ENTREVISTA: BILLY BOND “NO PRECISO CANTAR. CON HABLAR, YA ESTÁ BIEN”

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“¿Cuánto hace que alguien no te llama Giuliano?” Ya sé, es una pregunta incongruente, pero no se me ocurre mejor cosa para comenzar a entrevistar a este señor que, de nombre muy italiano (y de apellido aún más) nació en la tierra del buon mangiare hace más de siete décadas. Es lo único de italiano que le debe quedar a Billy Bond, mejor recordado por su irrefutable rol de pionero de la escena del rock nacional de fines de los ’60, y con una biografía que destila anécdotas por doquier. “Tampoco pienso hacerte las preguntas que te hacen siempre”, le aclaro. Parece que al segundo Bond más famoso de la historia le gustó la propuesta. A esta altura del partido ya no tiene sentido indagarlo por sus años junto a La Pesada, sus quiméricas producciones de discos, su exilio a Brasil en tiempos de los comienzos de la dictadura argentina (donde sigue residiendo casi  45 años después) y demás peripecias. Sería como pedirle a alguien  que vuelva a contar el mismo chiste cuyos “grandes éxitos” fueron revisitados una y mil veces. Y que, de hacerlo (porque, vamos, a pesar del esfuerzo resulta inevitable no terminar cayendo en esa rutina), tratar de sonsacarle detalles hasta ahora poco comentados. Mejor es escucharlo referirse al aquí y ahora y ver qué tiene para decir al respecto. Lo que no es poco. Tarea para la cual, sin titubeos, el entrevistado despide cierto garbo altanero en buena parte de cada una sus respuestas. Y lo que es mejor, le sienta como anillo al dedo. A sus casi 74 años de edad, Billy Bond es la prueba viva de que el rock rejuvenece. Un contador de historias espléndidamente divertido que él mismo considera su mayor logro, lejos de su éxito como figura mítica de la plataforma del rock autóctono, la misma que hace unos días lo tuvo nuevamente de paso por Buenos Aires para darle curso a una “master class”, que no fue ni más ni nada menos que una entrevista pública un día de semana cualquiera, colmada de asistentes, y matizada con té frío y galletitas. Y donde todo el mundo terminó cantando “La Marcha de San Lorenzo” en una suerte de parodia cotidiana en la que un grupo de hinchas enfervorizados cantaba el himno después del último partido de un mundial cuya copa fue obtenida por el equipo de sus amores.
Derribador de mitos e imparable refutador de leyendas , marcadas al son de un acento a mitad de camino entre el porteño básico y el portugués, y oportunamente acompañadas por un tendal de puteadas sin miramientos, pareciera no existe otra forma de escuchar manifestarse en vivo y en directo al Sr. Bond…Billy Bond.

x5Ante todo quiero aclarar que voy a tratar de no hacerte las preguntas de siempre sobre los hechos más clásicos de tu carrera, porque son harto conocidos.
Si soy puto, por ejemplo…

No, por eso te decía, ninguna de las cosas que ya sabemos.
¡Jajaja!

¿Alguien de tus allegados, familiares o amigos, te llama por el nombre de Giuliano?
No, para nada. Los argentinos tenían distintas formas de llamarme, sobre todo los más viejos. Sandro y Tanguito, por ejemplo, me decían Muñeco, que es algo que me sigue diciendo hoy en día Javier Martínez. Otro de mis apodos es Bondo, que me lo puso El Carpo. Él me puso Bondo, y yo le puse lo de El Carpo.

Fue una devolución de apodos.
No, lo que pasa es que éramos todos atorrantes, y nos poníamos nombres. Oscar López era Toranzo. Nos hablábamos medio en código.

Hace 2 años te preguntabas, literalmente, qué carajo hicieron con el rock argentino. Y creo que es algo que va más allá del país, de hecho yo me lo preguntaría a nivel internacional. ¿No creés que lo que ocurrió es que se perdió es el peligro que traía aparejado, su ingrediente principal? Digo, peligro no en el sentido de algo dañino, pero sí amenazante, intimidante.
Yo te diría que hoy está tan peligroso como lo estaba en el ´72. En el sentido de analizar el ambiente, la situación del país. Obviamente es algo mucho más velado, menos directo, pero es más o menos lo que pasaba en esa época.  Lo que pasa es que creo que tengo una cierta ética y educación, y entonces no digo las cosas que debería decir.

¿Cuáles, por ejemplo?
¿Te acordás de las cámaras fotográficas analógicas? ¿O de la Polaroid? Se murieron. Y eran máquinas fotográficas. El tiempo pasa, y si no modernizás las ideas, te convertís en esa Polaroid. Entonces lo que los chicos hicieron, durante mucho tiempo, fue renovar lo que ya pasaba. Volvamos atrás en el tiempo. Cuando vino Johnny Tedesco, lo renovó a Eddie Pequenino. Después Johnny fue renovado por Sandro. Los Gatos renovaron a los Wonderful, o a los Teen Tops. Y después cuando vino Pescado Rabioso o La Pesada del Rock and Roll, los renovaron a todos ellos. Después llegó Soda Stereo y volvió a renovar todo eso. Los camaleones cambiaron de piel. Que la música y el mercado se renueven, es algo completamente natural.

3 (Medium)

Pero vos estás hablando básicamente de la industria.
De la industria, pero también de los estilos. Y si no renovás lo que estás haciendo, no sirve. No estoy hablando de renovar la ideología de lo que hacés. Luis Alberto Spinetta se renovó solo. Empezó haciendo “Muchacha Ojos de Papel”, y terminó cantando cosas en donde acompañaba a los acordes. Hacía primero los acordes, y después las melodías, para que fueran todavía más difíciles. Para que nadie los entendiera… (Risas)

Bueno, pero es que él era alguien muy especial.
Si, yo no digo que no fuera especial, solamente te revelo el secreto de lo que hacía. Él se renovó, se convirtió en un camaleón, y ese camaleón llenó estadios. Y no tocando algo que fuera comercial o comestible. Lo hizo con lo que había hecho, y cn lo que hacía en aquel momento. No es que haya implantado un estilo copiado de otro. No de esos fenómenos musicales de los cuales sabemos que son copia de copia de copia.

Tampoco es que quede algo para inventar, y entonces tal vez lo mejor sea volver atrás.
También es eso. Es muy difícil inventar el rock después de Led Zeppelin. Podés pasar al segundo paso después de Elvis, pero después de Led Zeppelin, ¿adónde vas? Metallica, tal vez, que es rock pesado pero con una tecnología mucho más moderna. El bombo del baterista de Metallica tiene un kick, un agudo, que es algo que no tenía Led Zeppelin. Se modernizan y crean un nuevo producto dentro del mismo producto.

¿No creés que todo se aburguesó demasiado?
Siempre se aburguesan. Cuando no tenés hambre, no salís a cazar. Si tenés la heladera llena, ¿para qué carajo vas a salir a cazar? Y con esa heladera llena el único peligro que corrés es el de engordar y morirte. Quise ser un poquito sutil, ¿no? (Risas)

Hablando de las costumbres de las sociedades, ¿conocés la frase de Umberto Eco sobre las redes sociales? Eco dijo algo así como que las redes le permiten la palabra a legiones de idiotas, y que estamos invadidos por los necios.
Es verdad ¿Qué me importa a mí las cosas que opinan? ¿Cómo me puede importar si tu perro cagó en la cocina?

Exacto, pero es lo que está ocurriendo. Y lo mismo sucede con la música, que se volvió algo básicamente pasatista. Así como también que se lean los títulos de las noticias, y no el contenido. ¿No te resulta algo molesto?
Estoy totalmente de acuerdo con la frase, y eso también pasa. Cuando te hacen un diagnóstico médico por computadora, se acierta casi en un 97 por ciento. Y un médico lo hace con el 50 por ciento de las posibilidades. El médico te dice “me parece que vos tenés esto”, pero siempre le parece, nunca lo sabe. La computadora te dice la posta. Y eso es la evolución, el ir para adelante. Vamos a ser devorados por la internet y el iPhone.  Ahora bien, si a vos te gusta meterte el iPhone en el culo y lo usás de consolador, entonces sos un boludo. Mejor andá y comprate un consolador. Y dale al iPhone el uso que se merece. Digámoslo así, existe el ProTools, ¿pero para qué carajo te sirve el ProTools? Antes tenés que tocar. Y entonces, que toquen primero. “No, pero lo grabamos y…” ¡No! Lo grabamos, pero antes tenés que tocar. ¿De qué le sirve a un fotógrafo sacar una foto si antes no sabe de luz, del diafragma, de la tonalidad que busca? El fotógrafo sabe muy bien que si no hay buena luz, la foto le va a salir azulada. Ok, esa es la parte de la tecnología. Ahora bien, la cámara te la metés en el orto, porque ante todo es el fotógrafo quien sabe cómo hacerlo. Vos sos el artista, y lo que hacés es consecuencia de eso. Entonces, si querés usar el ProTools, usalo.  El tema es que hay muchos pelotudos que quieren hacer música y terminan usando el ProTools para no hacerla. Ese no es mi problema, no estoy para salvar al mundo. ¿Quién te mandó a fotografiar si no sabés un carajo? ¡Jodete!

11 (Medium)Te preguntaron cuarenta y cinco millones de veces sobre el famoso show de La Pesada del 20 de octubre de 1972, sobre la frase de “rompan todo”, sobre cuando después terminaste en la comisaría detrás del Luna Park, y todo eso.  Y después, cuando finalmente te liberaron, saliste de espaldas a los policías sin saber si no te pegaban un tiro por atrás. Y todo esto mucho antes de la llegada del Proceso.
Si dije o no dije “rompan todo”, no tiene la menor importancia. Si me preguntás si lo diría ahora, te digo que lo haría. Lo importante era el movimiento político. Nadie se dio cuenta que en ese momento la gente había empezado a rebelarse contra el propio sistema, como si fueran chicos que se rebelan. 10 años de represión donde la policía los metía en cana, los cagaba a trompadas y los mandaba a cortarse el pelo. Aquel día en el Luna Park, la policía tuvo que retirarse porque si no los hacían pelota. Más o menos como si fuera una venganza de los judíos contra los nazis. La policía tuvo que retirarse, era como si fuera un movimiento de gente.  ¿Pero qué pasó? A Tito Lectoure (N.  el legendario ex propietario del Luna Park), que era alguien represivo, fascista, y dueño de un lugar en el que se cagaban a piñas, y que tenía como 18 guardaespaldas, no le gustó un carajo que los 2000 o 3000 chicos que había ese día, los que iban a la Popular, hayan estado haciendo cola desde 1 día antes del show. No hablo de los ricos. Y la policía había comenzado a pegarles. Yo había estado a la tarde para probar sonido, y me enojé mucho con esa situación. Porque en aquella época éramos todos muy idealistas, y todo nos caía mal. El tema es que, una vez empezado el show, Tito comenzó a reprimir dentro del estadio.

Ya había un mal clima previo.
Ya había mal clima desde antes.

13Como el Altamont de los Stones en California 3 años antes.
Bueno, pero en ese show los que se encargaban de la Seguridad no eran policías, sino los Hells Angels. ¡Pero claro que en el Luna Park existía un clima previo! No igual al de Altamont, desde ya, pero en esa línea. Se ve que alguien le dijo algo a Lectoure, y entonces vino la policía. Pero no la común, sino la de choque. No llamaron al policía de la esquina. Era una fuerza de choque, con palos y demás. Y entraron en el medio del show. En algún momento le dije al público, “¿están muy lejos? Vengan, vengan más cerca” Y entonces la policía se puso más pesada todavía. Y yo dije que “la violencia trae más violencia”, como decía Perón, pidiéndoles que paren. Pero empezaron a  romper todo, y finalmente la policía se batió en retirada. Fue la primera vez que una manifestación juvenil logró que la policía se retirase. Y para mí eso fue como el inicio de una gran revolución.

Fue algo más que nada simbólico.
Fue simbólico. Pero también es algo sobre lo que se quejaron los conchetos de la derecha, que decían “aah pero este gordo Billy Bond es un hijo de puta, mirá lo que hizo, nos cagó a todos, y ahora qué carajo hacemos, el rock and roll se murió…”

12Los diarios también te criticaron mucho, con titulares como “Hordas de Hippies Arrasaron el Luna Park”…
Los diarios, y también los músicos, los que eran conchetos.

¿Cómo quiénes?
No, no me hagas nombrarlos…Simplemente dividilos, poné de un lado a los que estaban conmigo, y del otro a los conchetos. Pappo no era, seguro. Alejandro (Medina) tampoco. Esos estaban conmigo. Los diarios comentaron, los conchetos comentaron, se enojaron conmigo, que “se acabó el rock and roll” y que “nunca más vamos a poder hacer nada”. Bueno, pasaron 46 años de eso y vos y yo estamos hablando de rock.

¿Y te acordás del antes del show? ¿Qué habías hecho ese día más allá de ir a la prueba de sonido?
No me acuerdo nada. Fumábamos tanto que ni sabía dónde estábamos.

Lo que me recuerda a cuando uno era chico y en conversaciones con mayores, decir “La Pesada” era sinónimo de drogas, peligro…
Justamente hoy estaba comentando eso, porque nosotros no podíamos comprar las drogas pesadas. Muchos músicos se murieron por la droga, pero porque tenían plata y usaban drogas pesadas. Nosotros éramos pobres. Tomábamos Pervitin. Era eso. Anfetaminas, o nos fumábamos un faso. A ver, ¿qué músico nuestro de rock de aquella época se murió por drogas?

Ninguno.
Ninguno.  ¿Vos te creíste que Tanguito se murió de sobredosis? No. Lo hicieron boleta. Pero ninguno murió por drogas. Sí, tomábamos ácidos, pero nada de cocaína inyectable, heroína o morfina. Si fuera hoy estaríamos todos muertos. Porque existe el crack, que es un veneno. Muy barato y muy agresivo. Pinchevsky hubiera durado un mes, y Medina estaría muerto. Y yo, también muerto.

Lo de La Pesada siempre me pareció un conglomerado de músicos muy democrático, donde prácticamente todo el mundo estaba invitado a grabar.
Es que no había egos. Pappo venía, tocaba y se iba. Otros hacían lo mismo. No había preocupaciones por no estar en tal o cual disco. Ahora son todos conchetos.

Todos quieren fama.
Todos quieren fama, compiten. Les chupa un huevo la música. Yo ahora estoy tocando con cuatro pibes de los que casi no sé los nombres, y así tenemos toda la tranquilidad del mundo posible. No le debemos nada a nadie. Ahora, cuando esto se empiece a convertir en un buen negocio…

Cuando empieza a entrar la plata…
Cuando entra la mosca…Muchos terminan matándose por eso.

8Tengo una duda existencial que no pienso perder la oportunidad de aclarar, y es sobre la parte en “La Operita” en donde aparece cantando Jorge Porcel.  ¿Cuál es la historia detrás de eso? ¿Estaba grabando en otra sala de los mismos estudios y se metió? ¿Lo convocaron Uds.?
Nada de eso. Lo que pasó es que nosotros éramos tan pero tan pobres, que teníamos que reciclar las cintas de grabación. Y “Tontos” fue un delirio, un suicidio artístico en respuesta a los músicos pelotudos, a los pelotudos de la prensa, y a los pelotudos en general. Tanto es así que la tapa del disco es roja, y cuando la abrís podés leer “colorín colorado, este cuento ha terminado” Me borro. Váyanse a la concha de su madre. Métanse el negocio en el orto. Por eso lo considero un suicidio artístico. Nadie que tenga la cabeza en su lugar hubiera hecho un disco así. Ahora bien, como buenos suicidas, lo hicimos bien. Nos cortamos las dos venas, no solamente una. Por las dudas, cosa que no falte nada…

¿Y lo de Porcel fue parte deliberada del suicidio, entonces?
Es que no teníamos plata para comprar cintas nuevas, entonces usábamos las mismas que habíamos usado antes.  Las cintas del primer LP de La Pesada no existen más porque les habíamos grabado arriba el Número 2. Entonces, por ejemplo, en el medio de todo ese mambo que fue “Tontos” apareció cantando Pajarito Zaguri, y lo dejé. Y de repente en esa cinta que usamos también apareció cantando el Gordo Porcel, y le pusimos una viola encima.

x17¿O sea que eso había quedado de antes en la cinta?
Estaba en una cinta vieja.

¡Aclarado, finalmente!
Bueno, eso es algo que no lo sabe nadie.

Ahora sí se puede saber.
Así como tampoco nadie sabe sobre el disco que grabé con Hugo y Osvaldo Fatorusso. Litto Nebbia lo copió la vida entera. A Hugo. Los acordes, todo. Fatorusso es un capo. Hay toda una tendencia de gente más fina que lo admira mucho. Y yo, que soy de una línea un poco más agresiva, que estoy del otro lado…

Del lado políticamente incorrecto.
Eso, del lado políticamente incorrecto, que había reventado el Luna Park y no sé qué, y entonces toda esa tendencia admiraba a un tipo que vivía conmigo. Osvaldo, que tocaba la viola, vivió 2 años conmigo aquí en Buenos Aires. Y Hugo tocaba el bajo. Y yo hice un LP entero con los dos.

Esto fue post Los Shakers, imagino.
Sí, bien post-Shakers. Antes que Hugo se fuera a los Estados Unidos. Y ese disco nunca se editó. Hay sólo dos canciones en el mercado, “Toro Campeón” y “La Gran Rabona”, con letras de Escardó, música de Hugo, y cantadas por mí.

¿Qué Escardó? ¿Florencio, el médico? ¿El que salía con moñito en la tele?
El mismo. ¡Mirá qué trío! Pero el disco nunca fue editado. Lo llevamos a la compañía Music Hall y no les resultó comercial. Yo era fuerte ahí, esto antes de La Pesada. Yo vendía mucho. La Pesada no vendía un carajo, 500 discos como mucho. Pero Billy Bond vendía mucho, yo era famoso. Cantaba en bailes para 3000 o 4000 personas. Y yo tenía mucha fuerza en la compañía, tanto es así que todo lo de La Pesada, Pappo, etc., lo hicimos en Music Hall. Yo estaba  a cargo de esa línea, y la línea de Microfón, que era Talent, con Pescado Rabioso y todo eso, la cuidaba Jorge Álvarez, porque yo no podía meterme con lo de Pescado Rabioso. Al principio estábamos todos juntos pero después cuando empezó a aparecer la plata, los bandos comenzaron a ponerse en su lugar. Como sea, ese disco nuestro nunca se editó.

¿Es lo que más lamentás que se haya perdido?
En realidad, te confieso, está todo perdido. No hay nada que no esté perdido.

15¿Qué hay de cierto sobre nuevas reediciones de los discos de La Pesada?
Sí, todos los de La Pesada se van a reeditar en vinilo, CD, y en plataformas digitales. Ya tengo todos los derechos. Pero no creo que salgan antes del año próximo.

Hablemos un poco de tu vida en Sao Paulo. ¿Cuánto hace que vivís en Brasil,  40 años?
Y, en Brasil soy poderoso. Ya llevo casi 45 años viviendo allí. Hicimos “Vida”, el primer disco de Sui Generis, hace 46 años. Después hubo tres más, y cinco de Pappo, así que ponele que me fui en el ’74 o en el ’75. Entonces llevo casi 45 años.

14Fuera de tu fase como productor allí, dirías que como artista la época más fuerte fue cuando integraste Joelho do Porco?
No, viene de antes. Yo fui el productor y director de Ney Matogrosso, el número uno del país.

A eso apuntaba, para terminar hablando de Ney.
Ney era el número uno. Estaba Dios, y Ney Matogrosso. Él ya estaba con Secos e Molhados, con quienes vendió 2 millones de discos. Y yo, es como que yo se lo robé a los brasileros, porque de alguna manera él terminó eligiéndome. Pero después uno de los pelotudos del grupo le dijo que el nombre Secos e Molhados era suyo, y que Ney era un boludo y que no funcionaba. Le cortaron las gambas. Ney se queda en banda, el grupo se desarma y pierden millones de dólares. Todo el mundo del mercado se puso loco por eso. Yo conocía a Ney de antes de Secos e Molhados, porque dos de los dos músicos que tocaban en el grupo eran argentinos. Uno era el contrabajista, Willie Verdaguer, y después estaba el baterista, Marcelo Frías, que había tocado en La Cueva. Cada vez que yo viajaba a Nueva York, antes paraba en Sao Paulo. Y en una de esas paradas me llevaron a uno de los primeros ensayos de Secos e Molhados, antes que grabaran. Y fue ahí cuando conocí a Ney. Solíamos andar bastante juntos, salíamos a  la noche a tomar cerveza…Y entonces cuando el grupo se separa, Ney me elige a mí. Dijo “lo quiero a Billy”.

neyY así fue como terminaste produciendo su primer disco solista.

Sí, lo hice yo. Se llamó “Água do Céu-Pássaro”. Es el disco que “mató”, que vendió una fortuna. Me quedé con Ney por 2 años seguidos, porque por entonces yo no sabía hablar portugués. Y después, cuando aprendí, monté Joelho de Porco. Al principio no querían aceptarme, no sabían nada de rock. ¡Y yo venía de producir a Sui Generis, a Pappo! Y en 6 meses era el grupo número uno.


Más allá de tus roles de músico, productor, o performer, como te gusta definirte, siempre fuiste un gran desmitificador. El primero de los mitos que negaste es que Sandro nunca cantó en La Cueva.

No, y por dos cosas muy simples. En los tiempos en que él venía a La Cueva, fue en la época de sus inicios, y la foto que él se sacó allí era una de publicidad para la CBS. Venía  a las 3 de la mañana a tomar whisky Smuggler mezclado con Añejo W. Nosotros pichicateábamos el whisky para que parezca más cantidad. La foto se publicitó diciendo algo así como “Sandro el Gitano abre La Cueva” En aquella época él todavía no vendía nada. Él llegaba  a La Cueva a esa hora con una gorda fea que era al menos 10 años mayor que él, se tomaba unos whiskys y cantaba unos boleros con un piano desafinadísimo que era una mierda. A esa hora, a 3 o 4 de la mañana, no había gente en el lugar. Éramos yo, mi mujer de aquella época, y alguno que otro más. Y la segunda razón muy clara que explica por qué Sandro nunca cantó rock and roll en La Cueva era porque ahí no había micrófonos. Entonces eso nunca ocurrió. Pero para ser justo, sí te digo que cantó rock and roll en la segunda Cueva, en la calle Rivadavia. Hay una foto de él conmigo cantando juntos en el mismo micrófono. Sandro nunca cantó rock en la primera Cueva.

x16También dijiste que La Pesada “no vuelve ni volvería, porque todos los regresos son para robar”
Sí. Creo que las vueltas son curros. Es gente que sabe que dice “bueno, estoy muerto, vamos a volver y ganarnos un dinero” En el fondo, la gente que se separa, lo hace por alguna razón. Por una pelea. Nadie deja de visitar a alguien siendo amigo o hermano. Entonces les va mal haciendo carrera solista y vuelven a juntar a la banda.

2Fuiste parte de las negociaciones de la visita de Queen a Argentina en 1981 ¿Alguna anécdota de cuando trabajaste en la visita de Van Halen en el ’83?
Ninguna anécdota. El negocio ya estaba establecido. Van Halen se compró y se trajo. El productor local era Alfredo Capalbo, y yo el de Brasil. Por eso yo hice Queen y Van Halen allí. Y salió como el orto. No metí más de 5000 personas en el Parque de Ibirapuera de Sao Paulo.

Insisto, ¿alguna vez te ofrecieron volver con La Pesada?
Sí, y hace 20 años que digo que no, por más que me ofrezcan la plata que me ofrezcan, porque sería un vuelto. Y yo no necesito de eso. Todas las cosas materiales que quiero tener,  las tengo. Pero lo que vale no es lo material. En definitiva, toda la gente que se acercó a la charla que di el otro día es mucho más fortuna que toda la plata de la gente que puede pagar para venir a verme cantar en el Luna Park. Y aparte yo no preciso cantar, no tengo esa necesidad. Con hablar ya está bien.

Fotos: Florencia Giuliana
Agradecimientos: Mónica Delfino (Prensa)

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ENTREVISTA: PIPO LERNOUD, POETA Y PERIODISTA: “EL EXPRESO FUE UN REFUGIO PARA TODO”

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Publicado en Revista Madhouse el 24 de agosto de 2016

Ayer nomás, Pipo Lernoud, un joven de poco más de 20 años devoto de la poesía y los escritos de Kerouac, Huxley, Ginsberg, y otros tantos, encontraba un nicho selecto de acólitos junto a los que tiempo después, y casi sin proponérselo, acabarían escribiendo las primeras páginas del rock vernáculo. Páginas que apenas un puñado de años más tarde se transformarían en otra cosa y, ya en formato de revista, compondrían el bastión más emblemático de la gráfica contracultural a través de tiempos espinosos.

A más de cinco largas décadas de aquella desfachatada bohemia porteña que encarnó como nada el año cero de casi todo lo que vino después, ahora el inefable Pipo se dispone a lanzar la antología definitiva de lo sucedido en un nuevo libro titulado “Yo No Estoy Aquí”: 350 páginas habitadas por tiempos irrepetibles en permanente búsqueda de algo diferente.

Me sorprende venir a descubrir recién ahora que tu nombre original es Alberto Raúl…
En realidad el sobrenombre Pipo me lo puso una amiga. En la época en que conocí a Moris todavía me llamaban Beto, como buen Alberto. Y la novia de Antonio Pérez Estévez, que era el bajista de los Beatniks, viene un día y me dice “no tenés cara de Beto, vos tenés cara de Pipo”. Yo no supe si eso era lindo o feo, pero me gustaba más que Alberto, o que Beto. Así que empecé a usar Pipo. Hasta hace poco, la única persona en el mundo que me llamaba Alberto era mi tío, que no podía aceptar que me llamaran Pipo. Yo viajé mucho por el mundo con el asunto de ser vicepresidente de la Federación Internacional de Movimientos de Agricultura Orgánicos, y a los ingleses le costaba mucho entender mi nombre, pensaban que me llamaba “People Lernoud”, porque suena casi igual: “¿Cómo, te llamás People?”… Y si alguien me grita “Alberto”, directamente ni me doy vuelta.

Poeta, compositor, periodista, precursor de la cultura orgánica en la Argentina…Con tantas cosas en tu haber, sinceramente no sé sobre qué empezar a preguntarte. Pero lo que aquí principalmente nos convoca es tu rol como figura clave del génesis de la escena de los verdaderos inicios del llamado “rock nacional”…
Bueno, no sé si “clave”…

Digamos parte fundamental. mínimamente. Ya que estamos, ¿cómo es que nunca tuviste la inquietud de ser músico?
Sí, la tuve. Moris me enseñó a tocar algunos acordes de guitarra, y Javier Martínez a tocar la batería. Incluso tengo unos cuadernos donde Javier me enseñaba los paradiddles, eso de las secuencias de manos cuando uno practica batería. Y yo anotaba, pero no prosperaba. Y con la guitarra tampoco llegué a ningún lado, o bien no lograba afinar para cantar. No servía para eso.

¿Qué fue lo que evitó que tengas el sueño de casi todo adolescente?
Es que yo estaba muy pendiente de escribir. Obviamente, me hubiera gustado. De hecho siempre le estoy diciendo a mi mujer, María Calzada, que hizo coros en el primer disco de los Redonditos junto a Claudia Puyó y Laura Hutton, que si yo cantara como ella mejor que Paul McCartney se corra, porque considero que, si también pudiese cantar, podría escribir muy buenas canciones.

Como  sucedió con “Ayer Nomás”, que compusiste con Moris.
Claro, yo le llevé la melodía. Pero en sí lo de componer canciones nunca prosperó.

¿Entonces cómo te las arreglabas para componer?
Siempre con alguien. Con Miguelito (Abuelo) lo hacíamos seguido, porque el vivía en casa. Y en el caso de Tanguito, él agarraba mi cuaderno, o el de Hernán Pujó, que es el autor de “Amor De Primavera”, y se ponía a tocar sobre los textos. Que es lo que pasó cuando escribí la letra de “La Princesa Dorada”.

Tantas veces te habrán hecho las mismas preguntas sobre “Ayer Nomás”, que me cuestiono si queda pendiente alguna anécdota o historia que nunca se haya contado.
Lo que me resulta interesante mencionar es que “Ayer Nomás” es una de las primeras canciones del rock nacional, porque fue originalmente compuesta para el repertorio de los Beatniks, que a principios del ’66 ya se habían presentado en La Cueva y sacado su primer disco, “Rebelde”. Ellos cantaban la versión original, así como “No Finjas Más, Yo No Pretendo” y un par de canciones más, ése era todo su repertorio. La gente no sabe que “Ayer Nomás” era del repertorio de los Beatniks, y todo esto fue un año antes que “La Balsa”. Los Gatos ensayaron 1 año en La Cueva, y ahí fue donde Litto (Nebbia) empezó a probar músicos, como fue el caso de Alfredo Toth, el bajista.

¿HOMBRES DE LAS CAVERNAS? NO, DE LA CUEVA
Sobre esos años de bohemia tan particulares, ¿cuál señalarías como la primera noche en que ingresaste a ese mundo?
Bueno, sin dudas fue mi primera entrada a La Cueva. Pero antes de eso me habían echado de varios colegios, y terminé abandonando la secundaria en cuarto año. Yo vivía con mi vieja, que era separada, y la verdad, ella me bancaba en todo. Y yo me la pasaba leyendo, quería ser poeta, y una vez me encontré con la revista “Eco Contemporáneo” de Miguel Grinberg, que vendían en los kioscos de la calle Corrientes, del lado del Obelisco, hasta Callao, donde había un montón de revistas de baja tirada de poesía, culturales, de teatro, que de hecho las sigue habiendo… Y yo leía todas esas revistas de literatura medio caseras. La de Juan Gelman, por ejemplo, y también “Opium”, que era una revista hecha por unos beatniks. Los que editaban Opium son los mismos que aparecen en la película “Tiro De Gracia”, cuya banda de sonido estuvo a cargo de Manal , que pertenecían al grupo de intelectuales que frecuentaban el Bar Moderno. Y fue en un número de Opium que leí una cosita chiquita que decía “hay un boliche donde hay jazz y poesía y qué sé yo que se llama La Cueva y está en la calle Pueyrredón…”

Es decir que tu entrada en la escena se dio básicamente por el lado de la poesía…
No, en verdad fue por el jazz. En esa época yo escuchaba mucho jazz, en realidad el rock todavía no existía. A mí ya me gustaban los Beatles y Bob Dylan, pero en general no existía como “cultura”. Y el jazz era la música de la bohemia. Yo escuchaba mucho Charlie Parker y Miles Davis. Pero la “cultura de rock”, tal como la conocemos, todavía no existía. Antes del ’66 no había ni Caetano Veloso en Brasil, ni Eduardo Mateo en Uruguay, ni Tanguito en Argentina. Todo empezó en el ’65, o en el ’66. Y la revista de Grinberg, u Opium, son anteriores, del ’63 o del ’64.

Y así fue como ingresaste a ese círculo “selecto”.
Cuando entré me encontré con tipos de mi edad, porque esos otros beatniks que mencioné eran en verdad tipos más grandes.

¿Cómo se reconocían entre ustedes? ¿Existía algún tipo de código que les facilitaba identificarse si eran “del palo”?
Pasaba por ser un poco desprolijos, nada más, porque usaban corbata, probablemente, pero al mismo tiempo no tenían los zapatos lustrados. Hoy parece una locura, pero si uno ve las fotos de esa época… Por ejemplo, hay un videíto de La Cueva en el ’65 en que podés ver que iban todos con corbata.
Bueno, pero en los clubes de Inglaterra o USA de la época también vestían así.
Seguro, pero el rock después rompió todo eso, y cada uno se vistió como quiso.

¿Recordás con detalle esa primera noche que entraste a La Cueva?
No exactamente, pero los primeros que conocí fueron Moris y Pajarito Zaguri. Pajarito era muy charlatán, muy fácil para relacionarse. Y a mí me costó mucho, porque era muy tímido, pero entré y estaban estos tipos que hablaban de música. Se los veía divertidos, por lo que enseguida me hice amigo de ellos. Yo podía hablar de todo lo que le interesaba a Moris, ya sea de Krishnamurti o de Aldous Huxley.

¿Me parece a mí o podemos trazar un paralelismo entre los primeros Abuelos De La Nada y lo que pasaba en Brasil, por ejemplo, con bandas como Os Mutantes? Había un fuerte elemento de psicodelia y poesía que creo estaba presente en ambos grupos.
¡Totalmente! Y eso es lo que queríamos hacer, pero no dio.

LA PRIMERA COSA QUE FUE CONTRA LA ESTRUCTURA Y EL ROCK COMERCIAL TUVO QUE VER CON LAS CANCIONES DE LOS BEATNIKS, Y A PARTIR DE AHÍ CAMBIÓ EL REPERTORIO DE LITTO NEBBIA. EL QUE CAMBIÓ TODO FUE MORIS, ES EL TIPO QUE INVENTÓ EL ROCK AQUÍ.

¿Se conocía a Os Mutantes aquí en Argentina?
No, para nada. Sí a Chico Buarque, que era muy famoso, y después tanto yo como Moris y Litto conocíamos perfectamente a Joao Gilberto.

Todo esto antes que llegue el Tropicalismo…
Precisamente, lo que fueron las raíces del Tropicalismo, que se componía de bossa nova y Beatles, o Hendrix. Y aparte nosotros conocíamos mucho a los músicos uruguayos a través de los Shakers, que venían mucho a La Cueva, y también los Bulldogs, o los Mockers.

Había empatía entre todos, más allá de los países de donde venían.
De alguna manera había una gran confraternidad entre los músicos, porque todos íbamos en cana, simplemente por teneer el pelo largo, sobre todo aquí en Argentina. Lo mismo le pasaba a Los Jaivas en Chile, de quienes yo me hice muy amigo. Y todos nos parecíamos, más allá de los países de origen, porque teníamos los mismos padres. Todos escuchábamos a los Beatles, a los Stones o a Dylan, y todos leíamos los mismos libros. Ciencia ficción, Huxley, Ginsberg, Kerouac, Ferlinghetti…Si bien los chilenos tenían su propia forma de ser, y los brasilleros la suya, todos nos queríamos sacar de encima la cultura de los viejos de la formalidad, el caretaje o la represión sexual. Todos hablaban de libertad sexual, de una cultura más compartida, y salir un poco del modelo de la familia y el padre autoritario. Y fue la música que permitió transportar esas ideas a todo el planeta.

HIPPIE HIPPIE SHAKE
En 1967 organizaste el primer encuentro hippie, en la plaza San Martín…
Fui uno de los organizadores, junto al Colorado Rabey, que era uno de los fundadores de Mandioca. Nosotros no le decíamos “hippie”. Yo diseñé una especie de panfleto que decía “a todo melenudo que veas, o tipo o chica que está vestido diferente, decile que vaya a Pza. San Martín el Día de la Primavera a las 15 hs.”, que tuve que tipear con papel carbónico, porque todavía no existía la fotocopiadora. Entonces cada uno de los que iba a La Cueva se llevaban uno de esos papelitos, y si se animaban, lo copiaban. Y después se los entregaban por la calle a cualquiera que diera esa imagen.

Además en fecha del Día del Estudiante…
Claro. ¿Sabés por qué?

Supongo que porque es un día en el que la gente tiene la posibilidad de vestirse de cualquier cosa.
¡Exactamente! Es un día en que te podés disfrazar de lo que quieras. Entonces los tipos se podían soltar los pelos, que los llevaban debajo del cuello de la camisa, y usaban camperas que decían “I love The Rolling Stones” y qué sé yo, y como todo el mundo andaba disfrazado por la calle, al menos en ese día no había ningún problema.

Ya la pegué con lo de Os Mutantes, y ahora con lo de adivinar por qué el Día del Estudiante fue la fecha elegida para la famosa reunión.
Es que nadie se daba cuenta de esas cosas. Mirá, Pajarito era un personaje, y él siempre quiso ser famoso. Andaba mucho por los canales de televisión, y hasta había cantado en el Club Del Clan. Y él tenía una lista de periodistas, con nombres, ponele, Magdalena Ruiz Guiñazú, número tal de teléfono. Pajarito tenía todos los teléfonos…

Un mailing…
Exacto, como si fuera un mailing. Tenía a los veinte periodistas más grosos, o a los directores de las secciones de Cultura de las revistas de actualidad. Pajarito nos prestó esa lista, y entonces empezamos a llamar a todos los medios de difusión para hacer un poco de ruido, diciéndoles que iba a haber “una reunión de melenudos en la plaza, tocando guitarra…”, y bla bla bla. Entonces los tipos dijeron “¡uy, una nota de color!” Y fueron. Si vos lo buscás en YouTube, hay un video en el que está Andrés Percivale entrevistando a la gente ese día, y donde también aparecemos Tanguito y yo. Y también se acercó un enviado del programa de Pipo Mancera para invitarnos a ir al programa “Sábados Circulares”, y entonces fue Tanguito a cantar, pero años después descubrimos que todas esas cintas las habían borrado. Y también vino José De Zer, que se quedó a dormir en la plaza con nosotros los hippies durante 48 hs.

José de Zer era como el Hunter Thompson argentino…
¡Noooo! (Risas). Y en verdad hicimos todo eso para demostrarle a la gente que no éramos ni guerrilleros, ni putos, ni nada. Simplemente gente que quería vivir de forma distinta. Para quien quiera verlo, en mi página de Facebook está el manifiesto que escribí y repartí ese día, que decía que los hombres no pueden vivir libres en cualquier parte de su planeta, que tiene que ver con una idea que yo ya tenía, sobre que éste es un planeta que compartimos todos, que tampoco era algo que yo haya inventado.

Al año siguiente, en 1968, salió el primer simple de los Abuelos de la Nada con “Diana Divaga”, y “Tema En Flu Sobre El Planeta” en la cara B. ¿Eso indica que ya tenías conciencia sobre la ecología?
Absolutamente.

Quiero decir, nada más y nada menos que un tema de los Abuelos que hablaba sobre ecología, y donde encima tocaba Pappo. 
Es que si uno se fija en las primeras canciones del rock nacional, ¿de qué hablaban? Hablaban de “vayamos al campo, etc.” Y en el rock había, y todavía lo hay, esa cosa de que la naturaleza es buena y la ciudad es mala, “esta guerra de ambición”, como decía Javier Martínez. Protestar contra esa vida de ciudad burguesa y esclava, y lo de ser libre en el campo. Todas las canciones hablaban de irse al campo. Y resulta que yo me fui al campo, y cuando miré no venía nadie atrás, me iba solo. Me fui a Capilla Del Monte con Miguel, Tanguito y otros y allí inicié una huerta, y al final nadie quería laburar, nadie quería agarrar una pala.

Y DE GOLPE, LA EXPRESO
Fuiste uno de los fundadores del Expreso Imaginario en 1976, y después uno d sus directores, cuyo primer número salió en agosto, cinco meses después del golpe.
Así es, ¿y vos sabés por qué terminó saliendo después de la fecha del golpe?

SIEMPRE DIGO QUE TANTO NOSOTROS, COMO LOS MÚSICOS DE ROCK, TUVIMOS QUE ENCONTRAR CIERTO LENGUAJE PARA HABLAR DURANTE LOS AÑOS DE LA DICTADURA.

En absoluto, lo desconozco. Precisamente me llama la atención que haya salido justamente en esa época, siendo algo tan antagónico a lo que estaba ocurriendo en el país.
Es que Jorge Pistocchi tenía originalmente la revista Mordisco, y en uno de los números, no recuerdo exactamente cuál en este momento, pero sí que fue en el ’74, va y anuncia la salida de la revista Expreso Imaginario. Porque él ya tenía la idea de hacer una revista que incluyera otras cosas antes de conocerme, y que no fuera exclusivamente sobre música. Finalmente nos conocimos en el ’75, y lo llamamos a Horacio Fontova, al cual ambos conocíamos, más allá de todos los amigos que teníamos en común como Miguel Abuelo o Spinetta. Formamos una suerte de equipo, empezamos a darle forma a la revista, y encontramos un tipo dispuesto a editarla. Para poner la guita y ocuparse de los números, que es algo muy importante, y ese fue Alberto Ohanian. Todo esto habrá sido en octubre del ’75, pero no la íbamos a lanzar a fin de año, que es cuando la gente se va de vacaciones, por lo que decidimos comenzar a editarla en marzo del año siguiente, o sea, marzo del ’76. ¡Exactamente cuando vino el golpe! Y entonces, a raíz de eso, nos dijimos, “no, ¡paremos!” Pero finalmente la sacamos igual, si bien cuidándonos mucho. Hubo muchísimas cosas que decidimos no poner. Notas de sexo, de erotismo, o de tinte político.

¿Sufrieron alguna vez la censura deliberada, o algún tipo de advertencia?
No necesariamente. Los contenidos de cada número se discutían en las reuniones. Jorge Pistocchi me llevaba varios años, y al mismo tiempo yo también le llevaba varios años a Alfredo (Rosso) y a Claudio (Kleiman), por lo que siendo el mayor, Pistocchi era el más lúcido y el que mejor sabía qué publicar, o qué no publicar. O decir las cosas en forma de metáfora, o más suavemente. Yo siempre digo que tanto nosotros, como los músicos de rock, tuvimos que encontrar cierto lenguaje para hablar durante los años de la dictadura.

“Canción De Alicia En El País” de Serú Girán, tal vez el caso más representativo, con toda su subliminalidad.
Claro, es un buen ejemplo. Nosotros hablábamos de ecología, de indígenas, de comunidades y de la vuelta al campo, pero era una manera indirecta de referirnos a la sociedad.

¿Creés que de haberse conocido antes ciertos horrores de la dictadura que terminaron siendo descubiertos más tarde se hubieran comportado igual? Porque la revista no tenía ninguna proclama revolucionaria, ni nada de eso…

Desde ya, para nada. El rock siempre estuvo en contra de la lucha armada. Cuando una parte de nuestra generación se metió a tomar las armas para tirar a Isabelita, pongámosle, el rock siempre estuvo en contra. Ni siquiera en la época de Montoneros, etc. Ya bastante antes de eso, en el ’68, los Beatles decían que “todos queremos una revolución, todos queremos cambiar al mundo, pero si querés destruir, no cuentes conmigo” Queríamos cambiar la conciencia de la gente, y no obligarla a hacerlo.

O sea que dentro de todo el Expreso tuvo un tránsito tranquilo.
Pasaron cosas, yo caí en cana, etc., pero nada que atentara contra lo institucional. Nunca le pasó algo “a la revista”. Había tipos que te miraban y te hacían preguntas, pero ellos pensaban que era sólo una revista de música.

En 1966 fuiste uno de los organizadores de la muestra “30 Años del Rock Nacional”. ¿Por qué se tomó como fecha de partida el año 1966?
Hay una discusión respecto a eso. ¿Cuál sería para vos el hito que marcaría el comienzo del rock aquí?

La edición de “La Balsa”, supongo. 
Bueno, para mí no, para mí es “Rebelde” de los Beatniks. Y para Litto Nebbia es su simple anterior “La Respuesta”, con Los Gatos Salvajes. Y ahí yo le retruqué que llegado el caso entonces tenía que ser el disco de Tanguito del ’63, cuando sacó un simple con los Dukes, que era una imitación de Palito Ortega y terminó siendo una porquería infernal. Para mí, y también muchos periodistas están de acuerdo, el verdadero inicio se da cuando se empezaron a componer canciones con una mentalidad diferente, cantando “Rebelde me llama la gente, soy libre y quieren hacerme esclavo de una tradición…” Y creo que “La Respuesta” era una canción comercial, y no representaba ese contexto. La primera cosa que fue contra la estructura y el rock comercial tuvo que ver con las canciones de los Beatniks, y a partir de ahí cambió el repertorio de Litto Nebbia. El que cambió todo fue Moris, es el tipo que inventó el rock aquí. Ves, a él deberías entrevistar, en vez de mí.

Bueno, borro la entrevista y salgo a buscarlo a Moris. No faltará la oportunidad de hacerlo en breve.
¡Por supuesto!

TIEMPOS PASADOS
Ya que lo mencionaste, ¿cómo convivía el rock autóctono con la llamada escena beat y canciones del tipo “un día de paseo en Sta. Fe, no le hace mal a nadie, ya lo sé”?
Es que eso fue algo un poquito posterior, un rock más comercial, si bien los Gatos también eran beat. No existía la palabra “rock” todavía, pero grupos como Trocha Angosta hacían algo más imitación beatle. O cosas del Spencer Davis Group. De hecho así es como empezaron los Vox Dei, cantando canciones de Spencer Davis Group, que también es lo que hacía León Gieco con su grupo Los Moscos. ¿Pero qué banda no empezó haciendo covers?

¿Cómo vivís el hecho de que muchos de los que forjaron esa época junto a vos ya no estén?
Bueno, es que ya estamos en edad de irnos… Aparte hubo tipos que habían vivido una vida intensa y estaban muy baqueteados. Si vos lo veías a Pajarito en sus últimos días, te dabas cuenta que estaba muy hecho pelota. Pero bueno, es una de las leyes de la vida. Yo ahora estoy por sacar mi libro definitivo, que reúne 50 años de periodismo, 350 páginas, y ahí está todo. Por lo que si me muero mañana, sé que ya la hice. Ya dije todo lo que tenía para decir.

¿Es verdad que te ponías a traducir letras de Bob Dylan en aquellos primeros años? ¿Y de ser así, cuál era el motivo?
Las traducía para Tanguito, porque me daba bronca que los tipos no entendieran lo que Dylan estaba diciendo, que era impresionante. No es como ahora, que hay mucho libro, o canciones en YouTube con subtítulos.

Como buen fan de Dylan, sabrás que tiene el récord de más libros escritos sobre un artista… Incluso hay libros sobre la bibliografía escrita sobre Dylan.
Y, si nos ponemos a hablar de Dylan… Pero bueno, eso es lo que pasaba. Recordemos que eran los años en que Dylan empezaba a apuntar a lo eléctrico con “Bringing It All Back Home”. Y entonces, por ejemplo, Tanguito había hecho una canción con el ritmo de “Subterranean Homesick Blues”, y la cantaba en español, y decía  “Johnny está en el sótano preparando la medicina, yo estoy en la calle protestando…” Y paraba. “Protestando contra qué”. Paraba. “Protestando contra usted, porque Ud. es un careta y…” Y yo le explicaba que Dylan no decía eso, que no estaba protestando, que era algo más poético, y discutíamos. Pero él me decía “no me importa, a mí me gusta así”. Y las cantaba en las plazas o en los bares. Nos metíamos en un bar y de repente Litto, Moris o Tanguito sacaban la guitarra.

TODAVÍA TENGO GUARDADA LA SÍNTESIS DEL GUIÓN ORIGINAL DE LA PELÍCULA QUE NOS HABÍAN ALCANZADO, Y QUE NOS PARECIÓ UNA PORQUERÍA. NOS DIJIMOS “ÉSTE NO ES TANGUITO”. POR LO QUE NO ACEPTAMOS NUNCA QUE NUESTRAS CANCIONES APAREZCAN EN LA PELÍCULA.

¿Cómo viviste el fenómeno de “Tango Feroz”, la película de Tanguito que se hizo hace unos años?
No me gustó para nada; incluso junto a Javier Martínez, Moris y Ben Molar mandamos una carta documento prohibiendo el uso de nuestras canciones… ¿Por qué en la banda de sonido no están ni “La Princesa Dorada”, ni “El Hombre Restante”, ni “La Balsa”? No nos gustaba como la película estaba planteada, era mentira, es no era el verdadero Tanguito, él era otra clase de tipo. Tanguito no era de esos que se iban a poner a romper todo, que se picaba en el baño o se peleaba con todo el mundo. Nada que ver. Todavía tengo guardada la síntesis del guión original de la película que nos habían alcanzado, y que nos pareció una porquería. Nos dijimos “éste no es Tanguito”. Por lo que no aceptamos nunca que nuestras canciones aparezcan en la película, y de hecho sólo están las de Tanguito.

En el 2007 editaste “Sin Tiempo, Sin Memoria”, que fue tu primer libro de poemas. ¿Por qué demoraste 40 años para editarlo, si siempre se te definió como poeta?

Sí, yo debería haber editado mi primer libro de poesías en el ’67, o algo así, ya escribía bastante en esa época. La verdad es que, cuando llegué a La Cueva, yo quería ser poeta. Mis héroes eran Rimbaud, Baudelaire, Ginsberg, etc., y quería publicar, pero de repente se dio esto de componer “Ayer Nomás”, y adentrarme en toda esa movida que generaban los Beatniks, Moris, Javier, Tanguito, Litto y Miguel Abuelo, a quien yo acerqué a La Cueva. Miguel era un poeta extraordinario, pero a nadie se le ocurría publicar libros de poesía, porque para eso estaban los discos. Era mucho más interesante escribir una canción que publicar poesía. Incluso con Moris en el ’66 íbamos a hacer una revista que se iba a llamar La Mano, teníamos como veinte notas listas. Pero al final no salió porque en ese momento era todo muy loco, muy elástico.

Y que terminó teniendo el mismo nombre para la revista de la que formaste parte muchísimos años después.
Claro, de ahí vino el nombre.

ANIVERSARIO Y LIBRO
Se acaban de cumplir los 40 años del Expreso, que fueron celebrados con charlas y eventos en el CCK. ¿Cómo es recordar una revista emblemática cuatro décadas más tarde? ¿Y por qué no se hizo nada a los 20, o a los 30?
Cuando se cumplió el 20 aniversario, no le daban tanta bola. Ahora el mito del Expreso se ha agrandado. Yo no sé por qué ahora sí se da. Hasta salió un libro sobre la historia de la revista. Hay mucha gente que se formó leyendo el Expreso, y hasta lo usan para enseñar en la universidad. Tal vez tenga que ver con el hecho de que todo el contenido de la revista está en internet, para que cualquiera se lo baje gratis, proyecto con el cual colaboré. La gente venía y me decía “¿Cómo era el Expreso? Porque nunca vi un ejemplar” Y terminé escaneando todo y poniéndolo en un CD, que lo vendía en las lecturas de poesía para recuperar los gastos que me llevó organizarlo.

¿Te reconforta ese revival?
A mí me gusta mucho toda esta movida. Yo no soy un tipo nostálgico, porque vivo haciendo cosas en el presente, pero me encanta lo que hemos hecho. Me parece que el rock nacional ahora está bárbaro, y también que hubo muchas épocas en que no lo estuvo. Pero esa época original me parece muy rica. Me gusta mucho todo lo que fue Manal, Almendra, etc., como también lo que hemos hecho con Miguel Abuelo, o con el Expreso Imaginario, por lo que no tengo problemas de hablar y discutir sobre eso, o rendirle homenaje.

Bueno, de algún modo se trata de la biografía de tu vida…
Es que el Expreso fue un refugio para todo. Todas esas etapas tienen algo muy interesante, y es que trabajábamos en grupo. Tanto en los días de La Cueva como en los del Expreso. Quizás por momentos estaba todo mal, pero siempre estábamos juntos con los amigos.

Hace poco comentábamos lo mismo en una entrevista que hice con Sergio Aisenstein, cuando nos referíamos al Café Einstein, y esa especie de refugio que el Einstein significaba para los que iban al lugar.
Exactamente. Para mí hubo dos lugares fundamentales, que fueron La Cueva y el Einstein. Y cuando hicimos la muestra de los 30 años del rock nacional, yo propuse reproducir esos dos lugares, los dos más simbólicos del rock nacional, como parte del evento. Lo discutimos mucho, y finalmente el que bancaba el proyecto nos dijo que sólo se podía hacer uno. Así que terminamos reproduciendo una falsa Cueva por medio de paneles. El tema es que tanto Rodolfo García, como yo, no nos acordábamos de los detalles exactos. Por ahí uno recordaba que había un sillón a la derecha, y el otro decía que estaba a la izquierda. O dónde estaba ubicado el mostrador. Y mientras discutíamos nos dimos cuenta que en verdad no nos acordábamos nada de cómo era exactamente el lugar. Y entonces contactamos al guitarrista Ricardo Lew, a ver si él lo recordaba, y Lew tenía una visión totalmente distinta. Y terminando pensando que no lo íbamos a poder hacer en tanto nadie recordase cómo era el lugar.

¿Pero cómo, no había fotos que pudieran usar de guía?
No había. Y comenzamos a buscar fotógrafos que hayan pasado por allí en la época. Y ahí apareció Jimmy Olszevicki, que había estado con Moris y con los Beatniks. En aquel momento Jimmy había conseguido que el padre de Moris le prestase una cámara, con la que había sacado muchas fotos. Y entre los negativos encontró un montón de fotos que nadie sabía que existían, o que estaban perdidas, como esa famosa tira de fotos de Tanguito en una terraza, donde está colgado, además de un montón de los Beatniks. Pero seguíamos sin saber cómo era La Cueva, hasta que encontró dos rollos con negativos con fotos del lugar, donde se veían las paredes, que tenían todas fotos pegadas sobre ellas y cosas escritas, y finalmente logramos reproducir el lugar y su escenario original, que tenía una sola lamparita colgando en el medio. No había micrófonos, no había nada. Y ahí recordamos todo, que en verdad era un lugar que estaba hecho mierda, y no como pensábamos que era. El día anterior a la inauguración de la muestra abrimos la puerta para los invitados especiales, la mayoría músicos. Y yo lo llevé a Moris, que no sabía nada de esto. Y cuando Moris entró y vio lo que habíamos hecho, se quedó paralizado, y empezó a llorar. Dijo “¡Guau, es La Cueva!”

ESTOY POR SACAR MI LIBRO DEFINITIVO, QUE REÚNE 50 AÑOS DE PERIODISMO, 350 PÁGINAS, Y AHÍ ESTÁ TODO. POR LO QUE SI ME MUERO MAÑANA, SÉ QUE YA LA HICE. YA DIJE TODO LO QUE TENÍA PARA DECIR.

La prueba de fuego…
Yo me asusté, lo vi completamente impactado, quedó como tarado, como si le hubieran pegado una piña. Fue todo muy emocionante. Y lo mismo fue pasando con todos los que siguieron llegando.

El mes que viene estás editando tu libro “Yo No Estoy Aquí”, que no se trata exactamente de una autobiografía, ¿o sí?
No, es una antología de 50 años de cultura, y se llama así por la letra de “La Princesa Dorada”, cuando dice “yo no estoy aquí, sólo mi sonrisa me delata” Hay de todo, anécdotas, etc. Pero empieza con mis diarios de cuando era pendejo, con cosas que escribía como “quiero ser poeta”, o “me tengo que ir de esta casa burguesa” Al día siguiente, “conocí a Moris y a Pajarito” Luego, “debutaron los Beatniks” “Estuve en cana con Miguel porque él no tenía los documentos y nos pasó esto y lo otro…” Luego pasamos a La Mano, la revista del ’66 que nunca fue editada, de la que hablamos anteriormente. Luego sigue con las canciones que compuse, pero también un montón de inéditas que había hecho con Miguelito. Y después las cartas desde Europa, de cuando me fui allí, “viviendo desnudo en una playa con una americana…” “En esta playa hay 5.000 hippies fumando porro…”, cartas que yo le escribía a mi hermana y a mi vieja. La encontré todas tras fallecer mi vieja, entonces se las mostré a Martín Graziano, que es quien me ayudó a hacer el libro, el mismo periodista que hizo el del Expreso. “Me voy en moto a Madrid con un amigo, estamos haciendo artesanías”, “Me fui a Marruecos”, y qué sé yo. Todas las aventuras. Mi regreso a la Argentina. Cómo empecé a escribir y cómo me metí en el Expreso. La primera nota de la revista. Cuando me fui a vivir a Brasil, cuando volví. Las primeras notas para Canta Rock. Las cosas que leía al aire cuando hacíamos el programa de radio con Alfredo Rosso. La revista La Mano, la que sí salió. El blog que hice después del cierre de la revista. Y después Facebook y lo que publico ahí, y todo eso salpicado con fotos. Hay material sobre la cultura orgánica, etc. Es la descripción de la vida de un tipo de la cultura alternativa.

¿Ya tiene fecha confirmada de lanzamiento?
Lo presentamos el 21 de septiembre, ¡exactamente 49 años después de aquel día!

Entonces voy a ir dejándome el pelo largo y avisándole a todos los personajes desprolijos que circulen por la ciudad…
¡Claro! Y vamos a invitar a músicos amigos a que vengan a tocar, pero tipo camping. Esa es la idea, por ahora.