Visiones de Joan – Joan Baez, Teatro Gran Rex, Buenos Aires, Argentina, 6 de marzo de 2014

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Publicado en Evaristo Cultural en abril de 2014

Converso con un amigo del exterior sobre Visions of Johanna y, casi sin proponérnoslo, retomamos aquel recordado debate sobre si realmente Bob Dylan compuso la canción inspirado en Joan Baez, la inmensa cantautora folk con quien convivió entre 1963 y 1965, y que incluyó en Blonde On Blonde, el magnífico álbum doble que editó al año siguiente. Le sugiero que opto por volcarme a la versión que reza que sí se inspiró en ella, o bien se la dedicó de forma indirecta, pero que de haber sido así la teoría podría ser totalmente desafiada por la cronología de los hechos y tiempos de aquellos años, que dicen que por entonces Dylan ya estaba plenamente enamorado de Sara, la mujer que luego se convertiría en su primera esposa. No me cierra, le digo. Dylan había interpretado la canción por primera vez en diciembre de 1965 en un show en Berkeley, California, al cual Baez había asistido, para luego ésta declarar ante la Prensa que Visions of Johanna le había resultado “una canción sospechosa, que Bob jamás había tocado antes”, por lo que Baez creía que fue dedicada a ella. Decido ponerle fin al debate comunicándole a mi amigo que la historia seguramente permanecerá sempiternarmente indevelable en el anecdotario de las historias de Dylan inconclusas, y “quién dice alguna vez Joan Baez vuelva a Argentina, y si la situación lo permite, no sería una mala pregunta para formularle en la conferencia de Prensa” con-Dylan Han pasado 3, 4 semanas desde aquella conversación sin final feliz con mi amigo dylaniano. Por algún motivo que desconozco, vuelvo a pensar en Joan Baez. Esta vez no es el sobre mito de Johanna y sus posibles interpretaciones, simplemente me estoy preguntando por el paradero de la cantante. Mi recuerdo más fresco es el de su participación en un concierto por los derechos civiles en la Casa Blanca en 2010, pero no mucho más. ¿Sabrá acaso algo Obama? Opto por la biblioteca virtual, y en un tris Google me redirecciona al sitio oficial de Joan Chandos Baez. La grilla de su actual gira “Gracias a la Vida” (así, en español original) me indica que estará llegando a Buenos Aires en el mes de marzo para realizar dos presentaciones en la ciudad en el marco de una agenda sudamericana de conciertos que también la llevará a pisar escenarios en Uruguay, Chile y Brasil. No tengo tan claros los datos sobre sus visitas anteriores. Sé que fueron hace mucho, demasiado tiempo atrás como para recordar los años. Yo era apenas un niño en aquel entonces. ¿Recuerdo bien o uno de sus shows debió ser suspendido a la fuerza por la situación política que reinaba en el país? Quizás el fiel compañero Google me pueda dar una mano con mis dudas. El amigo que todo lo encuentra me informa que sí, que en rigor estaba bastante acertado respecto a mis memorias, que allá lejos y hace tiempo, en 1974, hizo explotar el Luna Park con dos shows colmados de público. Era un buen momento para Joan y su cancionero básico de letras de protesta que había logrado su más alto impacto en los años de Vietnam, el mismo que le había valido el título de “máxima figura de la canción de protesta norteamericana”, o cantando junto a Martin Luther King en la recordada Marcha sobre Washington de 1963. La que estuvo varias veces encarcelada por su rechazo a pagar los impuestos que se utilizaban para financiar la guerra en Vietnam. La misma Joan que no puedo llevar adelante los shows planeados en su segunda visita a Argentina en plena dictadura a comienzos de la década del ‘80, pero en una suerte de explosión muy diferente, la de las bombas que fueron detonadas en el hotel de Buenos Aires en el que se alojaba. La noticia de su regreso me despierta las neuronas. Llamo a mi amigo dylanero, para darle la buena noticia. “¡Johanna va a hacer dos conciertos en Buenos Aires en unos días!” “No ¿Otra vez? ¡Esa no es la Johanna de la canción de Dylan!” “OK, bueno…” disco.-in-italySigo buscando Live in Italy. Ayer a la noche me enteré que Joan Baez va a estar cantando en poco tiempo en Buenos Aires y necesito poner ese disco. La versión en vinilo estuvo en cada desde tiempos inmemoriales, pero se niega aparecer en mi discoteca. Es un disco bellísimo, el lado A con Joan cantando en Milán en 1967, el lado B grabado en el mismo año durante un show en Viena, Austria. Aquellos años. Es el disco que, a mediados de los 70s, me gustaba escuchar en casa de la abuela cuando volvía de la escuela primaria, o los sábados a la mañana, antes de quedarme a almorzar. El que empezaba con Farewell Angelina (eventualmente la primera canción de Dylan que escuché), el que tenía We Shall Overcome, y también muchas más canciones de Dylan, entre otras gemas. Pero principalmente C’era Un Ragazzo Che Come Me Amava i Beatles e i Rolling Stones, una bella y dulce balada de autoría original italiana, mi canción favorita del disco. Esa a la que volvía una y otra vez. La que contaba la historia del muchacho que amaba a los Beatles y a los Stones, que cantaba “Ticket to Ride, o Lady Jane o Yesterday”, y que debió cambiar las notas de su guitarra por un instrumento que tenía una sola nota y que sonaba TATARRATATATATARRATATA desde que lo mandaron a luchar a Vietnam. La más bella canción de protesta que se podía pedir, y en tono soprano. Y la única letra en italiano que alguna vez me aprendí. Pero jamás encontré al álbum. O bien se lo devoró mis discoteca en estos 25 años, o más, en que no lo había escuchado. O, más seguramente, lo había pedido prestado algún familiar, que jamás lo había devuelto. Y el que me hubiera gustado haber tenido en mi poder, así, con esa figura recortada de Joan Baez en la tapa, para que me rubrique el día de la conferencia de prensa previa a los shows. libro-.y-una-voz-para-cantar Ahora es el turno de la biblioteca. Tengo un solo libro de Joan Baez y es la versión en español de un libro de memorias bajo el nombre de Y una voz para cantar (“And a Voice to Sing With”), que tiene un título hermoso, y que adquirí allá lejos y hace tiempo en una librería de usados de la avenida Corrientes. Recuerdo haberlo leído al menos dos veces, pero de esto también hace mucho, y éste sería el momento oportuno para una nueva repasada. De tener tiempo para hacerlo, claro. Falta apenas un día para el primer show en el Gran Rex , ya pasó el medidodía y estoy en un hotel-boutique de Palermo (alguno de ellos, por lo menos) donde en un rato Joan Baez brindará una conferencia de prensa con motivo de su nueva visita al país, el mismo que manifiestamente la invitó a abandonarlo treinta y pocos años atrás. Baez luce espléndida a sus 73 abriles, el rostro tan inoxidable como su voz. Su cabello está completamente encanecido, pero con la sonrisa inmaculada, tal como si Woodstock hubiera ocurrido ayer. “Es muy emocionante volver a Argentina porque en mi primer viaje fueron momentos terribles para toda Latinoamérica. Fue una época de aprendizaje muy importante para mí, tenía la idea de venir a hacer shows pero terminó siendo otra cosa, con reuniones ocultas y momentos difíciles” Se le pregunta por los artistas que más la han marcado: “Pete Seeger, por el compromiso con los pobres, y por los precios que tuvo que pagar por su compromiso. Bob Dylan, por el poder de sus letras y canciones. Y Violeta Parra, de quien no hace falta decir nada” conf.prensa2 conf.prensa1 Ya es jueves, la noche del primero de los dos shows. Las puertas de entrada del Gran Rex lucen desbordadas de público. Me alegra. Sabía que la llegada de Joan al país iba generar expectativas, pero la cantidad de gente que se agolpa las supera con creces. Veo caras conocidas. Amigos, colegas periodistas, músicos y hasta algunas figuras de la televisión a lo largo y ancho de la platea. Que, como yo, se esfuman al apagarse las luces cuando Baez aparece en escena con su guitarra acústica para interpretar God Is God de Steve Earle (“Creo en profecías y en milagros/ Pero Dios es Dios”) De voz intacta, firmemente plantada, resulta imposible no asociar su figura con la de aquella adolescente de 18 años que hizo mella en el Newport Folk Festival de 1969. Baez anuncia irónicamente a Don’t Cry for Me, Argentina como “una de las canciones más políticamente incorrectas, que quiero compartir con ustedes” Cita a Martin Luther King para hacer Swing Low, Sweet Chariot, (de los Fisk Jubilee Singers), “que cantábamos cuando marchábamos junto a él, en las calles, en las iglesias…”, o algo después a Víctor Jara en Te Recuerdo, Amanda .
afiche-showsO a Chico Buarque (“pronto voy a estar cantando en Brasil, así que cantar esta canción ahora me va a servir como precalentamiento”) en Calice. Correctamente secundada por los músicos Dirk Powell (en guitarra, banjo, mandolina, acordeón y piano) y Gabriel Harris, el hijo fruto de su matrimonio con el líder antibelicista David Harris, en percusión -que progresivamente se irían sumando al escenario para ir conformando un in crescendo tanto en lo musical como, eventualmente, en lo emocional-, el concierto, mayormente rico en versiones, continuaría, entre tantas, con Where Have All the Flowers Gone, de Leonard Cohen, Farewell, Angelina (una de las dos canciones de Dylan que interpretaría esa noche), Imagine, de John Lennon, The Boxer (de Simon & Garfunkel) o, claro, Gracias a la vida, que le dio nombre a su actual gira. Tampoco faltó Diamonds and Rust, título del disco del mismo nombre de 1975, y que, curiosamente, cierta vez hasta logró una potente versión (nunca mejor dicho) de manos de los emblemáticos metaleros de Judas Priest. show-foto.prensa1 El rumor que comenzó a gestarse desde la conferencia de prensa previa al show, cuando le preguntaron por algún músico local con el que le gustaría tocar, se tornó un hecho con la repentina presencia de León Gieco (“un buen amigo argentino”) para interpretar juntos Como la cigarra, recordando a Mercedes Sosa, y Sólo le pido a Dios, y entonces volver a convocarlo una vez más para Here’s to You, que Baez registrara inicialmente en 1971 como tributo a los mártires anarquistas Sacco y Vanzetti, y Blowin’ in the Wind, con la cual su autor Bob Dylan cerraría sus propios shows en el mismo escenario del Gran Rex en abril de 2012. show-foto.prensa3El cierre fue a solas y a capella con el himno No nos moverán, ante una audiencia completamente de pie, y bien lejos de los ciclos de los gobiernos militares que, ya agotados, supieron azotar a América Latina, en aquella ocasión en que a Joan le resultó imposible demostrarnos eso de “una voz para cantar”.

Fotos: PH Sombra para AGW Prensa/ Marcelo Sonaglioni Agradecimientos: Alejandra Waisblat (AGW Prensa)

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