HOMENAJES: MALCOLM YOUNG (1953-2017), ADIÓS AL PEQUEÑO GRAN ROCKER

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Publicado en Revista Madhouse el 20 de noviembre de 2017

Una remera sin mangas, un jean gastado (de esos que lo llevaron a uno a pensar que era el mismo que usaba siempre) y una guitarra que prácticamente superaba los 1,60 m. de estatura de quien estaba colgada. Y mucha actitud, claro, en cantidades industriales. Esos acaban siendo los elementos que, sin mucho más que agregar, podrían definir el ADN de Malcolm Young, la pieza primordial de la maquinaria de AC/DC desde que el grupo arribó ruidosamente a la escena del espectáculo allá por 1973. Hechos de dinamita pura (o de T.N.T, si es que el lector considera al término más oportuno) Y un traje de colegial para su hermano Angus, claro.

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MALCOLM, EL TODO Y LAS PARTES. Pocos músicos de rock tuvieron el destacado honor de lograr la condecoración de riffmasters (“maestros del riff”) como el pequeño gran Malcolm pudo plasmar en su instrumento. Tal vez sobren los dedos de una mano, sólo quizás. Keith Richards, Tony Iommi y algún que otro más que ahora no me viene a la cabeza. Tampoco es que sienta muchas ganas de ponerme a recordarlos tras el estupor causado por la reciente muerte de uno de los ocho hermanos de la camada Young a la que pertenecen. A pesar de su extensa carrera, Malcolm podría ser considerado el último que llegó a alcanzar a un podio tan prodigioso. Porque si su hermano Angus resulta ser la cara más visible de la banda, estéticamente hablando, Malcolm, el hombre pequeño que casi pasaba desapercibido en escena, escudado en su enorme guitarra Gretsch G6131 (más popularmente conocida como Jet Firebird), termina siendo el alma y corazón de una de las bandas más fundamentales del género. Una vieja gacetilla de Atlantic Records, la discográfica a la que históricamente pertenecieron los Young y Cía., lanzada en los primeros años de carrera del eléctrico combo, no titubeó en presentarlo ante la prensa como “no sólo un gran guitarrista y compositor de canciones, sino también alguien con una visión: Malcolm es quien planifica todo en AC/DC. Y también es el tipo tranquilo de la banda, profundo e intensivamente consciente de todo”.

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AC/CB (CHUCK BERRY). Digámoslo así: si Malcolm hubiera nacido 20 años antes, y no aquel 6 de enero de 1953 (más precisamente en Glasgow, Escocia), su capacidad creativa -pendenciera, honestamente cruda, y llena de originalidad- lo hubiera puesto a la altura de quienes siempre habían sido sus ídolos musicales: Chuck Berry, Jerry Lee Lewis, Little Richard, o los músicos de blues del Delta. Que por esa vueltas de la vida (y sólo porque tocaban muy fuerte, o porque más tarde coincidieran con la época en que la escena del rock marchaba a paso firme a lo largo y ancho del planeta) AC/DC haya sido considerado un “grupo de hard rock”, o incluso “de heavy”, más allá del disparate, responde meramente a un error técnico. AC/DC es Chuck Berry enchufado a mil voltios, con sendos toques de blues no menos electrificados, y con una pared de Marshalls para sostener la descarga. Títulos como “Dirty Deeds Done Dirt Cheap”, “Let There Be Rock”, “Highway To Hell”, “Back in Black, “Whole Lotta Rosie, “Riff Raff”, “High Voltage”, “That’s The Way I Wanna Rock’n’Roll”, “Live Wire”, “Thunderstruck”… en fin, simplemente estamos hablando de todos esos riffs irremplazables que salieron de las manos del pequeño diablillo detrás de AC/DC, para terminar convirtiéndose en himnos del rock en su exacta medida. “Bueno, los grupos de rock realmente no tienen swing, apuntó cierta vez. “Pero el rock’n’roll sí lo tiene. Lo que pasa es que las bandas no comprenden eso del sentimiento, del movimiento…”

EL NEGRO LES SIENTA BIEN. Como a muchos que promedian la edad de quien aquí escribe, a mí me tocó descubrir a los australianos gracias al álbum “Back In Black”. Para entonces, algún que otro video del disco ya había logrado colarse en los pocos, qué digo, escasísimos espacios de la televisión local allá por 1980. Estaba el de “Hell’s Bells”, y el del que le daba título al disco… A decir verdad, esos dos enanos que se sacudían espásticamente sobre el escenario me tuvieron obsesionado durante un buen tiempo. Estaban las fotos que aparecían en las revistas, claro, pero no alcanzaba. Por tal motivo hubo una mañana de sábado de ese mismo año en que me tomé el colectivo, me bajé en Paraguay y Florid, y me dirigí a una disquería de importados que estaba en la Galería Del Sol para hacerme del LP, recién llegadito del exterior. ¿Qué era esa tapa negra y por qué motivo las letras que aparecían sobre ésta eran del mismo color, casi ilegibles? Todo pasó a segundo plano desde que puse el disco en casa por primera vez, aún cuando no tenía mejor equipamiento para reproducirlo que el viejo tocadiscos Winco de la familia (con un solo parlante incrustado en el mismísimo aparto, y sin siquiera parlantes exteriores). Pero nada podía impedir que lo salía de allí fuera encantador: a mí me encantaba ese sonido. Los chirridos de Brian Johnson todavía no habían llegado a perturbarme tanto como lo lograrían con el correr de los años (paralelamente sin nunca dejar de lamentar la muerte del gran Bon Scott, la primera baja en la historia de la banda), pero uno pagaba el precio que tenía que pagar con la condición de poder disfrutar de aquellos mágicos riffs de los hermanos Young, que no paraban de embrujarme. Algunos años más tarde tendríamos la posibilidad de ir al cine a ver “Let There Be Rock”, así saldando el recóndito deseo de poder verlos en vivo, si bien en una pantalla, mucho antes de su desembarco en vivo y en directo en el país décadas después.

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GUITARRA, VAS A LLORAR. Malcolm Young no necesitaba morirse para convertirse en músico “de culto”. Su importancia es tal que ya se había ganado los laureles en vida. Ni siquiera su problemas de salud que fueron de la adicción al alcohol hasta la demencia, situación que lo obligó a abandonar la banda hace algo más de 3 años, hubieran logrado impedir la distinción. Nos quedamos sin el chico de la remera sin mangas, el de los eternos pantalones gastados, y hay una guitarra Gretsch G6131, la misma de la cual salieron algunos de los mejores riffs de la historia del rock and roll, que llora desconsoladamente porque su dueño no va a poder volver a tocarla.

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ENTREVISTA: VITICO BERECIARTÚA: “ES MUY BUENO ESTAR VIVO DESPUÉS DE 50 AÑOS DE ROCK”

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Publicado en Revista Madhouse el 4 de septiembre de 2016

Una entrevista con el Sr. Víctor Bereciartúa puede llegar a ser muy divertida. Tremendamente divertida. Más allá de su vasta faena de medio siglo como rocker autóctono de pura cepa, labor que celebrará a lo grande junto a Viticus con un más que simbólico show en el Vorterix el próximo 30 de septiembre, y con el anuncio de un nuevo trabajo en estudio de la banda que verá la luz a comienzos del año próximo, pareciera ser que no hay tiempo suficiente que alcance para recorrer las mil y una anécdotas recogidas sobre la marcha.Anécdotas de los grandes momentos, claro, pero también las de los trances duros, aquellos que finalmente terminaron siendo superados con una entereza y optimismo admirables, y que en su conjunto determinan una trayectoria que le valió el cargo de Canciller eterno de la más clásica e inoxidable escena del rock local. Y sin fecha de vencimiento.

Estoy listo para hacerte la primera pregunta, pero ese sofá del living tuneado como si fuera la parte trasera de un convertible me desvela. Las luces traseras, los ceniceros en los apoyabrazos, el paragolpes…
¿No es fantástico? Me lo acaban de dar, es regalo de un amigo. Es maravilloso.

Hablando de desvelos, entonces, siempre tuve una duda respecto a tu carrera que nunca pude dilucidar. ¿Tu verdadero comienzo fue con los Mods o en el grupo de Carlos Bisso?
No, la primera banda que tuve fueron los Mods. Y después vinieron los Vips. Y luego Alta Tensión. Más tarde vino La Pesada del Rock and Roll, y luego La Joven Guardia, y de ahí me fui un año y medio a Inglaterra; recién cuando volví fue que formamos esa banda donde cantaba Carlos Bisso. Hicimos una banda para ir a tocar a Punta del Este hace como dos mil años con Alfredo Toth de Los Gatos, Carlos Cutaia y Rául Tórtora, y Carlos cantaba. Duró un verano, porque fue una banda de verano para tocar en ese lugar. Y después vinieron los Criss Cross.

¿Entonces los Criss Cross fueron anteriores a Riff?
Tal cual. Junto a Pablo Guyot, Wily Iturri, Alfredo Toth y Juan García Haymes, el cantante en el primer show de Riff.

VITICO, LOS MODS Y LOS ROCKERS
¿Cómo surgieron los Mods? ¿Eran un grupo de amigos?
Éramos un grupo de amigos, un poco de mi barrio, y otro poco de otro. Estaban Richard, que ya no está en este mundo. Daniel, que se pasó al lado de la Arquitectura, Jorge, no sé qué habrá sido de él, y el baterista Raúl Tórtora, que después tuvo sus grandes momentos, siempre caía de parado. No veo a ninguno de ellos desde hace muchísimos años, pero aquella época fue muy divertida. Y le pusimos ese nombre por lo de las bandas o tribus en Inglaterra de aquel momento, las de de los mods y los rockers. Fuimos todos a un sastre para hacernos el mismo trajecito. Hacíamos casamientos y alguna que otra fiesta de 15, y tocábamos todos covers, principalmente de los Kinks, los Animals y The Who.

¿Cómo es qué decidieron llamarse los Mods y no los Rockers? Los Who ya hablaban de eso en sus canciones, y también recordemos la película “Quadrophenia”, si bien fue posterior.
¡Pero nosotros vivíamos en Argentina! Es que los rockers era más de andar en moto, eran como más bravos en aquel momento y todo eso. Y nosotros no queríamos tener ninguna asociación con la violencia. Estoy hablando de épocas remotas, ¿pero para qué ponerse el nombre de los que eran violentos? Los mods, en cambio, eran más conchetos.

Por entonces ni siquiera esa división entre “mods” y “rockers” era un término popular en Argentina.
Nada era popular en Argentina. A todos los que habíamos empezado con el rock nos tomaban poco menos como si fuéramos de una secta satánica. Eran épocas de gobiernos militares, otros tiempos. Y ahora el próximo 30 de septiembre voy a estar festejando con Viticus en el Vorterix mis 50 años con el rock. Justamente, de los Mods tenía una invitación que se perdió en el incendio, que decía “Primavera del ‘66” y que fue en una boite que se llamaba Samurai, que quedaba a media cuadra de Obras Sanitarias, y ahora se están cumpliendo 50 años de eso.
Y esa invitación era parte de la memorabilia que lamentablemente perdiste.
Exactamente. Por eso es muy bueno estar vivo después de 50 años de rock, razonablemente bien, y siempre con ganas.

Bueno, pero aún tenemos muchos ejemplos así. Todavía está lleno de músicos de aquellos años que siguen perfectamente vigentes, y tocando.
Afuera hay de todo. Y me parece muy bien. Pensá en los Stones, que están como nuevos. No es tanto lo de cuidarse, pero si hacés paréntesis a lo largo de una vida agitada, podés llegar a estar bien más adelante.

Si de algún modo llegara una orden estelar del universo que impidiera que seas músico, ¿a qué te dedicarías?
Es una pregunta que nunca me hice, pero seguramente hubiera intentado dibujar bien.

Como el caso de caso de Ronnie Wood, que pintó toda su vida.
¡Pero claro, por favor! Tuve el gran placer de conocerlo en Uruguay, y después de saludarlo le canté “lost and lonely, looking for you…” (N.: se refiere a una canción del tercer álbum solista de Wood, de 1979), y se dio vuelta y me dijo “That’s me! Oh yeah!”. Porque no le iba a cantar una de los Stones, ¿no? Y se fue lo más contento, porque yo lo admiro desde que tocaba en el Jeff Beck Group. Extraordinario. Soy admirador de él. Incluso fijate que cuando toca guitarra, lo hace como si fuera un bajista. Eso es raro de definir. Y también me encanta la época de los Faces. Yo estuve cerca de la banda porque conocí a Ronnie Lane en la época que los Who grabaron “Quadrophenia”. Y para cuando empezó como guitarrista en los Faces, el tipo ya era maravilloso. Recordemos la foto de tapa del primer disco del grupo, donde está leyendo un libro que dice “primeros pasos”…

Por supuesto, el disco “First Step”…
Claro. Pensá que todo eso pasó cuando Steve Marriott se fue de los Small Faces.

Y ahí una parte de ellos se unió a otra que venía del Jeff Beck Group, y fue ahí que nacieron los Faces.
Así es, con Wood y Rod Stewart, y de ahí directo al estrellato total.

Las dos narices más famosas de la historia del rock…
Narices calientes, e importantes.

¿Cuál fue el motivo por el que te fuiste a Europa en los ‘70s? ¿Acaso estabas buscando nuevos horizontes como músico?
Me fui pensando que allí podía tener la posibilidad de pegarla con alguien, pero fue como hacer la colimba, porque yo pensaba que hablaba inglés y ahí me di cuenta de que no lo entendía. Pero sí aprendí después de estar allí un año. Iba a las auditions que se publicitaban en el Melody Maker y era bárbaro porque tocaba genial con todos, pero cuando me hablaban no entendía nada. Y sin embargo iba a una cada semana. Y esa primera vez allí me quedé un año y medio.

Bueno, ese lapso a esa edad y en esa época en Inglaterra es algo fuerte. ¿Ibas a ver todos los show que podías?
Totalmente. Deep Purple, Pink Floyd, West Bruce And Laing, Beck Bogart And Appice…Los Faces, que los vi varias veces. Y Uriah Heep, que fueron los primeros que hicieron rock pesado, en realidad, antes que Black Sabbath. Eran una banda de culto.

La Londres de esos años era uno de los mejores epicentros para ver rock, porque todavía era más que nada un fenómeno casi exclusivamente europeo.
Totalmente. Y aparte aquí estaba Onganía y era muy difícil hacer algo en el país, no había con qué, entonces me fui a ver qué pasaba allá, y bueno, los vi a todos… Y después de todo eso me di cuenta que lo que había que hacer era volver y hacerlo para el territorio al cual pertenezco. Y ahí fue cuando al regresar hice este invento en el que cantaba Carlos Bisso. Y después vinieron los Criss Cross, y ahí ya venía Pappo, que se ponía una careta para tocar. Y empezamos a pensar en armar una banda, y el resto es historia.

VITICO CON PAPPO
Te habrán preguntado mil veces si extrañás a Pappo, pero yo quisiera saber es de qué forma lo hacés.
Extraño su voz, su risa y los chistes que nos hacíamos, por eso cada tanto lo voy a ver a su hijo Luciano, para acordarme de él, porque es lo que quedó. Y aparte lo quiero mucho. Extraño su sentido del humor, y realmente no va a haber alguien como Pappo en los próximos dos o tres siglos. Alguien totalmente irremplazable por su talento, por su empuje y por su sentido del humor.

O como personaje, digo, siendo tan carismático, más allá de sus cosas buenas y sus cosas malas…
No sólo carismático. Cuando anunciamos el show de “Adiós Pappo’s Blues, Bievenido Riff”, salimos los dos juntos a pegar carteles en una camioneta del taller del padre de él, y con custodia, para que no nos metieran presos.

ES MUY BUENO ESTAR VIVO DESPUÉS DE 50 AÑOS DE ROCK, RAZONABLEMENTE BIEN, Y SIEMPRE CON GANAS.

 

¿Recordás cuál fue la primera vez que tuviste contacto físico con Pappo?
Por supuesto, fue en un sótano que se llamaba Frisco, al que iban a tocar bandas o solistas de tango o de lo que fuera, y que tuvo su tiempito de moda. Cada uno estaba con su chica, y con el Carpo ya empezamos a reírnos de entrada. Esto fue en el ’67 o ’68. Pero él ya era Pappo.
Casualmente hace unos días fui a hacer una entrevista con Pipo Lernoud y hablábamos de esos tiempos, del paso de Pappo por los primeros Abuelos De La Nada, cuando aquí todavía ni siquiera se lo llamaba “rock”…
Mirá, a mí me traían los discos de afuera, y así es como hacía covers con los Mods. Y después con Alta Tensión. Y yo hacía tres entradas por noche en un boliche, y con eso pagaba los discos que me traían. Llegué a tener una muy buena colección. Y acá todavía no pasaba una. Y de repente empezó a pasar. Billy Bond y la Pesada fue algo muy transgresor para aquel momento.

Con quienes además grabaste y tocaste, ¿no?
Sí, pero en verdad no salía ningún show con ellos. Y ahí fue que entré en La Joven Guardia para hacer un cambio por un fin de semana largo de Enrique Masllorens, que se había hecho, eeeeeh… montonero. Lo digo con respeto. Y gané tanta plata que al lunes siguiente tuve que abrir una cuenta en el banco. Y fue por eso que me pusieron en las páginas negras de la revista Pelo, por tocar en La Joven Guardia.

Tal cual, te criticaron mucho por eso. ¿Por qué creés que Pelo se permitía dictar ese tipo de sentencias?
Y bueno…Porque Pelo jugó a la grieta entre “música comercial” y “música progresiva”. Y yo no entendía eso, porque lo comercial puede ser bueno, y lo bueno, comercial. Sabía a que se referían, a separar las bandas que hacían música tipo calesita, y otras que hacían música “bien”. De todas formas las que hacían esa música “bien” no tocaban en ningún lado. El único que andaba fuerte en aquel momento era Pappo, después de Los Gatos. Y fue en ese momento que me fui afuera, después de hacer un Carnaval en Bolivia con La Joven Guardia.

¿Un carnaval en Bolivia con La Joven Guardia?
Fue fantástico. Y ahí también gané mucha guita, y entonces con eso me fui a Inglaterra.

¿Había rock en Bolivia en esa época?
Sí, había. Con La Joven Guardia hacíamos covers de Free, entre otros. Hasta grabé un disco con ellos.

Y ahí sí te olvidaste de lo que decía Pelo.
Pelo, por haber denominado “rock nacional” a PorSuiGieco, tuvo que editar la revista Metal cuando apareció Riff y ponernos en una casilla que no nos correspondía. Porque Riff fue, es y será una banda de rock, y no de heavy metal.

VITICO Y RIFF
Antes de que lleguemos a Riff, quisiera hablar de tu paso por Pappo’s Blues, que entiendo fue efímero.
Muy efímero. Fue un fin de semana que hicimos tres o cuatro shows en Rosario, y allí le dije a Pappo “esto ya no va más, tenemos que hacer algo nuevo para seguir”. Entonces fue todo en un hotel en Rosario, ahí decidimos hacer la banda, durante ese fin de semana que toqué en Pappo’s Blues, y después de eso ya empezamos a pensar en esa banda que se iba a llamar Riff. Y apareció Michel recién llegado de Francia, y al poco tiempo también apareció el joven Boff y salimos a la pista. Recuerdo que nadie nos quería grabar, y el Curro Jiménez, que Dios lo tenga en su gloria, se arriesgó con nosotros para el sello Tonodisc, que era tan ecléctico que tenía a Riff, a Los Parchís y a Richard Clayderman.

¡Pero cómo! ¡Tres grandes vendedores que terminaron haciendo capote!
Sí, pero me causaba gracia, porque eran todos muy distintos entre sí.

¿Pero en sí la propuesta de hacer algo nuevo fue tuya o vino del lado de Pappo? 
Como había dicho antes, yo quería hacer algo nuevo, porque Pappo’s Blues ya había cumplido su ciclo. Por supuesto, él también lo quería, y ya tenía el nombre en la cabeza. De hecho ya lo habían estado conversando con Alambre González. Y otro de los motores grandes, al principio, fue Pirín, que tocaba en Avalancha. Pirín fue además quien junto a Daniel Grinbank trajo a B.B. King a Buenos Aires en los 70. Y no fue nadie a verlo. Y perdió hasta los pantalones. Sin embargo pagó absolutamente todo y quedó sin un peso, y después nos agarró a nosotros, pero más que nada como amigo, y de hecho en las primeras épocas salimos a flote con él, hasta que llegó Mundy Epifanio, que era como el quinto Riff, y bueno, pasó lo que ya sabemos.

Pasó lo que pasó y además pasó que en 1980 estaba el programa “Música Prohibida para Mayores”, donde pasaban semana tras semana el video de “No Detenga Su Motor”.
No, ese era “Música Total”

No, ¡”Música Prohibida Para Mayores” estaba primero! Yo vivía para ver ese programa.
El que yo te digo iba los sábados al mediodía.

Ese sí era “Música Total”, pero “Música Prohibida…” iba los jueves a la noche por ATC, creo.
Bueno, pero el que grabó con las máquinas de ATC fue Florencio Oria Cantilo para “Música Total”, y de ahí quedó el video de “No Detenga…”, y dos más, creo que “Ruedas de Metal” y “Acción”.

VITICO Y EL ROCK
Riff era considerado Metal, pero yo ni siquiera lo emparentaba con AC/DC, me sonaba mucho más a ZZ Top, si bien algo más eléctrico.
Es cierto, estoy totalmente de acuerdo. Pasa que, cuando empiezan a hacer calificaciones así…Para mí está el pop y el rock. Y cuando aquí llamaban rock a PorSuiGieco… No le quiero restar ninguna cualidad a esta gente, pero en realidad no era rock. Era “folk-pop”, y estaba bien, pero nada de rock.
Bueno, a Sui Generis y a Pastoral también le decían “rock”…
Nosotros salimos a luchar contra eso simplemente porque era una cuestión etimológica, porque eso no era rock. Y no estoy diciendo que no fuera bueno, pero no era rock.

Hace un rato hablábamos de Cutaia, que estaba en La Máquina De Hacer Pájaros, que era rock, pero desde progresivo, y no exactamente rock and roll.
OK, sí, pero Cutaia ya venía de Pescado Rabioso, ¿no? Y ahí le habían dado un buen toque con el Negro Black. Eso fue lo mejor que hizo Luis Alberto, a mi humilde entender. El punto es que a todas esas bandas folk se les decía que hacían rock. Y aquí, salvo Pappo’s Blues…

O Manal.
Manal también, fue lo primero, pero no duró demasiado. Y por otro lado a mí me encantaba como cantaba Soulé con Vox Dei, su voz era una gran influencia.

Y además muy buen guitarrista.  Tampoco es que sobraran los recursos por entonces.
Sí, totalmente. Es que aquí había muchas bandas, como fue el caso de Conexión Nº 5, que en realidad grababan éxitos de afuera, los editaban en inglés, y los vendían. Una banda muy buena que hacía covers era el Trío Galleta, que después desaparecieron, y cuando quisieron volver se encontraron con Riff, y no pudieron.
No sabía que habían querido volver…
Sí, en los tiempos de Riff nos encontramos con ellos en provincia de Bs. As. en un festival en un lugar lejano, pero nosotros ya veníamos con mucho empuje y arrasamos. ¡Carlos Iturbide! Un gran cantante.

Y además estaba toda la camada uruguaya, caso los Shakers o los Mockers.
¡Los Shakers eran extraordinarios! Tuve la alegría de tener que prestarles dos equipos Farfisa de 40 watts y un Fender Bassman para cuatro shows que hicieron durante un fin de semana, y al cual los acompañé. Realmente todavía tengo que decir que nunca oí una banda que sonara tan bien simplemente con los micrófonos de los clubes y esos equipitos. Sonaban buenísimos.

Y aparte los Fattoruso estaban muy calificados.
Tenían un nivel musical importante, y al fin de cuentas se trataba de eso, porque en realidad todos estábamos aprendiendo. Y todo cambió cuando volví de ese viaje a Inglaterra.

Que fue como haber ido a hacer un máster
Exactamente. Fue volver y tener la suerte de encontrarme con El Carpo.

De ahí en más el ascenso de Riff fue muy rápido.
Muy rápido. Es que contábamos con el handicap de tenerlo a Pappo, tal es así que en noviembre de 1980 hicimos aquel primer show que se llamó “Adiós Pappo’s Blues, Bienvenido Riff” en el Teatro IFT de la calle Boulogne Sur Mer.

VITICO Y EL METAL
¿Cuál creés que fue la importancia de Riff en la escena del metal argentino, aún cuando no eran precisamente una banda de ese estilo?
Riff era una banda de rock, y se demostró que el rock mueve a la gente de una forma distinta a la que lo movían los pibes que hacían pop, o el llamado “rock nacional”. Lo que pasa es que el rock es internacional. Y la verdad es que hubo un antes y un después de Riff. Y eso me alegra mucho, estoy orgulloso de que le hayamos dado a la gente la oportunidad de tener otra visión, otra energía.

Es que de alguna manera era todo muy Nito Mestre en esos años…
Y bueno, es que de eso estamos hablando. No estaba mal, ¡pero no me vengan a decir que eso es el rock de este lugar! El rock de este lugar lo había largado Manal, y después continuó con Riff, con Sumo y con los Redonditos.

Y en lo que respecta al metal en sí, creo que todo comenzó con V8.
Por como sonaban en vivo, creo que eran más una banda punk.

¿No te parece que lo suyo era más cercano a Motörhead?
Hmmm… no sé… no les quito su mérito, pero ellos querían ser una banda de heavy metal y quedaron como eso, qué sé yo. Pasa que fue bastante corto lo de ellos, ¿no?

Es que fueron solamente tres discos, y en el último ya se habían volcado un poco el evangelismo.
Aah, no, los conversos no entran en mi casa… (risas)
Casualmente se acaban de reeditar “Zona De Nadie” y “Que Sea Rock”, los últimos dos discos de estudio de Riff, que incluye bonus tracks. ¿Los escuchaste?
Los bonus me parecieron bizarros en aquel momento, y ahora también, pero los discos están muy bien.
¿Quedó mucho material inédito en estudio de Riff? Casi todas las bandas legendarias tienen su archivo de material inédito, y supongo que ustedes también.
Sí, pero porque se quedarían mucho tiempo en el estudio… Nosotros siempre llegábamos sabiendo lo que íbamos a hacer, y usando el tiempo necesario. No quedó tanto material inédito de Riff. Como mucho un par de canciones, “Rock And Roll Mania” o “El Sobreviviente”, o algo así, pero nada más. Ojalá hubiera.

Siempre me resultó peculiar que Riff tenga casi tantos discos en vivo como de estudio.
Es que como siempre estábamos a punto de asesinarnos (Risas), así como en otros momentos nos reíamos mucho, tal vez para asegurarse nuestra continuidad las compañías sacaban algún disco en vivo.

VITICO Y JAF
¿Tenés ganas de hablar del episodio JAF?
No tengo problema en decir que nunca imaginé que lo que sucedió iba a terminar saliendo en las redes. Yo no las uso. No sabía que me estaban filmando para eso. Fue simplemente un chiste entre nosotros, entre la persona que había puesto el cartel una semana antes, y yo. De ninguna manera tuve la intención que eso fuera público. Me sorprendió. Y pasado un tiempo, alguien me dijo “¿Por qué no mirás lo que subió Jaf a YouTube?” Y lo miré, y lo oí sincero. Y recordé cuando Corcho Rodríguez vino un día y me dijo “Victor, ¿no te parece que ya es hora de que le levantés la suspensión a este pibe?” Y lo pensé, y me di cuenta de que habían pasado 30 años. Y, la verdad que sí… (Risas) Y ahí nos dimos un abrazo con Juan, y listo. También había un asunto de una Telecaster de por medio, y Corcho me dijo “el que te la tendría que dar no te la puede dar, pero yo sí”. Y ahí está mi Telecaster, en su caja.

 
¿Entonces volvió la Tele original? Y después hasta tocaron juntos, ¿verdad?
No, pero una similar. Y sí, después tocamos juntos. Y bueno, todos estamos siendo más civilizados. Aparte, después de 30 años, no tenía ningún sentido seguir enojado. El que lo puso, sabía lo que estaba haciendo, y yo no. Por eso me disculpé después públicamente. Y si te equivocás, pedís disculpas. Es lo que sucedió.
¿Cómo te llevás con las redes sociales? ¿Sos de usarlas?
No, las espío de vez en cuando. Me dijeron varias veces que me abra un Twitter. Me parece que hay cosas que no tienen que hacerse públicas todo el tiempo, y tener que estar opinando de esto y de lo otro… qué sé yo. No es un tema de edad. No tengo por qué ventilar todo lo que pienso y que tenga que interesarle a los demás, ¿y después convertirte en qué, en un oráculo? Hay muchas cosas sobre las que puede opinar gente que sabe más que yo. De algunas cosas sé, pero de otras hay gente que sabe mucho más. Que opinen ellos.

Poco y nada se sabe de tu paso por Tarzen, que sucedió antes de que empieces a editar tus discos solistas.
Si se sabe poco y nada es en realidad porque no acepté ser miembro de esa agrupación selvática, porque no iba a andar maquillándome, ni batiéndome el pelo, ni colgándome un arito de la oreja, porque…simplemente porque no. Sí les grabé el disco y toqué con ellos como invitado, pero no más que eso. No duró mucho tampoco.

Fue más que nada un favor de amigo, lo digo por Michel.
Sí, fue algo así, porque como verás no estoy en la tapa del disco. Mi paso por esa banda no me sumó nada.

VITICO Y VITICUS
¿Lo de tener miembros de tu familia en Viticus desde el principio fue algo deliberado?
Para nada. Se dio así porque Sebas, que es hijo de un primo hermano mío, venía a ensayar a mi casa en Tigre con un trío de heavy que él tenía. Y después se dio que él se iba de viaje turístico a Copacabana, Bolivia, a orillas del lago Titicaca, y yo me fui con él. Primero en avión, después en tren, ómnibus…Un viaje muy interesante. Y ellos tenían un bar, donde empezamos a tocar con acústicas de vez en cuando, y yo me quedé allí casi un mes. De ahí quedó una semilla, y luego empezamos a probar acá. Se sumó un baterista, el Vasco Urionagüena, y mi hijo Nicolás, que vino un par de veces. Y esa fue la primera formación de Viticus: me di cuenta que sonaban tan bien después de haber hecho un par de encuentros de motoqueros, que me dije “vamos a grabar”. Nos fuimos a lo de Álvaro Villagra y grabamos el primer disco. En verdad con Pappo siempre habíamos tenido el proyecto de volver a grabar temas de Riff del primero y del segundo disco -que originalmente no habían estado tan bien grabados- con el sonido de hoy. Y como pasó lo que pasó, yo lo hice con los míos en el primer disco.

¿Cómo es grabar y salir a tocar con los hijos?
Es muy bueno. Nicolás se fue ya hace un par de años porque en realidad él quería hacer algo distinto. Y lo hizo. Se ganó el premio Carlos Gardel, y está tocando en los EE.UU. con el guitarrista de los Black Crowes, cosa que como padre, aplaudo. Y si con la ida de él Viticus se tambaleaba, valió la pena por todo lo que paso después, y además porque me trajo a Gastón Videla, que es un pibe de 23 años que toca bárbaro y además es muy gracioso, y estamos totalmente integrados. Es más, la realidad es que ya tenemos grabadas diez bases para el quinto disco de Viticus, y eso es lo que más me interesa.

Y tal como ocurrió con Riff, Viticus llegó y se quedó.
Sí, y tengo el gran orgullo de decir que me hice de abajo de nuevo, porque cuando empezamos a tocar, a veces había 30 personas, después 50, después 100, y así, y ya llevamos casi 15 años, creo. La gloria ya la tuve con Riff, y esto me da mucha satisfacción, porque realmente no creo que haya otra banda que pueda hacer temas de Riff como los hace Viticus.

Y además con uno de sus miembros originales en sus filas.
Absolutamente. Salvo por el hecho que no está Pappo, suena como Riff. Es un estilo que no puedo dejar de tocar.
Como Riff, pero eventualmente con varios giros en el sonido.
Esto es más rock, sin la parte más heavy, de la cual se encargaba Pappo. Y, como te decía, ya estamos grabando el quinto disco, que creo va a ser el mejor, porque en esto lo que uno hace siempre tiene que ser mejor que lo último que hizo, porque es cuestión de mejorar. Yo me puse esa meta, y vas aprendiendo. Este disco lo estamos grabando en el estudio El Attic, en General Rodríguez. Un barrio muy intenso, muy cerca de un monasterio… (risas) Parece una joda. ¡Casi me voy a verlo, aunque sea para mirar de afuera!

Y de paso ver si caía algo…
¡Y de paso ver si caía algo! Exactamente (Risas)

Volviendo a Viticus…
Me encanta hacerlo, porque no creo que pudiera estar mucho tiempo con gente de mi edad, me llevo mucho mejor con los chicos.

También existe una cuestión de ritmo interior.
Y yo sigo en ese ritmo. Ahora paramos un poco. Este es un año difícil, y aparte estamos grabando. Si no fuera así, estaríamos haciendo shows prácticamente todos los fines de semana. Después del 30 de septiembre, tenemos una docena de shows hasta fin de año, y eso es lo que me divierte, porque si te ponés muy grande después tenés que tocar dos o tres veces por año, y eso es un embole.

RIFF ERA UNA BANDA DE ROCK, Y SE DEMOSTRÓ QUE EL ROCK MUEVE A LA GENTE DE UNA FORMA DISTINTA A LA QUE LO MOVÍAN LOS PIBES QUE HACÍAN POP, O EL LLAMADO “ROCK NACIONAL”.

Insisto con lo de los ritmos, yo suelo ser muy rock’n’roll, y a veces alterno con el rhythm and blues.
Yo soy más boogie-woogie. Pero los ritmos van cambiando de acuerdo al biorritmo del cuerpo.
Pero hay que mantener al que está en la cabeza, que es el más importante de todos…
Ése tiene que estar siempre. Hay veces que estás más tranquilo, y pasás de AC/DC a Roxy Music.

 
Pero siempre se puede volver a AC/DC.
Más bien, AC/DC es prácticamente lo único que puedo oír continuamente horas y horas.

VITICO Y LOS CLÁSICOS & MODERNOS
¿Qué escuchás habitualmente?
¡AC/DC! Me gustan mucho más los grupos clásicos. El último CD que compré fue uno de Audioslave, cosa extraña. No creo haya grandes sucesores de lo que fueron las bandas interesantes. Hendrix, Zeppelin, todo eso, fue una época. Después vino Van Halen y Guns N’ Roses, para los que les gusta. ¿Pero qué hay ahora?
No hay nada.
Son como productos. Foo Fighters está bien, ese Grohl hace cosas interesantes. Me alegro mucho de haber pasado todos los grandes momentos que pasé, desde Elvis, pasando por los Beatles o los Stones, o los Kinks, y que después llegue el primer disco de Led Zeppelin, o Hendrix, o Deep Purple, ¡y no poder creerlo! Y no creo que haya sucesores. Estos eran todos monstruos que el sistema agarró porque eran rarísimos y talentosos. Porque cuando el sistema crea algo, ya no sirve. No hubo un recambio generacional. Recordemos la época del cassette, ¡que vuelve, eh! Mirá, ahí tengo la Yamaha portaestudio. Nunca pude manejar lo digital, y no lo pude entender.

Casualmente el otro día le comentaba a un amigo lo que era estar con el botón de pausa del grabador a mano pasándose horas esperando para grabar un tema de la radio. Nadie te entiende.
Yo sí te entiendo.

Buscar ese disco, o encargarlo en la disquerías y esperar hasta que te lo traigan, o alguien que viaje, o que te lo preste. Esa era nuestra internet. Y a lo largo de ese tránsito, uno aprendía.
A mí los discos me los traían. Recuerdo una vez una noche en un lugar que se llamaba Whisky A Go Go, aquí en Buenos Aires, y en el que esa noche estaba Alberto Olmedo de paso, y que el disc jockey del lugar justo tenía “Are You Experienced?” de Hendrix, y el DJ lo escuchó y me dijo “tomá, llevátelo de aquí” Y cuando me lo llevé y lo escuché, me volví loco. Y eso era todo original.

¿Cómo ves la escena actual del “rock nacional”? Porque hubo un momento en que llegó todo el “uruguayismo”, por decirlo de modo peyorativo, y con eso llegaron las tumbadoras, el show en la tribuna, la futbolización de todo, y demás…
Está todavía, ¿no? La cumbia era buena en la época de Los Wawancó, que eran ídolos míos. Los que son buenos, son los que quedan de antes, me parece. Puede haber excepciones; voy a decir que, estando en “Rock Del País” como jurado, ya en el segundo programa me sorprendió el buen nivel de algunas bandas. Por supuesto, hay de todo. Pero los que ganaron hasta ahora son buenísimos. Pero se trata de modas. Por ejemplo, fuimos a abrir para La Beriso hace dos semanas, había como 1500 personas, que no hubieran ido a ver a Viticus. Entonces mostrar lo tuyo, y sonar muy bien, para gente que en verdad fue a ver a La Beriso, estuvo muy bien. Y a mí me gusta que eso le siga pasando a alguien. Prefiero eso a los de la “uruguayada” (risas)

Bueno, reitero que tuve que ser un poco peyorativo para que se entienda lo que quise transmitir…
Y lo dijiste vos, fueron tus palabras. Pero es cierto. Esos de No Te Va A Gustar, o los otros de aquí de Las Pastillas del Abuelo…Que la empezó hace 200 años, ¿sabés quién? Baglietto.

Pero los de la movida rosarina no estaban nada mal, tenían muchas muchas canciones y grandes melodías.
Fue número de relleno nuestro, y yo aplaudí porque sonaron muy bien, aún con lo de las tumbadoras y eso…Tuvieron mucho éxito. Y a mí me encanta que a los músicos les vaya bien.

Me refería más que nada al tema de la futbolización generalizada, del show en la tribuna y no en el escenario, con Callejeros tal vez como el ejemplo más claro del estilo.
Pienso que eso fue un error. Creo que el show está en el escenario. Con Riff gastábamos fortunas para que así fuera, y para que el humo y los efectos especiales fueran congelados. Ya en esa época usábamos muchos efectos de Trentuno, si bien cobraba mucha plata para hacerlo. Y todo sucedía sobre el escenario. Sin ir más lejos, una vez en un show en Obras, Trentuno me puso algo acá (se toca la parte de la ingle) con una carga de pólvora, y de ahí salía un cable que iba por debajo del pantalón, y que llegaba hasta el tipo que tenía que tocar un botón cuando yo levantaba el bajo, porque si él llegaba a apretar el botón cuando yo no levantaba el bajo, iba directo al Instituto del Quemado.

Y no era un meñique lo que podías llegar a perder…
¡Ni tampoco el pelo! (risas) Bueno, salió todo muy bien. Y todo eso siempre sucedía sobre el escenario. Que es como debe ser. De todos modos al público argentino le gusta mucho cantar, la arenga y todo eso, lo cual también es maravilloso. Pero los fuegos artificiales son sobre el escenario. Porque una cañita voladora que tires, por más que sea en un lugar abierto, siempre le va a caer a alguien.

Y ahí fue cuando cambió todo.
¡Claro que cambió todo! Porque eso fue una barbaridad. ¿A quién se le puede cruzar por la cabeza encender algo así en un lugar cerrado? Son cosas que uno no entiende.

Antes no ocurrían cosas así, era algo impensable…
Por eso lo más importante es llegar a los 50 años en el rock, estando y grabando con Viticus nuestro disco. Creo que es el mejor que hemos hecho hasta ahora. No tenemos apuro, saldrá a principios del año que viene.

Leí que no querías lanzarlo para fin de año.
Es que durante las fiestas salen los discos de Las Ardillitas, o cualquier modelito de Disney cantando (risas)
¿Cuántas canciones va a tener el álbum?
Mirá, vamos por las diez bases, pero eso no quiere decir que no se nos ocurra algo más. Eso sí, el 30 de septiembre en el Vorterix vamos a presentar un par de temas nuevos. Y eso es algo muy agradable, porque no fue fácil llegar a este disco. Igualmente, cuando tenés las bases, ya tenés la mitad adentro. Costó pero ya está, y estoy muy satisfecho con el nivel musical de Viticus, con Jero Sica en la batería, y Gastón Videla y Sebastián Bereciartúa en las guitarras. Suena muy bien, estamos muy contentos, y vamos a grabar un disco que va a dar que hablar.
¿Ya estamos en condiciones de ir adelantando el título del álbum, o de alguna de las canciones?
No, no. Hay un tema que tiene que ver con el equilibrio, y también rescaté dos canciones de antes, que nunca fueron conocidas. No es un disco que tenga muchos estilos, porque a todo lo que toquemos ya le ponemos el nuestro. Somos independientes, y siempre lo fuimos. Viticus es una banda que fue progresando gracias a amigos míos, y también de la banda, que cada tanto nos ayudaban para poder grabar, y todo volvió a invertirse en otro disco, o en un video. Y siendo independientes, no tenemos por qué apurarnos.

VITICO EN LA VASCONGADA
¿Cuál es tu relación con la cultura vasca? Por lo que leí, te casaste, o te estabas por casar, en el País Vasco. ¿Esto es así?
Me encanta que preguntes eso, porque con Viticus hemos ido tres veces a tocar al País Vasco. También pasamos por el estado español, y fuimos a Cataluña. El milagro de ser vasco lo entendés de grande, porque es una cosa muy especial. Es una tribu muy empecinada, que desde sus principios se desarrolló en un medio hostil, desde la época de los glaciares, y que siempre tuvo que realizar grandes empresas para sobrevivir, como salir a cazar ballenas. Es un pueblo aguerrido, lo he visto en el museo. Una ballena es una fuente de energía. Comida, aceite para iluminar, de todo. Los Bereciartúa tenemos un antecesor. Mi bisabuela era de los Zumalacárregui, prima del general del mismo apellido, que allá es como si fuera San Martín. Y lo interesante es que, la primera vez que me tomé un ferry desde Portsmouth a Bilbao, me metí en la biblioteca y me leí tres libros sobre Zumalacárregui, y diez o doce años después, mediante partidas de nacimiento y una cantidad de cosas, terminé vendiéndole un show de Viticus a Ormaiztegui, que es el pueblo donde nació Zumalacárregui (risas)

Como verás, la pregunta estuvo buena…
¡Impresionante! Los Bereciartúa son de Segura, donde mi bisabuelo fue alcalde cinco veces, porque era una de las postas del Camino de Santiago. Estoy hablando de la época de la Edad Media. Había un camino por la costa, y otro por dentro, y Segura era una ciudad fortificada, para proteger a los peregrinos. Hubo otro pariente, Laurentis Bereciartúa, que fue el segundo obispo de San Sebastián, y que está enterrado en la Catedral. Yo fui a hablar con su ayudante, porque cuando yo era chico, había salido en un diario de aquí que había habido un problemita, porque tenía a cuarenta de los de ETA en el sótano de la iglesia. Entonces fui a hablar con el tipo y me dijo, “es que Lorenzo era muy carlista” (Risas) Bueno, no se puede explicar todo, pero se hizo el boludo de una forma total. Y otro pariente es el Kepa Bereciartúa, que era el presidente de la A.N.V., la Alianza Nacionalista Vasca, para que fuera políticamente lo que ETA representaba. He tenido algún que otro momento de alegría, porque estuve muy cerca de la primera reunión de lo que fue el desarme de ETA con gente amiga mía, que fue quienes lo lograron. Porque había que parar con los actos, y mucho mejor así. Pero todo eso había sido una reacción al gobierno de Franco, ¿no? De hecho con mi hijo Nicolás fuimos varios meses a aprender euskera, y nos dimos cuenta cuánto cambiaba el trato con la gente, entre hablar castellano y la lengua vasca.

 
CUANDO HICIMOS EL CONCIERTO DE “TODOS POR EL CANCILLER” EL 21 DE ABRIL, REALMENTE FUE MUCHO MÁS GRANDE LA ALEGRÍA DE VER EL VORTERIX LLENO QUE EL DOLOR DE LO QUE HABÍA SUCEDIDO.
¡Qué bueno poder salir de las clásicas preguntas de siempre!
Totalmente, porque pasó que con la casa de este bisabuelo intendente, que fue muy importante, tenía ciertas dudas, desconfiaba, y cuando volví allí fui al Registro de la Propiedad, que queda en otro pueblo, a constatar que su venta se había hecho con todas las de la ley.

¿A qué propiedad te referís?
A la de la casa del bisabuelo, que era la segunda casa del pueblo, de un pueblito muy chico, pero muy divino. Y cuando volví me alojé en el mismo hostal, que es uno de esos hotelitos de campo que son muy lindos, y daba la casualidad que justo se hacía un festejo que sea realiza cada cuatro o cinco años, en el cual en el pueblo se visten todos de medievales, andan a caballo, usan armaduras, etc. Y cuando yo llegué me metieron en el cepo (risas)

¿Cómo que te tocó el cepo?
¡Por haber desconfiado! Te lo juro. Es que los tipos tienen ese sentido del humor vasco que es maravilloso. Por supuesto que fui y pedí disculpas por haber desconfiado. Y ahí fue cuando hablé con el sacerdote que estaba a cargo de la iglesia que había administrado un tío abuelo mío. Gregorio. Aparte Bereciartúa había sido nombrado Caballero de la Orden de Santiago en el año 1666, principalmente por haber defendido a los peregrinos. Por lo que me interesa mucho la cultura vasca y, cuando vamos, si hay tiempo, siempre nos acercamos a los centros vascos de algunas de las ciudades. Somos una tribu muy alegre.

El País Vasco fue siempre de tener un público más punk, Negu Gorriak y todo eso, ¿verdad?
Exacto. Pero eso viene más de la resistencia al estado español. Los vascos son muy bravos.

VITICO DEL INFIERNO AL CIELO
Cambiando de tema, no puedo evitar preguntarte por el incendio de tu casa… Lo que más me sorprendió al leer declaraciones que hiciste posteriormente, es que te lo tomaste de una manera muy optimista y esperanzadora. No digo que casi agradeciste lo que ocurrió, pero sí que lograste ver la diferencia entre las cosas materiales y las espirituales.
Sé lo qué querés decir. Bueno, no es algo que me haya pasado solamente en ese momento. De hecho antes me habían robado un montón de cosas. Y realmente, en cuanto a lo del incendio, primero que todo, el haber estado ahí, y que me hayan venido a despertar para avisarme sobre lo que estaba pasando…casi que me tuvieron que tirar la puerta abajo. Porque yo no entendía nada, creí que venían a asaltarme. Subí con un matafuegos e hice lo que pude, si bien no quedaba nada por hacer. No se dio por ningún descuido mío, no había nada enchufado. Tal vez fue algo que venía de antes. Puede que una laucha mordió un cable que al mes produjo una chispa, pero fijate la casualidad, que la noche anterior hubo inundación en la zona. Por eso es que ese día mi vecino fue en calzoncillos a ver si su bote estaba bien, y escuchó un ruido raro, que era el de las tejas de mi casa, que estaban explotando por las llamas. O sea que el fuego ya era fuerte. Y ahí viene el vecino corriendo y casi me tira la puerta abajo…

 
De no haber sido así, no estarías contando el cuento.
Por supuesto. Porque estar dormido y que te lleguen las llamas…

¿Estabas solo en aquel momento?
Sí, completamente solo. Logré entrar dos veces y sacar tres equipitos. Mirá como quedó uno de ellos… (nos muestra uno con la parte frontal totalmente deformada) No sé si me explico, ¿OK?

Simplemente te llevaste lo que se podía en ese momento.
Lo que se podía. No hay tiempo de pensar. Se te vienen las llamas encima. Y aún así traté de apagarlo. Saqué un par de armas, dos guitarras, los tres equipos, una notebook y el celular, todo durante las dos veces en que pude entrar. Y cuándo quise hacer un tercer intento, me dije “no”. Y cuando me di cuenta que yo había estado ahí adentro dormido mientras se incendiaba la casa… Cuando hicimos el concierto de “Todos Por El Canciller” el 21 de abril, realmente fue mucho más grande la alegría de ver el Vorterix lleno que el dolor de lo que había sucedido. Esa noche no cobró nadie. Ni el Vorterix, ni Viticus, ni los que trabajan para nosotros, porque somos una banda de amigos. Y fue mucho mayor la alegría de ver cómo toda esa gente respondió, que la pérdida material de lo otro. Porque estuve muy aislado. Y estoy mucho mejor ahora. En cuanto a las pérdidas materiales, prefiero pensar en lo que está por pasar, y no en lo que pasó. Para mí es mucho más importante el sentirse íntegro con lo que hacés, y con cómo lo hacés. Y de eso estoy muy feliz. De Viticus y de mí mismo, porque el día del incendio hice lo que pude.

¿Qué fue lo que hiciste inmediatamente cuando te diste cuenta que ya estaba todo perdido y que no podías volver a entrar a la casa, que ya no había vuelta atrás?
Crucé en el bote hacia el otro lado del río con esas pocas cosas que había rescatado, y cuando me encontré con la flaca le dije “tengo que ir a comprar ropa para tocar esta noche”… Es que es así. ¿Era lo peor que podía pasar? Sí. ¿Pasó? Sí. Bueno, listo. Qué vas a hacer. Si hubiera sido por una boludez, por un descuido, ¡me sentiría más boludo! (Risas) Pero no fue así. Y además salí de esto simplemente con la ayuda del público, y de mi familia.

Una terapia completamente inesperada… 
Es sensacional. Es el mejor show que haya habido. Cada vez que lo escucho, no lo puedo creer, porque cada tema es mejor que el otro. Fue un bloque de gente que me hizo sentir bien. Y una vez que pasó ese día, y gracias a Malena Massa, me dieron un hotelito muy lindo en el Tigre, donde estuve casi un mes o más, hasta que empecé a buscar y encontré esta casa, que está muy tranquila (N. Esta nota se hizo en la nueva residencia sanisidrense de Vitico). Siempre pensé que si alguna vez me pasara algo así, me iba a morir de disgusto. Y terminé filmándolo con el teléfono, y después hice pasar las imágenes en el show de “Todos Por El Canciller”, cuando hicimos “Fuego Y Destrucción”, que lo había escrito cuando se quemó la casa de atrás. Lo pasaban en la pantalla detrás de mí sobre el escenario. Y nunca me di vuelta.

Entonces fue como haber vivido una experiencia religiosa.
Podemos decir que el fuego purifica, y que después cambia todo, y viene todo mejor.