LOS 50 PERSONAJES MÁS SIMBÓLICOS DE LA HISTORIA DEL CINE (PARTE 5)

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Publicado en Evaristo Cultural el 29 de enero de 2016

Que nombres como los de Travis Bickle, El Capitán Blood, Tony Montana o King Kong resulten ser más reales que una buena parte de las personas que protagonizan nuestros días es algo en lo que posiblemente podamos estar todos de acuerdo. La historia de la cinematografía nos dejó un tendal de personajes inolvidables. Nacieron en un guión, se criaron en un set de filmación, y terminaron habitando las salas de cine del barrio adonde íbamos a descubrirlos, o el living de nuestras casas. Los hemos idolatrado al máximo, y hasta incorporamos alguna o varias de sus frases y gestos a nuestra conducta habitual, convirtiéndolos en casos más reales de los que suelen poblar nuestra vida cotidiana. Como esos familiares lejanos que le despiertan a uno un cariño especial. Es cuando la ficción supera a la realidad y, no nos engañemos, tampoco es que la situación diste mucho de la realidad. Digámoslo así: los personajes de cine forman parte de nuestras vidas. Aún cuando habrá que sacrificar a quienes los protagonizaron y dejarlos, aunque sea por esta vez, en segundo plano. Todo listado resultará insuficiente, pero he aquí el primer intento (al que se le sumarán cuatro entregas) sobre 50 figuras inolvidables con las cuales seguimos maravillándonos, y que no parecen tener fecha de vencimiento.


William “Bill” Kilgore (Robert Duvall, ‘Apocalypse Now’, 1979)
Una playa de un río vietnamita no parece ser el mejor de los lugares para disponerse a un obtener un buen bronceado, pero sí para albergar a una de las escenas clave de una de los mejores largometrajes bélicos alguna vez filmados. La mera mención de Apocalypse Now nos lleva instantáneamente a la figura de Marlon Brando, pero es Bill Kilgore, el personaje encarnado por Robert Duvall (una vez que dejamos pasar su emblemático rol de el consiglieri en El Padrino, u otros papeles secundarios, por los que siempre se caracterizó), el teniente coronel de Caballería del Tío Sam al que “el enemigo rojo” hizo que terminara regresando a su tierra de origen con la cola entre las patas, que termina siendo el personaje más magnético de la película y, sin ir más lejos, con aquel discurso de Duvall sin desperdicio: “¿Olés eso? ¿Lo olés? Napalm, hijo. Nada en el mundo huele así…Amo el olor de las napalm en la mañana. Sabés, una vez nos bombardearon una colina durante doce horas. Cuando todo terminó, me acerqué caminando. No encontramos ni uno de ellos, ni un solo cuerpo maloliente. El olor, sabés. aquel olor a gasolina por toda la colina. Olía a victoria. Algún día esta guerra terminará…”

Erik (Lon Chaney, ‘The Phantom of the Opera’, 1925)
El fantasma del rostro deformado detrás de la máscara que merodea la Opera de París con el mero objetivo de lograr convertir en estrella a la mujer que ama, generando una serie de asesinatos horrorosos durante la marcha, hasta acabar ahogado en el río de manos de una multitud irascible. No hace falta entrar en detalles a la hora de describir el logradísimo papel de Chaney en uno de los clásicos indisputables del terror. Aún fuera de escena, antes del inicio de cada jornada de rodaje, Chaney se maquillaba solo (secreto que no se develó hasta el mismísimo estreno del film), lo que le dio a El Fantasma de la Opera un toque aún más siniestro, por si algo le faltaba.


Detective Virgil Tibbs (Sidney Poitier, ‘In the Heat of the Night’, 1967)
Ganadora de cinco premios Oscar, en En el calor de la noche, el actor Sidney Poitier encarna a un detective originario de la ciudad de Philadelphia que, especializado en homicidios, se ve súbitamente envuelto en el asesinato de un poderoso hombre de negocios, para terminar siendo acusado del hecho, y luego solicitado a resolverlo, llevando al detective negro Tibbs a una tarea complicada, al ver sus intentos frustrados gracias a la presencia del sheriff Bill Gillespie (protagonizado por Rod Steiger), y los conflictos raciales en común. No resulta para nada casual el rol de Poitier que, cuatro años antes, en base a su trabajo en Lilies of the Field, se había convertido en el primer afro-americano ganador de un premio Oscar. Finalmente, al darse cuenta que ningún hombre solo iba a poder resolver el caso por sus propios medios, detective y sheriff deciden dejar de lado sus prejuicios, aunando fuerzas en busca de la verdad detrás del caso.

Gordon Gekko (Michael Douglas, ‘Wall Street’, 1987)
Poco después de verse seducido salvajemente por Glenn Close en Bajos Instintos, y apenas unos años antes de salir de sus cabales ante el ritmo de la sociedad cotidiana en Un Día de Furia, Michael Douglas encarnó uno de los roles cinematográficos más insignes, llevándose a todo por delante en el intento de hacer lo que sea a cambio de alcanzar la cima en el alocado mundillo financiero de la Bolsa neoyorquina. Amparado en su canto de batalla, el omnipresente “la codicia es buena”, y permanentemente idolatrado por su joven compañero de aventuras Bud Fox (Charlie Sheen), quien no duda en seguirle los pasos a la hora de romper con todo límite ético posible, bajo las órdenes del director Oliver Stone. Irónicamente, la película tuvo su estreno poco antes de la crisis financiera del mismo año en que llegó a los cines.

Forrest Gump (Tom Hanks, ‘Forrest Gump’, 1994)
La vida ha sido muy poco generosa con el pobre de Forrest, dotándolo de un coeficiente intelectual por demás escaso (y de un eventual retraso mental), pero a pesar de ello Gump lleva adelante una existencia lo suficientemente encantadora, dominada por una serie de episodios inconexos que lo lleva a conocer a los presidentes John F. Kennedy, Lyndon Johnson o Richard Nixon, a invertir en computadoras Apple, a transformarse en estrella del fútbol americano, a echar luz sobre el escándalo Watergate, a codearse con el movimiento hippie de la época, o a enseñarle a bailar a Elvis, mientras corre incansablemente a través de su país a lo largo del paso de los años. Dirigida por el gran Robert Zemeckis. Run Forrest Run!

Raymond Babbitt (Dustin Hoffman,
‘Rain Man’, 1988) 
A Hoffman no le hacía faltar lograr otra de sus actuaciones majestuosas para sostener una trayectoria cinematográfica impecable, esta vez representando a Raymond Babbitt, el hermano mayor autista de su prójimo Charlie (protagonizado por Tom Cruise) Así, Raymond termina siendo el único beneficiario de la fortuna devenida de la herencia de su padre, y no su hermano menor, que desconocía su existencia hasta el momento de enterarse de la muerte de su progenitor, y al que sólo le toca un automóvil de 1949, además de su colección de rosas. Pero Raymond, en este drama del director Barry Levinson, es incapaz de funcionar como un ser humano normal, y acaba subyugando al joven Charlie.


Melanie Daniels (Tippi Hedren, ‘The Birds’ 1963)
La madre de Melanie Griffith era tan bella como su hija, y no por nada terminó siendo la cara elegida para protagonizar una de las obras más purgantes del más perverso de los cineastas. En una de los trabajos más rutilantes de Hitchcock, una chica joven del mundo snob de la clase alta de de San Francisco conoce al abogado Mitch Brenner (Rod Taylor) en una tienda de venta de pájaros de la ciudad, pero decide no prestarle atención al estar al tanto de su vida por demás alocada. Obsesionada por el hecho, Melanie decide presentarse al poco tiempo en la casa de la madre de Mitch pero, al llegar, descubre que los pájaros que habitan la zona terminan enloqueciendo, al punto de atacar a sus habitantes, y sin explicación aparente.

Edward Scissorhands (Johnny Depp,
‘Edward Scissorhands’, 1990) 
Una película cuya escena inicial muestra al gran Vincent Price ensamblando el cuerpo de un personaje sintético no podía responder sino a la mente de un director como Tim Burton. Edward contaba con todas las partes necesarias que podía reunir la morfología humana común y corriente, a excepción de sus manos compuestas por tijeras. Así termina saliendo de su mundo de aislamiento, para adentrarse en la sociedad, dando así lugar a un personaje que, logrando amalgamar el romanticismo y la fantasía ténebre le permitió a Depp y El Joven Manos de Tijera conquistar al público masivo en éste, el primer largometraje que lo llevó a la auténtica popularidad.

Carrie White (Sissy Spacek, ‘Carrie’, 1976)
La salas de cine ya habían muerto de espanto con El Exorcista. El filme había logrado trascender todo lo que se había logrado en materia de shock hasta el momento, una obra de arte en la que cada detalle logró un efecto en el público sin precedentes. Solamente una historia inspirada en una de las millones que escribió Stephen King podía igualar semejante clima de horror, por acaso en una historia bastante más creíble. Podremos recordar a la actriz Sissy Spacek en papeles mucho más normales como en Missing o La Hija del Minero, pero fue en ésta, en la que encarna una flaca escuálida y de piel casi transparente que es víctima de las burlas de sus compañeros de escuela en su pequeño pueblo, alimentadas por la culpa religiosa permanente, crédito de su madre, la misma que la lleva a horrorizarse ante su primera menstruación, y que sólo la unión de la sobresaliente dirección de Brian DePalma y la pluma de King, en su novela inaugural, logró para la eternidad.

John “Bluto” Blutarsky (John Belushi, ‘National
Lampoon’s Animal House’, 1978)
Al director John Landis se le ocurrió realizar un film de bajo presupuesto, para terminar logrando una comedia de éxito fenomenal que al mismo tiempo catapultó a varios de los integrantes de su elenco al estrellato, y en la que un grupo de reprobados de un colegio secundario estadounidense (donde algunos incluso ya han superado los 20 años de edad) lleva adelante su delicada misión, la de corromper el clima moral y ortodoxo de la institución, desafiando su hasta entonces establecido orden social, en un rol que a Belushi, tanto en su tan característica fase actoral (como así también en su vida fuera de la pantalla), pareció haber sido creado a su medida.

 

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