DON DE SER DEL SUR | ENTREVISTA A ALAKRÁN MÁRQUEZ

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Publicado en Evaristo Cultural el 27 de mayo de 2015

Esta es la historia de una banda de rock alguna vez consagrada que no pudo evitar acabar encallando, para luego salir a la superficie, continuar navegando por unos años, chocar contra otro iceberg del destino, terminar en el fondo del mar, volver a ser rescatada por los tripulantes sobrevivientes, seguir varando, perder nuevamente la brújula, volver a irse a pique y, con ceremonia de despedida incluida después de un nuevo salvamento, terminar llegando una vez más a la orilla antes de trasladar la nave al museo de los recuerdos. O la historia de los 113 Vicios, que en un sinfín meteórico de contrapuntos y estancamientos, agregó una nueva página al libro de la memoria contemporánea: la de la banda más convocante de la historia del rock austral autóctono. Semejante nombre puede hacer que el desprevenido que pase por estas páginas piense que el nombre de la banda alude al título de una película de cine maldito, o de una novela de tinte marginal, pero bajo el rótulo 113 Vicios descansa la historia de un grupo de amigos músicos que, allá lejos y hace tiempo, decidieron unir fuerzas (y en algunos de sus miembros, ciertas coincidencias que los emparentan con el nombre del grupo) para encarar un proyecto conjunto que, cabalgando sobre una ola vertiginosa, debieron sortear todo tipo de contingencias, en una suerte de Spinal Tap local. Así, nacida en una época sórdida a nivel nacional, los 113 Vicios sufrieron todo tipo de embates, un abanico de eventualidades subido a una montaña rusa emocional que incluyó persecuciones de manos de las fuerzas de seguridad, incontables idas y venidas, internas desgarradas y lides varias, y hasta la pérdida física de dos de sus integrantes originales. Pero ninguno de esos avatares pudo romper con el itinerario que les permitió alcanzar el estatus actual de banda de culto, y el de la más popular de todas entre las provenientes de, hasta el momento, acotada biografía del rock patagónico.

Es un mediodía ventoso en la ciudad de Comodoro Rivadavia. Estoy guarecido del viento local en la casa de Alakrán Márquez en el barrio La Loma, que también es su sala de ensayo. Alakrán fue miembro original de los 113 vicios, y acaso la voz oficial a la hora de ser entrevistado sobre la trayectoria de la banda de la cual formó parte alguna vez, y que hoy transita su propio camino de la mano de Don de Ser, su hasta ahora único trabajo en solitario, editado a comienzos de 2013. En el living de la casa hay dos juegos de batería, cables, guitarras y amplificadores, y un póster de la película A Hard Day’s Night en una de las paredes. También hay una foto de Marcos, el ex saxofonista y trompetista de los Vicios fallecido cinco años atrás. Y una cortina de baño de los mismísimos Beatles junto a la ducha. Profesor de batería y de lenguaje musical con un buen número de alumnos particulares y en una escuela de arte de percusión clásica de una orquesta sinfónica, actividades que comparte con sus conciertos y participaciones junto a otros artistas, hoy la mirada de Alakrán, a sus 52 años, demuestra calma, la calma que llegó después de la tormenta aquel día de 2009 en que los 113 Vicios dieron su gran concierto despedida ante una multitud monumental en su ciudad de origen.

¿Exageraría si dijera que los 113 Vicios fueron la banda de rock más convocante que dio la Patagonia?
Es así, puedo afirmarlo, me hago cargo.

Entiendo que rock patagónico siempre fue bastante limitado a nivel cantidad de artistas, y creo que serías la persona indicada para explicarlo.
Seguramente, al menos de buena parte de aquellas épocas, si bien con el paso de los años uno va mermando la capacidad o la avidez de la información, pero con el correr del tiempo he conocido músicos, bandas, movidas, modas, independientemente de haber podido vivirlo desde dentro de un grupo.

¿El rock patagónico tuvo un comienzo específico? Supongo que, como suele darse, tiene que haber algún artista o banda embrionaria…
Por supuesto. Al menos en lo que respecta al rock en Comodoro Rivadavia, la ciudad siempre ha tenido mucho que ver con el rock, pero bajo ningún punto de vista podemos dejar de mencionar a Grupo Uno, que a principios de los ’70s tuvo una llegada importante a nivel nacional, incluso habiendo llegado a firmar en aquel momento con la compañía CBS. No sólo editaron algunos discos, sino que además tuvieron repercusión en todo el país, incluso llegando a realizar giras en el exterior en lugares como Uruguay o Paraguay. Aquí en Comodoro siguen siendo considerados la banda pionera. Y todo eso en un momento que ser del interior y llegar a lograr algo era prácticamente imposible de soñar, y más todavía en esos años. (N de la R: Grupo Uno había lanzado su primer trabajo en 1968 con el simple ‘La Historia de Un Muchacho / Vuélvete’, para luego  editar su primer LP ‘Grupo Uno’,bajo la producción del recordado Francis Smith, y que incluía canciones propias y versiones de otros artistas) Si bien fueron una banda de rock, su sonido se acercaba más al pop, y asimismo terminaron con una faceta mucho más comercial. Pero aquel primer disco sigue siendo un referente para los medios locales. Se los asociaba básicamente a la movida beat, incluso tenían una imagen en ese estilo.

¿Cuáles fueron tus primeros pasos en el rock?
Fue durante la escuela secundaria, donde se trató básicamente de ponerse a escucharlo, si bien había un pequeño porcentaje de compañeros de curso con los que hablábamos de los Beatles, Sui Generis, Genesis, Deep Purple. Yo tenía 15 años. Al poco tiempo tuve una invitación para tocar la batería (hasta aquel momento lo único que sabía hacer era ponerme a tocar con las biromes sobre el pupitre) y alguien vio en ese gesto un disparador para que yo me convierta en baterista. Tuve un breve pasaje por una banda con la que tocábamos en la escuela, un quinteto al cual llamamos Apple, de hecho el bombo de la batería tenía dibujado la manzana del sello, que había pintado el hermano del bajista de la banda. Con Apple tocamos en el colegio y en una cena en el Rotary, que resultó ser un poco cheto para mí, pero mis compañeros de banda eran de mayor poder adquisitivo que yo.

¿Cómo se las ingeniaba un cultor del rock en esos tiempos para estar al día, poder ver a los artistas, cuando existían sólamente cuatro canales de TV en Capital Federal, y apenas uno solo en Comodoro Rivadavia?
La única posibilidad que teníamos era el Canal 9 de Comodoro, que además se veía, y que sigue viéndose, en muchas zonas cercanas a Comodoro, con sus repetidoras. Y de vez en cuando, algún que otro día se podían ver canales de Buenos Aires. Pero sí, resultaba prácticamente imposible.

¿Tampoco llegaban los medios gráficos? Por aquel entonces existían varias revistas que se especializaban en rock.
Claro, la revista Pelo, sólo cuando llegaba. Pero también la radio, que a mí me encanta. Yo era de escucharla mucho y siempre estaba pendiente de aquel día de la semana en que había un programa, La Vitrola, en el que pasaban discos que uno no tenía otra forma de escuchar. El programa era conducido por un ícono de la radiofonía local, Luis Eduardo Capovila, que era como decir “el rockero” de Comodoro, a quien uno podía cruzarse caminando por la calle y verlo con los discos bajo del brazo, con su pelo largo. Luis era una especie de gurú. Justamente uno de los proveedores de música de Luis Eduardo fue el papá de mi compañero de banda Teodoro Nurnberg, que tenía el mismo nombre. Teodoro padre era de viajar seguido a Europa, y entonces él le traía los discos a Luis para el programa de radio. Recuerdo muy bien el día en que el papá de Teo le trajo, recién salido, ‘Vendiendo Inglaterra por Una Libra’ de Genesis. Y además había algunas disquerías en la ciudad.

Y siendo la Pelo una de las pocas revistas que llegaban, cuando así lo era, también podías informarte por ese lado…
Sí, básicamente la compraba cuando me gustaba la tapa, o cuando tenía plata para comprarla. O en las casas de amigos. Así como nos prestábamos discos, nos prestábamos la revista. Al mismo tiempo comenzaron a organizarse recitales con artistas que llegaban de Bs. As. Yo me perdí los primeros. Por ejemplo, aquí vino Sui Generis, Charly y Nito, los dos solos, sin la banda, dando shows acústicos en un lugar que había cerca de lo que por entonces era mi casa. También recuerdo que vinieron Los Jaivas, que llegaron a tocar en Canal 9. Los Jaivas eran unos hippies de pelo largo que hacían una mezcla de música chilena del altiplano con rock y distorsión. Y también recuerdo haber escuchado a los Beatles de muy chico. Al poco tiempo comencé a conocer gente que tocaba, y con quienes nos frecuentábamos en los conciertos. No recuerdo muy claramente cual fue el primer recital al que asistí de bandas que no fueran de Comodoro, pero calculo que fue Vox Dei. Pero sí recuerdo perfectamente cuando vino Serú Girán a presentar ‘Bicicleta’ en el Club Huergo.

¿Todo eso te llevó a pensar en convertirte en músico?
Tras ese antecedente que tuve en el colegio, me invitaron a tocar la batería en otra banda, a mis 17 años. Ya para cuando estaba terminando la secundaria me compraba muchos discos, y tiempo más tarde en la universidad empecé a tratar mucha gente que también estaba relacionada a la música , y fue uno de ellos, Daniel Lalalonga, que me invitó a tocar en Igor, que si bien era más hard rock, solíamos hacer canciones de Vox Dei con mucha distorsión, o de de AC/DC. ¡Y hasta un tema de Scorpions! Obviamente, de enterarme que existen grabaciones de esa época, prefiero no escucharlas (risas) Para entonces ya me había comprado mi primera batería, y además había conocido a gente que era más afín a lo que yo quería hacer. La batería era el instrumento que más me gustaba. Un amigo había comprado ‘Let There Be Rock’, el disco en vivo de AC/DC, que sonaba increíble. Recuerdo escuchar el charleston tan claramente que terminé aprendiendo de ese disco. A todo esto era la época en que Juan Alberto Badía hacía giras con su espectáculo de Beatlemanía, y entonces el haber podido ver a Ringo en video aquí en el Teatro Español creo que fue muy intuitivo para mi aprendizaje de batería. Ya en el ’82 o ’83 estaba en pleno auge el rock nacional, y a los 2 meses de mi primer trabajo me compré mi primera batería y comencé a tomarme todo más seriamente. En 1983 hice mi primer concierto junto a una banda que se llamaba Monoblock, con temas propios y del álbum ‘Piano Bar’ de Charly García. Con Monoblock, además, tocamos en otros lugares fuera de Chubut, como en Pico Truncado, Santa Cruz, junto a Picaporte, otra banda local que movía mucho público en aquellos tiempos. Más tarde formé parte de La Compañía, donde estuve 3 años. Hasta que se dio lo de los 113 Vicios.

¿Y cómo fue precisamente que se dio lo de los Vicios?
Antes de tener ese nombre se llamaban Esco TV, pero terminaron al mismo tiempo que se acababa La Compañía, y fue ahí cuando me convocaron para lo que fue el segundo show de la banda, de la cual ya que se había ido el primer baterista. Por entonces el grupo había pasado a llamarse C1 113 Vicios. C1 113 respondían a los primeros números identificatorios de las patentes de los autos de la Policía Federal, y en Comodoro había dos autos con esos números, dos Falcon, uno rojo y uno amarillo. Pero esa numeración también aparecía en los Falcon de la Policía Federal de todo el país. De hecho, estando yo de visita en Bs. As., cierta vez fui un al Parakultural a ver a Don Cornelio y la Zona, y sucedió que hubo un redada en el lugar, y el auto que estaba en la puerta del lugar era un Falcon verde C1 1113. Y luego me enteré que esos Falcon eran tristemente célebres.

¿Y por qué fue entonces que decidieron cambiar el nombre original del grupo?
Sucedió que la banda hizo un recital en Comodoro que terminó resultando emblemático, pero también traumático. Esto fue más o menos a los 6 meses que el grupo empezó a tocar. Fue un recital al aire libre en una plaza en pleno Centro de Comodoro, la cual se desbordó de público, y que estaba frente a los hoteles Austral y Lucania, los más clásicos de la ciudad. Por diferentes motivos, el recital pasó por muchas situaciones. Para empezar, el sonido no era el adecuado. Es que hasta es momento éramos más que nada una banda de bares, si bien nuestra convocatoria iba en aumento. Independientemente habíamos grabado un demo que circulaba por las dos o tres radios de la ciudad, pero una de ellas, FM Alfa, la FM de la radio LU4 AM, la primera de Comodoro, que es histórica y que sigue existiendo, solía pasar nuestras canciones muy habitualmente. Y entonces en ese año, 1989, que es cuando la emisora cumplía su primer aniversario, decidieron organizar un concierto de rock para celebrarlo, convocando a una banda de Pto. Madryn y otras de Comodoro, entre ellas, los C1 113 Vicios. Para lo cual ya contábamos con un público muy rockero, gente que escuchaba Sumo, los Redondos. La cuestión es que, cuando comenzamos a tocar, el público ya estaba enardecido. Y, de no haberse suspendido antes el recital, seguramente lo hubiéramos cerrado nosotros. Sucedió que se armó una gran pelea entre el público, todo esto al mismo tiempo en que nuestro cantante arengaba a la policía a dejar de hacer lo que estaba haciendo, pero con otras palabras. La policía había entrado a golpear a la gente, a llevarlos detenidos, incluso por el simple hecho de estar alcoholizados. Lo que obligó a que el concierto se suspenda cuando estábamos haciendo nuestra cuarta canción. Por lo que la policía vino directamente a buscarnos a nosotros. Yo pude escapar, pero los otros tres miembros de la banda terminaron presos. Rescatamos los instrumentos como pudimos. Al día siguiente, un domingo,  éramos buscados en toda la ciudad, y el martes directamente terminamos saliendo en tapa de los diarios locales bajo el titular “la banda de rock pesado C1 113 Vicios está en el calabozo por incitación a la violencia”. Según palabras de un juez, “nosotros habíamos provocado los incidentes”. Bueno, a decir verdad teníamos una letra que decía “porque son sólo eso, un pedazo de mierda revestida de legalidad”, mientras que el hit que más pasaban en la radio, que había formado parte del demo que antes mencioné decía “pagar, pagar para ver, la policía más trucha que ayer”. Esa canción se titulaba ‘Pagar para ver’. Mientras que el título de la otra era ‘Mierda revestida’, la cual obviamente no estaba incluida en el demo. Sucedía que, de alguna manera, la gente que nos seguía era la más marginal que había en la ciudad. En definitiva, no pudimos volver a tocar nunca más. El recital había sido un,27 de diciembre, por lo que los diarios publicaron “los integrantes de la banda de rock pesado pasarán Año Nuevo en el calabozo” Para ese entonces yo trabajaba en la Municipalidad, era Inspector de Habilitaciones, y eventualmente no pude trabajar por unos días (risas)

Bueno, no por nada siempre se dijo que “la mala prensa es buena prensa”…
Y sí, a la larga terminó siendo así. La cuestión que no pudimos tocar más. Los lugares en los que solíamos tocar se negaron a que volvamos a hacerlo. Implícitamente, nos prohibieron. Y no pudimos volver a tocar hasta cinco años después. Entre tanto, yo estuve tocando con otra banda. Pero hubo una reunión en 1991 en la que decidimos cambiarle el nombre al grupo. A partir de aquel acontecimiento se había dispersado todo, y hasta tuvimos proyectos separados con los otros miembros de la banda, pero con distintos nombres. Y a su vez cada una de esas bandas tocaba temas de los Vicios, al menos los que había compuesto cada uno. Y entonces prácticamente volvimos a formar el mismo grupo junto a Oscar Collazo, pero bajo el nombre de Rayas y Centollas. No se nos permitía tocar bajo el nombre de 113 Vicios, y aparte estaban las rencillas permanentes, que siempre estuvieron presentes en la historia del grupo, de ahí las diversas juntadas y separaciones a través de la historia. Entre tanto yo me fui a Bs. As., pero el resto de la banda se volvió a juntar bajo el nombre de Al Capone and The Corderos, que eran básicamente los Vicios, pero con otro baterista. Para aquellos días todo el mundo ya se sabía las canciones de aquel demo grabado años antes, el que había tenido tanta difusión en las radios. Y la ciudad se había llenado de pintadas como “C1 no murió, o la dichosa “Mierda revestida de legalidad”. De repente, nos habíamos convertido en una banda de culto. Por lo que me invitaron a unirme nuevamente al grupo, pero lo hice con la condición de que volvamos a grabar. Entonces regresé a Comodoro e hicimos un show genial en el Huergo como soportes de Memphis la Blusera, que estuvo repleto. Al final terminamos haciendo dos bises, ante la insistencia de Otero, el cantante de Memphis, que nos decía que debíamos volver al escenario.

Y supongo que fue ahí que recuperaron la autoestima perdida…
Desde ya, totalmente. Y, mientras pudimos, les pedimos a la gente que se comporte bien, porque éramos sinónimo de escándalo. Y el recital fue maravilloso, sin incidentes. Una noche inolvidable. A todo esto nuestro público crecía sin parar. De hecho la capacidad del Huergo estaba colmada, unas 3.000 o 4.000 personas. Meses más tarde nos fuimos a Bs. As. a grabar nuestro primer álbum en los estudios CAB, que se llamó Crudo, y que se hizo en 4 días, el cual teníamos la intención de presentar entre Navidad y Año Nuevo de ese año, 1995, pero la edición se demoró un poco y recién apareció en los primeros días de 1996, y que incluía diez canciones.

¿Entre ellas estaba la del título problemático?
No, ¡esa salió en el siguiente disco! (risas) Más tarde finalmente lo presentamos, y terminó agotándose, y a partir de ahí fue la gloria, no parábamos de convocar cada vez más gente. Y volvimos a la carretera. Aparte había más FMs, lo que significó más promoción. Yo seguía viviendo en Bs. As., así que cada vez que había shows venía a tocar a Comodoro y me volvía. Nuestros shows tenían promedio 1.000 asistentes. O aquel en el Huergo, con 3.000 personas. El Huergo es como el Obras de aquí. Ahí tocaron todos. Spinetta, Soda Stereo, Lerner. Incluso bandas que no eran de la ciudad. Por ahí tocaban en Trelew y metían 20 personas, y aquí eran miles.

¿Los shows de los 113 Vicios se limitaban a su ciudad?
Básicamente eran en Comodoro, Trelew y Caleta Olivia, realmente no salíamos mucho, pero hicimos una gira en Chile, que era principalmente de bares, pero en aquella ocasión también tocamos en un teatro. Pero tras editar Crudo llegamos a hacer una fecha en Vicente López, en un boliche muy dark. Llegamos y todo el mundo era muy Bela Lugosi, todos pálidos. Fue raro. Pero les gustó cuando hicimos un cover de The Cure, ‘A Forest’, y ‘Candy’de Iggy Pop. Y así seguimos hasta el ’98, cuando lanzamos el segundo álbum, Disco Negro, que se grabó aquí en Comodoro. El nombre original era ‘Del Sur a Ninguna Parte’, porque al mismo tiempo teníamos que convivir con esa frustración de que todo el mundo te decía “siendo de populares como son, ¿qué hacen aquí en Comodoro?” Eso se daba más que nada por la convocatoria que teníamos, incluso en muchos casos más que de bandas que venían de Bs. As.

Y a partir de ahí ya no hubo más problemas…
Seguimos bien, hasta que nos peleamos con el cantante en el 2000. Y estuvimos 7 años separados. Entonces en el 2007 dijimos “vamos a tocar de vuelta” e hicimos un show en el estadio Comodoro, que a su vez es el estadio del C.A.I., equipo que juega el Nacional B, donde tocamos junto a Los Piojos, y otras bandas de la ciudad. De hecho fue más público a vernos a nosotros que a Los Piojos. Era nuestra vuelta, una más. Y allí hubo 15.000 personas, si bien el concierto era con entrada libre. Manteníamos la formación original, pero con un integrante menos, Dany D, que había fallecido en 2003. Entonces logramos levantar nuestra autoestima, lo que curó un poco las relaciones. Llenamos otro Huergo y reeditamos Disco Negro, que también se había agotado. Y así la cosa ya se iba regionalizando un poco más. Asimismo tocamos en lugares enormes en Caleta Olivia. Y así continuamos hasta el 2010. Inclusive llegamos a presentarnos en El Teatro de la Plata, lugar en donde había tocado Soda Stereo, los Redonditos, entre otros. Tuvimos muy buena convocatoria en La Plata porque siempre hay allí mucha gente del sur (de Comodoro, de Caleta, de otras ciudades de Chubut) que va a la universidad de esa ciudad. Pero ese mismo año falleció Marcos Azócar, que era el trompetista de la banda, que tenía graves problemas de salud. Todo esto justo cuando estábamos por hacer shows en La Trastienda y en Niceto, también en Bs. As., y hasta había una posibilidad de participar en el Cosquín Rock como invitados. Aparte ya estábamos pensando en el tercer disco, y por ende en una proyección nacional, cuando para todo esto Marcos ya estaba enfermo desde hace meses, y a decir verdad no queríamos hacerlo sin él.

Y ese fue el final de la banda, entonces. Muy triste, por cierto.
Claro. Pero a fines de 2013 decidimos realizar el adiós definitivo con un show que se título ‘Hasta Siempre’, que fue filmado profesionalmente, pero aún permanece inédito, y que contó con todos los integrantes de la banda. En reemplazo de Marcos estuvieron los vientos de los Cheremeques , además de nuestro saxofonista, que si bien no era miembro oficial del grupo, era invitado permanente. Allí hubo 7.000 personas.

¿Podríamos decir que existe un sonido propio del rock patagónico, o no necesariamente la región tenga alguna influencia en eso?
Me lo dijeron muchas veces, pero en verdad no lo sé. No existe un rock patagónico como lo es el folklore, con artistas como Hugo Giménez Agüero o Rubén Patagonia.

Una vez terminada la etapa de los 113 Vicios, ¿qué fue lo que te llevó a decidirte a emprender algo como solista?
Es que ya con los Vicios me había animado a componer. No era gran compositor, obviamente era mucho más baterista. Pero siempre me gustó tocar la guitarra. Me refiero a eso de ponerme a escuchar música y tocar sobre las canciones, de los Beatles a Charly. Y después, con el tiempo, fui explorando otras cosas. Ya había compuesto dos canciones para el segundo disco de los Vicios. Una de ellas, ‘Pájaro Negro’, la cantaba solo, donde además tocaba guitarra y slide. Así que Don de Ser se editó finalmente en enero de 2013, mientras que el show despedida de la banda fue en diciembre de ese año. Se juntó todo.

Está claro que vos querías seguir tocando, a pesar de todas las idas y venidas que habías por las que habías pasado junto a la banda.
Sí, pero no con los Vicios. Lo que sucedió es que ‘Viento’, uno de los temas de mi disco, ya había sido compuesto para los Vicios. A partir de ahí compuse más canciones. A mí me había pegado muy fuerte la muerte de Marcos, que era mi amigo, y además venía de un momento bravo en mi vida, con separaciones y demás, por lo que me encerré a componer. Comencé a juntarme con músicos amigos en asados, y nos poníamos a zapar blues y rock.

¿La banda cuenta con miembros permanentes?
Así es, y está formada por Teo Nurnberg en guitarra, Darío Boffi en bajo, Daniel Sosa en batería y Esteban Cárdenas en guitarra. Como última noticia, con esta nueva formación ya grabamos un tema que seguramente va a ser anticipo de lo que puede llegar a venir, lo que nunca se sabe. Pero el disco lo venimos tocando desde que vio la luz.

Supongo que ahora estás transitando una etapa más feliz. ¿Cuáles serían las diferencias entre tu música y la que hacías junto los 113 Vicios? El disco me resultó realmente relajado, suave, y está lleno de hermosas melodías que sugieren paisajes patagónicos.
Es bastante distinto. Realmente no tiene mucho que ver, si bien mis letras sí tienen algo de aquellos tiempos. O tal vez la manera de estructurar las canciones. Pero también tiene influencias de muchas otras cosas. En todo caso se puede parecer a ‘Pájaro Negro’. Pero no me da para hacer temas de los Vicios. Ya nos despedimos el día que dijimos “hasta siempre”

https://alakranmarquez.bandcamp.com/

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