HUÉSPEDES EN LIBRERÍAS DE TOKIO

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Publicado en Evaristo Cultural el 30 de noviembre de 2015

Existen diferentes tipos de bibliófilos varios desperdigados por el bendito mundo. Este rol mundano es tan variopinto que cualquier intento de clasificarlos por categoría puede aportar poco y nada, pero una descripción rápida sugeriría incluir a aquellos modernos que hoy en día conocemos como hipsters, cuya zona de hábitat apunta a las librerías de arte, a los que buscan ejemplares antiguos, a los que procuran títulos no específicos por el mero hecho de generar una charla didáctica con el librero de turno, los aficionados que buscan primeras ediciones, y los que salen de pesca con el posible objetivo de encontrar algo que logre recrearlos un poco. Al final del día uno siempre se dirige a una librería en busca de algo, y es también al final del día que el más triste de los momentos que ocurre inevitablemente: cuando el personal del local en cuestión anuncia que ha llegado la hora de cerrar. Los lectores ávidos suelen amar estar rodeados de libros, no importa el orden, hay algo con el papel, tanto que a veces juegan con la posibilidad de quedarse a dormir en las librerías que visitan. Es un afán más común de lo que pueda parecer, un sueño recóndito fácil de declarar. Pasar el tiempo entre estantes puede convertirse en hábito, aún cuando uno termina adquiriendo libros que jamás va a terminar de leer, o que incluso ni siquiera cierta vez empieza. Es por eso que la cadena japonesa de librerías Junkudo estuvo astuta en capitalizar lo que hasta hace poco podría haber sonado a disparate, y que ahora se convirtió en una auténtica demanda de este tipo de servicio. Desde el pasado mes de septiembre, Junkudo le permite alojarse a sus clientes en su reciente invención, un hotel-librería (o librería-hotel, da lo mismo), y así darles el derecho de leer todos los libros y revistas que quieran por una noche.

Claro que para experimentarlo inicialmente hay que irse hasta Ikebukuro, un distrito comercial y de entretenimiento en el suburbio de Toshima, en plena Tokio. Producto de una colaboración conjunta entre un grupo de diseñadores (Suppose Design Office), otro inmobiliario (R-Store) y una librería (Shibuya Publishing Booksellers), el proyecto dio lugar a la idea que terminó siendo bautizada book and bed (“libro y cama”, acaso prima lejana del más popular y netamente hotelero bed and breakfast), en rigor un lugar en el cual uno puede quedarse a dormir tras el cierre de la librería, y no ser invitado a retirarse del recinto, y a cambio de ello pasar la noche in situ. El hotel-librería de Junkudo no cuenta con habitaciones privadas, sino que las camas de sus huéspedes se ubican en cápsulas construidas dentro de las mismísimas estanterías, todo dentro de un espacio comunitario para todos sus asistentes, que quizás al principio pueda no resultar muy confortable, más aún en una ciudad conocida por su alto índice demográfico y donde no suele caber un alfiler (si bien pueden optar por el uso de cortinas que mantengan su espacio individual), pero que puede sugerir una relación muy especial con sus amados libros, y que en definitiva puede constituir una experiencia singular para el lector entusiasta. “Uno puede leer un libro en la comodidad de su propia cama en una atmósfera relajada en el corazón de Tokio”, señaló uno de los voceros de la emprendedora firma. “Invitamos a todos a compartir esa experiencia con nosotros, y que la levedad de un libro en la cama tome la delantera”

 

ANDY WHITE | BEATLE POR UNA SESIÓN

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Publicado en Evaristo Cultural el 24 de noviembre de 2015

Ringo Starr siempre recordó el episodio como “uno de los peores momentos de su vida”. Aquel 11 de septiembre de 1962, Ringo llegó a los estudios de la compañía EMI en Abbey Road para encontrarse con la imagen de un músico ignoto sentado en el banquito de su batería Ludwig. Pasmado ante la situación imperante, el baterista de los Beatles desconocía por completo que George Martin, el legendario productor del grupo, se había quedado completamente insatisfecho con su desempeño durante la sesión de estudio reciente en la que los Beatles grabaron las canciones Love Me Do y P.S. I Love You (las que más conformarían el primer single editado de los Fab Four) y que así las cosas, por estricta sugerencia de su asistente Ron Richards, Martin, a quien no le temblaba el pulso a la hora de tomar decisiones repentinas (mucho antes que los egos de Lennon y McCartney comiencen a hacerlo), había optado por contratar a un talAndy White, uno de los tantos músicos de sesión que trabajaban para la EMI, para hacer mejor su  malogrado trabajo. De nacionalidad escocesa y bastante mayor que Starr, White (de quien tal vez incluso muchos de los fans de los Beatles más acérrimos no conozcan su nombre) terminó realizando una labor sólida y quedándose con el puesto de baterista para las dos canciones, dejando así a Ringo fuera del proyecto, tal como le había sucedido dos meses antes a Pete Best (el primer baterista de los Beatles), cuyo trabajo tampoco había dejado a George Martin conforme. White recibió algo más de 5 libras esterlinas por su trabajo de tres horas para registrar junto a Lennon, McCartney y Harrison las dos canciones que integrarían el primer simple de la banda (paga que también incluyó el costo del traslado de su instrumento), y absolutamente ni un penique de royalties, aún cuando ambas canciones acabaron formando parte del álbum debut Please Please Me, que se lanzó en marzo de 1963. Love Me Do y P.S. I Love You, respectivamente, finalmente tuvieron a Ringo tocando pandereta y maracas, encabezando el lado B del disco, y con plena participación de White, si bien los créditos del disco lo indican erróneamente a Starr como baterista en ellas.

Otros trabajos célebres de White como sesionista incluyeron el hit de Tom Jones de 1965 It’s Not Unusual, así como canciones de la década del ’60 de Chuck Berry, Rod Stewart, Burt Bacharach, los Herman’s Hermits y Lulu, entre otros, y que le valieron el título de “uno de los bateristas ingleses más ocupados de fines de los ’50 hasta mediados de la década del ‘70”, antes de terminar mudándose a los Estados Unidos en los años ’80, donde se desempeñó primordialmente como profesor de batería, y habiendo dejado atrás su pasado de pop para unirse a agrupaciones de música tradicional escocesa, hasta que en 2008 el grupo The Smithereens lo convocó para tocar en su versión de P.S. I Love You, tras haber lanzado el año anterior Meet the Smithereens!, el disco tributo a los Beatles en que la banda replicó el álbum completo Meet the Beatles! a su estilo. El paso provisorio de White por el combo de Liverpool dejó como legado su certificación de “quinto Beatle”, un club que eventualmente también incluye a Stuart Sutcliffe (el bajista original de la banda), Pete Best y el baterista Jimmie Nicol (más conocido por haber reemplazado a Starr en una serie de conciertos en plenaBeatlemania en 1964)
Tras sufrir un ataque al corazón a los 85 años, White falleció el pasado 9 de noviembre en Caldwell, New Jersey, ciudad en la que se instaló tras abandonar el Reino Unido, y donde más de medio siglo antes tuvo sus tres horas como sesionista (y sus cinco minutos de fama extendida) junto a la banda más grande de música pop de todos los tiempos.

ALLEN TOUSSAINT | Lo que el río no se llevó

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Publicado en Evaristo Cultural el 16 de noviembre de 2015

Fue uno de los desastres naturales más devastadores que se recuerden. Aquel 23 de agosto de 2005 el huracán Katrina llegó para dejar su nombre marcado a fuego en la historia, y jamás poder ser olvidado. Tras pasearse por Cuba antes de trasladarse hacia el sur de Florida, Mississippi, y otros estados estadounidenses, llegando incluso hasta Canadá, sus vientos encolerizados terminaron haciendo el mayor de los impactos en New Orleans, Louisiana donde, tras fallar el sistema municipal de los diques de contención (considerado el mayor desastre de la ingeniería civil de la historia de los Estados Unidos, y que devino hasta en una demanda contra el Cuerpo de Ingenieros del Ejército del país), dejó a una de las ciudades más multiculturales del mundo hecha pedazos. Casi la totalidad de la población de New Orleans debió ser evacuada, mientras que los miles que no pudieron hacerlo, o que no llegaron a tiempo para adelantarse a las inclemencias del tiempo, terminaron siendo alojados en el inmenso Superdome, el histórico centro deportivo y de exhibiciones de la ciudad, y cuyas postales desoladas recorrieron el mundo hasta terminado el período de alerta, en paralelo a la reconstrucción de una buena parte de la ciudad más grande del estado sureño. Entre las personas que vieron como las aguas desbordadas del río Mississippi se llevaban sus casas estaba el músico, arreglador e intérprete Allen Toussaint, símbolo indiscutible de la cepa del sonido más puro de la ciudad en donde había nacido, y que de manera no deliberada lo convertiría en unos de sus más destacados embajadores artísticos.
Fue sesenta años antes de la catástrofe generada por Katrina que el músico Dave Bartholomew, también nativo de New Orleans, prominente trompetista y productor que despuntaba en prácticamente todos los estilos musicales que dominaban la escena de aquellos años (swing, R&B, rock and roll, jazz, big band, Dixieland), y el mismo que más tarde co-escribiría muchos de los grandes éxitos de Fats Domino, quien presentó a Toussaint, por entonces un prometedor joven pianista de diecisiete años, ante su selecto grupo de músicos amigos. El resto es historia. Con el correr de los años, Toussaint pasaría a convertirse en una figura central de la escena del rhythm and blues más original y llamativo de la música popular norteamericana (encabezando la lista junto a artistas de la misma talla y procedencia como Professor Longhair, Dr. John, Huey Smith o el mismísimo Domino), y una de las grandes fuerzas en darle forma a la música de la segunda mitad del siglo veinte de ese país. “Músico de músicos”, ya a comienzos de la década del ’60, Toussaint era considerado una auténtica máquina de generar éxitos en su labor simultánea de compositor, productor y arreglador para los sellos de la ciudad Instant y Minit Records, y sus trabajos junto a artistas como Benny Spellman (quien grabaría Fortune Teller, luego versionada por los Rolling Stones, los Hollies o The Who, entre otros), Art Neville o Irma Thomas (la “Reina del Soul de New Orleans”, con Ruler of My Heart), Bonnie Raitt y Boz Scaggs (con What Do You Want the Girl to Do?), Devo (quienes grabaron Working in a Coal Mine), Robert Palmer (con Sneaking Sally Thru the Alley), Labelle (y la maravillosa Lady Marmalade), Warren Zevon (con A Certain Girl), Herb Alpert, Otis Redding, The Meters, Paul Simon, Sam and Dave, Little Feat, Johnny Winter, Bo Diddley, Jerry Garcia, Joe Cocker, The Band, Paul McCartney & Wings o los Yardbirds, entre tantos otros nombres, dejarían bien en claro su impresionante labor artística de antemano.
La casa de Toussaint en la vecindad de Gert Town se había tornado una especie de sala de ensayos permanente en la que generación tras generación de músicos se juntaba a escribir y ensayar canciones a lo largo de sesiones que podían durar días completos, y de las cuales emergieron muchos de los clásicos del R&B americano (y su característico sabor a New Orleans), que lograron que las canciones de Toussaint perduren a través de los años como verdaderas joyas de colección.


Pero no fue hasta el año 2009 que (así como en su momento el río inspiró a Faulkner, a Mark Twain o a Melville, o a una dinastía interminable de canciones y películas), Toussaint crearía The Bright Mississippi, uno de los mejores trabajos de su carrera, donde interpretó canciones de Sidney Bechet, Duke Ellington, Jelly Roll Morton, Django Reinhardt, Thelonious Monk y Billy Strayhorn, y que acabó siendo la mejor de las terapias para exorcisar el trance tras el trauma que había dejado el paso del huracán. “Terminó siendo una especie de bendición para muchos de nosotros, especialmente para mí”, declaró Toussaint sobre el desastre que había asolado a la ciudad cuatro años antes. “Hizo que tengamos que flexionar nuevos músculos. Vivíamos nuestras vidas en New Orleans tranquilamente, y en un lugar tan confortable. Pero llegó Katrina y nos llevó a intentar otras cosas, a irnos por un tiempo. Al haber tenido que emigrar a New York, terminé estando justo en el medio de donde estaban ocurriendo muchas cosas, donde sucedía todo. Eso trajo aparejado algunas colaboraciones que resultaron ser muy saludables para mí. Hasta comencé a presentarme en vivo más regularmente, lo que era muy inusual, pero también muy gratificante” Tras su ingreso en el Salón de la Fama del Rock en 1998, Toussaint logró una suerte de redescubrimiento de su obra (sobre todo para las nuevas generaciones) de la mano de su asociación con Elvis Costello y su disco en conjunto The River In Reverse, editado en 2006, y que le valió un premio Grammy. La noticia de su muerte a los 77 años de edad tras un ataque de corazón luego de ofrecer un concierto en Madrid el pasado 9 de noviembre sorprendió no sólo a los aficionados que habían asistido al show, sino al mundillo artístico en su totalidad. Un rato antes, en el escenario, Toussaint había recorrido su carrera discográfica con un repertorio de más de una hora y media. Nada hacía presagiar un final tan abrupto y tan lejos de su New Orleans natal, y en la que ya nada podrá arrasar con el legado musical de uno de sus mejores representantes.

ZAPPADOC

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Publicado en Evaristo Cultural el 2 de noviembre de 2015

Hace casi 22 años, después que un cáncer de próstata terminal acabó ganándole la pulseada que lo había tenido batallando por su recuperación desde hacía un largo tiempo, Frank Zappa se aseguró de partir de esta vida con la lograda medalla de haberse consagrado definitivamente como uno de los artistas más heterodoxos que puedan alguna vez recordarse. Francis Vincent Zappa Jr. no sólo fue figura clave a la hora de fusionar el rock con otros géneros musicales (jazz, clásica, etc.), sino que también consiguió dejar plasmado su sello como figura emblemática anti establishment y alterar a la clase pacata que, naftalina mediante, lo observaba con desdén. Zappa nunca logró ser tremendamente popular (al fin y al cabo no estaba entre sus principales aspiraciones serlo), pero sus roles combinados de guitarrista, compositor, arreglador y director musical terminaron convirtiéndolo en un artista único en su especie, un rara avis que, fuera de su aspecto mayormente excéntrico, contó con un talento inapreciable que, de no ser por una cuestión meramente cronológica, y basado en su variada (y extensísima) discografía, lo podrían haber situado a la altura de un compositor clásico con todas las letras. Distinto hubiera sido si en 1966 no hubiera lanzado su disco debut Freak Out! (cuando aún formaba parte de los estrafalarios Mothers of Invention), un trabajo de pura cepa avant-garde que destilaba todo tipo de variaciones electrónicas y orquestales, para luego continuar con We’re Only In It for the Money (Lo hacemos sólo por dinero), que parodiara directamente al Sgt. Pepper de los Beatles. Y ni mucho menos con álbumes de la talla de Absolutely Free yCruising with Ruben and the Jets, o de Uncle Meat. Ya para entonces su persona era sinónimo de música subterránea, y con el paso de los años supo manejar a la perfección ese estatus under que lo caracterizó, en sana convivencia con el del virtuoso que gozaba quebrar límites, tomándose con todo el sarcasmo posible la sociedad establecida de su país, acaso su rasgo más característico, sin tampoco dejar de pregonar el libre discurso, la abolición de la censura, o el del involucramiento político.

En todo caso, en lo estrictamente musical, Zappa ha constituido una gran influencia en muchísimos guitarristas (tan sólo evocar el álbum triple Shut Up ’N Play Yer Guitar de los ‘80s), y que resultaron ser ejemplos primordiales de sus habilidades en el arte de la improvisación del instrumento. Motivos, entre tantos otros, por los que los zappómanos seguramente estarán de parabienes tras el reciente anuncio de la noticia que indica la realización de un nuevo documental, en esta ocasión oficialmente aprobado, sobre la vida y carrera del su artista de cabecera. Inicialmente planeado para ser lanzado en 2017, el proyecto, que aún se encuentra en sus primeras etapas de desarrollo, estará a cargo del director Alex Winter (más recordado por su rol de actor en filmes como The Lost Boys o Bill & Ted) Un entusiasmado Winter declaró que “aún resta hacer un documental definitivo y autorizado sobre la vida y la obra extraordinaria de Frank Zappa. Estoy más que emocionado de poder embarcarme en esta travesía. Estará relatado por las propias palabras de Frank, que será nuestro guía a lo largo de este viaje” Hasta su anuncio hace unos pocos meses atrás, el proyecto iba a contar con la supervisión general de Gail, la esposa de Zappa, pero su reciente muerte el pasado 7 de octubre sugiere que sean entonces sus hijos Dweezil, Moon Unit, Diva y Ahmet, que poseen los derechos completos sobre la obra del músico, así como los de las ediciones de discos lanzadas post-mortem, quienes terminen encargándose de la tarea, evitando una inmerecida postergación. “No es una historia fácil de contar”, señaló su hijo Ahmet. “Y confiamos en que Alex verdaderamente comprenda al hombre complejo y multifacético que fue mi padre”.

BOB DYLAN | DE REGRESO A LA CARRETERA 61

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Publicado en Evaristo Cultural el 14 de octubre de 2015

Bob Dylan tiene a sus fans a maltraer. O muy bien acostumbrados. Según el lado desde el que se mire. En el primer grupo se alinean los que, con cada nueva edición de alguna de sus obras retrospectivas, se ven obligados a enfrentar terribles esfuerzos presupuestarios para hacerse de las piezas en cuestión. Y en el segundo, aquellos que se andan sin rodeos a la hora de entra en gastos. El cuadro de situación no le atañe exclusivamente a Bob y su engrosada fila de admiradores. Son varios los artistas que, en rigor, desde el advenimiento de la era digital (comandada por el inefable CD y su primo cercano el DVD), se han valido de estos manuables soportes para ofrecer productos a los que antes era casi imposible imaginar poder acceder. Pero es de alguna manera Dylan y su saga de Bootleg Series quien carga con la más suculenta de las canastas. Bob no es ningún tonto (ni tampoco lo es su compañía grabadora), y sabe que sus acólitos harán lo imposible para valerse de esas canciones inéditas o tomas alternativas que tanto los han desvelado con el correr del tiempo. Posee uno de los catálogos más amplios que puedan venir a la mente (aún en plena actividad y con una carrera que ya ha superado el medio siglo), y ha grabado tanto, pero tanto, que podría seguir ofreciendo material hasta el momento inédito por décadas. Para colmo, sus seguidores gozan de haber sido históricamente etiquetados como acaso los más fundamentalistas de todos, rastreando a diestra y siniestra todo registro musical que su eterno gurú haya plasmado cierta vez. Por lo que el material que integra cada uno de los lanzamientos de sus “series piratas” (para la ocasión de carácter aprobado oficialmente), lejos de aquellas grabaciones subterráneas que han circulado con el correr de los años, y ahora rescatadas directamente de los masters originales de estudio, representa un shot incuestionable de adrenalina. Y no hay mucho más que decir. El próximo 6 de noviembre verá entonces la edición de The Cutting Edge 1965-1966: The Bootleg Series Vol. 12 que, como su nombre lo indica, será el duodécimo capítulo en la saga de “piratas oficiales” inaugurada en 1991 (y que se inició con The Bootleg Series Volumes 1-3, Rare & Unreleased, 1961-1991)

Podemos decir que cada uno de los lanzamientos resulta fundamental para todo aquel que se precie de estimar la obra del gran Bob, pero es en éste, su nuevo capítulo, en el que más se concentra en el desarrollo de de su sonido eléctrico a lo largo de dos años decisivos de la década del ’60, tras haber dejado atrás su etapa original de folk acústico (para reformar no sólo su carrera, sino también la del rock en general) y enfocándose en demos primitivos, canciones inéditas y tomas alternativas de uno de los períodos dorados de su vasta trayectoria. Aquel durante el cual, entre enero de 1965 y febrero de 1966, Dylan editó álbumes magníficos como Bringing It All Back Home, Highway 61 Revisited y el doble Blonde on Blonde, y que dejaron muchas de sus más grandes canciones como ‘Subterranean Homesick Blues’, ‘Mr. Tambourine Man’, ‘Like a Rolling Stone’, ‘Visions of Johanna’, ‘Just Like a Woman’, ‘Positively 4th Street’ o‘Desolation Row’. En fiel consonancia con el tipo de lanzamientos que suelen verse por estos días, The Cutting Edge 1965-1966: The Bootleg Series Vol. 12 saldrá a la venta en tres formatos distintos: una edición básica y muy económica en CD doble, una versión expandida de seis CDs (que agrega un libro de 120 páginas con fotografías poco conocidas y de objetos de colección de la época), una tercera incluyendo 3 LPs, y una cuarta versión monstruosa (una edición limitada de 5000 copias “para coleccionistas”) que presentará dieciocho discos, y que incluirá cada posible nota que Dylan haya registrado en estudios entre 1965 y 1966 (con un total 379 canciones), cada una de las tomas y letras alternativas, más las reproducciones de nueve singles en sonido mono con su arte de tapa original, además de grabaciones privadas que Dylan realizó durante su estadía en hoteles de Londres, Glasgow y Denver, a lo que se le suma un libro de tapa dura de 170 páginas, y todo por el módico precio de 599.99 dólares. Sin ir más lejos, solamente las sesiones de grabación de Like A Rolling Stone (¡hay 20 versiones diferentes!) ocupan la totalidad de uno de los discos que componen la caja.
The Cutting Edge 1965-1966: The Bootleg Series Vol. 12 es la tercera de las series piratas lanzadas en los últimos dos años, precedida por Another Self Portrait y The Basement Tapes Complete. “Siempre tuvimos la idea de editar un disco con material anterior a su primer álbum, de los días en que Dylan cantaba en las cafeterías de Greenwich Village”, aseguró una fuente cercana al músico. “Y también nos encantaría revisitar Blood on the Tracks, Infidels, Oh Mercy, y los discos que hizo de gospel”
La  profanación sagrada de las bóvedas con material de archivo de uno de los artistas más significativos de todos los tiempos parece no tener fin. Mientras tanto, para los bien o mal acostumbrados, que sea Bob.

LISTADO DE DISCOS Y CANCIONES QUE COMPONEN LA EDICIÓN DE LUJO (6 DISCOS)

DISCO 1

  1. “Love Minus Zero/No Limit” (toma 1, acústica, incompleta)
  2. “Love Minus Zero/No Limit” (toma 2, acústica)
  3. “Love Minus Zero/No Limit” (toma 3, reversión acústica)
  4. “Love Minus Zero/No Limit” (toma 4, reversión eléctrica)
  5. “I’ll Keep It with Mine” (toma 1, demo en piano, previamente editada en ‘Biograph’, 1985)
    6. “It’s All Over Now, Baby Blue” (toma 1, acústica, previamente editada en ‘The Bootleg Series, Vol. 7’, 2005)
  6. “Bob Dylan’s 115th Dream” (toma 1, acústica, incompleta)
  7. “Bob Dylan’s 115th Dream” (toma 2, acústica)
  8. “She Belongs to Me” (toma 1, acústica)
  9. “She Belongs to Me” (toma 2, reversión acústica)
  10. “She Belongs to Me” (toma 1, reversión eléctrica)
  11. “Subterranean Homesick Blues” (toma 1, acústica, previamente editada en ‘The Bootleg Series, Vol. 1–3’, 1991)
  12. “Subterranean Homesick Blues” (toma 1, reversion eléctrica)
  13. “Outlaw Blues” (toma 1, acústica)
  14. “Outlaw Blues” (toma 2, eléctrica)
  15. “On the Road Again” (toma 1, acústica)
  16. “On the Road Again” (toma 4, eléctrica)
  17. “On the Road Again” (toma 1, reversión eléctrica)
  18. “On the Road Again” (toma 7, reversión eléctrica)
  19. “Farewell, Angelina” (toma 1, acústica, previamente editada en ‘The Bootleg Series, Vol. 1–3’, 1991)
  20. “If You Gotta Go, Go Now” (toma 1, acústica)
  21. “If You Gotta Go, Go Now” (toma 2, eléctrica)
  22. “You Don’t Have to Do That” (toma 1, acústica, incompleta)

DISCO 2

  1. “California” (toma 1, acústica)
  2. “It’s Alright, Ma (I’m Only Bleeding)” (toma 1, acústica, demo)
  3. “Mr. Tambourine Man” (tomas 1 y 2, incompleta, con banda)
  4. “Mr. Tambourine Man” (toma 3, incompleta, con banda)
  5. “It Takes a Lot to Laugh, It Takes a Train to Cry” (toma 1)
  6. “It Takes a Lot to Laugh, It Takes a Train to Cry” (toma 8)
  7. “It Takes a Lot to Laugh, It Takes a Train to Cry” (toma 3)
  8. “It Takes a Lot to Laugh, It Takes a Train to Cry” (toma 3, reversión)
  9. “Sitting on a Barbed Wire Fence” (toma 2)
  10. “Tombstone Blues” (toma 1)
  11. “Tombstone Blues” (toma 9, previamente editada en ‘The Bootleg Series, Vol. 7’, 2005)
  12. “Positively 4th Street” (tomas 1 y 3)
  13. “Positively 4th Street” (toma 4)
  14. “Positively 4th Street” (toma 5)
  15. “Desolation Row” (toma 1)
  16. “Desolation Row” (toma 2, demo en piano)
  17. “Desolation Row” (toma 5, reversión)
  18. “From a Buick 6” (toma 1)
  19. “From a Buick 6” (toma 4, editada erróneamente en la primera versión del álbum ‘Highway 61 Revisited’, 1965)

DISCO 3

  1. “Like a Rolling Stone” (tomas 1 y 3)
  2. “Like a Rolling Stone” (toma 4)
  3. “Like a Rolling Stone” (toma 5)
  4. “Like a Rolling Stone” (ensayo)
  5. “Like a Rolling Stone” (toma 1)
  6. “Like a Rolling Stone” (tomas 2 y 3)
  7. “Like a Rolling Stone” (toma 4, editada en el album ‘Highway 61 Revisited’, 1965)
  8. “Like a Rolling Stone” (toma 5)
  9. “Like a Rolling Stone” (toma 6)
  10. “Like a Rolling Stone” (toma 8)
  11. “Like a Rolling Stone” (tomas 9 y 10)
  12. “Like a Rolling Stone” (toma 11)
  13. “Like a Rolling Stone” (toma 12)
  14. “Like a Rolling Stone” (toma 13)
  15. “Like a Rolling Stone” (toma 14)
  16. “Like a Rolling Stone” (toma 15)
  17. “Like a Rolling Stone” (toma de la cinta master, pista en guitarra)
  18. “Like a Rolling Stone” (toma de la cinta master, pista en voz y guitarra)
  19. “Like a Rolling Stone” (toma de la cinta master, pista en órgano y batería)
  20. “Like a Rolling Stone” (toma de la cinta master, pista en piano y bajo)

DISCO 4

  1. “Can You Please Crawl Out Your Window” (toma 1)
  2. “Can You Please Crawl Out Your Window” (toma 17, editada erróneamente en el single ‘Positively 4th Street’)
  3. “Highway 61 Revisited” (toma 3)
  4. “Highway 61 Revisited” (toma 5)
  5. “Highway 61 Revisited” (toma 7)
  6. “Just Like Tom Thumb’s Blues” (toma 1)
  7. “Just Like Tom Thumb’s Blues” (toma 3)
  8. “Just Like Tom Thumb’s Blues” (toma 13)
  9. “Queen Jane Approximately” (toma 2)
  10. “Queen Jane Approximately” (toma 5)
  11. “Ballad of a Thin Man” (toma 2, incompleta)
  12. “Medicine Sunday” (toma 1)
  13. “Jet Pilot” -(toma 1, previamente editada en ‘Biograph’, 1985)
  14. “I Wanna Be Your Lover” (toma 1)
  15. “I Wanna Be Your Lover” (toma 6)
  16. “Unknown Instrumental” – (toma 2)
  17. “Can You Please Crawl Out Your Window” (tomas 5 y 6)
  18. “Visions of Johanna” (toma 1)
  19. “Visions of Johanna” (toma 5)

DISCO 5

  1. “Visions of Johanna” (toma 7)
  2. “Visions of Johanna” (toma 8, previamente editada en ‘The Bootleg Series, Vol. 7’, 2005)
  3. “Visions of Johanna” (toma 14)
  4. “She’s Your Lover Now” (toma 1)
  5. “She’s Your Lover Now” (toma 6)
  6. “She’s Your Lover Now” (toma 15, previamente editada en ‘The Bootleg Series, Vol. 1–3’, 1991)
  7. “She’s Your Lover Now” (toma 16, piano)
  8. “One of Us Must Know (Sooner or Later)” (toma 2)
  9. “One of Us Must Know (Sooner or Later)” (toma 4)
  10. “One of Us Must Know (Sooner or Later)” (toma 19)
  11. “Lunatic Princess” (toma 1)
  12. “Fourth Time Around” (toma 11)
  13. “Leopard-Skin Pill-Box Hat” (toma 3)
  14. “Leopard-Skin Pill-Box Hat” (toma 8)

DISCO 6

  1. “Stuck Inside of Mobile With the Memphis Blues Again” (toma 1)
  2. “Stuck Inside of Mobile With the Memphis Blues Again” (ensayo)
  3. “Stuck Inside of Mobile With the Memphis Blues Again” (toma 5, previamente editada en ‘The Bootleg Series, Vol. 7’, 2005)
  4. “Stuck Inside of Mobile With the Memphis Blues Again” (toma 13)
  5. “Stuck Inside of Mobile With the Memphis Blues Again” (toma 14)
  6. “Absolutely Sweet Marie” (toma 1)
  7. “Just Like a Woman” (toma 1)
  8. “Just Like a Woman” (toma 4)
  9. “Just Like a Woman” (toma 8)
  10. “Pledging My Time” (toma 1)
  11. “Most Likely You Go Your Way (And I’ll Go Mine)” (toma 1)
  12. “Temporary Like Achilles” (toma 3)
  13. “Obviously 5 Believers” (toma 3)
  14. “I Want You” (toma 4)
  15. “Sad-Eyed Lady of the Lowlands” (toma 1)

LOS 50 PERSONAJES MÁS SIMBÓLICOS DE LA HISTORIA DEL CINE (PARTE 4)

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Publicado en Evaristo Cultural el 14 de octubre de 2015

Que nombres como los de Travis Bickle, El Capitán Blood, Tony Montana o King Kong resulten ser más reales que una buena parte de las personas que protagonizan nuestros días es algo en lo que posiblemente podamos estar todos de acuerdo. La historia de la cinematografía nos dejó un tendal de personajes inolvidables. Nacieron en un guión, se criaron en un set de filmación, y terminaron habitando las salas de cine del barrio adonde íbamos a descubrirlos, o el living de nuestras casas. Los hemos idolatrado al máximo, y hasta incorporamos alguna o varias de sus frases y gestos a nuestra conducta habitual, convirtiéndolos en casos más reales de los que suelen poblar nuestra vida cotidiana. Como esos familiares lejanos que le despiertan a uno un cariño especial. Es cuando la ficción supera a la realidad y, no nos engañemos, tampoco es que la situación diste mucho de la realidad. Digámoslo así: los personajes de cine forman parte de nuestras vidas. Aún cuando habrá que sacrificar a quienes los protagonizaron y dejarlos, aunque sea por esta vez, en segundo plano. Todo listado resultará insuficiente, pero he aquí el primer intento (al que se le sumarán cuatro entregas) sobre 50 figuras inolvidables con las cuales seguimos maravillándonos, y que no parecen tener fecha de vencimiento.

Jett Rink (James Dean, ‘Giant’, 1956)
Da la impresión que James Dean tuvo que morirse para que el mundo comenzara a interesarse en su persona y entonces convertirlo en la figura más icónica de la desesperanza adolescente de los años dorados del cine. Con sólo siete películas en su filmografía personal (de las cuales en dos apareció apenas como extra), fue la última que rodó, Gigante, que le valió un Globo de Oro por su actuación, un año antes del accidente automovilístico que le quitó la vida. Co-protagonizada por un elenco estelar encabezado por Rock Hudson y Elizabeth Taylor, Jett es un cowboy que renuncia a todos sus ideales a cambio del amor por una mujer, todo dentro de un marco que refiere a la discriminación generalizada de los ciudadanos de origen mexicano en los Estados Unidos, y que no casualmente había alcanzado un punto álgido en el mismo año en que se rodó la película. Gigante cobraría un rol importante al ser galardonada culturalmente con el transcurrir de los años, y así Dean, el rebelde del celuloide por excelencia, dejaría plasmada la actuación más maduro de su corta carrera cinematográfica.

Dr. Zaius (Maurice Evans, ‘Planet of the Apes’, 1968)

Si 2001: Odisea en el Espacio marcó el paso indiscutible de la ciencia ficción al plano cinematográfico, dejando atrás su lugar de cine de clase B de segundo plano, si no fuera por El Planeta de los Simios jamás hubiéramos tenido producciones de la calidad de Alien, El Octavo Pasajero (1979) o, sin ir más lejos, La Guerra de las Galaxias (1977) Y fue precisamente algo así como una década antes de estos filmes que, basado en el libro de Pierre Boille del mismo nombre, el director Franklin J. Schaffner tomó las riendas para realizar un largometraje en el que una tripulación de astronautas aterriza en un planeta desconocido del futuro dominado por simios, y donde la humanidad debe responder a la esclavitud a la que éstos la somete. Entre ellos, Zaius, de especie orangután (protagonizado por Maurice Evans), Ministro de la Ciencia y Jefe Principal de la Fé, con su constante temor ante la inteligencia del astronauta George Taylor (protagonizado por Charlton Heston), termina convirtiéndose en el personaje más antagónico y significativo de este singular relato, protegiendo a su civilización de primates de la “pestilencia andante” de la humanidad.

Luke ‘Cool Hand’ Jackson (Paul Newman, ‘Cool Hand Luke’, 1967)

A primera vista, el nombre de Paul Newman sugiere una serie de largometrajes clásicos y definitivos muy a la altura de su condición de superestrella cinematográfica. Galán de galanes, Newman y sus ojos azules se cargaron la platea femenina por la eternidad hasta su fallecimiento en el 2008. Pero lejos de su gran porte físico (considerado “el más bello de los bellos”), resulta ser que además Newman actuaba maravillosamente bien. Demasiadas películas para nombrar a la hora de pensar en su filmografía, pero no deja de resultar interesante su rol en el drama La Leyenda del Indomable, quizás su film de culto por excelencia y en el que Luke, un presidiario de una cárcel del estado de Florida, caracterizado por su permanente tozudez y resistencia ante la autoridad, y que termina siendo el favorito entre el resto de los internos de la penitenciaría al (quienes lo alientan al son de “¡Sos alguien original, eso es lo que sos!”) Mención aparte para la banda de sonido original a cargo del gran Lalo Schifrin.

Terry Malloy (Marlon Brando, ‘On the Waterfront’, 1954)
A mediados de la década del ’50, el director griego-estadounidense Elia Kazan se encontraba en plena campaña de “caza de brujas” con una movida netamente macartista que combatía toda posible incursión comunista en Hollywood, y tal vez haya sido On the Waterfront (que por estas tierras se conoció como LaLey del Silencio) su propia eximición de culpas y conciencia. Malloy es un boxeador fracasado que se gana la vida como trabajador portuario en un clima de permanente corrupción del cual es parte deliberada hasta que, tras participar de un crimen, decide cambiar de opinión y, agotado de lidiar con las presiones cotidianas, opta por dar un giro de ciento ochenta grados y hasta terminar denunciando a su propio hermano, que era figura clave de la organización, convirtiendo al filme en una pieza ciento por ciento Marlon Brando, su protagonista principal.

 Ethan Edwards (John Wayne, ‘The Searchers’, 1956)
En el que fuera considerado uno de los western más venerados del género, un veterano de la Guerra Civil se embarca en un viaje para rescatar a su sobrina (papel a cargo de Natalie Wood) de una tribu indígena. Claro que eventualmente no es su principal intención hacerlo, pero sí asesinarla, tras considerar que lo que ha hecho ofende su sentido de la decencia. Conocida aquí como Más Corazón Que Odio, el rol de Ethan perdurará en los anales cinematográficos como uno de los papeles más significativos del controvertido John Wayne, que además gusta de profesar cierto tipo odio por los indios, y quien no confía en absolutamente nadie, salvo en sí mismo.

Joe Clay (Jack Lemmon, ‘Days of Wine and Roses’, 1962)
Joe y su esposa Kristen Amesen son personas tan corrientes como Ud. y yo. Joe se dedica a las relaciones públicas, y Kristen es la secretaria principal de una gran empresa, pero con todo eso nada impidió que el director Blake Edwards nos demuestre como dos personas con vidas tan mundanas y normales no puedan caer en el infierno de la dependencia del alcohol y su pozo sin fondo plagado de demonios. Así, el matrimonio pasará encantadoras jornadas rindiéndole culto al placer etílico sin límites y compartiendo la más sagrada de sus pasiones (precisamente, a lo que refiere el título del film), adentrándose cada más en el infierno de su enfermedad compartida, y del cual sólo lograrán entrar en razón al percatarse que su estilo de vida no era el más indicado para criar a su hija. Días de Vino y Rosas acabó siendo una crítica directa al poder de las adicciones en general.

Lt. (Harvey Keitel, ‘Bad Liutenant’, 1992)
Le llevó un buen tiempo al actor Harvey Keitel lograr el  merecido reconocimiento del público masivo y la secta cenéfila como parte de una generación que, basada en grandes nombres como el de De Niro, Hoffman o Pacino, entre otros, hizo que su trabajo terminara siendo eclipsado por un largo período. Pero es imposible no recordar, entre tanto personaje asociado con su figura (Pulp Fiction, Perros de la Calle, etc.) su rol en Un Maldito Policía, el film de Abel Ferrara de título directo en el cual Keitel encarna al policía más corrupto y depravado que se recuerde, sumido en el mismísimo submundo que en rigor debería combatir, y a cambio dedicándose a todas las actividades ilícitas que ni el más salvaje de los criminales podría haber cometido.

Hans Beckert (Peter Lorre, ‘M’, 1931)
Personaje repulsivo que acaba siendo víctima de sus propios instintos, el provocador rol de Hans Beckert, un perfecto y torturado psicópata en la Dusseldorf de los años oscuros, representa una de las criaturas más trastornadas que alguna vez desfilaron por la gran pantalla. Conocida en el mundo hispano como El Vampiro de Dusseldorf, o El Vampiro Negro, inspirada en el caso real del asesino serial Peter Kürten, Beckert deambula por las calles de la ciudad en busca de inocentes niños con el fin de convertirlos en su presa .El director Fritz Lang aprovechó la ocasión para hacer su propia crítica social al sistema, indirectamente dirigida al partido nazi, el cual que terminó censurando su obra, y su mejor película.

Nigel Tufnel (Christopher Guest, ‘This Is Spinal Tap’, 1984)
¿Quién hubiera imaginado alguna vez que uno de los personajes centrales de una de las más ácidas sátiras sobre el estilo de vida del rock & roll podía acabar influyendo a la mismísima historia de éste? Ningún largometraje como This Is Spinal Tap (que aquí se conoció como Esto Es Spinal Tap) caló tan hondo al burlarse de prácticamente todos los clichés posibles de un género desbordante en detalles del cual agarrarse. Fueron al fin y al cabo el director Rob Reiner y los actores de reparto Christopher Guest, Michael McKean y Harry Shearer (quienes integraban el combo musical protagonista del filme) los verdaderos responsables de semejante ocurrencia, un documental apócrifo sobre los avatares de una banda de heavy metal, y la ácida crítica a sus pretensiones personales y actitudes en una época en que el estilo tuvo su paso más brillante por la escena del espectáculo. Pero fue Guest y su personaje de Nigel Tufnel el que logró el papel más representativo, con sus solos de guitarra inolvidables y su ego sin límites, transformando a Spinal Tap (ambos banda y película) en un producto único en su especie.

HAL 9000 (‘2001:A Space Odyssey’, 1968)
Por lo menos una vez el personaje principal de una película tenía que ser absolutamente ficticio, y para representarlo nada mejor que HAL 9000 (Heuristically Programmed Algorithmic Computer, o “computadora algorítmica programada heurísticamente”), que controla completamente el sistema que comanda la nave espacial Discovery One, cuya población, obsesionada por las señales que transmite un monolito lunar proveniente de alguna civilización extraterrestre. En el film que Stanley Kubrick dirigió en 1968, y que aquí recordaremos con el nombre de 2001: Odisea del Espacio, HAL aparece físicamente representada por una cámara del tipo fish eye (ojo de pez), desde donde imparte las órdenes a la tripulación de la nave.

 

 

 

KEITH RICHARDS | BLUES, AMNESIA Y CORAZONES BIZCOS

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Publicado en Evaristo Cultural el 17 de septiembre de 2015

“Siento como que todo el mundo me otorgó una especie de licencia diciéndome ‘Seguí Keith, hacelo, porque nosotros no podemos hacerlo, hacelo por nosotros’ Y yo les decía, ‘Lo voy a hacer, pero no me voy a pasar del límite’” Keith Richards no sólo terminó excediendo esos límites, sino que también acabó marcando nuevas metas que ni él mismo alguna vez imaginó, dejando atrás su condición crucial de “el guitarrista de los Rolling Stones”, para también convertirse en la quintaesencia de uno de los personajes más simbólicos que la historia ha alumbrado. La del creador que derrocha virtud desde aquellos riffs inigualables, y la del arquitecto principal de una banda cuyo sonido fue emulado universalmente. A sus 71 años de edad (que se tornarán 72 el próximo diciembre), Richards puede haber desacelerado sus días salvajes de estilo de vida de rock and roll extremo, pero es en rigor lo que siempre fue su verdadera adicción, la de la música, y la de su amor por ella, la que nunca permitió que se ponga algún tipo de freno artístico. “Salir a tocar está en la sangre, en los huesos”, apuntaría. ¿Y entonces qué mejor motivo para celebrar su pasión, aquella misma que siempre lo llevó a mantenerse imparable, que la salida de un nuevo trabajo en solitario? Así las cosas, este 18 de septiembre marcará el lanzamiento de Crosseyed Heart, su nuevo álbum personal.

El disco llega en un momento ideal y muy esperado que seguramente saciará la ya insoportable sed de los acólitos de los Rolling Stones, quienes no ofrecen un nuevo trabajo de estudio completo desde el año 2005, cuando editaron el recordado A Bigger Bang, y a excepción de alguna que otra canción suelta que fue la excusa deliberada para promocionar compilados del grupo. Richards decidió esperar encontrar el momento indicado para su nueva aventura, que es el de un alto en la gira que conmemoró el 50 aniversario de su legendaria banda, el cual comenzó en Londres a fines de 2012 y que, interrumpidamente y bajo distintos nombres, fue realizando shows conmemorativos desde entonces con un repertorio basado en los grandes éxitos de los Stones a través de las décadas, a los que ahora se le agrega la posibilidad de nuevas fechas en Sudamérica a principios del año próximo, pero que por el momento no se alejan de los rumores de siempre. ‘Crosseyed Heart’ es, además, su primer trabajo solista después de 23 años, en aquel momento en que editóMain Offender en 1992. Pero mucho antes Richards había dado su primer paso en solitario de manera no deliberada. Fue cuando para la Navidad de 1978 (seis meses después de que el mundo conociera el celebrado disco de los Stones Some Girls), Keith lanzó el simple con las canciones Run Rudolph Run (de la autoría de Johnny Marks y Marvin Brodie, más conocida por la versión de Chuck Berry, uno de sus sempiternos ídolos musicales), que estuvo acompañada en la cara B por The Harder They Come, un reggae de la pluma de Jimmy Cliff, y que habían sido grabadas dos años antes de su llegada al mercado. El single no fue más que un capricho de la Rolling Stones Records, por lo que Richards jamás se había planteado una carrera en solitario. No lo sentía, mucho menos lo necesitaba, y es aún hoy día que sigue manifestando en cualquier oportunidad que se le presente que su gran prioridad siempre fueron los Stones. Pero quiso el destino que una mala jugada de su colega Mick Jagger termine llevándolo a ir contra su propia voluntad. Eventualmente, en 1985, Jagger no pudo con su eterno ego y, desafiando todo posible pacto con su compañero de ruta, aprovechó una oportunidad de inactividad de los Stones (que por entonces llevaban dos años sin nuevo trabajo, desde el álbum Undercover de 1983) para poner en marcha su primer disco solista She’s the Boss. Richards no pudo soportarlo, pero muy a pesar de la situación reinante mantuvo sus reservas esperanzado con que al año siguiente los Stones girasen de la mano de su disco Dirty Work, que la dupla grabó de manera forzada, y en plena batalla. Pero Jagger redobló la apuesta y no sólo no le dio el gusto a su compañero, sino que además, y una vez más montado a su inalterable ego-trip, sacó un segundo disco al año siguiente, y que a pesar de las declaraciones de Richards a la Prensa tras escuchar los rumores que referían a un tour solista de Mick (“le voy a cortar la garganta”), finalmente terminó saliendo de gira apoyándose en una banda improvisada que hasta se atrevió a hacer canciones de los Stones, acaso el más contundente de los sacrilegios que Richards podría haber imaginado. El conflicto ya estaba declarado, y la seguidilla de hechos marcó una grieta profunda en su relación de toda una vida, y que hasta la fecha jamás volvió a ser siquiera la sombra de lo que alguna vez fue (“la Tercera Guerra Mundial”, tal como la definió el guitarrista) Sin retorno, Keith no tuvo otra opción que tomar el mismo camino, y muy a pesar de verse obligado a ir contra sus propios principios, acabó convocando a un grupo de amigos, con los que formó los X-Pensive Winos (los “Borrachos Caros”), integrados por el guitarrista Waddy Wachtel (histórico sesionista que supo trabajar con James Taylor, Stevie Nicks, Jackson Browne, Linda Ronstadt, entre otros), el tecladista Ivan Neville (hijo del cantante de soul Aaron Neville, e integrante de los Neville Brothers), el bajista Charley Drayton, y más notablemente el baterista Steve Jordan. Así Richards editaría su auténtico primer trabajo solista en 1988, el álbum Talk Is Cheap (co-producido con Jordan), y que además contó con una lista de ilustres invitados que incluía a Bobby Keys (el perpetuo saxo de los Stones), Bootsy Collins y Maceo Parker (James Brown, Parliament-Funkadelic), Bernie Worrell, la cantante Sarah Dash (de Patti LaBelle & the Bluebelles), y hasta el ex Stone Mick Taylor. El disco alcanzó un excelente nivel de ventas promovido por una pequeña gira presentación en los Estados Unidos, el primer itinerario solista de Richards de su vida, el mismo que también propulsó el lanzamiento del disco Live at the Hollywood Palladium, que registró uno de los shows de la gira, y que asimismo estuvo acompañado por su edición en video. Y así como Jagger se regodeó en su terquedad años antes, ni siquiera el éxito de Steel Wheels (el nuevo disco de los Stones de 1989, y las giras que lo sucedieron en los dos años siguientes), le impidieron a un ya entrenadísimo Richards salir al ruedo con Main Offender, su nuevo trabajo con los Winos, que vio la luz en 1992, y cuyo primer show de la gira presentación (un nuevo periplo íntimo con fechas en teatros de USA y Europa) tuvo lugar en el Buenos Aires aquel 7 de noviembre de ese año, concierto que además marcaría el primer desembarco de un Stone de cepa en nuestro país, tres años antes de la llegada de la banda en febrero de 1995.

Con los Stones en modo ‘hibernación’ tras su gira de 2007, Richards se tomó dos años y medio para propiciarse un merecido descanso (básicamente para recuperarse del accidente que había sufrido el año anterior tras caerse de un cocotero en Fiji y verse sometido a la extracción del coágulo cerebral que el suceso le produjo), pero también para escribir (junto a James Fox) su autobiografía Life, que fuera finalmente publicada en 2010, y que logró un éxito en ventas a lo largo y ancho del globo. “El libro fue la cosa más difícil que hice en mi vida”, declararía. “¿Y vos te pensás que el mundo de la música es malo? El de los libros es más increíble, están ahí desde hace mucho más tiempo”
El proceso de desandar su vida (y simultáneamente convertirse en un auténtico hombre de familia) encajó a la perfección con el de ponerse a escribir nuevas canciones en 2011 junto a su colaborador y co-productor (y miembro de los X-Pensive Winos), el baterista y multi-sesionista Steve Jordan, y también volver a flexionar los músculos compositivos por entonces ya un tanto fláccidos, que no entrenaba desde que los Stones grabaron ‘A Bigger Bang’ en 2004. “A decir verdad, no nos propusimos hacer un nuevo disco per se”, afirmó. “Nos dijimos, ‘Metámonos en el estudio y grabemos algunas canciones, y veamos qué sucede’” El experimento, el primero que graba sin plazo de entrega determinado, arrojó como resultado su tercer trabajo de estudio Crosseyed Heart (sin incluir el disco en vivo de 1988, o la recopilación Vintage Vinos de 2010), que resulta un guiño respetuoso a la música americana que le dio forma a su vida (a la que al mismo tiempo Richards también contribuyó), un total de 15 canciones que escarban en el blues y el rock, así como también en el country, el folk y el reggae, sin dejar incluir tonadas de clásico tinte stoniano. La canción que abre el disco (y que también le da su título), empapada de lascivo romance (o todo lo que pueda terminar haciendo alusión a un “corazón bizco”) tiene reminiscencias absolutas de Robert Johnson, el legendario músico de blues del delta del Mississippi que, según reza la leyenda en todo su folklore faustiano, le vendió su alma al diablo a cambio de obtener talento como cantante y compositor. Su voz rasposa (“Sé que mi rango es bastante limitado, pero al mismo tiempo también lo es el de Bob Dylan”) y el sonido clásico de su guitarra aparecen a lo largo de la totalidad del disco, en el cual Richards también aportó bajo y teclados (Wurlitzer, Farfisa), sitar eléctrico y hasta una pequeña guitarra colombiana, al menos en algunas de las canciones. Para la grabación, Richards convocó nuevamente a la totalidad de sus amados Winos (esta vez sin la colaboración de Charley Drayton), sumados al saxo de Bobby Keys (en Amnesia y Blues in the Morning, sus últimas grabaciones, tras fallecer en diciembre del año pasado), así como a la cantante Norah Jones, con quien canta a dúo en Illusion. ‘Crosseyed Heart’ tuvo su adelanto en julio pasado de la mano de Trouble, primer corte del disco. El álbum también cuenta con la participación de Bernard Fowler (corista de los Stones desde 1989), Spooner Oldham (en Lover’s Plea) y el multi-instrumentista Larry Campbell (que entre otras actividades fuera miembro permanente de la banda de Bob Dylan de 1997 hasta 2004, en la canción Robbed Blind) Pero es incuestionablemente su versión de Goodnight Irene, el clásico de Leadbelly (para la cual Richards respetó la letra original en su integridad), que seguramente se convertirá en la más simbólica de las pistas que integran ‘Crosseyed Heart’, la cual Richards decidió incluir después que su amigo, el músico Tom Waits, le obsequiara una biografía sobre el legendario cantante y compositor de folk y blues de comienzos del siglo pasado.

Adicionalmente, el lanzamiento del disco estará apoyado por Keith Richards: Under the Influence , un documental a estrenarse en la señal Netflix el mismo día de su edición, cuya dirección estuvo a cargo de Morgan Neville (ganador del Oscar por la película ‘20 Feet from Stardom’), y que registra imágenes de las sesiones de grabación del flamante trabajo, así como también algunos pantallazos de material en video inédito de los Rolling Stones a través de los años, más material fílmico de recientes visitas de Richards a las ciudades de Nashville y Chicago.
Fuera de su nueva aventura solista, el guitarrista se mantiene optimista e impaciente respecto a convencer al resto de los Stones a meterse en estudios para registrar un sucesor de ‘A Bigger Bang’. “Estuvimos hablando de grabar una vez finalizada la gira, pero no hay nada definitivo, sólo deslizamos la idea. Todo puede suceder. Me gustaría ver hasta dónde podemos evolucionar. No tengo ninguna demanda, o alguna visión en particular, pero uno es parte de esta cosa y quiero ver hasta dónde podemos llegar” Así lo afirma Keith Richards, el más improbable de los sobrevivientes del rock’n’roll, que otra vez ha cruzado un nuevo límite.

KEITH RICHARDS – CROSSEYED HEART
1. Crosseyed Heart
2. Heartstopper
3. Amnesia
4. Robbed Blind
5. Trouble
6. Love Overdue
7. Nothing On Me
8. Suspicious
9. Blues in the Morning
10. Something for Nothing
11. Illusion
12. Just A Gift
13. Goodnight Irene
14. Substantial Damage
15. Lover’s Plea