CON ARIEL ROT EN MADRID: “LO QUE A NOSOTROS NOS CAUTIVÓ FUE LA PELIGROSIDAD DEL ROCK”

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Publicado en Revista Madhouse el 13 de diciembre de 2017

Ciento cincuenta. Es más o menos el número promedio de preguntas que se me ocurre formularle a Ariel Rot mañana a la tarde, una vez que arribe a la capital española. Tal vez incluso algunas más. Mientras tanto estoy en el aeropuerto de Miami en medio de una escala de 14 horas y, si algo me sobra, es tiempo para decidir cuáles voy a terminar eligiendo. Entrevistar a un músico del cual uno es un profundo admirador no es cosa fácil. Hay que ponerse firme y hacerlo de la manera más objetiva posible, tarea que ronda lo infrahumano. Rot tiene una carrera de peso histórico que comienza con un rol primario: el de ser miembro fundacional de Tequila, la banda que cambió todo desde su llegada a la escena musical española hace ya más de cuatro décadas, y a la que -deliberadamente- le hemos dedicado buena parte de la conversación.

El mismo tiempo que lleva viviendo en la Madre Patria desde que la situación política que regía en Argentina, comandada por la barbarie de la Junta Militar que tomó a la fuerza las riendas del país a partir de la segunda mitad de la década del 70, y que obligara a Ariel Rot y familia a emigrar a territorios más saludables. Todo mucho antes de ser parte de Los Rodríguez, que también llegó para revitalizar los esquemas del rock hispanoparlante y de quienes también fue, digan lo que digan, su alma musical y autor de sus más grandes éxitos, hoy también parte del catálogo popular en español. O de su exquisita carrera en solitario, que viene superando en duración a sus proyectos anteriores por varias cabezas.

_mg_5551UNA CHARLA CON ARIEL. Café de por medio y en una confitería paqueta de Madrid que mira al Parque del Oeste de la ciudad, sentarse a charlar con Ariel –músico, compositor y por sobre todas las cosas, guitarrista supremo de rock and roll en su sentido más literal- implica una recorrida a lo largo de muchos años y aventuras tornándose uno de esos momentos para los que uno sabe nunca habrá tiempo que alcance para repasar en su conjunto. Menuda tarea para alguien como yo, apenas cinco horas después de aterrizar en España y con una bolsa interminable de preguntas. Por el resto, Rot cumple con todos los requisitos del entrevistado fiel: se emociona cuando habla de rock, y hasta le brillan los ojos para reafirmarlo. De risa contagiosa y enarbolando el estandarte de la humildad de los grandes, aquí están algunas de las respuestas a aquella lista de interrogantes que seguramente precisarán de otro futuro encuentro. Y a los que agrega su más reciente andanza: un nuevo emprendimiento enológico a la altura de todas esas canciones geniales a las que nos tiene acostumbrados desde siempre.

Me gustaría empezar hablando de aquellos primeros tiempos en que, aún siendo muy chico y viviendo en Buenos Aires, escuchabas grupos como Almendra o Manal, entre tantos. Y, de paso, ¿cómo te las arreglabas con los discos de las bandas de afuera? Digo, no eras de los que tenían ese hermano mayor que solía comprarlos y del cual los escuchábamos, como pasaba en muchas familias.
De eso se encargaban más o menos los amigos de mi hermana. Recuerdo el día que cumplí diez años, cuando me dijeron que pida “Led Zeppelin II” y “Stand Up” de Jethro Tull. Y Cecilia (N.: su hermana, la actriz Cecilia Roth) también traía discos. Santana, y esas cosas. En realidad, previo al rock, me gustaba toda la música. Estudiaba piano. Me enseñaban canciones de Bela Bartok, y me encantaban. Y después me ponían un disco de Joan Manuel Serrat, y también me gustaba. Eran los discos que había en casa. Y a partir de ahí ya empecé a tener mi propia colección.

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(Foto archivo Efeeme.com)

Indudablemente fuiste muy prematuro respecto a la música.
Éramos muy prematuros, pero no sólo por eso. Y después tuve una época en la que escuchaba mucho rock progresivo, pero eso fue más adelante. Yes, Genesis, King Crimson, y todo eso. Lo que fue un período muy jodido, porque había dejado de tocar la guitarra, ya que no sabía tocar lo que escuchaba. Me costaba tanto entender cuál era la parte de guitarra dentro de todo eso que sonaba… estaba todo muy procesado. Escuchaba a Steve Howe y me decía, “¿qué es esto? Nunca voy a poder tocar así. Hay que estudiar mucho para ser un buen guitarrista”

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Ariel y su mamá: primeros pasitos musicales

¿Pero al menos intentabas hacerlo?
No, tuve un bloqueo, pero mucho antes de eso, fui muy precoz no sólo porque tenía todos esos discos, sino porque también íbamos a ver conciertos. Fui muchas veces a ver a Arco Iris, a La Pesada del Rock and Roll, ¡con Pinchevsky y Kubero Díaz! Eso era algo peligroso… O a Pescado Rabioso y Aquelarre, en El Teatrito, ¡aquel concierto de la sirena!, nosotros estábamos ahí. Pero nunca vi a Pappo, ni tampoco a Manal. Íbamos a los conciertos con sólo 10 años de edad, y para entonces con Leo Sujatovich ya queríamos formar un grupo. Componíamos canciones todo el tiempo. Nos juntábamos y, en vez de ponernos a jugar como los chicos normales, nos encerrábamos con una guitarra, un piano, algo que se asemejara a una batería, lo que podíamos…

Por lo que sé, durante esos encuentros incluso llegaron a grabar algo de modo amateur, pero después esa cinta se perdió.
Sí, esa cinta se perdió. Puede que Leo conserve alguna cosa, pero lo grabábamos en cintas de esas de carrete. Y llegamos a grabar nuestra “obra cumbre”, que fue “Ópera Vida” (Risas) ¡Hicimos una ópera! ¡Es que éramos muy precoces! Las letras de “Ópera Vida” eran de Cecilia. Era algo así como Nacimiento, Infancia, Adolescencia, Madurez, Vejez y Muerte.

El ciclo completo…
Sí. Y teníamos diez años cuando la grabamos. Y también agregamos una flauta dulce, hicimos nuestros arreglos…Y además los dos estudiábamos guitarra con Claudio Gabis. Nos tomábamos el 64 y nos íbamos hasta Barrancas de Belgrano, después caminábamos diez cuadras, llegábamos a la casa de Claudio y nos tirábamos ahí. Aparte él nos dejaba tocar nuestras canciones, y también nos enseñaba a arreglarlas. Nos decía, “a ver, si él está tocando eso, ¿por qué vos tocás lo mismo? Tenés que tocar otra cosa. Yo buscaría por aquí…” Y eso no es algo que sólo aprendí, sino que también lo sigo aplicando, eso de cómo tienen que funcionar dos guitarras para que no salga algo muy cuadrado, ¿no?

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Un Ariel más grande, otra vez junto a su mamá: los años pasan, la pasión musical queda

¡Sin dudas te salió muy bien! Y también supongo habrá influido tu mamá, la legendaria cantante, pianista y musicóloga Dina Rot, ya que entiendo que no sólo escuchabas su música, sino también la de los músicos amigos de ella que iban de visita a tu casa.
Exactamente. Por ejemplo, hubo muchas veces en las que vino Paco Ibáñez. Y también una noche estuvo Vinicius, con sus músicos. Venían de un concierto y llegaron a casa muy tarde, cuando yo ya estaba durmiendo. Obviamente no me despertaron, porque yo tenía que ir al colegio al día siguiente. ¡Y eso es algo que jamás debería perdonárselo a mis padres! (Risas) ¿Cómo se iban a imaginar que 40 años más tarde yo iba a estar preguntándome por qué mierda no me despertaron aquella noche? ¿Te das cuenta? Estaba Vinicius De Moraes tocando en el salón de mi casa tomándose una botella de whisky, ¡y yo durmiendo en el cuarto!

¡Qué pecado!
Sí. Pero de todos los que venían, los que más me gustaban eran los del Cuarteto Cedrón, que siempre traían un contrabajo y percusión, y se ponían a tocar en casa. Eso era algo grandioso.

Bueno, seguramente todo eso te habrá marcado, y mucho, porque años más tarde ibas a terminar grabando “Eche 20 Centavos En La Ranura” para tu disco “Lo Siento, Frank”.
Es que cuando era chico, ésa era una de mis canciones favoritas; si bien no entendía mucho de qué hablaba, ni nada, pero era una canción que me encantaba.

TEQUILA RECIÉN SERVIDO
De alguna manera en nuestras casas siempre sonaba tango o folklore, algo que en tu música suele estar bastante presente. Pero el rock and roll, según tengo entendido, te llega de Alejo Stivel, tu amigo de la infancia y compañero en Tequila, que es quien te adentra en la música de los Stones y Chuck Berry.
Bueno, después de esa etapa sinfónica que te comentaba, volví a tocar, y a emocionarme, y a querer componer, porque Alejo es quien vuelve a traerme ese aire. Él quería empezar a tocar, y entonces yo pensé que había que volver a lo básico, ¡con 14 años de edad! (Risas) Y ahí fue cuando empecé a escuchar mucho el álbum “It’s Only Rock’n’Roll” de los Stones. “¿Y esto de dónde viene? Aah, viene de Chuck Berry. A ver Chuck Berry…” Y entonces ahí empecé a armar mi estilo. Pero habiendo estudiado con Gabis, conocía al blues. Y también bastante de swing, por haber estudiado con Walter Malosetti.

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Unos muy jóvenes Alejo Stivel y Ariel, allá lejos y hace tiempo

Estilos que después también ibas a terminar incorporando a tu carrera solista, sobre todo en tus últimos discos.
Sí, absolutamente.

Visto desde afuera, más allá de la buena escuela que resultó de todo eso, lo mejor fue que se dio de manera natural. Porque la música ya estaba en tu casa, desde el momento en que tenías una madre que se dedicaba a eso. Y aparte los de nuestra generación fuimos bastante prematuros, tal como decías, comprando discos a los 8 años de edad, o buscando con ansias esas revistas de música que investigábamos, cuando ahora es algo más propio de la adolescencia.
Sí, yo creo que le prestábamos mucha más atención a cada cosa que teníamos. Creo que ahora eso de que haya tanta información, hmm… Yo lo veo en mis hijos, están muy ansiosos, viven pasando a otra cosa todo el tiempo, entonces es como que no terminan de aprenderse un solo disco de memoria. Ni siquiera terminan de aprenderse una canción. Escuchan la parte de la canción que les gusta, y nada más. Cuando mi hijo me muestra la música que escucha, me dice “esperá, te paso el estribillo”. Y yo le digo que no hace falta que se apure, que tengo tiempo. Pero está acelerado y quiere mostrarme quince cosas al mismo tiempo. Él escucha hip-hop, está más identificado con eso.

Bueno, es lo que están escuchando casi todos los chicos hoy, o los que van camino a la adolescencia.
Sí, pero también porque ahí hay algo interesante. Yo creo que lo que a nosotros nos cautivó fue la peligrosidad del rock. Y ahora el rock no les brinda eso a los chicos. Coldplay, y todo eso… no ven ningún peligro ahí. En cambio en el hip-hop sí sucede, y es algo que está muy identificado con los chicos y su pinta, sus capuchas, eso de la marginalidad…todo eso los cautiva más. Y el rock dejó de tener esas razones, salvo que te metas en una movida muy under, y no sé tampoco en qué país. Probablemente en algunas ciudades de Estados Unidos todavía exista aquella tradición de los Stooges o del rock más pesado, y no me refiero a su sentido musical, sino al de modo de vida.

En cierta forma, si no existiera esa cuota de peligrosidad, esa cuota de alarma, entonces no es rock.
Bueno, no sé si es que tiene que tenerla. Quiero decir, yo no puedo inventarme ahora una vida que no es la mía. Ya pasé por eso, ya tuve mi dosis. Ahora se dio así. No llevo una vida peligrosa, si bien hoy en día vivir es algo peligroso. No puedo fabricar una estética. Entonces el rock también tiene eso, es música, y te lo podés tomar muy en serio. Como música, da mucho de sí. Podés ir de la simpleza a la máxima complejidad. Y trabajar con tan pocos elementos también requiere de mucho ingenio y trabajo.

Y a pesar de esa simpleza, todavía nos sigue emocionando.
¡Por supuesto! El rock, el blues…Willie Dixon, por ejemplo. De repente te preguntás, “¿pero solamente este tipo compuso todas estas canciones?” Que encima tienen los mismos tres acordes. ¡Y son todas brillantes!

Yendo mucho más atrás en la historia, hay algo que siempre me despertó curiosidad. Tu historia familiar es absolutamente parecida a la mía, ya que ambos somos nietos de inmigrantes rusos y con madres judías. Si bien no hay dudas que sí la tuvo en el caso de tu mamá (N.: Dina Rot grabó muchas canciones en “ladino”, dialecto del castellano que hablaban los descendientes de los judíos expulsados de la península ibérica en el siglo XIV), ¿lo judaico tuvo algún tipo de influencia en tu carrera?
Sólo en la cocina (Risas) En la música, mucho no lo veo. Bueno, tal vez esa cosa del sufrimiento judío, ¿no? Eso de la culpa y demás te da una sensibilidad y un feeling a la hora de tocar.

Bueno, hay grandísimos músicos de origen judío…
Sí, pero también hay grandes músicos argentinos (Risas)

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Ariel junto a la nueva versión de Tequila, en vivo en Aranda De Duero, España, el 23/9/2017 (foto: @M. Sonaglioni)

UNA VIDA A LA ESPAÑOLA
Después de estar aquí en España por más de cuatro décadas, lo que representa casi tres cuartos de tu vida, no se me ocurre otro caso de un músico argentino que lleve viviendo tanto tiempo en el exterior pero que aún haciendo básicamente rock, mantenga las raíces musicales de su lugar de origen en su música actual, o incluso otros géneros latinoamericanos. Espero que la pregunta no te resulte muy rebuscada…
No, para nada. Estoy en Madrid desde que cumplí 16. Y hay que descontarle cinco años, que son aquellos en que volví a Buenos Aires. Así que son casi 35 años aquí. Yo creo que en gran parte eso sucede por lo que viví en mi infancia, todo lo que te estaba contando hace un rato. Me refiero a todos esos discos de rock argentino hasta el año ’77 o ’78 que yo escuchaba, que creo que son joyas. Para mí, en cuanto a calidad, pienso que es donde más arriba se llegó. Al menos a nivel general. Después habrá casos aislados, pero esos discos me marcaron mucho y también los escuché mucho. Y además los sigo escuchando. Al mismo tiempo yo compartía todo el mundo anglo con eso, y para mí es como que era lo mismo. Para mí, Pescado Rabioso era como los Beatles.

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“Matrícula De Honor” (Novola, 1978), el álbum debut de Tequila

No es que unos te resultaran necesariamente más importantes que los otros…
No, no eran más importantes. Entonces en esa época yo era muy “esponja”, y eso queda mucho. Puede darse no tanto por lo que escuchaba en mi casa sino también por lo que sonaba en la radio, en la tele, o lo que se estaba escuchando… Era la música que sonaba de fondo, y de alguna manera me resultó muy fácil asimilarlo, aunque si me escucha un folklorista o un músico de tango de verdad, tal vez les parezca un mamarracho, porque no tengo ni puta idea. Por ejemplo, aprendí mucho con Eduardo Makaroff, de Gotan Project, con quien descubrí algunos yeites, o del swing. Pero claro, aprender bien el swing del tango lleva toda una vida, no es algo que se aprende porque te pongas a tocarlo. Son géneros para tocarlos toda la vida, son como algunos instrumentos.

Yendo más al rock en sí, ya sabés que sos mi guitarrista de rock and roll “en español” favorito de todos los tiempos. A lo que también podría agregarle tu parte de escribir canciones. Pero además creo que sos un excelente letrista, algo que vos mismo dijiste recientemente en una entrevista, cuando comentaste que te habías dado cuenta que habías mejorado mucho en ese aspecto. Sin embargo, lo que más me gustaría destacar de tu carrera es tu rol como miembro de Tequila junto a Alejo, la historia de dos músicos argentinos que llegaron aquí para formar un grupo que terminó cambiando los esquemas del rock en España. Lo que explica a la perfección por qué aquí sos un músico tan querido y valorado.
Yo creo que hay grupos, compositores o artistas que tienen una clara influencia de Tequila, pero pienso que igualmente hubiera terminado ocurriendo lo mismo con otros. Era un momento en que España tenía que recuperar el tiempo perdido.

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Tequila de izq. a der: Julián Infante, Alejo Stivel, Manolo Iglesias, Felipe Lipe y Ariel. Dale dale con el look…

Que fue mucho.
Sí, claro. Entonces creo que España se subió al tren de la historia justamente en una época curiosa, porque la gran influencia de esos tiempos fueron los grupos punk. Ramones, Sex Pistols… Digamos que la destreza musical no estaba valorada, y eso marcaba la diferencia entre nosotros y ellos. Veníamos de una época en la que esa destreza, y no el virtuosismo, tenía mucha importancia para nosotros. Tequila tocaba muy bien.

Bien, pero bien de en serio.
Sí, y sin embargo todos los grupos que surgieron por entonces estaban aprendiendo a tocar. Casi tuvieron que aprender a tocar en los escenarios, tal fue el boom que hubo. No sé si lo nuestro fue una habilidad, fue simplemente llegar en un momento en el que históricamente cubrimos un hueco que alguien tenía que cubrir. En todo caso, mi habilidad es la de hacer de todo bastante bien (Risas)

Sigo con los elogios… Yo diría que muy bien.
Es como que le he puesto la energía un poco a todo, ¿no? A veces me junto a tocar con guitarristas que tocan muchas más horas que yo, y con unas técnicas que yo jamás podría tocar. Tendría que dejar todo el resto de las otras cosas que hago y dedicarme solamente a la guitarra…

O tal vez sea que esos guitarristas son más jóvenes, y por eso dispongan de más tiempo para hacerlo.
No, porque también son guitarristas, pero que no han tenido que centrarse en otros proyectos. Cuando retomé mi carrera en solitario después de Los Rodríguez, tuve que intentar equilibrar la cosa, y tal vez me quedé un poco respecto a la guitarra durante unos años, para poder crecer como compositor, como cantante, o como frontman. Los últimos años, cuando empecé a hacer esos shows completamente solo en el escenario, también tuve que dedicarme mucho al piano. Y recién entonces volví a decirme “bueno, ya llegó el momento de volver a dar un empujón con la guitarra”… Igualmente creo que, si ya tocaste bien en algún momento de tu vida, si desarrollaste una técnica decente, entonces se trata de que tengas algo interesante para contar, y que se te reconozca cuando tocás.

01ROT AND ROLL MUSIC
Como fuera, las influencias en tu estilo -Chuck Berry, Keith Richards, etc.- son muy marcadas, y no existe mucha gente que toque así, al menos del lado “hispano”. Hay un sonido tuyo que tiene que ver muy claramente con esa escuela original, y que se sigue manteniendo.
Sí, creo que tengo eso, pero también siempre hay un lado melódico en la guitarra, que es lo que hace que marque la diferencia. Que tus solos formen parte de la canción, y que hasta se puedan cantar, y que haya gente que se los sepa de memoria. Y para eso no es necesario ninguna técnica.

Tequila estuvo junto a Moris en los tiempos en que desembarcó en España, siendo otro caso de un argentino que llegaba aquí, y de hecho fueron la banda que lo secundó en la grabación de su LP “Fiebre De Vivir”. ¿Cómo recordás esos días?
¡Para nosotros Moris ya era un prócer! ¡A “De Nada Sirve” nos la sabíamos entera, con diez años de edad! Yo recuerdo esa época como una de las más felices de mi vida, mirá lo que te digo. Mi primera novia, mi primer disco y mi primera banda y aparte, de regalo, levantarme una mañana en la casa de esta chica para ir a grabar con Moris. No cabía adentro mío. ¡Estaba que me salía! (Risas)moris-fiebre-de-vivir-portada

moris-fiebre-de-vivir-portadaCoincidieron las coordenadas. Que Uds. lleguen a España, que formen la banda, que llenen ese hueco que estaba tan vacío, y que justo al poco tiempo también llegue Moris.
Sí, por supuesto. En cierto modo cuando mis padres me dijeron que nos teníamos que ir de Argentina, llegado el momento en que tuvimos que ponernos a pensar adónde ir -y que por supuesto tenía que ser un sitio en que se hablase en español, ya sea México o España- yo tuve el presentimiento de que eso iba a ocurrir.

¿Habías tenido un presentimiento? ¿Cómo fue eso?
No se trató de un presentimiento del gran éxito que después fue Tequila, pero sí de que finalmente aquí iba a poder tener una banda, cosa que en Buenos Aires no podía haber tenido, ya que era más chico. Yo quería llegar aquí y tener un grupo. Y a los seis meses ya estaba tocando. Y a los ocho, dando conciertos.

Y además vendiendo muchos discos.
No, eso fue recién un año y medio después. Yo llegué en el ´76, el primer disco se grabó a fines de 1977, y salió recién en el ’78.

Igualmente fue todo muy veloz, y más a esa edad.
Y todo eso mezclado con los primeros 3 ó 4 meses aquí, que fueron raros.

Como lo decís en la canción “Vals De Los Recuerdos”…
Sí, un poco eso de la soledad, y lo de los amigos que no están. Igualmente todo se fue dispersando. No fui el único que se fue. Pasaron cosas. Fue una época en la que si me hubiera quedado… no sé. Tengo amigos que se quedaron y aguantaron bastante más.

429270_106962496102082_87007359_nDurante esos primeros años aquí en España, ¿alguna vez tuvieron la idea, o la ilusión, de regresar a Argentina?
El plan con mis padres era venir aquí por dos años, hasta que se calmase un poco todo. ¡Pero a los dos años no me sacaban de aquí ni con una ametralladora! ¡Me tenían que sacar con una escopeta! (Risas)

Sin embargo el recuerdo de la Tequilamanía continúa teniendo vigencia. Nunca dejó de ser una banda muy especialmente recordada en cada oportunidad en la que se hable de rock español.
A la gente le impactó mucho. A veces me subo a un taxi, o cuando me toca estar con alguien de mi generación que me reconoce, y no pueden parar de hablarme de Tequila. Y también están los que me vieron. A veces, cuando íbamos a tocar los pueblos, era como si hubieran llegado marcianos…

Me imagino, ¡con esas vestimentas!
¡Claro! Si Madrid era pueblerina, imaginate lo que eran los pueblos de España. No sabían ni lo que era un grupo de rock. Era todo muy primitivo, y nosotros íbamos con unas pintas tremendas. Y la situación en general también era muy rara, porque todavía no estaba armada la producción de conciertos, y mucho menos de rock. Entonces, por ejemplo, teníamos que ir a tocar a un sitio, y de repente íbamos en tren, ¡y nos bajábamos del tren con los Marshalls!

Bueno, hoy en día todavía hay músicos que recién empiezan, y que se ven obligados a moverse así.
OK, ¿pero a qué músico se le puede ocurrir la locura de meterse en un tren con un Marshall? (Risas) Entonces bajábamos en la estación, ¡y nos íbamos hasta el hotel empujando los Marshalls por la calle! Y la gente nos veía haciéndolo. Una vez íbamos empujando los amplificadores y un tipo gritó, “mira, ¡ahí van los Rolling Stones!” (Risas) Vio unos tipos ahí con los pelos largos, con pantalones rojos y no sé qué, y con amplificadores, y dijo ¡“son los Rolling Stones”! (Más risas)

TEQUILA ON THE ROCKS
Indudablemente lo de Uds. era un verdadero trabajo a pulmón…
Teníamos un tipo que se encargaba de todo, pero en los primeros tiempos, cuando todavía no habíamos grabado nada, sí, era todo a pulmón. Llegábamos de vuelta a Madrid a las seis de la mañana en la furgoneta, porque no había hotel donde parar en donde fuera que habíamos tocado la noche anterior, y todavía teníamos que descargar hasta el equipo de voces. Bajábamos todo, y después, ya de día, cada uno se iba a su casa.

Así y todo, desde afuera se ve como que la pasaban realmente bien.
Ya como adulto, a veces trato de recordar cómo fue. Porque claro, de joven pensás, “chicas, drogas, conciertos…”, todo ahí, sin tener que salir del hotel, ¿cómo no va a ser disfrutable? Pero yendo a algo más profundo, se trata de pensar cómo era realmente. Al mismo tiempo también percibíamos un poco la mala onda, y con Tequila en algunos momentos hasta hubo situaciones violentas y agresivas.

¿Lo decís por un rechazo de parte de la gente mayor de edad?
No, lo digo por el lado del público masculino. Eso era todo un inconveniente. Yo no podía salir solo a la calle. En aquel momento en Madrid se vivía una época muy pesada. A nosotros nos gustaba meternos en la zona donde pasaban las cosas. Y también donde te las pasaban. Y no siempre tenías a alguien disponible para que venga a tu casa. Entonces nos metíamos donde fuera que hubiera que meterse. Ser de Tequila también tenía sus momentos peligrosos. Una vez nos sacaron a botellazos de un concierto con Ian Dury en Barcelona. Eso ya fue casi al final… En los días finales de Tequila pasaron cosas jodidas, y una de esas cosas también fue que una vez nos robaron todos los equipos.

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1981 vio la salida de “Confidencial”, el último disco de Tequila

¿Eso fue más o menos en la época del disco “Confidencial” (1981)?
No, fue después. Esa cosa del “ciudadano ilustre”, ¿no? La paradoja del éxito. También existía eso. Estaba todo eso del éxito, y de ser una estrella de rock and roll, o del pop. Porque también éramos estrellas pop. España nos encasilló un poco como un grupo “de fans”, con aquello de la Tequilamanía, las chicas…Y también sufríamos por eso. Y éramos tan jóvenes, que no pudimos manejarlo.

¿Pensás que situaciones de ese tipo fueron las que derivaron en el final del grupo?
Bueno, pasó que tuvimos que cambiarnos de nuestra sala de toda la vida, que era un ranchito divino al que venía demasiada gente. Un día llegamos y nos encontramos con que habían roto el techo y se habían llevado todo. Por otro lado empezó a pasar lo que te decía, empezamos a notar violencia en los conciertos. Luego pasó que, estéticamente, empecé a tener desacuerdos con Alejo. Yo quería probar otras cosas, como lo hice después en canciones como “Debajo Del Puente”

Claro, cambiaba el sonido de la época.
Cambiaba el sonido, y en ese sentido Alejo era mucho más conservador. A él no le interesaba ese cambio. Entonces, llegado el momento en que empezamos a componer lo que iba a ser el disco que iba a venir después de “Confidencial”, era muy difícil entenderse. Y aparte también estábamos muy pasados.

Toda una conjunción de factores.
Sí, todas esas cosas, hasta que finalmente yo les dije, “chicos, hagan lo que quieran, pero yo me voy”

Siempre lamenté que no haya habido otro disco, porque los demos que luego aparecieron como extras en la recopilación “Tequila Forever” (“Dudas”, “La Isla” y “No, No, No”) me parecen buenísimos.
Sí, pero eso ya no era Tequila, eso ya era cualquier cosa.

No obstante, “La Isla” es una gran canción, de hecho después incorporaste parte de su letra en la canción “Seducción”, que estaba en el álbum “Debajo Del Puente”.
Claro. ¡Muy bien! Esas cuatro canciones podrían haber formado parte de “Debajo Del Puente”, sin duda.

De hecho ya se perfilaba un sonido más moderno.
Pero eso ya pasaba en “Confidencial”. Para entonces nos gustaban los Clash, Elvis Costello… También queríamos un poco buscar por ese lado, y no sólo por el de los Stones. Incluso el disco es distinto desde la estética, con más fotos en blanco y negro. Ya habíamos empezado a interesarnos en nuevas cosas.

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Tequila en blanco y negro: elviscostelleros, blondieros y newwaveros

O incluso más para cerca de Blondie, o de la New Wave, ¿no?
Sí, claro.

Y si bien eran todos excelentes músicos, no quiero dejar de mencionar a un gran baterista rítmico como Manolo Iglesias, fallecido en 1994, que sonaba realmente fresco, ¡y además muy salvaje!
Sí, y aparte era muy divertido cuando tocaba, muy gracioso. Como sabés, ahora estamos haciendo algunos shows con Tequila y el baterista, que es chileno, le copia muchos feels a Manolo. Era muy especial.

Definitivamente las cosas habían cambiado mucho en los últimos tiempos del grupo…
Y aparte para entonces ya nos tocaba compartir el “pastel”, el reinado. Estábamos muy tranquilos pero claro, ya había empezado a pegar el heavy. Nuestra compañía discográfica tenía a Barón Rojo y a Obús. Entonces, ya no nos trataban tan bien como al principio.

Y también ocurrió que la escena del heavy se afianzó mucho en España.
Sí, y eso es algo que sigue siendo muy fiel, como suele ser el público heavy de todo el mundo.

YO VIVÍA CON TEQUILA MUY CONTENTO
Recién mencionabas los problemas de estética que solías tener con Alejo, ¿pero también te pasaba en lo musical, o más estrictamente en lo vocal? De hecho, en los cuatro discos que editaron, solo cantaste una canción, “Estoy En La Luna”, donde compartís la parte vocal con Alejo. ¿Hubo algún otro intento de que cantes canciones en los discos de Tequila?
No, nunca me lo planteé. Recordemos que durante los primeros meses de Tequila, cuando todavía era un cuarteto, las canciones las cantaba yo. Me costó mucho convencer a Julián (N.: Infante, el otro guitarrista de la banda junto a Ariel y luego también compañero en los Rodríguez) que tenía que entrar otro argentino al grupo. Simplemente, Julián no quería que fuera así. Siempre me decía, “no, canta tú que cantas bien”. Y yo le decía, “no, pero tengo un amigo argentino, con el que compuse algunas de las canciones que estamos tocando…” ¡Pero Julián no quería saber nada! (Risas) Hasta que se fue el baterista original.

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La formación original de Tequila, todavía cuarteto. De izq. a der. Julián(sentado), Ariel, Felipe y el Oso. (Foto: Archivo Ariel Rot)

¿El Oso?
El Oso, sí. Entonces hubo una época que estuvimos sin baterista , y uno de los experimentos que hicimos fue poner a Julián a la batería. Y ahí fue cuando finalmente me permitió que venga Alejo a cantar, y también como guitarrista.

De hecho Julián tocaba muy bien la batería. Recuerdo canciones como “Ya Soy Mayor”, en donde se encarga él de tocarla.
Y también está en “El Barco” el reggae. Pero Julián quería seguir tocando la guitarra, si bien Alejo ya estaba adentro del grupo, ¡Ya había puesto el piecito ahí! (Risas) Pero durante varios meses canté yo, si bien mi rol nunca fue el de cantante, digamos, de cuna. Así como sí lo fue como guitarrista. Yo podía vivir perfectamente sin cantar.

Al menos no lo habrá sido durante esa época, porque después sí fue algo que terminó formando parte fundamental de tu carrera.
Sí. Después de haberlo sufrido durante mucho tiempo, empecé a disfrutar de cantar, y también de eso de expresar y de contar cosas.

Volviendo a Julián, siempre pienso que, a pesar de su partida física hace ya varios años, de alguna manera sigue estando muy presente en tu vida. La melancolía tiene esas cosas: la amamos y la odiamos al mismo tiempo. Y siempre noto referencias nostálgicas que te llevan a él, como fue en el caso de “El Mundo De Ayer”. Bueno, en verdad nunca tuve la certeza de que fuera así. Pero sí que lo hiciste en tu último disco, en la canción “Broder”.
“Broder” está oficialmente dedicada a él. Siempre puede haber una frase dedicada a Julián en alguna canción. Y en “El Mundo…”, sí, hay momentos. Incluso hay estrofas dedicadas a Julián, pero es algo más genérico. “Broder” es más directo, acordándome de él… Lo del calabozo, todas cosas que pasaron…

Siempre me pregunté por qué es que después él dejó de aparecer o colaborar en tus aventuras solistas, habiéndolo hecho en tus dos primeros discos (“Debajo Del Puente” y “Vértigo”) Y si bien estuvieron juntos en los días de Los Rodríguez, que después no lo haya hecho cuando todavía vivía, cuando editaste “Hablando Solo” o “Cenizas En El Aire”.
Es que con él nunca hubo una despedida. Los Rodríguez terminamos todos un poco quemados. La gran ruptura en Tequila se dio con Alejo, porque componíamos juntos, pero siempre fue natural seguir tocando con Julián. Después de Los Rodríguez, yo necesité descansar de Julián. Hubo un largo tiempo en el cual no nos vimos. Y después de la separación de la banda, él desapareció por una temporada. Y cuando volvió ya estaba enfermo. Muy enfermo. Pero después se recuperó. Eso fue muy duro, porque llegó un momento en que nos decíamos “éste nos va a enterrar a todos” (Risas)

los-rodriguez-02-10-15Pero de alguna manera, insisto, siempre siguió estando presente.
Siempre estuvo muy presente, y también lo sigue estando, y tal vez, con el paso del tiempo, esa ausencia se hace más notoria, porque él no me llegó a conocer ya como padre. ¿Cómo hubiese sido esta etapa adulta? Digo, siendo un amigo tan fraternal, casi como un hermano… ¿Cómo hubiésemos llevado esta etapa de nuestras vidas? Tener un “gomía” así para compartir estos años hubiera sido algo muy poderoso.

¿Esperaban que él terminara así?
Yo creo que es al revés, que no podría haber ocurrido de otra manera.

¿Julián tenía un hijo, verdad? ¿Seguiste teniendo relación con su familia después de su muerte?
Dos hijos. De hecho, cuando murió, también ya era abuelo, de un bebé. ¿La familia de Julián? ¡Vinieron a un concierto de Tequila! Nos abrazamos, lloraron… todo.

Julián y Manolo ya no están, y Alejo sigue muy cerca tuyo, ¿pero acaso también seguís en contacto con Felipe Lipe, el ex bajista de Tequila?
No, nos distanciamos. Felipe vino a tocar en la gira reunión de Tequila de hace diez años, y la cosa salió mal. Él se dio cuenta de que estaba en inferioridad de condiciones, y entonces se retiró a tiempo.

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Julián y Ariel, en otra postal de tiempos pasados

¿Nunca lograron recomponer esa parte?
Ahí ya nos distanciamos, tal vez medio definitivamente. En verdad con Felipe nunca nos peleamos, incluso cada tanto me llamaba. Y tampoco es que ahora haya habido una ruptura, pero tal vez esa vez nos permitió ver las diferencias que teníamos en la vida, en lo musical y en lo personal. Ya no teníamos mucho que ver. Tal vez lo único que nos unió fue ese pequeño momento cuando éramos pibes.

INFORMACIÓN CONFIDENCIAL
Me siento obligado a hacerte una pregunta “de fan”. En la canción “¿Qué Pasa Conmigo?” de “Confidencial”, que fue grabado en Inglaterra, aparece tocando la armónica un tal Paul Jones. ¿No será Paul Pond, no? Sabés de qué estoy hablando…
No, ese era el armonicista de Manfred Mann.

Exacto. Es precisamente por eso que te pregunto, porque al principio, Paul Jones usaba su nombre original, Paul Pond. O también su nombre artístico, P.P. Jones, en los días que tocaba junto a Brian Jones en Londres, antes que se formasen los Stones. De hecho, antes de la aparición de Jagger, Brian le había propuesto a Paul Jones cantar en la banda que quería formar. Y me pareció muy casual que el tipo que metió la armónica en la canción tuviera el mismo nombre.
No lo sé, pero el tipo era muy amigo de Peter McNamee, quien produjo el disco.

18Continuemos hablando de Tequila, no puedo evitarlo. Me gustaría que me hables sobre el disco que la banda alguna vez grabó para el mercado japonés, y que hoy por hoy resulta prácticamente inconseguible. De hecho lo único que hay dando vueltas por ahí es una de las canciones, en YouTube, al menos cierta vez la encontré ahí. ¿Es verdad que grabaron una canción de Leif Garrett para el disco?
No, no era de Leif Garrett, sino una que él versionaba, “Forget About You”(canta el estribillo de la canción). Los japoneses nos impusieron dos canciones. Y no sólo eso. Nos hicieron unas cuantas perrerías. Habían traducido las letras de Tequila al inglés, eran tremendas. …

¿No respetaron las letras originales? 
No, muy poco. Con clichés, frases manidas…

Volviendo a la nueva versión de la banda, Uds. ya habían hecho una pequeña gira reunión hace unos años, e incluso regrabaron “Que El Tiempo No Te Cambie”.
¡No, fue una gira grande!

Bueno, pero después eso cesó, y hace un tiempo, buceando en las benditas redes sociales, me sorprendió enterarme de esta nueva reunión del grupo.
Sí, ésta es menos formal, digamos. Surgió por una marca que quería hacer cuatro conciertos con la banda. Y decidimos hacerlos. Armamos la banda para esos cuatro shows. Pero luego empezaron a llamarnos y preguntar si había posibilidades de hacer alguna cosa más. No quisimos hacer eso de “otra vuelta”, ni tampoco promoción, pero si nos ofrecen durante un tiempo hacer conciertos, los vamos a hacer.

1200x630bb¿Tenés la idea también de retomar tu carrera solista? “La Manada”, tu más reciente trabajo, es realmente un disco grandioso.
Por el momento estoy sin proyecto en mente, pero sí estoy haciendo lo de Tequila, y voy a volver a hacer shows en solitario, lo mismo de aquel espectáculo que se llamó “Solo Rot”, con solo yo en el escenario. Un “one man show”, ¿no? Lo dejé de hacer hace dos años. Hablaba mucho, contaba muchas historias, y tal. No sé si ahora voy a hacerlo igual, tal vez a lo mejor cambie un poco el concepto. No lo tengo muy claro. Lo estoy armando. Pero no es un proyecto nuevo. Vengo de hacer tres discos de canciones nuevas –“Solo Rot”, “La Huesuda” y “La Manada”– que es algo que para mí está muy arriba, pero que tampoco trascendieron excesivamente. No sé si estoy motivado para otro disco así. Para mí, después de esa trilogía, me gustaría que el siguiente proyecto tuviese otra cosa. Todavía no lo sé. Son los discos que hice a partir de los 50 años. Porque ya en “Solo Rot” hablo del tema de la edad en canciones como “Manos Expertas”. Ya empiezo a hablar del tema. Los discos no son exactamente iguales entre sí, siendo “La Huesuda” el que más se diferencia de todos, porque tiene otro tipo de sonido. Últimamente tengo el reproductor de mp3 en “aleatorio” en el coche. Tengo un coche nuevo y, según me subo, empieza a sonar el teléfono, con todo lo que tengo. Y empecé a escuchar canciones mías, que también están ahí, y me sorprendió mucho el sonido de “La Huesuda”. De hecho me sorprendió muchísimo. Me parece una cosa muy distinta a lo que alguna vez hice. Canciones como “Mil Palabras Sucias Al Oído”… Creo que con José Norte se alcanzó un nivel muy fino.

Seguramente el productor tendrá mucho que ver con eso.
Sí. Bueno, es lo que estaba buscando en ese disco. Es algo que tenía muy claro. Yo quería usar otros instrumentos, y no los que siempre usaba. Ya venía con la gira del piano, y entonces compuse prácticamente todas las canciones así.

Claro, cosas como “Para Escribir Otro Final”.
Sí, son todas canciones muy pianísticas, y que por lo tanto puedo hacerlas todas en el piano. Mientras que “Solo Rot” y “La Manada” se parecen un poco.

Reitero, “La Manada” me pareció un álbum lindísimo, y además me gustó mucho que la canción que le da título al disco sea también quizás mi balada favorita de todas las que están ahí.
Yo encuentro en esa canción partes que me suenan a Dylan…

Y “En el Borde De La Orilla” me hace acordar a Moris…
Bueno, sí, ¡es casi un homenaje a él!

Mientras que en “Se Me Hizo Tarde Muy Pronto” escucho “Stay With Me”de los Faces.
¡Totalmente! Pero “La Manada”, la canción, tiene un momento “Wild Horses”. O tal vez es algo que imaginé yo, y que tal vez no tenga nada que ver.

¿Sos de poner todavía esos discos de Dylan o de los Stones que escuchabas al principio, ya sea en casa, o en el auto?
De vez en cuando. Escucho más roots, en todo caso. En el coche me gusta más escuchar a Chuck Berry. Pero volviendo a esos discos esenciales de nuestra vida, trato de no escucharlos mucho, porque me da la sensación de que, si lo hago, se va a perder el efecto.

¿Cómo es eso?
Sí, van a perder el efecto. Prefiero aguantarme, aguantarme y aguantarme. Que pase mucho tiempo y un día decir, “OK, lo voy a volver a escuchar”. Como para potenciar el efecto. Es como la abstinencia, para luego disfrutarlos más.

Hmm, muy interesante. Me resulta un buen consejo.
Claro, a mí me pasa. Y con los discos argentinos también. No puedo escuchar “Artaud” muy a menudo. Prefiero dosificar a esos discos, si no me da la sensación que la emoción puede gastarse.

Sin embargo, es una emoción permanente.
Bueno, cada uno lo lleva a su manera…

OTRAS BANDAS, OTRAS HISTORIAS
Antes que me olvide, creo que deberíamos hablar un poco de la etapa de Los Rodríguez y lo de la rumba catalana, básicamente en canciones como “Sin Documentos” o en “La Milonga Del Marinero Y El Capitán”, que en cierta manera fue un sonido que terminó siendo marca registrada en buena parte de las canciones del grupo.
En realidad teníamos pocas canciones de esas. Teníamos más “canción argentina rock”, que todo eso. Lo que pasa es que “Sin Documentos” fue muy famosa. Y lo mismo pasó con “La Milonga…”, que viene de González Tuñón.

Y más tarde hiciste lo mismo en “Dos De Corazones”
Sí, es una especie de milonga, pero mal tocada. Es una interpretación mía para poder tocar milonga sin saber ese swing, digamos.

20

El autor y el entrevistado de esta nota en Madrid, vestidos al tono para la ocasión (Foto: @M. Sonaglioni 2017)

En 2001, cuando editaste el video del show de “En Vivo Mucho Mejor”, usás una campera con inscripciones que dicen “Colectivo 60” y “Manosanta”… ¿Los usabas a modo de amuletos?
Oh, eso es muy triste, porque es una campera hecha por David Delfín, que también hizo las letras del arte de tapa de “Lo Siento, Frank”, y que murió este año. La explicación de todo eso es que responde al nombre de mi editorial, que se llama Manosanta, por Olmedo.

¡Qué grande!
Sí sí…Fueron como dos emblemas. David Delfín me dijo, “decime dos cosas que querés que te ponga en la chaqueta, que sean fuertes”. El público español habrá pensado que lo de “manosanta” es porque soy guitarrista, ¡pero nada que ver! (Risas)

A lo largo de tu carrera grabaste muchísimo material, cantidades de canciones, sobre todo en tu etapa solista. ¿Te quedó mucho material afuera, demos o inéditos que alguna vez pienses editar? ¿Algo tipo box set o similar?
No, qué va… Como máximo a mí siempre me sobran dos o tres canciones por disco. Yo voy haciendo la edición de un disco durante la composición.

¿Siempre mantuviste ese esquema de trabajo?
Sí, soy de desechar en el camino. De hecho algunas quedaron para discos que vinieron después.

Tuviste, y también seguís teniendo, una vida muy rica en historias. ¿Nunca pensaste en escribir una autobiografía? Algo que, ya que estamos, está muy en boga por estos días.
Bueno, podría ser… pero por el momento prefiero poner más energía en la música.

garo9679retBRODER, UN VINO PARA HERMANOS DE TODA LA VIDA
“Con mi amigo Federico Oldenburg se nos ocurrió desde hace unos años hacer un vino con cada disco que edito. El primero se llamó La Huesuda, como el nombre del disco anterior, y a éste le pusimos Broder, nombre de una de las canciones que están en el álbum ‘La Manada’, y que está dedicada a Julián Infante. Siempre optamos por bodegas especiales, que trabajan al margen de los gustos del mercado con uvas autóctonas y con mucho mimo, bodegas con las que me siento identificado porque en cierto modo tienen una filosofía con respecto al vino como la mía hacia la música. Es un vino ligero con un frescor poderoso, noble y extraordinariamente bien hecho. Es de Ánima Negra, una bodega de Mallorca, de la que soy un gran fan desde hace años, así que es un honor y un placer poder haber hecho un vino con ellos. ¡Salud!”

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ENTREVISTA: PIPO LERNOUD, POETA Y PERIODISTA: “EL EXPRESO FUE UN REFUGIO PARA TODO”

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Publicado en Revista Madhouse el 24 de agosto de 2016

Ayer nomás, Pipo Lernoud, un joven de poco más de 20 años devoto de la poesía y los escritos de Kerouac, Huxley, Ginsberg, y otros tantos, encontraba un nicho selecto de acólitos junto a los que tiempo después, y casi sin proponérselo, acabarían escribiendo las primeras páginas del rock vernáculo. Páginas que apenas un puñado de años más tarde se transformarían en otra cosa y, ya en formato de revista, compondrían el bastión más emblemático de la gráfica contracultural a través de tiempos espinosos.

A más de cinco largas décadas de aquella desfachatada bohemia porteña que encarnó como nada el año cero de casi todo lo que vino después, ahora el inefable Pipo se dispone a lanzar la antología definitiva de lo sucedido en un nuevo libro titulado “Yo No Estoy Aquí”: 350 páginas habitadas por tiempos irrepetibles en permanente búsqueda de algo diferente.

Me sorprende venir a descubrir recién ahora que tu nombre original es Alberto Raúl…
En realidad el sobrenombre Pipo me lo puso una amiga. En la época en que conocí a Moris todavía me llamaban Beto, como buen Alberto. Y la novia de Antonio Pérez Estévez, que era el bajista de los Beatniks, viene un día y me dice “no tenés cara de Beto, vos tenés cara de Pipo”. Yo no supe si eso era lindo o feo, pero me gustaba más que Alberto, o que Beto. Así que empecé a usar Pipo. Hasta hace poco, la única persona en el mundo que me llamaba Alberto era mi tío, que no podía aceptar que me llamaran Pipo. Yo viajé mucho por el mundo con el asunto de ser vicepresidente de la Federación Internacional de Movimientos de Agricultura Orgánicos, y a los ingleses le costaba mucho entender mi nombre, pensaban que me llamaba “People Lernoud”, porque suena casi igual: “¿Cómo, te llamás People?”… Y si alguien me grita “Alberto”, directamente ni me doy vuelta.

Poeta, compositor, periodista, precursor de la cultura orgánica en la Argentina…Con tantas cosas en tu haber, sinceramente no sé sobre qué empezar a preguntarte. Pero lo que aquí principalmente nos convoca es tu rol como figura clave del génesis de la escena de los verdaderos inicios del llamado “rock nacional”…
Bueno, no sé si “clave”…

Digamos parte fundamental. mínimamente. Ya que estamos, ¿cómo es que nunca tuviste la inquietud de ser músico?
Sí, la tuve. Moris me enseñó a tocar algunos acordes de guitarra, y Javier Martínez a tocar la batería. Incluso tengo unos cuadernos donde Javier me enseñaba los paradiddles, eso de las secuencias de manos cuando uno practica batería. Y yo anotaba, pero no prosperaba. Y con la guitarra tampoco llegué a ningún lado, o bien no lograba afinar para cantar. No servía para eso.

¿Qué fue lo que evitó que tengas el sueño de casi todo adolescente?
Es que yo estaba muy pendiente de escribir. Obviamente, me hubiera gustado. De hecho siempre le estoy diciendo a mi mujer, María Calzada, que hizo coros en el primer disco de los Redonditos junto a Claudia Puyó y Laura Hutton, que si yo cantara como ella mejor que Paul McCartney se corra, porque considero que, si también pudiese cantar, podría escribir muy buenas canciones.

Como  sucedió con “Ayer Nomás”, que compusiste con Moris.
Claro, yo le llevé la melodía. Pero en sí lo de componer canciones nunca prosperó.

¿Entonces cómo te las arreglabas para componer?
Siempre con alguien. Con Miguelito (Abuelo) lo hacíamos seguido, porque el vivía en casa. Y en el caso de Tanguito, él agarraba mi cuaderno, o el de Hernán Pujó, que es el autor de “Amor De Primavera”, y se ponía a tocar sobre los textos. Que es lo que pasó cuando escribí la letra de “La Princesa Dorada”.

Tantas veces te habrán hecho las mismas preguntas sobre “Ayer Nomás”, que me cuestiono si queda pendiente alguna anécdota o historia que nunca se haya contado.
Lo que me resulta interesante mencionar es que “Ayer Nomás” es una de las primeras canciones del rock nacional, porque fue originalmente compuesta para el repertorio de los Beatniks, que a principios del ’66 ya se habían presentado en La Cueva y sacado su primer disco, “Rebelde”. Ellos cantaban la versión original, así como “No Finjas Más, Yo No Pretendo” y un par de canciones más, ése era todo su repertorio. La gente no sabe que “Ayer Nomás” era del repertorio de los Beatniks, y todo esto fue un año antes que “La Balsa”. Los Gatos ensayaron 1 año en La Cueva, y ahí fue donde Litto (Nebbia) empezó a probar músicos, como fue el caso de Alfredo Toth, el bajista.

¿HOMBRES DE LAS CAVERNAS? NO, DE LA CUEVA
Sobre esos años de bohemia tan particulares, ¿cuál señalarías como la primera noche en que ingresaste a ese mundo?
Bueno, sin dudas fue mi primera entrada a La Cueva. Pero antes de eso me habían echado de varios colegios, y terminé abandonando la secundaria en cuarto año. Yo vivía con mi vieja, que era separada, y la verdad, ella me bancaba en todo. Y yo me la pasaba leyendo, quería ser poeta, y una vez me encontré con la revista “Eco Contemporáneo” de Miguel Grinberg, que vendían en los kioscos de la calle Corrientes, del lado del Obelisco, hasta Callao, donde había un montón de revistas de baja tirada de poesía, culturales, de teatro, que de hecho las sigue habiendo… Y yo leía todas esas revistas de literatura medio caseras. La de Juan Gelman, por ejemplo, y también “Opium”, que era una revista hecha por unos beatniks. Los que editaban Opium son los mismos que aparecen en la película “Tiro De Gracia”, cuya banda de sonido estuvo a cargo de Manal , que pertenecían al grupo de intelectuales que frecuentaban el Bar Moderno. Y fue en un número de Opium que leí una cosita chiquita que decía “hay un boliche donde hay jazz y poesía y qué sé yo que se llama La Cueva y está en la calle Pueyrredón…”

Es decir que tu entrada en la escena se dio básicamente por el lado de la poesía…
No, en verdad fue por el jazz. En esa época yo escuchaba mucho jazz, en realidad el rock todavía no existía. A mí ya me gustaban los Beatles y Bob Dylan, pero en general no existía como “cultura”. Y el jazz era la música de la bohemia. Yo escuchaba mucho Charlie Parker y Miles Davis. Pero la “cultura de rock”, tal como la conocemos, todavía no existía. Antes del ’66 no había ni Caetano Veloso en Brasil, ni Eduardo Mateo en Uruguay, ni Tanguito en Argentina. Todo empezó en el ’65, o en el ’66. Y la revista de Grinberg, u Opium, son anteriores, del ’63 o del ’64.

Y así fue como ingresaste a ese círculo “selecto”.
Cuando entré me encontré con tipos de mi edad, porque esos otros beatniks que mencioné eran en verdad tipos más grandes.

¿Cómo se reconocían entre ustedes? ¿Existía algún tipo de código que les facilitaba identificarse si eran “del palo”?
Pasaba por ser un poco desprolijos, nada más, porque usaban corbata, probablemente, pero al mismo tiempo no tenían los zapatos lustrados. Hoy parece una locura, pero si uno ve las fotos de esa época… Por ejemplo, hay un videíto de La Cueva en el ’65 en que podés ver que iban todos con corbata.
Bueno, pero en los clubes de Inglaterra o USA de la época también vestían así.
Seguro, pero el rock después rompió todo eso, y cada uno se vistió como quiso.

¿Recordás con detalle esa primera noche que entraste a La Cueva?
No exactamente, pero los primeros que conocí fueron Moris y Pajarito Zaguri. Pajarito era muy charlatán, muy fácil para relacionarse. Y a mí me costó mucho, porque era muy tímido, pero entré y estaban estos tipos que hablaban de música. Se los veía divertidos, por lo que enseguida me hice amigo de ellos. Yo podía hablar de todo lo que le interesaba a Moris, ya sea de Krishnamurti o de Aldous Huxley.

¿Me parece a mí o podemos trazar un paralelismo entre los primeros Abuelos De La Nada y lo que pasaba en Brasil, por ejemplo, con bandas como Os Mutantes? Había un fuerte elemento de psicodelia y poesía que creo estaba presente en ambos grupos.
¡Totalmente! Y eso es lo que queríamos hacer, pero no dio.

LA PRIMERA COSA QUE FUE CONTRA LA ESTRUCTURA Y EL ROCK COMERCIAL TUVO QUE VER CON LAS CANCIONES DE LOS BEATNIKS, Y A PARTIR DE AHÍ CAMBIÓ EL REPERTORIO DE LITTO NEBBIA. EL QUE CAMBIÓ TODO FUE MORIS, ES EL TIPO QUE INVENTÓ EL ROCK AQUÍ.

¿Se conocía a Os Mutantes aquí en Argentina?
No, para nada. Sí a Chico Buarque, que era muy famoso, y después tanto yo como Moris y Litto conocíamos perfectamente a Joao Gilberto.

Todo esto antes que llegue el Tropicalismo…
Precisamente, lo que fueron las raíces del Tropicalismo, que se componía de bossa nova y Beatles, o Hendrix. Y aparte nosotros conocíamos mucho a los músicos uruguayos a través de los Shakers, que venían mucho a La Cueva, y también los Bulldogs, o los Mockers.

Había empatía entre todos, más allá de los países de donde venían.
De alguna manera había una gran confraternidad entre los músicos, porque todos íbamos en cana, simplemente por teneer el pelo largo, sobre todo aquí en Argentina. Lo mismo le pasaba a Los Jaivas en Chile, de quienes yo me hice muy amigo. Y todos nos parecíamos, más allá de los países de origen, porque teníamos los mismos padres. Todos escuchábamos a los Beatles, a los Stones o a Dylan, y todos leíamos los mismos libros. Ciencia ficción, Huxley, Ginsberg, Kerouac, Ferlinghetti…Si bien los chilenos tenían su propia forma de ser, y los brasilleros la suya, todos nos queríamos sacar de encima la cultura de los viejos de la formalidad, el caretaje o la represión sexual. Todos hablaban de libertad sexual, de una cultura más compartida, y salir un poco del modelo de la familia y el padre autoritario. Y fue la música que permitió transportar esas ideas a todo el planeta.

HIPPIE HIPPIE SHAKE
En 1967 organizaste el primer encuentro hippie, en la plaza San Martín…
Fui uno de los organizadores, junto al Colorado Rabey, que era uno de los fundadores de Mandioca. Nosotros no le decíamos “hippie”. Yo diseñé una especie de panfleto que decía “a todo melenudo que veas, o tipo o chica que está vestido diferente, decile que vaya a Pza. San Martín el Día de la Primavera a las 15 hs.”, que tuve que tipear con papel carbónico, porque todavía no existía la fotocopiadora. Entonces cada uno de los que iba a La Cueva se llevaban uno de esos papelitos, y si se animaban, lo copiaban. Y después se los entregaban por la calle a cualquiera que diera esa imagen.

Además en fecha del Día del Estudiante…
Claro. ¿Sabés por qué?

Supongo que porque es un día en el que la gente tiene la posibilidad de vestirse de cualquier cosa.
¡Exactamente! Es un día en que te podés disfrazar de lo que quieras. Entonces los tipos se podían soltar los pelos, que los llevaban debajo del cuello de la camisa, y usaban camperas que decían “I love The Rolling Stones” y qué sé yo, y como todo el mundo andaba disfrazado por la calle, al menos en ese día no había ningún problema.

Ya la pegué con lo de Os Mutantes, y ahora con lo de adivinar por qué el Día del Estudiante fue la fecha elegida para la famosa reunión.
Es que nadie se daba cuenta de esas cosas. Mirá, Pajarito era un personaje, y él siempre quiso ser famoso. Andaba mucho por los canales de televisión, y hasta había cantado en el Club Del Clan. Y él tenía una lista de periodistas, con nombres, ponele, Magdalena Ruiz Guiñazú, número tal de teléfono. Pajarito tenía todos los teléfonos…

Un mailing…
Exacto, como si fuera un mailing. Tenía a los veinte periodistas más grosos, o a los directores de las secciones de Cultura de las revistas de actualidad. Pajarito nos prestó esa lista, y entonces empezamos a llamar a todos los medios de difusión para hacer un poco de ruido, diciéndoles que iba a haber “una reunión de melenudos en la plaza, tocando guitarra…”, y bla bla bla. Entonces los tipos dijeron “¡uy, una nota de color!” Y fueron. Si vos lo buscás en YouTube, hay un video en el que está Andrés Percivale entrevistando a la gente ese día, y donde también aparecemos Tanguito y yo. Y también se acercó un enviado del programa de Pipo Mancera para invitarnos a ir al programa “Sábados Circulares”, y entonces fue Tanguito a cantar, pero años después descubrimos que todas esas cintas las habían borrado. Y también vino José De Zer, que se quedó a dormir en la plaza con nosotros los hippies durante 48 hs.

José de Zer era como el Hunter Thompson argentino…
¡Noooo! (Risas). Y en verdad hicimos todo eso para demostrarle a la gente que no éramos ni guerrilleros, ni putos, ni nada. Simplemente gente que quería vivir de forma distinta. Para quien quiera verlo, en mi página de Facebook está el manifiesto que escribí y repartí ese día, que decía que los hombres no pueden vivir libres en cualquier parte de su planeta, que tiene que ver con una idea que yo ya tenía, sobre que éste es un planeta que compartimos todos, que tampoco era algo que yo haya inventado.

Al año siguiente, en 1968, salió el primer simple de los Abuelos de la Nada con “Diana Divaga”, y “Tema En Flu Sobre El Planeta” en la cara B. ¿Eso indica que ya tenías conciencia sobre la ecología?
Absolutamente.

Quiero decir, nada más y nada menos que un tema de los Abuelos que hablaba sobre ecología, y donde encima tocaba Pappo. 
Es que si uno se fija en las primeras canciones del rock nacional, ¿de qué hablaban? Hablaban de “vayamos al campo, etc.” Y en el rock había, y todavía lo hay, esa cosa de que la naturaleza es buena y la ciudad es mala, “esta guerra de ambición”, como decía Javier Martínez. Protestar contra esa vida de ciudad burguesa y esclava, y lo de ser libre en el campo. Todas las canciones hablaban de irse al campo. Y resulta que yo me fui al campo, y cuando miré no venía nadie atrás, me iba solo. Me fui a Capilla Del Monte con Miguel, Tanguito y otros y allí inicié una huerta, y al final nadie quería laburar, nadie quería agarrar una pala.

Y DE GOLPE, LA EXPRESO
Fuiste uno de los fundadores del Expreso Imaginario en 1976, y después uno d sus directores, cuyo primer número salió en agosto, cinco meses después del golpe.
Así es, ¿y vos sabés por qué terminó saliendo después de la fecha del golpe?

SIEMPRE DIGO QUE TANTO NOSOTROS, COMO LOS MÚSICOS DE ROCK, TUVIMOS QUE ENCONTRAR CIERTO LENGUAJE PARA HABLAR DURANTE LOS AÑOS DE LA DICTADURA.

En absoluto, lo desconozco. Precisamente me llama la atención que haya salido justamente en esa época, siendo algo tan antagónico a lo que estaba ocurriendo en el país.
Es que Jorge Pistocchi tenía originalmente la revista Mordisco, y en uno de los números, no recuerdo exactamente cuál en este momento, pero sí que fue en el ’74, va y anuncia la salida de la revista Expreso Imaginario. Porque él ya tenía la idea de hacer una revista que incluyera otras cosas antes de conocerme, y que no fuera exclusivamente sobre música. Finalmente nos conocimos en el ’75, y lo llamamos a Horacio Fontova, al cual ambos conocíamos, más allá de todos los amigos que teníamos en común como Miguel Abuelo o Spinetta. Formamos una suerte de equipo, empezamos a darle forma a la revista, y encontramos un tipo dispuesto a editarla. Para poner la guita y ocuparse de los números, que es algo muy importante, y ese fue Alberto Ohanian. Todo esto habrá sido en octubre del ’75, pero no la íbamos a lanzar a fin de año, que es cuando la gente se va de vacaciones, por lo que decidimos comenzar a editarla en marzo del año siguiente, o sea, marzo del ’76. ¡Exactamente cuando vino el golpe! Y entonces, a raíz de eso, nos dijimos, “no, ¡paremos!” Pero finalmente la sacamos igual, si bien cuidándonos mucho. Hubo muchísimas cosas que decidimos no poner. Notas de sexo, de erotismo, o de tinte político.

¿Sufrieron alguna vez la censura deliberada, o algún tipo de advertencia?
No necesariamente. Los contenidos de cada número se discutían en las reuniones. Jorge Pistocchi me llevaba varios años, y al mismo tiempo yo también le llevaba varios años a Alfredo (Rosso) y a Claudio (Kleiman), por lo que siendo el mayor, Pistocchi era el más lúcido y el que mejor sabía qué publicar, o qué no publicar. O decir las cosas en forma de metáfora, o más suavemente. Yo siempre digo que tanto nosotros, como los músicos de rock, tuvimos que encontrar cierto lenguaje para hablar durante los años de la dictadura.

“Canción De Alicia En El País” de Serú Girán, tal vez el caso más representativo, con toda su subliminalidad.
Claro, es un buen ejemplo. Nosotros hablábamos de ecología, de indígenas, de comunidades y de la vuelta al campo, pero era una manera indirecta de referirnos a la sociedad.

¿Creés que de haberse conocido antes ciertos horrores de la dictadura que terminaron siendo descubiertos más tarde se hubieran comportado igual? Porque la revista no tenía ninguna proclama revolucionaria, ni nada de eso…

Desde ya, para nada. El rock siempre estuvo en contra de la lucha armada. Cuando una parte de nuestra generación se metió a tomar las armas para tirar a Isabelita, pongámosle, el rock siempre estuvo en contra. Ni siquiera en la época de Montoneros, etc. Ya bastante antes de eso, en el ’68, los Beatles decían que “todos queremos una revolución, todos queremos cambiar al mundo, pero si querés destruir, no cuentes conmigo” Queríamos cambiar la conciencia de la gente, y no obligarla a hacerlo.

O sea que dentro de todo el Expreso tuvo un tránsito tranquilo.
Pasaron cosas, yo caí en cana, etc., pero nada que atentara contra lo institucional. Nunca le pasó algo “a la revista”. Había tipos que te miraban y te hacían preguntas, pero ellos pensaban que era sólo una revista de música.

En 1966 fuiste uno de los organizadores de la muestra “30 Años del Rock Nacional”. ¿Por qué se tomó como fecha de partida el año 1966?
Hay una discusión respecto a eso. ¿Cuál sería para vos el hito que marcaría el comienzo del rock aquí?

La edición de “La Balsa”, supongo. 
Bueno, para mí no, para mí es “Rebelde” de los Beatniks. Y para Litto Nebbia es su simple anterior “La Respuesta”, con Los Gatos Salvajes. Y ahí yo le retruqué que llegado el caso entonces tenía que ser el disco de Tanguito del ’63, cuando sacó un simple con los Dukes, que era una imitación de Palito Ortega y terminó siendo una porquería infernal. Para mí, y también muchos periodistas están de acuerdo, el verdadero inicio se da cuando se empezaron a componer canciones con una mentalidad diferente, cantando “Rebelde me llama la gente, soy libre y quieren hacerme esclavo de una tradición…” Y creo que “La Respuesta” era una canción comercial, y no representaba ese contexto. La primera cosa que fue contra la estructura y el rock comercial tuvo que ver con las canciones de los Beatniks, y a partir de ahí cambió el repertorio de Litto Nebbia. El que cambió todo fue Moris, es el tipo que inventó el rock aquí. Ves, a él deberías entrevistar, en vez de mí.

Bueno, borro la entrevista y salgo a buscarlo a Moris. No faltará la oportunidad de hacerlo en breve.
¡Por supuesto!

TIEMPOS PASADOS
Ya que lo mencionaste, ¿cómo convivía el rock autóctono con la llamada escena beat y canciones del tipo “un día de paseo en Sta. Fe, no le hace mal a nadie, ya lo sé”?
Es que eso fue algo un poquito posterior, un rock más comercial, si bien los Gatos también eran beat. No existía la palabra “rock” todavía, pero grupos como Trocha Angosta hacían algo más imitación beatle. O cosas del Spencer Davis Group. De hecho así es como empezaron los Vox Dei, cantando canciones de Spencer Davis Group, que también es lo que hacía León Gieco con su grupo Los Moscos. ¿Pero qué banda no empezó haciendo covers?

¿Cómo vivís el hecho de que muchos de los que forjaron esa época junto a vos ya no estén?
Bueno, es que ya estamos en edad de irnos… Aparte hubo tipos que habían vivido una vida intensa y estaban muy baqueteados. Si vos lo veías a Pajarito en sus últimos días, te dabas cuenta que estaba muy hecho pelota. Pero bueno, es una de las leyes de la vida. Yo ahora estoy por sacar mi libro definitivo, que reúne 50 años de periodismo, 350 páginas, y ahí está todo. Por lo que si me muero mañana, sé que ya la hice. Ya dije todo lo que tenía para decir.

¿Es verdad que te ponías a traducir letras de Bob Dylan en aquellos primeros años? ¿Y de ser así, cuál era el motivo?
Las traducía para Tanguito, porque me daba bronca que los tipos no entendieran lo que Dylan estaba diciendo, que era impresionante. No es como ahora, que hay mucho libro, o canciones en YouTube con subtítulos.

Como buen fan de Dylan, sabrás que tiene el récord de más libros escritos sobre un artista… Incluso hay libros sobre la bibliografía escrita sobre Dylan.
Y, si nos ponemos a hablar de Dylan… Pero bueno, eso es lo que pasaba. Recordemos que eran los años en que Dylan empezaba a apuntar a lo eléctrico con “Bringing It All Back Home”. Y entonces, por ejemplo, Tanguito había hecho una canción con el ritmo de “Subterranean Homesick Blues”, y la cantaba en español, y decía  “Johnny está en el sótano preparando la medicina, yo estoy en la calle protestando…” Y paraba. “Protestando contra qué”. Paraba. “Protestando contra usted, porque Ud. es un careta y…” Y yo le explicaba que Dylan no decía eso, que no estaba protestando, que era algo más poético, y discutíamos. Pero él me decía “no me importa, a mí me gusta así”. Y las cantaba en las plazas o en los bares. Nos metíamos en un bar y de repente Litto, Moris o Tanguito sacaban la guitarra.

TODAVÍA TENGO GUARDADA LA SÍNTESIS DEL GUIÓN ORIGINAL DE LA PELÍCULA QUE NOS HABÍAN ALCANZADO, Y QUE NOS PARECIÓ UNA PORQUERÍA. NOS DIJIMOS “ÉSTE NO ES TANGUITO”. POR LO QUE NO ACEPTAMOS NUNCA QUE NUESTRAS CANCIONES APAREZCAN EN LA PELÍCULA.

¿Cómo viviste el fenómeno de “Tango Feroz”, la película de Tanguito que se hizo hace unos años?
No me gustó para nada; incluso junto a Javier Martínez, Moris y Ben Molar mandamos una carta documento prohibiendo el uso de nuestras canciones… ¿Por qué en la banda de sonido no están ni “La Princesa Dorada”, ni “El Hombre Restante”, ni “La Balsa”? No nos gustaba como la película estaba planteada, era mentira, es no era el verdadero Tanguito, él era otra clase de tipo. Tanguito no era de esos que se iban a poner a romper todo, que se picaba en el baño o se peleaba con todo el mundo. Nada que ver. Todavía tengo guardada la síntesis del guión original de la película que nos habían alcanzado, y que nos pareció una porquería. Nos dijimos “éste no es Tanguito”. Por lo que no aceptamos nunca que nuestras canciones aparezcan en la película, y de hecho sólo están las de Tanguito.

En el 2007 editaste “Sin Tiempo, Sin Memoria”, que fue tu primer libro de poemas. ¿Por qué demoraste 40 años para editarlo, si siempre se te definió como poeta?

Sí, yo debería haber editado mi primer libro de poesías en el ’67, o algo así, ya escribía bastante en esa época. La verdad es que, cuando llegué a La Cueva, yo quería ser poeta. Mis héroes eran Rimbaud, Baudelaire, Ginsberg, etc., y quería publicar, pero de repente se dio esto de componer “Ayer Nomás”, y adentrarme en toda esa movida que generaban los Beatniks, Moris, Javier, Tanguito, Litto y Miguel Abuelo, a quien yo acerqué a La Cueva. Miguel era un poeta extraordinario, pero a nadie se le ocurría publicar libros de poesía, porque para eso estaban los discos. Era mucho más interesante escribir una canción que publicar poesía. Incluso con Moris en el ’66 íbamos a hacer una revista que se iba a llamar La Mano, teníamos como veinte notas listas. Pero al final no salió porque en ese momento era todo muy loco, muy elástico.

Y que terminó teniendo el mismo nombre para la revista de la que formaste parte muchísimos años después.
Claro, de ahí vino el nombre.

ANIVERSARIO Y LIBRO
Se acaban de cumplir los 40 años del Expreso, que fueron celebrados con charlas y eventos en el CCK. ¿Cómo es recordar una revista emblemática cuatro décadas más tarde? ¿Y por qué no se hizo nada a los 20, o a los 30?
Cuando se cumplió el 20 aniversario, no le daban tanta bola. Ahora el mito del Expreso se ha agrandado. Yo no sé por qué ahora sí se da. Hasta salió un libro sobre la historia de la revista. Hay mucha gente que se formó leyendo el Expreso, y hasta lo usan para enseñar en la universidad. Tal vez tenga que ver con el hecho de que todo el contenido de la revista está en internet, para que cualquiera se lo baje gratis, proyecto con el cual colaboré. La gente venía y me decía “¿Cómo era el Expreso? Porque nunca vi un ejemplar” Y terminé escaneando todo y poniéndolo en un CD, que lo vendía en las lecturas de poesía para recuperar los gastos que me llevó organizarlo.

¿Te reconforta ese revival?
A mí me gusta mucho toda esta movida. Yo no soy un tipo nostálgico, porque vivo haciendo cosas en el presente, pero me encanta lo que hemos hecho. Me parece que el rock nacional ahora está bárbaro, y también que hubo muchas épocas en que no lo estuvo. Pero esa época original me parece muy rica. Me gusta mucho todo lo que fue Manal, Almendra, etc., como también lo que hemos hecho con Miguel Abuelo, o con el Expreso Imaginario, por lo que no tengo problemas de hablar y discutir sobre eso, o rendirle homenaje.

Bueno, de algún modo se trata de la biografía de tu vida…
Es que el Expreso fue un refugio para todo. Todas esas etapas tienen algo muy interesante, y es que trabajábamos en grupo. Tanto en los días de La Cueva como en los del Expreso. Quizás por momentos estaba todo mal, pero siempre estábamos juntos con los amigos.

Hace poco comentábamos lo mismo en una entrevista que hice con Sergio Aisenstein, cuando nos referíamos al Café Einstein, y esa especie de refugio que el Einstein significaba para los que iban al lugar.
Exactamente. Para mí hubo dos lugares fundamentales, que fueron La Cueva y el Einstein. Y cuando hicimos la muestra de los 30 años del rock nacional, yo propuse reproducir esos dos lugares, los dos más simbólicos del rock nacional, como parte del evento. Lo discutimos mucho, y finalmente el que bancaba el proyecto nos dijo que sólo se podía hacer uno. Así que terminamos reproduciendo una falsa Cueva por medio de paneles. El tema es que tanto Rodolfo García, como yo, no nos acordábamos de los detalles exactos. Por ahí uno recordaba que había un sillón a la derecha, y el otro decía que estaba a la izquierda. O dónde estaba ubicado el mostrador. Y mientras discutíamos nos dimos cuenta que en verdad no nos acordábamos nada de cómo era exactamente el lugar. Y entonces contactamos al guitarrista Ricardo Lew, a ver si él lo recordaba, y Lew tenía una visión totalmente distinta. Y terminando pensando que no lo íbamos a poder hacer en tanto nadie recordase cómo era el lugar.

¿Pero cómo, no había fotos que pudieran usar de guía?
No había. Y comenzamos a buscar fotógrafos que hayan pasado por allí en la época. Y ahí apareció Jimmy Olszevicki, que había estado con Moris y con los Beatniks. En aquel momento Jimmy había conseguido que el padre de Moris le prestase una cámara, con la que había sacado muchas fotos. Y entre los negativos encontró un montón de fotos que nadie sabía que existían, o que estaban perdidas, como esa famosa tira de fotos de Tanguito en una terraza, donde está colgado, además de un montón de los Beatniks. Pero seguíamos sin saber cómo era La Cueva, hasta que encontró dos rollos con negativos con fotos del lugar, donde se veían las paredes, que tenían todas fotos pegadas sobre ellas y cosas escritas, y finalmente logramos reproducir el lugar y su escenario original, que tenía una sola lamparita colgando en el medio. No había micrófonos, no había nada. Y ahí recordamos todo, que en verdad era un lugar que estaba hecho mierda, y no como pensábamos que era. El día anterior a la inauguración de la muestra abrimos la puerta para los invitados especiales, la mayoría músicos. Y yo lo llevé a Moris, que no sabía nada de esto. Y cuando Moris entró y vio lo que habíamos hecho, se quedó paralizado, y empezó a llorar. Dijo “¡Guau, es La Cueva!”

ESTOY POR SACAR MI LIBRO DEFINITIVO, QUE REÚNE 50 AÑOS DE PERIODISMO, 350 PÁGINAS, Y AHÍ ESTÁ TODO. POR LO QUE SI ME MUERO MAÑANA, SÉ QUE YA LA HICE. YA DIJE TODO LO QUE TENÍA PARA DECIR.

La prueba de fuego…
Yo me asusté, lo vi completamente impactado, quedó como tarado, como si le hubieran pegado una piña. Fue todo muy emocionante. Y lo mismo fue pasando con todos los que siguieron llegando.

El mes que viene estás editando tu libro “Yo No Estoy Aquí”, que no se trata exactamente de una autobiografía, ¿o sí?
No, es una antología de 50 años de cultura, y se llama así por la letra de “La Princesa Dorada”, cuando dice “yo no estoy aquí, sólo mi sonrisa me delata” Hay de todo, anécdotas, etc. Pero empieza con mis diarios de cuando era pendejo, con cosas que escribía como “quiero ser poeta”, o “me tengo que ir de esta casa burguesa” Al día siguiente, “conocí a Moris y a Pajarito” Luego, “debutaron los Beatniks” “Estuve en cana con Miguel porque él no tenía los documentos y nos pasó esto y lo otro…” Luego pasamos a La Mano, la revista del ’66 que nunca fue editada, de la que hablamos anteriormente. Luego sigue con las canciones que compuse, pero también un montón de inéditas que había hecho con Miguelito. Y después las cartas desde Europa, de cuando me fui allí, “viviendo desnudo en una playa con una americana…” “En esta playa hay 5.000 hippies fumando porro…”, cartas que yo le escribía a mi hermana y a mi vieja. La encontré todas tras fallecer mi vieja, entonces se las mostré a Martín Graziano, que es quien me ayudó a hacer el libro, el mismo periodista que hizo el del Expreso. “Me voy en moto a Madrid con un amigo, estamos haciendo artesanías”, “Me fui a Marruecos”, y qué sé yo. Todas las aventuras. Mi regreso a la Argentina. Cómo empecé a escribir y cómo me metí en el Expreso. La primera nota de la revista. Cuando me fui a vivir a Brasil, cuando volví. Las primeras notas para Canta Rock. Las cosas que leía al aire cuando hacíamos el programa de radio con Alfredo Rosso. La revista La Mano, la que sí salió. El blog que hice después del cierre de la revista. Y después Facebook y lo que publico ahí, y todo eso salpicado con fotos. Hay material sobre la cultura orgánica, etc. Es la descripción de la vida de un tipo de la cultura alternativa.

¿Ya tiene fecha confirmada de lanzamiento?
Lo presentamos el 21 de septiembre, ¡exactamente 49 años después de aquel día!

Entonces voy a ir dejándome el pelo largo y avisándole a todos los personajes desprolijos que circulen por la ciudad…
¡Claro! Y vamos a invitar a músicos amigos a que vengan a tocar, pero tipo camping. Esa es la idea, por ahora.