Entrevista: Ariel Rot. Nunca es tarde para el rock and roll

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Publicado en Evaristo Cultural en noviembre de 2013

Casi como de sorpresa, Ariel Rot estuvo nuevamente de visita en Buenos Aires. El músico y compositor argentino, radicado en Madrid desde hace ya casi cuatro décadas, eximio guitarrista de rock and roll desde el vamos junto a Tequila y pasando por Los Rodríguez hasta su significativa presente carrera en solitario (el mejor de los hispanos en el género, al menos para quien aquí subscribe), aterrizó en Ezeiza con una agenda conmocionante bajo el brazo: promoción de La Huesuda (su más reciente disco, que acaba de editarse en el país), la organización de una banda autóctona para acompañarlo en las futuras presentaciones del álbum en su suelo natal y, claro, visitar a su círculo familiar y de amigos. Y de paso demostrar que entrevistarlo puede ser tan placentero como escuchar sus grandísimas canciones.

Quisiera abrir el juego recordando una anécdota similar a lo que creo fue tu rol en España. Cuando cierta vez le preguntaron a Bill Wyman, el bajista original del grupo, cuál había sido el logro más importante de los Rolling Stones en todos esos años, respondió algo así como que “tuvieron que ser cinco chicos blancos de Inglaterra quienes redescubrieron el Blues, lo revivieron, y se lo devolvieron a los Estados Unidos”.
Bueno, la mirada de Bill siempre fue bastante curiosa, como quitándole mérito a la revolución que los Stones hicieron. Es la mirada correcta, y está bien tenerla, pero es un poco subestimar lo que significaron los Stones en la cultura y en el mundo pero, en fin, ya sabemos cómo es Bill…

Exacto, es por eso que la anécdota de Wyman me resulta oportuna como introducción a la pregunta sobre lo que fue, de algún modo bastante similar, tu propio rol en el rock español a partir de tu llegada a Madrid hacia finales de la década del ’70. En rigor, un extranjero que, gracias a Tequila, les hace conocer a los españoles el rock and roll como tal, y en cierta forma descubrirlo después de todos esos años oscuros de la España franquista.
Hay que aclarar que no es que no había nada de rock en España en aquel momento. Evidentemente sí lo había, pero Tequila fue el primer grupo que salió de lo marginal, que generó y que trascendió el negocio del rock. Ya teníamos algunos colegas haciendo cosas, como es el caso de los Burning y Ramoncín, pero fue Tequila a quienes le tocó armar esa especie de tornado, de dar vuelta todo y hacer que tanto las radios comerciales como las compañías discográficas empiecen a tomarse en serio el rock y darse cuenta que ahí había algo. Tanto es así que en los siguientes años se ficharon una cantidad interminable de grupos, incluso probablemente de más (risas) Debo reconocer que jugábamos con una fuerte ventaja y que era la de ser muy jóvenes en aquel momento, y que ya traíamos una fuerte tradición encima.

Quizás de haberse dado más tardíamente ese desembarco, y por ende haberte encontrado con más edad, no hubiera logrado el mismo efecto. Me refiero al impacto que Tequila tuvo esencialmente en los adolescentes que los seguían.
Es que básicamente éramos un banda de rock marginal, que no vendía discos. Pero una vez que comenzamos a hacerlo se nos sumó el “fenómeno fan”, que estaba muy fuerte en aquel momento, y quizás por inexperiencia, o por ser tan jóvenes y algo torpes, cometimos ciertos errores que nos descalificaron en la liga rockera. Pero por suerte el paso del tiempo, y los discos, nos volvieron a poner en su lugar.

No puedo dejar de lamentar que, si bien la carrera de Tequila fue relativamente corta, pero no por eso menos simbólica, hayan lanzado tan pocos discos. Confidencial (N. de la R: el último trabajo del grupo, editado en 1981) es un álbum fantástico, y cuesta creer que, habiéndose editado hace ya más de 30 años, suene aún tan fresco.
Sucede que por ese entonces ya habíamos empezado a tener otras influencias. Nos habíamos hecho muy fans de los Clash, de Ian Dury and the Blockheads. De hecho el tecladista Mickey Gallagher, que tocaba con los Blockheads y con los Clash, fue quien puso el Hammond en la canción “Salta” Porque los Blockheads estaban grabando en la sala de estudio que estaba arriba de la nuestra en Londres. Ya para Confidencial habíamos cambiado bastante la estética. Estábamos todos muy fascinados con lo que pasaba. Uno miraba las listas de ventas de Inglaterra y resultaba realmente fascinante. Si las comparás con las de ahora decís realmente “¿pero qué pasó?”.

Resultan claras tus influencias a la hora de tocar guitarra, claramente de pura cepa stoniana, directamente de la escuela de Chuck Berry, y otras tantas a la hora de componer, pero asimismo tu carrera solista también nos deparó grandes letras. ¿Podrías también citar alguna influencia en lo literario?
Yo creo que cada vez menos. Cuando empecé a componer solo, no tenía la experiencia de la responsabilidad de componer discos enteros por mí mismo. Tengo pocas influencias, pero por ejemplo pongamos el caso de “Milonga del marinero y el capitán” Los poemas de Raúl González Tuñón musicalizados por el Tata Cedrón fueron los que me llevaron a hacerla. Yo de chico escuchaba mucho al Cuarteto Cedrón, todos esos discos que estaban en la casa de mis padres, de quienes también hice “Eche 20 centavos en la ranura” Realmente no sé cómo me volvió a la memoria, desconozco el motivo por el que llegué ahí otra vez. En realidad no podría citar a ningún maestro en especial. Desde ya, mi mayor respeto a Joaquín Sabina, por supuesto. Pero mayormente a Sergio Makaroff, que sí fue como una especie de maestro para nosotros. Creo que en los años ’70 los textos de las canciones de rock en Argentina no tenían mucha importancia. Eran demasiado poéticas, muy abstractas. En cambio todas las letras de los hermanos Makaroff contaban historias que se entendían a la perfección.

Pero a su vez los Makaroff estuvieron bastante influenciados por el tango…
No, eso les vino después. ¡Es que Sergio es un apasionado de la escritura! Es un tipo lúcido y brillante, y siempre se rió un poco de esa cosa hippie de las letras argentinas. Entonces ahí nos dijimos “claro, hay que hacer letras con más humor, ¡letras que se entiendan!” (risas)

Como fiel muestra de lo que decís podríamos citar a “Cielos”, que está en Lo Siento, Frank
Bueno, precisamente esa letra me la escribió cuando tuve a mi primer hijo. Él escribe letras que son como trajes a medida. De hecho “Colgado de la Luna” está dedicada a mí.

Entonces Makaroff escribe letras coyunturales…
Totalmente, él siempre me lo dice. “¿Viste que yo soy como un sastre a medida con vos?” Por suerte yo me fui soltando y divirtiendo más haciendo mis propias letras, y de hecho él está un poco cabreado conmigo porque ya no meto tantas letras suyas (risas)

Por lo que entiendo no habrá estado muy conforme con que no hayas incluído alguna de sus letras en el repertorio que compone La Huesuda. Reconozco que, al contrario de tus trabajos anteriores, me llevó más tiempo digerirlo, familiarizarme con las canciones, para finalmente descubrir que es un trabajo fantástico.
Es que sí hay una canción, “Un paso al costado”, con letra de Sergio, pero sólo está disponible en la versión del disco que está en iTunes. No la incluí en el CD porque creo no coincidía a nivel letrístico. Al menos en ese momento no me cerró. Por primera vez intenté hacer un disco más conceptual, cerrar un poco el marco y quitar la cosa más latina. Yo creo que las personas que lleguen a mi música a través de La Huesuda se van a llevar una idea más atípica. Bueno, en cierto modo es un disco más atípico. Están las guitarras, como siempre. Hay un gran trabajo de guitarras, pero están de otra manera, quizás por eso tal vez no sea tan evidente. Hay mucho de guitarra acústica. Hay canciones como “La Huesuda”, que le da título al disco, que es un corrido mexicano que en algún momento corrió el peligro de convertirse en pasodoble. Pero después de darle muchas vueltas, en una tarde la grabamos entera con Candy Caramelo, incluyendo los coros. El álbum fue compuesto durante aquella gira que hice en plan individual, solo yo en el escenario, y siempre está presente esa atmósfera. Es un disco que puedo defender entero, del principio hasta el final, con un piano y una guitarra, cosa que nunca me pasó. Tanto es así que llegué al estudio sin haber hecho un solo demo.

Insisto con la agradable de muchas de tus letras, y el buen uso de las metáforas. Es el caso de “Nunca es tarde para el rock and roll”, por citar alguna…
Habla de cómo hemos ido madurando, y de cómo es un lenguaje con el cual se puede expresar lo que uno quiera. No hay que vivir apegados a ese concepto del rock que indica que es exclusivo para la juventud. Los músicos que yo considero honestos, hemos cambiado la temática y empezamos a quitar incluso todo lo superfluo, que en el fondo es lo único que vale para mucha gente. Toda esa cosa del uniforme del rock…¡cómo si fuese un ejército! Entonces de eso va la letra. Que a pesar de todo por mis venas corre el rock, y sigue siendo mi lenguaje, porque fue mi escuela.

La letra de “Lo Siento, Frank” es toda una declaración de principios, y mantiene noblemente su vigencia después de todos estos años. No recuerdo una letra más significativa que apunte tan bien los dardos al mal estado de la música que suele sonar en estos tiempos. De hecho me resulta todo un apostolado. ¡Y hasta creo debería convertirse en libro!
¡Es una canción de protesta! (risas) Me burlo un poco de mi situación en esa palabra tan fea que es “la industria musical”.

En estos últimos años también te inclinaste bastante al swing. Escucho ecos de Oscar Alemán en varias canciones de tus últimos trabajos. ¿Qué fue lo que te llevó a volcarte más a ese estilo?
Por empezar, de chico estudié con Walter Malosetti, y después no sé por qué, pero de un momento a otro, en una sala de ensayo me salió “Confesiones de un comedor de pizza” Pero también siempre escuché mucho a Brian Setzer.

Justamente mientras hablabas me había venido la imagen de Setzer a la cabeza…
Bueno, Setzer para mí significa palabras mayores. Hace unos años hubo una reunión de los Stray Cats, pero realmente los ví un poco pinchados. Creo que se luce más cuando está con la big band. Es espectacular. Es en ese tipo de composiciones, más cerca del jazz y de la canción americana, cuando realmente humilla. Su último disco, que es instrumental, realmente asusta…

Bueno, voy a tener que saltearlo entonces, prefiero evitar los discos que asustan…
No, igual después el disco decae (risas) Pero volviendo al sonido swing, justo antes de editar Lo Siento, Frank, había estado tomando clases con Guille Arrom en Madrid, y le pedí que nos centremos más en Django Reinhardt. No quería meterme en el jazz más complejo, sino en lo más clásico. Y luego de trabajar con él es como que comenzaron a sonar un montón de notas nuevas en la cabeza, y lo fui incorporando.

¿Pensás que de algún modo la actual crisis económica de España también tuvo que ver con hacer un disco más moderado como es el caso de La Huesuda?
Yo diría que más bien fue al revés. Empecé haciendo shows más moderados, tanto que tuve que salir completamente solo de gira. Y fueron esos shows los que me llevaron a hacer un disco así.

Y ahora el plan es volver nuevamente a la carretera, pero en plan eléctrico y nuevamente acompañado, que es tu formato original a la hora de salir a escena…
Ese era el plan, pero se truncó en España por un problema de salud, el que me obligó a cancelar los cuatro conciertos. Son cosas de la edad, cosas de hombres y la edad. Siempre fui un poco precoz. (risas) En España se está haciendo casi imposible salir a tocar con bandas.

Pero sí ya hay shows planeados para Argentina el año próximo. Entiendo que diagramarlos, y reunir a los músicos que te van a escoltar en vivo, fue uno de los motivos de tu visita.
Así es, y ya tengo la banda. Por empezar, Gringui Herrera en guitarra, y en lo que respecta al resto, ya está todo armado. Me los recomendó Carlos Bandera., que siendo muy sabio, la pegó completamente. Tengo un baterista buenísimo, Manuel Caizza, y también están Paco Arancibia en bajo y Manuel Conforti en teclados. El repertorio va a estar más centrado en mi material como solista. Ya tenemos fecha confirmada para el próximo 25 de abril en La Trastienda.

¿Abril? Pero aún falta mucho…
Sí, falta mucho, pero eso es porque queremos hacer varias fechas. Antes hay muchas cosas por hacer, de hecho dentro de poco voy a estar participando de un festival en Bogotá. Es que por primera vez me convertí en un artista más activo, y empecé a moverme algo más para salir un poco de España y respirar otro aires.

Siempre se habló de la “fuga de cerebros” por motivos económicos o laborales, pero casi nunca se refirió a la de artistas. ¿No pensás que sería buena idea repatriarte en algún momento?
¡Pero es que ahora vuelven todos! Como fuera, pienso venir más a menudo. Lo prometo.

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Muñeca Rota (Inspiración por Ariel Rot)

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Publicado en Evaristo Cultural en mayo de 2013

“La vida era una fiesta hasta llegar a los treinta, ahora te pasó la cuenta…”. Tranquila, ¿qué es ese rostro ruborizado? ¿A qué viene ese sabor amargo como la hiel que te taladra la existencia? Calma entonces, que nadie te lo está diciendo. O acaso sea tu conciencia quien te lo esté suspirando al oído, lo más despacito posible. O el espejo del paso inexorable del tiempo. Como fuera, yo no estoy ahí, sólo percibo a la distancia. Digámoslo así. Lo veo en tu rostro, en tus palabras y acciones, en cada instante de las que les toca ser parte de tu grupo, tan parecidas entre sí mismo. Que no son todas, dicho sea de paso. Es que algunas lo saben llevar con madurez y dignísima entereza. Por eso tal vez vos seas de las que más terrible les resulte asumirlo. Digo, en caso que sea posible. ¿Insisto, por acaso sos de aquellas que sienten que se les pasó la cuenta? Permitime indagar todavía un poco más, y al menos confesame cuál fue el instante en que decidiste para el reloj del destino, e intentar desafiar toda ley física posible. Porque bien sabés, o al menos deberías hacerlo, todo esfuerzo va a ser inevitablemente en vano. Entonces sí, ésta es tu historia, mi estimada muñeca. Maestra no recibida de la actuación, reina de lo solapado. Comandante no asumida del buque con un iceberg clavado en la trompa, dueña de la brújula oxidada que agoniza buscando algún punto cardinal en los océanos congelados del más acá, y que tiembla por enfrentar el más allá. Payaso pintado del circo sin carpa, con la sonrisa dibujada, retornando a camarines tras la enésima función, con el rimmel corrido hasta el ombligo. Atrás lejos en el tiempo quedó el protagónico unipersonal de un libreto que te esforzaste en escribir, y cuya tinta se decoloró hasta alcanzar un matiz demasiado aburrido como para no poder olvidar. “Tu estado de inconciencia permanente buscando la ocasión para ir al frente, sin nada que te detenga” Inconciencia bien conciente, convengamos. O al revés, igual no cierra. Bien lo sabe tu almohada, tu mejor aliada en esta historia espejada donde se refleja tu realidad, cuando el antojo de manejar las cosas a tu estilo terminó en el tacho, tras no sobrevivir al freezer. Pensé que quizás, en algún momento, te ibas a hacer cargo de la situación y preferir que nadie salga malherido. Pero fue en vano, seguramente me dejé llevar por la esperanza de que así sea, y el guión de obra se fue a cualquier parte y te perdiste el papel principal por el que te desvelabas, para agregar una hoja más en blanco y convertirte en actriz de reparto. Te quedaste enganchada en tu propia telaraña, te empeñaste en volver a tejer nuevos artilugios, al fin y al cabo toda una experta, pero la mosca vio la red antes de quedarse pegada, y ahora volviste al nido sin presa, cuando el tiempo ya se había detenido y, claro, no quedaba otro camino. “Te tiraste de cabeza al agujero sin pensártelo primero, de cama en cama, de boca en boca… Ahora no puedo ocultarte mi dolor al verte así, tan frágil, como una muñeca rota.”
Alguna vez me encandilaste con tus sueños de buenaventura y añorado placer, y me convencí que vibrábamos en la misma frecuencia. Que las palabras sobraban y que un gesto valía mucho más que miles de ellas, como siempre escuchamos decir. Que mejor que pararse de frente al otro era caminar a la par, y que sólo se trataba de retar a duelo toda ley matemática, y que entonces uno más uno debía dar uno. ¿En eso coincidíamos, verdad? Por algún motivo, consideré el soñar despierto una jugada arriesgada. Pero cometí el terrible pecado de ser buena gente, transparente, honesto, mientras veía cómo mandabas al fondo al galeón que transportaba el cofre sagrado del tesoro jamás alcanzado, y te hundías con él. Pero antes me aseguré de guardarme algunas monedas en el bolsillo. Agua, aire, tierra, anduve por todos lados. Y se me pasó por completo que el avión podía volver a estrellarse una vez más. La torre de control ya no aparecía en el radar y el piloto se derrumbaba sobre el tablero. Recordé que la tripulación había sido oportunamente diezmada, y que ya no me quedaban pistas de aterrizaje libres. Ni tampoco localidades para la película de amor de ocasión, mientras en su lugar escribíamos un clásico del cine catástrofe. “Manejabas a la perfección el arte de la huída hacia adelante, más de uno se dejo los huesos en el intento de seguir el rastro de tu rumbo itinerante.” También me llevó un buen tiempo entender que no eras la mejor de la clase para sumar o multiplicar, pero sí la alumna más rápida para dividir, y la mejor a la hora de restar. Y que te anotabas las fórmulas en la palma de la mano, y entonces dejé atrás mi idea equivocada de burro para convertirme en abanderado. Y premio al mejor compañero en un grado de dos, mientras te ibas solita a marzo. “Te encontré una madrugada con el corazón en llamas desafiando al mundo con el filo de una copa, y justo en ese momento presentí que ibas a acabar así, como una muñeca rota.”
Tiré la toalla, abandoné el ring. Recuperé el tiempo perdido y me llevé todos los intereses de tamaña inversión. Las acciones se fueron bien arriba y pasé del corralito de la desilusión a la caja fuerte de la experiencia, que acabó blindándose para siempre. Me hice rico sin billetes renunciando al premio y, millonario sin bienes materiales, me atraganté de riqueza de espíritu. Recordé que cierta vez Victor Hugo escribió que “las mujeres juegan con su belleza como los niños con un cuchillo, y se lastiman”, me miré las manos, no ví siquiera un callo y, confieso, sentí algo de lástima al evocarte, mientras me preguntaba de qué manera el poeta había obtenido los derechos de autor de nuestra historia, cuánto hace, ¿dos siglos atrás? Te imagino jugando el mismo juego, insistente, y con la brújula aún sin reparar. Apostando a números que superan todos los que puedan caber en un tapete, a un “no va más” permanente, la bolilla que no cae en ningún casillero. “La vida gira igual que una ruleta, parece que ahora te toca, esperar en un rincón que alguien quiera volver a jugar contigo, muñeca rota.”
¿Cuál será el próximo bicho que caerá en la red? Digo, espero que a esta altura de las circunstancias ya te hayas desenredado. Que ya se agotó el tiempo de las sonrisas forzadas, que ya no hay lugar para firmar pagarés incobrables, y que las novelas de amor no pasan de una tarde. Correr o galopar como un potrillo. Cazador cazado o ángel sin alas, da lo mismo. “Cada vez que suena tu canción yo recuerdo aquel sabor amargo de la derrota, es que siempre hay una historia de un hombre vencido detrás de cada muñeca rota.” Y bien entero en el corazón, por cierto. Pero cómo, ¿todavía se te ruboriza el rostro?