LAS SIETE VIDAS DEL GATO

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Publicado en Evaristo Cultural el 8 de abril de 2016

No voy a decir nada del Gato Barbieri que prácticamente no se haya documentado. Bastante se dijo por estos días sobre su enorme estatura de haberse convertido en el más grande músico de jazz que parió nuestro país, y en el músico local con alcance internacional más prominente (después de Astor Piazzolla y Lalo Schifrin) de al menos los últimos 50 años. Dedicarme a escribir sobre los detalles de su vida podría ser tomado como redundante. Por lo que no voy a aludir a su ciudad natal de Rosario, que vio nacer a Leandro (lo de “Gato” llegaría durante su adolescencia, cuando alguien decidió adjudicarle el seudónimo por la forma en que Barbieri solía aparecer repentinamente en sus presentaciones entre club y club nocturno del Buenos Aires de aquellos tiempos) un 28 de noviembre de 1943, en años en que el jazz era apenas un género abordado por una pequeñísima minoría a nivel nacional, y cuando aún restaban otros tantos para que comience a indagar en los ritmos latinos más tradicionales, esos que le habían despertado curiosidad, antes de adentrarse definitivamente en el jazz de vanguardia, o en el estilo fusión, o incluso en el mismísimo pop, momento para el cual el Gato ya había sido cautivado por los sonidos de John Coltrane, o hasta de Carlos Santana. En consiguiente, no voy a hacer hincapié en referirme a la llegada a Buenos Aires junto a su familia en 1947, que luego derivó en su paso por la banda del mencionado Schifrin durante los gloriosos ’60, cuando aún no soñaba con convertirse en uno de los mejores saxofonistas latinoamericanos que el mundo conocería, y digno embajador de la por entonces cuasi ignota escena del jazz tercermundista. Mucho menos voy a dejar en claro su maestría a la hora de ejecutar el saxo tenor, el que ya dominaba majestuosamente por entonces y que, a poco de cumplir 20 años, lo acompañó en su bien ganado rol de músico avant-garde, desembarcando en Europa en 1962 para cruzarse en su travesía al trompetista y multi-instrumentista Don Cherry, al cual se uniría en su consagradísimo grupo y con quien, si es necesario apuntarlo, plasmaría los discos Complete Communion (la primera grabación de Cherry para el sello Blue Note Records, y del que también participó Pharoah Sanders, uno de los ídolos musicales de Barbieri) y un segundo álbum,Symphony for Improvisers. Asimismo estaría de más señalar que promediando los años ’70 el Gato se percató de alguna suerte de cambio en su senda musical y dejó el jazz experimental de lado para incorporar nuevas texturas y ritmos a su estilo. Tal vez debiera subrayar que en 1972 logró su punto artístico definitivo, tras serle encomendada la banda de sonido de El Ultimo Tango en París, el recordado largometraje de Bernardo Bertolucci (aquel drama erótico protagonizado por Marlon Brando y Maria Schneider), la que no sólo lo consagraría comercialmente, sino que además le valdría un premio Grammy el siguiente año.

1 (1)Así, el Gato continuó grabando música de forma incansable hasta 1982 (y con 35 álbumes registrados desde 1967 a esa parte), cuando tras una disputa con la compañía discográfica a la que pertenecía, se vio obligado a enfocarse únicamente en realizar conciertos para poder subsistir, un período oscuro en su vida donde no faltaron los coqueteos ocasionales con el alcohol y las drogas, y que se vio acrecentado tras verse afectado por la pérdida de su esposa en 1995 luego de 35 años de matrimonio, lo que lo llevó a enfrentar una cirugía coronaria al poco tiempo (y que le dejó un bypass triple), y a un eventual período de inactividad artística mientras pujaba por recuperarse mental y físicamente, combatiendo una seria depresión que incluso casi le produce la ceguera luego de sufrir una maculopatía severa. Aún con un estado de salud frágil, Barbieri continuó saliendo de gira, y hasta registró cuatro discos más, mientras desafiaba los embates que el destino le había puesto. Tradicionalmente escudado en su legendario sombrero fedora y sus clásicos lentes, el Gato siguió adelante presentándose mensualmente en el club de jazz Blue Note de New York a partir de 2013, la ciudad que lo había adoptado, si bien no grababa desde 2002, cuando lanzó The Shadow of the Cat, su trabajo en estudio final. Siete vidas más tarde, falleció el pasado sábado 2 de abril a los 83 años de edad en un hospital de la Gran Manzana, rigurosamente afectado por una neumonía demoledora, y tras sobrevivir a una nueva intervención cardiológica para extraerle un coágulo.
“No me importa ser recordado”, declaró alguna vez tras ser indagado sobre el día de su desaparición física, pero desde aquí hacemos todo lo posible para que no sea así. No hace falta decirlo.