MISA NEGRA – EL INDIO SOLARI EN OLAVARRÍA

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Publicado en Revista Madhouse el 13 de marzo de 2017

En diciembre de 1969, poco antes de culminar la gira que se encontraban realizando por los Estados Unidos, los Rolling Stones se vieron obligados a organizar una movida forzada. Bombardeados por una serie de medios que consideraron que los precios de las entradas para los shows habían sido por demás altos, Jagger y Cía. decidieron nivelar las críticas proponiendo un concierto gratuito. Encontrar un lugar para realizarlo nos les fue fácil, pero tras una serie de posibles sitios barajados terminaron optando por el autódromo de Altamont, 50 km. al este de la ciudad de San Francisco, en el estado de California.

Poner en marcha la seguridad de lo que prometía ser un evento que podía llegar a romper todos los niveles de audiencia conocidos hasta el momento tampoco les resultó sencillo, por lo que el grupo terminó aprobando la sugerencia de las bandas locales Grateful Dead y Jefferson Airplane: consentir que los Hells Angels se encarguen de la tarea. Ni Jagger ni su círculo íntimo estaban muy seguros de aceptar la ayuda de manos de la pandilla de motociclistas sin ley que solía aterrorizar al país, un rol obtenido a costa de la imposición de la fuerza bruta y la impunidad sin límites. El resultado fue catástrófico. El número de asistentes superó la cifra esperada y, con sus muertos y sus víctimas de toda índole, el evento terminó cerrando una era de paz y amor poco antes establecida por el legendario festival de Woodstock, finalmente arruinada por un marco de violencia descontrolada. Los Stones terminaron libres de cargo y culpa cuando el dedo acusador fue puesto principalmente sobre el integrante de los temibles Angels que acuchilló en vivo y en directo a uno de los miembros del público, y con el paso del tiempo Altamont acabó adquiriendo entidad propia a la hora de buscar un nombre para referirse a cualquier tipo de evento de espectáculos caracterizados por la tragedia.

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Ezequiel Galli, el intendente que autorizó el evento: un hombre con poca visión

En el show que el Indio Solari y su banda Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado llevaron a cabo la noche del sábado 11/3 en la ciudad bonaerense de Olavarría no hubo una banda de forajidos contratados para encargarse de la seguridad del show, pero sí personal especializado comprometido con la tarea en caso que la situación lo ameritara. Altamont tampoco necesitó de un intendente ni ningún otro tipo de autoridad municipal que apruebe o ponga techo al número de concurrentes barajado. La cantidad de gente que se acercó el sábado a Olavarría terminó triplicando el total de la población de la ciudad, por lo que dos Olavarrías imaginarias enteras terminaron agolpándose dentro del predio rural cooperativo La Colmena. El show del Indio no fue asimismo un concierto gratuito como el de Altamont. Al menos una buena parte de los asistentes fue a ver a uno de los músicos más populares y convocantes de Argentina tras abonar la suma de 800 pesos, un monto que dista bastante de lo popular; esto sin incluir los gastos extra que pueden generar los traslados hasta allí (ceremonia que como ha sido tradicionalmente tuvo a gente llegando de todos los puntos de la nación, y hasta de países vecinos), de alojamiento y de alimentación. Por lo que resulta inadmisible que a pesar de las supuestas medidas de seguridad y organización tomadas para que el evento se desarrolle con toda normalidad, el show del Indio, que en más de uno generó suspicacias desde el momento de su anuncio original, haya culminado enmarcado en una tragedia tan similar a la que los Stones pusieron en marcha hace casi medio siglo atrás. A menos que esas medidas no se hayan llevado a la práctica como tales, claro.

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Los medios televisivos ejercitaron a full el poder de la retrospectiva, debatiendo inútilmente qué debió haberse hecho, cómo, cuándo y donde para evitar el desastre

Fue entonces cuando a casi media hora del comienzo del show Solari decidió interrumpirlo para invocar ante la audiencia -que se estima alcanzó las 300.000 personas, duplicando prácticamente la capacidad original estipulada- la ayuda del cuerpo de Defensa Civil, tras advertir los cuerpos de varios de los miembros del público que yacían en estado inconsciente frente al escenario, solicitándole a la audiencia que dejen de empujar ante la posibilidad de que éstos terminen pisados. Según declaraciones de gran parte de los asistentes, de ahí en más el show tomó un tinte distinto muy lejos de la “misa ricotera”, como suele describirse popularmente. Solari volvió a ordenar nuevamente detener el concierto poco después, tras manifestar que eran más de 200.000 las personas que se encontraban frente al escenario (resulta curioso que no haya advertido que el número de por sí ya superaba con creces el calculado inicialmente, y que así y todo haya continuado como tal), y hasta le dirigió un mensaje personal a uno de sus seguidores, el cual se supone le había arrojado alguna clase de objeto. El clima de incertidumbre y confusión general ni siquiera se detuvo cuando llegó el momento de la canción “Ji Ji Ji” (y su mote de guerra de “el pogo más grande del mundo”). Y así, con el show finalizado, Solari acabó retirándose del escenario sin despedirse, mientras los 300.000 concurrentes se disponían a abandonar el lugar a paso de caracol, muchos de ellos incluso con sus entradas originales sin cortar por el personal designado para hacerlo, un claro indicativo del descontrol organizativo general que, sumado a la falta de cacheo, fue enturbiando el clima de la noche.

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La precariedad, una constante en los espectáculos populares en Argentina desde la noche de los tiempos.

Para entonces el Hospital Municipal de Olavarría había presentado un parte donde se indicaba que habían sido dos las muertes sucedidas durante la “misa”, ambos casos masculinos. Un hombre de 42 años víctima de un paro cardiorrespiratorio, más un segundo damnificado de 40 años por causas similares (aparentemente ambas muertes no fueron a causa de las avalanchas que se dieron durante el transcurso del concierto), todo esto sin incluir las varias decenas de heridos, de las cuales tres permanecian internadas en la sala de terapia intensiva del centro hospitalario, una de ellas en estado crítico, y con pronóstico reservado.
Un análisis de lo ocurrido resulta en una de las tareas más simples a las que uno pueda someterse. Se trata de tomar un lápiz imaginario y trazar la línea que divide lo evitable y lo inevitable, para así poder establecer que nada de lo acontecido podría haber tenido lugar de haberse hecho las cosas tal como corresponde. A menos de 13 años de la tragedia más insigne de la historia de los espectáculos locales, pareciera ser que ni siquiera el antecedente de Cromañón de aquel 30 de diciembre de 2004 haya dejado lección alguna aprendida, tornándose en cambio una anécdota que fue perdiendo el sabor original de aquella cadena de irresponsabilidades que ahora volvió a hacerse presente, tanto en su logística como en su parte más rutilante: la de su seguridad.

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El picnic de los medios tuvo todo tipo de invitados y declarantes, desde los asistentes al show pasando por autoridades de la zona y personajes vinculados al rock y su organización.

Un cálculo a grosso modo permite deducir que, tras multiplicar el valor original de cada una las entradas por el número de asistentes (sin contar los casos folklóricos de reventa, de esos que las productoras suelen combatir al mismo tiempo que son parte de ella), la cifra estimada de recaudación podría acercarse a los 160 millones de pesos. En rigor, el equivalente a más de 10 millones de dólares según la paridad de la moneda al día de la fecha, y perfectamente a la altura de un espectáculo de un artista internacional con todas las garantías posibles. Monto que probablemente podría haber resultado algo menor si el Sr. Solari y la productora contratada hubieran organizado mínimamente dos o tres fechas para albergar a la misma audiencia, y de paso garantizar su integridad como la ley manda. Más que seguro alguna calculadora maldita indicó que era mejor generar gastos de producción por una única vez, sin tener en cuenta los riesgos que eso acarreaba, o bien dejándolos pasar por alto basándose en que en recitales anteriores (que si bien no fueron tan masivos tampoco dejaron de ser inmensos) no se habían registrado casos de víctimas fatales. Porque, ¿para qué mejor prevenir que curar si la sangre no llegó al río, no? Pero, se sabe, la ambición desmedida carece de códigos. Cualquiera sea el caso, semejante recaudación se hubiera mostrado más que suficiente para respaldar todo tipo de tarifas que el bendito recital podía generar.

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La gente enfervorizada y un pedido desesperado de orden que resultó infructuoso

El segundo eslabón de la cadena de responsabilidades no asumidas debería corresponderle al intendente de Olavarría (donde hace casi dos décadas, en tiempos en que Solari era aún integrante de Patricio Rey y Sus Redonditos de Ricota, la banda fue impedida de realizar dos shows en el Club Estudiantes local por decreto de su gestor municipal de aquel momento), que no fue capaz de vislumbrar, o se negó a convencerse, del desborde que una asistencia que superaba a los habitantes de su ciudad en un 200% o más podía ocasionar. Según lo informado por el periódico Infobae, “la organización pagó apenas $300.000 por el alquiler del predio, y se desconoce cuál fue la tasa municipal que abonó. Si es que lo hizo, porque lo que es seguro es que ese impuesto no es del agrado del Indio Solari: en 2014 pidió que lo eximieran de pagarlo cuando hizo su show en Gualeguaychú… Un show de la magnitud del de este sábado por la noche demanda, para tener estándares de seguridad internacionales, una inversión en seguridad cercana al millón de dólares, incluyendo bomberos y rescatistas de Cruz Roja. Otro tanto se necesita para cubrir los costos de sonido, iluminación y logística, por lo que con una inversión de US$2.000.000 y pagando el 12% de Sadaic, al finalizar el show el Indio embolsaría cerca de US$7.000.000”.

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Los testigos apuntaron a todos: los organizadores, la municipalidad local, el gobierno nacional, incluso la concurrencia misma

El tercer eslabón del infame enlace le corresponde nada más y nada menos que a la figura central convocante de la ceremonia y su ya clásica megalomanía de batir récords imposibles a costos que, ahora sí, terminaron desgraciadamente teniendo poco y nada que ver con lo material. Háblese de idolatría y falsos profetas. Un refrescada de memoria debería recordarnos que fue en 1987 cuando los Redonditos lanzaron su tercer disco de estudio “Un Baión Para El Ojo Idiota”, el mismo que los movió de la escena under original en la que venían brillando y batallando desde finales de la década del 70 (el anterior, “Oktubre”, permaneció más cerca de ese pasado tan genial y seductor), catapultándolos a un grado de popularidad del cual no volverían atrás nunca jamás. El álbum incluía “Vamos Las Bandas”, canción que no sólo se convirtió en uno de sus sones más clásicos sino que, paralelamente y por algún motivo incomprensible, la arenga del título marcó un antes y después en el desarrollo de la escena de muchos de los shows de rock locales. Fue cuando comenzó aquel fenómeno del público que, a pasos agigantados, colmaba los recitales del grupo munidos de banderas de los barrios, zonas o ciudades de donde provenían, derivando en un tipo de inversión de roles donde el principal pasó a la audiencia -y no el artista sobre el escenario-, en clara sintonía con lo que ocurría simultáneamente con el fútbol. A lo que debe sumarse los primeros esbozos de violencia en los conciertos de rock, que también crecerían con el paso de los años.

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Los medios no perdieron ocasión de patear al caído, recordando antecedentes de hechos
trágicos en sus recitales

Ya para entonces, en los escasos reportajes que brindaba, Solari se refería al núcleo más duro de sus seguidores (que poco y nada tenían ya que ver con el tipo de admiradores de los años dorados de sótanos y clubes varios) como “bandas de chicos desangelados”, hecho que cobró mayor dimensión el 19 de abril de 1991 cuando Walter Bulacio, un joven de 18 años que estaba entre la concurrencia del show que la banda había dado esa noche en el Estadio Obras Sanitarias, terminó siendo víctima de la brutalidad policial que provino de una razzia organizada para la ocasión. Eran los primeros albores de una mística difícil de develar que seguiría deformándose con el correr del tiempo, o bien el producto de un vacío inexistente llenado a base de frases sueltas, desunidas, las mismas que Solari supo emplear en sus letras. Y así, pausadamente, se fue suscitando un mito justificado por su calidad básicamente indescifrable, cierta suerte de “poesía” inconexa que parece rozar el surrealismo, y sobre cuyos mensajes incluso se han escrito libros con la intención de llegar a un significado más factible.

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Olavarría en las redes: en Facebook se armó un grupo para poder encontrar a las personas extraviadas

Y quizás sea entonces ahora, después de cierto rol artístico algo forzado, que tales estándares y propuestas terminen generando una coyuntura como la que vivimos tras un show que prometía placer, y que en su lugar acabó escribiendo una página negra difícil de arrancar del libro de las tragedias nacionales a las que estamos tan patéticamente acostumbrados, potenciadas para el caso con dosis altas de delirio místico, culto a la personalidad, fanatismo sin límites y demás imágenes que conforman una misa de un culto improbable, en el cual Solari se erige vaya a saber uno en qué condición de liderazgo. Y una ambición desmedida de cada una de las partes que guionaron este tristísimo capítulo, por donde se lo mire. Cualquiera fuera el caso, resulta una sensación muy peculiar que un fundamentalista del aire acondicionado salga a cantar para aquellos “desangelados” a los que tantas veces se refirió, y a los que ni siquiera les debe quedar un ventilador de la abuela invirtiendo lo que lograron juntar para hacer culto de un Sr. que llora en solitario por sus pesares y que sugiere que “el lujo es vulgaridad” mientras se acerca a su púlpito sagrado a bordo de un avión privado.
El show del Indio en Olavarría deberá ser recordado como el concierto que terminó en desconcierto, o la misa que acabó en sacrificio… Mientras tanto, se ve que a cada uno de los eslabones que optaron por no prestarle atención a algo que olía mal desde el vamos, eso de “Cuanto más alto trepa el monito, el culo más se le ve” les sienta de perillas.

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OBITUARIOS: 2016, EL AÑO EN QUE LA MÚSICA SE QUEDÓ (CASI) SIN HÉROES

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Publicado en Revista Madhouse el 31 de diciembre de 2016

Hace unos años, en ocasión de la muerte de un determinado músico de rock (y el cual resulta imposible recordar entre los tantos que partieron a lo largo del último lustro), un crítico de música británico se preguntaba en un artículo: “¿Entonces qué sucede cuando aquella vieja frase que dice ‘vive rápido, muere joven’ pasa a convertirse en ‘envejece y muere lentamente’?” Dicho crítico debería estar más que agradecido por haberle tocado formularse la inquietud hace unos años y no en este bendito 2016 que ya se nos va, que eventualmente terminó batiendo todos los récords en lo que a desapariciones físicas anuales en el rock u otros géneros populares de la música, y enseñándonos que, por más inmortales que podamos considerarlos, tienen la fecha de vencimiento tan asegurada como cualquiera de nosotros.

Un 2016 que tuvo un comienzo devastador con la muerte de una de las figuras artísticas más destacadas de todos los tiempos y que, contra todos los pronósticos y los deseos más optimistas de parte de los que pidieron un cambio de rumbo, mantuvo un ritmo de bajas que continuó hasta el mismísimo final de año, donde prácticamente no pasó semana sin la partida de algún que otro músico que decidió decir adiós para siempre, si bien en muchos de los casos con la única esperanza de mantener cierta perpetuidad asegurada por haber dejado canciones, obras, sonidos, a los que ninguna ley de la vida podrá ponerle fin. Después de todo, la música sí es inmortal. Y eso para nada es poca cosa.

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El genial David Bowie siempre estuvo a la vanguardia: por desgracia, también lo está en esta lista

ENERO

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Robert Stigwood, de camisa rayada, junto a los Bee Gees

4: Robert Stigwood, emblemático manager de los Bee Gees y Cream antes de convertirse en productor destacado de varios filmes y musicales (“Jesus Christ Superstar”, “Hair”, “Saturday Night Fever”, “Grease”, entre otras). Stigwood fue también quien convenció a The Who de abandonar el sello Brunswick Records y grabar su hit “Substitute” para su sello Reaction Records.

8: Otis Clay, intérprete de soul, blues y gospel, muerto en Chicago a los 73 años, a causa de un ataque al corazón.

10: David Bowie. Acaso el más significativo de todos los decesos ocurridos, impensable desde el vamos y aún imposible de asimilar a punto de cumplirse su primer aniversario. Bowie decidió partir rodeado de sus familiares más íntimos en la ciudad de New York tras una durísima lucha contra el cáncer de hígado que se extendió por 18 meses, y sólo dos días después de su cumpleaños número 69.

13: Giorgio Gomelsky, quien fuera el primer manager de los Yardbirds y los Rolling Stones (además de ser dueño del legendario Crawdaddy Club londinense, donde los Stones dieron algunos de sus primeros pasos), víctima fatal del cáncer a los 82 años

14: El guitarrista Kevin Lawrence, en cuya banda Rapidfire solía cantar Axl Rose.

17: El baterista Terence Dale “Buffin” Griffin, miembro fundador de Mott the Hoople, víctima del Mal del Alzheimer, la cual le impidió participar de la gira reunión del 2009 de la banda del mítico Ian Hunter.

LIVERMORE, CA - DECEMBER 6: Paul Kantner of the Jefferson Airplane at The Altamont Speedway on December 6, 1969 in Livermore, California. (Photo by Robert Altman)
Paul Kantner tocando en Altamont, allá por 1969

18: Glenn Frey, el histórico frontman de los Eagles, tras lidiar con la artritis, coloitis ulcerosa y una fuerte neumonía. Frey tenía 67 años.

24: Jimmy Bain, el recordado bajista de Rainbow y Dio, y hasta su muerte integrante de Last In Line, grupo que incluía a los músicos que habían tocado en los dos primeros trabajos solistas del ex vocalista de Black Sabbath.

28: Signe Anderson, quien fuera parte de los californianos Jefferson Airplane en épocas de su disco debut de 1966. Coincidentemente la cantante murió el mismo día que su colega de banda Paul Kantner.

28: Paul Kantner, miembro original de Jefferson Airplane, pionero del rock psicodélico de finales de los 60 y más tarde integrante de Jefferson Starship, tras sufrir un ataque cardíaco.

 

FEBRERO

 4: Maurice White, miembro fundador, cantante y compositor principal de Earth, Wind & Fire, a los 74 años, tras luchar contra el Mal de Parkinson por más de tres décadas.

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Maurice White, un frontman inolvidable

6: Dan Hicks, una de las figures principales de la escena del country, el swing y el bluegrass, miembro de Hot Licks, víctima de un cáncer de garganta a los 74 años de edad. Y en cuyo album “Beatin’ The Heat”, lanzado en 2000, contó con la participación de grandes figuras tales como Tom Waits, Elvis Costello, Brian Setzer y Rickie Lee Jones.

17: Denise Matthews, cantante y estrella pop canadiense (más conocida por su nombre artístico Vanity), recordada “protegida” de Prince en la década del 80, fallecida en Freemont, California, a los 57 años de edad.


MARZO

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George Martin les muestra a los Fab Four algo que tiene
que ver con tocar una guitarra, a juzgar por su gesto

8: George Martin, generalmente descripto como “el quinto Beatle”, murió pacíficamente habiendo cumplido los 90 años en su hogar en Coleshill, Inglaterra. Martin les consiguió a los Beatles su primer contrato discográfico en 1962, para luego trabajar junto al grupo desde su primer single “Love Me Do” hasta su último disco “Abbey Road”, antes de convertirse en productor de artistas como Cheap Trick, America, Elton John y Beck, entre muchos otros.

11: Keith Emerson, tecladista del trío de rock progresivo por excelencia Emerson, Lake and Palmer, quien fue encontrado muerto en su residencia en Santa Monica, Los Angeles, tras haberse disparado con un arma que solía guardar para protegerse.

22: Phife Dawg. Rapero estadounidense fundador del grupo A Tribe Called Quest, sucumbió a los 45 años de edad tras padecer diabetes tipo 1 a lo largo de varios años.


ABRIL

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Prince, una de las desapariciones más sorpresivas de 2016

2: Leandro “Gato” Barbieri, el legendario saxofonista argentino de jazz, que a sus 83 años falleció en un hospital neoyorquino víctima de una neumonía. El Gato había obtenido un  Grammy en 1973 tras componer la banda de sonido de la película “El Ultimo Tango En París”·

6: Merle Haggard, figura inverosímil del country (eternamente admirado por artistas como Johnny Cash, Keith Richards o Bob Dylan, entre muchos otros), que murió a la edad de 79 años (exactamente el día de su cumpleaños) en su casa de California, a causa de una neumonía.

6: Dennis Davis, baterista que logró importantes contribuciones en todos los álbumes que David Bowie registró en 1975 y 1980, de “Young Americans” a “Scary Monsters”.

21: Prince, el “genio de Minnneapolis”, y una de las figras más prolíficas, creativas, influyentes y excéntricas que el mundo conoció, tras perecer ante una sobredosis de un opiáceo conocido como fentanyl en su casa y estudio Paisley Park, Minnesota, a los 57 años de edad.

21: Lonnie Mack, guitarrista pionero del blues, que supo ser una de las principales influencias de Stevie Ray Vaughan, Duane Allman o Eric Clapton, entre otros. Mack murió por causas naturales en Nashville, Tennessee.


MAYO

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Nick Menza, otro que también sorprendió con su partida

14: Tony Barrow, el agente de prensa de los Beatles que acuñó el célebre término “Fab Four” para los muchachos de Liverpool, falleció en su casa de Morecambe, Inglaterra. Había llegado a los 80 años sólo tres días antes.

21: Nick Menza, baterista de Megadeth, que con apenas 51 años falleció durante un concierto junto a su banda Ohm tras sufrir una convulsión.

30: Juan “Locomotora” Espósito se fue en esta jornada víctima de un cáncer de próstata. Talentoso e inolvidable, se destacó como baterista de El Reloj, una de las primeras bandas pesadas del continente y uno de los primeros en usar el doble bombo. Al respecto, en el documental “Sucio Y Desprolijo”, que recorre la historia del metal argentino, contó la anécdota de que los técnicos no solían ponerle micrófono a uno de los bombos a la hora de grabar porque pensaban que lo llevaba de repuesto… Fue baterista de Pappo, Almafuerte, Lovorne (la banda del hijo de Pappo) y otros grandes artistas.


JUNIO

3: Dave Swarbrick, violinista y compositor de la legendaria banda de folk inglesa Fairport Convention, a causa de un enfisema.

14: Henry McCullough, quien fuera guitarrista en algunos de los primeros trabajos de Wings. McCullough también fue miembro de Spooky Tooth y la Joe Cocker’s Grease Band. Murió a los 72 años.

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Ricky Rúa, brillando en Los Brujos

16: Ricky Rúa, una de las voces de Los Brujos, y ex baterista de El Otro Yo, tras luchar con una larga enfermedad. Rúa fue uno de los miembros fundamentales de lo que se conoció como “movida sónica”, y también fue parte del retorno a los escenarios de la banda en 2014.

21: Wayne Jackson, trompetista de los legendarios Memphis Horns, quien participó en discos de Otis Redding, Elvis Presley, Al Green, Dusty Springfield, etc.

28: Scotty Moore, figura clave de los más tempranos orígenes del rock’n’roll, guitarrista principal de los primeros años de Elvis Presley, a los 84 años.


JULIO

6: Danny Smythe, baterista de los Box Tops, que registro “The Letter” junto a Alex Chilton, que fuera canción número 1 del verano de 1967.

16: Alan Vega, voz de la banda protopunk Suicide. Murió mientras dormía, a los 78 años de edad.

17: Héctor Ayala, uno de los integrantes del dúo acústico argentino Vivencia, que dejara una marca ideleble en los albores del rock nacional allá por los lejanos ’70, tras lidiar una dura lucha contra el mal de Parkinson.

21: Lewie Steinberg, bajista original de las leyendas del soul Booker T. & the M.G.’s junto al organista Booker T. Jones, el guitarrista Steve Cropper y el baterista Al Jackson, Jr., banda clave de la cuna del sello Stax.

26: Sandy Pearlman, uno de los productores más celebrados de la historia del rock, quien trabajó con The Clash, Dictators y Blue Oyster Cult, a los 72 años de edad.


AGOSTO

 17: Preston Hubbard, bajista de los maravillosos The Fabulous Thunderbirds durante sus años dorados. Hubbard tenía 63 años.


22: Gilli Smyth, cantante y poeta de los primeros tiempos del grupo Gong, a los 83 años de edad.

22: Toots Thielemans, quien falleció a los 94 años. Uno de los más famosos armonicistas de session, Thielemans dejó su sello característico en hits como “Too Late For Goodbyes” de Julian Lennon, o “Leave A Tender Moment Alone” de Billy Joel.

 

SEPTIEMBRE

1: Leonard Haze, el baterista original de Y&T, quien falleció a la edad de 61 años.

2: Jerry Heller, que trabajó en el negocio de la música durante seis décadas, falleció a los 75. Fue agente de Creedence Clearwater Revival y el promotor de las primeras giras estadounidenses de Elton John y Pink Floyd. También trabajó con Crosby, Stills, Nash & Young (y derivados) y los Guess Who, además de Black Sabbath y The Who.

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Buster he sold the heat/ with a rock steady beat…

8: Prince Buster, cantante, compositor, productor y cantante pionero de la escena del ska jamaiquino.
OCTUBRE

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Pete Burns dejó un legado breve, pero intenso

 18: Phil Chess, fundador junto a su hermano Leonard del emblemático sello de blues de Chicago Chess Records en 1947, cuyo catálogo incluyó a artistas de la talla de Chuck Berry, Howlin’ Wolf, Muddy Waters, Willie Dixon o Bo Diddley, por nombrar algunos. Chess tenía 95 años.

23: Pete Burns, el excéntrico cantante y frontman de Dead Or Alive (luego devenido en personalidad de la TV británica), a causa de síntomas cardíacos, y con sólo 57 años de edad.


NOVIEMBRE

4: Eddie Harsch, tecladista y pianista de The Black Crowes desde 1991 hasta 2006.

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Cohen y su inconmensurable talento, otra gran pérdida de 2016

7: Leonard Cohen, uno de los principales cantantes y letristas de todos los tiempos, que al igual que David Bowie adelantó su partida con “You Want It Darker”, su último trabajo de estudio y el más largo de sus adioses personales. El autor de “Suzanne” falleció en su casa de Los Angeles a los 82 años de edad, víctima del cáncer y de un accidente casero.

13: Leon Russell, notabilísimo multinstrumentista y compositor que, entre tantos (y son realmente muchos), supo colaborar con Elton John, los Roling Stones y Joe Cocker. Entre otos clásicos, Russell compuso “A Song For You” o “Lady Blue”. Falleció mientras dormía, con 74 años.

20: Craig Gill, baterista de los Inspiral Carpets (banda embrionaria de la movida de Manchester, o “Madchester”, como solía conocerse). Tenía 44 años.


DICIEMBRE

diciembre
Lake, Michael y Parfitt, tres de los que nos dejaron en diciembre

7: Greg Lake, cantante, guitarrista, bajista, compositor y productor, miembro de Emerson, Lake and Palmer, con cuya muerte se fue la segunda tercera parte del trío en cuestión de meses, tras librar una extensa batalla contra el cáncer que padecía.

23: Michael Landauer (también conocido como Mick Zane), uno de los miembros fundadores de la banda de heavy metal Malice, a causa de un tumor cerebral..

24: Rick Parfitt, el eterno guitarrista rítmico de los no menos eternos Status Quo, que a sus 68 años partió la noche de navidad tras ser internado en un hospital de Marbella, España a causa de una infección severa en un hombro, luego de un accidente.

25: George Michael, ex cantante del celebradísimo dúo inglés Wham!, artistas emblemáticos del pop de los 80, antes de convertirse en uno de los más simbólicos vocalistas de soul blanco a lo largo de su carrera solista. Michael falleció debido a una aparente falla cardíaca (aún debe determinarse la causa exacta de su muerte), con apenas 53 años de edad.

25: Alphonse Mouzon, baterista americano de jazz de fusión, además de compositor, arreglador y productor. Entre docenas de grandes artistas, tocó con Stevie Wonder, Eric Clapton, Jeff Beck, Carlos Santana, Patrick Moraz, Betty Davis y Chubby Checker. Incluso Robert Plant lo citó como uno de los músicos americanos más influyentes en la música de Led Zeppelin.  Murió a los 68 años en Granada Hills, California, tras haberle sido diagnosticada una rara forma de carcinoma.