KEITH RICHARDS | BLUES, AMNESIA Y CORAZONES BIZCOS

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Publicado en Evaristo Cultural el 17 de septiembre de 2015

“Siento como que todo el mundo me otorgó una especie de licencia diciéndome ‘Seguí Keith, hacelo, porque nosotros no podemos hacerlo, hacelo por nosotros’ Y yo les decía, ‘Lo voy a hacer, pero no me voy a pasar del límite’” Keith Richards no sólo terminó excediendo esos límites, sino que también acabó marcando nuevas metas que ni él mismo alguna vez imaginó, dejando atrás su condición crucial de “el guitarrista de los Rolling Stones”, para también convertirse en la quintaesencia de uno de los personajes más simbólicos que la historia ha alumbrado. La del creador que derrocha virtud desde aquellos riffs inigualables, y la del arquitecto principal de una banda cuyo sonido fue emulado universalmente. A sus 71 años de edad (que se tornarán 72 el próximo diciembre), Richards puede haber desacelerado sus días salvajes de estilo de vida de rock and roll extremo, pero es en rigor lo que siempre fue su verdadera adicción, la de la música, y la de su amor por ella, la que nunca permitió que se ponga algún tipo de freno artístico. “Salir a tocar está en la sangre, en los huesos”, apuntaría. ¿Y entonces qué mejor motivo para celebrar su pasión, aquella misma que siempre lo llevó a mantenerse imparable, que la salida de un nuevo trabajo en solitario? Así las cosas, este 18 de septiembre marcará el lanzamiento de Crosseyed Heart, su nuevo álbum personal.

El disco llega en un momento ideal y muy esperado que seguramente saciará la ya insoportable sed de los acólitos de los Rolling Stones, quienes no ofrecen un nuevo trabajo de estudio completo desde el año 2005, cuando editaron el recordado A Bigger Bang, y a excepción de alguna que otra canción suelta que fue la excusa deliberada para promocionar compilados del grupo. Richards decidió esperar encontrar el momento indicado para su nueva aventura, que es el de un alto en la gira que conmemoró el 50 aniversario de su legendaria banda, el cual comenzó en Londres a fines de 2012 y que, interrumpidamente y bajo distintos nombres, fue realizando shows conmemorativos desde entonces con un repertorio basado en los grandes éxitos de los Stones a través de las décadas, a los que ahora se le agrega la posibilidad de nuevas fechas en Sudamérica a principios del año próximo, pero que por el momento no se alejan de los rumores de siempre. ‘Crosseyed Heart’ es, además, su primer trabajo solista después de 23 años, en aquel momento en que editóMain Offender en 1992. Pero mucho antes Richards había dado su primer paso en solitario de manera no deliberada. Fue cuando para la Navidad de 1978 (seis meses después de que el mundo conociera el celebrado disco de los Stones Some Girls), Keith lanzó el simple con las canciones Run Rudolph Run (de la autoría de Johnny Marks y Marvin Brodie, más conocida por la versión de Chuck Berry, uno de sus sempiternos ídolos musicales), que estuvo acompañada en la cara B por The Harder They Come, un reggae de la pluma de Jimmy Cliff, y que habían sido grabadas dos años antes de su llegada al mercado. El single no fue más que un capricho de la Rolling Stones Records, por lo que Richards jamás se había planteado una carrera en solitario. No lo sentía, mucho menos lo necesitaba, y es aún hoy día que sigue manifestando en cualquier oportunidad que se le presente que su gran prioridad siempre fueron los Stones. Pero quiso el destino que una mala jugada de su colega Mick Jagger termine llevándolo a ir contra su propia voluntad. Eventualmente, en 1985, Jagger no pudo con su eterno ego y, desafiando todo posible pacto con su compañero de ruta, aprovechó una oportunidad de inactividad de los Stones (que por entonces llevaban dos años sin nuevo trabajo, desde el álbum Undercover de 1983) para poner en marcha su primer disco solista She’s the Boss. Richards no pudo soportarlo, pero muy a pesar de la situación reinante mantuvo sus reservas esperanzado con que al año siguiente los Stones girasen de la mano de su disco Dirty Work, que la dupla grabó de manera forzada, y en plena batalla. Pero Jagger redobló la apuesta y no sólo no le dio el gusto a su compañero, sino que además, y una vez más montado a su inalterable ego-trip, sacó un segundo disco al año siguiente, y que a pesar de las declaraciones de Richards a la Prensa tras escuchar los rumores que referían a un tour solista de Mick (“le voy a cortar la garganta”), finalmente terminó saliendo de gira apoyándose en una banda improvisada que hasta se atrevió a hacer canciones de los Stones, acaso el más contundente de los sacrilegios que Richards podría haber imaginado. El conflicto ya estaba declarado, y la seguidilla de hechos marcó una grieta profunda en su relación de toda una vida, y que hasta la fecha jamás volvió a ser siquiera la sombra de lo que alguna vez fue (“la Tercera Guerra Mundial”, tal como la definió el guitarrista) Sin retorno, Keith no tuvo otra opción que tomar el mismo camino, y muy a pesar de verse obligado a ir contra sus propios principios, acabó convocando a un grupo de amigos, con los que formó los X-Pensive Winos (los “Borrachos Caros”), integrados por el guitarrista Waddy Wachtel (histórico sesionista que supo trabajar con James Taylor, Stevie Nicks, Jackson Browne, Linda Ronstadt, entre otros), el tecladista Ivan Neville (hijo del cantante de soul Aaron Neville, e integrante de los Neville Brothers), el bajista Charley Drayton, y más notablemente el baterista Steve Jordan. Así Richards editaría su auténtico primer trabajo solista en 1988, el álbum Talk Is Cheap (co-producido con Jordan), y que además contó con una lista de ilustres invitados que incluía a Bobby Keys (el perpetuo saxo de los Stones), Bootsy Collins y Maceo Parker (James Brown, Parliament-Funkadelic), Bernie Worrell, la cantante Sarah Dash (de Patti LaBelle & the Bluebelles), y hasta el ex Stone Mick Taylor. El disco alcanzó un excelente nivel de ventas promovido por una pequeña gira presentación en los Estados Unidos, el primer itinerario solista de Richards de su vida, el mismo que también propulsó el lanzamiento del disco Live at the Hollywood Palladium, que registró uno de los shows de la gira, y que asimismo estuvo acompañado por su edición en video. Y así como Jagger se regodeó en su terquedad años antes, ni siquiera el éxito de Steel Wheels (el nuevo disco de los Stones de 1989, y las giras que lo sucedieron en los dos años siguientes), le impidieron a un ya entrenadísimo Richards salir al ruedo con Main Offender, su nuevo trabajo con los Winos, que vio la luz en 1992, y cuyo primer show de la gira presentación (un nuevo periplo íntimo con fechas en teatros de USA y Europa) tuvo lugar en el Buenos Aires aquel 7 de noviembre de ese año, concierto que además marcaría el primer desembarco de un Stone de cepa en nuestro país, tres años antes de la llegada de la banda en febrero de 1995.

Con los Stones en modo ‘hibernación’ tras su gira de 2007, Richards se tomó dos años y medio para propiciarse un merecido descanso (básicamente para recuperarse del accidente que había sufrido el año anterior tras caerse de un cocotero en Fiji y verse sometido a la extracción del coágulo cerebral que el suceso le produjo), pero también para escribir (junto a James Fox) su autobiografía Life, que fuera finalmente publicada en 2010, y que logró un éxito en ventas a lo largo y ancho del globo. “El libro fue la cosa más difícil que hice en mi vida”, declararía. “¿Y vos te pensás que el mundo de la música es malo? El de los libros es más increíble, están ahí desde hace mucho más tiempo”
El proceso de desandar su vida (y simultáneamente convertirse en un auténtico hombre de familia) encajó a la perfección con el de ponerse a escribir nuevas canciones en 2011 junto a su colaborador y co-productor (y miembro de los X-Pensive Winos), el baterista y multi-sesionista Steve Jordan, y también volver a flexionar los músculos compositivos por entonces ya un tanto fláccidos, que no entrenaba desde que los Stones grabaron ‘A Bigger Bang’ en 2004. “A decir verdad, no nos propusimos hacer un nuevo disco per se”, afirmó. “Nos dijimos, ‘Metámonos en el estudio y grabemos algunas canciones, y veamos qué sucede’” El experimento, el primero que graba sin plazo de entrega determinado, arrojó como resultado su tercer trabajo de estudio Crosseyed Heart (sin incluir el disco en vivo de 1988, o la recopilación Vintage Vinos de 2010), que resulta un guiño respetuoso a la música americana que le dio forma a su vida (a la que al mismo tiempo Richards también contribuyó), un total de 15 canciones que escarban en el blues y el rock, así como también en el country, el folk y el reggae, sin dejar incluir tonadas de clásico tinte stoniano. La canción que abre el disco (y que también le da su título), empapada de lascivo romance (o todo lo que pueda terminar haciendo alusión a un “corazón bizco”) tiene reminiscencias absolutas de Robert Johnson, el legendario músico de blues del delta del Mississippi que, según reza la leyenda en todo su folklore faustiano, le vendió su alma al diablo a cambio de obtener talento como cantante y compositor. Su voz rasposa (“Sé que mi rango es bastante limitado, pero al mismo tiempo también lo es el de Bob Dylan”) y el sonido clásico de su guitarra aparecen a lo largo de la totalidad del disco, en el cual Richards también aportó bajo y teclados (Wurlitzer, Farfisa), sitar eléctrico y hasta una pequeña guitarra colombiana, al menos en algunas de las canciones. Para la grabación, Richards convocó nuevamente a la totalidad de sus amados Winos (esta vez sin la colaboración de Charley Drayton), sumados al saxo de Bobby Keys (en Amnesia y Blues in the Morning, sus últimas grabaciones, tras fallecer en diciembre del año pasado), así como a la cantante Norah Jones, con quien canta a dúo en Illusion. ‘Crosseyed Heart’ tuvo su adelanto en julio pasado de la mano de Trouble, primer corte del disco. El álbum también cuenta con la participación de Bernard Fowler (corista de los Stones desde 1989), Spooner Oldham (en Lover’s Plea) y el multi-instrumentista Larry Campbell (que entre otras actividades fuera miembro permanente de la banda de Bob Dylan de 1997 hasta 2004, en la canción Robbed Blind) Pero es incuestionablemente su versión de Goodnight Irene, el clásico de Leadbelly (para la cual Richards respetó la letra original en su integridad), que seguramente se convertirá en la más simbólica de las pistas que integran ‘Crosseyed Heart’, la cual Richards decidió incluir después que su amigo, el músico Tom Waits, le obsequiara una biografía sobre el legendario cantante y compositor de folk y blues de comienzos del siglo pasado.

Adicionalmente, el lanzamiento del disco estará apoyado por Keith Richards: Under the Influence , un documental a estrenarse en la señal Netflix el mismo día de su edición, cuya dirección estuvo a cargo de Morgan Neville (ganador del Oscar por la película ‘20 Feet from Stardom’), y que registra imágenes de las sesiones de grabación del flamante trabajo, así como también algunos pantallazos de material en video inédito de los Rolling Stones a través de los años, más material fílmico de recientes visitas de Richards a las ciudades de Nashville y Chicago.
Fuera de su nueva aventura solista, el guitarrista se mantiene optimista e impaciente respecto a convencer al resto de los Stones a meterse en estudios para registrar un sucesor de ‘A Bigger Bang’. “Estuvimos hablando de grabar una vez finalizada la gira, pero no hay nada definitivo, sólo deslizamos la idea. Todo puede suceder. Me gustaría ver hasta dónde podemos evolucionar. No tengo ninguna demanda, o alguna visión en particular, pero uno es parte de esta cosa y quiero ver hasta dónde podemos llegar” Así lo afirma Keith Richards, el más improbable de los sobrevivientes del rock’n’roll, que otra vez ha cruzado un nuevo límite.

KEITH RICHARDS – CROSSEYED HEART
1. Crosseyed Heart
2. Heartstopper
3. Amnesia
4. Robbed Blind
5. Trouble
6. Love Overdue
7. Nothing On Me
8. Suspicious
9. Blues in the Morning
10. Something for Nothing
11. Illusion
12. Just A Gift
13. Goodnight Irene
14. Substantial Damage
15. Lover’s Plea

 

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