimos maravillándonos, y que no parecen tener fecha de vencimiento.

Charles Foster Kane (Orson Welles, ‘Citizen Kane’, 1941)
La película que se llevó el Oscar al ‘Mejor Guión Original’, con nueve nominaciones, tuvo que llegar de la mano de un iluminado, un novato de solo 26 años que además la escribió, dirigió, produjo y, completando el círculo, también protagonizó. Considerada obra maestra de la cinematografía (y por varios cuerpos mejor película de la historia), El Ciudadano (o El Ciudadano Kane), como fuera conocida en Latinoamérica, con su arribo en plena guerra europea, marcó simplemente un antes y un después. Revolucionaria en prácticamente todos sus aspectos, ‘Citizen Kane’ acabó modificando los principales ejes del séptimo arte. Así es como el célebre Welles (una poderosa usina creativa que entes sus tareas también incluía la locución de radio y la dirección de una compañía teatral) se llevó el mundo por delante, y resulta difícil encontrar hoy en día, por no decir imposible, otra obra de la historia de la pantalla grande que se le acerque al menos remotamente. El rol de Kane estuvo inspirado en el magnate de prensa Williams Randolph Hearst, y todo cuestionamiento de que no fuera así era derrotado en cada una de las menciones de la palabra rosebud (capullo de rosa), que Hearst solía usar a la hora de referirse a las partes íntimas de su amante. Kane es un perfecto megalómano ciego de poder y ambición, el mismo que consagró al visionario Welles y ‘Citizen Kane’ como el mejor debut posible de la historia del cine.

Dorothy (Judy Garland, ‘The Wizard of Oz’, 1939)
Judy Garland ya era toda una estrella cuando logró su papel para El Mago de Oz, indiscutiblemente el más rememorado y celebrado de todos sus roles actorales. Junto a sus amigos El Hombre de Hojalata, El Espantapájaros y el León, más la compañía de su inseparable perro Totó, salen en busca del mago que puede hacer reales todas sus fantasías, para terminar descubriendo que no existe magia alguna en el mundo real, y que el mago por el cual se apasiona resulta ser falso, al mismo tiempo que aprende a sortear obstáculos al ritmo de su propia vida. Resultaría imperdonable dejar de mencionar el momento de la interpretación de Over the Rainbow que, fuera de convertirse en una de las canciones más famosas de la historia, seguramente lidera uno de los momentos más emocionantes y (ahora sí) mágicos de la cinematografía musical.

Don Vito Corleone (Marlon Brando, ‘The Godfather’, 1972)
Don Vito es la cabeza principal de una de las cinco familias que constituyen la mafia neoyorquina que está inmersa en  su transcurrir diario ante la negativa de negociar con un clan rival y un narcotraficante. Corleone no es solamente el más reputado de los capos mafiosos, sino quizás también el personaje más grande de la historia del cine en su totalidad. Pero Don Vito, un inmigrante siciliano llegado a un nuevo mundo que lo espera con los brazos abiertos, resulta en rigor un sentimental que sólo recurre a la violencia cuando se hace inevitablemente necesario, mientras disfruta de las cosas sencillas (estar con su familia, salir a comprar fruta, saborear un buen vino),  y que, con un profundo sentido de la amistad, hace lo que hace con el mero objeto de proteger su mundo afectivo. Como si no alcanzara con el magnífico libro de Mario Puzo, o la insuperable actuación de Brando, allí está el director Francis Ford Coppola para lograr la receta perfecta, invitándonos a besarle la mano en cada ocasión que El Padrino nos recibe.

 Tony Montana (Al Pacino, ‘Scarface’, 1983)
Dinero, poder y chicas constituyen la sagrada trilogía de principios de uno de los personajes más histriónicos de la cinematografía. El audaz Tony Montana, de la mano de la inolvidable rol protagónico de Pacino, decide ‘hacerse la América’ tras ser expulsado de su Cuba original por el régimen de Castro, para lo cual aterriza en Miami con el objetivo de cumplir su ‘Sueño Americano’ en plena era Reagan, convirtiéndose en traficante de cocaína. ‘En este país, primero tenés que hacer dinero. Una vez que tenés la plata, conseguís poder. Y entonces cuando tenés poder, tenés a las mujeres’ Pero en su carrera hacia el poder, desde aquel matón de poca monta hasta su reinado como emperador de la droga, junto a su estatua con el lema ‘El Mundo Es Tuyo’, acaba perdiendo lo que más quiere.

Randle Patrick McMurphy (Jack Nicholson, ‘One Flew Over the Cuckoo’s Nest’, 1975)
En Atrapado Sin Salida, Jack Nicholson realiza la brillante interpretación de un espíritu libre que bajo el nombre de Randle Patrick McMurphy, un perfecto y revuelto desordenado, brinda un baño de realidad en medio de la cotidianeidad de un hospital mental de Oregon, desafiando la represión emocional de manos de las autoridades del nosocomio a la que se ven enfrentados sus pacientes. Ni siquiera las continuas sesiones de electroshock pueden con el iracundo ‘Mac’, que no cesa de oponerse a la autoridad, permitiendo que el director Milos Forman realice su indirecta crítica al sistema.

Willy Wonka (Gene Wilder, ‘Willy Wonka & the Chocolate Factory’, 1971)
Entre tantas cantidades industriales (nunca mejor dicho) de chocolate, Willy Wonka es un excéntrico dueño de una factoría de caramelos e ilusiones que tienta a un grupo de niños a recorrer su fábrica a cambio de una entrada dorada y, a través de los desconocido, va sometiéndolos a diversas pruebas de fuego.
Conocida aquí como Un Mundo de Fantasía, sólo un actor genial como el enorme Gene Wilder (Todo lo que usted siempre quiso saber sobre el sexo, o El Joven Frankenstein, entre otras) podía mostrar semejante sonrisa acompañada por una cara feroz, simultáneamente castigando a aquellos atrevidos que osaban quebrantar las reglas de su reino endulzado. La remake de 2005, protagonizada por Johnny Depp, y bajo la dirección de Tim Burton no se queda atrás en calidad, pero es su versión original, la del director Mel Stuart, que le ofrece la magia principal que ésta obtuvo en menor escala.

Elmer Gantry (Burt Lancaster, ‘Elmer Gantry’, 1960)
Que Burt Lancaster haya logrado que su personaje sea recordado con una sonrisa, y no con una cierta aversión, permanecerá en los anales del misterio. Gantry es un charlatán mujeriego y borracho que abandona su empleo de vendedor ambulante para comenzar a predicar la palabra del Señor., pero más precisamente para lograr su meta principal, la de llevarse a la cama a la hermana Falconer, la predicadora pos la cual está obsesionado. Seguramente el guionista y director Richard Brooks no imaginó que su película iba a vaticinar la cruel realidad, cuando una década después de su filmación la pantalla de TV de la sociedad norteamericana se vio plagada de falsos telepredicadores que terminaron revelando su propio fraude. Pero para Gantry cualquier camino resultaba oportuno para llegar a la salvación.

Don Lope de Aguirre (Klaus Kinski, ‘Aguirre, the Wrath of God’, 1972)
Todo admirador de la obra actoral de Klaus Kinski no dudará en coincidir en el mismo cuadro de situación a la hora de definir al actor de su devoción. Pareciera ser que llega un punto en que su rol en la gran pantalla tienen que ver más con su vida real que con su protagonismo frente a las cámaras. Solamente un salvaje encantador como el imponente Kinski bajo la tutela del director alemán Werner Herzog podía retratar de manera tan cruda y auténtica las aventuras del conquistador que al mando de una expedición española que busca la legendaria tierra de El Dorado a través de las altas cumbres peruanas en dirección a la selva del Amazonas, y en las peores inimaginables condiciones de salubridad durante la filmacion de Aguirre, La Ira de Dios, originando todo tipos de auténticas situaciones de desastre, y tan fieles a la frenética vida de Kinski fuera de la gran pantalla, circunstancias que se pueden apreciar a la perfección en Mein Liebster Feind (Mi Enemigo Íntimo), el documental de Herzog tributo a su actor fetiche, que traza los altibajos emocionales de su tormentosa relación amor-odio, con un Kinski desaforado fuera de escena, y que incluso llegar a intentar atacar a los aborígenes contratados como extras para la película, entre otras perlas imperdibles.

Harry Callahan (Clint Eastwood, ‘Dirty Harry’, 1971)
El actor Clint Eastwood será eternamente famoso por sus roles de pistolero solitario (en aquellos spaghetti westerns del director italiano Sergio Leone como Por un puñado de dólares o El bueno, el feo y el malo) o bien por su rol de policía reaccionario de pocas pulgas,  y es esta línea la que continuó con el arribo de Harry el Sucio, el policía de San Francisco y de pocas palabras que a cambio prefería expresarse a través de su Magnum 44. Curiosamente, cabe mencionar como anécdota que el papel antes le había sido ofrecido a John Wayne, Paul Newman, Steve McQueen y hasta al mismísimo Frank Sinatra, los que seguramente se perdieron la oportunidad de ser recordados como uno de los policías más duros que registró el celuloide, a pesar de las críticas que señalaron al personaje como fascista y con métodos poco ortodoxos que le rendía pleitesía a los cuerpos policiales.

Jack Torrance (Jack Nicholson, ‘The Shining’, 1980)
Los críticos de cine suelen decir que cualquier interpretación de Jack Nicholson, por más destacada que sea, responde a la capacidad que han tenido los directores de ocasión para captar el histrionismo del actor. Y algo de eso puede resultar muy cierto. Pero nadie puede negar que, desde la llegada de El Resplandor, la gestualidad y cara de Jack Torrance, con su mueca completamente psicótica asomando por una puerta previamente astillada a hachazos, representa el terror en su máxima expresión. La receta del libro de Stephen King y la dirección de Stanley Kubrick no podían ofrecer un cóctel más perfecto. Pero es la actuación Nicholson en medio de sus incesantes transtornos de personalidad y el vórtice de violencia en que está envuelto, que llevó a convertir a ‘El Resplandor’ en un auténtico film de culto y, según los más avezados críticos, en el largometraje más terrorífico de todos los tiempos. Y no se equivocaron.

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