LOS 50 PERSONAJES MÁS SIMBÓLICOS DE LA HISTORIA DEL CINE (PARTE 4)

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Publicado en Evaristo Cultural el 14 de octubre de 2015

Que nombres como los de Travis Bickle, El Capitán Blood, Tony Montana o King Kong resulten ser más reales que una buena parte de las personas que protagonizan nuestros días es algo en lo que posiblemente podamos estar todos de acuerdo. La historia de la cinematografía nos dejó un tendal de personajes inolvidables. Nacieron en un guión, se criaron en un set de filmación, y terminaron habitando las salas de cine del barrio adonde íbamos a descubrirlos, o el living de nuestras casas. Los hemos idolatrado al máximo, y hasta incorporamos alguna o varias de sus frases y gestos a nuestra conducta habitual, convirtiéndolos en casos más reales de los que suelen poblar nuestra vida cotidiana. Como esos familiares lejanos que le despiertan a uno un cariño especial. Es cuando la ficción supera a la realidad y, no nos engañemos, tampoco es que la situación diste mucho de la realidad. Digámoslo así: los personajes de cine forman parte de nuestras vidas. Aún cuando habrá que sacrificar a quienes los protagonizaron y dejarlos, aunque sea por esta vez, en segundo plano. Todo listado resultará insuficiente, pero he aquí el primer intento (al que se le sumarán cuatro entregas) sobre 50 figuras inolvidables con las cuales seguimos maravillándonos, y que no parecen tener fecha de vencimiento.

Jett Rink (James Dean, ‘Giant’, 1956)
Da la impresión que James Dean tuvo que morirse para que el mundo comenzara a interesarse en su persona y entonces convertirlo en la figura más icónica de la desesperanza adolescente de los años dorados del cine. Con sólo siete películas en su filmografía personal (de las cuales en dos apareció apenas como extra), fue la última que rodó, Gigante, que le valió un Globo de Oro por su actuación, un año antes del accidente automovilístico que le quitó la vida. Co-protagonizada por un elenco estelar encabezado por Rock Hudson y Elizabeth Taylor, Jett es un cowboy que renuncia a todos sus ideales a cambio del amor por una mujer, todo dentro de un marco que refiere a la discriminación generalizada de los ciudadanos de origen mexicano en los Estados Unidos, y que no casualmente había alcanzado un punto álgido en el mismo año en que se rodó la película. Gigante cobraría un rol importante al ser galardonada culturalmente con el transcurrir de los años, y así Dean, el rebelde del celuloide por excelencia, dejaría plasmada la actuación más maduro de su corta carrera cinematográfica.

Dr. Zaius (Maurice Evans, ‘Planet of the Apes’, 1968)

Si 2001: Odisea en el Espacio marcó el paso indiscutible de la ciencia ficción al plano cinematográfico, dejando atrás su lugar de cine de clase B de segundo plano, si no fuera por El Planeta de los Simios jamás hubiéramos tenido producciones de la calidad de Alien, El Octavo Pasajero (1979) o, sin ir más lejos, La Guerra de las Galaxias (1977) Y fue precisamente algo así como una década antes de estos filmes que, basado en el libro de Pierre Boille del mismo nombre, el director Franklin J. Schaffner tomó las riendas para realizar un largometraje en el que una tripulación de astronautas aterriza en un planeta desconocido del futuro dominado por simios, y donde la humanidad debe responder a la esclavitud a la que éstos la somete. Entre ellos, Zaius, de especie orangután (protagonizado por Maurice Evans), Ministro de la Ciencia y Jefe Principal de la Fé, con su constante temor ante la inteligencia del astronauta George Taylor (protagonizado por Charlton Heston), termina convirtiéndose en el personaje más antagónico y significativo de este singular relato, protegiendo a su civilización de primates de la “pestilencia andante” de la humanidad.

Luke ‘Cool Hand’ Jackson (Paul Newman, ‘Cool Hand Luke’, 1967)

A primera vista, el nombre de Paul Newman sugiere una serie de largometrajes clásicos y definitivos muy a la altura de su condición de superestrella cinematográfica. Galán de galanes, Newman y sus ojos azules se cargaron la platea femenina por la eternidad hasta su fallecimiento en el 2008. Pero lejos de su gran porte físico (considerado “el más bello de los bellos”), resulta ser que además Newman actuaba maravillosamente bien. Demasiadas películas para nombrar a la hora de pensar en su filmografía, pero no deja de resultar interesante su rol en el drama La Leyenda del Indomable, quizás su film de culto por excelencia y en el que Luke, un presidiario de una cárcel del estado de Florida, caracterizado por su permanente tozudez y resistencia ante la autoridad, y que termina siendo el favorito entre el resto de los internos de la penitenciaría al (quienes lo alientan al son de “¡Sos alguien original, eso es lo que sos!”) Mención aparte para la banda de sonido original a cargo del gran Lalo Schifrin.

Terry Malloy (Marlon Brando, ‘On the Waterfront’, 1954)
A mediados de la década del ’50, el director griego-estadounidense Elia Kazan se encontraba en plena campaña de “caza de brujas” con una movida netamente macartista que combatía toda posible incursión comunista en Hollywood, y tal vez haya sido On the Waterfront (que por estas tierras se conoció como LaLey del Silencio) su propia eximición de culpas y conciencia. Malloy es un boxeador fracasado que se gana la vida como trabajador portuario en un clima de permanente corrupción del cual es parte deliberada hasta que, tras participar de un crimen, decide cambiar de opinión y, agotado de lidiar con las presiones cotidianas, opta por dar un giro de ciento ochenta grados y hasta terminar denunciando a su propio hermano, que era figura clave de la organización, convirtiendo al filme en una pieza ciento por ciento Marlon Brando, su protagonista principal.

 Ethan Edwards (John Wayne, ‘The Searchers’, 1956)
En el que fuera considerado uno de los western más venerados del género, un veterano de la Guerra Civil se embarca en un viaje para rescatar a su sobrina (papel a cargo de Natalie Wood) de una tribu indígena. Claro que eventualmente no es su principal intención hacerlo, pero sí asesinarla, tras considerar que lo que ha hecho ofende su sentido de la decencia. Conocida aquí como Más Corazón Que Odio, el rol de Ethan perdurará en los anales cinematográficos como uno de los papeles más significativos del controvertido John Wayne, que además gusta de profesar cierto tipo odio por los indios, y quien no confía en absolutamente nadie, salvo en sí mismo.

Joe Clay (Jack Lemmon, ‘Days of Wine and Roses’, 1962)
Joe y su esposa Kristen Amesen son personas tan corrientes como Ud. y yo. Joe se dedica a las relaciones públicas, y Kristen es la secretaria principal de una gran empresa, pero con todo eso nada impidió que el director Blake Edwards nos demuestre como dos personas con vidas tan mundanas y normales no puedan caer en el infierno de la dependencia del alcohol y su pozo sin fondo plagado de demonios. Así, el matrimonio pasará encantadoras jornadas rindiéndole culto al placer etílico sin límites y compartiendo la más sagrada de sus pasiones (precisamente, a lo que refiere el título del film), adentrándose cada más en el infierno de su enfermedad compartida, y del cual sólo lograrán entrar en razón al percatarse que su estilo de vida no era el más indicado para criar a su hija. Días de Vino y Rosas acabó siendo una crítica directa al poder de las adicciones en general.

Lt. (Harvey Keitel, ‘Bad Liutenant’, 1992)
Le llevó un buen tiempo al actor Harvey Keitel lograr el  merecido reconocimiento del público masivo y la secta cenéfila como parte de una generación que, basada en grandes nombres como el de De Niro, Hoffman o Pacino, entre otros, hizo que su trabajo terminara siendo eclipsado por un largo período. Pero es imposible no recordar, entre tanto personaje asociado con su figura (Pulp Fiction, Perros de la Calle, etc.) su rol en Un Maldito Policía, el film de Abel Ferrara de título directo en el cual Keitel encarna al policía más corrupto y depravado que se recuerde, sumido en el mismísimo submundo que en rigor debería combatir, y a cambio dedicándose a todas las actividades ilícitas que ni el más salvaje de los criminales podría haber cometido.

Hans Beckert (Peter Lorre, ‘M’, 1931)
Personaje repulsivo que acaba siendo víctima de sus propios instintos, el provocador rol de Hans Beckert, un perfecto y torturado psicópata en la Dusseldorf de los años oscuros, representa una de las criaturas más trastornadas que alguna vez desfilaron por la gran pantalla. Conocida en el mundo hispano como El Vampiro de Dusseldorf, o El Vampiro Negro, inspirada en el caso real del asesino serial Peter Kürten, Beckert deambula por las calles de la ciudad en busca de inocentes niños con el fin de convertirlos en su presa .El director Fritz Lang aprovechó la ocasión para hacer su propia crítica social al sistema, indirectamente dirigida al partido nazi, el cual que terminó censurando su obra, y su mejor película.

Nigel Tufnel (Christopher Guest, ‘This Is Spinal Tap’, 1984)
¿Quién hubiera imaginado alguna vez que uno de los personajes centrales de una de las más ácidas sátiras sobre el estilo de vida del rock & roll podía acabar influyendo a la mismísima historia de éste? Ningún largometraje como This Is Spinal Tap (que aquí se conoció como Esto Es Spinal Tap) caló tan hondo al burlarse de prácticamente todos los clichés posibles de un género desbordante en detalles del cual agarrarse. Fueron al fin y al cabo el director Rob Reiner y los actores de reparto Christopher Guest, Michael McKean y Harry Shearer (quienes integraban el combo musical protagonista del filme) los verdaderos responsables de semejante ocurrencia, un documental apócrifo sobre los avatares de una banda de heavy metal, y la ácida crítica a sus pretensiones personales y actitudes en una época en que el estilo tuvo su paso más brillante por la escena del espectáculo. Pero fue Guest y su personaje de Nigel Tufnel el que logró el papel más representativo, con sus solos de guitarra inolvidables y su ego sin límites, transformando a Spinal Tap (ambos banda y película) en un producto único en su especie.

HAL 9000 (‘2001:A Space Odyssey’, 1968)
Por lo menos una vez el personaje principal de una película tenía que ser absolutamente ficticio, y para representarlo nada mejor que HAL 9000 (Heuristically Programmed Algorithmic Computer, o “computadora algorítmica programada heurísticamente”), que controla completamente el sistema que comanda la nave espacial Discovery One, cuya población, obsesionada por las señales que transmite un monolito lunar proveniente de alguna civilización extraterrestre. En el film que Stanley Kubrick dirigió en 1968, y que aquí recordaremos con el nombre de 2001: Odisea del Espacio, HAL aparece físicamente representada por una cámara del tipo fish eye (ojo de pez), desde donde imparte las órdenes a la tripulación de la nave.